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<!DOCTYPE article PUBLIC "-//NLM//DTD JATS (Z39.96) Journal Publishing DTD v1.3 20210610//EN" "http://jats.nlm.nih.gov/publishing/1.3/JATS-journalpublishing1-3.dtd">
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      <journal-id journal-id-type="publisher-id">CLAC</journal-id>
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        <journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Círculo de Lingüística Aplicada a la Comunicación</journal-title>
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      <issn publication-format="electronic">1576-4737</issn>
      <issn-l>1576-4737</issn-l>
      <publisher>
        <publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
        <publisher-loc>España</publisher-loc>
      </publisher>
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      <article-id pub-id-type="doi">10.5209/clac.100085</article-id>
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        <subj-group subj-group-type="heading">
          <subject>Monográfico</subject>
        </subj-group>
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      <title-group>
        <article-title>La cohesión en la Gramática Discursivo-Funcional: indagaciones a partir de la negación aditiva del español</article-title>
        <trans-title-group xml:lang="en">
          <trans-title>Cohesion in Functional Discourse Grammar: Inquiries from additive negation in Spanish</trans-title>
        </trans-title-group>
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          <contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0002-9988-0647</contrib-id>
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            <surname>Salazar García</surname>
            <given-names>Ventura</given-names>
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          <xref ref-type="corresp" rid="cor1"/>
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        <aff id="aff-a"><institution content-type="original">Universidad de Jaén (España)</institution></aff>
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      <contrib-group>
        <contrib contrib-type="author" corresp="yes">
          <contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0002-8416-885X</contrib-id>
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            <surname>Carretero</surname>
            <given-names>Abigail</given-names>
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        <aff id="aff-b"><institution content-type="original">Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (México)</institution></aff>
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      <author-notes>
        <corresp id="cor1">Ventura Salazar García<email>vsalazar@ujaen.es</email></corresp>
        <corresp id="cor2">Abigail Carretero<email>abigail_carretero@uaeh.edu.mx</email></corresp>
      </author-notes>
      <pub-date pub-type="epub" publication-format="electronic" iso-8601-date="2025-02-14">
        <day>14</day>
        <month>02</month>
        <year>2025</year>
      </pub-date>
      <volume>101</volume>
      <issue>1</issue>
      <fpage>257</fpage>
      <lpage>270</lpage>
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        <copyright-statement>Copyright © 2025, Universidad Complutense de
          Madrid</copyright-statement>
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        <copyright-holder>Universidad Complutense de Madrid</copyright-holder>
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          <license-p>Esta obra está bajo una licencia <ext-link ext-link-type="uri"
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              4.0 International</ext-link></license-p>
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      <abstract>
        <p>Este artículo indaga, desde la óptica de la Gramática Discursivo-Funcional, en los efectos cohesivos de los principales exponentes de la negación aditiva del español: ni y tampoco. Si bien el modelo adoptado no ha desarrollado todavía una teoría de la cohesión textual, sí contempla ciertos parámetros que acotan y clasifican sus distintos tipos. La aplicación de dichos parámetros (procedimiento de expresión, naturaleza estratégica, dimensión y alcance) al análisis de la negación aditiva del español permite identificar las semejanzas y diferencias del potencial cohesivo de las dos unidades consideradas. En concreto, queda de manifiesto que ni es una conjunción que lleva a cabo prototípicamente una cohesión interna de combinación paratáctica, mientras que tampoco es una partícula gramatical que transmite una cohesión de encadenamiento, la cual puede ser tanto interna como externa (esta última en su doble vertiente contextual y conceptual).</p>
      </abstract>
      <trans-abstract xml:lang="en">
        <p>This paper investigates, within the Functional Discourse Grammar framework, the cohesive effects of the main exponents of additive negation in Spanish: ni and tampoco. Although such a model has not yet developed a theory of textual cohesion, it does contemplate certain parameters that limit and classify its different types. The application of these parameters (expression procedure, strategic nature, dimension, and scope) to the analysis of Spanish additive negation allows us to identify the similarities and differences between both units under consideration in terms of their cohesive potential. In particular, it is attested that ni is a conjunction that prototypically carries out an internal cohesion corresponding to a paratactic combination, whereas tampoco is a grammatical particle that transmits a chaining cohesion that can be both internal and external (the latter in its double facet: contextual and conceptual).</p>
      </trans-abstract>
      <kwd-group>
        <kwd>Cohesión</kwd>
        <kwd>Gramática Discursivo-Funcional</kwd>
        <kwd>negación aditiva</kwd>
        <kwd>ni</kwd>
        <kwd>tampoco</kwd>
      </kwd-group>
      <kwd-group xml:lang="en">
        <kwd>Cohesion</kwd>
        <kwd>Functional Discourse Grammar</kwd>
        <kwd>additive negation</kwd>
        <kwd>ni</kwd>
        <kwd>tampoco</kwd>
      </kwd-group>
    </article-meta>
  </front>
<body>
<sec id="introducción">
  <title>1. Introducción</title>
  <p>El propósito del presente artículo es atender los efectos cohesivos asociados a la negación
        aditiva expresada en español por medio de <italic>ni</italic> y <italic>tampoco</italic>.
        Para ello, adoptaremos como marco teórico de referencia la Gramática Discursivo-Funcional
        (en adelante: GDF), cuya versión estándar fue ofrecida por Hengeveld y Mackenzie (2008) e
        implementada por Keizer (2015) para la lengua inglesa. El segundo epígrafe ofrecerá un
        brevísimo esbozo de los fundamentos del modelo. Prescindiremos, no obstante, de sus
        convenciones de formalización, que introducirían una excesiva complejidad técnica.</p>
  <p>A la hora de atender la cohesión, resulta obligado partir de la monografía pionera de Halliday
        y Hasan (1976: 2-6), quienes indicaron que este fenómeno lingüístico tiene lugar cuando la
        interpretación de un determinado elemento del discurso depende directamente de la que se
        otorga a otro elemento diferente. Eso contribuye a afianzar los vínculos semánticos
        existentes en el seno de un texto más allá de la mera sucesión de las oraciones que lo
        componen. Por su parte, Beaugrande y Dressler (1981: 3 y s.) puntualizaron que la cohesión
        propiamente dicha no surge tanto de la conformidad conceptual entre las distintas secuencias
        —lo cual atañe al ámbito de la coherencia— como de la intervención de conexiones
        gramaticales explícitas en la forma superficial del texto.</p>
  <p>Aunque Halliday y Hasan (1976) tipifican diversos procedimientos de cohesión, todos ellos
        encajan, en última instancia, dentro de dos patrones básicos, identificables a grandes
        rasgos con la anáfora y la presuposición. La adición, en tanto que subtipo de relación
        conjuntiva, es entendida en términos eminentemente presuposicionales (Halliday y Hasan 1976:
        226). Dicho de otro modo, la secuencia marcada aditivamente aporta un contenido que se suma
        o añade al ofrecido por una secuencia previa, o <italic>antecedente</italic>, que se
        presupone y que actúa como requisito tanto para la correcta interpretación de la nueva
        aportación como para dotar de estabilidad estructural al producto textual resultante. La
        negación aditiva entra en juego cuando la afinidad entre los dos segmentos implicados
        procede de compartir una misma polaridad negativa.</p>
  <p>En consonancia con las investigaciones de corte tipológico (cf<italic>.</italic>, por ejemplo,
        van der Auwera y Krasnoukhova 2020: 93-101), usaremos aquí <italic>exponente</italic> como
        denominación neutra para cualquier unidad formal que transmita un contenido lingüístico,
        independientemente del enfoque teórico adoptado para su análisis. Los exponentes de la
        negación aditiva del español que tendremos en cuenta en este trabajo serán
          <italic>ni</italic> y <italic>tampoco</italic>. La naturaleza presuposicional de
          <italic>ni</italic> se acomoda sin especial controversia a su caracterización categorial
        como conjunción, encargada de conectar dos secuencias: una de ellas introducida por
          <italic>ni</italic> y otra que actúa como antecedente. Para <italic>tampoco</italic>, la
        interpretación presuposicional ha sido defendida, entre otros, por Bosque (1980: 139),
        Kovacci (1999: 769 y s.), Sánchez (1999: 1109) y Leonetti (2007: 70-73). En cambio, ha sido
        seriamente cuestionada por Schwenter y Zulaica-Hernández (2003) y por Schwenter (2003),
        quienes postulan una hipótesis de tipo inferencial. En realidad, ambos planteamientos
        guardan bastantes similitudes. La diferencia fundamental estriba en que, mientras la
        propuesta presuposicional sostiene que la aparición de <italic>tampoco</italic> viene
        motivada por una analogía semántica entre las dos secuencias —que mantendrían unas
        condiciones veritativo-funcionales constantes—, la hipótesis inferencial postula que dicha
        aparición depende más bien de las condiciones pragmáticas de uso, en virtud de la estructura
        informativa del discurso y de los procesos de argumentación. Nosotros consideramos que ambas
        posturas son conciliables si partimos de que la interpretación presuposicional es la que se
        activa por defecto, mientras que los mecanismos inferenciales entrarían en juego en aquellos
        casos en que la presuposición no resulta plausible. Esta posición intermedia es la que
        parece adoptar la <italic>Nueva gramática de la lengua española</italic> (en adelante: NGLE)
        cuando admite que, aunque <italic>tampoco</italic> relaciona dos proposiciones negativas,
        “la primera puede quedar tácita o deducirse implícitamente del discurso previo” (RAE y ASALE
        2009: 3685). Sea como fuere, lo relevante es que el carácter cohesivo de <italic>ni</italic>
        y de <italic>tampoco</italic> descansa sobre la <italic>recurrencia</italic> de un mismo
        tipo de contenido —ya sea por cauces semántico-presuposicionales o pragmático-inferenciales—
        en lugar de hacerlo sobre la <italic>correferencialidad</italic> de ciertos constituyentes.
        Eso confirma que se trata de una cohesión no anafórica, cualitativamente distinta de la
        cohesión anafórica que se manifiesta, por ejemplo, en la sustitución léxica o en la
        elipsis.</p>
  <p>Antes de cerrar este epígrafe introductorio, debemos advertir que
  nuestro estudio se circunscribirá a los usos estrictamente aditivos de
  los exponentes mencionados. Por tanto, quedan fuera las vertientes
  escalar (1) y correlativa (2) de <italic>ni</italic>, así como el
  llamado <italic>tampoco adversativo</italic> (3):</p>
  <list list-type="simple">
    <list-item>
      <label>(1)</label>
      <p>Pero, así de entrada, tengo la sensación de que yo eso no me lo pondría ni muerta (A.
            Furundarena, “Ni muerta”, <italic>El Correo</italic>, 03/11/2009: <ext-link
              ext-link-type="uri"
              xlink:href="https://www.elcorreo.com/vizcaya/20091103/gente/muer-ta-20091103.html"
              >https://www.elcorreo.com/vizcaya/20091103/gente/muerta-20091103.html</ext-link>).</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <label>(2)</label>
      <p>Le habían anticipado que al comienzo el silencio de los
      estudios le parecería insoportable, pero pasaba el tiempo —habían
      pasado meses— y seguía sintiéndolo bajo la superficie de música
      funcional y el flujo del aire de los acondicionadores moviendo las
      cortinas. Ni melodías ni viento: parecían figuras puestas solo
      para destacar la intensidad del silencio de fondo (R. E. Fogwill,
      <italic>En otro orden de cosas</italic>. Barcelona: Modadori,
      2001, CORPES XXI).</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <label>(3)</label>
      <p>—Relájate, cariño.</p>
      <p>—Tampoco quiero que me faltes el respeto más (Mendoza, M.,
        <italic>Satanás</italic>. Barcelona: Seix Barral, 2002, CORPES
        XXI).</p>
    </list-item>
  </list>
  
  <p>Aunque no descartamos que estos usos especiales muestren coincidencias cohesivas con los
        propiamente aditivos, lo cierto es que sus características semánticas y distribucionales
        invitan a pensar que contarán también con especificidades de cierto calado. Baste mencionar
        que el uso escalar de <italic>ni</italic> y el adversativo de <italic>tampoco</italic> no
        exigen un antecedente negativo, ni siquiera inferido, lo cual merece ser objeto de un
        estudio específico. En cuanto a <italic>ni</italic> como coordinador correlativo, nos
        remitimos a las observaciones ofrecidas por Conti (2020).</p>
</sec>
<sec id="la-gramática-discursivo-funcional">
  <title>2. La Gramática Discursivo-Funcional</title>
  <p>La GDF es una teoría lingüística de corte estructural-funcional —según la caracterización de
        Butler (2003: 67-72)— que se inscribe dentro de la rica tradición del funcionalismo
        holandés. Se reivindica como heredera directa de la Gramática Funcional (en adelante: GF)
        desarrollada en su día por Simon C. Dik (1978; 1997). Las diferencias entre ambas son fruto
        de una profunda revisión teórica emprendida a finales del siglo XX y comienzos del siglo
        XXI, la cual desembocó en el paso de un modelo a otro. Así, mientras la GF constaba de un
        único nivel de análisis paulatinamente enriquecido en etapas sucesivas conforme a un
        procesamiento ascendente (<italic>bottom up</italic>), la GDF es una teoría multinivélica
        que baraja paralelamente cuatro niveles de análisis (<italic>levels</italic>), cada uno de
        los cuales se organiza jerárquicamente en diversos estratos sintagmáticos jerarquizados
          (<italic>layers</italic>). De acuerdo con el enfoque psicolingüístico de Levelt (1989), la
        GDF postula un procesamiento descendente (<italic>top down</italic>) que va del contenido a
        la expresión y de los estratos más complejos a los más simples.</p>
  <p>Se asume que la competencia comunicativa está conformada por cuatro
  componentes (<italic>components</italic>) que se comportan como
  módulos esencialmente autónomos, por más que interactúen entre sí
  mediante los correspondientes mecanismos de interfaz:</p>
  <list list-type="alpha-lower">
    <list-item>
      <label>a)</label>
      <p>Componente conceptual. Responsable de gestar la intención
      comunicativa de los usuarios de la lengua, planificar su discurso
      y conectar los hechos lingüísticos con la realidad
      extralingüística.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <label>b)</label>
      <p>Componente gramatical. Sistema simbólico de interacción social
      que organiza el material lingüístico y genera unos productos
      verbales dotados de funcionalidad comunicativa.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <label>c)</label>
      <p>Componente contextual. Se trata del encargado de conectar los
      hechos lingüísticos con el trasfondo sociocultural en el que se
      desarrolla la interacción verbal. De las múltiples facetas que
      caracterizan al contexto, dos resultan especialmente
      significativas para la GDF: i) el almacenamiento de toda aquella
      información gramatical de un enunciado que es relevante para
      conformar los enunciados subsiguientes; ii) la puesta a
      disposición del componente gramatical de aquella información,
      disponible en la memoria a largo plazo, que interviene
      directamente en la interacción en curso.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <label>d)</label>
      <p>Componente de salida (<italic>output</italic>). Es el responsable de que un producto verbal
            subyacente, generado por el componente gramatical, se convierta en una muestra de
            conducta perceptible sensorialmente a través de un modo —<italic>mode</italic>, en la
            terminología de Halliday (1978: 61-64)— que resulte operativo para los participantes en
            la interacción comunicativa: acústico, gráfico, viso-gestual o de otra índole.</p>
    </list-item>
  </list>
  <p>La GDF se ocupa únicamente del componente gramatical. Es una teoría
  <italic>discursiva</italic> porque adopta el acto discursivo como
  unidad básica de análisis. Ahora bien, sería un error deducir de ello
  que se trata de un modelo de análisis del discurso, algo
  explícitamente descartado por Hengeveld y Mackenzie (2008: 9). En
  realidad, atiende la vertiente pragmático-discursiva del lenguaje
  únicamente en la medida en que tiene una repercusión directa sobre la
  forma finalmente adoptada por los enunciados que genera el componente
  gramatical. La aspiración última es que las directrices gramaticales
  aportadas por la GDF se integren algún día dentro de una teoría más
  abarcadora que afronte los cuatro componentes de la interacción verbal
  en su conjunto.</p>
  <p>Como ya hemos apuntado, el componente gramatical consta de cuatro niveles, cada uno de ellos
        con su propio ámbito autónomo de análisis a partir de una serie de operaciones de
        procesamiento y un conjunto de primitivos almacenados de antemano, que no son objeto de
        computación, sino de memorización. Los dos primeros niveles formulan el contenido del
        material lingüístico, mientras que los dos últimos codifican su expresión. A su vez, cada
        nivel se organiza jerárquicamente por medio de una serie de estratos sintagmáticos. Podemos
        sintetizar el diseño de la GDF en los siguientes términos:</p>
  <list list-type="alpha-lower">
    <list-item>
      <label>a)</label>
      <p>Nivel Interpersonal. Responsable de la formulación pragmática. Su estrato más complejo
            corresponde a la Intervención (<italic>Move</italic>), compuesto por uno o más Actos de
            Discurso. Cada Acto de Discurso cuenta simultáneamente con un Hablante, un Destinatario,
            una Ilocución y un Contenido Comunicado. El Contenido Comunicado, a su vez, se compone
            de uno o más Subactos de Adscripción y de Referencia.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <label>b)</label>
      <p>Nivel Representacional. Responsable de la formulación
      semántica. La secuencia de estratos parte del Contenido
      Proposicional y continúa con el Episodio, el Estado de Cosas
      (<italic>State-of-Affairs</italic> o <italic>SoA</italic>), la
      Propiedad Configuracional y, finalmente, alguna de las distintas
      categorías semánticas reconocidas en la GDF: propiedad, entidad,
      lugar, tiempo… (cf<italic>.</italic> Hengeveld y Mackenzie 2008:
      131-138). El Nivel Interpersonal y el Nivel Representacional
      cuentan con diversas clases de primitivos no susceptibles de
      descomposición: lexemas, marcos predicativos
      (<italic>frames</italic>), operadores, etc.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <label>c)</label>
      <p>Nivel Morfosintáctico. Encargado de la codificación (<italic>encoding</italic>) del
            contenido lingüístico aportado por los Niveles previos y dotarlo de una representación
            estructural. Su estrato sintagmático más alto es ocupado por el Período o Expresión
            Lingüística (<italic>Lingüistic Expression</italic>), seguido por la Cláusula, el
            Sintagma (<italic>Phrase</italic>) y la Palabra. Entre sus entidades primitivas figuran
            distintos tipos de Morfemas y de Patrones (<italic>Templates</italic>)
            morfosintácticos.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <label>d)</label>
      <p>Nivel Fonológico. Responsable de la codificación final subyacente, que quedaría así lista
            para su articulación en el componente de salida. Sus estratos incluyen el Enunciado, la
            Frase Entonativa, la Frase Fonológica, la Palabra Fonológica, el Pie Fonológico y,
            finalmente, la Sílaba. Se reconocen como primitivos fonológicos el Fonema, los Patrones
            fonológicos y las formas supletivas.</p>
    </list-item>
  </list>
  <p>Añadiremos a continuación algunas precisiones teóricas y terminológicas que, a nuestro juicio,
        resultan oportunas para la argumentación que se desarrollará en los próximos epígrafes. En
        primer lugar, hay que tener en cuenta que la GDF otorga a las mayúsculas de los términos
        gramaticales una motivación metalingüística que será también de aplicación en estas páginas.
        Por su parte, el término inglés <italic>Move</italic>, que procede de Sinclair y Coulthard
        (1975), ha sido traducido al español en ocasiones como <italic>Movimiento</italic>
          (cf<italic>.</italic> Hengeveld y Mackenzie 2011) y al catalán como
          <italic>Moviment</italic> (cf<italic>.</italic> Alturo y Hengeveld 2010). Nosotros
        preferimos <italic>Intervención</italic>, que, amén de ajustarse mejor a su sentido real,
        cuenta con abundante presencia en la bibliografía hispánica (cf. Portolés 1996; Cortés 2002;
        Vera 2014) y entronca con el correlato francés <italic>Intervention</italic>, de uso común
        entre los pragmatistas francófonos al menos desde Roulet (1981). Asimismo, traduciremos
          <italic>Representational Level</italic> como <italic>Nivel Representacional</italic>. Por
        más que se trate de un neologismo en español, ofrece una correspondencia más fiel que la
        alternativa —<italic>Nivel Representativo</italic>— que figura en la versión española de
        Hengeveld y Mackenzie (2011).</p>
  <p>En cuanto a la categorización de los primitivos gramaticales, la
  GDF se aparta sustancialmente tanto de los enfoques tradicionales como
  de la mayor parte de los contemporáneos. Así, la etiqueta
  <italic>lexema</italic> alude únicamente al contenido de una unidad
  léxica, no a su expresión. No debe, pues, confundirse el
  <italic>lexema</italic> con la <italic>raíz</italic>, que es una
  unidad que opera en el Nivel Morfosintáctico. De acuerdo con ello, la
  GDF contempla dos tipos de partes de la oración. Por un lado, las
  <italic>clases de lexemas</italic> operan en el Nivel Representacional
  y, como su nombre indica, atañen solamente a las unidades léxicas; por
  otro, las <italic>clases de palabras</italic> corresponden al Nivel
  Morfosintáctico y clasifican tanto las palabras léxicas como las
  gramaticales. Dado que se descarta un isomorfismo entre expresión y
  contenido, puede haber desajustes entre ambas categorizaciones; por
  ejemplo, los auxiliares y las cópulas son verbos en el Nivel
  Morfosintáctico, pero carecen de correlato léxico en el Nivel
  Representacional. El marbete <italic>partícula</italic>, que
  habitualmente hace referencia a todas las palabras morfológicamente
  invariables —adverbios, conjunciones, preposiciones…
  (cf<italic>.</italic> Martín 1998: 19)— es entendido por la GDF en un
  sentido más restringido, pues se reserva exclusivamente para las
  palabras invariables que no se acomodan a ninguna de las clases de
  palabras tradicionales. Además de partículas gramaticales, hay
  asimismo partículas léxicas, que serían aquellas palabras que, aunque
  carecen de significado ideacional, aportan un contenido ilocutivo en
  el Nivel Interpersonal: <italic>hola</italic>, <italic>caray</italic>,
  <italic>ojalá</italic>, etc.</p>
  <p>Algunos de los estratos del Nivel Representacional también requieren de algunas
        puntualizaciones. En concreto, conviene advertir que la GDF prefiere hablar de
          <italic>Contenido Proposicional</italic>, en lugar de simplemente
          <italic>Proposición</italic>, para mostrar que se trata de una variable estrictamente
        semántica, sin implicaciones sintácticas o lógicas. El <italic>Episodio</italic> en la GDF
        es un estrato inferior al Contenido Proposicional y engloba todos aquellos Estados de Cosas
        objetivamente conectados (prototípicamente, bajo unas mismas coordenadas temporales
        absolutas). Por tanto, difiere sustancialmente del sentido que se da a este término en la
        teoría discursiva de Van Dijk (1981), para quien el episodio es el correlato semántico del
        párrafo y constituye una unidad jerárquicamente superior a la proposición. Por su parte, el
        Estado de Cosas se corresponde en la GDF con el núcleo predicativo y los constituyentes
        previstos por su valencia.</p>
  <p>Para cerrar este apartado, añadiremos simplemente que, en el Nivel
  Morfosintáctico, la etiqueta <italic>Expresión Lingüística</italic>
  (<italic>Linguistic Expression</italic>), indiscutiblemente vaga, se
  emplea en la GDF con el objetivo consciente de evitar el término
  <italic>Oración</italic> (<italic>Sentence</italic>), susceptible de
  múltiples equívocos. Anteriormente, la GF se valía de
  <italic>Enunciado</italic> (<italic>Utterance</italic>), pero la GDF
  ha optado por reservar esta última denominación exclusivamente para el
  estrato más complejo del Nivel Fonológico. Por todo ello, nosotros
  pensamos que el término <italic>Período</italic>, que cuenta con
  bastante arraigo en la tradición gramatical española
  (cf<italic>.</italic> Lázaro Carreter 1953: 320, <italic>sub
  voce</italic> <sc>Período),</sc> constituye una variante válida para
  la traducción del término inglés <italic>Linguistic
  Expression</italic>.</p>
</sec>
<sec id="la-cohesión-en-la-gramática-discursivo-funcional-una-ausencia">
  <title>3. La cohesión en la Gramática Discursivo-Funcional: ¿una ausencia?</title>
  <p>Debemos admitir que, hasta el momento, la GDF apenas ha tomado en
  consideración el fenómeno de la cohesión textual, que sigue siendo una
  tarea pendiente. Así lo prueba el que ninguna de sus dos principales
  monografías de referencia —Hengeveld y Mackenzie (2008) y Keizer
  (2015)— incluya este término dentro de sus índices temáticos. Es más,
  una búsqueda en las correspondientes ediciones electrónicas permite
  comprobar que esta palabra ni siquiera aparece en el texto de Keizer
  (2015) y lo hace solamente una vez en el de Hengeveld y Mackenzie
  (2008: 30), pero como parte de una cita literal tomada de Halliday
  (2004: 30).</p>
  <p>La revisión del resto de la bibliografía vinculada a la GDF nos lleva a una conclusión similar,
        pues, hasta la fecha, solo se ha publicado un artículo dedicado específicamente a la
        cohesión. Se trata del trabajo de Alturo y Hengeveld (2010) a propósito de una muestra de
        conversación argumentativa en catalán. Remontándonos en el tiempo, encontramos también
        algunos precedentes, como Hengeveld (1997a) y Kroon (1997), inscritos todavía en el marco de
        la GF, pero que desempeñaron un papel relevante en el tránsito hacia la GDF. Por último,
        cabría incluir las aportaciones de Kroon (1998) y Alturo (2010), que, si bien se dedican
        prioritariamente a la coherencia discursiva, atienden también ciertos aspectos relacionados
        con la cohesión. Estamos, pues, ante un corpus bibliográfico bastante magro que, además,
        tiene un objetivo meramente programático. De hecho, Alturo y Hengeveld (2010: 9) apuntan que
        su artículo es solo un avance de una investigación más amplia en torno a las posibilidades
        de analizar la cohesión lingüística con el instrumental analítico de la GDF. Sin embargo,
        tal investigación no llegó finalmente a ver la luz.</p>
  <p>La piedra de toque para la GDF estriba en decidir si es necesario incorporar, dentro del
        componente estrictamente gramatical, unidades morfosintácticas superiores al período, tales
        como el párrafo o el texto completo. Obviamente, nadie cuestiona su existencia en tanto que
        entidades fenomenológicas, pre-teóricas, pero de ahí a homologarlas como objetivos del
        análisis gramatical media un abismo. Se trata de un debate que se remonta a los orígenes de
        la lingüística del texto, cuando varios autores (entre otros, Crowell 1973; Hinds 1979;
        Longacre 1979) reivindicaron la pertinencia gramatical del párrafo. Entre los actuales
        defensores de dicha postura se encuentra Gutiérrez (2018; 2019), para quien el
          <italic>microdiscurso</italic> constituye una unidad sintáctica cuyo reflejo visible en la
        lengua escrita sería “el párrafo bien construido” (Gutiérrez 2019: 290). A finales del siglo
        XX, cuando los seguidores de la GF sondeaban posibles vías para incorporar al modelo una
        vertiente discursiva, esta polémica alcanzó cierto protagonismo, sin que se llegara a
        encontrar una vía de consenso. De hecho, Hengeveld optó sucesivamente por soluciones
        dispares a lo largo de esos años. En un primer momento, defendió la existencia de un Nivel
        Retórico, de naturaleza textual, que se situaría por encima del Nivel Interpersonal y que
        tendría el <italic>Discurso</italic> completo y el <italic>Tipo de Discurso</italic>
        (narrativo, argumentativo, etc.) como principales variables (cf<italic>.</italic> Hengeveld
        1997a: 3 y s.). Eso abría la puerta a la incorporación del <italic>párrafo</italic> y del
          <italic>texto</italic> completo dentro del Nivel Morfosintáctico. Sin embargo, la adopción
        de ese Nivel Retórico o Textual, con sus propias variables, conllevaba numerosos
        inconvenientes. Para el caso concreto del español, Vera (2012: 344347) ha evidenciado las
        serias dificultades teórico-metodológicas y la escasa validez descriptiva de cualquier
        intento de homologación del párrafo como unidad propiamente gramatical. Factores de este
        tipo son los que llevaron a Hengeveld y Mackenzie (2008) a desestimar finalmente un Nivel
        Retórico en el diseño de la versión estándar de la GDF. Es cierto que mantuvieron algunas
        funciones retóricas que inciden sobre las relaciones estructurales y la distribución
        relativa de dos o más Actos de Discurso integrados dentro de una única Intervención, pero
        tales funciones se adscriben al Nivel Interpersonal. Por tanto, las unidades
        morfosintácticas superiores al período —que han recibido diversos calificativos
          (cf<italic>.</italic> Fuentes 1987: 24): <italic>supraoracionales</italic>,
          <italic>hipersintácticas</italic>, <italic>macrosintácticas</italic>, etc.— siguen siendo
        consideradas por la GDF como entidades que intervienen en la gramática únicamente por cauces
        indirectos, a través de la interfaz con el componente contextual.</p>
  <p>En definitiva, la GDF carece actualmente, en puridad, de una teoría de la cohesión lingüística.
        Pese a ello, cuenta en su haber con algunos avances que pueden servir como punto de partida
        para ulteriores pesquisas. En tal sentido, merecen ser reseñados los cuatro parámetros que
        Hengeveld (1997a: 9) propuso para clasificar los distintos tipos de relaciones cohesivas.
        Los reproducimos aquí parcialmente adaptados y con ciertas precisiones que consideramos
        necesarias:</p>
  <list list-type="roman-lower">
    <list-item>
      <label>I)</label>
      <p>Procedimiento de expresión. Atañe a los cauces para codificar la cohesión: unidades léxicas
            seleccionadas, formas anafóricas, morfología verbal, etc. Aunque no se aprecia una
            correlación biunívoca, la elección de uno u otro procedimiento formal viene condicionado
            por el tipo de cohesión de que se trate, de acuerdo con la clasificación establecida por
            Halliday y Hasan (1976): referencia, sustitución, elipsis, conjunción y cohesión
            léxica.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <label>II)</label>
      <p>Dimensión. Hengeveld (1997a) plantea como segundo parámetro simplemente una identificación
            del nivel de análisis en el que interviene la cohesión: Nivel Interpersonal (pragmático)
            o Nivel Representacional (semántico). A nuestro juicio, esto es insuficiente, pues dicha
            dualidad queda circunscrita al ámbito de la formulación gramatical, cuando hay sobrados
            indicios de que en la cohesión también entran en juego factores externos a la gramática
            propiamente dicha. Por eso, proponemos un parámetro de más amplitud, que —en consonancia
            con lo indicado por Alturo (2010) para la coherencia— llamaremos aquí
              <italic>dimensión</italic>. Además del nivel de análisis gramatical, este parámetro
            precisa si la relación cohesiva se produce únicamente dentro del componente gramatical o
            si, por el contrario, el contenido formulado gramaticalmente interactúa con material del
            componente conceptual o del contextual. En el primer caso estaríamos ante una
              <italic>cohesión interna</italic>, de dimensión gramatical, que atañe solo a unidades
            lingüísticas procesadas en la memoria de trabajo; en el segundo, estaríamos ante una
              <italic>cohesión externa</italic> en la que pueden diferenciarse una dimensión
            contextual —que recupera contenidos almacenados en la memoria a largo plazo— y una
            dimensión conceptual, que entronca con las inferencias emanadas de la Intervención en
            curso.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <label>III)</label>
      <p>Naturaleza estratégica: combinación o encadenamiento. Las estrategias de combinación dan
            lugar a dos subtipos básicos de relaciones cohesivas: parataxis e hipotaxis. Como su
            nombre indica, permiten combinar, en el eje sintagmático, unidades de un determinado
            estrato jerárquico con vistas a conformar unidades de un estrato superior. En cambio,
            las estrategias de encadenamiento promueven la conformidad entre las unidades
            secuenciadas —estén o no combinadas entre sí— por medio de relaciones asociativas como
            la correferencialidad, la recurrencia, la implicación, etc.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <label>IV)</label>
      <p>Alcance, referido al estrato sobre el que incide la relación
      cohesiva. La cohesión interpersonal puede manifestarse en
      cualquiera de los estratos jerarquizados del Nivel Interpersonal:
      Intervención, Acto de Discurso, Ilocución… Algo similar cabe decir
      de la cohesión representacional dentro de su propio Nivel:
      Contenido Proposicional, Episodio, Estado de Cosas, etc. Hengeveld
      (1997a) emplea <italic>domain</italic> (‘dominio’, ‘valor’), pero
      de su exposición se desprende que se está refiriendo a lo que
      normalmente se conoce en la bibliografía anglosajona como
      <italic>scope</italic> o <italic>target</italic>, que suele
      traducirse como <italic>alcance</italic>. Así lo haremos aquí,
      básicamente para restringir el término <italic>dominio</italic> a
      la vertiente nocional; es decir, <italic>ni</italic> y
      <italic>tampoco</italic> son palabras cuyo contenido se adscribe a
      los dominios de la <italic>adición</italic> y de la
      <italic>negación</italic>, lo cual no prejuzga sus posibles
      alcances en diversos estratos.</p>
    </list-item>
  </list>
  <p>Pese a su provisionalidad, estos parámetros permiten afrontar una
  clasificación pormenorizada de las unidades lingüísticas cohesivas. En
  las próximas páginas evaluaremos con más detalle su potencial
  analítico a propósito de la negación aditiva del español.</p>
</sec>
<sec id="significado-conceptual-y-significado-procedimental-en-la-negación-aditiva">
  <title>4. Significado conceptual y significado procedimental en la negación aditiva</title>
  <p>Varios modelos contemporáneos, como la teoría de la relevancia, han puesto especial énfasis en
        la distinción entre un significado conceptual y un significado procedimental (denominaciones
        que conservaremos aquí por conveniencia expositiva). El primero permitiría la descripción
        ideacional de la realidad extralingüística, mientras que el segundo proveería de recursos
        para la organización y procesamiento del propio material lingüístico. A primera vista, el
        significado conceptual sería aportado por las unidades léxicas categorizadas como verbos,
        nombres, adjetivos…; el significado procedimental correspondería a las unidades de índole
        gramatical: preposiciones, conjunciones, etc. (cf<italic>.</italic> Escandell-Vidal 2020:
        46-52). En la práctica, los hechos resultan mucho más complicados. Hay formas lingüísticas
        con apariencia de unidades léxicas que transmiten un significado procedimental; los verbos
        auxiliares y los copulativos, sin ir más lejos. Al mismo tiempo, ciertas unidades
        supuestamente gramaticales llegan a contar con un innegable significado conceptual, como
        ocurre con los miembros de lo que Mackenzie (2001) denomina <italic>categoría Ad</italic>,
        que condensan los rasgos de adverbios y preposiciones: inglés <italic>up</italic>, alemán
          <italic>auf</italic>, etc. (Salazar 2021: 105).</p>
  <p>En consonancia con lo anterior, Blakemore (2002: 78) advierte que es perfectamente posible que
        una forma lingüística codifique simultáneamente información procedimental e información
        conceptual. A nuestro juicio, eso es precisamente lo que ocurre con <italic>ni</italic> y
          <italic>tampoco</italic>. En ellas se produce la confluencia de dos dominios semánticos:
        la <italic>negación</italic> y la <italic>adición</italic>. La polaridad negativa incide
        decisivamente en las condiciones de verdad de una proposición —es decir, en su adecuación
        descriptiva a los hechos del mundo—, por lo que debe ser incluida entre los contenidos
        conceptuales. En cambio, la adición —llamada también, en ocasiones,
          <italic>aditividad</italic> (cf<italic>.</italic> De Cesare 2017)— interviene sobre el
        propio material lingüístico, lo que la encuadra entre los contenidos procedimentales.</p>
  <p>En el marco de la GDF, el valor negativo y el valor aditivo constituyen contenidos semánticos
        autónomos en el Nivel Representacional que, en español, se expresan por medio de una sola
        palabra gramatical —bien <italic>ni</italic>, bien <italic>tampoco</italic>, en virtud de
        factores que trataremos más adelante— en el Nivel Morfosintáctico. El hecho de que dos
        unidades de contenido se codifiquen por medio de una sola unidad de expresión da lugar a una
        discordancia (<italic>mismatch</italic>) que va en detrimento de la transparencia
        comunicativa, la cual debe solventarse mediante un mecanismo de interfaz entre ambos niveles
          (cf<italic>.</italic> Hengeveld y Leufkens 2018; Hengeveld y Mackenzie 2021). Aunque este
        planteamiento no está exento de dificultades, es preferible a la idea de que nos hallamos
        ante un único operador complejo negativo-aditivo. Esto dejaría sin explicar los casos en que
        cada uno de esos valores es expresado por una marca específica, manteniendo el equilibrio
        entre el Nivel Representacional y el Nivel Morfosintáctico. Así, el contenido de
          <italic>tampoco</italic> corresponde en muchas lenguas a una secuencia formada por una
        marca de adición y otra de negación, la cual se traduciría literalmente como “también no”:
        alemán <italic>auch nicht</italic>, portugués <italic>também não</italic>, ruso <italic>тоже
          не</italic> [‘toʐɨ ‘nʲe], etc. Asimismo, en variedades no estándares del español se
        atestigua el uso de <italic>también no</italic> en lugar de <italic>tampoco</italic>
          (cf<italic>.</italic> Carretero 2018, a propósito del español oral de Ciudad de
        México).</p>
  <p>Las unidades lingüísticas aditivas han despertado el interés de los estudios sobre el discurso
        básicamente a la hora de analizar dos tipos de fenómenos: las partículas focales y los
        marcadores del discurso. Ante la pregunta de si <italic>ni</italic> y
          <italic>tampoco</italic> encajan en alguno de ellos, la respuesta breve sería que sí son
        partículas focales y no son marcadores del discurso, pero conviene concretar esto con más
        detalle.</p>
  <p>Aunque dista de ser algo universal (Salazar 2023), las partículas focales se caracterizan en
        las lenguas indoeuropeas por constituir un grupo de palabras invariables que, a la vez que
        permiten identificar —procedimentalmente— el constituyente de mayor prominencia informativa
        (el <italic>Foco</italic>) dentro de un acto discursivo, transmiten un contenido semántico
        concomitante, el cual, como hemos advertido, podría ser de tipo conceptual. Como observa
        Sudhoff (2010: 53), las partículas focales han sido clasificadas habitualmente en tres
        grandes grupos: restrictivas o excluyentes, aditivas o incluyentes y, finalmente, escalares.
        Las partículas aditivas denotan que el constituyente focal forma parte de un conjunto de
        alternativas previamente asumido. La NGLE se aparta de este patrón general al distinguir
        cinco tipos distintos de <italic>adverbios de foco</italic>, pero eso se debe en parte a que
        entiende la adición en un sentido más restringido, por el cual los adverbios de foco
        aditivos constituirían solo un subconjunto del total de adverbios de foco de inclusión
          (cf<italic>.</italic> RAE y ASALE 2009: 2992-3011).</p>
  <p>De modo análogo a <italic>también</italic> —su correlato de polaridad positiva—,
          <italic>tampoco</italic> es una palabra especialmente sensible a la estructura
        informativa. Eso se refleja en una amplia movilidad posicional. Su funcionamiento como
        partícula focal aditiva resulta innegable cuando antecede directamente a un segmento del
        discurso no recuperable del contexto previo, como se ve en (4), pero dista de ser evidente
        en otras circunstancias. Al menos cuando se sitúa en posición final y recibe un realce
        fonológico, normalmente en forma de acento enfático (cf<italic>.</italic> Mota 1995:
        102-112), <italic>tampoco</italic> no funciona como partícula focalizadora, sino que, más
        bien al contrario, cabría considerarla por sí misma como (parte del) Foco de su acto
        discursivo. Aunque el ejemplo (5) constituye una mera transcripción gráfica, es lícito
        suponer que su emisión oral originaria incorporaría ese realce fonológico en la palabra
          <italic>tampoco</italic>:</p>
  <list list-type="simple">
    <list-item>
      <label>(4)</label>
      <p>No quería hablar de política. Tampoco de su padre. (Luis María
      Ansón, “María Casares, la única”, <italic>El Cultural</italic>,
      26/02/2021, CORPES XXI).</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <label>(5)</label>
      <p>Estoy seguro de que ustedes no quieren eso, y yo tampoco. Esas
      son las condiciones en las que nos estamos moviendo (intervención
      en el Parlamento Europeo, 11 de noviembre de 2009,
      <italic>Europarl</italic>).</p>
    </list-item>
  </list>
  <p>La forma <italic>ni</italic> funciona de un modo diferente. Es verdad que en ocasiones se
        comporta como una partícula focal, pero no del tipo aditivo, sino del escalar —equivalente a
          <italic>ni siquiera</italic>—, tal como hemos ilustrado por medio de (1). Si nos atenemos
        estrictamente a su uso aditivo, todo apunta a que se trata de una unidad totalmente
        gramaticalizada que no interviene directamente en la conformación de la estructura
        informativa; está sujeta a serias restricciones distribucionales, no es susceptible de
        funcionar por sí misma como Foco y no identifica esa función en otro constituyente.</p>
  <p>Por su parte, los marcadores del discurso —con esta o con otras denominaciones análogas
          (cf<italic>.</italic> Martín y Montolío 1998: 9)— son constituyentes extraclausales
          (cf<italic>.</italic> Dik 1997: vol. 2, 379-401) que configuran la organización del
        discurso. A tenor de las investigaciones desarrolladas en varias lenguas durante las últimas
        décadas, se ha alcanzado un cierto consenso acerca de sus propiedades definitorias, que
        Haselow y Hancil (2021: 2) sintetizan así:</p>
  <list list-type="alpha-lower">
    <list-item>
      <label>a)</label>
      <p>Invariabilidad morfológica.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <label>b)</label>
      <p>Independencia sintáctica respecto de su entorno inmediato.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <label>c)</label>
      <p>Funciones conectivas externas a las relaciones gramaticales
      (oracionales).</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <label>d)</label>
      <p>Expresión de un contenido procedimental más que conceptual.</p>
    </list-item>
  </list>
  <p>Dentro de los marcadores discursivos del español, Martín y Portolés (1999: 4093-4099) y
        Portolés (2001: 139 y s.) contemplan un grupo específico formado por los conectores
        aditivos: <italic>además</italic>, <italic>encima</italic>, <italic>incluso</italic>, etc.
        Estos marcadores ligan una secuencia discursiva a otra anterior sobre la base de que ambas
        comparten una misma orientación argumentativa. Las palabras <italic>ni</italic> y
          <italic>tampoco</italic>, pese a su significado aditivo, quedan excluidas de ese grupo
        porque solo cumplen el criterio de la invariabilidad morfológica. El relativo al contenido
        procedimental es aplicable solo parcialmente, pues, como ya hemos visto, además de un
        significado procedimental aditivo tienen otro significado conceptual vinculado a la
        polaridad negativa. Precisamente es ese significado conceptual el que impide que
          <italic>ni</italic> y <italic>tampoco</italic> cumplan las otras dos propiedades. La
        polaridad es una categoría que se verifica en el ámbito de las relaciones gramaticales
        internas a la proposición y que, de algún modo, debe marcarse explícitamente en el seno de
        la secuencia sintagmática que cae dentro de su alcance. Eso es incompatible con la
        independencia sintáctica (extraclausalidad), así como con una funcionalidad meramente
        discursiva o macrosintáctica.</p>
  <p>En definitiva, las características compartidas por todas las palabras aditivas del español son
        su invariabilidad morfológica, la transmisión de un contenido procedimental —que no excluye
        un contenido conceptual concurrente— por el cual la secuencia marcada aditivamente se
        procesa con relación a otra y, finalmente, su condición de marcadores argumentativos
        co-orientados que dirigen las inferencias emanadas de ambas secuencias discursivas hacia una
        misma conclusión. Estos factores definen el marco de actuación de las unidades aditivas en
        el proceso de construcción del texto.</p>
</sec>
<sec id="parámetros-cohesivos-y-negación-aditiva-en-español">
  <title>5. Parámetros cohesivos y negación aditiva en español</title>
  <sec id="introducción-1">
    <title>5.1. Introducción</title>
    <p>Como síntesis de lo expuesto hasta aquí, consideramos que en <italic>ni</italic> y en
            <italic>tampoco</italic> confluyen un contenido conceptual de negación y un contenido
          procedimental de adición. En principio, el primero incide solo sobre la secuencia en la
          que hace acto de presencia. La adición, en cambio, tiene un carácter relacional por el
          cual se vincula la secuencia en curso con otra precedente, condicionando la interpretación
          de ambas. Dentro de la cadena lineal, estas secuencias pueden situarse en posiciones
          próximas —dentro de un mismo Período— o distantes entre sí, más allá de los límites con
          los que habitualmente opera la gramática. Eso sin olvidar que, como reconoce la NGLE (RAE
          y ASALE 2009: 3685), la secuencia previa puede ser meramente inferida. Todo esto confirma
          que, al margen de su funcionalidad gramatical, estos exponentes negativos promueven
          ciertas regularidades discursivas que contribuyen a la cohesión del texto y, por tanto, a
          su eficacia comunicativa. Para determinar estos posibles efectos cohesivos, tomaremos como
          base de nuestro análisis los cuatro parámetros que hemos presentado en el tercer
          epígrafe.</p>
  </sec>
  <sec id="procedimiento-de-expresión">
    <title>5.2. Procedimiento de expresión</title>
    <p>El primer parámetro, relativo al procedimiento de expresión, remite en la GDF a la
          caracterización morfosintáctica de las unidades cohesivas. Aparece en primer lugar porque
          es el más fácilmente reconocible en términos meramente descriptivos. En este terreno,
          Halliday y Hasan (1976: 244-250) constatan para el inglés que la cohesión conjuntiva de
          adición se expresa normalmente por medio de palabras gramaticales invariables. También en
          español ocurre algo similar, por lo que no es de extrañar que <italic>ni</italic> y
            <italic>tampoco</italic> compartan esa misma condición. En lo que no coinciden es en su
          adscripción categorial en partes de la oración. La tradición gramatical hispánica, y con
          ella la NGLE, clasifica <italic>ni</italic> entre las conjunciones y
            <italic>tampoco</italic> entre los adverbios. Lo primero es aceptable para la GDF, pero
          no así lo segundo. En este modelo, únicamente se reconocen como adverbios aquellas
          palabras léxicas —no gramaticales— que actúan como modificadores de núcleos no nominales
          (Hengeveld 1997b: 121; 2023: 383). La palabra <italic>tampoco</italic> no es propiamente
          léxica y, por su condición de partícula focal, está en condiciones de incidir sobre un
          nombre. Por tanto, hay que descartar su condición de adverbio. Dentro de las clases de
          palabras reconocidas por la GDF (Hengeveld y Mackenzie 2008: 401), donde mejor encaja es
          entre las partículas gramaticales. En cualquier caso, esta distinta categorización formal
          no es sino el reflejo de una disparidad funcional de fondo, toda vez que, aunque ambas
          palabras actúan en calidad de marcadores argumentativos co-orientados, <italic>ni</italic>
          lo hace como <italic>conector</italic> y <italic>tampoco</italic> como
            <italic>operador</italic> (cf<italic>.</italic> Ducrot 1983: 9). Esto entronca con la
          naturaleza estratégica de la relación cohesiva. La trataremos a continuación, aunque con
          ello se altere el orden en que Hengeveld (1997a) enumera los parámetros.</p>
  </sec>
  <sec id="naturaleza-estratégica">
    <title>5.3. Naturaleza estratégica</title>
    <p>En cuanto a su naturaleza, se reconocen dos estrategias cohesivas básicas: combinación y
          encadenamiento. Dentro de la combinación, se distingue a su vez entre parataxis e
          hipotaxis. Es fácil colegir que <italic>ni</italic> interviene en combinaciones
          paratácticas. Su condición de conjunción copulativa coordinante —reconocida desde antiguo—
          la habilita para poner en relación dos secuencias equipolentes que, unidas, dan lugar a
          una unidad estructuralmente más compleja. La naturaleza cohesiva de
            <italic>tampoco</italic> se adscribe, sin embargo, a una estrategia de encadenamiento,
          donde la adición no se traduce en una conexión sintáctica expresa, sino en una afinidad
          que Montolío (2001: 137-144) identifica —a propósito de los conectores aditivos— con una
          continuidad temática. Esa continuidad viene dada por la <italic>recurrencia</italic> de la
          polaridad negativa. En otras palabras, por medio de <italic>tampoco</italic> el emisor
          admite estratégicamente ante el destinatario que está haciendo un uso reiterado —es decir,
          recurrente— de la negación. Por eso, su presencia en el discurso produce un efecto
          diferente al de la mera repetición del marcador negativo estándar (<italic>no</italic>),
          que no conlleva un reconocimiento expreso de tal recurrencia. Por otro lado, la asunción
          de la recurrencia es independiente de su motivación, la cual puede tener una base
          semántico-presuposicional —como sostienen Bosque (1980) y otros muchos— o
          pragmático-inferencial, en la línea de Schwenter (2003). Nuestra interpretación de la
          naturaleza cohesiva de <italic>tampoco</italic> es compatible con ambas hipótesis.</p>
    <p>En realidad, en el uso de <italic>ni</italic> también entra en juego la recurrencia. Aunque
          de lo expuesto por Hengeveld (1997a: 6-8) se desprende que los recursos de continuidad
          temática son propios de los encadenamientos, nada impide que intervengan asimismo en
          determinadas combinaciones. Precisamente en esto reside la diferencia estratégica entre
          una combinación articulada por medio de <italic>ni</italic> y otra producida por la
          conjunción copulativa afirmativa seguida por la marca de negación estándar: <italic>y
            no</italic>. Es cierto que ya Jiménez (1984) acreditó convincentemente la esencial
          equivalencia semántica entre ambas opciones, pues <italic>ni</italic> es fruto de la
          coalescencia del valor negativo de <italic>ni</italic> y del valor aditivo de
            <italic>y</italic>. Sin embargo, esto no significa que sean equivalentes en el plano
          discursivo, pues cambia la manera que tienen de cohesionar el texto en términos de
          recurrencia.</p>
    <p>Del hecho de que <italic>ni</italic> y <italic>tampoco</italic> difieran en su naturaleza
          cohesiva —combinación paratáctica y encadenamiento, respectivamente— se desprende como
          corolario que sean compatibles y puedan aparecer conjuntamente en la misma secuencia. Eso
          se ve facilitado por la alternancia negativa no estricta (<italic>non-strict negative
            concord</italic>) que caracteriza tipológicamente al español (cf<italic>.</italic> van
          der Auwera y Van Alsenoy 2016), gracias a la cual varias palabras negativas pueden
          coaparecer en una misma Cláusula. El hablante transmite así una sola negación semántica,
          pero refuerza la cohesión entre secuencias por medio del uso conjunto de la estrategia de
          combinación y la de encadenamiento. Obviamente, <italic>ni</italic> debe figurar en primer
          lugar, pues actúa como enlace con la secuencia previa, mientras que
            <italic>tampoco</italic> puede aparecer inmediatamente a continuación, como en (6), o
          situarse en una posición más retrasada, dependiendo del papel que desempeñe en la
          estructura informativa:</p>
    <list list-type="simple">
      <list-item>
        <label>(6)</label>
        <p>Las discusiones sobre el pasado se prestan a demasiadas trampas y sentimentalismos de
              garrafón: nadie puede heredar la condición de víctima, a nadie se le puede culpar de
              lo que hicieron sus ancestros ni tampoco parecen tener sentido las hueras proclamas de
              orgullo por la conducta de nuestros antepasados (Manuel López Muñoz, <italic>Entre
                columnas</italic>, 2022. Almería: EDUAL, 53).</p>
      </list-item>
    </list>
  </sec>
  <sec id="dimensión">
    <title>5.4. Dimensión</title>
    <p>Por su dimensión, ambos exponentes intervienen en el Nivel Representacional de la gramática.
          Es cierto que <italic>ni</italic> y <italic>tampoco</italic> pueden desempeñar a veces
          funciones pragmáticas en el Nivel Interpersonal, pero entonces ya no son operadores
          aditivos, sino casos de <italic>ni escalar</italic> y <italic>tampoco
          adversativo</italic>, que hemos ilustrado con (1) y (3), respectivamente. En cuanto a las
          expresiones correlativas con <italic>ni</italic>, hay ocasiones en que inciden sobre
          unidades del Nivel Representacional y otras en que lo hacen sobre unidades del Nivel
          Interpersonal; esto último tiene lugar cuando influyen sobre subactos de adscripción —como
          en (2)— o sobre subactos de referencia, como en (7), que transcribe un ejemplo real que
          emitió el primer autor como réplica a alguien que especulaba sobre el nombre de su
          padre:</p>
    <list list-type="simple">
      <list-item>
        <label>(7)</label>
        <p>Ni Antonio ni Natalio; se llama Anatolio.</p>
      </list-item>
    </list>
    <p>De momento, vamos a excluir de nuestro análisis estos valores y nos centraremos en los usos
          aditivos propiamente dichos, de los cuales cabe preguntarse si promueven una cohesión
          interna, externa, o ambas. Aquí vuelve a apreciarse una diferencia tangible entre ambos
          exponentes. La forma <italic>ni</italic> responde esencialmente a una cohesión interna,
          puesto que las dos secuencias combinadas han de estar presentes y mostrar contigüidad en
          el discurso. Por tanto, la relación cohesiva resultante se mueve dentro de los márgenes
          del análisis gramatical tal como los plantea la GDF. Hasta donde hemos comprobado, los
          eventuales contraejemplos que podrían aducirse son meramente aparentes. Es lo que ocurre
          con (8):</p>
    <list list-type="simple">
      <list-item>
        <label>(8)</label>
        <p>Algunos no se han percatado de que esto no es una comedia
        sino una tragedia. Acaso ni ven que, igual que el otro, “reinan
        entre nulidades” (Manuel López Muñoz, <italic>Entre
        columnas</italic>, 2022. Almería: EDUAL, 212).</p>
      </list-item>
    </list>
    <p>Formalmente, nos encontramos ante dos segmentos separados ortográficamente por un punto y
          seguido. Contrariamente a lo esperable, <italic>ni</italic> aparece en la segunda posición
          de su secuencia, tras una marca de modalidad epistémica subjetiva
          (<italic>acaso</italic>). A primera vista, se ha roto la contigüidad y la interdependencia
          propias de las secuencias coordinadas sintácticamente, lo que induciría a pensar que
            <italic>ni</italic> debe ser interpretado aquí como un enlace extraoracional más que
          como una conjunción. Sin embargo, se trata de una impresión engañosa. Lo cierto es que nos
          encontramos ante una sola Intervención que se compone de dos Actos Discursivos, uno de
          ellos nuclear y el otro postnuclear (cf. Portolés 1996). Para la GDF, tanto la
          Intervención como el Acto de Discurso son unidades que se procesan en el Nivel
          Interpersonal y, por tanto, se mantienen dentro de los límites de la gramática. También es
          un hecho de formulación gramatical —concretamente, dentro del Nivel Representacional— el
          que el modificador epistémico y el operador de polaridad negativa intervengan en distintos
          estratos sintagmáticos, lo que repercute en su posición relativa dentro del orden de
          palabras. Esto último será atendido con más detalle en el epígrafe 5.5.</p>
    <p>La dualidad de Actos de Discurso apreciada en (8) se corresponde en el Nivel Morfosintáctico
          con dos Cláusulas complejas —cada una de ellas descomponible en cláusulas simples
          relacionadas por subordinación— y, en el Nivel Fonológico, con dos Enunciados dotados de
          patrones entonativos propios. De ahí su separación mediante un punto y seguido, que
          intenta remedar en la escritura la pausa fónica que tiene lugar en la oralidad. Ahora
          bien, la confluencia de ambos Actos de Discurso en una Intervención también tiene su
          contrapartida en el hecho de que hay una conjunción que coordina las dos cláusulas
          complejas y las integra en un Período morfosintácticamente unitario, por más que dicha
          unicidad se vea oscurecida superficialmente por un signo de puntuación cuya presencia
          —insistimos— viene motivada por factores fonológicos ajenos a la sintaxis.</p>
    <p>El problema que nos ocupa aquí cuenta con precedentes desde los orígenes de los estudios
          textuales. Ballmer (1975), por ejemplo, propugnó una gramática de la puntuación sobre la
          base de que los signos de puntuación tienen el rango de morfemas gramaticales dotados de
          funcionalidad sintáctica y semántica a la hora de fijar la frontera entre oración y texto.
          Asimismo, Halliday y Hasan (1976: 235-237) intentaron mantener la distinción entre el uso
          gramatical —como conjunciones— y el uso textual —como enlaces extraoracionales— de las
          marcas de parataxis del inglés sobre la base de la eventual existencia de pausas
          prosódicas u ortográficas. Sin embargo, tales empeños resultaron a la postre muy poco
          fructíferos y, como oportunamente advirtió Longacre (2007: 376), la decisión acerca de si
          estamos ante dos oraciones coordinadas o dos oraciones independientes es a veces muy
          intrincada, cuando no puramente arbitraria. Además, la escritura alfabética —en aquellas
          comunidades lingüísticas que la tienen— es simplemente un modo que opera en el componente
          de salida (<italic>output</italic>) y se rige a menudo por seculares inercias
          escriturarias que poco tienen que ver con la estructura gramatical. En definitiva, los
          signos de puntuación distan de constituir un criterio fiable a la hora de fijar los
          límites entre sintaxis y discurso.</p>
    <p>Pasando ahora a <italic>tampoco</italic>, apreciamos que sus efectos cohesivos sí son
          compatibles con ambas dimensiones: la interna y la externa. La cohesión interna,
          representada por (9), no ofrece especiales dificultades, pues responde a la situación
          canónica recogida habitualmente por las gramáticas descriptivas; la secuencia en la que
          aparece este exponente negativo viene inmediatamente precedida por una secuencia dotada
          también de polaridad negativa:</p>
    <list list-type="simple">
      <list-item>
        <label>(9)</label>
        <p>No las llevo mal. Tampoco estupendamente, pero es que me lo
        tomo como una parte más de mi trabajo (G. Lendoiro, “Las parejas
        están llenas de contradicciones lógicas”, <italic>Diario de
        León</italic>, 25/02/2004, CORPES XXI).</p>
      </list-item>
    </list>
    <p>Más interés despiertan las situaciones en las que se aprecia una
    cohesión externa, alejada del prototipo. Lo ilustraremos por medio
    de los siguientes ejemplos (en 12, OSU es la sigla que identifica a
    <italic>The Ohio State University</italic>):</p>
    <list list-type="simple">
      <list-item>
        <label>(10)</label>
        <p>En la República Argentina a mediados de la década del 70,
        particularmente durante el año 1975, teniendo un gobierno
        constitucional, las organizaciones subversivo terroristas
        contaban con más de 5000 combatientes armados y aproximadamente
        25000 militantes. Esto tampoco lo incluyeron en el citado
        informe (F. E. Gassino y E. B. Bonifacio, <italic>Los 70:
        violencia en la Argentina</italic>, Buenos Aires, Círculo
        Militar, 2001. CORPES XXI).</p>
      </list-item>
      <list-item>
        <label>(11)</label>
        <p>La Laguna, la ciudad canaria que sirvió como modelo para las urbes de América, tampoco
              escapa a la gentrificación (T. Ferrera, “La Laguna, la ciudad canaria que sirvió como
              modelo para las urbes de América, tampoco escapa a la gentrificación”,
                <italic>elDiario.es</italic>, 11/02/2022).</p>
      </list-item>
      <list-item>
        <label>(12)</label>
        <p>La biblioteca de OSU está llena de sillas viejas y rotas y
        tampoco tiene un ambiente para estudiar (ejemplo de Schwenter y
        Zulaica-Hernández 2003: 69).</p>
      </list-item>
    </list>
    <p>En (10), el encadenamiento propiciado por <italic>tampoco</italic> carece del apoyo de una
          negación contigua —que falta tanto en el fragmento seleccionado como en los párrafos que
          anteceden—, pues se ampara en un pasaje muy anterior, activado aquí mediante la remisión a
          un “citado informe”. Se apela, pues, a la información contextual disponible para quienes
          han leído el libro desde el principio. El ejemplo (11) difiere en el hecho de que no hay
          tal contexto discursivo previo, ya que se trata del titular que da inicio a un reportaje
          periodístico. Sin embargo, el autor opta por usar <italic>tampoco</italic> en lugar del
          marcador negativo estándar (<italic>no</italic>), asumiendo así —con razón o sin ella— que
          los destinatarios y él disponen de conocimientos comunes acerca de la propagación del
          fenómeno sociológico conocido como <italic>gentrificación</italic>. Por medio de
            <italic>tampoco</italic> activa ese conocimiento supuestamente compartido, al que añade
          ahora, por medio del titular, nueva información. Por último, en (12) vuelve a faltar un
          antecedente negativo al que anclar el valor aditivo de <italic>tampoco</italic>, lo que no
          impide que el uso de esta partícula resulte plenamente aceptable. Ahora bien, estamos ante
          una estrategia verbal distinta a las observadas en (10) y (11). Aparte de cuestiones muy
          generales de conocimiento del mundo, el hablante no apela en (12) a una información
          contextual recuperable de la memoria a largo plazo. Lo que persigue más bien es conectar
          con las inferencias que se desprenden del contenido conceptual asociado al contexto
          inmediato (“sillas viejas y rotas”). Tales inferencias convergen argumentativamente con la
          idea de que la biblioteca aludida no es un lugar apropiado para los estudiantes. Es la
          afinidad argumentativa entre la información inferencial y la de la secuencia añadida lo
          que justifica el uso de <italic>tampoco</italic>.</p>
    <p>En definitiva, la dimensión cohesiva de los usos aditivos de <italic>ni</italic> es
          relativamente homogénea y puede adscribirse a una cohesión interna, que, hasta donde hemos
          podido comprobar, se desenvuelve en la esfera semántica propia del Nivel Representacional.
          En cambio, <italic>tampoco</italic> ofrece un escenario más poliédrico. La situación
          prototípica, en la que la secuencia marcada con <italic>tampoco</italic> sigue a otra
          secuencia negativa, responde a una cohesión interna, situada en el Nivel Representacional.
          Lo que ocurre es que hay otros casos en los que <italic>tampoco</italic> sigue mostrando
          un valor aditivo, pero carece de un antecedente negativo expreso en el contexto inmediato.
          Tales situaciones muestran una cohesión externa, de la que hemos encontrado dos variantes
          de tipo contextual y una tercera de tipo conceptual: a) el anclaje negativo de
            <italic>tampoco</italic> se sitúa en una Intervención situada muy atrás en el texto, por
          lo que ya ha pasado a formar parte de la memoria a largo plazo; b) el antecedente negativo
          debe ser buscado en el trasfondo cultural —asimismo, de naturaleza contextual— compartido
          por los participantes en el Acto Discursivo; c) el antecedente negativo, aunque aparece en
          el contexto inmediato, no está formulado expresamente por medios lingüísticos, sino que
          emerge inferencialmente gracias al contenido conceptual asociado a la secuencia
          previa.</p>
    <p>Dicho sea de paso, habría resultado ineficaz recurrir al párrafo
    —o a cualquier otra unidad formal superior al Período— en aras de
    mantener estos casos de cohesión externa dentro de la esfera
    gramatical. Eso no habría ofrecido ventaja analítica alguna, toda
    vez que, en los ejemplos seleccionados, <italic>tampoco</italic>
    carece de antecedente expreso dentro de su mismo párrafo.</p>
    <p>Como constató Alturo (2010), la dimensión —en sus vertientes gramatical, contextual y
          conceptual— es pertinente para el análisis de la coherencia, pues afecta a la validez
          lógico-comunicativa del discurso. Nosotros hemos querido mostrar aquí que también debe ser
          reconocida como un parámetro de análisis en el terreno de la cohesión, en la medida en que
          tiene consecuencias sobre la selección de las unidades superficiales del texto. Así, hemos
          podido comprobar cómo los exponentes de la negación aditiva en español se emplean a menudo
          para hacer patentes las conexiones —de combinación o de encadenamiento— verificadas en el
          seno de una Intervención discursiva. Promueven con ello una cohesión interna que refuerza
          la estabilidad estructural de las secuencias constitutivas del texto. En otros momentos,
          sin embargo, el encadenamiento expresado por <italic>tampoco</italic> enlaza con ciertos
          contenidos contextuales o conceptuales ajenos a la formulación gramatical. Nos encontramos
          entonces ante una cohesión externa cuya función estructural inmediata resulta menos
          visible, pero que, a cambio, dota a la interacción verbal de una mayor intertextualidad,
          por así decir. Esta cohesión externa hace posible reconocer afinidades temáticas que
          trascienden la inmediatez de la Intervención<italic>.</italic></p>
  </sec>
  <sec id="alcance">
    <title>5.5. Alcance</title>
    <p>Por último, entraremos a considerar el alcance de las marcas cohesivas. En el marco teórico
          de la GDF, están sujetos a alcance los elementos opcionales, no nucleares, de las unidades
          de procesamiento. Es decir, las que pueden descomponerse en unidades más pequeñas, hasta
          llegar a los primitivos de la gramática, que —como indicamos en el segundo epígrafe— no
          son objeto de computación, sino de memorización. Dichos elementos opcionales se clasifican
          en <italic>modificadores</italic> —que se articulan en torno a un lexema—,
            <italic>operadores</italic> —que carecen de contenido léxico, pero están dotados de
          contenido gramatical— y <italic>conectores</italic>, que combinan dos o más unidades de
          procesamiento. En virtud de su grado de complejidad estructural, toda unidad de
          procesamiento se adscribe a uno de los estratos sintagmáticos en los que se organiza
          jerárquicamente la formulación gramatical, y es eso lo que determina su alcance. Los
          modificadores y operadores de alcance más amplio son los que inciden sobre unidades más
          complejas y, en líneas generales, tienden a situarse en una posición más alejada del
          núcleo predicativo. No obstante, esa propensión queda condicionada a los rasgos
          tipológicos de cada lengua particular.</p>
    <p>Ya hemos indicado que las palabras <italic>ni</italic> y <italic>tampoco</italic> sintetizan
          en el Nivel Morfosintáctico dos contenidos que, en el Nivel Representacional, se presentan
          por separado, pues uno pertenece al dominio de la adición y otro al de la negación. La
          negación siempre se manifiesta en español en calidad de operador. En cambio, la adición
          puede ser un conector o un operador, dependiendo de si se trata, respectivamente, de una
          combinación o un encadenamiento. Por eso asumimos que <italic>ni</italic> es una
          conjunción que codifica simultáneamente un conector aditivo y un operador negativo,
          mientras que <italic>tampoco</italic> es una partícula gramatical que codifica dos
          operadores, uno aditivo y otro negativo.</p>
    <p>La hipótesis que defenderemos aquí es que, a diferencia de lo que ocurre en otros parámetros
          cohesivos, el alcance de <italic>ni</italic> y <italic>tampoco</italic> depende de su
          contenido negativo más que del aditivo. La adición es un dominio intrínsecamente
          relacional que liga dos secuencias, independientemente de su complejidad estructural. Por
          tanto, los operadores y los conectores aditivos disponen de capacidad potencial para
          intervenir, sin discriminación, en cualquier estrato sintagmático de la gramática. En
          cambio, la negación se manifiesta de manera más acotada. Hengeveld y Mackenzie (2018)
          demuestran que la polaridad negativa interviene en todos los estratos, pero también que,
          en cada uno de ellos, lo hace de una manera diferenciada, con contenidos negativos de muy
          distinta condición. Las negaciones que operan en el Nivel Interpersonal modifican el
          evento comunicativo en forma de prohibiciones, rechazos, etc. Es fácil comprobar que eso
          es ajeno a los exponentes de adición negativa y, de hecho, ya advertimos en el epígrafe
          5.4 que su dimensión cohesiva se sitúa en el Nivel Representacional. Dentro de este nivel,
          también podemos descartar los estratos sintagmáticos más simples, donde la polaridad
          negativa adopta formatos como la antonimia o la cuantificación cero. Por tanto, los más
          firmes candidatos a figurar como alcances propios de <italic>ni</italic> y
            <italic>tampoco</italic> son los estratos representacionales complejos, que en orden
          descendente son el Contenido Proposicional, el Episodio y el Estado de Cosas. En la
          taxonomía de Lyons (1977: 442-447), los Contenidos Proposicionales son entidades de tercer
          orden, que se ubican en la mente, mientras que los Episodios y los Estados de Cosas son
          entidades de segundo orden, ubicadas en el tiempo. Por tanto, estos estratos responden a
          una fundamentación ontológica.</p>
    <p>Aunque los datos procedentes de corpus se muestran conformes con nuestra hipótesis, en esta
          ocasión hemos preferido manejar ejemplos procedentes de la introspección. Eso nos permite
          incorporar ciertos operadores o modificadores característicos de los estratos
          considerados, así como algunas pruebas adicionales.</p>
    <p>Empezaremos por la negación cuyo alcance se sitúa en el Contenido Proposicional, que
          Hengeveld y Mackenzie (2018: 35) llaman <italic>desacuerdo</italic>. Tiene lugar cuando el
          hablante refuta un conocimiento que, presumiblemente, su interlocutor tiene por verdadero.
          La prueba de que nos movemos en este estrato concreto es que las marcas de modalidad
          epistémica (como el modificador <italic>posiblemente</italic>) caen dentro del alcance de
          la negación:</p>
    
    <list list-type="order">
      <list-item>
        <label>(13)</label>
        <list list-type="alpha-lower">
          <list-item>
            <label>a)</label>
            <p>No es verdad que tu primo comprara el libro ni que
              posiblemente lo perdiera en el parque.</p>
          </list-item>
          <list-item>
            <label>b)</label>
            <p>No es verdad que tu primo comprara el libro. Tampoco que
              posiblemente lo perdiera en el parque.</p>
          </list-item>
        </list>
      </list-item>
    </list>
    
    <p>Repárese en que, en estos ejemplos, lo que niegan los exponentes
    aditivos no es solo “lo perdiera en el parque”, sino “posiblemente
    lo perdiera en el parque”. El desacuerdo se produce, pues, en el
    terreno de la verdad de la proposición, no en el de la realidad del
    hecho relatado.</p>
    <p>El Episodio engloba uno o más Estados de Cosas que muestran
    unidad o continuidad en términos de tiempo, ubicación o
    participantes. A efectos prácticos, dos predicaciones pertenecen a
    Episodios distintos si no se localizan en un mismo período de tiempo
    absoluto. Ya pudimos observar eso en el ejemplo (8), que
    reproducimos ahora por conveniencia como (14):</p>
    
    <list list-type="simple">
      <list-item>
        <label>(14)</label>
        <p>Algunos no se han percatado de que esto no es una comedia
        sino una tragedia. Acaso ni ven que, igual que el otro, “reinan
        entre nulidades” (Manuel López Muñoz, <italic>Entre
        columnas</italic>, 2022. Almería: EDUAL, 212).</p>
      </list-item>
    </list>
    
    <p>Como vemos, el antecedente de la negación aditiva dispone de un núcleo verbal en pretérito
          (“no se han percatado”), mientras que el verbo de la secuencia marcada aditivamente
          aparece en presente (“ni ven”). Eso indica que constituyen dos Episodios distintos. Que el
          alcance de <italic>ni</italic> se sitúa en el Episodio y no en el Contenido Proposicional
          lo demuestra también el que, en este caso, el marcador epistémico (<italic>acaso</italic>)
          se ve libre de los efectos de la negación; es la negación la que cae dentro del alcance de
          la posibilidad epistémica expresada por <italic>acaso</italic>. El autor emplea un orden
          de palabras inusual —la conjunción <italic>ni</italic> no encabeza su secuencia— que
          refleja con más transparencia el auténtico alcance del modificador modal y del operador
          negativo, aunque ello se haga a costa de introducir una discordancia entre la función
          conectiva de la conjunción y su posición relativa en la secuencia.</p>
    <p>Otros ejemplos con alcance en el Episodio son los que consignamos
    en (15), donde la negación aditiva incide no solo sobre el
    predicado, sino también sobre el sintagma que expresa tiempo
    absoluto (<italic>en febrero</italic>):</p>
    
    <list list-type="simple">
      <list-item>
        <label>(15)</label>
    <list list-type="alpha-lower">
      <list-item>
        <label>a)</label>
        <p>Los almendros no han florecido en enero ni probablemente lo
        harán en febrero.</p>
      </list-item>
      <list-item>
        <label>b)</label>
        <p>Los almendros no han florecido en enero y probablemente
        tampoco lo harán en febrero.</p>
      </list-item>
    </list>
      </list-item>
    </list>
    
    <p>En (15a) es <italic>ni</italic> quien antecede, en el orden lineal, al modificador epistémico
            <italic>probablemente</italic>. Como ya hemos apuntado, es lo habitual en la medida en
          que <italic>ni</italic> es una conjunción que actúa como conector de las dos secuencias
          combinadas. Pese a ello, en términos de alcance, es el contenido epistémico el que tiene
          bajo su alcance al operador de negación integrado en <italic>ni</italic>. Dicho de una
          manera informal, se considera probable que algo no ocurra, no se niega la probabilidad de
          que algo ocurra. En (15b), el orden relativo del modificador epistémico y de la partícula
          negativa reproduce icónicamente sus alcances respectivos.</p>
    <p>Finalmente, el alcance se circunscribe al Estado de Cosas cuando la negación carece de
          capacidad para negar el tiempo absoluto, aunque sí puede incidir sobre el tiempo relativo.
          Eso se observa cuando la secuencia marcada aditivamente y la que actúa como antecedente
          configuran un único Episodio:</p>
    
    <list list-type="simple">
      <list-item>
        <label>(16)</label>
    <list list-type="alpha-lower">
      <list-item>
        <label>a)</label>
        <p>Ayer, tu madre no tomó café en el desayuno ni después de
        comer.</p>
      </list-item>
      <list-item>
        <label>b)</label>
        <p>Ayer, tu madre no tomó café en el desayuno y después de comer
        tampoco.</p>
      </list-item>
    </list>
      </list-item>
    </list>
    
    <p>En estos ejemplos se designa un único Episodio, conformado por dos Estados de Cosas cuyos
          constituyentes comunes se omiten —por consabidos— en el segundo de ellos. Difieren en su
          tiempo relativo, pues sabemos, por conocimiento del mundo, que el momento del desayuno es
          anterior al momento de después de comer. Gracias a <italic>ni</italic> en (16a) y a
            <italic>tampoco</italic> en (16b), el hablante descarta que se produjera realmente el
          evento denotado en segundo lugar: “(tomar café tu madre) después de comer”. El primer
          Estado de Cosas también es negado, pero por medio de su propio marcador
            (<italic>no</italic>), lo cual pone de manifiesto su condición de antecedente. Por
          último, el tiempo absoluto (<italic>ayer</italic>) actúa como marco de referencia del
          Episodio en su conjunto y no es cuestionado en ningún caso. Prueba de ello es que, como
          réplica a (16a-b), sería admisible (17a), pero no así (17b), comunicativamente
          inapropiada. En cambio, sí sería válida una réplica como (17c), que negaría la ubicación
          temporal absoluta inicialmente postulada:</p>
    
    <list list-type="simple">
      <list-item>
        <label>(17)</label>
    <list list-type="alpha-lower">
      <list-item>
        <label>a)</label>
        <p>Te equivocas. Sí tomó café después de comer.</p>
      </list-item>
      <list-item>
        <label>b)</label>
        <p>#Te equivocas. Lo que cuentas sí ocurrió ayer.</p>
      </list-item>
      <list-item>
        <label>c)</label>
        <p>Te equivocas. Lo que cuentas no ocurrió ayer.</p>
      </list-item>
    </list>
      </list-item>
    </list>
    
  </sec>
</sec>
<sec id="conclusiones">
  <title>6. Conclusiones</title>
  <p>A lo largo de estas páginas hemos mostrado cómo, pese a la casi ausencia de precedentes, el
        instrumental teórico y metodológico de la GDF resulta apropiado para el estudio de la
        cohesión textual. Hemos ajustado nuestro análisis a los efectos cohesivos de la negación
        aditiva del español, cuyos exponentes prototípicos son <italic>ni</italic> y
          <italic>tampoco</italic>, pero fácilmente podrían afrontarse desde este mismo enfoque
        otras muchas cuestiones análogas. Nos han servido de guía los cuatro parámetros contemplados
        por Hengeveld (1997a), parcialmente adaptados y modificados a la luz de aportaciones
        posteriores, como la de Alturo (2010).</p>
  <p>Asumimos, con Halliday y Hasan (1976), que la adición es una relación cohesiva de tipo
        conjuntivo. En el caso que nos ocupa, dicha relación se basa en la recurrencia de un mismo
        contenido negativo, que compartirían la secuencia discursiva dotada del exponente aditivo y
        la secuencia que actúa como antecedente. En <italic>ni</italic> y <italic>tampoco</italic>
        confluyen —hasta el punto de ser expresados simultáneamente— un significado procedimental
        —adición— y un significado conceptual —negación— dotados de entidad semántica independiente.
        Por eso, el uso de cualquiera de estas dos palabras entraña la asunción, por parte del
        hablante, de la recurrencia de la polaridad negativa, lo cual no sucede —al menos,
        explícitamente— cuando ambos contenidos se codifican por separado. Ahí estriba la no
        coincidencia de los efectos cohesivos de <italic>ni</italic> y de su correlato <italic>y
          no</italic>.</p>
  <p>Para la GDF no supone ningún problema categorizar la palabra <italic>ni</italic> como
        conjunción coordinante, tal como hace desde antiguo la tradición gramatical. En cambio, no
        es asumible adscribir <italic>tampoco</italic> a la categoría de adverbio; su tipificación
        como partícula gramatical resulta más acorde con los principios teóricos del modelo. Sea
        como fuere, lo relevante es la funcionalidad asociada a cada categoría. Subyace aquí una
        diferente naturaleza estratégica de la relación cohesiva, que sería de combinación
        paratáctica para la conjunción y de encadenamiento para la partícula.</p>
  <p>La dimensión también se ha revelado como un parámetro importante para entender tanto las
        similitudes como las desemejanzas de <italic>ni</italic> y de <italic>tampoco</italic> en lo
        que a cohesión se refiere. Ambas formas transmiten una cohesión interna, propiamente
        gramatical, que en el marco de la GDF se situaría dentro del Nivel Representacional. Lo que
        ocurre es que <italic>tampoco</italic> —no así <italic>ni</italic>, hasta donde hemos podido
        comprobar— cuenta también con usos no canónicos que se inscriben en una cohesión externa,
        bien de carácter contextual, bien de carácter conceptual. La cohesión externa trasciende el
        espacio propio de la gramática y se proyecta hacia otros ámbitos de la interacción
        comunicativa. Eso es algo que la GDF resuelve a través de mecanismos de interfaz entre el
        componente gramatical y otros componentes de la actividad verbal que, en el caso que nos
        ocupa, serían el componente contextual y el componente conceptual.</p>
  <p>Por último, hemos identificado, dentro del Nivel Representacional, tres posibles alcances, los
        cuales vienen definidos sobre todo por el estrato sintagmático en el que interviene el
        operador negativo integrado dentro de los exponentes de la negación aditiva. Así, y en orden
        de mayor a menor complejidad estructural, la cohesión puede tener alcance sobre el Contenido
        Proposicional, sobre el Episodio o sobre el Estado de Cosas. Las relaciones jerárquicas que
        se establecen entre el operador de polaridad negativa y otros contenidos no nucleares de la
        predicación —modalidad epistémica, tiempo absoluto, tiempo relativo, etc.— varían
        sensiblemente de un alcance a otro.</p>
  <p>Hengeveld (1997a: 14) reparó hace más de un cuarto de siglo en que los fenómenos de cohesión
        pivotan sobre dos ejes: un eje relacional y un eje jerárquico. Los efectos cohesivos de los
        exponentes de la negación aditiva en español se ajustan con bastante exactitud a dicha
        observación. Si acaso, puntualizaremos que el eje relacional es susceptible de interconectar
        la gramática con los componentes contextual y conceptual de la interacción comunicativa. El
        eje jerárquico, al menos en la parcela de la que nos hemos ocupado, se mantiene dentro de
        los márgenes del componente gramatical, pues el recurso a unidades macrosintácticas, como el
        párrafo, no parece ni necesario ni suficiente. Quizá tampoco estaba prevista en la propuesta
        programática de Hengeveld (1997a) una polarización por ejes de los dominios semánticos
        implicados en la cohesión. Ahora bien, nuestro análisis de los efectos cohesivos de
          <italic>ni</italic> y <italic>tampoco</italic> ha desvelado que el contenido aditivo es
        prioritario a la hora de identificar la naturaleza estratégica y la dimensión, que son
        parámetros esencialmente relacionales. Por su parte, el alcance —parámetro que la GDF
        concibe en términos jerárquicos— muestra un claro protagonismo de la negación. Sería
        prematuro concluir que los significados procedimentales cohesionan en el eje relacional
        mientras que los significados conceptuales lo hacen en el eje jerárquico, pero no nos
        resistimos a apuntar esa idea, al menos como conjetura. Para su eventual verificación haría
        falta un amplio volumen de investigaciones discursivo-funcionales sobre distintos fenómenos
        cohesivos y en diferentes lenguas, lo cual es algo de lo que todavía estamos muy lejos.</p>

</sec>
</body>

<back>
  <app-group>
      <title>Contribución de autoría CREdiT</title>
      <p>Los dos autores, que colaboran desde hace tiempo, han contribuido de manera equitativa y
        solidaria en el diseño e implementación de la investigación, así como en el análisis de
        los resultados. Ambos se ocuparon también de las distintas fases de redacción y revisión
        del texto. En aras de mantener dicha paridad, alternan el orden de autoría de una
        publicación a otra. En esta ocasión, le corresponde a Ventura Salazar García aparecer como
        primer autor y a Abigail Carretero como segunda autora. En otras ocasiones ha sido a la
        inversa, sin que ello presuponga modificaciones significativas en el procedimiento de
        desarrollo y gestión de la labor investigadora.</p>
  </app-group>
  
  <app-group>
    <title>Agradecimientos</title>
    <p>El presente trabajo se inscribe dentro del proyecto
      CIAICO/2023/250, financiado por la <italic>Direcció General de
        Ciència i Investigació de la Conselleria d’Educació, Cultura,
        Universitats i Ocupació de la Generalitat Valenciana</italic>, y del
      proyecto UJA-1380988, financiado por la Universidad de Jaén (España)
      en el marco del Programa Operativo FEDER Andalucía 2014-2020. Al
      amparo de este último proyecto, el primer firmante disfrutó de una
      estancia breve de investigación, entre los meses de octubre y
      noviembre de 2022, en el</p>
    <p><italic>Amsterdam Center for Language and Communication</italic>
      (ACLC) de la Universidad de Ámsterdam. Vaya nuestro agradecimiento
      al personal adscrito al ACLC, a su director, Enoch Oladé Aboh, y,
      muy especialmente, a Kees Hengeveld, por su impagable magisterio y
      continuo apoyo.</p>
  </app-group>
  
  <ref-list>
    
    <ref id="ref1">
      <element-citation publication-type="journal">
        <person-group person-group-type="author">
          <name>
            <surname>Alturo</surname>
            <given-names>Núria</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <year iso-8601-date="2010">2010</year>
        <article-title>Coherencia discursiva: dimensiones contextual, conceptual y gramatical</article-title>
        <source>Círculo de Lingüística Aplicada a la Comunicación</source>
        <volume>41</volume>
        <fpage>3</fpage>
        <lpage>30</lpage>
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      <element-citation publication-type="journal">
        <person-group person-group-type="author">
          <name>
            <surname>Alturo</surname>
            <given-names>Núria</given-names>
          </name>
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            <surname>Hengeveld</surname>
            <given-names>Kees</given-names>
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        <year iso-8601-date="2010">2010</year>
        <article-title>La motivació pragmática de la cohesió en la conversa</article-title>
        <source>Caplletra</source>
        <volume>49</volume>
        <fpage>9</fpage>
        <lpage>26</lpage>
      </element-citation>
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      <element-citation publication-type="book">
        <person-group person-group-type="author">
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            <surname>Ballmer</surname>
            <given-names>Thomas T.</given-names>
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        <year iso-8601-date="1975">1975</year>
        <source>Sprachekonstruktionssysteme</source>
        <publisher-name>Scriptor</publisher-name>
        <publisher-loc>Kronberg im Taunus</publisher-loc>
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