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        <journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Cuadernos de Información y Comunicación</journal-title>
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      <issn publication-format="electronic">1988-4001</issn>
      <issn-l>1988-4001</issn-l>
      <publisher>
        <publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
        <publisher-loc>España</publisher-loc>
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      <article-id pub-id-type="doi">https://dx.doi.org/10.5209/ciyc.103032</article-id>
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          <subject>ARTÍCULOS DE INVESTIGACIÓN</subject>
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        <article-title>Fragmento, velocidad, información</article-title>
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          <trans-title>Fragment, speed, information</trans-title>
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          <contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0003-0013-1468</contrib-id>
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            <surname>Nitrihual Valdebenito</surname>
            <given-names>Luis</given-names>
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          <institution content-type="original">Decano de la Universidad de La Frontera</institution>
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        <corresp id="cor1">Autor@s de correspondencia: Luis Nitrihual Valdebenito: <email>nitrihual@gmail.com</email></corresp>
      </author-notes>
      <pub-date pub-type="epub" publication-format="electronic" iso-8601-date="2025-09-15">
        <day>15</day>
        <month>09</month>
        <year>2025</year>
      </pub-date>
      <volume>30</volume>
      <issue>1</issue>
      <fpage>65</fpage>
      <lpage>73</lpage>
      <page-range>65-73</page-range>
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        <copyright-statement>Copyright © 2025, Universidad Complutense de Madrid</copyright-statement>
        <copyright-year>2025</copyright-year>
        <copyright-holder>Universidad Complutense de Madrid</copyright-holder>
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          <license-p>Esta obra está bajo una licencia <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/">Creative Commons Attribution 4.0 International</ext-link></license-p>
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      <abstract>
        <p>Este artículo se presenta bajo la forma de ensayo teórico y su propósito es reflexionar, a partir de las propuestas del filósofo y semiólogo español Gonzalo Abril Curto, particularmente sus estudios sobre la información como formación cultural, el estado de dos conceptos fundamentales para pensar lo social: información y fragmentariedad. Agrego a la reflexión el concepto de velocidad, como parte de un trabajo que busca reconocer y pensar críticamente las coordenadas que se encuentran atravesando la sociedad en su conjunto. Para desarrollar este trabajo, tomamos ejemplos del campo cultural, mediático y de la vida cotidiana con la finalidad de mostrar los cambios que se han producido en diversos ámbitos de la vida social tras el advenimiento de la vida digital.</p>
      </abstract>
      <trans-abstract xml:lang="en">
        <p>This article, presented as a theoretical essay, aims to reflect, based on the proposals of the Spanish philosopher and semiologist Gonzalo Abril Curto, particularly his studies on information as a cultural formation, on the status of two fundamental concepts for thinking about the social: information and fragmentation. I add to this reflection the concept of velocity, as part of a work that seeks to recognize and critically consider the coordinates traversing society as a whole. To develop this work, we draw on examples from the cultural, media, and everyday life fields to show the changes that have occurred in various spheres of social life since the advent of digital life.</p>
      </trans-abstract>
      <kwd-group>
        <kwd>Información</kwd>
        <kwd>Fragmentariedad</kwd>
        <kwd>Velocidad</kwd>
        <kwd>Tecnología</kwd>
      </kwd-group>
      <kwd-group xml:lang="en">
        <kwd>Information</kwd>
        <kwd>Fragmentarity</kwd>
        <kwd>Speed</kwd>
        <kwd>Technology</kwd>
      </kwd-group>
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        <custom-meta>
          <meta-name>Sumario</meta-name>
          <meta-value>: 1. C:\DIR. 2. Portátil: el camino hacia la evanescencia. 3. Información, velocidad y sociedad. 4. Fragmentos: modulaciones y reconocimiento. Referencias bibliográficas.</meta-value>
        </custom-meta>
        <custom-meta>
          <meta-name>Cómo citar</meta-name>
          <meta-value>: Nitrihual Valdebenito, L. (2025). Fragmento, velocidad, información, en <italic>Cuadernos de Información y Comunicación</italic> 30, 65-73.</meta-value>
        </custom-meta>
      </custom-meta-group>
    </article-meta>
  </front>
<body>
<sec id="cdir">
  <title>1. C:\DIR</title>
  <disp-quote>
    <p>Dedicado a la memoria de Wenceslao Castañares</p>
  </disp-quote>
  <p>Leí <italic>Cortar y Pegar. La Fragmentación visual en los orígenes
  del texto informativo</italic> de Gonzalo Abril (2003) a inicios del
  siglo XXI. Habían pasado unos pocos años desde ese momento límite en
  el cual los relojes cambiarían y se produciría un desastre en los
  ordenadores, generando un posible cataclismo informático. Por
  supuesto, la experiencia muestra que no hubo ninguna Skynet que se
  apoderara de las máquinas para iniciar una guerra de aniquilación
  contra la especie humana; aunque seamos verdaderos virus como le dice
  el agente Smith a Morfeo en Matrix. El colapso distópico no ha
  llegado. Por lo pronto vivimos (viviremos) una larga agonía por un
  mundo que termina y uno que se abre paso de manera frenética.</p>
  <p>Leí <italic>Cortar y Pegar</italic> durante un invierno madrileño.
  La nieve cubría la Cuesta de San Vicente. La tesis doctoral me
  aguardaba en casa. Mientras trotaba escuchaba –gracias a mi IPOD– lo
  último del rock chileno. El aparato, una miniatura blanca que metía en
  el bolsillo de mi pantalón corto, para luego recorrer con el cable del
  auricular mi espalda y dejar perfectamente ajustados los cascos en mis
  orejas, era una maravilla de la época. Hacía pocos años, en 2001,
  Steve Jobs lo había presentado en sociedad y ya llevaba algunas
  versiones y muchas copias chinas. El cambio era revolucionario. Hacía
  poco tiempo atrás cargábamos con cientos de discos compactos en los
  cuales almacenábamos todo tipo de archivos. Ya antes podíamos escuchar
  música de manera portátil gracias al walkman, pero eran aparatosos y
  delicados; bastaba un leve golpe para que la canción cambiara
  repentinamente o peor aún se rayara el disco o aún peor… se enredara
  la cinta magnética malográndose el casete.</p>
  <p>Me formé en los noventa, cuando en el tercer mundo comenzaban a
  masificarse los ordenadores personales y, posteriormente, los primeros
  portátiles. Eran aparatos toscos, pesados, con sistemas operativos que
  mostraban un cursor parpadeante que esperaba intrincados comandos para
  hacer funcionar el sistema operativo que había creado Microsoft de
  Bill Gates y Paul Allen, mucho antes, en 1981. Se trataba de
  PC-DOS<xref ref-type="fn" rid="fn1">1</xref>. El primer sistema
  operativo que vi funcionar estaba contenido en disquetes de 3 ½, antes
  que eso venía en disquetes de 5 ¼; tuve algunos de esos en mis manos.
  Los computadores de esa época, siempre de color beige, funcionaban
  mediante comandos. Instrucciones que permitían desplegar las
  existencias que contenía el soporte físico (los primeros disquetes y,
  posteriormente, los discos compactos).</p>
  <p>C:\WINDOWS\systems32&gt;dir. Hoy, cuando podemos hablarles a
  nuestros computadores para pedirles que hagan algo que deseamos,
  parece un conocimiento arcaico esa lista de instrucciones simbólicas
  que digitábamos para instalar el sistema operativo que le dio forma a
  la revolución tecnológica iniciada, como hemos aprendido con Gonzalo
  Abril, mucho antes de la modernidad, y que hoy se dibuja con toda
  nitidez frente a la anunciada hegemonía de la Inteligencia Artificial.
  El mundo que tenemos en frente es otro y lo será aún más. En este
  breve trabajo me gustaría bosquejarlo desde las transformaciones
  operadas en algunos campos de la cultura y como esto puede entenderse
  a partir de las coordenadas de fragmentariedad, velocidad e
  información. Para ello, parto del trabajo desarrollado por Gonzalo
  Abril en el libro indicado en el comienzo de este texto, así como en
  su artículo “La información como formación cultural” (2007).</p>
  <p>La tesis fundamental que observo en estas investigaciones es que la
  información, forma dominante de comunicación en la actualidad y que es
  el producto de las transformaciones operadas en la sociedad moderna
  gracias a los sistemas de mediación, se caracteriza por su condición
  fragmentaria y veloz.</p>
  <disp-quote>
    <p>Las sociedades modernas (y/o posmodernas) fueron transformándose
    en socie-dades de la información en la medida en que se adoptaron y
    extendieron determinados medios de producción, intercambio y
    difusión del conocimiento. Para que este proceso fuera posible, las
    más variadas prácticas comunicativas: desde la enseñanza al
    periodismo, desde la documentación a la interpretación y traducción
    de idiomas, de la cartografía al patronaje industrial, del arte
    audiovisual al diseño de máquinas inteligentes, precisaron
    infraestructuras tecnológicas e institucionales comunes. Lo cual
    presuponía la existencia de marcos compartidos de conocimiento
    teórico y práctico, de vocabularios, destrezas, memorias e
    imaginarios, estilos cognitivos y formas de la sensibilidad y del
    sentimiento (Abril, 2007: pp. 63-64).</p>
  </disp-quote>
  <p>Como trataré de mostrar, este conjunto de transformaciones que
  vienen produciéndose desde inicios de la modernidad (y aún antes)
  tienen hoy un efecto particularmente crítico que se revela en un
  drástico cambio en la capacidad de memorización, captación de la
  atención, en las formas y maneras de la comunicación pública y en las
  profundas transformaciones en la expresión de los afectos, entre otros
  trascedentes procesos personales y sociales. En este sentido, todos
  los dispositivos que hoy atiborran nuestro diario vivir construyen
  sujetos. Recordemos muy brevemente la propuesta de Giorgio Agamben, a
  partir de los trabajos de Michel Foucault, sobre lo qué es un
  dispositivo: “2) El dispositivo siempre tiene una función estratégica
  concreta, que siempre está inscrita en una relación de poder. 3) Como
  tal, el dispositivo resulta del cruzamiento de relaciones de poder y
  de saber” (Agamben, 2011, p. 250). Teniendo a la vista esto se
  comprende mucho mejor el acelerado proceso que nos ha llevado hasta la
  desaparición de los formatos físicos en nuestro entorno inmediato
  (aunque sabemos que en algún lugar perdido, en un desierto de Nuevo
  México, hay inmensos centros de datos), la miniaturización de los
  mismos, la IA como dispositivo que amenaza con cambiar de manera
  definitiva nuestras relaciones sociales y, tal vez lo más relevante,
  la omnipresencia de las tecnologías de mediación en nuestra vida
  cotidiana.</p>
  <p>La tesis del régimen informativo que nos rige, que como digo,
  aparece dibujado en los dos trabajos de Abril (2007, 2003) que he
  señalado, puede encontrarse hoy con mucha claridad en los libros del
  filósofo sur coreano Byung-Chul Han, especialmente en su libro
  <italic>La crisis de la narración</italic> (2023) y, aún más
  recientemente, en el ensayo de Lola López <italic>Sin relato</italic>
  (2024). Ciertamente, todos estos trabajos son a su vez deudores de
  <italic>El Narrador</italic> de Benjamin, en el cual la tesis
  fundamental es la pérdida de la capacidad narrativa en las sociedades
  modernas. Los resultados de este diagnóstico lo podemos observar con
  nitidez hoy: dificultad para transmitir la experiencia y, por tanto,
  la herencia cultural por medio de relatos que requieren un tiempo
  extendido. Algo se pierde en la comunicación fragmentaria y veloz en
  la queform vivimos nuestro día a día.</p>
</sec>
<sec id="portatil-el-camino-hacia-la-evanescencia">
  <title>2. Portátil: el camino hacia la evanescencia</title>
  <p>Hoy coleccionamos vinilos como pátina. Lo hacemos como un acto de
  nostalgia y rebeldía ante la derrota. Lo mismo está ocurriendo con los
  Discos Compactos y los Casetes, formatos que cedieron su espacio, en
  escalada, hace pocos años, a la digitalización. Esto de «pocos años»
  me recuerda la broma bastante extendida de que cuando pensamos en los
  años dos mil, parece que fue ayer y, sin embargo, ya ha pasado un
  cuarto de siglo. Incluso, podríamos asegurar, que ese cuarto de siglo
  se siente en realidad como un siglo completo. Nos recuerda, por
  supuesto, que el tiempo es tan relativo que hoy nos tiene a mal traer.
  Nos mantiene abrumados, con la sensación de estar viviendo un mundo
  que se está jubilando. ¿No han sentido durante los últimos años que el
  mundo que vivíamos ha cambiado tan rápidamente que no hemos tenido
  oportunidad de adaptarnos? La distancia generacional es hoy
  extremadamente notoria. Como ha señalado Carlos Peña (2023) las redes
  sociales han contribuido decisivamente a esta distancia: “la
  generación que nació a fines de los ochenta y principio de los noventa
  [y posteriormente] creció en un mundo radicalmente distinto al de los
  más viejos” (p. 41). Tal vez por eso nos aferramos a aquello que aún
  sobrevive a la desaparición, como cuando los niños coleccionan figuras
  de dinosaurios y las ordenan en repisas que contemplan desde sus
  camas.</p>
  <p>El mercado de los formatos
  físicos<xref ref-type="fn" rid="fn2">2</xref>, si bien ha cedido su
  espacio al <italic>streaming</italic>, se ha mantenido creciendo en
  algunas latitudes. El 2024, por ejemplo, el vinilo creció un 13,5% y
  el CD un 3,2% con respecto al año anterior en Inglaterra. En términos
  generales, el formato físico que mejor rendimiento comercial mantiene
  es el vinilo: “el consumo del vinilo mantuvo su crecimiento en 2024,
  un 4,6%, lo que supuso el décimo octavo año consecutivo de
  aumento”<xref ref-type="fn" rid="fn3">3</xref> Puede resultar curiosa
  la permanencia de un formato que no se caracteriza por su portabilidad
  (a pocos se les ocurriría andar cargando una docena de sus vinilos
  favoritos sin correr el riesgo de sufrir un lumbago). Del Val (2019)
  constata esta curiosa reaparición de un formato que comenzó su declive
  a inicios de los años noventa, pero que regresó en gloria y majestad
  durante la primera década de los dos mil. El mismo autor nos indica
  que desde el 2006 este formato analógico ha tenido un incremento de
  venta del 599%. Varias explicaciones se han entregado sobre este
  llamativo fenómeno: a) Emociones y rituales. En este aspecto se
  sugiere cierto comportamiento de «retromanía» asociada al objeto y a
  la nostalgia que este produce. Podríamos agregar a este aspecto
  indicado por De Val que el vinilo genera la pertenencia a una
  comunidad. Como si hubiésemos sido arrojados a un mundo en el cual
  permanecer fijo se encuentra pasado de moda, nos aferramos a objetos
  del pasado analógico; b) Autenticidad. Este rasgo es una búsqueda
  característica de nuestra época. La no extraña sensación de estar
  viviendo en una sociedad poco genuina, repetitiva y cansadora:
  “Conviene apuntar brevemente que la autenticidad es entendida como
  sinónimo de veracidad, de algo creíble, genuino, honesto, y que en
  diversas investigaciones el vinilo aparece como tal ligado a esa idea
  de aura” (De Val, 2019: p. 81).</p>
  <p>No está demás volver muy brevemente sobre el concepto de
  reproductibilidad técnica elaborado por Walter Benjamin, toda vez que
  da cuenta de la preocupación que tenía el filósofo sobre el intenso
  proceso que percibe con nitidez a principios del siglo XX y que nos
  llevará hasta hoy; momento en el cual las formas artísticas, antes
  acuñadas, ahora tienen existencia virtual.</p>
  <disp-quote>
    <p>La obra de arte siempre ha sido fundamentalmente susceptible de
    reproducción. Lo que los hombres habían hecho podía ser imitado por
    los hombres. Los alumnos han realizado copias como ejercicio
    artístico, los maestros las hacen para difundir las obras, y,
    finalmente copian también terceros ansiosos de ganancias. Frente a
    todo ello la reproducción técnica de la obra de arte es algo nuevo
    que se impone en la historia intermitentemente, a empellones muy
    distante unos de otros, pero con intensidad creciente (Benjamin,
    2018 p. 196).</p>
  </disp-quote>
  <p>No resulta extraño que una sociedad en la cual la reproducción
  seriada es una condición estructurante, el vinilo, objeto difícilmente
  copiable, como lo será en mayor medida el casete y luego el CD, se
  haya convertido en un producto que contiene un cierto componente
  «aureático» perdido. No sorprende que ante este objeto, característico
  de la época de la reproductibilidad mecánica, se teja una serie de
  rituales del aquí y ahora de la música analógica. De Val (2019)
  reconoce esta característica: el diseño, las letras interiores, las
  fotografías; la composición como objeto único. Basta recordar la
  portada del <italic>Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band</italic> de
  The Beatles, cuyo recordado collage inicial ha sido objeto de
  análisis, para comprobar el esmero que la música popular puso en el
  objeto disco.</p>
  <p>El camino hacia la (casi) desaparición transitó, como hemos visto
  en el comienzo, por la miniaturización, un permanente proceso de
  construir dispositivos transportables. Si a inicios de los ochenta la
  máquina de escribir era el dispositivo dominante en las oficinas y
  escritorios de casa, y lo fue desde el siglo XIX, luego de casi 50
  años, livianos teclados se conectan vía bluetooth o, lo que es más
  habitual, se puede escribir directamente en el móvil o pantalla del
  IPad. <italic>Historia Abreviada de la Literatura Portátil</italic>
  (Vila-Matas, 2006), publicada originalmente en 1986, cuenta la conjura
  de una sociedad secreta de escritores, los Shandys, que tienen dentro
  sus propósitos la búsqueda y construcción de objetos minúsculos,
  transportables en todo tipo de situaciones. Los Shandys, pandilla
  compuesta por notables como Marcel Duchamp y Walter Benjamin eran
  seres nómades que precisaban de objetos fácilmente transportables,
  posibles de calzar en una maleta. ¿Cómo es que hoy, que podemos llevar
  cámara fotográfica, walkman, máquina de escribir y teléfono en un sólo
  dispositivo de bolsillo? La globalización, entendida como posibilidad
  de moverse a través del mundo requirió, como sabemos gracias a los
  trabajos de Peter Sloterdijk (2019), de una disposición mental en el
  cual el mundo fue cada vez más pequeño. Apenas un globo en el cual
  podemos tomar un avión, o un tren que viaja a 700 o más kilómetros por
  hora, para encontrarnos fuera de casa en la mañana y regresar por la
  noche a cenar con los niños. Para ello, junto con la velocidad, la
  mentalidad Shandy fue fundamental:</p>
  <disp-quote>
    <p>La propia escritura de Walter Benjamin era casi microscópica, y
    su ambición nunca lograda era meter cien líneas en una hoja de
    papel. Cuenta Scholem que en su primera visita a Benjamin en Paris,
    éste le arrastró al Museo Cluny para mostrarle, en una exposición de
    objetos rituales judíos, dos granos de trigo en los que un alma
    gemela había escrito completo el Schema Israel (Vila-Matas, p.
    11).</p>
  </disp-quote>
  <p>Byung-Chul Han (2021) ha explorado esta transición desde el mundo
  de los objetos a los noobjetos (recuerda, por cierto, la expresión de
  Marc Augé de no-lugares, como espacios de anonimato)</p>
  <disp-quote>
    <p>El orden terreno está siendo hoy sustituido por el orden digital.
    Este desnaturaliza las cosas del mundo informatizándola. Hace
    décadas, el teórico de los medios de comunicación Vilem Flusser ya
    observó que “las no-cosas penetran actualmente por todos lados en
    nuestro entorno, y desplazan las cosas. A estas se les llama
    informaciones” Hoy nos encontramos en la transición entre la era de
    las cosas a la era de las no-cosas (p. 6).</p>
  </disp-quote>
  <p>El camino hacia la evanescencia, concretado en la sociedad digital,
  es distinto al de la era industrial nítidamente caracterizada por
  Benjamin por cuanto toda búsqueda en la red es a la vez una presencia,
  una huella, de nuestra propia imagen en una vigilancia en tiempo real
  (Groys, 2016).</p>
</sec>
<sec id="informacion-velocidad-y-sociedad">
  <title>3. Información, velocidad y sociedad</title>
  <p>La experiencia de la modernidad es una experimentación con el
  tiempo, con su control a través de instrumentos como el reloj, su
  aceleración y su buena utilización con fines productivos. Muy distinto
  a culturas como las indígenas, en las cuales la transmisión de la
  experiencia implica un tiempo extendido en el cual el maestro tiene
  como misión depositar en el aprendiz los conocimientos que le
  permitirán mantener viva la cultura. La modernidad camina rápido. No
  es raro que hoy se verifique como este proceso de aceleración y
  pérdida en la transmisión del conocimiento y la experiencia vital esté
  creando serias dificultades en el campo educativo. Enseñamos como en
  siglo XIX, con instrumentos del siglo XX, en pleno XXI. El punto más
  elevado de esta condición lo estamos viviendo en estos momentos,
  aunque viene desenvolviéndose desde hace siglos. Filósofos como
  Byung-Chul Han, pero antes que él, y me parece que, con mucha mayor
  profundidad, Gonzalo Abril (2007, 2003), constataron como la
  modernidad convirtió en dominante la información. No se trataría, y
  ese es el aporte significativo de Abril, sólo de una cuestión
  periodística, sino, profundamente, de la transformación y
  consolidación de una episteme de época: “con la expresión “información
  como formación cultural”, quiero indicar, pues, lo siguiente: un modo
  histórico-culturalmente determinado de la textualidad y con él unas
  formas y operaciones particulares de conocimiento, una episteme; pero
  también toda una configuración del ecosistema comunicativo y textual”
  (Abril, 2007, p, 64).</p>
  <p>En efecto, desprendernos de la noción de información como campo del
  periodismo o de la teoría cibernética y sus aproximaciones
  tecnológicas, nos permite comprender mucho mejor el calado de las
  transformaciones que han operado en la cultura para llegar al estado
  veloz y fragmentario en el cual se mueve la comunicación hoy. Basta
  echar una mirada a nuestro entorno para comprobar que las formas de
  producción, circulación y consumo de la información se han extendido a
  campos tan significativos como el de la educación. Si observamos con
  detenimiento, los libros en enseñanza escolar de hace décadas atrás no
  se parecen en nada a los actuales; estos son similares a una página de
  periódico y, por consiguiente, al diseño web. Están hechos para ser
  leídos rápida y fragmentariamenente. La experiencia sublime del lector
  en la modernidad es ir comodamente sentado en un atiborrado vagón del
  metro leyendo las noticias del día en el periódico de su ciudad o
  leyendo alguna novela de su autora favorita. Con justa razón, ambos
  productos culturales, las noticias y la novela, han sido categorizados
  como característicos de la modernidad. Este ecosistema no ha cambiado
  profundamente en la actualidad, pero se ha empobrecido en cuanto a la
  disposición de tiempo que pasamos frente a un solo producto. Seguimos
  leyendo noticias, pero las pasamos cada vez más rápido; masticamos
  enunciados, escuchamos frases cortas: “un mar de conocimiento, un
  centímetro de profundidad”.</p>
  <p>Quien se ha acercado de forma acertada al problema de la velocidad
  durante la modernidad es Hartmut Rosa (2016). Para este autor, una
  observación atenta de nuestra propia experiencia nos mostraría lo
  siguiente:</p>
  <disp-quote>
    <p>Sin embargo, si dejamos de lado la sociología estándar durante
    unos instantes y examinamos la gran cantidad de autoobservaciones de
    la modernidad, encontramos que a todas estas versiones les falta
    algo (…) la aceleración de la vida social y, de hecho, la
    transformación acelerada del mundo material, social y espiritual.
    Esa sensación de aceleración del mundo que lo rodea, de hecho, nunca
    ha sido ajena al hombre moderno (p, 15).</p>
  </disp-quote>
  <p>Como señalamos al principio, esta condición de vivir en un mundo en
  constante aceleración nos permite entender la sensación de no hacer
  pie. Pareciéramos estar en medio de un tornado. Como suele ocurrir, es
  el arte quien se ha aproximado de mejor manera a estas sensaciones tan
  características de nuestro tiempo.</p>
  <p><italic>Ok. Computer</italic>, publicado en 1997, es sin duda uno
  de los discos más significativos de los noventa. Es un punto
  suspensivo que nos lleva directa y velozmente a los dos mil. Podríamos
  resumir su temática como una honda preocupación por los procesos de
  tecnificación, velocidad y fragmentariedad que hemos pensado desde
  Abril (2007, 2003). Con mucha razón, especialistas han entregado a
  este disco la relevancia de ser el último gran disco del siglo XX
  (Griffiths, 2009) y un punto de entrada al siglo XXI. Su propuesta
  estética, desde la portada: esas carreteras que revelan la velocidad a
  la cual se mueve la ciudad, con esos cuasi humanos que se difuminan en
  el horizonte, advierten al escucha que la sonoridad que se inaugura,
  así como la poética de sus líricas, advierten la atmósfera cargada de
  insatisfacción que caracterizará a la sociedad actual, con todos sus
  problemas económicos, medioambientales, tecnológicos, políticos y
  afectivos. La segunda canción del volumen, <italic>Paranoid
  Android</italic>, nos prepara para escuchar una atmósfera en la cual
  las máquinas saturan nuestras vidas, nos vuelven androides.</p>
  <disp-quote>
    <p>Please could you stop the noise?</p>
    <p>I’m trying to get some rest</p>
    <p>From all the unborn chicken</p>
    <p>Voices in my head</p>
    <p>What’s that…?</p>
    <p>(I may be paranoid, but not an
    android)<xref ref-type="fn" rid="fn4">4</xref></p>
  </disp-quote>
  <p><italic>Ok Computer</italic> (Radio Head) es un grito de
  experiencias y desazón ante lo que Tom Yorke y el resto de la banda
  advierten como el mundo dirigido por máquinas (así como por grandes
  corporaciones). Por esta razón, como lo fue en su momento <italic>Sgt.
  Pepper’s Lonely Hearts Club Band</italic> de The Beatles, esta obra
  nos advierte sobre los males que aquejan a una época. Hace un tiempo
  escuché que la velocidad de los trenes –dispositivos distintivos de la
  modernidad industrial– multiplicaron por 100 la velocidad a la cual
  transitan. Ya se observa en el horizonte que no se precisarán rieles,
  sino que levitarán gracias a imanes de polaridades invertidas. ¡Iremos
  cada vez más rápido! ¿Para qué? No lo sabemos. Y sin embargo esta
  velocidad antes de ayudarnos (para llegar luego a nuestra casa; jugar
  con los niños, divertirnos, hacer deporte, tomar café junto a los
  amigos, etcétera. Es decir, la tecnología que nos libera para expresar
  todas nuestras potencialidades) nos mantiene deprimidos. En
  <italic>Let Down,</italic> Radiohead lo expresa con nitidez.</p>
  <disp-quote>
    <p>Transport, motorways and tramlines</p>
    <p>Starting and then stopping</p>
    <p>Taking off and landing</p>
    <p>The emptiest of feelings</p>
    <p>Disappointed people Clinging on to bottles And when it comes it’s
    so So, disappointing<xref ref-type="fn" rid="fn5">5</xref></p>
  </disp-quote>
  <p>La paradoja se representa en la forma de sociedades en las cuales
  el avance tecnológico y el bienestar se encuentran ampliamente
  asentados y que, no obstante, presenta altos niveles de depresión,
  ansiedad y suicidio en las generaciones jóvenes. Jonathan Haidt, en su
  libro <italic>La generación ansiosa</italic> (2024), ha planteado una
  documentada interpretación entre la generación que ha descrito Peña
  (2023), es decir los nacidos a partir de la década de los noventa, y
  las enfermedades mentales. El resultado es espeluznante. Desde 2010 se
  registra un aumento explosivo de enfermades diagnosticadas en
  adolescentes. Así, las informaciones recogidas por la American College
  Health Association en Estados Unidos muestra una curva dramática. La
  ansiedad aumentó un 134%, la depresión un 106%, el TDAH un 72%, y suma
  y sigue (Haidt, 2024, p. 43). Ante los imperativos que nos impone la
  cultura del goce y la productividad, la reacción es una profunda
  desazón. Tal como en el corte Fitter happier:</p>
  <disp-quote>
    <p>Fitter, happier.</p>
    <p>More productive.</p>
    <p>Comfortable.</p>
    <p>Not drinking too much.</p>
    <p>Regular exercise at the gym</p>
    <p>(3 days a week).</p>
    <p>Getting on better with your associate employee
    contemporaries.</p>
    <p>At ease.</p>
    <p>Eating well (no more microwave dinners and saturated fats).</p>
    <p>A patient, better driver.</p>
    <p>A safer car</p>
    <p>(baby smiling in back seat).</p>
    <p>Sleeping well (no bad dreams).</p>
    <p>No paranoia.</p>
    <p>Careful to all animals<xref ref-type="fn" rid="fn6">6</xref>.</p>
  </disp-quote>
</sec>
<sec id="fragmentos-modulaciones-y-reconocimiento">
  <title>4. Fragmentos: modulaciones y reconocimiento</title>
  <p>Como ha indicado con justicia Gonzalo Abril (2003), el estilo no
  lineal en el cine y la literatura tienen larga data. Basta agregar a
  la lista que entrega en <italic>Cortar y Pegar</italic> (Buñuel,
  Dovjenko,</p>
  <p>Macedonio Fernández, entre otros) ejemplos como el de <italic>La
  broma infinita</italic> de David Foster Wallace, publicada
  originalmente en 1996, dos años antes de otra novela fundamental de la
  literatura en castellano de fines de siglo, <italic>Los Detectives
  Salvajes</italic> de Roberto Bolaño. Ambas obras, tienen en común un
  estilo fragmentario, no lineal, de voces múltiples y que,
  temáticamente, nos advierten algunos males de la sociedad de los
  noventa y posterior. En <italic>La broma infinita</italic> se abordan
  al menos tres graves problemas de la sociedad actual: las adicciones,
  el aburrimiento y el consumismo. Escrita mediante una estructura de
  saltos temporales, técnica para nada nueva pues como sabemos se
  encuentra presente en obras tan diversas como Rayuela de Julio
  Cortázar o Pedro Páramo de Juan Rulfo, obras publicadas entre los años
  cincuenta y sesenta del siglo XX, lo que resulta especialmente
  sugerente en <italic>La broma infinita</italic> es su interés por la
  sociedad mediatizada. Recordemos que una de líneas argumentales
  centrales de la novela es la conspiración de un grupo de separatistas
  canadienses que buscan introducir en Estados Unidos una serie de
  televisión llamada «La broma infinita». Este programa de televisión
  tiene un efecto adictivo en quien la ve: las personas dejan de comer y
  beber hasta que mueren en sus sillones. La adicción a las tecnologías
  no es algo nuevo. Volvamos la vista hacia la película de los años dos
  mil <italic>Requiem for a Dream</italic> y la adicción a programas de
  televisión de Sara Goldfarb, así como a la adicción de las drogas de
  los protagonistas. A esta altura no puede sorprendernos que desde
  mediados de los años noventa la desazón se haya instalado no sólo como
  un sentimiento sino también como una estética.</p>
  <p>Javier Peña, en el Podcast <italic>Grandes Infelices</italic>,
  episodio dedicado a la figura de Wallace ha mostrado como esta novela
  se encuentra especialmente vinculada a la vida del autor (el novelista
  estadounidense se suicidará en 2008 y sufrirá algunos de los problemas
  que utiliza como argumento en su novela) en tanto en la trama de la
  obra se advierten problemas que nos perseguirán hasta hoy: la búsqueda
  del éxito en una sociedad en la cual el desprecio, como ha insistido
  Peter Sloterdijk (2003) alcanza cuotas endémicas. Se trata de una
  pandemia global: la necesidad de reconocimiento que nos llevará
  directamente a la cultura del <italic>like</italic>. Y, sin embargo,
  como descubrirá el mismo Wallace, el éxito y la fama son una carretera
  directa a la insatisfacción.</p>
  <p>La vida digital se presenta como una dispersión y fragmentación
  acentuada. Tal vez lo más relevante de la constatación estética de no
  linealidad que se presenta en autores tan diversos – así como en el
  cine y otras obras artísticas– es que la economía de la atención viene
  desplazándose hacia la lectura modular desde hace siglos. Justamente
  en este sentido, Abril (2003, p, 92) ha llamado la atención sobre el
  intenso proceso de modularización de la modernidad:</p>
  <disp-quote>
    <p>Un proceso tan amplio como lo es la aplicación de reglas de
    fragmentación, normalización y conexión entre unidades informativas.
    Todas las técnicas y textos impresos (libros, carteles
    publicitarios, periódicos) entraron en una fase de modularización
    desde que se fueron definiendo sus formatos, el aprovechamiento del
    espacio y la distribución de los contenidos en orden a racionalizar
    los recursos del proceso productivo y a capturar el interés del
    lector.</p>
  </disp-quote>
  <p>En esta medida, no sorprende que buena parte de la producción
  textual se haya orientado hacia la captación de la atención y que su
  deriva actual sea un conjunto de textos verbovisuales de consumo
  rápido y captación de la atención de corta duración. Un mundo
  frenético. Una mirada rápida a nuestra experiencia cotidiana nos
  muestra como las generaciones precedentes eran capaces de memorizar
  mayor cantidad de información que las actuales generaciones. La
  economía de la atención se ha desplazado radicalmente en las últimas
  décadas. La multitarea, esa compulsión por hacer varias cosas a la
  vez, es una característica generacional definitoria y es parte de la
  cultura de la información: velocidad, fragmento y novedad. De este
  modo, todo <italic>reel</italic> es pasajero, todo
  <italic>like</italic> es circunstancial y efímero y toda lucha por
  reconocimiento está condenada a perderse en un sinnúmero de
  fugacidades que conducen a la insatisfacción.</p>
  <p>En el régimen de la información: la velocidad y fragmentariedad han
  modelado un nuevo sujeto. Uno que se encuentra en transición y a mal
  traer. Dislocado. Navegando frenéticamente y con las velas al garete,
  como decía mi abuela.</p>
  <sec id="agradecimiento-al-proyecto-de-investigacion">
    <title>Agradecimiento al proyecto de investigación</title>
    <p>PAT 24-0036 de la Dirección de Investigación de la Universidad de
    La Frontera por la financiación de esta investigación.</p>
    <p></p>
  </sec>
</sec>
</body>
<back>
<fn-group>
  <fn id="fn1">
    <label>1</label><p>El nombre completo es IBM PC-DOS (The IBM
    Personal Computer Disk Operating System).</p>
  </fn>
  <fn id="fn2">
    <label>2</label><p>Hernández, Julia (2024). “Ventas de música en
    formato físico aumentan 7.9% en el Reino Unido”.    
      <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://industriamusical.com/ventas-de-musica-en-formato-fisico-aumentan-7-9-en-el-reino-unido/">industriamusical.com/ventas-de-musica-en-formato-fisico-aumentan-7-9-en-el-reino-unido</ext-link></p>
  </fn>
  <fn id="fn3">
    <label>3</label><p>Salvatierra, Miguel (2025). “El mercado de la
    música grabada generó en 2024 un 4,8 % más de ingresos que un año
    antes”.
      <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://www.swissinfo.ch/spa/el-mercado-de-la-m%c3%basica-grabada-gener%c3%b3-en-2024-un-4,8-%25-m%c3%a1s-de-ingresos-que-un-a%c3%b1o-antes/89034821">www.swissinfo.ch/spa/el-mercado-de-la-m%C3%BAsica-grabada-gener%C3%B3-en-2024-un-4%2C8-%25-m%C3%A1s-de-ingresos-que-un-a%C3%B1o-antes/89034821</ext-link></p>
  </fn>
  <fn id="fn4">
    <label>4</label><p>¿Podrías por favor para el ruido?/Estoy tratando
    de descansar/De todas/las voces en mi cabeza de pollos nonatos/¿Qué
    es eso?/(Puedo ser paranoico, pero no un androide) (Traducción:
    Radiohead México).</p>
  </fn>
  <fn id="fn5">
    <label>5</label><p>Transportes, autopistas y tranvías/andando y
    parando/despegando y aterrizando/el más vacío de los
    sentimientos/Gente desilusionada/aferrada a botellas/y cuando llega
    es tan/tan decepcionante (Traducción: Radiohead México).</p>
  </fn>
  <fn id="fn6">
    <label>6</label><p>Más en forma, más feliz/Más productivo/Cómodo/No
    beber demasiado/Ejercicio regular en el gimnasio (3 días a la
    semana)/Desenvolverse mejor con sus empleados asociados actuales/A
    gusto/Comer bien (no más cenas de microondas ni grasas saturadas)/Un
    mejor conductor, más paciente/Un coche más seguro (niño sonriente en
    el asiento trasero)/Dormir bien (sin malos sueños)/Sin
    paranoia/Cuidadoso con todos los animales (Traducción: Radiohead
    México).</p>
  </fn>
</fn-group>
  <ref-list id="referencias-bibliograficas">
    <title>Referencias bibliográficas</title>
    
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        <comment>Episodio 16, Podcast en audio, Spotify</comment>
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        <publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
        <publisher-name>Anagramas</publisher-name>
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