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<!DOCTYPE article PUBLIC "-//NLM//DTD JATS (Z39.96) Journal Publishing DTD v1.3 20210610//EN" "http://jats.nlm.nih.gov/publishing/1.3/JATS-journalpublishing1-3.dtd">
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      <journal-id journal-id-type="publisher-id">CLAC</journal-id>
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        <journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Círculo de Lingüística Aplicada a la Comunicación</journal-title>
      </journal-title-group>
      <issn publication-format="electronic">1576-4737</issn>
      <issn-l>1576-4737</issn-l>
      <publisher>
        <publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
        <publisher-loc>España</publisher-loc>
      </publisher>
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      <article-id pub-id-type="doi">10.5209/clac.100072</article-id>
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          <subject>Monográfico</subject>
        </subj-group>
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        <article-title>La mujer como objeto del discurso publicitario en prensa malagueña del s. XIX</article-title>
        <trans-title-group xml:lang="en">
          <trans-title>Woman as an object of advertising discourse in 19th-century Malaga press</trans-title>
        </trans-title-group>
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      <contrib-group>
        <contrib contrib-type="author" corresp="yes">
          <contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0002-2929-647X</contrib-id>
          <name>
            <surname>Robles Ávila</surname>
            <given-names>Sara</given-names>
          </name>
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          <xref ref-type="corresp" rid="cor1"/>
        </contrib>
        <aff id="aff-a"><institution content-type="original">Universidad de Málaga (España)</institution></aff>
      </contrib-group>
      <author-notes>
        <corresp id="cor1">Sara Robles Ávila<email>sara.robles@uma.es</email></corresp>
      </author-notes>
      <pub-date pub-type="epub" publication-format="electronic" iso-8601-date="2025-02-14">
        <day>14</day>
        <month>02</month>
        <year>2025</year>
      </pub-date>
      <volume>101</volume>
      <issue>1</issue>
      <fpage>79</fpage>
      <lpage>94</lpage>
      <page-range>79-94</page-range>
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        <copyright-statement>Copyright © 2025, Universidad Complutense de
          Madrid</copyright-statement>
        <copyright-year>2025</copyright-year>
        <copyright-holder>Universidad Complutense de Madrid</copyright-holder>
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          <license-p>Esta obra está bajo una licencia <ext-link ext-link-type="uri"
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      <abstract>
        <p>En este artículo se analiza la publicidad impresa en periódicos malagueños del s. XIX donde la mujer ofrece sus servicios para el cuidado doméstico, especialmente como sirvienta y nodriza; además de otras profesiones como cocinera, peinadora, modista y matrona o partera. A partir del estudio de un corpus de mensajes comerciales, ya sean de naturaleza puramente informativa —avisos—, ya de finalidad pragmática persuasiva —semianuncios y anuncios—, obtenemos detalles de la imagen cambiante de la oferta y la demanda de servicios por parte de la sociedad malagueña a lo largo del siglo, con nuevas propuestas para nuevas necesidades; además de datos sobre la evolución y progresiva expansión del papel de la mujer trabajadora en el ochocientos. Los textos comerciales nos permiten adentrarnos en un género discursivo en desarrollo con una arquitectura textual y una expresión verbal particulares y caracterizadoras.</p>
      </abstract>
      <trans-abstract xml:lang="en">
        <p>This article analyzes printed advertising in Malaga´s newspapers in the 19th century; those where women offer their services for domestic care, especially as a servant and wet nurse; in addition to other professions such as cooker, hairdresser, dressmaker and matron or midwife. From the study of a corpus of commercial messages, whether a purely informative nature (notices), or a pragmatic persuasive purpose (semi-advertisement and advertisements), we obtain details of the changing image of the supply and demand of services by the Malaga society throughout the century, with new proposals for new needs; in addition to information about the evolution and progressive development of working women in the 1800s. Commercial texts let us deepen into a developing discursive genre with a particular and characterizing textual architecture and verbal expression.</p>
      </trans-abstract>
      <kwd-group>
        <kwd>mujer</kwd>
        <kwd>publicidad</kwd>
        <kwd>prensa</kwd>
        <kwd>siglo XIX</kwd>
      </kwd-group>
      <kwd-group xml:lang="en">
        <kwd>woman</kwd>
        <kwd>advertising language</kwd>
        <kwd>historical press</kwd>
        <kwd>19th century</kwd>
      </kwd-group>
    </article-meta>
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    <sec id="introducción">
      <title>1. Introducción</title>
      <p>En el tumultuoso y cambiante panorama político del s. XIX, una Málaga cosmopolita vio cómo
        se desarrollaba la industria textil y siderurgia —así como otras más pequeñas, auxiliares:
        de jabón, de salazones, de curtidos, de cerveza, etc.—; la actividad comercial; el
        nacimiento del Banco de Málaga; y una intensa vida social. Una ciudad que hacia 1850 era la
        segunda provincia industrial de España, después de Barcelona; con sus calles electrificadas,
        con tranvía, captadora de turistas deseosos de vivir en ella y con la expansión de una
        burguesía consumista vinculada a la industria y al mercadeo, deseosa de demostrar su poder
        económico y su relevancia social. Este siglo es el de las grandes familias burguesas
        malagueñas, como los Larios, los Heredia, los Loring, el Marqués de Salamanca, etc.; algunas
        de las cuales gozaron de grandes influencias en el terreno político nacional. Una burguesía
        que, entre los años cuarenta y sesenta, impuso el “modo de vida burgués”, el aburguesamiento
        de la Málaga decimonónica (<xref ref-type="corresp" rid="ref18" custom-type="bibr">Ibáñez
          Linares, 2018, p. 199</xref>).</p>
      <p>A pesar de los avances y de que la mujer iba alcanzando una visibilidad capital al
        insertarse en la escena pública, unas como mano de obra y otras como élite social, el siglo
        XIX fue muy conservador: la cuestión femenina fue tema de debate y los discursos oficiales
        se afanaban en demostrar la supuesta inferioridad de la mujer respecto al hombre (<xref
          ref-type="corresp" rid="ref2" custom-type="bibr">Baixauli, 2021, pp. 204-207</xref>)
        basada en su naturaleza pasiva que la llevaba a desenvolverse en el espacio íntimo del
        hogar, frente a la capacidad ejecutiva del hombre, destinado al ámbito público.</p>
      <p>Las mujeres de las distintas clases sociales presentaban diferencias muy marcadas; así, las
        de la burguesía se identificaban como el “ángel del hogar” (<xref ref-type="corresp"
          custom-type="bibr" rid="ref19">Irisarri, 2020, p. 120</xref>), estaban dedicadas a la
        familia y gozaban de una situación privilegiada, llegando a instaurar su estilo de vida y
        sus costumbres como modelo social, referente del ideal de mujer y de feminidad. En cambio,
        las de clase baja tenían que trabajar para sacar adelante a la familia, se las privaba de
        formación ya que no solían ir a las escuelas. Si emigraban a las ciudades desde el espacio
        rural, eran conscientes de su baja posición dentro de la jerarquía social y mantenían
        costumbres de su entorno rural o agrícola (<xref ref-type="corresp" custom-type="bibr"
          rid="ref3">Ballarín Domingo, 2010, p. 71</xref>); allí se ocupaban en el servicio
        doméstico de las familias de clase media y alta; si se mantenían en el campo, realizaban
        tareas agrícolas; y, si se colocaban en las industrias, eran obreras al lado de los hombres,
        a pesar de que estos no las querían como compañeras porque, al recibir salarios más bajos,
        se convertían en una clara competencia. Estas mujeres de clase baja incorporadas a las
        industrias no alcanzaban independencia real ya que el trabajo femenino en el sector obrero
        era por necesidad, lo que las hacía sentirse culpables de abandonar a sus hijos y su hogar,
        consideradas sus ocupaciones verdaderas y naturales (<xref ref-type="corresp"
          custom-type="bibr" rid="ref3">Ballarín Domingo, 2010, p. 71</xref>).</p>
      <p>La visibilidad de la mujer como trabajadora alcanzó cotas notables en el s. XIX, con una
        atenta observación, descripción y documentación, mientras sus contemporáneos debatían sobre
        la conveniencia, la moralidad e incluso la licitud de sus actividades asalariadas que, según
        ellos, la alejaban de su verdadera función en la vida: la familia. La dicotomía
        hogar/trabajo, maternidad/trabajo remunerado y feminidad/productividad se expusieron a
        debate (<xref ref-type="corresp" rid="ref30" custom-type="bibr">Scott, 1993, pp.
          405-406</xref>). Sin embargo, y a pesar de que todo apunta a que el porcentaje de mujeres
        trabajadoras fue bastante alto, según los historiadores, las fuentes documentales para
        analizar su grado de ocupación laboral no ofrecen datos muy fiables debido a su poca
        representatividad en los censos, eclipsados por el cabeza de familia (<xref
          ref-type="corresp" rid="ref4" custom-type="bibr">Belmonte Rives, 2017, p. 45</xref>).</p>
      <p>En este trabajo nos adentramos en el ámbito de los mensajes comerciales aparecidos en la
        prensa generalista malagueña del ochocientos —no la dedicada específicamente a mujeres, que
        era extraordinariamente limitada en la ciudad (los más importantes periódicos del
        ochocientos fueron <italic>La Amenidad, La Caridad, El Hércules, El Álbum</italic> y
          <italic>El Mundo Femenino</italic>) o eran de difusión nacional generalmente, como el
        popular <italic>La Moda Elegante</italic>— con el objetivo de analizar las inserciones
        publicitarias que tenían a la mujer como “objeto comercial”, en tanto que ofrece su trabajo
        y se pone a disposición de la sociedad. A través de la publicidad, la mujer se mercantiliza,
        convirtiéndose en un producto más de consumo (<xref ref-type="corresp" rid="ref6"
          custom-type="bibr">Cabrera, 2010; Feliu y Fernández, 2009</xref>; <xref ref-type="corresp"
          rid="ref35" custom-type="bibr">Velásquez, 2013</xref>; <xref ref-type="corresp"
          rid="ref21" custom-type="bibr">Muñoz y González, 2014</xref>; etc.). La dama burguesa fue
        la destinataria y consumidora principal de estos mensajes (<xref ref-type="corresp"
          rid="ref7" custom-type="bibr">Checa Godoy, 2008, p. 2</xref>): con la publicidad
        satisfacía su necesidad imperiosa de notoriedad, de modo que disfrutar de servicios como los
        que se ofrecían en los avisos y anuncios de la prensa no solo era un mero acto utilitario,
        sino una toma de posición en la sociedad, un compromiso con la clase a la que se
        pertenecía.</p>
    </sec>
    <sec id="prensa-malagueña-y-publicidad.-delimitación-y-descripción-del-corpus-de-estudio">
      <title>2. Prensa malagueña y publicidad. Delimitación y descripción del corpus de
        estudio</title>
      <p>La prensa en la Málaga del s. XIX disfrutó de una particular Edad Dorada, con numerosas
        cabeceras, más de trescientas (<xref ref-type="corresp" rid="ref33" custom-type="bibr">Sola,
          1979, pp. 297-298</xref>), recogidas mayormente en la hemeroteca digital de Díaz de
        Escovar (<ext-link ext-link-type="uri"
          xlink:href="http://www.museoartespopulares.com/ADE/BuscarMuseo?ID=Prensa"
          >http://www.museoartespopulares.com/ADE/BuscarMuseo?ID=Prensa</ext-link>) y en el archivo
        de prensa histórica del Archivo Municipal de Málaga (<ext-link ext-link-type="uri"
          xlink:href="https://archivomunicipal.malaga.eu/es/biblioteca-hemeroteca/"
          >https://archivomunicipal.malaga.eu/es/biblioteca-hemeroteca/</ext-link>
        hemeroteca/#!tab2). De todos estos periódicos generalistas y de diferentes ideologías que
        circularon por la Málaga del ochocientos solo 72 incluían mensajes de intención comercial
        sobre productos y servicios en secciones creadas para tal fin; de estas secciones se ha
        realizado una serie de calas representativas correspondientes a su desarrollo durante el
        tiempo de su publicación; así, hemos obtenido un corpus amplio, variado, rico, pero también
        de volumen desigual en cuanto al número de elementos que lo componen, dado que, si bien la
        mayoría de los periódicos tuvieron una vida muy breve, otros gozaron de una larga
        existencia; también hay que considerar que, aunque generalmente las secciones de publicidad
        eran fijas y constantes, de cuando en cuando en ciertos números no aparecían. El volumen
        global de secciones de anuncios recogidos de la prensa mencionada suma un total de 365,
        cifra a la que hay que añadir 107 números de <italic>El Avisador Malagueño</italic>
        —periódico de especial relevancia en la consideración de la publicidad y el más longevo,
        publicado durante cincuenta años (1843-1893)—, con el resultado final de 472 secciones
        publicitarias.</p>
      <p>De las calas practicadas en los 72 periódicos malagueños que incluían inserciones
        comerciales, ha resultado que 32 de estas cabeceras presentan publicidad relacionada de
        alguna manera con la mujer.</p>
      <p>Si bien la publicidad no se conforma como negocio hasta el último tercio del siglo XIX, con
        la aparición de las marcas comerciales, la superproducción de bienes y la gran difusión a
        través de los medios de comunicación de masas, desde finales del s. XVIII se empiezan a
        localizar en la prensa mensajes con una finalidad comercial entre particulares o de pequeños
        negocios que nos ha permitido establecer una categorización dependiendo de la fuerza
        perlocutiva que contuvieran, así, los <italic>avisos</italic> se conforman como mensajes
        puramente informativos, sin intención persuasiva; los <italic>semianuncios</italic> ya
        incluyen algún rasgo incitador, ponderativo del bien o servicio, o apelativo del
        interlocutor; y los <italic>anuncios</italic> propiamente, con toda su carga pragmática
        perlocutiva (<xref ref-type="corresp" rid="ref28" custom-type="bibr">Robles Ávila,
          2022</xref>).</p>
      <list list-type="order">
        <list-item>
          <p><italic>Semanario Curioso y Erudito de Málaga</italic></p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p><italic>El Despertador Malagueño</italic></p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p><italic>El Correo de Andalucía</italic></p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p><italic>El Faro de Mediodía</italic></p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p><italic>El Diario Mercantil de Málaga</italic></p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p><italic>El Papel Verde</italic></p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p><italic>La Educación Popular</italic></p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p><italic>El Mediodía</italic></p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p><italic>Las Noticias</italic></p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p><italic>La Capa del Estudiante</italic></p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p><italic>El Nuevo Fénix</italic></p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p><italic>El Porvenir</italic></p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p><italic>La Ilustración Andaluza</italic></p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p><italic>La Bandera Liberal</italic></p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p><italic>El País de la Olla</italic></p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p><italic>La Izquierda Liberal</italic></p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p><italic>La Unión Mercantil. Diario de Intereses Generales</italic></p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p><italic>Málaga Cómica</italic> (en sus dos ediciones con inicio en 1885 y 1895
            respectivamente)</p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p><italic>El Carnaval</italic></p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p><italic>El Bien</italic></p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p><italic>El Diario de Málaga</italic> (en una edición de las cinco que tuvo en el s.
            XIX, la de 1888)</p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p><italic>La Correspondencia de Málaga</italic></p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p><italic>El Expreso</italic></p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p><italic>Los Microbios</italic></p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p><italic>Gedeoncito</italic></p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p><italic>La República</italic></p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p><italic>El Arte Moderno</italic></p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p><italic>Los Apóstoles</italic></p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p><italic>El Cronista</italic></p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p><italic>La Unión Conservadora</italic></p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p><italic>El Noticiero Malagueño</italic></p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p><italic>El Avisador Malagueño</italic></p>
        </list-item>
      </list>
      <p>En el s. XIX, la mujer entra a formar parte del entramado publicitario muy pronto, tanto
        como consumidora de productos destinados a ella y a su familia, como reclamo amable de
        bienes y servicios, adquiriendo su máxima relevancia en la última década del siglo con los
        carteles artísticos de Mucha, Cheret y Toulouse Lautrec. La que podemos identificar como
        publicidad de temática femenina en la prensa del s. XIX se organiza en dos grandes grupos:
        1) anuncios o avisos que tienen a la mujer como objeto, es decir, se ofrecen sus servicios
        para ejercer distintas ocupaciones o profesiones, como veremos a continuación; 2) anuncios o
        avisos de productos destinados p¶articularmente a la mujer para su uso y disfrute. En este
        trabajo analizaremos el primero de los grupos, integrado por mensajes donde se ofrecen o se
        demandan nodrizas o amas de cría, criadas, sirvientas, cocineras, modistas, maestras,
        etc.</p>
      <p>Durante todo el s. XIX y muy especialmente a partir de la segunda mitad, estos textos
        comerciales se expanden sin freno, aumentando en volumen de impactos, en notoriedad, en
        oferta de servicios, en tamaño dentro del mural de la sección y en aceptación por parte del
        público receptor.</p>
      <p>El número total de mensajes publicitarios que componen nuestro corpus es de 940; eliminando
        las repeticiones contaríamos con un corpus final de 686 anuncios singulares y diferentes que
        hemos organizado por áreas temáticas o sectores, dando lugar a cuatro subcorpus.</p>
      <p><bold>Corpus global</bold>. La mujer como objeto publicitario, como producto en sí misma.
        En estos anuncios la mujer ofrece sus servicios profesionales o domésticos. Lo integran los
        siguientes subcorpus:</p>
      <list list-type="bullet">
        <list-item>
          <p>Subcorpus 1, con 133 impactos, un 19.3 % del total; está compuesto por anuncios o
            avisos de servicios femeninos para el espacio más íntimo del hogar y de sus habitantes
            con tareas domésticas, como criadas, sirvientas, amas de gobierno, doncellas o
            cuidadoras;</p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p>Subcorpus 2, el más numeroso, con 397 muestras, un 57.8 % conformado por avisos,
            semianuncios y anuncios de nodrizas y amas de cría;</p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p>Subcorpus 3, lo componen 106 inserciones (15.4 %) que ofrecen o demandan trabajadoras
            para profesiones variadas, como costureras, modistas, porteras, oficialas, profesoras en
            parto que curan o ayudan a las mujeres embarazadas, peinadoras, bordadoras, cocineras,
            etc.;</p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p>Subcorpus 4, integrado por 50 textos publicitarios de formación-educación (7.2 %):
            colegios, profesoras en escuelas o academias, o a domicilio —de idiomas, música, piano,
            flamenco…—, concursos de niñas para colegios, profesoras de tareas femeninas —
            elaboración de flores, costura…— a domicilio o en establecimientos o centros de trabajo.
            Este subcorpus ya ha sido estudiado en un trabajo previo (<xref ref-type="corresp"
              rid="ref25" custom-type="bibr">Robles Ávila</xref>, en prensa).</p>
        </list-item>
      </list>
      <p>Si la presencia de la publicidad en prensa va creciendo progresivamente a medida que
        discurre el ochocientos, ese paulatino aumento también se aprecia con claridad en el caso de
        los anuncios relacionados con la mujer. La siguiente distribución de anuncios por décadas
        nos permite observar el incremento del volumen de impactos comerciales, y las tendencias en
        las ofertas y demandas de bienes y servicios:</p>
      <list list-type="bullet">
        <list-item>
          <p>1800-1810: En nuestro corpus solo contamos con un aviso donde se ofrece una sirvienta
            (“En la calle de Ortigosa, frente a la iglesia de S. Pedro, en el Barrio del Perchel,
            hay una muger que solicita acomodo para servir en una casa decente; quien la necesite
            acudirá à la casa núm. 17.”); aparece en el <italic>Semanario Curioso y Erudito de
              Málaga</italic> (01/04/1800) bajo el título de <italic>sirviente.</italic> El
            masculino genérico se justifica porque en esta sección se solían ofrecer con mucha
            frecuencia varones para el cuidado de familias o de otros hombres, servicio de
            transportes, etc., como el siguiente aviso aparecido el mismo día: “Joseph Gabira
            Moreno, pretende acomodo para la cocina, ha servido en varias casas en Cádiz, mozo
            soltero, tiene quien le abone, vive calle de Alamos en la Reposteria”.</p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p>1811-1840: En estas tres décadas no se localizan muestras de publicidad relacionada con
            la mujer en nuestro corpus. La prensa de este período, de corta existencia, estuvo muy
            ideologizada y no solía incluir mensajes comerciales, a excepción de <italic>El
              Indicador Malagueño</italic> (1834-1835?), <italic>La Crónica</italic> (1839-1841),
              <italic>La Emancipación</italic> (1839-?) y <italic>La Emancipación Ibérica</italic>
            (1839-?).</p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p>1841-1850: Hay un muy considerable aumento de cabeceras que incluyen avisos y anuncios
            y poco a poco va surgiendo mensajes que tienen a la mujer primero ofreciendo sus
            servicios (amas de cría y otras tareas domésticas, así como la oferta de profesionales
            de campos diversos) y, más tarde, como destinataria de los productos, especialmente
            libros, revistas y medicamentos.</p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p>1851-1860: Se diversifica la tipología de anuncios femeninos: amas de cría y otras
            tareas domésticas, otras profesiones variadas, caridad, ropa o adornos para ropa,
            revistas, profesoras a domicilio o en colegios, perfumes, utensilios para el hogar y
            otras categorías.</p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p>1861-1870: A las categorías anteriores se incorporan los anuncios de máquinas
            coser.</p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p>1871-1880: Se añaden los anuncios de perfumes, de cosmética, aumentan los de
            medicamentos y los que ofrecen adornos para el cabello de la mujer.</p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p>1881-1890: Aumenta el volumen de impactos comerciales destacando los siguientes
            sectores: amas de cría y otras tareas domésticas, revistas, caridad, ropa o adornos para
            ropa, profesoras a domicilio, máquinas de coser, perfumes, cosmética, profesiones
            variadas, libros, medicamentos, otras categorías.</p>
        </list-item>
        <list-item>
          <p>1891-1899: Sigue el aumento de anuncios en prensa y prevalecen los siguientes: amas de
            cría y otras tareas domésticas, los anuncios de caridad, máquinas coser, revistas y
            libros, ropa y adornos, medicamentos y máquinas para hacer medias.</p>
        </list-item>
      </list>
    </sec>
    <sec id="la-mujer-como-objeto-publicitario">
      <title>3. La mujer como objeto publicitario</title>
      <p>La incorporación lenta pero decidida de la mujer al mundo laboral se va desplegando a lo
        largo del s. XIX, aunque de manera poco visible en sus primeras etapas, a excepción de las
        ocupaciones que se consideraban apropiadas para el género femenino, por considerarse una
        prolongación natural de su carácter, como eran las de criadas, “obreras de la aguja”,
        maestras o enfermeras y matronas. A final de siglo, en 1895, Concepción Arenal, en su
        artículo “Estado actual de la mujer española” en <italic>La España Moderna</italic>,
        criticaba que los únicos puestos que podían ocupar las mujeres eran los de “maestra de
        niñas, telegrafista y telefonista, estanquera, reina”.</p>
      <p>En Málaga las mujeres se insertaban muy jóvenes en el mundo laboral y la prensa se hace eco
        de la oferta de servicios a través de sus avisos, anuncios y semianuncios: entre los 10 y
        los 14 años, dedicándose especialmente al servicio doméstico y a los oficios textiles (<xref
          ref-type="corresp" custom-type="bibr" rid="ref36">Villar García, 2003, pp.
        663-664</xref>). La máxima afluencia a los empleos propios de su género se produce entre los
        14 a los 24 años; entre los 25 y los 34 mantiene una cierta estabilidad; desde los 35 a los
        49 disminuye notablemente porque coincide con la etapa de casamiento, cuando la mujer solía
        abandonar sus ocupaciones fuera del hogar; la cifra de incorporación al trabajo repunta en
        torno a los 50 años en caso de enviudar.</p>
      <sec id="mujeres-para-el-espacio-doméstico-las-sirvientas">
        <title>3.1. Mujeres para el espacio doméstico: las sirvientas</title>
        <p>El hogar constituía el espacio natural de trabajo para las mujeres de clase baja; las
          sirvientas eran pobres y analfabetas; no asistían a escuelas bien porque no existían en
          sus entornos, bien porque su condición de cuna las dirigía al trabajo desde el momento que
          tenían que mantenerse a sí mismas y a sus familias. Para ellas y su entorno la educación
          se consideraba un accesorio superfluo e innecesario, y sus tareas de limpieza, cocina y
          atención a las familias pudientes, al ser las propias de las mujeres, las asumían con
          naturalidad, lo que impedía que se las considerase realmente como trabajadoras. El mercado
          de sirvientas se caracterizaba por su inestabilidad debido a su escasa cualificación, su
          procedencia mayormente rural y las irregularidades en los mecanismos de contratación
            (<xref ref-type="corresp" rid="ref5" custom-type="bibr">Bolaños García, 2003, p.
            35</xref>). Mediante las llamadas <italic>cartas</italic> o <italic>contratos de
            servicios</italic>, los empleadores firmaban el acuerdo con los padres de estas jóvenes:
          se trataba de compromisos de larga duración con unos emolumentos que se cobraban al final
          de su servicio —entre cuatro y diez años, incluso más—, duras condiciones de trabajo y un
          ajuar de ropa personal muy limitado (<xref ref-type="corresp" custom-type="bibr"
            rid="ref36">Villar García, 2003, p. 664</xref>). Muchas de estas mujeres se empleaban
          gracias a las llamadas <italic>acomodadoras</italic>, encargadas de buscar empleo a
          criadas y criados; así se constata en anuncios como el siguiente:</p>
        <disp-quote>
          <p>Las señoras ó caballeros que necesiten criadas ó criados, podrán pasar calle de S.
            Tejuan, n. 14, donde vive la acomodadora Vicenta, que ya se halla de vuelta de su
              viage<italic>.</italic> (<italic>El Avisador Malagueño</italic>, 28/03/1857).</p>
        </disp-quote>
        <p>Estas mujeres solían ser jóvenes, y frecuentemente solteras, que ayudaban económicamente
          a sus familias y suponían una solución a los padres, que se despreocupaban de ellas cuando
          se empleaban en casas de personas pudientes. También solían ser viudas de mediana
          edad.</p>
        <p>El primer aviso de sirvienta en nuestro corpus corresponde a un impacto aparecido el 1 de
          abril de 1800 en el <italic>Semanario curioso y erudito de Málaga</italic>, bajo el
          titular “sirviente” y precedido por otro mensaje de un cocinero. Valiéndose de la fórmula
          del aviso, de carácter puramente informativo y sin finalidad estética persuasiva ni
          apelativa, se muestra un mensaje objetivo y plano que da cuenta de la oferta de los
          servicios de una mujer (“busca acomodo”, entendiendo por tal ‘empleo, destino o
          conveniencia’, <xref ref-type="corresp" rid="ref24" custom-type="bibr"><italic>Diccionario
              de la lengua castellana de la RAE</italic>, 1791 y 1803</xref>) para el trabajo
          doméstico. Siguiendo el formulismo habitual de estos textos en los albores de la
          publicidad, el aviso [<xref ref-type="fig" rid="figura1">Figura 1</xref>] se inicia con
          las señas, los datos de la ubicación seguidos de la indicación del servicio que se
          propone, y el cierre con el ofrecimiento del servicio:</p>
        <fig id="figura1">
          <graphic mimetype="image" mime-subtype="x-emf" xlink:href="media/image1.jpeg"/>
        </fig>
        <p>Como se advierte en el aviso, estas mujeres expresan la única exigencia de servir en una
          casa <italic>decente</italic>, entendiendo por tal ‘la casa que está adornada sin lujo,
          con limpieza y aseo; bien, aplicada a la persona que la habita, que no es noble, pero que
          es limpia de sangre y oficio, y tiene buena reputación’ (<xref ref-type="corresp"
            rid="ref24" custom-type="bibr"><italic>Diccionario de la lengua castellana</italic> de
            la RAE, 1791 y 1803</xref>).</p>
        <sec id="denominaciones-para-las-mujeres-del-servicio-doméstico-en-avisos-y-anuncios">
          <title>3.1.1. Denominaciones para las mujeres del servicio doméstico en avisos y
            anuncios</title>
          <p>En los mensajes de servicios domésticos encontramos las voces “sirvienta”, “criada”,
            “ama de llaves”, “aya”, “ama de gobierno”, “dama de compañía” y “doncella”. El
            hiperónimo en la época sería “sirvienta”, definida como ‘la que sirve’; y “servir” como
            ‘estar empleado en la execucion de alguna cosa por mandato de otro, aun cuando lo que se
            executa es pena ó castigo’ (<xref ref-type="corresp" rid="ref24" custom-type="bibr"
                ><italic>Diccionario de la lengua castellana</italic> de la RAE, 1803</xref>). En el
              <italic>Diccionario</italic> de <xref ref-type="corresp" rid="ref8" custom-type="bibr"
              >R. Domínguez</xref> (1852) es ‘criada’; en el de <xref ref-type="corresp" rid="ref14"
              custom-type="bibr">Gaspar y Roig</xref> (1855) es ‘la criada de servir’; en el de
              <xref ref-type="corresp" custom-type="bibr" rid="ref38">Zerolo</xref> (1895) es ‘mujer
            dedicada al servicio doméstico’. Por su parte, “criada” aparece definida desde el
              <italic>Diccionario</italic> de <xref ref-type="corresp" rid="ref22"
              custom-type="bibr">Nebrija</xref> (1495) como la mujer ‘que sirve’, y en el s. XIX ya
            se introduce el carácter mercantil de la actividad: ‘La muger que sirve por su salario’
              (<xref ref-type="corresp" custom-type="bibr" rid="ref24"><italic>Diccionario de la
                lengua castellana</italic>, 1803</xref>) y en <xref ref-type="corresp" rid="ref8"
              custom-type="bibr">Domínguez</xref> (1853) se añaden las tareas: ‘sirvienta, fámula,
            mujer que sirve por su salario para todos los quehaceres domésticos referentes á cocina
            y limpieza; como guisar, fregar, lavar, etc. ’. A partir de 1869, la Academia incluye la
            referencia al servicio doméstico: ‘La mujer que sirve por su salario, y especialmente la
            que se emplea en el servicio doméstico’.</p>
          <p>En la publicidad del ochocientos la voz “sirvienta” tiene poca vitalidad (4
            apariciones, 3 de ellas en la primera mitad del s. XIX); en cambio, “criada” cuenta con
            un elevado número de apariciones (38 ocurrencias).</p>
          <p>Para la voz “ama”, en el <xref custom-type="bibr" ref-type="corresp" rid="ref23"
                ><italic>Diccionario de la lengua castellana</italic> de la RAE</xref> (1791), hasta
            la edición de 1803, la entrada femenina remite a la masculina y se define como ‘el
            marido del ama que cria alguna criatura’. Ya a partir de 1803 la entrada propia “ama”
            referida a sirvienta, la define de la siguiente manera: ‘La criada superior que suele
            haber en la casa de los Clérigos y hombres solteros’, y diferencia varios tipos, según
            su dedicación: 1. Ama de leche, ‘la muger que cria á sus pechos alguna criatura agena’;
            2. Ama de llaves, ‘la criada encargada de las llaves y economía de la casa’. Su
            presencia es recurrente en la prensa malagueña. El ama de llaves aparece en la
            publicidad temprana; suelen ser mujeres en torno a los 30 o 40 años, o viudas:</p>
          <disp-quote>
            <p>Una Sra. viuda sin hijos desea encontrar casa como doncella ó ama de llaves. Darán
              razon calle de San Andrés núm 1. (<italic>El Avisador Malagueño</italic>,
              29/08/1879).</p>
            <p>Una SEÑORA de 35 años de edad, desea acomodarse como ama de llaves ó sea para cuidar
              una persona sola. Tambien cose primorosamente y puede ocuparse como costurera. Tiene
              persona que le abone. Darán razon en esta redaccion. (<italic>El Avisador
                Malagueño</italic>, 25/06/1849).</p>
          </disp-quote>
          <p>El “ama de gobierno” o “muger de gobierno” está registrado como entrada propia en los
            diccionarios académicos desde el <italic><xref custom-type="bibr" ref-type="corresp"
                rid="ref23">Diccionario de Autoridades</xref></italic> (1743) —‘Se llama aquella
            criada yá de edad, y de respéto y manéjo, que se suele tener en las casas, que dispone y
            dirige lo que los demas criados deben executar, para el buen servicio del amo y economía
            de la familia’— hasta el <italic><xref custom-type="bibr" ref-type="corresp" rid="ref24"
                >Diccionario</xref></italic> académico de 1803; en este último, la definición se
            hace más escueta y general; muy similar al “ama de llaves”: ‘criada que tiene á su cargo
            el gobierno económico de la casa’.</p>
          <p>Estas denominaciones aparecen en publicidad malagueña desde los años cincuenta hasta la
            década de los ochenta y se muestran diferenciadas, como ocupaciones distintas:</p>
          <disp-quote>
            <p>Solicita una señora decente colocarse de ama de gobierno bien de caballeros, señoras,
              religiosos ó al cuidado de niños, ó para compaña de alguna familia que marche á los
              baños: vive calle de la Victoria núm. 88. (<italic>Correo de Andalucia</italic>,
              08/07/1853).</p>
            <p>Una mujer jóven, con bastante disposicion y de honradez acreditada, desea encontrar
              colocacion de ama de llaves ó de gobierno, ó bien para cuidar á una señora ú otra
              ocupacion análoga. Tiene personas que la abonen. Calle del Cerrojo núm. 10 darán
              razon. (<italic>El Avisador Malagueño</italic>, 02/11/1880).</p>
            <p>Una señora viuda desea colocarse de modista, de doncella ó ama de gobierno.
              Informarán calle de Santa Rosa núm. 7. (<italic>El Avisador Malagueño</italic>,
              28/09/1883).</p>
          </disp-quote>
          <p>“Aya” se documenta en los diccionarios desde el de <xref ref-type="corresp"
              custom-type="bibr" rid="ref1">Alcalá</xref> (1505) como ‘ama’’; en el de <xref
              custom-type="bibr" ref-type="corresp" rid="ref34">Terreros y Pando</xref> (1786) se
            define esta voz como ‘la mujer que cuida de alguna niña, ó señorita’; Domínguez, en el
            Suplemento a su diccionario (1869), habla del cuidado exclusivo de un adolescente; la
            Academia no lo presenta como diferenciado de “ayo”<italic>;</italic> no obstante, desde
            el <italic><xref custom-type="bibr" ref-type="corresp" rid="ref23">Diccionario de
                Autoridades</xref></italic> (1726) se marca la misión educativa de estas mujeres. En
            nuestro corpus tiene una representación meramente anecdótica con solo dos apariciones.
            Se asocia con aya de niño —niñera— o con profesora de idioma:</p>
          <disp-quote>
            <p>Una jóven necesitada desea encontrar una colocacion como aya de niño. Darán razon en
              la Cortina de Muelle núm. 93. (<italic>El Avisador Malagueño</italic>,
              01/08/1891).</p>
            <p>UNA AYA FRANCESA DESEA colocarse, posee inglés, español, sin pretensiones. Ramon,
              Colon, 3 porteria. (<italic>La Correspondencia de Málaga</italic>, 18/5/1890).</p>
          </disp-quote>
          <p>La voz “<italic>doncella”</italic> aparece registrada ya desde el <xref
              custom-type="bibr" ref-type="corresp" rid="ref23">Diccionario de Autoridades</xref>
            (1732) en su acepción de “criada”: ‘Se llama tambien la criada de una casa, que sirve
            cerca de la Señora, y de hacer labor’. Es interesante la definición que ofrece el
              <italic>Diccionario</italic> de <xref ref-type="corresp" custom-type="bibr"
              rid="ref34">Terreros y Pando</xref> (1786), donde se diferencian varios niveles
            dependiendo de su función: ‘Doncélla, la que está en servicio de alguna señora, y con
            alguna distincion, respecto de otras criadas inferiores […]. En las casas de los
            Grandes, por lo común hai tres especies de doncellas, las que llaman Damas ó Primeras,
            que son las que sirven inmediatamente á las señoras: las segundas para planchar, cosas
            equivalentes; y las Mozas de camara para otros oficios mas bajos: En las casa de señores
            particulares hai, por lo comun, otras tres especies: á las de la primera llaman
            Doncellas, y sirven para peinar, y en los oficios que tocan inmediatamente á las
            señoras: á las de segunda llaman Mozas de camara; y á las de tercera Cocineras: oficio
            que por lo ordinario hacen hombres en casa de los Grandes, etc. ’. Esta mayor categoría
            de la doncella respecto a otras criadas de rango inferior la lleva a acometer tareas más
            delicadas y que denotan una mayor cercanía a sus señoras, como ya pone de manifiesto la
            definición que ofrece el <italic>Diccionario</italic> de <xref custom-type="bibr"
              ref-type="corresp" rid="ref8">Domínguez</xref> en 1853: ‘La criada que mas
            inmediatamente sirve á una señora, empleándose por lo regular en peinarla, vestirla,
            cuidar de su ropa y adornos, etc. siendo considerada de mas categoria que las otras’.
            Por tanto, las doncellas eran damas encargadas del cuidado de las señoras y de hacer
            labores. En prensa malagueña se localizan anuncios como:</p>
          <disp-quote>
            <p>Una jóven desea coocarse de doncella para una señora ó para cuidar de niñas: sabe
              inglés, está bien recomendada: para informes en la redacción de este periódico.
                (<italic>Correo de Andalucía</italic>, 25/04/1879).</p>
            <p>Se necesita una DONCELLA que sepa peinar bien, para asistir á una señora. En esta
              redaccion informarán. (<italic>El Avisador Malagueño</italic>, 17/12/1856).</p>
          </disp-quote>
          <p>Por su parte, las “peinadoras” se anuncian con mensajes persuasivos cargados de
            intencionalidad pragmática, como profesionales que ejercían su trabajo en su domicilio o
            en el del cliente:</p>
          <disp-quote>
            <p>Acaba de llegar de Madrid una peinadora, y desea encontrar donde ejercer su
              profesion. Vive calle de Parras núm. 18. (<italic>El Avisador Malagueño</italic>,
              28/11/1872).</p>
            <p>Una jóven peinadora que acaba de llegar de Madrid desea encontrar donde egercer su
              profesion. Vive calle de la Constancia esquina del núm. 1.º (<italic>El Avisador
                Malagueño</italic>, 13/09/1872).</p>
            <p>A las señoras. La Sta. Sené se ofrece á las señora que gusten ocuparla en la
              confeccion de peinados de todas clases, participando á sus nuevas favorecedoras que ha
              fijado el domicilio en la calle de la Grama, número 4 principal. (<italic>La Bandera
                Liberal</italic>, 03/02/1882).</p>
          </disp-quote>
          <p>Las “damas de compañía” tenían la misma consideración que las doncellas, pero su
            aparición en los anuncios de la época no resulta representativa:</p>
          <disp-quote>
            <p>UNA señora decente desearía encontrar acomodo ya para dama de compañía, ya con un
              objeto análogo. Calle de Paco 7, (Compás de la Victoria). (<italic>La Ilustración
                Andaluza</italic>, 19/10/1879).</p>
          </disp-quote>
          <p>A finales de siglo, las clases más altas hicieron del servicio doméstico un signo de
            poder y ostentación al contratar a mujeres con alta cualificación profesional a las que
            exhibían en sus paseos por lugares públicos vestidas con uniformes; sin embargo, los
            sirvientes varones eran más valorados y, por tanto, los elegidos por la élite por
            representar el poderío de su señor.</p>
        </sec>
        <sec id="cómo-se-construyen-estos-textos">
          <title>3.1.2. ¿Cómo se construyen estos textos?</title>
          <p>Como hemos avanzado, estos mensajes del sector doméstico se identifican como avisos, de
            carácter transaccional y puramente informativos. No obstante, con frecuencia surgen
            rasgos orientados a crear el interés del lector y buscar la adhesión y compromiso. Las
            mujeres que ofrecen estos servicios se anuncian como <italic>señoras</italic> y se
            describen mediante una serie de palabras valorativas de diferente categoría gramatical
            (adjetivos calificativos, adverbios modales, sustantivos connotativos, etc.) que se
            convierten en “orientadores argumentativos” (<xref custom-type="bibr" ref-type="corresp"
              rid="ref10">Ducrot, 1984</xref>) y son <italic>topoi</italic> o lugares comunes (<xref
              custom-type="bibr" ref-type="corresp" rid="ref17">Gutiérrez Ordóñez, 1997</xref>,
              <xref custom-type="bibr" ref-type="corresp" rid="ref26">Robles Ávila, 2024a</xref>,
              <xref custom-type="bibr" ref-type="corresp" rid="ref27">2024b</xref>) de la publicidad
            de este sector en la época: son “decentes” (“señora decente”, “joven decente”…); “de
            buena /intachable conducta” (“una muger de buena conducta”); “de buena familia” (“una
            jóven de buena familia desea encontrar colocación…”); “jóvenes” —capaces de trabajar de
            manera más dura— (“una sirvienta joven para cuerpo de casa”); pero también “de mediana
            edad”, con experiencia, o de “edad regular” (“Una viuda sin hijos, de mediana edad y
            buena educacion, solicita ser ama de gobierno de uno ó dos caballeros. Pan y Agua núm.
            7, daran razón”<italic>, El Avisador Malagueño,</italic> 28/11/1875). La acumulación de
            adjetivos calificativos convierte el siguiente mensaje en un semianuncio:</p>
          <disp-quote>
            <p>Una señora sola, de irreprensibre conducta, unos modales y esmerada educacion,
              solicita asistir á un caballero ó señora. Tiene suficientes muebles para adornar una
              casa, como tambien personas que la garantizen. Informarán pasillo de Puerta Nueva,
              núm. 39. En la misma se bane almoneda de varios muebles. (<italic>El Avisador
                Malagueño</italic>, 15/03/1855).</p>
          </disp-quote>
          <p>También aparecen semianuncios que, mediante el empleo del participio
              <italic>instruida,</italic> aluden a su preparación (“Una sirvienta instruida en todo
            lo que pertenece al servicio de casa, desea acomodarse con una señora ó matrimonio.
            Tiene personas que la garantizen suficientemente. Darán razon calle de Guerrero, núm.
            1.”, <italic>El Avisador Malagueño</italic>, 28/10/1853), o directamente con la fórmula
            “una señora de educación”, en este caso suelen ofrecerse para tareas más elevadas en el
            hogar, como amas de gobierno o de llaves, o doncellas (“Una señora de educacion desea
            colocarse de ama de gobierno ó para acompañar a alguna señora ó señoritas. Tambien
            aceptaria una buena casa para acomodarse de costurera ú otro cargo análogo. En esta
            Redaccion daran razón”, <italic>El Avisador Malagueño</italic>, 26/08/1877). A medida
            que avanza el siglo aparecen nuevos atributos con los que crear una imagen ponderativa
            de esta mujer:</p>
          <disp-quote>
            <p>Una mujer jóven, con bastante disposicion y de honradez acreditada, desea encontrar
              colocacion de ama de llaves ó de gobierno, ó bien para cuidar á una señora ú otra
              ocupacion análoga. Tiene personas que la abonen. Calle del Cerrojo núm. 10.
                (<italic>El Avisador Malagueño</italic>, 08/10/1880).</p>
          </disp-quote>
          <p>Las tareas que se ofrecen van desde el cuidado del hogar y de sus habitantes, además de
            otras como costura, cocina, o las llamadas “labores de su sexo” (<xref
              custom-type="bibr" ref-type="corresp" rid="ref3">Ballarín Domingo, 2010, p.
            250</xref>):</p>
          <disp-quote>
            <p>Una jóven decente solicita acomodarse en clase de doncella, costurera, sabe bordar y
              tiene personas que la abonen. Darán razon calle de S. José, n. 2. (<italic>El Avisador
                Malagueño</italic>, 15/06/1855).</p>
            <p>Una jóven decente solicita acomodarse de doncella de alguna señora, para fuera de
              esta ciudad. Conoce todas las labores de su secso. En esta redacción darán razón.
                (<italic>El Avisador Malagueño</italic>, 28/04/1855).</p>
          </disp-quote>
          <p>Además, en los anuncios de demanda se les exige eficacia en el trabajo simplemente
            mediante la fórmula general e imprecisa “que sepa su obligación”:</p>
          <disp-quote>
            <p>Se solicita una MUGER decente para niñera, que sepa su obligacion. Alameda, n. 33.
                (<italic>El Avisador Malagueño</italic>, 15/10/1857).</p>
          </disp-quote>
          <p>Otras veces, las mujeres también ofrecen su compañía y asistencia:</p>
          <disp-quote>
            <p>Una señora desea encontrar otra á quien acompañar y asistir para cualquier punto
              fuera de esta ciudad ó para ultramar, donde ha estado cuatro años. Darán razon calle
              de la Grama, n. 2. (<italic>El Avisador Malagueño</italic>, 29/08/1858).</p>
          </disp-quote>
          <p>Muchas de estas mujeres estaban viudas, solas o con hijos (“Una señora viuda y sola,
            desea colocarse para cuidar un caballero solo ó sacerdote: tiene persona en esta ciudad
            que la abone: en esta redacción darán razón”, <italic>Correo de Andalucía</italic>,
            02/03/1858); y en ocasiones refieren a sus difuntos maridos como argumento que las avala
            (“Una señora viuda de un oficial de esta guarnicion muerto en este último colera y sin
            familia, desea encontrar una señora ó caballero para asistirla y acompañarla, teniendo
            personas que la conocen y les merece el mayor concepto. En Lagunillas, núm. 50, darán
            razón”, <italic>El Avisador Malagueño</italic>, 15/03/1856). Debido a su situación
            sobrevenida, estas viudas buscan trabajos más nobles dentro del sector, como son los de
            doncellas o amas de llave o de gobierno (“Una señora viuda, que tiene personas que la
            garanticen, desea encontrar colocacion para ama de llave ó doncella. Darán razon en la
            Plaza de los Moros, número 18, piso tercero”, <italic>El Porvenir</italic>, 25/03/1883).
            Las viudas con hijos se proponen en estos mensajes, ellas para tareas domésticas y los
            hijos para diversas ocupaciones:</p>
          <disp-quote>
            <p>SOLICITAN COLOCACION UNA viuda con su hijo ó sea cada cual separado; la madre, de
              unos 40 años, para cocinera ó cuerpo de casa, y el hijo, de 16, para mozo, sabe leer y
              escribir. Tienen personas que los abonen. (<italic>El Avisador Malagueño</italic>,
              19/12/1849).</p>
          </disp-quote>
          <p>Y las hijas se postulan para niñeras:</p>
          <disp-quote>
            <p>Una pobre viuda con su hija desean acomodarse juntas, para servir de criada la una y
              de niñera la otra. Tienen personas que las abonen, y viven calle del Rosal, núm. 5,
              barrio del Perchel. (<italic>El Avisador Malagueño</italic>, 01/10/1854).</p>
          </disp-quote>
          <p>También las huérfanas solían anunciarse para trabajos de doncella (“Una huérfana de
            buena familia desea acomodarse de doncella con alguna señora principal, que se ausentase
            de esta ciudad. En esta redaccion darán razón”, <italic>El Avisador Malagueño</italic>,
            25/01/1855). Igualmente, mujeres con otras relaciones de parentesco se anuncian de
            manera conjunta: “Dos señoras, tia y sobrina<bold>,</bold> desean colocarse para asistir
            á una o dos personas. Tienen quien abone su conducta, y darán razon calle de la Peña, n.
            11”, <italic>El Avisador Malagueño</italic>, 01/02/1861).</p>
          <p>La dedicación plena que se les exigía a estas mujeres se revela en anuncios donde se
            busca el perfil de una criada sin familia (“Se necesita una CRIADA que no tenga familia
            y con personas que la abonen En esta redaccion darán razón”, <italic>El Avisador
              Malagueño</italic>, 24/08/1849), porque estar sola era un valor añadido (“Una muger
            decente y sola, solicita acomodarse para niñera ó de cuerpo de casa sin lavar. Tiene
            quien la abone, y vive calle de S. José, núm. 2”, <italic>El Avisador
            Malagueño</italic>, 17/03/1853), que la capacitaba incluso para el pluriempleo (“Una
            muger sola, solicita ponerse á servir en la casa de algun caballero, ó cuando mas de
            dos. Tiene quien la abone. Calle de S. Juan de Letran, n. 8”, <italic>El Avisador
              Malagueño</italic>, 17/09/1854).</p>
          <p>Como se observa, el ofrecimiento de los servicios suele expresarse con las fórmulas:
            “solicita/desea acomodarse”, “solicita ponerse a servir”, “desea colocarse”, etc. Y los
            anuncios de demanda de mujeres para el trabajo doméstico se enuncian con las fórmulas
            “se necesita”, “se solicita”, “se desea” o “se desea encontrar”.</p>
          <p>La alusión a los avales se suele realizar con las fórmulas de la primera mitad del
            siglo: “tiene persona que la abone”; y las posteriores: “tiene personas que la
            garantizen”, “está bien recomendada: para informes en la redacción de este periódico”,
            etc.; así, las redacciones de los periódicos se convirtieron en el s. XIX en los lugares
            de referencias para empleados y empleadores; un ecosistema de beneficios mutuos donde,
            además, las analfabetas serían atendidas por memorialistas que compondrían sus
            inserciones, en un espacio de contacto y recomendación.</p>
          <p>Los servicios domésticos iban dirigidos a destinatarios variados: familias (“Maria
            Rodriguez, que vive calle Alta núm. 16, desea encontrar una familia á quien cuidar en
            clase de doncella, bien en cualquier punto de España ó en el estrangero”, <italic>El
              Avisador Malagueño</italic>, 28/07/1868), caballeros sin familia o que vivían solos
            (“UNA SEÑORA FORASTERA DE-sea colocarse al servicio de un caballero sin familia ó
            sacerdote, en clase de ama de llaves y costurera, en esta capital ó fuera de ella. El
            memorialista calle de Caldereria, núm. 8, impondrá”, <italic>El Avisador
              Malagueño</italic>, 31/05/1851) o sacerdotes (“Una señora decente, sola, desea
            colocarse con el encargo de gobierno de casa, bien con un caballero ó con un sacerdote.
            Tiene varias personas de clase que informen. Darán señas de su domicilio Pasage de
            Heredia, tienda modista contigua á la botica, doña Josefa Reyes”, <italic>El Avisador
              Malagueño</italic>, 01/12/1865), etc.</p>
          <p>En ocasiones, especialmente las inserciones aparecidas en <italic>El Avisador
              Malagueño</italic> en su primera época (1843-1860) van acompañadas de aditivos
            icónicos que representan a mujeres ataviadas, unas veces con ropa de servicio [<xref ref-type="fig" rid="figura2">Figura 2</xref>
            y <xref ref-type="fig" rid="figura3">3</xref>]:</p>
          <fig id="figura2">
            <caption>
              <p>(El Avisador Malagueño , 02/02/1849)</p>
            </caption>
            <graphic mimetype="image" mime-subtype="x-emf" xlink:href="media/image2.jpeg"/>
          </fig>
          <fig id="figura3">
            <caption>
              <p>(El Avisador Malagueño , 22/02/1849)</p>
            </caption>
            <graphic mimetype="image" mime-subtype="x-emf" xlink:href="media/image3.jpeg"/>
          </fig>
          <p>Y otras, desempeñando las labores para las que se proponían; o con una simple llamada
            de atención mediante una mano con dedo señalador [<xref ref-type="fig" rid="figura4"
              >Figura 4</xref> y <xref ref-type="fig" rid="figura5">5</xref>]:</p>
          <fig id="figura4">
            <caption>
              <p>(El Avisador Malagueño , 02/03/1849)</p>
            </caption>
            <graphic mimetype="image" mime-subtype="x-emf" xlink:href="media/image4.jpeg"/>
          </fig>
          <fig id="figura5">
            <caption>
              <p>(El Avisador Malagueño , 27/06/1849)</p>
            </caption>
            <graphic mimetype="image" mime-subtype="x-emf" xlink:href="media/image5.jpeg"/>
          </fig>
        </sec>
      </sec>
      <sec id="mujeres-para-la-crianza-las-amas-de-leche-o-de-cría-y-las-nodrizas">
        <title>3.2. Mujeres para la crianza: las amas de leche o de cría y las nodrizas</title>
        <p>Frente al oficio de sirvienta o criada, que tienen sus correlatos masculinos, el de
          nodrizas o ama de cría era necesariamente tarea exclusiva de mujeres, llegando a
          convertirse en uno de los tipos populares del s. XIX con una destacada representación en
          los mensajes comerciales en la prensa malagueña de todo el ochocientos. En la zonas
          rurales y pequeñas ciudades, los curas, los maestros, los médicos y los vecinos eran los
          encargados de conectar a las familias con las amas de cría; en las ciudades de mayor
          tamaño, a lo largo del s. XIX los periódicos y gacetas se sumaron a la difusión,
          incluyendo anuncios y avisos por palabras sobre oferta y demanda de este servicio (<xref
            custom-type="bibr" ref-type="corresp" rid="ref37">Wolf, 1999, p. 152</xref>). Mientras
          en los círculos académicos, en la prensa y en la literatura se institucionalizó el término
            <italic>lactancia mercenaria</italic>, en el lenguaje coloquial se continuó hablando de
            <italic>lactancia con nodriza o ama de cría</italic> (<xref custom-type="bibr"
            ref-type="corresp" rid="ref29">Rodríguez García, 2017, p. 37</xref>). El amplio mercado
          de amamantadoras de la Málaga del ochocientos se agrupaba bajo el rótulo identificador del
          servicio —<italic>nodrizas—</italic>, a modo de titular presentador que sectorizaba al
          público lector.</p>
        <p>La literatura médica impuso el estereotipo de la nodriza como mujer de bajo nivel social
          y moral, con rasgos cercanos a las criadas y las prostitutas (<xref custom-type="bibr"
            ref-type="corresp" rid="ref31">Siles González, 1996, p. 152</xref>). Se trataba, por lo
          general, de emigrantes de los pueblos y zonas rurales —en Madrid y otras zonas eran muy
          demandadas las que nodrizas pasiegas y burgalesas por su fortaleza y robustez (<xref
            custom-type="bibr" ref-type="corresp" rid="ref16">Guerrero y López, 2012, pp.
          2-4</xref>)— que buscaban en las ciudades acomodo en las familias pudientes para amamantar
          a sus hijos. En la prensa malagueña muchas de estas amas de cría refieren su procedencia
          foránea —del norte de España, de las sierras, o simplemente con la indicación de
            <italic>forastera</italic>— como argumento para ganarse la adhesión de la
          contratante:</p>
        <disp-quote>
          <p>Un ama de leche solicita criar en casa de los padres. Es vizcaina, leche de tres meses,
            y tiene personas que la abonen. Vive calle de Zamorano, n. 60. (<italic>El Avisador
              Malagueño</italic>, 27/04/1856)</p>
          <p>Un ama de leche, edad 24 años, leche de un ems, gallega, desea cria para casa de los
            padres. Tiene personas que la abonen y testifiquen de la bondad de su leche. Darán razon
            calle de la Trinidad, núm. 97. (<italic>El Avisador Malagueño</italic>, 28/03/1856)</p>
          <p>Un ama de leche, edad 22 años, leche de cuatro meses, serrana, con persona que la
            garantize, solicita criar. En la barberia calle de Dos Aceras, n. 12, darán razon.
              (<italic>El Avisador Malagueño</italic>, 15/08/1856)</p>
          <p>Un ama de leche, forastera leche de ocho dias, solicita criar en casa de los padres.
            Tiene personas que la abonen. Darán razon plaza de la Merced núm. 17. (<italic>El
              Avisador Malagueño</italic>, 15/12/1868)</p>
        </disp-quote>
        <p>Disponer de una nodriza era todo un lujo, un signo de ostentación y una moda (<xref
            custom-type="bibr" ref-type="corresp" rid="ref11">Espinilla, 2013, p. 69</xref>) para
          las mujeres de la nobleza y la burguesía que no querían amamantar a sus hijos
          —generalmente para no estropear su figura ni envejecer, por el desgaste que conllevaba la
          cría; por no querer trabajar, ya que la lactancia se entendía como un trabajo duro— o no
          podían dar leche a sus hijos por diferentes razones: partos múltiples que imposibilitaba
          el amamantamiento de dos o más hijos, o falta de leche; debilidad de la madre después del
          parto; sufrir en sus constitución algún defecto natural o sobrevenido (con frecuencia
          debido al uso de corsés que deformaban y agravaban o creaban problemas de salud) (<xref
            custom-type="bibr" ref-type="corresp" rid="ref16">Guerrero y López, 2012, p. 1</xref>);
          o problemas nerviosos, como una desmedida excitabilidad (<xref custom-type="bibr"
            ref-type="corresp" rid="ref4">Belmonte Rives, 2017, p. 46</xref>; <xref
            custom-type="bibr" ref-type="corresp" rid="ref11">Espinilla, 2013, p. 69</xref>). Una
          lactancia mercenaria de beneficios compartidos para las nodrizas y sus demandantes, donde
          la candidata se tenía que someter a controles severos sobre su salud física y mental para
          acceder al trabajo (Guerrero y López, 2012, pp. 5-7). Fuera del ámbito de las familias
          acomodadas, las nodrizas también se dedicaban a criar a pupilos huérfanos, aquellos con
          madres enfermas o a pequeños de las inclusas (<xref custom-type="bobr" ref-type="corresp"
            rid="ref5">Bolaños, 2003, pp. 38-39</xref>).</p>
        <p>Las causas que llevaban a las mujeres a ofrecerse para la cría eran diversas, según
          consta en los avisos: 1.porque hubiera fallecido su propio hijo (“Una señora á quien se le
          ha muerto la cria al nacer, desea dar gratis tres ó cuatro tragos diarios á un parvulito
          que le necesite: calle Topada núm. 17 4.º”, <italic>Correo de Andalucía</italic>,
          02/03/1858); 2. Porque necesitara ayuda económica, de modo que dejaba a su hijo a cargo de
          otra nodriza del pueblo con menores pretensiones económica para así poder irse a amamantar
          a niños de familias burguesas. A pesar de su incuestionable función social, fueron muchas
          las voces críticas hacia estas mujeres, que las acusaban de mercenarias y malvadas, dado
          que trabajaban por dinero (<xref custom-type="bibr" ref-type="corresp" rid="ref5">Bolaños,
            2003, p. 39</xref>).</p>
        <p>Los avisos y anuncios de este servicio solían mostrar el estado civil de las nodrizas:
          madres solteras, muchas de ellas migrantes que habían sufrido abusos y habían quedado
          embarazadas, por lo que tuvieron que dejar a sus hijos y mercantilizar su leche (<xref
            custom-type="bibr" ref-type="corresp" rid="ref13">Fuchs &amp; Moch, 1990, p. 152</xref>)
          (“Un ama de leche, primeriza, edad 23 años, soltera, sin familia, leche de 40 dias,
          solicita acomodo. Vive calle de Gañote de Vaca, n. 86. Tiene quien la abone”, <italic>El
            Avisador Malagueño</italic>, 28/05/1857), casadas (“Una nodriza con leche de dos meses
          que tiene su esposo en la ruina de guerra desea encontrar donde criar. Vive calle de Sidra
          n. 91”, <italic>El Avisador Malagueño</italic>, 15/06/1872) o viudas (“Un ama de leche,
          edad 23 años, viuda, leche de dos meses, desea cria para casa de los padres. Darán razon
          frente à la fuente de los Cristos, calle Saavedra núm. 9”, <italic>El Avisador
            Malagueño</italic>, 27/04/1861).</p>
        <p>Su servicio lo ofrecen generalmente en las casas de los padres, y de manera más
          excepcional en sus propios domicilios:</p>
        <disp-quote>
          <p>Una jóven primeriza con leche de tres meses, solicita cria para casa de los padres.
            Dolores Fernandez-Corralon de Larios núm. 2.º informará. (<italic>Diario Mercantil de
              Málaga</italic>, 15/06/1880).</p>
          <p>En la calle de Ginetes casa número 18, darán razon de una joven viuda que solicita cria
            para su casa ó la de los padres de la criatura. Tiene la leche de doce dias y personas
            que la abonen (<italic>El Avisador Malagueño</italic>, 07/08/1844).</p>
        </disp-quote>
        <p>Y las condiciones eran bien el amamantamiento completo, bien parcial; además de puntual
            (<italic>por tragos</italic>):</p>
        <disp-quote>
          <p>EL QUE NECESITE UN AMA A media leche ó tragos en su casa en la calle de Aventureros,
            núm. 6, darán razón. (<italic>El Avisador Malagueño</italic>, 30/07/1851).</p>
          <p>Un ama de leche solicita lactancia de una criatura solamente á tres ó cuatro tragos al
            dia. Informarán de ella casa del Sr. D. José Oppelt, plaza de S. Juan. (<italic>El
              Avisador Malagueño</italic>, 28/02/1860).</p>
        </disp-quote>
        <p>Las nodrizas alojadas en casa de familias de clase alta recibían mejores salarios; para
          evitar el fraude se les controlaba su alimentación y comportamiento durante la lactancia
            (<xref custom-type="bib" ref-type="corresp" rid="ref5">Bolaño, 2003, pp. 38-39</xref>).
          Su actividad era temporal, en la intimidad del hogar y con una repercusión económica que
          ayudaba a su propia subsistencia y la de sus familias.</p>
        <p>Los atributos esperables y más valorados que caracterizaban a estas mujeres y que se
          indican en estos breves mensajes se concretan en su juventud —entre 20 y 35 años—,
          generalmente con indicación precisa de la edad, un dato recurrente en estos avisos (“Una
          ama de leche, joven, de 24 años”), aunque también aparece algún aviso realmente
          incomprensible:</p>
        <disp-quote>
          <p>Una jóven de 18 á 20 años, años, primeriza, leche fresca, solicita criar casa de los
            padres. Vive calle de Agustin Parejo, núm. 28. Tiene personas que la abonen. (<italic>El
              Avisador Malagueño</italic>, 01/06/1856).</p>
        </disp-quote>
        <p>Si bien en los avisos y anuncios prevalecen las amas primerizas, parece que eran más
          recomendables las que ya habían parido anteriormente, por su mayor experiencia y por tener
          los pechos más preparados para el amamantamiento (<xref custom-type="bibr"
            ref-type="corresp" rid="ref11">Espinilla, 2013, p. 71</xref>):</p>
        <disp-quote>
          <p>NODRIZA. Desea colocacion para casa de los padres una jóven primerisa, con leche de un
            mes. Informarán calle de la Puente núm. 36. (<italic>El Avisador Malagueño</italic>,
            18/02/1886).</p>
        </disp-quote>
        <p>Se valoraba que fueran fuertes y estuvieran saludables (“Una jóven y robusta, con leche
          de seis meses …”); en ocasiones también se aludía a su valía moral y comportamental (“Un
          AMA de leche, de buena salud y conducta, desea cria para casa de los padres…”); así como
          tener leche fresca (“Una jóven primeriza, con leche fresca…”); y que su parto rondara la
          fecha en la que parió la madre del lactante —de ahí el uso reiterado de “leche de X días/
          meses o X días de parida” (“Un ama de leche, primeriza, de 19 dias de parida, de edad de
          17 años, solicita cria. Vive en el Altosano, n. 40”, <italic>El Avisador
            Malagueño</italic>, 01/05/1855)—; no se debían sobrepasar los cuatro meses de diferencia
          entre el parto de la nodriza y el de la madre. Así, los avisos cuantificaban el tiempo de
          la leche, que no debía ser ni muy reciente ni muy antigua: eso sí, debía ser posterior a
          los cuarenta días del parto ya que antes no se sabría la cantidad de leche que tendría el
          ama ni si la involución uterina se verificaría del todo regularmente. Tampoco convenía a
          los recién nacidos leche de más de ocho meses, que podría agotarse antes del destete
            (<xref ref-type="corresp" rid="ref15">Gómez Pérez, 2012</xref>). No obstante, las
          ofertas son muy variadas y encontramos anuncios de nodrizas recién paridas (“Un ama de
          leche, viuda de ocho dias, desea cria para casa de los padres. Darán razon calle del
          Peregrino, n. 7. Tiene persona que la abone”, <italic>El Avisador Malagueño</italic>,
          11/07/1854), junto a otras de leche de seis, ocho meses incluso de más (“Una nodriza
          jóven, leche de diez y ocho meses, desea cria para casa de los padres. Vive Posada de la
          Colilla, calle de S. Juan”, <italic>El Avisador Malagueño</italic>, 02/02/1876).</p>
        <p>Además, las nodrizas debían contar con avales: “Tiene persona que la garantice”, “Tiene
          personas que la abonen” o “Tiene personas que la abonen y testifiquen de la bondad de su
          leche”.</p>
        <p>La estructura canónica de estos avisos era: el sujeto —la nodriza— con una descripción
          escueta de su estado civil, edad, aspecto físico, etc., modificado por un sintagma nominal
          alusivo al tiempo de lactancia, más predicado con verbo de ofrecimiento, seguido del
          objeto que se ofrece, la cría, y el lugar donde se realizaría el acto. El aviso se solía
          cerrar con la incorporación de referencias y la forma de contacto, normalmente la
          dirección personal del ama de cría y el lugar donde darán razón de ella, como puede ser la
          redacción del propio periódico:</p>
        <disp-quote>
          <p>Una nodriza jóven, leche de seis meses, desea cria para casa de los padres. Informarán
            Plazuela de Uncibay, núm. 8. (<italic>El Avisador Malagueño</italic>, 01/04/1856).</p>
        </disp-quote>
        <p>Muy rara vez se modifica este patrón con fórmulas como:</p>
        <disp-quote>
          <p>Un ama de leche, primeriza, de 21 dias de parida, solicita cria para casa de los padres
            ó dar tragos. Vive calle Alta, núm. 27. (<italic>El Avisador Malagueño</italic>,
            04/08/1877).</p>
          <p>Una jóven primeriza, leche de pocos dias solicita criar en casa de los padres. No tiene
            cria por haberse muerto, es forastera. Darán razon en la Redaccion de este periódico.
              (<italic>El Avisador Malagueño</italic>, 15/05/1892).</p>
        </disp-quote>
        <p>La inclusión de aditivos icónicos representativos del ama de cría es propia de la primera
          etapa de <italic>El Avisador Malagueño</italic> [<xref ref-type="fig" rid="figura6">Figura
            6</xref> , <xref ref-type="fig" rid="figura7">7</xref> y <xref ref-type="fig"
            rid="figura8">8</xref>]:</p>
        <fig id="figura6">
          <caption>
            <p>(El Avisador Malagueño, 07/08/1844).</p>
          </caption>
          <graphic mimetype="image" mime-subtype="x-emf" xlink:href="media/image6.jpeg"/>
        </fig>
        <fig id="figura7">
          <caption>
            <p>(El Avisador Malagueño, 24/03/1849)</p>
          </caption>
          <graphic mimetype="image" mime-subtype="x-emf" xlink:href="media/image7.jpeg"/>
        </fig>
        <fig id="figura8">
          <caption>
            <p>(El Avisador Malagueño, 02/01/1849)</p>
          </caption>
          <graphic mimetype="image" mime-subtype="x-emf" xlink:href="media/image8.jpeg"/>
        </fig>
        <p>En el último tercio del siglo, los avisos podían incluir el nombre y los apellidos de la
          nodriza, seguidos de una aposición explicativa de su edad, la referencia al tiempo de su
          leche y el predicado expresado con la fórmula <italic>desea cría</italic> para el lugar
          donde se llevará a cabo el servicio, con el cierre de la dirección a la que acudir:</p>
        <disp-quote>
          <p>Josefa Fernandez, jóven de 18 años, leche de cuatro meses, desea cria para casa de los
            padres. Vive calle del Viento núm. 13, (Altosano). (<italic>El Avisador
              Malagueño</italic>, 25/05/1880).</p>
        </disp-quote>
        <p>La redacción de estos textos ya empieza a mostrar rasgos de economía lingüística: “Un ama
          de leche, forastera, desea encontrar acomodo para [amamantar en] casa de los padres. Vive
          calle Agustín Parejo núm. 18” (<italic>Correo de Andalucía</italic>, 05/04/1879).</p>
        <p>A finales de siglo, el avance de las corrientes y teorías higienistas, defensoras de la
          lactancia materna y contrarias, por tanto, al quehacer de las amas de cría, configuran el
          arquetipo de la “buena madre” concebido por la higiene (<xref custom-type="bibr"
            ref-type="corresp" rid="ref20">Morata, 2003, pp. 173-176</xref>). Con el nacimiento y
          desarrollo de la lactancia artificial se pone fin a las nodrizas (<xref custom-type="bibr"
            ref-type="corresp" rid="ref4">Belmonte Rives, 2017, p. 134</xref>).</p>
      </sec>
      <sec id="otros-oficios-de-mujer">
        <title>3.3. Otros oficios de mujer</title>
        <p>Si bien los avisos y semianuncios de nodrizas y de sirvientas suponían una mayor
          preeminencia en la prensa malagueña de la época, con el 77 % de los casos, también se
          documentan otros donde mujeres ofrecen sus servicios vinculados a distintas profesiones
          —un 15.4 % de los mensajes (excluyendo los impactos de maestras y profesoras de distintas
          enseñanzas que, como se indicó anteriormente, ya han sido estudiadas en <xref
            custom-type="bibr" ref-type="corresp" rid="ref25">Robles Ávila</xref>, en prensa)—, lo
          que nos permiten reconstruir el papel de la mujer como trabajadora en este período
          histórico. El primer dato reseñable es la paulatina profesionalización de las tareas que,
          si bien empiezan a anunciarse como servicios transaccionales directos entre particulares,
          poco a poco se van dimensionando con mensajes más elaborados donde la anunciante se
          presenta como empresaria del establecimiento que regenta:</p>
        <disp-quote>
          <p>En esta redaccion darán razon de una COSTURERA muy hábil en su oficio, y que sabe
            perfectamente cortar cualquier prenda que entreguen. (<italic>El Avisador
              Malagueño</italic>, 22/02/1849).</p>
          <p>MODISTA. Especialidad y economía en la confeccion de trajes. D.ª Cristobalina
            Bombarely, ofrece sus conocimientos en dicho remo. Calle de Don Juan de Málaga número
            1.º (<italic>Correo de Andalucía</italic>, 05/04/1879).</p>
        </disp-quote>
        <p>O los pequeños mensajes con aditivos icónicos de <italic>El Avisador Malagueño</italic>
            [<xref ref-type="fig" rid="figura9">Figura 9</xref> y <xref ref-type="collab"
            rid="figura10">10</xref> :</p>
        <fig id="figura9">
          <caption>
            <p>(El Avisador Malagueño,04/06/1849)</p>
          </caption>
          <graphic mimetype="image" mime-subtype="x-emf" xlink:href="media/image9.jpeg"/>
        </fig>
        <fig id="figura10">
          <caption>
            <p>(El Avisador Malagueño, 27/06/1849)</p>
          </caption>
          <graphic mimetype="image" mime-subtype="x-emf" xlink:href="media/image10.jpeg"/>
        </fig>
        <p>Especialmente a partir de la segunda mitad del ochocientos y debido al creciente interés
          por la moda, se produce una proliferación de oferta de servicios de costureras y modistas
          como salida laboral honrosa para mujeres viudas, solteras o aquellas en situaciones de
          dificultades económicas sobrevenidas en las familias; con estos trabajos podrían
          contribuir al mantenimiento propio y el de su unidad doméstica (<xref custom-type="bibr"
            ref-type="corresp" rid="ref19">Irisarri, 2020, pp. 136-137</xref>), y destruían el
          argumento de la tajante separación entre la casa y el trabajo, ya que las costureras
          compatibilizaban ambas tareas con total solvencia.</p>
        <p>El oficio de costurera convive con el de modista en el ochocientos; se registra ya en el
            <italic>Diccionario</italic> de Nebrija y desde el <italic>Diccionario de
            Autoridades</italic> (1729) hasta la edición de 1791, las primeras se definían como ‘la
          que tenía por oficio cortar y coser ropa blanca’; a partir de la edición de 1803 se
          incorpora ‘también la que cose de sastrería’; definiciones que se mantienen durante todo
          el siglo XIX. “Modista” se incorpora al español más tarde; en el <italic>Diccionario de
            Autoridades</italic> (1734) se define por primera vez no como profesión sino como ‘el
          que observa y sigue demasiadamente las modas’. A partir de la edición del
            <italic>Diccionario Académico</italic> de 1803, se incorpora la acepción de ‘el que hace
          las modas, ó tiene tienda de ellas’. El de 1817 alude a que se usa comúnmente en la
          terminación femenina. El <italic>Diccionario</italic> de <xref custom-type="bibr"
            ref-type="corresp" rid="ref8">Domínguez</xref> (1853) es el primero que expande esta
          definición de la siguiente manera, incorporando una nueva acepción: ‘La que trabaja y se
          ocupa principalmente en todas aquellas cosas que sirven para adornos, ó que constituyen el
          traje de las mujeres’// ‘Comerciante en géneros ó cosas de moda; y tambien el que trabaja
          en ellos’. El <italic>Diccionario</italic> de <xref custom-type="bibr" ref-type="corresp"
            rid="ref14">Gaspar y Roig</xref> (1855) avanza en la definición atendiendo a las prendas
          que elabora: ‘La mujer cuyo oficio es hacer vestidos y demás prendas esteriores del traje
          de las señoras’. La Academia en su <italic>Diccionario</italic> de 1869 ofrece una
          definición donde se presenta el cambio semántico de esta voz: ‘Antiguamente el que
          adoptaba, seguia ó inventaba las modas. // Hoy es la mujer que corta y hace los vestidos y
          adornos elegantes de las señoras, y la que tiene tienda de modas’. Esta definición se
          mantiene en todos los diccionarios posteriores del s. XIX y en el s. XX.</p>
        <p>Atendiendo a las muestras que componen nuestro corpus, el retrato de las costureras en el
          ochocientos es el de una mujer dedicada a coser en blanco, es decir, la ropa blanca,
          definida ya el <italic>Diccionario de Autoridades</italic> (1737) como ‘el conjunto de
          piezas y alhájas de lino, que sirve en las casas para el servicio de ellas, y limpieza de
          los sugetos’. Las costureras también sabían cortar, marcar y hacer “todos los primores que
          le pidan las personas que necesiten”; normalmente en casa de los clientes (“Una costurera
          que sabe su obligacion desea encontrar casa particular en donde ir á coser, o costura para
          su casa. Vive en la calle del Cister, callejuela de los Afligidos núm. 1”. <italic>El
            Avisador Malagueño</italic>, 26/04/1877), aunque las había que cosían en sus propias
          casas (“Una costurera que sabe su obligacion desea encontrar casa particular en donde ir á
          coser, o costura para su casa”). Podían ser mujeres jóvenes en cuyos mensajes solían
          aludir a su buena educación (“Una jóven de muy buena educacion desea una casa para ir de
          costurera”), su honradez y al deseo de trabajar en una casa decente (“Una jóven de una
          familia honrada desea colocarse para coser en una casa decente”); a veces en condiciones
          personales de dificultad, para las que su oficio era la solución a la precariedad; por
          ello no son extrañas las alusiones a sus bajas retribuciones con tal de conseguir trabajo:
          “Una joven costurera necesita colocacion ó trabajo en su casa. Está muy necesitada y se
          ajustará en condiciones favorables. Tiene máquina. Darán razon, Refino, 42”. (<italic>El
            Mediodia</italic>, 19/09/1880). Los avances técnicos llegan a estas mujeres, que
          utilizan máquinas de coser y las presentan como argumentos de persuasión a sus potenciales
          clientes.</p>
        <p>Su discurso incorpora pinceladas persuasivas a través de orientadores argumentativos como
          adverbios de modo y adjetivos calificativos para incidir en la calidad de sus trabajos y
          en el buen hacer (“primorosamente, costurera muy hábil en su oficio, costurera que cose
          muy regular en blanco”, “una buena costurera en blanco”, etc.); cuantificadores
          universales como “todo”, alusivos a la multiplicidad de trabajos que son capaces de
          realizar (“una COSTURERA que sabe cortar de todo”), u otras fórmulas ponderativas de sus
          capacidades (“Una señora que está al corriente en toda clase de costura y cortado; Una que
          sabe con esmero su obligación”).</p>
        <p>En cambio, la voz “modista”, aunque se registra en mensajes comerciales de los años 50
          del s. XIX, su máxima representatividad se encuentra a partir de los 70. Estos textos
          tienen un carácter más publicitario, suelen estar más elaborados y presentan una serie de
          particularidades que los diferencian de los avisos y semianuncios de costureras, como son
          la tendencia a identificar a la modista con nombre y apellido (“Doña Concepcion Martin,
          MODISTA, ofrece sus trabajos…”); como indican los diccionarios de la época, confecciona
          principalmente vestidos y otras prendas de señoras, también para niños: “Doña Ramona
          Soriano se ha establecido en calle Hospital Militar número 3, donde ofrece su casa ó
          taller, confeccionándose trajes para señoras y niños de ambos sexos con el gusto y equidad
          posible. Se corta y pone de prueba, y se pica con media caña. Hospital Militar, 3”
            (<italic>El Avisador Malagueño,</italic> 28/02/1892).</p>
        <p>Las modistas muestran un perfil más profesional y empresarial: muchas de ellas anuncian
          sus negocios, talleres y tiendas, donde atienden a las clientas independientes del entorno
          familiar. Posiblemente, junto con las matronas y las maestras, estas sean las profesiones
          que fueron promoviendo la independencia de la mujer, los primeros pasos para la
          emancipación femenina. Se suelen anunciar como novedad, recién llegadas a la ciudad, con
          un bagaje que utilizan como argumento comercial (“Modista. Acaba de llegar para
          establecerse en esta capital una que ha recorrido las principales capitales de España y
          ofrece á las señoritas de ésta sus servicios”, <italic>El Avisador Malagueño</italic>,
          04/12/1875). Se aprecia el gusto por la moda de las señoras de la burguesía malagueña de
          la época, ya que se registran verdaderos anuncios, con claves persuasivas y apelativas, de
          modistas venidas de París o de otros países, posiblemente por ser especialmente demandadas
          y consideradas:</p>
        <disp-quote>
          <p>MODISTA. Acaba de llegar á esta ciudad, y de establecer una casa para la confeccion de
            vestidos y abrigos, Mlle. Leonie, Modista de Paris. Ofrece su casa á todas las señoras
            de Málaga, y se recomienda por su esmerado trabajo y buen gusto. Tiene modelos para la
            temporada, que venderá á precios muy satisfactorios. Pasage D. Luciano Martinez, 26, 2.º
              (<italic>El Avisador Malagueño</italic>, 07/02/1882).</p>
        </disp-quote>
        <p>Estos anuncios introducen rasgos persuasivos basados en argumentos referidos a la moda,
          así como orientadores argumentativos consistentes en la sucesión de sustantivos con
          connotaciones valorativas, positivas:</p>
        <disp-quote>
          <p>Modista. Tiene el honor de ofrecer en taller, Pasaje de M? núm. 4, esquina á la calle
            de la Gloria, piso cuarto, para la confeccion de trajes á la última moda, tanto para
            señoras como para niños. Elegancia, gusto y economía. Trajes de señoras, desde 20 rs. en
            adelante. (<italic>El Avisador Malagueño</italic>, 03/12/1880).</p>
        </disp-quote>
        <p>El argumento del bajo coste con el que captar el interés de las clientas se documenta ya
          en estos anuncios de modistas:</p>
        <disp-quote>
          <p>Leonie. —Modista. Pasage de D. Luciano Martinez, 26, 2.º Hace saber á su numerosa
            clientela, que desde hoy ha rebajado los precios en las confecciones de los vestidos á
            los siguientes: Vestido de seda á 160 en vez de 200 rs. Vestido de lana á 100 en vez de
            160 rs. Vestido de percal á 80 en vez de 120 rs. (<italic>El Avisador
            Malagueño</italic>, 15/07/1882).</p>
        </disp-quote>
        <p>O en este otro:</p>
        <disp-quote>
          <p>MODISTA. Se confeccionan toda clase de trages para Señoras y niños á precios sumamente
            económicos. GRACIA GUTIÉRREZ Marqués núm. 7 piso segundo (<italic>El Avisador
              Malagueño</italic>, 03/07/1888).</p>
        </disp-quote>
        <p>En ocasiones estos mensajes aparecen introducidos por titulares apelativos a las
          destinatarias, al <italic>target</italic> al que se dirigen:</p>
        <disp-quote>
          <p>PARA LAS SEÑORAS<bold>.</bold> Francisca Bazan y Martin, modista de Madrid y Granada y
            recien establecida en esta capital, cuya tienda ó taller lo tiene en calle de Comedias,
            frente del Teatro, núm. 45, lo ofrece á las señoras que gusten honrarla con sus
            trabajos, ofreciéndoles las garantias de baratura, prontitud y aseo, y obligándose al
            mismo tiempo el picar de gratis á sus marchantes toda clase de felpa á mano, con la
            ventaja de sacar de cada vera de felpa siete cuartas de adorno del mismo ancho que sea.
            Tambien se ofrece el pasar á la prueba y á cortar á las casas á presencia de sus
            marchantes toda clase de prendas que sea, sin gastar moldes ni patrones algunos y con
            arreglo á los mejores figurines. Tambien hace corseletes de todas clases y de todos
            precios. ADVERTENCIA. La señora que guste mandarla llamar se servirá mandarle su nombre,
            el de la calle y el número de la casa por escrito. (<italic>El Avisador
              Malagueño</italic>, 03/12/1856).</p>
        </disp-quote>
        <p>También se recurre a las referencias como avales de calidad:</p>
        <disp-quote>
          <p>MODISTA. Acaba de llegar de Madrid, donde á trabajado tanto en vestidos como en
            capotes, sombreros y demas adornos de Señoras, habiendo ganado á las personas de esta
            Ciudad, lo ha ocupado con sus trabajos. Vive calle de Granada, piso principal del núm.
            90, junto al café Imperial. (<italic>El Avisador Malague</italic>ño, 01/05/1867).</p>
        </disp-quote>
        <p>Menos frecuentes son los mensajes de bordadoras, construidos como avisos o semianuncios,
          con algunas pinceladas persuasivas e incitativas, como en el siguiente, donde destaca su
          procedencia madrileña, como rasgo de prestigio, y su capacidad para realizar múltiples
          labores:</p>
        <disp-quote>
          <p>Bordadora Madrileña D.<sup>a</sup> Asunción Pérez Se dan lecciones y se borda toda
            clase de labores, tanto en blanco como en seda y oro. Ancha Madre de Dios, 19.
              (<italic>El Expreso</italic>, 17/11/1894).</p>
        </disp-quote>
        <p>Y junto a costureras y modistas, surgen avisos, anuncios y semianuncios de mujeres que
          desean prestar sus servicios en muy diversas ocupaciones; las hay preparadas en el ámbito
          de la salud, como son las matronas y parteras, comadres que, como indican los diccionarios
          de la época, realizan el oficio de asistir a las que están de parto. Su actividad laboral
          requería de algunos conocimientos específicos. Aunque sus acciones estaban reguladas desde
          1750, en 1804 se actualizan, estableciéndose que las matronas fueran examinadas por los
          Reales Colegios de Cirugía con una prueba teórico-práctica. Las candidatas tenían que ser
          viudas o casadas, siempre que tuvieran el consentimiento del marido. No fue hasta la Ley
          de 1857 y el Reglamento de 26 de junio de 1860 cuando se exigirían estudios específicos
          para el desempeño de esta profesión (<xref custom-type="bibr" ref-type="corresp"
            rid="ref3">Ballarín Domingo, 2010, p. 253</xref>).</p>
        <p>Matronas y parteras se anuncian identificadas con sus nombres y apellidos, como
          profesionales bien formadas y con amplia experiencia, capaces de curar enfermedades de la
          mujer; sus mensajes suelen iniciarse con un titular apelativo hacia sus destinatarias (“a
          las mujeres”, “a las señoras que padecen”, “enfermedades de la mujer”, etc.):</p>
        <disp-quote>
          <p>Doña Maria de la Paz Isla, matrona ecsaminada en Madrid, sigue egerciendo su facultad
            en la misma casa calle de Granada, n 15. (<italic>El Avisador Malagueño</italic>,
            28/06/1862).</p>
        </disp-quote>
        <p>En este sector encontramos anuncios propiamente, con una intención pragmática orientada a
          convencer a la destinataria de sus servicios, caracterizados por una extensión mayor de lo
          común, donde se incluyen los listados de enfermedades femeninas expuestos en cascada y
          cerrados con un sintagma totalizador con inclusión del cuantificador universal “todas/os”;
          además de referencias directas a sus curaciones, los emolumentos —con cuantías diferentes
          dependiendo de quién sea la destinataria—, la asistencia a partos —incluso en su
          domicilio—, su preparación como maestra para futuras matronas, etc.</p>
        <disp-quote>
          <p>Á LAS SEÑORAS QUE PADECEN Flujos blancos ó sanguíneos, irritaciones, ardores, picores,
            esterilidad y en general todas las afecciones de la matriz, las hace los reconocimientos
            y las curaciones LA PROFESORA EN PARTOS DOÑA MARIA MORALES Curaciones en Málaga.
            NUM.1.-Juana Martin Corpa, calle del Cristo de la Epidemia, número 19. NÚM 2.-Dolores
            Casado y Jimena, calle Ginete, número 1. NÚM.3-Josefa Rodriguez Roda, calle de la
            Lagunilla, número 17. NÚM 4.-Lucía Torres, calle de Cabellos, núm 18. NÚM.5.-Francisca
            Claro y Gimenez, calle del Cristo de la Epidemia, núm. 16. Letra B.</p>
          <p>(Continuará)</p>
          <p>Nota.-No se mencionan otros muchos casos de curaciones por no publicar los nombres de
            las interesadas. Consulta, 20 reales, de cuatro á seis. Idem idem á domicilio. Idem
            gratis á las pobres, de doce á una. Por asistencia á partos, los honorarios de costumbre
            en el país. Para tratar del parto, consulta gratis, bien sea en casa de la Profesora ó
            bien de la interesada. Tiene habitaciones preparadas para casos de su profesion. Tambien
            dá lecciones preparatorias á las que deseen examinarse de Matronas. Dirigirse Carretería
            91, entresuelo de la derecha, entrada por la calle Molinillo del Aceite. (<italic>El
              Mediodía</italic>, 25/03/1880).</p>
        </disp-quote>
        <p>En ocasiones los anuncios remiten a maestras parteras especialistas en el tratamiento de
          numerosas enfermedades, igualmente listadas, que curan con garantía y facilidad para la
          paciente, y que ejercen su profesión fuera de la ciudad; como en el caso siguiente, con
          consulta en París. La mujer burguesa malagueña con padecimientos graves o, como señala el
          anuncio, “incurables” se convierte en el <italic>target</italic> de esta publicidad, con
          posibles para desplazarse en caso de necesidad. Unas mujeres que físicamente se
          representan anémicas, lánguidas, delgadas, pálidas, modelos del “ángel del hogar”:</p>
        <disp-quote>
          <p>Enfermedades de las mujeres. Tratamiento (sin necesidad de reposo ni regimen) por
            Madame LACHAPELLE maestra partera; de las enfermedades de las mugeres; inflamaciones;
            úlceras; consecuencias del parto; desarreglo de los órganos, causas frecuentes y á veces
            ignoradas de la esterilidad, de la languidez, palpitaciones; debilidad; endeblez; mal
            estar nervioso, enflaquecimiento, y de un gran número de enfermedades consideradas
            incurables. Los medios de curacion tan faciles que emplea madame LACHAPELLE son el
            resultado de sus largos años de estudios en el tratamiento de estas enfermedades.
            Consultas todos los dias de las tres á las cinco de la tarde, 27 rue Monthabor, Paris,
            cerca de las Tullerias. (<italic>El Avisador Malagueño</italic>, 10/11/1875).</p>
        </disp-quote>
        <p>Por otra parte, llama la atención la demanda de cocineras en la Málaga de la segunda
          mitad del ochocientos. Excepto en un caso, todos los textos comerciales de oferta de
          empleo para esta profesión corresponden a avisos, para la que se exigen referencias,
          profesionalidad y buen comportamiento:</p>
        <disp-quote>
          <p>Se necesita una cocinera que sepa bien su obligacion y tenga personas que abonen su
            conducta. En esta redaccion darán razón [<xref ref-type="fig" rid="figura11">Figura 11</xref>]. (<italic>El Avisador
              Malagueño</italic>, 01/02/1856).</p>
        </disp-quote>
        <fig id="figura11">
          <caption>
            <p>(El Avisador Malagueño, 27/06/1849)</p>
          </caption>
          <graphic mimetype="image" mime-subtype="x-emf" xlink:href="media/image11.jpeg"/>
        </fig>
        <p>La llegada a Málaga de familias burguesas británicas justifica la solicitud de cocineras
          con experiencia con ingleses:</p>
        <disp-quote>
          <p>Se necesita una buena cocinera: se prefiere una que ha servido con ingleses. El portero
            de la casa núm. 15, Alameda de los Tristes, dará razón. (<italic>El Avisador
              Malagueño</italic>, 16/01/1853).</p>
        </disp-quote>
        <p>Para tareas que requieren escasa o nula preparación se ofrecen porteras, mujeres
          posiblemente en situación de especial dificultad, como indica el anuncio siguiente en una
          sucesión coordinada de sintagmas de distinta naturaleza gramatical:</p>
        <disp-quote>
          <p>PORTERÍA. La familia que desee encontrar una buena portera, viuda, con un solo hijo y
            personas que la garanticen, puede dirigirse á la calle de los Afligidos, síta en la del
            Cister, núm. 1º, piso 3º. (<italic>El Mediodía</italic>, 27/07/1877).</p>
        </disp-quote>
        <p>Mujeres empresarias, generalmente viudas, anuncian sus novedades en mensajes como:</p>
        <disp-quote>
          <p>INTERESANTE En la calle de Especerias, núm. 7, establecimiento de Josefina viuda de
            Lesieur acaba de recibir la viuda de Gutierrez un precioso surtido en guantes de todas
            clases. Lo que se apresura á poner en conocimiento de sus muchos y antiguos
            parroquianos. (<italic>La Ilustración Andaluza</italic>, 28/03/1880).</p>
        </disp-quote>
      </sec>
    </sec>
    <sec id="conclusiones">
      <title>4. Conclusiones</title>
      <p>La máxima del legislador <xref custom-type="bibr" ref-type="corresp" rid="ref32">Jules
          Simon</xref> en 1861, “Una mujer que se convierta en trabajadora ya no es una mujer”,
        representa la mentalidad dominante en el s. XIX sobre la función de la mujer en la sociedad.
        Idealizada en su papel de “ángel del hogar”, atenta al cuidado de la familia y al
        mantenimiento de la estructura patriarcal, los cambios de la progresiva industrialización
        van abriéndole un espacio nuevo de oportunidades para el desarrollo personal y profesional
        fuera del ámbito doméstico.</p>
      <p>A través de las secciones de avisos y anuncios de los diarios malagueños del s. XIX se
        puede reconstruir el papel de la mujer trabajadora de la época; mujeres de clase baja u
        otras en situaciones de penuria sobrevenidas que necesitaban incorporarse al mercado laboral
        para mantenerse a ellas mismas y a sus familias. Ocupadas en tareas domésticas, como
        sirvientas, nodrizas, costureras, matronas, peinadoras o cocineras fueron dando soporte a
        una sociedad en pleno desarrollo a través de servicios demandados por la burguesía y las
        clases más pudientes que, aunque resultaban poco visibles, fueron el germen de los avances
        que ya a comienzos del s. XIX consiguieron mujeres pioneras en campos muy diversos de
        relevancia social. La lenta pero imparable incorporación de la mujer al mercado laboral a lo
        largo del s. XIX fue sembrando la semilla de su emancipación.</p>
    </sec>
  </body>
  <back>
    <app-group>
      <title>Agradecimiento</title>
      <p>Con este humilde trabajo deseo mostrar mi cariño y admiración al profesor Joaquín Garrido Medina, Catedrático de Lengua Española de la Universidad Complutense de Madrid, persona buena y generosa con la que he tenido la suerte de compartir trabajo y amistad. Larga vida al maestro.</p>
    </app-group>
    <ref-list>
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        </element-citation>
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          <comment>[tesis doctoral, Universidad Miguel Hernández]</comment>
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