Ediciones Complutense Creative Commons BY

MISCELÁNEA

Vascos en la BBC: exilio, radio y propaganda (1941-1956)1

Leyre Arrieta

Universidad de Deusto
Facultad de Ciencias Sociales y Humanas
Universidad de Deusto-campus de San Sebastián  

https://dx.doi.org/10.5209/hics.94796

Recibido el 8 de abril de 2024 Aceptado el 7 de septiembre de 2024

ES Resumen. El objetivo de este artículo es explicar la participación vasca en la British Broadcasting Corporation (BBC) entre 1941 y 1956. En la investigación, en la que se han utilizado fuentes inéditas procedentes de cuatro archivos vascos, se ha llegado a la conclusión de que dicha colaboración radiofónica respondió a las estrategias propagandísticas tanto del Foreign Office como del Gobierno vasco. Los distintos contextos políticos internacionales determinaron el carácter de esa cooperación, de manera que se distinguen dos periodos distintos: los años de la Segunda Guerra Mundial, en los que la representación vasca estuvo personificada en el canónigo Alberto Onaindia, y los años comprendidos entre 1947 y 1956, en los que se radiaron breves emisiones en euskera dentro del Spanish Program. Este estudio viene a paliar un vacío en la literatura sobre la radiodifusión vasca y sobre los servicios externos de la BBC.

Palabras clave: exilio vasco, dictadura franquista, BBC, euskera, radio.

ENG Basques on the BBC: exile, radio and propaganda (1941-1956)

Abstract. The aim of this article is to explain the involvement of Basques exiles in the British Broadcasting Corporation (BBC) between 1941 and 1956. The research, which has used unpublished sources from four Basque archives, concludes that this radio collaboration responded to the propaganda strategies of both the Foreign Office and the Basque Government. The different international political contexts determined the nature of this cooperation, so that two distinct periods can be distinguished: the years of the Second World War, in which Basque representation was personified in the person of Canon Alberto Onaindia, and the years between 1947 and 1956, in which brief broadcasts were made in Basque as part of the Spanish Program. This study fills a gap in the literature on Basque broadcasting and on the BBC’s external services.

Keywords: Basque exile, Franco dictatorship, BBC, the Basque language, radio.

Sumario: 1. Introducción. 2. Fuentes y metodología. 3. Radio, propaganda y diplomacia. Los External Service de la BBC. 4. Relaciones del Reino Unido con la España franquista y el País Vasco. 5. Don Alberto Onaindia: El precursor que abrió el camino (1941-1955). 6. El euskera en las ondas de la BBC (1947-1956). 7. Conclusiones. 8. Referencias bibliográficas y fuentes.

Cómo citar: Arrieta, L. (2025). Vascos en la BBC: exilio, radio y propaganda (1941-1956). Historia y Comunicación Social 30(1), 151-160.

I. Introducción

La toma de la provincia de Bizkaia por el ejército de Francisco Franco en junio de 1937 provocó que el Gobierno autónomo vasco, presidido por el nacionalista José Antonio Aguirre, tuviera que abandonar el territorio vasco. En el exilio, los dirigentes vascos quisieron influir en los gobiernos democráticos europeos y buscaron alianzas con políticos, intelectuales y representantes eclesiásticos. Asimismo, diseñaron y desplegaron una estrategia propagandística con el objeto de, por un lado, influir sobre la opinión pública europea y mostrar al pueblo vasco como un pueblo pacífico y democrático; y, por otro, dar a conocer lo que la dictadura franquista estaba ocultando al mundo.

Para lograr dicho objetivo, se crearon grupos musicales y de danza, se produjeron varias películas y se editaron publicaciones periódicas (Arrieta, 2021). Desde muy pronto quisieron contar también con una radio y en diciembre de 1946 inauguraron Radio Euskadi, la radio clandestina vasca (Arrieta y Rodríguez Ranz, 1996; Arrieta, 2015). Asimismo, utilizaron las oportunidades que emisoras internacionales de prestigio les proporcionaron. Entre estas estaba la BBC (British Broadcasting Corporation). La participación vasca en esta emisora comenzó en 1941, en plena Segunda Guerra Mundial, con la colaboración del sacerdote Alberto Onaindia en la sección destinada a Latinoamérica. Estas emisiones eran exclusivamente en español. Sin embargo, en 1947 —coincidiendo con el inicio de la Guerra Fría— comenzaron a radiarse en la BBC, dentro del Spanish Program, breves programas en lenguas distintas al castellano: catalán, gallego y también euskera.

A pesar de lo llamativo y curioso que resulta que un grupo exiliado tan reducido como el vasco participara en la emisora británica y que lo hiciera, a partir de 1947, en una lengua minoritaria, estas experiencias no han sido objeto de estudio por los historiadores. Como veremos en el tercer apartado, en la bibliografía relativa a las emisiones exteriores de la BBC apenas hemos hallado referencias a esos programas destinados a España en lenguas distintas al español, y menos aún al vasco.

Por tanto, el objetivo del artículo es paliar ese desconocimiento, arrojando luz sobre la participación vasca en la BBC entre 1941 y 1956. Este estudio pretende ser una aportación al conocimiento de la historia del exilio vasco y de sus medios de propaganda, en un período crucial de la historia contemporánea de España, como es el franquismo. Su interés radica especialmente en que explora una serie prácticamente desconocida de emisiones radiofónicas, cubriendo así un vacío en la literatura sobre la radiodifusión vasca e incluso sobre los servicios externos de la BBC. Asimismo, nos ayudará a profundizar en el conocimiento de los contactos entre los gobiernos vasco y británico, así como las complejas relaciones entre la España franquista y Gran Bretaña. Además, gran parte de las fuentes primarias utilizadas son inéditas y originales. Por todo ello, creemos que este artículo ofrece información relevante y novedosa para la comunidad investigadora interesada en el exilio vasco y español y en la radiodifusión internacional.

Los resultados del estudio se presentan ordenados de la siguiente manera. En el segundo apartado explicaremos brevemente las fuentes y la metodología utilizada. En el tercero, con el fin de encuadrar nuestra aportación en un marco teórico, se presentará un estado de la cuestión sobre la radiodifusión como arma diplomática y de propaganda, centrándonos sobre todo en las publicaciones sobre los External Services de la BBC. En la ulterior sección se expondrán las relaciones entre el Gobierno vasco en el exilio y el Gobierno británico, y la política de este último respecto al régimen franquista. Los siguientes dos apartados son los relativos a las experiencias colaborativas de los vascos en la BBC, primero en la persona de Alberto Onaindia durante la Segunda Guerra Mundial y años posteriores, y, segundo, a través de las emisiones en euskera dentro del Spanish Programme del European Service. Las conclusiones del estudio, así como las vías de investigación que quedan abiertas, se expondrán en la última sección.

2. Fuentes y metodología

Nuestro estudio se ha sustentado básicamente en dos tipos de fuentes. Por un lado, se ha llevado a cabo una labor de consulta bibliográfica con dos objetivos principales: profundizar en la cuestión de la radiodifusión como arma diplomática y de propaganda —con el fin también de comprobar si el tema de los programas en euskera había sido previamente explorado—, y situar nuestra investigación en el contexto político internacional y en el marco de relaciones paradiplomáticas entre el Gobierno británico y el Gobierno vasco en el exilio.

Por otro lado, se ha consultado documentación inédita de cuatro importantes archivos vascos: el Archivo Histórico Vasco, el Archivo del Nacionalismo Vasco de la Fundación Sabino Arana, el archivo de Eusko Ikaskuntza (Sociedad de Estudios Vascos) y el Archivo del Instituto Labayru. En el primero se han examinado los fondos del Archivo Histórico del Gobierno Vasco y, en concreto, el rico fondo del Departamento de Presidencia; en el segundo archivo se han analizado los fondos Joseba Rezola y el fondo Euskadi Buru Batzar (EBB); en el tercero el fondo Manuel Irujo; y en el cuarto el fondo Alberto Onaindia. Se ha realizado un análisis crítico de estas fuentes, contrastándolas, situándolas y leyéndolas en función de los contextos de radiodifusión y propaganda y relaciones paradiplomáticas proporcionados por el análisis bibliográfico.

3. Radio, propaganda y diplomacia. Los External Services de la BBC

El uso deliberado de información con el objetivo de influir en la opinión pública ha sido denominado con el término propaganda y a menudo se ha dotado a este término de una acepción negativa por relacionarlo con el adoctrinamiento ideológico. Sin embargo, estudios recientes en historia de la comunicación, como los de Jowett y O’Donell (2012: 366) han tratado de librar al término de su connotación peyorativa.

Según Stephanie Seul y Nelson Ribeiro, en el caso de Gran Bretaña, a pesar de los debates controvertidos que existieron en el período de entreguerras sobre la naturaleza del concepto propaganda, entre 1939 y 1945 el término fue muy utilizado en el Gobierno británico y en la BBC para describir la política de información británica tanto internamente como en el extranjero. Y, de hecho, la BBC, y en concreto, sus servicios en lenguas extranjeras (BBC foreign-language services) fueron empleados por el Gobierno para fomentar sus intereses diplomáticos, estratégicos y económicos en tiempos de crecientes tensiones y conflictos internacionales (Seul y Ribeiro, 2015: 365-366). Los numerosos estudios sobre los BBC External Services han demostrado que su función fue muy importante en términos de lo que actualmente sería descrito como un esfuerzo diplomático público del Reino Unido (Webb, 2014: 7). Los programas de los External Services eran una ventana a través de la cual gran parte del resto del mundo veía al Reino Unido como agente diplomático en las relaciones internacionales.

El actualmente denominado BBC World Service (rebautizado así en 1965) es una emisora estatal. Se fundó a través de una subvención administrada por el Foreign Office (Gillespie, 2010: 2). Aunque logró mantener su fama de imparcialidad y proyectó al mundo una visión cosmopolita y plural, siempre estuvo limitada por las prioridades geopolíticas británicas (Seul y Ribeiro, 2015: 368), como veremos en el caso analizado.

Aunque la Corporación había iniciado su British Empire Service —servicio en inglés para los angloparlantes del Imperio británico— en 1932, las emisiones en lenguas extranjeras comenzaron en la BBC en 1938, con el nacimiento del Arabic Service. En marzo de 1938 se sumaron los servicios en español y portugués para Latinoamérica. Estas transmisiones dirigidas al otro lado del Atlántico tenían como objetivo contrarrestar la propaganda antibritánica difundida por las estaciones radiofónicas alemanas allá. En septiembre de 1938, con motivo de la crisis de Múnich, se añadieron emisiones en alemán, francés e italiano. Estos servicios dirigidos al extranjero fueron ampliados exponencialmente cuando estalló la Segunda Guerra Mundial. La amenaza de la guerra transformó la misión imperial de la BBC en inglés en una guerra contra el fascismo en otras lenguas. En noviembre de 1939 pasaron a denominarse BBC Overseas Service. En 1941 se le añadiría el BBC European Service. La BBC utilizó estos servicios para que los oyentes de otras naciones, tanto aliadas, como neutrales, enemigas u ocupadas por el enemigo, pudieran conocer la interpretación británica de los hechos. Para mediados de 1945, se radiaba en 45 idiomas y más de la mitad de los servicios en lenguas extranjeras estaban dirigidas a países europeos.

En sus emisiones en lenguas extranjeras, la BBC adoptó la estrategia de presentarse a sí misma como una fuente de información veraz y objetiva, en oposición a las transmisiones italianas y alemanas. De hecho, la finalidad era que la objetividad se convirtiera en “a propaganda weapon — a demonstration of the superiority of democracy over totalitarianism” (Curran y Seaton, 1985: 368-369).

Nelson Ribeiro y Gloria García González han demostrado que el Gobierno británico consideraba las transmisiones en portugués y español de la BBC estratégicamente muy importantes debido a la naturaleza autoritaria de los gobiernos de Salazar en Portugal y de Franco en España, y por los continuos intentos de las radios alemanas e italianas por influir en la opinión pública de la Península Ibérica. Ribeiro ha explicado que, durante la Segunda Guerra Mundial, en el caso de Portugal, la BBC fue usada “as a weapon of soft diplomacy” y que los programas en portugués de la emisora británica nunca constituyeron una amenaza para el régimen de Salazar (Ribeiro, 2015). En el caso de España, el objetivo era mantener su neutralidad en la guerra y, si era posible, acercarla a la causa aliada (García González, 2003). Por tanto, durante el conflicto, el Servicio en lenguas extranjeras de la BBC estuvo supeditado a las directrices del Gobierno británico.

La paz trajo nuevos condicionantes y necesidades. Sin embargo, no restó para nada la continuidad de los Servicios Externos de la BBC como instrumento al servicio de los intereses británicos en el extranjero. Su importancia diplomática era evidente. De ahí que el Gobierno británico siguiera estableciendo las directrices respecto a los servicios externos de la BBC. Ello provocó constantes tensiones y la necesidad, por parte de la emisora, de encontrar un equilibrio entre responder a los intereses gubernamentales y la independencia editorial. En 1947 los European Services y los External Services se unieron en una estructura unificada. Se decidió que la BBC tendría que obtener del gobierno información sobre sus políticas para poder planificar los programas en función de los intereses del país. Mientras, la independencia editorial permanecía como un principio básico de la corporación. Gillispie y Webb han afirmado que esa aparente contradicción “is designed to ensure that genuine journalistic freedoms are exercised within a specified strategic and ideological framework” (Gillespie y Webb, 2013: 6).

El staff de los servicios externos estaba conformado por una amplia y diversa gama de migrantes, procedentes preferentemente de los niveles educativos superiores de sus países, y cuyas competencias lingüísticas y capital cultural era muy altas. Gillispie y Nieto McAvoy afirman que estos intelectuales multilingües contribuyeron a forjar la ética cosmopolita del Servicio y que actuaron como mediadores culturales, políticos e identitarios entre el Reino Unido y sus países de procedencia (Gillespie y Nieto, 2017: 181). No obstante, la mayoría estaba relegada a los más bajos niveles de jerarquía profesional interna de la BBC, menos pagados que sus pares británicos y tenían menos oportunidades de promoción. Además, eran monitorizados de cerca. Los switch censors podían interrumpir cualquier emisor/locutor que se saliera del guion (Gillespie, 2010: 5).

Llama la atención que, salvo los de Gloria García (2003, 2015), los trabajos sobre los External Services de la BBC ni siquiera mencionan las emisiones en otras lenguas del estado español distintas al castellano. Según el historiador Afonso Vázquez-Monxardín (2022: 24), la falta de referencias directas puede explicarse por el hecho de que no tenían entidad administrativa propia; es decir, no se consideraban programas independientes, sino secciones dentro del Spanish Progamme.

En España se ha investigado sobre los programas en catalán (Garcia-Ripoll y Niqui, 2007) y sobre todo en gallego (Del Toro, 1994; Vázquez-Monxardín, 1997, 2022). En el caso vasco, al margen de alguna mención en un libro de Luis Monferrer sobre los exiliados españoles en Londres (Monferrer Catalán, 2007) y algunos trabajos sobre la figura de Alberto Onaindia como periodista (Cal Martínez, 2012; Goiogana, 2016; Ordozgoiti, 2019) no hemos hallado más que breves referencias al Basque Program (Díaz Noci, 2012: 188-189; Tusell, Alted y Mateos, 1990; De Castro Ruano y Ugalde, 2004).

4. Relaciones del Reino Unido con la España franquista y el Gobierno Vasco

Cuando, debido al avance de las tropas franquistas, muchos vascos abandonaron el territorio vasco, la mayoría se estableció en Francia; algunos marcharon a Gran Bretaña y otros países europeos, y otros cruzaron el Atlántico, donde ya existían importantes comunidades vascas. Para tratar de mantener conectados a esos vascos diseminados por el mundo, el Gobierno vasco creó una red de delegaciones tanto en Europa como en América (Álvarez Gila y Sanz Goiokoetxea, 2010). Desde estas sedes, los dirigentes vascos buscaron influir en gobiernos europeos. Según los profesores José Luis De Castro y Alexander Ugalde (2004: 53), de 1936 a 1939 “el País Vasco participó, pese a las limitaciones, en la vida internacional de aquellos años como un actor más y materializó una proyección internacional sin precedentes en su historia contemporánea”.

La delegación vasca en Londres se estableció entre finales de 1936 y comienzos de 1937. Fueron delegados del mismo José Ignacio Lizaso y Ángel Gondra. Entre los objetivos del Gobierno vasco estaba el mantener una relación permanente con el Gobierno británico y, si hubiera predisposición, llegar a una mayor cooperación. Durante la Segunda Guerra Mundial, los representantes vascos en EE UU. iniciaron contactos con los servicios británicos a través del Centro Británico de Coordinación de Seguridad (BSC). El creador de este organismo, William Samuel Stephenson, un excombatiente canadiense, cuyo nombre en clave era Intrepid, requirió a los vascos como suministradores de información. El lehendakari Aguirre puso a disposición del Foreign Office el Servicio Vasco de Información y ofreció las estructuras del Gobierno vasco en Latinoamérica para labores propagandísticas. En diciembre de 1941, los británicos solicitaron al presidente vasco una colaboración especial: la grabación de un mensaje suyo en inglés, castellano y euskera para que fuera emitido por la BBC en caso de que Franco entrara en guerra (Jiménez de Aberásturi y Moreno Izquierdo, 2009: 445-513).

Pese a esta colaboración, las relaciones entre los delegados vascos y el Foreign Office nunca llegaron a ser fluidas. El Gobierno británico, si bien no veía con buenos ojos el régimen franquista, prefirió no entrometerse en lo que consideraba cuestiones internas de otros países. De hecho, dio garantías al Gobierno español de mantenerse distanciado del Gobierno vasco. De Castro y Ugalde (2004: 64) explican que, según el informe español de la entrevista entre Franco y el embajador Samuel Hoare el 19 de octubre de 1942, el británico aseguró que era propósito de Gran Bretaña “no inmiscuirse en los asuntos interiores de España”. Hoare también se refirió al presidente Aguirre diciendo que “el Gobierno británico ni apoyaba ni le interesaba en absoluto dicha persona”. El objetivo era, obviamente, que España mantuviera su neutralidad en la guerra. Es en este contexto en el que se debe enmarcar la colaboración de Alberto Onaindia.

5. Don Alberto Onaindia: El precursor que abrió camino (1941-1955)

Alberto Onaindia era uno de los vascos nacionalistas que residía en Reino Unido. Era un sacerdote, canónigo de la catedral de Valladolid, que durante la República española (1931-1936) había colaborado en la prensa nacionalista y entablado estrecha amistad con dirigentes del PNV, especialmente con Aguirre. En 1940, ante la invasión nazi de Francia, Onaindia marchó al Reino Unido. Para cuando llegó allí, Manuel Irujo —antiguo ministro de la República española— y José Ignacio Lizaso —delegado del Gobierno vasco en Londres— ya tenían relación directa con el Ministerio de Información británico (MOI), con el que venían colaborando desde hacía tiempo. Su contacto había sido Kennet G. Grubb, responsable de la Sección Latinoamericana del MOI, un laico anglicano con numerosos años de experiencia en Sudamérica. Grubb había visitado al presidente Aguirre en París poco tiempo antes de la ofensiva alemana para recabar colaboración en la tarea propagandística aliada en Latinoamérica. En el marco de la estrategia de contrapropaganda alemana e italiana en aquel continente, se buscaba la colaboración vasca para influir en los católicos conservadores sudamericanos, y Aguirre le habló de Onaindia como la persona idónea para esta labor (Goiogana, 2016: 22).

Así empezó el sacerdote vasco a escribir regularmente para el MOI. Las copias de las dos primeras colaboraciones preservadas en el Archivo Onaindia, El colapso de Francia y La última batalla, no llevan ni firma ni fecha, pero deben ser de agosto de 1940, aproximadamente al mes de su llegada a tierras inglesas (Instituto Labayru, Fondo Onaindia [en lo sucesivo IL, FO], 35-1; 35-2; 37-3; 38-2 y 40-1). Esta colaboración con el MOI se prolongó inninterrumpidamente hasta julio de 1948, contabilizándose en esos ocho años de actividad 420 artículos, una media de una colaboración semanal.

En mayo de 1941, animado por Luis Portillo, un exiliado español que había colaborado durante la guerra con Manuel Irujo en el Ministerio de Justicia español, Onaindia escribió a Ángel Ara, jefe del Servicio Latinoamericano de la BBC, ofreciéndole sus servicios. En principio, la respuesta no fue favorable, pero sí aceptaron la alocución radiada que se les propuso con motivo de la festividad de San Ignacio (IL, FO, 31-6, 10-V-1941). Y esta primera colaboración radiofónica se amplió con dos nuevas series de alocuciones, una en noviembre de 1941 y otra en agosto de 1942, ambas dirigidas al público de Latinoamérica. La serie iniciada en noviembre de 1941, que se prolongó hasta junio de 1944, estaba formada por comentarios que se radiaban desde los estudios londinenses de la BBC y las firmaba como Otrebla —su nombre de pila, Alberto, escrito al revés—. Por otra parte, la serie iniciada en agosto de 1942, y que se continuó radiando hasta el final de la guerra en el Pacífico en agosto de 1945, estaba formada por comentarios que se registraban en discos en Londres y que eran enviados a emisoras suramericanas que las programaban según sus necesidades y conveniencia (IL, FO 39-1 y 39-2).

Por tanto, el 31 de julio de 1941, se inició una colaboración que se extendió hasta junio de 1955. El sacerdote comenzó participando en el programa dirigido a Latinoamérica. El seudónimo elegido por Onaindia fue James Masterton. Otros sobrenombres que también utilizó, aunque en menor medida, fueron Father Brown y padre Zuloaga. El uso de seudónimos no era anecdótico, porque tanto el Foreing Office como el embajador español Jacobo Fitz-James Stuart, duque de Alba, controlaban la plantilla de speakers para evitar que se vertieran opiniones contra Franco. Aquellos con un pasado político controvertido en la Guerra Civil española quedaban excluidos. De hecho, como ha explicado Gloria García (2003: 250), el Spanish Service “en ningún momento se había planteado desde Londres como un apoyo mediático a la causa republicana vencida en la Guerra Civil”.

Respecto al contenido de sus colaboraciones, en los años de la Segunda Guerra Mundial, en la mayor parte de los textos se criticaba el nazismo mientras se dedicaban loas a la democracia británica. En los años posteriores a la guerra, sobresalen los contenidos de tipo religioso. En muchísimas ocasiones las alocuciones de Onaindia versaban sobre la situación de los católicos en Gran Bretaña. Asimismo, abundan los textos en lo que se subrayan las virtudes británicas en educación y servicios sociales. Encontramos también charlas relativas a la Democracia Cristiana europea. Aun así, a pesar de la temática y del estilo cuidado, las palabras de James Masterton molestaban demasiado al Gobierno de Franco.

Las reacciones negativas a los comentarios de Onaindia llegaron muy pronto. El 25 de septiembre de 1941, La Gaceta del Norte de Bilbao publicó una crítica de una emisión cargando las tintas sobre el supuesto filocomunismo del comentario del “padre Zuluaga” (“¡Bueno está el R.P. Zuluaga!”, La Gaceta del Norte, 25-IX-1941). Onaindia comunicó a Aguirre que los nazis se habían metido “contra mi seudónimo insultándome groseramente”, pero interpretó las críticas como señal de éxito (IL, FO, 31-5, 25-X-1941).

Hubo oyentes que creyeron que James Masterton era un sacerdote católico inglés y a quienes sorprendieron ‘los puntos de vista de izquierda’ [‘his Leftist views’] de sus comentarios (“Priest Used Misleading Pseudonym in his Broadcast to Spain”, by Halliday Sutherland, Catholic Herald (London), 10-I-1947). La BBC respondió que se trataba de un seudónimo cuyo nombre real no se revelaba por razones ajenas a la BBC (IL, FO, 33-1).

Pero no sólo recibió críticas; al contrario. Las charlas de James Masterton fueron muy exitosas. Desde España se enviaban informes de escucha a la BBC, que a veces eran remitidas al propio Onaindia. Otras veces este recibía las cartas de sus lectores directamente. En su opinión, la principal razón de la popularidad de sus escritos radicaba en su contenido, porque en el fondo se hablaba de valores éticos. La BBC calculó su audiencia en unos cuatro millones de oyentes. Luis Monferrer aporta el dato de que, en octubre de 1945, en la BBC se afirmaba que Onaindia “parecía entender mejor que otros comentaristas al segmento moderado de la audiencia” (Monferrer, 2007: 420).

Tras el viaje que hizo entre marzo y abril de 1947 a España, J. A. Stordy, segundo jefe de la sección española de la BBC, escribió un informe confidencial dirigido al Foreign Office, en el que decía que: “James Masterton who reflects a progressive Catholic view is listened to eveywhere. He is still our ‘star turn’”. Asimismo, añadía: “I have already said that our most popular broadcaster —and he is truly popular— is James Masterton” (IL, FO, 33-1, V-19947).

Los dirigentes del PNV vieron con muy buenos ojos la participación de Onaindia en la BBC. Juan Ajuriaguerra, principal líder del partido en el interior, le comentó que sus charlas se seguían con gran interés y causaban mucha impresión tanto en las derechas como en las izquierdas:

en las derechas porque llega a ellas el sentir de las jerarquías del Mundo libre, en las izquierdas porque es la muestra a la Iglesia a la que odian como cómplice de todo lo que para ellos es odioso, pues sólo en la faceta de la española conocen a la Iglesia, en aspectos para ellos insospechados (IL-FO, 41-3, 13-VI-1946).

Ajuriaguerra y otros solicitaron a Onaindia sus textos para poder reproducirlos en multicopista y utilizarlos en la prensa del exilio. Manuel Irujo también calificó las charlas de “magníficas” (IL, FO, 41-3, 16-V-1946). Ahora bien, hubo compañeros nacionalistas que consideraron que, ante la fría actitud del Gobierno británico respecto a la causa de la República y la postura a menudo distante para con los vascos, era conveniente abandonar la emisora. El sacerdote consideraba, por el contrario, que debía continuar con la labor tendente a preparar el futuro de la Iglesia en España (IL, FO, 41-3, 16-V-1946). Onaindia no negaba que el Gobierno británico mirase con recelo a la República española. Opinaba que en el Reino Unido el asunto español estaba “fuertemente influenciado por el factor ruso”. “Temen —decía— que un Gobierno Republicano se encontrase con la masa enfurecida y bárbara”. Pero, creía que, ante ello, lejos de alejarse, los nacionalistas vascos debían “casar la libertad y la justicia social con nuestra apreciación de las ideas del mundo anglo-sajón, aunque en un momento particular sus ejecutores no sean lógicos” (IL, FO, 41-3, 16-IV-1946).

Cuando los representantes franquistas presionaban al Foreing Office, este optaba por silenciar a James Masterton durante un tiempo. Así sucedió por ejemplo en mayo de 1949. Stordy, en una carta casi enteramente redactada en inglés, comunicó a Onaindia, en la única frase escrita en español, que “los jefazos —yo no tengo nada que ver con el asunto— creen que sería conveniente darle a usted un descanso de entre dos o tres meses” (IL, FO, 33-3, 20-V-1949).

En cualquier caso, con la Guerra Fría al rojo vivo y Onaindia controlado y mirado con lupa por el Gobierno franquista, el Foreign Office consideró cada vez más arriesgada la participación del sacerdote vasco. En 1955 Onaindia dejó de recibir cartas de sus oyentes. Acudió a su amigo, el político laborista Davies, exviceministro de Asuntos Exteriores del gobierno Atlee, quien descubrió que la BBC sí que recibía esas cartas, pero ahora no se las remitían a Onaindia porque “no les interesa a los ingleses demasiado molestar a Franco”. Davies le aconsejó que cesara su colaboración antes de que rescindieran su contrato y así lo hizo el canónigo (Onaindia, 1980, I: 61).

El éxito de las charlas de James Masterton había cruzado fronteras y despertado el interés de otras emisoras. A partir de finales de 1946, Onaindia había comenzado a colaborar en Office de Radiodiffusion Française (RDF), popularmente conocida como Radio París (Cal Martínez, 2012: 206-207; Ordozgoiti, 2019;). Al parecer, en esta emisora halló más libertad que en la BBC (Onaindia, 1980, I: 16). Esta colaboración se mantuvo hasta octubre de 1957.

6. El euskera en las ondas de la BBC (1947-1956)

Tras el final del conflicto, el Gobierno británico siguió manteniendo la política de no injerencia en otros países. Entonces, ¿cómo se explica que la BBC permitiera la emisión de programas en otras lenguas distintas al español, con el riesgo de que ello pudiera entenderse como una provocación a España?

Por un lado, se ha de tener en cuenta que en julio de 1945 los laboristas ganaron las elecciones y Clement Attle se convirtió en primer ministro. Las reuniones e intercambios de información entre los vascos de la delegación y el Gobierno laborista se hicieron de forma regular. Lizaso y Gondra se entrevistaban periódicamente, por ejemplo, con los laboristas Noel Baker (Subsecretario de Estado) o Ernest Davies (Subsecretario parlamentario del Foreign Office en los Comunes). En esas reuniones los vascos proporcionaban información sobre los movimientos de los políticos exiliados y la situación política interna de España a sus interlocutores y estos prometían tratar de influir en el Foreign Office.

Por otro lado, en julio de 1946 el Mayor General Sir Ian Jacob fue nombrado director de los servicios europeos de la BBC. Jacob opinaba que la BBC tenía que poner a gran variedad de gente ante sus micrófonos, y así “tries to show to its listeners the different currents of thought, the full and democratic flow of ideas, and the diverse opinions, that go make up the voice of the British people” (Webb, 2014: 30). Consideraba que el Gobierno quería que el Servicio Europeo tuviera “real impact on European opinion” (Johnston y Roberston, 2019: 166). Pretendían influir en la opinión pública europea y, por sus intereses económicos y comerciales, era importante cultivar las relaciones con Cataluña y el País Vasco (Garcia-Ripoll y Niqui, 2007: 87).

Ahora bien, estas emisiones debían ser de carácter cultural y estarían muy controladas para que no se emitiera nada que pudiera interferir en las relaciones con Franco. En 1946, William Haley, Director General de la BBC, afirmó algo decisivo en nuestro caso de estudio: “it is not a function of the BBC`s external services to interfere in the domestic affairs of any other nation. The services do not exist to throw out Govermments or to change regimes” (Webb, 2014: 18).

Según el periodista catalán Josep Manyé, alias Jorge Marín, uno de los principales colaboradores de la emisora británica (Sintes-Olivella y Colomines i Companys, 2019), fue él quien propuso a los responsables de los programas en español de la BBC la emisión de programas en otras lenguas del Estado español. Su idea era utilizar el catalán, pero consideró que “si hacíamos una cosa solo para Cataluña, muchos españoles se nos habrían echado encima. Entonces pensé en hacer unas emisiones para Catalunya, Euskadi y Galicia. Las tres partes de España con idioma propio”. La BBC aceptó porque, según el propio Manyé,

vieron que los americanos estaban relacionándose con España y que Cataluña era un factor muy importante dentro de la historia de España, no solo intelectualmente, sino comercialmente, en el sentido de que era un buen cliente de Inglaterra. Se tenían que cultivar Cataluña y Euskadi (Garcia-Ripoll y Niqui, 2007: 87).

Lo cierto es que la BBC controlaba y concedía muchísima importancia a las audiencias (Gillespie y Nieto, 2017: 193) y sabía que en Cataluña había bastante gente que escuchaba la emisora, pero que en el conjunto de España el número de oyentes había descendido desde el final de la segunda guerra mundial.

El 17 de marzo de 1947, José Ignacio Lizaso, a la sazón delegado del Gobierno vasco en Londres, se entrevistó con Harold Hobson, director de noticias del servicio europeo de la BBC, y con el anteriormente citado J. A. Stordy (Eusko Ikaskuntza, Fondo Irujo [en lo sucesivo, EI, FI], 34, J-198, 17-III-1947). A partir de entonces, Stordy fue el principal contacto de la emisora con los hombres de la delegación vasca de Londres. De las reuniones con él obtenían información sobre la opinión de los británicos respecto a la situación española, que recogían en notas que se enviaban a la dirección del PNV y al Gobierno vasco. A su vez, los vascos aportaban información sobre la situación interna de la España franquista y sobre los movimientos de los exiliados españoles.

Así, en abril de 1947, dentro de los programas dirigidos a España comenzaron a destinar un pequeño hueco para otras lenguas del Estado español. La primera emisión fue el 7 de abril en catalán. El 14 de abril fue el programa en gallego, el 21 de nuevo en catalán y el 28, finalmente, en euskera. Desde ese momento, los Spanish Programmes de los lunes duraban 60 minutos: los 45 primeros eran en español y los últimos 15 minutos eran para la nueva sección, en la que se iban alternando los dedicados a cada una de las tres culturas y lenguas (dos al mes en catalán, una en gallego y otra en euskera).

Obviamente, las primeras reacciones contrarias a las emisiones en lenguas gallega, catalana y vasca provinieron del propio gobierno franquista y no tardaron en llegar. Según un informe hallado en el Archivo del Nacionalismo Vasco, las emisiones produjeron fuertes críticas en los medios españoles (Archivo del Nacionalismo, Fondo Rezola [en lo sucesivo AN, FR], 134-11, 30-VI-1947). Sin embargo, las reticencias no procedieron únicamente de las filas franquistas. El escritor liberal y ex ministro de la República Salvador de Madariaga fue una de las personas que mostró su desacuerdo. Madariaga, quien llevaba años trabajando para el Servicio Latinoamericano de la BBC, temía que se hiciera una lectura política de dichas emisiones, al margen del contenido del programa. Trató el tema con el Foreign Office, ante quien adujo que estas emisiones eran “inconvenientes porque hacen que los pueblos referidos abriguen esperanzas y supongan en las emisiones unas promesas que no podrán ser cumplidas”. El autor del informe —seguramente Gondra— interpretó las palabras de Madariaga como temor ante la posibilidad de que vascos, catalanes y gallegos lograran “una comprensión por parte de Inglaterra del problema federalista de España”.

También protestaron los “medios monárquicos” establecidos en Londres. Pero la desaprobación “más violenta” surgió del grupo negrinista de Londres, quien manifestó su descontento y propuso que la BBC utilizara solamente el castellano en todas las emisiones dirigidas a España, aunque tratando “temas regionales cuando así se crea conveniente”.

Los delegados vascos de Londres estaban en contacto continuo con Joseba Rezola, jefe de propaganda del Gobierno vasco. Los colaboradores le enviaban sus textos y él se los remitía a Lizaso y Gondra, quienes, a su vez, se los hacían llegar a Manyé (AN, FR, 163-9, 1-IV-1947). Rezola enviaba también las partituras de la música que debía amenizar los programas. Además, recibía los partes de escucha y las opiniones de los oyentes vascos sobre las emisiones. En los archivos hemos encontrado cartas remitidas desde localidades del sur de Francia como Ziburu o Cambó, donde residían muchos exiliados vascos. Asimismo, tras cada programa Rezola trasladaba sus opiniones y sugerencias a los responsables de la radio o a los autores de los textos.

El catalán Josep Manyé fue quien más ayudó a los vascos en la BBC. Lo reconocían tanto Rezola (AN, FR, 163-8, 28-V-1947) como Gondra (Nota titulada “Conversación con el Sr. Manyé (27-I-1948)”, Archivo Histórico Vasco, Fondo Departamento de Presidencia [en lo sucesivo AHV, FDP], FDP, 85-2).

Hemos conseguido averiguar el nombre de seis colaboradores: Ángel Urrutia, Andima Ibinagabeitia, Cirilo de Arzubiaga, Gabriel Manterola, M. de Alizaldi y E. Larrañaga. Sabemos quiénes son los cuatro primeros. Es significativo que todos ellos fueran sacerdotes o exreligiosos con cierto nivel cultural, todos ellos nacionalistas que habían escrito previamente en prensa. El perfil de estos eclesiásticos se ajustaba a lo que quería y permitía la BBC para eludir las presiones de la dictadura franquista y de simpatizantes del régimen que también trabajaban para ellos. Igualmente, hemos de tener en cuenta que eran muy pocos los vascos alfabetizados en euskera que pudieran escribir correctamente y la mayoría de quienes lo estaba eran sacerdotes.

Uno de los más asiduos colaboradores fue el padre Ángel Urrutia. Este claretiano había colaborado en distintas publicaciones vascas en los años previos a la Guerra Civil. En sus charlas de la BBC utilizaba un euskera muy purista y abundante en neologismos creados por Sabino Arana, fundador del nacionalismo vasco, y ello dificultaba que fueran entendidas por el público común (AN, FR,163-8, 3-VI-1947).

Otro de los autores que más colaboró en las emisiones euskéricas fue Andima Ibinagabeitia. Este escritor y amante del euskera se había preparado para ingresar en la Compañía de Jesús, pero finalmente abandonó la orden. La correspondencia entre Ibinagabeitia y Rezola muestra que mantenían una relación estrecha. La principal preocupación de este autor siempre fue el euskera. Se lamentaba de que los que oían los programas en euskera eran quienes menos necesitaban escucharlas, “benetako euskaltzaleak” (“los verdaderos amantes del euskera”) (AN, FR, 130-1, 21-III-1952).

Un tercer colaborador fue Cirilo de Arzubiaga, sacerdote miembro de la Academia de la Lengua Vasca, que había escrito en euskera en diversas publicaciones de carácter religioso. Desde 1936 se exilió en Inglaterra. Gabriel Manterola era también sacerdote y escritor en euskera. Como el anterior, había sido miembro de la Academia de la Lengua Vasca y había colaborado también en prensa en ese idioma (Díaz Noci, 2012: 189). Los nombres de Alizaldi y Larrañaga se señalan en una carta de un cargo de la BBC (cit. en Afonso Vázquez-Monxardín, 2022: 94), pero desconocemos quiénes eran.

En el caso de Urrutia, era él mismo quien locutaba sus textos. Creemos que sucedía lo mismo con Arzubiaga. Ambos residían en Londres. Pero sabemos que en el caso de Ibinagabeitia, quien vivía en París, era una mujer vasca residente en la capital británica quien ponía voz a sus textos. Se trataba de María Gezuraga Gondra, una joven que había colaborado en Londres formando a los niños vascos para recibir su Primera Comunión en un colegio londinense y como maestra en la colonia para niños vascos habilitada en Redhill (AN, FR, 130-1, 8-X-1953).

No se han encontrado muchas colaboraciones enviadas para estos programas. Las que hemos hallado versan sobre festividades religiosas (San Juan, San Francisco Javier), sobre las relaciones entre vascos y británicos, o sobre los viajes de la Reina Isabel por el mundo. Por tanto, nada que pudiera despertar suspicacias de los rectores de la BBC.

Las emisiones euskéricas se mantuvieron hasta febrero de 1956. Como en el caso de las charlas de Onaindia, las presiones por parte del Gobierno franquista solicitando su cierre habían comenzado ya en 1947, pero los responsables de la sección española de la BBC optaron por mantenerlas. Sin embargo, a mediados de los años cincuenta, la España franquista estaba rehabilitada internacionalmente y, además, en el contexto de Guerra Fría, la BBC hizo una importante inversión en emisiones dirigidas hacia Rusia y Polonia y recortes drásticos en los presupuestos destinados a Europa Occidental (García González, 2003: 252). Entre otros, se cayeron de la parrilla las emisiones en catalán, gallego y euskera. Así, finalmente, a comienzos de 1956, la emisora británica decidió clausurar estos breves programas, para —según un informe cuyo autor sea probablemente Rezola—, “dar más sitio al castellano en las emisiones españolas” (AN, FR, 132-3). El autor del informe señalaba que les dolía la decisión sobre todo por la difícil situación del euskera y solicitaba a los oyentes que escribieran a la BBC mostrando su dolor en aquellos momentos de riesgo para el idioma (AHV, FDP, 176-1).

Manuel Irujo escribió inmediatamente a Javier Gortazar (delegado del Gobierno vasco en Baiona) notificándole la decisión de la BBC de suspender las emisiones y solicitando que organismos y entidades se dirigieran tanto a la emisora, como a la embajada o al consulado británico, mostrando su disgusto y contrariedad por la medida, y pidiendo que se reanudaran las emisiones (AHV, FDP, 176-1, 14 y 29-II-1956). Tres meses más tarde, a pesar de que no habían llegado hasta entonces más de 35 cartas a la BBC, la emisora había instruido expediente elevándolo al Foreign Office para reponer la emisión euskerica (AHV, FDP, 176-1). No obstante, no se consiguió el resultado esperado y, después de casi diez años en antena, el euskera dejó de escucharse a través de la BBC.

¿Qué había conseguido el Gobierno vasco con esas colaboraciones mensuales? Obviamente, a los vascos les habría gustado utilizar esos espacios para criticar el régimen franquista, pero, lógicamente, eran muy conscientes de que la BBC no iba a dar la más mínima opción para ello. Era una emisora financiada por el Gobierno británico y estaba bajo su control. Rezola lo sabía y era consciente de que la Corporación no iba a permitir comentarios que pudieran entorpecer las relaciones con España. Por tanto, ¿cuál era la finalidad de estas emisiones por parte vasca? La correspondencia de Rezola nos lleva a deducir que el objetivo era propagandístico: el mero hecho de que la lengua vasca se utilizara en una emisora de tanto prestigio suponía una baza para los intereses vascos. Que, en un momento de represión y censura de la lengua vasca en España, la cultura vasca en general, pero sobre todo el idioma, el euskera, se diera a conocer y se oyera en una emisora tan importante como la BBC, era, de por sí, un logro. El responsable de propaganda disociaba estas emisiones de cualquier significación política. Sus palabras en este sentido son muy elocuentes:

El culto intelectual a lo vasco y a su idioma, separadamente de cualquier otra preocupación de orden político y social, es motivo de satisfacción en todo el país. Y el que la BBC coopere en esa obra nos congratula a todos los vascos, cualquiera que sea nuestro color y afiliación. En las emisiones de la radio británica no hemos de ver realizados motivos de orden patriótico, ni de carácter político. Estos motivos se quedan para nosotros. nos basta con el reconocimiento que el hecho significa y la cooperación al desarrollo del euskera… El idioma no es la raza, ni la Historia, ni toda la cultural nacional de un pueblo; pero es la expresión genuina, auténtica y legítima de su espíritu. Si Euzkadi hubiera perdido su idioma, el renacimiento vasco no se habría dado de alta en la Historia. Por eso nos afecta y nos emociona, el que tribunas solventes y acreditadas, como es el micrófono de la BBC, lo reciban, lo utilicen y lo difundan (EI, FI, 52 J-8).

7. Conclusiones

La participación vasca en la BBC se encuadra dentro de las relaciones diplomáticas y estrategias propagandísticas tanto del Gobierno británico como del vasco. Ambos intentaron influir en la opinión pública europea; obviamente cada uno a su escala y en la medida de sus posibilidades. Gran Bretaña quiso convertirse en referente informativo mundial y la BBC constituyó una herramienta muy importante en la búsqueda de ese objetivo. En el caso analizado se ha comprobado que, como han señalado estudiosos de la historia de la BBC como Seul (2015), Ribeiro (2015) o Webb (2014), la radio era considerada un instrumento diplomático y un eficaz canal de propaganda orientada al exterior. Asimismo, se ha mostrado que, por su parte, el Gobierno vasco, desde las sedes establecidas en las capitales europeas, pretendió persuadir a los gobiernos democráticos europeos para que presionaran y finalmente derrocaran el régimen franquista y que, para ello, ofreció su colaboración en tareas de información durante la Segunda Guerra Mundial y utilizó las posibilidades que emisoras prestigiosas, como la BBC, le proporcionaron.

El contexto político internacional determinó las razones de la colaboración vasca en la BBC. Dicho de otro modo, las políticas de las emisiones en el extranjero de esta emisora respondieron a diferentes coyunturas estratégicas y políticas, que marcaron el carácter de la participación de los vascos en la misma. Y, en ese sentido, se observan dos etapas diferenciadas. En cada una de ellas el objetivo, tanto de la Corporación como del Gobierno vasco, no fue el mismo. Durante la Guerra Mundial, el Foreign Office quiso evitar a toda costa que la España franquista entrara en la contienda. Se contrató a exiliados para colaborar en las emisiones en español destinadas a Latinoamérica, cuyo objetivo era contrarrestar la propaganda alemana e italiana en aquel continente. Uno de estos exiliados fue el canónigo nacionalista vasco Alberto Onaindia, cuyas charlas se controlaron de cerca para que no vertiera comentarios que pudieran poner en riesgo la neutralidad española.

Entonces, por la parte vasca, ¿cuál era el interés de que el sacerdote nacionalista colaborara en la BBC? Como se ha explicado, el gobierno de Aguirre —a pesar de la frialdad de la respuesta— siempre intentó mantener cordiales relaciones con el Gobierno británico e incluso cooperar, y en esas circunstancias, la colaboración de Onaindia en la labor contra propagandística del fascismo se consideró una fórmula apropiada. Ahora bien, obviamente, también pretendían que, en la medida de lo posible, aunque fuera de manera tangencial, los comentarios del sacerdote vasco sirvieran para socavar el régimen franquista. En 1941 estaban convencidos de que las democracias occidentales podrían vencer al fascismo y que la derrota de este último se llevaría consigo también la dictadura franquista.

Sin embargo, no solo no fue así, sino que, a partir de 1947, una vez iniciada la Guerra Fría, el contexto internacional dio un viraje y, eliminado el fascismo, el comunismo se convirtió en el enemigo por antonomasia. En ese nuevo escenario, la España franquista se erigió como firme bastión anticomunista, y el Gobierno británico quiso mantener una política de no injerencia en los asuntos internos de otros países. Ello tuvo su reflejo en las directrices de la BBC.

¿Por qué entonces se pusieron en marcha, dentro del Spanish Progamme emisiones en catalán, gallego y euskera? Porque la BBC quiso mantener el prestigio que había logrado durante la guerra y lograr mayor influencia ampliando sus audiencias (‘‘reach as large an audience as posible” (Johnston y Roberston, 2019: 145)) mediante el incremento del número de idiomas utilizado y abriendo a su vez el abanico ideológico. Obviamente, también se quería influir en contra del comunismo en la mayor cantidad de oyentes posible. Y, en el caso concreto de los “Spanish talks other than in Castilian”, consideraron conveniente cultivar las relaciones con esas zonas de España con lenguas propias y en las cuales —sobre todo en Cataluña y País Vasco— tenían intereses comerciales.

En estas emisiones, no obstante, el margen de maniobra de los vascos estaba muy menguado y controlado tanto por el Foreign Office —como han señalado Seul y Ribeiro (2015) en otros casos de participación de exiliados en la emisora—, como por otros colaboradores españoles de la emisora, bien republicanos bien filofranquistas. Por tanto, también se observa el dilema de la BBC entre defender los intereses del país y la autonomía editorial que los estudios han indicado en otros casos (Gillespie y Webb, 2013). Es muy significativo el hecho de que las personas que colaboraban escribiendo en euskera fueran sacerdotes que no habían tenido responsabilidades políticas. Además, los pocos textos que hemos hallado indican que los contenidos se centraban en temas religiosos y festividades o relaciones históricas entre Gran Bretaña y el País Vasco.

Una cuestión que nos queda por responder es cuál fue la finalidad de estas emisiones en euskera. La respuesta es que el objetivo era doble. Por un lado, de cara al exterior, respondía a una finalidad propagandística. Se quería demostrar a la España de Franco que un idioma reprimido por su régimen tenía su lugar en una emisora tan prestigiosa como la británica. En palabras de Rezola: “El hecho de que se utilice el euskera es objeto de profunda satisfacción y contrasta vivamente con el intencionado silencio que al respecto observan las emisoras franquistas” (AN, FR, 163-8, 28-V-1947). Por otro lado, también era un aliciente para los vascos del interior; es decir, para aquellos que residieron en el País Vasco durante la dictadura. Era una cuestión de prestigio y propaganda.

En definitiva, en las anteriores páginas hemos ofrecido información relevante y desconocida sobre la participación vasca en la BBC entre 1941 y 1956, situando dicha participación en un cruce de relaciones paradiplomáticas y de intereses políticos que puede resultar de interés a la comunidad científica que estudia cuestiones relacionadas con la historia de la radiodifusión en general, y con la historia del exilio español y vasco, en particular.

No obstante, si bien este artículo viene a paliar un vacío, en el curso de la investigación han surgido interrogantes que podrían dar lugar a nuevos trabajos de investigación. Por un lado, sería de sumo interés indagar sobre la recepción de estos programas en lenguas distintas al español por parte del Gobierno franquista. Por otro lado, juzgamos ineludible la consulta de archivos británicos, sobre todo de los Archivos de la BBC, con el objeto de analizar el surgimiento y el seguimiento de estos programas desde la dirección de la emisora y del Foreign Office2.

8. Referencias bibliográficas y fuentes

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Archivos

Archivo del Nacionalismo Vasco de la Sabino Arana Fundazioa. Fondo Rezola (ANV, FR)

Archivo Histórico Vasco, Fondo Departamento de Presidencia (AHV, FDP)

Eusko Ikaskuntza, Fondo Irujo (EI, FI)

Instituto Labayru, Fondo Onaindia (IL, FO)

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1Este artículo es parte del Proyecto PID2022-138385NB-I00 financiado por MCIN/AEI/ 10.13039/501100011033, y se ha realizado en el marco del Grupo de Investigación en Comunicación de la Universidad de Deusto (reconocido y financiado por el Gobierno Vasco).

2Esto será posible gracias a que la autora ha logrado la beca IkerCambrdige para ser Visiting Fellow del Clare Hall de la Universidad de Cambridge durante el curso 2024-2025.