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ARTÍCULOS DE INVESTIGACIÓN

Fragmento, velocidad, información

Luis Nitrihual Valdebenito
Decano de la Universidad de La Frontera (España) Email ORCID iD
Publicado: 15/09/2025

Resumen: Este artículo se presenta bajo la forma de ensayo teórico y su propósito es reflexionar, a partir de las propuestas del filósofo y semiólogo español Gonzalo Abril Curto, particularmente sus estudios sobre la información como formación cultural, el estado de dos conceptos fundamentales para pensar lo social: información y fragmentariedad. Agrego a la reflexión el concepto de velocidad, como parte de un trabajo que busca reconocer y pensar críticamente las coordenadas que se encuentran atravesando la sociedad en su conjunto. Para desarrollar este trabajo, tomamos ejemplos del campo cultural, mediático y de la vida cotidiana con la finalidad de mostrar los cambios que se han producido en diversos ámbitos de la vida social tras el advenimiento de la vida digital.

Palabras clave: Información, Fragmentariedad, Velocidad, Tecnología.

Fragment, speed, information

Abstract: This article, presented as a theoretical essay, aims to reflect, based on the proposals of the Spanish philosopher and semiologist Gonzalo Abril Curto, particularly his studies on information as a cultural formation, on the status of two fundamental concepts for thinking about the social: information and fragmentation. I add to this reflection the concept of velocity, as part of a work that seeks to recognize and critically consider the coordinates traversing society as a whole. To develop this work, we draw on examples from the cultural, media, and everyday life fields to show the changes that have occurred in various spheres of social life since the advent of digital life.

Keywords: Information, Fragmentarity, Speed, Technology.

Sumario: 1. C:\DIR. 2. Portátil: el camino hacia la evanescencia. 3. Información, velocidad y sociedad. 4. Fragmentos: modulaciones y reconocimiento. Agradecimiento al proyecto de investigación. Agradecimiento al proyecto de investigación. Referencias bibliográficas.

Cómo citar: Nitrihual Valdebenito, L. (2025). Fragmento, velocidad, información, en Cuadernos de Información y Comunicación 30, 65-73.

1. C:\DIR

Dedicado a la memoria de Wenceslao Castañares

Leí Cortar y Pegar. La Fragmentación visual en los orígenes del texto informativo de Gonzalo Abril (2003) a inicios del siglo XXI. Habían pasado unos pocos años desde ese momento límite en el cual los relojes cambiarían y se produciría un desastre en los ordenadores, generando un posible cataclismo informático. Por supuesto, la experiencia muestra que no hubo ninguna Skynet que se apoderara de las máquinas para iniciar una guerra de aniquilación contra la especie humana; aunque seamos verdaderos virus como le dice el agente Smith a Morfeo en Matrix. El colapso distópico no ha llegado. Por lo pronto vivimos (viviremos) una larga agonía por un mundo que termina y uno que se abre paso de manera frenética.

Leí Cortar y Pegar durante un invierno madrileño. La nieve cubría la Cuesta de San Vicente. La tesis doctoral me aguardaba en casa. Mientras trotaba escuchaba –gracias a mi IPOD– lo último del rock chileno. El aparato, una miniatura blanca que metía en el bolsillo de mi pantalón corto, para luego recorrer con el cable del auricular mi espalda y dejar perfectamente ajustados los cascos en mis orejas, era una maravilla de la época. Hacía pocos años, en 2001, Steve Jobs lo había presentado en sociedad y ya llevaba algunas versiones y muchas copias chinas. El cambio era revolucionario. Hacía poco tiempo atrás cargábamos con cientos de discos compactos en los cuales almacenábamos todo tipo de archivos. Ya antes podíamos escuchar música de manera portátil gracias al walkman, pero eran aparatosos y delicados; bastaba un leve golpe para que la canción cambiara repentinamente o peor aún se rayara el disco o aún peor… se enredara la cinta magnética malográndose el casete.

Me formé en los noventa, cuando en el tercer mundo comenzaban a masificarse los ordenadores personales y, posteriormente, los primeros portátiles. Eran aparatos toscos, pesados, con sistemas operativos que mostraban un cursor parpadeante que esperaba intrincados comandos para hacer funcionar el sistema operativo que había creado Microsoft de Bill Gates y Paul Allen, mucho antes, en 1981. Se trataba de PC-DOS1. El primer sistema operativo que vi funcionar estaba contenido en disquetes de 3 ½, antes que eso venía en disquetes de 5 ¼; tuve algunos de esos en mis manos. Los computadores de esa época, siempre de color beige, funcionaban mediante comandos. Instrucciones que permitían desplegar las existencias que contenía el soporte físico (los primeros disquetes y, posteriormente, los discos compactos).

C:\WINDOWS\systems32>dir. Hoy, cuando podemos hablarles a nuestros computadores para pedirles que hagan algo que deseamos, parece un conocimiento arcaico esa lista de instrucciones simbólicas que digitábamos para instalar el sistema operativo que le dio forma a la revolución tecnológica iniciada, como hemos aprendido con Gonzalo Abril, mucho antes de la modernidad, y que hoy se dibuja con toda nitidez frente a la anunciada hegemonía de la Inteligencia Artificial. El mundo que tenemos en frente es otro y lo será aún más. En este breve trabajo me gustaría bosquejarlo desde las transformaciones operadas en algunos campos de la cultura y como esto puede entenderse a partir de las coordenadas de fragmentariedad, velocidad e información. Para ello, parto del trabajo desarrollado por Gonzalo Abril en el libro indicado en el comienzo de este texto, así como en su artículo “La información como formación cultural” (2007).

La tesis fundamental que observo en estas investigaciones es que la información, forma dominante de comunicación en la actualidad y que es el producto de las transformaciones operadas en la sociedad moderna gracias a los sistemas de mediación, se caracteriza por su condición fragmentaria y veloz.

Las sociedades modernas (y/o posmodernas) fueron transformándose en socie-dades de la información en la medida en que se adoptaron y extendieron determinados medios de producción, intercambio y difusión del conocimiento. Para que este proceso fuera posible, las más variadas prácticas comunicativas: desde la enseñanza al periodismo, desde la documentación a la interpretación y traducción de idiomas, de la cartografía al patronaje industrial, del arte audiovisual al diseño de máquinas inteligentes, precisaron infraestructuras tecnológicas e institucionales comunes. Lo cual presuponía la existencia de marcos compartidos de conocimiento teórico y práctico, de vocabularios, destrezas, memorias e imaginarios, estilos cognitivos y formas de la sensibilidad y del sentimiento (Abril, 2007: pp. 63-64).

Como trataré de mostrar, este conjunto de transformaciones que vienen produciéndose desde inicios de la modernidad (y aún antes) tienen hoy un efecto particularmente crítico que se revela en un drástico cambio en la capacidad de memorización, captación de la atención, en las formas y maneras de la comunicación pública y en las profundas transformaciones en la expresión de los afectos, entre otros trascedentes procesos personales y sociales. En este sentido, todos los dispositivos que hoy atiborran nuestro diario vivir construyen sujetos. Recordemos muy brevemente la propuesta de Giorgio Agamben, a partir de los trabajos de Michel Foucault, sobre lo qué es un dispositivo: “2) El dispositivo siempre tiene una función estratégica concreta, que siempre está inscrita en una relación de poder. 3) Como tal, el dispositivo resulta del cruzamiento de relaciones de poder y de saber” (Agamben, 2011, p. 250). Teniendo a la vista esto se comprende mucho mejor el acelerado proceso que nos ha llevado hasta la desaparición de los formatos físicos en nuestro entorno inmediato (aunque sabemos que en algún lugar perdido, en un desierto de Nuevo México, hay inmensos centros de datos), la miniaturización de los mismos, la IA como dispositivo que amenaza con cambiar de manera definitiva nuestras relaciones sociales y, tal vez lo más relevante, la omnipresencia de las tecnologías de mediación en nuestra vida cotidiana.

La tesis del régimen informativo que nos rige, que como digo, aparece dibujado en los dos trabajos de Abril (2007, 2003) que he señalado, puede encontrarse hoy con mucha claridad en los libros del filósofo sur coreano Byung-Chul Han, especialmente en su libro La crisis de la narración (2023) y, aún más recientemente, en el ensayo de Lola López Sin relato (2024). Ciertamente, todos estos trabajos son a su vez deudores de El Narrador de Benjamin, en el cual la tesis fundamental es la pérdida de la capacidad narrativa en las sociedades modernas. Los resultados de este diagnóstico lo podemos observar con nitidez hoy: dificultad para transmitir la experiencia y, por tanto, la herencia cultural por medio de relatos que requieren un tiempo extendido. Algo se pierde en la comunicación fragmentaria y veloz en la queform vivimos nuestro día a día.

2. Portátil: el camino hacia la evanescencia

Hoy coleccionamos vinilos como pátina. Lo hacemos como un acto de nostalgia y rebeldía ante la derrota. Lo mismo está ocurriendo con los Discos Compactos y los Casetes, formatos que cedieron su espacio, en escalada, hace pocos años, a la digitalización. Esto de «pocos años» me recuerda la broma bastante extendida de que cuando pensamos en los años dos mil, parece que fue ayer y, sin embargo, ya ha pasado un cuarto de siglo. Incluso, podríamos asegurar, que ese cuarto de siglo se siente en realidad como un siglo completo. Nos recuerda, por supuesto, que el tiempo es tan relativo que hoy nos tiene a mal traer. Nos mantiene abrumados, con la sensación de estar viviendo un mundo que se está jubilando. ¿No han sentido durante los últimos años que el mundo que vivíamos ha cambiado tan rápidamente que no hemos tenido oportunidad de adaptarnos? La distancia generacional es hoy extremadamente notoria. Como ha señalado Carlos Peña (2023) las redes sociales han contribuido decisivamente a esta distancia: “la generación que nació a fines de los ochenta y principio de los noventa [y posteriormente] creció en un mundo radicalmente distinto al de los más viejos” (p. 41). Tal vez por eso nos aferramos a aquello que aún sobrevive a la desaparición, como cuando los niños coleccionan figuras de dinosaurios y las ordenan en repisas que contemplan desde sus camas.

El mercado de los formatos físicos2, si bien ha cedido su espacio al streaming, se ha mantenido creciendo en algunas latitudes. El 2024, por ejemplo, el vinilo creció un 13,5% y el CD un 3,2% con respecto al año anterior en Inglaterra. En términos generales, el formato físico que mejor rendimiento comercial mantiene es el vinilo: “el consumo del vinilo mantuvo su crecimiento en 2024, un 4,6%, lo que supuso el décimo octavo año consecutivo de aumento”3 Puede resultar curiosa la permanencia de un formato que no se caracteriza por su portabilidad (a pocos se les ocurriría andar cargando una docena de sus vinilos favoritos sin correr el riesgo de sufrir un lumbago). Del Val (2019) constata esta curiosa reaparición de un formato que comenzó su declive a inicios de los años noventa, pero que regresó en gloria y majestad durante la primera década de los dos mil. El mismo autor nos indica que desde el 2006 este formato analógico ha tenido un incremento de venta del 599%. Varias explicaciones se han entregado sobre este llamativo fenómeno: a) Emociones y rituales. En este aspecto se sugiere cierto comportamiento de «retromanía» asociada al objeto y a la nostalgia que este produce. Podríamos agregar a este aspecto indicado por De Val que el vinilo genera la pertenencia a una comunidad. Como si hubiésemos sido arrojados a un mundo en el cual permanecer fijo se encuentra pasado de moda, nos aferramos a objetos del pasado analógico; b) Autenticidad. Este rasgo es una búsqueda característica de nuestra época. La no extraña sensación de estar viviendo en una sociedad poco genuina, repetitiva y cansadora: “Conviene apuntar brevemente que la autenticidad es entendida como sinónimo de veracidad, de algo creíble, genuino, honesto, y que en diversas investigaciones el vinilo aparece como tal ligado a esa idea de aura” (De Val, 2019: p. 81).

No está demás volver muy brevemente sobre el concepto de reproductibilidad técnica elaborado por Walter Benjamin, toda vez que da cuenta de la preocupación que tenía el filósofo sobre el intenso proceso que percibe con nitidez a principios del siglo XX y que nos llevará hasta hoy; momento en el cual las formas artísticas, antes acuñadas, ahora tienen existencia virtual.

La obra de arte siempre ha sido fundamentalmente susceptible de reproducción. Lo que los hombres habían hecho podía ser imitado por los hombres. Los alumnos han realizado copias como ejercicio artístico, los maestros las hacen para difundir las obras, y, finalmente copian también terceros ansiosos de ganancias. Frente a todo ello la reproducción técnica de la obra de arte es algo nuevo que se impone en la historia intermitentemente, a empellones muy distante unos de otros, pero con intensidad creciente (Benjamin, 2018 p. 196).

No resulta extraño que una sociedad en la cual la reproducción seriada es una condición estructurante, el vinilo, objeto difícilmente copiable, como lo será en mayor medida el casete y luego el CD, se haya convertido en un producto que contiene un cierto componente «aureático» perdido. No sorprende que ante este objeto, característico de la época de la reproductibilidad mecánica, se teja una serie de rituales del aquí y ahora de la música analógica. De Val (2019) reconoce esta característica: el diseño, las letras interiores, las fotografías; la composición como objeto único. Basta recordar la portada del Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band de The Beatles, cuyo recordado collage inicial ha sido objeto de análisis, para comprobar el esmero que la música popular puso en el objeto disco.

El camino hacia la (casi) desaparición transitó, como hemos visto en el comienzo, por la miniaturización, un permanente proceso de construir dispositivos transportables. Si a inicios de los ochenta la máquina de escribir era el dispositivo dominante en las oficinas y escritorios de casa, y lo fue desde el siglo XIX, luego de casi 50 años, livianos teclados se conectan vía bluetooth o, lo que es más habitual, se puede escribir directamente en el móvil o pantalla del IPad. Historia Abreviada de la Literatura Portátil (Vila-Matas, 2006), publicada originalmente en 1986, cuenta la conjura de una sociedad secreta de escritores, los Shandys, que tienen dentro sus propósitos la búsqueda y construcción de objetos minúsculos, transportables en todo tipo de situaciones. Los Shandys, pandilla compuesta por notables como Marcel Duchamp y Walter Benjamin eran seres nómades que precisaban de objetos fácilmente transportables, posibles de calzar en una maleta. ¿Cómo es que hoy, que podemos llevar cámara fotográfica, walkman, máquina de escribir y teléfono en un sólo dispositivo de bolsillo? La globalización, entendida como posibilidad de moverse a través del mundo requirió, como sabemos gracias a los trabajos de Peter Sloterdijk (2019), de una disposición mental en el cual el mundo fue cada vez más pequeño. Apenas un globo en el cual podemos tomar un avión, o un tren que viaja a 700 o más kilómetros por hora, para encontrarnos fuera de casa en la mañana y regresar por la noche a cenar con los niños. Para ello, junto con la velocidad, la mentalidad Shandy fue fundamental:

La propia escritura de Walter Benjamin era casi microscópica, y su ambición nunca lograda era meter cien líneas en una hoja de papel. Cuenta Scholem que en su primera visita a Benjamin en Paris, éste le arrastró al Museo Cluny para mostrarle, en una exposición de objetos rituales judíos, dos granos de trigo en los que un alma gemela había escrito completo el Schema Israel (Vila-Matas, p. 11).

Byung-Chul Han (2021) ha explorado esta transición desde el mundo de los objetos a los noobjetos (recuerda, por cierto, la expresión de Marc Augé de no-lugares, como espacios de anonimato)

El orden terreno está siendo hoy sustituido por el orden digital. Este desnaturaliza las cosas del mundo informatizándola. Hace décadas, el teórico de los medios de comunicación Vilem Flusser ya observó que “las no-cosas penetran actualmente por todos lados en nuestro entorno, y desplazan las cosas. A estas se les llama informaciones” Hoy nos encontramos en la transición entre la era de las cosas a la era de las no-cosas (p. 6).

El camino hacia la evanescencia, concretado en la sociedad digital, es distinto al de la era industrial nítidamente caracterizada por Benjamin por cuanto toda búsqueda en la red es a la vez una presencia, una huella, de nuestra propia imagen en una vigilancia en tiempo real (Groys, 2016).

3. Información, velocidad y sociedad

La experiencia de la modernidad es una experimentación con el tiempo, con su control a través de instrumentos como el reloj, su aceleración y su buena utilización con fines productivos. Muy distinto a culturas como las indígenas, en las cuales la transmisión de la experiencia implica un tiempo extendido en el cual el maestro tiene como misión depositar en el aprendiz los conocimientos que le permitirán mantener viva la cultura. La modernidad camina rápido. No es raro que hoy se verifique como este proceso de aceleración y pérdida en la transmisión del conocimiento y la experiencia vital esté creando serias dificultades en el campo educativo. Enseñamos como en siglo XIX, con instrumentos del siglo XX, en pleno XXI. El punto más elevado de esta condición lo estamos viviendo en estos momentos, aunque viene desenvolviéndose desde hace siglos. Filósofos como Byung-Chul Han, pero antes que él, y me parece que, con mucha mayor profundidad, Gonzalo Abril (2007, 2003), constataron como la modernidad convirtió en dominante la información. No se trataría, y ese es el aporte significativo de Abril, sólo de una cuestión periodística, sino, profundamente, de la transformación y consolidación de una episteme de época: “con la expresión “información como formación cultural”, quiero indicar, pues, lo siguiente: un modo histórico-culturalmente determinado de la textualidad y con él unas formas y operaciones particulares de conocimiento, una episteme; pero también toda una configuración del ecosistema comunicativo y textual” (Abril, 2007, p, 64).

En efecto, desprendernos de la noción de información como campo del periodismo o de la teoría cibernética y sus aproximaciones tecnológicas, nos permite comprender mucho mejor el calado de las transformaciones que han operado en la cultura para llegar al estado veloz y fragmentario en el cual se mueve la comunicación hoy. Basta echar una mirada a nuestro entorno para comprobar que las formas de producción, circulación y consumo de la información se han extendido a campos tan significativos como el de la educación. Si observamos con detenimiento, los libros en enseñanza escolar de hace décadas atrás no se parecen en nada a los actuales; estos son similares a una página de periódico y, por consiguiente, al diseño web. Están hechos para ser leídos rápida y fragmentariamenente. La experiencia sublime del lector en la modernidad es ir comodamente sentado en un atiborrado vagón del metro leyendo las noticias del día en el periódico de su ciudad o leyendo alguna novela de su autora favorita. Con justa razón, ambos productos culturales, las noticias y la novela, han sido categorizados como característicos de la modernidad. Este ecosistema no ha cambiado profundamente en la actualidad, pero se ha empobrecido en cuanto a la disposición de tiempo que pasamos frente a un solo producto. Seguimos leyendo noticias, pero las pasamos cada vez más rápido; masticamos enunciados, escuchamos frases cortas: “un mar de conocimiento, un centímetro de profundidad”.

Quien se ha acercado de forma acertada al problema de la velocidad durante la modernidad es Hartmut Rosa (2016). Para este autor, una observación atenta de nuestra propia experiencia nos mostraría lo siguiente:

Sin embargo, si dejamos de lado la sociología estándar durante unos instantes y examinamos la gran cantidad de autoobservaciones de la modernidad, encontramos que a todas estas versiones les falta algo (…) la aceleración de la vida social y, de hecho, la transformación acelerada del mundo material, social y espiritual. Esa sensación de aceleración del mundo que lo rodea, de hecho, nunca ha sido ajena al hombre moderno (p, 15).

Como señalamos al principio, esta condición de vivir en un mundo en constante aceleración nos permite entender la sensación de no hacer pie. Pareciéramos estar en medio de un tornado. Como suele ocurrir, es el arte quien se ha aproximado de mejor manera a estas sensaciones tan características de nuestro tiempo.

Ok. Computer, publicado en 1997, es sin duda uno de los discos más significativos de los noventa. Es un punto suspensivo que nos lleva directa y velozmente a los dos mil. Podríamos resumir su temática como una honda preocupación por los procesos de tecnificación, velocidad y fragmentariedad que hemos pensado desde Abril (2007, 2003). Con mucha razón, especialistas han entregado a este disco la relevancia de ser el último gran disco del siglo XX (Griffiths, 2009) y un punto de entrada al siglo XXI. Su propuesta estética, desde la portada: esas carreteras que revelan la velocidad a la cual se mueve la ciudad, con esos cuasi humanos que se difuminan en el horizonte, advierten al escucha que la sonoridad que se inaugura, así como la poética de sus líricas, advierten la atmósfera cargada de insatisfacción que caracterizará a la sociedad actual, con todos sus problemas económicos, medioambientales, tecnológicos, políticos y afectivos. La segunda canción del volumen, Paranoid Android, nos prepara para escuchar una atmósfera en la cual las máquinas saturan nuestras vidas, nos vuelven androides.

Please could you stop the noise?
I’m trying to get some rest
From all the unborn chicken
Voices in my head

What’s that…?
(I may be paranoid, but not an android)4

Ok Computer (Radio Head) es un grito de experiencias y desazón ante lo que Tom Yorke y el resto de la banda advierten como el mundo dirigido por máquinas (así como por grandes corporaciones). Por esta razón, como lo fue en su momento Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band de The Beatles, esta obra nos advierte sobre los males que aquejan a una época. Hace un tiempo escuché que la velocidad de los trenes –dispositivos distintivos de la modernidad industrial– multiplicaron por 100 la velocidad a la cual transitan. Ya se observa en el horizonte que no se precisarán rieles, sino que levitarán gracias a imanes de polaridades invertidas. ¡Iremos cada vez más rápido! ¿Para qué? No lo sabemos. Y sin embargo esta velocidad antes de ayudarnos (para llegar luego a nuestra casa; jugar con los niños, divertirnos, hacer deporte, tomar café junto a los amigos, etcétera. Es decir, la tecnología que nos libera para expresar todas nuestras potencialidades) nos mantiene deprimidos. En Let Down, Radiohead lo expresa con nitidez.

Transport, motorways and tramlines
Starting and then stopping
Taking off and landing
The emptiest of feelings

Disappointed people
Clinging on to bottles
And when it comes it’s so
Disappointed people Clinging on to bottles And when it comes it’s so So, disappointing5

La paradoja se representa en la forma de sociedades en las cuales el avance tecnológico y el bienestar se encuentran ampliamente asentados y que, no obstante, presenta altos niveles de depresión, ansiedad y suicidio en las generaciones jóvenes. Jonathan Haidt, en su libro La generación ansiosa (2024), ha planteado una documentada interpretación entre la generación que ha descrito Peña (2023), es decir los nacidos a partir de la década de los noventa, y las enfermedades mentales. El resultado es espeluznante. Desde 2010 se registra un aumento explosivo de enfermades diagnosticadas en adolescentes. Así, las informaciones recogidas por la American College Health Association en Estados Unidos muestra una curva dramática. La ansiedad aumentó un 134%, la depresión un 106%, el TDAH un 72%, y suma y sigue (Haidt, 2024, p. 43). Ante los imperativos que nos impone la cultura del goce y la productividad, la reacción es una profunda desazón. Tal como en el corte Fitter happier:

Fitter, happier.
More productive.
Comfortable.
Not drinking too much.
Regular exercise at the gym
(3 days a week).
Getting on better with your associate
employee contemporaries.
At ease.
Eating well (no more microwave dinners
and saturated fats).
A patient, better driver.
A safer car
(baby smiling in back seat).
Sleeping well (no bad dreams).
No paranoia.
Careful to all animals6.

4. Fragmentos: modulaciones y reconocimiento

Como ha indicado con justicia Gonzalo Abril (2003), el estilo no lineal en el cine y la literatura tienen larga data. Basta agregar a la lista que entrega en Cortar y Pegar (Buñuel, Dovjenko,

Macedonio Fernández, entre otros) ejemplos como el de La broma infinita de David Foster Wallace, publicada originalmente en 1996, dos años antes de otra novela fundamental de la literatura en castellano de fines de siglo, Los Detectives Salvajes de Roberto Bolaño. Ambas obras, tienen en común un estilo fragmentario, no lineal, de voces múltiples y que, temáticamente, nos advierten algunos males de la sociedad de los noventa y posterior. En La broma infinita se abordan al menos tres graves problemas de la sociedad actual: las adicciones, el aburrimiento y el consumismo. Escrita mediante una estructura de saltos temporales, técnica para nada nueva pues como sabemos se encuentra presente en obras tan diversas como Rayuela de Julio Cortázar o Pedro Páramo de Juan Rulfo, obras publicadas entre los años cincuenta y sesenta del siglo XX, lo que resulta especialmente sugerente en La broma infinita es su interés por la sociedad mediatizada. Recordemos que una de líneas argumentales centrales de la novela es la conspiración de un grupo de separatistas canadienses que buscan introducir en Estados Unidos una serie de televisión llamada «La broma infinita». Este programa de televisión tiene un efecto adictivo en quien la ve: las personas dejan de comer y beber hasta que mueren en sus sillones. La adicción a las tecnologías no es algo nuevo. Volvamos la vista hacia la película de los años dos mil Requiem for a Dream y la adicción a programas de televisión de Sara Goldfarb, así como a la adicción de las drogas de los protagonistas. A esta altura no puede sorprendernos que desde mediados de los años noventa la desazón se haya instalado no sólo como un sentimiento sino también como una estética.

Javier Peña, en el Podcast Grandes Infelices, episodio dedicado a la figura de Wallace ha mostrado como esta novela se encuentra especialmente vinculada a la vida del autor (el novelista estadounidense se suicidará en 2008 y sufrirá algunos de los problemas que utiliza como argumento en su novela) en tanto en la trama de la obra se advierten problemas que nos perseguirán hasta hoy: la búsqueda del éxito en una sociedad en la cual el desprecio, como ha insistido Peter Sloterdijk (2003) alcanza cuotas endémicas. Se trata de una pandemia global: la necesidad de reconocimiento que nos llevará directamente a la cultura del like. Y, sin embargo, como descubrirá el mismo Wallace, el éxito y la fama son una carretera directa a la insatisfacción.

La vida digital se presenta como una dispersión y fragmentación acentuada. Tal vez lo más relevante de la constatación estética de no linealidad que se presenta en autores tan diversos – así como en el cine y otras obras artísticas– es que la economía de la atención viene desplazándose hacia la lectura modular desde hace siglos. Justamente en este sentido, Abril (2003, p, 92) ha llamado la atención sobre el intenso proceso de modularización de la modernidad:

Un proceso tan amplio como lo es la aplicación de reglas de fragmentación, normalización y conexión entre unidades informativas. Todas las técnicas y textos impresos (libros, carteles publicitarios, periódicos) entraron en una fase de modularización desde que se fueron definiendo sus formatos, el aprovechamiento del espacio y la distribución de los contenidos en orden a racionalizar los recursos del proceso productivo y a capturar el interés del lector.

En esta medida, no sorprende que buena parte de la producción textual se haya orientado hacia la captación de la atención y que su deriva actual sea un conjunto de textos verbovisuales de consumo rápido y captación de la atención de corta duración. Un mundo frenético. Una mirada rápida a nuestra experiencia cotidiana nos muestra como las generaciones precedentes eran capaces de memorizar mayor cantidad de información que las actuales generaciones. La economía de la atención se ha desplazado radicalmente en las últimas décadas. La multitarea, esa compulsión por hacer varias cosas a la vez, es una característica generacional definitoria y es parte de la cultura de la información: velocidad, fragmento y novedad. De este modo, todo reel es pasajero, todo like es circunstancial y efímero y toda lucha por reconocimiento está condenada a perderse en un sinnúmero de fugacidades que conducen a la insatisfacción.

En el régimen de la información: la velocidad y fragmentariedad han modelado un nuevo sujeto. Uno que se encuentra en transición y a mal traer. Dislocado. Navegando frenéticamente y con las velas al garete, como decía mi abuela.

Agradecimiento al proyecto de investigación

PAT 24-0036 de la Dirección de Investigación de la Universidad de La Frontera por la financiación de esta investigación.


  1. El nombre completo es IBM PC-DOS (The IBM Personal Computer Disk Operating System).↩︎

  2. Hernández, Julia (2024). “Ventas de música en formato físico aumentan 7.9% en el Reino Unido”. industriamusical.com/ventas-de-musica-en-formato-fisico-aumentan-7-9-en-el-reino-unido↩︎

  3. Salvatierra, Miguel (2025). “El mercado de la música grabada generó en 2024 un 4,8 % más de ingresos que un año antes”. www.swissinfo.ch/spa/el-mercado-de-la-m%C3%BAsica-grabada-gener%C3%B3-en-2024-un-4%2C8-%25-m%C3%A1s-de-ingresos-que-un-a%C3%B1o-antes/89034821↩︎

  4. ¿Podrías por favor para el ruido?/Estoy tratando de descansar/De todas/las voces en mi cabeza de pollos nonatos/¿Qué es eso?/(Puedo ser paranoico, pero no un androide) (Traducción: Radiohead México).↩︎

  5. Transportes, autopistas y tranvías/andando y parando/despegando y aterrizando/el más vacío de los sentimientos/Gente desilusionada/aferrada a botellas/y cuando llega es tan/tan decepcionante (Traducción: Radiohead México).↩︎

  6. Más en forma, más feliz/Más productivo/Cómodo/No beber demasiado/Ejercicio regular en el gimnasio (3 días a la semana)/Desenvolverse mejor con sus empleados asociados actuales/A gusto/Comer bien (no más cenas de microondas ni grasas saturadas)/Un mejor conductor, más paciente/Un coche más seguro (niño sonriente en el asiento trasero)/Dormir bien (sin malos sueños)/Sin paranoia/Cuidadoso con todos los animales (Traducción: Radiohead México).↩︎

Referencias bibliográficas