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      <journal-id journal-id-type="publisher-id">ASHF</journal-id>
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        <journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Anales del Seminario de Historia de la Filosofía</journal-title>
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      <issn publication-format="electronic">1988-2564</issn>
      <issn-l>0211-2337</issn-l>
      <publisher>
        <publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
        <publisher-loc>España</publisher-loc>
      </publisher>
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      <article-id pub-id-type="doi">10.5209/ashf.97853</article-id>
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        <subj-group subj-group-type="heading">
          <subject>ESTUDIOS</subject>
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        <article-title>La <italic>Wissenschaftslehre</italic> y su relación con la fenomenología. Reflexiones husserlianas en torno al fundamento de las ciencias</article-title>
        <trans-title-group xml:lang="en">
          <trans-title><bold>The <italic>Wissenschaftslehre</italic> and its Relation to Phenomenology. Husserlian Reflections on the Foundations of Sciences</bold></trans-title>
        </trans-title-group>
      </title-group>
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        <contrib contrib-type="author" corresp="yes">
          <contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0002-0685-4045</contrib-id>
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            <surname>Niel</surname>
            <given-names>Luis</given-names>
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        <aff id="aff-a"><institution content-type="original">CONICET / Universidad Nacional del Litoral</institution>
          <country country="AR">Argentina</country>
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      <author-notes>
        <corresp id="cor1">Luis Niel<email>lniel@unl.edu.ar</email></corresp>
      </author-notes>
      <pub-date pub-type="epub" publication-format="electronic" iso-8601-date="2025-09-30">
        <day>30</day>
        <month>09</month>
        <year>2025</year>
      </pub-date>
      <volume>42</volume>
      <issue>3</issue>
      <fpage>537</fpage>
      <lpage>549</lpage>
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        <copyright-statement>Copyright © 2025, Universidad Complutense de
          Madrid</copyright-statement>
        <copyright-year>2025</copyright-year>
        <copyright-holder>Universidad Complutense de Madrid</copyright-holder>
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      <abstract>
        <p>El artículo aborda la relación entre la Wissenschaftslehre (lógica pura, mathesis universalis)
          y la fenomenología. Primero, se analiza el sentido y alcance del proyecto husserliano de la doctrina de la
          ciencia en tanto estudio sobre las condiciones lógicas que debe cumplir toda teoría para ser considerada
          como tal, que se enmarca en la correlación entre la interconexión de verdades objetivas y la interconexión
          de las cosas. Segundo, se examina por qué el tratamiento de los conceptos fundamentales (y de las
          combinaciones proposicionales, las leyes generales y la doctrina de la multiplicidad) conduce a la pregunta
          por el origen fenomenológico, es decir, al estudio de las realizaciones subjetivas de la conciencia. Por un
          lado, se argumentará que la Wissenschaftslehre y la fenomenología son dos proyectos diferentes con cierta
          autonomía, pero que guardan una relación de complementariedad. Por otro lado, se explicará por qué, aun
          cuando la Wissenschaftslehre y las ciencias pueden funcionar como saberes objetivos, sólo la fenomenología
          le permite salir de la ingenuidad del ‘en sí’ ideal al explicitar el sentido dado por lo conciencia intencional.</p>
      </abstract>
      <trans-abstract xml:lang="en">
        <p>The article addresses the relation between the Wissenschaftslehre (pure logic, mathesis universalis)
          and phenomenology. First, I will analyze the meaning and scope of the Husserlian project of a doctrine of
          science as the study of the logical conditions which every theory must fulfil for being considered as such,
          which is framed on the correlation between the interconnexion of objective truths and the interconnexion of
          things. Second, I will examine why the account of fundamental concepts (and propositional combinations,
          general laws, and the theory of manifolds) leads to the question about the phenomenological origin, i.e.,
          to the inquiry about the subjective performances of consciousness. On the one hand, I will argue that the
          Wissenschaftslehre and phenomenology are two different projects with some autonomy, but they are both
          related in a complementary sense. On the other hand, I will explain why, even when the Wissenschaftslehre
          and sciences may work as an objective knowledge, only phenomenology enables to overcome the naivety of
          the ideal ‘in itself’ by making explicit the sense given by intentional consciousness.</p>
      </trans-abstract>
      <kwd-group>
        <kwd>Conceptos fundamentales</kwd>
        <kwd>Fenomenología</kwd>
        <kwd>Ingenuidad</kwd>
        <kwd>Origen fenomenológico</kwd>
        <kwd>Wissenschaftslehre</kwd>
      </kwd-group>
      <kwd-group xml:lang="en">
        <kwd>Fundamental Concepts</kwd>
        <kwd>Naivety</kwd>
        <kwd>Phenomenological Origin</kwd>
        <kwd>Phenomenology</kwd>
        <kwd>Wissenschaftslehre</kwd>
      </kwd-group>
    </article-meta>
  </front>
<body>
<p>Las investigaciones actuales en fenomenología suelen centrarse en temas relacionados con la
      afectividad, pasividad y cuestiones afines. Dejando de lado excepciones, el ‘otro Husserl’
      relegó la investigación fenomenológica sobre las ciencias a ser, en algún sentido, una suerte
      de resabio de ‘modernidad’, de mera ‘teoría del conocimiento’ en un sentido negativo. Sobre la
      base de una lectura heideggeriana, nos dice Hubert Dreyfus que la fenomenología de Husserl
      pertenece al paradigma de la tradición epistemológica, de la filosofía como saber puramente
      teórico, que marca la reflexión filosófica de Platón a Husserl.<xref ref-type="fn" rid="fn1"
        >1</xref> Interpretaciones como ésta nos impiden ver el sentido y valor original de la
      filosofía de Husserl a la que concebía en términos de ciencia rigurosa. Por supuesto,
      ‘ciencia’ debe entenderse en un sentido amplio que va más allá de las ciencias particulares y
      que nos remite al ideal clásico de ciencia. Se trata incluso de un concepto que define el
      proyecto filosófico de Husserl: la filosofía es una ciencia universal a partir de una
      autojustificación radical que articula y fundamenta las ciencias particulares.<xref
        ref-type="fn" rid="fn2">2</xref></p>
<p>Tras su proyecto sobre filosofía de la aritmética de 1891, las <italic>Logische
        Untersuchungen</italic> [en adelante LU] de Husserl dan un paso más ambicioso que consiste
      en fundar las ciencias a partir de una doctrina de la ciencia
        (<italic>Wissenschaftslehre</italic>) [en adelante WL], que se funda a su vez en una ciencia
      primera llamada fenomenología (en la primera edición de 1900/01, denominada, por lo general,
      psicología descriptiva). Éste será el eje del proyecto filosófico de Husserl hasta su última
      publicación, la <italic>Krisis</italic> de 1936, obra en la que no se pone en duda la
      cientificidad ni el progreso de las ciencias, sino que plantea que éstas tienen una crisis de
      sentido que sólo puede ser superada por la fenomenología<xref ref-type="fn" rid="fn3"
      >3</xref>, idea que, in statu nascendi, está ya presente en las LU.<xref ref-type="fn"
        rid="fn4">4</xref> El mentado proyecto de fundación lógica de las ciencias se hace explícito
      y público por primera vez en los “Prolegómenos para la lógica pura”, primer volumen de las LU,
      texto que, más allá de la conocida refutación del psicologismo, contiene una importante parte
      propositiva en la que el estudio se centra en el proyecto de una WL, lógica pura o mathesis
        universalis<xref ref-type="fn" rid="fn5">5</xref>, cuya función es explicitar las
      condiciones lógico-formales de las teorías y, a través de éstas, de las ciencias. Es en
      especial en el § 67 de los Prolegómenos donde la fenomenología aparece como una tarea
      necesaria que va más allá de la mera lógica pura, en la medida en que los conceptos ideales de
      la WL demandan una investigación sobre el origen lógico (según la primera edición de las LU) o
      fenomenológico (segunda edición), en donde ‘origen’, evidentemente, no debe entenderse en
      sentido psicológico, pues implicaría ipso facto caer en el psicologismo refutado en los
      capítulos anteriores. Dicha indagación sobre el ‘origen’ es el hilo conductor que va del
      proyecto de la WL a la fenomenología; como nos señala el epígrafe de arriba, la WL o mathesis
      universalis es un camino que lleva hacia la fenomenología.</p>
<p>La investigación se centra en la relación, dependencia, diferencia, etc., entre la WL y la
      fenomenología, así como en el sentido y finalidad que tiene cada una de estas disciplinas en
      su complementariedad. Se podría decir que el eje de la (compleja) relación entre una y otra se
      hace explícito en un conocido pasaje del Prólogo de la primera edición de 1900 de las LU, que
      sostiene que, fruto de las oscilaciones de la lógica de su tiempo, se presentó la necesidad de
      llevar adelante “reflexiones críticas generales sobre la esencia de la lógica y principalmente
      sobre la relación entre la subjetividad del conocer y la objetividad del contenido del
        conocimiento”.<xref ref-type="fn" rid="fn6">6</xref> La idea central es que deben estudiarse
      la teoría de la ciencia (polo objetivo) y la fenomenología (polo subjetivo, evidentemente, no
      en sentido psicológico) en términos correlativos, y que la reducción a cualquiera de éstos
      (i.e., el subjetivismo o el objetivismo) desfigura la esencia del conocimiento. La WL es el
      estudio de las condiciones formales de las teorías científicas y, eo ipso, de las ciencias.
      Esta reflexión filosófica sobre la lógica pura que funda las ciencias debe luego encontrar su
      fundamento último en la fenomenología, en el marco amplio de un sistema de la ciencia que
      afirma vehementemente la idea —que atraviesa la obra de Husserl— de que la filosofía es una,
      es decir, algo unitario que abarca diferentes niveles que van desde la lógica pura inherente a
      las ciencias a la investigación fenomenológica de la subjetividad.</p>
<p>Como veremos, la WL es, en algún sentido, un proyecto con cierta autonomía. Al igual que las
      ciencias particulares, la lógica pura puede funcionar e incluso ser exitosa, aun careciendo de
      un fundamento último; al moverse en el orden de la validez objetiva en tanto ‘en sí’ no
      depende (al menos no necesariamente) de indagaciones sobre la subjetividad.</p>
<p>Ahora, y he aquí la apuesta central de Husserl, dicho ‘en sí’, considerado en tanto tal, sólo
      evitar caer en una suerte de misticismo platónico (algo que Husserl reprocha a Bolzano) a
      partir de la remisión a la fenomenología, es decir, una disciplina de otro orden que debe
      explicitar las realizaciones subjetivas puras en virtud de las cuales toda objetividad
      adquiere su sentido.<xref ref-type="fn" rid="fn7">7</xref> Por cierto, Husserl no siempre
      explicita con total claridad cómo debe entenderse la relación de la WL con la fenomenología.
      Para explicitar el proyecto de la WL, tomaremos como marco de referencia los Prolegómenos de
      las LU, considerando que la LU es la obra inaugural de la fenomenología y cuyo punto de
      partida es la presentación de una doctrina de la ciencia, para luego complementar esto con
      otros escritos posteriores debidamente seleccionados.</p>
<p>Primero, se analizará el núcleo central del proyecto de la WL en tanto doctrina que explicita las
      condiciones apriorísticas y categoriales formales e ideales fundamentales que debe cumplir
      toda teoría, eo ipso, de toda ciencia, para ser considerada teoría, haciendo hincapié en la
      idea de la unidad del saber, eje del proyecto husserliano. Segundo, se presentará la
      correlación entre el orden de las verdades (objetivas, en sí, i.e., que no son del orden de la
      (mera) representación) y el orden de las cosas (del ser), señalando el rol central de esta
      posición filosófica de base. Tercero, se expondrá el concepto de leyes básicas, así como el
      modo de derivar verdades a partir de éstas. Cuarto, se examinarán los tres ejes de análisis de
      la WL: la fijación de los conceptos básicos y de sus combinaciones posibles en proposiciones,
      la explicitación de leyes y la conformación de teorías en el marco de la teoría de la
      multiplicidad, acentuando especialmente por qué dichos análisis conducen a la pregunta por el
      origen lógico / fenomenológico. Quinto, se explicará el modo en el cual se articula la WL con
      la fenomenología, indicando en qué medida la WL es un proyecto con cierta autonomía y en qué
      medida depende de la fenomenología; aquí explicaremos el sentido de complementariedad que
      guardan éstas, así como la idea de que la fenomenología provee el fundamento último de la WL.
      Se señalará el rol que ocupa la idea de ingenuidad, mostrando que, aun cuando la WL y las
      ciencias pueden funcionar sin necesidad de reflexiones filosóficas, es sólo la fenomenología
      la que posibilita salir de dicha ingenuidad. Sexto, se presentará cómo estos temas e ideas se
      desarrollan en algunos textos de la obra posterior de Husserl, advirtiendo que la WL en tanto
      mathesis universalis ampliará su alcance al ser considerada, además, ontología formal, puesto
      que los conceptos básicos de toda ciencia, en tanto presentan condiciones formales del ‘algo
      en general’, son asimismo condiciones categoriales de todo lo que es. Se hará hincapié en que
      la mathesis, en virtud de la epoché, debe ser puesta entre paréntesis al igual que todo lo
      correspondiente a la ‘actitud natural’, indicando así la primacía e independencia metodológica
      de la fenomenología. Por último, mostraremos brevemente cómo Husserl asimila estos temas en
      escritos tardíos, ya en el marco de un auténtico sistema filosófico.</p>
<sec id="sec1">
  <title>1. El proyecto de la <italic>Wissenschaftslehre</italic></title>
  <p>En los ‘Prolegómenos a la lógica pura’ observamos un recorrido (complejo, por cierto) que
        comienza con la presentación de la idea de lógica, atraviesa el extenso y meticuloso
        análisis (y refutación) de distintas variantes del llamado psicologismo, se reconoce la
        influencia de otros pensadores y se cierra en el Cap. 11, que es el más substantivo del
        volumen y en donde se explicita el proyecto de la lógica pura así como sus principales
          tareas.<xref ref-type="fn" rid="fn8">8</xref> Ahora, en este primer volumen de las LU hay
        algo llamativo: las menciones a la fenomenología son escasas y por lo general siempre en
        relación a lo que será desarrollado a continuación, en el segundo tomo. La lógica pura o WL
        aparece aquí como un proyecto filosófico que no parecería ni incluirse en la fenomenología
        stricto sensu, ni mucho menos identificarse con ésta. En tanto estudio sobre las condiciones
        formales y objetivas de las teorías (de las ciencias), se presenta como un proyecto con
        (cierta) autonomía.<xref ref-type="fn" rid="fn9">9</xref> Esto puede justificarse a partir
        de la naturaleza misma de su objeto de estudio, dado que el estudio del estatuto de validez
        de las objetualidades (<italic>Gegenständlichkeiten</italic>) ideales se puede tratar en
        términos puramente lógicos, sin necesidad de una remisión a la pregunta por las
        realizaciones subjetivas de la conciencia. Por ello, se pueden considerar a los Prolegómenos
        como una suerte de obra en sí misma, por lo que su relación con la fenomenología debería
        justificarse.</p>
  <p>Como se dijo, Husserl suele utilizar indistintamente los conceptos de WL, de lógica pura y de
        mathesis universalis.<xref ref-type="fn" rid="fn10">10</xref> La lógica pura en tanto WL es
        un meta-saber sobre las ciencias que se encarga de determinar las condiciones formales de
        validez de las teorías científicas y así de las ciencias en general. Dicha concepción
        atraviesa su obra, desde las LU a <italic>Formale und transzendentale Logik</italic> (y aún
        más allá), escrito en el que nos dice que el concepto de lógica nos remite a la concepción
        clásica de lógica relacionada con el logos y con las ciencias.<xref ref-type="fn" rid="fn11"
          >11</xref> Por ello, las referencias de Husserl a una lógica formal no han de
        interpretarse en el sentido actual de una mera lógica simbólica, sino en tanto estudio
        fundacional que establece las condiciones formales de las ciencias y, como se irá precisando
        en escritos posteriores, de los objetos categoriales de la lógica pura, es decir, los
        objetos en general, cuyo tratamiento será tema de una ontología formal más allá de la mera
          WL.<xref ref-type="fn" rid="fn12">12</xref> Aquí debemos aclarar algunos puntos que
        presentan ciertas ambigüedades.</p>
  <p>Sobre la base de la idea de que la ciencia es algo idealmente unitario, la WL indaga las
        condiciones formales presupuestas por toda teoría, así como los modos de (correcta)
        articulación en dicha estructura unitaria. Dado que se explicitan las condiciones
        (categoriales, predicativas, legales, etc.) formales y la validez ideal de
          <italic>toda</italic> teoría, esto alcanza no sólo a cada teoría en sí misma, sino también
        a la conexión entre diferentes teorías. Así, hay una conexión unitaria y articulada no sólo
        dentro de cada teoría, en su estructuración interna en diferentes ámbitos de teorías
        relativamente cerradas, sino, también, en la unidad de las ciencias como un todo, es decir,
        en las teorías en su relación y delimitación mutua con otras teorías en el marco de una
        concepción unitaria del saber.</p>
  <p>Por un lado, hay un “tejido (<italic>Gewebe</italic>) sistemático de fundamentaciones
          (<italic>Begründungen</italic>)”<xref ref-type="fn" rid="fn13">13</xref>, es decir, una
        auténtica articulación de las proposiciones internas a cada teoría. En virtud de la conexión
        de su red de fundamentaciones, toda teoría (y eo ipso toda ciencia) es unitaria en sí misma.
        Por otro lado, nos encontramos con la unidad de cada teoría con relación a las demás teorías
        en un marco sistemático de conexiones (en un sentido cercano a la primera Regla de
        Descartes). Teorías y, a fortiori, ciencias desconectadas entre sí no son conocimiento en
        sentido estricto. La tarea de una mathesis universalis consiste, precisamente, en la
        explicitación de la sistematicidad unitaria que conecta las ciencias en sentido objetivo,
        ideal, i.e., no empírico. Nos dice Husserl que “lo que hace que una ciencia sea ciencia (…)
        [es] una cierta conexión objetiva e ideal que proporciona a éstas [una] relación unitaria
        objetual y, en [el marco de] este carácter unitario, también validez ideal”.<xref
          ref-type="fn" rid="fn14">14</xref></p>
  <p>Primero, las ciencias funcionan en sus ámbitos particulares, pero lo hacen sobre la base de
        supuestos no explicitados. Como para Husserl el “conocimiento científico es, en tanto tal,
        conocimiento a partir de su fundamento”<xref ref-type="fn" rid="fn15">15</xref>, la WL tiene
        como función explicitar dichos supuestos, que no son sino las condiciones formales últimas
        sobre las que se funda todo contenido material, pues lo formal prescribe condiciones (a
        nivel lógico) a lo material. En tanto formal, la lógica es la ciencia de todas las ciencias
        posibles. Segundo, la WL no se dirige a las ciencias de modo directo, sino que prescribe
        condiciones generales a las teorías. El eje de la WL consiste en dilucidar cómo podemos
        afirmar que una teoría es teoría, o bien qué necesita una teoría para poder ser
        (considerada) teoría. Tercero, si bien la WL trata sólo de las condiciones de las teorías de
        las ciencias, en la medida en que se determinan las condiciones formales de todo objeto, es
        decir, impone prescripciones categoriales formales a todo objeto en general, dicho estudio
        se extenderá más allá de una mera doctrina de la ciencia a una ontología apriorística y
        formal, esto es, una reflexión ontológica en tanto ciencia apriorística de los objetos en
          general.<xref ref-type="fn" rid="fn16">16</xref> La relación directa entre la doctrina
        formal de las condiciones de las ciencias y la ontología formal se hará más explícita en
        escritos posteriores.</p>
  <sec id="sec1.1">
    <title>1.1. La correlación entre la verdad en sí y las cosas</title>
    <p>Como Husserl aclara desde un comienzo, su interés no es la ciencia en un sentido empírico.
          Pese a que la ciencia se constituye fácticamente a partir de momentos históricos en
          sentido antropológico, lo que define a una ciencia en tanto tal es la conexión objetiva e
          ideal a partir de la cual toda ciencia tiene unidad y validez. Dicha conexión objetiva que
          da unidad lógica a las ciencias, tiene dos sentidos diferentes pero correlativos entre sí:
          la conexión de las cosas (incluyendo los estados-de-cosas) y la conexión de las verdades.
          Así, “la verdad en sí [es] el correlato necesario del ser en sí (sic: “<italic>Sein an
            sich</italic>”)”.<xref ref-type="fn" rid="fn17">17</xref> Se puede observar que, aun en
          este nivel pre-fenomenológico, es decir, anterior a toda pregunta por la conciencia, nos
          encontramos con una primera correlación entre las cosas y las verdades —evidentemente,
          entendiendo aquí ‘verdad’ en tanto algo objetivo, en sí, en un sentido cercano al de
            Bolzano.<xref ref-type="fn" rid="fn18">18</xref> El ‘en sí’ apunta a subrayar que las
          verdades no son (al menos no sólo) un acto de adecuación entre la mente y la cosa (para
          utilizar conceptos clásicos): la verdad no depende de la mente para ser verdadera; a decir
          de Lotze, una proposición verdadera tiene validez ideal. Esta correlación es algo más que
          una mera relación contingente; se trata de una correlación necesaria entre dos ‘polos’ que
          se dan de modo inseparable en un sentido apriorístico. Pero, “inseparabilidad no es
            identidad”<xref ref-type="fn" rid="fn19">19</xref> y esto nos muestra una clara
          irreductibilidad entre las verdades y el ser.</p>
    <p>No solo puede observarse aquí suerte de metafísica<xref ref-type="fn" rid="fn20">20</xref>,
          sino que, además, todo parecería indicar que dicha correlación implica una cierta forma de
          realismo intencional, pues a la unidad de las verdades le corresponde (sic:
            <italic>entspricht</italic>) la unidad del orden de cosas en sentido amplio. Y el
          correlato o ‘polo’ objetivo debe entenderse en el sentido más amplio posible, i.e., se
          extiende a todo tipo de objetualidad: objetos, cosas (<italic>Sache</italic>), sea real
            (<italic>Reales</italic>) o ideal, una cosa (<italic>Ding</italic>) o un proceso,
          especies o relaciones matemáticas, etc.<xref ref-type="fn" rid="fn21">21</xref> Esta
          metafísica de base no es tematizada, muy probablemente porque el interés de los
          Prolegómenos consiste en mostrar las objetividades lógicas e ideales con sus
          correspondientes verdades en sí (i.e., no en sentido empírico) presupuestas por todas las
          teorías científicas y su referencia a algo distinto de éstas, sin indagar cuál es la
          naturaleza de dicha ‘realidad’ externa a la ciencia. Ahora, ¿cuál es el ‘puente’ entre un
          orden y el otro?</p>
    <p>Evidentemente, dicha pregunta nos lleva a relacionar el orden metafísico con el orden
          gnoseológico. Y la pregunta por la relación intencional entre la conexión de las cosas y
          las vivencias<xref ref-type="fn" rid="fn22">22</xref> no será contesta hasta el segundo
          tomo de las LU. Ahora, al no tematizarse la relación intencional con la conciencia (en
          sentido fenomenológico), la mera mención de vivencias puede dejar una justificada sospecha
          a psicologismo. Por ello, el mejor modo de evitar dicha sospecha es entender que aquí nos
          movemos en el nivel de una pura doctrina de las ciencias donde ‘verdad’ refiere sólo a una
          proposición que es ‘en sí’ que cuenta con validez objetiva e ideal.<xref ref-type="fn"
            rid="fn23">23</xref> Si bien es cierto que la verdad es una idea que se instancia en las
          vivencias actuales en el juicio dotado de evidencia<xref ref-type="fn" rid="fn24"
            >24</xref> —de hecho, Husserl habla explícitamente de <italic>Vereinzelung</italic><xref
            ref-type="fn" rid="fn25">25</xref>—, no obstante, la noción de verdad a la que se
          refieren los Prolegómenos debe entenderse meramente como el correlato proposicional (de
          validez en sí) de la conexión de las cosas. Aquí aún no sabemos nada de la teoría
          fenomenológica de la verdad. La correlación entre las cosas y la verdad en sí es
          suficiente para una doctrina de las ciencias para que la objetividad ideal no caiga en el
          relativismo de una mera interpretación antropológica de las ciencias. Claro está que, si
          consideramos el proyecto general de Husserl, dicha noción de verdad ‘en sí’ deja sin
          explicar cómo accedemos a la verdad. Si bien este tema no será explícitamente tematizado
          hasta la sexta investigación, nos encontramos ya en los Prolegómenos con elementos que
          abren esta problemática.</p>
  </sec>
  <sec id="sec1.2">
    <title>1.2. La derivabilidad de verdades a partir de leyes básicas</title>
    <p>Fiel a su noción de ciencia en sentido clásico, Husserl nos indica que el conocimiento
          científico en sentido auténtico es un conocimiento a partir del fundamento (<italic>aus
            dem Grunde</italic>). Y eso quiere decir captar intelectivamente
            (<italic>einsehen</italic>) por qué esto conocido es necesariamente de este modo. ‘Lo
          conocido’ se refiere aquí tanto al objeto (en sentido amplio) como a la verdad correlativa
          de éste. Nos encontramos una vez más con la correlación entre ser y verdad: “captar
          intelectivamente un estado-de-cosas que es conforme a una ley o bien [captar] su verdad
          como algo con validez necesaria” equivale a “tener un conocimiento a partir del fundamento
          del estado-de-cosas o bien de su verdad”.<xref ref-type="fn" rid="fn26">26</xref> Aquí
          aparece la remisión a la instancia cognitiva de la intelección que, de no mediar la
          investigación fenomenológica ulterior (del segundo tomo), parecería conducir
          indefectiblemente al tan temido psicologismo. Lo conocido y captado intelectivamente son
          las objetualidades o, correlativamente, sus verdades respectivas. Pero, como dijimos, el
          análisis de la captación de algo verdadero es pospuesto, centrando aquí la atención en la
          verdad objetiva captada.</p>
    <p>Hay verdades que son más generales que otras y que, en tanto determinan condiciones a todo lo
          individual, son leyes esenciales. Algunas leyes esenciales son denominadas leyes básicas o
          fundamentales (<italic>Grundgesetze</italic>), pues se trata de leyes que, por su misma
          esencia, no pueden derivarse de otras leyes, y que, en tanto tal, imponen condiciones a
          todas las demás verdades. La unidad ideal de todas estas leyes es la “unidad
          sistemáticamente acabada de la teoría”.<xref ref-type="fn" rid="fn27">27</xref> Lo que
          garantiza la unidad de la ciencia no es una mera decisión del (científico) teórico (que
          podría ser puramente hipotética), sino la legalidad esencial captada que prescribe
          condiciones de modo uniforme a toda teoría. Por ello, es la unidad de las leyes esenciales
          generales la que posibilita la unidad de la ciencia. Sobre la base (de la captación) de
          estas leyes básicas esenciales, se pueden luego derivar otras verdades esenciales, en el
          marco de una auténtica teoría axiomática.<xref ref-type="fn" rid="fn28">28</xref> Aunque
          de un modo más complejo, intuición (intelección) y deducción tienen un rol análogo al dado
          por Descartes en sus conocidas Reglas.</p>
    <p>Para garantizar la unidad y articulación de la ciencia en sus diversas ramas hay que conocer
          las leyes básicas y los principios de explicación. Hay diferentes tipos de ciencias que se
          definen por sus grados de generalidad: las más generales tematizan los principios y leyes
          básicas que se aplican a todo ámbito, mientras que las más particulares se circunscriben a
          ámbitos específicos. Por un lado, están las ciencias teóricas o abstractas —Husserl
          cuestiona, juiciosamente, la denominación ‘abstracta’, y remite por ello a la
          caracterización de ciencias nomológicas tomada de Kries, que es adecuada por su referencia
          a las leyes— y, por otro lado, las ciencias concretas u ontológicas. Estas últimas son
          ciencias que se relacionan con objetos reales (del mundo), como es el caso de la
          geografía, la historia o la anatomía. Por su parte, al explicitar las leyes esenciales,
          las ciencias teóricas o nomológicas son las auténticas ciencias fundamentales, pues
          determinan todo ámbito científico específico. En tanto prescriben condiciones legales
          generales, su aplicación es ubicua, es decir, alcanzan a “todos los hechos posibles y
          particularidades esenciales que encuentran sus principios de explicación en una legalidad
            fundamental”.<xref ref-type="fn" rid="fn29">29</xref> A modo de ejemplo, el estudio del
          cuerpo humano realizado por la anatomía presupone leyes formales esenciales basadas en
          conceptos formales tales como los de todo y partes, unidad, relación entre partes, etc.,
          aun cuando éstos nunca sean tematizados, como suele suceder. Pese a esta ausencia de
          tematización de los presupuestos lógico-formales —quizás inevitable e incluso necesario
          metodológicamente para el funcionamiento práctico de una ciencia—, son las ciencias
          teóricas las que, en última instancia, garantizan que las ciencias concretas tengan
          aquello que las hace ser ciencias, i.e., su carácter teórico.</p>
    <p>Al definir los criterios generales que deben aplicarse para que una teoría sea considerada
          teoría en sentido formal, es decir, con total independencia del contenido empírico de la
          misma, las ciencias teóricas explicitan las condiciones formales básicas sin las cuales no
          podría haber un objeto o campo específico de una disciplina que pueda denominarse
          ‘ciencia’. Por supuesto, las ciencias empíricas sólo existen a partir de sus respectivas
          investigaciones empíricas; en tal sentido, las ciencias teóricas aquí consideradas nada
          dicen de los contenidos ‘materiales’ concretos de cada disciplina científica. Se trata
          aquí, evidentemente, sólo de condicionamientos formales (categoriales y esenciales) que
          definen y delimitan el ámbito científico y así establecen, entre otras cosas, cuáles son
          los hechos y las particularidades que deben <italic>ser considerados</italic> en cada
          marco específico y así desarrollar una eventual investigación particular. En otras
          palabras, la determinación de categorías generales fundamentales no depende de cada
          ciencia particular. Sólo sobre esta base es luego posible toda ciencia empírica. Por
          supuesto, ‘luego’ o ‘anterioridad’ deben entenderse aquí en sentido lógico, no
          necesariamente temporal. Por ello, más allá de la (relativa) independencia con la que
          funcionan metodológicamente las ciencias particulares, estos estudios formales permiten
          evitar confusiones tales como los errores categoriales.<xref ref-type="fn" rid="fn30"
            >30</xref> De este modo, sin inmiscuirse en los ámbitos empíricos específicos de las
          ciencias concretas, las ciencias teóricas establecen las condiciones de posibilidad de una
          teoría en general.</p>
    <p>Sobre esta base se distinguen las condiciones reales de posibilidad de una ciencia (por
          ejemplo, antropológico-históricas, psicológicas, etc., que, evidentemente, son dejadas
          fuera de juego) de las condiciones ideales. En el marco de estas últimas, que son las que
          tienen valor aquí, se vuelve a distinguir entre condiciones noéticas y condiciones lógicas
          puras. Las primeras tienen que ver con las intelecciones en tanto actos de la conciencia
          con sus cumplimientos<xref ref-type="fn" rid="fn31">31</xref>, sin los cuales no tenemos
          acceso a un conocimiento objetivo. Éstas son objeto de una indagación gnoseológica, que,
          como dijimos, será tema del segundo volumen de las. Por su parte, las condiciones ideales
          lógicas puras (tema de la WL) son las que tienen que ver con el contenido lógico<xref
            ref-type="fn" rid="fn32">32</xref> del conocimiento, es decir, con las verdades
          objetivas y las leyes, los fundamentos, los principios, etc., que —con cierto sesgo
          platónico claramente pre-fenomenológico— “son lo que son,
            <italic>independientemente</italic> de que los captemos intelectivamente
            (<italic>einsehen</italic>) o no”<xref ref-type="fn" rid="fn33">33</xref>, es decir, con
          independencia de las condiciones noéticas.<xref ref-type="fn" rid="fn34">34</xref>
          Remarcando así una de las tesis afirmadas de este trabajo, Husserl entiende que dicho
          contenido lógico —i.e., las condiciones (ideales, lógicas puras) de posibilidad del
          conocimiento en general<xref ref-type="fn" rid="fn35">35</xref>— puede perfectamente ser
          investigado dejando de la lado metodológicamente la subjetividad (cognoscente). Éste es,
          en efecto, el eje del proyecto de la WL, focalizada sólo en las condiciones lógicas puras,
          sin remisión alguna a lo noético captado por el método fenomenológico.</p>
  </sec>
  <sec id="sec1.3">
    <title>1.3. Los temas de la lógica pura: conceptos primitivos y proposiciones, leyes y teorías,
          doctrina de la multiplicidad</title>
    <p>El paso siguiente consiste en explicitar, delimitar y fijar cuáles son las mentadas
          condiciones lógicas puras de toda teoría. El contenido lógico se compone de todos los
          conceptos categoriales (es decir, las categorías más fundamentales) que hacen posible una
          teoría —tratados en abstracción de los actos del sujeto<xref ref-type="fn" rid="fn36"
            >36</xref>—, sus combinaciones, así como de leyes básicas, compuestas por aquéllos.
          Estos elementos son la condición de posibilidad de una teoría en general, puesto que “toda
          teoría con pretensiones de tal es teoría en la medida en que armoniza con estos conceptos
          o leyes”. El estudio de esto debe mostrar la justificación lógica (<italic>logische
            Rechtfertigung</italic>) de una teoría a partir de la “remisión a la esencia de su forma
          y, por consiguiente, de la remisión a aquellos conceptos y leyes que conforman los
          [elementos] constituyentes ideales de una teoría en general (sus ‘condiciones de
            posibilidad’)”.<xref ref-type="fn" rid="fn37">37</xref></p>
    <p>Aquí nos encontramos con tres tareas que debe realizar la WL, que
    corresponden a sus respectivos ‘objetos’ temáticos: (1) fijar
    conceptos y mostrar su combinación en proposiciones, (2) establecer
    leyes y teorías, y (3) esbozar una teoría de la multiplicidad.</p>

    <list list-type="order">
      <list-item>
        <p>La primera tarea tiene como función fijar los conceptos primitivos que hacen posible todo
              juicio y que son los ‘ladrillos’ que conforman la base de toda teoría, pues toda
              teoría presupone necesariamente estas categorías. Nos encontramos aquí con (a) las
              categorías de significación puras, (b) las categorías puras del objeto y (c) las
              formas elementales de combinación.</p>
      <p>(a) Las categorías de significación puras son los “conceptos de segundo nivel” o bien
            “conceptos de conceptos”, como ser el concepto de concepto, de proposición, de verdad,
              etc.<xref ref-type="fn" rid="fn38">38</xref> Por su parte, (b) las categorías
              objetuales<xref ref-type="fn" rid="fn39">39</xref> puras son aquéllas que determinan
            el objeto en tanto tal, es decir, con absoluta independencia de su estatuto ontológico
            concreto, empírico y de toda materia de conocimiento, como, v.gr., el concepto de
            objeto, de estado-de-cosas, de unidad, multiplicidad, número, relación, conexión.<xref
              ref-type="fn" rid="fn40">40</xref> Las categorías objetuales y las categorías de
            significación son <italic>correlativas</italic>, volviendo así a la idea de base de una
            correlación entre verdad y ser.</p>
      <p>Y aquí vuelven a aparecer la referencia (necesaria) a la pregunta por el lado subjetivo del
            conocimiento. Si bien la fijación de dichos conceptos primitivos es una tarea puramente
            lógica que corresponde a la WL, la pregunta por el origen (sic:
              <italic>Ursprung</italic>) de estos conceptos no puede buscarse ni en la WL, ni, como
            es evidente, en la psicología, pues se trata, y el eje del proyecto global de las LU, de
            una ‘investigación fenomenológica’<xref ref-type="fn" rid="fn41">41</xref>, que consiste
            en la intelección de la esencia de los conceptos en cuestión.<xref ref-type="fn"
              rid="fn42">42</xref></p>
      <p>(c) La última tarea es indagar las formas de posibles combinaciones de los conceptos, tales
            como la conjunción, disyunción, etc., sobre la base del concepto de proposición. Es
            importante observar que Husserl no habla aquí de juicios, sino de proposiciones u
            oraciones (<italic>Sätze</italic>), circunscribiéndose de este modo al aspecto meramente
            lógicolingüístico, y evitando así posibles implicancias inherentes al concepto de juicio
            en tanto ‘acto’ de la conciencia. A partir de combinaciones de sujeto y predicado de
            oraciones simples se constituyen combinaciones predicativas más complejas, reguladas por
            leyes de posibles combinaciones. Esto permite obtener proposiciones que pueden
            combinarse en nuevas proposiciones, en el marco de una multiplicidad infinita de
              posibilidades.<xref ref-type="fn" rid="fn43">43</xref></p>
      <p>Dichas combinaciones de categorías en proposiciones cada vez más complejas son la base
            lógica sobre la cual serán luego posible los juicios.</p>
      </list-item>
      <list-item>
        <p>El segundo eje de tareas consiste en explicitar: (i) las leyes primitivas que se fundan
              en los conceptos básicos y proposiciones del apartado anterior, considerando que las
              leyes “en su generalidad lógico-categorial tienen que ver con significaciones y
              conceptos en general”<xref ref-type="fn" rid="fn44">44</xref>; y, sobre la base de
              dichas leyes, (ii) el modo de constitución de las teorías. Aquí debemos recordar que
              la referencia es a leyes y teorías en general, es decir, se trata sólo de la
                <italic>forma</italic> que deben las tener las leyes y teorías para ser consideradas
              tales, con independencia de los contenidos particulares de cada disciplina
              científica.</p>
      </list-item>
      <list-item>
        <p>Por último, el tema más complejo e incluso oscuro —como Husserl reconoce<xref
                ref-type="fn" rid="fn45">45</xref>—, pero quizás a su vez el más sugestivo y audaz
              de las tareas de la WL, es la doctrina pura de la multiplicidad (<italic>reine
                Mannigfaltigkeitslehre</italic>), en tanto teoría de las formas de las teorías
              posibles. Si bien es cierto que dicho concepto no es un aporte original de Husserl, su
              aplicación filosófica en el contexto amplio de una WL sí puede considerarse como una
              contribución original.<xref ref-type="fn" rid="fn46">46</xref></p>
      </list-item>
    </list>

    <p>Las dos primeras tareas analizadas se complementan con esta última. Sobre la base de los
          conceptos categoriales y sus combinaciones en proposiciones se forman múltiples teorías
          posibles. Dichas teorías pueden siempre volver a estos conceptos primitivos fundamentales.
          Ante eventuales problemas en el seno de una disciplina teórica, ésta puede remontarse al
          “tipo categorial o (lo que es lo mismo) a la forma de la teoría”.<xref ref-type="fn"
            rid="fn47">47</xref> La dotrina de la multiplicidad es una doctrina general de los
          sistemas formales deductivos que, en tanto metateoría (o doctrina de las formas de las
          teorías), permite formar y generar nuevas y diferentes teorías en función de las posibles
          combinaciones que se dan en virtud de sus mutuas conexiones, pero, sin olvidar, que esto
          se da en el marco de un saber unitario en el que las teorías no están (o no deben estar)
          desconectadas entre sí. En cualquier caso, esta concepción tiene una “gran significación
          metodológica”, pues sus posibilidades son potencialmente infinitas, dado que “con la
          expansión de la esfera deductiva y teórica crece también la vivacidad libre de la
          investigación teórica, crece la riqueza y la fecundidad de los métodos”.<xref
            ref-type="fn" rid="fn48">48</xref></p>
  </sec>
  <sec id="sec1.4">
    <title>1.4. Las posibilidades de la <italic>Mannigfaltigkeitslehre</italic></title>
    <p>La doctrina de la multiplicidad no debe entenderse como una limitación directa de las
          ciencias, considerando que se extiende sólo a puras formas de teorías, dejando todo
          contenido indeterminado. Sobre esta base, se abre el juego a diferentes posibilidades de
          formulación de teorías, en un ámbito de libertad e investigación creativa en el que se
          puede teoretizar sobre diversos campos posibles de conocimiento.</p>
    <p>Indudablemente, gracias a su formación como matemático, Husserl entendió que había un cambio
          de paradigma en la matemática y esto le sirvió de base como modelo para pensar, en un
          sentido más general, una doctrina filosófica que pudiese asimilar estas nuevas teorías
          matemáticas. De hecho, Husserl da crédito a los matemáticos por haber pensado más allá de
          la metafísica (clásica) a partir de un ámbito puramente formal-categorial. Le reconoce a
          matemáticos como Grassmann, Cantor o Riemann haber sentado las bases para pensar las
          “formas de teoría categoriales puras [a través de las cuales] se destierra toda niebla
          metafísica y toda mística de las correspondientes investigaciones matemáticas”.<xref
            ref-type="fn" rid="fn49">49</xref> En la medida en que se respeten los conceptos
          fundamentales, las formas de combinación y los principios legales —como el de no
          contradicción que es, en última instancia, un criterio de base presupuesto urbi et orbi—,
          se puede pensar cualquier teoría posible sin anclajes materiales que limiten la libertad
          de la misma. Y dado que se puede teoretizar libremente sobre puras formas de teorías, se
          abre un campo potencialmente infinito de formas de teorías posibles, que luego podrán
          instanciarse en una teoría particular, específica, en el marco de una ciencia particular,
          con una propuesta concreta que sólo debe respetar las mentadas condiciones formales. Las
          teorías reales o efectivas (de cada ciencia) son, pues, “especializaciones o
          singularizaciones de sus correspondientes formas de teorías” y los “ámbitos de
          conocimiento desarrollados teóricamente son multiplicidades singulares”.<xref
            ref-type="fn" rid="fn50">50</xref></p>
    <p>Para comprender el sentido de esta doctrina de la multiplicidad, debemos tener en cuenta que
          Husserl está pensando aquí como matemático y como filósofo al mismo tiempo. En tanto
          matemático, piensa en temas de la matemática de su tiempo, que intentaba romper con
          algunos paradigmas clásicos, como, por ejemplo, en el caso de la teoría de los números
            complejos.<xref ref-type="fn" rid="fn51">51</xref> Conceptos tales como los de números
          irracionales no pueden explicarse desde una mirada circunscripta a una ontología realista
          del ser (al menos no en un sentido ingenuo), sino que implican una ampliación del marco
          formal, y esto es precisamente lo que posibilita la teoría de las multiplicidades, a
          saber, pensar otro tipo de objetividades (formales) que no se restrinjan al objeto
          natural, sino que sólo estén sujetas a las condiciones formales de toda teoría.<xref
            ref-type="fn" rid="fn52">52</xref> Por otro lado, piensa como filósofo, pues, a
          diferencia de Cantor, Riemann u otros, su mirada va más allá de la matemática stricto
          sensu y se adentra en la cosmovisión universal de una filosofía que determina las
          condiciones formales de posibilidad de toda ciencia, para poder pensar todas las teorías
          posibles; en otras palabras, esto alcanza a toda ciencia y no sólo a la matemática. De
          esta manera, es el filósofo y no el matemático el que debe dirigir el proyecto, pues es
          quien piensa en función del todo — vemos aquí una reivindicación del rol del filósofo que
          atraviesa toda su obra. Por supuesto, en línea con Platón, Husserl valora la
          complementariedad entre matemática y filosofía: mientras que el matemático es un mero
          técnico, el filósofo es el auténtico teórico.<xref ref-type="fn" rid="fn53">53</xref> Es
          el filósofo el encargado de la “intelección última en la esencia (<italic>letzte Einsicht
            in das Wesen</italic>)”.<xref ref-type="fn" rid="fn54">54</xref></p>
    <p>En cierta sintonía con algunas posiciones neokantianas, nos dice que la misión del filósofo,
          en el marco de una WL, no es fundar las ciencias de un modo directo, sino sólo establecer
          las condiciones de posibilidad de éstas, es decir, los condicionamientos categoriales,
          formales, puros y objetivos (i.e., ni empíricos, que son dejados fuera de juego, ni
          tampoco los noéticos, cuyo tratamiento es pospuesto). Por su parte, las ciencias se fundan
          en su ars inventiva para crear libremente teorías.<xref ref-type="fn" rid="fn55">55</xref>
          Vemos que mientras el científico hace uso (ingenuo) en sus teorías de conceptos tales como
          cosa, proceso, causa, etc.<xref ref-type="fn" rid="fn56">56</xref>, el filósofo en tanto
          lógico (en el sentido de Husserl) explicitará las condiciones formales que posibilitan y
          delimitan dichos conceptos; por su parte, el filósofo ya qua fenomenólogo, y ahora sí
          haciendo noética, deberá mostrar el origen <italic>subjetivo</italic> (no en sentido
          psicológico) del conocimiento, a partir de la relación de éste con la conciencia
          intencional. Estas dos tareas articuladas del filósofo, i.e., la del lógico puro y la del
          fenomenólogo, corresponden, respectivamente, a la relación entre la objetividad del
          contenido de conocimiento y la subjetividad del conocer, tal y como se anticipa en el
          Prefacio de las LU citado arriba. En un recorrido complejo y algo oscuro, en las LU se
          encuentran ya prefigurados los lineamientos centrales del proyecto fenomenológico en su
          totalidad.</p>
  </sec>
</sec>
<sec id="sec2">
  <title>2. De la <italic>Wissenschaftslehre</italic> a la teoría del conocimiento
        (fenomenología)</title>
  <sec id="sec2.1">
    <title>2.1. La teoría del conocimiento (o fenomenología) como complemento de la
            <italic>Wissenschaftslehre</italic></title>
    <p>Pese a que el título del primer parágrafo del segundo volumen de las LU demanda
          explícitamente la “necesidad de las investigaciones fenomenológicas para una preparación y
          esclarecimiento de crítica del conocimiento<xref ref-type="fn" rid="fn57">57</xref> de la
          lógica pura”<xref ref-type="fn" rid="fn58">58</xref>, dicho volumen no explicita
          detenidamente, como sería de esperar, el modo en el que entender la relación entre el
          proyecto de la WL y el proyecto fenomenológico propiamente dicho, por lo que queda la
          sensación de un cierto ‘salto’ entre el primer tomo y el segundo.<xref ref-type="fn"
            rid="fn59">59</xref> La Introducción al segundo tomo se esfuerza más en plantear los
          temas que serán abordados que en explicar cuál es el nexo con el primer volumen. ¿Qué nos
          dice allí sobre la articulación entre WL y teoría del conocimiento (fenomenología)?</p>
    <p>Por un lado, al indagar el origen de los conceptos lógicos en tanto “unidades de pensamiento
          con validez”, la fenomenología debe proveer la fuente de los conceptos y las leyes ideales
          de la lógica pura<xref ref-type="fn" rid="fn60">60</xref>, y para ello debe indagar el
          modo en que dichos conceptos son captados con evidencia y encuentran su “origen en la
            intuición”.<xref ref-type="fn" rid="fn61">61</xref> Esta remisión a la intuición es el
          hilo conductor que teje el nexo entre la propuesta de los Prolegómenos y el final de la
          historia en este segundo volumen. La pregunta central es cómo el ‘en sí’ de la objetividad
          se capta en conocimiento o, en términos fenomenológicos, cómo, en tanto objeto ideal, es
          dado y captado.<xref ref-type="fn" rid="fn62">62</xref> El conocido principio de la
          ausencia de presupuestos consiste justamente en la remisión necesaria a lo dado en
          intuición, es decir, el conocimiento stricto sensu, pues, pese a su valor filosófico, lo
          puro y formal, considerado ‘en sí’, no deja de ser una presuposición que sólo se supera
          con (un estudio sobre) lo dado. En última instancia, debemos remitirnos a la
            intuición.<xref ref-type="fn" rid="fn63">63</xref> En la referencia a la tarea y
          significación de las LU dada en las Lecciones de 1925, nos dirá Husserl, en una mirada
          retrospectiva, que el proyecto de esta obra no era sino el de un esclarecimiento de la
          idea pura de la lógica sobre la base de una remisión a la “dación de sentido
            (<italic>Sinngebung</italic>)” de la conciencia lógica. En otras palabras, la lógica
          obtiene su sentido en virtud de realizaciones subjetivas, que no son sino vivencias
            lógicas.<xref ref-type="fn" rid="fn64">64</xref></p>
    <p>Estas breves reflexiones se cierran con la afirmación de que la “teoría del conocimiento no
          es, en sentido estricto, una teoría”.<xref ref-type="fn" rid="fn65">65</xref> Y no lo es,
          puesto que, a diferencia de lo dicho en el marco de la WL sobre las teorías posibles, no
          se trata de una teoría más entre otras: ‘teoría’ en tanto <italic>teoría</italic> del
          conocimiento no significa lo mismo que ‘teoría’ en tanto teoría científica específica;
          ambos términos guardan una relación meramente analógica. La teoría del conocimiento es
            <italic>la</italic> descripción del conocer y, en tal sentido, “no construye teorías
          deductivas y no se ordena debajo de tales teorías”.<xref ref-type="fn" rid="fn66"
            >66</xref> Es en este marco que Husserl presenta su idea de que la teoría del
          conocimiento o fenomenología (en este período Husserl las identifica) “es el complemento
          filosófico (<italic>die philosophische Ergänzung</italic><xref ref-type="fn" rid="fn67"
            >67</xref> de la mathesis pura”, y concluye diciendo que, “junto con esta teoría de las
          teorías, la teoría del conocimiento formal que esclarece [esto] es anterior a toda teoría
            empírica”.<xref ref-type="fn" rid="fn68">68</xref> Como ya se indicó: el científico
          formula teorías específicas, el filósofo en tanto <italic>lógico</italic> estudia la
          ‘teoría de las teorías’, y el filósofo en tanto <italic>fenomenólogo</italic> estudia la
          teoría del conocimiento, que es la disciplina correlativa y complementaria de la WL, a la
          que da su fundamento. Como resulta ya evidente, sendos saberes filosóficos son (en sentido
          lógico) anteriores a toda teoría especifica.</p>
    <p>La tesis de que la lógica pura encuentra su complemento necesario en la teoría del
            conocimiento<xref ref-type="fn" rid="fn69">69</xref> podemos encontrarla en las
          lecciones de Göttingen de 1902/03 sobre teoría general del conocimiento, registro cercano
          a la primera edición de las LU. Uno de los ejes de las lecciones consiste en mostrar en
          qué sentido se supera el psicologismo: la teoría del conocimiento, no debe entenderse en
          sentido psicológico.<xref ref-type="fn" rid="fn70">70</xref> Primero, que haya un lado
          subjetivo del conocimiento no implica que éste deba ser puramente psicológico. Segundo (y
          esto es lo que nos interesa), <italic>la presencia de un lado subjetivo (del conocimiento)
            no implica en absoluto que su correlato, es decir, el lado objetivo, se reduzca a lo
            subjetivo</italic>. La mención del ‘lado objetivo’ del pensamiento es una referencia a
          todo lo que tiene que ver con la lógica pura y su validez objetiva ‘en sí’, que nada tiene
          de subjetivo. Ningún lado de la correlación debe reducirse al otro.</p>
    <p>Dicho polo ‘objetivo’ (en el sentido de <italic>gegenständlich</italic>) son todos aquellos
          elementos puramente lógicos que son condiciones de validez de toda ciencia<xref
            ref-type="fn" rid="fn71">71</xref> y que son correlatos de las realizaciones subjetivas.
          La lógica pura es formal en tanto estudia “aquello que no constituye la materia particular
          de las ciencias particulares”.<xref ref-type="fn" rid="fn72">72</xref> Por su lado, la
          pregunta la teoría del conocimiento debe esclarecer (<italic>aufklären</italic>) el
          sentido y la validez objetiva de los conceptos y las leyes estudiados por la lógica
            pura.<xref ref-type="fn" rid="fn73">73</xref> Anticipando lo que vendrá en
          investigaciones posteriores, Husserl agrega (nota en el margen) la referencia a la
          “fenomenología”, indicando así que, al menos en este período, teoría del conocimiento
          equivale a fenomenología.<xref ref-type="fn" rid="fn74">74</xref> En continuidad con lo
          dicho en las LU, Husserl sostiene que sólo de un modo “muy inadecuado se denomina teoría
          del conocimiento”<xref ref-type="fn" rid="fn75">75</xref>, pues no se trata de una teoría
          más entre otras, sino que “la teoría del conocimiento es en primer lugar una fenomenología
          del conocimiento”.<xref ref-type="fn" rid="fn76">76</xref></p>
  </sec>
  <sec id="sec2.2">
    <title>2.2. La fenomenología trascendental: epoché de la <italic>Wissenschaftslehre</italic> (y
          de su ingenuidad)</title>
    <p>Como es sabido, en los años que van entre la publicación de las LU de 1900/01 y las
            <italic>Ideen zu einer reinen Phänomenologie</italic> [en adelante Ideen I] de 1913,
          Husserl formula su fenomenología en términos más explícitos, a la que va definiendo
          gradualmente en tanto trascendental.<xref ref-type="fn" rid="fn77">77</xref> Aun es este
          marco, se observa cierta continuidad en la consideración de la propuesta de la WL o lógica
          pura (ahora también presentada explícitamente en tanto ontología formal) y de su relación
          con la teoría del conocimiento. Para enmarcar esta cuestión conceptual, podemos considerar
          el Prefacio que Husserl bosquejó para la nueva edición de las LU de 1913, considerando que
          se trata, precisamente, de una nueva ‘introducción’ al texto que hemos analizado.</p>
    <p>La lógica pura se determina en tanto “desarrollo del concepto de mathesis universalis”.<xref
            ref-type="fn" rid="fn78">78</xref> La esfera del ‘en sí’ ideal será planteada en
          adelante en términos de ‘ingenuidad’, concepto que será clave. ‘Ingenuidad’ quiere decir
          aquí ‘no-conciencia del origen del conocimiento’. Así, la mathesis universalis es
            <italic>ingenua</italic> en la medida que es sólo lógica pura no esclarecida por la
          teoría del conocimiento.<xref ref-type="fn" rid="fn79">79</xref> Sólo la fenomenología
          puede superar la ingenuidad de la WL y a fortiori de las ciencias, al poner de manifiesto
          las realizaciones subjetivas. Aun cuando el trabajo del lógico sea muy preciso en términos
          conceptuales, la lógica pura considerada en sí misma no es más que una mera cuestión de
          operaciones lógicas (aun cuando filosóficas), i.e., no deja de ser <italic>naiv</italic>
          (sic). La doctrina de las teorías formales, de la teoría de la multiplicidad, que son el
          resultado de la nueva matemática<xref ref-type="fn" rid="fn80">80</xref>, no pueden
          jactarse de ser una auténtica ‘teoría’ sin la remisión, en última instancia, a lo dado en
          sentido originario.<xref ref-type="fn" rid="fn81">81</xref> Esto nos lleva de nuevo al
          recurrente problema de dar cuenta de la delgada línea que separa la teoría del
          conocimiento, en tanto auténtica filosofía, con la psicología.</p>
    <p>La mathesis universalis en su forma técnica y, eo ipso, ingenua no tiene “<italic>nada en
            común</italic> con la teoría del conocimiento o la fenomenología”.<xref ref-type="fn"
            rid="fn82">82</xref> Es el esclarecimiento (<italic>Aufklärung</italic>) fenomenológico
          de la correlación entre ser y conciencia el que nos muestra la fuente que da
            <italic>sentido</italic> filosófico auténtico a la mathesis o WL. Por ello, es sólo en
          virtud de la fenomenología que la WL pasa de ser un mero cálculo matemático ingenuo a una
          filosofía (auto)consciente de sí. La aplicación (<italic>Anwendung</italic>) de la
          fenomenología a la mathesis natural-objetiva da autoconsciencia (reflexiva,
          fenomenológica, filosófica) a la ingenuidad lógico-matemática. Es interesante constatar
          que la mathesis formal pura es caracterizada aquí en tanto ‘natural’ (sic), algo que se
          presentaría prima facie como una suerte de naturalización de lo objetivo formal y que,
          evidentemente, contradeciría la intención misma de Husserl. Pero no debemos confundirnos:
          la contraposición no es aquí entre formal-idealobjetivo y natural-real, sino entre
          natural-ingenuo y trascendental-autoconsciente, entendiendo esto último en términos de
          autoconciencia fenomenológica, reflexiva, no en el sentido de la autoconciencia de la
          corriente de vivencias. Tenemos así una correspondencia entre una lógica dada en “actitud
          naturalobjetiva” y una lógica filosófica esclarecida por la fenomenología. Sólo la
          fenomenología trascendental provee de un esclarecimiento para salir de la mentada
            ingenuidad.<xref ref-type="fn" rid="fn83">83</xref> Se vuelve así a una idea recurrente:
          una ciencia puede funcionar y tener excelentes resultados técnicos y prácticos (como en el
          caso, por ejemplo, del uso de la energía nuclear), pero esto no quita que la ciencia
          carezca de fundamento último, que sólo es desvelado o puesto de manifiesto por la
          fenomenología, en una idea general que se mantendrá firme hasta la Krisis. En esta línea,
          las Ideen III nos dicen que las ciencias son dogmáticas en la medida en que sus conceptos
          más elementales no se sometan a un esclarecimiento (<italic>Klärung</italic>) que sólo es
          posible sobre la base de la remisión a la fenomenología.<xref ref-type="fn" rid="fn84"
            >84</xref></p>
    <p>Debemos volver aquí a un punto esencial. En el fondo, se trata de una correlación entre la WL
          (y las ciencias fundadas en éstas) y la teoría del conocimiento o (aquí ya sí) la
          fenomenología, en lo que podríamos decir que es una suerte de extensión de la idea misma
          de la intencionalidad de la conciencia al plano amplio de las ciencias y del conocimiento.
          Nos dice Husserl<xref ref-type="fn" rid="fn85">85</xref>, a modo de ejemplo, que la física
          se profundiza a partir de la correlación entre el ser físico y la subjetividad
          cognoscente, que es la que posibilita que el conocimiento objetivo salga de su
          ‘anonimidad’, es decir, de su ingenuidad, a partir de la explicitación de las
          realizaciones de la subjetividad siempre subyacentes.<xref ref-type="fn" rid="fn86"
            >86</xref> Es la (auto)conciencia (fenomenológica) la que nos permite ver que la
          objetividad sólo tiene sentido a partir de las realizaciones subjetivas, punto de
          inexorable referencia; sólo así puede la física natural ingenua pasar a ser una física
          filosófica. Todas estas reflexiones del nuevo Prefacio de las LU adquieren mayor claridad
          cuando son planteadas en el marco de la epoché y la reducción fenomenológica. Así llegamos
          a Ideen I.</p>
    <p>El punto de partida sigue siendo la lógica pura, pero planteada aquí en términos de análisis
          eidéticos y ontológicos, tanto en el marco de la ontología formal como de las ontologías
          materiales. La Sección Primera, titulada “Esencia y conocimiento de esencia” y, en
          particular, el primer capítulo, “Hecho y esencia”, constituyen una auténtica introducción
          al proyecto de una WL. Aun cuando no se utilice dicho término, el proyecto sigue siendo el
          mismo: desarrollar una lógica pura o mathesis universalis.<xref ref-type="fn" rid="fn87"
            >87</xref> Se parte del factum de las ciencias, en un movimiento que podría acercarlo
          (al menos en este punto) al neokantismo de Marburgo. De aquí se debe llegar al ámbito de
          la pura generalidad eidética, para poder definir los conceptos básicos de la ontología
          formal e introducir el concepto de ontología material-regional, que depende de aquélla
          (tema que será desarrollado recién en Ideen II). Aquí nos encontramos con dos puntos
          importantes que debemos señalar.</p>
    <p>Por un lado, ya no se trata sólo de una doctrina de la ciencia que define conceptos
          presupuestos por las ciencias, sino, asimismo, de una ontología, es decir, de una
          disciplina sobres las categorías esenciales que definen áreas de la realidad. Como
          mencionamos, dicha ontología se encontraba in nuce en el proyecto anterior de una WL, pero
          aquí se torna algo explícito: hay que determinar cuál es el apriori de lo real. Por otro
          lado, y en continuidad con esto, el enfoque ya no se centra sólo de explicitar el ámbito
          de la pura generalidad formal. La introducción del análisis de ontologías materiales
          permite explicitar, a su vez, ‘regiones’ de la realidad en términos de apriori material.
          En otras palabras, hay determinaciones esenciales, apriorísticas, que van más allá de lo
          puramente formal, alcanzando las regiones materiales de lo real.<xref ref-type="fn"
            rid="fn88">88</xref> La distinción entre lo formal y lo material implica, a su vez, dos
          procedimientos metódicos diferentes: la formalización y la generalización; mientras que la
          primera explicita la subordinación general de todo en el marco de la pura formalidad
          lógica, la segunda muestra la subordinación de las esencias particulares a sus géneros
          específicos, es decir, materiales.<xref ref-type="fn" rid="fn89">89</xref> Sobre esta base
          ontológica, encuentran su fundamento eidético (tanto a nivel formal como material) las
          diversas ciencias particulares, primero las ciencias eidéticas y luego las ciencias
          empíricas fundadas en aquéllas. El proyecto general sigue siendo el mismo: la
          clasificación y tematización de los conceptos y leyes fundamentales de las ciencias a
          partir “investigaciones lógicas puras previas”. Pero aquí aparece una aclaración
          fundamental que sitúa con claridad el lugar del método fenomenológico y su relación con la
          lógica pura: “todavía no sabemos nada” de la fenomenología.<xref ref-type="fn" rid="fn90"
            >90</xref> Una vez más, vemos que la lógica pura se mueve en un ámbito lógico puro que
          es pre-fenomenológico.</p>
    <p>La gran novedad de Ideen I es, como se sabe, la incorporación de la epoché y la reducción
          fenomenológica como dispositivos metódicos, procedimientos que definen el campo de
          investigación de la fenomenología en tanto análisis de la conciencia pura y de la
          correlación intencional entre el lado objetivo y el subjetivo del conocimiento. La
          ejecución de la epoché y el consecuente giro de la mirada en la reducción nos permiten
          entender mejor la idea de por qué la lógica pura, aun cuando pura, se mueve en el ámbito
          de la actitud natural, es decir, no trascendental, no fenomenológico. Al igual que todo lo
          dado en la actitud natural, la lógica pura (y la WL) y las ciencias son
            <italic>ingenuas</italic>. En este contexto metódico de la epoché, se lleva a cabo una
          explícita desconexión de la lógica pura en tanto mathesis universalis<xref ref-type="fn"
            rid="fn91">91</xref>, mostrando así, una vez más, el privilegio fundacional y la
          anterioridad de la fenomenología sobre la WL. En su anterioridad, la fenomenología debe
          prescindir metódicamente incluso de la WL, pues “en principio una fenomenología
          descriptiva debe ser independiente de toda otra disciplina”.<xref ref-type="fn" rid="fn92"
            >92</xref> Para fundar fenomenológicamente la WL, primero hay que ponerla entre
          paréntesis y ‘desconectar’ así su validez.<xref ref-type="fn" rid="fn93">93</xref> Sólo
          luego, la fenomenología nos muestra intelectivamente de modo evidente (la expresión es
            <italic>einsichtig machen</italic>) la validez absoluta de las proposiciones de la
          lógica.</p>
  </sec>
  <sec id="sec2.3">
    <title>2.3. <italic>Wissenschaftslehre</italic> y fenomenología en el marco de un sistema
          filosófico</title>
    <p>La introducción de la consideración fenomenológica de la dimensión genética no cambiará el
          valor central dado a la WL. Prueba de ello son las diversas lecciones dictadas en
          Freiburg, pero principalmente la publicación de <italic>Formale und transzendentale
            Logik</italic> en 1929, en donde Husserl presenta un detallado esquema de articulación
          entre la lógica formal (y su mathesis universalis) y la lógica trascendental. Se parte de
          la lógica formal para llegar a su fundamentación trascendental (<italic>transzendentale
            Grundlegung</italic>) en la fenomenología.<xref ref-type="fn" rid="fn94">94</xref> El
          horizonte se amplía, por cierto, en especial a partir del proyecto de una genealogía de la
          lógica (en perspectiva genética), proyecto que será plasmado en <italic>Erfahrung und
            Urteil</italic>. Dado el espesor conceptual de las dos obras mencionadas, que no podemos
          analizar aquí, nos limitaremos a mencionar, a modo de ejemplo, las Lecciones de
          Introducción a la Filosofía, dictadas por Husserl en 1922/23.</p>
    <p>Pese a los años que lo separa con los textos analizados, el proyecto general sigue siendo un
          esquema de articulación entre la WL —concepto que vuelve aparecer aquí—, lógica pura o
          mathesis universalis en tanto “ciencia sobre las ciencias”<xref ref-type="fn" rid="fn95"
            >95</xref>, y la fenomenología en tanto “teoría originaria y auténtica de la razón
            cognoscente”.<xref ref-type="fn" rid="fn96">96</xref> La primera necesita de la segunda
          que es la ciencia universal de la vida cognoscente.<xref ref-type="fn" rid="fn97"
            >97</xref> Pero lo interesante es constatar aquí que aparece mucho más explícitamente la
          idea de un sistema filosófico (tema recurrente en escritos tardíos) en el que se articulan
          la WL y la fenomenología, en el marco de una interpretación filosófica que entiende a
          ambas a partir de la idea general de sapientia universalis, como horizonte general y
          último del saber. Ciencia y filosofía son así partes de un todo que las comprende.</p>
    <p>Los conceptos fundamentales encuentran su intelección última en la filosofía y en la
          fenomenología en particular<xref ref-type="fn" rid="fn98">98</xref>: objeto, propiedad,
          relación, conexión, todo y partes, proposición, fundamento, consecuencia, existencia,
          verdad, experiencia, etc., no son sólo los conceptos más universales de toda ciencia, pues
          “encuentran su aplicación en todo ámbito científico posible”, sino que son, asimismo,
          conceptos ontológicos que definen toda realidad, es decir, “en su generalidad universal,
          engloban el universo real”.<xref ref-type="fn" rid="fn99">99</xref> Y volvemos aquí a un
          punto central del recorrido: todos estos conceptos permanecen en el fondo ingenuos,
          incluso enigmáticos, pues se presuponen y desconocen su origen. Por ello es necesario “una
          nueva ciencia”, que no es una ciencia en el mismo sentido de las demás ciencias, sino que
          tiene la particularidad de que solamente ella “hace de lo patente (<italic>das
            Selbstverständliche</italic><xref ref-type="fn" rid="fn100">100</xref> un
            problema”.<xref ref-type="fn" rid="fn101">101</xref> La fenomenología tiene la función
          de hacer explícito lo que es patente, que está ahí, pero que no se ve por ser tan
          familiar. Si bien esto se aplica a todas las dimensiones de la experiencia humana, en
          nuestro caso en particular se trata de los conceptos categoriales básicos de las ciencias,
          que se utilizan como meras herramientas para el desarrollo de las ciencias, por lo que se
          presuponen. Y es aquí donde aparece la necesidad de preguntar por el sentido de éstas, en
          una tarea que incumbe a la fenomenología como tematización de la fuente última de todo
          conocimiento. Así volvemos a la idea de una correlación aplicada a este caso
            específico.<xref ref-type="fn" rid="fn102">102</xref> La función esencial de la
          fenomenología es dirigir la mirada al lado subjetivo de la correlación que no es sino el
          “reino de la experiencia fenomenológica”<xref ref-type="fn" rid="fn103">103</xref>, y en
          cuyo marco se presentan los temas relacionados con ésta: el ego, lo dado, la reducción, la
          epoché, etc.<xref ref-type="fn" rid="fn104">104</xref> Sin la fenomenología, el
          conocimiento objetivo no sólo queda sin una base última, sino asimismo sin su sentido
            último.<xref ref-type="fn" rid="fn105">105</xref> De nuevo, nos dice Husserl en otra
          idea recurrente que, aun cuando las ciencias puedan funcionar en un sentido práctico o
          técnico, incluso cuando éstas puedan tener un gran éxito en sus resultados (la
            <italic>prosperity</italic> de la que habla la <italic>Krisis</italic> en sus primeras
          páginas), éstas carecen de una auténtica comprensión del “sentido del mundo”<xref
            ref-type="fn" rid="fn106">106</xref>, que es su punto de inexorable referencia.</p>
    <p>Al igual que las ciencias particulares, la WL también puede bien funcionar. Pero, así como en
          el caso de las ciencias particulares, es ingenua en la medida en que no se sistematiza y
          explicita su fundamento o, en un sentido más profundo, su sentido. Sólo si se indaga su
          correlato, el conocer (en sentido subjetivo no psicológico), la intelección, la
          subjetividad que ejecuta y da sentido último a todo conocimiento, puede la WL
          transformarse en una auténtica ciencia filosófica que supere la ingenuidad.<xref
            ref-type="fn" rid="fn107">107</xref> Es interesante constatar que, si bien Husserl
          mantiene que la WL no es equiparable con la fenomenología, aquí nos señala que la WL “se
          transforma en” o “deviene” una ciencia filosófica, cuando la mirada fenomenológica supera
          la ingenuidad de lo dado en la actitud natural. De este modo, la WL pasa a formar parte de
          un horizonte ampliado del saber, a modo de rama lógicopropedéutica de la fenomenología.
          Por ello, desde el ‘lugar’ de la mirada fenomenológico-filosófica, tanto las ciencias como
          la WL se resignifican en la totalidad de la ciencia racional absoluta. Husserl denominará
          ‘fenomenología primera’ a la investigación que se ocupa de las estructuras generales de
          todo aparecer, y ‘fenomenología segunda’ a aquélla que se dedica a las disciplinas
          particulares que, obviamente, encuentran su base última en la fenomenología primera. Con
          este nuevo esquema, las ontologías y la WL son consideradas partes de la fenomenología
          segunda, i.e., en tanto partes de un sistema general del saber en el que se articulan una
          fenomenología stricto sensu y una fenomenología ampliada.<xref ref-type="fn" rid="fn108"
            >108</xref> Un análisis detenido de este concepto amplio de fenomenología segunda,
          quedará para otro trabajo.</p>
    <p>Más allá de la innegable ampliación del horizonte, el proyecto de un sistema del saber será
          eje de la filosofía husserliana en sentido amplio. Las Lecciones hacen uso explícito de la
          metáfora del ‘árbol del saber’, en cuyo marco las ciencias se entienden como “ramas
            (<italic>Zweige</italic>)” que proceden de un “sistema de raíz
            (<italic>Wurzelsystem</italic>)” y de un “tronco (<italic>Stamm</italic>)”, que es la
          fenomenología descriptiva.<xref ref-type="fn" rid="fn109">109</xref> Todo saber humano
          encuentra su ‘raíz’ en la fenomenología (primera) que, en correlación intencional, funda
          las ontologías (la formal y las materiales) y, a través de éstas, las ciencias
          particulares (eidéticas y empíricas). A modo de cierre, podemos decir que la WL —que
          siempre ocupará un lugar central en el proyecto filosófico de Husserl— es una ciencia de
          la ciencia que, si bien, al igual que las ciencias particulares, puede funcionar
          perfectamente, sin la fenomenología y su pregunta por las realizaciones de la subjetividad
          trascendental, no dejará de ser una metateoría de las ciencias, legítima en su objetividad
          en sí, pero en el fondo siempre ingenua. Por más sofisticada y precisa que pueda ser la
          lógica pura o una ciencia particular, por mejores resultados y aplicaciones tecnológicas
          que pueda tener, la ausencia de la pregunta filosóficofenomenológica deja sin ver el marco
          de referencia (trascendental) último que da sentido a toda ciencia.</p>
  </sec>
</sec>

</body>
<back>
<fn-group>
  <fn id="fn1">
    <label>1</label><p>Hubert Dreyfus, <italic>Being-in-the-World. A
    Commentary on Heidegger’s</italic> Being and Time<italic>, Division
    I</italic> (MIT Press, 1991), 3 ss., 83-84, 203 ss., 214.</p>
  </fn>
  <fn id="fn2">
    <label>2</label><p>Hua IX, 298. Trizio aclara correctamente que el término <italic>Wissenschaft</italic> tiene un
          alcance mayor al uso habitual y actual de ‘ciencia’, Emiliano Trizio, <italic>Philosophy’s
            Nature: Husserl’s Phenomenology, Natural Sciences, and Metaphysics</italic> (Routledge,
          2021), 1.</p>
  </fn>
  <fn id="fn3">
    <label>3</label><p>Hua VI, 3-4.</p>
  </fn>
  <fn id="fn4">
    <label>4</label><p>Bégout nos dice que la teoría de la ciencia, tal como se desarrolla en los Prolegómenos, fue
          siempre el <italic>axis mundis</italic> del pensamiento husserliano, Bruce Bégout,
          “L’ontologie dans les limites de la simple phénoménologie: Husserl et le primat de la
          théorie phénoménologique de la connaissance”, en <italic>Aux origines de la
            phénoménologie. Husserl et le contexte des</italic> Recherches logiques, ed. Denis
          Fisette y Sandra Lapointe (Vrin, 2003), 155.</p>
  </fn>
  <fn id="fn5">
    <label>5</label><p>Husserl suele utilizar estas denominaciones como equivalentes. Se podría decir que WL es un
          término que se circunscribe a las condiciones de la ciencia, mientras que los conceptos de
          lógica pura y, en especial, de mathesis universalis tienen un alcance mayor, implicando
          además condiciones ontológico-formales. Fisette entiende que no se debe identificar lógica
          pura y WL, en tanto la lógica pura es un instrumento para satisfacer las condiciones de la
          WL, Denis Fisette, “Husserl’s Programme of a Wissenschaftslehre in the <italic>Logical
            Investigations</italic>”, en <italic>Husserl’s</italic> Logical Investigations
            <italic>Reconsidered</italic>, ed. Denis Fisette (Kluwer, 2003), 42. Pese a cierta
          plausibilidad de esta interpretación, son numerosos los pasajes en distintas obras en los
          que Husserl identifica estos conceptos.</p>
  </fn>
  <fn id="fn6">
    <label>6</label><p>Hua XVIII, 7.</p>
  </fn>
  <fn id="fn7">
    <label>7</label><p>La pregunta por el significado de ‘sentido’
    excede el marco del presente trabajo.</p>
  </fn>
  <fn id="fn8">
    <label>8</label><p>Denis Fisette afirma correctamente que la WL es el programa que garantiza la cohesión de las LU,
          en tanto da sentido a la totalidad de la obra, Fisette, “Husserl’s Programme”.</p>
  </fn>
  <fn id="fn9">
    <label>9</label><p>Fue quizás éste el motivo por qué Paul Natorp recibió con cierto entusiasmo el proyecto de una
          teoría sobre las condiciones de las ciencias, Paul Natorp, “Zur Frage der logischen
          Methode. Mit Beziehung auf Edm. Husserls ‘Prolegomena zur reinen Logik’”, Kant Studien,
          Vol. 6, Iss. 1-3 (1901).</p>
  </fn>
  <fn id="fn10">
    <label>10</label><p>En sentido histórico (tema que excede el presente trabajo), pese a sus resonancias fichteanas, el
          concepto de WL nos remite más bien a Bolzano, desarrollado en la obra homónima de 1837,
          que fue un texto de referencia para Husserl. Según Bolzano, la WL es una ciencia o saber
          fundamental y completo, que culmina en un final armónico del conjunto de saberes reunidos
          sistemáticamente bajo la mirada filosófica, cf. Luis Niel, <italic>Representación, objeto
            e intencionalidad en el siglo XIX: De Bolzano a Meinong</italic> (Prometeo, 2019), Cap.
          1. Por su parte, el concepto de mathesis universalis se remonta a Descartes y en especial
          Leibniz, cf. David Rabouin, <italic>Mathesis universalis. L’idée de «mathématique
            universelle» d’Aristote à Descartes</italic> (PUF, 2009), 17-18, 21; Stefania Centrone y
          Jairo Da Silva, “Husserl and Leibniz: Notes on the <italic>Mathesis Universalis</italic>”,
          en <italic>Essays on Husserl’s Logic and Philosophy of Mathematics</italic>, ed. Stefania
          Centrone (Springer, 2017), 5 ss.<italic>-</italic></p>
  </fn>
  <fn id="fn11">
    <label>11</label><p>Hua XVII, § 1</p>
  </fn>
  <fn id="fn12">
    <label>12</label><p>Stefania Centrone señala que en los Prolegómenos hay tres diferentes acepciones del término
          ‘lógica’: (a) en tanto WL o teoría de las metodologías científicas, es decir, una forma de
          metalógica; (b) en tanto estudio de las relaciones entre entidades abstractas como los
          conceptos y las proposiciones; (c), en tanto mecanismo deductivo que funciona como una
          ‘ciencia de la ciencia’, Stefania Centrone, <italic>Logic and Philosophy of Mathematics in
            the Early Husserl</italic> (Springer, 2010), 100-102. Si bien la caracterización es
          correcta, no enfatiza lo suficiente la conexión íntima entre las tres acepciones de
          lógica, que suelen estar entrecruzadas. Según D.W. Smith, el concepto de lógica tal como
          aparece en las LU es una concepción propia del siglo XIX que articula elementos de la
          teoría de los actos de habla, la ontología, la fenomenología y la epistemología, David
          Woodrow Smith, “What is ‘Logical’ in Husserl’s <italic>Logical Investigations</italic>?,
          en <italic>One Hundred Years of Phenomenology. Husserl’s</italic> Logical Investigations
            <italic>Revisited</italic>, ed. Dan Zahavi y Frederik Stjernfelt (Kluwer, 2002), 52; cf.
          Richard Tieszen, “Husserl’s Concept of <italic>Pure Logic</italic>”, en <italic>Edmund
            Husserl: Logische Untersuchungen</italic>, ed. Verena Mayer (Akademie Verlag, 2008), 10
          ss.</p>
  </fn>
  <fn id="fn13">
    <label>13</label><p>Hua XVIII, 40. No siempre es fácil encontrar traducciones adecuadas que reflejen la diferencia
          entre <italic>Begründung</italic> y <italic>Grundlegung</italic>. Dado que en los dos
          conceptos hay una referencia a <italic>Grund</italic>, en sendos casos traduciré como
          ‘fundamentación’, agregando, de ser necesario, el término alemán entre paréntesis. Según
          Centrone, el concepto de fundamentación (<italic>Begründung</italic>) de Husserl es una
          adaptación directa de la noción bolzaniana de consecutividad entre verdades, Centrone,
            <italic>Logic and Philosophy of Mathematics</italic>, 105.</p>
  </fn>
  <fn id="fn14">
    <label>14</label><p>Hua XVIII, 230.</p>
  </fn>
  <fn id="fn15">
    <label>15</label><p>Hua XVIII, 233.</p>
  </fn>
  <fn id="fn16">
    <label>16</label><p>cf. Hua XXIV, 54-55.</p>
  </fn>
  <fn id="fn17">
    <label>17</label><p>Hua XVIII, 230-231.</p>
  </fn>
  <fn id="fn18">
    <label>18</label><p>Cf. Luis Niel, <italic>Representación, objeto e
    intencionalidad</italic>, Cap. 1.</p>
  </fn>
  <fn id="fn19">
    <label>19</label><p>Hua XVIII, 231.</p>
  </fn>
  <fn id="fn20">
    <label>20</label><p>Sobre la relación de la metafísica con las ciencias en este período de la obra de Husserl, cf.
          “Aus der Einleitung der Vorlesung ‘Erkenntnistheorie und Hauptpunkte der Metaphysik’
          (1898/99)” (Mat. III). Si bien enfocado en obras posteriores, Trizio entiende que hay una
          metafísica subyacente en el proyecto fenomenológico, Trizio, <italic>Philosophy of
            Nature</italic>, 6.</p>
  </fn>
  <fn id="fn21">
    <label>21</label><p>Hua XVIII, 231. Es casi inevitable no pensar aquí en la concepción de la realidad de Lotze
          —pensador apreciado por Husserl—, para quien real es el ser, el acontecimiento y la
          relación, y, en su Lógica, agrega las proposiciones verdaderas que en tanto tal tienen
          validez, cf. Luis Niel, “Lotze’s Concept of ‘<italic>Wirklichkeit</italic>’ in Dialogue
          with Herbart’s Philosophy”, The New Yearbook for Phenomenology and Phenomenological
          Philosophy, Vol. 18 (2022).</p>
  </fn>
  <fn id="fn22">
    <label>22</label><p>Hua XVIII, 230-231.</p>
  </fn>
  <fn id="fn23">
    <label>23</label><p>Una vez más, las referencias tácitas a Bolzano y a Lotze parecen ser aquí ubicuas (cf. Hua V,
          60).</p>
  </fn>
  <fn id="fn24">
    <label>24</label><p>Alejandro Vigo, <italic>Juicio, experiencia,
    verdad. De la lógica de la validez a la fenomenología</italic>
    (EUNSA, 2013), 33.</p>
  </fn>
  <fn id="fn25">
    <label>25</label><p>Hua XVIII, 232.</p>
  </fn>
  <fn id="fn26">
    <label>26</label><p>Hua XVIII, 233.</p>
  </fn>
  <fn id="fn27">
    <label>27</label><p>Hua XVIII, 234.</p>
  </fn>
  <fn id="fn28">
    <label>28</label><p>Según Hartimo, los Prolegómenos tienen como meta alcanzar “la completud de un sistema axiomático
          requerido para justificar las deducciones a partir de los axiomas”, Mirja Hartimo,
          “Husserl’s <italic>Prolegomena</italic>”, en <italic>Husserl’s</italic> Logical
          Investigations, ed. Daniel Dahlstrom (Kluwer, 2003), 134.</p>
  </fn>
  <fn id="fn29">
    <label>29</label><p>Hua XVIII, 236-237.</p>
  </fn>
  <fn id="fn30">
    <label>30</label><p>A modo de ejemplo, se pueden mencionar ciertas confusiones de conceptos categoriales básicos que
          surgen hoy en el marco de las neurociencias, como ser el conocido caso de la falacia
          mereológica que confunde la parte y el todo, M.R. Bennett y P.M.S. Hacker,
            <italic>Philosophical Foundations of Neuroscience</italic> (Blackwell, 2003), Cap.
          3.</p>
  </fn>
  <fn id="fn31">
    <label>31</label><p>Hua XVIII, 241.</p>
  </fn>
  <fn id="fn32">
    <label>32</label><p>La referencia a ‘contenidos’ no debe confundirse
    con los contenidos empíricos de las ciencias concretas. Se trata del
    contenido puramente.</p>
  </fn>
  <fn id="fn33">
    <label>33</label><p>Hua XVIII, 240; el subrayado es mío.</p>
  </fn>
  <fn id="fn34">
    <label>34</label><p>Aquí se presenta cierta tensión entre un objetivismo lógico (platónico) y una fenomenología de la
          subjetividad, tensión que Husserl intentará explicar a lo largo de su vida, cf. Jocelyn
          Benoist, <italic>Intentionalité et langage dans les</italic> Recherches logiques
            <italic>de Husserl</italic> (PUF, 2001).</p>
  </fn>
  <fn id="fn35">
    <label>35</label><p>Hua XVIII, 241.</p>
  </fn>
  <fn id="fn36">
    <label>36</label><p>Hua XVIII, 241.</p>
  </fn>
  <fn id="fn37">
    <label>37</label><p>Hua XVIII, 243.</p>
  </fn>
  <fn id="fn38">
    <label>38</label><p>Hua XVIII, 244-245.</p>
  </fn>
  <fn id="fn39">
    <label>39</label><p>Traduzco <italic>gegenständlich</italic> por
    ‘objetual’, pues ‘objetivo’ podría dar lugar a ambigüedades, en
    tanto traducción directa de <italic>objektiv</italic>.</p>
  </fn>
  <fn id="fn40">
    <label>40</label><p>Hua XVIII, 245.</p>
  </fn>
  <fn id="fn41">
    <label>41</label><p>La referencia es de la segunda edición de las LU. En la primera edición se habla de ‘origen
          lógico’, caracterización que, si bien puede dar lugar a cierta ambigüedad, permite
          vislumbrar el sentido de la obra en su conjunto en tanto investigaciones ‘lógicas’.</p>
  </fn>
  <fn id="fn42">
    <label>42</label><p>Hua XVIII, 246.</p>
  </fn>
  <fn id="fn43">
    <label>43</label><p>Hua XVIII, 245.</p>
  </fn>
  <fn id="fn44">
    <label>44</label><p>Hua XVIII, 247.</p>
  </fn>
  <fn id="fn45">
    <label>45</label><p>Hua XVIII, § 70.</p>
  </fn>
  <fn id="fn46">
    <label>46</label><p>Husserl toma este concepto de la matemática. Si bien el creador de dicho concepto fue Riemann,
          éste fue luego tomado y desarrollado por Cantor y Dedekind, Claire Ortiz Hill, “Husserl’s
            <italic>Mannigfaltigkeitslehre</italic>”, en <italic>Husserl or Frege? Meaning,
            Objectivity, and Metaphysics</italic>, ed. Guillermo Rosado Haddock y Claire Ortiz Hill
          (Open Court 2000), 165; Hartimo, “Husserl’s Prolegomena”, 136. Husserl reconoce que su
          referencia es en especial a la obra de Georg Cantor.</p>
  </fn>
  <fn id="fn47">
    <label>47</label><p>Hua XVIII, 249.</p>
  </fn>
  <fn id="fn48">
    <label>48</label><p>Hua XVIII, 249.</p>
  </fn>
  <fn id="fn49">
    <label>49</label><p>Hua XVIII, 252. Cf. Ortiz Hill,
    “Mannigfaltigkeitslehre”, 169.</p>
  </fn>
  <fn id="fn50">
    <label>50</label><p>Hua XVIII, 251.</p>
  </fn>
  <fn id="fn51">
    <label>51</label><p>Hua XVIII, 255.</p>
  </fn>
  <fn id="fn52">
    <label>52</label><p>La pregunta sobre en qué medida esto es o implica una metafísica, quedará abierta para otro
          trabajo, cf. Trizio, <italic>Philosophy of Nature</italic>, 57-58.</p>
  </fn>
  <fn id="fn53">
    <label>53</label><p>Hua XVIII, 254.</p>
  </fn>
  <fn id="fn54">
    <label>54</label><p>Hua XVIII, 255.</p>
  </fn>
  <fn id="fn55">
    <label>55</label><p>Hua XVIII, 256.</p>
  </fn>
  <fn id="fn56">
    <label>56</label><p>Hua XVIII, 255.</p>
  </fn>
  <fn id="fn57">
    <label>57</label><p>Traduzco literalmente <italic>erkenntniskritisch</italic> para evitar términos como
          ‘epistemológico’, que podrían oscurecer el sentido del proyecto de Husserl de una
            <italic>Erkenntnistheorie</italic> o <italic>Erkenntniskritik</italic>.</p>
  </fn>
  <fn id="fn58">
    <label>58</label><p>Hua XIX/1, 5.</p>
  </fn>
  <fn id="fn59">
    <label>59</label><p>Dejo de lado aquí la cuestión de si algunas de las seis investigaciones (como, por ejemplo, la
          tercera) son pre-fenomenológicas.</p>
  </fn>
  <fn id="fn60">
    <label>60</label><p>Hua XIX/1, 6-7.</p>
  </fn>
  <fn id="fn61">
    <label>61</label><p>Hua XIX/1, 10.</p>
  </fn>
  <fn id="fn62">
    <label>62</label><p>Hua XIX/1, 12-13.</p>
  </fn>
  <fn id="fn63">
    <label>63</label><p>Si bien Husserl admite la legitimidad del conocimiento puramente simbólico, es decir, no
          intuitivo, sólo hay conocimiento en sentido auténtico (<italic>eigentlich</italic>) cuando
          algo es dado en intuición. Marion sostiene que la lógica nada tiene de último, sino que
          depende justamente de su ser ‘dado’, Jean-Luc Marion, “Le concept large de logique et de
            <italic>logos</italic>. La logique et le donné“, en <italic>La représentation vide,
            suivi de Les</italic> Recherches logiques<italic>, une œuvre de percée</italic>, ed.
          Jocelyn Benoist y JeanFrançois Courtine (PUF, 2003), 291.</p>
  </fn>
  <fn id="fn64">
    <label>64</label><p>Hua IX, 20-21.</p>
  </fn>
  <fn id="fn65">
    <label>65</label><p>Hua XIX/1, 26.</p>
  </fn>
  <fn id="fn66">
    <label>66</label><p>Hua XIX/1, 27.</p>
  </fn>
  <fn id="fn67">
    <label>67</label><p>El término <italic>Ergänzung</italic> es
    recurrente en la explicación de la relación entre WL y
    fenomenología.</p>
  </fn>
  <fn id="fn68">
    <label>68</label><p>Hua XIX/1, 27. Fisette define la teoría del
    conocimiento como “complemento indispensable” de la WL, Fisette,
    “Husserl’s Programme”, 44, 48. Por su parte, Bégout señala la
    filiación entre WL y teoría del conocimiento, y como ésta, en tanto
    fenomenología, es el resultado de una profundización de aquélla,
    marcando así su primacía, Bégout, “L’ontologie”, 154-155.</p>
  </fn>
  <fn id="fn69">
    <label>69</label><p>Mat III, 16 ss., 38, 59 ss.</p>
  </fn>
  <fn id="fn70">
    <label>70</label><p>Mat III, 65 ss.</p>
  </fn>
  <fn id="fn71">
    <label>71</label><p>Mat III, 47.</p>
  </fn>
  <fn id="fn72">
    <label>72</label><p>Mat III, 43.</p>
  </fn>
  <fn id="fn73">
    <label>73</label><p>Mat III, 19.</p>
  </fn>
  <fn id="fn74">
    <label>74</label><p>En el marco de un esquema más desarrollado y complejo, que no podemos analizar aquí, Husserl
          presenta, en las lecciones de 1906/07, el polo subjetivo del conocer a partir de una
          diferenciación de tres niveles: la noética, en tanto doctrina de derecho del conocimiento,
          la teoría del conocimiento, en tanto filosofía primera, y la fenomenología, en tanto
          ciencia de la conciencia pura (cf. Hua XXIV).</p>
  </fn>
  <fn id="fn75">
    <label>75</label><p>Mat III, 59.</p>
  </fn>
  <fn id="fn76">
    <label>76</label><p>Mat III, 76.</p>
  </fn>
  <fn id="fn77">
    <label>77</label><p>Dejo aquí de lado la pregunta sobre el alcance del ‘giro’, es decir, si es sólo metodológico, o
          si implica un cambio de posiciones (metafísicas, etc.).</p>
  </fn>
  <fn id="fn78">
    <label>78</label><p>Hua XX/1, 277; cf. 285, 291, 299.</p>
  </fn>
  <fn id="fn79">
    <label>79</label><p>Hua XX/1, 279.</p>
  </fn>
  <fn id="fn80">
    <label>80</label><p>Hua XX/1, 285.</p>
  </fn>
  <fn id="fn81">
    <label>81</label><p>Hua XX/1, 283.</p>
  </fn>
  <fn id="fn82">
    <label>82</label><p>Hua XX/1, 286, el subrayado es mío.</p>
  </fn>
  <fn id="fn83">
    <label>83</label><p>Hua XX/1, 301, n. 1.</p>
  </fn>
  <fn id="fn84">
    <label>84</label><p>Hua V, 80.</p>
  </fn>
  <fn id="fn85">
    <label>85</label><p>Esto se encuentra en el texto editado por
    Fink.</p>
  </fn>
  <fn id="fn86">
    <label>86</label><p>Hua XX/1, 287, n. 2.</p>
  </fn>
  <fn id="fn87">
    <label>87</label><p>Hua III/1, 22, 38.</p>
  </fn>
  <fn id="fn88">
    <label>88</label><p>El concepto de apriori material es un tema muy controvertido, considerando que normalmente (sobre
          todo en la tradición kantiana e incluso para el positivismo lógico) se entiende que el
          apriori es formal y que lo material es algo dado en la experiencia. Dejo aquí de lado este
          debate.</p>
  </fn>
  <fn id="fn89">
    <label>89</label><p>Hua III/1, § 13.</p>
  </fn>
  <fn id="fn90">
    <label>90</label><p>Hua III/1, 38.</p>
  </fn>
  <fn id="fn91">
    <label>91</label><p>Hua III/1, § 59.</p>
  </fn>
  <fn id="fn92">
    <label>92</label><p>Hua III/1, 127.</p>
  </fn>
  <fn id="fn93">
    <label>93</label><p>Es innegable que aquí se presentan ciertos problemas teóricos. La fenomenología, ¿no presupone
          las categorías fundamentales explicitadas por la WL? Pradelle señala la tensión inherente
          a la pregunta por la anterioridad de la mathesis a la fenomenología, mostrando que la
          mathesis no puede ser presupuesta por la fenomenología, Dominique Pradelle, <italic>Être
            et genèse des idéalités. Un ciel sans éternité</italic> (PUF, 2023), 85 ss. En cualquier
          caso, la pregunta amerita un detenido tratamiento, tema quedará abierto para un nuevo
          trabajo.</p>
  </fn>
  <fn id="fn94">
    <label>94</label><p>Hua XVII, Segunda Sección, Cap. 1.</p>
  </fn>
  <fn id="fn95">
    <label>95</label><p>Hua XXXV, 27.</p>
  </fn>
  <fn id="fn96">
    <label>96</label><p>Hua XXXV, 35.</p>
  </fn>
  <fn id="fn97">
    <label>97</label><p>Hua XXXV, 40.</p>
  </fn>
  <fn id="fn98">
    <label>98</label><p>Hua XXXV, 5-8.</p>
  </fn>
  <fn id="fn99">
    <label>99</label><p>Hua XXXV, 7-8.</p>
  </fn>
  <fn id="fn100">
    <label>100</label><p>Se trata de un término difícil de traducir. En alemán, <italic>selbstverständlich</italic> indica
          algo que es evidente, comprensible de suyo, en tanto es algo que todos sabemos y damos por
          sentado.</p>
  </fn>
  <fn id="fn101">
    <label>101</label><p>Hua XXXV, 8.</p>
  </fn>
  <fn id="fn102">
    <label>102</label><p>Hua XXXV, 34.</p>
  </fn>
  <fn id="fn103">
    <label>103</label><p>Hua XXXV, 75.</p>
  </fn>
  <fn id="fn104">
    <label>104</label><p>Hua XXXV, 76 ss.</p>
  </fn>
  <fn id="fn105">
    <label>105</label><p>Hua XXXV, 292.</p>
  </fn>
  <fn id="fn106">
    <label>106</label><p>Hua XXXV, 298.</p>
  </fn>
  <fn id="fn107">
    <label>107</label><p>Hua XXXV, 9.</p>
  </fn>
  <fn id="fn108">
    <label>108</label><p>Hua XXXV, 481-482.</p>
  </fn>
  <fn id="fn109">
    <label>109</label><p>Hua XXXV, 300. Pradelle contrasta este esquema de un árbol del saber en tanto ‘sapientia
          universalis’ —que incluye las ciencias en tanto sus ramas y su fundación última en la
          subjetividad trascendental— con el esquema regresivo y reconstructivo de los neokantianos,
          Dominique Pradelle, “Principes de la philosophie husserlienne des sciences”, en
            <italic>Husserl: Phénoménologie et fondements des sciences</italic>, ed. Julien Farges y
          Dominique Pradelle (Hermann, 2019), 12-14.</p>
  </fn>
  <fn id="fn110">
    <label>110</label><p>Los textos de Husserl se citan siguiendo el
    criterio habitual de la investigación husserliana: Hua (o Mat),
    página.</p>
  </fn>
</fn-group>
  <ack id="ack1">
    <title>Fuentes de financiación: Consejo Nacional de Investigaciones
      Científicas y Técnicas, Argentina</title>
    <p>Mein Weg zur Phänomenologie war durch die mathesis universalis
      wesentlich bestimmt (Hua V, 57)
    </p>
  </ack>
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