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ARTÍCULOS

La evolución de los debates televisivos de la Transición (1975-1982): fórmulas de emisión, programas clave y legado

Jacobo Herrero Izquierdo

Universidad de Valladolid  

https://dx.doi.org/10.5209/emp.98205

Recibido: 30 de septiembre de 2024 / Aceptado: 15 de noviembre de 2024

ES Resumen. Este artículo analiza la evolución de los programas de debate en Televisión Española (TVE) durante la Transición española (1975-1982), un periodo crucial en el que España se adaptaba a la democracia tras la dictadura franquista. Los programas de debate se transformaron significativamente, pues incorporaron formatos que promovían la diversidad de opiniones y técnicas de moderación mejoradas. La presencia de invitados con múltiples orientaciones políticas y la superación de las restricciones de censura franquista permitieron discutir temas sensibles y reconfigurar narrativas históricas, al tiempo que contribuían a formar una opinión pública más crítica y plural. La metodología de estudio destaca por utilizar tanto fuentes primarias como secundarias que incluyen materiales de archivo de RTVE y fuentes hemerográficas, corporativas e institucionales. Esto subraya la importancia de un enfoque comprehensivo para entender el impacto social de estos programas. Además, el presente trabajo desglosa la evolución de los programas en varias etapas, desde los formatos iniciales más controlados hasta debates más dinámicos y polémicos que reflejaban una sociedad y una televisión en transformación. Aquellos cambios no solo ilustraron la adaptación de los formatos de debate a un entorno democrático emergente, sino que también pusieron de manifiesto cómo la televisión pública pudo influir activamente en el proceso de democratización. Finalmente, la contribución de los programas de debate a la democracia española se evalúa en cómo facilitaron un foro para la discusión pública y permitieron la expresión de una amplia gama de opiniones y la participación ciudadana, factores fundamentales para fortalecer el tejido social y cívico del país.

Palabras clave: Televisión Española, Transición, debate, pluralidad, opinión pública.

ENG The evolution of television debates during the Transition (1975-1982): broadcasting formulas, key programs and legacy

Abstract. This article analyzes the evolution of debate programs on Spanish Television (TVE) during the Spanish Transition (1975-1982), a crucial period when Spain was adapting to democracy after the Franco dictatorship. Debate programs underwent significant transformations, incorporating formats that promoted a diversity of opinions and improved moderation techniques. The presence of guests with multiple political orientations and the overcoming of Francoist censorship restrictions enabled the discussion of sensitive topics and the reconfiguration of historical narratives, thus contributing to the formation of a more critical and plural public opinion. The study methodology is notable for its exhaustive approach, using both primary and secondary sources including RTVE archive materials and hemerographic, corporate, and institutional sources. This emphasizes the importance of a comprehensive approach to understand the social impact of these programs. Additionally, this work details the evolution of the programs through various stages, from more controlled initial formats to more dynamic and controversial debates that reflected a society and television network in transformation. These changes not only illustrated the adaptation of debate formats to an emerging democratic environment but also demonstrated how public television could actively influence the democratization process. Finally, the contribution of debate programs to Spanish democracy is assessed by how they provided a forum for public discussion and allowed the expression of a wide range of opinions and citizen participation, key factors in strengthening the social and civic fabric of the country.

Keywords: Spanish Television, Transition, debate, plurality, public opinion.

Cómo citar: Herrero-Izquierdo, J. (2025). La evolución de los debates televisivos de la Transición (1975-1982): fórmulas de emisión, programas clave y legado. Estudios sobre el Mensaje Periodístico, 31(1), 115-126. https://dx.doi.org/10.5209/emp.98205

1. Introducción

En su faceta de medio eminentemente informativo, la televisión hace o debe hacer eco de opiniones diversas en una sociedad plural y diversa. Durante la Transición, los programas de debate en Televisión Española (TVE) —algunos tan representativos como La Clave (1976-1985), Cara a Cara (1976-1978) o Su turno (1980-1983)— se convirtieron en pilares de la discusión pública y reflejaron el proceso de cambio político y social en España. En estos años, TVE, como principal y única cadena de televisión, jugó un papel fundamental en la configuración del discurso político y en la promoción del debate público. Los programas de debate no solo ofrecieron un espacio para la confrontación de ideas, sino que también contribuyeron a la formación de una opinión pública informada y crítica. Paulatinamente, dichos espacios fueron incorporando novedades tanto en su formato como en su contenido. La inclusión de invitados de diferentes orientaciones políticas, el uso de técnicas de moderación más dinámicas y la ampliación de los temas tratados fueron algunas de las innovaciones que marcaron el cambio en la programación.

Los debates televisivos de la cadena estatal se enfrentaron al desafío de ofrecer un foro inclusivo y equilibrado en el que las diversas voces de la sociedad pudieran ser escuchadas. Esta tarea se encontró con obstáculos significativos, como la necesidad de superar las prácticas de censura y autocensura heredadas del régimen anterior. Además, los programas debían navegar en un entorno mediático y político en transformación, donde los actores políticos y sociales estaban redefiniendo sus roles y estrategias. La búsqueda de un equilibrio entre la libertad de expresión y la responsabilidad informativa y la gestión de la diversidad de opiniones en un contexto completamente remozado fueron cuestiones centrales que los responsables de estos espacios tuvieron que abordar.

Este artículo investiga cómo los programas de debate en TVE durante los años 1975-1982 gestionaron estos retos y la manera en que su evolución reflejó y contribuyó a la consolidación de la democracia en España. A través del análisis de sus formatos, contenidos y dinámicas se pretende comprender mejor su impacto en el panorama político y social de la época y la manera en que ayudaron a moldear la opinión pública. También se evaluará el legado de estos espacios en el contexto de la televisión pública y su papel en la construcción de un espacio mediático democrático y participativo en España.

2. Estado de la cuestión

Con la caída del régimen franquista, España enfrentó la empresa de transformar un sistema de medios controlado por el Estado en un entorno mediático libre. La televisión, que había sido un instrumento de propaganda durante la dictadura, comenzó a desempeñar un papel más abierto y accesible. Este cambio implicó la introducción de nuevas políticas y normativas destinadas a asegurar la libertad de expresión y la diversidad informativa (Quirosa-Cheyrouze y Muñoz, 2009). Los programas de debate, que surgieron como una respuesta a la necesidad de ofrecer un foro para la discusión pública, reflejaron las aspiraciones de una sociedad que buscaba superar décadas de censura y control informativo.

Los investigadores que han abordado el impacto del rol de la televisión y sus contenidos durante la Transición han aportado valiosas perspectivas sobre cómo los espacios de la televisión pública contribuyeron a la configuración del discurso político y social de la época. Quizás sea apropiado comenzar haciendo alusión al trabajo coordinado por Montero (2018), en el que se examina de manera exhaustiva cómo las transformaciones en la programación de TVE reflejaron y fomentaron el proceso de democratización. Además, estudios como los de Gutiérrez Lozano (2005), Alcaide Lara (2008), Ruiz del Olmo y Bustos Díaz (2017) o González Neira et al. (2020) se han centrado en el examen de la estructura y la dinámica de los debates televisivos. El último trabajo citado se centra en los debates televisivos electorales, considerados un género en sí mismo. Curiosamente, durante la Transición no se emitió este tipo de espacios, debido a múltiples causas, aunque fundamentalmente a la resistencia del partido en el poder, la UCD de Suárez, que veía en esta práctica un potencial riesgo para su imagen pública (Herrero, 2020).

Por otro lado, cabe destacar trabajos como los de Virginia Martín Jiménez y el catedrático de Comunicación Audiovisual Manuel Palacio. La primera, autora en 2011 de una tesis doctoral —publicada posteriormente como libro 2013 por la Universidad de Valladolid— sobre el papel de TVE al comienzo de la Transición, ha ofrecido un análisis detallado de los formatos y temas tratados en estos espacios, que fueron fundamentales para la difusión de una cultura democrática (2014; 2018). Palacio ha explorado la evolución de la programación televisiva y su relación con el cambio político. En sus trabajos (Palacio, 2001; 2012; 2014) ha proporcionado una visión integral de cómo TVE se adaptó a los nuevos requerimientos democráticos.

De igual forma, no es difícil encontrar obras más generales sobre la historia de la televisión pública en las que se localizan menciones que permiten alguna aproximación a la evolución de los programas de debate. Estos textos (Munsó, 2001; Philippe, 2007), aunque menos especializados en el tema que aquí nos ocupa, ofrecen un contexto valioso sobre los cambios en TVE y la influencia de dichos programas en el escenario mediático del momento. A pesar de estas contribuciones, sigue faltando un análisis que rastree de manera exhaustiva la evolución cronológica y longitudinal de estos títulos para entender mejor su impacto en la configuración del medio y su papel en la Transición. Nos referimos a un trabajo sobre cómo los debates en televisión, sus estructuras, enfoques temáticos y mecánicas de funcionamiento cambiaron a lo largo del tiempo.

3. Objetivos y metodología

Este vacío en la investigación, señalado en las líneas anteriores, subraya la necesidad de un estudio más profundo que examine la génesis y transformación de los programas de debate en TVE. Asimismo, resulta fundamental recopilar y analizar los recursos disponibles para superar la extendida y errónea afirmación de que no existen fuentes suficientes con las que trazar la historia y evolución de la televisión en España. En este sentido, esta investigación ha tenido como objetivo principal acceder a fuentes primarias, poco consultadas en trabajos previos, que ofrecen una visión más precisa de la evolución de los debates televisivos. También se ha propuesto abarcar la totalidad del periodo de la Transición, que muchos historiadores y académicos tienden a fragmentar en etapas.

Para la consecución de estos objetivos, la presente investigación cuenta con la particularidad de haber recurrido al visionado directo de las cintas originales conservadas en el archivo online de RTVE y en su fondo documental VisuARCA. La consulta de estas grabaciones —limitadas, en cualquier caso, por la falta de digitalización de algunos materiales y los requerimientos de los documentalistas del medio— no solo ha aportado detalles sobre los cambios en el contenido y la estructura de los programas, sino que también ha ofrecido un testimonio visual y directo del clima político y social que se vivía en España durante aquellos años clave. Tras la revisión de una amplia gama de documentos, incluyendo publicaciones diarias, revistas especializadas y estudios académicos previos para contextualizar y enriquecer nuestra comprensión del tema, se elaboró un listado de los principales programas de debate emitidos por TVE desde 1975 a 1982 (Tabla 1) para examinar sus similitudes, diferencias, la introducción de elementos nuevos e incluso las variaciones a nivel estético y estilístico. A continuación, se visionaron ejemplos de todos y cada uno estos programas, lo cual ha permitido estudiar aspectos dinámicos y cambios sutiles (y no tanto) en los formatos y presentaciones.

Tabla 1. Programas de debate en TVE (1975-1982).

Título del programa

Periodo de emisión

Cadena

Cara y Cruz

1976

Primera

España, hoy

1976-1977

Primera (media hora los miércoles) y Segunda (una hora los domingos)

La prensa en el debate

1976-1977

Primera

Opinión pública

1976-1981

Primera (1976-1977) y Segunda (1978-1981)

La Clave

1976-1985

Segunda

Cara a Cara

1977-1978

Primera

Tribuna Económica

1978-1981

Segunda

Tribuna Cultural

1978-1981

Segunda

Tribuna Internacional

1978-1981

Segunda

Tribuna de la Historia

1978-1981

Segunda

En directo con

1981-1981

Primera

Su turno

1980-1983

Primera

Mano a Mano

1981-1986

Primera

Tertulia con

1981

Primera

El Testigo

1981-1982

Segunda

Fuente: elaboración propia.

En muchas ocasiones, solo pudieron revisarse segmentos específicos de las emisiones originales. Esto se debe a que no siempre se localizaron las cintas al completo de los diferentes títulos seleccionados. Además, durante el proceso de búsqueda, fue necesario descartar aquellos programas que se clasificaban como debates pero que, en realidad, eran espacios de entrevistas múltiples, donde un grupo de periodistas o colaboradores, bajo la dirección de un moderador, discutían temas de actualidad siguiendo la técnica de pregunta y respuesta. En cuanto al método de análisis, se diseñó una ficha específica que incluyó los siguientes ítems: fecha de emisión, cadena, presentador/moderador, disposición de los invitados/colaboradores, estructura de los debates, principales temas tratados y recursos técnicos (ángulos de cámara, técnicas de montaje, transiciones y efectos visuales y sonoros utilizados durante las emisiones).

Adicionalmente, se incorporaron distintas fuentes complementarias que ofrecen una visión más detallada sobre la recepción y crítica de los programas. Por ejemplo, las informaciones y opiniones publicadas en algunos periódicos de referencia (El País, ABC, La Vanguardia y Diario 16) componen una parte esencial de nuestro análisis. En sus páginas sobre la programación televisiva se ha podido localizar información valiosa sobre la valoración del público, el alcance y la evolución del tratamiento de los temas en los debates. Esta documentación ha ofrecido un contexto adicional que enriquece los datos obtenidos de los vídeos del archivo de RTVE y que también se ha completado con la consulta de otras fuentes hemerográficas (Blanco y Negro; Cambio 16; Triunfo), corporativas (anuarios de RTVE, revista Tele-Radio) e incluso documentos institucionales inéditos como las actas del primer Consejo de Administración del Ente Público RTVE (1980-1982).

4. El debate como ejercicio democrático: reflejo de una sociedad y una televisión en transformación

Debate, por definición, es controversia. Por consiguiente, el primer planteamiento de un programa de debate en televisión es buscar un asunto que provoque polémica en la opinión pública. El objetivo no es otro que exponer argumentos contrarios en torno a un tema, por lo general de actualidad (Bernaola et al., 2011). Sin embargo, al comienzo de la Transición era necesario articular cuidadosamente el formato del debate en un contexto donde la libertad de expresión aún estaba en proceso de consolidación. Asimismo, era básico llevar a cabo una tarea de socialización democrática de una población que había experimentado durante generaciones las restricciones de un sistema dictatorial y que entonces necesitaba comprender y poner en práctica las bases de la convivencia democrática y la filosofía del llamado «consenso»:

Partimos de que desde las élites políticas de la transición se desarrolló esta tendencia al consenso y la búsqueda de pactos para garantizar el éxito de la democracia y por tanto, la gobernabilidad. Esta política de concertación o acuerdo funcionaría como una serie de reglas no escritas con incentivos y castigos. Si los partidos cedían una de sus posturas ideológicas a cambio de lograr un consenso en otra materia y compartían las tareas de gobierno, sería posible asentar la democracia, que era el objetivo compartido por la mayoría. (Gunther, 1996, p. 83)

En esta tarea de conformación de una nueva cultura cívico-política, la televisión desempeñó un papel fundamental (Martín Jiménez, 2014, p. 123). Los primeros debates televisivos de la Transición ofrecieron patrones de conducta que buscaron encauzar el pluralismo emergente dentro de unos márgenes controlados. Poco a poco, los contenidos y formatos se diversificaron y se adaptaron a las inquietudes de una audiencia cada vez más madura. Este proceso, que atravesó diferentes fases, supuso el paso del enfoque unidimensional y rígido, que priorizaba la estabilidad y el equilibrio, centrado en la presentación de posturas monolíticas, a un formato más inclusivo, donde se buscaba representar un abanico de opiniones. Aquello fue el reflejo de una sociedad y una televisión en transformación; un testimonio de la necesidad de articular diferentes perspectivas en un contexto democrático emergente.

4.1. La articulación del consenso: el debate televisivo al inicio de la Transición (1976-1978)

La actitud dialogante y consensuada propia del inicio del cambio político fue la característica primordial de los programas de debate emitidos entre 1976 y 1978. La mayoría de ellos tuvo un impacto considerable al influir en la formación de la opinión pública y ofrecer a la ciudadanía un modelo de interacción respetuoso. En palabras de Martín Jiménez (2018, p. 356), aquellos espacios ofrecieron no solo patrones de conducta sobre las principales cuestiones de interés público, sino que también enseñaron a emplear un nuevo vocabulario —el democrático— que facilitó el proceso de adaptación a un sistema político basado en la participación y el pluralismo.

Uno de los ejemplos más paradigmáticos fue el programa llamado Cara y Cruz. Estaba dirigido y presentado por Enrique Meneses, con la colaboración de José Luis Orosa, Elisa Valero y Ricardo Ciudad. De periodicidad quincenal y 45 minutos de duración, comenzó a emitirse los viernes a las 21:30 en mayo de 1976 y permaneció en antena únicamente un año. Estaba estructurado en torno a tres bloques fundamentales: primero, la presentación de un vídeo de ocho minutos que introducía el tema de la emisión; luego, dos o tres expertos invitados ofrecían su análisis sobre la cuestión planteada, y finalmente, ciudadanos ubicados en los centros regionales de TVE, actuando como representantes del público, entablaban un debate con los expertos mediante preguntas y comentarios (Martín Jiménez, 2018, pp. 359-360). En su estreno, el equipo abordó un tema tan inusual como «Los muertos vivientes», sobre los enfermos en estado de coma (ABC, 1976). Conforme avanzó, se atrevió a reflexionar sobre cuestiones políticas más sensibles, como el futuro del sindicalismo en España y el pensamiento de la clase obrera. De hecho, en septiembre de 1976 una noticia de Tele-Radio informó de la grabación de algunos debates sobre asuntos como la huelga, el aborto y el divorcio. Nunca llegaron a emitirse, pues desapareció antes de antena (Tele-Radio, 1976).

De la misma etapa son otros espacios como España hoy, La prensa en el debate u Opinión Pública (RTVE, 1976, pp. 48-55). En sus diferentes emisiones, presentaron análisis y discusiones que, aunque relevantes, se mantuvieron dentro de ese marco menos confrontativo. En España hoy, la política, la economía y la cultura se combinaron alternativamente en un planteamiento original y con un lenguaje accesible para todos, a veces desenfadado y desmitificado. Estaba dirigido y presentado por José Javaloyes, al que auxiliaban tres especialistas: Fernando Ónega, para la política; Diego Jalón, para la economía, y Horacio Sáenz Guerrero, para la cultura.

El archivo de RTVE ha puesto a disposición del espectador algunos episodios. El del 7 de enero de 1977 centró el foco en la Navidad, abordada desde ángulos literarios, religiosos y sociológicos. Con Fernando Ónega como moderador, la emisión presentó a figuras como el poeta José García Nieto, el sacerdote Miguel Alonso y el sociólogo José Manuel González Páramo, a quienes acompañaron en remoto María José Valero y Ricardo Ciudad como miembros del equipo de Servicio Especial de RTVE. La mesa discutió el significado de la Navidad en la sociedad contemporánea, tanto desde visiones tradicionales como desde el creciente consumismo de la época. En este episodio en concreto se realizó un profundo análisis de cómo la sociedad española comenzaba a redefinir sus valores frente a nuevas influencias culturales y comerciales. Desde un punto de vista técnico, se puede observar cómo España Hoy seguía el formato clásico del momento, con una realización sencilla, aunque con algunos elementos distintivos. Precisamente las intervenciones a distancia de María José Valero y Ricardo Ciudad destacaron por su carácter innovador. La abundancia de planos fijos y medios de los participantes también denotó un interés por centrar la atención en los argumentos para evitar distracciones visuales. El montaje era sobrio y permitía una continuidad clara y fluida en la conversación. El tono fue moderado y respetuoso, donde privilegiaron las intervenciones pausadas y bien argumentadas (RTVE, 1977). La reflexión calmada por encima del conflicto favoreció una atmósfera de colaboración intelectual. Esta dinámica, sin embargo, también tuvo sus desventajas. El propio José Javaloyes reconocería en una entrevista a Blanco y Negro que el programa se encontraba a pocos meses de su estreno «preso de la rutina»:

España hoy parecía un magnífico esfuerzo para abordar temas que llamaríamos difíciles —los más interesantes, ni más ni menos—, que por añadidura se sometían al debate de personalidades muy capaces de dar juego por encima de la simple pregunta respuesta. La intención era alternar semanalmente cuestiones políticas y económicas de la actualidad nacional. Bien, pues todo esto se ha perdido […] Los invitados […] parece como si estuvieran de acuerdo de antemano, con lo que se hace imposible suscitar las polémicas más vivas y vibrantes de los primeros tiempos. (Blanco y Negro, 1977).

Figura 1. España hoy. Navidad, tiempo y tema (1977).

Fuente: archivo de RTVE.

Algo parecido podría decirse de las emisiones de La prensa en el debate y Opinión Pública. El segundo nació en la temporada 1976-77 en el marco del proyecto del entonces director general de RTVE, Rafael Ansón. Jana Escribano y Pedro Meyer presentaban este espacio de media hora de duración en el que se recogía la opinión ciudadana a través de encuestas a especialistas o la formulación de preguntas a transeúntes a su paso por la calle (Palacio, 2001). Los resultados de estas encuestas servían para desarrollar varias emisiones consecutivas, en las que participaban un panel de expertos que exponían sus opiniones de manera individual y, por ende, sin la interacción necesaria entre ellos. Por otro lado, La prensa en el debate constituyó una de las grandes novedades de la misma temporada. Luis María Ansón, hermano del director general, se puso al frente de este programa, centrado en la exposición personal y valorativa de la información de la semana. El espacio tenía como objetivo potenciar el periodismo escrito en televisión, su gran competidor. Se emitía los viernes de 21:00 a 21:15 y contaba con Ramón del Corral como editor, quien colaboraba en la selección de los temas y en la coordinación de la participación de destacados periodistas de la prensa nacional. Rafael Ansón asegura que La prensa en el debate era un «programa absolutamente preparado y concebido para minimizar la crítica de la prensa hacia Televisión Española» (Ansón, 2014, p. 110). Según Ansón, aquel que salía en el programa, reducía su ataque contra TVE, por lo que se trataba de una manera de dar visibilidad a cierta prensa, controlar la narrativa mediática del momento y evitar cuestionamientos directos a la gestión de RTVE durante un periodo de cambios políticos importantes. El espacio tuvo su continuidad en Revista de Prensa, de formato y estilo similar, emitido entre 1980 y 1981.

La prensa en el debate pudo ser un tanto más polémico por su afán de ofrecer una visión profunda y detallada acerca de ciertos temas. Esta controversia quedó patente en una carta publicada en El País en diciembre de 1976. En dicha carta, el autor expresaba su descontento con el enfoque del programa sobre el referéndum de la Ley para la Reforma Política. «En la misma tónica, el más elemental fair play ha brillado por su absoluta ausencia durante el resto de la sección política del programa», señaló, denunciando lo que percibía como una falta de equilibrio en la presentación de los hechos y en el trato a los participantes que defendían posturas divergentes (El País, 1976).

Cabe destacar que ese carácter sesgado de la información en TVE era perfectamente entendible. La televisión pública, en un momento tan decisivo para el futuro del país, apostó decididamente por promocionar el proceso de reforma. Este enfoque estratégico respondía a un intento de alinear la programación con los objetivos del Gobierno y a la necesidad de apoyar el avance hacia un nuevo orden político. Lo mismo ocurrió con el conjunto de emisiones informativas y el resto de programas de carácter político que inundaron la parrilla televisiva en estos años y que a menudo dejaron de lado las voces más críticas y las dificultades inherentes al proceso.

En contraste, el famoso programa de debate La Clave, dirigido y presentado por José Luis Balbín, ofreció un formato que fomentaba una discusión más amplia y menos restringida por las agendas políticas. Distinguido por su capacidad para explorar temas con profundidad y ofrecer un rango diverso de opiniones, el denominado «baremo de los techos de libertad alcanzados durante la Transición en TVE» (Pérez Ornia, 1988, p. 50) debatía con expertos nacionales e internacionales sobre un asunto de actualidad, muchas veces tocando materias complejas y no poco controversiales. El espacio utilizaba como pretexto para introducir el debate la emisión de una película relacionada con el tema que se proponía discutir, la cual también era susceptible de generar enfrentamientos y enriquecer la conversación. Además, La Clave permitía la participación de los espectadores a través de llamadas telefónicas, lo que ofrecía una dimensión interactiva y permitía que las opiniones del público se sumaran al coloquio.

La Clave se distinguió de otros espacios por su enfoque audaz y su disposición a enfrentar la polémica. Antes de la aprobación de la Constitución, abordó cuestiones peliagudas que no se habían tratado hasta entonces: la «Ley de Amnistía» (29/01/1976), «la Reforma Universitaria (05/02/1976) o la «Ley de Prensa y su Implementación» (24/09/1976). Durante 1977, el programa continuó explorando hitos clave como la «Reforma Política» (14/01/1977) y la «Constitución de 1978» (25/02/1977), que despertaron un amplio debate sobre el futuro político del país y sus implicaciones. También se discutieron cuestiones delicadas como el «Papel de los Sindicatos» (04/02/1977) y las «Elecciones de 1977» (18/02/1977), que reflejaban las tensiones y expectativas de este periodo. En 1978, el programa abordó aspectos fundamentales para la democratización del país, como las «Reformas Sociales (27/01/1978) y la «Descentralización y Autonomías (03/02/1978). Además, se trataron temas relevantes como el «Papel de la Monarquía (12/05/1978) y la «Libertad de Expresión (04/08/1978), que eran fundamentales en el contexto de los cambios en la sociedad. En cuanto a su puesta en escena, no se modificó a lo largo de los años y destacó por situar a los contertulios en forma de «U» con Balbín en el vértice y los invitados a ambos lados (Rochera, 2018). A diferencia de otros programas, se apartó de los largos monólogos y la exposición sin respuesta, fomentando una interacción más directa y equitativa entre los participantes.

4.2. Nuevas voces, nuevas realidades (1978-1980)

El cambio constitucional de 1978 marcó el inicio de una nueva era en los programas de debate de TVE. A partir de entonces, el abanico de temas a tratar se amplió significativamente para adaptarse a la creciente libertad de expresión que garantizaba la norma suprema. Las diferentes corrientes políticas y sociales del país comenzaron a exigir su espacio en la televisión pública, lo que supuso un desafío para RTVE a la hora de ofrecer una programación que reflejara la pluralidad de posturas e intereses que surgían. Paralelamente, los cambios directivos y la aprobación de un nuevo Estatuto en el seno de RTVE (1980) permitieron que la cadena avanzara hacia su propia democratización, por lo que se aseguraba —al menos teóricamente— una mayor independencia y se promovía un debate más abierto y plural.

Este nuevo panorama también coincidió con el fin de la política de consenso que había caracterizado los inicios de la Transición. Desde finales de 1978, y en algunos casos incluso antes, comenzaron a observarse fracturas en el comportamiento de las fuerzas políticas, que hasta entonces habían adoptado una actitud más conciliadora en favor de la reforma. Cara a Cara, un espacio dirigido por Federico Ysaart en 1977, se convirtió en uno de los primeros reflejos de esta tendencia en la programación de TVE. A lo largo de 30 minutos, este programa enfrentaba a dos personalidades con posturas políticas opuestas que, al discutir sobre un tema que les resultaba cercano, dejaban de lado el tono calmado de otros programas y daban paso a un debate más directo y polarizado.

En sus primeras emisiones, Cara a Cara plasmó aún ese espíritu de consenso que predominaba en los primeros años del cambio político. A pesar de la confrontación inherente al formato, los debates mantenían una atmósfera relativamente armoniosa y los participantes solían buscar puntos de encuentro. No obstante, el enfoque inicial de Cara a Cara se fue diluyendo y dio paso a debates más intensos y discutidos (Palacio, 2012). En agosto de 1978, el coloquio sobre la democratización de RTVE, en el que se discutieron la creación del Consejo Rector y la futura aprobación del Estatuto de RTVE, ejemplificó claramente este cambio. En ese episodio, los participantes discutieron sobre las reformas necesarias para garantizar una mayor independencia de la televisión pública. Javier Solana y Antonio Jiménez Blanco, respectivos miembros del PSOE y UCD, se involucraron en una confrontación particularmente aguda en la que el primero defendió con firmeza la necesidad de una democratización más profunda de RTVE y destacó la importancia de asegurar su independencia frente a influencias políticas. Jiménez Blanco —aunque de acuerdo con la necesidad de reformas— enfatizó los desafíos prácticos y las implicaciones políticas que conllevaban. La discusión entre ambos no solo subrayó las divisiones ideológicas, sino que también reveló los intereses en juego sobre el control político de TVE, hasta entonces manejada en exclusiva por el Gobierno (Jiménez Blanco, 2014).

Atendiendo a las características técnicas, Cara a Cara todavía hacía gala de un estilo sobrio y formal. A excepción de la cabecera, que era más dinámica, con una música estridente y un barrido de letras con el título del programa, el resto del espacio mantenía un estilo austero y deliberadamente sencillo. El set era minimalista, con un fondo neutro que centraba la atención en los interlocutores. El programa solía incorporar imágenes de archivo para ilustrar el tema en discusión o para presentar a los ponentes, una práctica que, aunque no era exclusiva de este espacio, añadía un contexto visual adicional. Asimismo, Cara a Cara utilizaba generalmente tomas estáticas y planos cerrados para destacar las expresiones faciales y el lenguaje corporal de los participantes, mientras que la iluminación era clara y uniforme, evitaba dramatismos y se enfocaba en los rostros de los ponentes.

En esta etapa a caballo entre 1978 y 1979 se estrenaron otros formatos de debate bajo la denominación de Tribunas. Estos espacios incluían la Tribuna Económica, la Tribuna de la Historia, la Tribuna Cultural y, un poco más adelante, la Tribuna Internacional. Cada uno de ellos se centraba en temas específicos, ofreciendo un análisis detallado y especializado que complementaba la oferta de debate político. Aunque mantenían un estilo formal y una presentación austera, las Tribunas se distinguieron por su enfoque temático más pronunciado (Martín Jiménez et al., 2022). Dichos programas se enfrentaron al inconveniente de ser emitidos por la Segunda Cadena de TVE. Su presupuesto inicial era escaso, lo que dificultaba traer invitados tanto de fuera de España como de fuera de Madrid. Estas limitaciones afectaban a la elección de los temas a discutir, así como a la selección de los participantes. Una vez emitidos, los programas escapaban al control de TVE y el debate se trasladaba a otro nivel, impulsado por los medios de comunicación, especialmente la prensa diaria y la especializada, que en muchas ocasiones amplificaban o alteraban la recepción de los contenidos (Paz y Montero, 2015, p. 281).

A pesar de estas dificultades, las Tribunas tuvieron una larga permanencia en antena (hasta 1981). A medida que avanzaron, se aventuraron a introducir elementos visuales y de producción más variados. Mención especial merecen los debates incluidos en Tribuna de la Historia, que procuraron revisar y divulgar las versiones de la historia predominante durante el franquismo. Los debates incluyeron tanto análisis políticos como sociales y culturales, lo que permitió una visión más amplia y justa de los acontecimientos. A través de estos programas, se dio voz a perspectivas que habían sido marginadas, generando un diálogo sobre ciertos asuntos y apostando por trasladar a la audiencia nuevos enfoques e interpretaciones de los hechos. Un ejemplo destacado fueron los debates organizados después de la emisión de la serie Holocausto, dirigida por Marvin J. Chomsky, y que narraba las tragedias de una familia judía durante el auge del régimen nazi y su persecución en los campos de concentración. La serie fue seguida por dos coloquios en Tribuna de la Historia que reunieron a figuras de renombre como el filósofo Julián Marías, el historiador alemán Hans Jürgen Puhle, el psicólogo José Luis Pinillos, el historiador español Javier Tusell, Reinhard Spitzy, exdiplomático alemán cercano a Hitler, el periodista Eduardo Haro Tecglen y los historiadores Luis Apostua y Manuel Piedrahita. Todos ellos analizaron los horrores del nazismo y también sus implicaciones éticas, morales y políticas. La dirección corrió a cargo de Luis Ignacio Seco, que logró coordinar un esfuerzo por analizar de manera exhaustiva el impacto del genocidio nazi en la historia y la memoria colectiva.

Las discusiones sobre Holocausto destacaron por sus participantes, así como por el tratamiento visual y estilístico. La dirección de Seco cuidó aspectos como el uso de planos cerrados, para resaltar las expresiones faciales de los invitados. Este enfoque ayudó a transmitir la gravedad de los crímenes discutidos y la relevancia histórica del tema. En cuanto a la producción, la serie combinó imágenes de archivo con la discusión en estudio, un recurso que contextualizaba los argumentos de los participantes con material histórico sobre los campos de concentración. La música y el sonido se usaron con moderación, evitando la exageración, pero realzando los momentos más significativos y emotivos del debate (RTVE, 1979).

En el archivo de RTVE hay rastro de algunos momentos destacados de esta y otras Tribunas. Con fecha de noviembre de 1979, se conserva uno de los primeros episodios de Tribuna Internacional, centrado en las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Este programa fue presentado en su fase inicial por Jesús Hermida y se caracterizaba por su estructura organizada y multifacética, con diversas secciones y piezas informativas especiales que ofrecían una visión completa de los asuntos tratados. Utilizaba predominantemente planos cortos y medios para intensificar la sensación de proximidad, y el fondo negro y oscuro durante los debates. Esto último, que servía para reforzar el tono serio y analítico, creaba un ambiente que subrayaba la importancia del contenido.

Figura 2. Tribuna Internacional. Elecciones en EE. UU. (1979).

Fuente: archivo de RTVE.

En dicho episodio se puede ver al propio Hermida introduciendo el tema de manera clara y concisa. A continuación, se presenta la sección «Pasaporte Tribuna Internacional», donde Marisol González da paso al reportaje «USA. La criba electoral». Finalmente, José Antonio Martín Mateos modera el debate, al que asistieron los siguientes contertulios dispuestos en torno a una mesa en forma de «L»: Harry Debelius, corresponsal de The Times en España; Manuel Medina, catedrático de Relaciones Internacionales, y Antonio Alférez, jefe de la sección internacional de ABC. Durante poco más de quince minutos, invitados y moderador expusieron su opinión sobre cómo la campaña estaba siendo percibida desde Europa, su posible impacto en las relaciones internacionales y la influencia de los medios de comunicación en la formación de la opinión pública sobre los candidatos (RTVE, 1979).

Todas las Tribunas tenían una periodicidad semanal. En algunas ocasiones, distinguidas personalidades del Gobierno pasaron por su mesa de debate, lo que suscitó un interés adicional. Aun así, también se produjeron críticas por el supuesto trato excesivamente amable hacia los miembros del Ejecutivo y por la utilización de TVE como una plataforma para difundir las políticas e intereses gubernamentales, muchas veces sin la oportunidad de ser adecuadamente cuestionados. Por ejemplo, en pleno contexto de recesión económica provocada por la segunda crisis del petróleo (1979), los debates de Tribuna Económica adquirieron una especial relevancia, puesto que las noches del 10 de julio y 8 de agosto de 1980, José Luis Leal, ministro de Economía, y Luis Gámir, ministro de Comercio, participaron en el programa, cada uno enfrentándose a líderes del sector empresarial. Leal debatió con Carlos Ferrer Salat, presidente de la CEOE, mientras Gámir lo hizo con Josep María Figueras, presidente del Consejo Superior de las Cámaras de Comercio. Aunque ambos intentaron transmitir un mensaje de confianza, los medios señalaron que sus intervenciones fueron «excesivamente optimistas» y no abordaron la crisis con suficiente realismo (Fernández Cuesta, 1980).

Además, las declaraciones de los ministros fueron calificadas como monótonas y carentes de un intercambio vibrante de opiniones. El público de la época, en pleno desarrollo democrático de la era post-consenso, pedía debates más espontáneos y menos encorsetados, donde los invitados pudieran rebatirse entre sí de forma directa. Las quejas que surgieron en torno a estas emisiones señalaron precisamente esta falta de dinamismo y la necesidad de mayor flexibilidad en los debates televisivos, que ya no podían ser como antaño, cuando la rigidez y el control de las intervenciones eran la norma. Como resultado, la audiencia y la opinión publicada del momento se mostró muy crítica ante cualquier intento de moderar el debate en exceso. También fue especialmente sensible cuando detectaron limitaciones a la libertad de expresión, así como cualquier indicio de manipulación o censura. Este es un aspecto clave que marcó este periodo de la Transición y el mandato del que era el nuevo director general, Fernando Arias-Salgado, al que se le atribuyó un enfoque excesivamente conservador en la gestión de TVE.

Figura 3. La Clave, en diferido. Humor gráfico (1980).

Fuente: El País y La Vanguardia.

El sustituto de Rafael Ansón se enfrentó a numerosas críticas por intentar imponer una visión más restrictiva y controlada de la cadena. Aquello no casaba con el clima de apertura y modernización que demandaba la sociedad del momento y derivó en una creciente insatisfacción tanto entre el público como entre los profesionales de los medios. Las tensiones culminaron en una serie de protestas y cambios de liderazgo que reflejaron el descontento con la dirección de Arias-Salgado y el deseo de una televisión pública más libre y plural (Munsó Cabús, 2001). Probablemente, el enfrentamiento más sonado tuvo que ver con el espacio de debate La Clave, que cesó sus emisiones en septiembre de 1980. El problema surgió a raíz de las nuevas directrices impuestas por Arias-Salgado, que requerían que el programa fuera emitido grabado en lugar de en directo. La medida fue vista como una restricción a la libertad editorial del programa, que había sido conocido por su formato innovador y sus debates en vivo. La resistencia del equipo de La Clave a ajustarse a estos cambios evidenció la creciente fricción entre la dirección de TVE y los profesionales de la cadena, al igual que reflejó el agotamiento con Fernando Arias-Salgado, quien finalmente dejó su puesto en enero de 1981. A este le sucedió Fernando Castedo, bajo cuyo mandato se inició una nueva etapa en la que se buscó un enfoque renovado en la independencia y pluralidad informativa.

4.3. El arte de disentir: debates que definieron una época (1980-1982)

Si bien el mandato de Arias-Salgado estuvo marcado por críticas, también es importante señalar algunas novedades en la programación, especialmente en lo relativo a los espacios de debate. En este sentido, uno de los pocos debates en directo emitidos por la Primera Cadena de TVE durante su gestión fue el celebrado el 29 de enero de 1980. En esa ocasión, la televisión pública acogió un cara a cara a cuatro entre Luis González Seara, ministro de Universidades e Investigación, Eulalia Vintró (PCE-PSUC), José Manuel González Páramo (CD), Luis Gámir (UCD) y Javier Solana (PSOE). El debate versó sobre el proyecto de Ley de Autonomía Universitaria, que buscaba otorgar mayor autogestión a las universidades y definir con claridad las competencias de estas instituciones (RTVE, 1980). La discusión fue particularmente relevante, ya que la autonomía universitaria se había convertido en un tema clave dentro del proceso de democratización del país. El espacio permitió a los participantes exponer sus posiciones, con momentos de intensa confrontación ideológica. Fue moderado por José Antonio Silva, junto con los miembros del equipo de Tribuna de la Historia, quienes se preocuparon por mantener el equilibrio durante una emisión «corta», a juicio de los medios informativos:

Se debe lamentar la breve duración del debate, en la que tal vez hayan influido más causas que la tradicional miopía de los directivos de Televisión para señalar prioridades. Imaginemos, por ejemplo, que este debate, menos recortado en el tiempo, pudiera contribuir a que la opinión se aficionara a presenciar discusiones televisadas en directo sobre las grandes cuestiones de nuestra sociedad y aprendiera a separar el trigo de la paja y a los políticos competentes de los simples figurones. (El País, 1980)

Algunos diarios como El País elogiaron efusivamente la iniciativa. No obstante, también lamentaron la participación de Luis Gámir, considerado un mero acompañante del ministro de su partido. Pese a estas críticas, el programa destacó por acercar temas importantes a la sociedad, lo que reforzaba el papel de la televisión en la vida pública. En paralelo a estos esfuerzos, la TVE de Fernando Arias-Salgado también introdujo otras innovaciones notables como fue el espacio En directo con, considerado una de las novedades más importantes en la parrilla de 1980 y que brindó la oportunidad de contar con la participación de varios ministros y altos cargos gubernamentales. En directo con fue concebido como una evolución del desaparecido El Gobierno informa (TVE, 1975-1976) y apostó por una comunicación más transparente y accesible entre el Gobierno y la ciudadanía. Emitido tras la segunda edición del Telediario, a él solía acudir un alto cargo importante del Ejecutivo, quien era interpelado durante una hora por un grupo de expertos periodistas. En su primera emisión, el invitado fue Leopoldo Calvo-Sotelo, vicepresidente para Asuntos Económicos, quien abordó cuestiones clave sobre la crisis económica y la política informativa de UCD. A cargo de la moderación estaba un conocido de la cadena estatal, Fernando Ónega, que no se libró de críticas por favorecer y reservar el directo de la televisión como patrimonio y privilegio exclusivo de los miembros del Gobierno.

Figura 4. En directo con Leopoldo Calvo-Sotelo (1980).

Fuente: archivo de RTVE.

Por la mesa de En directo con pasaron personalidades como Rodolfo Martín Villa (30/12/1980), Eduard Punset (13/01/1981) o Jesús Sancho Rof (27/01/1981). Aun así, el programa no permaneció mucho tiempo en activo y desapareció en febrero de 1981, apenas cuatro meses después de su estreno y tras ser emitido de forma interrumpida por la Primera Cadena de TVE. Según informó la prensa, el nuevo equipo directivo del Ente público, con Fernando Castedo a la cabeza, decidió cancelar este espacio, que modificaba el esquema de emisiones de forma arbitraria y sin estrictas razones de actualidad (Pérez Ornia, 1981).

A partir de este momento, la novedad más destacada en el formato de debate lo constituyó el denominado Su turno. El espacio vio la luz días antes de la designación oficial de Castedo y rápidamente se destacó por su originalidad y enfoque. Lo dirigió y moderó Jesús Hermida, mientras que el realizador fue Luis Tomás Melgar. A lo largo de una hora, dos equipos con posturas enfrentadas discutían con el apoyo de personajes famosos y polémicos que intervenían desde el público. Se emitió en diferido, semanalmente, y en horario prime time (21:30) hasta septiembre de 1983. Considerado el primer talk show emitido en España (Martín Jiménez, 2018, p. 372), la primera emisión de Su turno tuvo gran interés, ya que levantó una amplia polémica relacionada con la posible interferencia gubernamental en la orientación de TVE y que llegó a ser objeto de discusión en el Consejo de Administración de RTVE1.

En esa primera emisión, la controversia estuvo causada por una de las declaraciones de los invitados. Se invitó a dos jóvenes con ideas opuestas para tratar el tema del «pasotismo juvenil». Durante poco más de una hora, Su turno organizó una tertulia que resultó innovadora al anticipar muchas de las características que posteriormente serían comunes en los debates televisivos de los años noventa (Ibáñez, 2006). Uno de los momentos más tensos fue la intervención de Juan José García Espartero, quien utilizó la ocasión para hacer una referencia directa a la dictadura. Defendió el «pasotismo» como una forma de protestar por la frustración de la juventud al no haber experimentado cambios significativos durante la Transición. La mención explícita al dictador, pasados escasos cinco años de su muerte, resultó arriesgada al tocar un nervio aún sensible en la sociedad española (RTVE, 1981).

El hecho de que esta intervención no fuera censurada fue elogiado, puesto que se consideró una señal de que Televisión Española estaba comprometida con el diálogo abierto y sin tapujos. Sin embargo, las dudas sobre la posible censura continuaron, exacerbadas por la noticia que surgió poco después de la emisión: la clausura del negocio de Juan José García Espartero, aparentemente, por el carácter polémico de sus declaraciones. Este incidente reavivó el debate sobre los límites de la libertad de expresión en la televisión y su relación con la acción gubernamental. Aun con el incidente de su estreno, Su turno se caracterizó por abordar una amplia variedad de asuntos controvertidos, como el futuro del feminismo (01/04/1981), la infidelidad (07/01/1981), el machismo (21/03/1982), el destape (16/05/1982) o la crisis en el sexo (30/05/1982).

Junto a esto, la programación renovada de TVE presentó Mano a mano. Este programa apareció en abril de 1981 bajo la dirección de Joaquín María Puyal. De 20:00 a 21:00, los lunes, reunía a dos personajes contrapuestos para discutir sus diferencias. Mano a mano sobresalió por tratar asuntos de interés ciudadano que podían discutirse en diferentes ámbitos, como la crisis económica, la alimentación, los OVNIS, la televisión privada y pública, el fútbol, la Iglesia en España, las centrales nucleares y la asistencia psiquiátrica en el país. El equipo de Puyal elegía a dos personajes conocidos y con capacidad para debatir sobre todas estas cuestiones, alternando entre lo profundo y lo popular (Macías, 2021). Sus invitados abarcaban, pues, una diversidad de perspectivas que enriquecían el debate. Técnicamente, el espacio se hizo un hueco en TVE gracias a la inclusión de elementos innovadores como la pantalla partida sin margen, decorados que dibujaban los límites y que, en su momento, fueron toda una modernidad. De hecho, cuarenta años después, la televisión sigue utilizando este recurso, con más grafismos y adornos, pero con la misma intención: observar la reacción de dos contendientes verbales durante un debate acalorado.

Algo más informal, pero igualmente influyente, fue el denominado Tertulia con. Emitido por la Primera Cadena, se caracterizó por su enfoque en la conversación relajada. Estaba presentado por Fernando Fernán Gómez, quien recibía a diversos invitados en su «salón» para dialogar sobre temas variados, pero siempre de temática social. Aquello pretendía recuperar la esencia de la tertulia clásica, mezclando un toque de teatralidad con una conversación libre y fluida. Además de por su tono más distendido, Tertulia con procuró alejarse del estilo convencional de los programas de debate, lo cual quedó reflejado en sus charlas sin un cierre definitivo, donde los invitados conversaban despreocupadamente, como si las cámaras no estuvieran allí.

Figura 5. Mano a Mano (izquierda) y Tertulia con (derecha), dos referentes en los programas de debate de TVE en 1981.

Fuente: archivo de RTVE.

Por último, cabe subrayar la importancia de otro espacio de prime time emitido semanalmente por la Segunda Cadena. Nacido con la vocación de ser una «charla entre colegas», como así lo señaló su director, Tristán la Rosa, El Testigo sobresalió por su estilo de conversación espontánea (La Vanguardia, 1981). Llamado así en referencia a los sus invitados —siempre periodistas, testigos de los acontecimientos sobre los que giraban los diferentes debates— cada semana permitía a los profesionales de la información compartir sus perspectivas y experiencias personales sobre un tema de actualidad internacional. Estaba dividido en tres partes: exposición de un mínimo de historia sobre la materia que se iba a debatir, testimonio de una persona involucrada directamente en el problema con una especie de entrevista y coloquio entre los periodistas citados. Era, en cierto modo, otra versión de Tribuna Internacional, que, como muchos otros, fue perdiendo popularidad y relevancia con el tiempo.

5. Conclusiones

Durante la Transición española (1975-1982), los programas de debate en Televisión Española (TVE) evolucionaron paralelamente al proceso de cambio político y social. TVE, como única cadena de televisión, fue clave en la formación de una opinión pública informada y crítica. Estos programas se enfrentaron al desafío de ofrecer un foro inclusivo y equilibrado, superando las prácticas de censura heredadas de la dictadura y navegando en un entorno mediático y político en transformación.

El análisis de la programación de debate revela una progresión desde espacios que fomentaban el acuerdo y la moderación hasta otros más polémicos y confrontativos. Los primeros, entre los que se encuentran títulos como España hoy, Opinión Pública o La prensa en el debate, buscaban establecer un terreno común y facilitar el diálogo entre las distintas facciones políticas y sociales. Estas emisiones estaban diseñadas para ofrecer una visión equilibrada y unitaria, y se centraban en temas de interés general sin propiciar enfrentamientos directos. No obstante, y pesar de su orientación conciliadora, también abordaron puntualmente asuntos delicados.

Con el avance del período de Transición, los formatos evolucionaron hacia programas más dinámicos y polémicos. Espacios como Su Turno, Mano a Mano y por supuesto La Clave reflejaron la creciente diversidad de opiniones en la sociedad y fomentaron el debate abierto y a menudo confrontativo sobre temas candentes. Este cambio gradual señalaba una mayor madurez de la democracia y un entorno en el que se valoraba la libertad de expresión y la diversidad de opiniones, aunque con un aumento en la tensión y la controversia.

El desarrollo de estos programas también se evidenció en las técnicas de producción y presentación. Mientras que los debates iniciales eran más formales y controlados, posteriormente se introdujeron elementos innovadores como gráficos y visualizaciones para ilustrar datos y argumentos, el uso de múltiples cámaras para ofrecer diferentes ángulos de visión y sets más modernos y visualmente atractivos. La inclusión de formatos interactivos, como encuestas en vivo y llamadas del público, junto con debates en exteriores y escenarios menos tradicionales, ayudaron a captar mejor la atención del espectador y fomentaron una mayor implicación en el debate público. Estos avances técnicos y estilísticos enriquecieron el contenido y facilitaron una conexión más directa entre los ciudadanos y los temas tratados.

La reacción de la opinión pública y de los medios de comunicación igualmente desempeñó un papel crucial en esta evolución. Los programas con enfoques más innovadores y controversiales a menudo generaban respuestas diversas, desde elogios por su audacia hasta críticas por posibles sesgos o tendencias progubernamentales. Estas reacciones reflejaron el debate en sí mismo y ayudaron a moldear el contenido y el enfoque de los programas posteriores. Asimismo, la capacidad de los coloquios para provocar intriga y discusión en la audiencia, junto con la presión de la crítica pública y la competencia con otros medios, impulsó una continua adaptación y refinamiento de los formatos y temáticas abordadas.

En resumen, los programas de debate de TVE durante la Transición desempeñaron un papel fundamental en la formación de una nueva cultura política y mediática. A través de su desarrollo, reflejaron los cambios en la sociedad y contribuyeron a formar el diálogo público, por lo que fortalecieron la participación ciudadana en el proceso de consolidación de la democracia. Desde sus inicios, los espacios se modificaron para abordar la creciente complejidad del entorno político, de modo que adaptaron sus formatos y técnicas a las nuevas exigencias de la sociedad. Sus emisiones no solo documentaron el proceso de cambio, sino que también facilitaron una plataforma esencial para el intercambio de ideas y la reflexión. De ahí que contribuyeran activamente a la construcción de un paisaje mediático y político más robusto y diverso.

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Jacobo Herrero Izquierdo es doctor en Comunicación en la Universidad de Valladolid. Graduado en Periodismo con un Máster en Investigación de la Comunicación como Agente Histórico Social. Sus líneas de trabajo se centran en el estudio de los medios de comunicación y su relación con el poder político a lo largo de la historia. Actualmente forma parte del Grupo de Investigación Reconocido HISMEDIA (Historia y Medios de Comunicación) y ha publicado artículos en revistas de alto impacto y varios capítulos de libro en editoriales de prestigio. En 2020 realizó una estancia de investigación en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Zagreb, colaborando con el Centro de Investigación de Medios y Comunicación (Centar za istraživanje medija i komunikacije CIM) de Croacia. En 2021 realizó otra estancia en la Universidad Complutense (Madrid) como miembro del proyecto CARTODIOCOM: Cartografía del discurso del odio en España desde la comunicación: deporte, tauromaquia y política. Forma parte del proyecto Politainment ante la fragmentación mediática: desintermediación, engagement y polarización (POLDES-POL) financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación. ORCID: https://orcid.org/0000-0001-5672-3505

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1 Acta de la sesión del Consejo de Administración del Ente Público RTVE, Núm. 14, 3 de marzo de 1981. Archivo del Congreso de los Diputados, leg. 1882(2).