e-ISSN: 1988-3056
MONOGRÁFICO
Eloi Camps-Durban
Universitat Pompeu Fabra ✉ 
Recibido el 31 de enero de 2025 • Aceptado el 2 de abril de 2025 |
ES Resumen. Las crisis en el sector periodístico han propiciado determinadas formas de asociacionismo laboral y se suceden los proyectos de autoocupación individual o colectiva. El objetivo del artículo es mapear las experiencias de cooperativas y sociedades laborales de prensa en España y analizar algunos de sus casos relevantes. El estudio enfoca dos momentos de ruptura en la historia de los medios y del periodismo españoles: el primero, el fin de la dictadura y la Transición, y el segundo, la Gran Recesión de 2008. Se busca conocer las causas, los procesos y la trayectoria de estos proyectos periodísticos. Se trata de una cuestión poco explorada en los estudios españoles en comunicación y que no ha sido contemplada desde el prisma de la conflictividad laboral y la teoría de la lucha de clases.
Palabras clave: historia de la prensa, propiedad de los medios, conflictos laborales, periodismo.
ENG The dispute over ownership. Cooperatives and labor societies in the Spanish press in the Transition and the Great Recession
Abstract. Crises in the journalism sector have led to certain forms of labour associationism and hence to individual or collective self-employment projects. The aim of the article is to map the experiences of cooperatives and press labour societies in Spain and analyse some of their relevant cases. The study focuses on two moments of rupture in the history of Spanish media and journalism: the first, the end of the dictatorship and the Transition, and the second, the Great Recession of 2008. It seeks to know the causes, processes and trajectory of these journalistic projects. This is an under-researched topic in the Spanish communication studies, and it is yet to be addressed through the lens of labour conflict and class struggle theory.
Keywords: history of the press, media ownership, labour conflict, journalism.
Sumario: 1. Introducción. 2. Marco Teórico. 2.1. Propiedad de los medios de comunicación. 2.2. Clase y confictividad en el periodismo. 3. Metodología. 4. Resultados. 4.1. La Transición. 4.2. La Gran Recesión. 5. Conclusiones. 6. Referencias Bibliográficas.
Cómo citar: Camps-Durban, E. (2025). La disputa por la propiedad. Cooperativas y sociedades laborales en la prensa española en la Transición y la Gran Recesión. Historia y Comunicación Social 30(1),
En los últimos años se detecta «un interés creciente en los estudios de comunicación por el análisis de los medios y la clase» (Jakobsson; Lindell; Stiernstedt, 2021: 5). La dimensión de la clase social ha sido marginal durante décadas en los media studies, pese a su incidencia ubicua (Deery; Press, 2017). En consonancia con este escaso cultivo, la mayoría de las obras de este ámbito «ignoran las historias de lucha de clases dentro de la industria de los medios» (Bekken, 2018: 37). Sin embargo, en la actualidad se está reavivando el concepto de clase, aunque sigue representando una porción ínfima de la producción académica en comunicación.
Este artículo propone retomar los conceptos de análisis de la tradición marxista para estudiar el periodismo y los medios contemporáneos. En concreto, se examina una de las concreciones de la lucha de clases en el sector: las fórmulas empresariales autogestionarias, basadas en el control y propiedad de los trabajadores, como son las cooperativas y las sociedades laborales, surgidas tras disputas por la propiedad de los medios de comunicación. Se trata de sugerir un entramado conceptual de abordaje y de aportar casos históricos y actuales que demuestren el interés de proseguir una línea de estudio todavía muy incipiente.
En sus reflexiones sobre la comunicación social, Marx y Engels señalan que «el periodismo y sus medios tienen siempre un carácter de clase y se presentan siempre como instrumento de lucha de clases», siendo los propietarios de los medios de producción material también quienes poseen y controlan los de producción intelectual (Marx; Engels, 1987: 17). Las distintas maneras de organizar y financiar los medios suponen implicaciones concretas en las rutinas de producción, los contenidos periodísticos y su consumo (Hardy, 2014).
La forma más habitual de propiedad de los medios de comunicación en el siglo XX, especialmente de la prensa, ha sido la empresa privada, ya sea de titularidad familiar o de grupos de accionistas e inversores (Picard; Van Weezel, 2008; Sjøvaag; Ohlsson, 2019). A su vez, los medios de comunicación son instituciones sociales encargadas de suministrar información de interés público y promover la libertad de expresión. Esta doble naturaleza supone una contradicción entre «el periodismo como servicio público y el estatus de los medios de comunicación como negocio» (Hirst, 2012: 48) y genera en los periodistas una «constante presión de las fuerzas del mercado contra sus ideales democráticos» (íd., 51). Por esto, la cuestión de la propiedad de los medios es de una creciente preocupación cívica, al intensificarse la tendencia a la concentración y a la búsqueda del beneficio por delante del pluralismo y el servicio público (Neff; Benson, 2021).
Sin embargo, a través de la perspectiva histórica de la economía política se constata que «los sistemas mediáticos de hoy son el resultado de una historia profundamente contestada» (Mosco, 2011: 68), donde diversos segmentos sociales han impulsado sus medios de comunicación al margen del capital y el Estado. Así, al mismo tiempo que los gigantes digitales absorben y concentran marcas periodísticas históricas debilitadas en el nuevo mercado comunicacional, la propiedad de los medios deviene más plural, con el aumento de formas de propiedad sin ánimo de lucro (Sjøvaag; Ohlsson, 2019: 3). Entre éstas destacan los medios que son propiedad de sus periodistas, de los cuales se considera que ponen un gran énfasis en la sostenibilidad económica y el empleo de calidad, reducen la asimetría en la toma de decisiones y aumentan el sentimiento de pertinencia (Picard; Van Weezel, 2008). El principal exponente de estas fórmulas son las cooperativas, que en el contexto español se complementan con las sociedades laborales.
La perspectiva de clase es fructífera para el estudio de la situación actual de los trabajadores de los medios de comunicación, además de contribuir a comprender su evolución histórica como grupo (Cohen, 2012). Esta cuestión ha sido y es objeto de debate entre los investigadores, puesto que hay quienes consideran que los periodistas son intelectuales o profesionales, y quienes los sitúan en la clase trabajadora (Hirst, 2012).
La profesionalización del periodismo arranca en el mundo anglosajón en el siglo XIX, cuando los periodistas empezaron a considerarse a sí mismos como profesionales y promovieron cambios institucionales para lograr ese reconocimiento (Banning, 1999). Desde entonces, el periodismo se ha movilizado para conseguir ser un campo profesional (Le Cam; Pereira; Ruellan, 2019), aunque no se ajusta con claridad a las tres dimensiones definitorias de las profesiones —conocimiento experto y exclusivo, autorregulación y autonomía— (Singer, 2003). Los principales argumentos para defender los periodistas como profesionales/intelectuales son la autonomía en el proceso de producción, la vocación y la implicación personal (Cohen, 2015; Hirst, 2012).
Más allá de la experiencia subjetiva de la autonomía o la autoexpresión, cabe considerar las condiciones en las industrias culturales y de la comunicación. La proletarización del periodismo arranca a finales del siglo XIX, con la emergencia de la prensa de masas como negocio (Le Cam; Pereria; Ruellan, 2019), lo que supuso que los redactores fueran «sometidos a un sistema de trabajo asalariado» (Cohen, 2012: 151). Así, a lo largo del siglo XX, el periodismo se caracteriza por ser eminentemente una actividad industrial desarrollada por asalariados (Rottwilm, 2014). Bekken apunta que «los trabajadores de los medios son, por supuesto, trabajadores» (Bekken, 2018: 37), con derechos limitados para organizarse y actuar colectivamente, y afectados por unas condiciones de trabajo asalariado cada vez peores. Estas circunstancias favorecen «la indefinición del estatuto profesional» de los periodistas dentro de las industrias creativas (OIT, 2014: 28).
Un grado de relativa autonomía es deseable y necesario en la producción intelectual; sin embargo, quienes desarrollan estas tareas no son capitalistas y están sujetos a procesos de explotación y proletarización similares al conjunto de la clase trabajadora (Cohen, 2012; Deuze, 2007). La relativa autonomía sobre la creación oscurece las relaciones de explotación, al mismo tiempo que justifica tendencias como las jornadas laborales excesivas o la aceptación de la incertidumbre constante en las carreras profesionales. Esta combinación de autonomía limitada y ausencia de control real cristaliza en lo que Wright (1978) llama posiciones contradictorias de los intelectuales: su actividad los sitúa como parte de la superestructura, pero al mismo tiempo viven en una «relación conflictiva con el capital» (Hirst, 2012: 49).
Sin embargo, las tensiones entre la plantilla y la propiedad, derivados de los intereses contradictorios entre trabajo y capital, entre deontología y afán de beneficio (Neff; Benson, 2021), invitan a considerar a los periodistas «como parte de una clase de trabajadores luchando por los términos de la comercialización de su fuerza de trabajo» (Cohen, 2012: 144). Es decir, «tienden a ocupar una posición de clase proletaria en la matriz de las relaciones de producción», pese a su «posición intermedia» dentro de la estructura de la sociedad (Hirst, 2012: 58). Estos conflictos han tomado a lo largo de la historia diversas formas, como la sindicalización, las huelgas y la búsqueda de «formas de trabajo autónomas y significativas» (Cohen, 2012: 151). Estas últimas son las que se examinan a continuación en el contexto español.
El marco de estudio del artículo es el Estado español y el foco se sitúa en dos momentos de ruptura y cambio en la evolución del periodismo: la Transición y la Gran Recesión (Mauri-Ríos, 2020). Las crisis multifactoriales acaecidas en ambas coyunturas han empeorado las condiciones laborales y aumentado la conflictividad entre propietarios y plantillas, dando lugar a la emergencia de medios autogestionados por trabajadores.
El método de recolección y análisis de datos para el presente artículo es la revisión bibliográfica sistematizada, que asegura una validez y una fiabilidad mayores que la de las revisiones tradicionales, puesto que explicita fuentes, criterios de inclusión y esquema de análisis (Booth; Sutton; Papaioannou, 2016; Codina, 2020).
Las bases de datos empleadas son las internacionales Scopus, Web of Science y Google Scholar y las nacionales y regionales ÍnDICEs-CSIC, Dialnet Plus, Catàleg Col·lectiu de les Universitats de Catalunya, Revistes Catalanes amb Accés Obert y Tesis Doctorales en Red. Las palabras clave para la búsqueda se toman de una revisión conceptual sobre periodismo y cooperativas (Camps-Durban, 2023a), a las cuales se añade el concepto «sociedad laboral», de acuerdo con el alcance de la investigación.
Una vez realizadas las búsquedas, se evalúan los resultados para conformar el banco de documentos a analizar. Se establecen criterios de inclusión según el marco y los objetivos del estudio. Se descartan las aportaciones que no sean artículos científicos, monografías o capítulos de monografía. Se incluyen todas aquellas cuyo estudio se circunscriba al Estado español y en los períodos señalados más arriba. De las obras que cumplen estos criterios se examina el título, el resumen y las palabras clave y se descarta aquellos que no responden al objeto de interés del artículo. Una primera lectura de la introducción y las conclusiones permite refinar la selección y determinar la inclusión definitiva de las obras.
Como resultado de la revisión, se detectan en la Transición seis casos de cabeceras de prensa que vivieron un período de autogestión como resultado de conflictos laborales y/o quiebras empresariales. Se han hallado 12 referencias que tratan estos casos. Para la Gran Recesión se han detectado tres casos, explicados en 3 referencias. En uno de estos casos, La Marea, que han centrado la atención de más investigaciones, se ha optado por referenciar solo aquellas aportaciones que hacen más hincapié en el surgimiento del medio como resultado de un conflicto laboral previo.
Para el análisis de contenido de cada referencia se fijan las siguientes categorías: contexto previo, causas, motivaciones, misión o ideario periodístico, evolución posterior. Los resultados obtenidos de esta revisión se completan, en el siguiente apartado, con artículos periodísticos que dan más detalles de cada caso, además de aportaciones de la historiografía de la prensa española y de estudios de estructura de la comunicación para poderlos interpretar de acuerdo con el abordaje teórico del artículo.
Las transiciones democráticas en los países del sistema mediático mediterráneo o pluralista polarizado, entre los que se encuentra España, han resultado en la vinculación estrecha del periodismo con la política, forjada en las luchas contra los regímenes dictatoriales (Hallin; Mancini, 2008). Por otro lado, a la caída de las dictaduras le sigue la creación de «una plétora de nuevos medios» (Voltmer, 2013: 169), lanzados por editores y periodistas que quieren aprovechar las nuevas posibilidades del momento; sin embargo, la mayoría desaparecen a medida que se consolida la democracia. Coman (2004) distingue dos «clases» de trabajadores de los medios en las transiciones: la burguesía, una élite de profesionales vinculados al antiguo régimen que se perpetúan en posiciones de poder en la democracia, y el proletariado, un amplio segmento de empleados precarios y con escasa capacidad de decisión.
La transición democrática española se caracterizó por una «elevada conflictividad» y por «importantes disensos» (Molinero; Ysàs, 2018: 7); sin embargo, se impuso un relato que enfatiza el consenso. La conflictividad obrera aumentó en el tardofranquismo, al mismo tiempo que crecía «la conciencia de clase entre los trabajadores españoles» (Gago, 2014: 135). No obstante, no hubo ningún intento de «subversión del sistema social y económico vigente» (Durán, 1998: 216-271) al no percibirse en ningún momento un vacío de poder que asegurara el éxito de acciones más radicales. Esto hizo que los sindicatos se mantuvieran, por lo general, «dentro de unas pautas moderadas y de auto-contención» (Soto-Carmona, 2009: 52).
El cambio pactado estuvo acompañado de una política gubernamental caracterizada «por el intenso control de los medios de comunicación» (Arboledas, 2010: 62) y la lentitud al desmantelar las estructuras franquistas. En el plano político, la relación entre periodistas y representantes de las fuerzas democráticas fue de «complicidad e, incluso, en ocasiones, de confusión de papeles» (Pont-Sorribes; Luis; Sanmartí, 2017: 154), fruto del anhelo compartido por establecer la democracia. Estructuralmente, «las transformaciones del ecosistema comunicativo fueron proco profundas» (Gómez-Mompart, 2009: 109). Sin embargo, sí se produjo una notable renovación en la prensa, con un alto dinamismo en el sector, fruto de la efervescencia, la precipitación y la incertidumbre de esos años, a los que pocos lograron adaptarse con éxito.
La mayoría de los periodistas estaban instalados en la precariedad y el pluriempleo, circunstancias que el «proletariado de la pluma» (Fuentes; Fernández, 1997: 148) arrastraba desde finales del siglo XIX. En la Transición, los periodistas se centraron en defender las libertades civiles y profesionales, «mientras que son muy escasas las acciones de protesta vinculadas a los reclamos laborales» (Arboledas, 2010: 66) y no se presionó para tener participación efectiva en las decisiones de las empresas y lograr que se depurasen los cargos vinculados a la dictadura, como sí pasó en Portugal. Así pues, «la extendida escasa conciencia del trabajador, derivada de una autosatisfacción más simbólica que social» (Gómez-Mompart, 1999: 213, cursiva original) impidió mayores niveles de sindicalización y organización.
El panorama esbozado hasta ahora sugiere un escenario de pocos conflictos abiertos entre propietarios y plantillas. A pesar de esto, hubo episodios en los que los periodistas pretendieron «formas más radicales de autonomía» (Hallin; Mancini, 2008: 107) y se pusieron al frente de empresas de prensa1. En muchos casos, se trata de iniciativas de autoempleo por necesidad, sea por quiebra de la empresa informativa o enfrentamiento con la dirección o la propiedad por presiones informativas; en otros, de proyectos vocacionales, en los que un núcleo de periodistas «cree que una estructura empresarial formada por personas que son propietarias de su puesto de trabajo tiene más incentivos que una empresa informativa tradicional» (Torres, 1999: 352-353).
En 1977, la cadena de Prensa del Movimiento se transformó en Medios de Comunicación Social del Estado (MCSE) y empezó un proceso de liquidación que terminaría en 1984. Muchas de sus cabeceras eran deficitarias y se planteaba su cierre o venta. La UCD, partido al frente del gobierno estatal durante buena parte del desmantelamiento, planteó la privatización de los periódicos mediante subastas en las cuales tuvieran cierta preferencia las plantillas, dándoles la opción de constituirse en cooperativa o sociedad laboral (De las Heras, 2000). El redactado de la ley y su reglamento fijaban condiciones muy restrictivas para la reapropiación, de manera que se dificultaba notablemente la posibilidad de que los trabajadores accedieran a la propiedad de los medios (Montabes, 1989). Solo se dio un caso exitoso: el diario Sur, de Málaga, de los pocos que no eran deficitarios, que fue adquirido en subasta por la sociedad laboral anónima Prensa Malagueña. De los 150 integrantes de la plantilla, 117 se convirtieron en socios de la nueva empresa, junto a 800 lectores que realizaron aportaciones; además, se recurrió a diversos préstamos, créditos y avales para lograr retener la propiedad (Montabes, 1989: 154). Años más tarde, Prensa Malagueña fue comprada por el Grupo Vocento.
El histórico Diario de Barcelona pasó por un período turbulento entre los setenta y los ochenta, experimentando dificultades para ubicarse en el nuevo panorama mediático y político. Hubo numerosos cambios en la dirección y la propiedad de la cabecera, además de tensiones con la plantilla, hasta llegar a la suspensión de pagos a principios de los ochenta. Por un breve período, entre marzo de 1983 y marzo de 1984, el diario fue autogestionado a través de la sociedad laboral Publiagraf, integrada por trabajadores de redacción y talleres (Saura; Clarós; Vilà, 1993). Con esta estructura empresarial se quería lograr la independencia informativa y asegurar que los redactores controlaran los contenidos, materializando «una experiencia informativa única al servicio de las clases populares y la libertad de expresión» (Rueda, 1983). Pese a los intentos para obtener recursos y a la entrada de accionistas ajenos a la plantilla, el periódico era insostenible. El diario cerró, la cabecera y el archivo fueron adquiridos por el Ayuntamiento de Barcelona y Publiagraf siguió como empresa de artes gráficas (Saura; Clarós; Vilà, 1993: 135-137).
Otro ejemplo de sociedad laboral en la prensa catalana es el diario leridano Segre, lanzado en 1982 por Prensa Leridana, SA, e inicialmente de orientación conservadora (Costa, 2002). A los tres meses de editarse, fruto del desconocimiento de los socios y los responsables del proyecto, la empresa ya no pudo hacer frente a los salarios de la plantilla; ante eso, los empresarios plantearon o el cierre del rotativo o el traspaso a los trabajadores. La plantilla decidió democráticamente hacerse cargo del diario y pasó a ser la accionista mayoritaria (70%) de la reconvertida Prensa Leridana Sociedad Anónima Laboral. Esto propició una reorientación ideológica hacia posiciones más progresistas gracias al cambio de dirección propuesto por el nuevo consejo de administración (Costa, 2002: 222). Pese a notables dificultades —se encadenaron nueve meses seguidos sin cobrar—, los trabajadores lograron la supervivencia del periódico. La delicada situación económica empezó a solventarse con la entrada, al cabo de unos años, de un nuevo accionista particular, que se hizo cargo también de la gerencia (Costa, 2007). En 1989, con la empresa saneada, se decidió reconvertirla nuevamente en sociedad anónima, al considerar que la sociedad laboral ya no ofrecía ventajas (Abaurrea; Serra, 1995).
Si bien ninguno de los diarios del Movimiento transitó se cooperativizó, sí lo hizo un semanario, el catalán Diari de Vilanova. El director y el núcleo de personas que lo sacaba adelante, entonces todos voluntarios, se acogieron a una de las propuestas de los responsables de MCSE, la de constituir una cooperativa para continuar editándolo (Carbonell, 2000: 150). La sociedad se fundó en 1980 con nueve socios iniciales, y posibilitó la profesionalización progresiva de la plantilla (Camps-Durban, 2023b). Los cooperativistas tuvieron que hacer frente a una oferta de absorción por parte del Periódico de Catalunya —rechazada en asamblea— y la cooperativa pasó por dificultades administrativas, que se saldaron con un cambio de figura jurídica, a la sociedad anónima, a finales de 1984 (Carbonell, 2000: 158-169). Sin embargo, testimonios de la publicación aseguran que continuó funcionando con un espíritu cooperativo durante muchos años: la participación en las decisiones era igualitaria y la mayoría de los accionistas eran los propios trabajadores (Camps-Durban, 2023b).
La Voz de Euskadi surgió del cierre, en 1980, de los diarios del Movimiento en San Sebastián La Voz de España y Unidad, en el cual incidieron no solo factores de rentabilidad económica, sino también presiones políticas (Caminos, 1993). Así, el nuevo periódico pretendía seguir la línea de los últimos meses de La Voz de España, cuando «los trabajadores de redacción y talleres intentaron marcar una nueva pauta profesional que al parecer no coincidía con los moldes ideológicos que la dirección de MCSE, propietario del diario, pretendía imponer» (Barbería, 1983). A ellos se sumaron empleados del también clausurado Unidad, creando una sociedad laboral «con unas acciones suscritas en su totalidad por los socios-trabajadores del periódico» con el objetivo de que fuera «ajeno a cualquier presión de grupos económicos o políticos» (La Voz de Euskadi, 1983). El periódico aguantó dos años, de 1983 a 1985, antes de cerrar.
El caso de Argia resultó más exitoso en términos de longevidad. Esta revista, inicialmente llamada Zeruko Argia, fue fundada por el orden de los capuchinos en Pamplona en 1919, y desde 1922 se publica íntegramente en euskera. En el tramo final del franquismo destacó por la pluralidad y la defensa de la cultura vasca (Barandiaran, 2010). En 1979 el orden religioso, ante la crisis de la revista, accedió a traspasarla a un grupo de redactores constituidos en cooperativa, que la hicieron renacer, con el nombre de Argia, en 1980, convertida en un semanario de información general que se ha convertido en una de las revistas vascas más longevas, publicándose hasta hoy (Díaz-Noci, 2012) e integrada en Ametzagaiña, donde se agrupan varias cooperativas y sociedades laborales.
Finalmente, cabe reseñar algunas cooperativas y sociedades laborales de periodistas fundadas ex novo, que no provenían de un conflicto entre propietarios y plantilla o un cambio de propiedad. El más significativo fue Liberación, diario estatal realizado por una cooperativa de 20 trabajadores, que fue impulsada por un «núcleo de intelectuales de izquierda» (El País, 1984). El rotativo se definía como «claramente de izquierdas» y prestaba «una atención especial a los movimientos sociales» (Elorduy, 2019). La falta de anunciantes y de apoyo financiero, sumados a la incapacidad de llegar a un público suficientemente amplio, precipitaron su cierre a los seis meses. En el País Vasco, la revista Punto y Hora de Euskal Herria fue promovida por periodistas que se constituyeron en una «Sociedad de Redactores […] con exclusiva limitación de ser accionistas quienes en ella trabajan», lo que debía «garantizar la independencia informativa» que anhelaban los redactores, «exasperados de padecer la coacción continua de asalariado al ‘noble servicio’ del interés local de turno, de la daga del Consejo de Administración turnante, o del sol político que más calienta» (Punto y Hora, 1976).
En las últimas décadas, la reestructuración de las industrias de la comunicación globales ha resultado en la acentuación de la concentración de la propiedad (Jakobsson; Lindell; Stiernstedt, 2021). Las transformaciones, alimentadas por el desarrollo de las tecnologías digitales, la desregulación y la globalización, han ido acompañadas de «una reorientación hacia modalidades de empleo más temporales donde la protección de los trabajadores es menor» (OIT, 2014: 1). Esto no hace sino confirmar y profundizar la «inseguridad laboral» de los trabajos vinculados a la comunicación y la cultura, donde decrece el empleo a tiempo completo e indefinido (íd., 11).
Estas estrategias se intensifican y legitiman con el estallido de la Gran Recesión, que trunca el «largo y estable desarrollo» del periodismo del siglo XX (Deuze; Witschge, 2018: 166). La reconfiguración del sector se acelera: se consolidan unos nuevos actores dominantes, las plataformas de servicios y contenidos online, mientras que los medios de comunicación pierden cuota de mercado y el sector se concentra todavía más. Las empresas no pueden mantener las estructuras y los planes financieros de su era dorada y recurren a cierres, despidos y rebajas salariales (Picard, 2010). La ocupación periodística ha disminuido numéricamente en todo el mundo y se han extendido las relaciones laborales atípicas (Cohen, 2012). La precariedad laboral en la que está instalada la mayor parte periodistas actúa como una presión indirecta que conduce a la autocensura y la pérdida de calidad (Neff; Benson, 2021: 2104). Se ha producido una transición del proletariado de la pluma al precariado digital.
España partía de un sistema de medios sobredimensionado, que no se correspondía a la demanda sino a la instrumentalización política y social (Díaz-Nosty, 2017). En conjunto, los periódicos españoles acumularon pérdidas de negocio del 88% hasta 2011 (Mauri-Ríos, 2020: 306). Entre 2008 y 2015 se clausuraron 375 medios de comunicación (Valera, 2017: 281). Esta medida, junto a los despidos, supuso que el paro registrado en el sector pasara de 3.200 a 27.400 trabajadores entre 2008 y 2012 (Soengas-Pérez; Rodríguez-Vázquez; Abuín-Vences, 2014: 107). Los salarios de los periodistas con convenio cayeron un 17% entre 2010 y 2015 (Palacio, 2015: 48). Roses apunta a que estas estrategias sirven a los propietarios de los medios y sus grupos de interés para menguar «la independencia de los periodistas en su afán por debilitar la musculatura cívica de la sociedad» (Roses, 2011: 27). Incluso después del fin de la Gran Recesión, la baja remuneración y la inseguridad laboral son las principales preocupaciones de los periodistas españoles (Rodríguez-Martínez; Mauri-Ríos; Merino-Arribas, 2021). En suma, se puede señalar que desde 2008 «los redactores han perdido poder y autonomía frente a las empresas» (Soengas-Pérez; Rodríguez-Vázquez; Abuín-Vences, 2014: 120). Las cooperativas de medios han sido uno de los instrumentos a los que han recurrido colectivos de profesionales en situación de despido o precariedad (Barranquero; Sánchez, 2018); más allá de su dimensión de autoocupación en escenarios de destrucción y deterioración del empleo, cabe verlas como proyectos innovadores del periodismo contemporáneo (Camps-Durban y Mauri-Ríos, 2022).
Del cierre de la edición impresa del diario Público, en 2012, surgieron varios proyectos periodísticos impulsados por extrabajadores: eldiario.es, Infolibre y La Marea. En los dos primeros casos, se trata de sociedades limitadas con amplia participación de empleados y lectores, mientras que La Marea funciona como cooperativa de trabajadores y usuarios. Ante la quiebra de Público, los propietarios decidieron vender la cabecera y la página web y despidieron la plantilla sin indemnización, dirigiendo a los empleados al Fondo de Garantía Salarial (Ayllón, 2015: 56). Entonces, parte de los trabajadores montaron la cooperativa MásPúblico, junto a lectores de Público, para pujar por la cabecera en subasta, pero ésta finalmente volvió a manos de sus antiguos dueños, que pujaron a través de otra empresa. Con el dinero recabado para participar en la subasta, los impulsores de la cooperativa lanzaron la revista mensual La Marea, dedicada al análisis de la actualidad, la investigación y los reportajes a fondo desde una perspectiva anticapitalista, feminista y ecologista (Alcolea-Díaz; Pérez-Serrano, 2016). La Marea es el medio generalista cooperativo pionero en el escenario poscrisis, siendo referente en su organización asamblearia y modelo de negocio, que busca diversificar al máximo las fuentes de financiación a la vez que promueve activamente la transparencia de las cuentas. En 2024, su plantilla la forman 13 personas (La Marea, 2024), mientras que la cooperativa cuenta con 81 socios lectores y 4 socios de trabajo (La Marea, s. f.).
El semanario La Fura apareció en 1982, en plena renovación de la prensa local catalana, en las comarcas del Penedès y el Garraf (Guillamet, 1983). En 2015, la empresa editora entró en concurso de acreedores; llevaba años lidiando con la caída de ingresos publicitarios y había recortado la plantilla hasta quedar con siete empleados fijos, cuando en sus mejores tiempos tuvo hasta veinte. Cuatro trabajadores consideraron que la cabecera podía ser viable con una nueva empresa que no cargara con las deudas de la anterior. Constituyeron una cooperativa de trabajo asociado y convencieron a los dueños para que se la alquilaran. Así, en octubre de 2015, después de unos meses sin aparecer, La Fura volvió a los quioscos. Aunque inicialmente el modelo cooperativo se escogió por ser el más asequible, un testimonio del medio relata que
no queríamos que hubiera una persona por encima del resto, no teníamos cargos. Éramos compañeros de trabajo y seguimos siéndolo, pero ahora tenemos poder de decisión y antes [de la cooperativización] no lo teníamos. Nos sentimos cómodos de esta manera, con un trato horizontal (en Camps-Durban, 2023b: 267).
En 2024, la cooperativa está formada por tres socios de trabajo, cada uno de las cuales participa en una de las tres áreas del medio: redacción, administración y publicidad. La redacción está compuesta por otras tres personas y se nutre de un colectivo de colaboradores. En cuanto a la organización interna, un testimonio del medio apunta a que, pese a que existan los órganos y mecanismos formales de las cooperativas, al ser una microempresa la gestión y la toma de decisiones se dan en el día a día, fruto de la interacción de los socios en la redacción (Camps-Durban, 2023b).
En 2011, un grupo de 35 extrabajadores del diario catalán El Punt Avui capitalizaron su prestación de desempleo para constituir una nueva empresa, la sociedad laboral Maig 2011, que adquirió dos suplementos que se encartaban con el periódico, L’Esportiu en 2011 y L’Econòmic en 2016 (Camps-Durban, 2023b; Velert, 2017). A finales de 2017, ante un ERE inminente la asamblea de trabajadores de El Punt Avui planteó que parte de los trabajadores afectados podrían incorporarse como socios de trabajo a Maig 2011; algunos lo vieron como una forma para que Hermes Comunicacions, la editora del diario, externalizara contenidos a un coste menor (Velert, 2017). En 2018, la sociedad laboral lanzó un producto propio, el semanario La República, con una plantilla inicial de 15 periodistas-socios provenientes de El Punt Avui, que finalmente cerró un ERE de 45 bajas (Muñoz; Oltra, 2018; Piqué, 2018).
Cabe mencionar que El Punt Avui es resultado de la fusión, en 2011, de los diarios El Punt y Avui, ambos fundados en la Transición: El Punt se montó a partir de una cooperativa de lectores, mientras que Avui fue posible gracias a aportaciones de miles de cuentapartícipes (Guillamet, 1983).
La mayoría de los medios cooperativos surgidos en España a partir de 2008 no responden a una situación de conflicto interno, quiebra empresarial o despidos, como los casos mencionados, sino que son proyectos vocacionales, en la terminología de Torres (1999): se apuesta por la cooperativa porque permite autogestionar el medio y que sean los trabajadores quienes tomen las decisiones, lo que debe garantizar una mayor independencia y calidad del producto. Así, en los últimos quince años núcleos de trabajadores del sector de la comunicación han impulsado proyectos periodísticos de cobertura estatal —El Salto—, especializados —Alternativas Económicas, Catarsi—, autonómicos —Directa, Crític, Jornada, AraInfo— y locales, sobre todo en Cataluña (Barranquero; Sánchez, 2018; Camps-Durban, 2023b).
El propósito de este artículo es indagar en la autogestión como una resolución a la conflictividad laboral en las empresas periodísticas españolas. En el conflicto por el control y la propiedad de los medios entran en juego los intereses de clase contradictorios de propietarios y trabajadores; en ocasiones, estas disputas se han resuelto al asumir la plantilla la propiedad y gestión del medio mediante cooperativas o sociedades laborales, generando un espacio autogestionario que reconfigura las tensiones entre negocio y servicio público. En el contexto español, estos episodios han tenido lugar en dos momentos de cambio profundo, la Transición y la Gran Recesión.
Después del franquismo, los reequilibrios entre las élites empresariales y políticas supusieron cambios en la industria, como la supresión de los MCSE o la quiebra de cabeceras no rentables; frente a los intereses de los propietarios, algunas plantillas —parte del proletariado periodístico de las transiciones (Coman, 2004)— se organizan para asumir el control y gestión, logrando salvar el empleo y ganando autonomía editorial. Estos medios de propiedad colectiva mostraron una orientación progresista y vehicularon un periodismo abierto a las inquietudes ciudadanas. Tres décadas después, la crisis de 2008 borró del mapa más de 300 medios e incrementó la precariedad del oficio periodístico. En estos años se detectan menos conflictos entre plantillas y propietarios de los medios de comunicación; sin embargo, florecen más medios impulsados por periodistas, que buscan «maneras alternativas de organizar la producción del periodismo y el trabajo en los medios» (Cohen, 2015: 527).
Los conflictos de este tipo ponen de manifiesto la posición de clase contradictoria de la mayor parte de quienes ejercen este oficio (Wright, 1978). El periodista aparece como «intelectual cotidiano» y se concibe a sí mismo como profesional (Hirst, 2012). Sin embargo, la industrialización de los medios de comunicación convierte al grueso de periodistas en «proletariado de la pluma» (Fuentes; Fernández, 1997: 148). La tendencia a la precarización es constante. La supuesta autonomía de un creciente número de freelance oculta la intensificación de la explotación sobre una masa de trabajadores desprovistos de mecanismos de protección social tradicionales. En la lucha por las condiciones laborales se entrelazan reivindicaciones profesionales —autonomía sobre el producto— y laborales —conservación del empleo, reducción de la explotación. Así, en esa búsqueda de «formas de trabajo autónomas y significativas» (Cohen, 2012: 151) se visibilizan tanto la «relación conflictiva con el capital mediático» (Hirst, 2012: 49) como la defensa de los ideales profesionales (Singer, 2003).
El estudio de la gestación y el funcionamiento de los medios de comunicación autogestionados es todavía incipiente, tanto en España como en el resto del mundo. Sin embargo, los pocos estudios disponibles arrojan datos y reflexiones interesantes. En su investigación sobre la prensa cooperativizada en Argentina, Abatedaga observa que en los procesos de cooperativización emerge
una ideología tibiamente humanista y colectivizante, diferente de la de capital/asalariado y representada en la posición de algunos protagonistas bajo la rúbrica de socio-trabajador-propietario colectivo, con objetivos conjuntos, no lucrativos y una gestión solidaria del proceso de trabajo, que se percibió desconcertante y difícil de ser apropiada (Abatedaga, 2012: 523).
Como puede verse, la apropiación colectiva no está exenta de dilemas y riesgos. Gollmitzer indica que «aún no está claro que las formas emergentes de organizar y financiar el trabajo periodístico, como las cooperativas de periodistas (…) ofrezcan alternativas sostenibles a las menguantes opciones de empleo» (Gollmitzer, 2019); pese a su espíritu colectivo y democrático, no siempre logran erradicar la precariedad y la autoexplotación (Sandoval, 2018). Aun así, cooperativas y sociedades laborales son un mecanismo de los trabajadores en el «espacio de lucha» de los medios contemporáneos (Cohen, 2012: 142). Como sugieren Cohen y De Peuter, «si el periodismo va a tener futuro, este debe estar organizado», porque solo así se podrá «construir una infraestructura organizativa que pueda transformar el periodismo» (Cohen y De Peuter, 2020: xii).
Abatedaga, Nidia (2012): ¿Por qué la opción de la apropiación colectiva? La comunicación de los medios masivos recuperados [tesis doctoral], Universidad Nacional de Córdoba.
Abaurrea, Arantxa; Serra, Rosa (1995): «Qui són els amos dels diaris a Catalunya?», Capçalera, nº 64, pp. 5-12.
Alcolea-Díaz, Gema; Pérez-Serrano, María José (2016): «La Marea como modelo de negocio: nuevas formas de organización, financiación e innovación en el producto», en García-Santamaría, José Vicente; Pérez-Bahón, Félix (coords.): Los medios digitales españoles: procesos de cambio e innovación, La Laguna, Sociedad Latina de Comunicación Social pp. 55-80.
Arboledas, Luis (2010): «Periodismo y transición política en la península Ibérica. ¿Lucha de clases o luchas de poder?», en Estudos em Comunicação, vol. 8, pp. 53-74.
Ayllón, Daniel (2015): «Nuevos proyectos periodísticos en red. El caso de ‘La Marea’», en Index. comunicación, vol. 5, nº2, pp. 53-60.
Banning, Stephen A. (1999): «The Professionalization of Journalism: A Nineteenth-Century Beginning», en Journalism History, vol. 24, nº 4, pp. 157-163. https://doi.org/1080/00947679.1999.12062498
Barandiaran, Alberto (coord.). (2010): Los medios de comunicación. La recuperación del euskera III, Eskoriatza: Garabide Elkartea. p. 72.
Barbería, José Luis (24/5/1983): «Mañana aparece ‘La Voz de Euskadi’, autogestionado por los trabajadores», El País. https://elpais.com/diario/1983/05/24/sociedad/422575211_850215.html
Barranquero, Alejandro y Sánchez, María (2018): «Cooperativas de medios en España: Un periodismo emprendedor y ciudadano en tiempos de crisis», en REVESCO: Revista de estudios cooperativos, (128), 36-58. https://doi.org/5209/REVE.60735
Bekken, Jon (2018): «Integrating Class into the Journalism and Mass Communication Curriculum», en Teaching Journalism & Mass Communication, vol. 8, nº 1, pp. 35-40.
Booth, Andrew, Sutton, Anthea y Papaioannou, Diana (2016): Systematic Approaches to a Successful Literature Review, SAGE. p. 326.
Caminos, José María (1993): Transformación de la prensa en Guipúzcoa durante la transición política. La voz de Euskadi: nacimiento y fracaso de un proyecto informativo [tesis doctoral], Universidad del País Vasco-Euskal Herriko Unibertsitatea.
Camps-Durban, Eloi (2023a): «Cooperativismo, medios de comunicación y periodismo: revisión exploratoria y delimitación conceptual», en Observatorio (OBS*), vol. 17, nº2, pp. 102-123. https://doi.org/10.15847/obsOBS17220232252
Camps-Durban, Eloi (2023b): La premsa de proximitat cooperativa a Catalunya: orígens i revitalització d’un model d’empresa periodística [tesis doctoral], Universidad Pompeu Fabra.
Camps-Durban, Eloi y Mauri-Ríos, Marcel (2022): «Innovación periodística desde la economía social: cooperativas, sociedades laborales y accionariado popular en Cataluña», en REVESCO: Revista de estudios cooperativos, nº140, pp. 1-10. https://dx.doi.org/10.5209/REVE.81061
Carbonell, Jaume (2000): Diari de Vilanova: història i memòria del periòdic més antic de la premsa estatal, Vilanova i la Geltrú: Edicions del Garraf. p. 191.
Codina, Lluís (27/4/2020): «Cómo hacer revisiones bibliográficas sistemáticas utilizando bases de datos académicas». Lluís Codina: comunicación, documentación y SEO. https://doi.org/31009/upfcommresearch.2021.01
Cohen, Nicole (2012): «Cultural Work as a Site of Struggle: Freelancers and Exploitation», en TripleC, vol. 10, nº2, pp. 141-155. https://doi.org/31269/triplec.v10i2.384
Cohen, Nicole (2015): «Entrepreneurial journalism and the precarious state of media work», en South Atlantic Quarterly, vol. 114, nº 3, pp. 513-533. https://doi.org/1215/00382876-3130723
Cohen, Nicole; De Peuter, Greig (2020): New Media Unions. Organizing Digital Journalists, Nueva York/Oxon: Routledge. p. 118.
Coman, Mihai (2004): «Media bourgeoisie and media proletariat in post-communist Romania», en Journalism Studies, vol. 5, nº 1, pp. 45-58. https://doi.org/1080/1461670032000174738
Costa, Santiago (2002): «Vint anys donen per a molt», en VV.AA.: Segre: 1982-2002, Lleida, Prensa Leridana, pp. 211-253.
Costa, Santiago (2007): «El que no destrueix enforteix», En VV.AA. Segre: 1982-2007. 25 anys, Lleida, Segre SLU, pp. 134-135.
De las Heras, Carlos (2000): La prensa del movimiento y su gestión publicitaria (1936-1984), Málaga: Universidad de Málaga. p. 277.
Deery, June y Press, Andrea (2017): «Introduction: Studying Media and Class», en Deery, June y Press, Andrea (Eds): Media and Class. TV, film, and digital culture, Nueva York/Oxon, Routledge, pp. 1-17.
Deuze, Mark (2007): Media Work, Cambridge/Malden: Polity Press. p. 278.
Deuze, Mark; Witschge, Tamara (2018): «Beyond journalism: Theorizing the transformation of journalism», en Journalism, vol. 19, nº2, pp. 165-181. https://doi.org/1177/1464884916688550
Díaz-Noci, Javier (2012): «Historia del periodismo vasco (1600-2010)», en Mediatika. Cuadernos de medios de comunicación, vol. 13, pp. 1-261.
Díaz-Nosty, Bernardo (coord.) (2017): Diez años que cambiaron los medios: 2007-2017, Barcelona: Ariel y Fundación Telefónica. p. 319.
Durán, Rafael (1998): «El Estado como explicación en el cambio de régimen: contención de las movilizaciones durante la transición española», en Revista de estudios políticos, nº100, pp. 215-239.
El País (10/9/1984): «El diario ‘Liberación’ puso ayer su primer número en la calle», El País. https://elpais.com/diario/1984/10/10/sociedad/466210807_850215.html
Elorduy, Pablo (12/1/2019): «Andrés Sorel y la derrota de ‘Liberación’», El Salto. https://www.elsaltodiario.com/periodismo/muere-andres-sorel-presidente-periodico-liberacion
Expósito, Francisco M. (2015): El artículo político en Fernando Vázquez Ocaña durante su etapa en Córdoba (1930-1934) [tesis doctoral], Universidad de Sevilla.
Figueras-Maz, Mònica; Mauri-Ríos, Marcel; Alsius-Clavera, Salvador; Salgado-De-Dios, Francesc (2012): «La precariedad te hace dócil. Problemas que afectan a la profesión periodística», en Profesional de la Información, vol. 21, nº 1, pp. 70-75. https://doi.org/3145/epi.2012.ene.09
Fuentes, Juan Francisco; Fernández, Javier (1997): Historia del periodismo español [vol. 3], Madrid: Síntesis. p. 735.
Gago, Francisco (2014): «Evolución de la conflictividad laboral colectiva en el Franquismo y la Transición según los datos del Ministerio de Trabajo», en Tiempo y sociedad, nº 17, pp. 53-153.
Gollmitzer, Mirjam (26/3/2019): Employment Conditions in Journalism, Oxford Research Encyclopedias — Communication. https://doi.org/1093/acrefore/9780190228613.013.805
Gómez-Mompart, Josep Lluís (1999): «Transformaciones sociocomunicativas del periodista en la España democrática», en Barrera, Carlos (coord.): Del gacetero al profesional del periodismo, Madrid, Fragua, pp. 209-220.
Gómez-Mompart, Josep Lluís (2009): «La prensa diaria en el ecosistema comunicativo de la Transición», en Quirosa-Cheyrouze, Rafael (ed.): Prensa y democracia: los medios de comunicación en la Transición, Madrid, Biblioteca Nueva, pp. 103-132.
Guillamet, Jaume (1983): La premsa comarcal: un model català de periodisme popular, Barcelona: Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya. p. 462.
Hallin, Daniel; Mancini, Paolo (2008): Sistemas mediáticos comparados, Barcelona: Hacer. p. 298.
Hardy, Jonathan (2014): Critical Political Economy of the Media: An Introduction, Nueva York: Routledge. p. 245.
Hirst, Martin (2012): «The cultural politics of journalism: Quotidian intellectuals and the power of media capital», en Hirst, Martin; Phelan, Sean; Rupar, Vericar (eds.): Scooped: The politics and power of journalism in Aotearoa New Zealand, Auckland, AUT Media, pp. 48-64.
Jakobsson, Peter; Lindell, Johan; Stiernstedt, Frederik (2021): «Introduction: Class in/and the media: On the importance of class in media and communication studies», en Nordicom Review, vol. 42, nº 3, pp. 1-19. https://doi.org/2478/nor-2021-0023
La Marea (17/7/2024): «La cooperativa MásPúblico cerró el año con 3.490 euros de pérdidas», La Marea.
La Marea (s. f.): «Transparencia», La Marea.
La Voz de Euskadi (25/5/1983): «Declaración de los trabajadores de LA VOZ a la opinión pública», La Voz de Euskadi.
Le Cam, Florence; Pereira, Fabio H.; Ruellan, Denis (2019): «Professional identity of Journalists», The International Encyclopedia of Journalism Studies. https://doi.org/1002/9781118841570.iejs0241
Marx, Karl; Engels, Friedrich (1987): Sobre prensa, periodismo y comunicación, Madrid: Taurus. p. 346.
Mauri-Ríos, Marcel (2020): «Periodismo y cambio en contextos de crisis. Análisis de la prensa de Barcelona durante la transición democrática (1975-1978)», en RIHC. Revista Internacional de Historia de la Comunicación, vol. 2, nº 14, pp. 289-310. https://doi.org/12795/RiHC.2020.i14.13
Molinero, Carme y Ysàs, Pere (2018): La Transición. Historia y relatos, Madrid: Siglo XXI. p. 299.
Montabes, Juan (1989): La prensa del Estado durante la transición política española, Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas. p. 359.
Mosco, Vincent (2011): «La economía política de la comunicación: una tradición viva», en Albornoz, Luis A. (comp.): Poder, medios, cultura. Una mirada crítica desde la economía política de la comunicación, Buenos Aires, Paidós, p. 61-90.
Muñoz, Sara; Oltra, Xavi (25/3/2018): «Els primers de La República», El Punt Avui. https://www.elpuntavui.cat/comunicacio/article/1363460-els-primers-de-la-republica.html
Neff, Timothy; Benson, Rodney (2021): «News You Can Use to Promote Your Interests: Media Ownership Forms and Economic Instrumentalism», en Journalism Studies, vol. 22, nº 15, pp. 2103-2121. https://doi.org/1080/1461670X.2021.1986115
OIT (2014): Las relaciones de trabajo en las industrias de los medios de comunicación y la cultura, Ginebra: Organización Internacional del Trabajo. https://www.ilo.org/es/publications/las-relaciones-de-trabajo-en-las-industrias-de-los-medios-de-comunicacion-y
Palacio, Luis (dir.). (2015). Informe Anual de la Profesión Periodística 2015, Madrid: Asociación de la Prensa de Madrid. https://www.apmadrid.es/wp-content/uploads/2016/11/INFORME-PROFESION-APM-2015_baja_7M.pdf
Picard, Robert. (2010): «A Business Perspective on Challenges Facing Journalism», en Levy, David; Nielsen, Rasmus (eds.). The Changing Business of Journalism and its Implications for Democracy, Oxford, Reuters Institute for the Study of Journalism, pp. 17-24.
Picard, Robert; Van Weezel, Aldo (2008): «Capital and control: Consequences of different forms of newspaper ownership», en The International Journal on Media Management, vol. 10, nº 1, pp. 22-31. https://doi.org/1080/14241270701820473
Piqué, Antoni Maria (15/6/2018): «‘El Punt Avui’ tanca el seu cinquè ERO amb deu baixes més», El Nacional. https://www.elnacional.cat/ca/cultura/punt-avui-ero_278862_102.html
Pont-Sorribes, Carles; Luis, Rita; Sanmartí, José María (2017): «Aproximación etnográfica del periodista de la Transición como fuente histórica», en Historia y Comunicación Social, vol. 22, nº 1, pp. 141-56. https://doi.org/5209/HICS.55904
Punto y Hora de Euskal Herria (15/4/1976): «Hoy empezamos», Punto y Hora de Euskal Herria, (1).
Rodríguez-Martínez, Ruth; Mauri-Ríos, Marcel; Merino-Arribas, Amparo (2021): «A penny for your words: Job insecurity as the chief problem affecting Spanish professional journalism: 2012 to 2018», en Estudios sobre el Mensaje Periodístico, vol. 27, nº1, pp. 409-24. https://doi.org/5209/esmp.68776
Roses, Sergio (2011): «Estructura salarial de los periodistas en España durante la crisis», en Revista Latina de Comunicación Social, nº66, pp. 1-32. https://doi.org/4185/RLCS-66-2011-929-178-209
Rottwilm, Philipp (2014): The future of journalistic work: Its changing nature and implications, Reuters Institute for the Study of Journalism.
Rueda, Paco (10/3/1983): «’Diario de Barcelona’ torna a sortir al carrer», Punt Diari.
Sandoval, Marisol (2018): «From passionate labour to compassionate work: cultural co-ops, do what you love and social change», en European journal of cultural studies, vol. 21, nº2, pp. 113-129. https://doi.org/1177/1367549417719011
Saura, Víctor, Clarós, Joan Carles y Vilà, Xavier (1993): La Crisi d’identitat del Brusi: 1972-1992: vint anys d’història d’un Diari de Barcelona a la recerca del lector fidel perdut, Barcelona: Diputació de Barcelona y Col·legi de Periodistes de Catalunya. p. 187.
Sjøvaag, Helle y Ohlsson, Jonas (2019): «Media ownership and journalism», Oxford Research Encyclopedia of Communication. https://doi.org/1093/acrefore/9780190228613.013.839
Soengas-Pérez, Xosé; Rodríguez-Vázquez, Ana Isabel; Abuín-Vences, Natalia (2014): «La situación profesional de los periodistas españoles: las repercusiones de la crisis en los medios», en Revista latina de comunicación social, nº69, pp. 104-124. https://doi.org/4185/RLCS-2014-1003
Soto-Carmona, Álvaro (2009): «Sociedad civil y opinión pública: límites para la acción política democrática», en Quirosa-Cheyrouze, Rafael (ed.). Prensa y democracia: los medios de comunicación en la Transición, Madrid, Biblioteca Nueva, pp. 45-61.
Torres, David (1999): «Periodistas y autoempleo. Algunos antecedentes históricos», en Barrera, Carlos (coord.): Del gacetero al profesional del periodismo, Madrid, Fragua, pp. 351-356.
Valera, Sergio (2017): «Periodistas: precariedad consolidada», en Díaz-Nosty, Bernardo (coord.). Diez años que cambiaron los medios: 2007-2017, Barcelona, Ariel y Fundación Telefónica, pp. 279-285.
Velert, Jordi (10/11/2017): «La fórmula de ‘El Punt Avui’ para editar un diario con 91 empleados menos», Economía Digital. https://www.economiadigital.es/empresas/la-formula-de-el-punt-avui-para-editar-un-diario-con-91-empleados-menos_519272_102.html
Voltmer, Katrin (2013): The Media in Transitional Democracies, Cambridge/Malden: Polity. p. 275.
Wright, Erik (1978): «Intellectuals and the Working Class», en Insurgent Sociologist, vol. 8, nº1, pp. 5-18. https://doi.org/1177/089692057800800102
_______________________________
1Antes de la Transición ya existieron en España algunos medios cooperativos. El primero fue el diario El Sur, fundado por Fernando Vázquez Ocaña en Córdoba (1932); según este periodista y político, era «un periódico exclusivamente de profesionales, organizados en cooperativa» (Expósito, 2015: 147).