«Como alteridad contrapuesta y amenazante, el judío ha desempeñado un papel en los imaginarios políticos y culturales que superaron con creces la presencia cuantitativa de esta minoría en las respectivas sociedades que ha habitado. La cuestión judía es, por tanto, la cuestión del antisemitismo» (p. 9). Con esta máxima, Alejandro Baer, quien es sociólogo, investigador en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y exdirector del Center for Holocaust and Genocide Studies de la Universidad de Minnesota, da comienzo a su nuevo libro titulado Antisemitismo. El eterno retorno de la cuestión judía.

Baer estructura su índice en siete apartados que abarcan el antijudaísmo religioso en el mundo árabe y cristiano, el proceso de secularización judío y su integración forzada en el Estado, la construcción de los discursos antisemitas a finales del siglo xix e inicios del xx, y cómo estos alcanzan su punto más álgido en el Holocausto. También es foco de su atención la evolución del odio político y racial antisemita en Oriente Medio y cómo este se vincula a los movimientos «libertarios» de manera consciente o inconsciente. Entre todos los epígrafes, llaman poderosamente la atención aquellos dedicados al antisemitismo en los centros universitarios españoles. El clima de crispación y de odio en los espacios de enseñanza superior ha ido en aumento en los últimos años, desde octubre de 2023, provocando ataques físicos y verbales sobre israelíes, judíos y no judíos. El trabajo de Baer sería el primero en incluir este tipo de estudio en nuestro país y en este formato, lo cual merece ser destacado.

Entre sus objetivos, el autor de este trabajo busca introducir al lector en las diferentes fases históricas del antijudaísmo y del antisemitismo, la variación de su discurso y sus diferentes formatos de presentación. Sin embargo, no se trata de una «historia del antisemitismo», sino de un estudio detallado de sus «mitos, códigos, justificaciones y las ideologías en las que ha encontrado cobijo y funcionalidad» (p. 16). En otras palabras, Baer se adentra en la materia a través del análisis crítico de los discursos colectivos que atacan a los judíos en diferentes contextos. Estos mensajes se adaptan a las necesidades de los interlocutores y atacantes, ya sean movimientos conservadores o liberales, de derechas o de izquierdas. En este sentido, es preciso recordar la famosa cita de Macías en el prólogo al trabajo de Espinosa Ramírez, Los judíos y la memoria cultural (2023), sobre «el amplio y variado abanico de formas en que se ha manifestado históricamente (el antisemitismo): del insulto a la discriminación jurídica, del confinamiento en guetos a la expulsión, de la acusación de crimen ritual a la del control económico, de la matanza al exterminio (…)».

Retomando la cita de Baer sobre la inquebrantable conexión entre la «cuestión judía» y el antisemitismo, se puede comprender cómo el debate sobre la posición que debía ocupar el judío en la sociedad suscitó una serie de argumentos que justificaban y asumían su exclusión o su incorporación; esta última bajo unas severas condiciones estatales en la mayoría de los casos. La penosa situación de los hijos de Israel requería de una solución social, pero esta respuesta surgió en el contexto de un odio profundo, arraigado en cuestiones culturales, políticas y religiosas. ¿Qué significa esto? Pues que, si los judíos querían formar parte de la ciudadanía, «debían abandonar su nación». Empero, aun cumpliendo con su parte, asistimos a un mundo contemporáneo en el que «se les había ofrecido visas de salida (del mundo judío), pero no permisos de entrada (en la nación)» (pp. 39-‍45).

Esta indiferencia hacia la cuestión judía y el antisemitismo del que somos testigos hoy en España y en Europa es, en muchos casos, como ha afirmado Reyes Mate (2025), «la misma razón por la que se pensó y se sigue pensando que Auschwitz es un asunto de judíos». A su vez, la apatía ante los discursos de odio sobre los judíos se ve reforzada por los conflictos geopolíticos que atañen al Estado de Israel y a sus vecinos. Estos últimos ofrecen a los antisemitas un proceso de «racionalización» en el que justifican sus actos señalando que «el antisemitismo existe como consecuencia de los crímenes que comete Israel» (p. 12). A ello se le suma la constante negación y banalización del Holocausto, contraponiendo este acontecimiento con conflictos más recientes. Y todavía nos faltaría citar un extraño fenómeno en el que la lucha contra el odio hacia los judíos no es legítima, pues cobra más importancia el papel de los palestinos en el conflicto armado de las últimas décadas. Este esquema de racionalización del antisemitismo y calificación del judío como un culpable a nivel mundial no es nuevo, aunque sí lo es en su formato.

Para comprender cómo se ha llegado hasta este punto de máxima tensión, Baer, explora en primer lugar las tradiciones antijudías en las principales religiones monoteístas: el cristianismo y el islam. Así, desde los primeros paleocristianos hasta el siglo xix, se analiza la construcción del libelo antijudío en entornos cristianos mediante las conjuras, la idea del deicidio y el poder fariseo, las acusaciones de usura, los envenenamientos, las supuestas matanzas de niños, y lo que se conoce como el fenómeno de sustitución o reemplazo, a saber, los cristianos como verdadero pueblo de Israel; destaca el caso de Lutero (pp. 20-‍36).

También son de interés del autor los mecanismos para la doblegación y representación de los judíos en el mundo islámico: la usura, la figura del asesino de profetas, el discurso de una antigua fe errada pero protegida, etc. Así, se nos explica que «la idea de una edad de oro, una utopía interreligiosa judeomusulmana en la España islámica y en otras áreas en la Edad Media, ha sido clasificada con razón de mito (…)», aunque «también sería falso reducir la historia del pueblo judío en tierras musulmanas a una narrativa de hostilidad incesante» (p. 77). Con la llegada del siglo xx surge lo que Baer define como el islam político, en esta nueva etapa se incorporan nuevos discursos, en muchos casos reforzados por las teorías decoloniales y los intereses de la Unión Soviética en Oriente Medio (pp. 86-‍103).

En líneas generales, el odio hacia los judíos es cambiante y moldeable. Esta libertad de «configuración» permitía a los promotores del discurso de odio adaptar sus argumentos en cada contexto para el mismo fin. El judío podía ocupar el puesto de comunista liberal o el de fascista colonialista. En el caso del siglo xix Baer explica: «Si los teólogos habían definido el judaísmo como esencialmente anticristiano ahora pasó a ser antisocial primero (para los ilustrados) y antinacional después (para los reaccionarios). La valoración negativa permanecía intacta, así como la simbolización del judío como antítesis del orden social o moral» (p. 47). En conclusión, Antisemitismo. El eterno retorno de la cuestión judía, de Alejandro Baer, es un trabajo de consulta obligatoria a la altura de otros clásicos en esta asignatura aún pendiente en la Academia española.