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        <journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Cuadernos de Información y Comunicación</journal-title>
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      <issn publication-format="electronic">1988-4001</issn>
      <issn-l>1988-4001</issn-l>
      <publisher>
        <publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
        <publisher-loc>España</publisher-loc>
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          <subject>RESEÑAS</subject>
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        <article-title>Abril, Gonzalo.<italic>La belleza del vagar.</italic>
          Eolas Ediciones, 2022.
          ISBN: 9788419453327, 140 pp.</article-title>
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          <contrib-id contrib-id-type="orcid">https://dx.doi.org/10.5209/ciyc.102987</contrib-id>
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          <institution content-type="original">Equipo CIC</institution>
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        <corresp id="cor1">Autor@s de correspondencia: Eva Aladro: <email>ealadro@ucm.es</email></corresp>
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      <pub-date pub-type="epub" publication-format="electronic" iso-8601-date="2025-09-15">
        <day>15</day>
        <month>09</month>
        <year>2025</year>
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      <volume>30</volume>
      <issue>1</issue>
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        <copyright-statement>Copyright © 2025, Universidad Complutense de Madrid</copyright-statement>
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    <p>Del profesor Gonzalo Abril hemos recibido huella indeleble por sus
      trabajos de Semiótica, Análisis Visual y Verbo-Visual, Estudios del
      Discurso, Teoría periodística, y otros campos de reflexión y estudio,
      todos los que intentamos entender el ámbito de la comunicación. Sus
      trabajos tienen la capacidad rara de ser proféticos –sus análisis sobre
      el régimen informacional antes de que se denominara de esta manera, sus
      estudios sobre fragmentación de la cultura asociados a la evolución
      mediática/sígnica y la forma cultural que genera, o sus increíbles
      avances en torno al poder factorial de la cultura –que nos mostró hace
      ya alguna década– donde formuló de modo académico el fenómeno de
      crecimiento exponencial de la experiencia que asociamos a los mensajes
      creadores, que ya Jaspers intuyó en sus estudios sobre las grandes
      personalidades de las civilizaciones pero que Gonzalo Abril trajo al
      universo conceptual socio-semiótico indicando cómo es posible que los
      mensajes culturales nos transporten literalmente a otras dimensiones de
      experiencia mediante su acción semiótica.</p>
    <p>De Gonzalo Abril conocemos por tanto la erudición inmensa y la
      capacidad docente en esos conceptos nuevos que nos han sido muy muy
      útiles para avanzar en el camino del estudio comunicativo. Pero de su
      capacidad de escritura en ensayo/ novela no conocíamos, hasta la llegada
      de esta “Belleza del Vagar”, la prosa genial del autor, que
      trascendiendo la exactitud académica, llega a suscitar un pensamiento
      más profundo, y nos hace intuir que toda la andadura académica del autor
      no hace sino culminar en este breve librito, para abrir un nuevo destino
      escritural, siempre mejor que el anterior.</p>
    <p>Como se señala en su texto de contraportada, lo vago puede ser,
      además de una puesta en abismo a lo semiótico, un método de exactitud.
      Hace falta haber superado los conceptos oposicionales de lo académico,
      hace muchísimo tiempo, para llegar a afirmar, como dice el autor, que la
      divagación es un método o estilo de pensar que no solamente es más
      acertado y agudo, sino que además va reconciliado con la vida, y como ya
      Gregory Bateson nos recordaba, el pensamiento tiene que regresar a la
      vida con urgencia, porque la separación mente/cuerpo está destruyendo
      nuestro planeta, además de nuestras cabezas.</p>
    <p>Encontramos en este libro una belleza de pensamiento depurada. En él,
      la retórica de la argumentación ha terminado por abocar, sin dejar de
      existir, a la pincelada sencilla. Como dice el autor, el significado de
      algo vago, es vago. Las reflexiones de Abril en este texto exhalan paz y
      armonía, al mismo tiempo que responden a actitudes vitales éticas, y son
      también epistémicas. En ellas el pensamiento se hace conciliación,
      reflexión contemplativa y conceptualización sentida. Hay en el libro un
      compromiso profundo con todas esas actitudes que se aprecia en la
      cuidadosa recolección de ideas, intuiciones o lecturas que han ido
      conformando un todo: una enciclopedia de la vaguedad, la indefinición,
      la indeterminación, lo borroso, el titubeo o el vagabundeo, mostrando
      cuán maravillosos y cruciales son esos fenómenos y lo necesarios que son
      a nuestra existencia, no solamente por su higiene mental y filosófica,
      sino por su verdad profunda; Borges, H.G. Wells, Sánchez Ferlosio, Edgar
      Poe y un conjunto enorme de maestros de misterios mayores con los que
      Abril sigue enseñando el camino a seguir para conocer, asaltan la
      lectura y la detienen para marcar sus etapas llenas de abismos del
      pensamiento. Poner a bailar juntos a Wittgenstein y a Proust, a Lorca y
      a Agamben, Deleuze y Borges, no puede hacerse sin dominar sus
      aportaciones, habiendo buscado los goznes que los articulan, para abrir
      con su trabajo espacios de aire fresco.</p>
    <p>Las experiencias de la infancia, de los estudios, de la cultura o del
      contexto social o político en campos tan diversos como la religión, la
      música, la pintura, las experiencias miopes, los paseos para disfrutar
      de los que llama “teatros de calle”, la iluminación urbana, los pasajes,
      que en muchos casos revelan a un verdadero antropólogo del mundo humano
      actual, capacitado para hacer análisis visuales y simbólicos de casi
      todo, sirven a Gonzalo Abril para traer ricos tesoros de pensamiento y
      elaboración cultural del autor, que nos regala para que podamos
      saborearlos nosotros también, con tiempo suficiente. Ese “evolucionismo
      inverso” entre humanos y animales, esa estética japonesa “wabi-sabi”
      basada en lo marchito y desgastado, lo tosco y efímero, esa “potencia
      del no” creativo, la “errancia de los signos” o las “artes de los
      vagabundos urbanos”, son conceptos únicos que nos amplían la idea
      estrecha que tenemos del pensamiento conformada por unos herrajes
      académicos duros y rígidos, para trasladarnos al mundo de la vida del
      autor, que es un mundo exquisito, capaz de disfrutar de reflexiones
      sobre pasado y presente, sobre lo divino y lo humano, en una gama
      increíble de vivencias estéticas e intelectuales.</p>
    <p>Para mi gusto, las reflexiones más cruciales de todas son las que
      atañen a esa paradoja por la que lo individuado es también algo vago: la
      mayor precisión posible pinta siempre con un halo de vaguedad, y el
      pensamiento más profundo rechaza la memoria exacta, como cuenta Borges,
      en “Funes el Memorioso”. Somos seres desdibujados o desdibujándose a
      cada momento, y la realidad es siempre una comparación borrosa, desde la
      incapacidad de nuestro instrumento de medida, que sin embargo por eso
      mismo, consigue ponderar lo inmenso, lo infinito. Lo
      <italic>anexacto</italic> nace en una paradoja, afirma el autor, pero
      invade progresivamente todas las formas culturales de modo que puede
      analizarse en cuestiones como las tradiciones religiosas, las costumbres
      populares, los estilos comerciales, si tenemos las herramientas
      semióticas para usar en su disección<italic>.</italic> En estas
      profundas ideas se mueve Gonzalo Abril como pez en el agua. No sólo con
      profunda seriedad, sino también con humor.</p>
    <p>La escritura de este breviario no debe engañar por su extensión. Lo
      que leemos, a nuestro juicio es una consagración de obra. El autor ha
      superado, pero no abandonado, las categorías y el lenguaje semiótico,
      para trascenderlo en un estilo que pone al servicio de algo mejor aún.
      En determinado momento el autor afirma que la cortesía es mostrar la
      consideración hacia el otro en el mismo acto en que nos comunicamos con
      él. Hay que conocer profundamente la comunicación para afirmar tal cosa,
      pero hacerlo de este modo, en este texto que trasciende lo académico, es
      un acto en sí de cortesía docente, de maestría, de ofrecimiento de
      compañía, y sin duda de amorosa naturaleza, que distingue como único al
      autor. Por esta y por otras razones creemos que haber compartido tareas
      universitarias con quien firma las páginas de “La Belleza del Vagar” es
      sin ninguna duda un enorme privilegio que todavía nos supo regalar la
      universidad pública.</p>
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