e-ISSN: 1135-7991
ARTÍCULOS DE INVESTIGACIÓN
Resumen: En 2020, Chile realizó un plebiscito nacional en el que la ciudadanía decidió si redactar una nueva Constitución, optando entre las alternativas “Apruebo” y “Rechazo”. Este artículo analiza el papel de los memes de internet como dispositivos de mediación semiohistórica en el debate público durante este proceso. A partir de un enfoque narrativo y retórico, se examinan memes provenientes de ambas posturas, seleccionados por su construcción enunciativa e ideológica. En este análisis, se identifica que los memes asociados al Rechazo tienden a reforzar la continuidad de un proyecto político conservador; mientras que los memes del Apruebo funcionan como textos verbo-visuales que critican el modelo neoliberal, base estructural de la actual constitución chilena. Este análisis concluye y evidencia cómo los memes, en tanto formas expresivas populares y de gran masificación, contribuyen a la disputa simbólica y política en contextos de transformación social.
Palabras clave: Memes, Plebiscito Constituyente, Textos verbo-visuales, Sociosemiótica, Comunicación Digital.
Abstract: In 2020, Chile held a national plebiscite in which citizens were called to decide whether to draft a new Constitution, choosing between the options “Approve” (Apruebo) and “Reject” (Rechazo). This article analyzes the role of internet memes as semiotic-historical mediating devices in the public debate during this process. Through a narrative and rhetorical approach, it examines memes from both sides of the campaign, selected for their enunciative and ideological constructions. The analysis identifies that memes associated with the Rechazo option tend to reinforce the continuity of a conservative political project, while Apruebo memes operate as verbo-visual texts that critique the neoliberal model, which underpins the current Chilean Constitution. The study concludes by demonstrating how memes, as widely disseminated and popular expressive forms, actively contribute to symbolic and political contestation in contexts of social transformation.
Keywords: Memes, Constituent Plebiscite, Visual verb texts, Sociosemiotics, Digital Communication.
Sumario: 1. Los memes y la transformación de las prácticas comunicativas. Definir un meme: de la memética a los memes de Internet. Definir un meme: de la memética a los memes de Internet. 2. Memes en comunicación política. 3. Método. 4. Análisis. 4.1. Chile previo al plebiscito. 4.2. Rechazar una nueva constitución: meme sobre el temor al cambio. 4.3. Aprobar una nueva constitución: no me quiero ir, Sr. Guzmán. 4.1. Chile previo al plebiscito. 4.2. Rechazar una nueva constitución: meme sobre el temor al cambio. 4.3. Aprobar una nueva constitución: no me quiero ir, Sr. Guzmán. 5. Discusiones. 6. Referencias.
Cómo citar: Olivares Cortés, F.; Ortega Abarca, P. y Cabrera-Medina, J. (2025). Memes y Política: Análisis Sociosemiótico sobre el Plebiscito Constituyente en Chile, en Cuadernos de Información y Comunicación 30, 75-91.
La expansión de Internet ha configurado una sociedad crecientemente interconectada, donde la inmediatez y la velocidad en la circulación de información han transformado radicalmente nuestras prácticas comunicativas (Castells, 1999). Esta nueva estructura social ha consolidado el poder de los espacios visuales-digitales como escenarios privilegiados para la producción de significados y la construcción de subjetividades (Miller et al., 2021).
En estos entornos, las personas no sólo consumen información, sino que participan activamente en la cultura digital, a través de la generación y disputa de sentidos, desplegando recursos persuasivos, narrativos, mitológicos y semióticos que dan forma a las contingencias políticas, sociales y culturales de cada momento (Miller et al., 2021).
De esta manera, el meme de Internet se ha convertido en una parte omnipresente de la cultura digital moderna, trascendiendo sus humildes orígenes como simples imágenes o videos virales para emerger como una poderosa forma de expresión digital, social e intercambio cultural (Ge-Stadnyk et al., 2022), consolidándose como una de las formas comunicativas predominantes, capaz de condensar y expresar experiencias cotidianas, emociones colectivas y posicionamientos ideológicos a través de imágenes, textos y combinaciones verbo-visuales que deriva en una potencial replicabilidad en diferentes públicos (Ge-Stadnyk et al., 2022).
La capacidad de los memes para capturar el zeitgeist –es decir, el espíritu cultural y emocional de una época– se encuentra estrechamente vinculada a su naturaleza irónica, humorística y altamente maleable (Morina et al., 2022). Estas características les permiten insertarse con eficacia en los flujos comunicativos digitales, adaptándose rápidamente a los contextos contingentes y resonando con las sensibilidades colectivas de los públicos en línea (Morina et al., 2022). Más allá de su capacidad humorística, los memes operan como mediaciones visuales dotadas de agencia cultural: son artefactos significantes que intervienen activamente en la economía de la atención digital, moldeando percepciones, orientaciones afectivas y creencias dentro de las dinámicas socio comunicativas propias de las redes sociales (De La Rosa Carrillo, 2017).
En este contexto, su funcionalidad no puede ser reducida a un mero propósito lúdico o informativo. Los memes persiguen una eficacia comunicativa inmediata: buscan ser vistos, compartidos y replicados con rapidez, lo que los convierte en unidades discursivas estratégicas dentro del ecosistema digital (Bebić et al., 2018). Esta lógica de circulación se sustenta en una economía simbólica que privilegia la viralidad, la recontextualización y la visibilidad (Bebić et al., 2018). De esta manera, el potencial expresivo de un meme se incrementa a medida que este es apropiado, reproducido y resignificado por distintas comunidades interpretativas. En consecuencia, los memes deben ser comprendidos como fenómenos semióticos colectivos, cuya fuerza reside precisamente en su capacidad para amplificar y modelar narrativas sociopolíticas contemporáneas desde una matriz de significación culturalmente compartida.
Los orígenes conceptuales del meme pueden situarse en el marco de las ciencias cognitivas y computacionales de la década de 1990, período en el que comenzó a desarrollarse la memética como campo de estudio. Este enfoque propuso comprender el meme como una unidad mínima de transmisión cultural, útil para analizar los mecanismos de difusión simbólica en entornos digitales (Marino, 2020). Basada en la noción introducida por Richard Dawkins, la memética adaptó su enfoque evolutivo original a las dinámicas propias de la circulación en red, postulando que las ideas, comportamientos y estilos culturales se replican, mutan y compiten por sobrevivir en el ecosistema digital (Hodge, 2000). Desde entonces, la expresión “meme de Internet” se consolidó como categoría para referirse a un conjunto diverso de artefactos mediáticos –frases virales, imágenes, videos, montajes y otros formatos híbridos– que circulan masivamente en línea, encarnando tanto expresiones culturales locales como narrativas globalizadas (Constine, 2009)
A partir de esta genealogía conceptual, algunos autores han propuesto definiciones más amplias y abarcadoras del fenómeno. Shifman y Thelwall (2009), por ejemplo, plantean que todo contenido cultural que circule por Internet podría ser considerado un meme, en tanto constituye ser un artefacto replicado, transformado o apropiado creativamente por los usuarios. Desde esta perspectiva, el meme no es una entidad fija, sino una unidad cultural dinámica, co-construida en procesos interactivos donde la participación activa de las audiencias resulta fundamental. En este sentido, su lógica comunicativa se sustenta en la replicabilidad, la variación semiótica y la remezcla constante de sus componentes simbólicos (Shifman, 2013).
A pesar de su ubicuidad en la cultura digital contemporánea, el concepto de meme continúa desafiando definiciones cerradas. Como señala Díaz-Santos (2021), el meme parece haber sido “escogido” como el concepto representativo de nuestra época, y sin embargo, subsiste una notable indeterminación teórica en torno a sus límites y características. En este contexto, la conocida afirmación pragmática de Wilkins (2005) –“lo sé cuando lo veo”– da cuenta de la dificultad para establecer una definición operativa: los memes son fácilmente identificables en redes sociales, motores de búsqueda, medios de comunicación y publicidad, pero no por ello son fácilmente delimitables. No obstante, su reconocible presencia en el espacio público permite esbozar una aproximación intuitiva a la pregunta sobre qué es un meme.
Con el fin de capturar su complejidad semiótica y performativa, Rowan (2015) propone concebir los memes como “constelaciones”: no como objetos cerrados, sino como procesos abiertos y generativos que configuran clústeres semióticos en constante mutación. En esta perspectiva, un meme no constituye una unidad aislada, sino un conjunto de elementos que comparten propiedades formales o temáticas y que evolucionan a través de micro-repeticiones y micro-variaciones (p. 197). Esta lógica de funcionamiento es facilitada por tecnologías digitales accesibles que permiten la apropiación, modificación y circulación de contenidos, como las plataformas Memegenerator o KnowYourMeme, donde la viralidad se potencia mediante la resignificación constante.
Esta condición mutable y replicante remite a una de las características estructurales del meme: su dimensión intertextual. Como plantea Shifman (2014), los memes no emergen en el vacío, sino que “se construyen en diálogo constante con otros textos, imágenes y referencias culturales preexistentes” (p. 109). En este entramado, cada nuevo meme reactualiza significados anteriores y “se construyen y se desarrollan unos en relación con otros” (Milner, 2012, p. 31), posibilitando además la recontextualización de los mensajes: es decir, la generación de nuevas interpretaciones que pueden diferir –o incluso contradecir– el contenido y la intención originales (Milner, 2012).
Con base en lo expuesto, el meme de Internet constituye mucho más que una unidad comunicativa replicable: se trata de un artefacto cultural complejo, cuya eficacia simbólica reside en su carácter procesual, intertextual y colectivo. Su lógica de funcionamiento no solo responde a dinámicas técnicas de circulación, sino también a operaciones semióticas que articulan pasado y presente, ironía y crítica, lo individual y lo colectivo. Al funcionar como constelaciones abiertas, los memes condensan imaginarios sociales, reactivan marcos interpretativos y contribuyen activamente a la producción de sentido en el ecosistema digital contemporáneo. Por ello, comprender su estructura y su funcionamiento es fundamental para analizar cómo se configuran hoy los discursos culturales y políticos en red.
Desde la masificación de Internet, se ha observado un aumento constante de memes como medio para la comunicación política, especialmente en la última década (Bebić et al., 2018), dejando de ser un simple texto en compañía de una imagen que parece inofensiva, sino que más bien influyendo en la apreciación que las personas tienen acerca de candidatos políticos en procesos eleccionarios (Adiga et al., 2024; Baspehlivan, 2024).
Así, el meme constituye un medio digital –y una estrategia a la vez– para generar contenido que no sólo tenga finalidad informativa, sino que también transmita tendencias políticas, éticas y sociales en la ciudadanía y público objetivo que busca convencer (Aranda, 2024; Rodríguez, 2013; Dean, 2019).
A través de su formato breve, accesible y altamente compartible, los memes permiten a los ciudadanos producir y difundir discursos políticos en torno a temas de relevancia pública, sin depender de los canales tradicionales de información ni de los medios de comunicación masivos (Johann, 2022). Esta dinámica no solo democratiza la participación en el debate público, sino que también redefine las formas en que se construye y circula el discurso político en entornos digitales. Investigaciones recientes señalan que los memes resultan especialmente eficaces para atraer a votantes jóvenes, incentivando su involucramiento en procesos electorales mediante narrativas visuales que simplifican y resignifican asuntos complejos, como la atención médica o el cambio climático (Halversen, 2023). En este contexto, los memes operan como vehículos discursivos que conectan con una audiencia que recurre crecientemente a las redes sociales como fuente principal de información política (Halversen, 2023). Tal como advierte Johann (2022), estos formatos priorizan el atractivo emocional, apelando a temas que movilizan subjetivamente a los ciudadanos según sus intereses y experiencias cotidianas. Esta lógica emocional no solo amplifica el alcance de los mensajes, sino que transforma las estrategias de comunicación política contemporánea, desplazando los marcos argumentativos tradicionales en favor de una participación política mediada por afectos, identificaciones y códigos culturales compartidos.
De este modo, los memes se han consolidado como herramientas influyentes en la configuración del discurso político y en la movilización del comportamiento electoral. Su eficacia radica en una combinación de factores que incluyen el atractivo emocional, la dimensión interactiva de las plataformas digitales y la velocidad con que se difunden los contenidos (Finley et al., 2024). Al simplificar cuestiones políticas complejas mediante formatos humorísticos y fácilmente digeribles, los memes logran hacer estos temas más accesibles y viralizables. Esta capacidad de condensar significados en piezas breves permite que los usuarios no solo comprendan rápidamente un mensaje, sino que se vean emocionalmente involucrados. Como señalan Ross et al. (2017), al evocar emociones específicas –como la indignación, la esperanza o la ironía– los memes aumentan la probabilidad de que los individuos interactúen con el contenido político, lo compartan en sus redes y, en algunos casos, se motiven a participar activamente, por ejemplo, asistiendo a votar o sumándose a una causa.
El uso de memes como herramientas de articulación discursiva y crítica política ha sido evidente en distintas movilizaciones sociales contemporáneas. En el movimiento Black Lives Matter, por ejemplo, los memes permitieron amplificar voces activistas y visibilizar episodios de violencia racial sistemática, funcionando como vehículos de denuncia altamente virales por su carga afectiva y capacidad de síntesis (Tufekci, 2017). Sin embargo, su eficacia comunicativa también entraña riesgos. Como advierten Ross et al. (2017), los memes pueden facilitar el acceso informal a discusiones políticas, pero también propagar desinformación y reforzar la polarización, especialmente en entornos digitales donde los usuarios tienden a exponerse solo a contenidos que confirman sus creencias. Durante las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2016, por ejemplo, se utilizaron memes para simplificar y repetir mensajes ideológicos con el objetivo de movilizar a las bases partidarias e influir en la opinión pública (Friggeri et al., 2014). En la misma línea, Wiggins (2019) analiza el meme “Obama Joker” –una imagen manipulada del presidente maquillado como el Guasón– como un ejemplo de apropiación visual orientada a asociar a un líder político con el caos y la amenaza, revelando el potencial de los memes para vehicular narrativas ideológicas polarizantes. Estos casos ilustran cómo los memes no solo condensan discursos complejos en formatos accesibles, sino que también intervienen activamente en la configuración del debate público, influyendo en las percepciones colectivas sobre acontecimientos, figuras y causas políticas.
Así, una de las características más controvertidas de los memes políticos contemporáneos radica en su capacidad para simplificar temas complejos mediante imágenes y enunciados breves, fácilmente digeribles. Esta reducción discursiva, si bien permite una difusión rápida y accesible, también ha sido objeto de crítica por su potencial para distorsionar la comprensión de asuntos públicos relevantes (Ellis, 2014). A medida que proliferan estas formas de comunicación, se amplifican narrativas divisorias que contribuyen a una opinión pública fragmentada, alimentando la polarización ideológica y debilitando la formación de un electorado críticamente informado (Kasirye, 2020).
En este escenario, los elementos satíricos y humorísticos que caracterizan a muchos memes se convierten en herramientas atractivas para actores políticos, quienes los utilizan no solo para ampliar su alcance comunicacional, sino también, en ocasiones, para banalizar o desviar la atención sobre cuestiones de alta relevancia política. De este modo, el uso estratégico del humor puede atenuar la percepción crítica de los receptores, dificultando la reflexión profunda sobre los mensajes transmitidos (Mihăilescu, 2024). En este contexto emerge la noción de política lúdica (Mortensen et al., 2021), entendida como la integración del juego, la sátira y la ironía en la comunicación política digital. Esta forma de participación permite a los ciudadanos experimentar con significados y negociar identidades ideológicas de manera menos rígida que en los canales tradicionales, desafiando marcos hegemónicos desde el terreno simbólico y afectivo.
Sin embargo, esta misma lúdica no está exenta de ambivalencias. Por una parte, los memes pueden reforzar comunidades de sentido entre quienes comparten afinidades ideológicas, fomentando la cohesión simbólica dentro de ciertos grupos. Pero, al mismo tiempo, tienden a intensificar la lógica de la alteridad, estableciendo fronteras entre “nosotros” y “ellos” que dificultan el diálogo democrático y exacerban la polarización en el discurso político contemporáneo (Mortensen et al., 2021). En este sentido, los memes operan como dispositivos de doble filo: son tanto espacios de participación crítica y resignificación simbólica como herramientas que pueden trivializar el debate público y erosionar la deliberación racional. Reconocer esta dualidad resulta clave para comprender su poder discursivo en los procesos comunicativos actuales.
A la luz de lo expuesto, y considerando cómo los memes condensan narrativas afectivas, activan procesos ideológicos y median formas específicas de interpelación visual (Wiggins, 2019; Tufekci, 2017), se vuelve evidente que su rol en el ecosistema comunicativo contemporáneo excede lo meramente anecdótico o lúdico. Como hemos visto, los memes pueden actuar como potentes herramientas de denuncia y visibilización, como en el caso de Black Lives Matter, pero también como vehículos de desinformación y refuerzo de estereotipos, como lo evidencian los procesos electorales recientes o la apropiación de figuras públicas con fines de confrontación simbólica. Su capacidad para simplificar discursos políticos complejos, movilizar emociones y articular comunidades de sentido –al tiempo que refuerzan fronteras ideológicas y reproducen lógicas de exclusión– revela una profunda ambivalencia en su uso político. En este marco, los memes no solo participan en la circulación de significados, sino que configuran modos particulares de ver, sentir y pensar lo político desde lo cotidiano, operando como microdispositivos de poder semiótico.
Desde la perspectiva previamente desarrollada, el presente artículo busca examinar el alcance político de los memes en tanto prácticas argumentativas populares que condensan posiciones ideológicas, disputan sentidos hegemónicos y modelan la experiencia del debate ciudadano. Para ello, se propone un análisis de tres memes seleccionados por su riqueza en recursos retóricos, narrativos e ideológicos, considerando tanto su estructura verbo-visual como su inscripción en contextos históricos y culturales específicos.
Este estudio se inscribe en un enfoque cualitativo, orientado a comprender fenómenos situados en la vida cotidiana y los modos en que se configuran procesos de interacción social (Flick, 2012). Esta perspectiva resulta especialmente pertinente para explorar el universo simbólico de los memes, los cuales serán entendidos para fines operacionales, como piezas culturales que condensan significados y afectos en formatos breves y visuales (Iloh, 2021).
El presente estudio emplea un enfoque metodológico descriptivo-interpretativo (Meso-Ayerdi et al., 2017), concebido como una herramienta analítica propia de la sociosemiótica, orientada a examinar la vida social de los objetos significantes que forman parte de la comunicación humana. Para ello, se integraron técnicas retóricas propuestas por Ruiz Martínez (2018) y Abril (2007), cuyas aproximaciones permiten indagar en la dimensión argumentativa que emerge de la articulación entre segmentos visuales y verbales. En particular, se retoma de forma central la noción desarrollada por Gonzalo Abril, quien conceptualiza los memes como “textos verbovisuales” (2007, p. 125), enfatizando su carácter híbrido y su potencial para condensar discursos ideológicos en formatos accesibles y culturalmente resonantes.
Complementariamente, se incorporó un análisis teórico-ideológico orientado a indagar en las creencias, valores e imaginarios que circulan en la memoria social y que, al ser activados discursivamente, movilizan a los sujetos. Para ello, se recurrió a los conceptos de mito y cronotopo, propuestos por Barthes (1999) y Bajtín (1989), respectivamente. El concepto de cronotopo ha sido articulado con el de mito en el marco del análisis de representaciones sociopolíticas, siguiendo el enfoque desarrollado por Aranda Bustamante y Cañas Salinas (2010). La cronotopía permite identificar marcos narrativos intertextuales y espacialidades simbólicas recurrentes, donde se figuran modos posibles de ser y habitar el mundo. Por su parte, la noción de mito, entendida como un sistema específico que se construye a partir de una cadena semiológica compuesta por significante, forma, sentido, concepto, significado y signos, hasta conformar un lenguaje objetivado. (Barthes, 1999). Así, el mito opera en los memes como una forma de imposición simbólica que naturaliza visiones del mundo mediante estructuras visuales y discursivas que condensan significados sociales profundamente arraigados.
La selección de la muestra se fundamenta en un muestreo teórico intencionado (Sosa Toranzo, 2023), adecuado para investigaciones cualitativas centradas en fenómenos culturales como los memes. Este enfoque no busca representatividad estadística, sino profundizar en el análisis de casos significativos que revelan usos sociales y políticos del meme en redes (Sosa Toranzo, 2023). La recolección se realizó entre enero y mayo de 2022, meses previos al plebiscito referido en Chile. Se consideró en la búsqueda contenidos de Instagram y medios de prensa digital, los cuales son espacios privilegiados para la circulación de discursos ciudadanos y simbólicos (López-García, 2016; Selva-Ruiz & Caro-Castaño, 2017).
Entre los criterios de inclusión se consideró el potencial de viralidad del meme –vinculado a factores como la carga emocional, el humor y el capital social del emisor–, siguiendo a González- Hernández et al. (2019). No obstante, se dio prioridad a la notoriedad discursiva, entendida como la riqueza semiótica y el valor interpretativo del contenido, más que a su alcance cuantitativo, en línea con lo propuesto por Meso-Ayerdi et al. (2017). En este sentido, los memes seleccionados actúan como registros emocionales colectivos frente a eventos políticamente significativos.
Asimismo, se aplicó un criterio cualitativo basado en la densidad retórica y el valor ideológico- narrativo de los memes, retomando a Martínez-Rolán y Piñeiro-Otero (2016), quienes destacan su capacidad para condensar discursos políticos complejos en formatos visuales accesibles y culturalmente potentes. Así, los casos seleccionados fueron aquellos que no solo lograron visibilidad, sino que también facilitaron procesos de identificación simbólica y resignificación ideológica.
Como parte del procedimiento metodológico, se utilizó la red social Instagram, empleando su buscador y la herramienta de hashtags1 como indicador de viralización y circulación masiva de contenidos. Paralelamente, se realizaron búsquedas complementarias en medios digitales nacionales a través del motor de búsqueda Google, identificando sitios representativos en la difusión de memes políticos relacionados con el plebiscito constitucional, tales como El Mostrador (www.elmostrador.cl/), FM Dos Noticias (www.fmdos.cl/categoria/noticias/) y El Boyaldía (www.elboyaldia.cl/), plataformas que funcionan como repositorios de contenido visual y espacios de participación discursiva ciudadana.
Respecto a los objetivos específicos del trabajo, en las secciones que siguen se desarrolla el análisis de tres memes seleccionados, estructurados según su orientación discursiva y su valor explicativo respecto del proceso constituyente chileno. El análisis comienza con una contextualización histórica y teórica del escenario político previo al plebiscito de 2020, marcado por un profundo malestar social, expresado masivamente durante el estallido social de 2019, el cual permite comprender las condiciones que dieron lugar a la demanda por una nueva Constitución. En este marco, se examina un primer meme que sintetiza ese malestar estructural, ofreciendo un marco comprensivo del origen simbólico y político del proceso plebiscitario. En segundo lugar, se analiza un meme a favor del Apruebo, que interpela críticamente al modelo neoliberal y propone, desde el humor y la reconfiguración de símbolos populares, una apuesta por el cambio estructural. Finalmente, se presenta un meme vinculado a la opción del Rechazo, que emplea estrategias de parodia y desconfianza para cuestionar la propuesta de nueva Constitución, apelando a lógicas de continuidad institucional. El artículo concluye con una discusión sobre los alcances del estudio, reflexionando sobre las posibilidades y límites del análisis de memes como herramientas para comprender las formas de argumentación política digital en contextos de transformación democrática.
Chile ha sido reconocido internacionalmente como el laboratorio del neoliberalismo (Venables, 2020), debido a un proceso de transformación estructural que se gestó durante la dictadura militar iniciada en 1973. En ese contexto autoritario, se diseñó e implementó un modelo económico y social profundamente neoliberal, basado en la privatización progresiva de los servicios sociales esenciales, como la salud, la educación, la previsión y la vivienda. Esta lógica de mercado, consolidada como racionalidad dominante, penetró todos los ámbitos de la vida social (Moulian, 1998).
Aunque la dictadura llegó formalmente a su fin con el plebiscito de 1989 y comenzó la transición a la democracia, el modelo socioeconómico instaurado durante el régimen de Pinochet permaneció prácticamente intacto. Como lo señala Contardo (2020), el llamado “apartheid chileno” ya se había instalado: un orden estructural basado en la segmentación y exclusión social. Las profundas desigualdades en el acceso a derechos sociales fundamentales generaron altos niveles de malestar ciudadano, desconfianza hacia las instituciones y una creciente percepción de abuso por parte de las élites políticas y económicas, principales beneficiarias del modelo (Mayol, 2019).
Este malestar acumulado se expresó con fuerza en octubre de 2019, a través del denominado estallido social o revuelta popular. Millones de personas salieron a las calles en todo el país para manifestarse, tanto individual como colectivamente, articuladas en torno a organizaciones sociales y demandas diversas. Las protestas se desplegaron en el espacio público mediante marchas, concentraciones y acciones simbólicas, pero también encontraron un canal de expresión central en los medios de comunicación y, especialmente, en las redes sociales digitales.
El detonante inmediato fue el alza en la tarifa del Metro de Santiago, que provocó una serie de llamados por parte del movimiento estudiantil a evadir el pago del pasaje. Esta acción fue catalizada por las declaraciones del director del Metro, quién, en televisión abierta, desestimó la legitimidad de las protestas, generando una reacción aún más intensa de parte de la ciudadanía (De Guio et al., 2020). Lejos de tratarse únicamente de una protesta por el precio del transporte, las manifestaciones pusieron en evidencia un descontento profundo con el modelo económico y político, en el que se percibe una ausencia de garantías sociales mínimas.
Ante la magnitud de la crisis, y tras semanas de movilización sostenida, el 15 de noviembre de 2019 los partidos políticos firmaron un “Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución”, mediante el cual se estableció la realización de un plebiscito para consultar a la ciudadanía si deseaba iniciar un proceso constituyente. La consulta –celebrada en octubre de 2020– presentaría dos opciones: Apruebo o Rechazo a una nueva Constitución (Santander Cepeda, 2020).
En este escenario, las redes sociales jugaron un papel decisivo como espacios de información, activismo y circulación de discursos alternativos (Almansa et al., 2012). Entre las múltiples formas de expresión digital, el meme emergió como un recurso comunicacional de gran alcance, al condensar de manera humorística y crítica las percepciones ciudadanas respecto al conflicto social. Un ejemplo ilustrativo se observa en la Figura 1, un meme que sintetiza visualmente las causas del estallido social, articulando narrativamente el malestar frente a la desigualdad estructural con el gesto simbólico de la evasión del Metro.
La imagen expuesta en la Figura 1 no sólo remite al aumento de tarifa, sino que, en un nivel más profundo, representa las carencias estructurales del modelo chileno: la desigualdad social, el costo de la vida, el endeudamiento familiar, la ausencia de amortiguadores sociales, la privatización de servicios esenciales, y la percepción generalizada de abuso. En suma, el meme opera aquí como un dispositivo de memoria visual que condensa, en una imagen satírica, las razones que llevaron al estallido y, en consecuencia, al proceso constituyente (Guio et al., 2020, p. 35).

La estructura compositiva de la Figura 1 evidencia una clara distinción entre dos sectores sociales contrastantes. En la parte inferior de la imagen se representa a quienes no pagan la tarifa del Metro, asociados visualmente a espacios urbanos deteriorados: viviendas precarias, hacinamiento, materiales rudimentarios, ausencia de áreas verdes y una dominante tonalidad gris. Esta caracterización alude al sector más vulnerable y precarizado de la sociedad chilena. En contraste, en la parte superior –separados por un muro alto– se ubican representaciones de familias con mayor poder adquisitivo: viviendas amplias, jardines, colores vivos y un entorno urbano que sugiere bienestar y seguridad.
La potencia simbólica del meme radica en el desplazamiento del significado de la “evasión”. Mientras que, en el contexto del estallido social, la consigna original aludía a la evasión del pago del transporte como acto de resistencia frente al alza de tarifas, en esta imagen la narrativa se invierte. El foco se traslada hacia la evasión de impuestos por parte de los sectores acomodados, revelando así un doble estándar discursivo: se criminaliza la protesta popular, mientras se normalizan o invisibilizan formas estructurales de privilegio y abuso económico.
Este giro narrativo constituye una respuesta desde los sectores que respaldaron e impulsaron el estallido social, y revela el potencial de los memes como herramientas para disputar sentidos en la esfera pública. Como señala Milner (2012), los memes funcionan como mecanismos de construcción discursiva que permiten articular argumentaciones y resignificar eventos clave desde marcos ideológicos alternativos. En este caso, el meme interrumpe la trama dominante sostenida por sectores político-económicos tradicionales, proponiendo una relectura crítica del concepto de evasión y reconfigurando su carga simbólica dentro del debate social.
Todo texto –y, por extensión, todo meme– está estructurado para narrar algo. En términos narrativos clásicos, toda historia se organiza a partir de un estado inicial que es perturbado por una transgresión, lo que da lugar a un desarrollo y, finalmente, a un nuevo estado de equilibrio. En este esquema básico, suele haber un personaje cuya vida cotidiana es alterada por un acontecimiento imprevisto, lo que lo impulsa a tomar decisiones, enfrentarse a desafíos y, eventualmente, transformarse en el trayecto.
En el caso de la Figura 2, asociada a la opción Rechazo en el plebiscito por una nueva Constitución en Chile, este modelo narrativo se presenta de forma parcial y ambigua. El estado inicial del personaje no se explicita claramente: no sabemos si está representado en su presente o si ya ha atravesado un cambio anterior. Esta ambigüedad abre espacio a múltiples interpretaciones y especulaciones por parte del lector.
La ilustración muestra a un personaje tras las rejas, una escena que remite a una celda antigua, sugerida por elementos visuales como el tipo de cerradura, la perspectiva visual desde fuera de los barrotes y la presencia de unas llaves situadas en el exterior. El personaje extiende un brazo entre los barrotes, utilizando una rama para intentar alcanzar un pan colocado fuera de su alcance. Justo al lado del pan están las llaves que, en apariencia, podrían otorgarle la libertad. Esta configuración visual plantea un dilema simbólico: el personaje prioriza satisfacer una necesidad inmediata –el hambre– por sobre la posibilidad de liberarse.
Tal como señala Abril (2007), la eficacia de este tipo de textos visuales radica en su capacidad de organizar elementos significantes que dotan de coherencia narrativa a la imagen. El meme, en este caso, construye sentido a través de un “espacio sinóptico” en el que se “condensan acciones pasadas y potenciales consecuencias, permitiendo al lector reconstruir una secuencia implícita” (Abril, 2007, p. 125).
La propuesta visual abre diversas preguntas: ¿por qué el personaje está encarcelado?, ¿alguna vez se percató de las llaves?, ¿y si, en realidad, ha elegido no liberarse porque considera más urgente su necesidad de alimento? El texto verbal que acompaña la imagen sugiere precisamente esa urgencia, reforzando la hipótesis de que la necesidad inmediata nubla la percepción de una salida estructural más profunda. En palabras de Leroux (2021), esta composición actúa como una síntesis visual que integra acciones latentes, permitiendo configurar una trama secuencial que sostiene el sentido global de la imagen.
Así, el meme no sólo comunica una crítica política indirecta sobre las decisiones sociales frente al proceso constituyente, sino que lo hace a través de una compleja arquitectura visual que invita a la interpretación y al posicionamiento ideológico del espectador.

Lo interesante de la Figura 2 es que ofrece al receptor una oportunidad interpretativa activa, apelando a sus capacidades para construir sentido a partir de una imagen-relato ambigua. Esta apertura semántica se relaciona con sus características perlocutivas, es decir, su capacidad de provocar efectos en el interlocutor más allá del mensaje literal. En este caso, los recursos visuales y verbales movilizan al espectador a establecer asociaciones simbólicas entre los elementos de la escena: el pan puede entenderse como una alegoría de la opción Apruebo, mientras que la llave representaría la opción Rechazo. A partir de esta configuración, el meme plantea una elección interpretativa: optar por el pan implica atender una necesidad inmediata –el hambre–, mientras que optar por la llave conlleva una posibilidad de liberación más estructural y duradera. En esta lógica, el meme sugiere que votar Apruebo representa una solución momentánea y emocional, mientras que el Rechazo se posiciona como una alternativa racional de largo plazo.
Desde el punto de vista discursivo, la imagen integra distintos modos semióticos que permiten construir una narración visual compleja. Según Abril (2007), los textos visuales pueden organizarse en modos diegéticos y descriptivos. El primero, de carácter narrativo, se relaciona con la temporalidad del relato: hay un personaje que atraviesa un proceso –está encerrado, necesita alimentarse y actúa para resolverlo–. El modo descriptivo, por su parte, organiza los objetos en un espacio significativo: la cárcel, los barrotes, el pan, la rama, las llaves. Esta disposición escénica guía la atención del espectador, “quien reconstruye la secuencia narrativa a partir de operaciones cognitivas, afectivas y valorativas” (Abril, 2007, p. 151). La expresión facial del personaje, su esfuerzo por alcanzar el pan, y la posición de las llaves como una posibilidad ignorada o invisible, cargan la escena de tensión simbólica y emocional, interpelando al espectador con sentimientos como la compasión, la incertidumbre o incluso la desesperanza.
Este tipo de imágenes mantiene una relación indicial con las prácticas sociales que las generan. Como señala Peirce (1986), el signo visual remite a “objetos o experiencias reconocibles por el receptor” (p. 24). La eficacia del meme, entonces, radica en su capacidad para activar significados culturalmente compartidos, no solo representa una situación ficcional, sino que condensa –por medio de operaciones metonímicas– una serie de relatos, imaginarios y emociones asociadas al contexto político chileno, particularmente al debate sobre el plebiscito constitucional. Aquí se activa también la dimensión mítica, en el sentido barthesiano: el meme convierte una narrativa ideológica en una forma de sentido aparentemente natural.
El concepto de cronotopo, propuesto por Bajtín (1989) y retomado por Abril (2007), es clave para comprender esta operación. Los cronotopos son formas culturales que articulan espacio y tiempo de modo significativo, moldeando los imaginarios sociales. En este caso, la cárcel funciona como un cronotopo fuertemente estereotipado: un espacio claramente localizado (reconocible en la cultura popular), cargado de valores negativos como la exclusión, el castigo y el encierro. Como afirman Araujo e Izquierdo (2004), la cárcel funciona simbólicamente como un dispositivo moralizante, al servicio del imaginario de que “quien está ahí, lo merece” (p. 38). Así, el uso de este espacio mítico intensifica la carga emocional de la escena y predispone al espectador a leer el meme desde coordenadas ideológicas determinadas.
En esta clave, Gramsci (2018) plantea que los mitos políticos se encarnan en imágenes, anclándose en las creencias populares no por vía del razonamiento, sino como formas naturalizadas de comprensión del mundo. En el caso de la figura 2, la tensión entre el hambre y la libertad –el pan y la llave– dramatiza una elección ideológica que no se presenta como tal, sino como sentido común. Es precisamente en esta articulación donde se hace evidente la stance o postura ideológica del meme (Shifman, 2013): no importa si el tono es humorístico, irónico o neutro; toda representación implica una visión del mundo. En este caso, el valor de la libertad aparece como una idea central, exaltada por sobre otras necesidades.
Este tipo de discurso es coherente con una narrativa política ampliamente difundida por sectores conservadores, que han hecho de la libertad un valor central. Boisard (2016) analiza cómo en Chile, desde el golpe militar de 1973, la noción de libertad fue transformada en un símbolo de lucha contra el comunismo, consolidándose como una clave del anticomunismo durante la Guerra Fría. En este contexto, el meme puede interpretarse como una reproducción –consciente o no– de este imaginario: al presentar la libertad como la alternativa más elevada, y la necesidad inmediata como una distracción, y junto a ello, se reafirma una visión del mundo en la que el cambio estructural sólo es legítimo si se enmarca en los valores de libertad individual. Otros cambios posibles, de esos, hay que tener cuidado.
La Figura 3 presenta un compilado de tres memes ampliamente difundidos durante el estallido social chileno de 2019, los cuales operan como recursos discursivos de apoyo a la opción Apruebo en el plebiscito constitucional de 2020. Estos memes comparten un elemento visual central: popularizado por la escena de la película Avengers: Infinity War (2018), en la que el personaje de Spiderman se desvanece mientras expresa con angustia “No me siento tan bien, Sr. Stark”. Esta plantilla visual –conocida como “I don’t feel so good” o “Disintegration effect” (Knowyourmeme, 2018)– fue apropiada por usuarios chilenos para crear memes que representan la desaparición simbólica de figuras asociadas a la Constitución de 1980. En la esquina superior izquierda se muestra a Jaime Guzmán, ideólogo de la dictadura y figura clave en la redacción del texto constitucional de 1980. A su derecha, el libro de la propia Constitución chilena, objeto político y jurídico que sintetiza el legado autoritario del régimen. En la parte inferior aparece Augusto Pinochet, dictador entre 1973 y 1990, acompañado de la frase “No me quiero ir, Sr. Guzmán…”, que parodia la escena de Marvel pero reconfigura su sentido al dirigirla a su historicidad política. La escena sugiere así una despedida forzada, asociada a la pérdida de poder simbólico de estas figuras y su texto constitucional, en el marco del proceso constituyente.
Desde el enfoque sociosemiótico de Gonzalo Abril (2007), la eficacia de este meme reside en su capacidad para organizar elementos convencionales y desviantes en un relato argumentativo visual. Siguiendo a Ruiz Martínez (2018, p. 1005), los elementos convencionales permiten el reconocimiento y la rápida circulación del meme: el efecto visual es inmediatamente legible por su familiaridad global, mientras que las imágenes de Pinochet, Guzmán y la Constitución apelan al imaginario político chileno. Los elementos de desvío, en cambio, introducen una ruptura narrativa: recontextualizan la escena hollywoodense en una crítica local, cargada de ironía, con implicancias ideológicas claras. El meme altera el relato visual original para generar una lectura política específica: quienes se desintegran son los íconos del régimen autoritario, lo que se interpreta como deseable o incluso necesario.
Narrativamente, los tres memes operan mediante lo que Abril (2007) denomina modo diegético, al articular secuencias que simulan un relato de transformación, de la permanencia de figuras autoritarias a su desaparición simbólica. Asimismo, mediante el modo descriptivo, la disposición espacial de los elementos (rostro, cuerpo y libro bajo el efecto visual) y el uso del texto verbal, colaboran en una construcción coherente que guía la interpretación afectiva del espectador. Como señala Leroux (2021), la integración de estos elementos genera un entramado sincrónico que activa juicios ético-políticos.
Ideológicamente, los memes expresan una stance (Shifman, 2013) claramente alineada con el Apruebo, apelando no sólo a un cambio constitucional, sino a una ruptura simbólica con el pasado autoritario. La postura comunicativa que expresan estos memes va más allá del tono paródico: condensa una propuesta de mundo en la que la democracia debe construirse a partir de la desaparición definitiva del legado dictatorial. En este sentido, la figura de la desintegración no sólo representa el deterioro de un texto constitucional, sino la derrota moral de una visión política del país.

Este gesto simbólico se inscribe también en una lógica mítica, tal como lo plantea Barthes (1999): los memes convierten la crítica política en una forma naturalizada de sentido. El gesto visual de la desintegración, repetido y compartido masivamente, transforma el juicio ideológico en imagen culturalmente asumida. Y como en la figura 2, aquí también opera el cronotopo (Bajtín, 1989), siendo un marco que sitúa las figuras representadas –Guzmán, Pinochet, la Constitución– en un tiempo y espacio reconocible, dotado de densidad histórica. Su progresiva desaparición alude a su pasado autoritario y a su presencia aún vigente en estructuras institucionales actuales, cuyas permanencias se buscan superar mediante el acto de votar “Apruebo”.
Por último, como señala Boisard (2016), la noción de libertad, tradicionalmente apropiada por discursos de derecha en Chile, aparece aquí resignificada desde el campo contrario: no como una defensa del orden, sino como una ruptura con él. La libertad se visualiza en la posibilidad de deshacerse de un pasado opresivo. Así, estos memes actúan como dispositivos semióticos que articulan memoria, crítica y esperanza de transformación.
Este estudio permitió examinar, desde una perspectiva sociosemiótica y crítica, el rol de los memes políticos como formas expresivas que median sentidos ideológicos en el contexto del plebiscito constitucional chileno de 2020. Lejos de ser meros productos del entretenimiento digital, los memes analizados se revelan como artefactos discursivos complejos, capaces de condensar y distribuir narrativas profundamente arraigadas en las memorias culturales, los afectos colectivos y las disputas políticas contemporáneas.
En términos generales, los tres casos analizados evidencian que los memes no son simples ilustraciones de opiniones políticas, sino que funcionan como operadores ideológicos: configuran marcos de interpretación del mundo, modelan percepciones sociales y activan posicionamientos afectivos en torno al cambio político. La Figura 1 –centrada en la crítica a la desigualdad estructural– moviliza una lectura empática del malestar social y resignifica la narrativa dominante sobre la evasión como acto político. La Figura 2 –vinculada al Rechazo– apela al miedo a través de una alegoría visual que enfrenta libertad y necesidad inmediata, articulando un mito conservador sobre el riesgo del cambio. Finalmente, la Figura 3 –alineada con el Apruebo– dramatiza, mediante la cultura pop, la desaparición simbólica del legado dictatorial, proponiendo una liberación ideológica y del modelo socioeconómico producto de un periodo dictatorial.
Estas operaciones visuales y narrativas permiten observar cómo los memes reconfiguran la participación política digital: que informan, persuaden, emocionan y representan. Tal como afirman Wiggins (2019) y Shifman (2013), su performatividad reside en su capacidad para naturalizar sentidos ideológicos mediante códigos estéticos compartidos. En el caso del Rechazo, se articulan valores como el orden, la libertad individual y la estabilidad, reforzados a través de marcos de amenaza o pérdida. En el caso del Apruebo, en cambio, emergen principios como la justicia social, la crítica al neoliberalismo y la memoria histórica, expresados mediante recursos afectivos y humorísticos que permiten una apropiación más lúdica del discurso político.
Desde la teoría del mito de Barthes (1999), se evidencia cómo los memes del Rechazo configuran una visión del mundo que presenta lo existente como natural e inmodificable, resemantizando símbolos como la cárcel o la libertad para construir una narrativa disuasiva del cambio. En tanto, los memes del Apruebo transforman los símbolos del pasado autoritario –como la Constitución de 1980, Guzmán o Pinochet– en figuras en proceso de desaparición, utilizando estrategias de desvío retórico (Ruiz Martínez, 2018) que dramatizan visualmente el anhelo de cambio.
Por otro lado, los memes también operan en el campo afectivo. La rabia, la burla o la esperanza son vectores semióticos fundamentales que movilizan adhesiones o rechazos. Esta dimensión fue especialmente visible en la figura 1, donde el contraste espacial y simbólico entre clases sociales interpela directamente al juicio ético del espectador; y en la figura 3, donde el humor y la cultura popular logran traducir una crítica estructural en un código afectivamente resonante. En este sentido, los memes funcionan como cápsulas de sentido ideológico que no se perciben como tales, sino como parte del flujo cotidiano de imágenes compartidas (Milner, 2012; Díaz- Santos, 2021). Y esto, por definición, es el carácter mítico de Barthes.
Desde el punto de vista metodológico, este estudio demuestra la relevancia del análisis verbo-visual como herramienta para desentrañar las operaciones semióticas de los memes. La noción de texto verbovisual (Abril, 2007) permitió identificar cómo el discurso político se materializa en estructuras narrativas e iconográficas que hacen inteligible y emocionalmente efectiva una determinada postura ideológica. Asimismo, la articulación entre mito y cronotopo (Bajtín, 1989; Aranda & Cañas Salinas, 2010) fue clave para comprender cómo estos memes reactivan lugares comunes, símbolos históricos y afectos compartidos para intervenir en la conversación pública.
En suma, el estudio de memes permitió representar sucintamente la circulación de narrativas políticas previas al plebiscito del 2020 en el espacio digital, al explorar cómo cómo las narrativas se inscribieron en emociones, imaginarios y temporalidades colectivas. Al operar como dispositivos de mediación semiohistórica, los memes permiten acceder a una forma condensada y popular de disputa ideológica, haciendo visible la politicidad de la cultura digital.
Finalmente, el análisis de estos tres casos abre preguntas más amplias: ¿Hasta qué punto los memes transforman o simplemente refuerzan las creencias preexistentes? ¿Cuál es el alcance político real de estos artefactos en contextos de crisis democrática? ¿Son capaces de construir comunidad, o intensifican la fragmentación del espacio público? Estas preguntas invitan a seguir profundizando en el estudio crítico de los memes, no como objetos menores, sino como prácticas culturales fundamentales para comprender los procesos de subjetivación política en la era digital.
#plebiscitochile2020; #plebiscitochile; #aprueboCC; #chiledesperto; #rechazoCC; #rechazonueva- constitucion; #yorechazo↩︎
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