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      <journal-id journal-id-type="publisher">POSO</journal-id>
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        <journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Política y Sociedad</journal-title>
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      <issn publication-format="electronic">1988-3129</issn>
      <issn-l>1988-3129</issn-l>
      <publisher>
        <publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
        <publisher-loc>España</publisher-loc>
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      <article-id pub-id-type="doi">https://doi.org/10.5209/poso.94505</article-id>
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          <subject>MISCELÁNEA</subject>
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        <article-title>Desarrollo sostenible y participación de organizaciones sociales en políticas activas de empleo. Un análisis crítico desde el enfoque seniano y foucaultiano</article-title>
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          <trans-title>Sustainable development and participation of social organizations in active employment policies. A critical analysis from the Senian and Foucauldian perspectives</trans-title>
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          <contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0002-1667-3379</contrib-id>
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            <surname>Carvajal Muñoz</surname>
            <given-names>María Rosario</given-names>
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          <institution content-type="original">Universidad de Cádiz</institution>
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        <corresp id="cor1">Autor@s de correspondencia: María Rosario Carvajal Muñoz: <email>rosario.carvajal@uca.es</email></corresp>
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      <pub-date pub-type="epub" publication-format="electronic" iso-8601-date="2025-06-26">
        <day>26</day>
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        <year>2025</year>
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      <volume>62</volume>
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        <copyright-statement>Copyright © 2025, Universidad Complutense de Madrid</copyright-statement>
        <copyright-year>2025</copyright-year>
        <copyright-holder>Universidad Complutense de Madrid</copyright-holder>
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      <abstract>
        <p>El artículo parte del objetivo 8, de la Agenda 2030 de desarrollo sostenible, para cuestionar, en primer lugar, la coherencia interna implícita en el discurso de este objetivo, que condiciona el trabajo decente al mercado y al crecimiento económico. Para ello, se hace referencia a indicadores contenidos en el objetivo 8 en torno al mercado, sustentando el análisis con la ayuda de otras investigaciones, e interpretando el discurso a partir del concepto de racionalidad política de Foucault. En particular, se destaca que en normativas recientes de políticas activas en España se incluye el objetivo 8 entre sus pretensiones, lo que significa un importante reto para las organizaciones implicadas en estas políticas para contribuir a que los colectivos desempleados vulnerables accedan a trabajos decentes. Esto lleva a la segunda cuestión, el análisis de la coherencia externa entre el discurso normativo y la realidad de estas organizaciones. Frente al reto que se les presenta, las organizaciones se enfrentan a limitaciones en respuestas a las necesidades de estos colectivos, como evidencian algunos investigadores mencionados en el texto. Por último, se subraya la importancia de las capacidades colectivas entre las organizaciones, definidas a partir del enfoque de capacidades, y destacando por qué deben disponer de más espacios de libertad para la toma de iniciativas que contribuyan realmente a establecer mejores condiciones laborales y/o de vida para estos colectivos, en aras de un verdadero desarrollo social sostenible.</p>
      </abstract>
      <trans-abstract xml:lang="en">
        <p>This article begins with Goal 8 of the 2030 Agenda for Sustainable Development to question, first, the internal coherence implicit in the discourse surrounding this goal, which conditions decent work to the market and economic growth. To this end, it refers to indicators contained in Goal 8 related to the market, supporting the analysis with the help of other research and interpreting the discourse based on Foucault’s concept of political rationality. In particular, it highlights that recent regulations on active policies in Spain include Goal 8 among their aims, which represents a significant challenge for the organizations involved in these policies to help vulnerable unemployed groups access decent jobs. This leads to the second question, the analysis of the external coherence between the normative discourse and the reality of these organizations. Faced with this challenge, organizations face limitations in responding to the needs of these groups, as evidenced by some of the researchers mentioned in the article. Finally, the importance of collective capabilities among organizations, defined using the capabilities approach, is emphasized, highlighting why they should have more freedom to take initiatives that truly contribute to establishing better working and/or living conditions for these groups, for the sake of truly sustainable social development.</p>
      </trans-abstract>
      <kwd-group>
        <kwd>trabajo decente</kwd>
        <kwd>ODS 8</kwd>
        <kwd>racionalidad política</kwd>
        <kwd>enfoque de capacidades</kwd>
        <kwd>capacidades colectivas</kwd>
      </kwd-group>
      <kwd-group xml:lang="en">
        <kwd>decent work</kwd>
        <kwd>political rationality</kwd>
        <kwd>SDG 8</kwd>
        <kwd>capabilities approach</kwd>
        <kwd>collective capabilities</kwd>
      </kwd-group>
      <custom-meta-group>
        <custom-meta>
          <meta-name>Sumario</meta-name>
          <meta-value>: 1. Introducción. 2. El discurso del ODS 8 y las políticas de empleo. 3. El discurso sobre el trabajo desde la perspectiva foucaultiana y seniana. 4. Conclusiones y reflexiones finales. 5. Bibliografía.</meta-value>
        </custom-meta>
        <custom-meta>
          <meta-name>Cómo citar</meta-name>
          <meta-value>Carvajal Muñoz, M.ª Rosario. (2025). Desarrollo sostenible y participación de organizaciones sociales en políticas activas de empleo. Un análisis crítico desde el enfoque seniano y foucaultiano. <italic>Polít. Soc. (Madr.)</italic> 62(2), e94505, https://dx.doi.org/10.5209/rlog.94505.</meta-value>
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    </article-meta>
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<sec id="introduccion">
  <title>1. Introducción</title>
  <p>En las últimas décadas, los objetivos de desarrollo sostenible
  marcados en políticas públicas han estado conviviendo, en buena
  medida, con tomas de decisiones de corte neoliberal. En esta misma
  línea, la crisis económica de 2007-8 se solventó con políticas de
  recortes sociales en toda Europa. Años más tardes, en 2015, la
  Organización de Naciones Unidas publica la Agenda 2030 con 17
  objetivos para el desarrollo soste- nible (ONU, 2015). Este trabajo
  parte del objetivo 8 sobre el trabajo decente y el crecimiento
  económico, que sostiene que el crecimiento económico es un necesario
  requisito para conseguir mejores condiciones labo­rales para todos
  (Skvarciany y Astiké, 2022; Brand, Gorg and Wissen, 2020; Koch and
  Buch-Hansen, 2021; Nuno Ornelas, 2021). Este prerrequisito del
  desarrollo económico hace que se anteponga lo económico a la dimensión
  social y a las pretensiones de equidad, lo que, a su vez, perjudica el
  desarrollo sostenible (Büchs and Koch, 2017: 32).</p>
  <p>El discurso del objetivo 8 se relaciona también con el concepto de
  racionalidad política introducido por Foucault (1988: 3), quien
  estudió las prácticas discursivas de las políticas neoliberales de la
  década de los 70 del siglo pasado observando que estaban dando más
  protagonismo al mercado como respuesta a la crisis de las políticas
  keynesianas (Foucault, 2009: 310). También Luke (1995: 21) destacó las
  contradicciones exis­tentes en el discurso del desarrollo sostenible,
  al pretender mantener los mismos estándares de crecimien­to económico
  preservando la naturaleza. En buena medida, el discurso sobre el
  objetivo 8 quiere garantizar la calidad del empleo siempre que se
  mantenga el crecimiento económico (Skvarciany and Astiké, 2022). Esta
  crítica al objetivo 8 sigue siendo oportuna al analizar el discurso de
  las políticas activas de empleo<xref ref-type="fn" rid="fn1">1</xref>,
  ya que en las normativas de 2021 y
  2024<xref ref-type="fn" rid="fn2">2</xref> se incluyen referencias al
  objetivo 8 de trabajo decente y crecimiento económico de la Agenda
  2030 para el desarrollo sostenible, como se expondrá más adelante.</p>
  <p>Por otro lado, en este discurso de las políticas activas de empleo
  se imponen nuevas dinámicas de ges­tión que dan más protagonismo a
  organizaciones de la sociedad civil, y a otras entidades locales
  públicas y privadas. Se utiliza el enfoque de capacidades de Amartya
  Sen para interpretar el papel que asumen estas organizaciones en las
  políticas activas. En este aspecto, se reflexiona desde una
  perspectiva crítica en la difícil relación entre el objetivo 8 y el
  desarrollo sostenible referidos en las políticas activas de empleo. De
  hecho, el enfoque de capacidad es más compatible con el desarrollo
  sostenible que con la definición del ob­jetivo 8 actual, vinculado al
  crecimiento económico, como sostienen algunos autores al relacionar
  enfoque de capacidades y desarrollo sostenible (Chandler, 2013;
  Seckler y Volkert, 2021; Ballet <italic>et al.</italic>, 2018;
  Kalafatis <italic>et al.</italic>, 2019; Rauschmayer <italic>et
  al.</italic>, 2020).</p>
  <p>Con relación al objetivo 8, y a su referencia en las normativas de
  políticas activas, este trabajo cuestiona su <italic>coherencia
  interna</italic><xref ref-type="fn" rid="fn3">3</xref>, por un lado,
  y, por otro, se cuestiona también la <italic>coherencia
  externa</italic> que cabría es­perar del ajuste entre el objetivo 8,
  contenido en las normativas de políticas activas, y la realidad a la
  que se enfrentan las organizaciones ante el reto de la inserción
  laboral en trabajos decentes para estos colectivos desempleados
  vulnerables. Estas dos vertientes son abordadas analizando los
  indicadores del objetivo 8, del Instituto Nacional de Estadística, y
  de las normativas recientes de 2021 y 2024, además de análisis
  biblio­gráfica. En línea con esta exploración bibliográfica se traerá a
  colación a autores que han realizado trabajos empíricos en torno a
  estas cuestiones.</p>
  <p>En términos generales, el artículo concluye que estamos antes un
  nuevo modelo de gobernanza en la gestión de las políticas activas de
  empleo que dan protagonismo a las organizaciones de la sociedad civil.
  Estas podrían orientarse más a favor de conseguir empleos decentes,
  y/o calidad de vida para sus usua­rios, principalmente colectivos
  vulnerables. Pero, también las organizaciones tienen limitaciones,
  como se confirman en trabajos empíricos referidos aquí, lo que redunda
  en una reducción de libertades para las personas desempleadas y
  trabajadores precarios a quienes las organizaciones representan, ya
  que dispo­nen de opciones limitadas en el acceso a empleos decentes.
  También, la reducción de libertades de estos colectivos se refuerza
  por el propio discurso economicista del objetivo 8, que dificulta un
  cambio pleno de paradigma hacia un desarrollo sostenible más social e
  inclusivo, al condicionar el trabajo decente al creci­miento
  económico.</p>
  <p>El artículo también parte del enfoque de capacidades y lo extrapola
  a las organizaciones implicadas en las políticas activas de empleo
  para destacar sus limitaciones y potencialidades en capacidades
  colecti­vas. Estas últimas se entienden como un medio para ampliar las
  capacidades individuales (Robeyns, 2005 Lyon, 2019; Evans, 2002). Sen
  (1989: 44), define el concepto de capacidad como un espacio de
  libertad que se da cuando existen las oportunidades sustantivas para
  que los individuos puedan llegar a ser y hacer lo que consideren
  importantes para sus vidas. Las capacidades colectivas, por ejemplo,
  en el ámbito laboral, contribuyen a la defensa de los intereses de los
  trabajadores, a la vez que fortalecen sus capacidades in­dividuales
  (Miles, 2014), y esto pasa primero por contrarrestar las fuerzas del
  mercado (Stewart y Deneulin 2002). En línea con esto último, se
  reflexiona sobre la necesidad de deconstruir el discurso dominante en
  torno al mercado; principalmente, considerando que el discurso influye
  en la reducción o ampliación de las libertades de las que pueden
  disponer las organizaciones, y que afecta a la capacidad, como espacio
  de libertad de los individuos.</p>
  <p>Todos estos asuntos son abordados a lo largo de varias secciones.
  Primero, se presentará el discurso del objetivo 8 de desarrollo
  sostenible (ODS 8) y el de las políticas de empleo en torno al
  mercado. En las secciones que siguen se analizarán el objetivo 8, con
  relación a las políticas activas de empleo y la participación de
  organizaciones de la sociedad civil en estas políticas desde los
  enfoques teóricos de Sen y Foucault. Se concluirá subrayando la
  relevancia de las capacidades colectivas para estas organizaciones,
  con objeto de abrir nuevas posibilidades para los colectivos
  vulnerables, de modo que lleve realmente a una concepción amplia del
  desarrollo sostenible.</p>
</sec>
<sec id="el_discurso_del_ods_8_y_las_politicas_de_empleo">
  <title>2. El discurso del ODS 8 y las políticas de empleo</title>
  <p>En la definición que da el Instituto Nacional de
  Estadística<xref ref-type="fn" rid="fn4">4</xref> (INE), el objetivo
  8, de trabajo decente para todos y crecimiento económico, se asienta
  en medidas políticas que incluyen el desarrollo de actividades
  produc­tivas. Siguiendo con más detalles los indicadores que definen
  este objetivo se incluyen entre estas activi­dades las mejoras de los
  intercambios comerciales y del turismo sostenible, y el
  fortalecimiento de las ins­tituciones financieras. Sin embargo, se da
  la paradoja de que este objetivo, según el título que se le asigna, y
  que se recoge también en la página del INE, se propone:
  <italic>Promover el crecimiento económico, sostenido, inclusivo y
  sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para
  todos,</italic> aunque los indicadores asociados al objetivo no
  abarquen algunas de estas pretensiones.</p>
  <p>Es necesario especificar que el instituto detalla los indicadores
  del ODS 8 siguiendo las directrices de la Agenda 2030, como se aprecia
  en la página Web al que lleva el enlace a pie de página. Por tanto, se
  comprueba que, ya en su diseño, los indicadores de este objetivo
  octavo interaccionan indicado­res de trabajo decente con los de
  desarrollo económico, sin dejar claro cómo es posible conseguir lo que
  también se propone, un crecimiento inclusivo, sostenido, sostenible y
  de trabajo decente todos. En particular, en el subobjetivo 3 se
  especifican indicadores que vinculan el trabajo decente con las
  políticas orientadas al desarrollo de actividades productivas,
  subrayando de nuevo el prerrequisito de lograr el pleno empleo.</p>
  <p>Siguiendo con la información del INE, el objetivo octavo vuelve a
  insistir en el crecimiento económico como condición previa a la
  reducción de las desigualdades entre hombres y mujeres; y para dar más
  opor­tunidades laborales a los jóvenes y personas con discapacidad.
  También, destacan otros indicadores que giran en torno a la necesidad
  de reducir la precariedad de los jóvenes, incentivándoles al empleo y
  a cursos de formación. Del mismo modo, el INE incluye otros
  indicadores del ODS 8 relativos a mejoras laborales de otros
  trabajadores precarios en situación de vulnerabilidad, mejoras que se
  garantizarían si se dieran los indicadores de crecimiento económico.
  Por tanto, el ODS 8 sobre el trabajo decente para todos parece
  asentarse en la bondad de una regulación entre oferta y demanda del
  mercado laboral ajustada a la eficien­cia económica, conseguida gracias
  al crecimiento económico, lo que lleva a un reforzamiento de la
  pers­pectiva individualista, sujeta a principios económicos ajustados
  al mercado (Kreinin y Aigner, 2022). Pero la pretensión de promover un
  crecimiento inclusivo, sostenido, sostenible y para todos, que también
  menciona, queda sin respuesta, o en una posición muy secundaria y de
  difícil alcance. Este hecho podría interpretarse como una incoherencia
  en el discurso del objetivo 8.</p>
  <p>Respecto al término de trabajo decente, una de las primeras
  definiciones la dio la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en
  la década de los 90 del siglo pasado, concibiéndolo como el punto de
  convergencia de cuatro objetivos estratégicos: <italic>la promoción de
  los derechos fundamentales en el traba­jo; la protección del empleo; la
  protección social y el dialogo social</italic> (OIT, 1999). Un poco
  antes, según re­cuerda Neffa (2012: 30-31), y en esta misma década de
  los noventa, la Organización para la Cooperación y Desarrollo
  Económico (OCDE) publicó un texto sobre la estrategia para el empleo
  centrado en el mer­cado, haciendo hincapié en la desregulación del
  mercado de trabajo para reducir los costes de mano de obra, pero, a la
  vez, dando más importancia a las <italic>políticas activas de
  empleo</italic> que a las pasivas, ya que las primeras han de
  fortalecer la cohesión social mediante la inserción laboral. Desde la
  década de los noventa del siglo pasado a la actualidad, las políticas
  activas han pasado por cambios, uno de los más recientes se da con la
  incorporación del ODS 8 en las normativas de 2021 y 2024 de políticas
  activas de empleo en España.</p>
  <p>En lo que respecta las políticas pasivas de empleo la tendencia en
  las últimas décadas en muchos países europeos ha sido recortar los
  beneficios individuales de prestaciones por desempleo (Medá 2013,
  citado por Miguélez, 2016: 42). Por su parte, las políticas activas se
  han propuesto mejorar la empleabilidad de los desempleados, esto es,
  ampliar las posibilidades de que las personas desempleadas consigan un
  empleo (López, 2012: 9).</p>
  <p>Al hilo de las políticas pasivas, en
  1952<xref ref-type="fn" rid="fn5">5</xref>, la OIT aprueba un
  convenido donde se establecieron nueve cla­ses de prestaciones
  asociadas al empleo: atención de salud y prestaciones en caso de
  enfermedad; desem­pleo; jubilación; accidente laboral; por familiares a
  cargo; por maternidad; por invalidez y por sobreviviente del
  trabajador fallecido (Ghai, 2003: 136). A estas ayudas solo pueden
  acceder quienes tengan la condición de asalariado, ajustadas al
  complimiento de algunos prerrequisitos previos, generalmente sujetas
  al tipo de contrato y/o años cotizados. En cuanto a las prestaciones
  contributivas por desempleo, calculadas en fun­ción del tipo de
  contrato y años trabajados, dejan al margen del sistema a los que
  estén en una situación de mayor vulnerabilidad económica (García
  Romero, 2014). Esta desprotección se extiende de forma intensa hacia
  las personas desempleadas de larga duración, en particular, los que
  hayan agotado las prestaciones contributivas, y también las
  asistenciales (Ysás, 2017: 192).</p>
  <p>Por último, en la Declaración del Centenario de la OIT sobre el
  Futuro del Trabajo de 2019 se insiste en la relevancia del
  <italic>diálogo social</italic> con organizaciones sindicales,
  patronal y gobierno, como elemento impres­cindible para la cohesión
  social, y <italic>para una economía productiva y eficiente</italic>
  (Gil, 2020:149). En esta cita se aprecia que las concertaciones
  sociales entre los agentes principales de las relaciones laborales
  quedan sujetas al requisito de que se garantice el crecimiento
  económico. Este criterio de concertación social con­trasta con la
  realidad de los trabajadores vulnerables, que carecen de
  organizaciones sindicales de calado para defender su débil
  posicionamiento frente al mercado de trabajo.</p>
  <p>Del mismo modo, la frágil posición en el mercado laboral de los
  trabajadores pobres, y de colectivos desempleados vulnerables, pone en
  entredicho la eficiencia económica y la justicia social. Bajo esta
  misma perspectiva el objetivo 8 cabe ubicarlo focalizado en la
  dimensión económica. En este sentido, Gil (2020: 166) señala que el
  objetivo 8 es uno de los objetivos de desarrollo sostenible que
  presenta mayores proble­mas, porque quiere hacer compatible la
  promoción del crecimiento económico y el pleno empleo productivo con
  el trabajo decente para todos, esto es, con un desarrollo sostenible
  inclusivo. Precisamente, Ghigbu y Nekhwevha (2023) analizan 108
  artículos e informes de revistas científicas para investigar el
  concepto de trabajo decente en el marco del ODS 8. Las autoras abordan
  los desafíos y las deficiencias relacionadas con este objetivo,
  destacando que no se está respondiendo a las disparidades
  estructurales, a las condiciones laborales precarias y a las prácticas
  laborales explotadoras de las economías de mercado. Del mismo modo,
  Swain (2018), utilizando una metodología cuantitativa, critica en su
  artículo la inconsistencia de los objetivos de desarrollo sostenible,
  al no ser vinculantes entre sí, y, además, se espera que cada país
  cree sus propios planes asociados, lo que dificulta aún más la
  operatividad de las acciones.</p>
  <p>Cabe destacar también, como hace López (2012: 9-10), que las
  políticas activas representan un cambio de paradigma al poner el
  acento en los problemas de empleabilidad de los desempleados,
  principalmente, de colectivos vulnerables, más que en dinámicas
  macroeconómicas. Se tratan de políticas focalizadas al nivel micro,
  relacionadas con una gobernanza multinivel descentralizada (Catala y
  De Miguel, 2017), que se da junto con el paulatino protagonismo de
  organizaciones de la sociedad civil.</p>
  <p>Se insistirá, en particular, con relación a todas estas cuestiones,
  en los desajustes y contrastes entre el discurso del ODS 8 y de las
  políticas activas de empleo, por un lado, y, por el otro, en las
  implicaciones y dificultades de organizaciones de la sociedad civil
  ante las políticas activas de empleo para colectivos vul­nerables, como
  se detallará a continuación.</p>
  <sec id="organizaciones_sociales_y_politicas_activas_de_empleo">
    <title>2.1. Organizaciones sociales y políticas activas de
    empleo</title>
    <p>Coincidiendo con la postindustrialización, la globalización y
    generación de nuevos tipos de trabajos, las po­líticas activas de
    empleo se extendieron en toda Europa a finales de los 80 y durante
    los 90 del siglo pasado (Kalleberg, 2009, citado por Haapanala,
    2021: 2). Durante este periodo comenzó también a incentivarse la
    participación de organizaciones de la sociedad civil en las
    políticas activas. En este sentido, López (2012: 11) clasifica a las
    organizaciones implicadas en estas políticas en cuatro tipos: las
    correspondientes al sector público, las empresas privadas, las
    organizaciones no gubernamentales (ONG) y organizaciones mixtas.</p>
    <p>La estructura organizativa de implementación de estas políticas
    activas de empleo, con participación de organizaciones sociales,
    puede expresarse en el modelo de gobernanza multinivel,
    ejemplificada en el triángulo de
    Pestoff<xref ref-type="fn" rid="fn6">6</xref> (2008), que sitúa a
    las organizaciones del tercer sector en el centro del triángulo.
    Según este modelo, las organizaciones están vinculadas a tres
    modalidades de instituciones, las del Estado, las del mercado y las
    de la sociedad civil o la comunidad, que se sitúan en los vértices
    del triángulo. Sin embargo, pese a las aportaciones positivas de las
    organizaciones en la gestión de políticas activas, también existe el
    riesgo de que se orienten más al mercado, debido a la competencia
    creciente del sector privado, junto con participación de
    organizaciones sin ánimo de lucro en la gestión de las políticas
    públicas (Sepúlveda, 2015: 842; Doherty <italic>et al.</italic>,
    2014).</p>
    <p>En línea con lo anterior, Bassoli y Cinalli (2014: 109) subrayan
    cómo una gran pluralidad de actores sociales participa con el sector
    público para dar nuevas soluciones al desempleo y la precariedad, a
    la vez que a los propios desempleados se les incentiva haciéndoles
    responsables de su situación laboral, en tanto que se reducen las
    prestaciones sociales y las ayudas públicas por considerarlas
    inductoras de dependencia entre los afectados (Serrano, 2016; Crespo
    y Serrano, 2013, Dall y Danneris, 2019).</p>
    <p>No obstante, a pesar de esta perspectiva mercantilista de las
    políticas activas de empleo para colectivos vulnerables, centradas
    en el empleo, el discurso se suaviza al implicar a organizaciones
    representativas de la sociedad civil. En esta línea, pero
    refiriéndose al contexto latinoamericano, Pieck (2012) y Messina
    (2013:102) subrayan que las organizaciones no gubernamentales, u
    otras entidades de la sociedad civil, pueden con­tribuir a crear lo
    que llaman experiencias significativas para los sujetos, antes que
    centrarse meramente en las metas marcadas por el programa de
    intervención en cuestión, impuestas por instancias superiores;
    siguiendo a estos autores, esto lleva al desplazamiento de los
    intereses institucionales hacia las personas.</p>
    <p>Por otro lado, y, paradójicamente, es relevante el hecho de que
    la implicación de las organizaciones en las políticas activas de
    empleo se da en contextos de precariedad laboral. En otras palabras,
    se pone el énfasis en el trabajo decente para todos de las políticas
    activas, implicando a organizaciones de la sociedad civil a
    conseguir este objetivo frente a complejas realidades de
    precarización laboral que tensan la cuerda a favor del mercado.</p>
    <p>Respecto al funcionamiento de estas organizaciones en las
    políticas activas de empleo, Baglioni y Giugni (2014) realizaron una
    investigación en 7 ciudades europeas y destacaron cómo participan
    organizaciones muy heterogéneas, como también ocurre en España,
    incluidas las de la sociedad civil, que representan dos tercios de
    la muestra en su investigación. En particular, mencionaron a
    organizaciones como cooperativas sociales, asociaciones voluntarias,
    organizaciones de movimientos sociales, así como algunos sindicatos
    y partidos políticos, este último con participación indirecta. Estos
    autores destacaron que las relaciones de reciprocidad y cooperación
    entre organizaciones resultan cruciales para un modelo más receptivo
    a las necesidades de los desempleados (Bassoli y Cinalli, 2014:
    130). En general, la investigación de Baglioni <italic>et
    al.</italic> (2014) muestra diferencias significativas en la
    atención a colectivos vulnerables entre las 8 ciudades ana­lizadas,
    según sean las características relacionales entre organizaciones,
    pero también según la ideología política imperante en el país.</p>
    <p>Los resultados de otras investigaciones (Sepúlveda, 2015; Mesina,
    2013; Bonvin y Laruffa, 2022) eviden­cian también limitaciones en la
    libertad de gestión de las organizaciones, lo que se enlazará en la
    siguiente sección con el enfoque de capacidades. Se observa, además,
    diferentes grados de implicaciones de las organizaciones en los
    diversos programas de formación e inserción a los que pueden optar,
    ya que algunos organismos tienen más recursos, al poder recabar más
    financiaciones, aunque todas compartan el interés por responder a la
    inserción laboral de colectivos vulnerables, no sin dificultades
    (Baglioni y Giugni, 2014). Del mismo modo, la investigación
    realizada en la provincia de Cádiz (España) sobre organizaciones
    involu­cradas en políticas activas de empleo evidencian la diversidad
    de organizaciones implicadas, desde empre­sas de formación e
    inserción, Cámara de Comercio, federaciones de personas con
    discapacidad y organi­zaciones no
    gubernamentales<xref ref-type="fn" rid="fn7">7</xref>, a organismos
    públicos locales, comarcales y provinciales; evidenciándose su
    sujeción a las directrices de los programas en los que participan
    (Carvajal, 2021). De aquí la importancia de promover la libertad,
    los márgenes de autonomía de estas organizaciones, o incluso de
    incentivarlas en la toma de iniciativas de innovación para
    fortalecer la dimensión social frente a la dimensión económica,
    dominante en el discurso de las políticas activas de empleo. Esto
    puede promoverse fomentando las capa­cidades colectivas, como se
    especificará más adelante. Ahora se pasa a analizar el discurso del
    ODS 8, y de las políticas activas de empleo, desde el enfoque
    foucaultiano y seniano.</p>
  </sec>
</sec>
<sec id="el_discurso_sobre_el_trabajo_desde_la_perspectiva_foucaultiana_y_seniana">
  <title>3. El discurso sobre el trabajo desde la perspectiva
  foucaultiana y seniana</title>
  <p>Como ya se dijo, las políticas activas de empleo reflejan un nuevo
  modelo de gestión del empleo, asentado a nivel micro, que pone
  especial interés en la inserción laboral de colectivos vulnerables,
  con objeto también de favorecer la cohesión social. En este sentido,
  hay que dejar claro que, pese a que el ODS 8 puede seguir asentándose
  en una racionalidad que continúa reforzando la dimensión económica
  frente a la social, tam­bién se aprecia en las políticas activas de
  empleo el reconocimiento de la dimensión social. Esto se refleja en el
  protagonismo dado a organizaciones de la sociedad civil, aunque
  conviva con el enfoque economicista que recoge el ODS 8, incluido en
  las políticas activas de empleo, sobre lo que se profundizará un poco
  más a continuación.</p>
  <sec id="el_objetivo_8_y_las_politicas_activas_de_empleo">
    <title>3.1. El objetivo 8 y las políticas activas de empleo</title>
    <p>En esta sección se retoma primero el planteamiento de Foucault
    (1991: 79) sobre el discurso en sus raíces históricas y de cómo
    funciona a modo de estructuras de pensamiento. Para el autor francés
    el discurso com­prende una forma compartida de aprehender el mundo,
    que construye significados y relaciones, ayudando a definir el
    sentido y el conocimiento legítimo de comprensión de la realidad
    (Dryzek, 2005: 9).</p>
    <p>En cuanto al análisis del discurso del objetivo octavo de
    desarrollo sostenible, los indicadores que lo definen, comentados
    brevemente en la sección 1 con referencias al INE, relacionan la
    calidad del empleo con mejoras en el modelo productivo de la
    economía y las estrategias comportamentales de los individuos
    (cualificaciones y competencias laborales de los trabajadores).</p>
    <p>Para favorecer la inserción laboral se ofertan cursos de
    formación para el empleo e itinerarios de inser­ción laboral, muy en
    la línea de la teoría del capital humano. Esta teoría es un buen
    ejemplo de racionalidad política de cariz economista e
    individualista, argumentado en torno al mercado (Kreining y Aigner,
    2022; Crespo y Serrano, 2013). La teoría sostiene, a grandes rasgos,
    que los esfuerzos individuales de mejoras en la cualificación
    laboral conllevan recompensas personales, de más cuantía salarial
    para los individuos que invierte en su formación, y, a nivel macro,
    de un mayor crecimiento económico para el país (Becker, 1994).</p>
    <p>Por su parte, Foucault (2009: 225) se refiere a la racionalidad
    de la teoría del capital humano del siguiente modo: “La conducta
    individual comienza a ser ahora foco de análisis para los
    economistas neoliberales, al analizar el trabajo como resultado de
    una conducta racional del individuo”. También Sen (2005: 7; 2000) es
    consciente del peso que esta teoría da a la racionalidad centrada en
    los intereses del individuo, dentro de la lógica del mercado,
    sosteniendo que Becker (1994) ofrece una lúcida exposición de la
    utilidad de la forma­ción y cualificación profesional para la
    promoción social del individuo, sirviéndose de mediciones
    exhausti­vas del comportamiento, ajustados a unos parámetros teóricos
    matemáticos.</p>
    <p>Basta retomar de nuevo los prerrequisitos del ODS 8, mencionados
    arriba, que ponen énfasis, a nivel micro, en las cualificaciones
    laborales, y, a nivel macro, en el crecimiento productivo, para
    relacionarlos con la teoría del capital humano. Por consiguiente, la
    propuesta de Becker enfoca el estudio del trabajo y la cua-
    lificación en torno a su valor dentro del mercado, y a partir del
    comportamiento del individuo, aislando los factores históricos, de
    procesos o sociales que puedan estar interfiriendo en la óptima
    adecuación entre oferta de cualificación y demandas de empleo
    existentes (Dall y Danneris, 2019). En esta misma línea, Sen (1999:
    29) llega a decir que la racionalidad económica lleva a una
    indeterminación contextual y a ignorar exi­gencias morales.</p>
    <p>Estas lecturas de Sen y Foucault implican un reconocimiento de
    que el mercado sigue utilizándose como motor principal del discurso
    político, lo que lleva también al reconocimiento del crecimiento
    económico como cuestión principal para el desarrollo humano. Rossi
    (2004: 9) se pregunta, a este respecto, sobre las fuerzas de poder
    que dirigen la política, y sobre el grado de libertad del contexto,
    o de los márgenes de ma­niobra que tienen los diferentes agentes
    sociales frente al discurso general o dominante. Se parte de la base
    de que las características del discurso tienen unas consecuencias
    directas en las actuaciones políticas llevadas a cabo, en los
    programas que se aprueban, y en los modelos de gestión
    aplicados.</p>
    <p>Por otro lado, en este discurso del capital humano, pero también
    en las políticas activas de empleo, no se calibra o valora cómo
    impacta el compromiso social en el entorno, como si el
    funcionamiento de la eco­nomía, y el de los propios trabajadores,
    percibidos aisladamente, fueran los factores principales del curso
    tomado por los acontecimientos, descartando o reduciendo la
    influencia de formas históricas y sociales más amplias de concepción
    de la realidad (Ferguson, 1994, citado por Rossi, 2004). Estas
    estrategias se relacio­nan también con la investigación realizada en
    Europa por Baglioni <italic>et al.</italic> (2014), y la realizada
    en la provincia de Cádiz, en las que buena parte de las
    organizaciones están supeditadas a las directrices de formación y
    empleo para desempleados que marcan los programas de formación e
    inserción laboral de la adminis­tración, utilizando una concepción de
    la formación para el empleo ajustada a la teoría del capital humano.
    También se observa que, en el discurso de las políticas activas de
    empleo no solo se da relevancia a la par­ticipación de las
    organizaciones, también se conduce a los propios desempleados a la
    búsqueda activa de empleo, haciéndoles responsables de su propia
    situación (Serrano, 2016; Serrano <italic>et al.</italic>,
    2012).</p>
    <p>En relación con el objetivo 8, y en línea con la teoría del
    capital humano al que responden algunos de sus indicadores, pero
    también en línea con la definición de trabajo decente de la
    Organización Internacional del Trabajo (OIT, 1999), cabe afirmar que
    se utilizan indicadores sobre el trabajo decente que descuidan los
    factores contextuales relacionados con las particularidades del
    territorio, como sostenían ya otros autores sobre el trabajo decente
    y el desarrollo sostenible (Kingdon y Knight, 2007; Kreinin y
    Aigner, 2022; Griggs <italic>et al.</italic>,
    2014<xref ref-type="fn" rid="fn8">8</xref>). A este respecto, ya a
    principios del siglo XXI, Kingdon y Knight (2007) proponían superar
    esta limitación mediante otros indicadores de trabajo decente que
    incluyeran medidas de crecimiento no limi­tadas solo al ámbito
    económico. En esta misma línea, Ghai (2003: 125-128), que fue
    director del Instituto de Nacionales Unidas para el desarrollo
    social, también reconoció las limitaciones de los indicadores para
    medir el trabajo decente. Esta crítica sigue vigente en la
    actualidad, ya que para Kreinin y Aigner (2022), y con relación al
    objetivo 8 de la Agenda 2030, se sigue necesitando un marco novedoso
    para superar esta limitación y poder responder a la sostenibilidad
    fuerte, que no se limita solo a lo económico. Estos autores incluyen
    una primera propuesta de nuevos subobjetivos, metas e indicadores
    para el ODS 8, para medir la dependencia de las sociedades al
    crecimiento económico. Con relación también al objetivo 8, Kwon y
    Lane (2016: 3) sostienen que “para comprender el desempleo, y las
    situaciones de precariedad laboral en general, hay que considerar
    cómo afecta el contexto, incluyendo una variedad de ángulos
    históricos, políticos, cul­turales y económicos”, porque en modo
    alguno se consideran estas cuestiones cuando se define el trabajo
    decente, tan focalizado en torno al mercado, o al crecimiento
    económico. En relación a todo esto, y recien­temente, Dellve
    <italic>et al.</italic> (2025) destacan los sesgos, tensiones y
    contradicciones implícitos en el objetivo oc­tavo del desarrollo
    sostenible. En particular, sostienen que la implementación de este
    objetivo es compleja, incluso en países democráticos con políticas,
    legislaciones y servicios sociales avanzados; principalmente, porque
    la aspiración de trabajo decente para todos se enfrenta a los
    desafíos de la polarización de los mer­cados laborales (Dellve
    <italic>et al.</italic>, 2025: 4).</p>
    <p>Además, se destaca el hecho de que el discurso en torno al
    mercado, y al crecimiento económico, ha ido parejo a un incremento
    de la precariedad entre los más vulnerables. En línea con esto,
    Haapanala (2022) se pregunta si estas políticas activas y el empleo
    atípico están relacionados. Observa que las medidas de activación al
    empleo pueden tener unas consecuencias no deseadas en el incremento
    del empleo precario. Del mismo modo, las políticas de activación al
    empleo coinciden en el tiempo con la expansión del empleo a tiempo
    parcial y temporal en toda Europa (Rasmussen <italic>et
    al.</italic>, 2019, citado por Haapanala, 2022). Para Elson (2015),
    dada esta centralidad del trabajo, y, por tanto, del mercado, la
    población trabajadora es vista como un elemento más de los costes de
    producción, junto con la maquinaría y materias primas. Con relación
    a las limitaciones del mercado, Sen (2020: 52) ya sostenía que la
    economía moderna se asienta en una visión estrecha del ser humano,
    pudiendo considerarse una de las mayores deficiencias de la teoría
    económica contemporánea.</p>
    <p>Esta crítica de Sen a la economía convencional cabe aplicarla
    también a los componentes que caracteri­zan el objetivo 8 de la
    Agenda 2030. Además, desde el enfoque de capacidades la teoría
    económica estándar no sería un marco teórico adecuado para el
    desarrollo sostenible (Seckler and Volkert, 2021). Principalmente,
    porque la conformación del trabajo decente en torno al mercado
    reduce las capacidades de los individuos, referidas a las
    oportunidades reales de las que puede disponer la persona para optar
    a diferentes estilos de vida (Sen, 1985; 1992; 1997; 1999; Clark,
    2005). Por tanto, la disposición del trabajo condicionado al mercado
    limita las posibilidades de elección de los colectivos vulnerables,
    la de las personas desempleadas con me­nores posibilidades de
    encontrar empleos de calidad, y más cuando a estas se les conduce al
    ámbito laboral como única opción, pese a las precarias condiciones
    de los trabajos que encuentran.</p>
    <p>Respecto a la relación entre esta centralidad del trabajo y la
    sostenibilidad, Graeber (2018: 12) observa que la perspectiva débil
    del desarrollo sostenible está apoyada y compartida por partidos
    políticos de di­ferentes ideologías, y “se relaciona con una
    concepción central del trabajo incuestionable e inherente a la
    esencia misma de lo humano”. De este modo, el enfoque estrecho de
    desarrollo sostenible mantiene la cen- tralidad del trabajo en torno
    al mercado, e incluso considerándolo como elemento clave para la
    integración social, fundamentado en un ciclo virtuoso y reforzado
    entre crecimiento económico y Estados del bienestar (Laruffa, 2022:
    824). De aquí también la pretensión de querer conseguir la cohesión
    social mediante la in­serción laboral. En este sentido, Laruffa
    (2022: 825-826) distingue dos posturas bien diferenciadas sobre el
    desarrollo sostenible, un primer enfoque de sostenibilidad, asentado
    en la defensa de mejoras medioam­bientales, y compatibles con el
    crecimiento económico, que es el dominante. En este enfoque débil el
    tra­bajo decente para todos está condicionado al crecimiento
    económico. El segundo enfoque de desarrollo sostenible es más
    social, y, está promovido, principalmente, por movimientos sociales
    y académicos, que postulan una sociedad postproductivista, que daría
    preferencia a un enfoque fuerte de desarrollo social sostenible, o
    desarrollo inclusivo. En este sentido, López <italic>et al.</italic>
    (2018: 33) afirma que no asumir la dimensión social por parte de las
    instituciones supondría dificultar la equidad social, y, que, si
    bien los objetivos de desarrollo sostenible incorporan ampliamente
    esta dimensión, no están exentos de contradicciones. Por su parte,
    para Laruffa (2022), un desarrollo sostenible inclusivo conllevaría
    una transformación socioecoló- gica, así como de estados de
    bienestar más capacitantes (Brand, Gorg, and Wissen, 2020; Koch and
    Buch- Hansen, 2021; Soper, 2020; citados por Laruffa, 2022). Esta
    segunda postura sería más posible de alcanzar con el compromiso
    social al que apela Sen (1999: 87-88), como elemento necesario para
    la vida democrática y para las libertades de los individuos.</p>
    <p>Justamente, este compromiso se ha iniciado ya con el protagonismo
    que toman las organizaciones so­ciales en las políticas activas de
    empleo. En línea con todo esto, y siguiendo a Foucault (1995: 7-9),
    se hace necesario distinguir entre dos racionalidades, una de nivel
    macro y otra de nivel micro. Primero, a nivel ma- cro, la
    racionalidad resulta de las argumentaciones constituidas en las
    relaciones de poder, mediante el uso que se hace del saber, por
    ejemplo, con la teoría del capital humano comentada arriba, pero
    también con el discurso imperante en las políticas activas de empleo
    y de su referencia al objetivo 8 de desarrollo sos- tenible. En
    segundo lugar, la racionalidad a nivel micro es la que ejercita el
    propio individuo cuando se man­tiene crítico frente a las
    racionalidades impuestas, y, para ello las organizaciones implicadas
    en las políticas activas de empleo pueden ser un medio para hacerla
    posible. Esta racionalidad a nivel micro está también vinculada a la
    libertad, mediante la práctica de la resistencia y creencia en el
    poder emancipador de la crítica (Tobias, 2005: 68). Se trata de una
    racionalidad que se ejercita con el propósito de deconstruir el
    discurso, tan necesario para un cambio de paradigma, para lo que las
    organizaciones de la sociedad civil podrían te­ner una labor
    primordial. En otras palabras, esta racionalidad que parte del
    individuo conlleva la adopción de una actitud crítica que permita
    diagnosticar el presente para transformarlo (Vignale, 2014: 5).</p>
    <p>Por último, se subraya de nuevo que, pese a esta visión estrecha
    del desarrollo sostenible, se introducen elementos discrepantes con
    el discurso dominante que se aprecia con la participación de
    organizaciones de la sociedad civil en las políticas activas de
    empleo y que apuntan a que estamos en un nuevo paradigma.</p>
    <p>Con relación a esto, Rossi (2004: 22), siguiendo el enfoque
    foucaultiano, observa un campo de fuerzas entre el discurso
    dominante del desarrollo económico productivista y otros discursos
    alternativos. En esta misma línea, Gramsci (1971) señalaba que el
    discurso dominante se mantiene gracias a la absorción en el discurso
    principal de elementos sociales, de valores e intereses
    discrepantes, e incluso contradictorios con el dis­curso dominante,
    ubicados en una etapa discursiva a la que calificó de “absorción de
    la antítesis”. Siguiendo la reflexión de Gramsci, en la práctica, la
    realidad social en torno al empleo ha cambiado sustancialmente, pero
    sigue sujeto todavía al discurso dominante asentado en la dimensión
    económica. Incluso pareciera que estas organizaciones sociales sigan
    fieles a este discurso centrado en la inserción laboral de los
    colectivos desempleados vulnerables, focalizado en lo económico.</p>
    <p>Respecto a las normativas de 2021 y 2024 sobre políticas activas
    de empleo destacan cómo estas polí­ticas están destinadas,
    preferentemente, a colectivos vulnerables, subrayando la dimensión
    social de estas políticas. La normativa de 2021 entiende por
    colectivos vulnerables a aquellas personas desempleadas que
    presentan mayores dificultades de inserción
    laboral<xref ref-type="fn" rid="fn9">9</xref><sup>.</sup> En
    particular, la palabra “colectivos” aparece en este texto 42 veces,
    con referencias a colectivos vulnerables o colectivos prioritarios.
    Del mismo modo, las dos normativas reconocen esta dimensión social
    al mencionar el objetivo 8 de la Agenda 2030, porque bajo este
    objetivo el texto especifica que: <italic>se pretende promover el
    crecimiento económico inclusivo y sostenible, el empleo y el trabajo
    decente para todos</italic>. Pero, al analizar los dos textos con
    más detenimiento se comprueba, por ejemplo, que la referencia a la
    innovación social, que podría ser un instrumento para conseguir este
    de­sarrollo social inclusivo, brilla por su ausencia. La normativa de
    2021 y 2024 cita reiteradamente el concepto de “innovación”, pero
    siempre subrayando la dimensión económica, encauzada a la
    “innovación para el em­pleo y para la activación al empleo”, lo que
    implica poner lo económico por delante de lo social. Esta
    carac­terística del discurso se da pese al hecho de que la normativa
    de 2021 menciona la palabra “discapacidad” en 124 ocasiones, lo que
    podría ser claramente indicativo de la necesidad de reforzar la
    dimensión social. De hecho, la dimensión social queda reducida
    también por la evidencia de que la palabra “cohesión social” es
    mencionada una sola vez, mientras que la palabra
    “integración<xref ref-type="fn" rid="fn10">10</xref>” se cita en 22
    ocasiones, mayoritariamente como “integración laboral”, pese a que
    los empleos obtenidos por estos colectivos desempleados vulnera­bles
    pueden ser precarios, e incluso percibirse como insatisfactorios por
    estas personas.</p>
    <p>Estas cuestiones hacen que sea de interés analizar cómo el
    discurso dominante de desarrollo económi­co productivista está en
    connivencia con otros discursos alternativos (Rossi, 2004), o bien,
    sobre la obser­vación de Gramsci (1971) en torno a la absorción de la
    antítesis. Se entra a continuación a reflexionar sobre estas
    cuestiones, centrando la atención en las organizaciones implicadas
    en las políticas activas de empleo, y partiendo principalmente del
    enfoque de capacidades de Sen.</p>
  </sec>
  <sec id="capacidades_colectivas_organizaciones_sociales_y_politicas_activas_de_empleo">
    <title>3.2. Capacidades colectivas, organizaciones sociales y
    políticas activas de empleo</title>
    <p>En cuanto a las organizaciones, la participación de estas en las
    políticas activas de empleo conlleva un compromiso con la inserción
    laboral de colectivos vulnerables. En este sentido, cabría esperar
    que las or­ganizaciones pudieran abrir espacios de debates para los
    trabajadores precarios, dándoles la oportunidad de poder expresar
    opiniones sobre su participación en los programas, sus posibilidades
    de inserción laboral en torno a sus valoraciones sobre los empleos
    ofertados, hasta el punto, incluso, de que estas personas pudieran
    disponer de otras opciones previas a la toma de decisiones frente a
    la inserción laboral, fomentan­do así la dimensión social de estas
    políticas frente a la dimensión económica centrada en el mercado. Es
    pertinente destacar, con relación a esto último, la aportación de
    Bonvin (2012; citado por Regier, 2024: 89) al introducir el término
    de “capacidad de voz” entre personas trabajadoras y desempleadas.
    Esta capacidad valora las posibilidades de estos colectivos de poder
    expresarse.</p>
    <p>Bonvin (2012) subrayó también cómo la capacidad de voz está
    condicionada por las normativas que se aprueban sobre el mercado
    laboral. Del mismo modo, Fernández-Urbano y Orton (2021; citado por
    Regier, 2024: 89-90) llevaron a cabo una investigación empírica
    sobre la capacidad de voz y la capacidad de elec­ción entre
    participantes en políticas activas de empleo en Dinamarca. Sus
    resultados evidenciaron la ausen­cia de estas capacidades entre los
    participantes en las políticas de inserción laboral. También
    mostraron cómo estas medidas de inserción afectan negativamente al
    bienestar de los demandantes de empleo, a pesar de que mucho de
    ellos encontraran trabajo. Regier (2024: 90) reflexiona sobre estos
    hallazgos in­troduciendo interrogantes sobre la calidad de los
    trabajos que obtienen estos demandantes, al confrontar con las
    preferencias de los propios desempleados/as, lo que significa
    también para la autora cuestionar la utilidad de la política y
    demostrar la importante aportación del enfoque de capacidades para
    el análisis de esta realidad.</p>
    <p>Por otro lado, y volviendo al tema central de esta sección sobre
    las organizaciones implicadas y las po­líticas activas de empleo, se
    detalla seguidamente cómo la normativa subraya la dimensión
    económica, dejando en una posición muy relegada la dimensión social.
    En primer lugar, y con relación a la tipología de organizaciones, la
    normativa de 2021, en su artículo 20, especifica que serán
    beneficiarias de subvenciones para programas de inserción laboral
    entidades y corporaciones locales, así como organizaciones públicas
    y privadas sin ánimo de lucro y con personalidad jurídica
    propia.</p>
    <p>Algunas de estas organizaciones, por su propia naturaleza, tienen
    el compromiso de contribuir al bien­estar social de sus usuarios,
    además de colaborar en su inserción laboral (federaciones de
    personas con discapacidad, fundaciones, ONG). Sin embargo, se
    presentan algunas limitaciones, por ejemplo, las inves­tigaciones
    consultadas muestran que estas organizaciones mantienen escasas
    relaciones de cooperación entre ellas (Baglioni <italic>et
    al.</italic>, 2014). Además, se observan situaciones de competencias
    entre organizaciones por hacerse con clientes (desempleados), lo que
    dificulta aún más la cooperación, y, por tanto, el poder dar
    respuestas adecuadas a las necesidades de los colectivos. También
    influyen otras limitaciones del contexto, como una alta tasa de paro
    y el tener que ajustarse a las directrices que marcan los programas
    de inserción laboral, respondiendo de forma insuficiente a las
    necesidades particulares de los colectivos vulnerables (Carvajal,
    2021; 2022).</p>
    <p>En particular, en la provincia de Cádiz (España) se observan
    disparidades entre organizaciones en el gra­do de participación en
    programas de formación e inserción laboral. Algunas
    organizaciones<xref ref-type="fn" rid="fn11">11</xref> participan de
    forma limitada en programas de inserción laboral, mientras otras,
    como la Fundación Inserta de la ONCE, cuenta con mayores recursos
    para ofrecer a sus usuarios, si bien es cierto que esta última
    colabora también con otras federaciones de personas con
    discapacidad, ayudando a la inserción laboral de sus usuarios.</p>
    <p>Pese a algunos logros positivos, en esta zona andaluza con alta
    tasa de paro las organizaciones llegan con frecuencia a resultados
    de inserción laboral insuficientes para estos colectivos, y,
    generalmente, en trabajos precarios. Sin embargo, y hay que
    reconocer esta faceta, contribuyen, en mayor medida, a mejo­rar el
    bienestar psicosocial de estos colectivos. De hecho, todas las
    investigaciones consultadas enfatizan también cómo las
    organizaciones están contribuyendo al bienestar psicosocial de sus
    clientes: personas desempleadas y trabajadores precarios. Por tanto,
    están logrando objetivos que van más allá de la mera pretensión de
    empleabilidad (Baglioni y Giugni, 2014), por ejemplo, al favorecer
    el capital social<xref ref-type="fn" rid="fn12">12</xref> (contactos
    entre los desempleados y con la comunidad).</p>
    <p>Estas referencias al capital social conducen, a su vez, a las
    <italic>capacidades colectivas</italic>, indicativas de cual­quier
    grupo que actúa para hacer realidad un derecho que obra en la vida
    del grupo, como sujeto colectivo, y de sus miembros a título
    individual, mejorando sus condiciones de vida (Rosignoli, 2018:
    820). Esto es, las capacidades colectivas son de especial relevancia
    para ampliar las capacidades individuales (Robeyns, 2005; Stewart,
    2005; Alkire, 2008; Leßmann y Roche, 2013; Lyon, 2019; Leßmann,
    2022). En este sentido, Stewart (2005: 199) se refiere a las
    capacidades colectivas cuando el grupo, o la organización, facilita
    a sus miembros el acceso a los recursos políticos, sociales y
    económicos. En definitiva, las organizaciones emprenden acciones
    colectivas que tienen consecuencias en la vida de los miembros del
    grupo (Robeyns, 2017; Rosignoli, 2018: 817; Evans, 2002). Del mismo
    modo, para Ibrahim (2006: 404) las capacidades colec­tivas afectan a
    las capacidades individuales, de tal forma que estas últimas no
    podrían alcanzarse sin una colectividad.</p>
    <p>Este reconocimiento de las capacidades significa situar al ser
    humano en el centro, en lugar de reducir el florecimiento humano al
    condicionante económico (Lambert, Vero y Zimmermann, 2012: 15), y,
    por tanto, lleva a destacar la importancia del compromiso social.
    Dicho de otro modo, implica el reconocimiento de una racionalidad
    que incluya razones socialmente responsables y moralmente
    inteligibles (Demals y Hyard, 2014). Por esto, para Sen (2020: 52)
    los supuestos motivacionales no se circunscriben solo al interés
    propio, como pueda ser el mercado. Comprenden también objetivos
    marcados en relación con los demás, que van más allá del propio
    bienestar personal, lo que lleva a obligaciones y compromisos con
    los otros (Seckler y Volker, 2021).</p>
    <p>En relación con el compromiso social, Leßmann (2022: 261)
    distingue dos efectos básicos de las capa­cidades colectivas en las
    capacidades de los individuos: 1) Cuando las acciones colectivas
    favorecen las <italic>capacidades de bienestar</italic> de los
    individuos (responder a necesidades de bienestar psicosocial, de
    bienes­tar material, por ejemplo); 2) Cuando las acciones colectivas
    propician las <italic>capacidades de agencia</italic> de sus
    miembros integrantes (la organización ofrece oportunidades para la
    discusión y la toma de decisiones de sus miembros).</p>
    <p>Respecto a la capacidad de bienestar, las organizaciones sociales
    implicadas en la inserción laboral de los colectivos vulnerables no
    solo facilitan cursos de formación, e itinerarios de inserción
    laboral, también están contribuyendo a reforzar lazos sociales entre
    los trabajadores precarios, y de estos con la comunidad (Dall and
    Danneris, 2019). Lo dicho se comprueba en investigaciones realizadas
    por otros autores (Messina, 2013; Pieck, 2012; Baglioni <italic>et
    al.</italic>, 2014), y en la realizada en la provincia de Cádiz
    (España), donde se realizaron en 2018 siete entrevistas focales a
    diferentes colectivos de
    desempleados<xref ref-type="fn" rid="fn13">13</xref> (Carvajal,
    2022). Los resulta­dos apuntan a que las personas desempleadas
    consideran el trabajo como un medio material fundamental para cubrir
    necesidades básicas, y también para sentirse parte de la sociedad y
    aumentar su valía personal.</p>
    <p>Pero había también discrepancias entre algunos colectivos,
    principalmente los mayores de 45 años, que percibían, con
    frecuencia, que sólo tenían accesos a trabajos precarios, poco
    gratificantes, lo que les hacía deseable alcanzar la edad de
    jubilación. En general, todos los colectivos entrevistados fueron
    conscientes de sus dificultades para la inserción laboral, por la
    inestabilidad y malas condiciones laborales, y por la exis­tencia de
    prejuicios sobre discapacidad, edad, o por falta de cualificación
    profesional o experiencia laboral. Pero, en su aspecto positivo, la
    asistencia al curso de formación para el empleo también proporciona
    a la persona desempleada un orden o rutina en su vida cotidiana que
    favorece su capacidad de bienestar psico- social, al compartir un
    espacio común con otros compañeros.</p>
    <p>En líneas generales, las investigaciones referidas muestran que
    los programas de activación al empleo pueden propiciar mejoras en el
    bienestar psicosocial del alumnado, pero descuidan la capacidad de
    agen­cia de estas personas. Esta capacidad, como espacio de libertad,
    permitiría a estos trabajadores precarios convertirse en agentes
    activos y responsables en su toma de decisiones (Sen, 2010:
    301).</p>
    <p>En cuanto a la formación para el empleo, en lo que tanto se
    insiste desde las políticas activas de empleo, Lima y Guimaráes
    (2015:250) creen que está relacionada con la flexibilidad laboral y
    los cambios en la es­fera del trabajo. Esto significa que la
    formación puede estar ayudando a superar la pérdida de centralidad
    del trabajo, mitigando las consecuencias negativas del desempleo. En
    línea con todo esto, surgen dudas razonables respecto a la
    eficiencia de algunas organizaciones para que los colectivos
    vulnerables consigan empleos decentes, como indica la normativa 2021
    y 2024 de políticas activas de empleo al incluir el objetivo 8 de
    desarrollo sostenible, que marca el propósito de trabajo decente
    para todos.</p>
    <p>Con relación a las capacidades colectivas de la organización, y a
    su poder reivindicativo, caben distinguir entre la capacidad de
    resistencia y la capacidad de resiliencia (Rosignoli, 2018:
    819-822). Dentro de la capa­cidad de resistencia este autor distingue
    dos actuaciones: las estrategias defensivas y las ofensivas. En las
    estrategias defensivas la organización establece acciones
    compatibles con los programas existentes. En las segundas, las
    ofensivas, se llevan a cabo acciones que intentan modificar, o
    incluso romper lo existente propiciando un cambio social (Lallau,
    2008: 182, citado por Rosignoli, 2018: 829).</p>
    <p>Por otro lado, las capacidades colectivas de resiliencia, según
    Volker (2013: 11, citado por Rosignoli, 2018: 821) se dan cuando los
    grupos (instituciones u organizaciones) pueden sustituir la falta de
    poder de decisión de las personas mediante procesos de
    empoderamiento, como un contrapunto adaptativo frente a las
    difí­ciles situaciones que viven sus miembros. En buena medida, la
    capacidad de resistencia y la capacidad de resiliencia están
    entrelazadas y son complementarias (Rosignoli, 2018). Pero, ¿qué
    ocurre cuando las organi­zaciones se circunscriben solo a actuaciones
    defensivas y de resiliencia, de adaptación frente al desempleo,
    supeditadas a los programas de políticas activas existentes sin
    llevar a cabo acciones reivindicativas, y, por tanto, sin propiciar
    un cambio social que sea más efectivo a los deseos y necesidades de
    sus usuarios?</p>
    <p>Respecto a las organizaciones implicadas en políticas activas de
    empleo, estas ejercitan su capacidad colectiva de resiliencia cuando
    participan en los programas de formación e inserción, porque
    contribuyen al bienestar psicosocial de los colectivos vulnerables.
    También, en el ejercicio de sus capacidades colectivas las
    organizaciones pueden contribuir con sus acciones a iniciativas de
    innovación para el empleo, como recogen las normativas, equivaliendo
    a las estrategias defensivas mencionadas por Rosignoli, siguiendo la
    línea de actuación que establece el discurso imperante. En cambio,
    las estrategias ofensivas, que pretendan propiciar el cambio social
    con iniciativas planteadas desde un enfoque diferente, no están
    contempladas entre las posibilidades de estas políticas de
    activación al empleo. Las organizaciones quedan relegadas a lo que
    establezca el discurso contenido en las normativas, sujetas a las
    subvenciones que recojan los progra­mas de formación e inserción
    laboral ofertados.</p>
    <p>En perspectiva comparada, y en relación a lo comentado en el
    párrafo anterior, los sindicatos han sido un ejemplo claro de
    organización con capacidad de resistencia frente al poder que
    pudieran ejercer el gobierno y la patronal. La organización sindical
    se creó para expresar los intereses colectivos de los trabajadores
    en las negociaciones con los empleadores (Rosignoli, 2018: 821).
    Pero, ¿qué organizaciones defienden los inte­reses laborales de los
    trabajadores precarios y/o colectivos desempleados de hoy día? Las
    organizaciones implicadas en los programas de formación e inserción
    laboral para colectivos vulnerables están lejos de adoptar medidas
    de resistencias ofensivas, y, por tanto, reivindicativas, como
    tradicionalmente han hecho los sindicatos. Se quedan, en mayor
    medida, en acciones encaminadas a promover la resiliencia entre los
    colectivos vulnerables con meras acciones adaptativas. Además, en
    las investigaciones mencionadas se evidencian que las capacidades
    colectivas de las organizaciones están limitadas por el tipo de
    relaciones que mantienen las organizaciones entre sí y con la
    Administración pública, por las directrices que marcan los programas
    de políticas, e, incluso, por la ideología política imperante en una
    ciudad o país concreto. De este modo, los colectivos vulnerables,
    que son también trabajadores precarios, participan en los programas
    y se adaptan mejor al desempleo mediante acciones colectivas de
    resiliencia. Se evidencia así que la acción colectiva mejora las
    capacidades de bienestar psicosocial de los individuos, pero a duras
    penas aportan para el desarrollo de las capacidades individuales de
    agencia.</p>
    <p>Se insiste, por tanto, que una línea de acción diferente sería
    mantener una postura de resistencia ofensiva (de intentar modificar
    lo existente), como han hecho históricamente los sindicatos. Incluso
    cabría reflexionar un poco más en torno a las capacidades de
    agencia, tan necesarias para ejercitar la autonomía del individuo,
    porque estos colectivos vulnerables, con frecuencia, solo pueden
    optar a empleos precarios y con malas condiciones laborales. Habría
    que preguntarse qué elegirían estas personas si pudieran decidir. Lo
    ideal sería que tuvieran la oportunidad, como seres humanos, de
    poder florecer en una multiplicidad de formas más allá del trabajo
    (Laruffa, 2020; Bonvin y Laruffa, 2022), en vez de verse abocados a
    tener que optar a trabajos indecentes.</p>
    <p>En relación a esto último, Seckler y Volker (2021) sostienen que
    las decisiones tomadas en torno al de­sarrollo sostenible deben
    reflejar lo que los ciudadanos quieren y valoran, y esto implica que
    la gente pueda influir en el razonamiento público estableciéndose
    mecanismos que permitan una mayor participación de sus miembros
    dentro de las organizaciones. Esto estaría en consonancia con un
    desarrollo social sostenible realmente inclusivo, mencionado antes
    por Laruffa (2022), en una versión fuerte del desarrollo sostenible,
    y pasaría primero por fomentar entre las organizaciones las
    capacidades colectivas, para contribuir realmente a ampliar la
    capacidad de agencia entre los colectivos desempleados
    vulnerables.</p>
  </sec>
</sec>
<sec id="conclusiones_y_reflexiones_finales">
  <title>4. Conclusiones y reflexiones finales</title>
  <p>El artículo se ha centrado especialmente en el ODS 8,
  relacionándolo con las políticas activas de empleo, y con la
  participación de organizaciones de la sociedad civil en estas
  políticas. Para ello, se ha partido de las perspectivas teóricas
  foucaultiana y seniana. El planteamiento foucaultiano se utilizó para
  interpretar el análisis del discurso del objetivo 8 y de su ajuste a
  las normativas de políticas activas. Por su parte, el enfo­que de
  capacidad de Sen ha servido, en mayor medida, para la lectura del
  análisis del papel asignado a las organizaciones en las políticas
  activas.</p>
  <p>Inicialmente, se subrayó el peso dado a la dimensión económica en
  el objetivo 8 y en las políticas de empleo, y, en particular, de las
  políticas activas de empleo, con especial referencia a la introducción
  del ODS 8 en normativas recientes de las políticas activas en España
  de 2021 y 2024, que marcan el propósito de trabajo decente para todos,
  pero sujeto al mercado y al crecimiento económico.</p>
  <p>Se ha insistido también que a partir de la década de los 80-90 del
  siglo xx la Unión Europea apostó por incentivar las políticas activas
  de empleo, en tanto se reducían y reforzaban los requisitos para
  acceder a las prestaciones por desempleo. Desde entonces, las
  políticas activas quedan planificadas en el ámbito local, con la
  implicación de diversas organizaciones, entre estas destacan las
  provenientes de la sociedad civil, que ofertan programas de formación
  e inserción dirigidos, preferentemente, a colectivos vulnerables. Esto
  supone un nuevo modelo de gobernanza, a la vez que implica el
  reconocimiento de una dimensión social en la política de empleo. Pero,
  en la práctica, estas organizaciones se enfrentan a múltiples
  dificultades en su aspiración de facilitar la obtención de trabajos
  decentes para todos estos colectivos, como proponen las normativas
  recientes mencionadas. En este sentido, se insiste en darles más
  participación en la gestión a las organizaciones y a los colectivos
  vulnerables si se quiere superar las limitaciones del discurso, lo que
  implicaría fomentar las capacidades colectivas de las organizaciones
  para mejorar también las capacidades individuales de estas personas
  desempleadas.</p>
  <p>Por un lado, las primeras secciones evidencian la débil
  <italic>coherencia interna</italic> del discurso del objetivo 8 sobre
  el trabajo decente y su inclusión en las políticas activas de empleo,
  condicionado en torno al mercado y al crecimiento económico, en su
  pretensión de hacer compatible el trabajo decente con el desarrollo
  eco­nómico inclusivo. Esto último parecería querer decir que sería
  posible compatibilizar el trabajo decente con el desarrollo social
  sostenible, sin embargo, las aportaciones de los investigadores
  mencionados a lo largo de este trabajo, así como el análisis realizado
  sobre los indicadores del ODS 8 del INE, y del análisis de las
  normativas de políticas activas de empleo en España, constatan
  dificultades en este sentido.</p>
  <p>Por otro lado, una segunda cuestión gira en torno a la
  <italic>coherencia externa</italic>, que parte del discurso del
  ob­jetivo 8 sobre el trabajo decente, presente en las normativas de las
  políticas activas de empleo, retando a las organizaciones implicadas
  en este propósito de difícil alcance de trabajo decente para todos. En
  este último aspecto se insiste en el fomento de las capacidades
  colectivas como un medio que contribuiría al aporte de nuevas
  iniciativas que refuercen la dimensión social como contrapunto a las
  dificultades y desigualda­des laborales y sociales a las que se
  enfrentan los colectivos vulnerables. El fomento de las capacidades
  colectivas entre las organizaciones podría ayudar a consolidar el
  cambio de paradigma, enfocado a un de­sarrollo económico más
  sostenible, social e inclusivo, que sea realmente compatible con el
  trabajo decente para todos, o, al menos, con una vida más elegida y de
  más calidad para los colectivos desempleados más vulnerables.</p>
  <p>Por último, se plantea la necesidad de que se abran nuevas líneas
  de investigación que contribuyan a poner más luz a estas realidades.
  Este análisis sería incompleto si no se incluye el estudio de las
  organiza­ciones implicadas en las políticas activas de empleo, en sus
  aspectos generales y contingentes, con apor­taciones que evidencien las
  particularidades de cada territorio.</p>
  <p></p>
</sec>
</body>
<back>
<fn-group>
  <fn id="fn1">
    <label>1</label><p>Para Lope y Alós (2013:93.94), estas políticas se
    agrupan en tres tipos de medidas: 1) promoción del autoempleo; 2)
    formación profesional, y, en particular, ocupacional y continua para
    mejorar la empleabilidad; y 3) orientación e intermediación, para
    promo­ver la interacción entre oferta y demanda de fuerza de trabajo
    y favorecer la inserción. En España, y también en otros países,
    par­ticipan organizaciones muy diversas, públicas y privadas, en la
    implementación de programas de formación e inserción laboral.</p>
  </fn>
  <fn id="fn2">
    <label>2</label><p>Real Decreto 818/2021 del 28 septiembre que
    regula los programas de activación para el empleo del sistema
    nacional de em­pleo. Real Decreto 1248/2024 de 10 diciembre que
    regulan los programas de activación para el empleo del sistema
    nacional de empleo español.</p>
  </fn>
  <fn id="fn3">
    <label>3</label><p>Siguiendo a Vilarnovo (1990: 235), la coherencia
    interna se da cuando no se produce contradicciones en los
    significados conte­nidos dentro del texto; mientras que la coherencia
    externa parte del principio de significación interna del texto y
    busca su cohe­rencia con el exterior.</p>
  </fn>
  <fn id="fn4">
    <label>4</label><p><ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://www.ine.es/dyngs/ODS/es/objetivo.htm?id=4882">www.ine.es/dyngs/ODS/es/objetivo.htm?id=4882</ext-link></p>
  </fn>
  <fn id="fn5">
    <label>5</label><p>Es el Convenio Internacional sobre la seguridad
    social núm. 102, de 1952. Para consultar en:
    https://normlex.ilo.org/dyn/nrmlx_es/
    f?p=NORMLEXPUB:12100:0::NO::P12100_INSTRUMENT_ID:312247</p>
  </fn>
  <fn id="fn6">
    <label>6</label><p>El triángulo de Pestoff (2008:9), también en
    Evers (1993). Estos autores están citados por Catalá y De Miguel
    (2017: 524-525).</p>
  </fn>
  <fn id="fn7">
    <label>7</label><p>Entre las organizaciones no gubernamentales (ONG)
    destacan en la provincia de Cádiz los centros de Cruz Roja y
    Cáritas, pero también interviene en programas de inserción laboral
    la Fundación del Secretariado Gitano, también la Fundación Social La
    Caixa está últimamente participando activamente en la inserción
    laboral de colectivos vulnerables. Respecto a las federaciones de
    personas con discapacidad, destacan la Fundación Inserta de la ONCE,
    seguida de Fegadis, para personas con discapacidad física y
    orgánica, y en una posición muy subalterna estaría Faisem, para
    personas con problemas de salud mental, muy depen­diente de otras
    organizaciones, como Inserta de la ONCE; y de la Junta de Andalucía.
    Asimismo, hay que destacar también la labor de la Cámara de
    Comercio, por su implicación en programas de formación e inserción
    laboral de colectivos vulnerables. Del mismo modo, se implican en
    estos programas de formación e inserción las corporaciones
    municipales, y otros organismos de la Administración pública. Todas
    estas organizaciones, al participar en los programas de formación e
    inserción laboral se be­nefician de las ayudas del Fondo Social
    Europeo (FSE) de la Unión Europea, recibiendo buena parte de sus
    subvenciones de este organismo.</p>
  </fn>
  <fn id="fn8">
    <label>8</label><p>Griggs <italic>et al.</italic> (2014) analizan
    críticamente el desarrollo sostenible para el milenio, a partir de
    la Conferencia de Naciones Unidas celebrada en Río en 2012.
    Sostuvieron que el desarrollo socioeconómico y la sostenibilidad
    global se plantean a menudo con contradicciones. Pese a que su
    publicación es anterior a la publicación de la Agenda 2030 de
    Desarrollo Sostenible, cabría con­siderar todavía la vigencia, y, por
    tanto, validez de estas observaciones con respecto al objetivo 8 de
    desarrollo sostenible. Por su parte, Barrientos, Gereffi y Rossi
    (2010) analizan si en efecto el crecimiento económico de las
    empresas contribuye al trabajo decente para sus trabajadores.
    Partieron de empresas descentralizadas en las que sus trabajadores
    están integrados en redes globales. Constataron en su artículo cómo
    el aumento de la productividad conseguido por las empresas no
    necesariamente redunda en mejoras para los trabajadores. Sus
    resultados de investigación podrían ser perfectamente válidos hoy
    día, problema- tizando sobre algunos de los obstáculos que
    dificultan la consecución del trabajo decente para todos.</p>
  </fn>
  <fn id="fn9">
    <label>9</label><p>Se incluyen, especialmente, a jóvenes, mujeres,
    personas con discapacidad, parados de larga duración mayores de 45
    años, mujeres víctimas de violencia de género y personas en
    situación de exclusión social.</p>
  </fn>
  <fn id="fn10">
    <label>10</label><p>De esas 22 veces, el concepto de integración
    para el empleo representa el 82%, en tanto que el concepto de
    integración social aparece en solo 4 ocasiones, representando el
    18%, pese a que la normativa hace también referencia a la
    integración de perso­nas desempleadas con discapacidad, y en otras
    situaciones de exclusión.</p>
  </fn>
  <fn id="fn11">
    <label>11</label><p>Por poner un ejemplo, la federación de personas
    con problemas de salud mental de la provincia es muy dependiente de
    otras organizaciones en su participación de programas de inserción
    laboral, y queda vinculada orgánicamente a la Consejería de Salud y
    Consumo de la Junta.</p>
  </fn>
  <fn id="fn12">
    <label>12</label><p>Para este concepto se remite a Putnam (1993) y
    Coleman (1988).</p>
  </fn>
  <fn id="fn13">
    <label>13</label><p>Las siete entrevistas focales se realizaron a la
    siguiente tipología de colectivos: A. Dos grupos focales a jóvenes
    desempleados de 30 años o menos. B. Un grupo de desempleados con
    discapacidades físicas o orgánicas. C. Un grupo de desempleados con
    discapacidad por problemas de salud mental. D. Un grupo de parados
    de larga duración de 45 años o más. E. Un grupo de des­empleados
    heterogéneo respecto a edad, género y nivel educativo. F. Un grupo
    de desempleados varones de 18 a 44 años.</p>
  </fn>
</fn-group>
<ref-list id="bibliografia">
  <title>5. Bibliografía</title>
  
  <ref id="ref1">
    <element-citation publication-type="book">
      <person-group person-group-type="author">
        <name>
          <surname>Alkire S. (2008)</surname>
        </name>
      </person-group>
      <year>2008</year>
      <source>Using the capability approach: Prospective and evaluative analyses&quot;, en F. Comim, M. Qizilbash y S. Alkire, eds., The capability approach: Concepts, measures and applications</source>
    </element-citation>
  </ref>
  <ref id="ref2">
    <element-citation publication-type="journal">
      <person-group person-group-type="author">
        <name>
          <surname>Ballet</surname>
          <given-names>J., L. Marchand, J. Pelenc, R. Vos (2018)</given-names>
        </name>
      </person-group>
      <year>2018</year>
      <article-title>Capabilities, Identity, Aspirations and Ecosystem Services: An Integrated Framework</article-title>
      <source>, Ecological Economics</source>
      <fpage>21</fpage>
      <lpage>28</lpage>
      <pub-id pub-id-type="doi" xlink:href="https://doi.org/10.1016/j.ecolecon.2017.12.027">10.1016/j.ecolecon.2017.12.027</pub-id>
    </element-citation>
  </ref>
  <ref id="ref3">
    <element-citation publication-type="journal">
      <person-group person-group-type="author">
        <name>
          <surname>Baglioni</surname>
          <given-names>S. (2018)</given-names>
        </name>
      </person-group>
      <year>2018</year>
      <article-title>The rise of social enterprises and social entrepreneurship in Western Europe</article-title>
      <source>, en S. Baglioni, D. Chabanet and T. Persson, eds., Social Entrepreneurship and Social innovation. Ecosystems for inclusion in Europe, London, Routledge,</source>
      <fpage>24</fpage>
      <lpage>37</lpage>
      <pub-id pub-id-type="doi" xlink:href="https://doi.org/10.4324/9781351239028-3">10.4324/9781351239028-3</pub-id>
    </element-citation>
  </ref>
  <ref id="ref4">
    <element-citation publication-type="journal">
      <person-group person-group-type="author">
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