e-ISSN: 1988-3129
RESEÑAS
Anne Applebaum es una reconocida periodista e historiadora estadounidense-polaca que ha dedicado parte importante de su trabajo a la historia del comunismo y el análisis político. Su última investigación, Autocracy, Inc., analiza la forma de operar de las autocracias del siglo XXI, sus peculiaridades, sus diferencias con las dictaduras del siglo XX, sus complejas relaciones con regímenes democráticos y el modo como pretenden subvertir la democracia en el mundo.
Autocracy Inc. es la denominación que brinda Applebaum a una red de colaboración entre regímenes con distintos grados de autoritarismo y corrupción. Forman parte de esta red cleptocracias (Rusia), regímenes comunistas (China, Corea del Norte, Cuba), teocracias (Irán), dictaduras pequeñas (Nicaragua, Venezuela), autocracias electorales (Turquía, Hungría) y democracias iliberales (México). Los miembros de esta red no están unidos por una visión del mundo, una ideología política, un credo religioso o una filosofía, sino algo más prosaico: la necesidad de mantenerse en el poder para seguir extrayendo riqueza y evitar la cárcel.
Esto no significa que Autocracy Inc. sea un club secreto. De hecho, algunas alianzas entre sus miembros son muy conocidas (como la cooperación militar entre Rusia y Corea del Norte) y otras han tenido que superar dificultades (como los acuerdos entre Rusia y China para poner fin a sus disputas fronterizas). Pero los une un aire de familia autoritario, recelo de las exigencias de transparencia, desprecio por la voluntad popular y el Estado de derecho, conflictos con el periodismo y en algunos casos represión violenta de movimientos sociales. En el siglo XXI una autocracia no se sostiene solo en la represión de sus connacionales. Requiere de redes. Los autoritarismos intercambian servicios de seguridad para mantenerse en el poder, tejen redes financieras para soportar sanciones internacionales, o comparten tecnologías de comunicación para controlar la opinión pública.
El primer capítulo es una crítica al rol de Occidente en el fortalecimiento de las autocracias que condena. Mucho antes del colapso del comunismo, países democráticos y regímenes autoritarios entablaron negocios; en parte por el beneficio mutuo previsible, en parte por la creencia optimista occidental de que la liberalización económica vendría acompañada de una democratización política. Pero la Rusia postsoviética pasó de ser un régimen totalitario a convertirse en una autocracia cleptocrática caracterizada por la extracción de riqueza y su ocultamiento.
El segundo capítulo explica por qué las sanciones internacionales no funcionan para frenar regímenes cleptocráticos como Venezuela. Repasa el ascenso chavista y la consolidación de su poder. La muerte de Chávez parecía indicar el fin del régimen, pero otros regímenes autoritarios le ofrecieron apoyo. Empresas rusas salieron a cubrir el vacío dejado por las diversas empresas que abandonaron el país, China ofreció los préstamos que instituciones internacionales ya no se arriesgaban a brindar, Cuba proporcionó personal médico e inteligencia militar, Irán y Turquía enviaron alimento a cambio de oro. A pesar de los millones de desplazados y la condena internacional, el régimen chavista nunca ha estado realmente solo.
El tercer capítulo analiza las estrategias de comunicación de los regímenes autoritarios contemporáneos. La propaganda totalitaria y la represión bruta del siglo XX han sido reemplazadas en el siglo XXI por la censura digital y la desinformación. En lugar de organizar quemas de libros, China prefiere controlar los términos de la discusión pública a través de la censura de contenidos por internet. En lugar de ensalzar o tratar de justificar su forma de gobierno, Rusia procura desacreditar la democracia como modelo político.
El cuarto capítulo analiza cómo las autocracias se proponen desmantelar el Estado de derecho internacional. Las autocracias procuran reemplazar el lenguaje de los derechos humanos que exige el cumplimiento de estándares internacionales por conceptos como “soberanía nacional”, “cooperación de beneficio mutuo” o “mundo multipolar”.
El quinto capítulo expone cómo las autocracias tratan de destruir los movimientos sociales desde su formación. Ya no recurren a la propaganda, sino a desacreditar la protesta, sus líderes, sus participantes, sus fuentes de financiamiento, su discurso, sembrar desconfianza entre sus miembros y en sus simpatizantes. Ya no priorizan la represión abierta de los manifestantes sino el desmantelamiento de sus ideas y los sentimientos de solidaridad en torno a ellas.
El epílogo cierra con una reflexión sobre cómo defender la democracia hoy en día. Applebaum enfatiza en que el enfrentamiento entre autocracias y democracias no es una nueva versión de la Guerra Fría. No hay dos ideologías hegemónicas en conflicto. Los regímenes autoritarios no configuran un bloque homogéneo, sino que tejen una red maleable y adaptable en el tiempo. Ahora es más difícil pelear contra los sistemas autocráticos porque se apoyan entre sí. Por ello la defensa de la democracia debe concentrarse en prevenir el comportamiento autocrático. Los demócratas deben anticiparse a la deriva autoritaria de sus países. Esto requiere cooperación internacional, recoger la experiencia de los movimientos sociales en otros países, coordinar luchas e intercambiar conocimiento.
Una de las cualidades del libro de Applebaum es el esfuerzo por evitar una imagen maniquea del mundo. Constantemente reprocha el rol de Occidente en el mantenimiento de algunos regímenes autocráticos. Señala el doble estándar de democracias occidentales que, por un lado, critican las redes de corrupción en el mundo postsoviético, pero omiten el rol jugado por empresas, bancos, agentes de bienes raíces y abogados occidentales para la recepción de dinero mal habido, el ocultamiento o incluso el lavado de activos. Occidente exige transparencia al mundo, pero no la exige suficientemente en casa. No obstante, al fijar la atención en las prácticas corruptas se deja de lado el análisis del modelo institucional. Aunque Applebaum reconoce que las democracias occidentales tienen problemas propios, no profundiza en ellos. A diferencia del conocido estudio de Levitsky y Ziblatt (2018) sobre las condiciones y señales que advierten una deriva autoritaria dentro de la propia democracia, Applebaum se concentra en la corrupción del sistema desde fuera, proveniente de regímenes autocráticos. Fenómenos como el aumento de la simpatía por el discurso autoritario en Occidente han sido estudiados por ella anteriormente (Applebaum, 2021), pero en esta obra la amenaza generalmente es externa. Esto revierte en el esfuerzo de la autora por no caer en una visión maniquea.
Aunque es una obra atenta al siglo XXI, constantemente está dialogando con el siglo XX. Es en el contraste donde se aprecia con claridad lo novedoso de las autocracias contemporáneas. Applebaum saca el máximo provecho de su experiencia periodística para estudiar las estructuras financieras aprovechadas por sistemas cleptocráticos y la combina con su conocimiento histórico para analizar su rol en el nacimiento de regímenes autocráticos contemporáneos.
Sin embargo, Applebaum no hace mayores precisiones conceptuales. Se extiende en las prácticas cleptocráticas de dictaduras, pero no ahonda en las diferencias de regímenes. Esto se debe a que la autora prescinde de la ideología para explicar la colaboración entre autocracias heterogéneas. Por ello se concentra en las oportunidades para la corrupción y la necesidad de evadir la cárcel como los principales móviles para la acumulación de poder. En contraste, el reciente trabajo de Steven Forti (2024) analiza la deriva autoritaria global precisamente siguiendo la evolución ideológica de la extrema derecha. Ambos autores rechazan que hoy se aprecie un retorno del fascismo clásico, pero en el análisis de Forti el tejido autoritario internacional cuenta con una afinidad ideológica entre administraciones. Con ese hilo conductor llega al concepto de autocracia electoral, un modelo híbrido legitimado por resultados electorales y que socava la independencia de las instituciones. Forti toma en cuenta la relación entre ideología y autoritarismo, mientras que Applebaum se concentra en las prácticas y redes de corrupción. La elección de Applebaum permite comprender la corrupción en términos globales, pero al costo de dejar de pensar en si nos dirigimos o no a un nuevo régimen político.
Es comprensible que al abordar el autoritarismo en América Latina, Applebaum haya fijado la atención en Cuba y Venezuela; pero la acumulación de poder no es la única forma en que se constituye un autoritarismo. Como han señalado Barrenechea y Vergara (2024), en América Latina se aprecia una creciente brecha entre representantes políticos y representados, y además la erosión del Estado de derecho. Sin embargo, no necesariamente esta combinación conduce al surgimiento de dictadores. En cambio, se observa la irrupción de agentes políticos que destruyen la democracia desde dentro, comenzando por debilitar la capacidad regulatoria del Estado (Quiñón y Vergara, 2023). El comportamiento autoritario de estos agentes no es fruto de la acumulación de poder, sino correlato de la pasividad de la sociedad civil. Es necesario pensar el autoritarismo latinoamericano más allá de Cuba y Venezuela.
Finalmente, cabe hacer una acotación sobre el pensamiento de Applebaum. Ella no comparte la confianza que algunos liberales depositaron por mucho tiempo en la idea de un orden natural. No hay nada natural ni inevitable en un régimen político para Applebaum. No es definitivo que toda sociedad desemboque en una democracia liberal. Esta confianza se afianzó con el derrumbe del muro de Berlín. Se miró el pasado con triunfalismo y se creyó que la expansión global de la democracia liberal era inevitable. Tres décadas después claramente la creencia estaba infundada. No obstante, Applebaum no mira el futuro con pesimismo. Del mismo modo que la democracia liberal no es inevitable, tampoco lo es la autocracia. El lector observará al inicio de la obra una dedicatoria curiosa: “Para los optimistas”. La explicación de este detalle se puede encontrar en una charla que brindó en febrero de 2023 para el National Endowment for Democracy en Canadá, donde presentó un adelanto de esta investigación. Al final de su presentación se le preguntó si era pesimista respecto al futuro. Su respuesta fue: “Soy optimista porque el pesimismo es irresponsable”. Applebaum entiende el optimismo como la aceptación de una responsabilidad moral. No se trata de la confianza ciega en un futuro mejor, sino de asumir que el curso de la historia y el freno de una deriva autoritaria es consecuencia de lo que hagamos al respecto.
Applebaum, A. (2021): El ocaso de la democracia. La seducción del autoritarismo, Barcelona, Debate.
Barrenechea, R. y A. Vergara, eds., (2024): Democracia asaltada. El colapso de la política peruana (y una advertencia para América Latina), Lima, Universidad del Pacífico.
Forti, S. (2024): Democracias en extinción. El espectro de las autocracias electorales, Madrid, Akal.
Levitsky, S. y D. Ziblatt (2018): Cómo mueren las democracias, Santiago de Chile, Ariel.
Quiñón, A. y A. Vergara (2023): “¿De Guatemala a GuatePerú? O cómo mueren las democracias sin dictador”, Foreign Affairs Latinoamérica, 23(3), pp. 51-62.