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<!DOCTYPE article PUBLIC "-//NLM//DTD JATS (Z39.96) Journal Publishing DTD v1.3 20210610//EN" "http://jats.nlm.nih.gov/publishing/1.3/JATS-journalpublishing1-3.dtd">
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      <journal-id journal-id-type="publisher-id">RCED</journal-id>
      <journal-title-group>
        <journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Revista Complutense de Educación</journal-title>
      </journal-title-group>
      <issn publication-format="electronic">1988-2793</issn>
      <issn-l>1130-2496</issn-l>
      <publisher>
        <publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
        <publisher-loc> España </publisher-loc>
      </publisher>
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      <article-id pub-id-type="doi">10.5209/rced.90404</article-id>
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          <subject>Artículos</subject>
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        <article-title>La presencia de varones maestros en Educación Infantil:
          desafíos para romper el género en una profesión feminizada</article-title>
        <trans-title-group xml:lang="en">
          <trans-title>The presence of male teachers in Early Childhood Education and
            Care: challenges to break gender in a feminized profession</trans-title>
        </trans-title-group>
      </title-group>
      <contrib-group>
        <contrib contrib-type="author" corresp="yes">
          <contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0003-3202-7913</contrib-id>
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            <surname>Martin-Vidaña</surname>
            <given-names>David</given-names>
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          <institution content-type="original">Universidad de Jaén</institution>
          <country country="ES">España </country></aff>
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      <author-notes>
        <corresp id="cor1">David Martín Vidaña<email>dmvidana@ujaen.es</email>
        </corresp>
      </author-notes>
      <pub-date date-type="pub" publication-format="electronic" iso-8601-date="2025-01-15">
        <day>15</day>
        <month>01</month>
        <year>2025</year>
      </pub-date>
      <volume>36</volume>
      <issue>1</issue>
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        <copyright-statement>Copyright © 2025, Universidad Complutense de Madrid 2025 Universidad
          Complutense de Madrid</copyright-statement>
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      <abstract>
        <p>INTRODUCCIÓN. A nivel mundial, la escasa presencia de varones maestros en centros educativos
          infantiles se ha atribuido, en gran medida, a la construcción social de la profesión de Educación Infantil como
          trabajo de mujeres. Los datos ofrecidos por el Instituto Nacional de Estadística indican que España no supera
          el 4% de varones profesionales en este sector. Pese a ello, narrativas políticas internacionales destacan la
          necesidad de incorporar a varones maestros a este sector educativo. El objetivo de la presente investigación
          consiste en identificar e interpretar los imperativos de género que perpetúan la dificultad de acceso y
          permanencia de los varones en la profesión de Educación Infantil. MÉTODO. Se diseña una investigación
          cualitativa en la que se realizan entrevistas semiestructuradas a seis estudiantes universitarios del Grado
          de Educación Infantil de la Universidad de Jaén y Granada. RESULTADOS. Los resultados de este trabajo
          muestran que los varones por sí solos no pueden solucionar la problemática que suscita las relaciones de
          género en Educación Infantil. De hecho, al navegar en una profesión feminizada se sienten constantemente
          observados y presionados a dar respuestas de su elección personal y laboral. DISCUSIÓN. Los imperativos
          de género permean la profesión de Educación Infantil. No obstante, los educadores se posicionan como
          referentes de un cambio caracterizado por la ruptura del código hegemónico de masculinidad.</p>
      </abstract>
      <trans-abstract xml:lang="en">
        <p>INTRODUCTION. Worldwide, the scarce presence of male teachers in early childhood education
          centres has been largely attributed to the social construction of the Early Childhood Education profession
          as a job for women. Data provided by the National Institute of Statistics indicate that Spain has no more than
          4% of male professionals in this sector. Despite this, international political narratives highlight the need to
          incorporate men into this educational sector. The aim of this research is to identify and interpret the gender
          imperatives that perpetuate the difficulty of access and permanence of men in the Early Childhood Education
          profession. METHOD. Qualitative research is designed in which semi-structured interviews are carried out
          with six university students of the Early Childhood Education Degree of the Universities of Jaén and Granada.
          RESULTS. The results of this work show that men alone cannot solve the problem of gender relations in Early
          Childhood Education. In fact, as they navigate in a feminised profession, they feel constantly observed and
          pressured to respond to this personal and occupational choice. DISCUSSION. Gender imperatives permeate
          the Early Childhood Education profession. Nevertheless, educators position themselves as referents of a
          change characterised by the rupture of the hegemonic code of masculinity.</p>
      </trans-abstract>
      <kwd-group kwd-group-type="author-keywords">
        <kwd>educación de la primera infancia</kwd>
        <kwd>coeducación</kwd>
        <kwd>trabajo de las mujeres</kwd>
        <kwd>igualdad de oportunidades</kwd>
      </kwd-group>
      <kwd-group xml:lang="en" kwd-group-type="author-keywords">
        <kwd>early childhood</kwd>
        <kwd>coeducationn</kwd>
        <kwd>women’s work</kwd>
        <kwd>equal opportunity</kwd>
      </kwd-group>
    </article-meta>
  </front>
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    <sec id="sec1">
      <title>1. Introducción</title>
      <p>En la actualidad, la escasa presencia de varones en centros infantiles comprende un proceso
        de debate continuo en el marco de las relaciones de género (Moosa &amp; Bhana, 2023).
        Narrativas destacadas a nivel internacional sobre la mejora de la calidad de la Educación
        Infantil apuestan de manera decidida por la contratación de varones educadores (Koch &amp;
        Farquhar, 2015). No obstante, las medidas introducidas resultan insuficientes, en tanto que
        no promueven un cambio sustancial en materia de igualdad de oportunidades entre hombres y
        mujeres (Peeters et al., 2015).</p>
      <p>Por lo general, la representación de varones en centros educativos infantiles es baja en
        todos los países del mundo. Los datos ofrecidos por la Organización y Cooperación para el
        Desarrollo Económico (OCDE, 2023) sostienen que España no supera el 6% de profesionales
        varones en este sector. Solamente Holanda, Noruega, Francia y Costa Rica encabezan la lista
        de países con mayor índice de varones en Educación Infantil, mientras que en países como
        Italia, Grecia y Hungría apenas existe representación de varones dedicados a esta profesión
          (<xref ref-type="fig" rid="fig1">gráfico 1</xref>).</p>
      <p>En el intento de combatir las desigualdades de género existentes en la profesión de
        Educación Infantil, varios países europeos han adoptado atractivas iniciativas destinadas a
        incorporar a los varones en centros infantiles (Moosa &amp; Bhana, 2018). En este sentido,
        Men in Care (2019) trabaja activamente con diferentes organizaciones nacionales para
        desmantelar los preceptos patriarcales del modelo hegemónico de masculinidad, e incorporar a
        los varones en las prácticas de cuidado. De la misma manera, Escocia lanzó en 2016 su Plan
        de Acción de Género (Scottish Funding Council, 2016) con la finalidad de abordar el
        desequilibrio de género persistente en la Educación Infantil, y promover la presencia
        equitativa de mujeres y hombres en todos los niveles educativos, acentuando, en especial,
        los sectores de aprendizaje temprano. A un nivel internacional más amplio, la OCDE (2019)
        insta a todos los países miembros a sumar fuerzas para atraer a más hombres a la Educación
        Infantil. Para ello, plantea la necesidad de promover campañas, redes y acciones políticas
        variadas que incluyan a varones comprometidos con los principios de igualdad y
        corresponsabilidad en las prácticas de cuidado. Estas medidas políticas son importantes en
        tanto que pretenden eliminar la brecha de género existente en este sector educativo, y
        brindar atención y aprendizajes profesionalizados a los niños y las niñas más pequeños/as
        (Heinz et al., 2023). Dicho de otro modo, los educadores infantiles permiten profesionalizar
        esta actividad docente, ya que incorporan a la práctica profesional cualidades distintas a
        las ya brindadas por las mujeres. Como resultado, los/as niños/as acceden a multitud de
        oportunidades educativas, y la profesión se desvincula de la denominación exclusiva de
        “trabajo de mujeres”.</p>
      <fig id="fig1">
        <caption>
          <p>Gráfico 1 . Porcentaje de hombres en la enseñanza de Educación Infantil. OCDE-2023</p>
        </caption>
        <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image1.jpeg"/>
        <attrib>Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de la OCDE (2023).</attrib>
      </fig>
      <p>A pesar de la puesta en escena de tales iniciativas, los hombres comprometidos con la
        infancia se enfrentan a distintas problemáticas por cuestiones de género. Así, los hombres
        que optan por cursar la titulación universitaria de Educación Infantil, y dedicarse
        profesionalmente a este sector educativo son percibidos como diferentes, extraños y
        sospechosos (Tufan, 2018). Esta imagen preconcebida e imbricada por la socialización de
        género produce resistencia en contra de su participación en la vida de niños/as, en tanto
        que los obliga a abandonar una profesión con la que se sienten comprometidos y entusiasmados
        (Ljunggren &amp; Eidevald, 2023).</p>
      <p>A nivel político y/o teórico, no existen barreras que impidan a los hombres participar en
        Educación Infantil. No obstante, en la práctica cotidiana, aparecen diferentes impedimentos
        socioculturales que dificultan su acceso. Los imperativos de género, la idea normativa de
        heterosexualidad, los procesos socioeconómicos, y la validación del modelo hegemónico de
        masculinidad son motivos más que suficientes para justificar la ausencia de educadores
        infantiles en el marco social actual (Moosa &amp; Bhana, 2018).</p>
      <p>En cualquier caso, la problemática que suscita la presencia de varones en centros
        infantiles no se soluciona simplemente fomentando la participación por medio de diferentes
        medidas políticas o planes de acción nacionales e internacionales, sino que es necesario
        desmantelar las imbricaciones de género presentes en la profesión. Desde este punto de
        vista, el objetivo centra de la presente investigación consiste en analizar e identificar
        los imperativos de género que dificultan el acceso y la permanencia de varones maestros en
        Educación Infantil.</p>
      <sec id="sec1.1">
        <title>1.1. Los hombres en Educación Infantil: expectativas, desafíos y retos en función del
          género</title>
        <p>En las últimas décadas, la cuestión de si la feminización de la profesión de Educación
          Infantil es motivo de preocupación en las actuales sociedades occidentales ha sido
          debatido acaloradamente por diferentes vertientes feministas (Heinz et al., 2023). Las
          iniciativas políticas de discriminación positiva para la contratación de educadores
          infantiles, promovidas en países como Finlandia, Australia, Reino Unido e Irlanda han sido
          refutadas por numerosas corrientes de pensamiento que sustentan el rechazo de involucrar a
          varones en esta profesión (Hedlin et al., 2019). No obstante, existen argumentos de peso
          que revalidan la necesidad de participación de los varones en una profesión altamente
          feminizada y, en consecuencia, devaluada en el marco social, político y estructural.</p>
        <p>Históricamente, las instituciones de cuidado infantil aparecen durante la Revolución
          Industrial para brindar refugio a menores de origen humilde, cuyos padres trabajaban
          incansablemente por cuestiones económicas (Tennhoff, 2015). Desde entonces, permanecen
          latentes discursos dominantes que consideran la Educación Infantil como “trabajo
          feminizado”, sobre todo, al entender a las mujeres como portadoras de una maternidad
          “espiritual”, basada en la provisión de afectos, y en la capacidad de satisfacer
          plenamente las necesidades de los/as niños/as (Bhana et al., 2022). Este ideal de madre y
          ama de casa pervive actualmente en las escuelas infantiles, donde la disposición de los
          materiales, la organización de los espacios y las actividades que se trabajan
          cotidianamente responden a la prolongación de la vida del hogar (Rohrmann, 2020). Esta
          sucesión del ámbito del hogar y de la figura de “ama de casa” en las escuelas infantiles
          impide que los varones, socializados desde su infancia en el ideal de superioridad con
          respecto a las mujeres, decidan secundar esta profesión.</p>
        <p>Por una parte, la escasa presencia de educadores en centros infantiles conduce a que el
          alumnado considere que las características de los educadores infantiles sean asociadas
          como rasgos específicos de las mujeres (Yang &amp;McNair, 2019). De hecho, pese a que las
          educadoras infantiles pueden modelar rasgos tanto masculinos como femeninos en el proceso
          de enseñanza-aprendizaje, el conocimiento de género del alumnado se amplía notablemente
          cuando los maestros adoptan comportamientos y/o actitudes desempeñadas cotidianamente por
          las mujeres (McGrath et al., 2020).</p>
        <p>Por otra parte, la presencia de educadores infantiles influye en las relaciones
          interpersonales maestro-alumnado. En este sentido, Bosacki et al. (2015) sostiene que las
          maestras reportan relaciones más estrechas con las niñas, mientras que los maestros
          mantienen el mismo grado de relación con niños y niñas. Más aún, los educadores infantiles
          valoran objetivamente mejor que las maestras el rendimiento académico del alumnado, y son
          más indulgentes con las actitudes y comportamientos que los/as niños/as mantienen en el
          aula escolar (Powell et al., 2021).</p>
        <p>Por último, cabe señalar que la participación de varones en centros educativos infantiles
          no solo permite equiparar la representación paritaria de ambos géneros en este sector,
          sino que también ayuda a desmantelar el modelo de masculinidad tradicional, basado en la
          exhibición pública de atributos tales como racionalidad, dureza, éxito, y antifeminidad,
          necesarios todos ellos para mantener el poder y la autoridad en espacios públicos y
          privados (Connell et al., 2021). Esta ruptura de pensamiento hegemónico permite establecer
          modelos de masculinidades emergentes centrados en la predisposición y voluntad hacia las
          actividades de cuidado de personas dependientes (Warin, 2019). Dicho de otro modo, los
          nuevos modelos de masculinidades cuidadoras (Elliot, 2016), además de rechazar los
          estereotipos y roles de género asignados por los estamentos patriarcales, incluyen una
          amplia gama de actividades formales e informales destinadas a mantener la salud y el
          bienestar del entorno personal (Nayak, 2023).</p>
        <p>Hasta el siglo pasado, la masculinidad era una y única: el modelo de masculinidad
          hegemónica. Sin embargo, los avances establecidos por los Estudios Críticos de
          Masculinidades, iniciados a comienzos de nuevo siglo con el propósito de reflexionar desde
          una matriz feminista sobre la existencia de multitud de formas de expresión de la
          masculinidad (Hearn, 2013), han permitido visibilizar la presencia de varones en espacios
          feminizados. De hecho, el mito del varón sustentador, protector y portador de una elevada
          potencia sexual, ya no seduce el pensamiento de todos los varones, y empiezan a emerger
          nuevos modelos de masculinidades, centradas en la consecución de los principios éticos de
          igualdad y equidad de género a nivel laboral y personal (Roberts &amp; Elliot, 2020).</p>
        <p>Visto así, los Estudios Críticos de Masculinidades funcionan como una lente analítica
          para dar cuenta de que la masculinidad, en tanto que construcción sociocultural, no es
          estática ni inamovible, sino que puede y debe modificarse (Hearn, 2013). En otras
          palabras, las masculinidades se reconfiguran en la medida en que se relacionan con las
          distintas nociones de género presentes en las sociedades. Por tanto, el acceso y
          permanencia de educadores infantiles en una profesión altamente feminizada, permite que
          los varones maestros dispongan de diferentes alternativas para remodelar su masculinidad a
          favor de nuevas prácticas, que posicionen la interdependencia y el cuidado de las personas
          como elemento central de la reconstrucción de su género.</p>
        <p>Entre tanto, la percepción de que la enseñanza infantil es más adecuada para mujeres que
          para hombres está profundamente arraigada en el imaginario de las actuales sociedades. En
          estos contextos, la Educación Infantil se equipara a la crianza y el cuidado de los/as
          niños/as más pequeños/as, así como al ejercicio de la maternidad (Tennhoff et al. 2015).
          Este planteamiento de la Educación Infantil como trabajo exclusivo de mujeres incide de
          manera negativa en la imagen de los educadores varones. De hecho, rápidamente son
          catalogados como potenciales depredadores sexuales (Bhana et al., 2022).</p>
        <p>Para evitar entrar en sospechas de índole sexual, países como Japón, China o Estados
          Unidos han introducido en centros infantiles la denominada “política de no contacto”, es
          decir, una serie de directrices a seguir por parte del profesorado para evitar mantener
          cualquier tipo de contacto físico con el alumnado. Oficialmente, las directrices
          establecidas han de ser cumplidas tanto por educadores como por educadoras. Sin embargo,
          en la práctica profesional, las medidas introducidas no responden a la realidad de las
          aulas. De hecho, las educadoras continúan mostrando actitudes de cariño, y manteniendo
          contacto físico con el alumnado (Hedlin et al., 2019). En este sentido, el hecho de que
          las educadoras muestren comportamientos y actitudes de cariño en las aulas, dificulta
          enormemente que los educadores respeten esta política (Cushman, 2007). Por el contrario,
          fomentan la idoneidad de las mujeres para el desempeño de esta profesión, al tiempo que
          devalúan el papel de los hombres como educadores infantiles (Cruickshank, 2019)</p>
        <p>En cualquier caso, la participación de varones en centros infantiles es objeto de debate
          controvertido y poco explorado en la academia española. Así, a nivel nacional solamente
          contamos con cinco investigaciones que, desde diferentes planteamientos teóricos, analizan
          cómo el equilibrio de género en la profesión de Educación Infantil facilita la consecución
          de la responsabilidad y los principios éticos de igualdad (Peinado-Rodríguez, 2022). Pese
          a ello, no existen estudios críticos de masculinidades centrados en analizar el proceso de
          reconfiguración masculina que experimentan los varones desde que deciden acceder a la
          profesión de Educación Infantil. En consecuencia, resulta prioritario poner de manifiesto
          la presente investigación, por cuanto que plantea cuestiones que van directamente al
          centro de los estudios de género, masculinidades y Educación Infantil.</p>
      </sec>
    </sec>
    <sec id="sec2">
      <title>2. Objetivos del estudio</title>
      <p>El objetivo general del presente estudio consiste en analizar e identificar los imperativos
        de género que dificultan el acceso y la permanencia de varones maestros en la profesión de
        Educación Infantil. Este objetivo general, se materializa en los siguientes objetivos
        específicos:</p>
      <list>
        <list-item><p>Profundizar, desde los estudios críticos de las masculinidades, en el proceso de reconfiguración
            masculina que experimentan los educadores al acceder a la profesión de Educación
            Infantil.</p></list-item>
        <list-item><p>Analizar las resistencias de carácter sociocultural que limitan la participación de varones
            maestros en la profesión de Educación Infantil.</p></list-item>
        <list-item><p>Describir e interpretar las motivaciones, expectativas y retos que manifiestan los varones
            maestros para acceder a las titulaciones que capacitan para la profesión de Educación
            Infantil.</p></list-item>
      </list>
    </sec>
    <sec id="sec3">
      <title>3. Metodología</title>
      <sec id="sec3.1">
        <title>3.1. Participantes</title>
        <p>Al construir los educadores infantiles una población tan escasa, se aplicó un muestreo
          intencional para seleccionar a los participantes de la presente investigación. Esta
          técnica de muestreo permitió la selección intencional de varones que poseían experiencias
          vividas en el fenómeno investigado (Braun &amp; Clarke, 2022). Los criterios de inclusión
          fijados indicaron que los participantes debían ser hombres estudiantes del Grado de
          Educación Infantil, que hubieran vivenciado un período de prácticas formativas en su
          profesión, y/o trabajado profesionalmente en este sector educativo.</p>
        <p>Los participantes encuestados, varones estudiantes del Grado Universitario de Maestro en
          Educación Infantil de la Universidad de Jaén y Granada, se identificaron como varones
          heterosexuales y homosexuales, con edades superiores a los veinte años, que se encontraban
          en diferentes etapas de su titulación (<xref ref-type="table" rid="table1">tabla 1</xref>).</p>
        <table-wrap id="table1">
          <caption>
            <p>Tabla 1. Características de los educadores infantiles</p>
          </caption>
          <table>
            <colgroup>
              <col width="23%"/>
              <col width="14%"/>
              <col width="28%"/>
              <col width="16%"/>
              <col width="19%"/>
            </colgroup>
            <thead>
              <tr>
                <th/>
                <th><bold>Edad</bold></th>
                <th><bold>Formación previa</bold></th>
                <th><bold>Curso</bold></th>
                <th><bold>Formación práctica</bold></th>
              </tr>
            </thead>
            <tbody>
              <tr>
                <td><bold>Entrevista 1</bold></td>
                <td>20 años</td>
                <td>FP Educación Infantil</td>
                <td>4º curso</td>
                <td>4 meses</td>
              </tr>
              <tr>
                <td><bold>Entrevista 2</bold></td>
                <td>20 años</td>
                <td>Sin formación previa</td>
                <td>3º curso</td>
                <td>4 meses</td>
              </tr>
              <tr>
                <td><bold>Entrevista 3</bold></td>
                <td>26 años</td>
                <td>FP Educación Infantil</td>
                <td>3º curso</td>
                <td>8 meses</td>
              </tr>
              <tr>
                <td><bold>Entrevista 4</bold></td>
                <td>25 años</td>
                <td>FP Administración</td>
                <td>3º curso</td>
                <td>4 meses</td>
              </tr>
              <tr>
                <td><bold>Entrevista 5</bold></td>
                <td>22 años</td>
                <td>FP Educación Infantil</td>
                <td>3º curso</td>
                <td>8 meses</td>
              </tr>
              <tr>
                <td><bold>Entrevista 6</bold></td>
                <td>22 años</td>
                <td>FP Educación Infantil</td>
                <td>1º curso</td>
                <td>4 meses</td>
              </tr>
            </tbody>
          </table>
          <attrib>Fuente: Elaboración propia.</attrib>
        </table-wrap>
        <p>Las cartas de consentimiento informado fueron firmadas por todos los participantes
          encuestados, y por los entrevistadores. En este estudio, se ha protegido la identidad de
          los encuestados, de manera que se asegura la confidencialidad empleando pseudónimos en los
          resultados de la investigación. Asimismo, las entrevistas individuales grabadas y las
          transcripciones fueron guardadas en el ordenador portátil del investigador principal.</p>
      </sec>
      <sec id="sec3.2">
        <title>3.2. Recopilación y análisis de datos</title>
        <p>Los datos de esta investigación se recopilaron mediante entrevistas individuales
          semiestructuradas realizadas a seis futuros maestros de Educación Infantil. Como indica
          Pedraz et al. (2014) las entrevistas semiestructuradas permiten obtener información
          directa y precisa de las personas clave que intervienen en la investigación. Además,
          generan el ambiente adecuado para manifestar abiertamente percepciones y motivaciones
          vividas desde y hacia el fenómeno que se investiga. En definitiva, la entrevista
          semiestructurada como técnica de recogida de datos responde a la necesidad de obtener una
          panorámica general de los imperativos de género que limitan la participación de varones en
          la profesión de Educación Infantil.</p>
        <p>Las entrevistas estuvieron guiadas por las tres siguientes bloque de preguntas:</p>
        <list list-type="order">
          <list-item>
            <p>¿Por qué decidiste cursar el Grado de Educación Infantil?</p>
          </list-item>
          <list-item>
            <p>¿Consideras que la profesión de Educación Infantil es un trabajo feminizado?</p>
          </list-item>
          <list-item>
            <p>¿ Qué ideas específicas de género se expresan en la práctica profesional de Educación
              Infantil?</p>
          </list-item>
        </list>
        <p>En el diseño de la investigación, se consideró minuciosamente el procedimiento a seguir
          para abordar situaciones imbricadas por imperativos de género, de manera que los varones
          participantes no se sintieran incomodados, ya que la literatura académica indica que, con
          frecuencia, los educadores infantiles suelen mostrar nerviosismo e incomodidad en las
          entrevistas cuando son interrogados sobre temas que conciernen al ámbito personal Hedlin
          et al., 2019). Las entrevistas duraron 40-45 minutos aproximadamente, fueron grabadas en
          audio y transcritas de manera literal.</p>
        <p>Los datos obtenidos se organizaron a partir de un análisis de contenido temático, donde
          se identificaron elementos comunes y se clasificaron en temas clave (Braun &amp; Clarke,
          2022). El análisis temático reflexivo se desarrolló en cinco etapas (Blanche &amp;
          Durrheim, 2006).</p>
        <list list-type="order">
          <list-item>
            <label>1)</label>
            <p>Familiarización e inmersión: en esta primera etapa, se leyeron de manera repetida las
              seis transcripciones de las entrevistas realizadas con la finalidad de identificar
              elementos comunes.</p>
          </list-item>
          <list-item>
            <label>2)</label>
            <p>Temas inductores: en esta segunda etapa, se identificaron y escribieron los temas
              comunes dentro de los datos.</p>
          </list-item>
          <list-item>
            <label>3)</label>
            <p>Codificación: a continuación, se usaron los temas comunes para codificar las
              respuestas aportadas por cada participante. Asimismo, una vez se codificaron todos los
              datos, se agruparon en temas específicos.</p>
          </list-item>
          <list-item>
            <label>4)</label>
            <p>Elaboración: posteriormente, se organizaron las respuestas dentro de los temas
              comunes en diferentes categorías.</p>
          </list-item>
          <list-item>
            <label>5)</label>
            <p>Interpretación y verificación: en esta última etapa, empleamos la interpretación de
              primer y segundo orden propuesta por Neuman (2021), en tanto que permite presentar los
              puntos de vista de los encuestados, y facilitar la reconstrucción e interpretación de
              las respuestas de los encuestados desde el punto de vista de la persona
              investigadora.</p>
          </list-item>
        </list>
        <p>Finalmente, para el análisis de los resultados obtenidos, empleamos como enfoque la
          perspectiva ofrecida por los estudios críticos de masculinidades (Connell, et al., 2021),
          dado que permite poner de manifiesto cómo las relaciones de género aparecen y se enfrentan
          a medida que los varones de nuestro estudio navegaban entre sus posiciones en el marco de
          una profesión feminizada.</p>
      </sec>
    </sec>
    <sec id="sec4">
      <title>4. Resultados</title>
      <sec id="sec4.1">
        <title>4.1. Educación Infantil: la entrada de varones en una profesión feminizada</title>
        <p>La presencia de varones en centros infantiles comprende un paso sustancial en el intento
          de desmantelar la ideología social de la profesión de Educación Infantil como trabajo de
          mujeres (Moosa &amp; Bhana, 2023). Peeters et al. (2015) afirma la existencia de una
          “cultura de ama de casa en las escuelas infantiles”: las mujeres traen a su puesto de
          trabajo normas y actitudes que representan el hogar materno. De hecho, el trabajo de
          mujeres comprende un estatus social bajo, que repercute directamente en la remuneración
          económica, y en la obtención de beneficios laborales desfavorables (Ebrahim, 2023).</p>
        <p>A diferencia de las mujeres, que son animadas por el entorno social para ejercer la
          profesión de Educación Infantil, los varones se enfrentan frecuentemente al desánimo de
          familiares y amistades cuando deciden cursar la titulación universitaria que habilita para
          esta profesión. De hecho, si bien los padres valoran con agrado la posibilidad de que sus
          hijos cursen el Grado de Educación Infantil, los amigos comienzan a cuestionar esta
          decisión, y a hacer burlas sobre ello, sobre todo, al relacionarla inmediatamente como
          trabajo de mujeres.</p>
        <disp-quote><p>Mis padres nunca me han dicho “tienes que ser tal”. Siempre me han dicho que lo que vaya
          a hacer que lo haga, y no vaya dando tumbos por la vida. Así que he tenido esa libertad y
          es verdad que… bueno, a lo mejor mis familiares y amigos cuando les dije que quería
          estudiar Educación Infantil, pues dijeron lo típico de vas a cambiar pañales y a limpiar
          cacas, si ahí solo hay tías, , ¿te gustan los tíos? etc. Yo me río de ellos porque su ignorancia respecto al tema es muy grande, y si supieran la
          importancia que tiene la Educación Infantil no dirían esas cosas, entonces como que les
          entiendo porque no saben de lo que están hablando. Entrevistado 6.</p></disp-quote>
        <p>Del mismo modo, la creencia de la profesión de Educación Infantil como trabajo de mujeres
          repercute de manera negativa en la concepción que se tiene de aquellos varones que deciden
          trabajar en centros infantiles. Así, rápidamente la masculinidad de los maestros es
          vigilada, cuestionada y examinada (Moosa &amp; Bhana, 2018). Esta situación de permanente
          sospecha desencadena diferentes dolencias físicas y mentales en los educadores, por cuanto
          viven en un periodo latente de estrés e inseguridad emocional.</p>
        <disp-quote>
          <p>Me siento como apartado… Al principio te da cosa, te sientes como raro, diferente… es
            como si te observaran con cada paso que das. Hay muchas reticencias… Siempre te sientes
            como sospechoso de algo que sabes que estás haciendo bien y llegas a tu casa agobiado,
            sin parar de darle vueltas a la cabeza y sin poder dormir bien… Entrevistado 1.</p>
        </disp-quote>
        <p>Así pues, los imperativos de género que designan la profesión de Educación Infantil como
          trabajo de mujeres generan numerosas desavenencias para los varones maestros, ya que
          entienden que su masculinidad se encuentra supeditada a las opiniones que el entorno
          social de la profesión pueda verter hacia ellos. Como indica Cushman (2007) “mientras la
          docencia siga siendo vista como una profesión dominada por mujeres, y el trabajo de las
          mujeres siga siendo infravalorado, es poco probable que mejore la situación” (p.89).</p>
      </sec>
      <sec id="sec4.2">
        <title>4.2. Distanciamiento de las prácticas de atención infantil básicas</title>
        <p>Para evitar sentirse intimidados en esta profesión, los educadores infantiles adoptan
          posturas de distanciamiento físico con respecto al alumnado. Así, los varones evitan
          participar en prácticas que invaden el terreno íntimo o personal, como asear, cambiar
          pañales o dar de comer, actividades básicas en el desempeño de esta profesión.</p>
        <disp-quote><p>No estoy acostumbrado a eso, entonces al principio me sentía un poco… lo típico de no
          saber afrontar la situación, qué hago… la situación de no saber. Y también de la situación
          del cuerpo, yo no estoy acostumbrado a cambiar pañales, a manipular a un niño. Y luego que
          también que se haga caca, que suelen oler mucho, el hedor a lo mejor y que tendrán ahí
          humedad… me da asquete… la verdad. A mí no me gusta cambiar pañales. Yo no lo hago.
          Entrevistado 3.</p></disp-quote>
        <p>Generalmente, el cambio de pañales remite a una actividad propia de las mujeres. Se trata
          de un trabajo inferior que entra en conflicto con la masculinidad tradicional. Así, los
          educadores varones que niegan lo asistencial del trabajo de cuidados, reproducen
          constantemente jerarquías de género, ya que sobrecargan a las mujeres con los mismos roles
          de dependencia y disposición hacia los cuidados básicos. No obstante, no todos los
          educadores infantiles muestran su desaprobación en la realización de esta práctica,
          simplemente prefieren evitar hacerla por las posibles represalias que pueda ocasionar al
          estar en contacto con las partes íntimas del menor.</p>
        <p>Igualmente, los educadores infantiles emplean diferentes maniobras personales para evitar
          mantener contacto físico o personal con los/as niños/as. Por ejemplo, desde comienzos de
          curso intentan no dar abrazos o besar en espacios públicos. Esta situación genera un
          estado permanente de incomodidad, por cuanto que entienden que son sospechosos de
          cualquier acto que implique afecto emocional.</p>
        <disp-quote><p>Yo soy una persona cariñosa, y no hay problema en admitirlo. Yo estoy con los niños, me
          gusta jugar con ellos, me gusta relacionarme. Si un niño me da un abrazo no lo voy a
          rechazar, obviamente. Pues, por ejemplo, si una maestra le da un abrazo a un niño o está
          más abrazada a ellos pues no hay tanto problema, pero si yo soy el que da abrazos, me
          dicen [el resto de maestras] deja de darle tantos abrazos a los niños, que es
          acostumbran…que tal y que cual. A mí por ser hombre sí se me reprende y a otras compañeras
          no. Entrevistado 5.</p></disp-quote>
      </sec>
      <sec id="sec4.3">
        <title>Peligrosidad sexual: la amenaza pedófila de los educadores infantiles y la
          homosexualidad</title>
        <p>La idea normativa de heterosexualidad, la feminización de la Educación Infantil, y la
          renuncia social de los varones a participar en la provisión de atención y cuidados hace
          que los educadores sean constantemente interpelados para dar explicaciones de sus actos
          (McGrath, 2021). De hecho, el miedo a las acusaciones de abuso sexual infantil forma parte
          de la cotidianidad de los varones en el desempeño profesional.</p>
        <disp-quote>
          <p>A ver, la presencia de hombres en colegios infantiles siempre se ha asociado con
            abusos. Se asocia siempre más al hombre que a la mujer en la realidad, pero entonces, yo
            creo que está ese miedo a que le hagan algo. Es lo que te digo, siempre es la mujer. La
            mujer es la que se queda a cuidar a los niños, el hombre trabaja, las mujeres cambian
            los pañales, las mujeres son las que los duchan, les dan la comida y los miman, y al
            final los hombres con niños tan pequeños pues lo que pasa, que nos pillan miedo y nos
            ven con malos ojos… Entrevistado 4.</p>
        </disp-quote>
        <p>Para evitar levantar sospechas de cometer cualquier acto de índole sexual, los educadores
          emplean diferentes estrategias durante la jornada escolar. Así, suelen insinuar en su
          relato que son heterosexuales, y que les gustaría en un futuro cercano formar una familia.
          Esta narración constante por parte de los profesionales varones permite que el entorno
          familiar y escolar muestre cierta confianza en ellos. No obstante, pese a ser conscientes
          de la situación de inseguridad que su presencia provoca en las aulas</p>
        <p>infantiles, también suelen recibir indicaciones profesionales para no mantener contacto
          físico con los/as niños/as de los centros educativos.</p>
        <disp-quote>
          <p>El tema de la sexualidad en infantil es una locura. A mí mis compañeras me han dicho
            que, para darle un abrazo o una acaricia a un niño, tengo que ponerme de rodillas. O
            sea, me han dicho: tienes que ponerte de rodillas y tienes que agacharte para que el
            niño esté como a tu altura del pecho, porque si no se puede malinterpretar al llegar a
            la zona de tus genitales… que eso es que eres un violador, o que eres lo que sea, o es
            que te gusta hacer ese tipo de cosas con los niños… Y yo por ejemplo, con las
            compañeras, ni una sola palabra al respecto he visto. Tengo que arrodillarme si quiero
            dar un abrazo a uno de mis alumnos. Entrevistado 5.</p>
        </disp-quote>
        <p>Por otra parte, la negación constante de la feminidad, como imperativo básico del modelo
          hegemónico de masculinidad, también permea en la profesión de Educación Infantil, dado que
          se tiende a estigmatizar esta profesión como destinada exclusivamente a varones
          homosexuales.</p>
        <disp-quote>
          <p>Los hombres no se atreven a ser maestros de Educación Infantil porque van a recibir
            comentarios sobre su sexualidad. Si eres varón en esta profesión ya eres homosexual, te
            gustan los hombres y demás, y ya es como una espiral de la que no se suele salir… Esto
            es un problema a nivel social porque por dedicarte a la enseñanza infantil no tienen por
            qué gustarte los hombres… Tú puedes ser hombre, educar bien y enseñar bien al igual que
            lo hacen las mujeres… Entrevistado 1.</p>
        </disp-quote>
        <p>En otras palabras, los educadores infantiles son etiquetados constantemente como
          homosexuales, dado que las sociedades repudian en los varones actitudes femeninas y
          veneran los imperativos atribuidos al modelo hegemónico de masculinidad. De hecho, si un
          educador muestra actitudes y/o comportamientos demasiado masculinos es catalogado como un
          mal educador, mientras que si muestra actitudes de cariño y cuidado, es percibido como
          afeminado y un posible perpetrador sexual (Koch &amp; Farquhar, 2015). En cualquier caso,
          los educadores infantiles deben comprenderse a sí mismos como objetos de sospecha
          permanente durante el ejercicio de la profesión.</p>
      </sec>
      <sec id="sec4.4">
        <title>4.4. Preservación del modelo hegemónico de masculinidad</title>
        <p>En ocasiones, la presencia de educadores infantiles es entendida como un recurso que
          permite mantener y reproducir los imperativos de género normativos, basados en el modelo
          de masculinidad tradicional. Desde este punto de vista, Jones (2007) indica que los
          varones maestros de Educación Infantil deben ser perceptivos, pacientes y atentos a las
          disposiciones emocionales del alumnado, pero también deben mostrar firmeza, seriedad y
          seguridad en sus acciones. Dicho de otro modo, los educadores infantiles navegan en un
          terreno de género donde son valoradas y apreciadas muchas de las cualidades atribuidas al
          modelo de masculinidad hegemónica, pero también otros atributos asociados a nuevos modelos
          de masculinidades, basados en la ruptura del pensamiento de género tradicional, y en el
          desarrollo del valor de la interdependencia y el cuidado.</p>
        <disp-quote>
          <p>Me sentía extraño, raro… Las compañeras me aplaudían por ser hombre y estar en
            infantil. Ellas pensaban que yo iba a poner firme a los niños y que conmigo iban a
            portarse mejor. Pensaban eso, de verdad. Pero yo no era así. Esperaban eso, pero después
            también que fuera cariñoso y atento. Si soy serio, e impongo autoridad a los niños, no
            puedo ser cariñoso. Era como dos caras de una moneda, y ya no sabía cómo actuar.
            Entrevistado 6.</p>
        </disp-quote>
        <p>En este sentido, el modelo de masculinidad tradicional permite a los varones preservar
          con éxito los imperativos de género masculino mientras navegan en un terrero feminizado.
          De hecho, Hedlin et al., (2019) indica que las educadoras esperan que los maestros que se
          incorporan a los centros educativos cumplan con los preceptos que demarcan el ideal de “un
          hombre de verdad” (Cushman, 2007). Este modelo de varón educador masculiniza el trabajo de
          atención a la primera infancia por medio de nuevas interpretaciones de la práctica de
          cuidado, como promover actividades de juego libre, donde los/as niños/as disponen de total
          libertad para expresarse, y pueden tomar riesgos, que se evitan permaneciendo en las
          aulas, donde impera la cultura de organización del hogar materno.</p>
      </sec>
      <sec id="sec4.5">
        <title>4.5. Masculinidades cuidadoras: los educadores infantiles como referentes de un
          cambio</title>
        <p>La presencia de varones en centros de Educación Infantil no solo permite equiparar cuotas
          de representación equitativa en el ámbito laboral, sino que también pretende deslegitimar
          la ausencia de varones en el proceso de socialización de los/as niños/as más pequeños/as
          (Elliot, 2016). En otras palabras, los varones maestros brindan la oportunidad de desafiar
          los imperativos de género presentes en la Educación Infantil, al incorporar a nivel
          laboral y personal multitud de rasgos y emociones asociadas con la crianza, la atención y
          el cuidado de personas dependientes.</p>
        <disp-quote>
          <p>Yo puedo aportar a la Educación Infantil otra perspectiva, porque creo que está muy
            generalizado que los hombres no tenemos sentimientos y no nos gustan los cuidados, y
            quiero que se vea que yo también puedo aportar algo, como lo que puede aportar la
            maestra de otra aula. Todo esto también ayuda a que se normalice la presencia de hombres
            en Infantil. Entrevistado 2.</p>
        </disp-quote>
        <p>Desde otro punto de vista, la presencia de educadores en centros infantiles permite que
          el alumnado amplíe sus conocimientos sobre prácticas de género no limitadas en función del
          sexo. De hecho, la escasez de maestros puede dar lugar a que el alumnado generalice
          erróneamente las características del profesional de la Educación Infantil como rasgos
          exclusivos de las mujeres, lo que perpetúa, además, la creencia de que las mujeres se
          adaptan mejor que los varones a esta profesión.</p>
        <disp-quote>
          <p>Voy a ser una gotilla de agua de todos los que hay. Y eso, lo quieras o no, es una
            llama que puede despertar en esta profesión para llamar a otros chicos. Me ha pasado a
            mí que yo era la seño Javi. Hasta que al final se acostumbraron a decir maestro, el
            maestro Javi, pero ellos no tenían interiorizada la palabra maestro como hombre. Que te
            digan seño Javi, dices… otras… ¿qué pasa aquí?… Estos niños no tienen interiorizado el
            hecho de que haya hombres maestros. Entonces, es necesario que haya más maestros en
            Infantil. Si hubiera más maestros, sería diferente. Ya empiezan a interiorizar otros
            comportamientos de género y los niños pueden llegar a ver más opciones en su día a día.
            Entrevistado 3.</p>
        </disp-quote>
        <p>A la luz de este planteamiento, cabe señalar que masculinidades y feminidades no son
          rígidas, sino construidas socialmente. En consecuencia, el modo en el que las
          masculinidades se manifiestan en las escuelas son tanto un producto como un proceso de
          construcción social.</p>
      </sec>
    </sec>
    <sec id="sec5">
      <title>5. Discusión</title>
      <p>Si bien la presencia de educadores en centros infantiles permite modificar esta profesión
        más allá de la ideología de trabajo exclusivo de mujeres, nuestros hallazgos demuestran que
        las disparidades por cuestiones de género persisten todavía. Desde el momento en que los
        varones acceden a los centros de Educación Infantil, se ponen en práctica creencias y
        expectativas específicas de género sobre la interacción entre los educadores y el alumnado.
        En este sentido, el contacto físico es uno de los principales elementos que preocupan, ya
        que es percibido como un tema sospechoso o delicado (Tufan, 2018).</p>
      <p>De la misma manera, el predominio exclusivo de maestras en centros infantiles produce
        niveles de incomodidad entre los educadores, en tanto que viven períodos de inseguridad y
        estrés, por sentirse observados en un espacio que, socialmente, no les pertenece. Esta
        percepción no solo aparece cuando los educadores se relacionan con el alumnado en el patio
        escolar, sino que también se extiende a las responsabilidades profesionales, donde a menudo
        se etiqueta a los varones maestros como personas centradas en que los/as niños/as se
        diviertan, y no realicen el trabajo educativo prefijado por las instituciones educativas
        (Okeke &amp; Nyanhoto, 2021) En este sentido, se puede entender que, el estigma social que
        reciben los varones como docentes incapaces de gestionar la organización y planificación de
        la enseñanza infantil, surge de la presencia exclusiva de mujeres en esta profesión, y de
        las ideologías de género esencialistas, que construyen a los hombres como contrarios a
        dispensar atención y cubrir las necesidades educativas en esta etapa de aprendizaje.</p>
      <p>Generalmente, los varones docentes de Educación Infantil defienden y validan su presencia
        en esta profesión por medio de la reproducción de atributos hegemónicos de la masculinidad.
        De hecho, los educadores entrevistados reconstruyen su masculinidad de manera diferenciada:
        mientras que dos de los maestros de Educación Infantil se distancian de las prácticas
        dispensadas por las educadoras infantiles, destacando los atributos y valores masculinos
        tradicionales, los cuatro educadores restantes redefinen su masculinidad hacia modelos
        alternativos para no entrar en conflicto con el imaginario social de la profesión, así como
        con las tareas que se desempeñan en las aulas. Este estado de tránsito, hace que los
        educadores se sientan presionados por cumplir con las expectativas de la comunidad
        educativa, exigiéndose a sí mismos la reproducción de unas expectativas de género con las
        que no se sienten identificados, y que juegan en su contra, al tener que demostrar
        constantemente algo que no son (Warin, 2019).</p>
      <p>Pese a todo, los varones maestros de Educación Infantil se posicionan como referentes de un
        cambio social caracterizado por la ruptura del modelo hegemónico de masculinidad. Así pues,
        no solo facilitan el acceso directo de niños/as a nuevos modelos de masculinidades basados
        en el ejercicio de la corresponsabilidad y el cuidado, sino que también contribuyen a
        profesionalizar este sector educativo, incorporando nuevas visiones de género que rompen con
        la estructura tradicional de esta profesión feminizada.</p>
    </sec>
    <sec id="sec6">
      <title>6. Conclusiones</title>
      <p>Esta investigación pone de manifiesto las creencias de género que afrontan los varones
        maestros de Educación Infantil cuando deciden incorporarse a una profesión altamente
        feminizada. En este sentido, pese a los avances consolidados en materia de igualdad de
        oportunidades entre mujeres y hombres, la Educación Infantil es considerada como un trabajo
        exclusivo de mujeres (Powell et al., 2021). Todo ello, como consecuencia directa de la
        permanencia de los imperativos socializadores de género diferenciados para mujeres y
        hombres. Generalmente, los varones pueden disuadirse de la elección de Educación Infantil
        por diferentes cuestiones (McGrath et al., 2020). Así pues, la percepción de un bajo
        salario, el estatus asistencial básico de la profesión, la soledad, y el aislamiento social
        al no contar con referentes masculinos en la profesión son motivos más que justificados para
        que los varones decidan no escoger esta profesión. Además, se debe añadir la incertidumbre
        que aparece entre los profesionales y familiares sobre el contacto físico con los/as
        niños/as (Moosa &amp; Bhana, 2018).</p>
      <p>En cualquier caso, la presencia de educadores infantiles es escasa a nivel global como
        consecuencia de fuerzas sociales contrapuestas. Mientras que, por un lado, los imperativos
        de género permiten preservar la hegemonía masculina, y devaluar la profesión de Educación
        Infantil como trabajo de mujeres; por otro lado, estos mismos imperativos permiten revalidar
        la validez y competencia de las mujeres en los centros infantiles (McGrath, 2021). En
        consecuencia, la escasa presencia de varones en esta actividad básica para el sostenimiento
        de la vida impide que se profesionalice y mejore su estatus.</p>
      <p>Dicho de otro modo, los imperativos de género presentes en las sociedades actuales provocan
        el declive y la desgana de los varones a iniciar su carrera profesional en Educación
        Infantil, por lo que, con la escasa representación masculina actual, existen cada vez menos
        posibilidades para que los varones vean esta profesión como una oportunidad laboral (Heinz
        et al., 2023). De hecho, poco importa a la sociedad española que el porcentaje de hombres
        educadores infantiles sea bajo. Solo basta con analizar la realidad sociocultural de nuestro
        país para dar cuenta de esta cuestión. Pese a ello, contar con iniciativas políticas
        internacionales sensibles al género, como la desarrollada por la OCDE (2019), incentiva la
        promoción de una fuerza laboral más equilibrada y representativa de esta profesión, al
        tiempo que ayuda a que los/as niños/as vean que todos los géneros tienen acceso a multitud
        de oportunidades laborales y personales.</p>
      <p>Para desafiar las normas de género presentes en el ámbito docente, las instituciones
        educativas deben situarse como espacios de representación de multiplicidad de
        masculinidades, feminidades, e identidades de género alternativas tanto entre géneros como
        dentro de ellos. Asimismo, los/as educadores/as infantiles no deben transmitir géneros
        estancos, limitados o cerrados, sino que han de mostrar y fomentar una gama de identidades
        de género diversa, plural y abierta (Moosa &amp; Bhana, 2023). En otras palabras, resulta
        necesario romper con las estructuras e imperativos de género que limitan la vida personal y
        laboral de hombres y mujeres. Los avances consolidados en materia de igualdad de género son
        inestimables. Sin embargo, queda un largo camino por recorrer para conseguir que la igualdad
        de género sea una realidad en la profesión de Educación Infantil.</p>
    </sec>
    <sec id="sec7">
      <title>7. Agradecimientos</title>
      <p>El presente artículo forma parte del proyecto de investigación “La profesionalización de
        los cuidados en el Grado de Educación Infantil: aproximación desde el discurso de los
        varones universitarios andaluces”, concedido por el Vicerrectorado de Igualdad, Inclusión y
        Sostenibilidad de la Universidad de Granada, INV-IGU195-2022. El autor quiere agradecer la
        colaboración del equipo de investigación y de los entrevistados.</p>
    </sec>
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