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        <journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Cuadernos de Información y Comunicación</journal-title>
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      <issn publication-format="electronic">1988-4001</issn>
      <issn-l>1988-4001</issn-l>
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        <publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
        <publisher-loc>España</publisher-loc>
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      <article-id pub-id-type="doi">https://doi.org/10.5209/ciyc.103283</article-id>
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          <subject>ARTÍCULO CLÁSICO</subject>
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        <article-title>Poesía y comunismo</article-title>
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          <trans-title>Poetry and Communism</trans-title>
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          <institution content-type="original">Traducción de Ander Villacián</institution>
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        <month>09</month>
        <year>2025</year>
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      <volume>30</volume>
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        <copyright-statement>Copyright © 2025, Universidad Complutense de Madrid</copyright-statement>
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      <abstract>
        <p>Este texto reflexiona sobre el valor intrínsecamente social de la creación poética. El uso creador de la lengua, para el autor, es el núcleo formador de la sociedad humana y es su exhibición como logro colectivo. En la poesía es posible ver actuar las fuerzas profundas del lenguaje compartido que conducen a un mundo mejor, gracias a la capacidad que la poesía tiene de suscitar una “nostalgia de futuro”. El autor revisa grandes poemas escritos en torno a la Guerra de España y demuestra esta tesis, al tiempo que la ilustra con gran belleza y certidumbre.</p>
      </abstract>
      <trans-abstract xml:lang="en">
        <p>This text reflects on the intrinsically social value of poetic creation. The creative use of language, for the author, is the formative nucleus of human society and its exhibition as a collective achievement. In poetry it is possible to see the deep forces of shared language at work, that lead to a better world, thanks to the capacity of poetry to arouse a “nostalgia for the future”. The author reviews great poems written around the Spanish War and demonstrates this thesis, while illustrating it with great beauty and certainty.</p>
      </trans-abstract>
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        <kwd>poesía</kwd>
        <kwd>comunismo</kwd>
        <kwd>justicia social</kwd>
        <kwd>lenguaje</kwd>
        <kwd>creación</kwd>
        <kwd>Guerra de España</kwd>
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          <meta-name>Cómo citar</meta-name>
          <meta-value>: Badiou, A. (2025). Poesía y comunismo, en <italic>Cuadernos de Información y Comunicación</italic> 30, 11-19.</meta-value>
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<p>Durante el último siglo, grandes poetas, en la práctica totalidad de
lenguas de la Tierra, han sido comunistas. Se comprometieron con la
causa comunista, de manera tanto explícita como formal: en Francia,
Éluard y Aragon; en Turquía, Nâzim Hikmet; en Chile, Neruda; en España,
Rafael Alberti; en Italia, Edoardo Sanguineti; en Grecia, Yannis Ritsos;
en China, Ai Qing; en Palestina, Mahmud Darwish; en Perú, César Vallejo
y en Alemania destaca particularmente Bertolt Brecht. Podríamos citar,
en todo el mundo, un gran número de nombres en otras lenguas.</p>
<p>¿Podríamos considerar este vínculo entre el compromiso poético y el
compromiso comunista un simple espejismo? ¿Un error, una errancia? ¿Una
muestra de la ignorancia ante la ferocidad de los estados controlados
por partidos comunistas? Creo que no. Me atrevería a decir todo lo
contrario, que existe un vínculo esencial entre poesía y comunismo, si
entendemos el «comunismo» en su sentido más originario: la inquietud por
aquello que nos es común a todos. Un amor en tensión, paradójico,
violento, por la vida común. El deseo de que aquello que debería ser
común, accesible a todos, no sea apropiado por los sirvientes del
Capital. El deseo poético de que las cosas de la vida sean como el cielo
y la tierra, como el agua de los océanos y el fuego que quema los
matorrales en una noche de verano, es decir, que pertenezcan por derecho
a todo el mundo.</p>
<p>El poeta es comunista por una razón originaria que es, de hecho,
esencial: su dominio es la lengua, la lengua materna, en la mayoría de
los casos. Ahora bien, la lengua es aquello que nos es dado a todos en
la infancia como un bien absolutamente común. El poeta es aquel que
intenta hacer decir a una lengua lo que parecía incapaz de decir. El
poeta es aquel que busca crear en la lengua nuevos nombres para llamar a
eso que, antes del poema, carecía de nombre. Y es esencial para la
poesía que esas invenciones, que esas creaciones que son internas a la
lengua tengan el mismo destino que la misma lengua materna: que sean
entregadas a todos sin excepción. El poema es un don que el poeta
entrega a la lengua. Pero este don, al igual que la lengua, está
destinado a lo común, es decir, a ese lugar anónimo que no vincula a una
persona en particular, sino a todas y cada una de las personas.</p>
<p>Como vemos, los poetas, los grandes poetas del siglo XX, reconocieron
en el grandioso proyecto revolucionario del comunismo algo que les
resultaba familiar: el hecho de que al igual que el poema entrega sus
invenciones a la lengua y la lengua nos es dada a todos, el mundo
material y el mundo del pensamiento deben ser entregados, en su
totalidad, a todos y así se convertirán ya no en la propiedad de unos
pocos, sino en el bien común del conjunto de la humanidad.</p>
<p>De hecho, en el comunismo los poetas han visto esencialmente una
nueva figura de destino de los pueblos. Y «pueblo» aquí hace referencia
en primer lugar a los pobres, a los obreros, a las mujeres abandonadas,
a los campesinos sin tierra. ¿Por qué? Porque es en primer lugar a
aquellos que no tienen nada a quienes hay que entregárselo todo. Es al
mudo, al tartamudo, al extranjero a quien hay que entregar el poema, y
no al charlatán, al gramático o al nacionalista. Es al proletario
–definido por Marx como aquel que no tiene nada más que un cuerpo
dispuesto para el trabajo– a quien hay que dar toda la tierra, pero
también los libros, y toda la música, y toda la pintura, y todas las
ciencias. Por encima del mercado, es a él, al proletario, en todas sus
formas, a quien hay que entregar el poema del comunismo.</p>
<p>Es verdaderamente asombroso que esto conduzca a todos los poetas a
recuperar una antiquísima forma poética: la epopeya. El poema de los
comunistas es en primer lugar la epopeya del heroísmo de los
proletarios. El poeta turco Nâzim Hikmet distingue los poemas líricos,
consagrados al amor, de los poemas épicos, consagrados a la acción de
las masas populares. Y es que, incluso un poeta tan experimentado, tan
entusiasta como César Vallejo no dudó en escribir un poema que llevaba
por título <italic>Himno a los voluntarios de la República</italic>. Un
título como este reivindica con claridad el homenaje a los guerrilleros,
un compromiso épico.</p>
<p>Estos poetas comunistas recuperan eso que en Francia Víctor Hugo ya
había descubierto: el deber del poeta es encontrar en la lengua un nuevo
recurso para una epopeya que no sea la de la aristocracia de los
caballeros, sino la epopeya del pueblo que se encuentra creando un nuevo
mundo. El vínculo fundamental a partir del cual el poeta comunista
produce su canto es el que la nueva política puede establecer entre, por
un lado, la miseria, la dureza extrema de la vida, el horror de la
opresión, todo aquello que apela a la piedad y, por otro lado; el
alzamiento, el combate, el pensamiento colectivo, el nuevo mundo en el
que todo apela a la admiración. Esta dialéctica de la compasión y de la
admiración, esta oposición violentamente poética entre la caída y el
alzamiento, esta inversión de la resignación en heroísmo: es allí donde
todos los poetas comunistas buscan la metáfora viva, la representación
no realista, la potencia simbólica. Buscan las palabras para decir el
momento en el que la eterna paciencia de los oprimidos de todos los
siglos se transforme en una fuerza colectiva que sea indivisiblemente la
de sus cuerpos alzados y sus pensamientos compartidos.</p>
<p>Es por eso por lo que un momento, un momento histórico concreto, ha
sido cantado por todos los poetas comunistas que escribían entre los
años veinte y cuarenta: el momento de la guerra de España que tuvo
lugar, como ya sabéis, entre 1936 y 1939.</p>
<p>Debemos remarcar que la guerra de España es el acontecimiento
histórico que movilizó con mayor intensidad a los artistas e
intelectuales de todo el mundo. Por un lado, el compromiso personal de
los escritores de todas las tendencias por el bando de los republicanos,
entre los cuales se encontraban los comunistas, es excepcional. Que la
lista de los que tomaron la palabra públicamente, de los que se fueron a
España en plena guerra, o de quienes lucharon del lado de los
republicanos se compusiera de comunistas organizados, de
socialdemócratas, de simples liberales, o incluso de fervientes
católicos, como el escritor francés Bernanos, es extraordinario. El
número de obras maestras realizadas con ocasión de esta guerra no es aun
menos sorprendente. Ya lo hemos mostrado en el caso de la poesía. Pero
soñemos con el espléndido cuadro de Picasso titulado
<italic>Guernica</italic>, soñemos con esas dos novelas que se
encuentran entre las mejores del género: <italic>La Esperanza</italic>,
del francés Malraux y <italic>Por quién doblan las campanas</italic>,
del estadounidense Hemingway. La espantosa y sangrienta guerra civil en
España iluminó al arte mundial durante varios años.</p>
<p>Veo, por lo menos, cuatro razones que explican este compromiso
inmenso y mundial de los intelectuales con ocasión de la guerra de
España.</p>
<p>En primer lugar, el mundo de los años treinta es el mundo de una
vasta crisis ideológica y política. La opinión pública empieza a dase
cuenta progresivamente de que esta crisis no puede tener una salida
pacífica, de que no existe una solución legalista y de consenso. Se abre
un horizonte terrible de guerra interior y exterior. Los intelectuales,
por su parte, representan dos tendencias radicalmente opuestas: la
orientación fascista y la comunista. Durante la guerra de España este
conflicto adoptó la forma clara y simple de una guerra civil. España se
convirtió en el emblema violento del conflicto ideológico central de la
época. Es este rasgo es lo que podríamos denominar el valor simbólico y,
por lo tanto, universal de esta guerra.</p>
<p>En segundo lugar, durante la guerra de España se presentó una
oportunidad a los artistas e intelectuales de todo el mundo para no solo
manifestar su apoyo al bando popular, sino también para participar
directamente en los combates. Así lo que era una opinión se transforma
en acción. Lo que era una solidaridad se vuelve una fraternidad.</p>
<p>En tercer lugar, la guerra tomó en España un giro feroz que golpeó
los espíritus. La miseria y la destrucción lo ocuparon todo. La masacre
sistemática de prisioneros, el bombardeo ciego de las ciudades, el
ensañamiento de los dos bandos: todo esto dio una idea de lo que podía
ser y, de hecho, fue, el conflicto mundial del que la guerra de España
fue el prólogo.</p>
<p>En cuarto lugar, la guerra de España es el momento más fuerte, tal
vez único en la historia del mundo, de toma de conciencia del gran
proyecto marxista: el de una política revolucionaria realmente
internacionalista. Es preciso recordar cómo fue la intervención de las
Brigadas Internacionales: esta mostró que la vasta movilización
internacional de los espíritus era también, y primordialmente, una
movilización internacional de los pueblos. Pienso en el ejemplo singular
de Francia: varios miles de obreros, a menudo comunistas, fueron como
voluntarios a combatir en España. Pero también había estadounidenses,
alemanes, italianos, rusos, gente de todos los países. Este compromiso
internacional ejemplar, esta subjetividad internacionalista viva es
quizá el más impactante éxito de aquello en lo que pensó Marx y que se
resume en dos frases. Negativamente, los proletarios carecen de patria,
su patria política es el mundo entero de los hombres y las mujeres
vivas. Positivamente, la organización internacionalista es lo que
permite afrontar, y en último lugar vencer, al enemigo de todos, al
bando capitalista, que en su versión más extrema toma la forma del
fascismo.</p>
<p>Así, los poetas comunistas encontraron en la guerra de España grandes
razones subjetivas para renovar la poesía épica en la dirección de una
epopeya popular, de una epopeya que sea a la vez la del sufrimiento de
los pueblos, y la de su heroísmo internacionalista, organizado y
combatiente.</p>
<p>Incluso los títulos de los poemas o de las selecciones de poemas son
significativos. Muestran casi siempre una suerte de reacción sensible
del poeta, una especie de sufrimiento compartido ante el desafío
terrible que atraviesa el pueblo español. Es por ello por lo que el
poemario de Pablo Neruda llevó por título <italic>España en el
corazón</italic>. El primer compromiso de este poeta era una solidaridad
afectiva, subjetiva, inmediata con el pueblo español en guerra.
Igualmente es muy hermoso el título de César Vallejo <italic>España,
aparta de mí este cáliz.</italic> Este título indica que, para el poeta,
el sufrimiento compartido se convierte en su propio desafío poético
apenas tolerable.</p>
<p>No obstante, los dos poetas desarrollaron un primer impulso afectivo
y personal en direcciones casi opuestas: la de un uso creador del propio
sufrimiento en el caso de Neruda, frente a una libertad desconocida en
el caso de Vallejo. Esta libertad desconocida es justamente la de una
transformación de la miseria en heroísmo, la inversión de una situación
de angustia particular en una promesa universal de emancipación. De esta
manera lo expresa César Vallejo mediante metáforas misteriosas:</p>
<p>Proletario que mueres de universo, ¡en qué frenética armonía acabará
tu grandeza, tu miseria, tu vorágine impelente, tu violencia metódica,
tu caos teórico y práctico, tu gana dantesca, españolísima, de amar,
aunque sea a traición, a tu enemigo!</p>
<p>¡Liberador ceñido de grilletes,</p>
<p>sin cuyo esfuerzo hasta hoy continuaría sin asas la extensión,</p>
<p>vagarían acéfalos los clavos,</p>
<p>antiguo, lento, colorado, el día,</p>
<p>nuestros amados cascos, insepultos!</p>
<p>¡Campesino caído con tu verde follaje por el hombre,</p>
<p>con la inflexión social de tu meñique,</p>
<p>con tu buey que se queda, con tu física, también con tu palabra atada
a un palo y tu cielo arrendado</p>
<p>y con la arcilla inserta en tu cansancio</p>
<p>y la que estaba en tu uña, caminando!</p>
<p>¡Constructores</p>
<p>agrícolas, civiles y guerreros,</p>
<p>de la activa, hormigueante eternidad: estaba escrito</p>
<p>que vosotros haríais la luz, entornando</p>
<p>con la muerte vuestros ojos;</p>
<p>que, a la caída cruel de vuestras bocas, vendrá en siete bandejas la
abundancia, todo en el mundo será de oro súbito</p>
<p>y el oro,</p>
<p>fabulosos mendigos de vuestra propia secreción de sangre, y el oro
mismo será entonces de oro!</p>
<p>Se puede observar cómo la muerte misma, la muerte en el combate de
los voluntarios del pueblo español se vuelve una construcción, mejor
incluso, una suerte de eternidad no religiosa, una eternidad terrestre.
Es por ello por lo que el poeta comunista puede decir: «constructores
agrícolas, civiles y guerreros, de la activa, hormigueante eternidad».
Esta eternidad es la del verdadero real, la de la vida verdadera,
arrancada a las potencias crueles. Convierte todo en el oro de la vida
verdadera. Incluso el oro maldito de los ricos y de los opresores
volverá a ser lo que es: «y el oro mismo será entonces de oro».</p>
<p>Podríamos decir que ante el desafío de la guerra de España la poesía
comunista canta al mundo que regresa a su real, al mundo-verdad, que
puede nacer para siempre cuando la desgracia y la muerte se transforman
en heroísmo paradójico. César Vallejo explorará más adelante esta idea
al invocar la «víctima en columna de vencedores» y cuando exclamó «en
España, en Madrid, están llamando a matar, voluntarios de la vida».</p>
<p>Pablo Neruda, como he dicho, parte también del dolor, de la miseria,
de la compasión. De esta manera, en el gran poema épico que lleva por
título <italic>Llegada a Madrid de la Brigada Internacional</italic>
comienza por decir que «la muerte española, más ácida y aguda que otras
muertes, llenaba los campos hasta entonces honrados por el trigo». Pero
a lo que es especialmente sensible es al internacionalismo, a la llegada
a España del mundo entero de aquellos a los que llama directamente
«camaradas». Escuchemos al poema hablar de esta llegada:</p>
<p>Camaradas, entonces os he visto, y mis ojos están ahora llenos de
orgullo porque os vi a través de la mañana de niebla llegar a la frente
pura de Castilla silenciosos y firmes como campanas antes del alba,
llenos de solemnidad y de ojos azules venir de lejos y lejos</p>
<p>venir de vuestros rincones, de vuestras patrias perdidas, de vuestros
sueños llenos de dulzura quemada y de fusiles</p>
<p>a defender la ciudad española en que la libertad acorralada pudo caer
y morir mordida por las bestias.</p>
<p>Hermanos, que desde ahora</p>
<p>vuestra pureza y vuestra fuerza, vuestra historia solemne sea
conocida del niño y del varón, de la mujer y del viejo, llegue a todos
los seres sin esperanza, baje a las minas corroídas por el aire
sulfúrico,</p>
<p>suba las escaleras inhumanas del esclavo, que todas las estrellas,
que todas las espigas de Castilla y del mundo</p>
<p>escriban vuestro nombre y vuestra áspera lucha</p>
<p>y vuestra victoria fuerte y terrestre como una encina roja.</p>
<p>Porque habéis hecho renacer con vuestro sacrificio la fe perdida, el
alma ausente, la confianza en la tierra, y por vuestra abundancia, por
vuestra nobleza, por vuestros muertos, como un valle de duras rocas de
sangre</p>
<p>pasa un inmenso río con palomas de acero y de esperanza.</p>
<p>Lo que observamos en este caso es en primer lugar la evidencia de la
fraternidad. La palabra «camaradas» es seguida más adelante por la
palabra «hermanos». Esta fraternidad resalta, no tanto el cambio del
mundo real, sino el cambio subjetivo. Ciertamente, todos esos militantes
comunistas internacionales vinieron «de lejos», de sus «rincones», de
sus «patrias perdidas». Pero, sobre todo, vienen de sus «sueños llenos
de dulzura quemada y de fusiles». Notad la proximidad típica de la
dulzura y de la violencia. Es lo que volverá a expresar la imagen de una
«paloma de acero»: la lucha y la construcción no de una violencia
desnuda, no de una potencia, sino de una subjetividad capaz de resistir
mientras durase la guerra porque tiene confianza en sí misma. Los
obreros y los intelectuales de las Brigadas Internacionales, todos
mezclados, hicieron renacer «la fe perdida, el alma ausente, la
confianza en la tierra». La paloma de la paz debe ser, ya que se trata
de la guerra, una paloma de acero, pero es también y, sobre todo, como
dice el poema, una paloma de esperanza. En el fondo, la epopeya guerrera
que celebra Neruda, eso que llama «victoria fuerte y terrestre como una
encina roja», es ante todo la creación de una nueva confianza. Se trata
de salir del nihilismo resignado. Y creo que esto, este valor
constructivo de la confianza comunista es una necesidad de hoy en
día.</p>
<p>Paul Éluard, el poeta francés, retoma, mezclados, dos motivos que ya
hemos visto. Por un lado, como dice César Vallejo, los voluntarios
internacionalistas de la guerra de España representan una nueva
humanidad, simplemente porque son hombres reales, y no la falsa
humanidad, competitiva y obsesionada por el dinero y la mercancía del
mundo capitalista. Por otro lado, como dice Pablo Neruda, estos
voluntarios transforman el nihilismo en una nueva confianza. Una estrofa
del poema <italic>La victoria de Guernica</italic> lo dice
exactamente:</p>
<p>Hombres reales para los que la desesperación</p>
<p>Alimenta el fuego que devora la esperanza</p>
<p>Abramos el último brote del futuro.</p>
<p>Pero Éluard muestra una sensibilidad en la guerra de España hacia
otra entrega de valor universal. Para él, como para Rousseau, hay una
bondad fundamental en la humanidad, una bondad que intenta destruir la
opresión por la competitividad, el trabajo forzado, el dinero. Esta
bondad del mundo se sostiene en el pueblo, en su vida perseverante, en
la valentía de vivir que le pertenece. El poema comienza así:</p>
<p>Bello mundo de las miserias</p>
<p>De la noche y los campos</p>
<p>Éluard piensa que las mujeres y los niños encarnan especialmente esta
bondad universal, este tesoro subjetivo que en última instancia los
hombres intentan defender en la guerra de España.</p>
<p>VIII</p>
<p>Las mujeres los niños tienen el mismo tesoro</p>
<p>De hojas verdes de primavera y leche pura</p>
<p>Y de estancia permanente</p>
<p>En sus puros ojos</p>
<p>IX</p>
<p>Las mujeres los niños tienen un mismo tesoro</p>
<p>En los ojos</p>
<p>Hombres como pueden lo defienden</p>
<p>X</p>
<p>Las mujeres los niños tienen las mismas rosas rojas</p>
<p>En los ojos</p>
<p>Cada uno muestra su sangre</p>
<p>XI</p>
<p>El miedo y el valor de vivir y de morir</p>
<p>La muerte tan difícil y tan fácil</p>
<p>La guerra de España, para Éluard revela los tesoros simples de los
que dispone la vida humana. Son por tanto también la opresión extrema,
la guerra, expresiones de que los hombres deben guardar el tesoro de la
vida. Y es por eso por lo que hace falta mantener la confianza, aunque
el enemigo te aplaste, te imponga la simpleza de la muerte. Esta
confianza, lo sabemos bien, es el comunismo mismo. Por ese motivo el
poema lleva por título <italic>La victoria de Guernica</italic>. La
destrucción de la ciudad por las bombas alemanas, los dos mil muertos de
esta primera experiencia salvaje que anuncia la guerra mundial, todo
esto será también una victoria, siempre que la confianza no olvide que
el tesoro de la vida simple es indestructible. Es por eso por lo que el
poema concluye así:</p>
<p>Parias la muerte la tierra y el horror</p>
<p>De nuestros enemigos tienen el color</p>
<p>Monótono de nuestra noche</p>
<p>Por ello tendremos razón.</p>
<p>Esto es lo que podemos denominar el comunismo poético: cantar la
certeza de que la humanidad posee una razón para crear un mundo donde se
guardará pacíficamente el tesoro de la vida simple. Y que, como tiene
esta razón, impondrá esta razón, tendrá razón de sus enemigos. Este
vínculo entre la vida popular, la razón política y la confianza en la
victoria es lo que Éluard quiere entregar, en la lengua, a los
sufrimientos y a los heroísmos de la guerra de España.</p>
<p>Nâzim Hikmet en el bellísimo poema titulado <italic>Nieva en la
noche</italic> hará confluir por su parte todos los temas del comunismo
poético a partir de una identificación subjetiva. Se imagina un
centinela del bando popular en una entrada de Madrid. Este centinela,
este hombre, solo como el poeta, que está siempre solo en el trabajo de
la lengua, porta en sí frágil, amenazado, todo lo que el poeta desea,
todo lo que para él dota de sentido a la existencia. Así un hombre solo
en las puertas de Madrid está a cargo de los sueños de toda la
humanidad:</p>
<p>Nieva en la noche.</p>
<p>Y tú, a las puertas de Madrid, Enfrentas un ejército de viles, Que
arrasa con todo lo más bello que tenemos: la esperanza, la nostalgia, la
libertad, los niños.</p>
<p>Nieva en la noche.</p>
<p>Observemos cómo regresan los temas españoles del comunismo poético:
el voluntario de la guerra de España es el guardián de la universal
esperanza revolucionaria. Está en la noche, sobre la nieve, el hombre
que intenta prohibir que matemos la confianza.</p>
<p>La singularidad de Nâzim Hikmet reside sin duda en que aprecia en
esta guerra la universalidad profunda de la nostalgia. El comunismo
poético no puede reducirse a una certeza sólida y robusta de la
victoria. Es también lo que podríamos llamar nostalgia de futuro. El
cántico al centinela de Madrid está vinculado a este sentimiento tan
particular: la nostalgia de una grandeza y de una belleza que, sin
embargo, todavía no han llegado. El comunismo se encuentra ubicado en un
futuro anterior: experimentamos una suerte de remordimiento poético de
lo que nos imaginamos que el mundo habría sido cuando el comunismo haya
llegado. Es de esta idea de donde proviene la fuerza de la conclusión
del poema de Hikmet:</p>
<p>Y también sé</p>
<p>que todo lo que hay grande y hermoso,</p>
<p>todo lo que, mañana, el hombre encontrará grande y hermoso, es decir,
eso de que mi alma está nostálgica, ríe en los ojos</p>
<p>de mi centinela, delante de Madrid,</p>
<p>y que ayer y mañana, lo mismo que esta noche, yo nada podría hacer
más que quererlo.</p>
<p>Sentimos esta mezcla de presente, pasado y futuro que el poema
cristaliza en el personaje imaginado del centinela solitario, frente al
ejército fascista, en la noche y sobre la nieve de Madrid. Ya está
presente una cierta nostalgia de eso que la humanidad verdadera, el
pueblo combatiente de Madrid es capaz de crear por medio de la belleza y
de la grandeza. Si este pueblo es capaz de crearlo, entonces la
humanidad verdaderamente lo creará. Y, en consecuencia, podemos sentir
nostalgia de lo que sería el mundo si esta creación posible ya hubiera
tenido lugar. Así la poesía comunista no es solo poesía épica de
combate, la poesía histórica de futuro, la poesía afirmativa de la
confianza. Es también poesía lírica de lo que el comunismo, símbolo de
la humanidad reconciliada con su propia grandeza, <italic>habrá
sido</italic> tras la victoria, y que para los poetas es ya desazón y
melancolía, pero sobre todo «hambre de su alma», tan pasado como futuro,
nostalgia a la vez que esperanza.</p>
<p>Con respecto a la guerra de España propiamente, Bertolt Brecht se
implicó también con la escritura de una obra didáctica <italic>Los
fusiles de la señora Carrar</italic> que trata el debate interno sobre
la necesidad de participar en una lucha justa, sean cuales sean los
excelentes motivos para mantenerse alejado de esta.</p>
<p>Pero tal vez resida aquí lo más importante: el comunista
independiente que siempre fue Brecht fue también contemporáneo de las
grandes y sangrientas derrotas de la acción comunista. Estuvo
directamente presente y activo en el momento de la derrota del comunismo
alemán frente a los nazis. Y también fue, claramente, contemporáneo de
la terrible derrota del comunismo español frente al fascismo militar de
Franco. Pero una de las tareas que se fijó Brecht es la de sostener
poéticamente la confianza, la confianza política incluso en las peores
condiciones, incluso en el momento en el que la derrota es la más
terrible. Recuperamos aquí el motivo de la confianza, como aquello que
el poeta debe suscitar a partir de la transformación de la compasión en
admiración y de la inversión de la resignación en heroísmo. Consagró a
esta tarea subjetiva algunos de sus más bellos poemas en los que la
atención casi abstracta a su propósito aspira a producir una suerte de
entusiasmo. Pienso en el final del poema <italic>Elogio de la
dialéctica</italic> donde nos reencontramos con las metamorfosis
temporales de las que ya hemos hablado: el futuro que se vuelve pasado,
el presente que es reconducido a la potencia del futuro, todo ello
haciendo un poema a partir de lo que la subjetividad política sostiene
en un vínculo muy complejo con el desarrollo histórico. Brecht mismo
poetiza el rechazo a la impotencia en nombre de la presencia del futuro
en el presente inmediato:</p>
<p>¿Quién puede atreverse a decir «jamás»?</p>
<p>¿De quién depende que siga la opresión? De nosotros</p>
<p>¿De quién que se acabe? De nosotros también.</p>
<p>¡Que se levante aquel que está abatido!</p>
<p>¡Aquel que está perdido, que combata!</p>
<p>¿Quién podrá contener al que conozca su condición?</p>
<p>Pues los vencidos de hoy son los vencedores de mañana y el jamás se
convierte en hoy mismo.</p>
<p>¿Acaso no debemos, nosotros también, desear que «jamás» se convierta
en hoy mismo? Nos decimos que debemos encadenarnos a las necesidades
financieras del Capital. Nos decimos que debemos obedecer hoy para que
el mañana exista. Nos decimos que la Idea comunista está muerta para
siempre después del desastre estalinista. ¿Pero no nos toca a nosotros
«comprender por qué estamos aquí»? ¿Por qué aceptamos un mundo en el que
el 1% de la población mundial posee el 46% de las riquezas y en el que
el 10% de la población mundial posee el 86% de las riquezas mundiales?
¿Hace falta aceptar que el mundo esté organizado por desigualdades así
de terribles? ¿Es necesario pensar que esto no cambiará nunca? ¿Hace
falta pensar que el mundo estará siempre organizado por la propiedad
privada y por una feroz competencia monetaria?</p>
<p>La poesía dice siempre lo esencial. La poesía comunista de los años
treinta y cuarenta nos recuerda que lo esencial del comunismo, de la
idea comunista no es, ni nunca lo ha sido, la ferocidad de un Estado, la
burocracia de un Partido, o la estupidez de una obediencia ciega. Los
poemas nos dicen que la idea comunista es la compasión por la simple
vida popular abatida por la desigualdad y la injusticia. Que es entonces
la visión amplia de un alzamiento, a la vez pensado y producido, que se
opone a la resignación y la transforma en un heroísmo paciente. Nos dice
que este heroísmo paciente aspira a la construcción colectiva de un
mundo nuevo por los medios de un nuevo pensamiento de lo que puede ser
la política. Nos recuerda, en el tesoro de las imágenes y de las
metáforas, del ritmo y de la musicalidad de las palabras, que el
comunismo es en esencia la proyección política de los tesoros de la vida
de todos.</p>
<p>Brecht vio muy bien esto también. Se opone a la visión trágica y
monumental del comunismo. Sí, hay una poesía épica del comunismo, pero
es la epopeya paciente, heroica por su propia paciencia, de todos
aquellos que se congregan y se organizan para curar al mundo de sus
enfermedades mortales que son la injusticia y la desigualdad, y de quien
para eso debe acudir a la raíz de las cosas: limitar la propiedad
privada, acabar con la violencia separada del poder de Estado, superar
la división del trabajo. Todo esto, nos dice Brecht, no es una visión
apocalíptica. Es, por el contrario, lo normal, lo sensato, lo que
refleja el deseo medio de todos. Es por eso por lo que el poema
comunista nos recuerda que la enfermedad y la violencia se encuentran
del lado del mundo capitalista e imperial tal y como es, y no del lado
de la grandeza tranquila, normal, de término medio, de la idea
comunista. Esto es lo que nos va a decir Brecht en un poema de título
sorprendente como es <italic>El comunismo es el término
medio:</italic></p>
<p>Llamar a derrocar el orden existente</p>
<p>parece espantoso.</p>
<p>Pero lo existente no es ningún orden.</p>
<p>Recurrir a la fuerza</p>
<p>parece malo.</p>
<p>Pero dado que la fuerza se pone en práctica</p>
<p>de modo rutinario, ello no es nada del otro mundo.</p>
<p>El comunismo no es lo extremo</p>
<p>que sólo puede realizarse en una pequeña porción</p>
<p>sino que antes de que esté realizado del todo</p>
<p>no hay ninguna situación soportable</p>
<p>ni siquiera para los insensibles.</p>
<p>El comunismo es en realidad la exigencia mínima</p>
<p>lo más inmediato, moderado, razonable.</p>
<p>Quien se opone a él no es un pensador discrepante</p>
<p>sino un irreflexivo o quizá alguien</p>
<p>que sólo piensa en sí mismo</p>
<p>un enemigo del género humano</p>
<p>espantoso</p>
<p>malo</p>
<p>insensible</p>
<p>alguien que quiere lo extremo,</p>
<p>eso que si se realiza incluso en una mínima porción arruinará a la
humanidad entera.</p>
<p>De esta forma, la poesía comunista nos propone una epopeya muy
particular: la epopeya de la exigencia mínima, la epopeya de eso que no
es nunca extremo ni monstruoso. La poesía comunista, con su recurso a la
dulzura, junto con su recurso al entusiasmo, nos dice: levantaos para
querer, pensar y hacer que el mundo se ofrezca a todos como el mundo que
pertenece a todos, como el poema ofrece a todos en la lengua el mundo
común que se encuentra siempre presente, aunque sea secretamente. Ha
habido y hay toda clase de discusiones relativas a la hipótesis
comunista. Se discute en filosofía, en sociología, en economía, en
historia, en ciencia política… Pero lo que he querido decir es que hay
una prueba del comunismo en el poema.</p>
</body>
<back>
<fn-group>
  <fn id="fn1">
    <label>1</label><p>Alain Badiou es uno de los pensadores
    fundamentales de nuestro tiempo, nacido en Rabat en 1936, filósofo,
    ensayista, novelista y dramaturgo. Se ha ocupado, además de temas de
    filosofía y ontología, del pensamiento político y ha sido activista
    de raigambre profundamente marxista, participando a corazón abierto
    en movimientos socialistas y comunistas en Francia, desde el mayo
    rojo francés en adelante, y particularmente ha estudiado la
    influencia en el activismo político de la comunicación, el lenguaje
    y la poesía. Traducimos aquí, de su libro <italic>Que pense le
    poème</italic>, editado por la casa Nous, en 2006, este texto
    “Poesía y comunismo” que es una pieza magistral en sus desarrollos
    en torno al lenguaje creador y al poema como materializaciones del
    impulso al bien colectivo y como demostraciones palpables de que
    existe un poder conformador y constructor, en el lenguaje de las
    ideas. Agradecemos muchísimo a la Editorial Nous su gentil cesión de
    este texto, contribuyendo a la difusión de la obra de Badiou así
    como a sus ideas a favor de la libre difusión y disfrute del
    conocimiento. La fiel y delicada traducción es del joven poeta Ander
    Villacián.</p>
  </fn>
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