e-ISSN: 1576-4737
MONOGRÁFICO
Resumen: En este artículo se estudian los factores que intervienen en la formación e interpretación de la pasiva perifrástica con ser del español. Las restricciones examinadas derivan tanto del aspecto léxico y flexivo del verbo como del contenido de sus argumentos sujeto y objeto. El trabajo asume los presupuestos de la teoría del Lexicón Generativo y postula que la pasiva es una operación sintáctica legitimada por la concordancia de los rasgos subléxicos codificados en la estructura eventiva de los verbos y en la estructura de qualia de sus argumentos. El análisis subléxico que se defiende permite explicar el comportamiento heterógeneo del sintagma-por de la pasiva, obligatorio en algunos contextos y opcional en otros. La propuesta se extiende para explicar la intervención de los adjuntos en la construcción del evento denotado por un predicado y su aportación esencial en el rescate de ciertas pasivas informativamente no relevantes.
Palabras clave: pasiva, análisis subléxico, estructura eventiva, estructura de qualia, procesos de concordancia léxica, sintagma-por.
Abstract: This paper studies the factors involved in the formation and interpretation of the Spanish periphrastic passive with ser. The restrictions examined derive both from the lexical and inflectional aspect of the verb and from the content of its subject and object arguments. The work assumes the assumptions of the Generative Lexicon theory and postulates that the passive is a syntactic operation licensed by agreement of the sublexical features encoded in the eventive structure of the verbs and in the qualia structure of their arguments. The sub-lexical analysis defended allows to explain the heterogeneous behavior of the by-phrase of the passive, obligatory in some contexts and optional in others. The proposal is extended to explain the intervention of adjuncts in the construction of the event denoted by a predicate and their essential contribution in the rescue of certain informatively irrelevant passives.
Keywords: passive, sublexical análisis, eventive structure, qualia structure, lexical agreement processes, by-phrase.
Sumario: 1. Introducción. 2. Análisis clásicos de la pasiva. 2.1. El análisis tradicional: los datos que no explica. 2.2. El análisis generativista de la pasiva: problemas que plantea. 3. Un análisis subléxico de la pasiva. Hipótesis y modelo teórico. 3.1. La pasiva como resultado de la interacción entre los rasgos subléxicos del verbo, los argumentos y los adjuntos. 3.2. El modelo teórico del Lexicón Generativo. 3.2.1. La estructura eventiva. 3.2.2. La estructura de qualia. 3.2.3. La interacción entre EE y EQ. 3.2.4. La concordancia de rasgos subléxicos. 4. El análisis de la pasiva desde una perspectiva léxico-generativa. 4.1. La pasiva como proceso de focalización de los subeventos de un evento complejo. 4.2. La interacción entre la estructura eventiva de los verbos y la estructura de qualia de los argumentos. 4.3. La pasiva como proceso de tematización. La relevancia informativa del sintagma-por y de los adjuntos. 5. Conclusiones. Agradecimientos. Referencias bibliográficas. Anexo.
Cómo citar: de Miguel, E. (2025). Un análisis subléxico de la pasiva en español: cerrando el círculo Rodríguez Ramalle, T. (coord.): Lengua, discurso y comunicación: 25 años de la revista Círculo de Lingüística Aplicada a la Comunicación. Círculo de Lingüística Aplicada a la Comunicación 101 (2025): 111-125. https://dx.doi.org/10.5209/clac.100074
En estas páginas me propongo llevar a cabo un recorrido por la pasiva, tema central en mi investigación desde la tesis de doctorado, que defendí en 1990 (y se publicó después revisada y modificada en De Miguel 1992), hasta el momento presente, en que exploro la aportación de los adjuntos verbales a la predicación (cf. De Miguel 2022b, c y 2023).
Mi interés inicial por la construcción surgió al observar sus restricciones aspectuales, que no solían recogerse en las descripciones tradicionales, con las notables excepciones de las obras de Salvador Fernández Ramírez (1986) y Samuel Gili Gaya (1943); también las señaló Joaquín Garrido, quien describió un vínculo relevante entre aspecto flexivo y aspecto léxico compartido por las formas activa y pasiva del verbo:
Las mismas condiciones existen con respecto a la construcción con “ser”: si el participio es permanente, se emplea “ser” en presente e imperfecto sin restricción (“es conocida”, “era conocida”): si es desinente, la significación es repetitiva o habitual (“es abierta”, “era abierta”).
Con el tipo desinente, el futuro indica la acción puntual en ambos casos (“abrirá”, “será abierta”). Tanto con el verbo como con el participio, es el modo de acción correspondiente a ellos lo que determina las restricciones, y no “ser”, en el caso del participio (Garrido 1987, p. 16).
Las palabras de Garrido (1987) ponen el foco en una cuestión esencial para explicar tanto la aceptabilidad de la construcción como la interpretación que recibe: la relación entre el aspecto de la forma verbal y el “modo de acción” o aspecto léxico del verbo. La cita de su trabajo constituye no solo el punto de arranque de este artículo: es, sobre todo, un reconocimiento a la influencia de Joaquín Garrido en la investigación gramatical del español. Mi propósito es trazar una imagen circular del estudio sobre la pasiva que sirva de homenaje al Círculo de lingüística aplicado a la comunicación, en su 25 aniversario, y muy especialmente, a su fundador, el maestro Joaquín Garrido, cuya presencia en la lingüística abarca muchos más ámbitos del que se ha escogido para esta contribución.
Según la descripción habitual, la pasiva es una construcción que se forma sobre un verbo transitivo cuyo argumento paciente pasa a ser el sujeto y cuyo argumento agente se manifiesta opcionalmente en un sintagma encabezado por la preposición por (el llamado «sintagma-por»), como ilustran (1b,d,f), formadas a partir de (1a,c,e):
Alcaraz derrotó a Sinner en Roland Garros.
Sinner fue derrotado (por Alcaraz) en Roland Garros.
La casa de subastas vienesa im Kinsky ha subastado el Retrato de la señorita Lieser de Klimt.
El Retrato de la señorita Lieser de Klimt ha sido subastado (por la casa de subastas vienesa im Kinsky).
Millones de espectadores vieron los Juegos Olímpicos a través de distintos dispositivos.
Los Juegos Olímpicos fueron vistos (por millones de espectadores) a través de distintos dispositivos.
Así formulada, la pasiva se considera un proceso regular y productivo de los verbos transitivos, como derrotar, subastar y ver en (1). No obstante, son muchos otros los verbos transitivos que no forman pasiva: por ejemplo, querer y dar en (2), que son verbos no perfectivos («permanentes» en la terminología de Bello 1847), que adopta Garrido 1987), a diferencia de los de (1), que son perfectivos (o «desinentes»):
El niño quiere a su peluche.
*El peluche es querido por el niño.
Las higueras dieron higos y brevas todo el verano.
*Higos y brevas fueron dados por las higueras todo el verano.
Del contraste entre (2) y (1) puede deducirse que el verbo que forma pasiva debe ser no solo transitivo sino además perfectivo. No obstante, no siempre los verbos transitivos perfectivos se pasivizan; ver, que admite la pasiva en (1f), no lo hace en (3b), con el auxiliar en una forma aspectualmente imperfecta (presente o imperfecto), a menos que un adjunto favorezca su lectura perfecta, como en este preciso instante en (3b), que denota el punto en que se ha producido la percepción visual del pebetero; tampoco fotografiar admite pasiva con el auxiliar en forma imperfecta, a menos que un adjunto como una y otra vez en (3d) confiera un sentido de repetición al evento de fotografiar a Carolina Marín. Para (3e) no está disponible ninguna de estas lecturas y por tanto (3f) es imposible.
Isabel ve el pebetero con la antorcha olímpica desde el bus turístico.
El pebetero con la antorcha olímpica es visto por Isabel desde el bus turístico *(en este preciso instante).
Los periodistas fotografiaban a Carolina Marín con muletas.
Carolina Marín era fotografiada (por los periodistas) *(una y otra vez).
El niño come su chuche del cumpleaños antes de que la piñata este vacía.
*La chuche del cumpleaños es comida por el niño antes de que la piñata esté vacía (≠ ‘ha comido la chuche en este preciso instante’; ‘come la chuche una y otra vez’).
En sentido inverso, un verbo no perfectivo como querer, que no acepta pasiva en principio —(2b)—, la admite si se interpreta con una lectura iterativa, que se obtiene cuando el aspecto flexivo es imperfecto y el agente es genérico, como por todo el mundo del tenis versus su tío en (4b):
{Todo el mundo del tenis / su tío} quiere a Rafa Nadal por su forma de ser.
Nadal es querido por {todo el mundo del tenis / *su tío} por su forma de ser.
Isabel vio {la antorcha olímpica / la retransmisión del encendido del pebetero} ayer.
{*La antorcha olímpica / la retransmisión del encendido del pebetero} fue vista por Isabel ayer.
No solo el agente afecta a la gramaticalidad de la construcción; el contraste de (4d) indica que el contenido del sujeto paciente (la antorcha olímpica versus la retransmisión del encendido del pebetero) también interviene en la aceptabilidad de la pasiva, incluso con un verbo perfectivo en forma perfecta, como vio que, a diferencia de vieron en (1e), no admite la construcción si el sujeto es la antorcha olímpica. Los ejemplos de (4) introducen, pues, un nuevo factor legitimador de la construcción, más allá del aspecto léxico y del aspecto flexivo del verbo, relacionado con los argumentos agente y paciente del predicado.
Por último, en contra de lo que se afirmaba tradicionalmente, el sintagma-por no siempre es opcional: los ejemplos de (5) son agramaticales sin su presencia o, en su defecto, sin la de un adjunto que legitime la construcción.
El Retrato de la señorita Lieser fue pintado *({por Klimt / en Viena / en 1917}).
Los Juegos Olímpicos fueron vistos *({por millones de espectadores / a través de múltiples dispositivos / en todo el planeta}).
Los ejemplos de (1)-(5) ofrecen una imagen muy heterogénea de la pasiva en español, que no se corresponde con la sencilla regla de la gramática tradicional que reproducía el párrafo inicial de este apartado. Los trabajos más recientes recogen buena parte de sus muchas condiciones sintácticas, semánticas e informativas, apoyadas en datos extraídos de corpus (cf. RAE y ASALE 2009, II, §41 y Zúñiga 2023). Con todo, su comportamiento sigue planteando problemas para los análisis, cuyo volumen, por otra parte, excede con mucho la frecuencia de la construcción, muy restringida en el caso de la pasiva perifrástica con ser (frente a la pasiva con se, más habitual, o a la pasiva perifrástica con estar, más usada al menos en la lengua coloquial, según los datos de Zúñiga 2023).
De acuerdo con el análisis generativista propuesto por el modelo clásico de Principios y Parámetros, la morfología pasiva (en concreto, el sufijo -do del participio) está incapacitada para asignar caso acusativo a su objeto, el argumento paciente, lo que implica una vulneración del principio según el cual todo argumento con papel temático debe recibir un caso estructural. Por esta razón, el objeto se desplaza a la posición de sujeto sintáctico, en busca de caso nominativo. En consecuencia, el argumento agente del verbo transitivo no puede ocupar la posición de sujeto, por lo que se materializa en un sintagma-por, el conocido tradicionalmente como complemento agente de la pasiva, denominación que encierra algunos problemas (a pesar de lo cual se sigue usando, como se justifica, por ejemplo, en RAE y ASALE 2009, II, §33.3c).
En efecto, el sintagma-por no siempre denota un agente, como prueba el hecho de que una oración como (1f) no admite un adverbio de voluntad ni una oración final (Los Juegos Olímpicos fueron vistos (por millones de espectadores) a través de distintos dispositivos {*deliberadamente / *para estar al tanto de los logros de los deportistas}). En realidad, el sintagma-por desempeña el papel semántico que el verbo asigne a su sujeto en forma activa, lo que avala su naturaleza argumental. Ahora bien, la atribución del estatus de argumento al sintagma-por resulta problemática; no tanto por su frecuente opcionalidad, ilustrada en (1b, d, e, f), ya que el modelo prevé la posibilidad de que los argumentos no siempre se materialicen fonéticamente. Lo complicado de su naturaleza tiene que ver, más bien, con que, en los casos en que su presencia parece obligatoria, puede no materializarse si aparece un adjunto, como en (1f) y en los ejemplos de (5).
Este hecho, en principio sorprendente, fue inicialmente señalado por Grimshaw y Vikner en un trabajo de 1989 —publicado más tarde como Grimshaw y Vikner 1993— y llevó a Grimshaw (1990) a atribuir una doble naturaleza al sintagma -por de la pasiva, al que definió como un argumento-adjunto, en la medida en que es a veces opcional, a veces obligatorio, y cuando es obligatorio puede no aparecer si aparece un adjunto. (En De Miguel 1992, §2.2.1 se reproduce con más detalle la discusión teórica acerca del estatus del sintagma- por de la pasiva; en Williams 2015, cap. 12 se recoge una versión más actualizada del debate en torno a su obligatoriedad u opcionalidad).
El estatus del sintagma-por no es la única cuestión abierta en los primeros trabajos generativistas sobre la pasiva, que no se planteaban el origen de la proyección sintáctica de sus restricciones aspectuales ni el resto de los factores que interfieren en su formación e interpretación, ilustrados más arriba en (1)-(5). Sí se examinaron algunos de ellos en De Miguel (1992), un estudio sobre distintos procesos sintácticos determinados de manera esencial por el aspecto del predicado verbal, entre ellos, la pasiva, de la que se proporciona una explicación que integra sus requisitos vinculados al aspecto léxico del verbo, así como los relacionados con la intervención del aspecto flexivo y con la aportación del argumento agente. La hipótesis en que se asentó ese análisis postula la existencia de una categoría funcional Aspecto, en la que se materializa la información sobre el evento denotado por un predicado, concebida como una propiedad que excede el ámbito del verbo.
En síntesis, la propuesta defiende que el verbo de la pasiva debe ser predicativo y perfectivo, como los de (1), lo que excluye los verbos estativos, como el de (2a), y los ligeros, como el de (2c). El aspecto flexivo del auxiliar debe ser perfecto, como en (1); en forma imperfecta, la construcción se admite solo con un valor de pasado —asociado al presente puntual que expresa en este preciso instante en (3b)— o con un sentido iterativo —subrayado por una y otra vez en (3d)—. Si ninguna de estas lecturas está disponible, la pasiva con un verbo perfectivo y aspecto imperfecto resulta inaceptable, como (3f). De acuerdo con esta propuesta, también un verbo transitivo no perfectivo, como el de (2a), acepta la pasiva si el aspecto flexivo desencadena su interpretación como perfectivo en el sentido de repetido, como ocurre en (4b), donde la presencia de un agente genérico (por todo el mundo…) favorece la lectura iterativa del evento: lo delimita sucesivamente.
En suma, de acuerdo con los datos de (2-4a,b), la formación de la pasiva en español no depende solo de la clase de evento denotado por el verbo sino también del aspecto (perfecto o imperfecto) de la forma verbal y de la referencia (singular y específica o plural y genérica) del argumento agente. En consecuencia, el análisis proporcionado defiende que la pasiva es un proceso relacionado no con la especificación aspectual del verbo sino con la del predicado en su conjunto, hipótesis que se asienta en el presupuesto de que el aspecto es un contenido de naturaleza composicional relacionado con la predicación.
Las conclusiones del análisis defendido en De Miguel (1992) se reproducen en parte en los capítulos de la Gramática descriptiva de la lengua española dedicados al aspecto léxico (De Miguel 1999, §46.4.2.3.) y a las pasivas (Mendikoetxea 1999a, b) y reaparecen también en Zúñiga (2023). Ahora bien, desde una perspectiva empírica, la propuesta deja hechos sin explicar, que aconsejan su refinamiento. Por un lado, el que verbos perfectivos, como ver, manifiesten restricciones en la formación de pasiva en función no solo del argumento agente, sino también de la entidad que es percibida visualmente, ilustrado en (4d). Por otra parte, el espinoso asunto de la necesidad u opcionalidad del sintagma-por y de su intercambiabilidad por un adjunto en determinados contextos, recogido en (5).
Para afrontar las cuestiones pendientes, De Miguel (2001) imprime un giro a la investigación propiciado por la adopción de un modelo teórico para el que el significado de las palabras en el lexicón mental se compone de fragmentos o rasgos subléxicos a los que las operaciones sintácticas pueden acceder de forma independiente. Desde esta nueva perspectiva, la pasiva se concibe como una operación sintáctica que focaliza uno u otro fragmento del contenido aspectual de los verbos, como se describe infra, en §4.1.
El modelo en cuestión es la teoría del Lexicón Generativo, propuesta por James Pustejovsky a partir de un trabajo germinal (Pustejovksy 1988) en el que se explora la articulación geométrica de los eventos denotados por los predicados. Se formula por primera vez en Pustejovsky (1991) y en su versión clásica en Pustejovsky (1995). El análisis que se presenta en §4 hace uso de sus presupuestos y herramientas para proporcionar una explicación unificada de las distintas restricciones señaladas para la construcción pasiva, ilustradas por los ejemplos de (2)-(5), cuyo comportamiento aparentemente heterogéneo puede sin embargo derivarse de la operación de un mismo proceso con distintas manifestaciones (sintácticas, semánticas e informativas). Por razones de espacio me centraré en la pasiva perifrástica con ser (a propósito de las pasivas con se y las pasivas perifrásticas con estar pueden consultarse De Miguel 2001, 2004).
La hipótesis que se defiende considera que la pasiva constituye una operación que tiene lugar en la sintaxis y que está motivada por razones informativas: el objeto lógico de la activa correspondiente (Sinner en Alcaraz derrotó a Sinner) se convierte en el tema del que se predica una información nueva y ocupa la posición izquierda de la oración, reservada para la información conocida. Si el sujeto lógico de la oración activa (Alcaraz) pierde interés informativo, no se menciona (de Sinner se predica que fue derrotado). Si, por el contrario, es relevante informativamente, aparece expreso en un sintagma-por (de Sinner se predica, en ese caso, que fue derrotado por Alcaraz). Para que ocurra este proceso sintáctico informativamente motivado es preciso que los rasgos subléxicos de las palabras que se combinan sean compatibles: es decir, una operación léxica ha de sancionar como legítima una determinada combinación de verbo, argumentos y adjuntos en la sintaxis.
La hipótesis se asienta en dos presupuestos básicos del modelo: que las palabras cuentan con una estructura interna compuesta de rasgos subléxicos y que en el léxico existen mecanismos de concordancia de esos rasgos subléxicos; asimismo, el análisis asume que la concordancia de rasgos opera también entre los adjuntos y fragmentos del contenido verbal, presupuesto justificado independientemente a propósito de otros procesos sintácticos y morfológicos del español (como la reinterpretación estativa de ciertos verbos de movimiento, la obligatoriedad del adjunto en ciertas oraciones activas o el comportamiento de los prefijos en las construcciones que presentan lo que se conoce como “paradojas del encorchetado”; cf. De Miguel 2022a, b, c y De Miguel y Zato 2024). En la siguiente sección se describe brevemente el modelo adoptado.
El modelo del Lexicón Generativo (Pustejovsky, 1995; De Miguel, 2009; Pustejovsky y Batiukova, 2019), LG a partir de ahora, concibe el léxico como un nivel organizado de acuerdo con una teoría rica y recursiva de descomposición del significado, que acoge gran parte de la potencialidad significativa y creativa del lenguaje. Su objetivo central es dar cuenta de la polisemia regular, es decir, de los sentidos que puede adquirir una misma palabra en función del contexto sintáctico en que se inserta:
Un libro pesado (‘pesado en cuanto que objeto’ y ‘pesado en cuanto a su contenido’).
Una maleta pesada (‘pesada en cuanto que objeto’ y ‘pesada por su contenido’).
Este libro es muy pesado {de transportar / de leer}.
Esta maleta es muy pesada, {deberías comprar una más ligera / llevas muchas cosas}.
*Una {laguna / constelación} pesada
El adjetivo pesado recibe una interpretación diferente predicado de maleta y de libro, como se ve en (6a,b), y, además, significa dos cosas predicado tanto de maleta como de libro, a menos que el contexto lo desambigüe, como en (6c,d). En la medida en que este tipo de ambigüedades se produce de manera sistemática en determinados contextos y se localiza en lenguas tipológicamente no emparentadas, el LG defiende la naturaleza general, presuntamente universal, del conjunto de presupuestos y mecanismos de los que se deriva la polisemia regular de las unidades léxicas en las combinaciones sintácticas.
Entre sus presupuestos básicos, el LG postula que las entradas léxicas están poco especificadas; esa infraespecificación las capacita para intervenir en diferentes estructuras sintácticas y, en consecuencia, en distintas operaciones de composición semántica (Pustejovsky 1995). De acuerdo con este presupuesto, los distintos sentidos que adquiere una palabra en el contexto, como pesado en (6a-d), no constituyen diferentes entradas en el lexicón mental, sino que forman parte de una única entrada poco especificada, como rasgos potenciales, activables en función del sustantivo con el que se combine.
La información infraespecificada que se codifica en la entrada de una palabra en el lexicón mental se encuentra estructurada y jerarquizada en diferentes niveles o subestructuras en los que se organizan los distintos tipos de rasgos subléxicos, que se pueden visualizar o materializar en el contexto sintáctico de forma independiente o preferente a través de una serie de operaciones léxicas.
Por ejemplo, la entrada léxica de libro contendrá información potencial sobre el hecho de que es un objeto especificado para la magnitud del peso y, además, sobre el hecho de que es un objeto transmisor de mensajes escritos, cuya interpretación puede implicar una complejidad innecesaria. Por su parte, la entrada léxica de maleta codificará igualmente información sobre el hecho de que es un objeto especificado para la magnitud del peso, y además incluirá información relativa al hecho de que es un contenedor destinado a guardar y transportar una carga: en función de cómo esté de saturada su capacidad, su transporte exigirá más o menos esfuerzo. Las diferentes interpretaciones que recibe pesado en (6) derivan, entonces, de la información o rasgo subléxico al que el adjetivo se vincule en cada caso, lo que vuelve innecesario postular múltiples acepciones del adjetivo ni en función del nombre al que modifique (libro o maleta) ni en función del contexto en que el nombre aparezca.
El modelo del LG es generativo porque presupone también la existencia de un conjunto finito de operaciones de concordancia léxica que actúa sobre un conjunto finito de rasgos para dar lugar a los múltiples sentidos que puede adquirir una palabra en los distintos contextos. Pero no es un modelo irrestricto, en el sentido de que no genera expresiones no existentes. Así, la sintaxis permite la combinación de pesado con los sustantivos libro y maleta porque estos contienen en su definición rasgos compatibles con el significado del adjetivo, sobre los que actúan las operaciones léxicas. La misma operación descarta, en cambio, las combinaciones de (6e), puesto que laguna y constelación no contienen un rasgo subléxico del que se pueda predicar la pesadez.
En la medida en que las combinaciones que pueden darse en la sintaxis están previstas por los rasgos de las piezas léxicas que integran las expresiones lingüísticas, el modelo del LG es lexicista; pero es también composicional, puesto que el significado de una expresión compleja es el resultado de la interacción del significado de los elementos que la conforman; así, para determinar el significado transmitido por el adjetivo pesado, es preciso conocer el sustantivo con el que se combina en la sintaxis. Por tanto, el modelo es bidireccional, ya que, para que tengan lugar las operaciones léxicas, la información de la sintaxis ha de ser enviada al léxico; esto es, las propiedades léxicas de pesado permiten que este adjetivo pueda expresar los tres sentidos arriba descritos, pero, hasta que no se produce la combinación sintáctica del adjetivo con el sustantivo correspondiente, no puede saberse cuál de esos tres sentidos se va a activar (cf. De Miguel 2023).
Los rasgos subléxicos que forman parte de la definición infraespecificada de las palabras, sobre los que operan los mecanismos de concordancia léxica, se distribuyen en cuatro niveles de representación léxica, o subestructuras, de los que en este trabajo interesan especialmente los conocidos como estructura eventiva y estructura de qualia.
La estructura eventiva (EE) es el nivel en que se codifican los rasgos aspectuales de los predicados en términos de subeventos, fases o partes de los eventos relacionadas entre sí por vínculos de ordenación temporal y de prominencia relativa. Esta concepción de la EE se asienta sobre un presupuesto básico del LG, el de que los eventos no constituyen entidades atómicas, sino que constan de estructura interna compleja, con subeventos o fragmentos que el contexto puede focalizar o dejar ocultos.
De acuerdo con la propuesta de Pustejovsky (1995), existen tres tipos de evento en función de su EE: (a) los estados (E[e]), eventos simples que se evalúan sin ponerlos en relación con otros eventos (querer, saber); (b) los procesos (P [e1…en]), sucesión de eventos homogéneos (nadar, trabajar); y (c) las transiciones, eventos compuestos de un subevento inicial de proceso y un segundo subevento de estado (T [P • E]), donde el símbolo • representa formalmente que una palabra se compone de dos o más tipos en su definición, es decir, que constituye un producto cartesiano (x,y) entre los tipos que la componen (fabricar [una maleta], escribir [un libro]).
Esta tipología eventiva tripartita subsume dentro de las transiciones dos de las clases aspectuales de la conocida taxonomía de Vendler (1967): las realizaciones y los logros; si se materializa solo el segundo subevento, el evento es un logro (E: Mario se enamoró) y si se materializan los dos subeventos, es una realización (T [P • E]: su compañera de piso enamoró a Mario). Ahora bien, un logro no es, en realidad, un estado, sino un cambio de estado, según ilustra el contraste entre (8a), con el verbo de estado querer, y (8b), con el verbo de logro enamorarse. Por otra parte, no todos los logros constituyen la segunda fase de una transición; como se muestra en (8c), enamorarse entraña una fase previa de proceso en la que opera una causa, pero esa fase no existe para llegar en (8d).
*El niño quiso súbitamente a su peluche.
Mario se enamoró súbitamente de su compañera de piso.
Mario se enamoró de su compañera de piso < Su compañera de piso enamoró a Mario.
Luis llegó a las diez < *Algo o alguien llegó a Luis.
En consecuencia, De Miguel (1999) y De Miguel y Fernández Lagunilla (2000, 2007) defienden la existencia independiente de los logros, entre los que distinguen a su vez tres tipos: logros simples o «de tipo 1 (L1)», que denotan el punto en que se produce el cambio de estado —(9a)—; logros complejos con una fase de cambio de estado nuclear y un estado subsiguiente o «logros de tipo 2 (L2)» —(9b,c)—; y logros complejos que culminan en un cambio de estado seguido de un proceso o «logros de tipo 3 (L3)» —(9d,e)—.
Juan llegó {de repente / *un rato}.
El sol se ocultó de repente.
El sol se ocultó un rato (‘el sol siguió oculto durante un rato’).
El agua hirvió a las diez en punto.
El agua hirvió durante diez minutos (‘el agua siguió hirviendo durante un rato’).
Los adjuntos de repente y a las diez en punto visualizan en (9b,d) la fase de cambio de estado en un logro complejo y un rato y durante diez minutos focalizan en (9c,e) la segunda fase: un subevento de estado en el caso de ocultarse y un proceso en el caso de hervir, como muestran sus glosas. En los términos de nuestro análisis, un evento del tipo de llegar se define como [LOGRO]; en cambio, ocultarse constituye un tipo complejo [LOGRO • ESTADO], esto es, ‘es un logro y es un estado’; también hervir es un logro complejo, en este caso [LOGRO • proceso] ‘un logro y un proceso’.
La hipótesis de que la EE de algunos logros consta de una primera fase de [LOGRO] y una segunda de [ESTADO] o [PROCESO] que se materializan de forma independiente en los distintos contextos sintácticos permite explicar parte del comportamiento inesperado de la pasiva en su combinación con ciertos verbos, como retomaremos infra, en §§4.1-2.
La estructura de qualia (EQ) constituye una subestructura de la entrada léxica en la que se codifica un conjunto de información potencial sobre las características definitorias de la entidad (objeto, evento o propiedad) a que se refiere una palabra, distribuida en cuatro elementos del significado denominados, respectivamente, quale formal (QF), quale constitutivo (QC), quale agentivo (QA) y quale télico (QT). En el QF, el más prominente por cuanto define qué tipo de entidad denota una palabra, se recoge «en qué se diferencia formalmente la entidad denotada respecto de otras entidades en un dominio más extenso»; en el QC, «cuál es su constitución interna»; en el QA, «cómo llega a existir»; y en el QT, «para qué sirve». No todas las palabras contienen información acerca de estos cuatro qualia ni la información que se codifica en cada uno de ellos tiene la misma prominencia en todos los casos.
El nombre maleta, por ejemplo, está especificado en su QF como [OBJETO [CONTENEDOR]]; su QC incluye informaciones sobre [PESO], [MATERIAL] Y [ELEMENTOS COMPONENTES], que se expresan en los complementos de una maleta {pesada / de piel / con asa extensible / con ruedas / con contraseña}; en cuanto que nombre de [CONTENEDOR], su QC también informa sobre su [CONTENIDO], lo que explica la polisemia de una maleta pesada en (6b). El QA codifica los factores involucrados en el proceso de [CREACIÓN] o [FABRICACIÓN] del objeto referido por maleta, visualizados por los complementos en una maleta de diseño exclusivo o una maleta de Louis Vuitton. Finalmente, en el QT se recoge la información relativa al [DESTINO] del objeto, enfocada por los complementos preposicionales en una maleta de cabina, una maleta para documentos y la maleta de la ministra, o al [DESTINO] de su creación, enfocada por el sintagma adjetivo en una maleta conmemorativa.
En el caso de libro, la información especificada en su QF lo identifica como un nombre polisémico, ya que alude a dos posibles entidades: un [OBJETO [CONJUNTO DE HOJAS QUE FORMAN UN VOLUMEN]] y un [OBJETO [TEXTO LITErario, científico o de otro tipo]; es decir, libro es un hipónimo de dos hiperónimos diferentes, lo que el modelo define como una palabra de tipo complejo, cuyo QF se representa como [OBJETO [VOLUMEN]] • [OBJETO [TEXTO].
Cada una de las especificaciones del QF va acompañada de una EQ diferente. En su primera acepción, el QC de libro son los elementos componentes del volumen: [HOJAS], [TAPA], [MATERIAL [PASTA BLANDA, DURA, PAPEL BIBLIA…]], y el [PESO] consiguiente. El QC de libro en su segunda acepción son los elementos componentes del texto: [CAPÍTULOS, CONTENIDOS, GÉNEROS DISCURSIVOS [NARRACIÓN, DESCRIPCIÓN, EXPOSICIÓN, ARGUMENTACIÓN]], y sus propiedades internas: [COMPLEJIDAD], [CONCISIÓN], [CLARIDAD], [PRECISIÓN], etc. El QA de libro como ‘volumen’ son los eventos de [IMPRESIÓN] y [ENCUADERNACIÓN]; los eventos por los que pasa a existir el objeto llamado libro como ‘texto’ son los de [CREACIÓN INTELECTUAL] y [EDICIÓN]. Las dos lecturas del nombre tampoco comparten el QT, según ilustran las glosas de (10):
Un libro fácil (‘un texto cuya lectura no exige esfuerzo’).
Un libro para la playa (‘un libro para leer en la playa’).
Un libro para la biblioteca (‘un libro para donar o regalar a la biblioteca’).
Un libro para el cumpleaños (‘un libro para regalar en esa fecha’).
La definición de libro como [OBJETO [TEXTO]] codifica en su QT información instrumental específica: ‘un libro es un objeto destinado a ser leído’ (10a, b). En cambio, la información télica de libro en tanto que [OBJETO [VOLUMEN]] es la que hereda de su hiperónimo [OBJETO]: como cualquier otro hipónimo de objeto, libro es un complemento posible de donar, regalar, comprar o vender, romper o restaurar.
Como ya se mencionó supra, las palabras no codifican obligatoriamente información sobre los cuatro qualia. Si la definición de una palabra no incluye información sobre un determinado quale, la combinación con un complemento que lo visualice es imposible, de ahí que (10a) no se pueda interpretar como ‘un ejemplar fácil de leer’, puesto que hemos presupuesto que libro [OBJETO [VOLUMEN]] no recoge información específica sobre un evento potencial al que esté destinado el volumen o ejemplar.
En definitiva, la información contenida en la EQ determina no solo el significado de las combinaciones léxicas, sino también la posibilidad de que ciertas combinaciones se den o no; esto es, predice parte del comportamiento sintáctico de las palabras. Además, interactúa de forma muy interesante con la información contenida en las otras estructuras de la entrada léxica; en concreto, para el caso que nos ocupa, con la estructura eventiva, como revisamos a continuación.
En los términos del LG, la información codificada en la EE del verbo interactúa con la contenida en la EQ de sus argumentos para construir conjuntamente la interpretación del predicado; así se explican muchos casos de polisemia verbal, como la que presenta llegar en (11), derivada de la participación de los sujetos en distintos subeventos del verbo:
El atleta llega a la meta (‘en este momento el atleta pasa a estar en la meta’).
La carretera llega a la montaña (‘hay carretera hasta ese punto’).
El agua llega a la ventana (‘en este momento el agua pasa a estar a la altura de la ventana’ / ‘hay agua hasta ese punto’).
Llegar es un verbo de logro simple (L1), es decir, implica el paso en un punto de un q E (‘no estar en un lugar’) al E contrario (‘estar en un lugar’); ese significado se activa cuando se predica de un sujeto dinámico, como el referido por el atleta en (11a). Ahora bien, una entidad no dinámica, como la referida por la carretera en (11b), no puede participar en un evento de movimiento; por tanto, en este caso la fase de cambio se cancela y llegar no expresa el paso de q E a E sino solo el E final, que es el subevento nuclear. Llegar no significa entonces ‘pasar a estar en un lugar’, sino ‘estar en un lugar’. Por último, si la entidad a que se refiere el sujeto tiene dos lecturas, una dinámica y otra no dinámica, como el agua en (11c) (‘corriente de agua que se desplaza’ y ‘masa de agua estancada’), la combinación con llegar a la ventana es ambigua, según ilustran sus glosas.
El análisis propuesto se basa en una interacción crucial entre la información de la EQ (por ejemplo, si el referente del sujeto es una entidad dinámica o no) y la de la EE (de qué subeventos consta un evento y cuál es el principal). Esa interacción está regulada por una serie de procesos de concordancia léxica que cotejan la compatibilidad de los rasgos subléxicos de las palabras: es decir, que confirman si concuerdan o no.
Tal y como los concibe el modelo del LG, los mecanismos de generación de nuevos significados constituyen procesos de concordancia léxica cuya operación legitima o descarta las combinaciones de palabras en función del significado codificado en sus respectivas estructuras subléxicas.
En su versión clásica, la teoría postula cinco operaciones: selección, acomodación, cocomposición, coacción por introducción y coacción por explotación. Las dos primeras constituyen mecanismos que operan cuando los rasgos de las palabras concuerdan, esto es, cuando el tipo requerido por un predicado es satisfecho directamente por el argumento con el que se construye en la sintaxis, como sucede, por ejemplo, entre llegar y el atleta en (11a), donde el verbo llegar requiere un sujeto con el rasgo [DINÁMICO], satisfecho por el núcleo nominal del sujeto (atleta). (Para la diferencia entre selección y acomodación, cf. Pustejovsky 1995, De Miguel 2009 y De Miguel y Batiukova 2017). La cocomposición es también un mecanismo de selección, en este caso de concordancia entre dos expresiones que se eligen mutuamente: cada una de ellas opera como el predicado que impone sus requisitos a la otra y, a la vez, como el argumento que satisface sus requisitos. Por tanto, se produce una selección mutua y una predicación conjunta. Así se explica la composición del significado en construcciones con verbos de apoyo como dar una respuesta, en las que el nombre eventivo respuesta selecciona dar y no hacer y el verbo ligero dar selecciona una respuesta pero no una pregunta, en un proceso de construcción común del significado en virtud de su selección recíproca (cf. De Miguel 2008).
Ahora bien, es muy habitual que los rasgos subléxicos de un predicado y los de su argumento no con- cuerden en primera instancia, lo que descarta su combinación, a menos que intervenga un mecanismo de rescate. Así, el complemento de empezar ha de ser un nombre de [EVENTO], como tormenta en (12a), y no un nombre de [OBJETO], como mar en (12b). En principio, maleta, como nombre de [OBJETO], no debería combinarse con empezar. Pero no solo lo hace, sino que recibe dos interpretaciones, según se ve en (12c):
Empezó la tormenta.
*Empezó el mar.
Empecé la maleta ayer (‘empecé a {fabricar la maleta / meter cosas en la maleta}’).
Este inesperado comportamiento se explica si se asume la existencia de un mecanismo de coacción del significado léxico que permite rescatar una combinación en principio discordante, siempre que la estructura interna de la palabra coaccionada codifique rasgos compatibles con los del predicado que la selecciona. Es el caso, en efecto, de maleta, cuya entrada léxica incluye información de tipo eventivo, según se ha propuesto supra, en §3.2.2.: en concreto, en el QA de su EQ se codifica el evento por el cual llega a existir (‘fabricándola’) y en el QT se menciona el evento al que está destinada (‘meter cosas en ella’). La combinación con empezar fuerza esa interpretación de evento en el nombre de objeto maleta, a través del mecanismo que se conoce con el nombre de coacción por introducción, que convierte un nombre de tipo simple en un nombre de tipo complejo, al introducir en su definición el rasgo exigido por el predicado; en este caso, maleta pasa de ser un nombre de [OBJETO] a ser un nombre de [OBJETO • EVENTO]. Por otra parte, puesto que son dos los eventos contenidos en la EQ de maleta, empezar la maleta tiene dos interpretaciones posibles, como indican las glosas de (12c).
Según se ha mencionado ya, la coacción de un argumento no se da de forma arbitraria ni indiscriminada, sino que requiere que su EQ codifique rasgos susceptibles de ser coaccionados, lo que explica la agrama- ticalidad de (12b). Tampoco son arbitrarias las lecturas que recibe una combinación en la que un argumento haya sido coaccionado por el predicado para denotar el tipo requerido por este, sino que están igualmente previstas en su EQ. Así, empezar la maleta significa ‘empezar a fabricar la maleta’ o ‘empezar a llenarla’, pero no ‘empezar a pasearla’, ‘empezar a prestarla’ ni ‘empezar ningún otro evento del mundo que no esté codificado en la definición léxica de maleta’.
Existe una segunda posibilidad de modificar el tipo denotado por un argumento para que satisfaga los requisitos del predicado que lo selecciona: se denomina coacción por explotación y opera cuando el argumento es un tipo complejo y el predicado selecciona uno solo de los tipos codificados en el QF de su EQ. Como se argumentó supra en § 3.2.2, libro es un nombre complejo con dos tipos en su QF: [OBJETO [VOLUMEN]] • [OBJETO [TEXTO]. En (13a) se seleccionan ambos. En cambio, en (13b) el verbo romper explota el contenido [OBJETO [VOLUMEN]] y en (13c) leer explota el rasgo [OBJETO [TEXTO]]:
El libro merece la pena: es caro pero muy didáctico.
El alumno rompió el libro en mil pedazos.
El alumno leyó el libro en la biblioteca.
En los contextos de (13b,c), pues, el mecanismo de coacción por explotación desambigua la palabra po- lisémica libro al forzarla a operar como un tipo simple. (Para una presentación más extensa de estos y otros mecanismos, puede consultarse Pustejovsky 2006, 2011, De Miguel 2009, De Miguel y Batiukova 2017, y Pustejovsky y Batiukova (2019); cf. también De Miguel y Zato 2024, de donde proceden algunos de los ejemplos incluidos en esta sección).
Como se mencionó supra, los estudios sobre la pasiva en los años 90 incorporan las restricciones aspectuales a su análisis, pero no identifican la causa última de hechos como:
que las restricciones no sean las mismas para la pasiva perifrástica con ser, la pasiva con se y la pasiva perifrástica con estar;
que un mismo verbo flexionado en una misma forma a veces acepte pasiva y a veces no, en función del sujeto paciente, según ilustran los datos de (4c-d);
que el agente sea necesario en unos casos y en otros no, según ilustra el contraste entre (1) y (5).
Para dar cuenta en concreto de la cuestión enunciada en (i), en De Miguel (2001) se postula un análisis que toma del LG el concepto de subevento y el presupuesto de que los distintos subeventos de la EE de un verbo se pueden focalizar en la sintaxis de forma independiente. El resultado atribuye las diferencias de formación e interpretación entre las tres pasivas en español a la distinta fase de la EE del verbo que cada una de ellas focaliza (lo que también justifica que existan tres). Sus conclusiones se resumen en §4.1.
De acuerdo con De Miguel (2001), la pasiva selecciona verbos cuya EE tenga un subevento final de [LOGRO]. Este requisito basta para formar una pasiva con se, el tipo más irrestricto y frecuente en español; de hecho, muchos de los ejemplos agramaticales de pasivas perifrásticas con ser recogidos en §2.1. son aceptables como pasivas con se (higos y brevas se dieron todo el verano; el pebetero se ve desde el autobús turístico; las chuches se comen en el patio; la antorcha se vio ayer).
Por su parte, la pasiva perifrástica con ser requiere que la EE del verbo sobre el que se forma conste de un subevento final complejo, un L2: [LOGRO] • [ESTADO]. Eso explica que sea compatible con verbos transitivos perfectivos, como los de (1) y, en cambio, no admita verbos de estado, como el de (2a), ni verbos ligeros que no predican de forma autónoma la existencia de un [ESTADO] nuevo en el sujeto, como el de (2c).
Así lo confirman también los ejemplos de (3), que no aceptan pasiva con ser aunque están formados con verbos perfectivos: los predicados ser visto el pebetero con la antorcha olímpica desde el bus turístico y ser fotografiada Carolina Marín en (3b,d) denotan eventos perfectivos puntuales, que terminan en un [LOGRO] pero carecen de una fase de [ESTADO], según prueba el hecho de que admiten combinarse con adjuntos puntuales pero no terminativos (ver el pebetero desde el bus turístico {a las 11h / *en una hora}; fotografiar a Carolina Marín {a las 11h / *en una hora}). Como se recordará, solo admiten la pasiva si se interpretan con un valor de presente perfecto, similar al del presente histórico (‘ha sido visto el pebetero’ > ‘está visto’), o en un sentido iterativo, como una sucesión de finales que desencadena un nuevo estado (‘estar Carolina fotografiada en múltiples fotografías’). Por lo que respecta a comer el niño su chuche del cumpleaños, el aspecto imperfecto de la forma verbal en (3e) denota que el evento no ha acabado (equivale a ‘estar comiendo’) y no puede reinterpretarse como perfecto (‘haber sido comida la chuche’) ni como iterativo (‘estar comida la chuche una y otra vez’). La EE de comer la chuche denota un [PROCESO] que no termina y no desencadena un [ESTADO], por lo que (3f) es una pasiva imposible.
La condición formulada, según la cual para formar pasiva perifrástica es preciso que el predicado contenga una fase de [LOGRO • ESTADO], explica asimismo el hecho de que verbos no perfectivos admitan pasiva si se interpretan como iterativos o habituales, ilustrado en (4b): la EE de un [ESTADO] que acaba y se repite en múltiples eventos independientes adquiere sucesivos finales (L) y estados (E) subsiguientes, y pasa a codificar en su EE los subeventos requeridos para formar pasiva (ser querido por todo el mundo del tenis > ‘ser querido una y otra vez’ > ‘ser muy querido’). Para que un verbo de estado adquiera esa fase final es fundamental que el referente de su sujeto semántico, materializado en el sintagma-por, sea plural, genérico o inespecífico y favorezca una lectura repetida del evento (compuesto de sucesivos logros y estados resultantes), a lo que también contribuye el auxiliar en forma imperfecta.
En definitiva, lo que se propone es que la configuración de la EE de los verbos es flexible, y puede perder o adquirir fases en la combinación con otras palabras en el contexto sintáctico. Es decir, es susceptible de ser modificada: así se propuso en §3.2.3. supra para las interpretaciones estativas de llegar en (11b-c), donde un verbo de [logro [q E > E]] deja de designar el paso de un estado a otro, para denotar solo el estado final: es decir, pierde una fase. Lo que se propone ahora es que un verbo de [ESTADO] como querer puede adquirir una fase final de [LOGRO] que, a su vez, desencadena un [ESTADO] en el sujeto paciente (que ‘pasa a ser un sujeto querido’): la nueva EE compleja [ESTADO [LOGRO • ESTADO] admite la pasiva.
De Miguel (2001) aborda también la pasiva con estar (la carretera está cortada por los manifestantes) y postula que selecciona verbos cuya EE tenga una fase de [ESTADO], resultado a su vez de un evento de transición ([T [P • L]) independiente y previo (‘alguien corta la carretera’ > ‘la carretera está cortada’). La pasiva con estar focaliza el E final de un evento complejo [[T [P • L]] E]. Para que ese estado se mantenga estable y pueda focalizarse, es preciso que se siga dando la transición (‘se siga cortando la carretera’). El agente asegura el mantenimiento del estado focalizado y su presencia explícita en el sintagma-por (por los manifestantes) visualiza la conexión con la transición precedente.
En suma, la pasiva selecciona siempre verbos con un subevento de [LOGRO] en su EE, razón por la cual el predicado ha de interpretarse en un sentido perfectivo (primario o secundario). En el caso particular de la pasiva con ser, la EE del verbo debe contener una fase de [LOGRO] • [ESTADO], tanto si esta forma parte de la definición (y se visualiza por medio de una coacción por explotación) como si se añade en algún punto de la derivación, por la intervención de una coacción por introducción. La operación de estos mecanismos (descritos supra en §3.2.4.) se desencadena por la especificación del aspecto flexivo o por la presencia de un argumento agente múltiple, entre otros factores: por ejemplo, la aportación del sujeto paciente, formulada en (ii) supra como la segunda cuestión pendiente de explicación (cf. §4).
La intervención del paciente en la formación de la pasiva avala la conveniencia de ampliar el ámbito de estudio de sus restricciones, incorporando formalmente al análisis el significado de los argumentos, dato que se manejaba de forma intuitiva y no explícita en trabajos previos. En De Miguel (2004) se da ese paso hacia una explicación de la pasiva como construcción legitimada por la concordancia entre los subeventos de la EE de los verbos y los rasgos subléxicos de sus argumentos, hipotéticamente contenidos en la EQ de los nombres (cf. también De Miguel 2015 y De Miguel 2022a). La interacción que se propone entre los rasgos de la EE y los de la EQ permite explicar los datos que se resistían a los análisis centrados exclusivamente en el aspecto (léxico o flexivo) del verbo.
El análisis subeventivo de la pasiva recogido en §4.1. no explica, en efecto, por qué un verbo perfectivo como ver acepta la construcción en (1f) pero no en (3d), a menos que aparezca el adjunto deíctico en ese preciso instante, hecho que parece vinculado con el sujeto paciente (los JJ. OO. versus el pebetero). Lo mismo puede afirmarse de la distinta aceptabilidad de (4d) cuando el sujeto paciente es la antorcha olímpica y cuando es la retransmisión del encendido del pebetero. Por razones relacionadas tanto con la adquisición como con el procesamiento, no resulta apropiado suponer que el verbo ver cuente con distintas entradas en el lexicón mental en función de si su complemento es los JJ. OO., el pebetero, la antorcha o la retransmisión del encendido del pebetero. Sin embargo, resulta evidente que su caracterización eventiva varía en función del argumento paciente, por lo que es preciso abordar la influencia de este.
En §2.1. supra, definimos ver como un verbo perfectivo; Bello (1847), en cambio, lo considera imperfectivo, porque denota un evento que, una vez ocurrido, sigue durando. Ello explica que, flexionado en perfecto simple, exprese solo la anterioridad del instante en que el predicado «ha llegado a su perfección» (Bello 1847 [1981]: §626): (14a) se interpreta como que el sujeto ve la costa y la sigue viendo; en tanto que verbo imperfectivo, no debería admitir pasiva, lo que confirma la agramaticalidad de (14d):
Luego que vimos la costa nos dirigimos a ella. (Bello 1847 [1981], §626)
Una vez que Alcaraz derrotó a Sinner, pasó a ser el número 1 de la ATP.
Una vez que vimos los JJ. OO. en París, nos fuimos de viaje por toda Francia.
*La costa fue vista por nosotros y nos dirigimos a ella.
Para Bello, pues, la combinación entre el aspecto léxico no perfectivo del verbo y el aspecto flexivo perfecto de la forma verbal tiene como consecuencia que vimos señala solo el comienzo del evento (‘empezar a ver la costa’), sin mencionar su fin. En cambio, con los verbos perfectivos, como derrotar en (14b), el perfecto simple indica el final del evento en su totalidad: derrotó tiene un valor terminativo (equivalente a ‘acabar de derrotar’). La observación de Bello tiene el interés de anunciar la concepción de los eventos como dotados de fases o subeventos, que aquí se asume: ver en (14a) constituye un evento de logro inicial y un proceso no delimitado posterior ([LOGRO• PROCESO]], por lo que no acepta pasiva con ser —(14d)—, en sintonía con el análisis subeventivo propuesto en §4.1. De hecho, sí forma pasiva con se, construcción que focaliza solo un subevento de [LOGRO] de la EE del verbo: una vez que se vio la costa, nos dirigimos a ella.
Ahora bien, conviene matizar que la afirmación de Bello no discrimina ver de derrotar sino ver la costa de derrotar a Sinner; en efecto, ver en (14c) se interpreta con el mismo sentido terminativo de derrotar en (14b): ‘acabar de ver los JJ. OO.’. Por tanto, el significado aspectual imperfectivo en (14a) no deriva de ver, sino de la costa. Y, de hecho, los ejemplos de (15) confirman que el significado aspectual del verbo varía en función de su complemento y, lo que es más inquietante, que en ocasiones varía incluso en combinaciones con un mismo complemento:
Muchas personas vieron los JJ. OO. en una plataforma de pago.
Los JJ. OO. fueron vistos por muchas personas en una plataforma de pago.
Muchos turistas han visto el castillo en un recorrido largo y pausado.
El castillo fue visto por muchos turistas en un recorrido largo y pausado.
Vi los JJ. OO. en una plataforma de pago pero no me animé a descargarlos.
*Los JJ. OO. fueron vistos por mí en una plataforma de pago pero no me animé a descargarlos.
Vi el castillo desde la carretera.
*El castillo fue visto desde la carretera.
Ver los JJ. OO. y ver el castillo denotan en (15a,c) eventos complejos, compuesto de un proceso y un logro seguido de un estado final; es decir, son transiciones [PROCESO • [LOGRO• ESTADO]], como prueba el hecho de que admiten adjuntos terminativos y el clítico aspectual me, que también focaliza una fase de [LOGRO • ESTADO]: me vi los JJ. OO. en {París / una plataforma de pago} en tres semanas del verano de 2024; me vi el castillo en un par de horas (cf. De Miguel 2015, 2022a). Por tanto, constan de la fase exigida por la pasiva con ser, como prueba la gramaticalidad de (15b,d).
Por el contrario, ver los JJ. OO en una plataforma pero no animarse a descargarlos y ver el castillo desde la carretera denotan en (15e,g) eventos simples que ocurren en un punto: el momento en que se percibe visualmente el anuncio de que la retrasmisión del evento llamado JJ. OO. está alojada en una determinada locación (una plataforma) y el momento en que se percibe visualmente el objeto llamado castillo enfocado desde una determinada locación (la carretera). En este caso, constituyen un [LOGRO] simple, dotado de una única fase (el paso de q E a E), lo que confirma su incompatibilidad con adjuntos terminativos y con el clítico aspectual me: *{me vi los JJ. OO. en una plataforma de pago pero no me animé a descargarlos / me vi el castillo desde la carretera} en un minuto. En consecuencia, no admiten pasiva con ser, como se observa en (15f,h).
En suma, la diferente aceptabilidad de la pasiva con ver en (15) se atribuye a la distinta clasificación aspectual del verbo, pero la causa última de esta caracterización reside en la concordancia de los rasgos de la EQ de sus respectivos argumentos con los rasgos de la definición infraespecificada recogida en su EE. En concreto, se propone que ver tiene una definición infraespecificada, compuesta de cuatro subeventos potenciales: [LOGRO • PROCESO • LOGRO • ESTADO]. El contexto sintáctico cancela o despliega unos u otros en virtud de los contenidos aportados por los argumentos, según se detalla a continuación.
Con el complemento la costa en (14a), se despliegan los dos primeros subeventos de la definición infraes- pecificada de ver: el subevento inicial de [LOGRO], cambio que se produce en un punto en el que la costa pasa a ser vista (‘comienza a verse’); y un segundo subevento de [PROCESO] que dura (mientras la costa ‘se sigue viendo’). Por tanto, el evento no está delimitado en su fase final, razón por la que Bello (1847) lo definió como permanente. En todo caso, ver en (14a) constituye un verbo no perfectivo y, como se ve en (14d), no admite la pasiva perifrástica con ser, que requiere una fase de [LOGRO] • [ESTADO], ni tampoco el clítico aspectual (*nos vimos la costa y nos dirigimos a ella).
La razón por la cual en este contexto se despliegan esas dos fases, y no otras, tiene que ver con los rasgos contenidos en la EQ de costa, que se define en su QF como un nombre de [ESPACIO], hipónimo a su vez de [OBJETO], por lo que su referente se puede percibir visualmente en un punto. Por otra parte, en cuanto que [ESPACIO], costa contiene en su QC información relativa a la [EXTENSIÓN] del referente, lo que explica que se pueda percibir visualmente de forma continua, en un proceso cuyo final no se menciona.
En el caso de ver los JJ. OO. en París —(14c)—, ver los JJ. OO. en una plataforma de pago —(15a)— y ver el castillo en un recorrido largo y pausado —(15c)—, los eventos denotados por los predicados presentan la EE de una transición, porque la visión de los referentes de sus argumentos requiere tiempo (un [PROCESO]) y puede implicar un [LOGRO] final y un [ESTADO] subsiguiente.
El nombre JJ. OO. se define en su QF como un [EVENTO] (‘competición deportiva’); su QC incluye el rasgo de [DURACIÓN DELIMITADA] y su QT codifica información sobre el objetivo del evento: [COMPETIR] (los deportistas) o [SER VISTO] (por los espectadores presenciales o a través de su retransmisión). Cuando la duración del evento termina, la visión de los JJ. OO. también y su referente cambia de estado (pasa a ‘estar visto’).
Otro tanto ocurre con el castillo, definido en su QF como un nombre de [RECINTO], hipónimo de [OBJETO], en cuyo QC se codifica la constitución del objeto denotado: [DIMENSIONES], [DISTRIBUCIÓN], [NÚMERO DE ESTANCIAS], etc. Su visión requiere un [PROCESO] con duración (el tiempo de recorrer su interior) y final. Cuando acaba el evento de ver (el interior de) el castillo, este ‘pasa a estar visto’.
Así pues, los predicados ver los JJ. OO. {en París / en una plataforma de pago} y ver el castillo en un recorrido largo y pausado despliegan las fases [PROCESO • LOGRO • ESTADO] de la estructura interna de ver; el verbo se comporta entonces como un predicado perfectivo con una fase final [LOGRO • ESTADO] y las pasivas (15b,d) son posibles.
Por su parte, los eventos de ver (alojados) los JJ. OO. en una plataforma de pago —(15e)— y ver el castillo desde la carretera —(15g)— implican la percepción visual de una entidad atómica a cuyo interior no se accede.
En efecto, en (15e) el argumento los JJ. OO. alude a la grabación del evento llamado JJ. OO. El nombre JJ. OO. se define (en los términos propuestos supra en §3.2.2.) como un nombre complejo, compuesto de dos tipos en su QF: [EVENTO] • [OBJETO]. Como [EVENTO], hemos dicho que alude a la competición deportiva (a la que se asiste en París), en (14c) y a la retransmisión de la competición (que se puede seguir a través de una plataforma de pago), en (15a). En cambio, como [OBJETO] se refiere a una grabación del evento que se puede depositar (alojar) en un sitio (una plataforma de pago) y extraer (descargar) de ese sitio. Es el sentido que tiene en (15e), predicado que expresa que un sujeto ha visto el nombre de una grabación como anuncio de que está en un sitio; lo que ver denota, en este caso, es la percepción visual de un [OBJETO] en un punto: el subevento focalizado en su EE es el [LOGRO] inicial, que ocurre en un punto y carece de continuidad; los otros tres subeventos de la definición infraespecificada de ver ([LOGRO • PROCESO • LOGRO • ESTADO]) quedan ocultos, por lo que no está disponible la fase requerida por la pasiva con ser, que resulta imposible, como se ve en (15f).
La misma interacción entre la EE del verbo y la información de la EQ del argumento explica el diferente comportamiento frente a la pasiva con ser de la combinación ver el castillo en (15c) y (15g): hemos dicho que cuando castillo se interpreta como [RECINTO], como en (15c), la EE de ver despliega la fase de [LOGRO • ESTADO] requerida por la pasiva. En cambio, cuando el nombre castillo se refiere a un [OBJETO] que se percibe desde la carretera, como en (15g), el evento de verlo consiste en captar visualmente la constitución externa de su referente, codificada en su QF, sin acceder a otras propiedades de su estructura interna recogidas hipotéticamente en su QC. En este caso, la EE de (15g) solo materializa el subevento de [LOGRO] y, por tanto, la pasiva (15h) está excluida.
Los datos aquí examinados confirman la hipótesis de que los verbos cuentan con estructuras eventivas infraespecificadas que se especifican en la sintaxis, cuando concuerdan con los rasgos de qualia de sus argumentos. En el caso de ver, su entrada léxica es una estructura compleja que le permite expresar múltiples eventos de percepción visual, en función de si la entidad de la que se predica constituye una figura plana o multidimensional, con extensión o sin ella, un evento con duración o sin ella, etc.
La ambigüedad del predicado con ver depende de la entidad a la que aluda el argumento visto, que es el elemento del contexto que despliega o focaliza unas u otras fases de su estructura eventiva, con las consiguientes consecuencias en su comportamiento sintáctico, según se ilustra en (15). Como se ha expuesto en los párrafos precedentes, el rasgo de [EXTENSIÓN] contenido en el nombre de locación costa concuerda adecuadamente con una fase de [PROCESO], que sigue a la percepción inicial del objeto y despliega la lectura imperfectiva del predicado. En cambio, el rasgo [OBJETO] de castillo (visto desde la carretera) y de JJ. OO. (como nombre de ‘grabación’, que se puede anunciar) despliega una fase de logro inicial y desencadena la lectura puntual. Una y otra opción son incompatibles con la pasiva.
Esta explicación da cuenta igualmente de los casos pendientes de pasivas inaceptables con argumentos como el pebetero con la antorcha olímpica y la antorcha olímpica en (3b) y (4d), que aluden a un [OBJETO] percibible en un punto sin un [ESTADO] subsiguiente. Asimismo, explica por qué (4d) es aceptable si el sujeto es la retransmisión del encendido del pebetero, argumento que designa un evento de [PROCESO] con duración, [LOGRO] final y [ESTADO] resultante, y despliega, por tanto, la fase de [LOGRO • ESTADO] de la EE del verbo.
En definitiva, los rasgos subléxicos de las palabras que constituyen los argumentos de la predicación intervienen crucialmente en operaciones de concordancia de rasgos que legitiman la interpretación de las diferentes combinaciones y la consiguiente aceptación o rechazo de la pasiva, en tanto que operación sintáctica léxicamente determinada.
La posibilidad de que los eventos denotados por los verbos consten de subeventos explica que a veces respondan a las pruebas habituales como dinámicos, perfectivos o puntuales, y a veces como estativos, no perfectivos o durativos. Pero lo más relevante a efectos de la interacción entre el léxico y la sintaxis es que la materialización de uno u otro subevento se vincula a la información contenida en la EQ del nombre que complementa al verbo. No obstante, como veremos en §4.3, el complemento no es el único argumento que contribuye a legitimar una pasiva. De hecho, el análisis subeventivo de De Miguel (2004) se cierra con una mención a la influencia crucial del agente en las pasivas con estar, que abre una nueva vía para abordar la última de las cuestiones pendientes recogidas en (i-iii) de §4: por qué algunas pasivas necesitan el agente expreso y otras no, según ilustraba el contraste entre (1) y (5).
En De Miguel (2004) se recogen datos y observaciones de Conti (2004) y Marín (2004) que establecen una restricción en la pasiva con estar, según la cual la obligatoriedad del sintagma-por viene impuesta por razones informativas: predicados como este cuadro está pintado *(por Velázquez); este edificio está construido *(por Fisac)), las alergias están provocadas *(por muchas causas) o el valle está cruzado *(por el río) no son informativamente relevantes en ausencia del sintagma-por. Lo interesante a los efectos de este estudio es que la misma restricción parece explicar la inaceptabilidad de las pasivas con ser de (5), recogidas de nuevo en (16a-b), y los ejemplos de (16c-d), tal y como se avanzó en De Miguel (2004) y se ha argumentado de forma explícita en una serie de trabajos posteriores (cf. De Miguel 2009, 2022a, b, c y 2023):
El Retrato de la señorita Lieser fue pintado *({por Klimt / en Viena / en 1917}).
Los Juegos Olímpicos fueron vistos *({por millones de espectadores / a través de múltiples dispositivos / en todo el planeta}).
La alergia fue provocada *(por un alérgeno desconocido).
El gol fue marcado *({por Alexia / en el minuto 90}).
Según se expone en esta última sección, los datos de (16) confirman el análisis subléxico de la pasiva como una oración sintáctica informativamente motivada y léxicamente legitimada por la concordancia subléxica entre el verbo y sus argumentos.
Como se propuso en §3.1., la pasiva constituye una tematización, en el sentido de que convierte el complemento de la activa en el tema del que se predica una información nueva. Así es en (1d), El «Retrato de la señorita Lieser» de Klimt ha sido subastado (por la casa de subastas vienesa im Kinsky). En la oración agramatical (16a) la información que se predica de El «Retrato de la señorita Lieser» es que ha sido pintado, contenido redundante ya incluido en la propia definición de cuadro. En concreto, en su QA, donde se codifica que el objeto llamado cuadro pasa a existir a través del evento de pintar. En consecuencia, pintar y cuadro forman una concordancia léxica plena, lo que explica que de el cuadro de Velázquez se recupere ‘el cuadro que Velázquez pintó’ y de Velázquez pintó mucho, ‘Velázquez pintó muchos cuadros’. Predicar de un cuadro que ha sido pintado no es, pues, informativamente relevante a menos que se añada un constituyente, sea argumento —por Klimt—, sea adjunto —en Viena; en 1917—. Esta circunstancia no afecta a la pasiva de (1d) porque cuadro, hipónimo de [OBJETO], concuerda con subastar, pero no plenamente. A diferencia de (16a), (1d) es una combinación legítima y no redundante; es informativamente relevante sin necesidad de que el contexto la complete.
El ejemplo (16b) se explica en los mismos términos. Predicar del sujeto los JJ. OO. que fueron vistos es redundante e informativamente no relevante, en la medida en que, como se argumenta supra, el nombre JJ. OO. codifica en su QT que es un evento destinado a [SER VISTO]; por tanto, la pasiva requiere algún otro constituyente que aporte información nueva sobre el evento: quién lo llevó a cabo (por millones de espectadores), por qué medio (a través de múltiples dispositivos) o dónde tuvo lugar (en todo el planeta).
La agramaticalidad de las pasivas de (16c, d) recibe idéntica explicación: predicar de alergia que fue provocada no es informativamente relevante, lo que hace obligatoria la presencia de por un alérgeno desconocido. Asimismo, predicar de gol que fue marcado es redundante, en tanto que el QA de la EQ de gol ya codifica la información de que la entidad referida por el nombre gol pasa a existir a través del evento de marcar. La pasiva solo se legitima si se materializa un constituyente que la vuelva relevante desde el punto de vista informativo: por ejemplo, el agente (por Alexia) o un adjunto que exprese el momento en que se produce el evento (en el minuto 90).
El examen de las pasivas con ser recogidas en el CORPES avala este análisis (cf. infra ANEXO). Los primeros 30 ejemplos válidos, de un total de 1001 concordancias obtenidas en una búsqueda en textos periodísticos a partir de 2001 ofrecen, en primer lugar, un equilibrio significativo entre los casos en que aparece el sintagma-por y aquellos en que no. Los 15 casos en que aparece son predicados en los que la concordancia entre verbo y argumento paciente es plena y la pasiva no resulta predicativa en ausencia del agente. Los casos en que no aparece el sintagma-por son predicados en que el verbo selecciona al argumento paciente pero no de forma plena o redundante.
Examinemos por último los contrastes de (17), que ofrecen una confirmación adicional al análisis propuesto: contienen predicados idénticos configuracionalmente, formados sobre un mismo verbo (empezar) y un mismo sujeto paciente (el libro y la tarta respectivamente), pero exhiben distinto comportamiento sintáctico y reciben distinta interpretación en función del argumento agente (el cocinero o el niño):
El libro fue empezado por su autor antes de conocer a la que sería su musa.
*El libro fue empezado por el lector por la página 8.
La tarta fue empezada por el cocinero sin ayuda del pinche.
*La tarta fue empezada por el niño sin permiso.
Tal y como se expuso supra en §3.2.4, empezar es un verbo que selecciona como complemento nombres de [EVENTO], pero admite nombres de [OBJETO] si pueden ser coaccionados para interpretarse como eventos: es el caso de el libro y la tarta, que codifican en su QA el evento a través del cual pasan a existir ([ESCRIBIR] y [COCINAR], respectivamente), y en su QT el evento al cual están destinados ([LEER] y [COMER], respectivamente). En consecuencia, empezar el libro se interpreta como ‘empezar a {escribirlo/leerlo}’ y empezar la tarta como ‘empezar a {cocinarla/comerla}’, lecturas que están ligadas a distintas interpretaciones aspectuales. Cuando empezar selecciona un evento de creación (escribir el libro o cocinar la tarta), constituye una transición que culmina en un [LOGRO] y da lugar a un [ESTADO] nuevo (la existencia parcial de la {novela / tarta}). Puesto que en ese caso la EE cuenta con una fase [LOGRO • ESTADO], el predicado admite pasiva, como se ve en (17a, c). En cambio, cuando el evento seleccionado por empezar es el codificado en su QT, los objetos novela y tarta preexisten, y no se predica de ellos que su estado cambie cuando el sujeto empieza a llevar a cabo el evento al que están destinados. Hasta que no se termina de leer el libro o de comer la tarta, el objeto no cambia de estado y no se despliega una fase de [LOGRO • ESTADO]. Por ello en esta lectura no se admite pasiva, como se ve en (17b,d).
El agente contenido en los sintagmas-por de (17) contribuye esencialmente a desencadenar una u otra interpretación de la pasiva y a justificar su aceptabilidad o inaceptabilidad. El autor y el cocinero intervienen prototípicamente en el evento de creación del objeto; el lector y el niño llevan a cabo prototípicamente el evento a que está destinado el objeto. En todo caso, no son los únicos elementos decisivos en su formación e interpretación. Como hemos ido viendo a lo largo de estas páginas, la aportación de los adjuntos es igualmente decisiva en la construcción del significado aspectual y en la legitimación de una pasiva imposible por redundante. Así, a través de múltiples dispositivos frente a desde el bus turístico; en un recorrido largo y pausado frente a desde la carretera; por Klimt y en Viena; por Alexia y en el minuto 90; y antes de conocer a la que sería su musa frente a por la página 8 focalizan distintas fases de la estructura eventiva de un predicado (un punto inicial, un estado, un proceso, un punto final y un estado subsiguiente) y lo capacitan para pasivizarse (o no), en un proceso de concordancia de los rasgos subléxicos que va más allá de la relación entre un verbo y sus argumentos.
Esta consideración de los adjuntos como constituyentes centrales para la predicación (propuesta y argumentada en De Miguel 2022b,c) resta importancia al problema clásico de la naturaleza del sintagma-por de la pasiva, cuya condición de argumento parecía cuestionada por su intercambiabilidad con los adjuntos en ejemplos como los de (5). Desde esta nueva perspectiva, el sintagma-por es un argumento, pero su relevancia a la hora de legitimar una pasiva es compartida con los adjuntos, en la medida en que unos y otros participan en la construcción del significado de los predicados, desplegando o cancelando fases de la EE del verbo, y aportando información relevante en contextos sintácticos redundantes.
La revisión de la pasiva perifrástica con ser llevada a cabo en este trabajo avala una explicación de la construcción en términos de la concordancia entre los rasgos subléxicos codificados en la estructura interna del verbo y en la de los nombres que constituyen sus argumentos.
El análisis establece que la pasiva con ser constituye una operación sintáctica de tematización, en la que se altera la distribución de los constituyentes respecto de la forma activa para convertir el argumento paciente en el tema del que se predica un evento que acaba y da lugar a un estado nuevo. En consecuencia, la estructura eventiva del verbo debe contener una fase final de [logro • estado] o adquirirla por medio de algún mecanismo de coacción, desencadenado por el contexto en que aparece. A su vez, el argumento paciente del que se predica el estado nuevo debe contener en su EQ rasgos subléxicos compatibles con la predicación (como cuadro respecto de pintar y respecto de subastar). En cuanto al argumento agente, puede quedar implícito, si el predicado es suficiente desde el punto de vista informativo (como en el cuadro fue subastado). Si el predicado es redundante con el sujeto en virtud de su información subléxica (como en *el cuadro fue pintado), la pasiva se completa para resultar informativa, bien expresando el agente en el sintagma-por (el cuadro fue pintado por Klimt), bien mediante un adjunto que proporcione información pertinente para la predicación, relacionada con algún rasgo contenido en la EQ del nombre o con las coordenadas espaciotempo- rales en que el evento tiene lugar (el cuadro fue pintado {al óleo / con plumilla / en Viena / en 1917}).
La propuesta permite dar cuenta en idénticos términos de la aparición del sintagma-por en las pasivas perifrásticas con estar, cuando su presencia es indispensable para expresar el mantenimiento de un estado, incluso en construcciones no agentivas del tipo el valle está cruzado por el río, donde la ubicación del río es esencial para que se pueda predicar de el valle que está cruzado. Podría explicar también la (esporádica) presencia del sintagma-por en pasivas con se como la sentencia se dictó por el Tribunal Supremo. La pasiva con se, en cuanto que pasiva, es una estructurada tematizada que predica un evento que le ha ocurrido a un sujeto (con la particularidad de que, en su caso, no es obligada la mención a un estado alcanzado). En tanto que resultado de un proceso informativamente motivado, el predicado pasivo debe aportar información nueva sobre el sujeto paciente. Sin embargo, predicar de la sentencia que se dictó no resulta relevante. En ese contexto, la presencia del agente expreso (por el Tribunal Supremo) incrementa la carga informativa de la predicación y justifica su materialización.
En definitiva, el análisis aquí defendido establece un vínculo léxico esencial entre los constituyentes que participan en la operación sintáctica de pasivización: el verbo, sus argumentos y los posibles adjuntos. La interacción de los rasgos subléxicos (eventivos y de qualia) de las expresiones que componen el predicado, propiciada por la intervención de los mecanismos de concordancia de rasgos propuestos, desencadena su potencial informativo y la consiguiente aceptabilidad o agramaticalidad de la construcción.
Quiero expresar mi agradecimiento al equipo editorial del Círculo de lingüística aplicado a la comunicación, por permitirme participar en este número conmemorativo del 25 aniversario de la publicación y en el homenaje a su fundador, Joaquín Garrido, quien puso en marcha este círculo que no para de crecer, abarcador e inclusivo, delimitado solo por la circunferencia resistente y elástica con que su director lo concibió.
Agradezco a Zoltan Zato e Isabel López Fraguas su ayuda con los datos y sus observaciones sobre el análisis.
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Pasivas perifrásticas con ser en textos periodísticos, en España, a partir de 2001 Muestra extraída del Corpus del Español del Siglo XXI (CORPES), 27/07/2024
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