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      <journal-id journal-id-type="publisher">POSO</journal-id>
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        <journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Política y Sociedad</journal-title>
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      <issn publication-format="electronic">1988-3129</issn>
      <issn-l>1988-3129</issn-l>
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        <publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
        <publisher-loc>España</publisher-loc>
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          <subject>RESEÑAS</subject>
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        <article-title>Valentín Jiminián, J. C. (2022): Los movimientos sociales dominicanos en el siglo XXI, Santo Domingo, Editora Alfa y Omega, 323 pp. ISBN:978-9945-9292-3-2</article-title>
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          <contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0003-0402-5419</contrib-id>
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            <surname>Benito Sánchez</surname>
            <given-names>Ana Belén</given-names>
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        <corresp id="cor1">Autor@s de correspondencia: Ana Belén Benito Sánchez: <email>anabeben@ucm.es</email></corresp>
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      <pub-date pub-type="epub" publication-format="electronic" iso-8601-date="2025-06-26">
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<p>El enfado popular en las calles marcó el compás del ya lejano año
2019. Desde Bogotá a San Juan, el estallido social por el precio de la
gasolina, el recorte de los subsidios públicos o la corrupción
gubernamental activaron las redes de indignación y esperanza en América
Latina. La región se sumaba así al torrente de movilizaciones de
diversos colores y causas en todo el planeta convirtiéndolo en el “año
de las protestas”, pero gestadas tiempo atrás en una década convulsa. En
la obra <italic>Los movimientos sociales dominicanos en el siglo
XXI,</italic> Julio César Valentín Jiminián (2022) retrata la
manifestación de este fenómeno en la República Dominicana, analizando
los antecedentes, repertorios, actores y estructuras de oportunidad de
las reivindicaciones colectivas más exitosas en el país: la lucha por el
4% del PIB para la educación, la Marcha Verde contra la corrupción, la
oposición a la instalación de una cementera en los Haitises y de una
Isla Artificial frente al malecón de la capital. El éxito proactivo y
reactivo de estos cuatro movimientos (o quizás movilizaciones) marca un
punto de inflexión en la forma en que la ciudadanía se ha relacionado
con el poder, y sirve al autor para demostrar el cambio hacia valores
postmaterialistas en la sociedad dominicana. Bajo el liderazgo de la
juventud urbana de clase media, sus demandas ambientalistas y de
regeneración democrática lograron concitar un “nosotros” solidario poco
acostumbrado a enarbolar demandas colectivas, con un repertorio
pacífico, creativo, cibernético y técnico. El clamor de las calles se
desarrolló en un contexto económico e institucional propicio: de bonanza
y de libertades, consagradas en la Constitución de 2010 y protegidas por
el recién creado Tribunal Constitucional.</p>
<p>Tras un primer capítulo donde el autor repasa las principales
protestas del siglo pasado en el país, Valentín Jiminián (2022) hace uso
del marco conceptual de los clásicos de la disciplina (Tarrow, 1997;
Tarrow y Tilly, 2008; Tilly y Wood, 2010) para verificar, en cuatro
manifestaciones de política contenciosa, los atributos de la categoría
“movimiento social”. Un objetivo que, a pesar de la minuciosidad y
acercamiento prolijo a cada causa, no siempre consigue construir el
andamiaje para que las movilizaciones estudiadas encajen en tal
categoría. Aun así, la sistematización de actores, aliados, recursos y
noticias —además de la recopilación y reivindicación de la literatura
local— convierte a la obra en un recurso valioso para aquellos
interesados en el estudio de la consolidación democrática en la
República Dominicana. El acercamiento a las protestas dominicanas a
través de estos cuatro casos permitirá complejizar futuras agendas de
investigación en clave regional y transnacional, así como entender la
agitación política en sociedades desiguales en la línea ya apuntada por
Rossi (2023) y Ponce <italic>et al.</italic> (2024), y superar la
casuística. Este ejercicio analítico deberá también superar el sesgo de
selección de casos de éxito para poder entender las resistencias que los
colectivos feministas, LGTBI y de defensa de los derechos humanos en las
relaciones de vecindad con Haití encuentran en la muy conservadora
sociedad dominicana.</p>
<p>La obra comienza presentando el proyecto urbanístico que prendió la
mecha de la movilización y que inauguraba una nueva etapa en las
relaciones de la ciudadanía con las élites políticas. La administración
del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) firmaba en 2003 un acuerdo
con la empresa Novo Mundo XXI para la construcción del complejo
turístico La Isla Artificial. La aprobación del contrato requería de su
aprobación final en un Congreso ahora bajo la administración del Partido
de la Liberación Dominicana (PLD) (20042008). Esta circunstancia fue
aprovechada por los activistas para denunciar las consecuencias
medioambientales. La oleada de protestas llevó al Senado a abrir el
trámite de vistas públicas, donde fueron expuestas las razones de su
inviabilidad ecológica y falta de transparencia. Además de la
participación de expertos y afectados en el Congreso, se celebraron
numerosos foros auspiciados por la cooperación internacional y las ONG
nacionales en los que la Academia de las Ciencias, que aportaba el
peritaje técnico, compartía protagonismo con grupos de jóvenes (La
Multitud, La Revuelta, Yatabueno…) y asociaciones vecinales. Las
acciones de su repertorio, con encuentros artísticos como “Una bandera y
una flor por el malecón” y difusión a través de Facebook, no evitaron la
aprobación —precipitada y con nocturnidad— del contrato, que desconocía
las alegaciones de las vistas públicas. Esto desató tal indignación
popular que el presidente Leonel Fernández revocó el proyecto en 2005,
en un anuncio que provocó la euforia colectiva en las calles. Unos años
antes, acciones judiciales encaminadas a proteger la bahía de Las
Águilas y otras áreas de especial valor ecológico, o contra la minera
Barrick Gold, habían colocado en la agenda mediática nacional la bandera
medioambiental.</p>
<p>El segundo de los casos de estudio analiza la lucha contra una
cementera cerca del Parque Nacional Los Haitises, uno de los mayores
éxitos de impacto de la nueva oleada de movilizaciones sociales en el
país. En abril de 2009, la empresa Consorcio Minero Dominicano obtiene
la licencia para la explotación cementera. Este hecho provocó el rechazo
del liderazgo comunitario de las localidades aledañas y de
organizaciones campesinas nacionales, que trasladaron la alerta más allá
del territorio afectado. La red de apoyo estableció un Campamento de
Solidaridad con los Haitises, convirtiendo el lugar en un espacio de
difusión y resistencia al que se sumaban campistas ocasionales (líderes
religiosos, artistas, empresarios, políticos). La celebración de
conciertos y otras actividades lúdicas servían para sufragar el
campamento permanente, a la vez que se establecían nuevos asentamientos
itinerantes en barrios de clase acomodada como el Parque Mirador Sur. El
movimiento llegó a captar la atención de medios internacionales, como
<italic>Los Ángeles Times</italic>, gracias a las movilizaciones de la
diáspora a través de Facebook. El conflicto adquirirá dimensión judicial
tras la paralización del proyecto en el Tribunal Contencioso
Administrativo y una acción de inconstitucionalidad ante la Suprema
Corte de Justicia promovida por el grupo juvenil Toy Jarto. Será
entonces cuando el gobierno, debilitado por las divisiones a favor y en
contra de la cementera en la propia bancada legislativa y a nivel
ministerial, decide buscar la mediación del PNUD. Tras seis meses de
trabajo en el país, los 12 expertos de Naciones Unidas emitieron en
diciembre de 2009 un informe que declaraba su inviabilidad poniendo el
punto final al proyecto.</p>
<p>En el capítulo dedicado al movimiento Coalición por una Educación
Digna, el autor destaca el triunfo sin precedentes de estas
movilizaciones lideradas por la juventud urbana con sus Lunes de
Paraguas Amarillos. Dos años después de la conformación de la Coalición,
esta conseguía el compromiso de todas las fuerzas políticas que
concurrían a la contienda presidencial de 2012 para hacer cumplir la Ley
General de Educación, que desde 1997, fijaba en el 4% del PIB el gasto
en la formación preuniversitaria. Desde su promulgación, esta
disposición había sido ninguneada por los gobiernos de todos los
colores, dejando al país entre los últimos en inversión educativa y con
los peores resultados en las pruebas PISA. Las protestas pacíficas y sin
banderas partidarias encontraron el apoyo del poderoso sector
empresarial, religioso y mediático nacional. Su discurso técnico y
alejado de la controversia sobre la calidad de la educación se aseguraba
el respaldo del gremio docente, la corporativista Asociación Dominicana
de Profesores. Y su repertorio creativo, didáctico y cibernético se coló
en la ventana de oportunidad del faccionalismo del partido oficialista:
mientras el <italic>leonelismo</italic> se aferraba al inexplicable
mantra de que el dinero no impacta en la calidad educativa, el
<italic>danilismo</italic> abrazaba la propuesta, deseoso de hacerse con
el título de esta conquista histórica. Así, durante la administración de
Danilo Medina (2012-2016), el gobierno cumplió con el porcentaje legal,
llevando a cabo un ambicioso plan de edificaciones, estancias
infantiles, jornada extendida y programas de alfabetización.</p>
<p>Y del amarillo, al color verde. El último de los capítulos del libro
analiza el volcán ciudadano que despertó el escándalo de los tentáculos
del caso Odebrecht en el país. En el año 2017 aparece en escena la
Marcha Verde contra la Corrupción y por el Fin de la Impunidad, alentada
desde los micrófonos de la Z101 y su programa radial <italic>El Gobierno
de la Tarde</italic>. Una mecha que prendía al calor de años en los que
la República Dominicana aparecía señalada por organizaciones como
Transparencia Internacional, OXFAM o el Foro Económico Global, por el
pago de sobornos, irregularidades y despilfarro público. El terreno de
la acción había sido preparado con anterioridad por algunas acciones
esporádicas (aparición en 2009 del grupo Toy Jarto pero Creo en mi País,
protestas ante la Fundación FUNGLODE del presidente Fernández en 2012
por el déficit fiscal, cadena humana frente a la Oficina de Ingenieros
Supervisores de Obras del Estado en 2015…) y por el respaldo
amplificador de los medios de comunicación. Como sucediera en las
movilizaciones por la educación, la Marcha Verde contaba con un equipo
técnico organizado en comisiones de trabajo que participaba en foros,
debates y tertulias en los que presentaba sus propuestas de regeneración
democrática: recuperación del dinero, nombramiento de una comisión de
investigación liderada por Naciones Unidas, auditorías, reforzamiento de
las capacidades de la Cámara de Cuentas e independencia de la
Procuraduría General de la República. Además de los aliados compartidos
con la lucha por la educación (intelectuales, artistas…), el apoyo de
las familias y las iglesias —dos de las instituciones que generan más
confianza en el país— resultaron fundamentales en sus multitudinarias
reivindicaciones festivas. No ocurrió así con la clase política, que se
alejaba poco a poco del movimiento con la cercanía de las elecciones de
2020. Las acciones en otros países de la región con ocasión del
escándalo Odebrecht o la repercusión de la CICIG en la vecina Guatemala
se convirtieron en estímulo y escenario de oportunidad internacional.
Sin embargo, las discrepancias en el seno del movimiento —que llevó a
los más radicales a pedir la dimisión del presidente Danilo Medina—
provocaron el alejamiento de la Asociación de Industrias de la República
Dominicana, una de las organizaciones empresariales más importantes del
país, y con ello, el retraimiento de sus acciones, debilitadas también
por la cercanía de las urnas y el impacto de las actuaciones del
Ministerio Público para hacer rodar algunas cabezas.</p>
<p>Los cuatro movimientos analizados en la obra ejemplifican un éxito de
democracia radical y poder en las calles que sembraron el terreno para
triunfos más recientes, como la decidida apuesta por la independencia
del Ministerio Público o la retirada del Proyecto de Ley de
Modernización Fiscal de 2024 en la actual administración de Luis
Abinader (2024-2028) del Partido Revolucionario Moderno (PRM). Unos
logros que no conquistaron las protestas populares del pasado siglo XX
en las voces de los sectores renta baja en reclamo de salarios dignos,
agua potable, luz o asfalto en sus comunidades. Estas demandas de
primera generación no lograron entonces —ni logran actualmente—
traspasar las fronteras del barrio, ni azuzar las voluntades nacionales.
Una deuda histórica que deberán atender las nuevas capas medias
dominicanas, más proclives a optar, en asuntos de redistribución, por
soluciones privadas a problemas colectivos. Una tarea que encuentra
ahora dos dificultades añadidas. La primera, de dirección, ya que muchos
de los y las que lideraron las movilizaciones fueron llamados a ocupar
cargos de gestión en la propia Administración Abinader.</p>
<p>A esta descapitalización del liderazgo civil dominicano se suma la
general incertidumbre del contexto internacional y de los actores de la
cooperación en particular. La US Agency for Development (USAID) ha
estado detrás de muchos de los más importantes proyectos de
fortalecimiento de la sociedad civil y de organizaciones tan relevantes
como Participación Ciudadana o FINJUS. También ha sido clave en el
microfinanciamiento de muchas ONG de mujeres, de lucha por un hábitat
digno e incidencia política en el país que participaron en la política
contenciosa que recoge la obra reseñada. En 2024, la USAID ejecutaba un
total de 24 proyectos de apoyo a la educación básica, la promoción de la
justicia y seguridad, ecosistemas sostenibles para la protección de
mangales y arrecifes, reducción de la transmisión del VIH, o la gestión
coordinada de fronteras, entre otros. De igual manera, Bruselas planea
cerrar 80 Oficinas de Desarrollo en todo el mundo, por lo que su salida
y falta de financiamiento en el país podrían suponer un golpe a la
capacidad de acción colectiva y movilización de la sociedad civil en la
República Dominicana, enterrando en el olvido los éxitos de esta
etapa.</p>
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  <title>Bibliografía</title>
  
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      <year>2024</year>
      <source>Encrucijadas de la resistencia en América Latina. Movimientos sociales en época de crisis y polarización</source>
      <publisher-loc>Santiago de Chile</publisher-loc>
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      <source>El poder en movimiento. Movimientos sociales, acción colectiva y política</source>
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