ISSN-e: 1988-2696
ARTÍCULOS
Antoine Faure
Universidad de Santiago de Chile ✉ 
Sofía Brinck Vergara
Universidad de Santiago de Chile ✉ 
Claudia Lagos Lira
Universidad de Chile ✉ 
Tomás Dodds
Universidad de Leiden ✉ 
Recibido: 24 de septiembre de 2024 / Aceptado: 9 de enero de 2025 |
ES Resumen. Las agencias internacionales de noticias están experimentando una transformación en sus modelos de negocio, sus procesos de producción periodística y la forma con la que se relacionan con sus audiencias y clientes. La irrupción de nuevos canales de comunicación de menor costo y la rapidez de las redes sociales tensionan el rol clave que estas agencias juegan para satisfacer mercados y audiencias locales. Este artículo busca entender de qué manera las agencias internacionales de noticias se están adaptando a estos nuevos modelos y procesos en Chile. Basado en 16 entrevistas semiestructuradas a profesionales de las agencias más importantes con oficinas en Chile (AP, Reuters, AFP, EFE y Xinhua), los resultados de este artículo muestran un estatus profesional horadado debido a la precarización del trabajo de corresponsalía e, incluso, su desmantelamiento, lo que es consistente con estudios previos en otros contextos. Sin embargo, este artículo identifica particularidades locales de este trabajo, que navega entre las tensiones de una economía política y roles profesionales en una cultura periodística escasamente estudiada, marcada por la flexibilización y la precarización de las condiciones laborales. De esta manera, los corresponsales verbalizan el desmantelamiento de su estatus (desconocidos), sus condiciones laborales (precarios) y sus fronteras profesionales (multifacéticos).
Palabras clave: Corresponsales extranjeros, agencias internacionales de noticias, periodismo, precariedad, presiones.
ENG Unknown, precarious, and multifaceted: The dismantling of foreign correspondent work in news agencies in Chile
Abstract. International news agencies are undergoing a transformation in their business models, journalistic production processes, and the way they relate to their audiences and clients. The emergence of new, low-cost communication channels and the speed of social networks put pressure on these agencies’ key role in satisfying local markets and audiences. This article seeks to understand how international news agencies adapt to these new models and processes in Chile. Based on 16 semi-structured interviews with professionals from the most important agencies with offices in Chile (AP, Reuters, AFP, EFE, and Xinhua), the results of this article show an undermined professional status due to the casualization of correspondent work and even its dismantling, findings which are consistent with previous studies in other contexts. However, this article identifies local particularities of this work that navigate between the tensions of a political economy and professional roles in a scarcely studied journalistic culture, marked by the flexibilization and precariousness of working conditions. In this way, correspondents verbalize the dismantling of their status (unknown), their working conditions (precarious), and their professional boundaries (multifaceted).
Keywords: Foreign correspondents, international news agencies, journalism, precariousness, pressures.
Cómo citar: Faure, A., Brinck-Vergara, S., Lagos-Lira, C. y Dodds, T. (2025). Desconocidos, precarios y multifacéticos: el desmantelamiento del trabajo de corresponsal extranjero en agencias noticiosas en Chile. Estudios sobre el Mensaje Periodístico, 31(1), 155-166. https://dx.doi.org/10.5209/emp.97846
Tanto las agencias internacionales como los corresponsales extranjeros han sido históricamente considerados «socios silenciosos» de la cadena de producción noticiosa (Johnston y Forde, 2011): no se destacan como fuentes y sus productos se usan una y otra vez sin necesariamente revisar las transformaciones que sufre su precisión. La necesidad de complejizar los estudios sobre cómo trabajan los corresponsales extranjeros (empleados por agencias, freelancers o stringers), sus relaciones con sus fuentes en contextos distintos a los propios y cómo colaboran con periodistas locales, es relevante en un escenario de incremento en la concentración del poder de medios transnacionales (Kamalipour, 2019), la instrumentalización de agencias de noticias tradicionales en contextos de globalización (Bielsa, 2008) y la capacidad de estos profesionales de retratar una sociedad determinada para audiencias internacionales (Archetti, 2012; Hannerz, 2004). Esas representaciones destinadas a públicos lejanos inciden a veces en las agendas de los medios locales, particularmente en entornos en que éstos descansan en los cables de agencias ante la aguda disminución de la producción noticiosa internacional propia en la prensa local (Boumans et al., 2018). Aunque las agencias ofrecen su servicio desde hace más de un siglo, la crisis de financiamiento de medios locales, que han disminuido equipos y tercerizado la producción (Faure y Lagos, 2022), ha incrementado la relevancia de fuentes como las agencias.
Los corresponsales extranjeros enfrentan, también, desafíos agravados desde la crisis económica global de 2008-2009, tales como la precarización del trabajo autónomo y el incremento del número de profesionales bajo estas condiciones (freelance). Debido al cierre o fusión de oficinas regionales de medios globales desde fines de la década de 2000, los recortes presupuestarios y los despidos en las agencias, muchos corresponsales extranjeros trabajan en condiciones crecientemente inestables (Norbäck, 2022), lo que redunda en la flexibilización e individualización del trabajo. La digitalización, en tanto, ha afectado la labor de corresponsal al menos desde los 2000 (Hamilton y Jenner, 2004; Wu y Hamilton, 2004), pues ha ayudado a superar algunas limitaciones materiales como la falta de espacios formales de colaboración y la reducción de recursos para reportear (Willnat y Martin, 2012).
En este contexto paradójico, en el cual las condiciones laborales son peores y los medios locales son cada vez más dependientes de las agencias internacionales, este artículo describe y analiza las transformaciones profesionales de los corresponsales extranjeros en Chile. En el país, existe más de un centenar de corresponsales extranjeros, tanto profesionales chilenos que trabajan permanente o eventualmente para agencias noticiosas o medios internacionales como también ciudadanos extranjeros acreditados como corresponsales.
La literatura sobre corresponsales extranjeros en Chile es escasa y se centra en memorias, artículos y correspondencias de períodos como la Guerra del Pacífico, la dictadura cívico-militar o las experiencias de reporteros chilenos en el extranjero (Castagneto, 2015; Ibarra-Cifuentes, 2020; Milesi, 2018). En consecuencia, mapear el trabajo de los corresponsales extranjeros y agencias de noticias permite comprender cómo responden a nuevos desafíos en un escenario cambiante. Para ello, identificamos las cinco agencias internacionales de noticias en Chile con más empleados y más reconocidas (operan ininterrumpidamente desde hace décadas o cuentan con equipos contratados/estables): Agence France-Presse (AFP, Francia), The Associated Press (AP, Estados Unidos), Reuters (Canadá-Inglaterra), EFE (España) y Xinhua (China). Las primeras son conocidas como las «tres grandes», consideradas las más importantes del mundo por su tradición, número de clientes y alcance (Horvit, 2006). Si bien trabajos previos han estudiado la trayectoria internacional de las agencias (Artero y Moraes, 2008; Surm, 2020), su presencia en Chile está poco documentada.
AFP, fundada en 1835 en París, tiene más de 2.600 empleados y está presente en 150 países, incluido Chile, donde se instaló en 1957. Tiene oficina en un céntrico edificio de la capital, frente al palacio de gobierno. El equipo ha mantenido su composición durante las últimas décadas (incluso ha aumentado su personal considerando la inclusión de video y fact checking): un director (que cumple las mismas funciones para Perú y Bolivia), un jefe de redacción, tres redactores, un fotógrafo, un videógrafo, una persona encargada de la división Fact Check y una encargada comercial. Todos tienen contrato local bajo la legislación chilena, excepto el director, quien tiene un contrato de sede en París.
La fecha de instalación de la oficina de AP en Chile no es clara, pero fue, al menos, antes del golpe militar de 1973 (Milesi, 2018). Hasta 2023, contaba con una oficina en el centro de la capital. Durante la década de 1990 tuvo un equipo permanente de hasta diez personas, pero a fines de 2023 la oficina estaba compuesta por un redactor senior, un fotógrafo y un videógrafo, todos con contrato indefinido, más un periodista freelance permanente de turno durante los fines de semana. A pesar de que años atrás la oficina contaba con editores propios, hoy el equipo reporta a la mesa de edición regional en México, mientras que la jefatura para el Cono Sur opera en Argentina.
Xinhua abrió oficina en Chile en 1971, cuando se establecieron relaciones diplomáticas con China. Su sede es la casa del delegado (siempre de nacionalidad china), aunque no funciona como sala de redacción. De acuerdo a las entrevistas realizadas para este trabajo, la agencia en algún momento contó con hasta cuatro redactores, pero actualmente está compuesta por el delegado, dos redactores, un fotógrafo y un encargado comercial. También ha tenido regularmente un videógrafo, pero al momento de esta investigación no había uno permanente. Todos los trabajadores están bajo contrato a honorarios, excepto el delegado, quien tiene un contrato chino. La mesa de edición para Latinoamérica está en Ciudad de México.
EFE fue fundada en 1939 por el bando nacional en la guerra civil española. Fue creada como una sociedad anónima de accionistas privados con participación mayoritaria del Estado para no verse como un medio gubernamental (Cruz-Mendoza, 2019). Abrió su oficina en Chile en 1965 y se encuentra en un barrio acomodado de Santiago donde trabajan unas 11 personas: el jefe de misión, el jefe de redacción, tres redactores, un becario, el fotógrafo, el videógrafo, un administrador y un responsable comercial. Excepto el jefe de misión, quien tiene un contrato de expatriado firmado en Madrid, los trabajadores cuentan con contratos locales.
Reuters fue fundada en 1851, en Londres, como una agencia privada dedicada a la información financiera. En 2008, se fusionó con la empresa canadiense Thomson Corporation para formar Thomson Reuters. En 1964, la agencia inauguró su servicio de noticias en varios países latinoamericanos. Su primera oficina en Chile funcionó en el antiguo edificio del diario El Mercurio, en el centro de la capital. La corresponsalía en Santiago llegó a contar con 12 empleados, más una «mesa de dinero» dedicada a valores y divisas. Hoy, está integrada por un periodista senior con funciones de representante legal y jefe de la corresponsalía, dos redactores (uno dedicado a commodities), un fotógrafo, un equipo de televisión de tres personas y un asistente. Responden en términos editoriales a Buenos Aires (texto) y a Ciudad de México (audiovisual). En Santiago también se encuentra la mesa de edición en español de Reuters, la que hace algunos años empleó hasta 20 personas pero hoy está compuesta por cinco periodistas.
Al estudiar estas cinco agencias en Chile, este artículo aborda tres preguntas de investigación: ¿cuáles son las características del trabajo de corresponsales extranjeros en una cultura periodística periférica (Chile) en el siglo XXI? ¿De qué manera se ha reconfigurado el trabajo periodístico en las agencias internacionales de noticias? ¿Cómo se relacionan estas características con el campo periodístico local en que se desenvuelven los corresponsales?
La definición de las agencias noticiosas como organizaciones que recogen, editan y transmiten noticias lo más rápidamente posible ha perdurado por casi un siglo (Groth, 1928, citado en Rantanen, 2019, p. 2). Sin embargo, hoy no son intermediarios exclusivos en estas funciones. En su más amplio sentido, una agencia de noticias internacional se entiende como aquella que trabaja tanto doméstica como globalmente; opera en numerosos intercambios bilaterales con agencias noticiosas nacionales o locales; tiene oficinas de corresponsales en todo el mundo; ofrece sus servicios noticiosos a clientes mediáticos globales y administra servicios noticiosos internacionales en varios idiomas (Surm, 2020).
Por décadas, las agencias de noticias internacionales fueron organizadas según si eran de carácter nacional o internacional, o si eran de propiedad estatal, privada o cooperativa. Hoy el funcionamiento y estructura de las agencias son híbridos y, aunque un porcentaje importante tiene algún tipo de participación pública, la mayoría requiere ingresos que sustenten las operaciones, pues no basta con el financiamiento estatal.
Las reconfiguraciones económicas de las agencias afectan las condiciones de trabajo de los corresponsales, reduciendo los equipos y tercerizando la producción a colaboradores externos invisibilizados (freelancers, stringers) (Archetti, 2012; Palmer, 2022). Tal como ha sido documentado en el contexto español (Salaverría, 2014), esto se manifiesta a través de la flexibilización del trabajo de corresponsalía (Rubery, 2015) y la volatilidad de la mano de obra (Norbäck, 2022), lo que redunda en un deterioro transversal de las condiciones laborales. En América Latina, por ejemplo, medios como The New York Times o Los Angeles Times cerraron sus sedes en Buenos Aires (Argentina), Bogotá (Colombia) o Sao Paulo (Brasil) y concentraron sus operaciones para todo el continente sólo en una capital, como Ciudad de México.
Palmer (2022) afirma que la industria internacional de noticias depende del trabajo «flexible», lo que impacta en las diferencias culturales —tanto en términos profesionales como nacionales— que se producen en las interacciones cotidianas de las salas de redacción. En pocas palabras, la categoría de corresponsales está lejos de ser homogénea (Brüggemann et al., 2017): fixers, stringers, redactores, fotógrafos y camarógrafos experimentan presiones laborales y objetivos que reflejan una condición de subordinación laboral. En esta línea, las transformaciones tecnológicas y económicas dibujan nuevas categorías de corresponsales: el tradicional clásico, el periodista paracaidista, el corresponsal extranjero local, el corresponsal extranjero en casa, los corresponsales extranjeros para servicios premium y los corresponsales amateurs (Bunce, 2015; Hamilton y Jenner, 2004).
El estatus y el rol del corresponsal cambian según la flexibilización del trabajo, lo que implica la producción de una subjetividad de «empresario de sí mismo» (Ashraf y Phelan, 2023), un eufemismo para la hiper-precariedad y la explotación de los corresponsales, en particular fixers. Esta flexibilización se revela en Chile en las condiciones de contratación que en varios casos excluyen a los profesionales de todo sistema de protección social.
La corresponsalía de agencias experimenta tensiones en relación con la autonomía profesional y los valores periodísticos, en específico el rigor y la velocidad —entendida como la premura para llegar al hecho y la fuente— que sustentarían la credibilidad e independencia del trabajo, tanto en relación a los gobiernos y actores económicos de los países de origen como los contextos locales (Sambrook, 2010). En el caso de los corresponsales está en juego la capacidad de retratar un acontecer nacional de forma accesible a públicos internacionales, basada en técnicas como la concisión o la precisión que se consolidan con la aparición de las agencias. El lenguaje busca que los hechos hablen por sí mismos, por lo menos en el imaginario de los y las corresponsales.
Así, las condiciones de trabajo tienen un impacto sobre las rutinas de recopilación, selección, jerarquización, interpretación y circulación de las noticias. Primero, las presiones económicas demandan más rapidez y menos investigación. Segundo, la competencia periodística y económica entre agencias desafía al reporteo, evitando opiniones (Schlesinger, 2011). El problema reside, entonces, en la reconfiguración de la plusvalía de la corresponsalía en agencias internacionales; es decir, la capacidad para decidir lo que es importante para las audiencias internacionales (Archetti, 2012; León-Gross et al., 2018). Tercero, la digitalización de las sociedades impacta directamente sobre las rutinas periodísticas en agencias internacionales. Por ejemplo, el uso de aplicaciones de mensajería implica una información más granular, enfocada en algunos nudos y sin ofrecer claves contextuales o interpretativas (Belair-Gagnon et al., 2017).
Si bien los estudios sobre agencias internacionales de noticias y corresponsalía extranjera en Chile son escasos, la amplia literatura existente sobre roles y rutinas periodísticas permitirá contextualizar los hallazgos de esta investigación para evaluar las tensiones y cambios de la profesión de periodista. Así, sabemos que en el pequeño ecosistema mediático chileno —dominado por la propiedad privada, fuertemente orientado a lo comercial— y su reducido mercado de audiencias (Mellado y Lagos, 2014), el quehacer periodístico está orientado a la polifuncionalidad (Santa Cruz, 2024) y flexibilidad (Faure y Lagos, 2022), lo que limita el pluralismo informativo y político —a nivel interno y externo—, la objetividad, la autonomía y la independencia (Mellado y Gajardo, 2024). En este sentido, se reconfiguran las temporalidades de una jornada laboral que parece sin límites en salas de redacción que funcionan en un ciclo noticioso 24/7, donde se privilegia la reactividad por sobre los deadlines (Faure, 2021). En Chile, así como en el mundo, se observa la preponderancia de este rol en la prensa impresa popular —con avances en la prensa impresa de élite— y en las plataformas televisivas (Alvear y Mellado, 2018). Esto conlleva una «hibridización» de los roles periodísticos (Mellado et al., 2017) a lo largo del proceso de transversalización del infotainment.
Este estudio contribuye a comprender mejor el trabajo de los periodistas de agencias noticiosas en Chile, actores y contexto escasamente estudiados. Consistente con investigaciones previas, abordamos el campo de las agencias noticiosas en Chile considerando la economía política y las dimensiones de cultura y de roles profesionales en las intersecciones entre lo local y lo global. Así, este trabajo contribuye al debate sobre la corresponsalía, pues indaga en cómo las agencias internacionales se van adaptando a un contexto incierto y cambiante.
Realizamos un estudio descriptivo-analítico, de diseño cualitativo e inductivo, centrado en cinco estudios de caso de agencias de noticias con oficinas en Chile. El instrumento de recolección de datos fue la entrevista semiestructurada complementada con fuentes secundarias.
No existe un registro oficial de corresponsales extranjeros en Chile. Construimos uno combinando el listado de la Asociación de Corresponsales Extranjeros en Chile, la base de contactos de prensa de una de las universidades donde trabajan los autores y la información disponible en páginas oficiales y en redes sociales (como X y LinkedIn). Dos informantes clave contribuyeron a chequear el listado.
Sobre la base de este listado, realizamos 16 entrevistas semiestructuradas a informantes clave, escogiendo los roles según el modelo tradicional de conformación de una oficina de agencia de noticias (Salazar, 1990): delegados o responsables de la oficina en Chile (D1, D2, etc.), jefes de redacción (o equivalentes) (JR1, etc.), redactores (R1, etc.), fotógrafos (F1, etc.) y videógrafos (V1, etc.) de las cinco agencias. Todos firmaron un consentimiento informado y garantizamos su anonimato1. La muestra intencionada, construida vía bola de nieve, estuvo compuesta por nueve hombres y siete mujeres. Las entrevistas se realizaron cara a cara, en español, entre septiembre de 2023 y enero de 2024. En promedio, duraron 84 minutos (48 minutos la más breve y 115 la más extensa). Fueron grabadas, transcritas y codificadas manual e inductivamente bajo análisis temático, considerando categorías derivadas del cuestionario y de temas emergentes. Llevamos un cuaderno de trabajo de campo.
El cuestionario contempló tres ejes (E) de análisis: «E1, experiencia personal», «E2, condiciones de trabajo» y «E3, reconfiguración del medio». Adaptamos el cuestionario según el papel de cada entrevistado en su organización. Así, a través de un análisis temático (Bardin, 1977; Díaz Herrera, 2018), identificamos las percepciones de las fuentes sobre siete dimensiones: condiciones laborales, organización de las agencias, tecnologías, relaciones con los actores internacionales, rutinas, ética y relaciones con actores locales. Las citas incluidas corresponden a las transcripciones literales y fueron adaptadas para su coherencia idiomática y gramatical.
Tabla 1. Ficha de codificación de las entrevistas.
Código entrevistado |
Desafíos, presiones y recursos |
Seguridad y ética |
Tecnologías y cambios en el medio |
Condiciones laborales |
Rutinas |
|
1 |
D1 |
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2 |
JR1 |
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3 |
F1 |
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4 |
V1 |
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5 |
V2 |
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6 |
R1 |
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7 |
D2 |
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8 |
JR2 |
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9 |
R2 |
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10 |
V3 |
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11 |
R3 |
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12 |
R4 |
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13 |
F2 |
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14 |
D3 |
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15 |
R5 |
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16 |
V4 |
Fuente: elaboración propia.
El desmantelamiento del trabajo de corresponsal en las agencias internacionales de noticias en Chile se organiza en torno a tres percepciones: (1) la pérdida de estatus profesional que se basa en (2) la precarización del trabajo de corresponsalía y (3) la reconfiguración de las fronteras profesionales.
Un discurso transversal entre los entrevistados se refiere a la falta de reconocimiento (de otros periodistas, de las fuentes, de organismos públicos o privados) hacia las agencias de noticias y el trabajo de sus corresponsales, lo que confirma estudios previos en que se autoperciben como «socios silenciosos» (Johnston y Forde, 2011). Los entrevistados reportan numerosas dificultades ante lo que consideran una invisibilización de las agencias, lo que demanda describir recurrentemente qué hacen: «El periodismo internacional y las agencias son poco conocidas [...]. Siempre, siempre, siempre nos toca explicar, cada vez que vamos a cualquier lado» (JR1). Esto va desde la misión de las agencias (F2) hasta aspectos prácticos, como que tienen oficinas propias en el país (V3).
El (re)conocimiento es escaso y circunscrito a parte de la élite: «Fuera de esos contextos [universitarios], muchas veces tengo que explicar para quién trabajo, dónde se emite, cómo funciona» (R1). Durante la revuelta social de 2019 en Chile, en algunos casos este desconocimiento alimentó la desconfianza de manifestantes: «Era peligroso. En algunos momentos me costó entrar, pues había que explicar (...) que éramos una agencia» (JR2).
Los entrevistados asocian este desconocimiento al contexto local, en comparación con otros países donde ejercieron corresponsalías: «En Venezuela eran bastante conocidas las agencias de noticias… Aquí [en Chile] hay un vacío en lo académico y en el conocimiento en general (…). O sea, vas a Bogotá, a Caracas, México y [la agencia] es una agencia de prestigio… y saben diferenciarla [de otras]» (V1).
EFE sería relativamente más conocida debido a su vínculo con Latinoamérica: «La que es más conocida es EFE, porque es como más latinoamericana, pero sí hay un desconocimiento de los periodistas, de las autoridades también» (JR1). Otro entrevistado reconoce «que EFE sí tiene marca, pese a que se haya debilitado la marca en América Latina en los últimos años» (JR2).
Las dimensiones comerciales y las dificultades de posicionamiento de marca de las agencias surgen como un elemento que contribuye a su poca valoración: «Es uno de los pocos países de América Latina donde [nombre agencia] no está posicionada como marca ni nada» (D1). Las siglas, a veces, coinciden con instituciones locales que son mal evaluadas por la ciudadanía. Es el caso de la Agencia France-Presse (AFP), cuya sigla coincide con las Administradoras de Fondos de Pensiones, o EFE, que coincide con Empresas de Ferrocarriles del Estado.
La percepción de no reconocimiento se basa también en las dificultades para acceder a las fuentes —«en Chile me ha pasado muchísimo... que no me dan pelota» (D1)—, para explicarles el rol de las agencias —«Cuesta un poco a veces que las fuentes entiendan qué es la agencia» (R2)— e, incluso, para que el resto del campo periodístico conozca qué hacen —«muchos periodistas y muchos comunicadores son ignorantes de lo que son las agencias» (V1)—.
En algunos casos, esta situación se explicaría por diferencias generacionales. En palabras de un entrevistado, se trata de
gente superjoven encargada de prensa, que son los que trabajan las agencias de comunicación que llevan la empresa. «Y tú les decís [nombre agencia], “ahh, ¿y dónde va a salir publicado?”» (...). Pero, por ejemplo, el jefe de prensa del Ministerio de Hacienda sabe perfectamente qué es [nombre agencia] y después que asumió [el presidente Gabriel] Boric, la primera entrevista que dio [el ministro de Hacienda, Mario] Marcel se la dio a [nombre de la agencia] (R4).
El retrato sobre el (re)conocimiento de los corresponsales es complejo y estos advierten también que trabajar para una agencia internacional de noticias da un relativo estatus y ofrece ciertas protecciones: «El [logo del] micrófono tenía letras [extranjeras], entonces, decían “ah, este medio es un medio internacional” y eso nos ayudaba» (V4). Uno de los videógrafos reconoce que reportear para una agencia internacional de noticias puede favorecer: «A mí, ser de agencia me ha salvado varias veces de violencia [en la cobertura de manifestaciones]...» (V3). Es una percepción compartida entre pares: otro videógrafo recuerda la revuelta social de 2019 como un momento de reconocimiento del corresponsal de agencias que, incluso, lo reconcilió con su propio oficio: «“Gracias por estar aquí”, nos decían. “Ustedes son los únicos que cuentan la verdad”. Era eso. Nos cuidaban. (...) Y eso fue así, me hizo volver a creer en este oficio» (V1).
Las entrevistas revelan el sentimiento ampliamente compartido —fuera de las particularidades de cada agencia y cada función dentro de estas organizaciones— de un desmantelamiento como movilidad profesional descendente, entendida como el temor de perder un estatus profesional ante el desconocimiento de la relevante labor de las agencias internacionales. Este sentimiento se relaciona con un proceso de precarización de las condiciones de trabajo a través de la percepción de una inestabilidad contractual y salarial, la ausencia de protección social y la pérdida de privilegios propios al mundo de las agencias.
El desconocimiento del trabajo de corresponsalía se vincula al deterioro percibido en las condiciones de trabajo. Varios entrevistados ahondan en ello, independiente de la agencia en que se empleen o la función que desempeñen. En sus narrativas, los entrevistados mencionan reminiscencias a una suerte de estatuto especial que han tenido las agencias internacionales a lo largo de los años —«A veces me da la impresión de que los corresponsales esperan un trato diferenciado sólo por ser corresponsales» (R4)—, encarnado en privilegios como poder enviar documentos a través de «la valija diplomática» (V1). Hay agencias que, a nivel global, ofrecen beneficios complementarios a sus empleados en áreas de capacitación, salud o cuidado: «[La agencia] tiene hartas cosas buenas. Tiene, por ejemplo, un sistema… de asesoría de salud que te provee salud mental» (R4).
Sin embargo, estos beneficios (que pueden leerse como privilegios) replican más bien una percepción de brechas de género y de poder de decisión. Para algunos, el gatekeeping se mantiene bajo liderazgos de hombres sobre todo en algunas áreas de las agencias: «Todas mis notas pasaban primero por un compañero, digo compañero porque eran todos hombres…» (R5). El «techo de cristal» aparece sobre todo en las áreas de fotoperiodismo y video: «Esto ha sido un trabajo tan de hombres y estoy ahí con foto y video (...) [trabajando] en meter mujeres en el área» (V3).
Esta percepción sobre una distribución desigual de beneficios (de género y poder de decisión) se formula como una sensación de abandono. Una posible explicación es el modelo de funcionamiento al que responde cada agencia, algunas más cerca del polo del poder político —público o estatal— y otras más cercanas al polo del poder económico, lo que tiene implicancias en la cultura periodística de cada modelo. Xinhua cuenta con un delegado y responde a una política estatal más explícita, las europeas continentales (EFE, AFP) también tienen delegados, pero forman parte de estructuras más amplias y complejas de sistemas de medios públicos; y las anglosajonas (AP, Reuters) están más orientadas a lógicas comerciales.
La distribución de privilegios responde a las jerarquías derivadas de estas diferencias, divididas entre contratos internacionales, regionales y locales. Así, por ejemplo, los cargos de delegado (también llamados «expatriados», JR1) concentran beneficios que se distinguen del resto de los colaboradores de las oficinas locales. Las jefaturas tienen contratos de trabajo bajo las legislaciones de los países en que están ubicadas las matrices de cada agencia (Francia, en el caso de AFP, por ejemplo). La diferencia, por lo tanto, no está solo en los montos y moneda de los salarios, sino también en los contratos colectivos (de empresa o de rama) que son inexistentes en la legislación chilena, lo que incluye días feriados o de descanso. Adicionalmente, los delegados gozan de beneficios como seguros de vida, contribución a los gastos de vivienda o educación de hijos, los que se eliminan en caso de volver a trabajar al país sede.
Las agencias han tendido a disminuir los contratos «sede», lo que implica también una devaluación del estatus profesional de los delegados. Además, las agencias europeas cuentan también con contratos regionales, que si bien no son equivalentes a los de «sede», son mejores en comparación a las regulaciones locales y aunque son concursables interna y globalmente, duran un período específico e imponen movilidad internacional. Pareciera haber posibilidades de ascenso contractual en la jerarquía local-regional-sede, pero estas dependen de cada organización noticiosa, de las trayectorias profesionales y laborales de los corresponsales (fuera, dentro de la agencia) y de los estatutos globales en que estas organizaciones se insertan (sistema de medios públicos, modelo más público o más comercial, beneficios generales a empresas de un país para operar en el extranjero, etc.) (V1, R2, JR2, D1, D2, F1).
Las diferencias entre las condiciones laborales son evidentes al interior de las agencias («expatriados» vs. locales, redactores vs. fotógrafos o videógrafos), así como también en comparación entre organizaciones. En Xinhua, todos los empleados están contratados a honorarios, disposición que, según la legislación chilena, no contempla seguridad social ni estabilidad pues fue diseñada para pagar por servicios no permanentes. Algunas agencias, además, diferencian entre reporteros y fotógrafos o camarógrafos: los primeros son remunerados vía contrato a honorarios (monto fijo) y a los otros, por producto (R5). Estas desigualdades se perciben también en las diferencias salariales por funciones equivalentes en relación a otros corresponsales, por ejemplo, en la agencia EFE: «Si lo comparamos con [otra agencia], nosotros ganamos exactamente la mitad» (R3). A eso se suma el monto de las remuneraciones mensuales que es considerada baja o intermedia —entre 1 millón (para EFE) y 1 millón y medio de pesos chilenos al mes, que es lo que reciben los periodistas luego de un año y de cinco años desde haber obtenido su grado universitario (entre US$1.000 y 1.600)—, o contratos que no reconocen el pago de horas extraordinarias por ajustarse a normas locales que lo permiten. Se reporta un congelamiento en el reajuste de los salarios reales y existe poco espacio para negociaciones colectivas si no hay números mínimos de trabajadores para organizar un sindicato, por ejemplo. En algunos casos, las agencias pagan 14 sueldos al año en vez de 12 y los bonos suelen darse para vacaciones y Navidad (JR1, JR2, R2, V3). En esta línea, vemos claramente cómo las nuevas categorías de corresponsales que dibujan Bunce (2015) o Hamilton y Jenner (2004) se diferencian incluso en el contrato, que distingue las condiciones laborales, por lo menos, del corresponsal tradicional clásico, el periodista paracaidista, el corresponsal extranjero local (dado que no entrevistamos a ningún fixer, stringer, periodista corresponsal en casa o corresponsal amateur).
La economía política global y los recortes de personal y presupuestarios de las agencias a escala mundial se verifican en las experiencias de los entrevistados en la sede local. Además de los despidos y congelamientos salariales, esto se manifiesta en nuevas contrataciones con peores condiciones, el cierre de oficinas o su jibarización, la reorganización de las salas de redacción, las relaciones entre oficinas locales, regionales y sede central, y los incentivos a la productividad. El pago diferenciado por producto que se manifiesta, por ejemplo, en la disminución del salario y el pago por artículos más extensos o que requieren mayor reporteo hace también el ingreso variable, en específico en el caso de Xinhua. Estas condiciones, además, dependen de las negociaciones de los equipos locales con sus delegados y corren el riesgo de que, con cada nuevo delegado o representante de la sede, sean modificadas (V3, R4, R5). Estos testimonios registran el fenómeno de precarización estructural abordado por Archetti (2012) o Palmer (2022), implementado en una flexibilización del trabajo de corresponsalía (Rubery, 2015).
Otra dimensión de desigualdades en el trato a los trabajadores de agencias remite a la inaplicabilidad de las políticas de seguridad para el reporteo en zonas de guerra o crisis con las que cuentan las agencias internacionales en contextos conflictivos, como la revuelta en Chile, en 2019. Surge esta percepción de abandono: «Nos están discriminando a nosotros» y tampoco se contemplaban bonos por reporteo en zonas que incluyeran algún riesgo para los profesionales (F2).
Esta precarización —que contribuye directamente al sentimiento de pérdida de estatus profesional y de desmantelamiento— se implementa en un imperativo de producción multimediática que lleva la rutina periodística a una lógica multifuncional y multifacética que desmantela las fronteras de la profesión.
En tanto guardianes de las fronteras de la profesión, los entrevistados perciben prácticas y códigos que garantizarían la calidad de los productos de la agencia y su eficiencia, especialmente en textos escritos. Identifican valores como credibilidad, velocidad, escritura «telegráfica» e independencia: «El trabajo de la agencia siempre se ha basado en dos conceptos… el rigor y la velocidad. Ambos siguen siendo los dos pilares de una agencia de noticias» (D2). Mientras que la credibilidad aparece como condición misma para sobrevivir que sintetice velocidad y rigor: «Es una responsabilidad… seguimos siendo, en este mar de informaciones, una fuente creíble… en eso estamos, equilibrando rapidez, solidez e información que sea súper creíble» (JR1). Estos valores profesionales se sostienen no sólo por los clientes de las agencias, sino, sobre todo, por los pares (periodistas de otras organizaciones mediáticas):
La mayor parte de las noticias que escribimos no se publica, pero son esenciales para el periodista porque le alertan de que algo está pasando en tal sitio o le dan la información o le dan la fuente de la que tienen que trabajar (D2).
Este testimonio verbaliza la idea de que los corresponsales y agencias son «socios silenciosos» (Johnston y Forde, 2011), aun cuando contribuyen a la circulación de contenidos y configuración de la agenda. Esta combinación de valores profesionales sustentaría un estilo pensado para audiencias diversas: «Escribo para lectores en Estados Unidos, en Guatemala, en Bolivia. Es decir, cuando escribo una noticia, tengo que hacer que sea interesante para todos esos países» (D2). Para ello, el lenguaje es fundamental: debe ser telegráfico (D2), ir al hueso y «dejar que los hechos hablen» (V4).
Los valores y las fronteras profesionales destacan también en relación con la independencia que se espera de las agencias, particularmente en relación a los gobiernos y actores económicos de los países de origen de estas organizaciones. «Todo lo que venga de algo oficial [desde el país de origen], es no, no» (V1). Pero, como contracara, implica un síntoma de la percepción, aparentemente contradictoria, de la pérdida de influencia de las agencias y la incidencia de los actores de los países de origen en éstas: «[Antes] tenían más poder, estaban más ligadas al rol de las embajadas, necesitabas traer a gente de mucha confianza… Pero ahora el poder de las agencias ha disminuido muchísimo» (JR2). Los modelos de gobernanza de algunas agencias parecen estar filtrados por decisiones más políticas que profesionales al nombrar a responsables que no conocen ni «el mundo de las agencias» ni América Latina, y eso se manifiesta en los intentos de los gobiernos de turno de incidir, a veces, en las pautas de trabajo, aunque estos empeños no siempre fructifiquen (JR2).
Los entrevistados tienden a ratificar este modelo de periodismo creíble, veloz e independiente al poner distancia de lo que observan de sus pares chilenos. Sin enjuiciar explícitamente el periodismo nacional, expresan diferencias en el ejercicio cotidiano, ya sea porque los medios locales deben pensar en «una broader audience» (V1), por ética del periodismo nacional más polifuncional o extractivista («los fotógrafos del diario tienen un tiempo tan ajustado porque tienen que hacer un montón de pautas, a veces posan las fotos» [F1]; «Me he encontrado con medios chilenos en los que siento que hay un mayor recelo y una competencia, a veces innecesaria» [R1]) e, incluso, por utilizar contenidos de agencias sin identificarlo como tal:
La prensa chilena es una de las peores que me he encontrado en la vida. Por temas de ética, de formas de trabajar, de intromisión (...). Nunca he tenido que mandar una carta oficial a un medio de comunicación para quejarme de la manipulación de un teletipo de la agencia. Y aquí ya van dos en un año y medio (D2).
Se replican los resultados sobre la distorsión y las dificultades de las relaciones entre corresponsales y los campos profesionales nacionales (Willnat y Weaver, 2003). Al mismo tiempo que se identifican ciertos valores profesionales como constitutivos del quehacer periodístico de las agencias internacionales de noticias, los entrevistados también advierten elementos que cuestionan la existencia misma de estas organizaciones en el contexto de dinámicas globales («Las agencias tenían su razón de ser y de existir en que tú no sabías lo que pasaba al otro lado del mundo… Ahora lo miras en tiempo real» [JR1]), tendencia que afecta también la calidad del periodismo en su conjunto y, con ello, «el prestigio de las agencias» (R5). Este fenómeno muestra cómo las fronteras y valores clásicos del periodismo de corresponsalía —credibilidad, velocidad e independencia— se desmantelan y reconfiguran a partir de cambios tecnológicos que imponen una producción multimediática y una rutina multifuncional.
Así, la reconfiguración del trabajo de corresponsalía en agencias y en particular su credibilidad está atravesado por los desafíos que implican las audiencias contemporáneas, la alteración temporal, los desafíos en cuanto a calidad y profundidad, lo que se percibe como una superposición de las dimensiones editorial y comercial, el tipo y alcance del impacto tecnológico y la polifuncionalidad como carácter constitutivo del trabajo de corresponsalía.
Como numerosos estudios previos han comprobado, se ha incrementado la evasión de las noticias (news avoidance) (Newman et al., 2024). A las audiencias «ya no les importa nada las noticias» (D3), y ello implica inventar nuevas formas, nuevas narrativas, para cautivar audiencias hiperestimuladas: «Tienes que buscar temas más actuales, más lúdicos… Está de moda el periodismo de soluciones, el periodismo más positivo» (JR1).
Luego, ante la sobreinformación inmediata, se desconfigura la temporalidad de las agencias. La velocidad ya no solo se juega en llegar primero (a la fuente, a un hecho), sino en que circule aceleradamente: «¿Cuál es el juego de esto? El tiempo. Poner el material lo más rápido [posible]. No el que llega antes, sino que el que llega antes arriba a la web» (F2). Así, el reporteo parece retroceder ante un periodismo de escritorio: «Los periodistas ya no salen de la oficina. Miras la tele, lees el comunicado y listo, te hago la nota» (R5). La instalación de mesas de edición regionales contribuye a este escenario de flujo permanente, a la vez que impacta negativamente en el proceso de valoración de las noticias pues reduce la pirámide de filtro editorial: «De pronto, ellos [la mesa de edición] dicen: oye, salió esto; ya, démosle. Y antes de que tú despiertes, mandaron un titular» (R4). Estas dinámicas afectan la calidad de las noticias: «Esta es una mesa de edición que edita muy mal y entonces se cuelan muchas imprecisiones, mal escrito y eso tiene una repercusión» (JR2).
Al mismo tiempo, esta hiperaceleración, homogeneización y disminución en la calidad del producto periodístico se plantea también como una oportunidad para volver a un periodismo de calidad, más profundo, para invertir en nuevos estilos y formatos y revitalizar otros en desuso: «La agencia quiere cambiar eso un poco y hacer trabajos que investiguen mucho más tiempo» (F1); «estamos haciendo esfuerzos literarios súper heavy también, apostando por distintas formas de escritura» (JR1).
Los bordes difusos entre lo editorial y lo comercial se cuelan en las percepciones sobre los cambios que lo multimediático impone a las rutinas profesionales en agencias. Esta superposición ocasional de los valores editoriales y las dimensiones comerciales responde a políticas de diversificación de los productos desde los 1980s (Alleyne y Wagner, 1993; Boyd-Barrett y Rantanen, 1998). Las agencias, hoy, ofrecen servicios distintos a los de producción y circulación de contenidos noticiosos, como realización de documentales por encargo, campañas comunicacionales o coberturas especiales como fuentes de ingresos para mantener el giro noticioso central («sirven para sustentar el periodismo que hacemos», D1). Los equipos de servicios comerciales especiales son distintos a los de producción informativa y sus trayectorias y perfiles son percibidos como diferentes. Trabajos futuros deberán ahondar en el tipo y alcance de hibridación que pueden desarrollar ambas esferas al alero de la reconfiguración del trabajo de las agencias en su relación con las llamadas daughter companies (Boyd-Barrett y Rantanen, 2000).
Las transformaciones socio-técnicas, en tanto, son una incubadora del desmantelamiento de las fronteras profesionales del trabajo de corresponsalía, que se materializa en la precarización, la reformulación de los valores noticiosos y en las rutinas, por mencionar algunas dimensiones críticas: «Mucha digitalización, modernización de procesos… reducción de personal que ha pasado en todos los medios… cada vez los medios [se han] achicado más… Hemos intentado adaptarnos al mundo de las redes sociales» (R3); «la tecnología nos ha facilitado el trabajo, pero al mismo tiempo nos ha complicado (…) Y competir con cosas como las redes sociales (…). Aumentar la velocidad nos ha hecho que, en cierta manera, perdamos rigor» (D2). Si bien algunos explicitan temor al impacto de la inteligencia artificial (D1), la reconfiguración de la rutina se manifiesta más claramente en el imperativo de producir contenidos multimediáticos, es decir, que articulan formatos y lenguajes escritos y audiovisuales, lo que responde además a políticas editoriales globales/regionales: urge «coordinarse en los tres formatos… foto, video y texto» (D1); «desde el directorio están impulsando la reforma… tener más videos. Intentamos la mayoría de las notas hacerlas multimedia. O por lo menos con foto y mejor con video» (D3). Criterios que influyen, incluso, en los perfiles de las nuevas contrataciones: «¿Para qué necesitamos más personas de texto que de video?... Es tan anacrónico que seamos tan texto-céntricos, cuando ya el mundo de la información no es texto-céntrico» (V1).
Estas reconfiguraciones imponen una rutina multifuncional para un mismo trabajador multimediático: «...Yo soy ya un dinosaurio, seré el último fotógrafo que haga solo fotos. Todos tienen que aprender a hacer video y fotos. Todos los periodistas» (F1). Se trata de políticas globales y transversales: «Ellos [los jefes] también quieren que todos seamos cada vez más multifuncionales, periodista orquesta» (R1). Esta polifuncionalidad y multimedialidad se advierten como deterioros concretos y reconfiguraciones negativas para la calidad del trabajo profesional: «No puedes estar atenta a todo al mismo tiempo» (R1); «es nuestro continuo choque, cantidad, calidad. Y cómo vamos sorteando eso» (V3). Este trabajo puede ser valorado (en cuanto a pagos) «por obra» o, incluso, ni siquiera eso y ser, así, invisibilizado, con periodistas que lo producen, pero no reciben remuneración por ese incremento de multi y polifuncionalidad de estilos, formatos, productos y, finalmente, rutinas (F1). Esta precarización se percibe también como simultánea a un recambio generacional cuando corresponsales que se incorporan al trabajo de agencias aceptan —o se enfrentan a— requerimientos/obligaciones de producir en todos los formatos a partir del smartphone (V3).
El cuestionamiento y la competencia por las fronteras profesionales muestran, en el caso de los corresponsales de agencias internacionales de noticias, cómo la precarización y la falta de reconocimiento desmantelan las mismas rutinas periodísticas.
«Y el otro cambio que he notado ha sido cómo se han ido atomizando las agencias, las corresponsalías de las agencias de noticias» (F2). Reservamos este testimonio para la conclusión porque encarna el desmantelamiento del trabajo de corresponsal extranjero en agencias noticiosas en Chile. Estudiar a estos periodistas de manera descriptivo-analítica, desde un diseño cualitativo e inductivo que explora las percepciones de corresponsales en Chile, permite concluir que sus condiciones de trabajo concretas no solo tensionan a los valores e ideales periodísticos, sino que los (re)configuran, desmantelando el estatus, las condiciones laborales y las fronteras profesionales. Esta conclusión es coherente con estudios previos, en específico en el caso español (León-Gross et al., 2018; Salaverría, 2014) e internacional (Sambrook, 2010).
Contestando las preguntas que guiaron este texto, los corresponsales extranjeros que trabajan para agencias internacionales de noticias en Chile testimonian, de manera bastante clásica (Boumans et al., 2018; Norbäck, 2022), la falta de reconocimiento, la precariedad (Palmer, 2022; Rubery, 2015) y el trabajo multifacético y polifuncional. Las tres características reconfiguran el trabajo periodístico en las agencias internacionales de noticias por un proceso de desplazamiento de lo que se ha entendido como corresponsalía extranjera (Brüggemann et al., 2017; Bunce, 2015), cuyo impacto parece más negativo que positivo en la línea de lo planteado por Wu y Hamilton (2004), en específico, la dificultad para contextualizar las noticias (Belair-Gagnon et al., 2017).
Si bien en el caso de periodistas con contratos en agencias internacionales de noticias en Chile no pudimos observar lógicas de «empresarios de sí mismos» (Ashraf y Phelan, 2023); en la verbalización de esta metamorfosis pareciera que las relaciones con el campo periodístico chileno son particularmente difíciles y desnudan las tensiones que atraviesan el profesionalismo de los corresponsales extranjeros a quienes hemos entrevistado, su deontología y hasta dónde aceptan las transformaciones que responden al campo periodístico local. Sin duda, este problema de las relaciones entre corresponsales, agencias y sistema mediático local merece más indagaciones tanto en el caso chileno como internacional, aun cuando algunos textos ya lo han explorado tempranamente (Salaverría, 2014).
Este estudio contribuye a llenar un vacío, en específico, a explorar en Latinoamérica y Chile el trabajo de corresponsalía y diversificar las descripciones sobre diversos contextos nacionales del ejercicio del periodismo internacional. Las características propias del campo periodístico chileno, su reducción e hiperprecarización, configuran las transformaciones que perciben los corresponsales extranjeros. Se hace más evidente analizando los testimonios de los periodistas con cargos de delegación o jefatura regional quienes manifiestan un choque de cultura, que opera en contratos y jerarquizaciones con periodistas locales y con corresponsales extranjeros locales (Hamilton y Jenner, 2004).
Dicho contraste entre culturas y prácticas periodísticas tensiona y cuestiona los roles periodísticos dominantes en el sistema nacional, ampliamente dominado por el infoentretenimiento (Hallin y Mellado, 2018). A la vez, en los relatos de entrevistados se distingue la proveniencia cultural de las agencias, tanto en su relación con el campo profesional nacional como en el diseño de las relaciones de trabajo en la organización y salas de redacción. En este sentido, advertimos cómo el estudio de la corresponsalía extranjera a nivel nacional —incluso en un caso de estudio— tiene una sintonía mundial y responde a lógicas glocales que producen transformaciones e implementaciones ajustadas a las dinámicas globales del campo periodístico y de las relaciones de fuerza locales. Las agencias internacionales convergen en sus estrategias, aun guardando diseños que responden a factores culturales de origen de las agencias, hipótesis que podría abordarse en otros casos de estudios.
En el caso chileno, considerando la precarización y su impacto sobre las fronteras y los roles profesionales, el uso de las tecnologías genera incertidumbre entre ganar tiempo y perder experiencias sensibles en el ejercicio de la profesión. Tal como se observa en el periodismo nacional (Santa Cruz, 2024), la polifuncionalidad ha colonizado la corresponsalía extranjera. Sin embargo, puede interpretarse como un rol de guardián, así como de modelo que se reconfigura desde lo multifacético, alimentando el imaginario de la agencia internacional de noticias como configuradora del profesionalismo periodístico.
Los autores agradecen el apoyo del Proyecto DICYT Ayudante 032357FA (2023-2024), de la Vicerrectoría de Investigación, Desarrollo e Innovación de la Universidad de Santiago de Chile: «Mapping Foreign Correspondents».
Conceptualización |
Ideas; formulación o evolución de los objetivos y metas generales de la investigación. |
Autores 1, 3 y 4 |
Curación de datos |
Actividades de gestión para anotar (producir metadatos), depurar datos y mantener los datos de la investigación (incluido el código de software, cuando sea necesario para interpretar los propios datos) para su uso inicial y su posterior reutilización. |
Autores 1 y 2 |
Análisis formal |
Aplicación de técnicas estadísticas, matemáticas, computacionales u otras técnicas formales para analizar o sintetizar datos de estudio. |
Autores 1 y 2 |
Adquisición de fondos |
Adquisición del apoyo financiero para el proyecto que conduce a esta publicación. |
Autores 1, 3 y 4 |
Investigación |
Realización de una investigación y proceso de investigación, realizando específicamente los experimentos, o la recolección de datos/evidencia. |
Autores 1, 2 y 3 |
Metodología |
Desarrollo o diseño de la metodología; creación de modelos. |
Autores 1, 2, 3 y 4 |
Administración del proyecto |
Responsabilidad de gestión y coordinación de la planificación y ejecución de la actividad de investigación. |
Autor 1 |
Recursos |
Suministro de materiales de estudio, reactivos, materiales, pacientes, muestras de laboratorio, animales, instrumentación, recursos informáticos u otras herramientas de análisis. |
Autores 1, 2, 3 y 4 |
Software |
Programación, desarrollo de software; diseño de programas informáticos; implementación del código informático y de los algoritmos de apoyo; prueba de los componentes de código existentes. |
Autores 1, 2, 3 y 4 |
Supervisión |
Responsabilidad de supervisión y liderazgo en la planificación y ejecución de actividades de investigación, incluyendo la tutoría externa al equipo central. |
Autor 1 |
Validación |
Verificación, ya sea como parte de la actividad o por separado, de la replicabilidad/reproducción general de los resultados/experimentos y otros productos de la investigación. |
Autores 1 |
Visualización |
Preparación, creación y/o presentación del trabajo publicado, específicamente la visualización/presentación de datos. |
Autores 1 y 2 |
Redacción / Borrador original |
Preparación, creación y/o presentación del trabajo publicado, específicamente la redacción del borrador inicial (incluyendo la traducción sustantiva). |
Autores 1, 2 y 3 |
Redacción / Revisión y edición |
Preparación, creación y/o presentación del trabajo publicado por los miembros del grupo de investigación original, específicamente revisión crítica, comentario o revisión, incluidas las etapas previas o posteriores a la publicación. |
Autores 1, 2, 3, 4 |
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Antoine Faure. Doctor en Ciencia Política (Sciences Po Grenoble, Université Grenoble-Alpes, Francia). Profesor Asociado y Director de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Santiago de Chile (USACH) e Investigador Asociado del Centro de Estudios de la Comunicación Pública de la misma casa de estudios. Investigador adjunto del Núcleo de Investigación en Televisión y Sociedad (NITS, Universidad de Chile). Investiga la historia del periodismo chileno, los modelos de negocio de la prensa digital y las series de ficción televisiva. Cuestiona la política y comunicación pública desde la problemática de la cronopolítica. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-9140-5980
Sofía Brinck Vergara. Periodista y Magíster en Medios Globales y Comunicaciones de las universidades London School of Economics and Political Science (Reino Unido) y Southern California (Estados Unidos). Es docente en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Santiago de Chile. Ha sido editora de medios periodísticos y académicos en Chile, tales como la revista Anales de la Universidad de Chile. ORCID: https://orcid.org/0009-0005-1684-4421
Claudia Lagos Lira. Doctora en Medios y Comunicación (University of Illinois at Urbana-Champaign, US). Profesora Asociada de la Universidad de Chile donde es directora del Departamento de Comunicación Social. Investigadora adjunta del Núcleo Milenio Media, Public Opinion, and Politics (MEPOP); investigadora adjunta del Núcleo de Investigación en Televisión y Sociedad (NITS), editora de la revista Comunicación y Medios y Associate Editor de Journalism Studies. Sus áreas de trabajo incluyen los estudios de periodismo, la historia del periodismo con foco en las experiencias latinoamericanas, los estudios feministas en el campo de la comunicación, los medios y el periodismo y los enfoques cualitativos. ORCID: https://orcid.org/0000-0003-2557-5401
Tomás Dodds. Profesor Asistente en Periodismo y Nuevos Medios en la Universidad de Leiden y Faculty Associate en el Berkman Klein Center for Internet y Society de la Universidad de Harvard. También es investigador en el AI, Media y Democracy Lab en los Países Bajos y en el Artificial Intelligence and Society Hub [IA+SIC] en Chile. Sus intereses de investigación actuales se centran en la inteligencia artificial y la automatización en el sector de los medios, las tecnologías inmersivas, la ciencia de datos cívica y la gobernanza de tecnologías e Internet. ORCID: https://orcid.org/0000-0003-4724-5307
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1 En consonancia con los lineamientos de la Universidad de Leiden, cuyo comité de ética aprobó el estudio y los instrumentos en que se garantiza el anonimato de los entrevistados.