La participación de Pedro Esteve (1865-‍1925) en la prensa ácrata transnacional fue determinante para la consolidación de una red de editores y activismo, cuya producción constituye en la actualidad un archivo indispensable para la historiografía del anarquismo. Si bien este archivo resiste disperso y frágil, conserva un valor incalculable para comprender el anarquismo del cambio de siglo. A pesar de que Esteve fue un referente destacado por su labor editorial y organizativa en los periódicos ácratas más influyentes de su tiempo, no se había publicado un libro dedicado a esta figura clave del anarquismo transnacional desde el artículo fundamental de Joan Casanovas y Codina en 1991.

La trayectoria de Esteve abarca desde su juventud en Barcelona hasta su participación decisiva en la prensa ácrata de La Habana (La Alarma/Archivo Social), Tampa (L’Alba Sociale, El Esclavo), Nueva York (El Despertar, Cultura Obrera) y Paterson (La Questione Sociale), donde conoció a su compañera, la anarquista Maria Roda. En estas ciudades, Esteve entabló vínculos con círculos anarquistas españoles, italianos, franceses y estadounidenses, tejiendo redes de colaboración política y editorial que marcaron el movimiento.

Susana Sueiro Seoane ofrece una biografía relacional que inserta el legado de Esteve en un entramado de microhistorias de ateneos obreros, imprentas, periódicos, giras de propaganda, congresos y solidaridades transnacionales. Mediante el entrecruzamiento de biografías de intelectuales obreros y sus grupos, la historiadora reconstruye el movimiento anarquista en el que se inscribió Esteve, identificando las figuras clave que lo acompañaron y analizando las condiciones materiales y simbólicas que sustentaron la prensa y el movimiento. Lejos de escribir una biografía convencional, Sueiro Seoane opta por una recopilación enciclopédica. Esta resulta necesaria para reflejar la horizontalidad y subsanar la fragmentación documental del anarquismo, cuyo archivo sigue deteriorándose ante la falta de interés institucional.

Resulta significativa la aclaración de la académica, quien asegura que su investigación no nace de «una especial simpatía, pero tampoco antipatía [sino] una empatía fría o distante» (p. 26), delimitando con claridad su posicionamiento respecto al convencimiento de Esteve de la eficacia de tácticas violentas hacia la revolución: «A nosotros nos toca, pues, buscar los medios de aniquilar injusticia tanta. No podemos ni debemos esperar nuestra manumisión de nuestros verdugos, debemos conquistarla nosotros. Tenemos distintos medios para lograrla y debemos valernos de todos ellos. La creación de ateneos obreros […] la propaganda que se hace por medio de la imprenta […] ayudándola con nuestros escritos […] donativos para las publicaciones […] Preciso, pues, busquemos otros medios de contrarrestarles y este no nos ha de ser difícil a nosotros, que nada tenemos que perder» (Esteve citado en Sueiro Seoane: 121-‍122).

Sin embargo, uno de los méritos más evidentes de esta publicación es su narrativa cinematográfica e íntima, con numerosas referencias al físico de los protagonistas, rasgos de carácter y vida cotidiana. La escenificación de los vínculos personales, colaboraciones en prensa, seudónimos y correspondencia humaniza a los protagonistas y logra retratar una constelación de personajes que vivieron entregados a la prensa y la organización libertaria.

Sueiro Seoane nutre la narración con el contexto histórico e ideológico y sintetiza los complejos debates dentro del movimiento anarquista. La estructura de la monografía se apoya en fechas clave que marcaron la evolución del movimiento anarquista, aunque en ocasiones la figura de Esteve quede en segundo plano. Esta decisión argumental subraya cómo la prensa ácrata respondió a los acontecimientos políticos, así como a los debates ideológicos y de táctica revolucionaria. Esto es, la prensa no solo registraba la historia del movimiento, sino que contribuía activamente a construirla.

De hecho, uno de los ejes centrales de esta investigación es la prensa libertaria como herramienta pedagógica, de socialización política y de difusión de ideas revolucionarias. Sueiro Seoane muestra cómo numerosos periódicos —a pesar de ser efímeros, semiclandestinos, o de tirada modesta— se relevaban para cumplir una función central en la formación ideológica de los obreros, la articulación de redes de apoyo mutuo y la circulación de conocimientos no institucionalizados.

La investigación se basa en un riguroso, exhaustivo y minucioso examen de periódicos, libros y documentos personales y diplomáticos en archivos en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica. Se interpretan estas fuentes primarias con una bibliografía extensa de fuentes académicas en castellano, catalán, francés, italiano, e inglés. Para los estudiosos del anarquismo, las cuarenta y ocho páginas de notas, las cincuenta y dos de bibliografía, junto con un sólido índice de veintidós constituyen unas valiosas fuentes, especialmente por la inclusión de referencias poco conocidas o difícilmente accesibles.

Se agradecen especialmente las citas directas y retratos rescatados de numerosos artículos que devuelven voz e imagen a los protagonistas. Quizás el único reproche que cabe hacerle a la obra sea la escasa presencia directa de la voz de Esteve. El lector podría haber esperado una selección más amplia de sus textos o fragmentos de sus escritos, que permitieran apreciar su estilo y tono político con mayor precisión. Este vacío podría subsanarse en futuras publicaciones, por ejemplo con una antología crítica de sus escritos periodísticos o las editoriales de estos periódicos.

Cabe también esperar que esta monumental investigación se traduzca próximamente al inglés, favoreciendo así su difusión en el ámbito internacional. Además, una edición bilingüe o anotada de las fuentes citadas podría, además, contribuir a preservar un patrimonio textual hoy en riesgo de desaparición. Intuimos que la vida de Esteve dará lugar a nuevos trabajos académicos, dada la brevedad con que se resuelven los últimos veintitrés años de su vida en el epílogo. También quedan pendientes análisis sobre la producción cultural generada y generadora de este movimiento social en los periódicos auspiciados por Esteve.

El anarquista errante dialoga con enfoques recientes que conciben el anarquismo como una constelación dinámica de prácticas, redes impresas, espacios de sociabilidad y desplazamientos geográficos. La figura de Pedro Esteve aparece así como nodo articulador en la reconstrucción de estos circuitos. Migrante, tipográfo, organizador y editor, su trayectoria lo convierte en un referente clave. La autora se suma a una historiografía sensible a la dimensión material y cultural del activismo anarquista y aporta una contribución destacada al entendimiento del anarquismo como fenómeno transnacional. En definitiva, El anarquista errante constituye una lectura imprescindible tanto por su profundidad investigativa como por la reconstrucción histórica a partir de múltiples voces. Es, también, una reivindicación del trabajo archivístico, de la prensa ácrata como forma de militancia y conocimiento así como del valor historiográfico, de la figura de Pedro Esteve.