Casas vestidas a la morisca en el siglo XV: realidades y mitos
Resumen
Dicen que cuando no se nombran las cosas es como si no existieran. Evidentemente pueden existir, pero al nombrarlas les damos presencia y visibilidad. El hecho de que durante el siglo XV se nombraran objetos con el apelativo de morisco responde, sin duda, a una necesidad de reconocerlos y distinguirlos de otros. En este sentido, la lengua es contundente y las palabras nacen y tienen sentido porque una sociedad las necesita y mueren cuando ya no son útiles. Por ello, en este texto me centro en casas y elementos que la configuraron, desde revestimientos hasta ajuares, que en la época fueron calificados con el nombre de “morisco” o “cosa de moro” y que contribuyeron a dar un aire propio de la época en muchos hogares, que no fue extraño, sino nombrado y reconocido. Para este aspecto es clave el uso que hago de la documentación notarial y la regulación de ordenanzas, contrastada puntualmente con fuentes literarias, esencialmente algunas crónicas. Esta realidad cotidiana de la época con el uso del término morisco para determinados aspectos de la casa cuestiona algunos elementos que quizás hayan contribuido a mitificar historiográficamente en exceso una pretendida “maurofilia” o “exotismo” en palacios y casas. La relevancia en este caso está en recuperar objetos calificados como moriscos en el siglo XV, cuando el término fue menos variado y prolijo que en el siglo XVI, al menos en lo que atañe a documentación notarial. El siglo XV presenta una situación político social muy diversa a la que se produjo posteriormente con la conversión forzosa y, por ello, nos da claves fundamentales para entender lo poliédrico del término morisco, a la par que nos muestra la diversidad de hogares en el cambio de centuria.






