RESUMEN

La Plataforma per Catalunya (PxC) fue un partido de ultraderecha islamófobo y autonomista constituido en 2003 con sede en Vic (Barcelona) y liderado por Josep Anglada. El partido logró una implantación municipal significativa entre los comicios locales de 2003 y 2011 e intentó expandirse a nivel estatal, pero frenó su crecimiento una crisis interna en 2014 que comportó la expulsión de Anglada y coincidió con el desarrollo del proceso independentista. En los comicios locales de 2015 el partido se hundió y se disolvió en 2019. Este estudio se basa en la documentación de PxC, estudios sobre el mismo y prensa. Sostiene que el partido se situó en una encrucijada entre la política local, catalana y estatal, por lo que su experiencia ha influido tanto en Vox como en Aliança Catalana.

Palabras clave: Plataforma per Catalunya; extrema derecha; España 2000; Aliança Catalana; Vox.

ABSTRACT

Plataforma per Catalonia (PxC) was an Islamophobic, far-right, and autonomist party founded in 2003, headquartered in Vic (Barcelona) and led by Josep Anglada. The party achieved significant municipal presence between the 2003 and 2011 local elections and attempted to expand at the state level. However, its growth was halted by an internal crisis in 2014 that led to Anglada’s expulsion and coincided with the rise of the Catalan independence process. In the 2015 local elections, PxC collapsed and eventually dissolved in 2019. This study draws on party documentation, existing research on PxC, and press sources. It argues that PxC stood at the crossroads of local, Catalan, and state politics, and that its trajectory has influenced both Vox and Aliança Catalana.

Keywords: Plataforma per Catalunya; far-right politics; España 2000; Aliança Catalana; Vox.

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Casals Meseguer, Xavier (2026). Historia de la Plataforma per Catalunya y análisis de su legado en Vox y Aliança Catalana (2003‑2024). Historia y Política, 55, 241-‍276. doi: https://doi.org/10.18042/hp.2026.AL.02

I. INTRODUCCIÓN[Subir]

Plataforma per Catalunya (PxC) fue una formación de extrema derecha con sede en Vic que creó y lideró Josep Anglada Rius[1]. En los comicios municipales de 2003 logró cuatro ediles con el lema «por un mejor control de la inmigración y una mejor seguridad ciudadana». Creció en los siguientes comicios de 2007 (17 ediles) y despuntó en los de 2011 (67 ediles). Pero en 2014 entró en crisis porque su cúpula expulsó a Anglada, el partido se hundió en los comicios locales de 2015 (8 ediles) y, finalmente, se disolvió en 2019. La mayoría de sus cuadros se unieron a Vox, aunque algunos animaron siglas separatistas de ultraderecha[2].

La formación suscitó estudios académicos durante su ascenso[3], pero con su crisis desaparecieron y carecemos de una visión global de ella[4]. Por esta razón, la PxC se proyecta como un episodio menor de la ultraderecha. Pero este estudio pretende demostrar que ha sido un elemento relevante en la evolución de este sector político por seis razones: logró una implantación institucional inédita con un discurso homologable al de la ultraderecha occidental, especialmente con su mensaje antislámico; captó un voto identitario dual (españolista y catalanista) y su fracaso facilitó que la ultraderecha de Cataluña se bifurcara entre Vox y marcas separatistas; intentó expandirse desde Cataluña con delegaciones autonómicas y esbozó así un diseño estatal antagónico al de Vox; mostró cómo una fuerza municipalista podía articular un partido autonómico, lo que la convirtió en un referente político; planteó ya problemas al Partido Popular (PP) sobre la estrategia que debía adoptar ante un rival de este tipo; por último, tejió una red importante de aliados europeos. Para argumentar estas tesis examinamos la historia de la PxC, su ideario, organización, electorado y nexos con fuerzas afines mediante su documentación, bibliografía y prensa. Las conclusiones analizan cómo su fin estuvo asociado a la bifurcación de la ultraderecha en Cataluña, al irrumpir una española, Vox, y otra separatista, Aliança Catalana (AC).

II. LA ECLOSIÓN[Subir]

PxC hizo una eclosión institucional en 2003 aparentemente súbita, pero en realidad reflejó un proceso de incubación de actitudes de rechazo a la inmigración extraeuropea desde fines de los años ochenta[5]. Tal proceso se detectó en Francia con el ascenso del Front National (FN), que lideró Jean-Marie Le Pen y fue designado como «lepenización de los espíritus» para explicitar que su mensaje ganó primero la conciencia de los votantes y luego su voto. Las urnas, así, rubricaron un estado de ánimo preexistente[6]. En Cataluña habría ocurrido otro tanto, pues en 1991 los sondeos detectaron «una mínima receptividad» a una sociedad pluricultural en los catalanes[7]. Una década después este proceso habría hecho avances significativos, a tenor de dos episodios relevantes.

El primero fue un conflicto en el barrio de Ca n’Anglada de Terrassa. El 14 de julio de 1999 una manifestación efectuada allí contra la presencia magrebí reunió a 2000 de sus 14 000 habitantes y acabó con la agresión brutal a un joven marroquí, el apedreamiento de viviendas magrebíes y un intento de asaltar la mezquita local[8]. No obstante, Cataluña no fue un islote en este aspecto, pues el resto del país experimentó un proceso parejo, como acreditó en febrero de 2000 un brote xenófobo en El Ejido[9]. El segundo episodio aludido lo protagonizaron Marta Ferrusola, esposa del entonces presidente catalán Jordi Pujol, y Heribert Barrera, expresidente del Parlamento autonómico y líder histórico de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC). El 20 de febrero de 2001 Ferrusola afirmó en público que «dentro de diez años quizás las iglesias románicas no servirán, servirán más mezquitas». Señaló también que «las ayudas públicas son para estas personas que no saben lo que es Cataluña»[10]. Ante las numerosas críticas que recibieron sus declaraciones, las avalaron el consejero en jefe del Gobierno, Artur Mas (apuntó que Ferrusola había hecho «una reflexión en voz alta […] que seguramente comparten miles de personas en Cataluña»)[11], y Pujol, para quien su cónyuge reflejó «lo que piensan la gran mayoría de los ciudadanos»[12]. Pocodespuéstranscendieron otras manifestaciones de Barrera críticas con la inmigración: «Si continúan las corrientes migratorias actuales, Cataluña desaparecerá», afirmó. Y cuestionó el enriquecimiento atribuido al mestizaje cultural: «A mí que me digan que ganamos con […] que se bailen tantas sevillanas. […]. Ni que tengamos aquí unas mezquitas y exista un porcentaje cada vez más alto de musulmanes»[13]. Tales mensajes posiblemente catalizaron actitudes críticas con la inmigración, pues el Barómetro de Opinión de la Generalitat de agosto de 2001 mostró —en relación con el precedente— que quienes veían excesiva la inmigración habían pasado del 35,9 % al 48,6 % y quienes la juzgaban como el primer problema del 10,4 % al 28,8 %[14]. Posiblemente los atentados de Nueva York del 11 de septiembre (11-S) de ese año estimularon este rechazo que se perfilaba al islam.

Ambas polémicas facilitaron la proyección de Anglada. En enero de 2001 había creado en Vic la Plataforma Vigatana (PLVI), un partido centrado en la seguridad y el control de la inmigración, y entidades locales se querellaron contra él por hacer declaraciones xenófobas. Anglada alegó entonces que sus argumentos no eran diferentes a los de Barrera o Ferrusola y la querella se archivó[15]. En marzo de 2002 Anglada se sumó a una protesta en Premià de Mar (27 326 habitantes) contra la edificación de una mezquita. Dado su eco mediático, decidió hibernar la PLVI y presentó unas nuevas siglas, PxC, de ámbito autonómico. Lo hizo el 18 de mayo en una manifestación contra el templo de más de mil participantes que colisionó con otra de signo opuesto con enfrentamientos[16]. Anglada afirmó allí que los árabes «nos quieren ocupar e invadir» y reclamó un «control de la inmigración»[17]. También manifestó que «no somos de derecha ni de izquierda, pero cubrimos un vacío en un tema sobre el que los demás partidos políticos evitan pronunciarse»[18]. El caso de Premià focalizó la atención pública en la oposición vecinal a mezquitas de otras localidades catalanas[19]. De hecho, entre 1990 y 2008, el 67 % de estos conflictos sucedió en Cataluña[20]. A la par, cundió la percepción de que los imanes dificultaban la integracióndesus comunidades[21]. El revuelo y oposición que suscitó PxC facilitó su lanzamiento y expansión, según Anglada: «La propaganda gratuita que me han hecho los medios de comunicación y mis contrarios no tendría dinero para pagarla ni en toda la vida»[22].

Anglada también contó otros dos promotores iniciales del partido significados por su rechazo al islam: August Armengol en El Vendrell (donde se opuso a la apertura de una mezquita) y Mateu Figuerola en Cervera (que roció con gasolina la puerta de la mezquita local la noche del 4 de marzo de 2002, airado por la relación de un familiar con un magrebí). Esta tríada promotora reflejó una derecha ecléctica. Anglada (nacido en 1959), comercial, militó en Fuerza Nueva (FN), en 1987 se acercó a Alianza Popular (AP, PP desde 1989), volvió a FN (rebautizada Frente Nacional) y en 1992 integró una lista autonómica de José M.ª Ruiz Mateos. Armengol (1958), pediatra, militó en el PP y en las elecciones del 2000 lideró la lista de Tarragona del Grupo Independiente Liberal (GIL), de Jesús Gil. Figuerola (1955), mecánico de automoción, lo hizo en el PP y Unió Democràtica de Catalunya (UDC)[23].

En los comicios locales de 2003, la PxC suscribió manifestaciones de Barrera y Ferrusola con el lema «atrévete a decir lo que piensas»[24]. Presentó siete listas y Figuerola, Armengol y Anglada devinieron ediles al lograr representación en Cervera (8424 habitantes), El Vendrell (26 820), Vic (35 354) y Manlleu (18 549). Además, la candidatura Veïns Independents de Premià de Mar (VIP), opuesta a la mezquita, logró un edil (6,8 %). El lema plataformista, «primero los de casa», ubicó al partido en el «chauvinismo del bienestar» al priorizar a los autóctonos ante los foráneos en la recepción de prestaciones del Estado. Como los autóctonos a los que aludía («los de casa») podían sentirse tanto catalanes como españoles, PxC creó un eje político alternativo a los dos existentes en Cataluña (derecha-izquierda y catalanismo-españolismo) que le permitía recibir un voto potencialmente diverso[25].

Anglada rechazó ser identificado como ultraderechista, aunque en 2002 manifestó actuar tácticamente: «No nos interesa relacionarnos con todo aquello que sea el franquismo, […], que yo lo llevo en el corazón, pero políticamente […] no vende», dijo a un periodista camuflado como simpatizante[26]. Asimismo, el primer secretario general de PxC, Jaume Farrerons (que diseñó su ideario), la dejó en 2003 alegando que estaba «controlado en la sombra por la ultraderecha española más rancia y reaccionaria»[27]. Anglada lo negó, pero en los albores de PLVI y PxC se han constatado contactos con este ámbito ideológico[28], que continuaron. Sin embargo, veremos que ello no le impidió asumir un catalanismo autonomista.

Tabla 1.

Evolución del voto a la PxC (2003-‍2016)

Año Elecciones Votos (%) Representantes
2003 Locales 3.309 0.1 4
2003 Autonómicas 4.892 0.1
2007 Locales 12.447 0.4 17
2010 Autonómicas 75.134 2.4
2011 Locales 66.007 2.3 67
2011 Legislativas 59.949 1.7
2012 Autonómicas 60.107 1.6
2015 Locales 27.281 0.8 8[*]
2016 Legislativas[**] 724 0.02
[*]

El Ministerio del Interior (infoelectoral.interior.gob.es) le atribuye 9 ediles, pero al parecer fueron 8[29].

[**]

El partido solo se presentó en la provincia de Girona.

Fuente: elaboración propia.

III. LA EXPANSIÓN[Subir]

En los comicios locales de 2007 la formación concurrió en 39 municipios y sumó 17 ediles (0,4 %). Obtuvo 4 en Vic y El Vendrell, 2 en Cervera y Manlleu y entró en capitales comarcales como Manresa (73 140 habitantes), Olot (32 337) o Tàrrega (15 515). Concurrió a los autonómicos de 2010 sin obtener escaños, pero logró su mejor resultado histórico (2,4 %) e hizo una «penetración significativa en la región metropolitana de Barcelona, especialmente en áreas de […] claro predominio electoral […] socialista»[30].

En los comicios locales de 2011, la PxC alcanzó su máxima proyección al presentar 104 listas y obtener 67 ediles (2,3 %) y afianzó su presencia metropolitana con ediles en urbes como L’Hospitalet de Llobregat (256 065 habitantes), Santa Coloma de Gramenet (120 824), Sant Boi de Llobregat (82 860), Viladecans (64 737), Sant Adrià de Besòs (34 157), Sant Andreu de la Barca (27 094) o Santa Perpètua de Mogoda (25 331). También logró representación en Salt (30 389 habitantes) y capitales comarcales como Mataró (123 868), Tortosa (34 432), Amposta (21 445) o Ripoll (10 913). Fue la sexta fuerza catalana en votos con un promedio de apoyo a sus listas del 5,5 %[31]. Pero sus resultados declinaron en los comicios legislativos de noviembre de aquel año (1,7 %) y los autonómicos del siguiente (1,6 %). Entonces el partido perdió 15 027 votos, pese a que la participación subió el 9 % con relación a los de 2010. Cabe pensar, a título de hipótesis, que ello reflejó que el proceso secesionista que entonces emergía ya desplazó de la agenda política los temas plataformistas (inmigración y seguridad). Finalmente, PxC se hundió en los locales de 2015 (0,8 %) con solo ocho ediles repartidos entre El Vendrell, Salt, Amposta, Mataró y Sant Miquel de Fluvià (756 habitantes), lo que sentó las bases de su disolución en 2019.

Mapas 1, 2 y 3.

Expansión de PxC en ediles por comarca (2003‑2011)

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Fuente: gráficos de Aitor Hernández-Carr (‍2011a: 13 y 25).

Desde nuestra óptica, tres factores que examinamos a continuación marcaron la expansión del partido hasta 2011: el peso de la Cataluña interior, el cambio del escenario político y el mensaje que moduló.

1. Vic y el peso de la Cataluña interior[Subir]

El hecho de tener PxC el epicentro en Vic y su comarca, Osona, fue posiblemente decisivo. Vic era una urbe icónica del catalanismo conservador, con una «tradición política e ideológica de base local, pero de irradiación general». En el siglo xix tuvo gran peso porque podían distinguirse «dos Cataluñas» contrapuestas: la articulada en torno a Barcelona y el litoral y otra de la montaña o interior con capital en Vic[32]. En el tránsito del siglo xix y xx la urbe alumbró el «vigatanismo», movimiento católico que influyó en el catalanismo. La idea de su excepcionalidad perduró y en 1983 su alcalde nacionalista Ramon Montañà la definió como «capital de la Cataluña catalana»[33]. Y en 2007 Josep Maria Vilà d’Abadal, alcalde por Convergència i Unió (CiU), quiso recuperar el rol de Vic como «segunda capital» ante «el grisáceo uniforme de las ciudades absorbidas por el área metropolitana»[34]. Paradójicamente, esta capacidad de irradiar sus dinámicas a Cataluña que reclamaba Vilà d’Abadal la reflejó de nuevo PxC.

La formación surgió y arraigó allí por el crecimiento de su población africana desde los años ochenta, en especial de marroquíes de Nador[35]. En 1990 hubo oposición vecinal a la apertura de una mezquita (habría sido la primera protesta de este tipo en España)[36], así como quejas de competencia laboral de los magrebís[37]. Ello reflejó un contraste entre la realidad y su percepción social, pues en 1991 solo había 340 extranjeros (1,18 % de la población), de los cuales 263 eran africanos[38]. Estas actitudes no tuvieron traducción política, más allá de un grupo autodenominado Peña Antimoros, activo entre 1993 y 1995[39]. Pero en 1999 el edil Ramon Espadaler traslució la incomodidad que generaban los magrebíes al afirmar que «en Vic y en Manlleu, al paso que vamos, creo que si alguien alza la bandera de Jean-Marie Le Pen nos barrerá a todos»[40]. Al iniciarse este siglo la población extranjera de Vic creció y en 2004 era el 16,3 % o 17,8 % del total[41], siendo el 22 % en 2006[42]. PxC capitalizó el malestar que generó esta realidad.

El voto nacionalista catalán era mayoritario en la urbe (en los comicios de 2003 CiU y ERC sumaron 14 de sus 21 ediles) y, en general, sucedía otro tanto en la Cataluña interior. Juzgamos que ello influyó en el empleo normalizado del catalán en el discurso de PxC (hecho inédito en la ultraderecha) y comportó una deriva catalanista del partido. Así, en 2005 Anglada y Armengol votaron a favor del nuevo Estatuto de Autonomía en sus consistorios, lo que creó discrepancias. Pero el autonomismo plataformista presentó contradicciones notables, pues en mayo de 2010 Anglada suscribió con Heinz-Christian Strache, líder del Freiheitliche Partei Österreichs (FPÖ), un acuerdo que reivindicó «la capacidad de autodeterminación de los europeos autóctonos», sin explicitar su significado[43]. Y en julio sostuvo en Radio Intereconomía que «Cataluña […] es una región […]. España es la única nación. […] Y me he comprometido a estar al servicio de España si necesitan de nuestro movimiento»[44]. Anglada, pues, aludió indistintamente a autodeterminación, autonomismo y regionalismo.

No obstante, esta catalanización avanzó en el plano simbólico. PxC empleó la bandera española y la señera, a la par que recurrió al «cant de la senyera»[45]. Fijó como «día del partido» el del patrón de Cataluña, Sant Jordi, y en 2010 lo celebró visitando Montserrat y fotografiándose con el monumento del «timbaler del Bruch» en Santpedor[46]. También pidió mayor autonomía financiera para Cataluña[47]. Igualmente, afirmó inspirarse «en el catalanismo político que arranca con Valentí Almirall o en [Josep] Torras i Bages»[48]. PxC incluso hizo gestos susceptibles de interpretarse en clave pancatalanista al participar en 2008 en Prades de Conflent (la Cataluña francesa) en un homenaje que organizó Pierre Vial (eximpulsor de la Nouvelle Droite y promotor de la asociación Terre et Peuple) al conde Wifredo el Velloso (supuesto fundador de la nación catalana) por su lucha contra el islam[49]. Igualmente, en 2012 la formación abrió una sede en Perpiñán.

Anglada asumió también elementos del discurso catalanista mainstream y afirmó que «Cataluña y los catalanes tenemos un problema endémico con determinada prensa madrileña, que hace de la catalanofobia, el insulto, la tergiversación y la manipulación elementos constantes de su discurso periodístico»[50]. A ello unió distanciamientos puntuales del franquismo: en 2003 apoyó retirar la medalla que Vic concedió a Franco[51], mientras en 2007 criticó la actuación del alcalde afirmando que «no sé si nos encontramos en un ayuntamiento democrático, o en uno fascista o franquista»[52]. PxC adquirió así un perfil autonomista difuso.

2. Un sistema político en crisis[Subir]

Su irrupción plasmó también la crisis del sistema político catalán conformado durante la Transición. En ella confluyeron varios factores: el desgaste de los partidos tradicionales (visible en el aumento de la abstención y del voto nulo y en blanco) asociado a cambios generacionales en el censo, la crisis económica de 2008 y a las dinámicas que generó el Estatuto de Autonomía de 2006 desde su gestación hasta su impugnación en el Tribunal Constitucional. Estas últimas movilizaron tanto a antinacionalistas catalanes como a sectores nacionalistas catalanes que mutaron en independentistas. Tales cambios, unidos al impacto de las redes sociales, permitieron aflorar una oferta partidista nueva en Cataluña que aunó identidad (catalana, española o «autóctona») y protesta antielitista[53]. Así, en 2002 PxC se definió como «el proyecto del sentido común» y negó ser de derechas e izquierdas al querer encarnar «la plataforma de todos los ciudadanos que no se sienten representados por los partidos en temas tan importantes como la inmigración ilegal, la delincuencia, la degradación social […]»[54].

De este modo, en el ámbito municipal PxC creció al mismo tiempo que las Candidatures d’Unitat Popular (CUP), de dirección asamblearia, mientras en el autonómico emergieron Ciutadans (C’s) en 2006, pilotado por Albert Rivera, y Solidaritat Catalana per la Independència (SI) en 2010, liderada por Joan Laporta. Eran opciones de idearios distintos (cuando no antagónicos) pero que —por encima de sus diferencias— compartían el afán de impugnar el establishment y cuyos promotores eran emprendedores locales y políticos no profesionales. Sus marcas inclusivas («Plataforma», «Solidaritat», «Ciutadans» o «Candidatura d’Unitat Popular») evitaban la palabra «partido» para expresar agrupaciones transversales o movimientos cívicos, a la vez que criticaban al establishment y reclamaban una democracia más participativa. Desde este prisma, Cataluña actuó como laboratorio político estatal al anticipar en cierto modo a los «indignados» del 15 de mayo de 2011 (15-M). Lo apuntamos porque PxC y las CUP plasmaron un fenómeno entonces europeo: la eclosión simultánea de una derecha populista y una izquierda libertaria[55]. Tal dicotomía se reflejó en el escenario estatal más tarde con Podemos y Vox. Además, Anglada y PxC ya emplearon la expresión «casta» para aludir a las élites políticas tradicionales, anticipándose así a Pablo Iglesias. De hecho, Anglada apuntó la idea que Cataluña era un banco depruebas: «La casta política haconvertido a Cataluña en la avanzadilla de los experimentos sociales que pretenden luego aplicarse al resto de España»[56].

3. Modernización ideológica e importancia del rechazo al islam[Subir]

La producción ideológica de PxC se limitó a documentos programáticos y folletos, pero su mensaje marcó un hito en la evolución de la extrema derecha en Cataluña y España al expandir un discurso crítico con la inmigración marcado por la oposición al islam, hasta entonces propio de siglas marginales. Ello estaba vinculado al aumento de la presencia musulmana en Cataluña: se estimó que la inmigración musulmana era el 35,4 % de la total en 2006 y que entre el 3,8 % y el 4,9 % de población catalana era musulmana en 2007[57].

El decálogo programático plataformista preconizó «un mejor control» de la inmigración y asoció a la ilegal con «la delincuencia, el paro y el gasto social, […] conflictos lingüísticos, religiosos y culturales, así como bolsas de pobreza y marginación». Denunció a la globalización por «homogeneizar personas y países» y quedar la democracia «en manos de las multinacionales y el capital financiero transnacional». Exigió «el derecho de cada pueblo a elegir su modelo de sociedad» y someter «los organismos internacionales a las reglas democráticamente adoptadas por los países». Se desvinculó de la ultraderecha neoliberal al postular una «política de integración social y laboral para los sectores sociales más desprotegidos»[58]. Así, en su V Congreso (2011) difundió un Manifiesto por el giro social de PxC, que defendió «un sector público fuerte y saneado al servicio de la sociedad catalana», se opuso «a cualquier tipo de política liberal de privatizaciones» y denunció que la izquierda se había «posicionado en favor […] del gran capital transnacional y de la inmigración masiva», en detrimento de los intereses de los trabajadores[59].

El discurso antislámico devino su rasgo más destacado, visible en las declaraciones de Anglada: «El magrebí es el enemigo de Cataluña, de España y de Occidente»; «somos los únicos que decimos claro y catalán que los moros son un peligro para nuestra sociedad»; «[estos] nos vienen a invadir y a ocupar»[60]; «los 54 millones de musulmanes que actualmente viven en Europa constituyen el particular caballo de Troya del islam en el mundo Occidental»[61]. PxC rechazó «la instalación de inmigrantes musulmanes» al asociarla a «una clara amenaza para nuestra cultura», pues «la sharia (ley islámica), comporta elementos ideológicos de rechazo a los derechos humanos». Afirmó que fomentaría «la repatriación de la población islámica […] hasta niveles que el pueblo catalán considere tolerables [sic]». Y priorizó acoger a inmigrantes «comunitarios europeos» y de América Latina por «relaciones históricas», al haber aportado allí «nuestra cultura, tradiciones y principios morales cristianos»[62]. De hecho, Anglada se definió como «cristiano, católico y practicante» y confió en que «Dios nuestro señor me ayudará para tirar adelante este país»[63].

El partido presentó de modo implícito a la inmigración musulmana como la más disruptiva con el estilo de vida autóctono. En Vic PxC afirmó que no permitiría «edificios (que puedan salir en fotografías y postales) que sean representativos o emblemáticos de culturas extrañas a nosotros», lo que apuntaba a las mezquitas[64]. Asimismo, la ponencia sobre inmigración de su IV Congreso (2008) afirmaba que había «pueblos y barrios en los que nuestra lengua ha sido reemplazada […] y cualquier vestigio de cultura catalana ha desaparecido», manifestando que existía «un proceso de substitución de población»[65]. Este mensaje antislámico de PxC fue el elemento que más la homologó a la extrema derecha occidental del siglo xxi, ya que denunció al islam como una amenaza de los valores liberales de Occidente. Este ámbito político asumió entonces la defensa de los derechos de las mujeres o de los homosexuales y ello le permitió proyectarse como más liberal, a la vez que el antisemitismo que aún anidaba en él se disolvió por la defensa del Estado de Israel[66].

En 2010 Anglada publicó Sin mordazas y sin velos, cuya autoría fue cuestionada al tener poco que ver su contenido (denso y con citas abundantes) con el discurso y formación del líder plataformista[67]. La obra perseveró en la denuncia del islam como supuesta amenaza (aludió a «Catalunyarabia»[68]) y apuntó elementos que asumiría Vox y algunos sería visibles también en AC, como la denuncia de una casta política expoliadora de la ciudadanía para mantener redes clientelares y partidos, la necesidad de los padres de controlar la enseñanza de sus hijos, la oposición a acuerdos internacionales medioambientales que perjudicasen a los agricultores o la atribución de la inmigración masiva a la debilidad del Estado y «el progresismo preponderante»[69].

En suma, PxC marcó un aggiornamento de la extrema derecha al obviar el discurso neofranquista y anticatalanista y difundir un repertorio temático nuevo. A ello posiblemente contribuyó el influjo de sus aliados europeos.

4. Derecha radical, nacional-populismo y «populismo patrimonial»[Subir]

¿Cómo definir a PxC? Anglada la caracterizó como «populista identitaria» por creer en «pueblos diferenciados que tienen una esencia particular»[70], adscribiéndose al autoproclamado movimiento identitario. Este se inspira en la Nouvelle Droite y denuncia que el modelo occidental de civilización ha destruido Europa al crear una ideología dominante, el «globalismo», que homogeneiza las diferencias de comunidades, pueblos y culturas, imponiendo la única identidad del «materialismo y el consumismo individual»[71]. Pero más que la autopercepción de PxC nos interesa aquí su definición académica.

En este sentido, el partido encarnó una modernidad política clara en relación con la extrema derecha que remarcaron ya entonces trabajos sobre este[72]. La formación, como los partidos de extrema derecha europea del momento, recogió «consensos diversificados» al ofrecer «respuestas en términos de valores e identidad mucho más que de intereses»[73]. No formuló su mensaje en términos de clase o derecha e izquierda, sino de rechazo del islam, de seguridad, control de inmigración y antielitismo. De hecho, Cas Mudde considera a PxC «un producto del siglo xxi»[74]. Sería así un caso más de derecha radical caracterizada por el nativismo, «una combinación de nacionalismo y xenofobia», y cuya idea central «queda perfectamente resumida en el lema «Alemania para los alemanes, extranjeros fuera»». PxC se incluiría así en una «cuarta oleada» en la irrupción de estas formaciones iniciada en el 2000 y aún inacabada[75].

Igualmente, PxC encajaría con la definición de «nacional-populismo» de Pierre-André Taguieff. Su concepto alude a partidos que apelan a un «pueblo» que amalgaman con la nación y conciben homogéneo y dotado de «unidad e identidad permanente». Sus enemigos prioritarios no son tanto «los de arriba» o las élites (consideradas «el partido del extranjero» al favorecer el multiculturalismo o la inmigración) como «los de enfrente», los extranjeros. Este mensaje, señala Taguieff, alumbra un nuevo enemigo: «el extranjero-invasor»[76]. En este marco, Dominique Reynié define a los partidos como PxC como «populismo patrimonial». Ello sería así porque se erigen en defensores del patrimonio del pueblo al que invocan, no solo del material (el nivel de vida amenazado por la competencia laboral y en servicios públicos por la inmigración), sino también del inmaterial (el estilo de vida amenazado por el cambio del paisaje humano y urbano)[77]. Este último aspecto tiende a infravalorarse, pero fue relevante en el ascenso de PxC, como apuntó Xavier Tornafoch, exedil de Vic por Iniciativa per Catalunya-Verds (IC-V):

En torno a esta población [inmigrante] se produjeron problemas derivados de situaciones precarias que se manifestaban de muchas maneras: impagos en las escuelas, dificultades para atender a los hijos, sobreocupación de pisos… Pero también había un problema simbólico. La gente de Vic, o una parte muy significativa de ella, veía con desconfianza la llegada de inmigrantes porque transformaban el paisaje humano que conocía: mujeres con velo, personas de color, tiendas exóticas[78].

Concluye Tornafoch que Anglada quiso aprovechar políticamente los problemas reales y convertir los simbólicos también en reales[79]. Anglada capitalizó estas inquietudes y en 2003 propuso en Vic alertar a la Subdelegación del Gobierno de inmigrantes empadronados ilegalmente para su eventual expulsión, lo que mereció el rechazo unánime del consistorio. Sin embargo, en 2009 este decidió que los inmigrantes sin la documentación en regla que quisieran empadronarse tendrían tres meses para presentarla. Si no lo hacían, no se les empadronaría y se comunicaría su situación a la Policía. Finalmente, la medida fue desautorizada y el consistorio dio marcha atrás[80]. Lógicamente, el episodio benefició a Anglada. No obstante, la acción de PxC fue más allá de la inmigración, pues en 2011 Anglada afirmó que solo incidieron en ella 6 de sus 86 iniciativas en esa legislatura[81].

Abundando en tal óptica, en 2013 el antropólogo Aitor Hernández-Carr apuntó que PxC encajaría con el «populismo nostálgico» definido por los politólogos Hans-George Betz y Carol Johnson (‍2004). Su análisis, señaló, «se vincula especialmente al ámbito local» y contrapone problemas actuales, como los atribuidos a la inmigración, con «una visión nostálgica y elogiosa del pasado», marcada por «una supuesta falta de divisiones sociales y conflictos entre los vecinos». Así, «se subraya que […] la emigración a Catalunya de trabajadores de otras regiones de España apenas fue conflictiva», lo que se contrapone a la inmigración extranjera que comportaría «la pérdida de los vínculos de solidaridad […] entre los vecinos y al debilitamiento de su “identidad” colectiva»[82].

En síntesis, más allá del criterio o concepto empleado para definir a PxC (derecha radical, nacional-populismo o populismo patrimonial), esta fue de forma inequívoca un partido de extrema derecha homologable a fuerzas similares que progresaban en Europa.

IV. EL PARTIDO Y SU ELECTORADO[Subir]

Este apartado expone que la modernidad de PxC se reflejó también en el hiperliderazgo de Anglada, su electorado y sus aliados.

1. Un partido caudillista[Subir]

Anglada presidió del partido y desplegó un hiperliderazgo asociado a una gestión patrimonial de la organización: «Yo soy el padre de la criatura, si yo fracaso, fracasa todo», manifestó[83]. Acompañó su caudillaje con «un lenguaje soez» y «comportamientos estridentes»[84]. Su desempeño como líder estuvo salpicado de acusaciones de opacidad financiera, a la vez que se ha apuntado que su gestión del partido dificultó su proyección personal[85]. Armengol fue vicepresidente del partido y el secretario general varió, al chocar los titulares de este cargo con Anglada, hasta el punto de que tres de ellos dejaron el partido: Farrerons, Rafael Rabassa (ambos en 2003)[86] y Pablo Barranco (2010). Este último creó un partido, Vía Democrática (VD), con el que en 2011 devino edil de Sant Just Desvern (5,5 %, 16 253 habitantes). Y en los comicios europeos de 2014 Barranco integró la lista de Vox[87]. Asimismo, en 2007 Figuerola lideró una escisión por el «personalismo enfermizo» y el extremismo que atribuyó a Anglada, que originó el Partit per Catalunya (PxCat)[88].

PxC se expandió como una suerte de franquicia, pues quienes creaban una delegación local efectuaban un pago a Anglada, aunque no quedó claro el mecanismo: «A veces ellos ponen 2500 euros y después el partido apoya la campaña local, digamos que con 500 euros», señaló este, que subrayó que era «todo legal»[89]. La formación afirmó en 2009 contar con casi un millar de afiliados (un 30 % de mujeres)[90] y en 2011 Anglada dijo rondar los 1800[91]. Su organización juvenil fueron las Joventuts Identitàries per Catalunya (JIxC).

En cuanto a sus dirigentes y candidatos, PxC sumó a integrantes procedentes de la ultraderecha española, como Carlos Francisoud (vocal de la junta del partido y candidato por Badalona), Daniel Ordóñez (edil de l’Hospitalet) o Ignacio Mulleras (edil por Olot)[92]. De hecho, algunos de sus cuadros tuvieron nexos con el Casal Tramuntana, un centro de sociabilidad activo entre 2012 y 2015[93]. Su referente inicial fue CasaPound Italia (CPI), que desde 2003 impulsaba en Roma una «contrasociedad» de ultraderecha[94]. Pero el partido también sumó elementos de otros sectores, desde el PP i CiU al independentismo[95]. A la vez, sumó a seguidores sin militancia previa, como Moisès Font (edil por Olot). Estos podrían haber sido un colectivo significativo, pues Anglada apuntó que muchos militantes procedían de agrupaciones de independientes[96]. PxC reunió así a cuadros y seguidores políticamente diversos, pese a sus nexos ultraderechistas.

Internet fue clave para articular la formación. Su web suplió la falta de una estructura de partido consistente y las redes sociales le permitieron interactuar con sus seguidores. Asimismo, Anglada dio visibilidad a PxC por su presencia en medios estatales, siendo vistosa la del programa Salvados (7-‍3-2010). Incluso, apareció un remedo de Anglada y su partido en el film Catalunya über alles!, de Ramon Tèrmens (2010), que exploró los pánicos sociales de la Catalunya interior. A la vez, la formación tuvo proyección en medios comarcales y locales por su acción municipal, así como en medios digitales afines, como Minuto digital, Mediterráneo Digital o Alerta Digital.

La propaganda del partido recurrió a videos low cost, de cierta viralidad[97], y también a la desinformación, con dos episodios de eco amplio. Uno ocurrió antes de los comicios de 2007 en Vic, cuando difundió un texto de supuestos magrebíes que pedía no votar a PxC, pues les retiraría sus ayudas sociales[98], dando a entender la existencia de un eventual trato de favor al que la formación pondría fin. Igualmente, en los comicios de 2011 PxC adjuntó a su propaganda un cheque de 4000 euros, extendido aparentemente por la Generalitat a nombre de Mohamed Alcabir Amir[99], sugiriendo que la Administración subvencionaba a magrebíes.

2. Una expansión estatal fallida y una proyección europea relevante[Subir]

PxC quiso expandirse inicialmente con delegaciones autonómicas, constituyéndose la Plataforma por Madrid (PxM), la Plataforma por la Comunidad Valenciana (PxCV) y la Plataforma por Castilla-León (PxCL). PxC esbozó de este modo una organización estatal antagónica a la que Vox adoptaría: autonomista, con sede en Cataluña y flexible en el plano identitario al aludir de forma genérica a autóctonos. Pero su proyecto no cuajó, al parecer por el perfil catalanista de PxC y el control de la dirección. Según el líder de la PxM, César Román, «se nos planteó que el único […] presidente fuera Anglada y el resto de presidentes pasaran a ser delegados regionales, que todo tenía que estar visado por Cataluña […] y que el día del partido fuera […] San Jorge»[100]. Tras este fracaso, el citado IV Congreso (2008) de PxC modificó sus estatutos y esta renunció a actuar en el resto de España[101].

No obstante, en 2009 el partido habría intentado sin éxito tener proyección estatal asociándose a la Plataforma de las Clases Medias, que promovía el periodista Enrique de Diego (su editorial, Rambla, publicó el libro de Anglada)[102]. Ya en 2012 PxC promovió un partido hermano, la Plataforma por la Libertad, que mutó en Partido por la Libertad (PxL). Liderado por José M.ª Ruíz Puerta (procedente de la ultraderecha), en los comicios locales de 2015 solo logró ediles en Valdeavero (18,2 %, 1451 habitantes) y Alfoz de Lloredo (9,9 %, 2485).

El fracaso de PxC en el ámbito estatal contrastó con su proyección europea significativa cuando apenas era un modesto partido municipalista. Contribuyó a ella su responsable de relaciones internacionales, Enrique Ravello (igualmente procedente de la ultraderecha)[103]. Así, PxC moldeó su identificación identitaria al confluir con fuerzas europeas afines desde noviembre de 2007. Entonces acudió a una Convención Identitaria Europea y trató con el eurodiputado Mario Borghezio de la Lega Nord (LN) y la diputada del Vlaams Belang (VB) Hilde De Lobel. En abril de 2008 esta última visitó a Anglada con vistas a crear una candidatura identitaria europea[104]. En el mencionado IV Congreso de PxC celebrado aquel noviembre se aludió como referente a Jörg Haider (difunto líder del FPÖ) e intervinieron representantes de la LN y el VB, así como el citado Pierre Vial y un defensor de la identidad occitana del Bloc Identitaire. En febrero de 2009, Anglada se reunió en Barcelona con el líder del VB, Filip Dewinter, quien le invitó en abril a un evento de Bruselas con representantes de Alsace d’Abord, la LN y el partido pro-Köln[105]. Merece destacarse que esta formación de Colonia tuvo un origen como el de PxC, pues irrumpió en 2004 al oponerse a la apertura de una mezquita[106], y su trayectoria fue concomitante: fracasó al concurrir como Pro-NRWa loscomicios de su estado Renania del Norte-Westfalia y se disolvió en 2019. Estos partidos plasmaban opciones identitarias distintas, que iban desde el secesionismo (VB) al federalismo (LN) pasando por el regionalismo, siendo el discurso antislámico un rasgo compartido.

En este marco, el FPÖ y el VB fueron sólidos valedores de PxC. Strache, sucesor de Haider al frente del FPÖ, prologó el libro citado de Anglada. En los comicios autonómicos de 2010 este partido y el VB prestaron 200 000 euros a PxC para concurrir a los comicios autonómicos, que devino una deuda onerosa al no obtener escaños[107]. El apoyo del VB y el FPÖ a PxC continuó en los comicios autonómicos de 2012. Entonces, Anglada también buscó el soporte de Marine Le Pen y su FN, pero PxC —como hemos señalado— abrió en junio de ese año una delegación en Perpiñán que se planteó concurrir a sus comicios locales en 2014. Ello chocó con un FN jacobino, que desestimó allí una lista conjunta con PxC, pues la urbe era un feudo del lepenista Louis Aliot (entonces compañero sentimental de Le Pen)[108]. El episodio reflejó la dificultad de PxC de acercase de modo simultáneo a un partido defensor del Estado-nación (FN) y a los que cuestionaban fronteras estatales (VB, LN y el pangermánico FPÖ). Igualmente, ya en 2014 PxC imitó a la formación helena Amanecer Dorado, organizando colectas locales de alimentos para autóctonos y entregando como gratificación a sus donantes un bocadillo de jamón (comida prohibida para los musulmanes)[109].

3. El electorado[Subir]

Disponemos de sendos análisis que arrojan luz sobre los votantes plataformistas: uno estadístico de los comicios locales de 2003 y 2007 y otro cualitativo (basado en sesenta entrevistas) previo a los comicios autonómicos de 2010, cuando —recordemos— PxC logró su máximo apoyo e inició su penetración en el cinturón metropolitano barcelonés.

El trabajo estadístico mostró que los municipios con ediles de PxC tenían una «proporción relativamente elevada de inmigrantes». Asimismo, señaló que sus principales bolsas de voto habría sido abstencionistas y electores del PSC (no de la «postcomunista» IC-V), e indicó que la formación tenía una capacidad moderada de retener a sus votantes (entre el 10 y el 22 %)[110]. El análisis cualitativo corroboró estas aportaciones y añadió otros elementos de interés sobre los votantes. Apunto que estos habían roto «de forma rotunda» con partidos de izquierda por «la temática migratoria y la crisis económica»; eran antiindependentistas (con algunas excepciones), pero veían un «trato injusto» a Cataluña, sobre todo «en su aportación económica», y la inmigración motivó su voto a PxC por tres razones: «preocupaciones materiales (trabajo y ayudas públicas), un sentimiento de inseguridad vinculado tanto a la delincuencia como a un entorno físico que cambia a gran velocidad y el rechazo a la inmigración musulmana»[111]. Este último aspecto comprendía «un cambio acelerado de su entorno urbano» por una presencia «excesiva» de extranjeros de comportamiento público «inadecuado» y con «cambios en el tejido comercial». Ello era «fundamental» en su vínculo con PxC y el análisis destacaba la visión del islam como amenaza a su estilo de vida, tanto en conquistas sociales de Occidente (como la igualdad de género) como en la preeminenciayrol del catolicismo en la esfera pública. Señalaba que tal perfil remitía al votante «ninista» (ni de derecha ni de izquierda) proclive a la abstención que captó el lepenismo. El estudio también advertía que los entrevistados afirmaban que personas de su entorno no votaban a PxC, pese a compartir su mensaje por vincularla «con la extrema derecha franquista y ultra-españolista»[112].

Pese a los datos limitados, sugerimos que un sector significativo de este electorado que se sentía vulnerable ante la inmigración posiblemente podría identificarse con lo que en Francia se designa como petits Blancs. La expresión alude a una persona blanca pobre o de recursos escasos que «toma conciencia de su color en un contexto mestizo y se descubre tan miserable como las minorías consideradas, a priori, peor tratadas que él»[113].

V. EL PP ANTE PxC: ENDURECIMIENTO IDEOLÓGICO Y APROXIMACIÓN[Subir]

El plataformismo planteó problemas al PP para preservar su electorado. En este marco, Xavier García Albiol, líder de este partido en Badalona (tercera urbe catalana, 219 241 habitantes en 2011), afirmó haber sido consciente de que su formación podía perder apoyos en favor de PxC donde careciese de «discurso fuerte y consistente» sobre inmigración[114]. Apostó así por un mensaje centrado en la inmigración y el orden público[115]. En los comicios locales de 2007 difundió el video titulado Siete minutos, centrado en la inmigración ilegal y sus efectos (como inseguridad o «pisos patera») y se opuso a edificar una mezquita en suelo público en el barrio de Montigalà. En 2010 repartió folletos que vinculaban a los gitanos rumanos con delincuencia y aludió a ellos como «una plaga que solo ha venido a delinquir»[116]. En los comicios locales de 2011 su lema fue «Hablando claro» y en su spot prometió «mano dura» contra delincuentes y defraudadores en ayudas sociales y «los que no se adaptan», lo que —afirmó— «muchos lo piensan y yo lo digo». Y en los de 2015 asumió el lema «Limpiando Badalona». Tal apuesta se tradujo en un apoyo creciente en las urnas: 21,8 % en 2007, 33,4 % en 2011 (logró alzarse con la alcaldía) y 34,3 % en 2015. Este escenario plantea que ante el «angladismo», una extrema derecha de catalanismo difuso conformada en laCataluña interior, seconfiguró el «albiolismo»: un PP de fronteras políticas porosas con la anterior en cuanto al discurso se refiere, de perfil españolista y matriz metropolitana. Pero es difícil profundizar en el tema al carecer de estudios sobre la Badalona de García Albiol[117].

Su actuación como alcaldable no fue una excepción en el PP. Alicia Sánchez-Camacho recurrió al tema de la inmigración cuando en 2010 optó a la Presidencia de la Generalitat por el PP[118]. Entonces acusó a Pujol de fomentar «la inmigración de países musulmanes en lugar de la de países de origen hispano para no perjudicar su proyecto nacionalista»[119], pese a no tener competencias al respecto la Generalitat[120]. Asimismo, el alcaldable del PP de El Prat de Llobregat, Antonio Gallego, recurrió a este discurso desde los comicios locales de 2003 y tras los de 2015 dejó el partido (luego sería diputado autonómico de Vox)[121]. Igualmente, en los comicios de ese último año asumió este mensaje la alcaldable de l’Hospitalet, Sonia Esplugas[122].

En este escenario, Montserrat Nebrera, figura relevante del PP catalán, habría explorado una aproximación a Anglada. Nebrera inició su carrera en el partido como independiente y quiso crearse una base de apoyo propia. En 2007 organizó una cena con más de 400 asistentes en la que exaltó la defensa de la familia tradicional, y denunció a los partidos como «podridos», aludió a sus líderes como «caciques» y al Parlamento como «pantomima». Propuso una «pequeña revolución política» cambiando los partidos (financiación y listas cerradas), reduciendo la burocracia y haciendo auditorías externas a los gobernantes[123]. En 2008 pugnó con Sánchez-Camacho por liderar el PP catalán en las urnas y fracasó, aunque captó el 43,2 % del voto[124].

En julio de 2009 Nebrera cenó en su domicilio con Anglada y con colaboradores de ambos. Las versiones de los protagonistas del encuentro difieren. Según Anglada, hablaron de una lista conjunta que no fructificó porque sus interlocutores querían que la liderase Nebrera. Y esta afirmó que el ágape fue un intercambio de pareceres. En todo caso, tuvo transcendencia porque un nebrerista significado se unió a PxC, Joan Garriga. Otro miembro del PP de su entorno, Jorge Buxadé (futuro eurodiputado voxista), no se sumó, aunque tras las elecciones locales de 2007 había impartido una sesión formativa a ediles plataformistas. Finalmente, Nebrera lideró una candidatura fallida en los comicios autonómicos de 2010, Alternativa de Govern (2208 votos), que incorporó a un primo de Garriga, Ignacio Garriga (futuro líder de Vox) y a su futura esposa, Violeta Prat[125].

Desde nuestra óptica, este entorno nebrerista reflejó la existencia de un ámbito católico y conservador en la órbita del PP inquieto por la inmigración y dispuesto a sumarse a PxC o marcas nuevas (como el de Nebrera), que confluyó en Vox.

VI. CRISIS, FRAGMENTACIÓN Y DISOLUCIÓN DE PxC[Subir]

Volviendo a PxC, esta conoció una crisis el 8 de febrero de 2014, cuando su cúpula destituyó a Anglada por «deficiencias en la gestión» que no explicó. Robert Hernando, entonces secretario general, asumió el poder ejecutivo y Anglada inició una pugna con la dirección plataformista que acabó en los tribunales[126]. La crisis desconcertó a la militancia y electorado y dañó al partido, dada su institucionalización incipiente y el hiperliderazgo de Anglada. A la vez, la polarización política de Cataluña en torno a la secesión hizo que sus partidarios y adversarios buscasen los máximos apoyos, por lo que desaparecieron temporalmente del espacio público los discursos excluyentes sobre la inmigración, dado el papel decisivo que esta podía tener en las urnas[127]. Tal cambio dejó a PxC sin reclamos electorales. Entonces se sumó a los actos en defensa de la unidad de España, notablemente de la entidad Societat Civil Catalana (SCC). A la par, asumió como modelo el FN lepenista[128], cuyo jacobinismo parecía abrir una etapa distinta a la precedente de socios nacionalistas étnicos (VB, LN, FPÖ).

1. Crisis, implosión y disolución del plataformismo[Subir]

En este escenario se produjo una fragmentación del plataformismo. En 2014 Enrique Ravello y Ester Gallego abandonaron PxC para crear un partido independentista, Som Catalans (Som)[129]. Este tuvo nexos con la LN y el VB y adoptó como lema «por la identidad de Cataluña, por la independencia de nuestro pueblo. Ni colonización española ni invasión migratoria»[130]. Asimismo, Anglada promovió primero como partido la Plataforma Democrática per Catalunya (PDxC)[131], que luego dejó y concurrió a los comicios de Vic de 2015 con su marca inicial, PLVI, y devino edil (5,6 %).

En estos comicios PxC solo obtuvo ocho ediles en Cataluña y se eclipsó. En abril de 2016 formó con el PxL y la formación España 2000 la federación Respeto, nombre que procedía del lema «Respeto, que somos españoles», de España 2000. Este partido, creado en 2002 con sede en Valencia, siguió la vía de implantación municipal de PxC, pero con menos éxito y un ideario más cercano a la ultraderecha tradicional anticatalanista, cuyo análisis excede este trabajo[132]. En los comicios locales de 2007 logró dos ediles en su comunidad, uno en Silla (18 597 habitantes) y otro en Onda (24 140); en los de 2011 obtuvo cuatro: dos en Onda, uno en Silla y otro en Dos Aguas (565), sumando un quinto en Alcalá en Henares (203 686). En los de 2015 se hundió en Valencia (solo conservó un edil en Silla), pero retuvo el de Alcalá y penetró en el corredor de Madrid, logrando ediles en Los Santos de la Humosa (2389), Velilla de San Antonio (12 382) y San Fernando de Henares 40 188). El entonces líder de España 2000, Rafael Ripoll, presidió Respeto y fue vicepresidente Armengol (ahora presidente de PxC)[133] y se elaboró un programa común, Un futuro para España.

En esta etapa Barranco volvió a PxC como vicepresidente, Mónica Lora (edil de Mataró) fue su secretaria general y su secretario de organización fue Jordi de la Fuente (procedente de la ultraderecha)[134]. Ahora destacaron los contactos internacionales filogermanos de PxC, pues asistió a la constitución de Respeto una representante de la plataforma islamófoba Pegida, Tatjana Festerling, y en 2017 Barranco y De la Fuente asistieron a un acto del FPÖ y Alternative für Deutschland (AfD) en Baviera para que ambas fuerzas apoyasen actos de Respeto[135].

En tal escenario, la irrupción institucional de Vox en los comicios andaluces de diciembre de 2018 hizo que PxC le propusiera una coalición electoral, pero este partido solo aceptó la incorporación individual de plataformistas[136]. Así, el 16 de febrero de 2019 un congreso de PxC en Mataró acordó su disolución como partido y su conversión en fundación, a la par que su dirección animó a la militancia a sumarse a Vox, aunque dejó libertad de elección. Argumentó en un comunicado que «existen nuevas herramientas más adecuadas para defender y promover nuestras ideas de defensa de la unidad de España, la libertad, así como la identidad de nuestro pueblo frente a cuestiones como la inmigración ilegal»[137].

El plataformismo dejó un legado poliédrico. El grueso de su dirección se sumó a Vox, en cuyo seno destacó cuando su dirección disolvió el Comité Ejecutivo Provincial de Barcelona en noviembre de 2019. Entonces, Joan Garriga devino su presidente, Lora secretaria y De la Fuente vicesecretario de organización (en 2025 devino secretario general del sindicato Solidaridad que impulsa Vox)[138]. Por su parte, Anglada, crítico con Vox[139], impulsó la marca Front Nacional Identitari Català (FNIC), que en 2016 devino Som Identitaris (Somi). Perdió su acta de edil en Vic en 2019 por estar inhabilitado y no poder concurrir a los comicios de ese año (aunque logró un edil en Manlleu) y volvió al consistorio en los de 2023 con dos ediles (8,8 %). El plataformismo también tuvo una derivada independentista con Som Catalans y la presencia en 2013 de Moisès Font (edil de Olot hasta 2012) en la presentación del Front Nacional de Catalunya (FNC). Esta marca histórica independentista creada en 1940 fue refundada a partir de 1999 con un discurso de derecha radical[140].

2. De PxC a AC: un discurso antislámico compartido[Subir]

En los comicios locales de 2019 Vox se hizo con el espacio de la extrema derecha española en Cataluña (4,9 % y 121 ediles) y el FNC logró una edil en Ripoll, Sílvia Orriols, que devino la primera presencia institucional del separatismo de extrema derecha, hasta entonces insignificante[141].

En Ripoll PxC ya tuvo un edil entre 2011 y 2015. En 2019 la urbe estaba conmocionada al ser de allí los autores de los atentados islamistas en Barcelona del 17 de agosto de 2017 (17-A) y el imán que los radicalizó, Abdelbaki Es-Satty[142]. Ello facilitó que Orriols fuese concejal del FNC (9,4 %) en competencia con Som Catalans, que también concurrió en Ripoll (2,1 %). Así, el voto de extrema derecha separatista en Ripoll fue 11,5 %, con una abstención del 32,6 %. El año siguiente Orriols dejó el FNC al discrepar de su dirección en la manera de «afrontar la grave situación nacional y el problema de la inmigración»[143]. Y en los comicios locales de 2023 concurrió con éxito (30,7 %) con una marca nueva, Aliança Catalana (AC). Orriols ganó la alcaldía con 6 ediles de 17 y una abstención del 40,5 %. Ambos hechos reflejaron la desafección local ante los partidos institucionales. AC también logró ediles en Manlleu y Ribera d’Ondara (456 habitantes). A la par, el FNC tuvo dos ediles en Manresa (6,4 %) y la alcaldía de La Masó (297).

Orriols no es una política profesional. Nació en Vic en 1984 (donde se licenció en biblioteconomía), pasó de forma efímera por ERC, se unió al marginal y refundado Estat Català (EC) e integró su lista de los comicios europeos de 2004. Entonces también impulsó en la asociación separatista Els intransigents de Catalunya. Asimismo, participó en las grandes movilizaciones del proceso secesionista[144]. Así las cosas, AC replicó la dinámica de PxC y articuló un partido de ámbito catalán desde Ripoll. De hecho, esta urbe es otra capital comarcal relevante en la historia de Cataluña por su simbolismo: la iglesia de su monasterio románico acoge el sepulcro de Wifredo el Velloso. Orriols la reprodujo en un post el día previo a los comicios de 2023 con la leyenda «Aquí empezó todo y, desde aquí, lo conquistaremos todo»[145]. La alcaldesa ganó rápida proyección en un universo independentista fragmentado y, en parte, desencantado por el desenlace del proceso secesionista. Anunció su participación en los comicios catalanes de 2024 con un video centrado en la inmigración y la necesidad de controlar las fronteras con un Estado propio[146]. Orriols y AC obtuvieron un gran resultado: 118 302 votos (3,7 %) y dos escaños (quedó a menos de 10 000 votos de la CUP).

De este modo, Orriols ha hecho un camino asimétrico al de Anglada: este partió de la ultraderecha y hoy se define nacionalista catalán[147], mientras Orriols ha evolucionado desde un independentismo esencialista hacia un discurso antislámico. No sorprende así que Anglada afirmase que Orriols no decía nada que él «no hubiera empezado a decir en el año 2003», juzgándola una «política valiente» y manifestando que ambos harían «un buen tándem»[148]. Para Anglada, pues, el secesionismo de Orriols es un tema aparentemente menor ante la inmigración y el islam.

Esta irrupción de AC y Vox ha creado una asimetría político-territorial. Por una parte, ambas formaciones constituyen sendos «partidos de castigo» con relación al proceso secesionista. Vox representa a la derecha española más intransigente, descontenta con la actuación considerada «blanda» del Gobierno de Mariano Rajoy ante el independentismo catalán. A su vez, AC encarna otro tanto en sentido opuesto, en la medida que juzga que el mainstream independentista (Junts per Catalunya y ERC) han traicionado el mandato favorable a la secesión de las votaciones del 1 de octubre de 2017 (1-O). Al mismo tiempo se ha territorializado su implantación: AC se ha impuesto en la Cataluña interior al lograr sendos diputados en Girona (la propia Orriols) y Lleida, donde es respectivamente cuarta y quinta fuerza (9 % y 7,7 %) y ha superado a Vox (6,3 % y 6,2 %). Esta, a su vez, ha sobrepasado holgadamente a AC en Barcelona y Tarragona, siendo quinta fuerza en ambas provincias (7,9 % y 10,1 %) ante una AC ubicada en octava posición en ellas (2,8 % y 3,5 %). En este sentido, cabe pensar que la mencionada dualidad de angladismo y albiolismo ha dado paso a una extrema derecha dual, separatista (AC) y ultraespañola (Vox), cuyos discursos son concomitantes, pero con diferencias importantes. A diferencia de Vox, AC reconoce el cambio climático y apoya energías renovables; reconoce la violencia machistay acepta el matrimonio homosexual, elaborto y la eutanasia[149]. Más allá de estas diferencias, parece dibujarse cierta tendencia a la «plataformización» de ambos partidos, pues el mensaje de AC puede eventualmente ser más atractivo en lo que concierne a la inmigración que a la independencia (AC es el partido con menos votantes independentistas con relación a ERC, Junts y la CUP)[150], mientras Vox ha recuperado el lema angladista «primero los de casa» e incrementa las intervenciones en catalán de sus dirigentes al competir con AC[151].

VII. CONCLUSIONES[Subir]

Ateniéndonos a lo expuesto, destacamos los aspectos siguientes con relación a las tesis presentadas en la introducción.

En primer lugar, hemos documentado cómo PxC marcó una cesura clara con la extrema derecha precedente, ya que modernizó y homologó su discurso con el de la europea, especialmente con su mensaje antislámico. A la vez, la formación tejió una importante red de aliados europeos con partidos que hasta entonces no habían sido referentes primordiales del grueso de la extrema derecha española. Esta se había centrado desde los años sesenta en formaciones italianas y francesas (notablemente el FN lepenista), a los que en los años noventa se sumó un seguimiento minoritario de ámbitos nacional-bolcheviques rusos y de Alexander Duguin[152]. En cambio, PxC estableció vínculos con el FPÖ, el VB, la LN, AfD y Pegida. Asimismo, imitó el trabajo social de Amanecer Dorado y algunos de sus cuadros impulsaron el Casal Tramuntana inspirado en CPI. Ello supuso una renovación profunda y amplia de referentes internacionales de la ultraderecha española.

En segundo lugar, PxC encarnó una singularidad en la extrema derecha española al tener como eje central de su discurso el antagonismo entre foráneos y autóctonos. Con su autonomismo asumió una identidad dual capaz de atraer a catalanistas y españolistas en términos de votantes, seguidores y cuadros. Ello, a la vez, fue inusual en las formaciones europeas al presentar una identidad única[153].

En tercer lugar, debido al impacto del proceso secesionista combinado con el eclipse de PxC, el electorado que podía ser receptivo a su mensaje sobre la inmigración y el islam se bifurcó entre la oferta de Vox y la AC. Es difícil dilucidar si la experiencia plataformista influyó en Vox, pero en los comicios locales de 2019 uno de cada cuatro candidatos en Cataluña procedía de PxC[154]. Además, PxC se definió como «el partido del sentido común», como Vox. En cuanto al legado plataformista en el ámbito separatista, consideramos crucial la substitución del inmigrante peninsular como presunto «agente desnacionalizador» (el xarnego)[155] por el musulmán, pretendidamente retrógrado asociado a una «invasión». Tal discurso puede ampliar su electorado con votantes no independentistas que rechazan el islam y se sienten incómodos con Vox.

En cuarto lugar, PxC marcó la fase álgida de influencia de la extrema derecha catalana en el seno de la española, ya que tradicionalmente la hegemonía en este sector ideológico la habían tenido formaciones y mensajes de Madrid. De este modo, PxC configuró un partido construido «desde abajo» (los municipios) y por emprendedores locales, con sede en Vic, autonomista y capaz de expandirse en comunidades diversas dada su elasticidad identitaria. En este sentido, la federación Respeto plasmó una ultraderecha plural, horizontal y que asumía diferencias ideológicas territoriales. Vox ha revertido este diseño al conformar un partido construido «desde arriba», antiautonomista (su organización es provincial), con sede en Madrid y que no admite identidades duales. Desde este prisma, puede resumirse la propuesta de PxC (de la que Anglada y su entorno no fueron conscientes necesariamente) como un intento de «catalanizar» a la ultraderecha española dotándola de flexibilidad en el plano identitario. En cambio, esta última siempre ha insistido en «españolizar Cataluña», admitiendo solo una identidad española. Vox es su último ejemplo.

En quinto lugar, PxC configuró una fuerza municipal capaz de crear un partido autonómico, por lo que fue un referente que emular para España 2000 y un rosario de siglas menores[156]. AC ha seguido este camino con éxito, y como PxC también ha tenido su trampolín y baluarte en un eje transversal que une Lleida y Girona y cruza la Cataluña central, de modo que vuelve a emerger la dicotomía entre la Cataluña interior y la litoral y metropolitana. No obstante, el politólogo Mario Ríos ha señalado que este apoyo plasma la protesta de zonas en declive que el economista Andrés Rodríguez-Posse denomina «la venganza de los lugares que no importan»[157]. Así, para Ríos el voto a AC refleja tal tesis al darse «mayoritariamente en las comarcas menos pobladas de Cataluña y que […] pierden población o crecen […] de manera más lenta que el resto». AC avanza así «donde hay más municipios que han perdido más de un 10 % de población en los últimos veinte años» y «la renta familiar disponible, el PIB per cápita o el índice de desarrollo socioeconómico territorial son más bajos que la media catalana». Sus habitantes se sentirían en «desventaja cultural, nacional, económica o territorial» y olvidados por «los poderes políticos, económicos y mediáticos». Ello se traduciría en un «voto de rabia contra los inmigrantes, las élites o el Estado»[158].

En sexto lugar, destacamos que el discurso de PxC demostró que podía seducir a parte del electorado del PP, de sus seguidores y hasta sus miembros, como reflejó el nebrerismo. Ante esta amenaza, en el PP perfiló un discurso de derecha beligerante que incidió en temas del plataformismo, como reflejaron el albiolismo y sus epígonos del área metropolitana. Desde este prisma, PxC anticipó el dilema estratégico del PP ante Vox: endurecer su discurso o marcar distancias políticas.

En definitiva, esta aproximación a PxC demuestra que la experiencia política que encarnó no constituyó tanto una singularidad de la extrema derecha española en Cataluña como una encrucijada de este sector político entre el ámbito local, catalán y estatal. Y a modo de balance final planteamos la hipótesis de que PxC no es una sigla ajena al escenario político catalán actual, sino que se halla en su origen. Lo afirmamos en la medida que reflejó el inicio de un giro islamófobo de parte del electorado catalán que cortocircuitó el proceso secesionista al comportar la desaparición de la agenda política de los discursos excluyentes. Tras su eclipse hasta 2017, afloró de nuevo esta dinámica, pero ahora con más intensidad y bifurcada en dos partidos, Vox y AC. En este sentido, el voxismo y el aliancismo en Cataluña serían una suerte de fase superior del plataformismo al expresar la continuidad de una tendencia iniciada en 2003.

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