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<!DOCTYPE article PUBLIC "-//NLM//DTD JATS (Z39.96) Journal Publishing DTD v1.3 20210610//EN" "http://jats.nlm.nih.gov/publishing/1.3/JATS-journalpublishing1-3.dtd">
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      <journal-id journal-id-type="publisher-id">ASHF</journal-id>
      <journal-title-group>
        <journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Anales del Seminario de Historia de la
          Filosofía</journal-title>
      </journal-title-group>
      <issn publication-format="electronic">1988-2564</issn>
      <issn-l>0211-2337</issn-l>
      <publisher>
        <publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
        <publisher-loc>España</publisher-loc>
      </publisher>
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      <article-id pub-id-type="doi">10.5209/ashf.98350</article-id>
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        <subj-group subj-group-type="heading">
          <subject>Textos y fuentes originales</subject>
        </subj-group>
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      <title-group>
        <article-title>María Zambrano y Alfonso Rodríguez Aldave en Chile: algunos artículos olvidados y otros materiales de prensa relacionados con su estancia y actividades en el país andino</article-title>
        <trans-title-group xml:lang="en">
          <trans-title>María Zambrano and Alfonso Rodríguez Aldave in Chile: newly recovered articles and other press materials related to their stay and activities in the Andean country</trans-title>
        </trans-title-group>
      </title-group>
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        <contrib contrib-type="author" corresp="yes">
          <contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0001-5367-4891</contrib-id>
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            <surname>Martin Cabrero</surname>
            <given-names>Francisco</given-names>
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        <aff id="aff-a"><institution content-type="original">Dipartimento di Filosofia de la Universidad de Turín e investigador adjunto en la Facultad de Comunicación y Letras de la Universidad Diego Portales</institution></aff>
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            <surname>Luna Salinas</surname>
            <given-names>María Cecilia</given-names>
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        <aff id="aff-b"><institution content-type="original">Doctorado en Literatura Hispanoamericana Contemporánea de la Universidad de Playa Ancha en Valparaíso</institution></aff>
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            <surname>Campano Núñez</surname>
            <given-names>María Isidora</given-names>
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        <aff id="aff-c"><institution content-type="original">Facultad de Comunicación y Letras (Escuela de literatura creativa) de la Universidad Diego Portales</institution></aff>
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      <author-notes>
        <corresp id="cor1">Francisco Martin Cabrero<email>francisco.martin@unito.it</email></corresp>
        <corresp id="cor2">María Cecilia Luna Salinas<email>maria.luna@alumnos.upla.cl</email></corresp>
        <corresp id="cor3">María Isidora Campano Núñez<email>maria.campano@udp.cl</email></corresp>
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      <pub-date pub-type="epub" publication-format="electronic" iso-8601-date="2025-01-17">
        <day>17</day>
        <month>01</month>
        <year>2025</year>
      </pub-date>
      <volume>42</volume>
      <issue>1</issue>
      <fpage>157</fpage>
      <lpage>225</lpage>
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        <copyright-statement>Copyright © 2025, Universidad Complutense de
          Madrid</copyright-statement>
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        <copyright-holder>Universidad Complutense de Madrid</copyright-holder>
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          <license-p>Esta obra está bajo una licencia <ext-link ext-link-type="uri"
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              4.0 International</ext-link></license-p>
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      <abstract>
        <p>Edición de 14 documentos desconocidos (artículos, entrevistas, reseñas, etc.) relacionados con
          María Zambrano y Alfonso Rodríguez Aldave en ocasión de su estancia en Chile entre 1936 y 1937. Descripción
          y contextualización de los documentos. Censo de las publicaciones de María Zambrano en Chile.</p>
      </abstract>
      <trans-abstract xml:lang="en">
        <p>Edition of 14 unknown documents (articles, interviews, reviews, etc.) related to María Zambrano and
          Alfonso Rodríguez Aldave during their stay in Chile between 1936 and 1937. Description and contextualization
          of the documents. Census of María Zambrano’s publications in Chile.</p>
      </trans-abstract>
      <kwd-group>
        <kwd>María Zambrano</kwd>
        <kwd>Alfonso Rodríguez Aldave</kwd>
        <kwd>Guerra civil española</kwd>
        <kwd>Chile</kwd>
      </kwd-group>
      <kwd-group xml:lang="en">
        <kwd>María Zambrano</kwd>
        <kwd>Alfonso Rodríguez Aldave</kwd>
        <kwd>Spanish Civil War</kwd>
        <kwd>Chile</kwd>
      </kwd-group>
    </article-meta>
  </front>
<body>

<sec id="liminar">
  <title>Liminar</title>
  <p>Lo primero es completar el corpus. Interpretar viene luego. Proceder de otro modo, desatender a
        la intrínseca necesidad de intentar el completamiento de lo que ha de ser interpretado,
        sobre todo cuando es clara la falta, evitar el esfuerzo filológico ínsito en toda buena
        hermenéutica, aunque sólo sea como intento metódico, es encaminarse sin remedio hacia la
        impostura. O hacia el postureo académico, tal vez su forma más perversa y actual. Y no es,
        contra lo que a veces suele pensarse, que la filología sea anterior y cosa distinta de la
        filosofía en lo que hace al quehacer del corpus, o con el corpus, sino que una y otra deben
        confluir en una misma unidad de estudio. Una sin otra son siempre en déficit y separadas
        conducen derecho a la soberbia de quienes tapan carencias con arrogancias y practican el
        arte de mirar para otro lado. La filología de autor (Italia y Raboni 2010) es siempre a la
        postre filología de un corpus en permanente proceso de completamiento. Y es inherente a la
        filosofía, desde luego, pues el estudio cabal del corpus no puede ni debe separarlas.</p>
  <p>Tal sucede con el estudio de Zambrano, cuyo exceso interpretativo queda a menudo lastrado por
        el déficit filológico que suele acompañar al escaso celo habido en los intentos de
        completamiento del corpus que aquí nos ocupa: un tiempo de vida transformado en escritura
        durante los pocos meses de su estancia chilena a principios de la guerra civil española. En
        general, cabe decir que se ha interpretado siempre y sólo lo que desde un cierto oficialismo
        de los estudios zambranianos se decía que había, lo que con ese criterio de oficialidad no
        siempre impecable se ofrecía como disponible y a la mano, dejando de lado la necesaria
        pulsión filológica que decíamos antes y que debe acompañar siempre al estudio filosófico de
        los textos. De la incompletud filológica se pasaba y prescindía, o bien porque no se
        consideraba pertinente a la filosofía o bien porque se la consideraba como un dato de hecho
        que había que asumir y minimizar por tratarse de un corpus exiliado. Como si la vida en el
        exilio y los azares editoriales de los escritos en ella publicados pudieran contrarrestar,
        incluso hacer prescindible, esa necesidad filológica de completamiento del corpus que debe
        exigirse en todo estudio serio y que se precie de serlo. De intentarlo en cualquier caso y
        siempre antes de disponerse otra vez a interpretar. Porque hacerlo desde lo incompleto, con
        conciencia de ello o sin ella, podrá dar lustre al estudioso, pero no hace justicia ni al
        autor ni al corpus estudiados.</p>
  <p>A nuestro trabajo no le mueve, pues, el conflicto de las interpretaciones, al menos no
        inmediatamente, sino el déficit filológico del corpus zambraniano en esa parte que hemos
        decidido estudiar desde hace algún tiempo. En este sentido, es continuación de otros con los
        que hemos ido dando conocimiento de una serie de “artículos olvidados” del período chileno o
        que con él tenían estrecha relación. Así, los cuatro artículos que componen la segunda parte
        de <italic>Los intelectuales en el drama de España</italic> (Martin 2022 b), o el artículo
        sobre el II Congreso de escritores en defensa de la cultura, del que se conocía sólo una
        parte y se pensaba que era completo (Martin 2023), o el primer artículo publicado en el
        diario <italic>La Vanguardia</italic>, a veces citado pero nunca editado (Martin 2024 a), o
        los publicados en el diario <italic>Crítica</italic> de Buenos Aires (Martin 2024 b).
        Trabajos todos ellos que, como el presente, parten de la conciencia del déficit filológico
        del corpus zambraniano e intentan contribuir positivamente a su completamiento en una de sus
        partes menos estudiadas. Tal quehacer se lleva a cabo, o más bien se intenta, o se ensaya,
        desde la correspondencia y el respeto de la “forma interna” del corpus (Martin 2008).</p>
</sec>
<sec id="presentación">
  <title>Presentación</title>
  <p>Los materiales de prensa que aquí se editan en apéndice tienen una doble finalidad: por un
        lado, miran al completamiento del corpus zambraniano del periodo chileno y, por otro,
        persiguen ampliar el conocimiento del horizonte de relaciones en que se desenvolvió Zambrano
        en aquellos seis meses de vida. Porque Zambrano es un texto, sin duda, y por eso es tan
        importante su completamiento, pero es también un texto que se nutre de la vida, de la vida
        que fue y de la que no pudo ser, de lo interrumpido y de las urgencias que reclamaba aquella
        guerra apenas iniciada en España. Ella está en Chile, pero bien puede decirse que nunca dejó
        de estar en España: no era sólo que la llevara en el corazón, según decía el título de
        Neruda, sino que la guerra la absorbió por completo, en cuerpo y alma, y lo hizo como
        tragedia. A veces se referirá a ella como un drama, como el drama de los intelectuales, por
        ejemplo, pero lo cierto es que ella la vivió desde la tragedia, como una tragedia en la que
        no tiene libertad para no implicarse, una tragedia que padece y una guerra en la que se
        sumerge desde un sentimiento trágico que busca hacerse inteligencia.</p>
  <p>Pero no está sola. Frente a la tragedia que vive, no está sola. No lo está en Santiago de
        Chile, como tampoco lo estará después en Valencia o en Barcelona. Después en el exilio sí,
        porque el exilio es soledad, sin duda, pero en la guerra no. En Chile va a tener un ambiente
        que la envuelve y del que ella se va a sentir parte: la Embajada de España. Es a través de
        Rodrigo Soriano, el embajador rojo según un decir de la época, que Zambrano y su esposo,
        Alfonso Rodríguez Aldave, se integran en la trama de los apoyos chilenos a la causa
        republicana en la guerra de España. Es cosa dicha y comentada (Martin 2022 b) y sobre la que
        después habrá que volver con algún que otro detalle de las publicaciones de aquel tiempo.
        Soriano es decisivo, sin duda, pero más aún lo es su esposo. Se habían casado en Madrid el
        14 de septiembre de 1936 (Moreno Sanz 2019, 53): el 1 de septiembre Rodríguez Aldave recibió
        el nombramiento de Secretario de segunda clase y en el mismo decreto ministerial fue
        destinado a la Embajada de España en Santiago de Chile. Deciden partir juntos, y el
        matrimonio es lo que permite pedir los viáticos oportunos para que Zambrano pueda
        acompañarle a Chile, solicitud que el interesado cursa dos días después (datos tomados de la
        Carpeta Rodríguez Aldave conservada en el Archivo General de la Administración del Estado
        español).</p>
  <p>Rodríguez Aldave es, sin duda, el interlocutor privilegiado que Zambrano tiene en Chile,
        incluyendo los viajes de ida y vuelta a España, que en ningún caso son cortos, con quien
        comparte la vida y con quien construye un futuro que mezcla el destino personal con la
        suerte de la guerra de España. Muchos años después, ya de regreso del exilio, recordando su
        estadía chilena dirá Zambrano haberse sentido “casada acaso por destino” (2014, 735). Tiene
        razón Madeline Cámara (2013, 19) al resaltar en esta época de la obra y del pensamiento
        zambranianos la importancia de la relación y del carácter simbiótico que mantenía el joven
        matrimonio, en general juzgados, la relación y el carácter, desde lo que iba a pasar después
        entre ellos, como si la sucesiva separación y ruptura de la pareja pudiera ampliarse también
        a los años que pasaron juntos y pudiera borrar lo que de veras hubo (la amistad, el amor,
        los proyectos, los sueños, el compromiso cultural y político).</p>
  <p>No ha de extrañar, pues, que hayamos incluido entre los materiales de prensa que aquí se editan
        un artículo y una entrevista de Rodríguez Aldave, pues sirven para dar testimonio del
        diálogo profundo que había entonces en el joven matrimonio, diálogo que discurre de manera
        paralela y subterránea a los textos que publican (poco, apenas nada en el caso de Rodríguez
        Aldave, y mucho, sin duda mucho, en el caso de una Zambrano que hay que imaginarse en el
        esfuerzo de una escritura que busca ser arma de guerra). Es un diálogo creador, que afina y
        pone a prueba el pensamiento, o en el que el pensamiento se forja y crece, se aquilata y
        desarrolla. De ese diálogo se nutren el pensamiento y la escritura de ella, también de él,
        claro está, pero aquí él interesa en cuanto acicate del pensamiento de ella, en cuanto parte
        integrante de ese lugar de intimidad dialógica del que brota en este tiempo el pensamiento
        de ella.</p>
  <p>Habla, pues, por ello y en cierto modo, también Rodríguez Aldave en los escritos chilenos de
        Zambrano: es como si ella de algún modo le diera voz en sus escritos al no poder él mismo
        hacerlo por la función diplomática que desempeñaba, como si hiciera de su diálogo con él un
        lugar del pensamiento. La sintonía entre ambos aparece completa y sin fisuras en el respeto
        de los roles que cada uno asume en la embajada: él muy en primera fila al lado de Soriano,
        escribiendo apenas y tejiendo con eficacia la trama de los apoyos del mundo intelectual
        chileno a la España republicana, y ella también, aunque de otro modo y sin tanta
        oficialidad, sumando su voz a la de las mujeres chilenas en la convergencia de los
        feminismos de la época, tan a la vanguardia en Chile, pero sin quedar por ello encerrada en
        ellos, ampliando el radio de acción de su escritura hacia las cabeceras de prensa que daban
        su apoyo a la causa republicana. Y es que, aunque el tiempo luego cambiara las cosas, no
        debe olvidarse que en Chile la figura era él y no ella, o él más que ella, sin duda, sin que
        ello quiera decir que como pareja conformaban un matrimonio tradicional, no, pues lo cierto
        era lo contrario y es por eso que en Chile y como pareja joven representaron una suerte de
        nueva España. De todo ello dan testimonio, y es por eso que también los hemos incluido en
        esta edición, algunos materiales de prensa que hablan de ellos, del equilibrio entre ellos,
        de sus roles, del lugar que ocuparon en la cultura chilena de entonces y del vacío que
        dejaron cuando volvieron a España.</p>
</sec>
<sec id="relación-de-los-documentos-de-prensa-que-se-editan-en-apéndice">
  <title>Relación de los documentos de prensa que se editan en
  Apéndice</title>
  <list list-type="order">
    <list-item>
      <p>Una entrevista a María Zambrano de enero de 1937: “La mujer
      española en la revolución”, <italic>La Opinión</italic> (Santiago
      de Chile), 6 de enero de 1937.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>Un artículo de Zambrano publicado en la revista <italic>Acción Femenina</italic> de
            Santiago de Chile, de igual título –pero distinto– de otro ya conocido publicado en
              <italic>La Mujer Nueva</italic> en diciembre de 1936: “La mujer en la lucha española”,
              <italic>Acción Femenina</italic>, enero-febrero de 1937.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>Dos artículos firmados por Ana Carabantes en el diario
      <italic>Frente Popular</italic> de Santiago de Chile en febrero de
      1937:</p>
    </list-item>
  </list>
  <list list-type="order">
    <list-item>
      <p>“Cultura popular”, <italic>Frente Popular</italic>, 20 de febrero de 1937;</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>“El problema de la Instrucción Primaria”, <italic>Frente
      Popular</italic>, 27 de febrero de 1937.</p>
    </list-item>
  </list>
  <list list-type="order">
    <list-item>
      <label>4.</label>
      <p>Un artículo de Zambrano publicado en la revista <italic>Pan. Síntesis de toda idea
              mundial</italic> de Buenos Aires en julio de 1937: “El Fascismo y el Intelectual en
            España”, id., n. 119, 14 de julio de 1937.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <label>5.</label>
      <p>Un artículo de Zambrano enviado desde España y publicado en
      agosto de 1937 en los diarios <italic>Crítica</italic> de Buenos
      Aires y <italic>Frente Popular</italic> de Santiago de Chile:
      “Sobre la tierra de muerte en Madrid brotaron flores de paz”,
      <italic>Crítica</italic>, 12 de agosto de 1937 (sucesivamente
      también en <italic>Frente Popular</italic>, 31 de agosto de
      1937).</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <label>6.</label>
      <p>Un artículo de Alfonso Rodríguez Aldave de enero de 1937:
      “Pobre D. Miguel de Unamuno!”, <italic>Onda Corta en Defensa de la
      Cultura</italic>, n. 5, 22 de enero de 1937.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <label>7.</label>
      <p>Una entrevista a Alfonso Rodríguez Aldave realizada durante la escala en Buenos Aires del
            viaje de vuelta a España y publicada en el diario <italic>Crítica</italic> el 15 de mayo
            de 1937: “Va a luchar por los Leales un Diplomático Español”, <italic>Crítica</italic>,
            15 de mayo de 1937.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <label>8.</label>
      <p>Tres documentos de prensa relacionados con la estancia chilena
      de Zambrano y Rodríguez Aldave escritos y publicados en ocasión de
      su regreso a España:</p>
    </list-item>
  </list>
  <list list-type="order">
    <list-item>
      <p>Un artículo del poeta Pablo de Rokha titulado “2 Figuras de España” publicado en el diario
              <italic>La Opinión</italic> el 9 de mayo de 1937;</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>Editorial sin firma del diario <italic>La Opinión</italic> del
      10 de mayo de 1937;</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>Editorial sin firma del diario <italic>Frente Popular</italic>
      del 11 de mayo de 1937.</p>
    </list-item>
  </list>
  <list list-type="order">
    <list-item>
      <label>9.</label>
      <p>Un anuncio de publicación y dos reseñas de <italic>Los intelectuales en el drama de
              España</italic> publicadas en el diario <italic>Frente Popular</italic>:</p>
    </list-item>
  </list>
  <list list-type="order">
    <list-item>
      <p>“Los intelectuales en el drama de España”, id., 12 de marzo de
      1937;</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>“María Zambrano a través de su libro <italic>Los intelectuales
      en el drama de España</italic>”, id., 14 de junio de 1937;</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>“En torno al libro de María Zambrano <italic>Los intelectuales
      en el drama de España</italic>”, id., 23 de junio de 1937.</p>
    </list-item>
  </list>
</sec>
<sec id="descripción-de-los-artículos-y-de-su-contexto-editorial">
  <title>Descripción de los artículos y de su contexto
  editorial:</title>
</sec>
<sec id="la-entrevista-de-la-opinión">
  <title>1. La entrevista de «La Opinión»</title>
  <p>Era conocida una entrevista a Zambrano publicada en el diario <italic>Frente Popular</italic>
        el 14 de enero de 1937 con el título de “Conversación con María Zambrano”: la editó Soto
        García (2005, 169-170) en lo que fue la primera tanda de artículos chilenos rescatados<xref
          ref-type="fn" rid="fn1">1</xref>. La entrevista que aquí editamos (Apéndice I) es
        anterior, aunque de poco, y acaso sea la primera que se le hizo en Chile: se titula “La
        mujer española en la revolución. Conversando con María Zambrano de Aldaves [sic],
        intelectual española, actualmente entre nosotros”, y se publicó en el diario <italic>La
          Opinión</italic> de Santiago de Chile el 6 de enero de 1937, en la página 3 y con firma de
        Juan Carlos Aguirre<xref ref-type="fn" rid="fn2">2</xref>.</p>
  <p>Al frente de este “diario independiente”, según consta en su cabecera, estaba el destacado
        político radical Juan Bautista Rossetti (llegaría a ser ministro en el gobierno del Frente
        Popular), quien hizo del periódico un bastión de la oposición al segundo gobierno de Arturo
        Alessandri Palma (1932-1938), cuya última fase coincide en parte con los meses de vida de
        Zambrano en Chile. El radicalismo político le acercó al embajador Rodrigo Soriano, también
        radical y exponente del republicanismo español mucho antes de la proclamación de la
        República en 1931. Soriano escribe poco en Chile debido a su función diplomática, pero
        cuando lo hace suele ser en las páginas de <italic>La Opinión</italic>. Y el diario, por su
        parte, sobre todo desde el inicio de la guerra civil, prestó una atención especial a las
        actividades de la Embajada española en defensa de la causa republicana. De tal atención es
        botón de muestra la entrevista a Zambrano.</p>
  <p>La entrevista de <italic>La Opinión</italic> es más amplia que la de <italic>Frente
          Popular</italic>: una página entera, cinco columnas con foto de la entrevistada y en el
        lugar destacado de la página número 3 (la de <italic>Frente Popular</italic> ocupa las dos
        columnas de la izquierda de la página número 2 y no lleva foto). Más amplia no quiere decir
        ni mejor ni más importante, pero es obvio que el paratexto también habla. La entrevista es
        casi de manual (Arfuch 1995), por lo que es posible suponer que el entrevistador fuera un
        joven periodista de talento pero con no muchos años de oficio. Está separada en varias
        partes: el encargo de la entrevista, al que sigue una hermosa descripción de Zambrano, acaso
        la mejor de este tiempo (“es una mujer joven y atrayente, de estampa distinguida, de maneras
        suaves, de fino perfil y de cuerpo frágilmente femenino. […] se advierte en ella un no sé
        qué de persuasivo, de místico, y casi de doloroso. La revolución ha ejercido una profunda
        influencia en su espíritu”), y continúa con los temas tratados según la dinámica
        preguntarespuesta. Hablan de Unamuno, que acaba de morir<xref ref-type="fn" rid="fn3"
          >3</xref>, de su función educativa (Zambrano se define con insistencia como “maestra”),
        del papel de la mujer en la guerra (un tema de interés recurrente, como veremos después) y
        más en general en la cultura y en la forma de vida españolas, del aristocratismo del pueblo
        español y de algo que late como diferencia hispánica respecto de Europa. Son respuestas
        precisas, claras, inteligentes y pasionales, que bordean la tragedia española y buscan no
        caer en los lugares comunes que tanto se repetían entonces. Ideas que desarrolla por escrito
        y entrelaza en los artículos chilenos (vid. más adelante el censo de publicaciones chilenas
        de Zambrano en el apartado <italic>A modo de conclusión</italic>).</p>
</sec>
<sec id="el-artículo-de-acción-femenina">
  <title>2. El artículo de «Acción Femenina»</title>
  <p>Al poco de llegar a Chile, en el número de diciembre de la revista <italic>La Mujer
          Nueva</italic>, órgano de difusión del Movimiento Pro Emancipación de las Mujeres de
        Chile, Zambrano publicó un artículo titulado “La mujer en la lucha española”<xref
          ref-type="fn" rid="fn4">4</xref>. El artículo fue oportunamente rescatado por Soto García
        (2005, 166-168) y sucesivamente incorporado por Sánchez Cuervo entre los escritos de la
        guerra civil en el primer volumen de las <italic>Obras completas</italic> de Zambrano (2015,
        299-301). El artículo que aquí editamos (Apéndice II) lleva curiosamente el mismo
          título<xref ref-type="fn" rid="fn5">5</xref>, “La mujer en la lucha española”, y se
        publicó al poco del otro en el número correspondiente a los meses de enero-febrero de la
        revista <italic>Acción Femenina</italic>. Aunque coincidan los títulos y ambos aborden la
        misma temática, si bien cada uno a su manera, hay que decir que se trata de dos artículos
        distintos. El nuestro se disponía en tres páginas (de la 4 a la 6), llevaba dos entradillas,
        una más extensa que otra, y una foto con pie de la autora (acaso la primera publicada en
        Chile sólo de ella). Tanto en el sumario de la revista como en el artículo Zambrano aparece
        como “María Zambrano de Aldaves”, un error poco significativo a no ser porque denota la
        dependencia marital de la mujer, algo que choca con el horizonte más marcadamente feminista
        que la revista se había dado en esos años.</p>
  <p><italic>Acción Femenina</italic> era el órgano de difusión del Partido Cívico Femenino y había
        empezado su andadura en 1922. Con los años fue radicalizando su discurso, generalmente en
        función de los cambios en la dirección de la revista y de la situación política del país
        (Montero 2018, 217). Los años de la guerra civil española son, sin duda, los de su mayor
        politización y radicalismo, hasta el punto que desaparecieron las secciones típicas de las
        revistas femeninas (moda, hogar, etc.). Fue la dirección de Lily Santander la que operó este
        giro, que coincide en el tiempo con la colaboración de Zambrano. La figura de referencia de
        la revista fue Amanda Labarca (1886-1975), pionera del feminismo chileno, sin duda, pero de
        una generación distinta a la de las más jóvenes Elena Caffarena (1903-2003) y Marta Vergara
        (1898-1995), fundadoras ambas, entre otras, del Movimiento Pro Emancipación de las Mujeres
        de Chile y de la revista <italic>La Mujer Nueva</italic>, una diferencia que no tenía tanto
        que ver con las ideas sobre la mujer y el feminismo, sino con la acción, con la forma de la
        acción, que una y otras pensaban que las mujeres debían llevar a cabo en la lucha por sus
        derechos: con una orientación más política en Labarca y más hacia la movimentación cívica en
        Caffarena y Vergara.</p>
  <p>Pero el caso es que la guerra civil española también iba a incidir en el desarrollo del
        feminismo chileno, casi podría decirse que fue un catalizador, pues no sólo mitigó las
        diferencias entre las distintas sensibilidades feministas, sino que sobre todo promovió su
        convergencia en el más amplio horizonte intelectual del antifascismo<xref ref-type="fn"
          rid="fn6">6</xref>. Y es por ahí por donde entra a colaborar Zambrano, y lo hace con unas
        y con otras, sin que para ella hubiera ninguna distinción entre <italic>La Mujer
          Nueva</italic> y <italic>Acción Femenina</italic>. Es obvio que por edad y sensibilidad
        Zambrano está más cerca de Caffarena y de Vergara (de hecho con Caffarena fueron amigas, y
        fue una amistad que cultivaron con sus respectivos matrimonios, los Rodríguez AldaveZambrano
        y los Jiles-Caffarena).</p>
  <p>No hay nada de extraño en las colaboraciones de Zambrano con el feminismo chileno, más bien
        todo lo contrario, pues de hecho ella desde bien temprano asumió como rasgo distintivo de su
        generación la lucha por la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer (vid. los
        artículos de 1928 publicados en <italic>El Liberal</italic>, en Zambrano 2007 a), pero
        conviene circunscribir bien esta colaboración para no llamar a engaño. Porque lo cierto, a
        juzgar por el volumen de los artículos chilenos de Zambrano (vid. más adelante el censo
        antes citado), es que ella no quiso quedar atrapada en el horizonte de la lucha feminista en
        Chile, ni tan siquiera en el del apoyo del feminismo chileno a la causa republicana en la
        guerra de España, aunque es aquí donde ella converge bajo la bandera común del antifascismo,
        bien sea en las páginas de <italic>La Mujer Nueva</italic> o en las de <italic>Acción
          Femenina</italic>, sino que desde el principio de su llegada a Chile buscó horizontes más
        amplios (así, por ejemplo, la revista <italic>Onda Corta en Defensa de la Cultura</italic> o
        el diario <italic>Frente Popular</italic>), y en cuanto tuvo ocasión y pudo buscó incluso
        superar el horizonte chileno para afirmarse en una dimensión más latinoamericana (vid. sus
        colaboraciones en el diario <italic>Crítica</italic> de Buenos Aires, en Martin 2022 b y
        2024 b).</p>
  <p>Hay que decir también que el interés por el rol de la mujer española en la guerra estaba muy
        extendido en el campo cultural chileno, sobre todo en los primeros meses de la guerra.
        Nótese, por ejemplo, que <italic>La Mujer Nueva</italic>, en el número de octubre de 1936,
        es decir, antes de que Zambrano llegara a Chile, publicaba dos artículos, uno de Malvaloca,
        “La lucha heroica de la mujer española”, y otro de Raquel Bello, “¡Mujer de España!”, y en
        el de noviembre otros dos de autores españoles, uno de La Pasionaria, “Las mujeres en el
        frente”, y otro de Antonio Zozaya, “Heroínas”, al que se añadía una poesía de Winett de
        Rokha dedicada a “La Pasionaria”. Muy significativo es también el artículo que publicó en
        esta misma revista en el número de marzo de 1937 Marta Vergara, “Elegía a la mujer
        española”, y también el de Basilio Álvarez en el diario <italic>Frente Popular</italic>, “La
        mujer en la guerra” (15 de marzo de 1937). Por su parte, <italic>Acción Femenina</italic>
        dedicó un amplio reportaje en su número de marzo de 1937 al “Homenaje a la mujer española”
        que se llevó a cabo en el Teatro Recoleta de Santiago el domingo 21 de marzo<xref
          ref-type="fn" rid="fn7">7</xref>. Detalles todos ellos que dejan claro ese interés del
        campo cultural chileno por la figura de la mujer española durante la guerra. Lo cual se trae
        aquí a colación para entender mejor esos artículos de Zambrano sobre la mujer española
        durante la guerra: nada tendría de extraño que, ante el interés chileno, los artículos
        fueran un encargo de las dos cabeceras que los publicaron (porque, como queda dicho,
        Zambrano enseguida pasó a abordar otras temáticas en sus colaboraciones de prensa, en las
        que siguió hablando de la mujer, claro está, pero desde un horizonte más amplio, como era el
        de la guerra contra el fascismo internacional, y sin reducirse a mera lucha de
        reivindicación feminista).</p>
</sec>
<sec id="dos-artículos-de-ana-carabantes-en-frente-popular">
  <title>3. Dos artículos de Ana Carabantes en «Frente Popular»</title>
  <p>Digamos enseguida que lo que aquí se ofrece es una posible atribución, a Zambrano en primera
        hipótesis y a Rodríguez Aldave en segunda, de dos artículos firmados por Ana Carabantes
        publicados en el diario <italic>Frente Popular</italic> de Santiago de Chile los días 20 y
        27 de febrero de 1937: respectivamente titulados “Cultura popular” y “El problema de la
        instrucción primaria” (Apéndice III). Hasta donde esta investigación ha podido llegar, de la
        firma de Ana Carabantes no hay más noticia en el campo cultural chileno, ni en
          <italic>Frente Popular</italic> ni en otros diarios de la época. Es, pues, una firma que,
        tras dos publicaciones, desaparece, por lo que cabe pensar que se trate de un <italic>nom de
          plume</italic>.</p>
  <p>Carabantes es un apellido fácilmente reconducible a la familia de María Zambrano. Es, en
        efecto, parte final del segundo apellido de su padre, Blas Zambrano García de Carabantes,
        primero de su abuela paterna, Águeda García de Carabantes López (Mora 1998). A ello se añade
        que en 1986, concretamente el 1 de junio, nuestra Zambrano, de regreso en España tras
        cuarenta y cinco años de exilio, publicó en el periódico madrileño <italic>Diario
          16</italic> un artículo que llevaba por título precisamente “Ana de Carabantes” (luego
        recogido en Zambrano 2009). Después, en el vol. VI de las <italic>Obras completas</italic>
        de Zambrano, se publicó también un texto que se conservaba entre los inéditos depositados en
        la Fundación María Zambrano: dicho texto lleva por título <italic>Cuadernos de Ana de
          Carabantes</italic> y en la ocasión fue datado “ca. mayo de 1964” (Zambrano 2014, 451).
        Tanto Gómez Blesa (Zambrano 2009, 316) como Ramírez (Zambrano 2014, 1263) coinciden en
        señalar el carácter heterónimo del personaje inventado por Zambrano con el nombre de Ana de
        Carabantes.</p>
  <p>Es obvio que un heterónimo no es lo mismo que un pseudónimo, pero en cierto modo apuntan en
        dirección semejante, o concomitante, aunque uno lo haga de manera más radical que otro.
        También podría ser que algo pueda empezar como pseudónimo y desarrollarse luego como
        heterónimo: eso explicaría el cambio de estilo y escritura entre los artículos de 1937
        firmados por Ana Carabantes, que son <italic>stricto sensu</italic> artículos de opinión, y
        los textos de 1964 y 1986 que Zambrano dedica a Ana de Carabantes, que en propiedad hay que
        calificar de “delirios”<xref ref-type="fn" rid="fn8">8</xref>.</p>
  <p>Antes de la aparición chilena de Ana Carabantes, Zambrano había tenido dos entradas en el
        diario <italic>Frente Popular</italic>: la entrevista ya citada del 14 de enero de 1937,
        “Conversando con María Zambrano”, y un artículo del 22 de enero titulado “A los poetas
        chilenos de Madre España”. Con este artículo el diario se hacía eco del trabajo que Zambrano
        y Rodríguez Aldave estaban llevando a cabo al frente de la Editorial Panorama (Martin 2020 y
        2022 b): Zambrano publicaba en el diario en forma de artículo un texto que había salido ya o
        estaba a punto de salir como epílogo al libro de homenaje de los poetas chilenos a la causa
        republicana española (<italic>Madre España</italic>, Santiago, Panorama, 1937). Esta misma
        práctica se repetiría con otros libros de Panorama en los que estuvo implicada Zambrano:
        así, de la <italic>Antología</italic> de García Lorca (Santiago, Panorama, 1937) publicaría
        como artículo “La vida de García Lorca” (<italic>Frente Popular</italic> 12 de abril de
        1937), que en el libro aparecía como nota biográfica final; del <italic>Romancero de la
          guerra española</italic> (Santiago, Panorama, 1937) publicaría un artículo homónimo
          (<italic>Frente Popular</italic>, 3 de mayo de 1937) resultado de una reducción de su
        introducción al libro<xref ref-type="fn" rid="fn9">9</xref>. Publicaría también “La Hora de
        España” (<italic>Frente Popular</italic>, 31 de marzo de 1937), artículo que había publicado
        ya en el diario <italic>Crítica</italic> de Buenos Aires el 21 de marzo de 1937 y que
        después pasaría a integrar la segunda parte de <italic>Los intelectuales en el drama de
          España</italic> (Santiago, Panorama, 1937), a la sazón conocido como su “libro
          chileno”<xref ref-type="fn" rid="fn10">10</xref>. Hay otras publicaciones, como se verá,
        por ejemplo la conmemorativa de la proclamación de la República española, “La
        intelectualidad española y la República” (<italic>Frente Popular</italic>, 14 de abril de
        1937), pero es fácil observar una estrecha relación entre la actividad de Zambrano en
        Panorama y los artículos que publica en <italic>Frente Popular</italic>: como si en el
        diario se hubiera (o le hubieran) propuesto publicar textos que iban a acompañar a los
        libros de Panorama, una suerte de publicidad encubierta que en apariencia se ocupaba de
        literatura y no directamente de política (téngase en cuenta que los artículos de carácter
        más político los publicará fuera de Chile, en el diario <italic>Crítica</italic> de Buenos
        Aires, un modo de evitarse problemas con las autoridades chilenas dada la función
        diplomática de su marido).</p>
  <p>No es improbable, pues, que detrás de la firma de Ana Carabantes se esconda la autoría de María
        Zambrano. Ambos artículos suponen un riesgo mayor que el único que había publicado hasta
        entonces en <italic>Frente Popular</italic>, “A los poetas chilenos de Madre España”, pues
        aunque tratan dos temas generales, como son la cultura popular y la instrucción primaria, y
        lo hacen sin descender de preciso a ningún contexto concreto, es obvio que podía verse en
        ellos una crítica implícita a la política cultural y educativa del gobierno chileno. En
        ellos, además, sobre todo en el segundo, cobra cuerpo y se sustancia la voluntad de Zambrano
        de definirse en Chile como “maestra” (vid. Apéndice I).</p>
  <p>De la cultura popular Zambrano se ocuparía por extenso en las introducciones a la
          <italic>Antología</italic> de García Lorca y al <italic>Romancero de la guerra
          española</italic> (Zambrano 2015, 381-391 y 453-456), y lo hizo contraponiéndose a un
        artículo de su amiga Rosa Chacel publicado en el primer número de la revista <italic>Hora de
          España</italic> (enero de 1937), “Cultura y pueblo”, artículo muy celebrado que levantó un
        cierto debate alrededor de la nueva escritura de romances en la guerra. No es difícil ver la
        conexión del primer artículo de Ana Carabantes con el fondo del artículo de Chacel, aunque
        no se la cite (sí lo hará Zambrano en la segunda de las introducciones apenas citadas),
        incluso podría decirse que es, desde el mismo título, “Cultura popular”, una respuesta a la
        separación que establece Chacel entre los dos términos de su título<xref ref-type="fn"
          rid="fn11">11</xref>.</p>
  <p>El segundo de los artículos de Ana Carabantes se conecta bien con la cultura institucionista de
        la que Zambrano estaba ampliamente imbuida y de la que su padre era un fiel exponente y
        defensor. Y quizá pueda verse también un homenaje a la madre, Araceli Alarcón, quien siempre
        se desempeñó como maestra de primaria. Es claro que su escritura en Chile no siguió por
        estos derroteros y que en marzo publicaría en el diario <italic>Crítica</italic> de Buenos
        Aires los cuatro artículos que acabarían conformando la segunda parte de <italic>Los
          intelectuales en el drama de España</italic>, que son de muy otro signo y con los que
        lograba esa ampliación de horizonte que se decía en el apartado anterior, pero no conviene
        olvidar que el problema de la educación fue muy sentido por Zambrano (prueba de ello son los
        escritos recogidos en Zambrano 2007 b), cosa que hace razonable y posible una incursión de
        su escritura chilena en ese terreno.</p>
  <p>Con todo, no puede determinarse con certeza que Ana Carabantes esconda el nombre de María
        Zambrano. Es posible, incluso bastante probable, pero tampoco puede descartarse que quien se
        esconda detrás de Ana Carabantes sea Alfonso Rodríguez Aldave, quien tenía gusto por la
        escritura (vid. Apéndice VI y después) pero estaba sometido a los usos consuetudinarios de
        la actividad diplomática, más aún en tiempo de guerra y en Chile, donde el gobierno de
        Alessandri Palma mostraba claramente su simpatía por los militares rebeldes en la guerra de
        España. Es posible, pues, también, que Zambrano ofreciera a su marido ese <italic>nom de
          plume</italic> que ella ya tenía en la cabeza y acaso en la intención de su escritura y
        que desarrollaría más adelante añadiendo una preposición al apellido Carabantes. Tampoco
        tendría nada de extraño, pues como dice Madeline Cámara, la colaboración y sintonía entre
        ambos en esta época es total y no conoce límites: juntos están en la fundación de la Alianza
        de Intelectuales Antifascistas al poco de empezar la guerra, juntos van a Chile, juntos
        crean la Editorial Panorama y juntos, como pareja, ofrecen la imagen de una nueva juventud
        española.</p>
</sec>
<sec id="un-artículo-publicado-en-la-revista-pan.-síntesis-de-toda-idea-mundial-de-buenos-aires">
  <title>4. Un artículo publicado en la revista «Pan. Síntesis de toda idea mundial» de Buenos
        Aires</title>
  <p>En la imprescindible “Bibliografía de María Zambrano” de Cruz Ayuso –muy seguida y muy poco
        citada– se da cuenta de un artículo titulado “El fascismo y el intelectual en España”
        publicado en la revista <italic>Pan</italic> (n. 119, 1937, pp. 14-17). Todo correcto,
        aunque falta dar la localización de la revista, cosa que sí hace Sánchez Cuervo en su
        edición de <italic>Los intelectuales en el drama de España y otros escritos de la guerra
          civil</italic> incluida en el primer volumen de las <italic>Obras completas</italic> de
        Zambrano (2015, 880 n. 27): Buenos Aires. Añade éste último parte del subtítulo de la
        revista, pero curiosamente lo deja incompleto, y en la indicación del número de páginas
        comete un error. Dice también que el artículo se corresponde con uno de los capítulos de la
        primera parte de <italic>Los intelectuales en el drama de España</italic>, cosa cierta, sin
        duda, pero si a los errores señalados se suma que no anota variantes entre el capítulo del
        libro y el artículo, ni dice cuál de los dos se publicó primero, todo ello hace que no sea
        imposible pensar que nunca vio el susodicho artículo.</p>
  <p>Damos a continuación su exacta referencia bibliográfica: M. Zambrano, “El fascismo y el
        intelectual en España”, <italic>Pan. Síntesis de toda idea mundial</italic> (Buenos Aires),
        n. 119, 14 de julio de 1937, pp. 14-17. Hay que decir que todo el número de la revista
        estaba dedicado a la conmemoración del primer año de la guerra de España (“1936 Julio 1937.
        Número especial dedicado a España Leal”) y que, además de Zambrano, colaboraban también,
        entre otros, Manuel Chaves Nogales, Marcelino Domingo, Guillermo Ferrero, Vicente Sáenz y
        Ángel Gaos. El artículo de Zambrano se corresponde con el tercer capítulo de su libro
          <italic>Los intelectuales en el drama de España</italic>, que a la sazón había salido el
        mes anterior a la publicación del número monográfico de la revista. Dada la dificultad
        material de localización del susodicho artículo se ha decidido editarlo también aquí
        (Apéndice IV), sobre todo en aras de futuros trabajos de edición del libro chileno de
        Zambrano.</p>
  <p>No era la primera vez que Zambrano publicaba en esta revista (y esto es un dato desconocido
        hasta ahora), pues ya había aparecido en ella el artículo “Unamuno y su contrario”, con
        anterioridad publicado en la revista chilena <italic>Onda Corta en Defensa de la
          Cultura</italic> (n. 4, 6 de enero de 1937). Damos también aquí el detalle de esta nueva
        publicación: M. Zambrano, “Unamuno y su contrario”, <italic>Pan. Síntesis de toda idea
          mundial</italic> (Buenos Aires), n. 95, 27 de enero de 1937, pp. 15-16. Este mismo detalle
        pone en evidencia una de las características de la revista: no se nutría de colaboraciones
        directas, sino que se componía con materiales ya publicados, cosa que hacía constar con una
        oportuna entradilla<xref ref-type="fn" rid="fn12">12</xref>.</p>
  <p>Es poco lo que se sabe de esta revista, generalmente desatendida en los estudios sobre la
        prensa argentina, quizá por el hecho apenas apuntado de hacerse con materiales no
        originales, aunque lo cierto es que tenía una muy amplia distribución en casi toda América y
        llegaba incluso a España<xref ref-type="fn" rid="fn13">13</xref>. Agradezco a Horacio
        Tarcus, director del Cedinci de Buenos Aires, el haberme ayudado a colocar la revista dentro
        del imperio editorial del magnate Natalio Botana<xref ref-type="fn" rid="fn14"
        >14</xref>.</p>
  <p>Nada dice la mancheta del equipo de redacción y ni tan siquiera consta el nombre del director.
        Hemos logrado este dato en un artículo del escritor brasileño Jorge Amado, conmemorativo de
        los primeros tres años de vida de la revista y publicado en el número del 27 de octubre de
        1937 con el título de “Una revista para América”. Ni siquiera en este caso se trataba de un
        artículo original, pues se había publicado antes en la revista brasileña <italic>Boletim de
          Ariel</italic>, de Río de Janeiro, tal como dice la entradilla correspondiente de
          <italic>Pan</italic>. Es Amado quien revela el nombre del director: Emilio Rodolfo
        Biagosch, uno de los líderes de la lucha estudiantil en Córdoba que dio lugar a la llamada
        Reforma universitaria argentina, desempeñándose después como abogado en Buenos Aires. Amado
        cubre de elogios a la revista y destaca la novedad y el acierto de su método, que llama “de
        transcripciones de la prensa mundial”, siendo obvio que dentro de esas transcripciones había
        que incluir las traducciones de los artículos de otras lenguas, como es su propio caso<xref
          ref-type="fn" rid="fn15">15</xref>.</p>
  <p>Destaca también, Amado, de la revista <italic>Pan</italic>, su compromiso y lucha por la
          libertad<xref ref-type="fn" rid="fn16">16</xref>, algo que aquí conviene matizar para
        evitar que esa lucha se confunda con la militancia comunista del joven escritor brasileño.
        No es así, en efecto, como resulta tanto de los artículos y autores que selecciona para su
        publicación como de los periódicos y revistas de los que selecciona. Pereyra (1996, 289), en
        su ficha sobre la revista, la define de ideología liberal, aunque también en este caso
        conviene matizar y decir que no se trataba del liberalismo como ideología, sino como
        posicionamiento político amplio de defensa de la democracia y rechazo del antifascismo<xref
          ref-type="fn" rid="fn17">17</xref>. Esa unión es su identidad y hay que verla como un
        signo de la época.</p>
  <p>Es claro que es en ese horizonte antifascista de defensa de la democracia que publica Zambrano
        en <italic>Pan</italic> (aunque sería más justo decir que la seleccionan). Sus dos artículos
        encajan bien, el primero por la urgencia de dar cuenta de la muerte de Unamuno –tal vez la
        figura española con mayor renombre internacional entonces– con un artículo que pusiera
        énfasis en su legado intelectual y en sus contradicciones políticas, y el segundo como
        reconocimiento por su labor como propagandista de la causa republicana y por el libro que
        acababa de publicar en Chile. Nótese que es probable que cuando publicaron su primer
        artículo en <italic>Pan</italic> no supieran bien quién era Zambrano (más bien era la
        atención que la redacción dedicaba desde su aparición a la revista chilena <italic>Onda
          Corta en Defensa de la Cultura</italic>), aunque en el segundo ya sí, desde luego, pues
        entremedias Zambrano había colaborado con el diario <italic>Crítica</italic> y se había
        ganado la consideración de las publicaciones que giraban alrededor del magnate Natalio
        Botana (de las que <italic>Crítica</italic> es la principal y más importante, sin duda, pero
        entre las que se cuenta también <italic>Pan</italic>). Y nótese también que, a diferencia de
        los artículos de <italic>Crítica</italic>, que nacieron como artículos y luego pasaron a ser
        capítulos de libro (Martin 2022 b), el de <italic>Pan</italic> fue antes capítulo de libro
        que artículo de revista.</p>
</sec>
<sec id="un-artículo-publicado-en-agosto-de-1937-en-los-diarios-crítica-de-buenos-aires-y-frente-popular-de-santiago-de-chile">
  <title>5. Un artículo publicado en agosto de 1937 en los diarios «Crítica» de Buenos Aires y
        «Frente Popular» de Santiago de Chile</title>
  <p>La prensa chilena y argentina se hicieron eco del viaje de Natalio Botana a Santiago en febrero
        de 1937. El diario <italic>Frente Popular</italic>, por ejemplo, dio noticia con foto y pie:
        “Natalio Botana, Director de <italic>Crítica</italic> de Buenos Aires, que hoy regresa a su
          patria”<xref ref-type="fn" rid="fn18">18</xref>. Es claro que la visita del magnate de la
        prensa rioplatense no podía pasar inobservada: era un viaje de negocios y estudio del
        terreno acaso con la intención de abrir una sede en Santiago (Abós 2001). En ese viaje hubo
        de visitar la Embajada de España, pues a Rodrigo Soriano le unía una sincera amistad lograda
        en sus años de exilio en Montevideo durante la dictadura de Primo de Rivera. Recuérdese que
        Soriano había sido desterrado a Fuerteventura con Unamuno y que juntos protagonizaron la
        fuga rocambolesca en barco hacia Francia, donde permanecería Unamuno, mientras que él se
        trasladó a Uruguay. Nótese, además, que el periodismo de Soriano (recuérdese su época como
        editor del diario <italic>El Pueblo</italic> que dirigía Blasco Ibáñez) casaba bien con el
        sensacionalismo y el populismo que Botana promovía desde <italic>Crítica</italic>, cosa que
        sin duda favoreció su inserción en el diario porteño durante su exilio (Martin 2022 b).</p>
  <p>En esa visita de Botana a la Embajada de España, en cierto modo privada, por la antigua
        amistad, pero también pública, pues <italic>Crítica</italic> era la cabecera sudamericana
        más importante y de mayor difusión (con tirada media de tres cientos mil ejemplares diarios)
        con cuyo apoyo contaba la causa republicana en la guerra de España, debió de conocer a
        Zambrano. Y en ella o en alguna cola de ella debió de gestarse la colaboración de Zambrano
        en el diario de Botana. Hay que reconocer –obvio es– que tal colaboración advino como fruto
        de la trama eficaz de relaciones que Soriano supo tejer en favor de la causa
        republicana.</p>
  <p>Zambrano estaba publicando entonces los artículos de Ana Carabantes (20 y 27 de febrero), y hay
        que suponer, tal vez imaginar, que el encuentro con Botana y la intermediación de Soriano
        acabaron resolviendo el posible problema diplomático que los escritos de Zambrano podían
        plantear en la relación de la Embajada con el gobierno chileno. De hecho, ya desde primeros
        de marzo, Zambrano empieza a colaborar en <italic>Crítica</italic> (Martin 2022 b), y lo
        hará con cuatro artículos que iban a acabar conformando después la segunda parte de
          <italic>Los intelectuales en el drama de España</italic>: “Los Intelectuales en la Lucha
        de España” (5 de marzo), “Los Intelectuales en la Guerra Española” (6 de marzo), “Carta al
        Dr. Marañón” (20 de marzo) y “La Hora de España” (21 de marzo)<xref ref-type="fn" rid="fn19"
          >19</xref>.</p>
  <p>Después esa colaboración se interrumpe, pero hay que decir que acaso fuera por exceso de
        trabajo de la propia Zambrano, pues desde finales de marzo y durante todo el mes de abril,
        además del quehacer editorial que llevaba directamente en Panorama<xref ref-type="fn"
          rid="fn20">20</xref>, participó en numerosos actos públicos, a veces con discurso, como
        son, por ejemplo, el ya citado Homenaje a la Mujer Española, el I Congreso de Escritores
          chilenos<xref ref-type="fn" rid="fn21">21</xref> y la conmemoración del sexto aniversario
        de la proclamación de la República española, en la que la Embajada se volcó y no regateó
        esfuerzo ninguno. Y tal ajetreo precipitaría a finales de abril (la noticia se hizo pública
        en la prensa chilena a principios de mayo) con la llamada a filas de la quinta de Rodríguez
        Aldave y la consiguiente necesidad de la joven pareja de preparar el viaje de vuelta a
        España y dejar terminadas con cierta urgencia algunas cosas pendientes (entre las que se
        encontraba el libro <italic>Los intelectuales en el drama de España</italic>).</p>
  <p>Se entiende, pues, que se interrumpiera esa colaboración de Zambrano con el diario
          <italic>Crítica</italic>. Pero lo cierto es que después siguió, aunque sólo por un breve
        período y esta vez desde España. Se trata de dos artículos de nuevo publicados en el diario
        porteño durante el mes de agosto de 1937: “La inteligencia del mundo está junto a la España
        leal” (2 de agosto de 1937, p. 7) y “Sobre la tierra de muerte en Madrid brotaron flores de
        paz” (12 de agosto de 1937, p. 7).</p>
  <p>Del primero de ellos cabe decir que se conocía parcialmente, pues sucesivamente a la
        publicación en <italic>Crítica</italic> se publicó también en la revista chilena
          <italic>Ercilla</italic>, si bien se trataba de una versión reducida. El artículo mutilado
        de <italic>Ercilla</italic> había sido dado a conocer por Soto García (2005, 187-189) y
        después como tal fue incluido en Zambrano (2015, 316-319). El artículo completo ha sido
        editado recientemente en la revista <italic>Bajo Palabra</italic> (Martin 2023).</p>
  <p>El segundo de ellos se rescata y edita aquí (Apéndice V), y hay que decir que, como en el caso
        anterior, también se publicó después en Chile, aunque esta vez de manera completa (hay
        ligeros cambios en la interpunción que no pueden considerarse variantes de autor): en
        efecto, se publicó también en el diario <italic>Frente Popular</italic> el 31 de agosto de
        1937, en la edición de Santiago, y se replicó después en la de Valparaíso el 2 de septiembre
        de 1937 (respectivamente en las páginas 3 y 2).</p>
  <p>Del segundo artículo cabe decir que está estrechamente relacionado con el primero, y, aunque no
        conforman una serie, sí puede decirse que están escritos desde un mismo horizonte
        intelectual y desde una misma situación vital: tal vez uno tras otro y desde la honda
        emoción que el viaje de Valencia a Madrid en ocasión del II Congreso de Escritores para la
        Defensa de la Cultura dejó en Zambrano<xref ref-type="fn" rid="fn22">22</xref>. Si el
        primero era una reseña de este II Congreso de Escritores y hacía hincapié en los valores del
        antifascismo (Martin 2023), el segundo se recogía en una suerte de meditación íntima y
        reflexión doliente y acendrada sobre los efectos devastadores de la guerra ante el paisaje
        desolado de las ruinas de Madrid. Es de resaltar su belleza, su carácter empático y su hondo
        lirismo, donde acaso no pueda dejar de verse un ejercicio práctico de la razón poética en
        marcha, abriéndose al final, de manera simbólica, a la humana dimensión de la esperanza.</p>
  <p>Son de destacar también las dos referencias chilenas del artículo: la Casa de las Flores era,
        en efecto, la casa de Pablo Neruda en Madrid, en el barrio de Argüelles, muy cerca del
        frente de combate; la cita del discurso del muchacho de las Escuelas Alerta en el Congreso
        de Escritores, recogida también por Alberto Romero y elevada a emblema en el título de su
        libro (1938, 188-189).</p>
  <p>Es claro que ambos artículos de <italic>Crítica</italic>, como otro
  de la misma época publicado en la revista <italic>Tierra
  Firme</italic> (Cruz Ayuso 2004, 233), se inscriben dentro del
  horizonte de propaganda propio de la Alianza de Intelectuales
  Antifascistas, a la que Zambrano y Rodríguez Aldave pertenecen desde
  su fundación a los pocos días de empezar la guerra.</p>
</sec>
<sec id="un-artículo-de-alfonso-rodríguez-aldave-en-la-revista-onda-corta-en-defensa-de-la-cultura-de-enero-de-1937">
  <title>6. Un artículo de Alfonso Rodríguez Aldave en la revista «Onda Corta en Defensa de la
        Cultura» de enero de 1937</title>
  <p>De las colaboraciones de Zambrano en esta revista chilena dieron cuenta –sin editarlas– Sánchez
        Cuervo y Hernández (2014). Aquí editamos (Apéndice VI) el único artículo encontrado hasta
        ahora publicado en Chile por Rodríguez Aldave: “Pobre D. Miguel de Unamuno!!”, <italic>Onda
          Corta en Defensa de la Cultura</italic>, n. 5, 22 de enero de 1937, p. 4 (el índice de la
        primera página da como título “El Pobre don Miguel de Unamuno”, y el número de la revista
        lleva fecha de 1936, lo que es sin duda errata).</p>
  <p>La revista tuvo una vida muy breve, apenas tres meses de diciembre de 1936 a marzo de 1937 en
        los que logró imprimir seis números<xref ref-type="fn" rid="fn23">23</xref>. Llama la
        atención que Zambrano colaborara en tres de ellos<xref ref-type="fn" rid="fn24">24</xref> y
        Rodríguez Aldave en otro distinto, lo que sin duda prueba la fuerte relación del joven
        matrimonio con la revista. Nótese, además, que el primer número, en el que ya aparece un
        artículo de Zambrano, se publica el 15 de diciembre de 1936, es decir, cuando Zambrano y
        Rodríguez Aldave no llevaban ni tan siquiera un mes en Chile (Soto García 2005, 53). El
        editorial de ese primer número, titulado “Explicación y saludo”, permite aclarar este punto,
        pues liga el nacimiento de la revista al horizonte antifascista que se sustanció a partir
        del I Congreso Internacional de Escritores en Defensa de la Cultura, celebrado en París el
        21-25 de junio de 1935. De ese mismo horizonte antifascista surgió en Madrid a los pocos
        días de empezar la guerra civil la Alianza de Intelectuales en Defensa de la Cultura (mejor
        conocida como Alianza de Intelectuales Antifascistas), entre cuyos fundadores, como se sabe,
        se encontraban Zambrano y Rodríguez Aldave<xref ref-type="fn" rid="fn25">25</xref>. Era,
        pues, la bandera de la “defensa de la cultura” en clara clave antifascista la que la revista
        chilena se proponía levantar y ondear con su acción, en cierto modo y salvando las
        distancias de manera semejante a lo que en poco iba a hacer <italic>Hora de España</italic>
        (principal revista de la Alianza de Intelectuales Antifascistas en la que Zambrano colabora
        desde Chile y a cuya redacción se integrará desde su regreso, vid. Martin 2023). Y bajo esa
        bandera, que tenía una clara vocación internacional, se encontraron y convergieron Zambrano
        y Rodríguez Aldave con la sección chilena de la Liga para la Defensa de la Cultura, fundada
        en Santiago en diciembre de 1935 y cuyo órgano de expresión iba a ser, a un año de
        distancia, la revista <italic>Onda Corta en Defensa de la Cultura</italic>.</p>
  <p>Bastaría esto para explicar la presencia de Zambrano y Rodríguez Aldave en la revista, pero
        acaso quepa añadir un detalle que, sin dejar de ser intelectual, acaso pueda ser también
        personal. La mancheta de la revista carece de indicación del director, algo, por lo demás,
        frecuente entre las revistas antifascistas de la época<xref ref-type="fn" rid="fn26"
          >26</xref>, pero suele señalarse a Ricardo Latcham como su alma y motor principal. Latcham
        estuvo exiliado en España (1927-1929) durante la dictadura de Ibáñez del Campo, primero en
        Barcelona y luego en Madrid. En esta última estudió con Américo Castro, principalmente
        literatura medieval y castellana, a la vez que seguía con mucho interés los logros y
        desarrollos de aquella nueva filología que promovía el Centro de Estudios Históricos
        (Hernández 1985, 12)<xref ref-type="fn" rid="fn27">27</xref>. Es fácil imaginar que se
        acercara también a las clases de Ortega y Gasset, incluso que siguiera alguno de sus cursos,
        donde acaso pudo conocer a la joven Zambrano. Es una hipótesis, pero debe tenerse en cuenta
        que la Zambrano de 1928 es una estudiante activa y comprometida en los ambientes
        universitarios que buscaban una salida democrática a la dictadura de Primo de Rivera,
        conocida además por los artículos publicados en el diario <italic>El Liberal</italic> con
        los que se erigía en voz representativa de la nueva juventud española (Zambrano 2007 a).
        Puede que se conocieran, tenían además la misma edad (Latcham había nacido en 1903), o puede
        que no; puede también que, sin conocerla de persona, Latcham supiera quién era Zambrano,
        hubiera oído hablar de ella o la hubiera leído incluso. Es posible, pero esta investigación
        no puede avanzar más hacia la certeza.</p>
  <p>Lo que sí puede decirse con certeza es que, de regreso a Chile, Latcham obtuvo por oposición la
        cátedra de literatura española de la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la
        Universidad de Chile, convirtiéndose en una figura de referencia para las nuevas relaciones
        que habían de instaurarse entre la joven República española y la de Chile. En 1933 estuvo
        entre los fundadores del Partido socialista chileno, aunque acabaría abandonándolo por
        discrepancias en el equilibrio de partidos del Frente Popular y dando vida a la escisión que
        llevaría a la Unión Socialista y a la Alianza Popular Libertadora. Pero eso fue después, a
        partir de 1938, y aquí nos interesa el Latcham de los años 1936 y 1937, cuando Zambrano y
        Rodríguez Aldave llegan a Chile y la revista <italic>Onda Corta para la Defensa de la
          Cultura</italic> está a punto de ver la luz. Ese Latcham (quien ya había publicado tres de
        sus libros mayores: <italic>Chuquicamata estado yankee</italic>, 1926; <italic>Itinerario de
          la inquietud</italic>, 1931; <italic>Vida de Manuel Rodríguez</italic>, 1932) es entonces
        una figura central en la vida cultural y política chilena: en las elecciones municipales de
        1935 había sido elegido regidor en Santiago, y en las parlamentarias de marzo de 1937 saldrá
        elegido diputado por el distrito metropolitano de Santiago (Araneda Bravo 1966, 3035). Tal
        detalle, la elección como diputado, coincide en el tiempo con la publicación del último
        número de la revista <italic>Onda Corta</italic>, por lo que cabe pensar que ambas cosas
        estén relacionadas<xref ref-type="fn" rid="fn28">28</xref>.</p>
  <p>Si desde su regreso del exilio fue convirtiéndose en una figura de referencia chilena para las
        cosas españolas, como queda dicho, desde el estallido de la guerra civil se advierte en él
        un creciente acercamiento a la Embajada de España y un apoyo decidido a la varia actividad
        de propaganda que estaba poniendo en pie Rodrigo Soriano (nótese, por ejemplo, la reseña de
        Latcham del libro que Soriano hacía poco había reeditado en Chile, <italic>España bajo el
          sable</italic>, publicada en el diario <italic>Frente Popular</italic> el 17 de diciembre
        de 1936, p. 2). En esa circunstancia hubo de conocer también a Rodríguez Aldave, pues desde
        su llegada a la Embajada se convirtió en eficaz brazo derecho del incansable Soriano (vid.
        Apéndices VIII.1 y VIII.2). Es poco probable que pudieran conocerse antes, pues en los años
        del exilio en España de Latcham Rodríguez Aldave no había llegado aún a Madrid, ciudad a la
        que se trasladaría en 1933 para preparar la oposición al cuerpo diplomático. Rodríguez
        Aldave era, además, siete años más joven que Zambrano, lo que sin duda pesa a la hora de
        avalar la posibilidad de que se conociera con Latcham en España.</p>
  <p>Alfonso Rodríguez Aldave (1911-2008) era de Lesaca (Navarra) y pertenecía a una familia de
        tradición intelectual<xref ref-type="fn" rid="fn29">29</xref>. Desde muy joven se interesó
        por la poesía nueva española, lo que hoy llamamos Generación de 1927, y con su hermano
        Francisco, un año mayor que él y que como él haría luego la carrera diplomática, fundó la
        revista <italic>Atalaya</italic>, que editaban en Lesaca con notable cuidado y esmero y de
        la que salieron dos números, los correspondientes a los meses de diciembre de 1934 y de
        enero de 1935. En la portada de la revista los dos hermanos figuraban como editores: un
        detalle importante, éste, pues nos ayuda a entender mejor, después, la fundación de la
        editorial Panorama en Santiago de Chile. En <italic>Atalaya</italic> publica nuestro
        Rodríguez Aldave un ensayo que ya desde el título nos adentra en su universo mental: “La
        vuelta a Dios”. Dicho artículo empieza con una cita muy conocida de Ortega y Gasset<xref
          ref-type="fn" rid="fn30">30</xref>, de quien Rodríguez Aldave va a declararse discípulo
        (de hecho, el conocimiento con Zambrano advino en aquellas órbitas del orteguismo que se
        movían alrededor del maestro), y se adentra luego en un bien ponderado análisis de carácter
        histórico sobre el impacto del catolicismo en la conformación de la nación española. Y pasa
        después a dar voz a algo que era una incipiente y tímida protesta, o tal vez corrección, de
        una parte de la juventud orteguiana contra la desconsideración filosófica del maestro del
        fenómeno religioso (nótese que de ese mismo año es el artículo de Zambrano “Hacia un saber
        sobre el alma” publicado en <italic>Revista de Occidente</italic>): la “vuelta a Dios” de
        Rodríguez Aldave era también, en su personal trayectoria intelectual, una vuelta a Unamuno,
        al igual que en Zambrano y en Julián Marías, por ejemplo, es decir: un volver al problema de
        fondo de la filosofía unamuniana, algo que Ortega, con su razón vital, pensaba haber
        superado y dejado atrás. Ese “volver a Dios” después de la “muerte de Dios” iba a
        caracterizar a la inteligencia española que se iba a sentir representada por la revista
          <italic>Cruz y Raya</italic>, de José Bergamín, figura muy querida y respetada tanto por
        Zambrano como por Rodríguez Aldave<xref ref-type="fn" rid="fn31">31</xref>. Y Bergamín, como
        reconoce el artículo de Rodríguez Aldave que aquí editamos, era considerado el mejor de los
        discípulos de Unamuno<xref ref-type="fn" rid="fn32">32</xref>.</p>
  <p>No tiene nada de extraño, pues, que Rodríguez Aldave decidiera romper el silencio editorial que
        le imponía la prudencia de su cargo diplomático y escribiera un artículo para publicar en
          <italic>Onda Corta en Defensa de la Cultura</italic>. No un artículo político, claro está,
        sino personal, aunque lo personal en este caso arrastraba la política. Es expresión de una
        desilusión, la de quienes la “vuelta a Dios” la hicieron en compañía de Unamuno, en la honda
        meditación de sus lecturas juveniles, quienes en su obra encontraron, frente al tradicional
        catolicismo español, una declinación moderna del espíritu religioso y de la vivencia del
          cristianismo<xref ref-type="fn" rid="fn33">33</xref>. Desilusión que es personal, sin
        duda, pero que da voz también a una generación de cristianos progresistas –así se decían
        ellos mismos– que primero lo sintieron como maestro y luego sintieron que los había
        abandonado.</p>
  <p>Por lo demás, el campo cultural chileno –como el mundial– demandaba escritos sobre Unamuno ante
        la repentina noticia de su muerte (noticia que se difundió oscura y llena de díceres y
        misterios) y de consecuencia la prensa de la época se llenó de artículos y notas (en general
        marcados por la división en dos bandos que había creado la guerra). Breve muestra: Ricardo
        Latcham, “Nota sobre Unamuno”, <italic>Atenea</italic>, n. 139, enero de 1937 (antes había
        reseñado en esta misma revista el libro de César González Ruano, <italic>Vida, pensamiento y
          aventura de Miguel de Unamuno</italic>, n. 67, 1930); Pablo de Rokha, “La obscura lección
        de Unamuno”, <italic>Frente Popular</italic>, 15 de febrero de 1937; Alberto Ghirardo,
        “Unamuno”, <italic>España Nueva</italic>, n. 8, 9 de enero de 1937; José María Souvirón,
        “Miguel de Unamuno”, <italic>Presente</italic>, n. 25, 15 de enero de 1937, y “Genio y
        figura hasta la sepultura de Don Miguel de Unamuno”, <italic>Hoy</italic>, n. 272, 4 de
        febrero de 1937; Alfonso Hernández Catá, “Don Miguel de Unamuno era hombre del más noble
        metal”, <italic>Zig-Zag</italic>, 8 de enero de 1937; “Ha muerto Miguel de Unamuno”,
          <italic>Ercilla</italic>, 4 de enero de 1937 (sin firma); “Unamuno”, <italic>La
          Opinión</italic>, 8 de enero de 1937 (sin firma).</p>
</sec>
<sec id="una-entrevista-a-alfonso-rodríguez-aldave-realizada-durante-la-escala-en-buenos-aires-del-viaje-de-vuelta-a-españa-y-publicado-en-el-diario-crítica">
  <title>7. Una entrevista a Alfonso Rodríguez Aldave realizada durante la escala en Buenos Aires
        del viaje de vuelta a España y publicado en el diario «Crítica»</title>
  <p>La prensa más afín a la Embajada de España dio cuenta del homenaje que la intelectualidad
        chilena brindó al matrimonio Rodríguez Aldave-Zambrano como despedida ante su regreso a
        España. La razón del regreso también había trascendido a la prensa. El diario <italic>Frente
          Popular</italic> daba noticia en su edición del 6 de mayo de 1937 con un gran titular y
        una fotografía de Rodríguez Aldave: “El Secretario de la Embajada de España ha sido llamado
        al Frente de Batalla” (la foto llevaba en el pie sus apellidos y en la parte superior la
        palabra “movilizado”). La noticia tenía la siguiente entradilla: “Rodríguez Aldave recibirá
        grandes homenajes populares antes de su partida. Lo acompañará su esposa la escritora María
        Zambrano”. En el cuerpo de la noticia se anunciaban algunos de estos homenajes, a los que
        también se ha referido Soto García (2005, 65). El más importante, o el que la prensa cubrió
        con mayor resalto, es al que hemos empezado haciendo referencia en este apartado: la cena
        del 10 de mayo ofrecida por la intelectualidad chilena al joven matrimonio como despedida.
        Se anunció en <italic>Frente Popular</italic> el 7 de mayo con el título de “Simpatía
        popular rodeará la despedida a Rodríguez Aldave y María Zambrano”, y en el cuerpo de la
        noticia se daba cuenta también de otros homenajes que a lo largo de aquel lunes 10 de mayo
        recibiría el joven matrimonio. También se anunció la cena-homenaje ese mismo día 10 de mayo
        en la primera página de <italic>La Opinión</italic>: “Manifestación a Rodríguez Aldave y
        María Zambrano de Rodríguez”. Llevaba la siguiente entradilla: “Se efectuará esta noche en
        el Restaurant de la Quinta Normal. La ofrecen en su honor, escritores, periodistas,
        políticos y amigos de esos diplomáticos y de la España leal. Las mujeres de Chile ofrecen un
        té en honor de María Zambrano”<xref ref-type="fn" rid="fn34">34</xref>.</p>
  <p>Del homenaje dieron noticia al día siguiente, que era el de la partida del joven
          matrimonio<xref ref-type="fn" rid="fn35">35</xref>, los diarios <italic>La
          Opinión</italic> y <italic>Frente Popular</italic>, y lo hicieron en primera página y con
        la misma fotografía del banquete (que se veía muy numeroso). Los titulares eran,
        respectivamente, “Manifestación a Rodríguez Aldave y María Zambrano” y “Partieron Rodríguez
        Aldave y María Zambrano”. En Soto García (2005, 66) se reproduce la noticia de
          <italic>Frente Popular</italic>; la de <italic>La Opinión</italic> es sustancialmente la
        misma, pero añade algunos detalles de interés<xref ref-type="fn" rid="fn36">36</xref>. Y
        todavía el día 12 de mayo, el siguiente al de la partida, <italic>La Opinión</italic> seguía
        dando noticia en primera página y con sendas fotos de ambos: “Rodríguez Aldave y María
        Zambrano partieron ayer a España”. Allí se decía, entre otras cosas, que su viaje de vuelta
        a la patria haría escala en Buenos Aires<xref ref-type="fn" rid="fn37">37</xref>.</p>
  <p>También dieron noticia de la partida las revistas <italic>Acción Femenina</italic> y <italic>La
          Mujer Nueva</italic>, respectivamente en sus números de mayo y julio de 1937. En ellas,
        por su condición feminista, el nombre de Zambrano adquiría mayor relieve. El título de
          <italic>Acción Femenina</italic> era “Rodríguez Aldave y María Zambrano a España”, y
        llevaba la siguiente entradilla: “María Zambrano es colaboradora de nuestra revista” (vid.
        en efecto Apéndice II)<xref ref-type="fn" rid="fn38">38</xref>. En <italic>La Mujer
          Nueva</italic> aparecieron dos artículos (“Adiós a María Zambrano” y “Palabras de nuestra
        Secretaria General, Elena Caffarena”), si bien con notable retraso respecto a la fecha de la
        partida, pero son bien interesantes porque en ellos se recogen en parte los discursos de
        Elena Caffarena y María Zambrano en ocasión del homenaje que ofrecieron las mujeres chilenas
        a esta última<xref ref-type="fn" rid="fn39">39</xref>.</p>
  <p>Del repaso de la prensa de la época cabe concluir, pues, la imagen positiva y el impacto que
        tuvieron Rodríguez Aldave y Zambrano en los círculos progresistas chilenos afines al apoyo a
        la causa republicana en la guerra civil española. Un pequeño detalle: es fácil encontrar
        errores en sus nombres al principio de su estadía, pero luego ya no, prueba de su
        conocimiento y consolidación en los círculos intelectuales chilenos. Es claro que, al
        contrario de lo que sucede hoy, el equilibrio del matrimonio aparecía socialmente inclinado
        en favor de Rodríguez Aldave: ella era la “distinguida esposa de”, aunque fuera también
        escritora, intelectual, profesora, etc., y aunque también sea claro que Zambrano no ejerció
        nunca en Chile el papel de “esposa”, sino el de escritora e intelectual. Era un signo de la
        época y como tal hay que verlo y comprenderlo también. Porque, en cualquier caso,
        representaban un matrimonio moderno, en el que la mujer luchaba por sus derechos y el marido
        reconocía el valor de esa lucha. Por eso no debe de extrañarnos hoy que las entrevistas a
        Zambrano publicadas en la prensa chilena en enero de 1937 no estuvieran motivadas sólo por
        su personalidad e inteligencia y escritos de ella, sino también por el oportuno silencio
        diplomático que su marido se imponía (vid. Apéndice I). Y tampoco que, llegados a Buenos
        Aires, liberado ya Rodríguez Aldave de su cargo diplomático, a quien busque la prensa para
        hacerle una entrevista sea a él y no a ella, y esto a pesar de que ella había sido una
        colaboradora del diario que iba a publicar la entrevista.</p>
  <p>Hay que notar, además, que Rodríguez Aldave había tenido una
  visibilidad muy pronunciada en la prensa chilena durante los actos
  conmemorativos del aniversario de la proclamación de la República
  española. Tanto <italic>La Opinión</italic> como <italic>Frente
  Popular</italic> dieron noticia en primera página durante varios días,
  en general con las fotos de Rodrigo Soriano y de Alfonso Rodríguez
  Aldave, a quien se elogió mucho por su eficacia e inteligencia.</p>
  <p>De la entrevista cabe decir poco, pues ya se ha dicho de la relación con el diario
          <italic>Crítica</italic> y de la amistad entre Rodrigo Soriano y Natalio Botana (vid.
        apartado n. 5 y Martin 2022 b.). Sabemos que a Buenos Aires llegaron el 11 de mayo (habían
        salido del aeropuerto de Los Cerrillos de Santiago a las 9 de la mañana a bordo del avión
        Santa Elena de la compañía Panagra, Pan American-Grace Airways), y sabemos por la entrevista
        de <italic>Crítica</italic> (Apéndice VII) que de Buenos Aires zarparon rumbo a Valencia el
        15 de mayo a bordo del buque Campana. La entrevista se publicó ese mismo día y hubo de
        hacerse en alguno de los anteriores: “Va a luchar por los Leales un Diplomático Español”,
          <italic>Crítica</italic>, 15 de mayo de 1937, p. 8. Del viaje de vuelta desde Buenos Aires
        a Valencia iba a dar cuenta Zambrano en su artículo “Españoles fuera de España”, publicado
        en <italic>Hora de España</italic>, n. 7, julio 1937 (Zambrano 2015, 274-278).</p>
</sec>
<sec id="tres-documentos-de-prensa-relacionados-con-la-estancia-chilena-de-maría-zambrano-y-alfonso-rodríguez-aldave-escritos-y-publicados-en-ocasión-de-su-regreso-a-españa">
  <title>8. Tres documentos de prensa relacionados con la estancia chilena de María Zambrano y
        Alfonso Rodríguez Aldave escritos y publicados en ocasión de su regreso a España</title>
  <p>Este apartado es funcional a la presentación de los tres artículos que hemos seleccionado como
        muestra del impacto intelectual y humano de Zambrano y Rodríguez Aldave en el campo cultural
          chileno<xref ref-type="fn" rid="fn40">40</xref>. Tres son, en efecto, un buen botón de
        muestra, sobre todo porque desconocidos hasta ahora (Apéndice VIII) y porque se escriben y
        publican al final de su estancia chilena, lo que permite una valoración más completa de su
        labor en el país andino<xref ref-type="fn" rid="fn41">41</xref>.</p>
  <p>El primero de ellos es el del poeta Pablo de Rokha, titulado “2 Figuras de España” y publicado
        en el diario <italic>La Opinión</italic> el 9 de mayo de 1937. De Rokha es considerado uno
        de los cuatro grandes de la poesía chilena, junto a Mistral, Huidobro y Neruda (Nómez 1988),
        un poeta en el que no es posible separar su estética y poética de su compromiso civil y
        político (Bisama 2020). Aquí ha salido ya su nombre varias veces, lo que pone de manifiesto
        su proximidad y cercanía con Rodríguez Aldave y Zambrano. Desde el inicio de la guerra de
        España hizo público su compromiso y apoyo a la causa republicana: su nombre aparece entre
        los primeros firmantes del manifiesto “Con España, con su gobierno y con su libertad están
        los intelectuales chilenos”, que abría el folleto <italic>Escritores y artistas chilenos a
          la España popular</italic>, publicado en Santiago en noviembre de 1936, importante porque
        acaso constituya el primer documento colectivo publicado en tal sentido<xref ref-type="fn"
          rid="fn42">42</xref>. Ahí mismo publicará su poema “Carta a España”, en cierto modo
        anticipador de “Imprecación a la bestia fascista”, uno de los poemas más representativos de
        De Rokha en estos años, con el que además colaboró en el volumen <italic>Madre
          España</italic>, primer libro de la editorial Panorama, fundada, como se sabe, por
        Rodríguez Aldave y Zambrano (2014, 713)<xref ref-type="fn" rid="fn43">43</xref>. Ya queda
        dicho también (vid. apartado 5) que De Rokha participó en el I Congreso de Escritores
        chilenos y resaltó en su reseña la intervención de Zambrano.</p>
  <p>Destaca en el artículo de De Rokha su fuerza, la poderosa escritura, llena de inteligencia y
        empatía, con que traza la situación de la guerra en su consideración mundial y perfila las
        figuras de Rodríguez Aldave y de Zambrano. Que no sorprenda, por lo ya dicho, que el resalto
        corresponda a Rodríguez Aldave.</p>
  <p>A quien también corresponde el segundo artículo (Apéndice VIII.2) ya desde su mismo título,
        “Rodríguez Aldave”, publicado sin firma en <italic>La Opinión</italic> el 10 de mayo de
        1937. Aparece como editorial del diario y es la más clara muestra pública de la relevancia y
        el impacto que tuvo Rodríguez Aldave en Chile.</p>
  <p>También el tercero de los artículos (Apéndice VIII.3) es un editorial sin firma, “Aldave y
        María Zambrano se fueron”, publicado en <italic>Frente Popular</italic> el 11 de mayo de
        1937, el mismo día de la partida. También aquí hay empatía, como en el artículo de De Rokha,
        quizá más aún, pues el tuteo que se hace de los nombres así parece indicar, además de
        mostrar que se trata de una pareja y que en ella no había lugar para ninguna preeminencia:
        “María y Alfonso”, dice primero, y luego “Alfonso y María”. El tono del artículo y su mismo
        estilo denota trato personal, a diferencia del editorial de <italic>La Opinión</italic>, que
        rezuma respeto y admiración, pero sin la confianza de este otro. Es posible por ello, y es
        la hipótesis que aquí se avanza como más probable, aunque no pueda darse con certeza, que
        fuera escrito por Jorge Jiles Pizarro, director del diario <italic>Frente Popular</italic>,
        quien solía escribir cotidianamente los editoriales, y además esposo de Elena Caffarena,
        Secretaria General del Movimiento Pro Emancipación de las Mujeres de Chile y redactora de la
        revista <italic>La Mujer Nueva</italic>. Ya queda dicho que hubo mucha sintonía y buena
        amistad entre ambos matrimonios. Del perfil intelectual de Jiles da cuenta Gallo Vargas
        (1999) y del de Caffarena: Poblete (1993), Jiles Moreno (2019) y Ossa Guzmán (2021). Jorge
        Jiles, a quien llamaban “el sabio Jiles” (Jiles Moreno 2019, 31) era abogado, como Caffarena
        (de hecho fueron compañeros de estudios y se casaron en 1929), miembro del Partido comunista
        y muy activo promotor del Frente Popular chileno<xref ref-type="fn" rid="fn44">44</xref>,
        sobre todo desde las páginas del diario homónimo, cuyo primer número salió el 1 de
        septiembre de 1936. El Jiles que conocen y tratan Rodríguez Aldave y Zambrano es un
        intelectual entregado en cuerpo y alma al diario <italic>Frente Popular</italic>.</p>
</sec>
<sec id="un-anuncio-de-publicación-y-dos-reseñas-de-los-intelectuales-en-el-drama-de-españa-publicadas-en-frente-popular">
  <title>9. Un anuncio de publicación y dos reseñas de «Los intelectuales en el drama de España»
        publicadas en «Frente Popular»</title>
  <p>No sabemos cuándo Zambrano se propuso escribir un libro sobre el problema de los intelectuales
        en la guerra de España. Es un tema que, en efecto, le interesa desde el inicio de la guerra
        y sobre el que hace una primera y muy temprana incursión en “La libertad del intelectual”
          (<italic>El Mono Azul</italic>, n. 3, 10 de septiembre de 1936, p. 2). Que el problema se
        lo llevó a Chile lo demuestra el hecho que su primera publicación chilena es precisamente
        este mismo artículo (<italic>España Nueva</italic>, n. 2, 28 de noviembre de 1936, p. 8),
        detalle, éste, importante y que resultaba desconocido hasta ahora. En Chile siguió dando
        vueltas al problema y una segunda incursión la llevó a cabo en los cuatro artículos
        publicados en el diario <italic>Crítica</italic> de Buenos Aires en marzo de 1937 (Martin
        2022 b), los cuales pasaron luego a conformar los cuatro capítulos de la segunda parte del
        libro <italic>Los intelectuales en el drama de España</italic>. Se podría añadir aún uno
        más: “La intelectualidad española y la República” (<italic>Frente Popular</italic>, 14 de
        abril de 1937, p. 5). De este último hay que decir que fue conmemorativo del aniversario de
        la proclamación de la II República española y que Zambrano no lo incluyó después en su
        “libro chileno”.</p>
  <p>El libro vio la luz hacia la segunda semana del mes de junio de 1937, cuando Zambrano ya había
        dejado Chile y de hecho aún no había llegado a España (el viaje de vuelta duró del 11 de
        mayo al 19 de junio), como parecen probar las fechas de publicación de las dos reseñas del
        libro que aquí editamos (Apéndice IX): eran reseñas “amigas”, claro está, que además de
        reclamar su valor pretendían darle difusión y venta, razón por la cual es presumible que la
        primera de ellas se publicara pocos días después de la publicación efectiva del libro.
        Aunque lo cierto es que el libro había empezado a anunciarse a la venta en la segunda
        quincena de mayo, poco después de la partida de Zambrano y Rodríguez Aldave, como ponen de
        manifiesto varios anuncios de prensa<xref ref-type="fn" rid="fn45">45</xref>. Ahora bien,
        hay un anuncio anterior, anuncio que no es de carácter comercial, sino que se da como
        anticipación de un libro que ha de publicarse en futuro, que resulta muy útil a la hora de
        reconstruir la génesis de <italic>Los intelectuales en el drama de España</italic>. Este
        anuncio (Apéndice IX.1) se publicó en <italic>Frente Popular</italic> el 12 de marzo de
        1937, y consiste en la reproducción de unos cuantos párrafos sacados del segundo de los
        artículos de la serie publicada en Buenos Aires (Martin 2022 b), concretamente de “Los
        Intelectuales en la Guerra Española” (<italic>Crítica</italic>, 6 de marzo de 1937, p. 6).
        El primero había salido el día de antes, el 5 de marzo, y el tercero y el cuarto lo harían
        el 20 y el 21. Entre los dos primeros y los dos últimos de la serie saldría, pues, el
        anuncio del 12 de marzo en <italic>Frente Popular</italic>. Lo cual quiere decir que en la
        fecha del 12 de marzo Zambrano había decidido escribir ya ese libro, y, de consecuencia, que
        el libro no surge como agregación de artículos (cosa después frecuente en la Zambrano del
        exilio) sino con un plan preciso al que responde la escritura de los artículos. Puede que
        empezara a escribir los artículos de <italic>Crítica</italic>, todos ellos, ya con la idea
        del libro en la cabeza, o puede que esta surgiera mientras escribía los dos primeros, pero
        lo que es claro es que cuando se publican el tercero y el cuarto la idea del libro ya era
        operativa y estaba anunciada<xref ref-type="fn" rid="fn46">46</xref>.</p>
  <p>Las dos reseñas de junio que siguen a la publicación efectiva del libro denotan buena lectura
        por parte de sus autores. La primera de ellas, “María Zambrano a través de su libro
          <italic>Los intelectuales en el drama de España</italic>”, aparece sin firma, mientras que
        la segunda, “En torno al libro de María Zambrano <italic>Los intelectuales en el drama de
          España</italic>”, lleva la firma de Yampier, seguramente un pseudónimo del que no hemos
        podido recabar mayores noticias, salvo que su firma aparece otras veces en <italic>Frente
          Popular</italic> y que debía de conocer personalmente a Zambrano, lo que se deduce de la
        referencia que hace a “María”<xref ref-type="fn" rid="fn47">47</xref>.</p>
  <p>El “libro chileno” de Zambrano nunca volvió a editarse como tal, sino que en sus sucesivas
        ediciones siempre se le hizo acompañar, favorecido por su brevedad, de otros escritos de la
          época<xref ref-type="fn" rid="fn48">48</xref>. Pero esto, que tenía sentido en la edición
        de 1977, pues lo que hace Santonja es recuperar a una autora exiliada y poco conocida
        entonces en España, deja de tenerlo en las ediciones de 1998 y 2015, pues a la sazón
        Zambrano era ya una autora bien recuperada y su obra era suficientemente conocida y
        reconocida. Lo que se hace en estas tercera y cuarta ediciones es un verdadero atropello al
        “libro chileno”, pues su espíritu y singular alcance quedan diluidos dentro de volúmenes
        cuyo fin declarado o implícito es editar los escritos de Zambrano de la guerra civil (entre
        los que se pierde la singularidad del “libro chileno”). El despropósito mayor se alcanza en
        la edición de 2015, donde, además de incluir los escritos de Zambrano sobre la guerra civil
        conocidos hasta ese momento, el editor del caso se permite añadir obras que no son de
          Zambrano<xref ref-type="fn" rid="fn49">49</xref>, aunque Zambrano haya colaborado o las
        haya editado, como son las tres antologías publicadas en Panorama (la de García Lorca, la de
          <italic>Madre España</italic> y la del <italic>Romancero de la guerra española</italic>).
        Tal vez sea el momento de restituir al libro chileno en su pureza primigenia y llevar a cabo
        una edición que parta del riguroso respeto al texto.</p>
</sec>
<sec id="a-modo-de-conclusión-censo-de-las-publicaciones-chilenas-de-maría-zambrano">
  <title>A modo de conclusión: censo de las publicaciones chilenas de
  María Zambrano</title>
  <p>Damos a continuación el censo actualizado con los resultados de esta investigación de las
        publicaciones chilenas de Zambrano: libros, ediciones y artículos. Por publicaciones
        chilenas en la prensa se entienden: a) los artículos publicados en revistas y diarios
        chilenos, b) los publicados en revistas y diarios argentinos pero escritos en Chile, c) los
        publicados en España y escritos en Chile. También se dan, por su indudable interés, las
        entrevistas realizadas a Zambrano, pero separadas de los artículos por tratarse de textos
        con distinto estatuto. El censo incluye la obvia e implícita la lección filológica que
        supone el carácter incompleto del propio trabajo: el futuro está abierto y habrá sin duda
        quien lo haga mejor, pero al día de hoy el resultado de esta investigación es el que de
        momento ofrece el censo más completo y exhaustivo.</p>
  <list list-type="order">
    <list-item>
      <p><bold>Libro:</bold></p>
    </list-item>
  </list>
  <p>— <italic>Los intelectuales en el drama de España</italic>, Santiago de Chile, Panorama, 1937,
        pp. 51; reimp.: Santiago, Panorama, 1937, pp. 50.</p>
  <list list-type="order">
    <list-item>
      <label>2.</label>
      <p><bold>Ediciones:</bold></p>
    </list-item>
  </list>
  <list list-type="bullet">
    <list-item>
      <p>Federico García Lorca, <italic>Antología</italic>, selección, introducción y notas de M.
            Zambrano, Santiago de Chile, Panorama, 1937; 2a. ed. aumentada: Santiago, Panorama, 1937
            (la nota biográfica también se publicó como artículo de prensa, vid. punto 5).</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p><italic>Romancero de la guerra española</italic>, selección e introducción de M. Zambrano,
            Santiago de Chile, Panorama, 1937 (la introducción también se publicó en parte como
            artículo de prensa, vid. punto 5).</p>
    </list-item>
  </list>
  <list list-type="order">
    <list-item>
      <label>3.</label>
      <p><bold>Capítulos de libro:</bold></p>
    </list-item>
  </list>
  <p>— “A los poetas chilenos de Madre España”, epílogo a <italic>Madre España. Homenaje de los
          poetas chilenos</italic>, prólogo [y coord.] de Gerardo Seguel, Santiago de Chile,
        Panorama, 1937 (publicado también como artículo de prensa, vid. punto 5).</p>
  <list list-type="order">
    <list-item>
      <label>4.</label>
      <p><bold>Entrevistas:</bold></p>
    </list-item>
  </list>
  <list list-type="bullet">
    <list-item>
      <p>“La mujer española en la Revolución. Conversando con María Zambrano de Aldaves [sic],
            intelectual española, actualmente entre nosotros” (por Juan Carlos Aguirre), <italic>La
              Opinión</italic> (Santiago de Chile), 6 de enero de 1937, p. 3.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>“Conversando con María Zambrano”, <italic>Frente Popular</italic> (Santiago de Chile), 14
            de enero de 1937, p. 2.</p>
    </list-item>
  </list>
  <list list-type="order">
    <list-item>
      <label>5.</label>
      <p><bold>Artículos:</bold></p>
    </list-item>
  </list>
  <list list-type="bullet">
    <list-item>
      <p>“La libertad del intelectual”, <italic>España Nueva</italic> (Santiago de Chile), n. 2, 28
            de noviembre de 1936, p. 8; con anterioridad se había publicado en <italic>El Mono
              Azul</italic>, n. 3, 10 de septiembre de 1936, p. 2.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>“La mujer en la lucha española”, <italic>La Mujer
      Nueva</italic> (Santiago de Chile), n. 12, diciembre 1936, p.
      6.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>“La vocación de ser hombre”, <italic>Onda Corta en Defensa de la Cultura</italic> (Santiago
            de Chile), n. 1, 15 de diciembre 1936, p. 4.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>“Unamuno y su contrario”, <italic>Onda Corta en Defensa de la Cultura</italic> (Santiago de
            Chile), n. 4, 6 de enero de 1937, p. 3; sucesivamente publicado también en <italic>Pan.
              Síntesis de toda idea mundial</italic> (Buenos Aires), n. 95, 27 de enero de 1937, pp.
            15-16.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>“A los poetas chilenos de <italic>Madre España</italic>”,
      <italic>Frente Popular</italic> (Santiago de Chile), 22 de enero
      de 1937, p. 8.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>“La reforma del entendimiento”, <italic>Atenea</italic> (Concepción), n. 140, febrero 1937,
            pp. 115-124.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>“La mujer en la lucha española”, <italic>Acción Femenina</italic> (Santiago de Chile),
            enero-febrero 1937, pp. 4-6.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>Ana Carabantes, “Cultura popular”, <italic>Frente
      Popular</italic> (Santiago de Chile), 20 de febrero de 1937, p.
      3.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>Ana Carabantes, “El problema de la instrucción primaria”,
      <italic>Frente Popular</italic> (Santiago de Chile), 27 de febrero
      de 1937, p. 3.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>“¡Madrid, Madrid!”, <italic>Onda Corta en Defensa de la Cultura</italic> (Santiago de
            Chile), n. 6, primera quincena de marzo de 1937, p. 4.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>“Los Intelectuales en la Lucha de España”, <italic>Crítica</italic> (Buenos Aires), 5 de
            marzo de 1937, p. 7.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>“Los Intelectuales en la Guerra Española”, <italic>Crítica</italic> (Buenos Aires), 6 de
            marzo de 1937, p. 6.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>“Carta al Dr. Marañón”, <italic>Crítica</italic> (Buenos Aires), 20 de marzo de 1937, p. 4;
            sucesivamente publicada también en <italic>España Nueva</italic> (Santiago de Chile), n.
            20, 3 de abril de 1937, pp. 8 y 11.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>“La Hora de España”, <italic>Crítica</italic> (Buenos Aires), 21 de marzo de 1937, p. 2;
            sucesivamente publicado también en <italic>Frente Popular</italic>, 31 de marzo de 1937,
            p. 3.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>“La vida de García Lorca”, <italic>Frente Popular</italic> (Santiago de Chile), 12 de abril
            de 1937, p. 5.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>“La intelectualidad española y la República”, <italic>Frente
      Popular</italic> (Santiago de Chile), 14 de abril de 1937, p.
      5.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>“El español y su tradición”, <italic>Hora de España</italic> (Valencia), n. 4, abril 1937,
            pp. 23-27.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>“El Romancero de la guerra española”, <italic>Frente
      Popular</italic> (Santiago de Chile), 3 de mayo de 1937, p. 7.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>“¡Madrid!”, <italic>La Mujer Nueva</italic> (Santiago de
      Chile), n. 15, mayo 1937, p. 1.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>“El fascismo y el intelectual en España”, <italic>Pan. Síntesis
      de toda idea mundial</italic> (Buenos Aires), n. 119 (núm.
      especial dedicado a la “España leal”), 14 de julio de 1937, pp.
      114-117.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>“La inteligencia del mundo está junto a la España leal”, <italic>Crítica</italic> (Buenos
            Aires), 2 de agosto de 1937, p. 7; una versión reducida de este artículo se publicó
            también en <italic>Ercilla</italic> (Santiago de Chile), n. 122, 27 de agosto de 1937,
            p. 9.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>“Sobre la tierra de muerte en Madrid brotaron flores de paz”, <italic>Crítica</italic>
            (Buenos Aires), 12 de agosto de 1937, p. 7; sucesivamente publicado también en
              <italic>Frente Popular</italic> (Santiago de Chile), 31 de agosto de 1937, p. 3 (y
            luego replicado en la edición de Valparaíso de este mismo diario el 2 de septiembre de
            1937, p. 2).</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>“La Alianza de Intelectuales Antifascistas”, <italic>Tierra
      Firme</italic> (Valencia-Barcelona), año II, n. 3-4, [1937], pp.
      610-612<xref ref-type="fn" rid="fn50">50</xref>.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>“La lucha en la mujer actual”, <italic>Frente Popular</italic>
      (Santiago de Chile), 10 de septiembre de 1937, p. 9.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>“Españoles fuera de España”, <italic>Hora de España</italic>
      (Valencia), n. 7, julio 1937, pp.
      59-62<xref ref-type="fn" rid="fn51">51</xref>.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>“La Tierra de Arauco”, <italic>Aurora de Chile</italic> (Santiago de Chile), n. 4, 18 de
            septiembre de 1938, pp. 7 y 15; con anterioridad se había publicado en <italic>Revista
              de las Españas</italic> (Barcelona), n. 102, junio de 1938, pp. 21-22.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>“Pablo Neruda o el amor a la materia”, <italic>Aurora de Chile</italic> (Santiago de
            Chile), n. 16, 30 de noviembre de 1939, pp. 4-5; con anterioridad se había publicado en
              <italic>Hora de España</italic> (Barcelona), n. 23, noviembre 1938, pp. 35-42 [cit.
            por <italic>Hora de España XXIII</italic>, reimpresión anastática de 1974].</p>
    </list-item>
  </list>
</sec>
<sec id="nota-a-la-edición-y-agradecimientos">
  <title>Nota a la edición y agradecimientos</title>
  <p>Damos a continuación, en apéndice, la edición de los materiales de prensa relacionados en el
        apartado 3 de esta introducción. La presente edición, que sigue un orden cronológico para
        cada uno de los autores (Zambrano y Rodríguez Aldave) y en los apartados dedicados a su
        recepción en el contexto chileno, corrige erratas y actualiza la acentuación, pero en lo que
        hace a los artículos de Zambrano no interviene en la interpunción, ni aun en casos de
        evidente incompatibilidad o de notable distanciamiento con los usos actuales, pues se ha
        considerado más importante, incluso necesario, sobre todo en esta fase y en aras de futuros
        trabajos de edición de esta parte del corpus zambraniano (con consiguiente fijación de
        textos), reproducir la forma textual filológicamente más exacta de los artículos en su
        publicación original. Tampoco se corrigen los errores en los cargos académicos atribuidos a
        Zambrano, o a su eventualmente referida vinculación diplomática, ni tan siquiera cuando se
        trata de los apellidos del marido que aluden a su condición de mujer casada, pues en su
        inexactitud todo ello da idea cabal del semblante preciso con que su figura fue presentada
        al público chileno. Por la misma razón, y porque los errores o desviaciones del original dan
        idea de la forma precisa de la recepción de los textos, en lo que hace a las reseñas del
        “libro chileno” de Zambrano, tampoco se han corregido las citas. Así mismo, cuando
        relevantes, damos en nota las entradillas y pies de foto que acompañan a los artículos, pues
        contribuyen de manera poderosa al trazado de la imagen chilena de nuestra autora. Las
        mínimas intervenciones de edición, necesarias para la justa comprensión de los textos, se
        señalan entre corchetes.</p>
  <p>Esta investigación se llevó a cabo durante una estancia en la Universidad Diego Portales de
        Santiago de Chile en los meses de marzo y abril de 2024. El resultado va dedicado en primer
        lugar a la generosidad de esta institución universitaria ejemplar, sobre todo a los amigos
        que en ella trabajan: al rector, Carlos Peña, al vicerrector, Cristóbal Marín, a la decana
        de la Facultad de Comunicación y Letras, Marcela Aguilar, al director de la Escuela de
        literatura creativa, Álvaro Bisama, de quien aprendí lo poco que sé de Pablo de Rokha, y a
        la titular de la cátedra de literatura española, Isidora Campano, amigos todos ya para
        siempre (difícil olvidar los almuerzos de los viernes, a los que solían sumarse Kurt Folch y
        Felipe Gana). También, a los sabios consejos de Cecilia GarcíaHuidobro y Alfredo Sepúlveda
        sobre la prensa chilena de los años 20 y 30 del siglo pasado, y a Carlos Ossandón y Thomas
        Harris por las conversaciones en la Biblioteca Nacional. Y a Alex Ibarra, que nunca deja de
        llevarme a sitios nuevos y esta vez además me habló del libro de Felícitas Valenzuela sobre
        Zambrano, que yo no conocía. También, claro está, a Cecilia Luna, por su compañía y ayuda.
        El paso por Buenos Aires fue más rápido, pero no puedo dejar de agradecer su ayuda a Laura
        Braga, directora ejemplar de la Hemeroteca en la Biblioteca Nacional Mariano Moreno de la
        República Argentina, a mis amigas desde hace ya muchos años Inés Viñuales y Marta Campomar,
        de la Fundación Ortega y Gasset Argentina, y a mis amigos Roberto Aras y Samuel Cabanchik,
        respectivamente de la UCA y de la UBA, por su compañía durante aquellos días de lluvia.</p>
</sec>
 
</body>
<back>
<fn-group>
  <fn id="fn1">
    <label>1</label><p>Soto García transcribe pero no enmienda las
    erratas del artículo, lo que sin duda a veces empobrece su trabajo.
    Así por ejemplo al final del cuarto párrafo, cuando deja intacta la
    minúscula en la palabra ‘alianza’, que debería ser mayúscula porque
    sólo de ese modo se sobreentiende la referencia a la Alianza de
    Intelectuales Antifascistas (2005, 170).</p>
  </fn>
  <fn id="fn2">
    <label>2</label><p>Uno de los efectos de la guerra civil española fue la división de la prensa internacional y el
          casi obligado posicionamiento de las principales cabeceras. El caso de Chile es bien
          conocido: “encontramos que <italic>La Patria</italic>, <italic>El Diario
            Ilustrado</italic>, <italic>La Unión</italic>, <italic>El Imparcial</italic> y
            <italic>El Mercurio</italic> simpatizaran con las fuerzas lideradas por Franco, mientras
          que <italic>Frente Popular</italic>, <italic>La Hora</italic> y <italic>La
            Opinión</italic> tendieron a defender las posiciones y acciones del bando republicano”
          (Carellán 2017, 11).</p>
  </fn>
  <fn id="fn3">
    <label>3</label><p>En ocasión de la muerte de Unamuno (Salamanca, 31 de diciembre de 1936), de su significado
          general y de su controvertido posicionamiento en la guerra, Zambrano acababa de escribir
          un artículo para la revista <italic>Onda Corta en Defensa de la Cultura</italic>, “Unamuno
          y su contrario”, artículo que a la postre iba a salir el mismo día que la entrevista de
            <italic>La Opinión</italic>, el 6 de enero de 1937 (este mismo artículo se iba a
          publicar también en la revista argentina <italic>Pan. Síntesis de toda idea
            mundial</italic>, n. 95, 27 de enero de 1937, pp. 15-16). En <italic>Onda Corta en
            Defensa de la Cultura</italic> también iba a publicar poco después Alfonso Rodríguez
          Aldave un artículo sobre Unamuno (vid. más adelante y en Apéndice VI).</p>
  </fn>
  <fn id="fn4">
    <label>4</label><p>El artículo, como presentación de la autora al público chileno, llevaba la siguiente entradilla:
          “María Zambrano acaba de llegar de España, su patria, que ha dejado en momentos trágicos,
          pero para servirla pues acompaña a su marido que ha sido designado Secretario de la
          Embajada ante nuestro Gobierno. Su inteligencia viva, su gran cultura, su trato sencillo
          conquistará muchos amigos para ella y para la causa. <italic>La Mujer Nueva</italic> se
          siente honrada con su colaboración” (<italic>La Mujer Nueva</italic>, n. 12, diciembre
          1936, p. 12). En esta misma revista volvería a publicar otro artículo en el número de
          mayo: “¡Madrid!”, <italic>La Mujer Nueva</italic>, n. 15, mayo 1937, p. 1 (también
          recogido en Soto García 2005 y Zambrano 2015). También en este caso el artículo iba
          acompañado de una interesante entradilla: “Dentro de pocos días partirá a España María
          Zambrano. Irá adonde nunca ha dejado de estar, como podemos leer en su artículo, que
          publicamos a continuación. Nosotras a nuestra vez continuaremos estando con ella y con su
          tierra martirizada en todos los momentos. Y al partir, nuestra sola despedida es la
          promesa que seguiremos trabajando con más y más ardor, sin fatigar, hasta la aurora del
          día en que los milicianos abatan el fascismo”. La entradilla no tiene firma, claro está,
          pero el afecto simpatético de la misma hace pensar que podría tratarse de Elena
          Caffarena.</p>
  </fn>
  <fn id="fn5">
    <label>5</label><p>Además de esta igualdad entre los títulos de los artículos de <italic>La Mujer Nueva</italic> y
            <italic>Acción Femenina</italic>, hay que señalar otro artículo sucesivo de título
          similar (aunque esta vez escrito ya de vuelta en España): “La lucha en la mujer actual”,
            <italic>Frente Popular</italic> (Santiago de Chile), 10 de septiembre de 1937, p. 9.</p>
  </fn>
  <fn id="fn6">
    <label>6</label><p>El interés del feminismo chileno por España venía de atrás: “En la lucha por el voto, la Segunda
          República significó para el feminismo chileno la esperanza de ejercer plenos derechos
          políticos” (Montero 2018, 210). Las figuras de Clara Campoamor, Carmen de Burgos, Isabel
          Palencia y Victoria Kent se convirtieron en referentes intelectuales en la prensa
          feminista chilena, a las que después, a partir de la Revolución de Asturias, hay que
          añadir la de Dolores Ibárruri, La Pasionaria, sobre todo en su aspecto más político y en
          su dimensión más simbólica.</p>
  </fn>
  <fn id="fn7">
    <label>7</label><p>El Homenaje a la Mujer Española fue organizado por el Comité Pro Ayuda a las Víctimas del
          Fascismo Español y coincidió en el tiempo con la gira chilena de la actriz Margarita Xirgu
          representando obras de Lope de Vega y Federico García Lorca. La concurrencia superó las
          tres mil personas, según el reportaje de <italic>Acción Femenina</italic>. Por su parte,
          el diario <italic>Frente Popular</italic> dio el anuncio el día de antes, sábado 20 de
          marzo, y una amplia reseña el día después, lunes 22 de marzo. El titular era
          “Impresionante homenaje a la Mujer Española se realizó ayer en el Teatro Recoleta”. Y la
          entradilla decía: “Especialmente invitadas asistieron la esposa del Embajador de España y
          la del Secretario de la Embajada”. Hablaron, entre otras, Laura Rodig, Blanca Luz Brum y
          Marta Vergara, y al final del acto también tomaron la palabra Dolores Martí, esposa de
          Rodrigo Soriano, y María Zambrano: “Una vez terminado el acto, la esposa del Embajador de
          España, declaró emocionada, que las extraordinarias dimensiones de este homenaje le
          recordaban actos semejantes que vio realizarse en su Patria y expresó sus agradecimientos
          en nombre de las mujeres de España. De la misma manera, la escritora española María
          Zambrano, esposa del Secretario de la Embajada, no pudo ocultar sus lágrimas de emoción al
          presenciar el caluroso homenaje a sus compatriotas entre quienes hace muy poco se
          encontraba en España y muchas de las cuales han caído bajo las balas y bombas del fascismo
          internacional” (<italic>Frente Popular</italic>, 22 de marzo de 1937, p. 9).</p>
  </fn>
  <fn id="fn8">
    <label>8</label><p>En la Presentación de 1988 de su libro <italic>Delirio y destino</italic> Zambrano parece querer
          incluir los delirios dentro de los géneros biográficos: “No he cultivado el género de la
          novela, aunque sí algo la biografía, tratándose de otros, nunca de la mía. Mas tenía que
          ser la por mí vivida realmente, incluidos los delirios, que con la biografía forman una
          cierta unidad. ¿Por qué no ha de contener también una autobiografía verdadera delirios que
          no son una falacia de falso ensoñamiento?” (Zambrano 2014, 841-842). Era una declaración
          circunstancial, que valía para los textos del libro que presentaba: en efecto, hay
          delirios que pueden ser perfectamente autobiográficos (y tal es la razón de la inclusión
          de algunos de sus delirios en la segunda parte del libro), pero eso no quiere decir que lo
          sean todos ni que lo sean siempre. El camino que ha tomado la crítica zambraniana más
          oficial de considerar los delirios como escritos autobiográficos a partir de esa
          declaración de Zambrano no es el mejor para la adecuada comprensión del género literario
          de los delirios, pues opera una reducción que no es seguro que compartiera la propia
          Zambrano (ella en esa cita se refiere a los delirios de la segunda parte del libro), pero
          aun en el caso de compartirla no es de recibo que la crítica la reciba de manera acrítica.
          Vale la pena tener siempre presente que el autor no es siempre quien mejor conoce e
          interpreta la propia obra. Es más, a veces sucede que, queriendo o sin querer, desvía a la
          crítica de la más adecuada comprensión de su obra.</p>
  </fn>
  <fn id="fn9">
    <label>9</label><p>Hay una suerte de obstinación en buena parte de la crítica zambraniana en citar en modo
          incorrecto estos libros, dando la impresión con ello de querer elevar la figura del editor
          o del compilador a la del autor, como si ser editora o compiladora no fuera suficiente y
          disminuyera la labor de Zambrano. Es fácil encontrarlos citados de este modo: M. Zambrano,
            <italic>Antología de Federico García Lorca</italic> (<italic>o Federico García Lorca.
            Antología</italic>), Santiago, Panorama, 1937 y M. Zambrano, <italic>Romancero de la
            guerra española</italic>, Santiago, Panorama, 1937. Cualquiera que haya visto los libros
          se dará cuenta del error, que no errata, pues Zambrano en ningún caso aparece como autor
          en la portada de los libros (ni en la cubierta ni en la página de créditos) ni los libros
          en modo alguno corresponden a su autoría (lo que ella lleva a cabo son las selecciones de
          las poesías y la escritura de las introducciones). El modo correcto y que no deja lugar a
          dudas es el siguiente: Federico García Lorca, <italic>Antología</italic>, selección,
          prólogo y notas de M. Zambrano, Santiago, Panorama, 1937, y <italic>Romancero de la guerra
            española</italic>, selección y prólogo de M. Zambrano, Santiago, Panorama, 1937. Lo
          mismo vale para el volumen de homenaje de los poetas chilenos, cuya forma correcta es:
            <italic>Madre España</italic>, prólogo de G. Seguel y epílogo de M. Zambrano, Santiago,
          Panorama, 1937. De seguir esta recomendación filológica de mínimos se hubiera podido
          evitar el desperfecto y la impostura llevados a cabo en el primer volumen de las
            <italic>Obras completas</italic> de Zambrano, donde en el libro <italic>Los
            intelectuales en el drama de España y otros escritos de la guerra civil</italic> se
          incluyen también los tres libros de Panorama aquí citados en los que en vario modo
          colaboró Zambrano, pero claramente sin ser autor, logrando así que sus <italic>Obras
            completas</italic> contengan también obra impropia que no le pertenece.</p>
  </fn>
  <fn id="fn10">
    <label>10</label><p>La segunda parte de este libro chileno de Zambrano vio primero la luz en forma de serie de
          artículos publicados a lo largo del mes de marzo de 1937 en el diario
            <italic>Crítica</italic> de Buenos Aires (Martin 2022 b). Nótese que en Chile sólo
          publica uno de ellos y que pocos días después el mismo diario dará anuncio del libro
            <italic>Los intelectuales en el drama de España</italic> (vid. Apéndice IX.1).</p>
  </fn>
  <fn id="fn11">
    <label>11</label><p>“Estos dos términos, cultura y pueblo, sobresalen de todas las voces que llenan el momento
          actual, destacándose con unánime impulso, con franca voluntad, o más bien forzosidad, de
          fusionarse. Qué último fondo intencional, qué vital interés y qué propósito guía a cada
          uno de estos elementos a aproximarse al otro, es lo que es necesario aclarar antes de
          seguir combinando los dos sustantivos con todas las preposiciones posibles, como es uso”
          (Chacel 1937, 13).</p>
  </fn>
  <fn id="fn12">
    <label>12</label><p>Como botón de muestra damos a continuación las dos entradillas de los artículos de Zambrano
          publicados en esta revista, las cuales iban siempre debajo del nombre del autor y
          generalmente entre paréntesis. Del primero de ellos, el dedicado a Unamuno, decía: “(De
            <italic>Onda Corta</italic>, de S. de Chile)”; y del segundo: “(De <italic>Los
            intelectuales en el drama de España</italic>, de Sgo. de Chile)”, respectivamente en pp.
          15 y 14 de los nn. 95 y 119.</p>
  </fn>
  <fn id="fn13">
    <label>13</label><p>Según consta en la mancheta la revista se distribuía en España, Chile, Uruguay, Paraguay, Brasil,
          Bolivia, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Estados Unidos de Norte América, Guatemala,
          Honduras, México, Panamá, Perú, Puerto Rico y Venezuela, además, claro, de Argentina.</p>
  </fn>
  <fn id="fn14">
    <label>14</label><p>Damos a continuación dos correos de Horacio Tarcus a propósito de la revista: “[…]
          lamentablemente es poco lo que puedo decirte sobre <italic>Pan</italic>, yo tampoco
          conozco estudios al respecto. Es una revista difícil de abordar porque no tiene indicación
          de director (ni de consejo de redacción) y también porque la mayor parte de los artículos
          son traducciones de noticias de la prensa internacional sobre la situación prebélica y
          bélica de los años 1935-1940. Sabemos que el tiraje era muy grande y se imprimía en papel
          de pasta, muy barato. Como no debían pagar a los colaboradores (sino a los traductores),
          los costos eran muy bajos y el precio del público era muy bajo también. El equipo de
          redacción/traducción estaba instalado en la redacción del diario <italic>Crítica</italic>,
          donde se recibían diariamente los cables y los diarios de todo el mundo. Mi hipótesis (a
          ser comprobada) es que las notas sobre política internacional que se publicaban de modo
          abreviado en el diario, se ofrecían de modo completo en la revista” (correo del 14 de
          julio de 2023, Archivo Martin Cabrero). Y en el sucesivo: “Sin duda alguna,
            <italic>Pan</italic> está en la órbita de Botana. Yo supongo que el mismo Botana encargó
          la tarea de editar la revista a un par de periodistas de su redacción, o bien aceptó la
          propuesta que nació de la propia redacción. Pero ese es el radio: la redacción de
            <italic>Crítica</italic>. Y el universo Botana” (correo del 16 de julio de 2023, Archivo
          Martin Cabrero).</p>
  </fn>
  <fn id="fn15">
    <label>15</label><p>“<italic>Pan</italic> es una revista de transcripciones de la prensa mundial y, en particular, de
          la prensa de la América Latina. Es una cosa única en América del Sur […]. En las páginas
          de la revista argentina, el lector encuentra, a través de artículos firmados por los
          principales nombres literarios y políticos, transcriptos de los mejores diarios y
          revistas, todo el panorama del mundo en la última semana” (Amado 1937, 17).</p>
  </fn>
  <fn id="fn16">
    <label>16</label><p>“<italic>Pan</italic> es una revista que lucha y que trabaja por la causa de la libertad; que se
          volvió hacia el pueblo; que traduce para los pueblos de América las grandes palabras de
          liberación de los «leaders» del mundo. De este modo es también una revista que orienta. No
          solamente muestra lo que acontece en el universo, sino también el camino a seguir” (Amado
          1937, 17).</p>
  </fn>
  <fn id="fn17">
    <label>17</label><p>“Nuestro nombre es un símbolo y una definición: <italic>Pan</italic> en griego significa todo.
            <italic>Pan</italic> será un vehículo de ideas de todas las ideas que están moviendo el
          mundo… Irá a buscarlas a todos los países extrayéndolas de las publicaciones que reflejen
          los sucesos, las aspiraciones y las necesidades de los pueblos, para servirlas a sus
          lectores… Porque ningún pueblo es absolutamente independiente de los demás ni existe país
          alguno que no esté gravitando a su vez sobre la humanidad. Ni exclusivos, ni sectarios,
            <italic>Pan</italic> será espejo fiel. La libertad, la democracia, las ciencias, el
          arte, las verdades económicas y políticas, tendrán aquí su eco. Ninguna idea emancipadora
          que aparezca en el mundo…” (Pereyra 1996, 289).</p>
  </fn>
  <fn id="fn18">
    <label>18</label><p>Pocos días antes habían aparecido sendas noticias: “El Director de <italic>Crítica</italic> nos
          visita”, con la entradilla: “Breves instantes con el Recordman del periodismo
          latinoamericano” (<italic>Frente Popular</italic>, 23 de febrero de 1937, p. 9); “El
          Director de <italic>Crítica</italic> de Buenos Aires en <italic>La Opinión</italic>”, con
          la entradilla: “Algunos momentos de la charla con el periodista Don Natalio Botana”
            (<italic>La Opinión</italic>, 23 de febrero de 1937, p. 3). Esta última contiene un
          detalle interesante para nuestra trama: “Acompañaban al señor Botana, su hijo, el
          secretario de la Embajada de España, señor Aldaves [sic], y el poeta y escritor Vicente
          Huidobro”.</p>
  </fn>
  <fn id="fn19">
    <label>19</label><p>De estos cuatro “artículos argentinos” de Zambrano dos de ellos se publicarán sucesivamente
          también en Chile: “La Hora de España”, <italic>Frente Popular</italic>, 31 de marzo de
          1937, y “Carta al Dr. Marañón”, <italic>España Nueva</italic>, n. 20, 3 de abril de 1937.
          Tal proceder pone en evidencia dos cosas: 1. la lógica de la propaganda que seguía la
          Embajada de Soriano era la de la mayor difusión posible dentro de la cautela para evitar
          problemas que pudieran repercutir negativamente en la defensa de la causa republicana; 2.
          que se privilegian las cabeceras de mayor difusión y alcance.</p>
  </fn>
  <fn id="fn20">
    <label>20</label><p>De estos meses son la <italic>Antología</italic>
    de García Lorca, que saldrá en abril, y el <italic>Romancero de la
    guerra española</italic>, que lo hará en mayo, ambos editados por
    Zambrano, y no cabe duda que también trabajaba ya en lo que iban a
    ser los capítulos de la primera parte de <italic>Los intelectuales
    en el drama de España</italic>, que saldría en junio.</p>
  </fn>
  <fn id="fn21">
    <label>21</label><p>El I Congreso de Escritores Chilenos, celebrado en Santiago a finales de marzo de 1937 y
          organizado por la Sociedad de Escritores de Chile, tuvo un importante eco en la prensa de
          la época. En la sesión de clausura tuvo Zambrano una intervención que fue muy aclamada:
          “En nombre de los escritores antifascistas españoles, hizo uso de la palabra María
          Zambrano. / En discurso brillante, pronunció frases de agradecimiento por las hermosas
          palabras escuchadas durante el desarrollo del Congreso” (<italic>Crítica</italic>, 5 de
          abril de 1937, p. 7). Del interés por el discurso de Zambrano dio cuenta ese mismo día el
          diario <italic>La Opinión</italic>: “Numerosas personas se han acercado a nosotros para
          pedirnos por intermedio de este diario que se haga una gran asamblea pública en un gran
          local para conocer en resumen los resultados del Congreso de Escritores. / Especialmente
          hay interés en el público por conocer los discursos de María Zambrano, de Marta Vergara,
          de Vicente Huidobro, de Pablo de Rokha y algunos otros” (p. 3). Dos días después, era el
          poeta Pablo de Rokha quien, en su reseña crítica titulada “El Congreso de Escritores de
          Chile”, hablaba de Zambrano: “La dignidad real de María Zambrano, por ejemplo, la gran
          escritora española, flor de la masa hispana, adquirió su acento libre, popular, grande y
          emocionado al conectar la realidad universal de España con <italic>las buenas
            maneras</italic> del Congreso” (<italic>La Opinión</italic>, 7 de abril de 1937, p. 3).
          De Pablo de Rokha vid. también su emocionado artículo “2 figuras de España” publicado en
          ocasión del regreso a España de Alfonso Rodríguez Aldave y María Zambrano (Apéndice VIII).
          Del I Congreso de Escritores también se ocupó la revista <italic>Atenea</italic> en su
          número de marzo de 1937 (en el núm. de febrero Zambrano había publicado en ella su
          importante artículo “La reforma del entendimiento”).</p>
  </fn>
  <fn id="fn22">
    <label>22</label><p>Nótese que Zambrano llega a España de vuelta de Chile el 19 de junio de 1937 y enseguida
          participa a primeros de julio en las sesiones de Valencia y Madrid del II Congreso de
          Escritores para la Defensa de la Cultura, no así en la de París (vid. en propósito Martin
          2023).</p>
  </fn>
  <fn id="fn23">
    <label>23</label><p>Seis son, en efecto, los números que en esta investigación se ha podido revisar en la Biblioteca
          Nacional de Santiago de Chile: n. 1 (15 de diciembre de 1936), n. 2 (22 de diciembre de
          1936), n. 3 (29 de diciembre de 1936), n. 4 (6 de enero de 1937), n. 5 (22 de enero de
          1937) y n. 6 (Primera quincena de marzo de 1937). Como puede observarse por las fechas de
          publicación, hasta el n. 4 tiene una salida semanal, luego, entre el 4 y el 5 transcurren
          dos semanas, y entre el 5 y el 6 casi dos meses. En el repositorio del Cedinci de Buenos
          Aires se indica que la revista consta de siete números (aunque allí no está completa y en
          cualquier caso faltaría el n. 7). También en Sánchez Cuervo y Hernández se dice que se
          publicaron “siete números hasta marzo de 1937” (2014, segundo párrafo), pero luego no hay
          ninguna indicación o referencia precisa al eventual n. 7. Aunque sin certeza, aquí se
          tiende a pensar (es lo que resulta más razonable siguiendo las fechas de publicación) que
          la revista acaba en el n. 6.</p>
  </fn>
  <fn id="fn24">
    <label>24</label><p>Los artículos de Zambrano publicados en <italic>Onda Corta en Defensa de la Cultura</italic> son:
          “La vocación de ser hombre” (n. 1, 15 de diciembre de 1936, p. 4; “Unamuno y su contrario”
          (n. 4, 6 de enero de 1937, p. 3); “¡Madrid, Madrid!” (n. 6, primera quincena de marzo de
          1937, p. 4). Como atrás queda dicho, el segundo de ellos se publicó sucesivamente también
          en <italic>Pan. Síntesis de toda idea mundial</italic> (Buenos Aires), n. 95, 27 de enero
          de 1937, pp. 15-16.</p>
  </fn>
  <fn id="fn25">
    <label>25</label><p>Sus nombres están entre los firmantes del
    “Manifiesto de Escritores Antifascistas para la Defensa de la
    Cultura”, <italic>La Voz</italic> (Madrid), 30 de julio de 1936, p.
    3.</p>
  </fn>
  <fn id="fn26">
    <label>26</label><p>Lo mismo se hace en <italic>Hora de España</italic>, por ejemplo, y lo mismo también en
            <italic>Aurora de Chile</italic>, la revista de la chilena Alianza de Intelectuales en
          Defensa de la Cultura que a partir de agosto de 1938 iba en cierto modo a recoger la
          bandera que <italic>Onda Corta</italic> había dejado sin continuidad. En <italic>Aurora de
            Chile</italic> también publicaría Zambrano dos artículos, si bien estos vieron la luz
          primero en España: “La tierra de Arauco”, <italic>Revista de las Españas</italic>
          (Barcelona), n. 102, junio 1938 (y en <italic>Aurora de Chile</italic>, n. 4, 18 de
          septiembre de 1938), y “Pablo Neruda o el amor a la materia”, <italic>Hora de
            España</italic>, n. 23, noviembre 1938 (y en <italic>Aurora de Chile</italic>, n. 16, 30
          de noviembre de 1939).</p>
  </fn>
  <fn id="fn27">
    <label>27</label><p>Sobre Castro publicó la reseña de <italic>Santa Teresa y otros ensayos</italic> (1929) en la
          revista <italic>Atenea</italic> (n. 60, diciembre de 1929), de la que fue un fiel y asiduo
          colaborador (Rojas Piña 1966, 107-123). Es posible que fuera Latcham el trámite que llevó
          a Zambrano a publicar en la revista <italic>Atenea</italic>, pues de seguro hubo de
          haberlo, visto que la revista era de la Universidad de Concepción, lejos de Santiago y un
          poco fuera del radio de acción de la Embajada de España. Zambrano publicó en ella “La
          reforma del entendimiento” (n. 140, febrero 1937), es decir, en una fecha temprana de su
          estadía chilena, y fueron esos primeros meses, sin duda, los de mayor proximidad a
          Latchan.</p>
  </fn>
  <fn id="fn28">
    <label>28</label><p>El lunes 26 de abril de 1937, con el título “Sobre humanismo hablará Latcham el miércoles”, daba
            <italic>Frente Popular</italic> la siguiente noticia: “El próximo miércoles se realizará
          en el Teatro Recoleta, a las 21,30 horas, una interesante charla por el prestigioso
          escritor y diputado electo por Santiago, señor Ricardo Latcham. El tema que abordará en
          esta conferencia se titula: «El sentido humanístico del Socialismo» […]” (p. 2). Nótese el
          parecido del título de Latcham con el del libro de Fernando de los Ríos, <italic>El
            sentido humanista del socialismo</italic>, publicado en 1926 por la editorial madrileña
          Morata. El libro fue muy leído en su época (en el primer libro de Zambrano, por ejemplo,
          se siente la influencia de su lectura) y se constituyó en eje de referencia en España de
          la corriente socialista que ha solido denominarse “socialismo de cátedra”. Nótese también
          que el joven Latcham llegó a España al año siguiente de la publicación del libro, cuando
          aún se hablaba de él, y que seguramente hubo de leerlo, interesado como estaba entonces en
          las corrientes intelectuales del socialismo europeo.</p>
  </fn>
  <fn id="fn29">
    <label>29</label><p>Damos a continuación las notas de prensa con las que la revista <italic>España Nueva</italic> y
          el diario <italic>Frente Popular</italic> lo presentaron a su llegada a Santiago. Ambas
          notas llevaban el mismo título, “Nuevo Secretario de la Embajada de España”, por lo que es
          posible pensar que se confeccionaran a partir de una Nota oficial difundida desde la
          Embajada y acaso escrita por el mismo Rodríguez Aldave. “Por el expreso de la noche de
          ayer llegó a esta capital, procedente de Madrid, el nuevo Secretario de la Embajada de
          España en Chile, don Alfonso Rodríguez Aldave. / En la estación Mapocho, en donde
          esperaban al distinguido diplomático diversos funcionarios de nuestra Embajada y miembros
          caracterizados de la colonia española, tuvimos ocasión de conversar breves momentos con el
          señor Rodríguez Aldave: quien nos manifestó, con referencia a la situación de la guerra
          civil en nuestra patria «que el triunfo del Gobierno y Frente Popular es algo que nadie
          discute ya, en la península. Con Madrid o sin Madrid –que no caerá en poder de los
          rebeldes– la lucha se decidirá a nuestro favor. Los propios facciosos están convencidos de
          ello». / El señor Rodríguez Aldave, que nos prometió más amplias declaraciones para la
          edición próxima, es un joven diplomático de gran cultura y mentalidad nueva. Pertenece a
          esa generación estudiosa española de la postguerra que constituye la gran esperanza de
          mañana en la historia grande que comienza en estos momentos. / Nuestros saludos y nuestros
          votos porque su misión diplomática en este país alcancen los mejores éxitos”
            (<italic>España Nueva</italic>, n. 1, 21 de noviembre de 1936, p. 10). // “Hace unos
          días ha llegado a ésta procedente de España el nuevo segundo secretario de la Embajada de
          España en Chile, don Alfonso Rodríguez Aldave. / Alfonso Rodríguez Aldave es escritor que
          cursó estudios de Filosofía y Letras en las Universidades de Zaragoza y Salamanca,
          pertenece a las nuevas generaciones que se han formado en amor a la República y en
          entusiasmo a la causa democrática que desde hace unos años se defiende en España. / Ha
          colaborado en todas las revistas jóvenes españolas, en <italic>El Sol</italic> de Madrid,
          en <italic>La Prensa</italic> de San Sebastián, periódico del malogrado Manolo Andrés.
          Fundó y dirigió en unión de su hermano Francisco la revista <italic>Atalaya</italic>,
          ventajosamente conocida en nuestros medios intelectuales. / Al iniciarse la presente
          subversión española, el Gobierno del Frente Popular se ha visto obligado a renovar el
          Cuerpo Diplomático debido a la traición que le hicieron los componentes del antiguo. Esta
          renovación se hace con jóvenes intelectuales. Uno de ellos es Rodríguez Aldave, que a
          primeros de septiembre fue designado como segundo secretario a la Embajada de España en
          nuestro país. / Viene acompañado de su esposa María Zambrano, igualmente licenciada en
          Filosofía, discípula del ilustre pensador don José Ortega y Gasset, que ha explicado como
          profesora ayudante en la Facultad de Filosofía de Madrid y ha colaborado activamente en la
            <italic>Revista de Occidente</italic> y en <italic>Cruz y Raya</italic>” (<italic>Frente
            Popular</italic>, 23 de noviembre de 1936, p. 2).</p>
  </fn>
  <fn id="fn30">
    <label>30</label><p>“Para explicar de forma sencilla el proceso de la formación histórica española podemos aceptar la
          repetida frase de Mommsen sobre el pueblo romano: «La Historia de toda nación, y sobre
          todo de la nación latina es un vasto sistema de incorporación»” (Rodríguez Aldave 1934,
          51). La cita de Mommsen, aunque no se dice, está sacada del primer capítulo de
            <italic>España invertebrada</italic> (Ortega y Gasset 2005, 438).</p>
  </fn>
  <fn id="fn31">
    <label>31</label><p>La relación de Zambrano y Rodríguez Aldave con Bergamín hay que situarla en el contexto de la
          dinámica interna de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, de la que Bergamín era
          presidente, pero pertenecía, como Zambrano y Rodríguez Aldave, a una corriente minoritaria
          de católicos progresistas, frente a la dominante y al final casi hegemónica representada
          por el Partido comunista (nótese, por ejemplo, que en <italic>El Mono Azul</italic>,
          revista de la AIA dominada por los comunistas, Zambrano sólo publicó un artículo, mientras
          que en <italic>Hora de España</italic>, donde el dominio no era tal, publicó mucho más y
          llegó a sentirse identificada con ella). De la posición intelectual y religiosa de
          Bergamín dio cuenta en Chile la revista <italic>Onda Corta en Defensa de la
            Cultura</italic> (n. 6, marzo de 1937, p. 2): “España y el catolicismo. Conversando con
          José Bergamín”; sucesivamente, el propio Bergamín escribió un artículo titulado “A los
          jóvenes católicos de Chile” que fue publicado en el diario <italic>Frente Popular</italic>
          (10 de junio de 1937, pp. 3 y 4). En la revista <italic>Ercilla</italic> (14 de mayo de
          1937, p. 12), donde iba a publicar su artículo “Los que nos hemos rebelado”, apareció
          también una interesante nota de presentación que insistía en la semejanza de su
          catolicismo renovador con el de Maritain.</p>
  </fn>
  <fn id="fn32">
    <label>32</label><p>El propio Bergamín escribió un muy emocionado
    artículo por la muerte del maestro: “¡Adiós a Unamuno!”,
    <italic>Pan. Síntesis de toda idea mundial</italic>, n. 100, 3 de
    marzo de 1937, pp. 42-43 (la entradilla especifica que el artículo
    está tomado de la revista francesa <italic>Regards</italic>, y así
    es, en efecto: n. 158, 21 de enero de 1937, pp. 6-7).</p>
  </fn>
  <fn id="fn33">
    <label>33</label><p>El de Rodríguez Aldave es un artículo muy distinto del de Zambrano sobre Unamuno, aunque ambos se
          escribieron a la par y desde la emoción, incluso conmoción, por la noticia de su muerte.
          Ambos dan cuenta de la desilusión (Zambrano también alude a ella en la entrevista del
          diario <italic>La Opinión</italic>, vid. Apéndice I), pero cada uno a su modo, acaso con
          mayor distancia y objetividad Zambrano, y quizá eso le permite adentrarse en la valoración
          positiva de su obra y de su legado, del que ella recoge en ese tiempo chileno el
          “conocimiento poético” (Zambrano 2015, 305) y acaso lo acoge en su pensamiento para
          conformar su “razón poética” (nótese que el epílogo “A los poetas chilenos de Madre
          España”, que es donde aparece por vez primera en el corpus zambraniano el término de razón
          poética, iba a publicarse pocas semanas después del artículo sobre Unamuno).</p>
  </fn>
  <fn id="fn34">
    <label>34</label><p>“La Sección femenina del Comité chileno pro
    víctimas de España, llevará a cabo a las 6 de la tarde de hoy en el
    local del Movimiento Pro Emancipación de las Mujeres de Chile,
    Alameda 860, la manifestación que ha organizado en honor de la
    señora María Zambrano, destacada figura de las letras españolas [y]
    esposa del primer Secretario de la Embajada de España, señor
    Rodríguez Aldave, que mañana parten en viaje de regreso a su patria.
    / La manifestación consistirá en un té que se servirá a la hora
    indicada y en la entrega de un Mensaje de las Mujeres de Chile a las
    Mujeres de España, acto que se efectuará en el mismo local a las 7
    de la tarde” (<italic>La Opinión</italic>, 10 de mayo de 1937, p.
    1).</p>
  </fn>
  <fn id="fn35">
    <label>35</label><p>Desde el mismo aeropuerto Rodríguez Aldave y Zambrano escribieron una breve nota de
          agradecimiento que reprodujo manuscrita con las firmas de ambos el diario <italic>Frente
            Popular</italic> (11 de mayo de 1937, p. 1): “Con el pie en el estribo y listo a
          defender la Libertad y la Democracia con las armas, un cordial saludo al pueblo chileno
          por intermedio de nuestro querido <italic>Frente Popular</italic>”. Esta nota también la
          reproduce Soto García (2005, 67).</p>
  </fn>
  <fn id="fn36">
    <label>36</label><p>“Anoche se verificó en el Restoran de la Quinta Normal la comida ofrecida en honor del señor
          Alfonso Rodríguez Aldave y su esposa doña María Zambrano, con motivo de su regreso a
          España. / A esta manifestación asistió una selecta concurrencia de dirigentes de
          organizaciones políticas, sociales e intelectuales, quienes demostraron sus simpatías para
          los esposos Rodríguez-Zambrano, quienes durante su permanencia en Chile supieron
          conquistar grandes afectos entre sus amigos. / Ofreció la manifestación el diputado don
          Carlos Vicuña, siguiendo en el uso de la palabra los señores Ricardo Latcham, Carlos
          Contreras Labarca, Juan B. Rossetti, Marcos Chamudes y don Héctor Arancibia Laso, quien
          cerró el acto de confraternidad” (<italic>La Opinión</italic>, 11 de mayo de 1937, p.
          1).</p>
  </fn>
  <fn id="fn37">
    <label>37</label><p>“A las 9 horas de ayer a bordo del avión Santa Elena de Panagra se dirigieron a Buenos Aires,
          para seguir a Europa, don Alfonso Rodríguez Aldave, Secretario de la Embajada de España en
          Chile, y su distinguida esposa doña María Zambrano. / En el puerto-aéreo los esposos
          Rodríguez-Zambrano fueron despedidos por el personal de la Embajada y numerosos amigos,
          quienes concurrieron a expresarles sus simpatías y desearles un feliz viaje de retorno a
          su patria. / Según noticias cablegráficas los distinguidos viajeros llegaron ayer mismo a
          Buenos Aires, en donde se embarcaron con destino a España” (<italic>La Opinión</italic>,
          12 de mayo de 1937, p. 1).</p>
  </fn>
  <fn id="fn38">
    <label>38</label><p>“A las 9 horas del 11 del presente partieron de Los Cerrillos a Buenos Aires para seguir a España
          el Secretario de la Embajada de España, señor Rodríguez Aldave, y su esposa, la escritora
          María Zambrano. / La víspera de su partida fueron despedidos en un caluroso homenaje a
          España Leal en el banquete que les ofrecieron sus amigos. […] María Zambrano es portadora
          de un mensaje de las mujeres chilenas a La Pasionaria. El mensaje fue entregado en un gran
          acto organizado por la Sección Femenina del Comité Pro-Víctimas de España en el cual
          hicieron uso de la palabra Elena Caffarena de Giles [sic] y las dirigentes sindicales
          Saray Cortés y Eulogia Román. / <italic>Acción Femenina</italic> envía desde sus columnas
          el caluroso saludo de su afecto a los eminentes viajeros, los cuales se reincorporarán a
          España a cumplir con su deber de verdaderos milicianos de la libertad” (<italic>Acción
            Femenina</italic>, n. 22, mayo de 1937, p. 2). El mensaje que las mujeres chilenas
          entregaron a Zambrano para La Pasionaria llegó a sus manos, en efecto, como constata el
          artículo “La mujer española y la mujer chilena” publicado en <italic>Frente
            Popular</italic> (10 de septiembre de 1937, p. 9): “Ha llegado a nuestras manos un
          ejemplar de <italic>Pasionaria</italic>, revista de las mujeres antifascistas de Valencia.
          […] En este número hemos encontrado […] una fotografía y una publicación del mensaje que
          las mujeres chilenas enviaron a Dolores Ibárruri, por intermedio de María Zambrano y
          finalmente la fotografía que se hiciera esa tarde de despedida a María Zambrano en el
          local del MEMCH”.</p>
  </fn>
  <fn id="fn39">
    <label>39</label><p>“[…] Poco antes de partir la despedimos en nuestro local y recordamos las palabras con que
          concluyera su improvisación: «Las mujeres de España estamos en gran retraso. No
          figurábamos ni en la vanguardia política, ni en la económica ni en la social. El voto nos
          fue otorgado ampliamente sin pedirlo y quizá sin desearlo. Antes de ser invadida España
          por los extranjeros, la mujer española sólo había sabido ser madre buena y amorosa y
          apasionada. A eso agrega hoy, ante la admiración del mundo, el ser heroica al entregar sus
          hijos con alegría, en defensa de España y la civilización, al entregar lo mejor que ella
          tenía y al probar así que hoy es la mujer española más madre que nunca»” (“Adiós a María
          Zambrano”, <italic>La Mujer Nueva</italic>, n. 16, julio de 1937, p. 7). // “[…] Para
          terminar, la compañera Caffarena, dirigiéndose a María Zambrano, dijo: «Ud. que ha sido en
          nuestro país la representante genuina de la mujer española, dígales a las mujeres de su
          patria, que la mujer chilena no olvidará jamás la deuda de gratitud que ha contraído con
          ellas»” (“Palabras de nuestra Secretaria General, Elena Caffarena”, <italic>La Mujer
            Nueva</italic>, n. 16, julio de 1937, p. 7).</p>
  </fn>
  <fn id="fn40">
    <label>40</label><p>“Bastante inusual es el impacto que tuvo la presencia del matrimonio en Chile, porque son pocos
          los personeros públicos que logran tal relevancia en tan poco tiempo, sobre todo cuando se
          habla de extranjeros avecindados por razones diplomáticas en algún país, que en general
          acostumbran a mantener vínculos meramente formales con la comunidad residente, en cambio,
          en esta oportunidad la relación que estableció esta pareja con el pueblo de Chile es muy
          distinta, por lo cual a su partida fueron muchas las muestras de afecto que recibieron”
          (Soto García 2005, 66). Tal impacto, claro está, se refiere sólo, por amplia que fuera, a
          la parte del mundo cultural chileno que apoyaba la causa republicana en la guerra civil
          española.</p>
  </fn>
  <fn id="fn41">
    <label>41</label><p>A estos tres cabría añadir, pues también da la medida del impacto de Zambrano en el campo
          cultural chileno, aunque no hable de ella directamente, un artículo de la pintora y es
          cultora Laura Rodig, “Carta a las mujeres”, publicado en el diario <italic>La
            Opinión</italic> (10 de mayo de 1937, p. 3). Dicho artículo, que comparte pagina con el
          editorial de ese mismo día titulado, como se verá luego, “Rodríguez Aldave”, se abría con
          una cita de Zambrano en epígrafe: “La mujer está siempre al comienzo de toda época
          ayudándola a nacer con su dolor”. Debajo en negrita aparece el nombre de María Zambrano.
          La cita está sacada del párrafo final del primero de los artículos publicados por Zambrano
          en <italic>La Mujer Nueva</italic> (n. 12, diciembre 1936, después en Zambrano 2015, 301).
          Laura Rodig (1901-1972) fue muy activa en el Movimiento Pro Emancipación de las Mujeres de
          Chile y a ella se debe el logo del Movimiento. Tiene también una obra artística muy
          reconocida internacionalmente (vid. p.e. el Catálogo de la exposición <italic>Laura Rodig.
            Lo que el alma hace al cuerpo el artista hace al pueblo</italic>, Santiago de Chile,
          Museo Nacional de Bellas Artes, 2020.</p>
  </fn>
  <fn id="fn42">
    <label>42</label><p>Escriben tras el Manifiesto, alternando poesía y prosa: Vicente Huidobro, Ricardo Latcham, Blanca
          Luz Brum, Gerardo Seguel, Pablo de Rokha, Volodia Teitelboim, Eugenio Orrego Vicuña, Marta
          Vergara, Julio Barrenechea, Carlos Prendes Sandías, Manuel Rojas, Winett de Rokha y Andrés
          Sabella Gálvez. Es probable ver también en este folleto la convergencia intelectual y el
          impulso para la fundación de la revista <italic>Onda Corta en Defensa de la
            Cultura</italic>.</p>
  </fn>
  <fn id="fn43">
    <label>43</label><p>Volumen éste para el que Zambrano escribió el epílogo “A los poetas chilenos de Madre España” (el
          prólogo corrió a cargo de Gerardo Seguel, quien seguramente también fue el coordinador del
          volumen). <italic>Madre España</italic> recibió una crítica dura de “Alone” (<italic>La
            Nación</italic>, 14 de febrero de 1937, p. 2), pseudónimo de Hernán Díaz Arrieta, uno de
          los críticos más importantes y poderosos del momento. En favor de <italic>Madre
            España</italic> salieron Ricardo Latcham (“Alone o el bombero del fascismo”,
            <italic>Frente Popular</italic>, 18 de febrero de 1937, p. 5), Pablo de Rokha (“Figura y
          comercio de Alone”, <italic>Frente Popular</italic>, 23 de febrero de 1937, p. 7) y
          Gerardo Seguel, redactor de <italic>Frente Popular</italic> y prologista y acaso
          coordinador de <italic>Madre España</italic> (“Los últimos momentos de Alone”,
            <italic>Onda Corta en Defensa de la Cultura</italic>, n. 6, marzo de 1937, p. 11).
            <italic>Frente Popular</italic> publicó además la reseña de <italic>Madre
            España</italic> que había publicado <italic>Mundo Obrero</italic> (“El libro
            <italic>Madre España</italic>”, 20 de agosto de 1937).</p>
  </fn>
  <fn id="fn44">
    <label>44</label><p>“Jorge, talentoso abogado, miembro del Partido Comunista, dominaba cualquier ámbito con energía
          subrayada por su voz tronante, imperiosa, ya fuera en agitada discusión o charla enhebrada
          en acogedor encuentro. Manejaba con oportunidad y soltura el dato preciso, el argumento
          rotundo, la punzante ironía o el último chiste político, que terminaba, a veces, por
          desmoronar una discusión” (Poblete 1993, 29).</p>
  </fn>
  <fn id="fn45">
    <label>45</label><p>El anuncio, que sólo hemos encontrado en varias ediciones de <italic>Frente Popular</italic> (la
          que aquí citamos corresponde a la del 20 de mayo de 1937), consistía en un recuadro de
          unos 3 x 4 cm. con el siguiente texto dispuesto en caracteres de varia grandeza: “Los
          Intelectuales en el drama de España / Por María Zambrano // Unamuno, Marañón, Ortega y
          Gasset, Antonio Machado, Alberti, etc., y su actitud en la actual contienda de España. /
          Precio: $ 4.– // Pedidos a: Editorial Panorama / Clasificador A-6, Santiago”.</p>
  </fn>
  <fn id="fn46">
    <label>46</label><p>Damos aquí también, por comodidad, aunque ya se han dado antes, las fechas de publicación de los
          artículos de <italic>Crítica</italic> (Martin 2022 b): “Los Intelectuales en la Lucha de
          España” (5 de marzo de 1937), “Los Intelectuales en la Guerra Española” (6 de marzo de
          1937), “Carta al Dr. Marañón” (20 de marzo de 1937), “La Hora de España” (21 de marzo de
          1937). El tercero y el cuarto también se publicaron después en Chile, respectivamente en
            <italic>España Nueva</italic> (n. 20, 3 de abril de 1937) y en <italic>Frente
            Popular</italic> (31 de marzo de 1937).</p>
  </fn>
  <fn id="fn47">
    <label>47</label><p>Vid. de Yampier, por ejemplo, el interesante y nada banal “El problema de la literatura y el
          pueblo. Variaciones sinceras sobre literatura y revolución”, publicado en <italic>Frente
            Popular</italic> el 14 de julio de 1937.</p>
  </fn>
  <fn id="fn48">
    <label>48</label><p><italic>Los intelectuales en el drama de España. Ensayos y notas (1936-1939)</italic>, [ed. de G.
          Santonja], Madrid, Hispamerca, 1977; <italic>Los intelectuales en el drama de España y
            escritos de la guerra civil</italic>, ed. de J. Moreno Sanz, Madrid, Trotta, 1998;
            <italic>Los intelectuales en el drama de España y otros escritos de la guerra
            civil</italic>, ed. de A. Sánchez Cuervo, en M. Zambrano, <italic>Obras
            completas</italic>, vol. I, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2015.</p>
  </fn>
  <fn id="fn49">
    <label>49</label><p>Tal vez el error se debe al déficit filológico que acompaña a veces a la formación filosófica de
          algunos investigadores. Porque lo cierto es que en vez de citar esos textos como se debe
          (vid. puntos 2 y 3 del siguiente apartado), los citan de un modo que parece que Zambrano
          sea autora y no editora o colaboradora en el volumen. No es infrecuente, entre los
          estudios zambranianos, encontrarlos así citados (es un ejemplo que vale para los tres
          libros encausados): M. Zambrano, <italic>Federico García Lorca. Antología</italic>,
          Santiago, Panorama, 1937, dando a entender así que el nombre del autor efectivo pasa a ser
          parte del título del libro. Bastaría haber visto el libro para darse cuenta del error,
          pues el nombre de Zambrano no aparece ni en la portada ni en la cubierta de ninguno de
          ellos (vid. también la nota correspondiente del apartado 3 de esta introducción). Y debe
          tenerse en cuenta que la propia Zambrano los cita bien, vid. por ejemplo la carta del 19
          de enero de 1987 a Francisco Giner de los Ríos, sobrino nieto del fundador de la ILE,
          donde dicho libro aparece por ella citado como: “Federico García Lorca,
            <italic>Antología</italic>, Selección y prólogo de María Zambrano, publicado en la
          editorial Panorama de Santiago de Chile” (Zambrano 2021, 32).</p>
  </fn>
  <fn id="fn50">
    <label>50</label><p>Este núm. de la revista lleva fecha de 1936, pero se trata sin duda de una errata: hubo de
          publicarse después de julio de 1937, porque el artículo de Zambrano aparece dentro de una
          sección de Testimonios titulada “Un año de labor cultural de la República Española (Julio
          1936-Julio 1937)”: el de Zambrano es el penúltimo e iba marcado con la letra “f)”. En
          Zambrano (2015, 904) se corrige la fecha y se da la de “julio de 1937”, que es, por lo
          dicho, la primera fecha útil entre las posibles. Aznar Soler (2010, 410 n.) da el núm. de
          la revista como “editado en octubre de 1937”, que acaso sea más probable que la de julio
          en razón del título del artículo de Zambrano y en consideración de los tiempos de edición.
          La revista <italic>Tierra Firme</italic> estaba dirigida por Enrique Díez-Canedo y tenía
          el siguiente subtítulo: <italic>Revista de la Sección Hispanoamericana del Centro de
            Estudios Históricos</italic>.</p>
  </fn>
  <fn id="fn51">
    <label>51</label><p>Este artículo, en efecto, ni se escribió ni
    publicó en Chile, pero se incluye aquí porque su reflexión arranca
    del detalle de un acontecimiento en el viaje de vuelta de Chile a
    España (tal vez se escribió durante el mismo viaje, o, a lo sumo, en
    los días siguientes a la llegada a Valencia).</p>
  </fn>
  <fn id="fn52">
    <label>52</label><p><italic>La Opinión</italic> (Santiago de Chile),
    6 de enero de 1937, p. 3. Pie de foto: “Escritora y educacionista,
    señora María Zambrano”.</p>
  </fn>
  <fn id="fn53">
    <label>53</label><p><italic>Acción Femenina</italic> (Santiago de
    Chile), enero-febrero 1937, pp. 4-6. Entradillas: 1. “Nos habla
    María Zambrano de Aldaves [sic], la eminente escritora española,
    doctora en Filosofía y colaboradora de diversas revistas de
    filosofía y de arte de Europa y del nuevo mundo”; 2. “María
    Zambrano, la esposa del Secretario de la Embajada de España, es
    maestra y oradora”. Pie de foto: “Sra. María Zambrano de
    Aldaves”.</p>
  </fn>
  <fn id="fn54">
    <label>54</label><p><italic>Frente Popular (Santiago de Chile), 20
    de febrero de 1937, p. 3.</italic></p>
  </fn>
  <fn id="fn55">
    <label>55</label><p><italic>Frente Popular (Santiago de Chile), 27
    de febrero de 1937, p. 3.</italic></p>
  </fn>
  <fn id="fn56">
    <label>56</label><p><italic>Pan. Síntesis de toda idea
    mundial</italic> (Buenos Aires), n. 119, 14 de julio de 1937, pp.
    114-117 (núm. especial dedicado a <italic>España leal</italic>:
    “1936 julio 1937”). Entradilla: (De <italic>Los intelectuales en el
    drama de España</italic>, de Sgo. de Chile).</p>
  </fn>
  <fn id="fn57">
    <label>57</label><p><italic>Crítica (Buenos Aires), 12 de agosto de
    1937, p. 7; sucesivamente en Frente Popular (Santiago de Chile), 31
    de agosto de 1937, p. 3; y Frente Popular (Valparaíso), 2 de
    septiembre de 1937, p. 2.</italic></p>
  </fn>
  <fn id="fn58">
    <label>58</label><p><italic>Onda Corta en Defensa de la Cultura, n.
    5, 22 de enero de 1937, p. 4.</italic></p>
  </fn>
  <fn id="fn59">
    <label>59</label><p><italic>Crítica (Buenos Aires), sábado 15 de
    mayo de 1937, p. 8. Entradillas: 1. “Jugará su vida al triunfo de la
    causa del pueblo”; 2. “Lo acompaña su esposa, la escritora María
    Zambrano”. Pie de foto: “El Secretario de la Embajada de España en
    Chile, señor Rodríguez Aldave, con su esposa, la escritora María
    Zambrano”..</italic></p>
  </fn>
  <fn id="fn60">
    <label>60</label><p><italic>La Opinión (Santiago de Chile), 9 de
    mayo de 1937, p. 3.</italic></p>
  </fn>
  <fn id="fn61">
    <label>61</label><p><italic>La Opinión (Santiago de Chile), 10 de
    mayo de 1937, p. 3.</italic></p>
  </fn>
  <fn id="fn62">
    <label>62</label><p><italic>Frente Popular (Santiago de Chile), 11
    de mayo de 1937, p. 3.</italic></p>
  </fn>
  <fn id="fn63">
    <label>63</label><p><italic>Frente Popular (Santiago de Chile), 12
    de marzo de 1937, p. 6.</italic></p>
  </fn>
  <fn id="fn64">
    <label>64</label><p><italic>Frente Popular (Santiago de Chile), 14
    de junio de 1937, p. 11.</italic></p>
  </fn>
  <fn id="fn65">
    <label>65</label><p><italic>Frente Popular (Santiago de Chile), 23
    de junio de 1937, p. 11. Entradilla: “Libro ágil en su rapidez y
    terrible para aquellos a quienes está dirigido, blandido como una
    espada certera”. Pie de foto: “María Zambrano, la escritora española
    que ha regresado de Chile a España, acompañando a su esposo,
    Rodríguez Aldave, movilizado para el frente de batalla, que acaba de
    servir durante varios meses en la Embajada de España en
    Chile”.</italic></p>
  </fn>
</fn-group>
  
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      <element-citation publication-type="book">
        <person-group person-group-type="author">
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            <surname>Abós</surname>
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        <source>El Tábano. Vida, pasión y muerte de Natalio Botana</source>
        <publisher-loc>Buenos Aires</publisher-loc>
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          <name name-style="western">
            <surname>Amado</surname>
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        <year>1937</year>
        <article-title>Una revista para América</article-title>
        <source>Pan. Síntesis de toda idea mundial</source>
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        <issue>134</issue>
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   <app>
    <title>Apéndice</title>
    <p><italic>Índice</italic>: I. Una entrevista desconocida a María Zambrano de enero de 1937. II.
          Un artículo de Zambrano publicado en la revista <italic>Acción Femenina</italic> en el
          núm. de febrero-marzo de 1937. III. Dos artículos firmados por Ana Carabantes en el diario
            <italic>Frente Popular</italic> en febrero de 1937: 1. “Cultura popular”; 2. “El
          problema de la Instrucción Primaria”. IV. Un artículo de Zambrano publicado en la revista
            <italic>Pan. Síntesis de toda idea mundial</italic> en julio de 1937. V. Un artículo de
          Zambrano enviado desde España y publicado en agosto de 1937 en los diarios
            <italic>Crítica</italic> de Buenos Aires y <italic>Frente Popular</italic> de Santiago
          de Chile. VI. Un artículo de Alfonso Rodríguez Aldave de enero de 1937. VII. Una
          entrevista a Alfonso Rodríguez Aldave realizada durante la escala en Buenos Aires del
          viaje de vuelta a España y publicado en el diario <italic>Crítica</italic> el 15 de mayo
          de 1937. VIII. Tres documentos de prensa relacionados con la estancia chilena de María
          Zambrano y Alfonso Rodríguez Aldave: 1. Un artículo del poeta Pablo de Rokha titulado “2
          Figuras de España” publicado en <italic>La Opinión</italic> el 9 de mayo de 1937; 2.
          Editorial de <italic>La Opinión</italic> del 10 de mayo de 1937; 3. Editorial de
            <italic>Frente Popular</italic> del 11 de mayo de 1937. IX. Un anuncio de publicación y
          dos reseñas de <italic>Los intelectuales en el drama de España</italic> publicadas en
            <italic>Frente Popular</italic>: 1. “Los intelectuales en el drama de España”; 2. “María
          Zambrano a través de su libro <italic>Los intelectuales en el drama de España</italic>”;
          3. “En torno al libro de María Zambrano <italic>Los intelectuales en el drama de
            España</italic>”. X. Material gráfico relacionado con esta investigación.</p>
  </app>

<app>
  <title>I. Una entrevista a María Zambrano de enero de 1937</title>
  <sec id="la-mujer-española-en-la-revolución.-conversando-con-maría-zambrano-de-aldaves-sic-intelectual-española-actualmente-entre-nosotros">
    <title>La mujer española en la revolución. Conversando con María
    Zambrano de Aldaves [sic], intelectual española, actualmente entre
    nosotros<xref ref-type="fn" rid="fn52">52</xref></title>
    <p>Por Juan Carlos Aguirre</p>
    <p>— No deje Ud. de entrevistar a María Zambrano de Aldave, la diplomática española que nos ha
            enviado la República, esposa de Alfonso Aldave, el Secretario de la Embajada, me dijo el
            Director antes de partir. Ud. debe conocerla porque es una española típica de la nueva
            generación y además un autorizado elemento de juicio para comprender lo que en la
            Península ocurre en estos días tormentosos. Es doctora en filosofía y no lo parece.
            Colabora en la <italic>Revista de Occidente</italic> de Ortega y Gasset y en
              <italic>Cruz y Raya</italic> de José Bergamín, y no dogmatiza. Es izquierdista por
            construcción y vive alejada de sectarismo, de dogmas intangibles y de santones. ¿No sabe
            Ud. que María Zambrano es también una oradora popular? Búsquela y entrevístela para
              <italic>La Opinión</italic>. No se negará, porque sabe que en esta casa estamos
            consagrados a la defensa de su misma causa.</p>
    <p>Confieso que me interesó la presentación del personaje esbozado a grandes rasgos por el
            director. Esto de ser “doctora en filosofía y no parecerlo” es sin duda un incomparable
            elogio. Pero, no siempre es fácil, en las actuales circunstancias, entrevistar a
            quienes, representando al gobierno legítimo de España, se han impuesto voluntariamente
            la obligación del silencio.</p>
    <p>*</p>
    <p>Frente a la pizarra de <italic>La Opinión</italic> hay una joven pareja que del brazo lee con
            ansiedad las últimas noticias transmitidas por cable. Gonzalo Cuitiño –el redactor
            político del diario– me advierte con discreción: “Son, me dice, el Secretario de la
            Legación Española y su esposa”. Pues, preséntemelos, le digo. Tengo la misión de
            entrevistarla. Sé que el marido no querrá el reportaje, por razones de oficio. Pero ella
            puede hablar sin mayores trabas. Además, necesitamos que el público chileno escuche un
            juicio de la mujer española durante la revolución de labios de una española, que es a la
            vez una revolucionaria.</p>
    <p>*</p>
    <p>No estaba errado el Director cuando me hizo el retrato de María Zambrano de Aldave. La
            diplomática española es una mujer joven y atrayente, de estampa distinguida, de maneras
            suaves, de fino perfil y de cuerpo frágilmente femenino. Parece la antítesis de esas
            sólidas españolas que nos pinta Joaquín Edwars Bello en sus crónicas. Cuando habla, no
            obstante el brillo de su palabra, y esa chispa, que parece ser el distintivo de lo
            ibérico, se advierte en ella un no sé qué de persuasivo, de místico, y casi de doloroso.
            La revolución ha ejercido una profunda influencia en su espíritu.</p>
    <p>Se conversa de cosas distintas. Le gusta nuestro país. Le parece hermoso. Le interesa nuestro
            pueblo, y sobre todo sus mujeres. Pero no tiene el elogio fácil en los labios. Durante
            la conversación llega a la Sala de los redactores de nuestro diario un cable de Ávila,
            que completa las informaciones recibidas con anterioridad sobre la muerte de don Miguel
            de Unamuno. Se lo leo y aguardo con curiosidad su juicio. “Era un grande hombre don
            Miguel”, me dice. “Al final de su vida sufrió un extravío, un colapso. Pero su muerte me
            apena, porque se ha ido un gran español. Unamuno, a pesar de su error de última hora,
            será siempre Unamuno”.</p>
    <p>Me complace oír a una intelectual izquierdista este juicio del
    gran don Miguel, después de haber escuchado en la tarde tantas
    majaderías y simplezas acerca de su recia personalidad.</p>
    <p>— ¿Ud. quiere saber lo que he sido, lo que soy, no es cierto?
    Bueno. Se lo diré sin reservas. Soy maestra. He enseñado Filosofía
    en el Instituto Cervantes de Madrid y en la Residencia de Señoritas
    que dirigía María de Maeztu y en la Universidad de Madrid.</p>
    <p>— ¿Pero Ud. ha sido, la interrumpo, dirigente activa de la
    Federación Universitaria Española (la F.U.E.) y oradora de mítines
    públicos?</p>
    <p>— No lo niego, replica Zambrano. Pero yo soy sobre todo
    maestra.</p>
    <p>*</p>
    <p>— <italic>La Opinión</italic> quiere conocer de Ud., señora, un
    juicio de la mujer española, antes y durante la revolución, le digo
    derechamente. Estamos aquí admirados del heroísmo, de las energías,
    de la audacia, de la fe y del coraje de las mujeres de su país.</p>
    <p>— España descubrió América, dice con tristeza María Zambrano; pero América ha tardado cuatro
            siglos para descubrir a España. Han sido necesarios los sucesos apocalípticos de la
            Revolución para que Uds. conocieran la tierra de sus mayores. ¿No es esto penoso?</p>
    <p>— La mujer española se caracteriza por un sentimiento que no es común a todas las mujeres del
            planeta. Por el sentimiento heroico y trágico que tiene de la vida. Recorra Ud. la
            historia de España. ¿No recuerda Ud. a doña Ximena la mujer del Cid Campeador? Podría
            citarle casos y figuras representativas, Santa Teresa, doña Juana de Coello, la esposa
            de aquel famoso ministro de Felipe II, Antonio Pérez; la reina Isabel, Agustina de
            Aragón, la Condesa de Bureta, célebres estas últimas por su heroísmo en el sitio de
            Zaragoza, durante la guerra contra Napoleón. Pero no quiero señalarle figuras próceres
            del pasado. El sentimiento heroico de la vida radica en lo más profundo del ser de la
            mujer española de todas las clases sociales, y sobre todo en la mujer del pueblo. Ud.
            debe saber que lo magnífico en España no es la oligarquía de los grandes, no es la
            burguesía como pudo ser en Francia, en el siglo XVIII; es el pueblo. Del pueblo han
            salido nuestros grandes conquistadores y navegantes como Pizarro, Almagro, Balboa y de
            Soto; del pueblo salieron nuestros pintores como Velázquez y Goya; nuestros literatos
            como Cervantes y Lope. En el pueblo reside la verdadera aristocracia de mi país. En el
            labriego de las áridas llanuras de Castilla –a veces analfabeto–, hay una aristocracia
            instintiva, un sentido de la dignidad de la vida, una cultura de los siglos, que no
            pueden dar las escuelas. No hay pueblo en la tierra más democrático y al mismo tiempo
            más aristocrático que el español. Otros han formulado en las constituciones los
            inmortales principios de la Revolución Francesa de 1789. Nosotros hemos vivido la
            democracia desde los tiempos más remotos de nuestra nacionalidad. Cuando el cable
            anuncia que en España el pueblo está dirigiendo la revolución, hay incomprensión en
            muchas partes, porque se juzga a nuestro pueblo por comparación con el de otros países.
            Es un modo erróneo de enfocar el problema. El pueblo español, ignorado por el mundo,
            desde los tiempos de la conquista de América, se ha revelado nuevamente a la Humanidad.
            Fuera de las circunstancias económicas universales, fuera de la fatalidad de los sucesos
            históricos, en la Revolución Española hay un factor propio, personal y autóctono, que no
            puede ser desconocido: es el del pueblo español.</p>
    <p>Para Uds. hijos de España, y de consiguiente herederos de su sangre y de su gloria, no puede
            ser indiferente recordar que llevan en sus venas y en todo su ser una misteriosa
            personalidad humana, susceptible de las más grandes empresas y de los actos más
            extraordinarios de la humanidad.</p>
    <p>A riesgo de fatigarla, pregunto a María Zambrano: — ¿Cuál ha sido
    el papel de la mujer española en el período que podría llamarse
    precursor de la Revolución?</p>
    <p>— Para que Ud. pueda comprender el rol de la mujer española en la pre-Revolución, tiene que
            considerar que ella ha intervenido siempre, de modo directo o indirecto en la política
            más que en cualquier otra actividad de la vida española. La mujer ibera ha sido
            eminentemente política, en todos los tiempos. Dedicada en las edades pasadas a eso que
            antes se denominaban las labores del sexo, sometida a un canon de vida de subordinación
            doméstica, no por eso dejó jamás de amar la política y de interesarse por las grandes
            empresas. Hay en la mujer española un sentido de lo extraordinario, del sacrificio, de
            la gesta y de la misión heroica, que no se encuentra en todas las razas. Y esto es
            valedero para todas las mujeres de mi país, así sean derechistas e izquierdistas. En el
            período pre-revolucionario las mujeres de la derecha fundaron, entre otras
            organizaciones, una que se conoció con el nombre de “Las Margaritas”. Eran mujeres
            fanatizadas por una concepción reaccionaria de la política, pero que ponían en su
            propaganda un fervor, una agresividad y una audacia, que realmente sorprendía a los
            propios españoles de derechas. Claro está que la mujer que ha dado pruebas del más alto
            ideal y de las más extraordinarias facultades, ha sido la mujer del pueblo, que nutre
            las filas del Frente Popular, durante la Revolución. Ud. conoce el caso maravilloso de
            “La Pasionaria”, mujer de porte señorial, de elocuencia arrebatadora, de vida purísima,
            que ha pasado a ser para el español como la encarnación femenina del ideal. Dolores
            Ibárruri es un caso sin precedente en la historia del mundo. Superior sin duda a Juana
            de Arco.</p>
    <p>— Nosotros podríamos exhibir al mundo antes de la Revolución las esclarecidas figuras
            políticas [de] Clara Campoamor, de Victoria Kent y de Margarita Nelken, que tanta
            influencia han tenido en los primeros tiempos de la República y tan valiosos servicios
            prestaron a la causa del pueblo. Con todo, un nuevo tipo de mujer –distinto del de
            aquellas– es el que prevalece ahora en España. De la Federación Universitaria Escolar ha
            salido un espécimen femenino nuevo, deportivo y alegre, dotado de una moral nueva que ha
            roto con el criterio que predominó en la generación anterior de mujeres intelectuales.
            Terminada la guerra civil este nuevo tipo femenino será, sin duda, uno de los frutos del
            gran movimiento revolucionario que sacude a España y cuyos reflejos se proyectan ya en
            el mundo entero. Y la mujer española habrá aportado a la evolución de la humanidad un
            nuevo concepto de vida.</p>
    <p>*</p>
    <p>La conversación de María Zambrano continúa fluida, interesante, llena de color. No es posible
            captar en un reportaje auténtico –que se publica sin consulta– el ritmo de su palabra,
            la luminosidad de su pensamiento. Pero el repórter ha cumplido su tarea. Ya el público
            chileno escuchará sus conferencias, y lecciones y sabrá apreciar en lo que vale la
            egregia diplomática que nos ha enviado la Madre Patria, prototipo de la mujer de la
            nueva España.</p>
  </sec>
</app>
    
<app>
  <title>II. Un artículo de Zambrano publicado en la revista <italic>Acción
  Femenina</italic> de igual título –pero distinto– de otro ya conocido
  publicado en <italic>La Mujer Nueva</italic></title>
  <sec id="la-mujer-en-la-lucha-española">
    <title>La mujer en la lucha
    española<xref ref-type="fn" rid="fn53">53</xref></title>
    <p>Quizá más que unas palabras por fieles a la realidad que intenten ser, sobre la mujer en esta
            desgarradora lucha de España, fuera simplemente la visión de una de esas tremendas
            fotografías en que una fila de mujeres lloran levantando el puño ante el cadáver de un
            luchador a quien sus camaradas acompañan por última vez, o esa cabeza de una mujer joven
            que lleva un niño en sus brazos y mira hacia el cielo con angustia infinita ante la
            amenaza de los monstruosos aviones; caras y cabezas no vistas desde hace siglos en las
            que se reflejan sentimientos hasta allí donde el ser humano puede llegar, en que la
            carne y la piel están atirantados hasta lo imposible y espiritualizados sin dejar de ser
            carne y sangre. Cabezas de tragedia griega, figuras de la pasión cristianas.</p>
    <p>Y ante ellas, ante la misma realidad de la mujer que se sobrepone
    de modo tan extraordinario a su propio nivel ¿qué cabe decir? Apenas
    hay palabras, porque tenemos la impresión de que una humanidad
    distinta está surgiendo y no sirven ya los adjetivos que usábamos
    para hablar acerca de la anterior.</p>
    <p>Siempre la mujer española se ha reservado, sin proponérselo, claro está, para lo
            extraordinario. En el nivel diario de la vida la mujer española aparecía llena de
            ímpetu, sí, de vitalidad, pero de una vitalidad que se mustiaba casi siempre antes de
            haber hallado su empleo adecuado. Pero conviene ante todo dejar sentado una gran verdad
            cuyo desconocimiento confunde a tanta gente. Y es que en España la mujer de quien
            hablamos es ante todo y más que nada la mujer del pueblo. Por privilegio maravilloso el
            pueblo español ha constituido siempre la mayor cantera de humanidad que se conoce y de
            algo más, de todo eso que se llama aristocracia en su sentido auténtico. La verdadera
            aristocracia de España ha sido el pueblo con su sentido incorruptible de justicia, con
            su intuición política tan luminosa que le ha permitido mirar con la mayor indiferencia
            los cambios políticos acontecidos entre eso que se llamaban “los partidos políticos”,
            los cambios entre “conservadores”, “liberales”, y quién sabe qué otra cosa más. Fue
            preciso llegar hasta el umbral de la República, es decir, hasta la decadencia total de
            la Monarquía borbónica que cayó como un fruto podrido, para que el pueblo sintiera con
            sacudida vigorosa que nadie podía detener, que era preciso movilizarse. Y fue el pueblo
            en las ejemplares elecciones del 12 de abril de 1931 quien desterró a la monarquía y
            trajo la República. Y no porque el poder corruptor de los interesados en que tal estado
            de cosas persistiera no intentara ejercitarse, sino porque el pueblo opuso la fuerza de
            su sentido moral y político votando todos; obreros sin trabajo que algunos estuvieron
            aquel día sin comer y rechazaron los duros miserables que le ofrecían y hubo un obrero
            que en su emoción besó la pepeleta al ir a depositarla a la urna.</p>
    <p>En esta lucha que trajo la República empezó a tomar forma y figura la actuación de la mujer;
            apareció la mujer del obrero y del campesino, la mujer escondida en los pueblos de
            Castilla y en los repliegues de la sierra y en la desolación de la Mancha. La mujer se
            puso en pie señalando inequivocadamente como un signo inapelable cuál era el papel del
            hombre. Oí decir a muchas mujeres por esos míseros pueblecillos: “si mi marido no vota a
            la República y se deja comprar el voto que no entre más en mi casa”.</p>
    <p>Se destacó también por su actividad la mujer intelectual, universitaria, que en unos casos
            por sangre y en otros por inteligencia y en otros por ambas cosas se sentía ligada a la
            causa del pueblo. Pero conviene también advertir que decir pueblo en España no es
            exclusivamente proletariado, sino todo aquello que está vivo y con un futuro ante sí,
            todas aquellas fuerzas que no han renegado de su destino histórico, en las que germina
            el porvenir de la España magnífica todavía por crear y que lucha a muerte por su
            existencia.</p>
    <p>Y si aquella lucha por la República era decisiva ¿qué no será la que se libra actualmente? Si
            la República significaba la única forma política posible en que podía vivir el pueblo
            español, la victoria actual sobre el fascismo internacional, sobre esas fuerzas tan
            mezcladas y dispares por sus razas pero concordes en un sólo punto, significa
            sencillamente la existencia de España, su persistencia en el mundo como unidad
            independiente íntimamente ligada a la libertad y dignidad del hombre; siempre ha
            resultado que cuando España ha luchado por su independencia (y son famosas estas luchas
            del celtíbero por su independencia) ha luchado al mismo tiempo [por] la independencia y
            la dignidad del hombre, de todos los hombres.</p>
    <p>La mujer sabedora por intuición y por algo más que por intuición por ese saber seguro, por
            esa certidumbre sobre todas las cosas que da el ser madre de modo limpio y natural, da
            su vida y exige, pide al hombre la suya. No se ha conocido a una sola mujer que intente
            retener a su hijo o su marido entre los muros de su casa para hurtarlo a la lucha, sino
            es esa mujer perteneciente a la clase culpable de la tremenda traición de haber traído
            al feroz moro sobre el suelo de su patria y de haberse aliado con la codicia fascista
            para ofrecer el territorio nacional en eterna hipoteca.</p>
    <p>Y la mujer ha luchado por sí misma, pero más que nada, más que estas Agustinas de Aragón de
            hoy, o tanto como ellas son esos centenares de miles de mujeres que desde el primer
            momento se han dedicado a recoger huérfanos, a llevar hasta la primera línea de fuego
            del frente de batalla los auxilios de la medicina, recogiendo heridos hasta ser ellas
            mismas alcanzadas por las balas, son esas telegrafistas que no abandonan los aparatos en
            la Telefónica cuando en su misma habitación caen las terribles bombas shrapnel y siguen
            transmitiendo al mundo el mensaje que se les ha confiado. Y es la intelectual
            organizadora que interviene en el servicio anónimo de la propaganda poniendo con
            sencillez absoluta una pluma de escritora extraordinaria en la humilde y gran tarea,
            como Rosa Chacel. Es la mujer dotada de extraordinarias dotes de organización y valor
            inaudito como María Teresa León; es la mujer símbolo que reúne a todas, elevando la
            feminidad a categoría suprema de la vida como Pasionaria y tantas más cuyos nombres tal
            vez no conozcamos nunca pero constando en la historia indeleblemente que sin su valor,
            sin su decisión inquebrantable, sin el fuego de sus venas en las que reviven las llamas
            de Numancia y la furia sagrada que se opuso deteniendo hasta en convertir en polvo el
            poder napoleónico, sin esa barrera infranqueable de corazones de mujer, de manos que se
            alzan crispadas, venas rotas, ojos que se levantan no para implorar sino desafiando
            todas las fuerzas ciegas del mundo, España no sería más España. Pero algo más grave
            todavía; el hombre se avergonzaría de serlo y terminada la contienda sobre el infinito
            silencio de la tierra española humillada y vencida, nadie, absolutamente nadie podría
            llevar la cabeza erguida. Y la historia humana, vencido el pueblo español, regresaría a
            los tiempos en que el hombre no era un ser vertical.</p>
  </sec>
</app>
    
<app>
  <title>III. Dos artículos firmados por Ana Carabantes publicados en el
  diario <italic>Frente Popular</italic> en febrero de 1937</title>
  <sec id="cultura-popular">
    <title>Cultura
    popular<xref ref-type="fn" rid="fn54">54</xref></title>
    <p>Ana Carabantes</p>
    <p>Cuando se habla de cultura popular, hay quien piensa que se trata de una cultura especial
            para las masas, una cultura vulgarizada y hecha a medida del vulgo. Pero, si volvemos la
            vista hacia las épocas de la historia en que el pueblo ha tenido una intensa vida
            cultural, encontramos que no ha sido porque haya llegado hasta él una cultura de segunda
            mano, fabricada de ex profeso, sino que, contrariamente, el pueblo ha participado en la
            cultura plenamente, incluso en sus formas más elevadas.</p>
    <p>No se trata, pues, de vulgarizar, haciendo superficiales y chabacanas las formas culturales
            para que el pueblo se nutra de este podrido manjar. La cuestión en realidad tiene dos
            aspectos: el de la producción cultural y el de la transmisión o educación del pueblo. El
            primero, no nos interesa exponerlo ahora; es el problema del enraizamiento del artista y
            del creador intelectual en su pueblo y en las necesidades de la época en que le ha
            tocado vivir; es el problema de la solidaridad del individuo especialmente dotado, con
            la sociedad que le sustenta. El otro aspecto es el más inmediato y urgente para
            nosotros, ahora, aquí en Chile, el de hacer llegar hasta el pueblo los conocimientos
            urgentes e indispensables para que un hombre pueda vivir a la altura de su época.</p>
    <p>Se plantea, por tanto, la cuestión en un doble aspecto: necesidad de una enseñanza técnica
            que mejore y amplíe la capacidad productora del trabajador y la enseñanza de una cultura
            general que permita al trabajador comprender los acontecimientos fundamentales de la
            época que le ha tocado vivir y disfrutar del arte en general, desarrollando su
            inteligencia y su sensibilidad.</p>
    <p>Para la enseñanza técnica se hace preciso, cada vez con mayor urgencia, el establecimiento de
            verdaderas Escuelas del Trabajo, con categoría de Universidades Técnicas Obreras, donde
            los trabajadores mejor dotados o deseosos de aprender, puedan adquirir en su oficio un
            dominio técnico que le hagan dar mayor rendimiento y desarrollar toda su capacidad de
            perfeccionamiento en su oficio. El trabajo del obrero ha sido considerado por largos
            siglos de cultura “del espíritu” como algo al margen de la verdadera cultura, como algo
            vergonzante en lo que no se podía parar la atención por su indignidad y así el
            trabajador llevaba junto con la miseria de su vida esta otra miseria moral e
            intelectual. Y se ha dado el caso de que rarísima vez un obrero ha descubierto nada
            relacionado con su oficio. ¿Por qué? Porque tenía que limitarse por su falta de
            conocimientos y por las condiciones mismas de su trabajo agotador a salir del paso en lo
            que hacía, viviendo como verdadera máquina. Es necesario que el obrero conozca incluso
            los fundamentos teóricos, hasta donde sea posible, de lo que está realizando y de
            ponerle así a la altura de un hombre que trabaja y sabe lo que hace y puede imaginar
            hacerlo mejor, encariñándole con la producción, a la que se sentirá ligado como un
            verdadero creador con su obra.</p>
    <p>Pero, además de productor, el obrero es hombre y como hombre siente la necesidad imperiosa de
            comprender el mundo que le rodea y dentro del cual, vive. Y esto no le es posible hasta
            ahora. Los Liceos y las Universidades son para las clases acomodadas, que salvo una
            minoría no saben aprovecharlas. Se hace cada día más necesario la creación de
            Universidades Populares integradas con un profesorado solvente y capaz, de primera
            línea, la que se enseñe al obrero y al muchacho de la clase media la suma de
            conocimientos de este momento histórico. Geografía, Historia; Historia de la Cultura y
            de la Literatura, Física elemental para que pueda formarse una idea del universo en que
            vive, Economía, Sociología y algún curso, para los más capacitados, de Introducción e
            Historia de la Filosofía junto con Historia del Arte, es algo ya indispensable. Sin duda
            que en Chile no faltan entre los profesores e intelectuales que se preocupan de la
            cultura y mejoramiento intelectual del pueblo, hombres decididos, capaces de hacer con
            gusto un esfuerzo para que esta Universidad sea un hecho. Y los momentos apremian porque
            en la época en que nos ha tocado vivir, un año es mucho tiempo. Los acontecimientos se
            suceden con un ritmo cada vez más rápido. Sería menester, pues, una unificación de todas
            estas buenas voluntades dispersas para la rápida iniciación por lo menos, de una intensa
            campaña de verdadera y auténtica cultura que, sin dejar de serlo, sea para el pueblo tan
            necesitado de ella.</p>
  </sec>
  <sec id="el-problema-de-la-instrucción-primaria">
    <title>El problema de la Instrucción
    Primaria<xref ref-type="fn" rid="fn55">55</xref></title>
    <p>Ana Carabantes</p>
    <p>Para todos los Gobiernos realmente democráticos, es un problema de la mayor urgencia y
            relieve el de la Enseñanza Primaria. Por varias razones, una y la principal, porque esta
            enseñanza se refiere a todos los ciudadanos, porque está antes y previamente que toda
            especialización [técnica] o científica, es decir, porque se refiere al ser humano, en
            tanto que es hombre, sin tener en cuenta su dedicación posterior a una u otra
            actividad.</p>
    <p>Debe por tanto esta educación del niño estar completamente bajo el control del Estado y no
            permitir que otros elementos que representan intereses particulares de secta o clase, lo
            definan y acaparen. Es la primera condición. Pero, naturalmente, no basta, como ha
            sucedido en varios países, que el Estado afirme su derecho a educar a la infancia, si no
            se pone inmediatamente a hacer que la enseñanza primaria dada por el estado era
            insuficiente. Muchos, innumerables niños se quedaban al mismo tiempo que sin pan, sin
            enseñanza. El niño crecía inatendido en medio del arroyo, entregado a los instintos de
            su propia naturaleza, crecía y crece aún por desgracia en esas dolorosas
            condiciones.</p>
    <p>De otro lado, para los que reciben instrucción, no se compone esta de todos los elementos que
            sería de desear, pues educar quiere decir tanto como enseñar a vivir, y ya se sabe que
            sólo nadando se aprende realmente a nadar.</p>
    <p>Quiere esto decir que es absolutamente preciso que se asegure a la infancia el poder asistir
            desde el primer momento, o sea, desde los cuatro años, a establecimientos donde la
            educación sea completa. Donde, además, el interés natural de los padres y sus
            sugerencias sea tenido en cuenta para corregir y enriquecer las tendencias educadoras.
            Se ha dicho innumerables veces que el instinto materno jamás falla en el conocimiento
            del hijo. Y hay mucho de verdad en ello, unido a una falta de cultura en ocasiones, y a
            un exceso de pasión. Y un más grave inconveniente todavía: el que la educación debe ser
            un anticipo de la vida para que realmente nos prepare a ella y la convivencia del niño
            con la madre, cuando es demasiado exclusiva, acarrea esos caracteres débiles e incapaces
            para la lucha que es vivir. Así, la escuela debe aprovechar por medio de Asociaciones de
            Padres o de Amigos de la Escuela, todas estas sugerencias que emanan de la sabiduría del
            instinto materno o de la observación del padre y asimilándolas ir perfeccionando y
            humanizando su sistema. El alma del niño, aunque objeto de innumerables estudios
            psicológicos, es todavía una incógnita en muchas zonas de sus instintos y de su
            sensibilidad y todos los medios son pocos para lograr su conocimiento.</p>
    <p>Pero no es bastante esta colaboración de los padres, sino que el Estado tiene que tener sus
            propias directivas para verificar la educación primaria.</p>
    <p>Hay un hoy en el niño y hay un mañana. Por el primero necesita vivir de un modo espontáneo,
            como un árbol o como un pájaro. Pero, en atención al mañana, debe ir adquiriendo una
            capacitación cultural y manual. Y en su virtud las Escuelas Primarias deben ser todas
            ellas, como cosa normal y no extraordinaria como ahora sucede, para mostrar a los
            viajeros que llegan a los Congresos de tal o cual cosa para que luego salgan
            deshaciéndose en alabanzas, es preciso que como cosa normal el edificio de la Escuela
            esté dotado de piscina, de jardín, de campo de juegos, donde el niño en su primer
            momento de desarrollo, bajo una vigilancia inteligente, vaya tomando contacto con el
            mundo, ese mundo que en su inmensa curiosidad pretende descifrar apresuradamente.
            Igualmente es necesario las enseñanzas complementarias manuales, que eduquen sus
            sentidos y su destreza manual y sensorial. En los grados superiores, las enseñanzas
            complementarias deben tender a una finalidad utilitaria, pensando en aquellos que
            directamente van a pasar de la enseñanza primaria a la lucha por la vida, que vayan
            provistos de los mayores conocimientos para un éxito seguro.</p>
    <p>Pero, fácil es comprender que únicamente un Estado sincera y auténticamente democrático, en
            el cual todos y cada uno de los hombres valga por sí mismo y no por ser nacido de una u
            otra clase social, es quien puede realizar estas legítimas aspiraciones que son tan
            necesarias, como la inmediata y urgente del pan de cada día, pues la miseria intelectual
            no deja, al fin y al cabo, de ser una forma más de la miseria humana, en la que el
            pueblo todavía permanece estancado.</p>
  </sec>
</app>
    
<app>
  <title>IV. Un artículo de Zambrano publicado en la revista <italic>Pan.
  Síntesis de toda idea mundial</italic> (Buenos Aires) en julio de
  1937</title>
  <sec id="el-fascismo-y-el-intelectual-en-españa">
    <title>El Fascismo y el Intelectual en
    España<xref ref-type="fn" rid="fn56">56</xref></title>
    <p>Hemos visto que el fascismo brota de una impotencia, de una energía detenida, de un
            estrangulamiento europeo. Era casi imposible que en España brotara porque España tenía
            su propio conflicto, digamos que el alma española y su historia estaban también
            estranguladas, pero por tan distinto proceso que en Europa, que no cabía apenas pensar
            que el fascismo brotara de esta angustia española. España tenía su propia angustia, su
            propio drama, su propio nudo que apretaba su aliento. ¿Cómo creer que el fascismo,
            nacido de la impotencia del idealismo europeo para superarse, de la enemistad europea
            con la vida, de su adolescencia marchita y estancada, fuese a prender entre nosotros los
            españoles, que tan distinto sino arrastrábamos?</p>
    <p>Era imposible pensarlo. ¡Por tantas razones! Una de ellas que siendo o aparentando ser el
            fascismo como una vuelta a lo nacional, en España teníamos lo nacional, lo propio
            español como lo menos fascista del mundo. Recobrarse España a sí misma, volver a su ruta
            histórica era tanto como irse tan lejos del fascismo que lo convertía en puro
            fantasma.</p>
    <p>Nosotros los españoles teníamos nuestra historia en suspenso; nuestras tradiciones eran puro
            problema hasta tal punto, que los tradicionalistas tenían que inventarlas, lo cual no
            significa que no las tuviésemos sino que estaban allí donde no se nombraban; que
            aquellos que las tenían no las nombraban ni quizá lo sabían y aquellos otros que se
            jactaban de ellas les habían vuelto la espalda hace tiempo.</p>
    <p>La historia española había quedado atrás petrificada, hecha esfinge, por cuyo secreto los
            españoles peleábamos entre sí. ¿Qué español no habrá sentido en algún momento la pelea
            dentro de sí, consigo mismo, por entereza que haya mostrado en su línea de conducta?</p>
    <p>El fascismo en España hubiera sido doblemente falso; falso en dos extractos de falsedad. Una,
            la primaria del fascismo, que ya hemos visto. Pero esta salida del fascismo respondía en
            Europa a una desesperación, a una situación imposible de salvar por una clase social
            hasta entonces directora: la burguesía, incapaz ya de continuar adelante dando nuevas
            soluciones y al no poder darlas se dispone con sus energías a cerrar el paso al porvenir
            cueste lo que cueste. El mismo saludo fascista ya es un signo de mandar parar. Pero en
            España la clase burguesa apenas había hecho nada y más aún, el capitalismo, el gran
            capitalismo que engendra económicamente el fascismo tampoco había existido; ni tampoco
            otras circunstancias que mueven a desesperación como el tratado de Versalles para
            Alemania. Y en el terreno intelectual, España había sido profundamente indócil a la
            cultura idealista de Europa. ¿Entonces?</p>
    <p>El fascismo en España hubiera sido sombra de sombra, falsificación de falsificación, puesto
            que no teníamos ni gran capital, ni burguesía agotada por haber creado una época de la
            historia –tan brillante en Europa y tan exhausta en España– ni idealismo de que salir…
            Nuestra angustia era otra, nuestra asfixia tenía otras fuentes, eran otros los nudos de
            nuestra historia. Una interrupción entre la España brillante del ayer y la triste España
            de las derrotas en África y la pérdida de las colonias, un rompimiento en la marcha de
            nuestra historia que ha sido problema para todo intelectual consciente. En
              <italic>España invertebrada,</italic> Ortega ofrece la tesis de que España nunca ha
            llegado a realizarse por una insuficiencia de su constitución. Sea o no así, sin entrar
            en explicaciones de hecho, existe el hecho de esta desconexión entre la España del siglo
            XVI y la actual. Y el hecho de la desconexión entre los acontecimientos de Europa y los
            de España que con tanta superficialidad como miopía se ha analizado.</p>
    <p>¿Por qué medios, por qué caminos intelectuales se abrió paso el fascismo en España? ¿De qué
            situación salió y contra qué se dirigía?</p>
    <p>Era evidente, la separación real, la escisión que en España había desde largo tiempo entre la
            España viva y la España oficial. Esta última era una especie de sobrepuesto, de careta
            que al par de ocultar impedía el crecimiento de la España viva. Los intelectuales,
            pertenecían a esta España viva, al margen, cuando no en franca rebeldía respecto a la
            España oficial y somnolienta. Es la significación de la llamada generación del noventa y
            ocho, Unamuno, Baroja, ValleInclán y después Ortega, por citar a los nombres de mayor
            significación, se plantaron cara a la realidad española haciéndose cuestión de su ser;
            en todos ellos en diversas formas según su categoría aparece como médula la angustia, la
            interrogación sobre España. Y a veces la desesperación por España. ¡Qué español de buena
            ley ha sido este desesperar y renegar de España!</p>
    <p>Se va marcando cada día más, como distintivo de estas dos castas de españoles esta manera de
            sentir y nombrar a España. Los oficialmente españoles, los que habían establecido el
            estanco del patriotismo y poseían título oficial de defensor de la patria, la nombraban
            y la deshacían. De ellos descienden los que hoy al grito de “¡Arriba España!”, la
            entregaron a ejércitos del fascismo hambriento que quiere la riqueza de nuestro sol y de
            nuestras minas. Entonces no llegaron a tanto, pero malversaban los fondos en Cuba y
            Filipinas, huían en Marruecos y desconocían cada vez más a su pueblo. Ya era bastante y
            preparaba el camino a la traición de hoy.</p>
    <p>Los otros, los españoles herejes, los que gemían y gritaban por España, los que la iban
            buscando por montes y valles, por ciudades y libros, vivían en plena rebeldía, mirados
            con terrible hostilidad por las clases oficiales, por las llamadas “fuerzas vivas”. Tres
            grupos se nos aparecen de esta buena casta de españoles, tres grupos entonces, a los que
            siempre se les deberá reconocimiento por su rebeldía y por su búsqueda de una más firme
            y más feliz España, tres grupos de raíz y pretensiones diversas, de resultados y sino
            distintos, que ahora son bien distinta cosa, pero coincidentes en aquellas décadas en
            estar en pie de guerra contra la falsa España, contra la máscara de la España viviente y
            verdadera. Son estos tres grupos, el Partido Socialista, fundado por Pablo Iglesias, la
            Institución Libre de Enseñanza y la llamada generación del noventa y ocho.</p>
    <p>Eran, cierto es, muy distintos y cada uno traía una apetencia, una imagen diversa de la
            España por venir. La generación del noventa y ocho era más una crítica que una petición
            concreta. El más concreto en sus requerimientos era sin duda el partido de Pablo
            Iglesias.</p>
    <p>La orientación de la Institución Libre era crear una clase social nueva en la sociedad
            española: una burguesía intelectual, liberal, tolerante, amplia de ideas y sobre todo en
            materia religiosa. En su fundador don Francisco Giner de los Ríos debió haber sin duda,
            algo muy español, un espíritu fundador semejante en calidad al de los grandes fundadores
            de nuestra cultura. El Partido Socialista ha tenido la gran virtud de educar moralmente
            a la masa obrera, de crear una aristocracia verdadera en el proletariado, un tipo de
            obrero conocedor de sus deberes y derechos, con un sentido de la justicia por lo demás,
            muy del pueblo español. Un obrero inteligente y honesto.</p>
    <p>La generación del noventa y ocho de la que será preciso un largo estudio, sembraba ante todo
            la inquietud, la desconformidad, el afán ardiente de mejora y la conciencia de nuestras
            taras, de nuestros terribles, tremendos defectos: ensayaba todas las definiciones
            posibles del español según sus defectos.</p>
    <p>Dirigiose el Partido Socialista predominantemente a la clase obrera, penetrando también en
            grupos de la clase media intelectual y llegando a rodearse de una general atmósfera de
            respeto. Pero, lo que con el Partido Socialista se introducía en la vida española era un
            sentido de disciplina y lo que era más nuevo para los españoles: un sentido y una
            preocupación por la eficacia<italic>.</italic> Una inteligencia guiada por este afán y
            alcanzando poco a poco un método, creció junto al socialismo. Hubo unos años, allá entre
            antes de la Guerra Europea y la revolución rusa, en que como atmósfera general se
            respiraba en la vida intelectual de España un acercamiento tácito al socialismo.</p>
    <p>En cuanto a la Institución Libre de Enseñanza fue, claro está, un movimiento intelectual, en
            el que el intelectual buscaba su clase social o su puesto en la sociedad; en este
            sentido se cruza con el socialismo. El intelectual, especialmente el profesor ocupa un
            tristísimo lugar en la sociedad española; es algo fantasmal y vergonzante, de existencia
            híbrida entre el obrero y el “señorito”. La carencia misma de esa burguesía que llevó el
            peso de las tareas sociales en Europa, dejaba en un desierto al profesor español. La
            Institución Libre buscaba crear y creó algunos núcleos de esta clase social burguesa
            impregnada de cultura, protectora y simpatizante de actividades culturales, elevando al
            mismo tiempo la categoría del profesor y del sabio, haciendo de ellos seres sociales y
            con una circulación, con un valor social. Para entender lo que se propuso hacer y su
            raíz, hay que conocer esos ambientes de la novela de <italic>El amigo Manso</italic> de
            Galdós, de <italic>El profesor auxiliar</italic> de Pérez de Ayala… esas existencias
            amargas y solitarias atravesando todas las angustias del aislamiento y de la pobreza,
            que la dignidad convertía en martirio.</p>
    <p>Si estos dos grupos nos hablan de un afán creador de nuevas clases sociales: el proletariado
            y la burguesía culta, la “generación del noventa y ocho” nos habla de algo menos
            concreto y más extenso, más diríamos, básico de la vida y la inteligencia españolas: el
            anarquismo. Se podría afirmar que la característica intelectual de esta generación,
            mientras tuvo vitalidad, es la del anarquismo español, tan fácil de sentir y entender
            para un español y tan difícil de explicar, tan lleno de sustancia rica y fecunda en sus
            tremendas contradicciones. No importa que Unamuno atormentado en sus últimos días de
            Salamanca tuviese la debilidad de afirmar siquiera, por un momento, lo que toda su vida
            había ardientemente combatido; que un Baroja ande errabundo por París. Ellos lucharon,
            escarbaron en el alma española. Inquietaron, buscaron… En ningún caso, aunque
            personalmente llegara a decirlo, el sentido de su vida y de su obra tendría nada que ver
            con el fascismo. Cuando se ha producido una obra, ya poco importa que su propio autor
            diga, y dictamine sobre ella; la obra tiene ya su propio sentido por encima de los
            caprichos y obcecaciones de su autor que puede incluso haber perdido su clave. Esto al
            Unamuno que escribió la <italic>Vida de don Quijote y Sancho</italic> no le extrañaría
            nada.</p>
    <p>Pero esta siembra de inquietud, unida a la inquietud creciente de la vida española y a la
            tensión cada vez mayor de la sociedad, escondida, tuvo que engendrar una reacción. Había
            algo común en las jóvenes generaciones: un afán social que se traducía en lo intelectual
            en un deseo de “servir”, en usar de la inteligencia de un modo diríamos limitado; la
            inteligencia se fijaba en sus límites y quería encajarse en una necesidad social. El
            surrealismo pasó sobre España significando sin duda, algo muy hondo, pero que fue
            alcanzado enseguida por este afán de integración social.</p>
    <p>Al mismo tiempo flotaba un cierto apoliticismo, un afán de no
    pertenecer a ningún partido político, por sentirlos insuficientes,
    pues lo que se buscaba era una nueva forma de vida.</p>
    <p>Parte de esta juventud intelectual vino a sentir como eje de sus preocupaciones, siendo en
            esto heredera de la generación del noventa y ocho, la angustia y el problema de España,
            recogiendo el ámbito de sus preocupaciones dentro de un redescubrimiento de lo
            nacional.</p>
    <p>Peligrosa era, esta intuición, si era incompleta, es decir si no
    iba integrada por la intuición y por el sentimiento de lo popular,
    del pueblo español como contenido permanente de lo nacional.</p>
    <p>El primer grito de la inteligencia fascista lo dio en España, como una controversia y aun
            ataque a la generación del noventa y ocho, y contra la <italic>España
              invertebrada</italic> de Ortega y Gasset, Giménez Caballero. Desde <italic>La Gaceta
              Literaria</italic> comenzó a importar el fascismo italiano. Su libro <italic>Genio de
              España</italic> es su formulación más clara. El área de la intelectualidad en que tal
            pensamiento importado prendiera fue sumamente restringida; apenas hay nombres: Eugenio
            Montes, Sánchez Mazas… ¿Cómo pretendieron entroncarlo con la vida y los problemas
            españoles? Muy sencillo: se trata de una simple superposición de pensamientos fáciles y
            de cierta brillantez sobre auténticas angustias y problemas. Sobre la conciencia del
            estrangulamiento de la historia de España, sobre la naciente intuición de la realidad
            nacional, sobre el presentimiento de un Renacimiento español… colocaron sus tópicos
            traídos de Italia. Y la suprema suplantación de mentar cosas verdaderas que en ellos
            eran tremendas mentiras: la vuelta a lo nacional, la moral de la inteligencia, el
            conocimiento de que la inteligencia sí delinque, la necesidad de intuiciones
            fundamentales en que apoyar toda especulación. Pero hacían eso, nombrar para utilizar en
            sentido contrario, verdades que apuntaban entre los escombros de la cultura pasada.</p>
    <p>Porque lo fundamental en estos intelectuales es lo que querían justificar, el porqué de todos
            sus afanes teorizadores. ¿Qué hecho querían teorizar?</p>
    <p>Querían ante todo justificar una situación individual que por ser propia de los individuos de
            una clase social logró prender. Y esto es lo que tiene de común con el fascismo europeo
            y lo que hace ser fascismo a esta actitud intelectual: el ser una máscara intelectual de
            una actitud doble: por una parte es una manera de no renunciar al contacto y ventajas
            del trato con las fuerzas del pasado; es el no tener que discutir con la familia, el no
            tener que renunciar a las colaboraciones de periódicos de la derecha, el disfrutar las
            ventajas “mientras duran” de la sociedad y economías que están al caer. Justo es
            observar que como en España las clases sociales más poderosas han tenido un profundo
            desprecio por el intelectual al que jamás se dignaron tratar, no era muy lucrativo ni
            fácil el disfrutar de su cobijo. Ha sido menester que se sintiesen en peligro, y como en
            caso urgente y extremo se hayan decidido a servirse de los oficios de algún intelectual
            alquilado para el caso, un García Sanchiz, un Pemán que era de ellos, un Eugenio Montes…
            pero tuvieron que verse los señoritos muy apurados y plegarse los intelectuales a todo,
            renunciando hasta el decoro de la forma intelectual.</p>
    <p>La otra faceta de la actitud intelectual del fascismo, es más honda y terrible, es la
            incapacidad de crear. Es el encontrarse con unas dotes, con unas capacidades, con unas
            armas retóricas sin empleo. Viene el desocupo efectivo de la inteligencia. Así como el
            fascismo en el terreno económico se origina en gran parte en el flotar sin tener a qué
            agarrarse del “sin trabajo”, en el terreno intelectual viene también de una falta de
            auténtico quehacer, de una cesantía de la vocación. La inteligencia flota en el vacío,
            pero el hombre no puede estar sin hacer nada, no puede permanecer sin esforzarse en
            algo, siquiera sea en hacer que hace. Ante la nihilidad que le rodea, ante la nada en
            que flota, la inteligencia sin vocación se retuerce sobre sí y se traiciona. La
            inteligencia está amarrada a residuos de creencias descompuestas del pasado, a
            limitaciones impuestas por la falta de valor para romper nudos sociales, y lo que es más
            decisivo: la falta de una intuición modelo, la falta de la presencia de una realidad que
            presione. Pero esta ausencia de intuición, esta falta de sentir la realidad llega a
            transformarse en el fascismo, en un evadir la intuición y la realidad, en una huida
            sistemática y encubierta de la realidad. Pero como la realidad está ahí, sigue
            existiendo, hay que aplastarla y aniquilarla. Todo fascismo acaba en matar, en querer
            matar aquello que no quiere reconocer. La inteligencia en su infierno, delira, y
            delirando en el ápice del resentimiento desesperado, se niega; el intelectual fascista
            se pisotea a sí mismo al ponerse a los pies de la violencia, al renunciar <italic>sine
              die</italic> a toda especie de razón.</p>
    <p>Resulta imposible encontrar juntos creación intelectual y fascismo. El intelectual que
            recorre el camino de la vocación, de un quehacer, que responde a una exigencia real; el
            que ama la realidad y aun sin proponérselo la sirve, no resulta jamás fascista. Hemos
            vuelto al punto de partida en el examen del fascismo: una enemistad con la vida, una
            impotencia de recibir la realidad que hace imposible la creación intelectual. Una
            negación completa. Obsérvese lo que les pasa a los teorizantes fascistas: que una vez
            que han dicho… lo que todos dicen, ya no tienen nada que decir a la nada de donde
            salieron; están revolviéndose en ella en este infierno de la inteligencia. “El infierno
            es el lugar donde no se ama”. Donde no se espera.</p>
  </sec>
</app>
    
<app>
  <title>V. Un artículo de Zambrano enviado desde España y publicado en
  agosto de 1937 en los diarios <italic>Crítica</italic> de Buenos Aires
  y <italic>Frente Popular</italic> de Santiago de Chile</title>
  <sec id="sobre-la-tierra-de-muerte-en-madrid-brotaron-flores-de-paz">
    <title>Sobre la tierra de muerte en Madrid brotaron flores de
    paz<xref ref-type="fn" rid="fn57">57</xref></title>
    <p>Madrid, al año de guerra. Desde lejos solamente llamas se ven de esta ciudad convertida en
            hoguera. El resplandor ciega, y por el resplandor se juzga al fuego. Pero dentro no es
            así. Al irse acercando a Madrid, el aire se adelgaza y la tierra se eleva. La llanura, y
            más que llanura, estepa castellana, se extrema en sequedad; la vegetación casi
            desaparece; algunos cardos quemados ya, algún campo de pálido centeno, alguna pobre
            huerta donde la verdura apenas iniciada se mustia, y nada más. Los elementos de vida van
            disminuyendo hasta desaparecer, y hay horizontes vacíos sin rastro de planta ni animal y
            otros en que sólo el toro puebla con su serio ímpetu aquellos campos inhabitables.</p>
    <p>Y de pronto, sobre la estepa, surge la ciudad con toda su magnificencia, si se mira de lejos,
            y con los pobres casuchos que la rodean, si se mira de cerca. Como en Oriente, no hay
            término medio entre la desolación y el esplendor, y han sido ya varios los escritores y
            viajeros que han sorprendido esta semejanza asiática de Madrid. Hoy esta desolación
            cobra un significado espiritual: es la estepa que rodea al misterio, la nada para los
            sentidos que anuncia una realidad de otro orden, el silencio que precede a una aparición
            de algo superior y extraordinario. El camino hacia Madrid hoy es el camino hacia lo más
            grande y mejor que el hombre está produciendo. Y como para el ser humano la realidad
            existe en función de la imaginación, estos tristes campos madrileños, su pobreza y
            avidez adquieren rango de signo de lo que allí está aconteciendo. Los humildes rastrojos
            y tejares son mirados como cosa sagrada, y hasta los secos arroyos y los perros flacos
            que por allí merodean, parecen estar advirtiendo algo, significando algo.</p>
    <p>Pero, si Madrid es algo, es la naturalidad máxima con que seres y cosas viven y se
            desenvuelven en su recinto; la virtud madrileña por antonomasia es la familiaridad. Todo
            en él es próximo y conocido; nadie se siente extraño en Madrid, y los más dispares seres
            conviven como acogidos en un fondo común tan humano, que a todos acoge por igual, y que
            neutraliza todo desnivel y hace comunicarse entre sí, a cada uno, sus diferencias que,
            al ser comunicadas, se transforman en materia, no de disputa, sino de enriquecimiento
            común.</p>
    <p>Antes ya era esto Madrid; por eso lo incomprensible y dislocado que en él se haya producido
            la tremenda lucha: pero realmente no ha sido en él, sino sobre él. Pero hoy, al año de
            martirio, de sufrir todos los encarnizados bombardeos, toda la furia de los obuses,
            Madrid se levanta íntegro, por milagro, más quintaesenciado en sus virtudes, y hasta su
            propia luz parece haberse purificado y ser más clara.</p>
    <p>No es la ciudad atormentada que desde fuera se imagina. La misma muerte, que ha impreso su
            huella en sus calles y edificios tiene un rostro sereno.</p>
    <p>Algo tremendo, pavoroso, ha sucedido en Madrid, pero algo que es hoy historia pura,
            acontecimiento logrado e inexorable y que nada ni nadie podrá alterar. Uno piensa que
            sería la peor sentencia para los facciosos, si ellos fueran capaces de percibir tales
            categorías, al asomarlos a Madrid, hacerles recorrer sus lastimadas calles, pisar su
            herido suelo y respirar su aire que arrastra ráfagas de muerte; hacerles contemplar todo
            esto y decirles: “Esta es vuestra obra; pensad en el dolor humano que todo esto supone,
            en los daños terribles e irreparables y, con todo, con tanto dolor y ruina, Madrid la ha
            transformado en serenidad, en realidad histórica inexorable que nada – ni el resultado
            mismo de la guerra– podrá cambiar. Madrid, podríamos decir, ha subido al cielo, al cielo
            humano, donde ya nada puede mermar su gloria. Esta es, sí, vuestra obra”.</p>
    <p>*</p>
    <p>Pero siempre fue de esta manera. Lo realmente superior en los acontecimientos humanos ha sido
            probado en la lucha con lo torpe y obscuro, y nada que ha alcanzado existencia lo ha
            hecho sin tener que pasar por negras cárceles, y cuanto más alta y permanente es esta
            existencia, cuanto más cerca de lo que no pasa, más terribles son las pruebas. Madrid
            tenía también que sufrirlas, y aquí está, envuelto en su serenidad, más alto que nunca,
            más sencillo y sin habérsele subido los humos a la cabeza por su hazaña. Cree que ha
            hecho solamente lo que tenía que hacer, y ninguna vanidad le acomete. Estaba en su sino,
            en su camino el hacerlo y lo ha hecho. Eso es todo.</p>
    <p>Es lo que dice con sencillez máxima cualquiera de los muchos
    madrileños que por nada ni ante nada han consentido abandonar su
    ciudad. Un muchacho de las escuelas Alerta, que no pasaría de los
    catorce años, decía, saludando al Congreso de Escritores: “Yo
    desearía que ustedes viniesen en otra ocasión, dentro de unos años,
    para que vean bien Madrid, porque hoy estamos… un poco mal con los
    obuses que caen”. ¡Un poco mal! Es toda la mayor queja del
    madrileño. ¡Un poco mal!</p>
    <p>El barrio de Argüelles es zona de guerra todo él. Era uno de los barrios más alegres y
            populosos de Madrid. La Plaza de la Moncloa, límite de Madrid con el campo –lo único de
            los alrededores de Madrid que se puede llamar campo–, de donde partían los alegres
            autobuses a la Ciudad Universitaria, ahora es campo, tierra seca donde crecen unas
            cuantas malvas reales, de algún derruido jardín y corren entre las calcinadas piedras
            los lagartos y lagartijas. Un silencio solidificado, un silencio de siglos, llena su
            espacio que no alteran los estampidos secos del cañón cercano. Unos cientos de metros
            más allá, el Hospital Clínico, renegrido y casi deshecho, contiene entre sus derrumbados
            muros a unos cuantos fascistas. Aun oyendo el tableteo de las ametralladoras, parece
            increíble y tan seguro el que ¡en Madrid jamás entrarán!</p>
    <p>Es muy rara la casa de este barrio de Argüelles que no muestra sus entrañas, que tras sus
            muros a veces intactos no esté vaciada, con esa mirada terrible de los balcones vacíos,
            ojos sin pupilas que aún nos siguen mirando.</p>
    <p>Y a veces un retrato familiar, colgando aún de un tabique, una mesa sostenida por inverosímil
            equilibrio, una mesa puesta para comer, una habitación íntima y familiar con los menudos
            objetos todavía en su sitio están al aire mostrando toda su intimidad sorprendida y
            truncada por la muerte y la ruina. Tiestos caseros con geranios que la lluvia o la mano
            de alguna vecina rezagada riega. La “Casa de las Flores”, con sus tiestos fragantes allí
            donde las bombas no alcanzaron, y la cervecería, con su salón derruido, en un enorme
            cráter, y el mismo letrero de la fachada, cortado por la mitad, en cuyo mostrador en pie
            se sirven cervezas o “lo que haya”.</p>
    <p>Por la “Bombilla”, los merenderos presentan igual aspecto. Todos destruidos, pero en uno ha
            quedado el aparador con sus menudos enseres, el salero todavía con una sal que nadie
            usará. Y como enigma que no acertamos a descifrar, dos cochecitos de niño vueltos hacia
            arriba y retorcidos a ambos lados del camino. ¿Qué hacían allí esos cochecitos
            infantiles cuando la metralla llegó?</p>
    <p>Un soldado vigila en su parapeto; en él tiene dos jaulas con dos
    jilgueros a quienes cuida; “lo primero son las hojitas de
    lechuga”…</p>
    <p>Y ya en la Estación del Norte, después de haber visto la ermita de San Antonio de la Florida,
            donde Goya pintara sus ángeles madrileños, quemada y ennegrecida, entre vagones partidos
            por la mitad, hierros retorcidos, hondos cráteres entre rieles, un viejo tren blindado
            –que cumplió magníficamente allá por el mes de agosto–, allí vemos algo que parece ser
            un símbolo. Sobre uno de los vagones destrozados cayó tierra de la que levantó una
            bomba, y en esa tierra ha crecido un pequeño jardín: un amarillo jaramago, unas azulinas
            han brotado sobre el techo del vagón, en la tierra que arrancó la garra tremenda de la
            muerte. Y esto es Madrid.</p>
  </sec>
</app>
    
<app>
  <title>VI. Un artículo de Alfonso Rodríguez Aldave de enero de
  1937</title>
  <sec id="pobre-d.-miguel-de-unamuno">
    <title>Pobre D. Miguel de Unamuno!!
    <xref ref-type="fn" rid="fn58">58</xref></title>
    <p>Alfonso R. Aldave</p>
    <p>Pobre D. Miguel de Unamuno, nuestro querido Maestro. En la vida de algunos hombres hay
            destinos trágicos y uno de ellos ha sido el suyo. Tenía cuanto un mortal podía
            ambicionar para ser inmortal, para dejar obra imperecedera: adornado de talento, dotado
            de cultura y con la gracia de una pluma fácil, podía haber pasado a los clásicos
            hispánicos como la mentalidad más fuerte, como la auténtica personificación de los años
            en que había vivido. Pero era de una personalidad exuberante y presumía de
            independiente, aunque en realidad era esclavo de sí mismo, de una de las facetas, la más
            imperfecta, de su poderosa personalidad y esto le ha llevado al extremo de morir en
            pugna con su pueblo y su historia de la que había sido encarnación viva y trozo
            sangriento.</p>
    <p>Ha sido una gran tragedia su muerte, que acaeció en los comienzos de la insurrección fascista
            y una tragicomedia su desaparición, hace unos días, en la triste desolada y mortecina
            Salamanca. El que fue un Maestro auténtico, contaba con un gran cúmulo de discípulos que
            le adoraban y querían, que incluso sabían ahogar sus brotes de originalidad y fuerza
            creadora en su presencia, para convertirse en disciplinados alumnos que sólo ansían la
            palabra del Maestro. Y tuvo también en su derredor –qué Maestro ha estado desprovisto de
            ellos– pobres diablos arribistas y atrevidos, que se le juntaban y acompañaban con gesto
            sumiso y admirativo para cotizar su autoridad y prestigio. O sea que hasta en sus
            discípulos había esa dualidad trágica, que ha presidido toda su obra, que existía
            incluso entre sus amigos y los que se sentían unidos a él por lo que había de positivo,
            una innata distinción entre auténticos y falsos; entre su persona y los que se le
            sumaban basándose en lo que ofrecía de deleznable y vacuo, chabacano y tornadizo.</p>
    <p>Y naturalmente, en sus dos fechas –19 de julio y 1° de enero– la de su muerte y la de su
            desaparición, han estado presentes todos ellos. Cuando por una serie de resentimientos y
            olvidándose de sí mismo, del Unamuno escritor y Maestro, y pendiente sólo del Unamuno
            anciano que va al ocaso de su vida, se puso junto a los facciosos o por mejor decir
            contra Azaña, sus discípulos clamaron estentóreamente contra él. “Cuando encontréis un
            mentiroso, decidle mentira y seguid adelante”, les había dicho D. Miguel y eso hicieron
            sus discípulos. Bergamín, el primero de todos ellos, el católico Bergamín, con lágrimas
            en los ojos y deshaciéndose el corazón se vio obligado a confesar que se sentía cada día
            más unido a la obra de Unamuno y desligado de su persona. Lloró la muerte del Maestro y
            en lo sucesivo de Unamuno como si éste hubiera partido para el viaje del que no se
            retorna. Quedaron vacíos en Bergamín sus preferencias, puesto que no cabían ni fórmulas
            de arreglo, ni falsas componendas.</p>
    <p>Cuando los discípulos auténticos le habían abandonado, cuando se alejaron los que como él
            sentían a España “en el cogollo del corazón” acercáronse otros escritores, pero que no
            tenían con el Maestro la intimidad y la comunidad de problemas y afectos que los
            primeros. Los nuevos discípulos eran escritores formados en todos los vientos, que
            habían bebido en todas las fuentes, que carecían de hondura, vocación y fuerza. Eran
            literatos como Obregón, que se formó en el Ateneo de Madrid, debiendo cuanto era a su
            Secretaría en dicho centro, o como la Serna que estaba siempre de vuelta de todos los
            credos y de todas las amistades o como el tenor Fleta, que jamás conoció a D. Miguel.
            Indudablemente que se trataba de las compañías menos indicadas para el Maestro.
            Superficiales profesionales sin auténtica pasión… pobre D. Miguel! De seguro que al
            darse cuenta Unamuno de las compañías que disfrutaba se daría cuenta exacta de lo
            horrible de su fracaso. Morir lejos de José María Quiroga y José Bergamín y acompañado
            de Obregón y Víctor de la Serna! Pobre D. Miguel! Es más bien digno de lástima, pues no
            merecía que el destino le castigara tan rudamente en su vanidad y egocentrismo,
            apartándolo en la hora de la muerte de cuantos le quisieron profundamente.</p>
  </sec>
</app>
    
<app>
  <title>VII. Una entrevista a Alfonso Rodríguez Aldave realizada durante la
  escala en Buenos Aires del viaje de vuelta a España y publicado el
  diario <italic>Crítica</italic> el 15 de mayo de 1937</title>
  <sec id="va-a-luchar-por-los-leales-un-diplomático-español">
    <title>Va a luchar por los Leales un Diplomático
    Español<xref ref-type="fn" rid="fn59">59</xref></title>
    <p>De paso por Buenos Aires, han estado fugazmente entre nosotros el secretario de la embajada
            de España en Chile, D. Alfonso Rodríguez Aldave, acompañado de su esposa, la conocida
            escritora y ensayista, colaboradora de <italic>Crítica</italic>, María Zambrano. Ambos
            partieron a las diez horas de hoy en el Campana, con rumbo a Valencia, donde el joven
            diplomático vasco, que cuenta 26 años de edad, va a incorporarse a las filas del
            ejército republicano.</p>
    <p>Rodríguez Aldave representa una generación española, que concreta su personalidad en el
            instante presente, en que la península afronta una de las horas más difíciles de su
            historia. Doctor en filosofía y letras, sin haber militado en ningún partido, fue uno de
            los propulsores de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, llamándolo el gobierno
            leal a desempeñar el cargo de diplomático en Chile, el 7 de septiembre del año
            pasado.</p>
    <p>El Ejecutivo de Valencia ha movilizado las clases que estuvieron bajo bandera desde 1932
            hasta 1936, no excluyendo del llamado a los miembros del cuerpo diplomático y consular
            de España.</p>
    <p>— El gobierno ha comprendido –nos dice Rodríguez Aldave–, que todo hombre joven que en los
            angustiosos momentos presentes no tome las armas para luchar en las trincheras,
            carecería de porvenir en España, y es por eso que no ha excluido de su convocatoria a
            los diplomáticos, que deben cumplir con su deber al igual que todos sus hermanos
            españoles, en el frente de batalla.</p>
    <p><bold>América se estaba apartando de España</bold></p>
    <p>— ¿Qué impresiones lleva de América, al regresar a España?
    –interrogamos al joven diplomático.</p>
    <p>— Llevo una impresión magnífica del pueblo y de los intelectuales americanos –responde–. Yo
            conocía solamente Venezuela, hasta que fui designado para ir a Chile. América, que se
            estaba apartando de España, vuelve a sentirse unida espiritualmente a ella, sintiendo
            como si el destino de España fuera su propio destino. Durante mi estada en Chile, he
            podido constatar hasta qué punto las masas populares del noble país vecino, se han
            identificado con la gran tragedia que se desenvuelve en los campos ensangrentados de
            España. Creo que el porvenir de la raza, tanto allá como aquí, será obra exclusiva del
            pueblo, artífice insuperable de todas las transformaciones, cuando ellas tienen la
            trascendencia actual, en que se juega mucho más que el porvenir de España, pues la
            derrota del fascismo por las tropas del Ejército Popular, significará la muerte del
            fascismo internacional, y la consiguiente clausura de una etapa histórica en que las
            fuerzas obscuras de la reacción pretendieron resurgir, más que nunca animadas de sus
            instintos más repugnantes.</p>
    <p>Desde que se inició la guerra española contra el fascismo
    internacional, España está reconquistando espiritualmente América.
    Hoy es una satisfacción y un verdadero orgullo para un diplomático
    español, recorrer América.</p>
    <p><bold>El sentido democrático y antifascista de Chile</bold></p>
    <p>El joven diplomático, que habla con energía y dinamismo, se refiere luego a su estada en
            Chile.</p>
    <p>— El noventa por ciento de la población de Chile está fervientemente identificada con mi
            gobierno. Es así como aquel pueblo, que lucha con dificultades económicas, siente y
            palpita magníficamente con España. Respecto a los intelectuales, ha sido notable la
            labor de todos ellos en favor nuestro. Cabe destacar la acción del Comité Pro España
            Republicana, que preside el decano de la Facultad de Filosofía y Letras, don Luis
            Galdames, ilustre historiador, acompañado por otros catedráticos, entre ellos el ex
            canciller David Cruz Ocampo, Eugenio Pereyra, Gustavo Fernández y otros. Sería largo
            enumerar el grupo de hombres notables que nos han hecho llegar su palabra y su acción
            reconfortante. Mencionaré, sí, a los escritores Alberto Romero, Manuel Rojas, Ernesto
            Montenegro, Pablo de Rokha y Vicente Huidobro. Creo que no valdría la pena insistir
            sobre la personalidad de Pablo Neruda, ya que está en la conciencia de todos su apoyo
            incondicional a España, que le ocasionó entre otras cosas la pérdida del cargo de
            diplomático que tenía en España.</p>
    <p>Este ambiente al que aludo, ha sido posible en Chile, merced al
    profundo sentido democrático y antifascista del pueblo chileno, del
    que se ha hecho eco su prensa.</p>
    <p>¿Y qué podría decir yo –prosigue– en elogio del embajador Rodrigo
    Soriano, el hombre insustituible para tan alto cargo, en el que se
    muestra cada día más joven, caballeresco, dinámico y acertado?</p>
    <p>Respondiendo a una pregunta nuestra, Rodríguez Aldave vuelve a
    referirse a España.</p>
    <p>— De la guerra surgirá una España poderosísima, desligada de ataduras ancestrales que le
            impedían afirmar rotundamente su propia personalidad. La destrucción de las fuerzas
            reaccionarias permitirá elevar en nuestro suelo una Democracia auténtica, que será
            lógicamente de tipo genuinamente español, pues lo curioso de esta lucha es que la España
            leal que combate contra los que se dicen depositarios del nacionalismo, es precisamente
            la que entraña lo más puro y auténtico del temperamento español, con sus rebeldías, su
            individualismo y su formidable amor a la libertad en todas sus formas. Tal es el
            espíritu que anima a la España republicana, merced al cual pudo realizar la milagrosa
            tarea de los primeros meses de la guerra, cuando el pueblo peleó mano a mano con el
            ejército sublevado y contra tropas especializadas italianas y alemanas.</p>
    <p>Esta heroica resistencia de España al fascismo internacional, se nutre en las más hondas
            raíces de nuestra propia historia, y es así que nuestra lucha se identifica con el
            porvenir del mundo, pues bajo el ejército del Frente Popular se hundirá la amenaza
            fascista internacional, que comenzaba a inquietar al mundo…</p>
    <p><bold>Nunca ha estado España cerrada contra el mundo</bold></p>
    <p>El secretario Rodríguez Aldave, refiérese luego al viaje que ha
    iniciado hoy.</p>
    <p>— Vamos directamente a Valencia, donde seré destinado por las autoridades militares. No les
            ocultaré que mi más ferviente deseo, una vez incorporado al glorioso ejército popular,
            el más glorioso de la historia, sería ir a pelear a las órdenes de Miaja, el maravilloso
            general vasco.</p>
  </sec>
</app>
    
<app>
  <title>VIII. Tres documentos de prensa relacionados con la estancia chilena
  de María Zambrano y Alfonso Rodríguez Aldave</title>
  <sec id="figuras-de-españa">
    <title>2 Figuras de
    España<xref ref-type="fn" rid="fn60">60</xref></title>
    <p>Pablo de Rokha</p>
    <p>Es el destino del hombre, lo que se está jugando en España.</p>
    <p>La gesta heroica del pueblo español, la gran tragedia esquiliana, epopeya inaudita y
            tronadora, que lo sitúa en el primer plano de la grandeza humana y en el vértice del
            espíritu es la pelea por la defensa de la libertad y la dignidad del ser consciente. Sí.
            La bestia fascista, el moro, el italiano, el nazi, el aventurero internacional,
            comprados, como un espantoso rebaño asesino, o engañados y estafados como una gran piara
            de imbéciles, por el señoritorequeté, por el señorito-cura, por el señorito-militar y
            traidor, se ha partido el hocico contra la vanguardia de la Humanidad y la civilización
            humana: el pueblo español, España. El pueblo español de Cervantes y los conquistadores,
            el pueblo español de la novela picaresca y los guerreros y los santeros anónimos y las
            ruidosas catedrales. El pueblo español de las Mercedes y las Dolores y las Remedios y la
            morena Carmen gitana, junto a la gran estampa de sus varones austeros y egregios frente
            a la muerte, como tallados en hierro y piedra y fuego.</p>
    <p>A estas alturas corresponde un clima tenaz y acerbo, tenaz y egregio, un clima grandioso de
            epopeya.</p>
    <p>Allá van a conectar su corazón con él, Alfonso Rodríguez Aldave, compañero del caballero
            popular Rodrigo Soriano, y Secretario de la Embajada de España en Chile, llamado, como
            soldado, por el Gobierno de España, a empuñar un fusil en el frente de combate, y su
            mujer María Zambrano, la poderosa escritora. Nosotros los veremos partir a estos
            ilustres y leales amigos, con una gran envidia y una gran vergüenza por su ardiente y
            terrible destino dramático y por su gran camino del Calvario. Alfonso Rodríguez Aldave,
            espíritu magnífico de sencillez, acrisolado de claridad varonil, de lealtad y dignidad,
            auténticamente ibéricas, nutrido y ceñido de un gran esquema de la cultura materialista
            y heroica, va a pelear de hecho, como hombre, contra la fiera idiota del fascismo, va a
            pelear mano a mano, pecho a pecho, con los invasores criminales de su gran tierra
            nativa. La intelectual espartana, la mujerpueblo con antigüedad y autoridad de masas,
            que existe en María Zambrano comparte su porvenir soberbio. Chile les despide, Chile, es
            decir el pueblo de Chile, la gran medalla forjada con la efigie de la Iberia y la
            Araucania, el pueblo de Chile, engañado, explotado, azotado por el régimen y los bufones
            y las farsantes del régimen, el Chile hambriento, pero eterno, les destina su fuerte
            abrazo.</p>
    <p>Y nosotros lo escribimos en estas letras viejas de la emoción
    humana.</p>
  </sec>
  <sec id="rodríguez-aldave">
    <title>Rodríguez
    Aldave<xref ref-type="fn" rid="fn61">61</xref></title>
    <p>El regreso a la Península del distinguido diplomático que hasta ayer desempeñaba entre
            nosotros el cargo de Secretario de la Embajada de España, señor Alfonso Rodríguez
            Aldave, ha sido unánimemente lamentado por la opinión pública chilena, que vio en él no
            sólo al eficaz colaborador de las excepcionales tareas que las circunstancias han
            impuesto al Excmo. señor Soriano, sino también a un representante de la nueva diplomacia
            de la República, que por sobre las estereotipadas fórmulas protocolarias, se demostró
            ante nuestro pueblo como un leal amigo de Chile y esclarecido servidor de la causa de la
            democracia y de la unión espiritual y material entre su patria y la nuestra.</p>
    <p>La actividad desplegada en el ejercicio de su cargo por el señor Rodríguez Aldave, su
            laboriosidad sin tregua y su afán constante de servir a la causa de la República en los
            momentos en que el fascismo internacional se coaliga para secundar la obra de los
            generales traidores, necesita ser destacada como un ejemplo para todos los diplomáticos
            sinceramente republicanos y democráticos.</p>
    <p>Durante su breve desempeño el señor Rodríguez Aldave no conoció
    prácticamente el descanso. Ha sido para el Embajador de España un
    colaborador inestimable, que supo interpretar, en el ejercicio de su
    Secretaría, la política de sincera amistad para nuestro país de que
    aquel es personero y de la que pruebas tan elocuentes ha dado.</p>
    <p>Llamado por su gobierno –según se nos ha comunicado– a cumplir sus deberes militares en estas
            horas de lucha sin cuartel, el señor Rodríguez Aldave deja entre nosotros un recuerdo
            imborrable de amistad franca y generosa, de distinción exquisita y de pura y auténtica
            doctrina democrática.</p>
    <p>Al partir de nuestro suelo, rendimos al diplomático, al escritor y al amigo, nuestro más alto
            homenaje, que hacemos extensivo a su distinguida esposa, la señora María Zambrano de
            Rodríguez Aldave, escritora ilustre, que tan proficua obra realizara en pro de la santa
            causa del gobierno leal de España.</p>
  </sec>
  <sec id="aldave-y-maría-zambrano-se-fueron">
    <title>Aldave y María Zambrano se
    fueron<xref ref-type="fn" rid="fn62">62</xref></title>
    <p>Queremos interrumpir la monótona costumbre de hablar en el lenguaje estirado del
            editorialista. Queremos dar rienda suelta a nuestros sentimientos de profunda tristeza y
            expresar lo que pensábamos cuando vimos partir el orgulloso pájaro de acero que se
            llevaba en su interior a estos dos grandes y leales amigos.</p>
    <p>Aldave y María Zambrano representaban en nuestra tierra no sólo la España Nueva, la España
            convulsionada que pelea bravamente por un porvenir mejor, sino también toda una línea
            nueva frente a la vida, frente a la historia. Al lado de este viejo magnífico, de este
            roble de Euskadi que se llama Rodrigo Soriano, María y Alfonso formaban la pareja
            maravillosa de la diplomacia del porvenir.</p>
    <p>Antes de todo, nos trajeron el mensaje humano de su destino, forjado en medio de una de las
            epopeyas más grandes, más heroicas y más trágicas de la humanidad. Su inquietud, su afán
            casi sobrehumano de superarse en el servicio a la causa de su pueblo, su inquebrantable
            voluntad de conquistar el corazón de nuestra América para la gran jornada libertadora de
            la patria, su profunda comprensión de todo lo nuestro, que es también lo de ellos, hizo
            brotar en torno de ellos algo más que la camaradería que se gesta en la defensa de una
            causa común, creando lazos de una profunda amistad y de un íntimo sentimiento de ternura
            y de solidaridad humana.</p>
    <p>Su ida al frente de batalla es el gesto lógico de esta pareja de combatientes. Cuando los
            vimos levantarse hacia el sol y en alto, no podíamos reprimir una profunda y amarga
            envidia por no poder compartir con ellos su glorioso y heroico destino.</p>
    <p>De vuelta del aeródromo, sentimos vacía la casa y triste el corazón e inútil y estéril
            nuestra pequeña labor cotidiana. Los imaginamos en Valencia y más tarde en Madrid, su
            labor en el frente o en la retaguardia, su identificación más completa aún con la España
            que en estos momentos fija nuevos rumbos para la humanidad entera.</p>
    <p>Pero la despedida de los amigos, de los que fueron grandes y entusiastas colaboradores de
            nuestro pequeño vocero, no puede circunscribirse a un lamento personal en los momentos
            trágicos y graves por que atraviesa el mundo. Hemos contraído con ellos una deuda, una
            deuda que hace más personal, más íntima, más humana la gran deuda que tenemos con
            España. Tenemos que luchar por la continuación sin desfallecimiento de la obra que con
            su valiente concurso se inició. Tenemos que redoblar los esfuerzos para convertir en
            realidad esta consigna grande, y justa de enviar un barco de víveres a los hermanos que
            pelean en España.</p>
    <p>Tenemos que continuar la obra tenaz de divulgación de los crímenes del fascismo; de
            reproducir las voces más autorizadas de la España Leal de gritar a todos los vientos
            nuestra inquebrantable solidaridad, nuestra fe invencible en el triunfo de una causa que
            es nuestra.</p>
    <p>Y tenemos que inspirarnos todos los días en el ejemplo heroico y grandioso de nuestros
            hermanos de raza y de sangre para organizar, para orientar las huestes del Frente
            Popular chileno, que ojalá pronto puedan lanzarse a la pelea bravía por la liberación de
            nuestro país, agobiado y angustiado por una oligarquía tan traidora y tan ruin como los
            Mola, los Franco y los Queipo de Llano, y de un imperialismo tan rapaz e insaciable como
            las huestes de Hitler y Mussolini.</p>
    <p>Alfonso y María: vuestra labor no ha sido infructuosa. Aquí estamos para continuarla. Nuestro
            puño levantado os acompaña.</p>
  </sec>
</app>

<app>
  <title>IX. Un anuncio de publicación y dos reseñas de <italic>Los
  intelectuales en el drama de España</italic> publicadas en el diario
  <italic>Frente Popular</italic></title>
  <sec id="los-intelectuales-en-el-drama-de-españa">
    <title>Los intelectuales en el drama de
    España<xref ref-type="fn" rid="fn63">63</xref></title>
    <p>María Zambrano, la escritora española, que hace poco nos llegara
    de España, prepara en estos momentos un libro con cuyo título
    encabezamos estas líneas y a cuyo contenido pertenecen los
    siguientes fragmentos:</p>
    <p>Aunque todos lo esperábamos, nadie creyó tan cercana la
    catástrofe ni tan terrible la traición.</p>
    <p>En los días del diecisiete al veinte de Julio muchos muchachos de profesión intelectual,
            sintiéndose ante todo hombres, marcharon a combatir al frente de la sierra o
            participaron en la toma del Cuartel de la Montaña, nuevo 2 de Mayo.</p>
    <p>Así, Rodríguez Moñino, catedrático de literatura en Madrid y erudito e investigador, que hubo
            de ocuparse más tarde en la Junta del Tesoro Artístico Nacional, fue de los primeros en
            vestir el “mono azul”, uniforme espontáneo de las milicias del pueblo; Juan Chabás,
            escritor, y que en aquellos días efectuaba unos cursillos especiales para profesor, se
            incorporó inmediatamente a las milicias, en las que fue enseguida capitán.</p>
    <p>La inteligencia tenía que ser también combatiente. Y nació <italic>El Mono Azul</italic>,
            publicado por la Alianza de Intelectuales Antifascistas: la inteligencia vistió ese
            traje sencillo de la guerra, ese uniforme espontáneo del ejército popular.</p>
    <p>Todavía hay quien se extraña. Pero convendría recordarles que en los días del nacimiento de
            la razón, cuando en Grecia, con maravillosa y fragante intuición, se quiso representar a
            la diosa de la sabiduría, Palas Atenea, se la vistió con casco, lanza y escudo. La razón
            nació armada, combatiente. Se había olvidado esta razón militante en el mundo moderno,
            dentro del cual, cuando la inteligencia se mezclaba a las luchas reales se la
            consideraba de menor rango, y perdida ya su condición de captar la verdad, pues se
            estimaba que únicamente la desvinculación de los intereses reales podía llevar a ella.
            Se creía en una verdad ideal y la razón obra de sí misma se pensaba invulnerable,
            absoluta, con lo cual sin dejar de ser contemplativa se creía legislar el mundo.</p>
  </sec>
  <sec id="maría-zambrano-a-través-de-su-libro-los-intelectuales-en-el-drama-de-españa">
    <title>María Zambrano a través de su libro <italic>Los intelectuales
    en el drama de
    España</italic><xref ref-type="fn" rid="fn64">64</xref></title>
    <p>Este es un libro escrito según la teoría de Nietzsche, cuando predicaba la necesidad de
            escribir con sangre como la única forma de hacerlo.</p>
    <p>Es un libro escrito con todo el dolor de la hora de España y con todo aquel acumulado en
            aquellos años anteriores, cuando “cada día que pasaba había que renunciar al trato de
            alguien”, cuando el espíritu se rebelaba con la ciencia oficial que establecía una
            inteligencia de naturaleza inmutable y eterna, como “algo inalterable que pasaba por el
            mundo sin romperse ni mancharse”, cuando la conciencia del mundo vivía “su período de
            adolescencia”.</p>
    <p>María Zambrano ha vivido esos aspectos de la época con la inquietud dolorosa de quien
            comprueba que no se ajustan a la realidad; y ha vivido la ansiedad de no poder
            equilibrar su mundo privado con el mundo de la totalidad, y ha vivido la angustia máxima
            de ver surgir esa conciencia adolescente en seres humanos armados de la pistola y el
            garrote, dispuestos a imponerla sobre el mundo por medio del crimen y el asesinato.
            María Zambrano ha sufrido la angustia del intelectual que ve surgir sobre el mundo la
            teoría fascista de los hechos, que no reconoce más realidad que la suya, porque funda la
            realidad en un acto suyo de violencia destructora.</p>
    <p>“Del alma estrangulada de Europa –dice– de su incapacidad de vivir a fondo íntegramente una
            experiencia, de su angustia, de su fluctuar sobre la vida sin lograr arraigarse en ella,
            sale el fascismo como un estallido ciego de vitalidad que brota de la desesperación
            profunda, irremediable, de la total y absoluta desconfianza con que el hombre mira el
            universo. Es incompatible el fascismo con la confianza en la vida, por eso es
            profundamente ateo, niega la vida por incapacidad de ayuntamiento amoroso con ella y en
            su desesperación, no reconoce más que a sí mismo”.</p>
    <p>Algo ahora en cuanto a la calidad. Hay en este libro una demostración por parte de la autora
            de una fuerza de razonamiento y de profundidad en el razonar que nos llena de orgullo,
            por ser de un escritor que está de este lado de la barricada, y por ser de una
            mujer.</p>
    <p>María Zambrano nos ha dejado este libro antes de partir y con él
    nos ha dejado lo mejor de su espíritu.</p>
  </sec>
  <sec id="en-torno-al-libro-de-maría-zambrano-los-intelectuales-en-el-drama-de-españa">
    <title>En torno al libro de María Zambrano Los intelectuales en el
    drama de España<xref ref-type="fn" rid="fn65">65</xref></title>
  </sec>
  <sec id="yampier">
    <title>Yampier</title>
    <p>Una vez que la actividad del “hombre español” hubo quedado nítidamente registrada en el
            terreno mismo de la tragedia sin dejar lugar a dudas ni conjeturas, hubo que, pasado
            aquel enorme “primer momento”, mirarse a las caras, contemplar la ancha estela de sangre
            que rápidamente había de irse diluyendo en el pasado (en el pasado-presente) y mirar que
            habría de hacerse allí en donde nada había hecho. Porque era una ruta que habría de
            trazarse por propulsión delantera, o más bien dicho, allá en el horizonte histórico (de
            la historia futura), al parecer había colocado un imán y sabido es que aquella
            misteriosa piedra no atrae hacia sí el algodón, sino el acero. Quiere decir entonces que
            los hombres que se encontraran atraídos por el horizonte, tenían que ser de fino
            temple.</p>
    <p>El proletariado, naturalmente, no vaciló; porque eso que en él
    han dado en llamar “ignorancia”, no es a veces sino sabiduría.</p>
    <p>El intelectual, en cambio, se sintió sometido a una terrible
    prueba.</p>
    <p>Y comienza a escribirse la verdadera historia porque –según Zambrano– hasta ese momento no
            había sino adolescentes a los cuales se les presentaba la maravillosa ocasión, por ser
            única, de hacerse hombres. Pero entendido que los que se acoplaran a la heroica caravana
            serían hombres por toda la eternidad, y cuando engendraran sólo engendrarían hombres
            porque la adolescencia en España era ya cosa terminada.</p>
    <p>Porque la guerra europea –dice María– no había logrado sacar a la humanidad de su
            adolescencia y la Revolución la sacaría, pero: “Aquellos que en el terreno terrible
            pretendieron sustraerse a su conmoción alegando su condición superastral de pensadores o
            artistas, como si la condición humana pudiera eludirse, quedarán desvinculados de las
            tareas esenciales del futuro, vagando en esos espacios siderales del arte, lejos de los
            hombres, de sus dolores y de sus glorias. Los que no fueron capaces de hundirse en las
            zonas fecundas de la hombría, allí en donde la vida y la muerte se enfrentan sin
            disfraz, en esa honda soledad de la angustia y la esperanza, quedarán condenados por la
            justicia invulnerable de la vida, a vagar melancólicamente, administrando su obra
            anterior o representándola –representándose a sí mismo– al que en otro tiempo fueron”. Y
            más abajo: “Pueden dar [también] su obra por acabada si la tienen. Los que no la habían
            logrado aún arrastrarán una juventud estéril por el mundo, horrible juventud caduca sin
            el cansancio fecundo de la vejez bien lograda”.</p>
    <p>Leyendo este libro ágil en su rapidez y terrible para aquellos a
    quienes está dirigido, terrible como una espada que, blandida por
    mano certera, cortara a la altura misma del sexo –ni más arriba ni
    más abajo–, me ha parecido ver un hombre en María Zambrano y un
    grupo de rameras sin patente en Pérez de Ayala, Azorín y Baroja.</p>
    <p>Está bien este libro de María Zambrano. Está bien porque nos
    recuerda que gordos y flacos, negros y blancos, intelectuales y no
    intelectuales, sólo son subdivisiones en el género humano, quedando
    los grandes grupos reducidos a dos: hombres… y los que no fueron
    capaces de serlo.</p>
    <p>De muchas cosas nos habla este libro breve en su forma material.
    Hay unas cuantas páginas dedicadas a <italic>El Mono Azul</italic>,
    ese maravilloso hilillo de inteligencia que va conectando
    documentalmente (documento del corazón) entre tanques y metralla, el
    pasado con el porvenir.</p>
    <p>Y, finalmente, ved en qué forma directa nos lanza hacia la lucha
    por la libertad:</p>
    <p>“La revista <italic>Hora de España</italic>, que edita en Valencia un grupo de intelectuales,
            de esmerada tipografía, con maravillosas viñetas, decente, cuidada, su presencia
            conmueve y enardece, y una comprobación de esperanzas es un motivo más de fe. Conmueve
            porque nunca en medio de tanta sangre y muerte, se ha escrito y publicado nada semejante
            porque la inteligencia española, sin pausa y sin fatiga, prosigue su obra, la comienza
            más bien en las más difíciles trincheras del mundo”.</p>
    <p>“Los temas solamente ya muestran la autenticidad de estas inteligencias que forman parte del
            pueblo al trabajar con él y por lo que él desea. Van apareciendo en los ensayos, en los
            poemas y narraciones, en las notas y conferencias que reflejan todos los puntos de
            reflexión y meditación que nos van a ocupar años enteros; todo un porvenir de trabajo.
            Así Rosa Chacel, con severa mirada, examina la cuestión central, decisiva, de «Cultura y
            Pueblo» y nos lanza dos nombres de nuestro ayer, vivos más que nunca en el hoy de la
            revolución, Pérez Galdós y Larra. Antonio Machado, con su noble entendimiento, va
            vertiendo su antigua y reposada sabiduría, tan de los repliegues del alma española.
            Máximo Kahn hace aflorar el hondo sentido de nuestra vieja y nunca ida cultura
            sefardita. Dámaso Alonso estudia objetiva y apasionadamente, nuestra literatura. Rafael
            Dieste nos trae la soledad sin descanso de Don Quijote y la pregunta sin respuesta aún,
            que planteara con la complicidad humilde de lo español, Cervantes. Sánchez Barbudo
            rememora días de presentimiento, uniendo la angustia con la esperanza y encontrando la
            fe que se necesita para creer lo que se está viendo. Gaya plantea el problema del cartel
            y la pintura que discute con Renaud, actual director general de Bellas Artes. Gil Albert
            y Moreno Villa y Alberti nos ofrecen como un licor confortante en su amargura, la poesía
            de la desolación y la muerte. Bergamín en cristiano se dirige a los católicos engañados
            más allá de España. Teatro de Dieste, conferencia sobre Lorca en París, de Neruda: Todo
            un mundo que no puede existir sin eso por lo que combatimos: sin la libertad”.</p>
    
    <fig id="imagen1">
      <caption><p>Figura 1. “La mujer española en la Revolución.
      Conversando con María Zambrano de Aldaves [sic], intelectual
      española, actualmente entre nosotros”, La Opinión (Santiago de
      Chile), 6 de enero de 1937, p. 3.</p></caption>
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image1.jpeg" />
    </fig>
    
    <fig id="imagen2">
      <caption><p>Figura 2. “La mujer en la lucha española”, Acción
      Femenina (Santiago de Chile), enero-febrero 1937, pp.
      4-6.</p></caption>
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image2.jpeg" />
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image3.jpeg" />
    </fig>
     
    <fig id="imagen3">
      <caption><p>Figura 3. “La mujer en la lucha española”, La Mujer
      Nueva (Santiago de Chile), n. 12, diciembre 1936, p.
      6.</p></caption>
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image4.jpeg"/>
    </fig>
    
    <fig id="imagen4">
      <caption><p>Figura 4. Ana Carabantes, “Cultura popular”, Frente
      Popular (Santiago de Chile), 20 de febrero de 1937, p.
      3.</p></caption>
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image5.jpeg" />
    </fig>
    
    <fig id="imagen5">
      <caption><p>Figura 5. “El problema de la instrucción primaria”,
      Frente Popular (Santiago de Chile), 27 de febrero de 1937, p.
      3.</p></caption>
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image6.jpeg" />
    </fig>
    
    <fig id="imagen6">
      <caption><p>Figura 6. Portada de la revista Pan. Síntesis de toda
      idea mundial (Buenos Aires), n. 119 (núm. especial dedicado a la
      “España leal”), 14 de julio de 1937.</p></caption>
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image7.jpeg" />
    </fig>
    
    <fig id="imagen7">
      <caption><p>Figura 7. “Sobre la tierra de muerte en Madrid
      brotaron flores de paz”, Crítica (Buenos Aires), 12 de agosto de
      1937, p. 7.</p></caption>
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image8.jpeg" />
    </fig>
    
    <fig id="imagen8">
      <caption><p>Figura 8. Alfonso Rodríguez Aldave, &quot;Pobre D.
      MIguel de Unamuno!!&quot;, Onda Corta en Defensa de la Cultura, n.
      5, 22 de enero de 1937, p. 4.</p></caption>
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image9.jpeg" />
    </fig>
    
    <fig id="imagen9">
      <caption><p>Figura 9. Portada de la revista Onda Corta en Defensa
      de la Cultura, n. 5, 22 de enero de 1937.</p></caption>
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image10.jpeg" />
    </fig>
    
    <fig id="imagen10">
      <caption><p>Figura 10. Movilización de Alfonso Rodríguez
      Aldave.</p></caption>
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image11.jpeg" />
    </fig>
    
    <fig id="imagen11">
      <caption><p>Figura 11. Entrevista a Alfonso Rodríguez Aldave,
      Crítica (Buenos Aires), 15 de mayo de 1937, p. 8.</p></caption>
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image12.jpeg" />
    </fig>
    
    <fig id="imagen12">
      <caption><p>Figura 12. Editorial del diario Frente Popular del 11
      de mayo de 1937.</p></caption>
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image13.jpeg" />
    </fig>
    
    <fig id="imagen13">
      <caption><p>Figura 13. Homenaje y despedida a Alfonso Rodríguez
      Aldave y María Zambrano.</p></caption>
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image14.jpeg" />
    </fig>
    
    <fig id="imagen14">
      <caption><p>Figura 14. Nota manuscrita de Alfonso Rodríguez Aldave
      y María Zambrano.</p></caption>
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image15.jpeg" />
    </fig>
    
    <fig id="imagen15">
      <caption><p>Figura 15. Reseña de Los intelectuales en el drama de
      España.</p></caption>
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image16.jpeg" />
    </fig>
    
    <fig id="imagen16">
      <caption><p>Figura 16. Reseña de Los intelectuales en el drama de
      España.</p></caption>
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image17.jpeg" />
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image18.jpeg" />
    </fig> 
   
    <fig id="imagen17">
      <caption><p>Figura 17. VI aniversario de la proclamación de la
      República española.</p></caption>
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image19.jpeg" />
    </fig>
    
    <fig id="imagen18">
      <caption><p>Figura 18. Embajada de España en Chile (ca. abril de
      1937). Sentados: Rodrigo Soriano y María Zambrano (tercero y
      cuarta por la izquierda). De pie: Alfonso Rodríguez Aldave
      (primero por la izquierda).</p></caption>
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image20.jpeg" />
    </fig>
    
    <fig id="imagen19">
      <caption><p>Figura 19. Rodrigo Soriano Barroeta-Aldamar, Embajador
      de la República española en Chile (1937).</p></caption>
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image21.jpeg" />
    </fig>
    
    <fig id="imagen20">
      <caption><p>Figura 20. María Zambrano (enero 1937)</p></caption>
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image22.jpeg" />
    </fig>
    
    <fig id="imagen21">
      <caption><p>Figura 21. Alfonso Rodríguez Aldave (abril
      1937).</p></caption>
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image23.jpeg" />
    </fig>
    
    <fig id="imagen22">
      <caption><p>Figura 22. María Zambrano (mayo de
      1937).</p></caption>
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image24.jpeg" />
    </fig>
    
    <fig id="imagen23">
      <caption><p>Figura 23. María Zambrano y Alfonso Rodríguez Aldave
      en Buenos Aires (mayo 1937).</p></caption>
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image25.jpeg" />
    </fig>
    
    <fig id="imagen24">
      <caption><p>Figura 24. Elena Caffarena y Jorge Jiles (ca.
      1937).</p></caption>
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image26.jpeg" />
    </fig>
    
    <fig id="imagen25">
      <caption><p>Figura 25. Ricardo Latcham (ca. 1937).</p></caption>
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image27.jpeg" />
    </fig>
    
    <fig id="imagen26">
      <caption><p>Figura 26. Pablo de Rokha (ca. 1944).</p></caption>
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image28.jpeg" />
    </fig>
    
    <fig id="imagen27">
      <caption><p>Figura 27. Natalio Botana (1937)</p></caption>
      <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image29.jpeg" />
    </fig>
    
  </sec>
  </app>
</app-group>
</back>
</article>
