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      <journal-id journal-id-type="publisher">CIC</journal-id>
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        <journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Cuadernos de Información y Comunicación</journal-title>
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      <issn publication-format="electronic">1988-4001</issn>
      <issn-l>1988-4001</issn-l>
      <publisher>
        <publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
        <publisher-loc>España</publisher-loc>
      </publisher>
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      <article-id pub-id-type="doi">https://dx.doi.org/10.5209/ciyc.102614</article-id>
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          <subject>ARTÍCULOS DE INVESTIGACIÓN</subject>
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        <article-title>¿Pueden las redes formar esferas?</article-title>
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          <trans-title>Can Networks Form Spheres? Habermas, the Digital Turn, and the Metaphorical Limits of Public Opinion</trans-title>
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            <surname>Shoai</surname>
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          <institution content-type="original">Universidad Rey Juan Carlos</institution>
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        <corresp id="cor1">Autor@s de correspondencia: Andrés Shoai: <email>andresshoai@gmail.com</email></corresp>
      </author-notes>
      <pub-date pub-type="epub" publication-format="electronic" iso-8601-date="2025-09-15">
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        <year>2025</year>
      </pub-date>
      <volume>30</volume>
      <issue>1</issue>
      <fpage>45</fpage>
      <lpage>53</lpage>
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        <copyright-statement>Copyright © 2025, Universidad Complutense de Madrid</copyright-statement>
        <copyright-year>2025</copyright-year>
        <copyright-holder>Universidad Complutense de Madrid</copyright-holder>
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          <license-p>Esta obra está bajo una licencia <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/">Creative Commons Attribution 4.0 International</ext-link></license-p>
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      <abstract>
        <p>Las plataformas digitales y sus algoritmos han reactivado el debate sobre cómo conceptualizamos la estructura y dinámica de la opinión pública. Este artículo compara dos metáforas centrales –la “esfera” y la “red”– para evaluar su capacidad de diagnosticar los procesos comunicativos contemporáneos. A partir de cuatro rasgos de la esfera pública de Habermas (ubicación, simetría, apertura y anclaje), mostramos que dicha imagen sigue ofreciendo un criterio decisivo para juzgar la calidad de la deliberación. La red, en cambio, brinda un poder descriptivo clave para cartografiar flujos digitales y revelar asimetrías algorítmicas, pero esta metáfora carece de pautas normativas propias. Concluimos que recuperar las dimensiones espaciales de la esfera pública aporta un marco crítico de singular valor para los esfuerzos que buscan explorar principios normativos de la opinión pública democrática.</p>
      </abstract>
      <trans-abstract xml:lang="en">
        <p>Digital platforms and their algorithms have reignited the debate over how we conceptualize the structure and dynamics of public opinion. This article compares two central metaphors –the “sphere” and the “network”– to assess their ability to diagnose contemporary communication processes. Drawing on four features of Habermas’s public sphere (location, symmetry, openness, and anchoring), we show that the spherical image still offers a decisive benchmark for judging deliberative quality. The network, by contrast, provides a key descriptive power for mapping digital flows and revealing algorithmic asymmetries, yet this metaphor lacks its own normative guidelines. We conclude that recovering the spatial dimensions of the public sphere supplies a uniquely valuable critical framework for efforts aimed at exploring normative principles of democratic public opinion.</p>
      </trans-abstract>
      <kwd-group>
        <kwd>esfera pública</kwd>
        <kwd>redes</kwd>
        <kwd>opinión pública</kwd>
        <kwd>metáfora conceptual</kwd>
        <kwd>algoritmos</kwd>
      </kwd-group>
      <kwd-group xml:lang="en">
        <kwd>Public Sphere</kwd>
        <kwd>Networks</kwd>
        <kwd>Public Opinion</kwd>
        <kwd>Conceptual Metaphor</kwd>
        <kwd>Algorithms</kwd>
      </kwd-group>
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        <custom-meta>
          <meta-name>Sumario</meta-name>
          <meta-value>: 1. La metáfora como herramienta epistemológica. 2. Metáforas de la opinión pública. 3. Entre esferas y redes: Normatividad y conocimiento en la era digital. 4. Propiedades espaciales de la esfera pública. 4.1. Ubicación. 4.2. Simetría. 4.3. Apertura. 4.4. Anclaje. 5. Conclusiones. 6. Referencias.</meta-value>
        </custom-meta>
        <custom-meta>
          <meta-name>Cómo citar</meta-name>
          <meta-value>: Shoai, A. (2025). ¿Pueden las redes formar esferas? Habermas, el giro digital y los límites metafóricos de la opinión pública, en <italic>Cuadernos de Información y Comunicación</italic> 30, 45-53.</meta-value>
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      </custom-meta-group>
    </article-meta>
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<body>
<p>Las transformaciones comunicativas de la era digital han replanteado
el debate sobre los marcos conceptuales que utilizamos para pensar la
esfera pública. Desde hace seis décadas, la metáfora de la “esfera”
propuesta por Jürgen Habermas (1962/2009) ha funcionado como un
horizonte normativo para evaluar la deliberación democrática; no
obstante, la emergencia de las “redes” digitales introdujo una imagen –a
veces complementaria, en otros casos alternativa o incluso
contradictoria– que describe la comunicación como un entramado de nodos
y enlaces, que a su vez están crecientemente regulados por la
intermediación algorítmica. Ambas metáforas –esfera y red– coexisten hoy
en un campo teórico plural que trata de comprender y orientar las
dinámicas de la opinión pública.</p>
<p>Paralelamente, los estudios sobre la metáfora desarrollados en las
últimas décadas muestran que estos recursos no son simples adornos
retóricos, sino herramientas epistemológicas que estructuran tanto la
investigación científica como la práctica social (Black, 1962; Bruns,
2021; Lakoff y Johnson; 1980/2017; Silber, 1995). Este tipo de estudios
señalan que describir un fenómeno mediante imágenes espaciales o
reticulares moldea las preguntas que nos formulamos y los métodos que
empleamos. En el caso de la esfera pública de Habermas, esta imagen
espacial propuso una tensión constitutiva entre un ideal normativo y una
realidad históricamente situada, mientras que la metáfora de la red
trasladó al campo de la comunicación social los principios de
interconexión y descentralización propios de las redes informáticas,
destacando el papel de la programación algorítmica en la visibilidad,
circulación y generación de contenidos.</p>
<p>Pese a la fecunda convivencia entre esferas y redes en múltiples
perspectivas contemporáneas, aún no se ha realizado una comparación
centrada en estas dos imágenes como recursos de tipo
metafórico-cognoscitivo. El presente artículo aborda esa laguna a través
de un estudio comparativo en cuatro dimensiones derivadas de la metáfora
espacial –ubicación, simetría, apertura y anclaje– donde analizaremos
cómo “responde” la metáfora de las redes a cada uno de estos
aspectos.</p>
<p>Para este propósito, empezaremos por revisar el papel epistemológico
de las metáforas en general (Sección 1) y en la opinión pública
particularmente (Sección 2). Esto servirá de base para una
reconstrucción del proceso por el cual esfera y redes emergen como
metáforas cognoscitivas e interactúan para conceptualizar los procesos
de la comunicación pública (Sección 3). El siguiente paso será el
análisis de las cuatro dimensiones mencionadas (Sección 4) que, a su
vez, derivan en un conjunto de conclusiones (Sección 5).</p>
<sec id="la-metafora-como-herramienta-epistemologica">
  <title>1. La metáfora como herramienta epistemológica</title>
  <p>Aunque la metáfora ha sido estudiada por miles de años, en las
  últimas décadas del siglo XX adquirió una importancia “absolutamente
  espectacular” (de Bustos, 2000: 7). Disciplinas como la filosofía, la
  teoría de la ciencia y la psicología cognitiva le asignan actualmente
  un rol destacado para entender cómo configuramos nuestra experiencia y
  conocimiento del mundo.</p>
  <p>Esto ha sucedido en el marco de una transformación más amplia: el
  lenguaje se entiende cada vez menos como un simple vehículo de
  representación o “calco” de la realidad –usado en una acumulación de
  conocimiento objetivo sobre el mundo– para entenderse más bien como
  parte constitutiva y transformadora de esa realidad. En este
  escenario, el valor de la metáfora está en abordar cognoscitivamente
  un objeto describiéndolo en términos de otro, con el propósito de
  “cartografiar, jerarquizar y organizar planos de actividad que son
  abstrusos, complejos o de los que no existe una experiencia directa”
  (Aladro, 2007: 52).</p>
  <p>Desde la filosofía de la ciencia, por ejemplo, Black (1962) propuso
  la “perspectiva interactiva” de la metáfora: en ella, un foco se
  comprende a través de un marco que le transfiere atributos
  conceptuales, produciéndose así una interacción entre ambos elementos.
  Hesse (1966), por su parte, avanzó en el estudio de esta dinámica con
  relación a los modelos científicos. Al igual que las metáforas, los
  modelos proyectan estructuras conceptuales de dominios conocidos a
  fenómenos aún inexplorados, facilitando así el avance del
  conocimiento.</p>
  <p>Sin embargo, el rol cognoscitivo de la metáfora trasciende la
  ciencia. La teoría de la metáfora conceptual de Lakoff y Johnson
  (1980/2017) ha puesto de relieve cómo nuestras experiencias cotidianas
  están organizadas metafóricamente. Por ejemplo, entender las
  discusiones como batallas o el tiempo como dinero moldea la manera en
  que percibimos el mundo y actuamos en él.</p>
  <p>Finalmente, si es posible reconocer un lugar importante para las
  metáforas al interior del campo científico, por una parte, y en la
  vida diaria de las personas en general, por otra, entonces no es
  extraño que estas puedan operar como vías de interacción entre ambos
  “mundos”. En la educación, por ejemplo, las metáforas pueden facilitar
  cambios cognitivos e influir afectivamente en quienes se esfuerzan por
  comprender temas complejos (Petrie y Oshlag, 1979/1993).</p>
  <p>En los diferentes contextos que hemos mencionado, la metáfora
  cumple su rol epistémicos gracias, en gran medida, a su carácter
  abierto: al superponer dos dominios semánticos distintos, genera un
  campo de posibles resonancias relevantes según vayan indicando los
  procesos de reflexión, comunicación y experiencia. Por usar un ejemplo
  cotidiano, “navegar en Internet” abre diversas formas posibles de
  articulación entre el mundo de las embarcaciones y el mundo de
  Internet: algunas de estas conexiones semánticas serán útiles para
  percibir, comprender y orientar las experiencias, otras no. Este mismo
  fenómeno cotidiano se puede constatar en campos especializados de
  conocimiento, como el que presentamos a continuación.</p>
</sec>
<sec id="metaforas-de-la-opinion-publica">
  <title>2. Metáforas de la opinión pública</title>
  <p>La opinión pública es uno de esos temas cuyo conocimiento ha
  dependido en gran medida del uso de metáforas (Shoai, 2022). La
  premisa de que los ciudadanos deben desempeñar un rol activo en el
  destino político de sus sociedades –en un contexto de creciente
  complejidad, interdependencia y mediación comunicativa– plantea el
  desafío de conceptualizar las opiniones y procesos de comunicación
  como un aspecto inexorable de la gobernanza moderna. Sin embargo, la
  naturaleza, el valor y las capacidades de la opinión pública han
  demostrado ser temas abstractos, controvertidos y esquivos. Acudir a
  imágenes concretas o familiares para acercarse a estos temas ha sido,
  históricamente, una estrategia fundamental.</p>
  <p>Walter Lippmann (1922/2003), figura fundacional en este campo, se
  apoyó en las nociones de “imagen” y “estereotipo” para postular que la
  opinión pública no se construye sobre hechos objetivos, sino sobre
  simplificaciones mentales que median nuestra relación con el mundo.
  Por eso, creía en la necesidad de una organización de expertos cuyo
  trabajo sea romper los estereotipos públicos y ofrecer imágenes más
  dinámicas de la realidad a gobernantes y gobernados. Cabe señalar que
  el estereotipo no era más que una placa metálica de imprenta cuando
  Lippmann instituyó su uso metafórico. Por otro lado, y en debate con
  este autor, John Dewey (1927/2004) sostuvo que ninguna burocracia
  científica podría sustituir el rol de los ciudadanos, cuyos lazos
  comunitarios debían evolucionar para estar a la altura de los desafíos
  modernos, incluyendo los retos que conllevan las tecnologías de
  comunicación. En este argumento, la oposición entre metáforas
  mecánicas y orgánicas fue una estrategia clave: postuló, por ejemplo,
  que un arte “vivo” de investigar y comunicarse debía tomar posesión de
  “la maquinaria física de transmisión y circulación” para “insuflarle
  vida” (Dewey, 1927/2004: 156).</p>
  <p>Pero las metáforas de la opinión pública no solo han sido
  importantes en el desarrollo conceptual de la opinión pública, sino
  también en su observación empírica. McCombs y Shaw (1972), por
  ejemplo, introdujeron la metáfora de la “agenda” para explicar cómo
  los medios no determinan la opinión pública, pero sí los temas que
  ésta considera relevantes. Según ha remarcado el mismo McCombs, la
  agenda es una “metáfora teórica” cuya potencia epistémica emerge al
  concebirse como cualquier listado de objetos que reciban atención,
  elementos cuya notoriedad pueda transferirse de una “agenda” a otra
  (McCombs, 2004/2006: 137). Por su parte, Noelle-Neumann (1982/2010),
  en su teoría de la espiral del silencio, acudió intensivamente a
  metáforas como el “clima” –que alude al entorno general de opinión que
  condiciona la expresión individual– y la “piel”, que sugiere una
  sensibilidad social que puede proteger o exponer a las personas ante
  el juicio de los demás. Estas metáforas no solo permitieron
  acercamientos a un fenómeno abstracto como la opinión pública, sino
  que también moldearon las preguntas y métodos a través de los cuales
  se ha investigado su dinámica.</p>
  <p>Es en este contexto –el de diversos esfuerzos por comprender la
  opinión pública– que proponemos considerar la “esfera” pública que
  conceptualizó Habermas (1962/2009), por una parte, y el posterior
  ascenso de la “red”. Ambas metáforas, primero la esfera y luego las
  redes (e.g. Castells, 2001), se han movido hacia el centro de la
  teorización sobre opinión pública y conviven en un panorama teórico de
  particular complejidad. A este escenario dedicamos la próxima
  sección.</p>
</sec>
<sec id="entre-esferas-y-redes-normatividad-y-conocimiento-en-la-era-digital">
  <title>3. Entre esferas y redes: Normatividad y conocimiento en la era
  digital</title>
  <p>Calificado como un “maestro de las metáforas” a la hora de los
  debates públicos, Habermas también las utiliza cuando participa en
  filosofía, teoría social y teoría política, campos donde coloca
  estratégicamente las metáforas “en puntos cruciales de la formación de
  su teoría” (Buchstein, 2023: 48). Antes de enfocarnos en la esfera
  pública que conceptualizó este autor, cabe destacar que el ascenso de
  las metáforas espaciales ha sido una tendencia amplia en las ciencias
  sociales durante la segunda mitad del siglo XX: éstas han sido
  utilizadas para “desplazar construcciones y metáforas emblemáticas de
  tendencias teóricas positivistas o sistémicas” que habían tenido
  vigencia en periodos anteriores (Silber, 1995: 348).</p>
  <p>En el caso de Habermas, las connotaciones espaciales que subyacen a
  la “esfera” pública sirvieron, entre otras innovaciones, para
  introducir una tensión constitutiva entre dos elementos: un ideal
  normativo y una realidad históricamente situada. La esfera es una
  forma “perfecta”, pero sus límites históricos se pueden desconfigurar,
  ampliar, reducir, invadir y fragmentar; en definitiva, se pueden
  transformar estructuralmente (Habermas, 1962/2009, 2023). El autor
  reconstruyó los cambios de este territorio manteniendo de manera
  deliberada esa tensión entre las normas de un espacio de diálogo
  racional e inclusivo, por una parte, y las limitaciones concretas de
  cada etapa histórica, por la otra. Esta aproximación permitió capturar
  tanto la aspiración emancipatoria de la esfera pública como sus
  deformaciones y exclusiones prácticas, asociadas a la creciente
  mediación de grandes organizaciones y medios de masa durante los
  siglos XIX y XX.</p>
  <p>Antes de que las redes digitales de comunicación emergieran como
  tema relevante para la teoría de la opinión pública –y se presentaran
  como un desafío para el pensamiento de Habermas–, el concepto de
  esfera pública ya había recibido críticas y reformulaciones
  importantes. Sus premisas de racionalidad y cohesión, así como su
  separación tajante con respecto al ámbito privado, han sido los
  principales temas de discusión. Particularmente influyente ha sido la
  intervención de Fraser (1990), que cuestionó la noción de una única
  esfera integrada y universal, proponiendo, en su lugar, la existencia
  de múltiples esferas, incluyendo esferas públicas subalternas (de
  mujeres, trabajadores, afrodescendientes y otras). Desde otra
  perspectiva, Mouffe (1999), al desarrollar su teoría agonista de la
  democracia, señaló que el conflicto –y no el diálogo consensual– debía
  ser entendido como el eje central de la política. Tanto Fraser como
  Mouffe, aunque divergentes en sus diagnósticos y propuestas, comparten
  con Habermas una dimensión normativa: sus perspectivas, de maneras
  distintas, formulan criterios explícitos acerca de cómo
  <italic>debería</italic> estructurarse la comunicación pública.</p>
  <p>Es cuando discurrían estos debates académicos que se expandieron
  rápidamente las redes digitales de comunicación, alterando en cierta
  medida los términos de la discusión. Las redes informáticas de
  dispositivos interconectados no solo transformaron la práctica
  comunicativa, sino que ofrecieron una nueva metáfora para comprender
  la comunicación y, de hecho, la estructura social en su conjunto.
  Castells (2001) se convirtió en un ejemplo destacado de este giro al
  describir la emergencia de una “sociedad red”, en la cual las
  dinámicas de poder y comunicación se configuran en flujos
  descentralizados y nodales, sujetos a “programadores”, “sistemas
  operativos”, “enlaces”, “interfaces” y otros conceptos extrapolados de
  la informática a la sociología.</p>
  <p>No obstante, el auge de las redes como modelo de referencia no ha
  significado un desplazamiento de la metáfora espacial que caracteriza
  al concepto de esfera pública. Tras sistematizar más de 11.000
  publicaciones académicas sobre la esfera pública, Eisenegger y Schäfer
  (2023) concluyeron que la propuesta de Habermas sigue ejerciendo
  amplia influencia. Cabe recordar, en este contexto, la importancia de
  las esferas múltiples –que ya hemos mencionado– y las fragmentaciones
  más extremas que vinieron después, como las “esferículas” (Gitlin,
  1998), “cámaras de eco” (Sunstein, 2017) y “burbujas” de filtro
  (Pariser, 2011), dispositivos teóricos para señalar supuestos espacios
  de aislamiento en las redes digitales, pero cuya utilidad y evidencia
  están sometidas a serios cuestionamientos (Bruns, 2021).</p>
  <p>Todo esto configura un escenario teórico plural y complejo donde
  “espacios” y “redes” coexisten, compiten o se articulan en diferentes
  perspectivas, a medida que las tecnologías de comunicación siguen
  planteando nuevos retos a la investigación. En este escenario, una
  alternativa ha sido seguir el cauce teórico que privilegia la metáfora
  de la red como clave de análisis (Castells, 2009, 2022). Otra opción
  fundamental ha sido asignarle atributos de red a la esfera, ya sea
  conceptualizando una “esfera pública en red” (Friedland et al., 2006;
  Kaiser et al., 2017), visualizando la esfera como una red dinámica de
  actores y contenidos (Friemel y Neuberger, 2023) o teorizando sobre
  las interconexiones que entrelazan a diferentes espacios comunicativos
  (Bruns, 2023). También destaca por su influencia la opción de mantener
  la metáfora espacial, pero reemplazando la noción de “esfera” –cargada
  de una simetría idealizada– por imágenes más indefinidas como
  “espacio” público (Papacharissi, 2002) o “arena” pública (Jungherr y
  Schroeder, 2022) que parecen acomodar mejor las características
  particulares que presenta la red.</p>
  <p>En este contexto, cabe señalar que el ascenso de los algoritmos en
  las dinámicas comunicativas de la actualidad está asociado a algunas
  metáforas específicas, como “cerebro”, “caja negra”, “modelo” o
  “infraestructura” (Parks, 2015; Pasquale, 2015). Sin embargo, la red
  sigue ocupando un lugar teórico clave porque es el principal objeto de
  la estructuración algorítmica: son las redes de comunicación las que
  se programan algorítmicamente, ya sea para automatizar la selección de
  contenidos, organizar contenidos, segmentar usuarios o desarrollar
  patrones capaces de generar contenidos de manera relativamente
  autónoma. Esto puede observarse en los trabajos que ponen de relieve
  cómo las redes algorítmicas organizan el espacio público, moldean
  subjetividades y redistribuyen el poder en la sociedad digital
  contemporánea (Gillespie, 2018; van Dijck, 2016). Ante la relevancia
  persistente de las redes en este escenario, nos proponemos recuperar
  los aspectos normativos más importantes que ofrece la metáfora de la
  esfera pública.</p>
</sec>
<sec id="propiedades-espaciales-de-la-esfera-publica">
  <title>4. Propiedades espaciales de la esfera pública</title>
  <p>Considerando los antecedentes descritos hasta ahora, en esta
  sección nos proponemos comparar críticamente el potencial de la
  metáfora de la “esfera” frente a las “redes” en su capacidad para
  analizar, evaluar y orientar la discusión pública en contextos
  contemporáneos. Para este objetivo, distinguimos cuatro dimensiones
  fundamentales de la esfera y exploramos cómo “responde” la metáfora de
  la red a cada una de ellas: ubicación, simetría, apertura y
  anclaje.</p>
  <p>Para la esfera usaremos como referencia fundamental la propuesta de
  Habermas (1962/2009, 2023), que ha sido seleccionada como eje del
  presente ensayo. Para la metáfora de las redes, en cambio, no
  utilizaremos la propuesta de un autor específico, sino una definición
  arquetípica de red en la teoría de la opinión pública: es decir, nos
  limitaremos a entender la red como conjunto de elementos (nodos)
  entrelazados por la transferencia de información entre ellos
  (conexiones). Esta acepción elemental nos permite un análisis de
  relevancia para diferentes perspectivas que privilegian el concepto de
  red (e.g. Castells, 2009, 2022; Bruns, 2023; Kaiser et al., 2017;
  Friemel y Neuberger, 2023), sin necesidad de afrontar los problemas de
  la casuística que presenta esta variedad de perspectivas. Como el
  análisis no usó publicaciones específicas, la presentación de los
  resultados no incluye referencias.</p>
  <sec id="ubicacion">
    <title>4.1. Ubicación</title>
    <p>La metáfora espacial que subyace al concepto de esfera pública
    permite “ubicarla” en relación con otros espacios de diferente
    naturaleza. En términos generales, la esfera pública que visualiza
    Habermas se posiciona en un lugar intermedio entre el ámbito privado
    y la autoridad estatal, lo que significa concebirla como un espacio
    de mediación, ni completamente dependiente del poder político, ni
    ajeno a los intereses que comparten las personas individuales. Al
    establecer dónde <italic>debe</italic> estar la esfera pública, la
    metáfora espacial también permite señalar sus transformaciones
    históricas en relación con esa norma. Por ejemplo, cuando los cursos
    de acción política surgen por exigencias organizacionales y
    reacciones estatales (y no por procesos deliberativos), Estado y
    sociedad se ensamblan: desaparece el espacio entre ambos. Otro
    ejemplo clave es el uso del concepto de ocupación. En su crítica al
    devenir de la esfera pública, Habermas describe cómo el territorio
    de esa esfera fue “ocupado” por otras cosas: las masas, las grandes
    organizaciones, la comunicación manipulativa, los intereses
    comerciales, etcétera.</p>
    <p>La metáfora de las redes, por su parte, establece las relaciones
    entre los nodos que la componen, pero no indica por sí misma “dónde”
    deben estar las redes con respecto a otros constructos
    teórico-normativos. Al centrarse en la estructura interna de las
    conexiones –densidad, centralidad, grados de intermediación–, esta
    perspectiva tiende a prescindir de referencias externas que permitan
    evaluar su posición mediante principios normativos explícitos. Así,
    aunque resulta útil para describir cómo circula la información o
    cómo se configuran ciertas formas de poder en entornos digitales, la
    metáfora reticular carece de la capacidad crítica que sí conserva el
    enfoque espacial: la de mostrar cuándo y cómo la esfera pública se
    desvía de su lugar en un entramado más amplio.</p>
  </sec>
  <sec id="simetria">
    <title>4.2. Simetría</title>
    <p>La esfera pública, en tanto figura geométrica perfecta, transmite
    la idea de simetría entre sus participantes: todos se colocan, por
    definición, a igual distancia del centro, lo cual simboliza la
    igualdad discursiva y la primacía del argumento sobre las jerarquías
    preexistentes. Su principio no es la anulación de estas diferencias,
    sino la posibilidad de ponerlas en suspenso para un fin específico
    que es el intercambio de puntos de vista. En este sentido, la
    simetría constituye un determinado ideal regulativo de deliberación
    racional. Es con respecto a esa simetría que se diagnostica la
    degradación de la comunicación pública: por ejemplo, la
    escenificación del debate público ante la aclamación de las masas,
    controlada por intermediación de grandes organizaciones, es un
    ejemplo de pérdida de simetría en los procesos comunicativos.</p>
    <p>En este contexto, la metáfora de las redes es útil para señalar
    asimetrías: pone de manifiesto, por ejemplo, la centralidad de
    ciertos nodos, la densidad de las conexiones o la accesibilidad
    diferencial a la información. Sin embargo, no establece por sí misma
    una valoración de estas configuraciones. De hecho, una red simétrica
    de comunicación, donde los nodos tienen igualdad de conexiones,
    visibilidad o influencia, no es necesariamente “mejor” que una red
    asimétrica. Mucho dependerá, por ejemplo, del tipo de comunicación
    que circule por ella. La simetría habermasiana de la esfera, en
    cambio, se refiere a un tipo específico de comunicación –el
    intercambio deliberativo de argumentos– cuyo contorno se
    desconfigura según el grado en que factores externos a este
    intercambio comunicativo intervengan distorsionando el diálogo.</p>
  </sec>
  <sec id="apertura">
    <title>4.3. Apertura</title>
    <p>En su forma ideal, la esfera pública está abierta: no hay,
    potencialmente, ningún tema ni persona que deba quedarse fuera de
    sus límites. Su forma –sobre todo si pensamos en la esfera celeste,
    más que en la geometría de un balón– permite imaginar un espacio sin
    límites fijos, que crece conforme se expande la participación. En su
    forma histórica, el atributo de la apertura es observable mediante
    la consideración de cualquier factor que opere como barrera a la
    participación en los procesos de la discusión pública.</p>
    <p>La metáfora de las redes, en cambio, propone una imagen distinta:
    en lugar de un espacio continuo y potencialmente ilimitado, presenta
    un entramado de conexiones y nodos, cuya apertura o cierre no están
    normados por la metáfora misma. Mientras que la esfera pública
    <italic>debe</italic> estar abierta para cumplir su función, las
    redes están sujetas al criterio normativo que se considere relevante
    en cada caso. Por ejemplo, cuando el criterio es proteger la
    privacidad legítima de los participantes, se dirá que determinadas
    redes <italic>deben</italic> estar cerradas. Este carácter
    indefinido confiere a la metáfora de las redes múltiples
    aplicaciones, pero también la hace más vulnerable a usos ambiguos o
    contradictorios. Así, mientras la esfera pública, en su ideal
    normativo, implica siempre una apertura universal y expansiva, las
    redes requieren una justificación externa sobre qué límites
    establecer, quiénes pueden formar parte, y bajo qué condiciones.</p>
  </sec>
  <sec id="anclaje">
    <title>4.4. Anclaje</title>
    <p>El ámbito de discusión que, según Habermas (1962/2009), se forma
    en las ciudades europeas a fines del siglo XVIII, está
    correlacionado con lugares tangibles –nada metafóricos– de
    institucionalización: las casas de café en Inglaterra, los salones
    en Francia y las sociedades de comensales en Alemania. Por supuesto,
    la esfera pública no termina en las paredes de estos recintos: el
    espacio también asume un rol metafórico para designar un ámbito más
    amplio que abarca las discusiones publicadas en la prensa y
    trasciende el contacto “cara a cara”. Sin embargo, buena parte de la
    fuerza que tiene esta metáfora reside justamente en su anclaje
    histórico con lugares físicos concretos que, al hacer visible y
    tangible su funcionamiento, facilitaron también su extensión
    idealizada. De hecho, si rastreamos este tema en la <italic>Historia
    y Crítica de la Opinión Pública</italic>, podemos detectar toda una
    trama secundaria en torno a la transformación de viviendas, plazas,
    teatros, ciudades y otros lugares físicos que reflejan y refuerzan
    los cambios conceptuales de la publicidad (Habermas, 1962/2009).</p>
    <p>La metáfora de las redes, por su parte, ha operado principalmente
    por la transferencia de atributos desde la informática y la
    microelectrónica hacia la teoría social. Por lo tanto, tal como
    sucedió con los “espacios” de la esfera pública, las redes también
    parten de una dimensión literal: ellas remiten a dispositivos
    mutuamente conectados por cables y ondas. Esta dimensión literal se
    proyecta a través de una operación metafórica para aprehender
    fenómenos sociales. Sin embargo, una diferencia llama la atención:
    el espacio opera como un referente <italic>básico</italic> –es
    decir, previo a la tecnología moderna– que sirve como criterio de
    análisis. Es decir: la comunicación que sucede a través de los
    medios puede parecerse, en mayor o menor medida, al encuentro entre
    personas que comparten un lugar. La metáfora de las redes, en
    cambio, presenta una continuidad entre lente y objeto. Usa una
    tecnología contemporánea –los medios de comunicación en red– para
    entender la comunicación. Mientras que la esfera somete a los medios
    tecnológicos a los criterios del espacio, la metáfora de las redes
    replica la lógica que estudia, erosionando la distancia crítica que
    proponía la noción de espacio.</p>
  </sec>
</sec>
<sec id="conclusiones">
  <title>5. Conclusiones</title>
  <p>A la luz de las cuatro dimensiones analizadas, la metáfora de la
  esfera pública conserva una particular potencia normativa para
  diagnosticar las transformaciones de la comunicación. Al exigirle una
  “ubicación” intermedia entre Estado y sociedad, sostener un ideal de
  “simetría” deliberativa, reclamar una “apertura” potencialmente
  ilimitada y anclarse en lugares tangibles previos a la transformación
  digital, la esfera ofrece un punto de referencia para evaluar cuándo y
  cómo la deliberación se distorsiona bajo lógicas ajenas al diálogo. La
  metáfora de la red, en cambio, ilumina la complejidad estructural de
  la comunicación digital al cartografiar nodos y enlaces y revelar
  asimetrías derivadas de la programación algorítmica; sin embargo, al
  carecer de criterios normativos explícitos y depender de una
  tecnología que ella misma replica, muestra menor potencia crítica. La
  comparación sugiere que, mientras la esfera pública opera como
  horizonte normativo –indicando desviaciones y proponiendo cambios–, la
  red funciona como herramienta descriptiva clave para entender la
  dinámica algorítmica. Integrar ambas metáforas implica reconocer que
  los algoritmos configuran redes cuya legitimidad sigue necesitando el
  examen normativo que encarna la esfera pública.</p>
  <p>No sugerimos que la perspectiva de Habermas ofrezca el ideal
  definitivo de esfera pública contemporánea, un tema que –como hemos
  expuesto en la sección 3– ha sido objeto de importantes críticas,
  debates y reformulaciones durante las últimas seis décadas. Más bien,
  nuestro análisis pone de relieve la importancia que tienen este tipo
  de reflexiones normativas explícitas; ellas hacen posible la
  exploración de cuáles <italic>deberían ser</italic> las
  características de la comunicación pública sin perder el anclaje del
  análisis histórico. En este tipo de esfuerzos, las metáforas
  espaciales en torno a la esfera pública han sido instrumentos de
  fundamental importancia. Su valor, entonces, no se agota en el sentido
  particular que les asigna Habermas, sino en su operación como ejes de
  investigación e intercambio cognoscitivo.</p>
  <p>Nuestro análisis presenta dos limitaciones principales. La primera
  se desprende de su carácter eminentemente teórico-argumental: el
  ensayo formula una comparación conceptual sin apoyarse en
  observaciones que permitan contrastar, a través de la experiencia,
  cómo se materializan la esfera y la red en contextos comunicativos
  concretos. Por lo tanto, futuras observaciones podrían complementar y
  arrojar luz sore la validez de los argumentos presentados. La segunda
  limitación radica en haber tratado de forma genérica la metáfora de la
  “red” a través de una definición elemental, agrupando bajo una misma
  categoría perspectivas con cierto grado de diversidad. Este “paraguas
  conceptual” ha servido para detectar potenciales fortalezas y
  debilidades de la red como metáfora genérica en el campo teórico de la
  opinión pública, pero deja para futuros trabajos la posibilidad de
  analizar formas más específicas que asume esta metáfora.</p>
</sec>
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<title>6. Referencias</title>

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