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      <journal-id journal-id-type="publisher">POSO</journal-id>
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        <journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Política y Sociedad</journal-title>
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      <issn publication-format="electronic">1988-3129</issn>
      <issn-l>1988-3129</issn-l>
      <publisher>
        <publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
        <publisher-loc>España</publisher-loc>
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      <article-id pub-id-type="doi">https://doi.org/10.5209/poso.90273</article-id>
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          <subject>MISCELÁNEA</subject>
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        <article-title>Sobredeterminación y anudamiento en Nicos Poulantzas: una teoría nodal del Estado</article-title>
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          <trans-title>Overdetermination and Knotting in Nicos Poulantzas: A Nodal Theory of the State</trans-title>
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          <contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0001-5161-6444</contrib-id>
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            <surname>Gorriti</surname>
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          <institution content-type="original">Centro de Investigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad, CIECS-CONICET-UNC</institution>
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        <corresp id="cor1">Autor@s de correspondencia: Jacinta Gorriti: <email>jacinta.gorriti@mi.unc.edu.ar</email></corresp>
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      <pub-date pub-type="epub" publication-format="electronic" iso-8601-date="2025-03-11">
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        <month>03</month>
        <year>2025</year>
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      <volume>62</volume>
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        <copyright-statement>Copyright © 2025, Universidad Complutense de Madrid</copyright-statement>
        <copyright-year>2025</copyright-year>
        <copyright-holder>Universidad Complutense de Madrid</copyright-holder>
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          <license-p>Esta obra está bajo una licencia <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/">Creative Commons Attribution 4.0 International</ext-link></license-p>
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      <abstract>
        <p>Este artículo propone una relectura de la teoría del Estado de Nicos Poulantzas desde una perspectiva que articula marxismo y psicoanálisis. Muestra que su concepción relacional del Estado está profundamente vinculada a la problemática teórica althusseriana, especialmente al esfuerzo por pensar la materialidad de lo político-estatal en el marco de una tópica social compleja. A partir de un análisis de las lógicas de la sobredeterminación y el anudamiento, el texto explora la estructura nodal del Estado en la teoría poulantziana. Incorporando el concepto lacaniano de “nudo borromeo”, se argumenta que las dinámicas internas del Estado expresan el entrelazamiento de prácticas y dispositivos heterogéneos, con eficacias desiguales que varían según las coyunturas históricas. Así, el artículo no solo actualiza el legado teórico de Poulantzas, sino que ofrece herramientas analíticas para examinar los procesos de cambio político-social en clave materialista.</p>
      </abstract>
      <trans-abstract xml:lang="en">
        <p>This article offers a new interpretation of Nicos Poulantzas’ theory of the State, combining Marxist and psychoanalytic perspectives. It demonstrates that his relational conception of the State is deeply linked to Althusserian theoretical problematic, particularly the effort to think about the materiality of the political-state within the framework of a complex social topology. Through an analysis of the logics of overdetermination and knotting, the text explores the nodal structure of the State in Poulantzan’s theory. Incorporating Lacan’s concept of the “Borromean knot”, it is argued that the internal dynamics of the State express the intertwining of heterogeneous practices and devices, with unequal efficacies that vary according to historical conjunctures. Thus, the article not only updates Poulantzas’ theoretical legacy but also offers analytical tools to examine processes of political and social change from a materialist perspective.</p>
      </trans-abstract>
      <kwd-group>
        <kwd>Estado</kwd>
        <kwd>materialismo</kwd>
        <kwd>Poulantzas</kwd>
        <kwd>Sobredeterminación</kwd>
        <kwd>Althusser</kwd>
      </kwd-group>
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        <kwd>State</kwd>
        <kwd>Materialism</kwd>
        <kwd>Poulantzas</kwd>
        <kwd>overdetermination</kwd>
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      </kwd-group>
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        <custom-meta>
          <meta-name>Sumario</meta-name>
          <meta-value>: 1. Introducción. 2. La contradicción sobredeterminada en la teoría de Althusser. 3. La sobredeterminación político-estatal en la teoría de Poulantzas. 4. El principio nodal: una reformulación de la tópica marxista. 5. Consideraciones finales. 6. Bibliografía.</meta-value>
        </custom-meta>
        <custom-meta>
          <meta-name>Cómo citar</meta-name>
          <meta-value>Gorriti, J. (2025). “Sobredeterminación y anudamiento en Nicos Poulantzas: una teoría nodal del Estado”. Polít. Soc. (Madr.) 62(1), e90273. https://dx.doi.org/10.5209/poso.90273.</meta-value>
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    </article-meta>
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<sec id="introduccion">
  <title>1. Introducción</title>
  <p>La teoría de Nicos Poulantzas (2005), que ha sido ampliamente
  comentada en las últimas décadas, parece resumirse en su famosa
  definición del Estado “como la condensación material de una relación
  de fuerzas entre clases y fracciones de clase” (154). Una fórmula que
  a menudo se lee como “un paso importante en su ruptura con el
  althusserianismo” (Sanmartino, 2020: 27). Este artículo propone una
  lectura diferente. En la senda de otros trabajos (Pallotta, 2016;
  Gallas, 2017; Gorriti, 2020; Inda, 2021a) que cuestionan la distinción
  entre un momento estructuralista y un momento relacional en la obra de
  Poulantzas, aquí se sugiere que una clave para entender aquella
  concepción del Estado se encuentra en la articulación entre marxismo y
  psicoanálisis que elabora Louis Althusser. En efecto, sus resonancias
  aparecen cuando se presta atención a los elementos que, de acuerdo con
  Althusser (1996), la teoría freudiana del inconsciente puede aportar a
  la dialéctica materialista. En particular, la lógica de la
  sobredeterminación, que contribuye a especificar la contradicción
  marxista (Althusser, 2004a, 2006). Si los textos de Althusser invocan
  esa matriz psicoanalítica para desplegar el modelo de una “tópica
  procesual”, descentrada y compleja (Romé, 2015), los análisis de
  Poulantzas parecen traducir al campo político-estatal el movimiento de
  <italic>condensación</italic> y <italic>desplazamiento</italic> que
  caracteriza a las formaciones inconscientes en el psicoanálisis.</p>
  <p>Aunque existan muy pocas referencias al psicoanálisis en la teoría
  poulantziana, se verá que esta “encuentra en el sujeto freudiano,
  dividido-constituido por tendencias contradictorias, su paradigma
  crítico (no explicitado)” (Farrán, 2021: 72). Seguir esta pista
  permite revisar aquella definición del Estado en nuevos términos y, a
  la vez, desplegar ciertos elementos que Poulantzas deja inexplorados
  en sus reflexiones. Concretamente, la idea de que en el Estado se
  <italic>anudan</italic> lógicas, dispositivos y prácticas heterogéneas
  que afectan de distinto modo al conjunto social. Para ello, se muestra
  cómo esta teoría puede ser ampliada mediante la incorporación de
  conceptos psicoanalíticos como el de “nudo borromeo”. Como se sugiere
  a continuación, las referencias nodales que aparecen en la teoría
  poulantziana no son meramente retóricas. Se inscriben en el marco de
  una problemática materialista que distingue prácticas, instancias y
  eficacias específicas en una “tópica” del espacio social. Con este
  enfoque se busca establecer una distancia crítica respecto de las
  elaboraciones de Poulantzas que ponga de manifiesto su potencia para
  el análisis de fenómenos sociales y políticos contemporáneos.</p>
  <p>En sus trabajos, Poulantzas subraya que el Estado no es una entidad
  monolítica ni una totalidad uniforme, sino que está constituido por
  tendencias contradictorias. Ni instrumento al servicio de las clases
  dominantes ni sujeto con voluntad propia, el Estado es una
  <italic>relación social</italic> (Poulantzas, 2005). En este sentido,
  ahondar en su estructura <italic>nodal</italic> es una manera de
  actualizar el legado poulantziano a la luz de elaboraciones
  contemporáneas que buscan desentrañar la materialidad conflictiva de
  los procesos sociales que se condensan en el terreno estatal. En
  términos de método, la lectura propuesta intenta localizar en los
  textos de Poulantzas la lógica conceptual que los orienta. No con el
  propósito de encontrar la réplica exacta de los conceptos elaborados
  por Althusser —la contracara de esas lecturas que toman la ausencia de
  términos específicos como un indicador de su ruptura— ni de recortar
  su teoría en períodos cronológicamente sucesivos. En cambio, se trata
  de reponer algunas cuestiones de fondo que, si bien no son tematizadas
  explícitamente en sus escritos, se desprenden de sus análisis.</p>
  <p>A este respecto, interesa hacer notar cómo los conceptos
  psicoanalíticos de “sobredeterminación” y “anudamiento” pueden abrir
  espacios de indagación más amplios cuando se los traslada a otro
  medio: en este caso, a la problematización del Estado. Para esto, es
  necesario introducir ciertas mediaciones teóricas que circulan entre
  la filosofía y el psicoanálisis. En primer lugar, se presenta la
  conexión que establece Althusser entre Marx y Freud para indagar en la
  estructura relacional de la tópica marxista y la materialidad
  específica de las superestructuras. Luego, se comenta la definición
  poulantziana del Estado como la “condensación material” de una
  relación de fuerzas, subrayando sus puntos de encuentro con la
  sobredeterminación althusseriano-freudiana. Finalmente, se sugiere que
  aquel principio relacional que caracteriza a la teoría de Poulantzas
  es inherente a una revisión de la tópica marxista en términos
  “nodales”. Una operación teórica que encuentra su racionalidad
  ejemplar en la figura lacaniana del nudo borromeo (Farrán, 2014). Al
  final del artículo se proponen algunas líneas de investigación
  derivadas de esta relectura de Poulantzas.</p>
</sec>
<sec id="la_contradiccion_sobredeterminada_en_la_teoria_de_althusser">
  <title>2. La contradicción sobredeterminada en la teoría de
  Althusser</title>
  <p>Uno de los puntos sintomáticos del encuentro entre Marx y Freud en
  el que Althusser (1996) se detiene es el de la unidad compleja,
  descentrada y conflictiva, a través de la cual ambos consideran sus
  respectivos objetos. En el caso de la teoría marxista, la sociedad no
  aparece como un todo unificado y centrado alrededor de un principio
  único, sino como un conjunto de instancias sin centro. El presupuesto
  teórico de este concepto de todo social complejo es una idea de
  “causalidad estructural” que opera a través de las relaciones y no de
  los elementos (Althusser, 2006). Esta tesis es la que le permite a
  Marx sostener que los individuos concretos no son los sujetos de la
  historia, en el sentido de la causa originaria de su movimiento. Para
  Althusser (1996), Marx opone al “mito ideológico burgués” del
  <italic>homo economicus</italic> como sujeto consciente de sus
  necesidades, sobre el que se fundamenta la economía política clásica,
  la comprensión de los individuos como “soportes” de funciones que son
  determinadas por las relaciones económicas, políticas e ideológicas de
  la lucha de clases. Es decir, una explicación de los procesos
  económicos e históricos no por la conciencia de sí de los
  individuos-sujetos, sino por las relaciones estructurales en que
  existen.</p>
  <p>Si Marx cuestiona la versión económica de esta filosofía que parte
  del sujeto consciente, Freud desmonta su traducción psicológica y
  moral: la idea del individuo como un sujeto cuya unidad está asegurada
  por la <italic>conciencia</italic> (Althusser, 1996). Freud, igual que
  Marx, produjo una revolución teórica al mostrar que el individuo no
  está centrado en su conciencia. De acuerdo con Althusser (1996), el
  punto más significativo de la crítica freudiana es el despliegue de
  otro modelo para comprender los fenómenos psíquicos: no ya como una
  unidad centralizada en el yo o el ego, sino como un complejo de
  instancias gobernadas por la represión inconsciente. En efecto, Freud
  produce un movimiento análogo al de Marx al estructurar el aparato
  psíquico sobre las relaciones inconscientes entre las distintas
  instancias. A diferencia de las teorías psicológicas anteriores, para
  el psicoanálisis el ego no es un principio que pueda explicar las
  prácticas del sujeto, que se encuentra siempre ya fragmentado. Son las
  relaciones conflictivas y descentradas entre un conjunto de instancias
  psíquicas las que se manifiestan sintomáticamente en el sujeto. Del
  mismo modo que la lucha de clases no preexiste a las instancias y
  aparatos de cada formación social, sino que aparece sintomáticamente
  en ellas.</p>
  <p>Para Althusser (1996), tanto Marx como Freud desmantelan en sus
  teorías la identificación entre <italic>conciencia</italic> y
  <italic>unidad</italic> propia de la tradición filosófica burguesa.
  Althusser (1996) considera que la noción de unidad resulta inseparable
  en esta tradición de la conciencia, entendida como mecanismo de
  unificación o síntesis de las diferentes prácticas (cognoscitivas,
  morales, políticas, económicas) de los individuos. Que la conciencia
  aparezca así implica que “<italic>es obligatoria</italic> para que el
  individuo dotado de ella lleve a cabo en él la <italic>unidad</italic>
  requerida por la ideología burguesa, […] para que el
  <italic>desgarramiento conflictivo de la lucha de clases sea vivido
  por sus agentes como una forma superior y ‘espiritual’ de
  unidad</italic>” (Althusser, 1996: 203). La afinidad entre Marx y
  Freud no se limita a este cuestionamiento de uno de los supuestos en
  que convergen el empirismo y la filosofía trascendental. A la vez,
  Althusser (1996) encuentra en la teoría freudiana “figuras de la
  dialéctica” que le ofrecen un método de acercamiento a la
  contradicción marxista. Estas son la lógica general de la
  <italic>sobredeterminación</italic> y los mecanismos del
  <italic>desplazamiento</italic> y la
  <italic>condensación</italic>.</p>
  <p>Freud introduce estos conceptos en <italic>La interpretación de los
  sueños</italic>, para dar cuenta de la lógica que rige el pensar
  inconsciente. Allí señala que existe una desproporción notable entre
  el contenido y los pensamientos oníricos manifestados en el análisis
  (Freud, 1991). Los sueños no expresan punto por punto, como si fuesen
  una copia fiel, estos pensamientos. Antes bien, parecen efecto de un
  “trabajo de condensación” del material psíquico (Freud, 1991: 287), en
  virtud del cual se produce una selección de ciertos elementos para
  integrar su contenido. La vía asociativa que ensaya Freud (1991)
  muestra que cada uno de estos elementos conduce a diferentes ilaciones
  de pensamiento: se trata de un <italic>punto nodal</italic> donde
  confluyen varios hilos, al mismo tiempo que cada pensamiento onírico
  conduce a diversos elementos del sueño. Entre ambos —elementos y
  pensamientos— existe un entrelazamiento complejo de relaciones
  recíprocas que Freud (1991) define como “sobredeterminación”. Uno de
  los aspectos que destaca del proceso de elaboración onírica es la
  ausencia de contradicción o el hecho de que en el sueño se componen,
  en una unidad compleja, elementos opuestos.</p>
  <p>Los mecanismos básicos que Freud (1991) identifica en la
  configuración del sueño son: el desplazamiento y la condensación. El
  primero concierne a la redistribución de las valencias de los
  elementos a través de un movimiento de transferencia de sus
  intensidades psíquicas. Mientras que los de mayor valor psíquico son
  minimizados, los de valor ínfimo adquieren otra valoración. El segundo
  actúa por “la elección de elementos que están presentes de manera
  múltiple en los pensamientos oníricos, la formación de nuevas unidades
  (personas de acumulación o productos mixtos), y la producción de
  elementos comunes intermediarios” (Freud, 1991: 302). Freud (1991)
  utiliza una analogía política para explicar el trabajo de condensación
  que se produce en el sueño: la “elección por listas”, porque toda la
  masa de pensamientos oníricos participa de este proceso donde son
  seleccionados los elementos que tienen mejores apoyos, esto es, que
  agrupan más pensamientos multívocos. Lo que ponen de manifiesto estos
  dos mecanismos es que el sueño está “<italic>diversamente
  centrado</italic>, y su contenido se ordena en torno a un centro
  constituido por otros elementos que los pensamientos oníricos” (Freud,
  1991: 311). Formación descentrada, sobredeterminada y heterogénea, el
  sueño resulta en la teoría freudiana un indicio de la propia
  fragmentación del sujeto.</p>
  <p>Como se dijo anteriormente, Althusser (2004b) relee la teoría
  marxista mediante estos conceptos freudianos y encuentra en la lógica
  de la sobredeterminación “el rasgo más profundo de la dialéctica
  materialista” (171). En efecto, no solo en Marx encuentra la idea de
  una unidad compleja articulada por una relación desigual entre las
  diversas instancias. También en las reflexiones de Lenin sobre la
  coyuntura revolucionaria en Rusia, Althusser (2004b) reconoce un
  análisis de esta “unidad paradójica” que solo existe en “el
  desplazamiento y las condensaciones de sus contradicciones” (147). Lo
  “irreemplazable de los textos de Lenin” es, en la mirada de Althusser
  (2004b), que sus observaciones sobre una <italic>situación
  concreta</italic> —la revolución rusa— hacen notar la estructura
  propia de una coyuntura: sus “articulaciones esenciales”, “eslabones”
  y “nudos estratégicos” de los que depende tanto la posibilidad como el
  resultado de una práctica revolucionaria (147). La importancia de la
  teoría leninista del “eslabón débil” radica, precisamente, que
  especifica la contradicción marxista al mostrar que las relaciones de
  dominio-subordinación que organizan el todo social permiten salir del
  “relativismo arbitrario de los desplazamientos observables”
  (Althusser, 2006: 109), sin reponer de nuevo una “unidad simple” como
  la hegeliana.<xref ref-type="fn" rid="fn1">1</xref></p>
  <p>Siguiendo a Lenin y Mao, Althusser establece los tres principios de
  la contradicción materialista: (i) la distinción entre la
  <italic>contradicción principal</italic> y las
  <italic>secundarias</italic>; (ii) la diferencia entre los
  <italic>aspectos principales</italic> y <italic>secundarios</italic>
  de cada una de estas; (iii) el desarrollo desigual de las
  contradicciones (Zaidan, 2023). De este modo, la desigualdad es
  inherente a la estructura del todo y a cada una de sus
  contradicciones: no hay elemento que se sustraiga de ella (Althusser,
  2004b). En la tradición marxista esta desigualdad tiene un nombre: la
  <italic>determinación económica en última instancia</italic>, causa
  inmanente en las sociedades capitalistas que responde a una
  configuración histórica específica. Lo que Althusser (2004b) explica
  es que la contradicción principal entre capital y trabajo no puede
  existir <italic>ni antes ni sin</italic> las contradicciones
  secundarias, en la medida en que estas son sus condiciones de
  existencia. Por ello, es necesario captar el mutuo condicionamiento
  entre ambas, a la vez que la alternancia entre las contradicciones y
  sus aspectos. Althusser (2004b) explica que, si bien la estructura
  desigual permanece estable en la medida en que siempre hay una
  contradicción</p>
  <p>principal y contradicciones secundarias, los papeles dentro de ella
  cambian. Existen fenómenos de desplazamiento entre las contradicciones
  y sus aspectos, así como fenómenos de condensación donde su fusión se
  torna explosiva (Althusser, 2004b). Es el concepto de
  sobredeterminación el que vuelve inteligible esta unidad relacional
  como el <italic>locus</italic> de múltiples desplazamientos y
  condensaciones, irreductibles a la fijeza de un orden preestablecido
  (Romé, 2020; Zaidan, 2023).</p>
</sec>
<sec id="la_sobredeterminacion_politicoestatal_en_la_teoria_de_poulantzas">
  <title>3. La sobredeterminación político-estatal en la teoría de
  Poulantzas</title>
  <p>En la teoría poulantziana se puede observar un procedimiento
  similar respecto de la unidad del Estado capitalista. Poulantzas
  parece traducir al campo estatal aquella crítica de la identificación
  entre unidad y conciencia que Althusser lee en Marx y Freud. Esto se
  advierte, por ejemplo, en su modo de pensar la política estatal no
  como un proyecto coherente y totalizante puesto en marcha por las
  clases dominantes, sino como el resultado de un conjunto de
  <italic>prácticas anudadas</italic>. Para Poulantzas (1976), el Estado
  no tiene un <italic>centro</italic>: su unidad no se establece por la
  voluntad de las clases o fracciones dominantes, como si estas lo
  controlaran unilateralmente, ni por su “influencia física” sobre unos
  aparatos instrumentalmente unificados. En cambio, esta unidad surge
  “por toda una cadena de subdeterminaciones, reducción de circuitos y
  duplicación de determinados aparatos por otros; por desplazamientos de
  funciones entre aparatos y desajustes entre <italic>poder
  real</italic> y <italic>poder formal</italic>; por deslizamientos
  respectivos de aparatos del campo de los aparatos ideológicos al campo
  del aparato represivo y viceversa; finalmente por delimitaciones
  importantes en el seno mismo de cada aparato” (Poulantzas, 1976:
  154).</p>
  <p>No es difícil advertir que en esta definición de la unidad del
  poder político en el Estado aparece el movimiento de la
  sobredeterminación que Althusser conceptualiza, con sus
  <italic>desplazamientos</italic>, <italic>desajustes</italic> y
  <italic>deslizamientos</italic>. En la teoría poulantziana se trata
  también de considerar al Estado como una unidad compleja en la que
  cada una de sus instancias está atravesada por el “desgarramiento
  conflictivo de la lucha de clases” (Althusser, 1996: 203). Así como en
  la comprensión marxista del todo social no hay una instancia central
  que ordene verticalmente el conjunto, sino una función de dominación
  que varía y es afectada en su propia configuración por las condiciones
  en que se ejerce; en la perspectiva de Poulantzas no existe un único
  aparato que, como un núcleo esencial, organice sin mediaciones a los
  demás. La unidad del Estado no es aquí más que un proceso de
  unificación constante en el que los términos cambian porque el papel
  de dominación varía entre sus aparatos, aunque la relación desigual se
  mantenga.</p>
  <p>Aquella dinámica conflictiva que se traduce en la unidad del Estado
  constituye <italic>lo real</italic> de su materialidad. Sus
  estructuras no son bloques inamovibles, sino la condensación
  específica de relaciones de fuerza entre clases que exceden su
  inscripción institucional. En los aparatos estatales se produce un
  trabajo de condensación, en el sentido freudiano del término, que
  filtra los elementos que van a integrar su política. Poulantzas (2005)
  lo entiende como un mecanismo de “selectividad
  estructural”<xref ref-type="fn" rid="fn2">2</xref> vinculado con la
  historia y la configuración de las relaciones de fuerza específicas de
  cada aparato, así como con las decisiones, no decisiones, prioridades
  y contraprioridades inscritas en su estructura contradictoria. La
  política estatal, por lo tanto, no es el reflejo punto por punto de
  tal o cual interés de clase sino una instancia de elaboración
  constitutiva de estos. Se establece por un proceso complejo que hace
  del Estado el lugar donde se organiza el bloque del poder.</p>
  <p>Poulantzas (2005) explica que esta conflictividad inherente a la
  materialidad estatal no lo convierte en un conjunto de piezas sueltas.
  Si el Estado no tiene una estructura piramidal, cuyo vértice bastaría
  ocupar para controlarlo enteramente, no por ello se desintegra su
  unidad jerarquizada. En la teoría poulantziana el Estado parece operar
  <italic>por exceso</italic> y de manera <italic>recursiva</italic>.
  Con respecto a lo primero, solo puede organizar la dominación de clase
  en la medida en que es un campo “desbordado” de relaciones de poder
  (Poulantzas, 2005). Los otros dispositivos de poder, que no se reducen
  a los aparatos estatales, se articulan complejamente con estos. En
  cuanto a su carácter recursivo, la unidad estatal es —simultáneamente—
  un <italic>efecto</italic> de aquellas relaciones contradictorias en
  su singularidad sociohistórica y un principio que
  <italic>afecta</italic> el despliegue estratégico de estas relaciones
  de clase.</p>
  <p>Como señala Poulantzas (2005), una clase o fracción se vuelve
  hegemónica a través de operaciones institucionales que logran que
  ciertos centros, dispositivos y “nudos dominantes” sean permeables
  solo a sus intereses. Pero esta hegemonía únicamente es posible sobre
  una materialidad estatal que la precede y en la que se inscribe. Aquí
  la causalidad se mueve en dos direcciones: “No solo la clase o
  fracción hegemónica instaura en aparato dominante a aquel que
  cristaliza ya, por excelencia, sus intereses, sino que todo aparato
  dominante del Estado […] tiende, a largo plazo, a ser la sede
  privilegiada de los intereses de la fracción hegemónica” (Poulantzas,
  2005: 165). Los aparatos del Estado no son, entonces, apéndices de la
  dominación de clase, sino <italic>puntos nodales</italic> de las
  relaciones de poder entre las clases dominantes y dominadas. Es decir,
  focos donde convergen —sin reunirse en una síntesis armoniosa—
  múltiples prácticas sociales desfasadas entre sí. Por eso, en la
  teoría poulantziana la lucha de clases tiene primacía sobre los
  aparatos que condensan aquellas
  relaciones.<xref ref-type="fn" rid="fn3">3</xref></p>
  <p>Esta comprensión del Estado como la condensación material de
  <italic>una</italic> relación de fuerzas —que no es sino la lucha de
  clases: una “relación de relaciones” (Romé, 2020: 156) — supone un
  tipo de temporalidad compleja</p>
  <p>en la que la dominación de clase aparece solo a través de múltiples
  mediaciones. Por eso, Poulantzas (2005) insiste en la opacidad e
  inercia de los aparatos estatales y advierte que un cambio en el
  balance de fuerzas no se traduce de manera directa e inmediata en
  ellos, sino que “se adapta a la materialidad de sus diversos aparatos
  y solo se cristaliza en el Estado bajo una forma refractada y
  diferencial” (157). Para el autor, el poder formal propio de la escena
  política y el poder real no necesariamente coinciden (Poulantzas,
  2005). En otras palabras, la arquitectura institucional del Estado con
  su jerarquía formal no siempre traduce las relaciones
  <italic>reales</italic> de dominación. En este sentido, un aparato
  puede ser dominante en un momento dado, pero no en otro; una
  organización de las clases populares puede controlar los vértices de
  tal o cual aparato, pero no los nudos de poder real, que pueden
  trasladarse a otras instituciones (Poulantzas, 2005).</p>
  <p>De esta manera, para Poulantzas (2005) sería erróneo concluir que
  “la presencia de las clases populares en el Estado significa que
  tienen allí poder, o que podrían llegar a tenerlo a la larga,
  <italic>sin que haya habido transformación radical de ese
  Estado</italic>” (172). Pero sería igualmente desacertado no ver en
  esa materialidad estatal la inscripción de las luchas y resistencias
  populares que imponen límites a aquella dominación. No todas las
  acciones del Estado se reducen, entonces, a la dominación política,
  aunque estén constitutivamente marcadas por esta. Al razonar en
  términos de nudos de poder, en los que se enlazan relaciones de clase,
  Poulantzas (2005) sugiere que el ejercicio del poder político en el
  Estado es estructuralmente fallido e incompleto. Por lo cual, es en
  sus intersticios donde se pueden tramar otras lógicas, al
  “desarrollar, reforzar, coordinar y dirigir los centros de
  resistencias difusos de que las masas siempre disponen en el seno de
  las redes estatales, creando y desarrollando otros nuevos”
  (Poulantzas, 2005: 316).</p>
  <p>Es interesante que Poulantzas piense el Estado como un terreno y un
  proceso estratégicos a partir del concepto de “condensación material”.
  Aunque la idea de que en el Estado se produce una condensación de las
  contradicciones específicas de una formación social, que permite
  descifrarlas en su sobredeterminación y actuar sobre ellas, está
  presente desde su primer libro (Poulantzas, 1970), el carácter
  <italic>material</italic> de esta condensación aparece tardíamente en
  su obra. Recién a fines de los setenta, en un ensayo dedicado a la
  noción de crisis y las transformaciones del Estado, Poulantzas (1977)
  especifica su definición relacional añadiendo aquel adjetivo. El
  concepto de “materialidad” le permite ahondar en la crítica de la
  comprensión instrumental del Estado porque implica captar su
  pertinencia política en dos aspectos: tanto en su dimensión
  <italic>inercial</italic> de resistencia a los cambios, como en su
  dimensión <italic>positiva</italic> de producción, creación o
  transformación de realidades.</p>
  <p>Poulantzas (2005) retoma, en este punto, los aportes de Foucault en
  torno al carácter productivo del poder en los procedimientos de
  normalización. Admite que su perspectiva constituye “un análisis
  materialista de ciertas instituciones de poder” que coincide en varios
  puntos con los análisis marxistas y puede enriquecerlos (Poulantzas,
  2005: 75), sobre todo, en lo que concierne al proceso de
  individualización propio de la división social del trabajo en las
  formaciones capitalistas, que el Estado impulsa “mediante una serie de
  <italic>técnicas de saber (ciencia)</italic> y de <italic>prácticas de
  poder</italic>, denominadas por Foucault <italic>disciplinas</italic>”
  (Poulantzas, 2005: 74). Se trata de una relación de saber-poder que se
  traduce en técnicas, dispositivos, rituales y discursos, inscritos en
  la armazón organizativa del Estado. Siguiendo a Foucault, Poulantzas
  (2005) considera que los sujetos <italic>encarnan</italic> —en la
  medida que el cuerpo es una institución política— un cierto orden
  corporal que, si bien atraviesa los aparatos represivos e ideológicos,
  excede ambas funciones.<xref ref-type="fn" rid="fn4">4</xref></p>
  <p>Ahora bien, si Poulantzas (2005) vuelve sobre aquella dimensión
  productiva de los dispositivos estatales es para considerar su
  “presencia constitutiva” en la organización de la división social del
  trabajo. Un aspecto que no puede reducirse, según el autor,
  exclusivamente a la reproducción de estas relaciones sociales.
  Poulantzas (1977) comparte con Althusser la definición de la ideología
  dominante —que es siempre la ideología de la clase dominante— como un
  “cemento” que garantiza la adaptación de los sujetos a los lugares
  asignados por la división social del trabajo. También, muestra que
  esta tiene en las sociedades capitalistas una función propiamente
  política que se sostiene en un movimiento doble: al mismo tiempo que
  aísla a los agentes de la producción de sus relaciones de clase, los
  unifica bajo un interés general que corresponde a los intereses de las
  clases dominantes (Poulantzas, 1970). Incluso, parece anticipar la
  tesis althusseriana de la relación entre Estado e ideología (Pallotta,
  2016),<xref ref-type="fn" rid="fn5">5</xref> así como la distinción
  entre poder y aparato de Estado. Sin embargo, Poulantzas (1972, 2005)
  considera que es limitante reducir el Estado —como a su criterio hace
  Althusser— al binomio represión/ideología que desestima su papel
  económico.</p>
  <p>Poulantzas (2005) señala que la distinción entre aparatos
  represivos e ideológicos tiene un carácter descriptivo y se basa en la
  idea de un Estado que opera únicamente por la represión —prohibición,
  exclusión o imposición externa— y la inculcación ideológica —engaño,
  ocultamiento, incorporación de creencias—. Así, esta dicotomía hace
  difícil entender la intervención activa del Estado en la reproducción
  del capital, ya que su papel no se limita a “establecer las
  <italic>reglas negativas</italic> del juego económico” (Poulantzas,
  2005: 29), como si este fuera un nivel autorreproducible y hermético.
  En cambio, para el autor, todas las acciones del Estado —desde las
  represivas y disciplinarias, hasta las ideológicas y de organización
  del consenso— están vinculadas con sus funciones económicas, que no
  son meramente técnicas ni neutrales. Poulantzas (1976, 2005) advierte
  que estas funciones se relacionan con su papel de cohesión social y
  dominación política de</p>
  <p>clase, aunque ello no implica que dichas funciones se articulen
  armoniosamente entre sí. Además, enfatiza que prestar atención a
  aquellas funciones económicas es clave para entender el nuevo papel
  que asumen los Estados a mediados de los años setenta en relación con
  la reproducción ampliada del capital a nivel internacional.</p>
</sec>
<sec id="el_principio_nodal_una_reformulacion_de_la_topica_marxista">
  <title>4. El principio nodal: una reformulación de la tópica
  marxista</title>
  <p>Paradójicamente, la separación relativa del Estado con respecto al
  espacio económico no es sino una de las modalidades que adopta su
  presencia constitutiva en las relaciones de producción y reproducción
  social (Poulantzas, 2005).<xref ref-type="fn" rid="fn6">6</xref> Al
  igual que Althusser, Poulantzas (2005) revisa la tópica marxista de
  base y superestructura desde una indagación de la materialidad
  específica de lo político-estatal. A pesar de que no suscribe a la
  posibilidad de formular una “teoría general”, como propone Althusser
  (2008) respecto de la ideología, sugiere que el Estado tiene un
  carácter irreductible:</p>
  <disp-quote>
    <p>Donde hay clases y, por tanto, lucha y poder de clase, el Estado,
    el poder político institucionalizado, está ya presente. […]. El
    Estado abaliza el campo de las luchas, incluido el de las relaciones
    de producción, organiza el mercado y las relaciones de propiedad,
    instituye la dominación política e instaura la clase política
    dominante, señala y codifica todas las formas de la división social
    del trabajo, toda la realidad social en el marco referencial de una
    sociedad dividida en clases. Es en este sentido preciso en el que no
    es pensable —una vez planteado el Estado— una realidad social
    cualquiera (un saber, un poder, una lengua, una escritura) que
    represente un estado primigenio con respecto al Estado; solo es
    pensable una realidad social siempre en relación con el Estado y con
    la división en clases (Poulantzas, 2005: 40).</p>
  </disp-quote>
  <p>En este sentido, no existiría una realidad social sustraída de las
  relaciones políticas que el Estado condensa, así como no existirían
  prácticas que se sustraigan de las relaciones económicas e
  ideológicas. Poulantzas (2005) critica dos modos de pensar el vínculo
  entre Estado y sociedad: por un lado, el que considera al Estado como
  un apéndice de lo social, en tanto principio instituyente. Por otro
  lado, el que postula al Estado como el principio fundante de toda
  realidad social o el fundamento originario de cualquier relación
  social. A esta “metafísica de los orígenes”, el autor opone un tipo de
  historización del Estado que entiende su vínculo con las prácticas de
  clase en términos de procesos donde se anudan tiempos diferenciales o
  “historicidades propias de desarrollo desigual” (Poulantzas, 2005:
  43). Es decir, donde coexisten —en su entrelazamiento y
  sobredeterminación— un conjunto de prácticas que se inscriben en
  distintos aparatos e instituciones.</p>
  <p>Estas reflexiones de Poulantzas despliegan una idea heredera del
  tratamiento althusseriano del todo social como una estructura compleja
  que no puede ser explicada en virtud de una “unidad originaria”
  (Althusser, 2004b). Un indicio de esto se encuentra tanto en el pasaje
  comentado, donde Poulantzas se ocupa de la presencia constitutiva de
  lo político-estatal en el espacio económico, como en su definición
  temprana de la práctica política. En efecto, en <italic>Poder político
  y clases sociales en el Estado capitalista,</italic> Poulantzas (1970)
  afirma que la materia sobre la cual trabaja la práctica política no es
  otra que la coyuntura, entendida como “el punto nodal en que se
  condensan las contradicciones” de los diversos niveles de una
  formación social, en sus relaciones sobredeterminadas y desigualmente
  desarrolladas (39). De manera que la política “versa a la vez sobre lo
  <italic>económico</italic>, sobre lo <italic>ideológico</italic>,
  sobre lo <italic>teórico</italic> y sobre <italic>lo político</italic>
  en sentido estricto” o, más bien, sobre el entrelazamiento complejo de
  estas instancias que constituye la coyuntura (Poulantzas, 1970: 39).
  Poulantzas parece seguir aquí a Althusser (2004b), quien se pregunta,
  en su ensayo “Sobre la dialéctica materialista”:</p>
  <disp-quote>
    <p>¿Cómo […] podríamos dar cuenta teóricamente de la diferencia real
    existente entre lo económico y lo político, en la misma lucha de
    clases, es decir, en forma muy precisa, de la diferencia que
    distingue para siempre al marxismo de todas las formas espontáneas u
    organizadas del oportunismo? ¿Cómo dar cuenta de la necesidad de
    pasar por el nivel distinto y específico de la lucha
    <italic>política</italic>, si ella no fuera, aunque distinta y en
    tanto que distinta, no simplemente un fenómeno, sino la
    <italic>condensación</italic> real, el punto nodal estratégico, en
    el cual el <italic>todo complejo</italic> (economía, política e
    ideología) se refleja? (Althusser, 2004b:
    179).<xref ref-type="fn" rid="fn7">7</xref></p>
  </disp-quote>
  <p>A partir de aquella comprensión de la práctica política, Poulantzas
  (1970) define en ese libro al Estado como un “factor de cohesión
  social”, esto es, como una estructura donde se condensa la unidad
  compleja de aquellas relaciones contradictorias. Y señala que el
  producto de aquella práctica puede ser o bien la</p>
  <p>conservación de la unidad de una formación social, cuyo equilibrio
  inestable nunca está garantizado por lo económico, o bien su
  transformación, si se dirige al Estado en tanto “estructura nodal de
  ruptura” de esta unidad (Poulantzas, 1970: 44). Es decir, el Estado
  puede tener una función transformadora según cómo se sitúe la práctica
  política respecto del conjunto de contradicciones condensadas en su
  campo. Para Poulantzas, los procesos de cambio social no se explican
  por un voluntarismo político, por la movilización popular espontánea o
  la acción de las élites, sino por una combinación siempre singular de
  prácticas e instancias en su múltiple temporalidad.</p>
  <p>En <italic>Estado, poder y socialismo</italic> Poulantzas (2005)
  amplía esta valoración de la práctica política al plantear la
  posibilidad de una “transición democrática al socialismo democrático”.
  Ubicar al Estado en la complejidad de la estructura social resulta
  fundamental, ya que permite analizar algunos de los principales
  mecanismos por los que se desplaza el ejercicio del poder real. Si
  bien Poulantzas introduce variaciones en su lenguaje teórico, estas
  son limitadas. La noción de Estado como estructura nodal reaparece, no
  solo como un objetivo estratégico para la práctica revolucionaria,
  sino también como un entramado de relaciones de poder marcadas por
  desajustes y contradicciones. Esto se refleja en su definición del
  Estado como “<italic>un campo y un proceso estratégicos</italic>,
  donde se entrelazan nudos y redes de poder, que se articulan y
  presentan, a la vez, contradicciones y desfases entre sí” (Poulantzas,
  2005: 163).</p>
  <p>Esta comprensión del Estado en términos de nudos y redes se
  inscribe en una forma de entender la tópica social como un conjunto de
  prácticas e instancias materialmente distintas que tienen eficacias
  diferenciales. Es decir, que no se desarrollan ni operan del mismo
  modo sobre las demás, aunque en su coexistencia conjunta se sostengan,
  interrumpan y soliciten mutuamente (Farrán, 2016). Se trata de una
  articulación que involucra la distinción de aquellas prácticas e
  instancias, al mismo tiempo que su ordenamiento en función de una
  dominancia que se desplaza localmente (Zaidan, 2023). El principio
  relacional, que constituye el núcleo de la teoría poulantziana del
  Estado, es inherente entonces a esta manera de pensar el todo social
  desde una perspectiva materialista. Este principio puede ser
  especificado aún más si se lo relee en términos
  <italic>nodales</italic> (Farrán, 2016), como sugiere Poulantzas en su
  definición del Estado. Althusser (1971) adelanta esta operación en una
  carta que envía a Franca Madonia:</p>
  <disp-quote>
    <p>Tú sabes, un día (un día…) yo hablaré de la
    <italic>tópica</italic>, del hecho de que Marx (como Freud) presenta
    la realidad de la que habla disponiéndola en lugares
    (<italic>topoi</italic>), lugares <italic>inconfundibles</italic>:
    aquí no es lo mismo que allá. Manera de marcar la
    <italic>diferencia</italic> […] como dispersión, como diseminación
    […] pero como distinción de las <italic>instancias</italic>, es
    decir, los lugares ocupados por <italic>poderes</italic> […], es
    decir, las realidades que ejercen una influencia, una eficacia, un
    poder (diferencias nodales activas, eficientes).</p>
    <p>Lenin leyendo a Hegel se detiene (como un verdadero perro de caza
    olfateando a la presa) ante una expresión de Hegel: la
    <italic>red</italic> y el <italic>núcleo</italic>. Allí está todo:
    en el tejido universal […], lo que interesa a Lenin (después de
    Marx) igual como a Freud, son los <italic>núcleos</italic>, los
    puntos cruciales en que los hilos, en lugar de contentarse con jugar
    el juego de la trama y de la “cadena” […], <italic>se
    anudan</italic> en <italic>nudos</italic>, en ciertos lugares
    inconfundibles que están <italic>constituidos por esos
    nudos</italic> (no hay al comienzo la tela indiferenciada en su
    eterna diferencia, luego, en tal lugar de la tela, un nudo como un
    accidente, un subproducto de la tejido, un nudo que
    <italic>se</italic> encuentra en tal lugar <italic>de la</italic>
    tela, el nudo no es un efecto del lugar, un accidente del lugar, un
    azar del lugar: <italic>al contrario</italic>, es el nudo el que
    hace del lugar que él ocupa <italic>un lugar, su lugar</italic>, a
    partir del cual él actúa sobre los otros lugares) (Althusser, 1971,
    s/p).</p>
  </disp-quote>
  <p>Aunque Althusser no desarrolle finalmente aquellos elementos que
  presenta como sus “armas de reserva para un día”, en sus textos
  clásicos de los años sesenta ofrece materiales que apuntan en esa
  dirección. Para el autor, la estructura articulada dominante presenta
  un movimiento alternado en virtud del cual la dominancia se desplaza
  localmente —una contradicción secundaria puede convertirse en la
  contradicción principal, por ejemplo, o un aspecto principal volverse
  secundario— aunque la estructura desigual se mantenga (Althusser,
  2004b). Asimismo, en la teoría althusseriana no solo el conjunto está
  sobredeterminado, sino también cada una de sus contradicciones y
  aspectos. Por lo tanto, la sobredeterminación es —al mismo tiempo— una
  propiedad del conjunto y de sus elementos considerados separadamente.
  Como explica Farrán (2016), esta lógica tiene una modulación
  específica en el nudo borromeo lacaniano que se caracteriza por la
  mutua implicación de al menos tres registros, irreductibles e
  inescindibles entre sí.<xref ref-type="fn" rid="fn8">8</xref></p>
  <p>En el nudo borromeo cada registro tiene una eficacia propia, esto
  es, afecta al conjunto de cuyo entramado depende. Su estructura
  topológica muestra que no es una propiedad trascendental lo que reúne
  a las distintas instancias, sino la imbricación solidaria por la que
  “si una parte componente no se sostiene el conjunto entramado tampoco
  lo hace” (Farrán, 2016: 140). En otras palabras, basta que un cordel
  se corte para que el nudo se desarme. Lejos tanto de la dispersión
  como de la jerarquía rígida, el nudo borromeo se caracteriza por un
  entrelazamiento alternado donde la dominancia es local. Cada una de
  las instancias funciona como tercero relativo de las demás en cruces
  específicos; por lo cual, cada una está interrumpida o contaminada por
  las otras, pero no completamente capturada. En este anudamiento no hay
  preeminencia ni exclusión <italic>a priori</italic> de un término por
  otro.</p>
  <p>En la teoría de Poulantzas existen elementos que apuntan también
  hacia un pensamiento nodal del Estado y la práctica política. En
  primer lugar, la materialidad de lo político-estatal procede del cruce
  de relaciones de poder heterogéneas que se anudan en su campo.
  Poulantzas (2005) señala que el Estado no tiene poder propio ni es un
  instrumento pasivo e inerte, sino que es un <italic>lugar</italic> de
  configuración y ejercicio del poder político. Por lo cual, la política
  estatal no es más que un nudo de “tácticas que se entrecruzan, luchan
  entre sí, encuentran puntos de impacto en ciertos aparatos, son
  cortocircuitadas por otras y perfilan finalmente” la línea general de
  fuerza que atraviesa las disputas en el Estado (Poulantzas, 2005:
  164). En segundo lugar, sus indicaciones acerca de la posibilidad de
  una vía democrática al socialismo pueden ser leídas en clave nodal.
  Para el autor, si se entiende de aquella manera al Estado, no es
  posible plantear una transformación radicalmente externa que implique
  su destrucción en bloque a través de una lucha frontal. No se trata de
  tomar o sitiar desde fuera el Estado, precisamente porque las fuerzas
  populares ya están presentes en su campo: participan del balance
  relacional de poder que lo
  constituye.<xref ref-type="fn" rid="fn9">9</xref> En sus palabras,</p>
  <disp-quote>
    <p>[e]l poder no es una sustancia cuantificable detentada por el
    Estado que haya que arrebatarle. El poder consiste en una serie de
    relaciones entre las diversas clases sociales, concentrado por
    excelencia en el Estado, que constituye la condensación de una
    relación de fuerzas entre las diversas clases sociales. El Estado no
    es ni una cosa-instrumento de la que sea posible apoderarse ni una
    fortaleza donde se penetre con caballos de madera, ni una caja
    fuerte que se fuerce hasta romperla: es el centro de ejercicio del
    poder político. Tomar el Estado significa desarrollar una lucha de
    masas tal que modifique la relación de fuerzas internas en los
    aparatos del Estado, que son el campo estratégico de las luchas
    políticas (Poulantzas, 2005: 316).</p>
  </disp-quote>
  <p>Así, Poulantzas (2005) entiende que una vía democrática al
  socialismo democrático supone un movimiento de conservación y
  modificación del Estado que, en un largo proceso, pueda reforzar y
  redirigir los espacios de resistencia de las masas populares en las
  redes estatales, al mismo tiempo que se crean otros nuevos, hasta
  convertirlos en sedes del poder real. Se trata de una lucha integral
  que involucra operaciones en los dispositivos estatales distribuidos
  por el conjunto social, así como a distancia de los procedimientos
  estatales, en el despliegue de formas de democracia directa y en
  mecanismos autogestionarios. En la medida en que no todo es político,
  porque la política no es la única dimensión de la existencia social
  (Poulantzas, 1980), las luchas y movimientos sociales desbordan
  siempre al Estado. Poulantzas no postula la primacía de una sola forma
  de lucha sobre las demás. En cambio, parece sugerir que una
  transformación social puede impulsarse desde cualquier ámbito. De
  hecho, la confianza en las iniciativas populares resulta
  indispensable, según el autor, en cualquier proyecto de socialismo
  democrático que no repita los errores de los “socialismos reales” y su
  “suspicacia ante las exigencias democráticas” (Poulantzas, 2005:
  307).</p>
  <p>El nudo permite ver aquí que la heterogeneidad que habita el Estado
  no remite a una unidad centrada en un principio interno único, ni
  tampoco se disuelve caóticamente. Por el contrario, plantea la
  necesidad de revisar dicotomías como autonomismo-estatismo,
  exterior-interior o reforma-revolución, para reconocer la singularidad
  de cada proceso político. La <italic>inmanencia</italic> de las luchas
  en el campo estatal y la <italic>distancia</italic> frente a las
  lógicas y procedimientos dominantes encuentran en el anudamiento
  borromeo una lógica ejemplar para pensar los procesos de cambio social
  sin privilegiar ni excluir, en principio, ninguna dimensión. Además,
  el nudo permite entender la irreductibilidad de las relaciones
  económicas, ideológicas, políticas, teóricas, etc., condensadas en el
  Estado, que adoptan diferentes eficacias en cada coyuntura. No todas
  las dimensiones sociales tienen el mismo peso o la misma forma de
  desarrollo, aunque se sostengan conjuntamente.</p>
  <p>Nudo de nudos, el Estado tiene una materialidad que opone
  resistencia a los intentos de desestabilizar sus mecanismos internos o
  descomponer el entramado de poderes que sostienen los intereses
  dominantes. No obstante, una teoría materialista del Estado permite
  identificar las eficacias específicas que operan en cada coyuntura,
  así como las posibilidades de intervenir desde diferentes ámbitos —con
  sus propias temporalidades y lógicas— en el conjunto social. La lógica
  nodal contribuye a pensar los procesos políticos en términos de una
  <italic>exterioridad inmanente</italic> al Estado. Como afirma Farrán
  (2014), muestra que el problema clave de una revolución “no es solo
  cómo cortar el nudo, sino cómo rehacerlo de otro modo” (275) o cómo
  rearticular una nueva unidad compleja, desigual y descentrada.</p>
</sec>
<sec id="consideraciones_finales">
  <title>5. Consideraciones finales</title>
  <p>A lo largo de estas páginas se mostró que la teoría del Estado de
  Poulantzas se inscribe en una revisión de la tópica social marxista,
  enriquecida por los aportes althusserianos. Se destacó que el concepto
  de “condensación material”, a través del cual el autor define al
  Estado, implica una unidad compleja y contradictoria, anclada en la
  lógica de la sobredeterminación. En este marco, la topología del nudo
  borromeo permitió especificar el principio relacional que atraviesa la
  comprensión poulantziana del Estado. Acercar las reflexiones de
  Poulantzas al psicoanálisis hizo notar que la materialidad
  político-estatal no se agota en las relaciones estructurales, sino que
  involucra también desplazamientos y condensaciones de contradicciones.
  La analogía con el trabajo del inconsciente freudiano resalta cómo las
  prácticas estatales no se organizan en jerarquías lineales, sino
  mediante un entrelazamiento complejo de instancias con eficacias
  diferenciales que configuran el poder de manera contingente, y no
  totalizante. Entender el Estado como una estructura nodal,
  caracterizada por el anudamiento de prácticas y dispositivos
  heterogéneos, abre la posibilidad de su transformación.</p>
  <p>Desde esta perspectiva, el legado poulantziano ofrece herramientas
  valiosas para los estudios políticos y sociales actuales. Lejos de las
  narrativas dominantes impuestas con los procesos de neoliberalización,
  esta teoría permite enfatizar que la pregunta por el Estado sigue
  siendo central, pues en su trama histórica singular se tejen los nudos
  estratégicos y eslabones decisivos que los proyectos emancipatorios
  apuntan a desplazar. Poulantzas no ignora las determinaciones
  históricas ni los obstáculos e inercias que marcan el entramado
  estatal. Sin embargo, al concebir el Estado como el efecto de una
  condensación material de luchas, sugiere que su estructura es dinámica
  y está sujeta a variaciones. En este sentido, una transición hacia
  otro modo de producción y reproducción social no solo es posible, sino
  que depende de la capacidad de articular múltiples historicidades en
  luchas orientadas a desafiar las lógicas capitalistas dominantes y
  reconfigurar el entramado material común.</p>
</sec>
</body>
<back>
<fn-group>
  <fn id="fn1">
    <label>1</label><p>Althusser (2004a, 2006) advierte que la
    dialéctica hegeliana se monta sobre el supuesto de una unidad
    originaria que se desarrolla mediante un proceso de oposición entre
    dos contrarios. La totalidad social aparece unificada alrededor de
    un principio interno único: una contradicción simple que se
    desenvuelve en virtud de la exteriorización-enajenación de sí y que
    contiene en ella, como <italic>ecos</italic>, los principios de
    todas las formaciones históricas superadas. La contradicción
    hegeliana remite, por lo tanto, a una
    “<italic>interiorización</italic> acumulativa” de estas formas
    anteriores en el presente de la totalidad social (Althusser, 2004b).
    Una totalidad en la que cada parte expresa, de manera directa e
    inmediata, la <italic>esencia</italic> que las constituye o su
    verdad.</p>
  </fn>
  <fn id="fn2">
    <label>2</label><p>Un concepto que Poulantzas toma de Claus Offe
    (1974).</p>
  </fn>
  <fn id="fn3">
    <label>3</label><p>Al definir al Estado en términos relacionales,
    Poulantzas despliega una tesis materialista clásica, presente en la
    teoría althusseriana: la primacía de la relación sobre sus elementos
    (Morfino, 2014). Poulantzas traduce políticamente este principio en
    la idea del primado de la lucha de clases sobre los aparatos e
    instituciones (no solo estatales) en que se inscribe.</p>
  </fn>
  <fn id="fn4">
    <label>4</label><p>Poulantzas (2005) advierte que la insistencia en
    las relaciones ideológicas a menudo conduce a una desestimación del
    papel represivo del Estado, es decir, de la “violencia sobre los
    cuerpos” (28).</p>
  </fn>
  <fn id="fn5">
    <label>5</label><p>Inda (2021b) comenta que Poulantzas transmite
    cierto tono de decepción en una carta que le envía a Althusser en
    1969, luego de leer su manuscrito <italic>Sobre la
    reproducción</italic>, donde le dice “que le parece bueno que su
    tesis sobre la relación particularmente estrecha entre el Estado y
    la ideología, que a algunos les pareció equivocada o paradójica,
    pero que igualmente sostuvo prácticamente en soledad durante años,
    lo haya guiado en su teoría de los aparatos ideológicos de Estado”
    (140).</p>
  </fn>
  <fn id="fn6">
    <label>6</label><p>Algo similar sostiene Althusser (2008) en su
    ensayo sobre los aparatos ideológicos de Estado cuando comenta, en
    una nota al pie, que “las relaciones de producción son producidas en
    primer lugar por la materialidad del proceso de producción y del
    proceso de circulación. Pero no se debe olvidar que las relaciones
    ideológicas están inmediatamente presentes en esos mismos procesos”
    (129).</p>
  </fn>
  <fn id="fn7">
    <label>7</label><p>Inda (2021a) se detiene en las críticas que
    dirige Poulantzas (1966), en un artículo anterior a <italic>Poder
    político y clases sociales</italic>, a la identificación entre la
    lucha de clases y la lucha política que Althusser parece deslizar en
    este fragmento. Para Poulantzas, la omisión de la lucha económica
    corre el peligro de una <italic>sobrepolitización</italic> tan
    errada como su tendencia contraria: el economicismo. Inda (2021a)
    subraya que, si bien esta “definición de la política como práctica
    que tiene como materia específica la coyuntura entendida como
    condensación o fusión de contradicciones desiguales y
    desplazamientos no persuade a Poulantzas” en ese momento, solo un
    par de años después “cambia notablemente de posición” (25). Ahora
    bien, Poulantzas (1980) nunca deja de cuestionar aquella
    <italic>politización de lo social</italic> en la que incurre
    Althusser.</p>
  </fn>
  <fn id="fn8">
    <label>8</label><p>Farrán (2016) acerca el principio althusseriano
    de sobredeterminación a la articulación de los tres registros
    lacanianos (real, simbólico e imaginario) en el nudo borromeo.</p>
  </fn>
  <fn id="fn9">
    <label>9</label><p>En estas consideraciones aparece una de las
    disputas más significativas entre Poulantzas y Althusser, en la
    medida en que este último concibe al Estado como una “máquina” o
    instrumento separado de la lucha de clases. “Con total seguridad
    <italic>el Estado está separado de la lucha de clases, porque está
    hecho para eso</italic>, y por eso es un instrumento. ¿Imagináis un
    instrumento, utilizado por la clase dominante, que no estuviera
    separado de la lucha de clases? ¡Correría el riesgo de estallarles
    entre las manos a la primera ocasión! […] Si los grandes aparatos
    del Estado debieran estar a merced de los ‘atravesamientos’ del
    Estado por la lucha de clases burguesa, podría perfectamente
    significar el final de la dominación burguesa” (Althusser, 2003:
    90). Curiosamente es Poulantzas quien traslada la complejización
    althusseriana de la contradicción marxista a un pensamiento
    materialista del Estado.</p>
  </fn>
</fn-group>
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