ISSN: 1131-6993
ARTÍCULOS
María Belén Deamos
Universidad de Sevilla, Departamento de Prehistoria y Arqueología, Calle San Fernando 4, 41004, Sevilla ✉
Mariano del Amo y de la Hera †
Recibido: 1/10/2024 • Aceptado 09/04/2025 |
ES Resumen: La excavación de un pequeño asentamiento en la serranía de Aracena, al norte de la provincia de Huelva, aportó una información relevante sobre la ocupación de ese territorio occidental en la transición entre las dos etapas de la Edad del Hierro. El poblado se abandonó de forma precipitada a fines del siglo V a.C., dejando atrás enseres domésticos, útiles de trabajo y objetos personales. Entre la abundante cerámica recuperada, a mano y a torno, destacan las vasijas para almacenar y conservar provisiones, que quedaron in situ o dispersas por las distintas estancias. Tres de ellas presentan un característico resalte o pestaña en la zona próxima a la boca. Este tipo de vasos, cuya función como envases para miel está bien contrastada por análisis de residuos orgánicos y paralelos etnográficos que llegan a fechas contemporáneas, se difundió por el Mediterráneo, desde el Egeo a la península ibérica, en fechas imprecisas de mediados del I milenio a.C. Del siglo IV a.C. son los ejemplares más antiguos documentados en poblados del área ibérica y de fines del V a.C. los hallados en los complejos monumentales del Guadiana medio con los que se ha relacionado la historia del poblado de El Castañuelo.
Palabras clave: Sierra de Aracena; hábitat rural; siglo V a.C.; vasijas para miel.
EN Honey vessels in the protohistoric settlement of El Castañuelo
EN Abstract: The excavation of a small settlement in the Aracena mountain range, in the northern part of the province of Huelva (Spain), provided significant information about the occupation of that western territory during the transition between the two Iron Age stages. The settlement was abandoned abruptly at the end of the 5th century BC, leaving behind household items, tools, and personal belongings. Among the abundant pottery recovered, both handmade and wheel-thrown, notable are the vessels used for storing and preserving provisions, which were found in situ or scattered throughout the different rooms. Three of these vessels feature a characteristic lip or tab near the mouth. This type of jar, whose function as containers for honey is well-supported by organic residue analysis and ethnographic parallels extending to contemporary times, spread across the Mediterranean from the Aegean to the Iberian Peninsula during the imprecise dates of the mid-1st millennium BC. The oldest documented examples from the Iberian area date to the 4th century BC, while those from the late 5th century BC were found in the monumental complexes of the Middle Guadiana, which have been linked to the history of the settlement of El Castañuelo.
Keywords: Aracena Mountains; Rural settlement; 5th century BC; Honey vessels.
Sumario: 1. Preámbulo, 2. El yacimiento, 3. Los vasos y su contexto arqueológico, 4. Epílogo, 5. Bibliografía
Cómo citar: Belén Deamos, M.; del Amo y de la Hera, M. (2025): Envases para miel en el poblado protohistórico de El Castañuelo (Huelva). Complutum, 36(1): 241-248
El estudio de materiales recuperados en una intervención arqueológica realizada en Carmona (Sevilla) entre los años 1989 y 1990, nos permitió comprobar que en un complejo alfarero situado en los aledaños de la ciudad antigua, además de cerámica para uso doméstico y comercial, se fabricaban colmenas tubulares entre los siglos IV-II a.C. (Belén et al. 2021). Este revelador hallazgo impulsó nuestro interés por la apicultura en la Antigüedad.
Hasta entonces, la investigación sobre la actividad apícola en la Iberia prerromana se limitaba a los trabajos pioneros de Bonet y Mata (1995, 1997) en territorio edetano, más tarde ampliados con estudios de otras zonas del ámbito ibérico oriental (Soria 2000; Fuentes et al. 2004; Quixal y Jardón 2016, entre otros). Sin embargo, en el suroeste de Andalucía, región con buenas condiciones naturales para la producción de miel y cera (Ávila 1984; Talavera et al. 1988), esta actividad económica no había sido objeto de investigación arqueológica. Después del trabajo de carácter general citado más arriba, estudiamos con más detalle los fragmentos de las colmenas de Carmona y avanzamos el hallazgo en el poblado protohistórico de El Castañuelo de algunas vasijas que la investigación actual considera envases específicos para miel, sin desestimar que tuvieran otros usos ni que se utilizaran otros recipientes con el mismo fin (Belén et al. 2024). La consulta de la documentación de los trabajos de campo realizados por M. del Amo en el yacimiento, me lleva a tratar del contexto arqueológico de esos vasos en este trabajo que dedico con placer a la profesora Teresa Chapa, amiga de muchos años, con la que he tenido el privilegio de compartir buenos ratos, investigaciones y provechosas correrías por yacimientos arqueológicos, museos y bibliotecas.
El poblado protohistórico de El Castañuelo se levantó sobre un cerro de 522 m de altura en la vertiente septentrional de la Sierra de Aracena, rodeado por arroyos, en un paisaje vegetal con predominio de encinas y matorrales. Conocido como Cerro de la Mina por los naturales del lugar, dista unos cuatro kilómetros de la ciudad de Aracena (Huelva) y poco más de uno de la aldea de Castañuelo, a la que debe su nombre arqueológico (Fig. 1). El cerro presenta un abrupto declive por el norte, sur y oeste y fácil acceso por el lado oriental (Fig. 2, núm.1). Las características geográficas y topográficas del lugar, la abundancia de agua y la proximidad a recursos minerales, explicarían la fundación del asentamiento hacia mediados del siglo V a.C.

Fig. 1.1. Localización de El Castañuelo en el suroeste peninsular (Cartografía básica de la revista TP), 1.2. Situación del yacimiento en la comarca de Aracena (Huelva) (Archivo Mariano del Amo).
Realmente su descubrimiento, aunque buscado, sorprendió a M. del Amo, que entonces dirigía el Museo de Huelva y gestionaba las actividades arqueológicas en la provincia. Pocos años antes había iniciado la excavación de dos pequeñas necrópolis de la Edad del Bronce cuyas tumbas se localizaban en las laderas del mismo cerro (Amo 1975: 158-172). Sospechando que posibles restos constructivos y fragmentos cerámicos dispersos por la cima podrían ser del hábitat prehistórico coetáneo, decidió comprobarlo de forma empírica.
Entre 1975-1977 y 1979 llevó a cabo cuatro campañas en las que excavó 225 m2 del total de 10.000 m2 que calculó para todo el yacimiento. Este resultó ser un poblado de la Edad del Hierro fundado sobre un sitio no habitado con anterioridad, al menos de forma inmediata, porque el hallazgo de cerámica prehistórica en el sector excavado se considera indicativo de un asentamiento subyacente de la Edad del Bronce (Amo 1978: 320; Pérez Macías 1991: 8).
En 1980 se publicó un avance de los resultados de esos trabajos (Amo 1978), que ha sido la principal fuente de información para los autores que han tratado posteriormente del yacimiento (Berrocal 1992; Pérez Macías 1991, 1993: 395-400; Pérez y Gómez 1999; Jiménez 2009; Romero 2022). La intervención arqueológica se planteó en el sector oriental del cerro y abarcó un total de nueve cuadrículas separadas por testigos que, finalmente, se eliminaron para descubrir por completo las plantas de ocho habitaciones y parte de otras tres. Forman un núcleo de estancias adosadas, algunas comunicadas entre sí, que debían abrir a espacios de tránsito exterior. Unas son rectangulares y otras cuadradas, la mayor con 23,50 m2, muros con zócalo de mampostería, un hogar situado en el centro o junto a un muro y bancos adosados a una de las paredes. Las habitaciones que dan a la ladera oriental se unían a estructuras pétreas integradas en el sistema defensivo (Romero 2003: 84). El poblado se abandonó de forma precipitada, dejando in situ abundante y variado menaje doméstico, objetos personales y equipos para actividades textiles y de molienda (Fig. 2, núm. 2).

Fig. 2. El Castañuelo: 2.1. Plano topográfico y estructuras excavadas en el sector oriental (vide cartela en la figura 1). 2.2. Planta de las habitaciones con la posición de los enseres abandonados (Archivo M. del Amo).
Basándose en los materiales que halló en las excavaciones M. del Amo (1978: 326) concluyó que El Castañuelo pertenecía a los celtici de la Beturia citados en fuentes de las guerras de la conquista romana. Habría sido fundado a principios del siglo IV a.C. por gentes procedentes de la zona oriental de la Meseta, de la Celtiberia según Plinio el Viejo (Nat. 3.13), y abandonado a fines del III a.C., quizá como consecuencia de los hechos bélicos que llevaron al ejército romano a imponerse sobre los cartagineses en la que se conoce como batalla de Ilipa.
Las intervenciones posteriores en el yacimiento se han centrado principalmente en su protección y puesta en valor (Romero 1992), pero en los casi 50 años transcurridos desde los primeros trabajos, ha aumentado considerablemente el conocimiento de esa entidad territorial difusa que fue la Beturia de tiempos romanos y la investigación arqueológica sitúa hoy al sur del Guadiana, en tierras fronterizas de las provincias de Badajoz y Huelva, lindando al oeste con el Alentejo portugués. Este mejor conocimiento del territorio, de sus gentes y de su cultura, ha promovido un debate científico que ha llevado a revisar las conclusiones de M. del Amo sobre El Castañuelo y, en particular, sobre su cronología y la etnia de sus pobladores. La cerámica de importación, ánforas púnicas del Círculo del Estrecho y fragmentos de una kylix griega, certifican el abandono del poblado a finales del siglo V a.C. (Ramon 1995: 91; Pérez y Gómez 1999: 474; Jiménez 2009: 8, 18). Más preciso es L. Berrocal (1992: 75) que fecha la ocupación del asentamiento entre el 450-425 y 425-375 a.C. En cuanto al tema complejo de la etnicidad y su determinación a través de la arqueología (Fernández y Ruiz 2011), la opinión de M. del Amo ha sido explícitamente cuestionada por J. Jiménez (2009:17-18) al vincular El Castañuelo a gentes de raigambre local relacionadas política, económica y culturalmente con las que ocupaban las tierras llanas del Guadiana Medio. Eso explicaría el final coincidente de la pequeña aldea serrana y los edificios monumentales representativos de tiempos postorientalizantes en las tierras llanas del sur de Extremadura.
Los trabajos de campo realizados en El Castañuelo proporcionaron abundante material cerámico, a mano y a torno, de cocina, de mesa y de almacén. Tres de las vasijas para guardar y conservar provisiones presentan un resalte o pestaña en la zona próxima a la boca que algunos autores describen como doble borde (Broncano y Blánquez 1985: 101 y 273) o doble cuerpo (García 1995: 263, fig. 5), porque en algunos casos parece que la pieza se ha compuesto con partes de dos vasos diferentes (Bormetti 2014: 36). El resalte conforma un pequeño canal perimetral cuya función se discute, pero dado que paralelos etnográficos (Morais 2006: 153-155, fig. 3; Persano 2016: 17, figs. 10-13) y análisis de residuos orgánicos (Oliveira et al. 2019) aseguran el uso de este tipo de vasos como envases para miel, el canalito, lleno de agua, podría ser una solución para evitar el acceso de las hormigas a su contenido. Que hubiera formas específicas para envasar miel no excluye que se utilizaran también otros recipientes domésticos multifuncionales o de uso comercial, como las ánforas.

Fig. 3. Vasijas con resalte del poblado de El Castañuelo (Huelva) (Archivo M. del Amo, dibujos de C. Allepuz (1) y P. Saura (2 y 3), foto M. del Amo).
Las piezas en cuestión se hallaron en tres estancias, de superficie comprendida entre 13 y 19 m2, que en los trabajos de campo se numeraron como Habitaciones 4, 8 y 9 (Fig. 2, núm. 2). Las reducidas dimensiones de su espacio útil, la cantidad y variedad de cerámica que contenían y el tamaño de algunas de las vasijas, hacen pensar que las dos primeras se utilizaron como almacén de enseres y despensa de provisiones. La mayor parte de las piezas estaban sobre el suelo, desperdigadas, aplastadas y algunas rotas a propósito.
En el ángulo SE de la Habitación 4, invadido por las raíces de una encina crecida sobre el muro de separación con la contigua hacia el sur, se recogieron casi un millar de diminutos fragmentos de un vaso hecho a torno cuya forma se reconstruyó con las partes que se pudieron unir. Tiene el número de inventario 448 (Fig. 3, núm. 1). Dimensiones: altura: 75,6 cm; diámetro exterior de boca: 16 cm; diámetro máximo: 57,6 cm; diámetro de base: 7,4 cm; grosor medio de la pared: 0,4-0,5 cm; profundidad del canalito: 1,6 cm.
Resalte aparte, su forma se emparenta con las conocidas como urnas tipo Cruz del Negro, de larga tradición en tierras del Guadalquivir y del Guadiana, pero sin asas y con cuerpo ovalado. M. del Amo no indica que conservara restos de decoración pintada, algo que no resulta extraño teniendo en cuenta que desde tiempos anteriores se producían también vasos de este tipo sin decoración. Están bien documentados, por ejemplo, en la necrópolis de Medellín, tanto en cerámica de cocción oxidante como reductora (Torres 2008: figs. 724 y 735, fig. 738, respectivamente). Además en esta región suroccidental la cerámica pintada es poco frecuente en asentamientos coetáneos de El Castañuelo (Celestino y Jiménez 1996: 102-104; Gomes 2007: 78). Aun así, encontramos algún ejemplo comparable en los complejos monumentales de la comarca de la Serena (Celestino y Jiménez 1996: 102-104, figs. 27,1 y 85,1; Rodríguez y Ortiz 2004: 245, fig. 93, forma D.2.b) (Fig. 4, núms. 1 y 4), aunque el mejor paralelo es una pieza hallada sin control arqueológico en la necrópolis de Los Patos de Cástulo (Jaén), en territorio oretano distante del Guadiana Medio (Blázquez 1975: 42, fig. 1, lám. I) (Fig. 4, núm. 5). De aceptar la función funeraria que se le supone sería una excepción, pues los restantes ejemplos mencionados proceden de lugares de hábitat.

Fig. 4. Vasijas con resalte: 1. Cancho Roano, Zalamea de la Serena, Badajoz (Celestino y Jiménez 2009: figs. 27,1 y 85,1), 2-4. La Mata, Campanario, Badajoz (Rodríguez y Ortiz 2004: figs. 86, forma C.4, y 93, formas D.2.a y D.2.b), 5. Necrópolis de Cástulo, Linares, Jaén (https://ceres.mcu.es, foto S. Gómez).
En la Habitación 8 se registró un recipiente muy fragmentado hecho a mano, con pasta de color pardo grisáceo y abundantes granos de cuarzo, esquisto y mica dorada como desgrasante. Tiene cuerpo ovalado, cuello corto, boca abierta con borde simple exvasado y fondo de pie no indicado con base convexa. Sobre el hombro presenta una pestaña que recorre todo el contorno. Número de inventario 305 (Fig. 3, núm. 3). Dimensiones: altura: 31,8 cm; diámetro exterior de boca: 14 cm; diámetro máximo: 26,8 cm; diámetro de base: 9,5 cm; grosor medio de la pared: 0,7 cm; profundidad de la pestaña: 0,5 cm.
Por último, en la Habitación 9, contigua a la anterior en dirección NO, se hallaron fragmentos correspondientes a la parte superior de otro vaso fabricado a mano, con pasta marrón y cuarzo, mica dorada y esquisto como desgrasante. Aparte se halló un asa que por su aspecto podría ser de la misma pieza. Tiene sección casi circular con acanaladura en el centro de la cara externa. Número de inventario 371 (Fig. 3, núm. 2).
Dimensiones: diámetro exterior de boca: 16,2 cm; grosor de la pared: 0,9 cm; profundidad de la pestaña: 1,3 cm.
Un ejemplar de cerámica a torno tosca, de producción local, se halló también en el edificio de La Mata (Campanario, Badajoz), con una capacidad estimada de 131 litros (Rodríguez y Ortiz 2004: 232 y fig. 86, Forma C.4) (Fig. 4, núm. 2).
El tema de la apicultura prerromana en el suroeste peninsular ha sido poco tratado hasta hoy por la investigación arqueológica, probablemente porque son escasos los hallazgos que pueden tomarse como indicadores seguros de prácticas apícolas. Los útiles fabricados con materias vegetales, como colmenas o cestos para exprimir los panales, son perecederos. Por otra parte, los envases utilizados podían ser multifuncionales, pero harían falta estudios analíticos de residuos orgánicos para asegurar su contenido. El uso de otro tipo de vasijas para almacenar y transportar miel está bien documentado en el complejo de La Mata donde se encontraron dos ánforas, una con restos de conserva de fruta a base de vino y miel y otra con restos de una miel multifloral (Rodríguez y Ortiz 2004: 446 y 448 respectivamente).
El aprovechamiento de recipientes disponibles en el ámbito doméstico debía ser lo más frecuente. Los vasos con pestaña tuvieron una distribución amplia en la geografía peninsular, pero están representados por uno o pocos ejemplares en cada sitio. En la región más occidental, a los especímenes registrados en los yacimientos protohistóricos ya mencionados, se suma una vasija grande a torno del poblado del Castillejo de La Coraja (Aldeacentenera, Cáceres), de fechas poco precisas entre el IV-II a.C. (Esteban 1993: 68 y 70, fig. 9), y las procedentes de distintos yacimientos del Alentejo (Morais 2006: 153) y Algarve (Gomes 2007) en Portugal.
A falta de otros indicadores, el hallazgo de estas vasijas podría aportar datos de interés sobre la economía de la aldea. Las propiedades de la miel como endulzante, conservante y recurso medicinal son suficientes para valorar su importancia en sociedades que se autoabastecían de lo necesario. El potencial apícola del paisaje vegetal de la Sierra de Huelva (Ávila 1984), aun excluyendo las especies de reciente introducción, podría garantizar el consumo doméstico y generar excedentes para el intercambio. Pese a su condición geográfica marginal, el registro material del yacimiento prueba que los habitantes de El Castañuelo tuvieron contactos con sus vecinos del valle del Guadiana y con los puertos atlánticos del círculo gaditano. No podemos asegurar que la miel de esta región fuera objeto de intercambio en fechas protohistóricas, pero es significativo que en algunos envases con resalte decorados con motivos pintados se aprecien influencias (Celestino y Jiménez 1996: 103-104) o se consideren importados del sureste ibérico (Gomes 2007: 86). Las ánforas púnicas llegadas de la costa con salazón de pescado también pudieron reutilizarse para llevar miel en los viajes de retorno.
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