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<journal-title>Estudios sobre el Mensaje Period&#x00ED;stico</journal-title>
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<subject>Rese&#x00F1;as</subject>
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<article-title>Dickens, Ch. (2024). <italic>Pasiones p&#x00FA;blicas, emociones privadas. Escritos period&#x00ED;sticos</italic>. Gatopardo ediciones</article-title>
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<surname>Mayoral S&#x00E1;nchez</surname>
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<bio><p><bold>Javier Mayoral S&#x00E1;nchez.</bold> Profesor Titular en la Facultad de Ciencias de la Informaci&#x00F3;n (Universidad Complutense de Madrid). Forma parte del proyecto competitivo &#x00AB;Implicaciones de la inteligencia artificial generativa en los contenidos period&#x00ED;sticos: ejercicio profesional, percepciones de las audiencias y desaf&#x00ED;os docentes&#x00BB; (IAGPER), del Ministerio de Ciencia, Innovaci&#x00F3;n y Universidades. Desde 2017 es miembro del Grupo de Investigaci&#x00F3;n en Redacci&#x00F3;n Period&#x00ED;stica: Estilos, Narrativas y G&#x00E9;neros (GIRP-ENG), que codirige en la actualidad. ORCID: <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://orcid.org/0000-0002-6758-5328">https://orcid.org/0000-0002-6758-5328</ext-link></p></bio>
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<email>javier.mayoral@ucm.es</email>
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<p>Es este un libro que combina, como anuncia el t&#x00ED;tulo, lo privado (incluso lo &#x00ED;ntimo) con lo p&#x00FA;blico. Tambi&#x00E9;n las pasiones (o las emociones) con los argumentos. Sobre todo, es este un libro que desvela al gran periodista que fue Charles Dickens (1812-1870), antes incluso de ser gran novelista o escritor. Con 25 a&#x00F1;os Dickens ya hab&#x00ED;a publicado <italic>Escenas de la vida de Londres por &#x00AB;Boz</italic>&#x00BB;, recopilaci&#x00F3;n de art&#x00ED;culos period&#x00ED;sticos. Un &#x00E9;xito al que sigui&#x00F3;, inmediatamente, el de su primera novela: <italic>Los papeles p&#x00F3;stumos del club Pickwick</italic>. El novelista no llegaba a los medios esta vez para sobrevivir en lo econ&#x00F3;mico ni para amplificar el eco de su trabajo como escritor. En el caso de Dickens, el novelista ya era periodista. Y nunca dej&#x00F3; de serlo, como podemos comprobar en <italic>Pasiones p&#x00FA;blicas, emociones privadas</italic>.</p>
<p>Escribe Dolores Pay&#x00E1;s &#x2014;excelente su labor como editora y traductora&#x2014; que Dickens es el primer novelista con atributos contempor&#x00E1;neos: &#x00AB;Mundialmente famoso, generador de un <italic>marketing</italic> espec&#x00ED;fico, escritor de <italic>best sellers</italic>, militante activo en favor de los <italic>royalties</italic>, promotor de la primera asociaci&#x00F3;n de escritores, fil&#x00E1;ntropo&#x2026;, en definitiva un genuino <italic>influencer</italic>&#x00BB; (p. 13). Ese perfil de escritor encaja a la perfecci&#x00F3;n con un periodismo ambicioso, diverso, dotado de amplitud de miras, capaz de conjugar compasi&#x00F3;n e indignaci&#x00F3;n, humor y dolor, raz&#x00F3;n e innovaci&#x00F3;n. En sus art&#x00ED;culos defiende a la clase trabajadora, a la que, seg&#x00FA;n Dickens, los poderes pol&#x00ED;ticos tratan con paternalismo condescendiente &#x2014;como si fuera un &#x00AB;ni&#x00F1;o grande&#x00BB; (p. 68)&#x2014; o con desprecio. &#x00AB;Nada dejaba entrever que fueran seres humanos&#x00BB;, escribe sobre unos indigentes a los que encuentra a las puertas de un asilo. Adem&#x00E1;s de trasladar al lector lo que &#x00E9;l ha visto, razona y enjuicia: &#x00AB;S&#x00E9; bien que en cuanto salga a la calle habr&#x00E1; quien salte de inmediato a la palestra para demostrarme que las cosas son as&#x00ED;, inevitables, y que lo que les suceda a otros seres humanos no es de nuestra incumbencia. Quienes proclaman semejante barbaridad son los ac&#x00F3;litos dementes de una teor&#x00ED;a econ&#x00F3;mica que se basa en aritm&#x00E9;ticas desquiciadas para aplicar pol&#x00ED;ticas de una dureza m&#x00E1;s all&#x00E1; de lo imaginable (pol&#x00ED;ticas que consideran cualquier signo de humanidad como una flaqueza)&#x00BB; (p. 45).</p>
<p>Su mirada period&#x00ED;stica es, por tanto, compasiva. Dickens quiere mirar (y quiere no dejar de mirar) porque necesita sentirse concernido por el drama personal de quienes no tienen apenas nada, de quienes malviven o no disponen de recursos elementales. En sus textos defiende una profunda transformaci&#x00F3;n moral de la sociedad que ayude a salir del barro a las clases bajas. Eso, a su juicio, generar&#x00ED;a cierta armon&#x00ED;a social. Aunque denuncia de las condiciones de vida de los pobres y la obscenidad de la riqueza insaciable y acaparadora, renuncia a maximalismos. En especial, reniega de la violencia: &#x00AB;Resulta innecesario puntualizar &#x2014;escribe en 1848&#x2014; que la posici&#x00F3;n de este peri&#x00F3;dico respecto a la violencia es de tolerancia cero. No la aceptamos, ni en teor&#x00ED;a ni llevada a la pr&#x00E1;ctica&#x00BB; (p. 117). S&#x00ED; lo sentimos indignarse en ocasiones. S&#x00ED; lo vemos situarse en la frontera misma del panfleto: &#x00AB;La buena educaci&#x00F3;n es estupenda para las ocasiones ordinarias, pero est&#x00E1; fuera de lugar cuando peligran las libertades y el bienestar de todo un pa&#x00ED;s&#x00BB; (p. 148). El panfleto, no obstante, le sale elegante. No puede evitarlo. Arremete quiz&#x00E1; alg&#x00FA;n d&#x00ED;a con dureza implacable, &#x00AB;prescindiendo de cualquier asomo de cortes&#x00ED;a&#x00BB; (p. 148), pero nunca deja de argumentar. Con frecuencia se sirve de la iron&#x00ED;a y del humor. En alg&#x00FA;n momento, tambi&#x00E9;n exhibe sus emociones: &#x00AB;Escribo lo sucedido en esta visita con mano temblorosa y el &#x00E1;nimo por los suelos&#x00BB; (p. 172), asegura en un descarnado art&#x00ED;culo de denuncia sobre las penurias de un grupo de soldados.</p>
<p>La base de su prosa period&#x00ED;stica es el orden expositivo y el esp&#x00ED;ritu anal&#x00ED;tico. Lo m&#x00E1;s visible para el lector, sin embargo, seguramente ser&#x00E1;n las habilidades de Dickens para narrar y describir. Nada de lo que cuenta cansa. Nada molesta. Nada estorba. Las historias se relatan con extraordinaria fluidez. Siempre es personal la escritura de estos textos period&#x00ED;sticos. A veces, tambi&#x00E9;n &#x00ED;ntima: &#x00AB;En la cama, y sin pegar ojo&#x00BB;, titula en octubre de 1852. Antes de llegar a la mitad de la pieza, anota: &#x00AB;Pero debo dormir. Me concentrar&#x00E9; en dormir. Estoy decidido (continu&#x00E9; dici&#x00E9;ndome) a pensar solo en dormir (&#x2026;). Dormir, dormir. El sue&#x00F1;o es democr&#x00E1;tico, nos iguala a todos&#x00BB; (p. 335). En el propio art&#x00ED;culo detalla Dickens c&#x00F3;mo pierde el hilo de lo que iba pensando. Hasta que finalmente salta de la cama y acaba saliendo a la calle a dar un paseo. Explica Dolores Pay&#x00E1;s que el escritor padec&#x00ED;a de insomnio y caminaba con frecuencia por las noches. Por eso, entre otros motivos, Dickens andaba una media de 30 kil&#x00F3;metros diarios. La propia editora del libro vincula muy agudamente este problema del insomnio con una escritura cinematogr&#x00E1;fica, con &#x00E1;ngulos cambiantes, con visi&#x00F3;n m&#x00FA;ltiple de las realidades referidas, como si el periodista fuera &#x00AB;el ojo de la c&#x00E1;mara&#x00BB; que va recogiendo diferentes escenas (p. 236). Prueba magn&#x00ED;fica de esa escritura andariega es el art&#x00ED;culo titulado &#x00AB;Las calles. Ma&#x00F1;ana&#x00BB;, que se publica el 21 de julio de 1835 (pp. 239-247). Ah&#x00ED; se puede aprender periodismo. Ah&#x00ED; ha quedado para la historia una gran exhibici&#x00F3;n de capacidades descriptivas, narrativas y comprensivas.</p>
<p>El libro <italic>Pasiones p&#x00FA;blicas, emociones privadas</italic> traslada al lector a otra &#x00E9;poca, pero rezuma modernidad, contemporaneidad. En forma y fondo. Se refiere Dickens, por ejemplo, a &#x00AB;cortinas de humo muy &#x00FA;tiles para enmascarar los hechos&#x00BB; (p. 128), a los &#x00AB;disparatados propagadores de noticias falsas&#x00BB; (p. 191), a &#x00AB;una &#x00E9;poca marcada por el utilitarismo&#x00BB; (p. 85), a los excesos de lo que hoy llamar&#x00ED;amos &#x00AB;lenguaje pol&#x00ED;ticamente correcto&#x00BB;&#x2026; En un art&#x00ED;culo publicado en 1854, asegura: &#x00AB;La mejora de la vivienda es la primera reforma que debemos abordar, la medida que debe preceder a cualquier otra. Mientras el pueblo viva en cuchitriles pestilentes, cualquier otro cambio est&#x00E1; condenado al fracaso (&#x2026;). Bastar&#x00ED;a con el que el Parlamento dedicara una de sus sesiones a la reforma de la vivienda, una sola, siempre y cuando fuera larga e intensiva, para que se hallaran soluciones al problema&#x00BB; (p. 112).</p>
<p>Charles Dickens es, para colmo de contemporaneidad, complejo y contradictorio. Argumenta Dolores Pay&#x00E1;s, la editora del libro, que nos hallamos ante un hombre de acci&#x00F3;n, resolutivo, que suele diagnosticar bien los problemas, pero que a menudo ofrece soluciones poco o nada realistas (p. 209). En su amplio repertorio de filantrop&#x00ED;as diversas, merece la pena destacar el proyecto &#x00AB;Urania Cottage&#x00BB;, al que Dickens dedic&#x00F3; mucho tiempo y esfuerzo. Se trataba de una especie de refugio para mujeres ca&#x00ED;das en desgracia (p. 210). No se concibi&#x00F3; como lugar de reclusi&#x00F3;n o de castigo. Todo lo contrario. Se trataba de una casa con jard&#x00ED;n, situada en las afueras de Londres, en la que mujeres con graves problemas aprend&#x00ED;an a realizar labores dom&#x00E9;sticas y recib&#x00ED;an una amplia formaci&#x00F3;n cultural. En ese art&#x00ED;culo, &#x00AB;Un hogar para mujeres en la calle&#x00BB; (abril de 1853), vemos con nitidez una faceta de Dickens. Seguramente la que marc&#x00F3; o reflej&#x00F3; la mayor parte de la vida del autor. Pero Pay&#x00E1;s no quiere santificar al personaje/escritor y muestra tambi&#x00E9;n otra faceta de la misma persona: al final de la obra, lo descubrimos envuelto en &#x00AB;amores que se mantendr&#x00ED;an siempre en la m&#x00E1;s estricta clandestinidad&#x00BB;, atrapado en un af&#x00E1;n de &#x00AB;ocultamiento fan&#x00E1;tico que requiri&#x00F3; apa&#x00F1;os muy complicados, casi rocambolescos&#x00BB;, capaz de una &#x00AB;crueldad desmesurada, incluso para los est&#x00E1;ndares mis&#x00F3;ginos de la &#x00E9;poca&#x00BB; (p. 391). El t&#x00ED;tulo del &#x00FA;ltimo cap&#x00ED;tulo del libro lo dice todo: &#x00AB;Nadie es perfecto&#x00BB;.</p>
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