https://doi.org/10.5209/RIBE.105547
Ana-María Rodríguez-Romero; Universidad Complutense de Madrid; Biblioteca de la Facultad de Ciencias de la Documentación; anrodrig@ucm.es; https://orcid.org/0000-0002-2977-4814
Pedro Lázaro-Rodríguez; Universidad Complutense de Madrid; Departamento de Biblioteconomía y Documentación; pedrolr@ucm.es; https://orcid.org/0000-0002-8756-0507
Alicia Sánchez-Díez; Universidad Complutense de Madrid; Departamento de Biblioteconomía y Documentación; aliciasa@ucm.es; https://orcid.org/0000-0003-0072-0588
Reseñas; Revista de Investigación sobre Bibliotecas, Educación y Sociedad; e-ISSN: 3045-5685; Ediciones Complutense; Creative Commons CC BY 4.0
Cómo citar: Rodríguez-Romero, Ana-María; Lázaro-Rodríguez, Pedro; Sánchez-Díez, Alicia. (2025). Sánchez-Díez, Alicia. Cartilla para catalogar. Madrid: Fundación Universitaria Española, 2024. Revista de Investigación sobre Bibliotecas, Educación y Sociedad, 2, e105547. https://doi.org/10.5209/RIBE.105547
Sumario: 1. Introducción. 2. Entrevista con la autora de la Cartilla para catalogar. 3. Consideraciones finales. 4. Contribución de autoría. 5. Referencias.
En esta reseña con formato de entrevista nos marcamos el objetivo de dar a conocer y analizar la Cartilla para catalogar de Alicia Sánchez Díez publicada en 2024 por la Fundación Universitaria Española. Alicia es licenciada en Documentación (2006) y doctora en Historia (2015) por la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Desde 2017 desarrolla su labor profesional en docencia e investigación en el Departamento de Biblioteconomía y Documentación de la UCM.
En cuanto a investigación, forma parte de SCRINIUM, grupo de investigación especializado en archivos y patrimonio documental y ha participado en diversos proyectos de investigación de las disciplinas de la documentación, la cultura escrita y las ciencias técnicas historiográficas. Actualmente, participa como investigadora en el Proyecto Letradas. Corpus de textos escritos por mujeres en España (1400-1900) (Letradas, 2025). En el ámbito de la docencia, ha impartido e imparte asignaturas en el Grado en Información y Documentación y en el Máster en Gestión de la Documentación, Bibliotecas y Archivos centradas en el análisis y la descripción documental, la catalogación, lenguajes de marcado, esquemas de metadatos y normativas y estándares de descripción.
Publicada en formato impreso y en electrónico, la Cartilla para catalogar surge precisamente del contexto de la actividad docente de Alicia en asignaturas sobre catalogación descriptiva y catalogación automatizada y de su conocimiento técnico y práctico y teórico del tema. Para conocer de primera mano todo lo relacionado con la obra reseñada, se ha planteado y desarrollado una entrevista con la autora.
En lo que sigue de reseña, incluimos la entrevista sobre la Cartilla para catalogar con Alicia Sánchez-Díez y concluimos con unas líneas a modo de consideraciones finales. Ana-María Rodríguez-Romero y Pedro Lázaro-Rodríguez plantearon las preguntas de la entrevista a la autora. Las preguntas a Alicia están marcadas en negrita como si fuesen apartados de la reseña y hemos respetado para la publicación el lenguaje y el contenido íntegro tanto de las preguntas como de las respuestas de la autora.
Por último, cabe decir al respecto que hemos optado por incluir en las respuestas de la entrevista una imagen, paréntesis para explicar siglas y acrónimos, y citas y referencias de una forma más formal en algunos puntos en los que Alicia se refiere a trabajos precedentes, aunque en la entrevista no las mencionase con el estilo formal de un trabajo científico y académico.
Hace unos 20 años que estudié catalogación aquí en la Complutense y, por entonces, se contaba con manuales que ayudaban a la docente a enseñar y al estudiantado a aprender a catalogar.
Esos manuales hoy día, están totalmente obsoletos. El único que, en mi opinión, mantiene su vigencia es Teoría e historia de la catalogación de documentos, de la gran Rosa Garrido-Arilla, en la editorial Síntesis (Garrido-Arrilla, 1999), y sus trabajos sobre catalogación analítica y sobre fundamentos del análisis documental (Garrido-Arilla, 1992; 1993; 1994; 1996; 2020); pero son de carácter teórico, por ello quizá siguen vigentes.
Actualmente, sobre cuestiones teóricas contamos con las publicaciones de Ana-Belén Ríos-Hilario, de la USAL (Universidad de Salamanca) (Ríos-Hilario 2003; 2006; 2020), y, bueno..., no quiero dar más nombres, porque no quiero olvidarme de nadie.
Sin embargo, a pesar de ello, no contamos con manuales teórico-prácticos. Sí, más o menos actualizados, repertorios de prácticas resueltas.
Cuando asumo la docencia de las asignaturas de catalogación en la Complutense (digo catalogación porque así se denominan en el Grado; quizá hay que ir pensando en ajustes terminológicos o en una revisión terminológica y conceptual de este ámbito; algo que me preocupa y sobre lo que estoy trabajando...), cuando asumo esa docencia, me veo en la necesidad de redactar unos apuntes, por falta de un manual adecuado.
Esos apuntes, con la ayuda de las estudiantes, de sus dudas, de sus preguntas y comentarios, se van mejorando, van profundizando en los aspectos que para ellos y ellas detecto más complejos, que les cuesta más entender o asimilar, más dificultosos, y van conformando no un manual, pero sí un pequeño prontuario de estudio.
Pienso en sacarlo del campus virtual y publicarlo cuando una antigua estudianta de la Facultad, a la que no había impartido clases, contacta conmigo para solicitarme los apuntes por encontrarse preparando oposiciones. En ese momento soy consciente de que quizá puedan servir más allá de las aulas de la UCM.
Esto coincide en el tiempo con una oferta inesperada de la editorial de la FUE (Fundación Universitaria Española), para publicar en su colección De rerum bibliothecarum, con vía libre para tratar cualquier aspecto de la biblioteconomía actual.
La FUE me parece un muy buen lugar para publicar: miman a sus autores y autoras, no siguen esos interminables procedimientos, plazos, etc., de las editoriales académicas actuales. Se trata de una editorial sin ánimo de lucro, lo que para mí es muy importante (lo recaudado se invierte en las actividades de la FUE, como becas a estudiantes, cursos, etc.), y así sale adelante la Cartilla para catalogar. Cartilla porque su estructura, el estilo con el que está escrita, no es el de un manual, sino el de un recurso algo informal, algo irreverente en algunos aspectos, elemental y básico, ciertamente limitado sí; no se trata de un tratado de catalogación, pero es excepcionalmente riguroso en cuanto a su contenido.
En ella encontramos un primer capítulo que define y explica los modelos, estándares y normas de uso y aplicación actuales.
El ISBD (Descripción Bibliográfica Internacional Normalizada) y el MARC 21, mayormente conocidos, pero también los FRBR (Requisitos Funcionales para Registros Bibliográficos), el LRM (Modelo de Referencia Bibliotecaria), la RDA (Recursos, Descripción y Acceso), su origen, etc., revelados de una forma sencilla y amena.
A este capítulo le siguen otros más breves acerca de la importancia de hacer un buen uso del vocabulario y de la terminología especializadas en nuestra área, así como de la necesidad de conocer nuestro fondo y las necesidades de nuestros usuarios y usuarias para una correcta aplicación de aquellos estándares.
El capítulo 6 expone un método para catalogar conciso y explícito, basado en mi experiencia profesional y en mi práctica docente y que se formula por primera vez en este tipo de material. No existe ningún manual ni recurso en donde se guíe al catalogador en su práctica, en donde se le diga: empieza por aquí, sigue por aquí y termina así. Como indico en la Cartilla, me enerva advertir cómo algunos y algunas estudiantes o catalogadoras con poca práctica comienzan sus registros extrayendo y normalizando sus puntos de acceso, me alucina...
A este método le acompañan un esquema catalográfico ISBD y una plantilla MARC 21 que facilitan en gran medida el proceso de aprendizaje. Unos pocos ejercicios prácticos resueltos ilustran el método. Al respecto, no se trata de incluir un ejemplo por cada caso posible y diferenciado de estudio, no. Se trata de poner en práctica y familiarizarnos con el método que se propone.
La Cartilla termina con un decálogo del buen catalogador/a inspirado y con contenido recogido de los maravillosos decálogos que el estudiantado me entrega al finalizar el curso.
Al texto principal acompañan un glosario de términos, una bibliografía comentada, y un índice analítico; todo ello con la finalidad de facilitar la adquisición de contenidos teóricos de la mejor manera posible.
Figura 1. Captura del índice/sumario del libro
Bien, las plantillas y esquemas ya los propuso y utilizó la mencionada profesora Garrido-Arilla en sus clases hace más de 20 años. Yo solo he tomado su idea y la he actualizado y ampliado en sus contenidos y forma, la he traído al aula digital y al campus virtual con los que trabajamos hoy día.
Resolver los ejercicios con esos esquemas a la vista facilita la consulta del estándar de descripción o del formato de automatización; se plantean como un esquema o un guion de estos. Recordemos que el formato MARC 21 impreso tiene más de 800 páginas de etiquetas.
Y por supuesto el glosario nos permite consultar rápidamente el significado de un concepto. El estudiantado hoy día no utiliza los glosarios, utiliza el cajón de Google. Ahí lanza cualquier palabra y esto, en ocasiones, en campos muy concretos del saber, no soluciona sino más bien complica la resolución de esa necesidad informativa.
En clase intento que consulten constantemente si es necesario los glosarios del ISBD o de cualquier otro estándar con el que estemos trabajando. Quienes finalmente se acostumbran a ello, encontrarán un aliado estupendo en su día a día laboral.
Hay que escuchar al estudiantado, hay que observar dónde tiene dificultades para aprender, averiguar por qué y elaborar un método o una forma o un recurso para solucionar esa deficiencia. Simplemente. A veces, en la universidad, vamos tan rápido que no nos damos cuenta de esto.
Creo que hay dos momentos importantes cercanos a nuestro tiempo en los que se han producido avances y cambios significativos en la forma de pensar la catalogación.
El primero es la publicación de los FRBR, los ya mencionados Requisitos Funcionales de los Registros Bibliográficos, en 1998, que ha supuesto un cambio realmente importante en la concepción de qué describimos y cómo lo describimos. Dejar de describir solo ediciones para describir obras y sus relaciones con otras entidades, etc.
Es decir, y comprender esto es lo más importante: pasar de una descripción lineal a una descripción reticular o en red. Esto es muy interesante y muy novedoso. Por supuesto, está inspirado en las nuevas formas de expresión de conocimiento y de recuperación de ese conocimiento, que surgen con Internet, con la red Internet.
El cambio de paradigma, del que no todo el mundo fue consciente, provocó un cambio en nuestras formas de consumir información. Hoy en día todo tiene forma de red, todo ente se relaciona con otro y este otro con otro... La linealidad en la expresión del conocimiento se ha quedado obsoleta o solo válida para algunos aspectos, por ejemplo, las cronologías en el campo de la Historia, las líneas de tiempo se expresan mediante esquemas lineales.
FRBR recoge este cambio, entidades que se relacionan entre sí y cuya relación también tiene un valor y una importancia que deben ser asimismo descritas. Describimos las entidades y describimos las relaciones y su fuerza.
El segundo momento está relacionado con el hecho de conceder la importancia que siempre ha debido otorgarse, y que no estábamos haciendo, a las necesidades de la persona usuaria o máquina (porque hoy en día a los catálogos no solo acceden personas). En las últimas décadas comenzamos a otorgar la importancia que se merece al ente-usuario/a, a su diversidad y también a la diversidad de recursos que forman nuestros fondos, de formatos de recursos. Estas cuestiones se reflejan bien en las últimas actualizaciones del ISBD, en el área 0, por ejemplo. Y también, como no podía ser de otra forma, en el MARC 21.
Sin duda la RDA nos trae a todas de cabeza. No me gusta la RDA, lo manifiesto abiertamente. En Europa, la RDA no está dando más que problemas y lo seguirá haciendo.
Por último, a quienes quieren asesinar al MARC, a quienes dicen: MARC ha muerto, se escucha en algunos foros, viva el BIBFRAME... Bueno, en mi opinión, MARC es tan perfecto que, a pesar de sus años, sigue cumpliendo inigualablemente con sus funciones, continúa cubriendo completamente las necesidades de automatización, de interoperabilidad, de cooperación actuales. Henriette Avram, su creadora, lo diseñó con tal diligencia pero también con tal grado de flexibilidad que ha podido y sigue actualizándose y adaptándose a cualquier medio, a cualquier usuario y usuaria, a cualquier fondo, a cualquier recurso, incluso a los conceptos de los FRBR o del BIBFRAME, sin ningún problema.
Entonces, no entiendo por qué algunas personas se empeñan en matar algo que funciona tan bien, especialmente cuando no se cuenta con nada mejor que lo sustituya.
No lo creo, mientras no surja nada mejor y, por ahora, no lo hay y va a tardar en llegar...
Creo que nos meten demasiado miedo con los FRBR... Es cierto que el informe de la IFLA es muy técnico, está redactado con un lenguaje gris, pero también está bien ilustrado y el LRM está muy bien ejemplificado.
Por supuesto, si tu primer acercamiento a la descripción de recursos es a través del LRM, no te vas a enterar de nada. Yo empezaría leyendo pues el ISBD mismamente.
Pero propongo a mis estudiantes de 3º de Grado, una vez que ya han trabajado con el ISBD y un poquito con el MARC, la lectura de los FRBR, del informe técnico, no de un artículo o recurso que trata sobre ellos. Tras la lectura, redactan una disertación sobre él y, a continuación, debatimos en clase y explicamos los puntos que pueden generar controversia. Tras esto, se encuentran perfectamente preparados y preparadas para hablar sobre este y sobre cualquier otro modelo conceptual, como puede ser RiC (Records in Contexts) en archivos...
No veo mayor problema. Nos tenemos que sacudir el miedo a la teoría técnica.
Aprovecho también para alegar en favor de la docencia teórica en tiempos de la gamificación y de la enseñanza excesivamente práctica o experimental.
En la docencia la teoría es necesaria. No podemos limitar las clases a hacer prácticas y trabajos. Hay que estudiar teoría, hay que leer a los clásicos y clásicas, hay que leer informes técnicos y literatura gris. Porque sin los conocimientos teóricos, aplicamos la práctica como máquinas, sin comprender por qué se hace de esa forma y no de otra, sin comprender por qué hemos llegado a realizar los procedimientos de tal o cual forma y, por tanto, sin tener la capacidad de mejorar esos procedimientos.
La teoría hay que trabajarla, el estudiantado actual tiene menguada su capacidad narrativa y, por ende, su capacidad crítica. Este asunto lo estudia maravillosamente Lola López-Mondéjar (López-Mondéjar, 2024). El estudiantado tiene que leer, tiene que comprender, tiene que reflexionar, tiene que practicar la disertación y la crítica, para no convertirse en una máquina de procedimientos, en una persona capaz de ejecutar pero no de pensar en lo que está ejecutando.
Como se ha ido redactando poco a poco, como comentaba anteriormente, añadiendo aquellas cuestiones que iban surgiendo en el aula, creando los gráficos curso tras curso... no ha supuesto gran dificultad. Sin embargo, quizá la complejidad la encontramos en saber o conseguir sintetizar en poco espacio lo importante, en clarificar los conceptos, precisando, delimitando a los realmente importantes; deducir, discurrir de los estándares, modelos y normativas, lo significativo y expresarlo de una forma sencilla.
El tiempo... Para el profesorado universitario tener tiempo para parar y reflexionar sobre cualquier asunto es lo más codiciado. Contar con tiempo para pensar y escribir. Me gustaría hacer otro alegato pro slow-professor y revindicar tiempo para escribir pausadamente. Quizá otro día podamos tratar este asunto.
Actualización, esta es la justificación de la Cartilla, contar con material actualizado para la docencia y para el aprendizaje, y que fuera material entendible, sencillo pero riguroso, que permitiera al estudiantado el autoaprendizaje.
Para la investigación quizá aporte una pequeña luz en cuanto a la terminología. En este ámbito, ya decía que necesitamos aclararnos con el vocabulario y con la neoterminología que utilizamos: catalogar, describir, analizar, sistematizar; recuperar, acceder, buscar; campo, dato, metadato, entidad...
Creo que los campos científicos deben contar con una terminología bien definida, una ontología propia que permita a los investigadores e investigadoras de ese campo entenderse entre sí. En esta área, a veces, en los foros y salones, noto falta de entendimiento por esta causa. Este sería un buen tema de investigación inicial necesaria, hay otros esperando en el tintero...
Al campo profesional, igualmente, le aporta una forma sencilla y rápida de actualización.
Bueno, me dicen que los ejemplos prácticos se quedan cortos, que debería incluir más... pero, bien, no es un manual práctico esta Cartilla. No es esa la intención.
Me indican también que profundice en modelos de descripción "avanzados", me dijeron en una ocasión... ¿Avanzados?, ¿qué es avanzados? Se referían a esquemas de metadatos o lenguajes de marcado para la descripción... bueno, avanzados... En esta línea podemos trabajar en una Cartilla II, pero estaríamos hablando de otra cosa. Por supuesto me interesan muchísimo Dublin Core y cualquiera de los lenguajes de metaetiquetado orientados a la descripción web que tenemos hoy día... Puede que la segunda parte de la cartilla vaya por esos derroteros...
Con este trabajo en la Revista de Investigación sobre Bibliotecas, Educación y Sociedad, se propone y pensamos se alcanza un formato de publicación novedoso y original que enriquece la experiencia de lectura: la reseña/entrevista. Este espacio combina el análisis crítico propio de una reseña con la cercanía y dinamismo de la entrevista, permitiendo conocer no solo el contenido y el valor de una obra, proyecto o trayectoria, sino también la voz directa de sus protagonistas. De esta manera, se fomenta un diálogo más profundo y accesible, en el que se integran la mirada objetiva del crítico o crítica y la perspectiva personal de la autoría ofreciendo una propuesta original y enriquecedora dentro de la revista.
La Cartilla para catalogar representa un avance necesario en la formación bibliotecaria, constituyéndose como un recurso pionero que aborda la catalogación desde un enfoque pedagógico y práctico. Su principal virtud radica en traducir la complejidad teórica de los estándares bibliográficos a un método accesible y aplicable, algo que no suelen ofrecer los manuales tradicionales, generalmente demasiado técnicos o abstractos. Su carácter de cartilla, lejos de disminuir su valor, lo sitúa como obra de referencia inicial imprescindible en planes de estudio y en la formación continua de profesionales, facilitando la comprensión y puesta en práctica de los estándares bibliográficos. Además, en las respuestas de la entrevista planteada la autora de la Cartilla plantea una reflexión crítica sobre los paradigmas contemporáneos de la catalogación: desde la introducción de los FRBR y LRM, que transformaron la perspectiva descriptiva, hasta la controversia en torno a la RDA y la continuidad del formato MARC.
Con todo, esta obra, por un lado, confirma la necesidad de materiales educativos que combinen claridad expositiva y rigor técnico, tal como se demanda en la actualidad por quienes se inician y quienes necesitan actualizarse en la complejidad de la descripción bibliográfica. Por otro lado, supone una superación de esa necesidad en lo que a asignaturas de catalogación se refiere. Sin duda, su publicación enriquecerá la enseñanza y la práctica profesional en un área que está en plena transformación.
Ana-María Rodríguez-Romero: preparación de las preguntas de la entrevista y de la introducción y las consideraciones finales. Según la taxonomía CRediT: Conceptualización; Metodología; Supervisión; Redacción – borrador original; Redacción – revisión y edición.
Pedro Lázaro-Rodríguez: preparación de las preguntas de la entrevista y de la introducción y las consideraciones finales. Según la taxonomía CRediT: Conceptualización; Metodología; Supervisión; Redacción – borrador original; Redacción – revisión y edición.
Alicia Sánchez-Díez: persona entrevistada; autora de las respuestas de la entrevista. Según la taxonomía CRediT: Conceptualización; Metodología; Supervisión; Redacción – borrador original; Redacción – revisión y edición.
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