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      <journal-id journal-id-type="publisher-id">CLAC</journal-id>
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        <journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Círculo de Lingüística Aplicada a la Comunicación</journal-title>
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      <issn publication-format="electronic">1576-4737</issn>
      <issn-l>1576-4737</issn-l>
      <publisher>
        <publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
        <publisher-loc>España</publisher-loc>
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      <article-id pub-id-type="doi">10.5209/clac.101428</article-id>
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          <subject>Articulos</subject>
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        <article-title>Valoración de la capacidad de expresión emocional en lengua adicional: expresión del enfado por angloparlantes aprendientes de español</article-title>
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          <trans-title>Assessment of emotional expression in additional language: expression of anger by English-speaking learners of Spanish</trans-title>
        </trans-title-group>
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          <contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0001-5912-2297</contrib-id>
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            <surname>Nogueroles López</surname>
            <given-names>Marta</given-names>
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        <aff id="aff-a"><institution content-type="original">Universidad de Alcalá (España)</institution></aff>
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        <contrib contrib-type="author" corresp="yes">
          <contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0002-6196-7608</contrib-id>
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            <surname>de Saint Preux</surname>
            <given-names>Anna Doquin</given-names>
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      <author-notes>
        <corresp id="cor1">Marta Nogueroles López<email>marta.nogueroles@uah.es</email></corresp>
        <corresp id="cor2">Anna Doquin de Saint Preux<email>adoquind@ucm.es</email></corresp>
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      <pub-date pub-type="epub" publication-format="electronic" iso-8601-date="2025-05-05">
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        <month>05</month>
        <year>2025</year>
      </pub-date>
      <volume>102</volume>
      <issue>1</issue>
      <fpage>1</fpage>
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        <copyright-statement>Copyright © 2025, Universidad Complutense de
          Madrid</copyright-statement>
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        <copyright-holder>Universidad Complutense de Madrid</copyright-holder>
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          <license-p>Esta obra está bajo una licencia <ext-link ext-link-type="uri"
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              4.0 International</ext-link></license-p>
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      <abstract>
        <p>Expresar y sentir lo que decimos, así como percibir la intensidad de lo que escuchamos constituyen acciones que demuestran dominio lingüístico y eficacia comunicativa en una lengua adicional. El presente estudio se centra en explorar la capacidad de expresión emocional de angloparlantes en español y su valoración por hablantes de español L1. En este sentido, nos hemos planteado, en primer lugar, explorar cómo dos angloparlantes de nivel B2 de español autoperciben su competencia y su capacidad de expresión emocional al narrar una situación de enfado en lengua meta y, en segundo lugar, examinar cómo 55 hablantes de español L1 perciben y evalúan la expresión emocional de estos hablantes de español como lengua adicional (LA). Los resultados del cuestionario de autopercepción ponen de manifiesto que los angloparlantes, a pesar de su nivel avanzado en español, parecen no siempre conseguir expresar los valores emocionales de manera sentida. Por otro lado, los resultados del cuestionario a los hablantes de español L1 muestran que la valoración de la capacidad de expresión emocional en español de los angloparlantes no se centra especialmente en factores lingüísticos, sino más bien en aspectos extralingüísticos.</p>
      </abstract>
      <trans-abstract xml:lang="en">
        <p>Expressing and feeling what we say, as well as perceiving the intensity of what we listen are actions that demonstrate linguistic proficiency and communicative efficacy in an additional language. The present study focuses on exploring the capacity for emotional expression of English speakers in Spanish and its assessment by L1 Spanish speakers. In this sense, we intend, firstly, to explore how two B2 level English speakers of Spanish self-perceive their competence and capacity for emotional expression when narrating an angry situation in the target language and, secondly, to examine how 55 L1 Spanish speakers perceive and evaluate the emotional expression of these speakers of Spanish as an additional language (LA). The results of the self-assessment questionnaire show that English speakers, despite their advanced level in Spanish, seem not always to be able to express emotional values in a meaningful way. On the other hand, the results of the questionnaire to L1 Spanish speakers show that English speakers’ assessment of their capacity for emotional expression in Spanish is not particularly focused on linguistic factors, but rather on extra-linguistic aspects. </p>
      </trans-abstract>
      <kwd-group>
        <kwd>autoevaluación </kwd>
        <kwd>español como lengua adicional</kwd>
        <kwd>expresión emocional</kwd>
        <kwd>valoración</kwd>
      </kwd-group>
      <kwd-group xml:lang="en">
        <kwd>self-assessment</kwd>
        <kwd>Spanish as an additional language</kwd>
        <kwd>emotional expression</kwd>
        <kwd>assessment</kwd>
      </kwd-group>
    </article-meta>
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<sec id="sec1">
  <title>1. Introducción</title>
  <p>Ser competente en una lengua adicional (LA), entendida como
  cualquier lengua diferente a la materna o L1 independientemente del
  orden de aprendizaje o uso de la misma, implica las capacidades de
  comprender y expresar emociones, habilidades estas esenciales para
  desenvolverse de manera competente en cualquier contexto social. De
  hecho, la capacidad de comprender y comunicar las emociones en una
  lengua adicional es la clave del éxito de las interacciones sociales
  que, a su vez, son vitales para el equilibrio mental de cada hablante
  (Dewaele, 2011).</p>
  <p>La capacidad de expresar lo que sentimos y sentir lo que decimos, así como de percibir la
        intensidad de lo que escuchamos constituye una clara señal de dominio lingüístico y de
        eficacia comunicativa. La expresión emocional en una LA no solo refleja la competencia en el
        uso de estructuras gramaticales y vocabulario, sino también la habilidad para utilizar
        matices no verbales como gestos (Corneanu et al., 2018), expresiones faciales (Pell et al.,
        2009; Scherer et al., 2013) y entonación (Bänziger y Scherer, 2005; Carbajal-Carrera et al.,
        2020). Estas habilidades paralingüísticas son cruciales para transmitir y comprender las
        emociones de manera efectiva. A pesar de la falta de consenso en las investigaciones sobre
        si la comunicación en lengua adicional pierde o no carga y eficacia emocional, persiste la
        percepción común de que, al comunicarse en una LA, los hablantes no llegan a expresar los
        valores emocionales con la misma intensidad y autenticidad que en su lengua materna
        (Dewaele, 2006, 2010, 2011). Y es que parece que los bilingües experimentan las emociones de
        forma diferente según la lengua que hablen (Rosselli et al., 2017). Este fenómeno plantea
        importantes preguntas sobre cómo los aprendientes de LA pueden desarrollar una competencia
        emocional comparable a la de su L1, y cuáles son los factores que facilitan o dificultan el
        desarrollo de esta capacidad para comprender y expresar emociones. En este sentido, nuestro
        estudio se propone investigar los factores que pueden influenciar la valoración de la
        capacidad de expresión emocional en lengua extranjera, más concretamente la expresión del
        enfado.</p>
  <p>Para ello, nos hemos planteado, en primer lugar, describir cómo dos angloparlantes de nivel B2
        de español autoevalúan su competencia y su capacidad de expresión emocional al narrar una
        situación de enfado en lengua meta; y en segundo lugar, examinar cómo 55 hablantes de
        español L1 perciben y evalúan la expresión emocional de estos hablantes anglófonos mediante
        el análisis de correlaciones con una serie de factores lingüísticos y extralingüísticos. Los
        instrumentos empleados para acometer tales objetivos han sido, por un lado, un cuestionario
        de autoevaluación y, por otro, una herramienta específicamente diseñada, pilotada y creada
        para analizar los elementos a partir de los que los hablantes captamos la emoción
        transmitida. Estas herramientas nos han permitido obtener datos sobre variables vinculadas
        con la competencia lingüística (como la corrección gramatical o el vocabulario), la
        expresión emocional (como la entonación o las expresiones faciales) y la valoración de la
        capacidad de expresión emocional con el objetivo de buscar correlaciones entre esta última
        variable y los posibles factores destacados.</p>
</sec>
<sec id="sec2">
  <title>2. Estado de la cuestión</title>
  <sec id="sec2.1">
    <title>2.1. Expresión de la emoción</title>
    <p>La expresión de emociones, entendiendo «emoción» como un mecanismo de adaptación cultural y
          psicobiológico que permite a cada individuo reaccionar de forma flexible y dinámica a las
          contingencias del entorno (Scherer, 2009), en una lengua diferente a la materna constituye
          un desafío considerable (Dewaele, 2010). La expresión de las emociones es un fenómeno
          complejo en el que intervienen tanto aspectos lingüísticos como no lingüísticos.</p>
    <sec id="sec2.1.1">
      <title>2.1.1. Elementos lingüísticos</title>
      <p>En su análisis sobre lengua (basándose en el inglés) y emoción, Bednarek (2008), al igual
            que otros colegas como Koven (2004), distinguen entre los términos de emoción (del
            inglés <italic>emotion talk</italic>) y el discurso emocional (del inglés
              <italic>emotional talk</italic>). Los términos de emoción hacen referencia a
            expresiones lingüísticas que denotan emociones (Bednarek, 2008), como pueden ser
            «enfado» o «tristeza», que, según Wierzbicka (1992), pueden definirse a través de
            primitivas semánticas universales como «bueno», «malo», «hacer», «suceder», «saber» y
            «querer». El discurso emocional, por su parte, ya sea oral o escrito, hace referencia a
            las expresiones lingüísticas y paralingüísticas que convencionalmente señalan las
            emociones del hablante y entre las que, según Bednarek (2008), se incluyen las
            siguientes: entonación, puntuación, interjecciones, derivación afectiva, inversión,
            exclamación, marcación sintáctica, uso de pronombres, partículas, intensificadores,
            palabrotas, vaguedad, uso en primera persona de términos emocionales, etc.</p>
      <p>Por otro lado, las lenguas presentan diferencias en la codificación de la emoción mediante
            distintas categorías gramaticales y recursos lingüísticos (Gómez Vicente, 2019). El
            inglés, según Wierzbicka (1992), muestra una tendencia por la codificación adjetiva de
            la emoción debido a cuestiones culturales, en concreto, a la desaprobación y vergüenza
            vinculadas a los comportamientos emocionales por parte de esta cultura.</p>
      <p>En español, Simón Cabodevilla (2022), en su análisis de corpus de narraciones orales de
            aprendientes chinos de español, descubrió una mayor frecuencia de uso de verbos, lo que
            indica una codificación emocional entendida como un proceso social e interpersonal. Este
            hallazgo coincide con el de Blanco Ruiz y</p>
      <p>Pérez Serrano (2021), en cuyo análisis de narrativas de aprendientes de español arabófonos,
            encontraron que la categoría gramatical prevalente era, igualmente, el verbo. Estos
            datos contrastan con los encontrados por Gómez Vicente (2019) en español L1, quien halló
            una prevalencia de sustantivos y adjetivos. De estos estudios se desprende que la
            cultura o L1 de los participantes puede influir en la codificación de las emociones. Con
            respecto al léxico, Simón Cabodevilla y Martín Leralta (2020) analizaron el vocabulario
            empleado en la producción oral de aprendientes sinohablantes de español mediante el
            relato autobiográfico y, con ello, descubrieron que las producciones orales a partir de
            los estímulos de alegría y tristeza fueron más extensas y presentaron un mayor grado de
            variación léxica y más palabras emocionales que las del estímulo neutro.</p>
      <p>Por otra parte, la entonación constituye un fenómeno prosódico que los hablantes utilizamos
            para organizar la información, indicar la modalidad oracional, así como para enfatizar
            el foco temático o destacar determinados elementos (Casagmilia y Tusón, 2008).
            Carbajal-Carrera et al. (2020), en su análisis acústico y perceptivo de los rasgos
            fonopragmáticos de la expresión de enfado en español, hallaron una variedad de
            inflexiones empleadas para expresar ira en español y concluyeron que los contenidos
            expresivos están codificados en la entonación, así como en elementos lingüísticos de
            nivel léxico y gramatical, y extralingüísticos, tales como los bufidos. En este sentido,
            por un lado, la entonación sirve para expresar enfado y, por otro, como veremos a
            continuación, la activación de una o más emociones se ve reflejada en la entonación.
            Tras un estudio sobre la influencia de las emociones sentidas en los patrones de
            entonación empleados al comunicarlas, Bänziger y Scherer (2005) concluyeron que los
            resultados obtenidos para las expresiones emocionales representadas por actores muestran
            que el nivel medio y el rango de F0 en los contornos varían fuertemente en función del
            grado de activación de las emociones representadas. El grado de activación, término
            popularizado por Wundt (1986, en Fontaine, 2013), se refiere a una activación general
            fisiológica y psicológica del organismo al sentir una emoción.</p>
      <p>Desde una perspectiva pragmática, comunicar emociones a través de la lengua es una tarea
            que implica la adquisición de un complejo conjunto de convenciones sociolingüísticas
            sobre la organización del discurso en la cultura meta. El uso apropiado de la lengua
            para expresar emociones se ve influido por una serie de factores contextuales que tienen
            que ver con el interlocutor, el entorno y el tipo de emoción expresada. Con el fin de
            conseguir hacer un uso adecuado de la lengua, el mensaje para expresar emociones varía a
            lo largo de un continuo que va de muy directo a muy indirecto (Rintell, 1989). En el
            estudio llevado a cabo por la autora, Rintell (1989) concluyó que la diferencia en los
            rasgos discursivos empleados por nativos y aprendientes refleja no solo una mayor
            variedad de estrategias para expresar emociones por parte de los nativos, sino,
            claramente, su mayor variación estilística en el discurso. A medida que el aprendiente
            de LA adquiere una mayor variedad de rasgos discursivos en lengua meta, controlará
            también con más facilidad otros aspectos de la función lingüística. El aprendiente se
            conciencia de la diferencia entre sus propias normas culturalmente aprendidas sobre la
            expresión de la emoción y las de la cultura y la lengua meta. En tanto en cuanto se
            adquiere más competencia, el aprendiente también se desenvuelve con mayor soltura en
            habilidades discursivas como la narración de historias coherentes y suficientemente
            elaboradas, así como la variación de rasgos como el uso del estilo indirecto y, por
            ende, también mejora en su capacidad de expresión de las emociones.</p>
    </sec>
    <sec id="sec2.1.2">
      <title>2.1.2. Elementos no verbales</title>
      <p>No cabe duda de la importancia de los elementos lingüísticos en la comunicación emocional.
            Sin embargo, tal y como apunta Ekman (1993), lo que muchas veces dicen las personas
            cuando están sumidas en una emoción no siempre revela lo que realmente están sintiendo o
            pensando, ni siquiera lo que son conscientes de estar sintiendo o pensando. Las
            inferencias emocionales a partir del habla requieren la integración de las expresiones
            emocionales verbales y vocales (Min y Schirmer, 2011). Los elementos no verbales, como
            los gestos, las posturas o la proxémica, y los paraverbales, como la calidad de la voz o
            las vocalizaciones, constituyen elementos consustanciales a la actividad oral verbal
            (Calsamilgia y Tusón, 2008). Todos estos elementos, al igual que los lingüísticos son de
            extrema importancia para la comunicación (Calsamilgia y Tusón, 2008). En el presente
            estudio, vamos a centrarnos, concretamente, en las expresiones faciales y en la voz.</p>
      <p>Los movimientos faciales son fundamentales para la expresión y
      comunicación de emociones entre los seres humanos (Scherer et al.,
      2013). La primera pregunta que nos surge en torno a las
      expresiones faciales es si estas son o no universales. Algunos
      autores, como Pell et al. (2009), consideran que la expresión de
      las emociones básicas (entre ellas, el enfado) puede reconocerse
      panculturalmente a partir del rostro y de la voz de un hablante,
      independientemente de la cultura o la capacidad lingüística del
      individuo. Por otro lado, autores como Ekman (1993) matizan que
      diferentes aspectos de la expresión facial son, a la vez,
      universales y específicos de cada cultura, ya que son fruto tanto
      de la educación, por influencia del entorno, como de la
      naturaleza, entendida como conjunto de rasgos biológicos (Ekman,
      1993).</p>
      <p>Con respecto a la relación entre emoción y expresión facial,
      autores como Keltner (1996) consideran las expresiones faciales
      como verdaderas y sinceras debido a su naturaleza espontánea e
      involuntaria. Por otra parte, autores como Ekman (1993) sugieren
      que las expresiones faciales pueden simularse y, por ello, puede
      haber expresión facial sin emoción. A este respecto, Ekman (1993)
      puntualiza que las expresiones falsas pueden distinguirse de las
      genuinas por la ausencia de ciertas acciones musculares faciales.
      De hecho, parece que las expresiones faciales de enfado, al igual
      que las de miedo y tristeza, contienen una o más acciones
      musculares que la mayoría de las personas no pueden realizar
      deliberadamente, además de otras acciones musculares que sí son
      fácilmente replicables.</p>
      <p>Las expresiones faciales también tienen una función evocativa,
      en tanto en cuanto despiertan emociones en otros. Además de marcar
      emociones temporales, las expresiones faciales indican información
      sobre la probable acción del individuo, su papel social, su
      personalidad y, además, evocan emociones en otros que, a su vez,
      generan interacciones sociales (Keltner, 1996). Aunque es posible
      que haya expresiones vocales para emociones que no tienen
      expresión facial, cada una de las emociones que tiene una
      expresión facial relacionada también tiene una expresión vocal o
      prosodia emocional (Ekman, 1993).</p>
      <p>La expresión vocal de emoción puede ser uno de los sistemas de comunicación existentes más
            complejos (Bänziger y Scherer, 2005). Como ya hemos avanzado, según Pell et al. (2009),
            la expresión de las emociones básicas puede ser reconocida a través de la voz de una
            persona, y también del rostro, sin importar la cultura o la competencia lingüística del
            individuo. Los autores compararon cómo los hablantes monolingües de español reconocen
            las emociones básicas a partir de pseudoexpresiones producidas en su lengua materna y en
            tres lenguas extranjeras (inglés, alemán y árabe). Los resultados indicaron que las
            expresiones vocales de las emociones básicas podían decodificarse en todas las
            condiciones lingüísticas con una precisión superior al azar, aunque los oyentes
            españoles obtuvieron resultados significativamente mejores en su lengua materna. En esta
            línea, los autores concluyen que la capacidad de comprender las emociones expresadas
            oralmente es, en parte, independiente de la capacidad lingüística e implica principios
            universales, aunque esta capacidad también está determinada por variables lingüísticas y
            culturales.</p>
      <p>Como abordaremos más adelante, las variables o diferencias
      individuales son muy relevantes por lo que a las emociones se
      refiere. Tales diferencias afectan, en gran medida, a la voz y al
      habla de cada individuo (Scherer, 2013).</p>
    </sec>
  </sec>
  <sec id="sec2.2">
    <title>2.2. Expresión del enfado</title>
    <p>En una situación prototípica de enfado, según Wierzbicka (1992),
    la emoción se desencadena por un juicio negativo sobre algo que
    alguien ha hecho. Este juicio desencadena una respuesta volitiva, un
    rechazo a aceptar lo que ha ocurrido y un deseo de actuar. De este
    modo, la actitud de la persona enfadada es activa, pues no acepta la
    situación y quiere hacer algo al respecto. Más concretamente, el
    deseo de actuar adopta la forma de un impulso de causar daño a la
    persona enfadada o culpable, aunque, a diferencia del odio, el
    impulso motivado por el enfado está controlado.</p>
    <p>Este estado emocional, caracterizado por la manifestación de palabras soeces e insultos,
          conlleva una pérdida de dominio sobre las propias emociones, lo que potencialmente se
          traduce en una similar falta de control sobre las herramientas lingüísticas disponibles
          (Dewaele, 2010). Este fenómeno, al manifestarse en un contexto de adquisición o uso de una
          lengua adicional, dificulta la ya compleja tarea de expresar emociones en otra lengua
          distinta a la materna (Dewaele, 2010).</p>
    <p>Los seres humanos hacen uso de un lenguaje específico para expresar enfado (Alia-Klein et
          al., 2020). En cuanto a los términos de emoción para la expresión del enfado, el inglés
          tiene un gran número de palabras emocionales que se refieren a situaciones en las que las
          personas realizan acciones que creen que no deberían hacer y que consideran negativas. El
          término básico es «anger», aunque existen otros generalmente referidos a tipos especiales
          de enfado, tales como «fury», «rage», «wrath» o «mad» (Wierzbicka, 1992). En español,
          Soriano et al. (2013) clasifican las palabras de enfado en dos categorías en función de la
          causa, acontecimiento o situación que ha motivado dicha emoción y, además, asocian cada
          grupo de palabras a diversas reacciones corporales. En el primer grupo, el enfado está
          suscitado por el comportamiento de un extraño que, por cometer una violación de la norma,
          causa algún daño a otros y que normalmente requiere una reacción inmediata. A este grupo
          pertenecen los términos de «rabia», «irritación», «ira», «indignación», «enfado» y
          «cabreo». En cuanto a las reacciones corporales, las palabras de este primer grupo
          describen una experiencia de ira en la que la persona experimenta un alto estado de
          excitación que podría estar caracterizado por la aceleración de los latidos del corazón y
          la respiración, tensión muscular, sensación de calor y enrojecimiento. Por otro lado, las
          palabras <italic>«</italic>frustración<italic>»</italic> y
            <italic>«</italic>molesto<italic>»</italic> forman parte del segundo grupo, en el que el
          enfado afecta exclusivamente a la propia persona, y no está causado ni por un extraño ni
          por la violación de una norma social. El grado de excitación en este segundo grupo de
          emociones es significativamente menor o menos visible. Las reacciones corporales asociadas
          son: aumento significativamente menor de la frecuencia cardíaca y respiratoria; no hay
          rubor, ni sensación de calor, ni tensión muscular; no obstante, la persona tiene sensación
          de tener un nudo en la garganta (Soriano et al., 2013).</p>
    <p>En este sentido, las unidades léxicas de las distintas lenguas sugieren universos
          conceptuales diferentes, de manera que no todo lo que puede expresarse en una lengua puede
          transmitirse en otra (Wierzbicka, 1992b). En este sentido, las formas específicas en que
          el enfado se percibe y experimenta pueden variar de una cultura a otra (Ogarkova et al.,
          2018).</p>
  </sec>
  <sec id="sec2.3">
    <title>2.3. Factores influyentes en la expresión emocional</title>
    <sec id="sec2.3.1">
      <title>2.3.1 Género</title>
      <p>Con respecto a la influencia del género en la expresión emocional en L1, estudios de
            finales del siglo XX ya apuntaban que las mujeres expresan una amplia variedad de
            emociones con mayor intensidad que los hombres, tanto verbalmente como a través de
            expresiones no verbales (<ext-link ext-link-type="uri"
              xlink:href="https://www.taylorfrancis.com/search?contributorName=Leslie%20R.%20Brody&amp;contributorRole=author&amp;redirectFromPDP=true&amp;context=ubx"
              >Brody</ext-link> y Hall, 1993). En otras palabras, estos primeros estudios
            vislumbraban que las mujeres son más expresivas emocionalmente que los hombres (Brody y
            Hall, 1993). Aunque las causas de esta mayor capacidad de expresión emocional por parte
            de las mujeres no se conocen a ciencia cierta, se creía que tanto factores biológicos
            como sociales están</p>
      <p>detrás de tales diferencias (<ext-link ext-link-type="uri"
              xlink:href="https://www.taylorfrancis.com/search?contributorName=Leslie%20R.%20Brody&amp;contributorRole=author&amp;redirectFromPDP=true&amp;context=ubx"
              >Brody</ext-link> y Hall, 1993). Más concretamente, Hall (1984) considera que las
            diferencias en comportamiento no verbal entre géneros posiblemente tengan mucho que ver
            con las expectativas culturales y los procesos de aprendizaje social. En esta línea,
            Corneanu et al. (2018) apuntan que el lenguaje corporal afectivo varía según el
            género.</p>
      <p>También en L1, Kring y Gordon (1998), tras evaluar las respuestas emocionales de 21 hombres
            y 22 mujeres, todos ellos estudiantes de universidades estadounidenses, afirmaron,
            aunque de forma cautelosa, que las mujeres son más expresivas que los hombres debido a
            las diferencias en su reactividad de conductancia cutánea, a pesar de que ellas no dicen
            experimentar más emociones que los hombres. Según los autores, las mujeres son más
            expresivas facialmente que los hombres, tanto en emociones positivas como en las
            negativas. Además, en una medida de autoinforme de expresividad, las mujeres declararon
            tener algo más de disposición para expresar emociones.</p>
      <p>Respecto a la influencia del género en el aprendizaje o uso de una lengua adicional, los
            resultados del estudio de Ożańska-Ponikwia (2015) ponen de manifiesto que el género
            podría no influir en la expresión emocional autopercibida, ya que los resultados
            muestran que tanto los 30 hombres como las 72 mujeres, todos ellos hablantes de polaco
            L1, declaran expresar emociones en inglés como segunda lengua con una frecuencia
            similar. Sin embargo, el análisis estadístico muestra diferencias significativas entre
            hombres y mujeres en cuanto a ciertos rasgos de personalidad y el rasgo de regulación
            emocional de la inteligencia emocional. Asimismo, el análisis de correlación muestra que
            los rasgos de personalidad de extraversión, apertura y amabilidad, junto con el rasgo de
            empatía de la inteligencia emocional están estrechamente relacionados con la expresión
            emocional en la LA, lo que sugiere que podría haber alguna relación indirecta entre el
            género y la expresión emocional en la lengua adicional.</p>
      <p>También en el plano de la LA, Blanco Canales y Nogueroles López (2023) apuntan que los
            hombres parecen más propensos a sentirse ellos mismos y a verse de forma favorable
            cuando se expresan en lengua meta. Sin embargo, en el caso del reconocimiento de la
            emocionalidad, son las mujeres las que parecen percibir mejor la carga emocional. Las
            autoras relacionan dichas diferencias de género con razones culturales y de personalidad
            (Gökçen et al. 2014; Ożańska-Ponikwia, 2015; Ramirez-Esparza et al. 2006).</p>
      <p>En resumen, los estudios previamente analizados arrojan resultados contradictorios con
            respecto a la influencia del género sobre la capacidad de expresión emocional, pues
            algunas investigaciones apuntan que el género es influyente (Brody y Hall, 1993;
            Corneanu et al., 2018; Kring y Gordon, 1998), mientras que otras sugieren lo contrario
            (Ożańska-Ponikwia, 2015). En este sentido, no encontramos resultados concluyentes
            respecto a la influencia del género sobre la capacidad de expresión emocional.</p>
    </sec>
    <sec id="sec2.3.2">
      <title>2.3.2. Cultura</title>
      <p>Cuando abordamos el uso de la lengua desde el prisma de la emoción y de la identidad, es
            necesario comprender el impacto que tiene el trasfondo cultural en la expresión
            emocional y el sentido de identidad de una persona (Kazanas et al., 2019). La
            investigación sobre las diferencias culturales en la expresión emocional ha encontrado,
            por un lado, que las culturas consideradas más individualistas y las estimadas como más
            colectivistas difieren en la aceptación de la expresión emocional y, por otro, que las
            culturas consideradas más individualistas tienen normas de expresividad más altas
            (Matsumoto et al., 2008). Las reglas de expresión emocional, según la psicología, son
            normas culturales compartidas y aceptadas por la mayoría de un grupo sobre cómo, cuándo
            y qué emociones se deben o no se deben expresar en ciertas situaciones. Matsumoto et al.
            (2008) estudian estas normas de expresividad (<italic>display rules</italic>), siguiendo
            la definición de Ekman et al. (1969), mediante cuestionarios y relacionándolas con el
            país, la sociedad y la cercanía de los interlocutores. Con su trabajo, Matsumoto et al.
            (2008) aportaron datos valiosos para determinar efectos universales y culturales en las
            normas de expresión de las emociones.</p>
      <p>En el estudio de las divergencias culturales, se consideran, principalmente, dos
            dimensiones globales: individualismo frente a colectivismo y distancia de poder
            (Hofstede, 2001). La primera dimensión, de carácter dicotómico, hace referencia a la
            importancia que toman los intereses individuales frente a los grupales; mientras que la
            segunda expresa el grado en que los miembros menos poderosos de una sociedad aceptan y
            esperan que el poder se distribuya de forma desigual. Con respecto a las culturas que
            nos ocupan, España muestra una tendencia mayor hacia el colectivismo y muestra un mayor
            grado de distancia de poder (véase Ogarkova et al., 2012, para una revisión), mientras
            que el Reino Unido manifiesta una orientación más individualista y con baja distancia de
            poder (Hofstede, 2001). De hecho, de acuerdo con Hofstede et al. (2010: 58-9), España
            ocupa el puesto 45-46 en la clasificación de distancia de poder, con un índice de 57;
            mientras que Reino Unido ocupa el puesto 65-67 del mismo listado, con una puntuación de
            35. En las culturas colectivistas, en comparación con las más individualistas, el enfado
            se considera predominantemente una emoción más negativa y socialmente perturbadora, es
            decir, una emoción que desafía el orden y la armonía sociales. Por otro lado, la
            expresión externa de ira suele ser socialmente más aceptable en las culturas
            individualistas con baja distancia de poder, como el Reino Unido.</p>
      <p>Caldwell-Harris et al. (2010), en su estudio con hablantes bilingües chino-inglés
            residentes en Estados Unidos, encontraron que los participantes reportaron sentir las
            expresiones en su lengua materna, el mandarín, de manera más intensa que las expresiones
            en su segunda lengua, el inglés. No obstante, los informantes también mostraron una
            preferencia por expresar sus emociones en inglés, dato que los autores atribuyeron a la
            disminución de restricciones sociales en entornos de habla inglesa. Esto sugiere que las
            culturas asociadas a las diferentes lenguas influyen en la preferencia lingüística, ya
            que la investigación indica claramente que las emociones de las personas están
            condicionadas por los patrones de acción e interacción predominantes en su cultura
            (Kitayama et al., 2000).</p>
    </sec>
    <sec id="sec2.3.3">
      <title>2.3.3. Nivel de competencia</title>
      <p>El nivel de competencia es uno de los factores que más se ha estudiado en relación con la
            expresión y percepción de las emociones en LA. Como parece de esperar, los estudios
            apuntan las ventajas de los hablantes más competentes de LA frente a los no tan
            competentes en cuanto a la identificación de emociones (Lorette y Dewaele, 2020), la
            mayor satisfacción a la hora de hablar en lengua meta (Blanco Canales y Nogueroles
            López, 2023), el mayor dinamismo (entendido como mayor uso de expresiones metafóricas,
            verbos dinámicos y construcciones transitivas) en la expresión emocional (Gómez Vicente,
            2019), así como el mayor número de palabras empleadas en las narrativas emocionales
            (Simón Cabodevilla, 2022). Además del nivel, Ożańska-Ponikwia (2012) también encontró
            correlaciones entre el uso de la L2, por un lado, y el contacto frecuente con la lengua
            extranjera, por otro, con la expresión de emociones en una lengua extranjera.</p>
      <p>Por lo que se refiere a la percepción de emociones, Lorette y Dewaele (2020), tras llevar a
            cabo un estudio de identificación de emociones representadas en las modalidades con o
            sin imágenes a través del cuestionario ERA (<italic>Emotion Recognition
            Ability</italic>) por parte de 1.368 hablantes de inglés L1 (557) y LA (811), hallaron
            que los participantes con mayor nivel de competencia obtuvieron puntuaciones
            significativamente más altas, especialmente en la condición de solo audio.
            Adicionalmente, los autores concluyen que el reconocimiento de emociones es mucho menos
            preciso en la modalidad de audio que en la modalidad audiovisual; de ahí que, en el
            presente estudio, hayamos decidido centrarnos exclusivamente en la modalidad
            audiovisual.</p>
      <p>Dejando de lado la identificación de emociones y pasando a la autopercepción de la
            emocionalidad y la identidad en aprendientes de LA en contextos de no inmersión, el
            estudio de Blanco Canales y Nogueroles López (2023) muestra una tendencia, ya que los
            resultados no llegaron a ser significativos, por parte de los participantes con un nivel
            más alto en español a sentirse más satisfechos a la hora de hablar en la lengua meta.
            Cabe considerar, sin embargo, tal y como apuntan las autoras, que la diferencia de nivel
            de competencia entre los grupos considerados no era grande. En este orden de cosas, se
            hace necesario conocer el nivel de competencia de los grupos objeto de comparación, ya
            que, como argumentaremos más adelante, el impacto del nivel en la capacidad de
            percepción y de expresión emocional en una lengua adicional es distinto en función de la
            competencia de los grupos que se comparen.</p>
    </sec>
    <sec id="sec2.3.4">
      <title>2.3.4. Personalidad e inteligencia emocional</title>
      <p>Los factores de personalidad están fuertemente implicados en el proceso de aprendizaje en
            general y en el aprendizaje de segundas lenguas en particular (Dörnyei, 2005). Es muy
            probable que las personas con distintos tipos de personalidad sigan pautas de
            comportamiento diferentes, lo que repercutirá en su participación en una serie de tareas
            de aprendizaje, desde actividades en el aula hasta prácticas de comunicación
            intercultural (Dörnyei, 2005). Se encuentra una mayor variabilidad en los resultados del
            aprendizaje y en las características del uso de la lengua entre los estudiantes de una
            lengua adicional que entre los de una lengua materna. Esto pone de manifiesto que las
            diferencias individuales se consideran más influyentes en el aprendizaje y el uso de una
            LA que en la adquisición de nuestra L1 (Dörnyei, 2005).</p>
      <p>Es evidente que las diferencias individuales son extremadamente importantes en la expresión
            de la emoción en general. Existen pruebas de que una misma situación puede producir un
            conjunto muy amplio de emociones, generalmente mezcladas en distintas combinaciones, en
            diferentes individuos (Scherer, 2013). Por lo que respecta a la expresión emocional,
            parece que algunos rasgos de personalidad, como la extraversión, podrían influir en la
            expresión emocional tanto en L1 como en L2 (Ożańska-Ponikwia, 2013).</p>
      <p>Ożańska-Ponikwia (2016) investigó la relación entre los rasgos
      de personalidad e inteligencia emocional (IE) y la frecuencia de
      uso de la lengua extranjera en un contexto de migración frente a
      un contexto de no migración. Los análisis estadísticos revelaron
      que el grado de uso de la lengua meta estaba relacionado con
      diferentes rasgos de personalidad en la muestra de migrantes y no
      migrantes.</p>
      <p>En relación con la inteligencia emocional, concebida como un conjunto de destrezas,
            actitudes, habilidades y competencias que determinan la conducta de un individuo, sus
            reacciones o sus estados mentales (Goleman, 1995), podemos mencionar estudios, como el
            de Mavrou y Bustos-López (2019), que examinaron su influencia en la expresión de la
            emoción en español como lengua extranjera. Los resultados revelaron indicios del efecto
            positivo de la IE sobre la producción escrita en español.</p>
    </sec>
  </sec>
  <sec id="sec2.4">
    <title>4. Valoración de la expresión emocional</title>
    <p>Adicionalmente a los estudios anteriormente expuestos, detallamos
    otros de interés para el presente trabajo por centrarse en la
    autoevaluación o valoración, respectivamente, de la capacidad de
    expresión emocional en lengua adicional.</p>
    <sec id="sec2.4.1">
      <title>2.4.1. Autoevaluación y percepción de la expresión emocional</title>
      <p>La evaluación de la expresión emocional mediante autoinforme es
      compleja y podría verse confundida por la experiencia emocional
      general, la especificidad o generalidad de la emoción evaluada y
      las limitaciones de la autoconciencia, ya que la validez de las
      medidas de autoinforme de la expresión emocional parece requerir
      una capacidad de introspección, conciencia emocional o
      autoobservación (Jasinski et al., 2016). Por todo ello, en el
      presente estudio, se han triangulado los datos derivados de la
      autoevaluación con los datos de valoración de los hablantes de
      español como lengua adicional por parte de los hablantes de
      español L1.</p>
      <p>De entre los estudios que solamente emplean la técnica retrospectiva, destacamos el de
            Blanco Canales y Nogueroles López (2023), quienes llevan a cabo un estudio de
            autopercepción (sobre cómo se sienten al hablar en LE, en qué medida se expresan
            emocionalmente en LE y qué factores influyen en dicha expresión) con aprendientes de ELE
            en contextos de no inmersión. Las autoras concluyen que los participantes no acaban de
            verse ni de sentirse ellos mismos cuando hablan español. El nivel de competencia y la
            actitud son los factores que demuestran un mayor y más claro efecto: el nivel más alto y
            las actitudes muy buenas favorecen la satisfacción a la hora de hablar español. No
            obstante, el dato que más interesa para el presente estudio es que los aprendientes de
            español LE no experimentan con la misma intensidad que en su L1 enunciados con fuerte
            carga emocional, como las mentiras o las palabrotas, la ira o el enfado o los recuerdos
            evocadores de la infancia. Estos resultados coinciden con algunos de los estudios de
            Dewaele (2004) sobre elección de lengua en hablantes multilingües en inmersión, aunque,
            en el caso de Dewaele (2006, 2010) parece que la socialización prolongada en lengua
            adicional puede alterar la preferencia lingüística para la expresión emocional y
            convertir esta lengua adicional en la preferida para expresar emociones.</p>
    </sec>
    <sec id="sec2.4.2">
      <title>2.4.2. Evaluación de la expresión emocional</title>
      <p>Las personas multilingües pueden comportarse de forma distinta en cada una de las lenguas
            que dominan e, igualmente, pueden ser percibidas de manera diferente por sus
            interlocutores dependiendo de la lengua que utilicen (Pavlenko 2006). En este sentido,
            no son pocos los estudios que, en las últimas décadas, se han interesado por investigar
            cómo perciben los hablantes de L1 la expresión emocional de hablantes de lengua
            adicional, aunque tales estudios han adoptado enfoques y métodos distintos. Mientras
            algunos de estos trabajos se han centrado en el reconocimiento de significados
            emocionales de la prosodia (Pell y Skorup, 2008); otras investigaciones han estudiado
            elementos verbales y vocales como son la valencia de las palabras y el tono de voz (Shi
            Min y Schirmer, 2011). Otro grupo de estudios, en el que, de alguna manera, se podría
            englobar el presente estudio, ha investigado los factores que intervienen en la
            percepción y expresión de emociones (Ożańska-Ponikwia, 2012, 2017).</p>
      <p>Con el objetivo de evaluar la universalidad del procesamiento prosódico de las emociones,
            Pell y Skorup (2008) realizaron un estudio dirigido a determinar si 50 hablantes de
            inglés L1 podían reconocer los significados emocionales de la prosodia en una lengua
            desconocida. Para ello, se utilizaron pseudoexpresiones en árabe, producidas con una
            prosodia alegre, triste o neutra. Los resultados mostraron que los oyentes ingleses
            detectan automáticamente el significado emocional de la prosodia en una lengua
            extranjera, aunque la activación de estos significados emocionales en LE pueda requerir
            una mayor exposición a la información prosódica en comparación con su lengua
            materna.</p>
      <p>En el ámbito de la percepción emocional a través de elementos verbales y vocales, Shi Min y
            Schirmer (2011) llevaron a cabo un estudio dirigido a comparar la percepción de
            emociones a través de los elementos referidos (verbales y vocales) por parte de
            hablantes de inglés L1 y LA. En él, las autoras presentaron a los informantes palabras
            positivas, neutras y negativas pronunciadas con un tono de voz alegre, neutro o triste.
            En dos tareas distintas, los participantes, por un lado, juzgaron la valencia de la
            palabra e ignoraron el tono de voz o, por otro, valoraron el tono emocional de la voz y
            obviaron la valencia de la palabra. Los resultados indican que, aunque los oyentes de L1
            superaron a los de LA en la tarea de valencia, el rendimiento fue comparable en la tarea
            de percepción paralingüística. Además, tanto los oyentes de L1 como los de LA
            respondieron con mayor rapidez y precisión cuando las expresiones emocionales verbales y
            vocales eran congruentes. A la vista de estos resultados, las autoras concluyen que su
            estudio contradice la idea de que la comunicación emocional en LA está en desventaja en
            comparación con la L1 y, además, sugieren que las operaciones llevadas a cabo en L1
            podrían trasladarse al procesamiento en LA, lo cual beneficiaría las interacciones en la
            lengua meta.</p>
      <p>Por otra parte, Ożańska-Ponikwia (2017) estudió los factores que influyen en la expresión y
            en la percepción de emociones por parte de hablantes de polaco L1 que se encuentran en
            situación de inmersión en países anglófonos a partir de expresiones de amor, como «te
            quiero», en L1 (polaco) y en LA (inglés) respectivamente. Los resultados mostraron que,
            aunque la emotividad de la frase «te quiero» era mayor en la L1 de los participantes, la
            percepción de su emotividad en la LA cambiaba en función de la duración de la estancia
            en el país anglófono, el dominio autopercibido de la LA y su frecuencia de uso.
            Adicionalmente, el análisis estadístico reveló que los predictores más importantes de la
            eficacia en la expresión emocional en lengua adicional eran la socialización en la
            cultura meta y la frecuencia de uso de la LA.</p>
      <p>Dada la diversidad metodológica y focal de los estudios presentados, los resultados
            difieren, pero pueden interpretarse como complementarios unos de otros. El presente
            estudio pretende complementar esta diversidad en la línea de Ożańska-Ponikwia (2012,
            2017), ya que, al igual que ella, nos interesamos por los factores que intervienen en la
            percepción de la capacidad de expresión emocional en lengua adicional, pero, en nuestro
            caso, nos centramos en factores lingüísticos, extralingüísticos y paralingüísticos, lo
            que se acerca, de alguna manera, al estudio de Shi Min y Schirmer (2011).</p>
    </sec>
  </sec>
</sec>
<sec id="sec3">
  <title>3. Metodología</title>
  <sec id="sec3.1">
    <title>3.1. Objetivos</title>
    <p>Con base en la importancia de la expresión emocional en la comunicación efectiva en una
          lengua adicional y a partir de la premisa de que, tal y como señalan estudios previos, la
          expresión emocional puede perder eficacia en LA, la presente investigación tiene como
          objetivo principal evaluar la capacidad de expresión emocional en lengua adicional,
          específicamente, de hablantes de inglés L1 y de español LA y, con ello, responder a las
          siguientes preguntas: ¿Cómo autoevalúan los angloparlantes su capacidad de expresión
          emocional en</p>
    <p>español? ¿Cómo valoran los hablantes de español L1 la capacidad
    de expresión emocional de los hablantes ingleses de español como
    lengua adicional? ¿Con qué factores o aspectos lingüísticos,
    extralingüísticos o paralingüísticos se relaciona esta
    valoración?</p>
  </sec>
  <sec id="sec3.2">
    <title>3.2. Participantes</title>
    <p>Para llevar a cabo esta investigación, se ha realizado un estudio empírico en el que
          participaron 55 hablantes de español L1. Se realizó por ello un muestreo discrecional en
          el que se seleccionaron estudiantes universitarios de dos universidades madrileñas con
          edades similares a la de los angloparlantes que iban a evaluar (<italic>M</italic>=21
          años; <italic>SD</italic>=4,2). Se descartó a los usuarios que no tenían el español como
          L1 por lo que, en total, pudimos contar con 55 participantes, que, además del español,
          habían estudiado, al menos, una lengua adicional. Cada uno de estos 55 informantes evaluó
          la capacidad de expresión emocional de dos hablantes de español como lengua adicional de
          nivel B2, un hombre (al que llamaremos Albert) y una mujer (a la que nos referiremos como
          Kelly). Tanto Kelly como Albert eran de nacionalidad británica; en el momento de la
          narración, tenían 21 años y llevaban un mes residiendo en España por motivo de una beca de
          intercambio educativo.</p>
    <p>La muestra final analizada consta, por lo tanto, de 110
    cuestionarios, respondidos por 55 hablantes de español L1 de la
    variedad castellana del español, que evalúan la capacidad de
    expresión emocional (EE) de dos angloparlantes de español como
    lengua adicional.</p>
  </sec>
  <sec id="sec3.3">
    <title>3.3. Herramientas</title>
    <sec id="sec3.3.1">
      <title>3.3.1. Grabaciones y autoevaluación</title>
      <p>El material presentado a los hablantes de español L1 para la valoración de la capacidad de
            expresión emocional está constituido por dos vídeos que presentan narraciones de
            experiencias en las que los angloparlantes tenían que contar, en español, una situación
            en la que sintieron enfado durante su estancia en España. Como ya hemos avanzado, estos
            hablantes de español como lengua adicional, Kelly y Albert, ambos de nacionalidad
            británica, tienen el inglés como L1, un nivel de competencia intermedio alto en español
            (B2, según el Consejo de Europa, 2002) y los dos se encuentran en situación de inmersión
            en España por un intercambio educativo. En un curso universitario de comunicación oral
            en lengua española y con el objetivo de desarrollar la narración oral de eventos
            emocionales, se les pidió, a todo el alumnado, que narrara en español una situación de
            enfado que hubiera sucedido en España, ya que se ha comprobado que los hablantes
            expresan una emoción más intensa (Marian y Kaushanskaya, 2004), más detallada y vivaz
            (Javier et al. 1993) y con mayor precisión (Marian y Neisser, 2000) si recuperan un
            recuerdo en la misma lengua que se utilizó durante el evento. Se trataba de una tarea
            individual en la que cada estudiante se grabó a sí mismo narrando la situación de enfado
            y, además, completó un cuestionario de autoevaluación de la narración del enfado
            compuesto por seis preguntas (véase <xref ref-type="fig" rid="figura1">Figura 1</xref>)
            en las que los aprendientes tenían que valorar su competencia lingüística y las
            emociones sentidas durante la narración, así como su capacidad de expresión emocional en
            español. El cuestionario, de elaboración propia, está fundamentado en estudios previos.
            La primera pregunta, sobre el estado emocional durante la narración, está inspirada en
            el <italic>Emotional Patterns Questionnaire</italic> (De Leersnyder, Mesquita y Kim,
            2011). La pregunta sobre la competencia lingüística está adaptada a partir de la rúbrica
            de evaluación de los exámenes DELE del Instituto Cervantes, que incluye la coherencia,
            la fluidez, la corrección y el alcance como las categorías objeto de evaluación
            (Instituto Cervantes, 2024). La pregunta contrastiva sobre el enfado en L1 y LA está
            inspirada en el cuestionario <italic>Bilingualism and Emotions</italic> de Dewaele y
            Pavlenko (2001-2003). Las tres últimas cuestiones, de índole metacognitivo, están
            fundamentadas en el <italic>Self-Assessment Questionnaire</italic> de De Saint Léger
            (2009).</p>
      
      <fig id="figura1">
        <caption><p>Figura 1. Cuestionario de autoevaluación de la
        narración del enfado</p></caption>
        <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpg" xlink:href="media/image1.jpg"/>
      </fig>
      
      <p>Los aprendientes fueron informados sobre las características principales y el marco del
            estudio y se les pidió conformidad para que sus respuestas y producciones fueran
            analizadas con fines de investigación, siempre de forma anónima. La totalidad de los
            angloparlantes mostraron su consentimiento (respondiendo SÍ a la pregunta) para que las
            narraciones y sus respuestas fueran analizadas con fines de investigación.</p>
    </sec>
    <sec id="sec3.3.2">
      <title>3.3.2. Herramienta para evaluar la capacidad de expresión emocional</title>
      <sec id="sec3.3.2.1">
        <title>3.3.2.1. Pilotaje</title>
        <p>Para diseñar una herramienta que permitiera evaluar la capacidad de expresión emocional
              en lengua adicional, así como determinar los factores y aspectos relacionados con la
              valoración de esta capacidad, primeramente, desarrollamos un cuestionario para validar
              y seleccionar los factores significativos en dicha evaluación. El cuestionario piloto
              se aplicó a una muestra de 10 hablantes de español L1, expertos en ELE, quienes
              evaluaron grabaciones de actores hispanohablantes recitando poesía en español,
              seleccionadas por su alta carga emocional. La primera parte del cuestionario requería
              que los participantes valoraran la capacidad de expresión emocional de los hablantes y
              la relacionaran con una serie de criterios lingüísticos, paralingüísticos y
              extralingüísticos. La segunda parte consistía en preguntas abiertas, en las que los
              participantes debían describir y explicar qué aspectos de la grabación les transmitían
              emociones. Los resultados de este pilotaje ponen de manifiesto que la entonación y el
              ritmo del discurso, las pausas, las expresiones faciales y la mirada son los factores
              que mostraron una correlación alta (con un índice superior a 0.8) con la valoración de
              la capacidad emocional, por lo que fueron seleccionados para formar parte de la
              herramienta definitiva.</p>
      </sec>
      <sec id="sec3.3.2.2">
        <title>3.3.2.2. Diseño definitivo</title>
        <p>La herramienta final diseñada para la evaluación de la capacidad de expresión emocional
              en lengua adicional consta de tres partes distintas. Las dos primeras partes presentan
              escalas de valoración similares a las utilizadas para la autoevaluación de la
              competencia lingüística (adaptada de Instituto Cervantes, 2024) y las emociones
              experimentadas durante la narración (inspirada en De Leersnyder et al., 2011). En la
              tercera parte, los participantes asignaron puntuaciones a diferentes aspectos
              relacionados con la expresión emocional, los cuales fueron seleccionados después del
              proceso de pilotaje de la herramienta. Los aspectos incluidos son: las palabras, la
              entonación y el ritmo, las pausas, la pronunciación, las expresiones faciales y la
              mirada. Esta selección se realizó con el objetivo de explorar posibles relaciones
              entre estos aspectos y la valoración de la capacidad de expresión emocional, también
              medida en una escala de 10 puntos. En esta herramienta final, añadimos, además, una
              pregunta inspirada en los estudios sobre las normas de expresión (<italic>display
                rules</italic>) de Matsumoto et al. (2008) o Ekman et al. (1969) con el fin de
              conocer la valoración de los participantes (55 hablantes de español L1) de si los
              angloparlantes habían expresado sus emociones tal y como las habían sentido, con menor
              intensidad o con mayor intensidad. Los datos se recogieron de forma presencial
              mediante un cuestionario Google Form en abril de 2024.</p>
      </sec>
    </sec>
  </sec>
</sec>
<sec id="sec4">
  <title>4. Resultados</title>
  <sec id="sec4.1">
    <title>4.1. Autoevaluación</title>
    <p>En la valoración de su competencia lingüística, Kelly se autoevalúa con puntuaciones medias o
          altas en todos los aspectos: estructura (6), pronunciación (8), corrección lingüística (6)
          y vocabulario (6). Además, considera que puede expresar adecuadamente su enfado en
          español, por lo que se otorga una calificación de 7 en este aspecto. Sin embargo, resulta
          interesante analizar sus respuestas cuando se le pregunta cómo se siente al enojarse en su
          lengua materna y si experimenta las mismas emociones en español. Ante esta pregunta, Kelly
          explica que encuentra diferencias entre su manera de enfadarse en inglés y en español. En
          inglés, Kelly clasifica su enfado, según Soriano et al. (2013), de acuerdo con el segundo
          grupo de palabras de enfado, en el que dicha emoción afecta exclusivamente a la propia
          persona. En español, sin embargo, la barrera lingüística se convierte en una fuente de
          frustración. Al igual que describe Dewaele (2010), tales limitaciones lingüísticas hacen
          sentir a Kelly una pérdida de control y confusión, lo que a veces la lleva a quedarse en
          silencio [<xref ref-type="fig" rid="figura2">Figura 2</xref>].</p>
    
    <fig id="figura2">
      <caption><p>Figura 2. Autoevaluación literal expresión del enfado
      en español: Kelly</p></caption>
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpg" xlink:href="media/image2.jpg" />
    </fig>
    
    <p>Por otro lado, Albert evalúa su competencia lingüística como más limitada en todas las
          categorías: estructura (5), pronunciación (6), corrección lingüística (5) y vocabulario
          (4). Sin embargo, se asigna una puntuación de 8 en cuanto a su capacidad para expresar el
          enfado. Al reflexionar sobre las diferencias en la expresión del enfado en su L1 y en
          español, Albert, también en la línea de lo que afirma Dewaele (2010), menciona la
          frustración causada por las limitaciones lingüísticas y nos explica [<xref ref-type="fig"
            rid="figura3">Figura 3</xref>].</p>
    
    <fig id="figura3">
      <caption><p>Figura 3. Autoevaluación literal expresión del enfado
      en español: Albert</p></caption>
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpg" xlink:href="media/image3.jpg" />
    </fig>
    
    <p>Las autoevaluaciones de Kelly y Albert destacan un patrón común: ambos experimentan una
          notable frustración al intentar expresar el enfado en español debido, según ellos, a
          barreras lingüísticas. A pesar de un nivel de dominio alto y una competencia lingüística
          suficientemente desarrollada, en general, se sienten limitados a la hora de expresar
          emociones como el enfado en LA. Esta sensación puede llevar a una inhibición y una falta
          de transmisión en la comunicación emocional. Con el fin de seguir indagando en la
          expresión emocional en LA y cómo es percibida por hablantes de L1, como segundo objetivo,
          se decidió investigar y contrastar la valoración de esas narraciones con las percepciones
          de 55 hablantes de español L1.</p>
  </sec>
  <sec id="sec4.2">
    <title>4.2. Valoración de la competencia lingüística por hablantes de L1</title>
    <p>Es importante recordar que Kelly y Albert, ambos hablantes de inglés L1 y español LA que
          expresan aquí su enojo, poseen un nivel de español considerado competente (nivel B2, según
          el Consejo de Europa, 2002), lo que les permite comunicarse sin dificultades importantes y
          expresarse sin barreras significativas en castellano. En este estudio, solicitamos en un
          primer momento a los 55 participantes que evaluaran la competencia lingüística de los
          angloparlantes a partir de los mismos criterios con los que Kelly y Albert se habían
          autoevaluado. En general, los resultados de estas evaluaciones son acordes con la
          autoevaluación realizada por los angloparlantes que protagonizan las narraciones.</p>
    <p>Según los participantes, Albert presenta una competencia lingüística media
            (<italic>M</italic>=5.8). Los aspectos evaluados incluyen la estructura
            (<italic>M</italic>=5.67; <italic>DT</italic>=1.7), la pronunciación
          (<italic>M</italic>=4.43; <italic>DT</italic>=1.48), la corrección
          (<italic>M</italic>=4.09; <italic>DT</italic>=1.52) y el vocabulario
          (<italic>M</italic>=4.78; <italic>DT</italic>: 1.92). Estas evaluaciones se corresponden
          globalmente con su autoevaluación (<italic>M</italic>=5). En cuanto a Kelly, fue evaluada
          con un nivel de competencia lingüística muy superior, tanto en su media general
            (<italic>M</italic>=8.2) como en las valoraciones detalladas: estructura
            (<italic>M</italic>=7.29; <italic>DT</italic>=2.14), pronunciación
          <italic>M</italic>=7.27; <italic>DT</italic>=1.7;), corrección (<italic>M</italic>=6.25;
            <italic>DT</italic>=1.65) y vocabulario (<italic>M</italic>=6.98; <italic>DT</italic>:
          1.62), lo cual también concuerda con su autoevaluación (<italic>M</italic>=7).</p>
  </sec>
  <sec id="sec4.3">
    <title>4.3. Reconocimiento de las emociones y valoración de la capacidad de expresión emocional </title>
    <p>De manera general, los hablantes de español L1 reconocieron las emociones experimentadas por
          los angloparlantes. Albert les pareció enfadado <italic>(M</italic>=7;
            <italic>DT=</italic>1.98) y nervioso (<italic>M</italic>=6.17;
          <italic>DT</italic>=1.63), emociones que él mismo declaró haber sentido en mayor medida en
          su autoevaluación (8 y 7 respectivamente). Kelly, a su vez, se sentía tranquila (6) más
          que enfada (3), emociones que también fueron reconocidas por los participantes españoles
            (<italic>M</italic>=6; <italic>DT</italic>=2.14 y <italic>M</italic>=5;
            <italic>DT</italic>=2.76 respectivamente).</p>
    <p>En lo que respecta a la evaluación de la expresión emocional de Kelly y Albert, observamos
          resultados que contrastan con las evaluaciones lingüísticas previas. A pesar de destacarse
          por su alta competencia lingüística en español, Kelly solo obtuvo una puntuación media de
          4.50 (<italic>DT</italic>=2.33) en la expresión del enfado, lo cual difiere
          considerablemente de su autoevaluación (7). La mayoría de los hablantes de español L1
          (95.2 %) apuntó que Kelly expresó menos intensidad emocional de la que ella misma había
          verbalizado experimentar, como se puede observar en el <xref ref-type="table"
            rid="figura4">Gráfico 1</xref>.</p>
    
    <fig id="figura4">
      <caption><p>Gráfico 1. Valoración del nivel de correspondencia entre la
          expresión de la emoción y la intención de Kelly (inspiradas en el
          cuestionario Display Rule Assessment Inventory de Matsumoto et al.,
          2008). (N=55)</p></caption>
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image4.jpeg" />
    </fig>
    
    <p>En cambio, Albert recibió una valoración relativamente alta en lo que respecta a su capacidad
          para expresar enfado (<italic>M</italic>=6.89; <italic>DT</italic>=1.92), aunque esta
          puntuación fue inferior a su autoevaluación (8). En este caso, la mayoría de los hablantes
          de español L1 (58.6 %) indicaron que Albert había expresado sus emociones de acuerdo con
          lo que sentía, como se muestra en el <xref ref-type="fig" rid="figura5">Gráfico
          2</xref>.</p>
    
    
    <fig id="figura5">
      <caption><p>Gráfico 2. Valoración del nivel de correspondencia
          entre la expresión de la emoción y la intención de Albert
          (inspiradas en el cuestionario Display Rule Assessment Inventory
          de Matsumoto et al., 2008). (N=55)</p></caption>
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image5.jpeg" />
    </fig>
    
    
    <p>Como podemos ver en el <xref ref-type="table" rid="figura6">Gráfico 3</xref>, nuestros
          informantes, hablantes de español L1, han evaluado la capacidad de expresión emocional de
          Albert como mucho más desarrollada que la de Kelly, a pesar de que, tal y como señalan
          estudios previos, las mujeres suelen expresar una amplia variedad de emociones y con mayor
          intensidad que los hombres, tanto verbalmente como a través de expresiones faciales no
          verbales <ext-link ext-link-type="uri"
            xlink:href="https://www.taylorfrancis.com/search?contributorName=Leslie%20R.%20Brody&amp;contributorRole=author&amp;redirectFromPDP=true&amp;context=ubx"
            >(Brody</ext-link>, 1993).</p>
    
    <fig id="figura6">
      <caption><p>Gráfico 3. Valoración de la capacidad de expresión del
      ENFADO de Kelly y Albert (N=55)</p></caption>
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image6.jpeg" />
    </fig> 
    
    <fig id="figura7">
      <caption><p>Tabla 1. Diferencia entre la valoración de la capacidad de
          expresión del ENFADO de Kelly y Albert (T-Test)</p></caption>
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image7.jpeg" />
    </fig>
    
    <p>Para comprobar si la diferencia entre la valoración de la capacidad de expresión emocional de
          Kelly y Albert es significativa, se realizó la prueba T-Test (<italic>p</italic> &lt;
          .001, <italic>prueba T,</italic> ver <xref ref-type="table" rid="figura7">Tabla 1</xref>).
          Esta diferencia, a primera vista no se debe ni al género ni a la competencia lingüística,
          ya que la de Kelly es significativamente superior a la de Albert según la valoración de
          los participantes (<italic>p.&lt; 001</italic>, <italic>prueba T</italic>). Intentamos
          indagar, entonces, en qué criterios se habían fijado los informantes, hablantes de español
          L1, para proveer tal evaluación.</p>
    <p>Con el objetivo de comprender cuáles eran los aspectos de la narración que podían
          relacionarse con la valoración de la capacidad de expresión emocional en lengua adicional,
          llevamos a cabo un análisis estadístico aplicando pruebas de correlación de Pearson (SPSS
          v26). Estas pruebas se realizaron para analizar la relación entre las puntuaciones
          obtenidas en la valoración de la capacidad de expresión emocional (en una escala de 10
          puntos) y dos conjuntos de variables: por un lado, las puntuaciones de los diferentes
          criterios de evaluación de la competencia lingüística; y, por otro lado, los diversos
          aspectos lingüísticos, extralingüísticos y paralingüísticos relacionados con la expresión
          emocional, a saber las palabras, la entonación y el ritmo, las pausas, la pronunciación,
          las expresiones faciales y la mirada (todos ellos operativizados también mediante una
          escala de 10 puntos).</p>
    <p>El primer resultado destacable de este análisis fue la ausencia de correlaciones
          significativas entre la valoración de la capacidad de expresión del enfado y los criterios
          de evaluación por parte de los hablantes de español L1 de la competencia lingüística
          analizados: estructura (<italic>r</italic>=.00; <italic>p</italic>=.998), pronunciación
            (<italic>r</italic>=-.21; <italic>p</italic>=.053), corrección lingüística
            (<italic>r</italic>=.101; <italic>p</italic>=.291) y vocabulario
          (<italic>r</italic>=.263; <italic>p</italic>=.005). En contraste, todos los criterios
          extralingüísticos evaluados mostraron una correlación significativa, media o alta, con la
          valoración de la capacidad de expresión del enfado: entonación (<italic>r</italic>=.744;
            <italic>p</italic>=.000), pausas (<italic>r</italic>=.670; <italic>p</italic>=.000),
          expresiones faciales (<italic>r</italic>=.810; <italic>p</italic>=.000) y mirada
            (<italic>r</italic>=.776; <italic>p</italic>=.000).</p>
    <p>Estos resultados sugieren que, al evaluar la expresión del enfado en lengua adicional, los
          aspectos puramente vinculados con la competencia lingüística podrían no ser determinantes
          para los hablantes de español L1. En cambio, demostraron una clara sensibilidad a aspectos
          como la entonación, las pausas, las expresiones faciales y la mirada al evaluar la
          expresión del enfado en lengua extranjera. Estos hallazgos nos indican que, al juzgar la
          expresión emocional en un idioma extranjero, los aspectos extra y paralingüísticos,
          conjuntamente con la entonación parecen, en este caso, desempeñar un papel más importante
          que los aspectos puramente lingüísticos.</p>
  </sec>
</sec>
<sec id="sec5">
  <title>5. Discusión</title>
  <p>Tal y como hemos avanzado, nuestros resultados señalan que los aspectos puramente lingüísticos
        pueden no ser tan determinantes en la evaluación de la expresión del enfado en lengua
        adicional. La falta de correlaciones significativas entre la valoración de la capacidad de
        expresión del enfado y los criterios de evaluación de la competencia lingüística
        (concretamente, estructura, pronunciación, corrección y vocabulario) no coincide con algunos
        hallazgos previos de la investigación en adquisición de segundas lenguas como los de Dewaele
        (2020) o Gómez Vicente (2019), que afirman que el nivel de competencia lingüística en una LA
        es determinante para la capacidad de expresión emocional. Parece evidente que una limitada
        competencia lingüística repercute negativamente en la expresión, en general, y en la
        expresión emocional, en particular. Si comparamos, por ejemplo, un nivel inicial, A2.2 o
        B1.1, (según el Consejo de Europa, 2002) con un nivel intermedio alto o avanzado, B2.2. o
        C1.1 (Consejo de Europa, 2002), lógicamente encontraremos diferencias significativas en
        cuanto a la expresión emocional entre ambos grupos, ya que los primeros todavía no han
        alcanzado una competencia suficiente para comunicarse de forma eficaz con relativa
        facilidad. Sin embargo, si, por el contrario, comparamos grupos de estudiantes de nivel
        intermedio alto (B2) con estudiantes de competencia avanzada (C1), es probable que el nivel
        no resulte determinante (véase Consejo de Europa, 2002: 30-33 para una descripción más
        detallada de las competencias por niveles de referencia), tal y como sucede en el presente
        estudio, en el que, a pesar de existir diferencias competenciales totalmente perceptibles
        entre los hablantes ingleses (Kelly y Albert), como ambos cuentan con un nivel de
        competencia intermedio alto que les permite comunicarse sin grandes barreras, el factor
        nivel no es valorado como aspecto clave en la capacidad de expresión emocional por parte de
        los hablantes de español L1.</p>
  <p>Estos hallazgos respaldan la idea de que, si bien el dominio lingüístico es crucial en la
        comunicación, la expresión emocional puede depender en mayor medida de otros factores.
        Efectivamente, nuestros resultados sugieren que los informantes españoles tienden a asociar
        la capacidad de expresión emocional más con aspectos extralingüísticos, tales como las
        expresiones faciales, el lenguaje no verbal y la entonación, que con la competencia
        lingüística y el lenguaje en sí. Esto se alinea con las teorías de Ekman (1969, 1993),
        pionero en el estudio de las expresiones faciales de las emociones, quien sostiene
        justamente que la comunicación emocional no se limita al uso del lenguaje verbal, sino que
        también incluye gestos, expresiones faciales y entonación. Ekman argumenta que algunas
        expresiones físicas son universales y juegan un papel crucial en la transmisión de
        emociones. Esta idea es reforzada por estudios, como el de Pell et al. (2009), que
        demuestran que la expresión de emociones puede ser reconocida a partir del rostro y la voz
        de un hablante, independientemente de la cultura o la capacidad lingüística del individuo, o
        estudios, como el de Shi Min y Schirmer (2011), que apoyan la idea de que la percepción
        paralingüística puede ser comparable en L1 y LA. En este sentido, nuestros hallazgos indican
        que los hablantes de español L1 valoraron altamente los elementos extra y paralingüísticos
        como transmisores de emoción por parte de los hablantes ingleses de español.</p>
  <p>Nuestros resultados sugieren que los factores individuales, especialmente los rasgos de
        personalidad, podrían tener un papel importante en la expresión emocional, quizás incluso
        superando la influencia del nivel de competencia en la lengua adicional. Esta idea encuentra
        apoyo en investigaciones como la de Scherer et al. (2013), que muestran que, en situaciones
        similares, diferentes individuos pueden experimentar una gama diversa de emociones. Además,
        nuestros hallazgos parecen estar en línea con la teoría de la inteligencia emocional (IE)
        propuesta por Goleman (1995), que destaca la importancia de comprender y regular las propias
        emociones, así como la capacidad para percibir y responder adecuadamente a las emociones
        ajenas. De manera similar, estudios como los de Mavrou y Bustos-López (2019) subrayan la
        relevancia de la IE en la expresión emocional en una lengua extranjera. En este sentido, es
        plausible que individuos con altos niveles de IE y ciertos rasgos de personalidad, como la
        extraversión y la apertura a nuevas experiencias, puedan expresar emociones de manera más
        efectiva en su L1 y en una LA, dado su mejor manejo de las emociones y adaptación a diversos
        contextos comunicativos. Por el contrario, aquellas personas con niveles más bajos de IE o
        rasgos más introvertidos podrían enfrentar mayores desafíos en la expresión emocional en una
        lengua adicional, independientemente de su competencia lingüística. La investigación de
        Ożańska-Ponikwia (2013) también sugiere que los rasgos de personalidad pueden influir
        significativamente en la expresión emocional en ambas lenguas. En conjunto, esto indica que
        la relación entre personalidad y expresión emocional parece ser relevante no solo para la
        L1, sino también para cualquier contexto lingüístico en el que se comunique el
        individuo.</p>
  <p>Es importante tener en cuenta, asimismo, que la expresión emocional puede estar influenciada
        por factores culturales, como ya hemos señalado (Kazanas et al., 2019 o Kitayama et al.
        2000). Según las investigaciones sobre las diferencias culturales en la manifestación de la
        emoción (culturas consideradas individualistas o colectivistas), la expresividad emocional
        puede variar significativamente (Matsumoto et al. 2008) de una cultura a otra. Por lo tanto,
        la evaluación de la expresión emocional en lengua adicional podría verse influenciada por
        las normas culturales de la cultura nativa, así como por las de la cultura meta. En este
        caso</p>
  <p>concreto, observamos que los angloparlantes británicos, de cultura más individualista con
        tendencia a tener normas culturales que favorecen una expresión emocional más contenida y
        reservada, experimentan desafíos específicos al expresar emociones en español, una lengua
        asociada con culturas más colectivas, que generalmente valoran una mayor expresividad
        emocional.</p>
  <p>En la tarea de narración emocional de la que parte el presente estudio y que fue realizada por
        15 aprendientes angloparlantes, los estudiantes a menudo informaron sentirse menos cómodos
        al expresar emociones intensas en español que en su lengua materna. Esta diferencia puede
        deberse a las normas culturales británicas que promueven la moderación emocional y el
        control, frente a las culturas hispanohablantes, donde la expresión abierta de emociones es
        más aceptada y esperada. Como resultado, los angloparlantes pueden percibir un desajuste
        entre sus propias normas emocionales y las expectativas culturales en contextos
        hispanohablantes, lo que puede dificultar su capacidad para expresar emociones de manera
        auténtica en español. En contraste, los hablantes de español L1 podrían percibir una falta
        de capacidad de expresión emocional por parte de los angloparlantes aprendientes de español
        debido a las diferencias culturales.</p>
  <p>Es importante señalar que, de los múltiples estudios llevados a cabo por Dewaele (2006, 2010)
        sobre elección de lengua por bilingües y multilingües en situaciones emocionales, se
        desprende que, a pesar de que la L1 haya sido tradicionalmente considerada como la lengua de
        las emociones, el contexto de aprendizaje de la lengua y, especialmente, la socialización
        prolongada en lengua adicional puede alterar la preferencia lingüística para la expresión
        emocional y convertir a esta segunda lengua en la preferida para expresar emociones.
        Ożańska-Ponikwia (2013) halló también una relación recíproca entre la inmersión en lengua
        extranjera y la percepción y expresión de emociones en L1 y en L2. Igualmente, demostró que
        varios factores contribuyen a la percepción y a la expresión de emociones en L1 y en L2,
        entre ellos, la duración de la estancia, el género, la competencia autopercibida, la
        personalidad y la inteligencia emocional, entre otros. Nuestro estudio respalda la
        consideración de que la expresión emocional en lengua adicional y su percepción por los
        hablantes de L1 es un fenómeno complejo y multifactorial que sigue requiriendo
        investigaciones para llegar a ser entendido completamente.</p>
</sec>
<sec id="sec6">
  <title>6. Conclusiones e implicaciones pedagógicas</title>
  <p>Nuestros hallazgos muestran una relación significativa entre la
  valoración de la capacidad de expresión del enfado en lengua adicional
  y factores como la entonación, las pausas, las expresiones faciales y
  la mirada, y, con ello, sugieren que esta valoración puede estar más
  relacionada con la comunicación no verbal, factores individuales o
  culturales que con la competencia lingüística <italic>per
  se</italic>.</p>
  <p>Estos resultados tienen importantes implicaciones pedagógicas. En primer lugar, resaltan la
        necesidad de integrar la enseñanza de la expresión emocional en la instrucción de lenguas
        adicionales, reconociendo su complejidad y la influencia de múltiples factores. Además,
        sugieren que los programas de enseñanza de idiomas deben incluir actividades y prácticas que
        desarrollen tanto la competencia lingüística como la competencia comunicativa no verbal de
        los estudiantes. Esto podría implicar el uso de técnicas de enseñanza que fomenten la
        observación y práctica de expresiones faciales, entonación adecuada y otros aspectos de la
        comunicación en contextos emocionales específicos.</p>
  <p>Las actividades y la interacción en el aula pueden utilizarse tanto para enseñar la lengua como
        para reforzar las fortalezas afectivas individuales de los alumnos en contextos de L2
        (MacIntyre y Gregersen, 2012). En la mayoría de los casos, los docentes de lenguas
        adicionales trabajan para crear unas condiciones emocionales positivas entre sus alumnos. No
        obstante, estos mismos profesores también pueden generar situaciones que produzcan emociones
        negativas (por ejemplo, exámenes, exigencias de hablar en público o presentaciones en la
        LA). Cada una de estas situaciones tiene diferentes cualidades motivacionales y es probable
        que produzca reacciones ambivalentes en muchos estudiantes (MacIntyre y Gregersen,
        2012).</p>
  <p>En relación con las limitaciones del presente estudio, conviene mencionar el tamaño limitado de
        la muestra, así como el tipo de muestreo, que no nos permiten generalizar los resultados.
        Las conclusiones obtenidas son preliminares ya que, aunque provienen de la valoración de 55
        informantes, solo se han valorado dos narraciones en español como LA. Sería deseable,
        asimismo, contar con una mayor muestra de narraciones por parte de angloparlantes para poder
        considerar variables individuales, como, por ejemplo, características de la
        personalidad.</p>
  <p>En el futuro próximo, sería valioso investigar cómo cada uno de los factores culturales e
        individuales mencionados como posibles explicaciones interactúan con la personalidad y la IE
        para influir en la expresión emocional en una LA y sobre la percepción de hablantes de L1 y
        de LA. Esta línea de investigación podría proporcionar una comprensión más integral de los
        múltiples factores que afectan la capacidad de los individuos para comunicar sus emociones
        en contextos multilingües.</p>
  <p>En definitiva, este estudio reafirma la relevancia de estudiar factores extra y
        paralingüísticos, así como la entonación en relación con la cultura, la personalidad y la
        inteligencia emocional, en la expresión de emociones en una lengua adicional. Reconocer y
        abordar estos factores puede ayudarnos a mejorar significativamente la eficacia en la
        enseñanza de lenguas y apoyar a los estudiantes en su desarrollo.</p>
</sec>
</body>
<back>
  
  <app-group>
    <title>Agradecimientos</title>
    <p>Estudio enmarcado en el proyecto financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Agencia Estatal de Investigación. Proyecto PID2022-138973OB-C21.
      Las autoras agradecen su participación a todas las personas que han colaborado en el estudio aquí presentado.</p>
  </app-group>
  
  <app-group>
    <title>Contribución de autoría CREdIT</title>
    <p>Ambas autoras han contribuido por igual de la siguiente manera:</p>
    <p>Marta F. Nogueroles López contribuyó en la Conceptualización, Metodología, Investigación, Recursos, Visualización, Redacción — borrador original, Redacción — revisión y edición.</p>
    <p>Anna Doquin de Saint-Preux contribuyó en la Conceptualización, Metodología, Investigación, Análisis for¬mal, Visualización, Redacción — borrador original, Redacción — revisión y edición.</p>
  </app-group>
  
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