<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<!DOCTYPE article PUBLIC "-//NLM//DTD JATS (Z39.96) Journal Publishing DTD v1.3 20210610//EN" "http://jats.nlm.nih.gov/publishing/1.3/JATS-journalpublishing1-3.dtd">
<article xmlns:ali="http://www.niso.org/schemas/ali/1.0/" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" article-type="research-article" dtd-version="1.3" xml:lang="es">
  <front>
    <journal-meta>
      <journal-id journal-id-type="publisher-id">ASHF</journal-id>
      <journal-title-group>
        <journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Anales del Seminario de Historia de la Filosofía</journal-title>
      </journal-title-group>
      <issn publication-format="electronic">1988-2564</issn>
      <issn-l>0211-2337</issn-l>
      <publisher>
        <publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
        <publisher-loc>España</publisher-loc>
      </publisher>
    </journal-meta>
    <article-meta>
      <article-id pub-id-type="doi">10.5209/ashf.96483</article-id>
      <article-categories>
        <subj-group subj-group-type="heading">
          <subject>ESTUDIOS</subject>
        </subj-group>
      </article-categories>
      <title-group>
        <article-title>Lo literal (ῥητή o φανερά / ẓāhir) y lo oculto (ὑπόνοια / bāṭin) en Filón de Alejandría y la tradición filosófica islámica</article-title>
        <trans-title-group xml:lang="en">
          <trans-title>The Literal (ῥητή or φανερά / ẓāhir) and the Hidden (ὑπόνοια / bāṭin) in Philo of Alexandria and the Islamic Philosophical Tradition</trans-title>
        </trans-title-group>
      </title-group>
      <contrib-group>
        <contrib contrib-type="author" corresp="yes">
          <contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0003-1140-2913</contrib-id>
          <name>
            <surname>López-Farjeat</surname>
            <given-names>Luis Xavier</given-names>
          </name>
          <xref ref-type="aff" rid="aff-a"/>
          <xref ref-type="corresp" rid="cor1"/>
        </contrib>
        <aff id="aff-a"><institution content-type="original">Universidad Panamericana, Campus Ciudad de México</institution>
          <country country="MX">México</country>
        </aff>
      </contrib-group>
      <author-notes>
        <corresp id="cor1">Luis Xavier López-Farjeat<email>llopez@up.edu.mx</email></corresp>
      </author-notes>
      <pub-date pub-type="epub" publication-format="electronic" iso-8601-date="2025-06-06">
        <day>06</day>
        <month>06</month>
        <year>2025</year>
      </pub-date>
      <volume>42</volume>
      <issue>2</issue>
      <fpage>311</fpage>
      <lpage>323</lpage>
      <page-range>311-323</page-range>
      <permissions>
        <copyright-statement>Copyright © 2025, Universidad Complutense de
          Madrid</copyright-statement>
        <copyright-year>2025</copyright-year>
        <copyright-holder>Universidad Complutense de Madrid</copyright-holder>
        <license license-type="open-access"
          xlink:href="https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/">
          <ali:license_ref>https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/</ali:license_ref>
          <license-p>Esta obra está bajo una licencia <ext-link ext-link-type="uri"
              xlink:href="https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/">Creative Commons Attribution
              4.0 International</ext-link></license-p>
        </license>
      </permissions>
      <abstract>
        <p>En su conocida obra sobre Filón de Alejandría, Harry A. Wolfson sostiene que la filosofía filónica
          es el preámbulo de las “filosofías religiosas” de las tres tradiciones abrahámicas. Entre varias coincidencias y
          similitudes entre Filón y cada una de las filosofías religiosas, Wolfson destaca una particularmente importante:
          las tres tradiciones vieron en sus respectivas Escrituras dos significados, uno literal (ῥητή o φανερά) y otro
          oculto (ὑπόνοια). Cada una de estas tradiciones filosóficas buscó —a su manera— un método alegórico de
          interpretación. Dicho método lo aprendieron los Padres de la Iglesia directamente de Filón. Y de los Padres
          habría sido transmitido, según Wolfson, al islam y al judaísmo. La versión más difundida entre los historiadores
          e historiadoras de la filosofía ha sido que, en realidad, ni el islam ni el judaísmo tuvieron contacto directo con
          Filón. Podría hablarse en todo caso de una influencia indirecta. A pesar de las ambigüedades al respecto,
          este artículo pretende elucidar las posibles similitudes entre las nociones de ῥητή o φανερά y ὑπόνοια y sus
          equivalentes árabes, ẓāhir y bāṭin.</p>
      </abstract>
      <trans-abstract xml:lang="en">
        <p>In his well-known work on Philo of Alexandria, Harry A. Wolfson argues that Philonic philosophy is
          the preamble to the “religious philosophies” of the three Abrahamic traditions. Among several coincidences
          and similarities between Philo and each of the religious philosophies, Wolfson highlights one particularly
          important: all three traditions found in their respective Scriptures two meanings, one literal (ῥητή or φανερά)
          and one hidden (ὑπόνοια). Each of these philosophical traditions sought —in its own way— an allegorical
          method of interpretation. Such a method the Church Fathers learned directly from Philo. And from the Church
          Fathers it would have been transmitted, according to Wolfson, to Islam and Judaism. The most widespread
          version among historians of philosophy has been that neither Islam nor Judaism had direct contact with
          Philo. In any case, it could have been an indirect influence. Despite the ambiguities in this regard, this article
          aims to elucidate possible similarities between the notions of ῥητή or φανερά and ὑπόνοια and their Arabic
          equivalents, ẓāhir and bāṭin.</p>
      </trans-abstract>
      <kwd-group>
        <kwd>Filón de Alejandría</kwd>
        <kwd>filosofía árabe-islámica</kwd>
        <kwd>método alegórico</kwd>
        <kwd>sentido literal</kwd>
        <kwd>sentido oculto</kwd>
      </kwd-group>
      <kwd-group xml:lang="en">
        <kwd>allegorical method</kwd>
        <kwd>hidden meaning</kwd>
        <kwd>Islamic philosophy</kwd>
        <kwd>literal meaning</kwd>
        <kwd>Philo of Alexandria</kwd>
      </kwd-group>
    </article-meta>
  </front>
<body>
<sec id="sec1">
  <title>Introducción</title>
  <p>En su imponente obra sobre Filón de Alejandría, Harry A. Wolfson sostiene que la filosofía
        filónica es el preámbulo de las “filosofías religiosas” de las tres tradiciones abrahámicas
        —judaísmo, cristianismo e islam. A lo largo de dos grandes volúmenes, Wolfson recorre de
        manera exhaustiva los principales problemas filosóficos desde sus orígenes en la filosofía
        griega, el modo en que Filón los retomó y replanteó desde su mentalidad judía, el
        conocimiento que los Padres de la Iglesia tuvieron de Filón, y la forma en que varios temas
        filosóficos se desarrollaron en el contexto medieval latino y judío, a través de la
        influencia del pensamiento filosófico árabe-islámico. Entre varias coincidencias y
        similitudes entre Filón y cada una de las filosofías religiosas, Wolfson destaca una
        particularmente importante: las tres tradiciones vieron en sus respectivas Escrituras dos
        significados, uno literal (ῥητή o φανερά) y otro oculto (ὑπόνοια). Por lo tanto, cada una de
        estas tradiciones filosóficas buscó —a su manera— un método alegórico de interpretación:
        bajo el sentido literal de las Biblias y el Corán, los más versados podían encontrar un
        sentido oculto o filosófico. Ese método alegórico lo aprendieron los Padres de la Iglesia
        directamente de Filón. Y de los Padres habría sido transmitido, según Wolfson, al islam y al
        judaísmo medieval<xref ref-type="fn" rid="fn1">1</xref>.</p>
  <p>A pesar de la tesis de Wolfson, la versión más difundida entre los historiadores e
        historiadoras de la filosofía ha sido que ni el islam ni el judaísmo tuvieron contacto
        directo con Filón. Su influencia en los Padres de la Iglesia es de sobra conocida y David
        Runia ha dedicado un libro entero al respecto<xref ref-type="fn" rid="fn2">2</xref>. Filón
        adquirió un enorme valor tanto en la Escuela Catequética de Alejandría o
          <italic>Didaskálion</italic> (Panteno, Clemente de Alejandría, Orígenes), como entre los
        Padres Capadocios (Basilio el Grande, Gregorio de Nisa y Gregorio Nacianceno). En cambio, su
        relevancia para los judíos y los musulmanes en la Edad Media, ha sido objeto de discusión.
        Más allá del rechazo hacia Filón entre algunas comunidades judías a causa de la helenización
        de su pensamiento, a lo largo de su estudio Wolfson detecta, tanto en la filosofía judía
        como en la islámica del medievo, una serie de ideas y planteamientos que hacen eco de la
        filosofía de Filón. Runia ha sugerido la posibilidad de que haya circulado alguna traducción
        de Filón al siriaco o al árabe lo cual, como veremos, habría ayudado a justificar la
        presencia de Filón entre judíos y musulmanes medievales<xref ref-type="fn" rid="fn3"
          >3</xref>. En su momento, él mismo admitía, sin embargo, que no existía evidencia alguna
        de una traducción a esas lenguas. No obstante, Emily Parker y Alexander Treiger han mostrado
        la existencia de algunos pasajes de <italic>La vida contemplativa</italic> traducidos al
        árabe por cristianos de Oriente Medio<xref ref-type="fn" rid="fn4">4</xref>. Treiger y
        Parker tienen razón al decir que, si se desea investigar el modo en que Filón habría
        impactado en pensadores judíos y musulmanes del periodo medieval, es indispensable trabajar
        de forma cuidadosa las fuentes cristianas de Oriente Medio, no sólo aquellas escritas en
        siriaco y árabe, sino también en copto, armenio, georgiano y griego.</p>
  <p>Sin lugar a duda, resta mucho trabajo por hacer en lo que respecta a la transmisión de Filón al
        contexto árabe, en especial, al musulmán, si es que en este último caso la hubo. El libro de
        Wolfson abarca cantidad de temas puntuales que merece la pena retomar y debatir en mayor
        detalle, puesto que, en efecto, en muchos de ellos resuena Filón. Tal vez por la falta de
        evidencia textual, la tesis de Wolfson ha recibido poca atención. Con excepción del libro de
        Luis Cortest, <italic>Philo’s Heirs: Moses Maimonides and Thomas Aquinas</italic><xref
          ref-type="fn" rid="fn5">5</xref><italic>,</italic> es casi nula la literatura
        especializada dispuesta a reafirmar la deuda de los medievales con Filón. En lo que sigue
        ahondaré en uno de esos temas en los que, como advertí desde un inicio, existe una curiosa
        coincidencia entre Filón y la tradición islámica, a saber, la distinción entre sentido
        literal y sentido oculto. A mi juicio, no es posible concluir de manera definitiva que en
        ese caso la distinción provenga exclusivamente de Filón. Es difícil detectar una línea de
        transmisión con suficiente claridad. En todo caso, estaríamos ante una distinción bastante
        difundida entre los exégetas de las tres tradiciones, muy común en el judaísmo antiguo,
        heredada por los Padres de la Iglesia, y asimilada entre los exégetas judeocristianos
        posteriores al interpretar las Escrituras. Tras el contacto con el pensamiento filosófico
        griego, el método alegórico, es decir, aquel pensado para desvelar el sentido oculto de los
        textos religiosos, habría adquirido mayor sistematicidad, tal como puede verse en el propio
        Filón y en varios Padres. Pero ¿qué decir de la distinción entre lo literal y lo oculto, así
        como acerca del método alegórico en el islam? La respuesta en este caso es más compleja. La
        distinción terminológica está presente en el propio Corán, pero, en lo que respecta al
        método alegórico, podría detectarse también un proceso de maduración a partir del contacto
        con la filosofía griega.</p>
  <p>El contacto de los musulmanes con textos filosóficos griegos se da hacia finales del siglo VIII
        e inicios del siglo IX, tras la islamización de Persia, Mesopotamia y Bizancio. Para el
        siglo IX Bagdad se había convertido en el centro cultural de los musulmanes y circularon
        cantidad de textos filosóficos, literarios, científicos y religiosos<xref ref-type="fn"
          rid="fn6">6</xref>. Sin embargo, en una de las fuentes más valiosas para conocer el acervo
        bibliográfico de Bagdad en el siglo X, el <italic>Fihrist</italic> de alNadīm, Filón de
        Alejandría no es mencionado<xref ref-type="fn" rid="fn7">7</xref>. Dada la ausencia de
        referencias a Filón en los tratados teológicos y filosóficos del islam, lejos de sostener
        que la tradición islámica es heredera directa de su método alegórico, me parece mucho más
        convincente atribuir ciertas coincidencias a la confluencia de prácticas exegéticas
        habituales robustecidas tras la asimilación de la filosofía griega alejandrina a lo largo de
        la antigüedad tardía. No obstante, viene al caso comparar ese proceso de asimilación, así
        como sus alcances en la exégesis coránica. Aunque es posible detectar algunas similitudes
        entre Filón y los filósofos del mundo islámico, me parece que en este último caso el uso del
        método alegórico, al menos en el caso de los <italic>falāsifa</italic> o filósofos
        peripatéticos del islam, la línea de transmisión es griega y provendría, en específico, de
        algunas formas de asimilar el propio islam, el platonismo y el neoplatonismo, aunque en el
        caso de Averroes (m. 1198) su método interpretativo resulta, como se verá, más allegado a
        Aristóteles. Es cierto que las referencias a Filón en algunas fuentes traducidas al siriaco
        y al árabe habrían podido influir de manera directa o indirecta entre pensadores del mundo
        islámico. No obstante, vale la pena preguntarse si los pocos pasajes que se han encontrado
        bastan para justificar algunas coincidencias en efecto llamativas.</p>
  <p>A pesar de que la transmisión de Filón al contexto islámico resulta bastante indefinida, no es
        ocioso indagar el modo en que se entendieron las nociones de sentido literal y sentido
        oculto en la tradición islámica, así como sus posibles coincidencias con Filón de
        Alejandría. Aquellas nociones tienen sus equivalentes en árabe: ῥητή o φανερά corresponden a
          <italic>ẓāhir</italic>, mientras que ὑπόνοια equivale a <italic>bāṭin</italic>. En lo que
        sigue, recopilaré, primero, algunas observaciones generales sobre la distinción entre estos
        dos sentidos en la filosofía de Filón. Mencionaré, además, una de las posibles líneas de
        transmisión de ese método hacia los cristianos de Oriente Medio. En un segundo momento, me
        referiré a la manera en que se entendieron esos dos sentidos en algunos sectores musulmanes
        para dar paso, finalmente, a una sección dedicada a lo literal y lo oculto en la filosofía
        de Averroes, ya más tarde, en el siglo XII, en donde, a mi juicio, el método alegórico llega
        a su maduración con una fuerte impronta aristotélica. El énfasis puesto por Averroes en la
        reflexión racional es contrastante con las posturas de los otros planteamientos musulmanes
        revisados aquí. Concluyo con algunas observaciones generales acerca de las similitudes entre
        el planteamiento alegórico de Filón y el de los pensadores del mundo islámico.</p>
</sec>
<sec id="sec2">
  <title>1. Lo literal y lo oculto en Filón de Alejandría y su transmisión a los cristianos de
        Oriente Medio</title>
  <p>La distinción entre el sentido literal y el sentido oculto, como se sabe, no es estrictamente
        filónica, sino que existe en el mundo griego, desde Heráclito. Sin embargo, el principio
        según el cual la Escritura no siempre ha de tomarse en sentido literal, sino que ha de
        interpretarse de manera alegórica, le habría llegado a Filón, en primera instancia, de las
        discusiones orales de la ley mosaica, aunque el contacto con la tradición intelectual griega
        le permitió dar un giro filosófico a ese método exegético. Filón asimiló que la filosofía
        servía para develar lo desconocido y reconstruir el razonamiento detrás de aquello a partir
        de algo comprensible y razonable para la razón humana. En otras palabras, se trataba de
        desvelar las implicaciones filosóficas de las Escrituras penetrando a la vez en su
        problematicidad. Filón sostuvo que, así como Dios había dado la filosofía a los griegos, a
        los judíos les había dado las Escrituras. Por ello, como lo asimiló más tarde la tradición
        cristiana, la filosofía debía fungir como una esclava de la religión. En <italic>Acerca de
          la unión con los estudios preliminares</italic> (<italic>De congressu quaerendae
          eruditionis gratia</italic>), Filón identifica a la filosofía y sus disciplinas con Agar,
        la sierva de Sara. En su versión más prístina la ley mosaica es representada por Sara, y
        tiene a su servicio “la gramática la geometría, la astronomía, la retórica, la música y toda
        otra especulación racional, de las cuales es símbolo Agar, la criada de Sara”<xref
          ref-type="fn" rid="fn8">8</xref>. Y tras referirse a la utilidad específica de aquellas
        primeras cinco disciplinas, concluye diciendo que “la dialéctica, hermana y gemela de la
        retórica —como dicen algunos— al distinguir los argumentos verdaderos de los falsos y
        censurar la verosimilitud de los sofismas, curará una gran enfermedad del alma: el
          engaño”<xref ref-type="fn" rid="fn9">9</xref>.</p>
  <p>La dialéctica, como se ve, resultaba para Filón una herramienta argumentativa indispensable
        para que el sabio pudiera reconocer la verdad. No quiere decir, sin embargo, que la
        capacidad para distinguir diversos tipos de argumentos fuera el medio a través del cual se
        accedía a la verdad de las Escrituras. Filón, en efecto, buscaba tender un puente entre la
        ley mosaica y la filosofía. No obstante, a diferencia de lo que llegaron a plantear varios
        teólogos y filósofos medievales, para Filón era imposible que pudiera darse alguna
        contradicción entre la ley mosaica y la filosofía. Dicho en otras palabras, la
        interpretación filosófica de las Escrituras de ninguna manera consistía en alterar o imponer
        un sentido ajeno o extraño al que estaba contenido en el texto religioso, sino más bien en
        comprender su sentido oculto. Filón no proponía, por ello, una racionalización de la
        religión como sucedería siglos más tarde, sobre todo en el siglo XIII con el advenimiento
        del averroísmo latino. Filón estaba abierto a la interpretación filosófica de las Escrituras
        porque entendía que la filosofía estaba subordinada a las Escrituras; al mismo tiempo, su
        comprensión de la filosofía griega estaba judaizada. Acaso por ello jamás suscribió una
        forma particular de entender la filosofía, sino que asimiló ideas y planteamientos
        provenientes de la filosofía de Platón, del estoicismo y, por supuesto del propio judaísmo.
        Si bien por lo general Filón es presentado por los historiadores de la filosofía como un
        judío helenizado, habría que entender que su helenismo está igualmente judaizado.</p>
  <p>Un problema muy conocido en la filosofía filónica es que, si bien como puede constatarse en la
        totalidad de sus tratados, la exégesis escrituraria es central a su forma de hacer
        filosofía, en ningún lugar lleva a cabo una presentación sistemática de su método. Como se
        sabe, es conocido como el método alegórico y, a grandes rasgos, consiste en trascender el
        sentido literal de las Escrituras para acceder a su sentido oculto. Vienen al caso algunas
        precisiones terminológicas puesto que podrían confundirse los términos ἀλληγορία e ὑπόνοια.
        Paola Druille ha visto, en mi opinión con acierto, que, mientras que ὑπόνοια indica el
        significado subyacente de un texto, es decir, lo que aquí he denominado “sentido oculto”,
        por ἀλληγορία habría que entender la búsqueda de posibles significados<xref ref-type="fn"
          rid="fn10">10</xref>. Por ello, la alegoría es el fundamento de un método que, al
        contraponerse al sentido literal, consiste en detectar la variedad de significados de un
        texto para develar de este modo su sentido o sus sentidos ocultos. Ahora bien, el método
        alegórico presenta algunas dificultades puesto que no en todos los casos es clara la
        relación entre el sentido literal y el sentido oculto. Dado que el sentido oculto ofrece un
        significado distinto del literal entonces podría entenderse que aquel sustituye a este;
        podría pensarse que quien no penetra en el sentido oculto y se mantienen en el plano literal
        accede a un significado incorrecto del texto. No obstante, en su sentido literal el
        significado del texto sigue siendo válido y verdadero; el sentido oculto no es un sustituto,
        sino un complemento del sentido literal que abre nuevos significados que no deberían
        contraponerse entre sí, sino que permiten ahondar en la variedad de sentidos y significados
        que tienen las Escrituras.</p>
  <p>El método alegórico es, por ello, utilizado por personas cualificadas para hacerlo. En otras
        palabras, no cualquier lector es un exégeta. Para Filón, el exégeta por excelencia es
        Moisés, intérprete y legislador, capaz de comprender de manera precisa el significado de la
        ley y de transmitir y expresar su contenido de la manera adecuada. En <italic>Sobre la
          creación del mundo según Moisés</italic> (<italic>De Opificio Mundi</italic>), Filón
        presenta una interpretación, digámoslo así, “filosófica” de la manera en que Moisés entiende
        el lenguaje alegórico de las Escrituras. En su tratado hay, en efecto, una explicación
        filosófica que trasciende la literalidad del texto. Por ejemplo, explica Filón que, si bien
        dice Moisés que “en el principio hizo Dios el cielo y la tierra”, el término “principio” no
        tiene aquí un sentido cronológico, puesto que el tiempo no existía al momento de la
        creación, Por lo tanto, parece optar aquí por la idea de una creación simultánea<xref
          ref-type="fn" rid="fn11">11</xref>. El tratado entero sostiene una interpretación
        filosófica del Génesis en donde es claro que en las Escrituras operan dos sentidos de manera
        simultánea: el literal y el oculto o filosófico. La distinción entre lo que se ve a través
        de los sentidos y lo que se descubre a través de la filosofía es llamativa a lo largo de
        todo el tratado. Por ejemplo, cuando Filón se refiere a la creación de la luz en el cuarto
        día, menciona que Dios hizo de ella tanto el mejor instrumento para la vista como para el
        alma: mientras que la inteligencia aprehende lo incorpóreo por vía intelectual, a través de
        la luz el ojo ve lo corpóreo<xref ref-type="fn" rid="fn12">12</xref>.</p>
  <p>Cuando se dirige la mirada a las alturas, explica Filón en el mismo tratado, la vista puede
        contemplar los astros, su movimiento, el orden de sus órbitas, y el conjunto de estrellas
        fijas y errantes. Se puede mirar el orden y la armonía del cosmos, pero enseguida vale
        preguntarse si aquellas entidades son increadas o comenzaron a existir<xref ref-type="fn"
          rid="fn13">13</xref>. El resto del tratado muestra que la reflexión sobre las cosas
        creadas, más allá de su mera aprehensión sensible, llega a descubrir que Dios existe y que
        su existencia es eterna. En este tratado puede verse cómo Moisés mismo parte del lenguaje
        ordinario, es decir, utiliza el sentido literal, para penetrar en el sentido oculto de las
        Escrituras. Para alcanzar este objetivo, en otro tratado, <italic>Sobre la vida
          contemplativa</italic>, conocido también como <italic>Los terapeutas</italic>, Filón
        describe que es necesaria una actitud contemplativa. Es conocido que ahí Filón se refiere a
        un grupo, identificado precisamente como los “terapeutas”, que se han alejado de la vida
        activa para poner sus pensamientos de manera exclusiva en Dios. Y describe Filón su vida
        cotidiana de la siguiente manera:</p>
  <disp-quote>
    <p>Tienen la costumbre de rezar dos veces al día, al amanecer y al atardecer. Al salir el sol
          ruegan por un buen día, bueno de verdad: para que la luz celestial llene sus
          inteligencias. Llegado el ocaso, ruegan para que el alma, liberada por completa del lastre
          de las sensaciones y de la turba de las cosas, replegada en su propio sanedrín y sala de
          consejo, continúe la búsqueda de verdad. Tal ejercicio les ocupa por completo el tiempo
          que va del amanecer al atardecer. En efecto, leyendo las sagradas escrituras, buscan la
          sabiduría que hay en la filosofía de sus padres mediante el estudio de las alegorías, pues
          entienden que las expresiones literales son símbolos de una naturaleza escondida que se
          revela en concepciones subyacentes<xref ref-type="fn" rid="fn14">14</xref>.</p>
  </disp-quote>
  <p>El pasaje describe una práctica ascética destinada a la liberación de lo sensible para centrar
        la atención en Dios y en sus Escrituras. Y, como puede verse, su interés era desentrañar el
        sentido oculto de las palabras. Enseguida, Filón menciona que aquel grupo posee algunos
        escritos antiguos relativos al género alegórico, escritos por los fundadores de la secta.
        Además de utilizar el método alegórico para interpretar las Escrituras, nos dice que también
        componían himnos y cánticos para alabar a Dios con la debida solemnidad. Es fácil detectar
        que el estilo de vida aquí descrito es muy similar al de las primeras comunidades
        cristianas. Si Filón está describiendo o no alguna de las primeras comunidades cristianas,
        tal como hace Eusebio de Cesarea en su <italic>Historia Eclesiástica</italic>, ha sido
        objeto de discusión y todo indica que no es así. No me ocuparé aquí de esa controversia. Lo
        cierto es que, más allá de particularidades como esta, la influencia intelectual de Filón en
        el cristianismo antiguo es algo asumido y aceptado entre prácticamente todos los
        historiadores de la filosofía y del cristianismo. Para efectos del presente artículo, la
        parte más importante en el proceso de transmisión de Filón hacia el mundo islámico y judío
        en el medievo es el papel de los cristianos de Oriente Medio y, en particular, la literatura
        cristiana escrita en siriaco y árabe. A este respecto, como mencioné antes, la contribución
        de Parker y Treiger es significativa y abre una posible línea de transmisión muy sugerente.
        Estos académicos han presentado evidencia de algunos pasajes precisamente de <italic>La vida
          contemplativa</italic> traducidos al árabe.</p>
  <p>Parker y Treiger comienzan con una reconstrucción histórico-bibliográfica acerca de la
        transmisión de Filón a los judíos medievales. En ese largo recorrido destaca el estudio de
        Abraham Harkavy (m. 1919) sobre Qirqisānī (m. C. 960), quien identifica a los terapeutas con
        una secta judía pre-cristiana conocida como <italic>al-Maghāriyyah</italic> o “gente de la
        cueva”, al parecer la rama egipcia de los esenios. Existen varias versiones a este respecto,
        que no viene al caso reconstruir aquí. Lo relevante es que para inicios del siglo X, tanto
        Qirqisānī como otro judío, Saʿadia Gaon, parecen tener noticia tanto de Filón como de la
        secta referida en <italic>La vida contemplativa.</italic> Todavía más interesante, en la
        reconstrucción de Parker y Treiger, se menciona el estudio de Jarl Fossum quien detecta
        pasajes de al-Bīrūnī, Shahrastānī, el propio Qirqisānī, y de Judah Hadassi, y propone que la
        fuente del primero es al-Warrāq, un crítico del islam en el siglo IX, mientras que la fuente
        de los otros tres habría sido el polemista judío, también del siglo IX, al-Muqammis, autor
        del primer tratado filosófico judío en el medievo. A esta reconstrucción se suman los
        estudios de Bruno Chiesa y Tzvi Langermann. Chiesa sostiene que la línea de transmisión de
        Filón habría sido, en efecto, la de al-Muqammis, quien, a su vez, fue estudiante del
        cristiano miafisita Nonnus de Nísibis (m. C. 861), un teólogo bilingüe cuyas lenguas eran el
        siriaco y el árabe. El resumen de Parker y Treiger revela que hay razones para pensar que la
        tradición cristiana de Oriente Medio jugó un papel importante en el proceso de transmisión
        de Filón. Al trabajar en la traducción de la versión árabe del corpus de Pseudo-Dionisio en
        la versión de Ibn Sahqūq, fechada en 1009, Treiger descubrió en un apéndice algunos
        fragmentos, como dije antes, de <italic>La vida contemplativa</italic>. Todo indica que ese
        apéndice podría haber sido añadido por Juan de Escitópolis al corpus
          <italic>Pseudo-Areopagiticum</italic> y que los fragmentos que contiene se tradujeron del
        griego al árabe. Aquí me referiré únicamente a uno de esos fragmentos, al recién citado
        líneas arriba en donde se habla de aquella secta o comunidad que desentrañaba el sentido
        oculto de las Escrituras:</p>
  <disp-quote>
    <p>Ahí estaban hasta la noche porque, para todos ellos (¿?), eso era parte de su ‘preparación’
          (¿?) y gobierno (<italic>siyāsa</italic>), es decir, de aquellos que filosofan en su
          propia tierra (<italic>balda</italic>) buscando la sabiduría (<italic>ḥikma</italic>)
          empleando signos (<italic>amārāt</italic>) e indicaciones (<italic>dalālāt</italic>) que,
          según creían, eran una traducción de la naturaleza oculta (<italic>al-ṭabīʿ
            al-majfīa</italic>). En virtud del pensamiento puro y la reflexión cuidadosa, estos
          [signos], [transmitidos] por hombres antiguos que no eran los líderes de [ninguna] de
          estas sectas, se convertían en reputados maestros. Estos [maestros] habían superado la
          visión de aquellas gentes del silogismo (<italic>al-qīyāsīin</italic>) que se aferraron a
          los primeros símbolos e imitaron los usos de la secta anterior<xref ref-type="fn"
            rid="fn15">15</xref>.</p>
  </disp-quote>
  <p>El pasaje es difícil de traducir. El propio Treiger señala, en su versión al inglés, dos
        lugares que aquí he marcado al igual que él en donde, en efecto, el texto árabe no es del
        todo claro. He elaborado mi propia traducción al español apoyándome en las conjeturas de
        Treiger en lo que respecta al sentido del texto. El pasaje es significativamente distinto
        del original. Preserva, sin embargo, la idea de que aquellos maestros intentaban descifrar
        símbolos de naturaleza oculta y que lo hacían por amor a la sabiduría sugiriendo, entonces,
        que eran filósofos. No obstante, es llamativo que más adelante se diga que habían superado a
        “las gentes del silogismo”. De ser este el caso, podría decirse entonces que el pasaje se
        refiere a un método distinto del silogístico, a saber, el alegórico. No es posible asegurar,
        como lo admiten Parker y Treiger, que judíos y musulmanes medievales hayan conocido este
        fragmento ni los demás. Lo que podría inferirse es que algunos judíos leyeron en árabe
        literatura producida por los cristianos de Oriente Medio. Si bien es imposible afirmar con
        absoluta certeza que aquellos fragmentos en árabe o incluso alguna versión entera de Filón
        fue leída por los musulmanes, lo cierto, como sostienen Parker y Treiger, es que la
        existencia de esos fragmentos pone de relieve, una vez más, el papel de los cristianos de
        Oriente Medio en la transmisión del pensamiento filosófico a los judíos y musulmanes. Que a
        partir de ese fragmento se haya dado conocer la existencia del método alegórico sería algo
        hipotético y bastante endeble. El pasaje podría utilizarse, en cambio, como parte de la
        evidencia en curso de que algunos fragmentos de Filón podrían haber circulado en territorios
        que en su momento fueron islamizados. Ahora bien, a pesar de las incertidumbres, no dejan de
        ser llamativas, en efecto, las similitudes entre Filón y algunos sectores musulmanes.</p>
</sec>
<sec id="sec3">
  <title>2. Sentido literal y sentido oculto en la tradición islámica</title>
  <p>Las similitudes entre Filón y algunos planteamientos filosóficos de pensadores del mundo
        islámico, bien podría responder, como sostuve antes, a una transmisión indirecta de algunas
        categorías intelectuales afines a las tres tradiciones abrahámicas. Una de ellas sería
        precisamente las nociones de sentido literal (<italic>ẓāhir</italic>) y sentido oculto
          (<italic>bāṭin</italic>). La distinción entre estos dos términos, <italic>ẓāhir</italic> y
          <italic>bāṭin</italic>, o, si se prefiere, entre el sentido externo o exotérico, aparente
        o manifiesto, y el sentido esotérico, se sugiere en el propio Corán. Uno de los pasajes más
        representativos al respecto es Corán 3:7, en donde se lee: “Él es quien ha hecho descender
        sobre ti el Libro, en el que hay signos inequívocos (<italic>muḥkam</italic>) que son la
        madre del Libro y otros equívocos (<italic>mutashābih</italic>), cuyo sentido no es obvio”.
        Aunque la terminología utilizada es distinta, el pasaje distingue entre aquellos versos que
        pueden entenderse de manera literal y otros que requieren interpretación
          (<italic>taʾwīl</italic>). Entre varios otros pasajes, hay uno particularmente ilustrativo
        puesto que ahí se dice que el Corán es un libro oculto, utilizando esta vez el término
          <italic>maknūn</italic> (Corán 56:78). Esta clase de afirmaciones indican la necesidad de
        que el lector trascienda el sentido literal de un Libro repleto de desafíos exegéticos.
        Algunos de esos desafíos tienen que ver con el contexto narrativo del Corán o con el modo en
        que recurre a las historias y referentes de los profetas judeocristianos. No obstante, el
        desafío exegético va mucho más allá de las cuestiones histórico-contextuales. El Corán
        utiliza recurrentemente símbolos, metáforas y alegorías, cuya función tanto narrativa como
        persuasiva se discute en profundidad en la vastísima cantidad de comentarios coránicos.</p>
  <p>En este espacio no me ocuparé de la exégesis coránica al modo en que la practican los
        estudiosos de la doctrina islámica, redactores del género conocido como
          <italic>tafsīr</italic> o comentario, sino que me centraré en la distinción estrictamente
        filosófica entre sentido literal y sentido oculto. En particular, me referiré a los
          <italic>falāsifa</italic> o filósofos peripatéticos, no sin antes hacer algunas breves
        alusiones al modo en que es tratada esa distinción en otras vertientes del islam como el
        sufismo, el chiismo duodecimano y el ismailismo. Ello ayudará a destacar formas diversas de
        exégesis coránica. Si bien hay algunas diferencias entre esas tres vertientes, algo tienen
        en común con el planteamiento filónico: por una parte, el acercamiento al texto exige una
        forma de ascesis; por otra parte, no cualquier persona está cualificada para interpretar el
        Libro. En qué consiste el método de interpretación es un asunto en el que se advierten
        algunas diferencias puesto que, en estos tres casos, hay una intención mística.</p>
  <p>El corazón del sufismo (<italic>tasawwuf</italic>) es el conocimiento intuitivo o experiencial
        de Dios (<italic>maʿrifa</italic>) y consiste en una serie de prácticas ascéticas y
        espirituales, más que en la formulación de razonamientos y argumentos lógicos. Por ello, la
        forma en la que los sufís se acercan al carácter oculto del Corán es distinta del modo en
        que los <italic>falāsifa</italic> lo hacen. En el caso de estos últimos la lógica
        aristotélica, como veremos, es una herramienta esencial para interpretar el sentido oculto
        del Libro. Los sufís, en cambio, se alejan de la interpretación racional de los
          <italic>falāsifa</italic>. A pesar de que el interés en el sufismo es predominantemente
        místico, hay en él algunos símiles en lo que respecta al modelo ascético-exegético que
        encontramos en <italic>La vida contemplativa</italic> de Filón.</p>
  <p>Para los sufís el Corán tiene varios niveles de interpretación. La vía o camino sufí
          (<italic>tarīqa</italic>) consiste en ir penetrando esos niveles, comenzando con el
        exotérico o literal (<italic>ẓāhir</italic>), hasta llegar a la verdad
          (<italic>haqīqa</italic>). Puesto en otras palabras, los sufís parten, como cualquier
        intérprete del Corán, del plano estrictamente literal, es decir, de aspectos gramaticales e
        históricos del Libro, y desde ahí avanzan hacia el carácter alegórico descifrando poco a
        poco su sentido. Este proceso de desciframiento o, de manera más propia, de desvelamiento,
        trasciende la interpretación de los signos externos y conduce, incluso, hacia una especie de
        transfiguración espiritual del exégeta. Ésta consistiría, dicho en palabras simples, en una
        especie de sustitución de su propia forma de entender el Libro por una interiorización del
        sentido del texto coránico. Por ello, el exégeta sufí emprende una trayectoria a través de
        la cual va descubriendo el sentido teológico-filosófico del texto (mismo que se mantiene
        todavía en el plano discursivo o racional), hasta llegar a lo que podría denominarse
        conocimiento experiencial o presencial (<italic>maʿrifa</italic>).</p>
  <p>Por supuesto, dada la diversidad que existe en la tradición islámica e incluso en el propio
        sufismo, he simplificado sobremanera el proceso a través del cual se accede al sentido
        oculto del Corán. Se trata, en realidad, de un proceso sofisticado destinado a penetrar en
        el sentido oculto (<italic>bāṭin</italic>), no a través de una interpretación racional de
        los signos, sino a través de una degustación (<italic>dhawq</italic>) de lo divino, algo
        exclusivo de aquellos quienes han optado por una ascesis espiritual.</p>
  <p>En el chiismo duodecimano también es central la distinción entre <italic>ẓāhir</italic> y
          <italic>bāṭin</italic>. Nasr ha observado atinadamente que en esta rama del chiismo se
        insiste en la necesidad de establecer un equilibrio entre <italic>ẓāhir</italic> y
          <italic>bāṭin</italic><xref ref-type="fn" rid="fn16">16</xref><italic>.</italic> En ello
        se asemeja al sufismo puesto que, en ambos casos, el <italic>ẓāhir</italic> no puede existir
        sin el <italic>bāṭin</italic>, pues sin este último no habría nada que manifestara o diera
        existencia objetiva al texto; por otro lado, sin el <italic>ẓāhir</italic>, el
          <italic>bāṭin</italic> nunca podría objetivarse y revelarse. En esta relación reside la
        necesidad del <italic>imām</italic>, es decir, el líder o guía espiritual, y la persona más
        cualificada para interpretar el mensaje revelado. El profeta, sigue Nasr, trae una ley del
        cielo para guiar la vida de los seres humanos. Después de él, la revelación cesa y no queda
        sino una ley que corresponde al aspecto exotérico de la revelación, por lo que deben venir
        quienes puedan interpretar el significado interno de la ley y el contenido esotérico de la
        revelación, es decir, los imames<italic>.</italic></p>
  <p>La interpretación del Corán para los duodecimanos también tiene varias dimensiones o capas. El
        único capaz de acceder al sentido más oculto es el guía espiritual o <italic>imām</italic>
        que, en el caso del chiismo, es ʿAlī, primo y yerno del profeta Muhammad. Los chiitas han
        sostenido desde la muerte del Profeta que solamente ʿAlī y sus descendientes tienen derecho
        al califato, es decir, al mando de la comunidad musulmana. ʿAlī es considerado el
        depositario del conocimiento profético y, por lo tanto, él y sus descendientes son los
        imames y exégetas legítimos. También en el caso del chiismo duodecimano las nociones de
          <italic>ẓāhir</italic> y <italic>bāṭin</italic> se relacionan con la interpretación o
        exégesis espiritual (<italic>taʾwīl</italic>). La interpretación coránica no es competencia
        de cualquier persona, sino que solamente el <italic>imām</italic> puede llevarla a cabo con
        la finalidad de actualizar e incluso re-contextualizar el mensaje profético.
          <italic>Taʾwīl</italic> en este caso alude a una práctica que se basa en el intelecto
          (<italic>ʿaql</italic>) y consiste en develar el sentido oculto del Corán. En este caso,
        no existe un único sentido oculto, sino que, en realidad, hay varios sentidos ocultos. De
        este modo, la revelación desciende (<italic>tanzīl</italic>) y a partir de ello, el profeta
        la recibe y la interpreta. Según el <italic>imām</italic> chiita duodecimano Yaʿfar al-Ṣādiq
        (m. 765), pueden distinguirse varios niveles de conocimiento del Libro: la mera expresión
        lingüística (<italic>ʿibāra</italic>), su alusión (<italic>ishāra</italic>), su significado
        oculto o más allá de lo sensible (<italic>laṭāʾif</italic>) que expresan las palabras, y las
        verdades espirituales (<italic>haqāʾīq</italic>). El plano de la mera literalidad es para la
        gente común, la alusión es para una elite, el sentido oculto es para los amigos de Dios,
        mientras que las verdades espirituales son sólo para los profetas<xref ref-type="fn"
          rid="fn17">17</xref>.</p>
  <p>El ismailismo es otra rama del chiismo. Comparte con los duodecimanos la importancia del
          <italic>imām</italic> como la persona más cualificada para interpretar el Corán. Los
        ismailíes conciben una especie de teosofía a partir de la cual creen que el desvelamiento
        del sentido oculto (<italic>bāṭin</italic>) conduce a un renacimiento espiritual e incluso a
        la salvación. Por lo tanto, no entienden por “filosofía” un conjunto de conceptos racionales
        y estrategias argumentales construidas desde la razón natural. Su modo de entender la
        filosofía consiste en una compleja doctrina metafísica y cosmológica vinculada a una
        antropología espiritual. Al igual que los duodecimanos, los ismailíes fatimíes sostuvieron
        la necesidad de preservar el equilibrio entre <italic>ẓāhir</italic> y
          <italic>bāṭin.</italic> No obstante, otra rama ismailí, la de los nizaríes, dio prioridad
        al <italic>bāṭin</italic> por encima del <italic>ẓāhir.</italic> En términos generales, en
        el ismailismo hay dos tipos de interpretación (<italic>taʾwīl</italic>). Por una parte, hay
        una manera de interpretar el texto coránico, que es exclusiva del <italic>imām</italic>; por
        otra parte, existe también la posibilidad de una interpretación de grado inferior, que es la
        que cada ismailí puede dar al Corán, según su nivel de espiritualidad. Se trata en este
        último caso de un método denominado <italic>kashf</italic> o desvelamiento, y tiene algunas
        similitudes con el sufismo<xref ref-type="fn" rid="fn18">18</xref>. No obstante, mientras
        que el sufismo, como se dijo, le da mayor peso a la experiencia de lo divino, en el
        ismailismo hay un vínculo mucho más fuerte con los significados coránicos. En este sentido,
        el ismailísmo es en cierto modo más intelectualista que el sufismo.</p>
  <p>Si bien en todos estos casos se insiste en la necesidad de develar el sentido oculto de los
        pasajes coránicos, los caminos y métodos propuestos para ello, son contrastantes con la
        propuesta de los <italic>falāsifa.</italic> El iniciador de la exégesis filosófica del Corán
        fue al-Kindī (m. 873), conocido también como el primer filósofo de los árabes. La filosofía
        de al-Kindī está influenciada por la teología racionalista de la escuela Muʿtazilí. No es
        que al-Kindī redactara un <italic>tafsīr</italic>, es decir, un comentario al Corán (todo
        indica que este género recibió ese nombre hasta inicios del siglo X), sino que en algunas de
        sus obras filosóficas le interesó desentrañar el sentido de algunos pasajes: en
          <italic>Sobre la cantidad de los libros de Aristóteles</italic> (<italic>Risāla fī
          kammiyyat kutub Arisṭūtālīs</italic>) y en <italic>Por qué el aire de la atmósfera
          superior es frío y el aire más cercano a la tierra es cálido</italic> (<italic>Risāla fī
          ʿIlla allatī lahā yabrudu aʿlā l-ŷaww wa-yasjunu mā qaruba min al-arḍ</italic>) comenta el
        sentido de Corán 36:78-82, un pasaje en el que se habla sobre la resurrección del cuerpo; en
        otro escrito, <italic>La postración del cuerpo exterior</italic> (<italic>Fī al-ibāna ʿan
          suŷūd al-ŷirm al-aqṣā</italic>), explica el sentido de Corán 55:6. No ahondaré en el
        aspecto propiamente exegético de al-Kindī, sino en su metodología. Richard Walzer<xref
          ref-type="fn" rid="fn19">19</xref> y Peter Adamson<xref ref-type="fn" rid="fn20">20</xref>
        han hecho notar que, al interpretar aquellos pasajes coránicos salta a la vista la
        influencia de los Muʿtazilíes, pero también la del filósofo cristiano Juan Filópono. Jules
        Janssens ha mostrado que, en efecto, Walzer y Adamson tienen razón, aunque la influencia de
        Juan Filópono es todavía más notoria de lo que se cree<xref ref-type="fn" rid="fn21"
          >21</xref>. Janssens sostiene que al-Kindī es ya un filósofo en el pleno sentido de la
        palabra y, como tal, interpreta a Juan Filópono recuperando sus aportes filosóficos y
        dejando de lado su cristianismo; como musulmán, al-Kindī admite la superioridad de la
        revelación coránica, aunque su manera de acercarse al texto no es la de una mente religiosa,
        sino la de una mente filosófica. Con la intención de extender los planteamientos de Walzer,
        Adamson y Janssens, Thérèse-Anne Druart se ha dado a la tarea de determinar si al-Kindī
        habría desarrollado un método exegético en particular<xref ref-type="fn" rid="fn22"
          >22</xref>.</p>
  <p>Sostiene Druart que, si se analiza en detalle la interpretación kindīana de los pasajes
        coránicos, pueden detectarse dos características. Por una parte, en todos los casos promueve
        la obediencia a Dios y a la tradición profética; por otra parte, en los tres casos al-Kindī
        se vale de herramientas filológicas para mostrar la ambigüedad de los pasajes y cómo estos
        no pueden ser entendidos de manera literal. Piensa al-Kindī que la interpretación no literal
        de los pasajes debe, sin embargo, ajustarse a los usos y normas de la lengua árabe. En todo
        caso, si bien el análisis lingüístico contempla el uso ordinario y hasta poético de las
        palabras y, junto con ello, su sentido filosófico, en modo alguno puede llevar al rechazo o
        la desobediencia de la revelación coránica y la tradición profética. Los orígenes de una
        exégesis filosófica del Corán se encuentran todavía en ciernes en los textos filosóficos de
        al-Kindī. Es llamativo que, poco tiempo después, no haya todavía en al-Fārābī (m. 950) un
        método exegético particular. El planteamiento de al-Fārābī es controversial al entender la
        religión como una mera representación alegórica o metafórica de las verdades filosóficas. En
        al-Fārābī la filosofía goza de un estatuto epistémico superior<xref ref-type="fn" rid="fn23"
          >23</xref>. No por ello la religión es menos importante. Desde una perspectiva práctica,
        la religión juega un papel persuasivo y conduce a las masas hacia la felicidad. Esa forma de
        “elitismo epistémico” reaparece de alguna forma en Avicena (m. 1037). Varios pasajes
        coránicos, según Avicena, incluyen descripciones metafóricas, imágenes accesibles para las
        personas ordinarias que no comprenderían con el sentido filosófico de los textos. Tanto en
        la <italic>Epístola sobre</italic>
        <italic>la vida futura</italic> (<italic>Risāla al-aḍḥawiyya fī amr al-maʿād</italic>) como
        en el libro décimo de la <italic>Metafísica</italic> (<italic>al-Ilahīyāt</italic>) de la
        monumental obra <italic>La curación</italic> (<italic>al-Shifāʾ</italic>), encontramos esa
        misma advertencia.</p>
  <p>En el primero de esos tratados, Avicena explica que la labor del filósofo al interpretar el
        Corán es afirmar la unicidad (<italic>tawḥīd</italic>) divina. Por lo tanto, ha de
        interpretar alegóricamente todos aquellos pasajes en los que el Corán se refiere a Dios de
        manera antropomórfica. Y Avicena advierte, entonces, acerca del uso pedagógico de esas
        metáforas: el Corán se vale de ellas para que la verdad sea accesible a todos. Pero en
        cambio, la interpretación filosófica no es para cualquier persona y, de hecho, ha de
        prohibirse la exposición de la filosofía a la gente ordinaria (<italic>ʿāmm</italic>)<xref
          ref-type="fn" rid="fn24">24</xref>. La misma sentencia reaparece en
          <italic>Metafísica</italic> cuando, en el libro décimo, Avicena explica la necesidad que
        tiene la especie humana de un profeta-legislador. De acuerdo con Avicena, la labor del
        profeta consiste en promulgar leyes, individuales y colectivas, en el nombre de Dios. Y debe
        enseñar a los fieles “(…) que tienen un solo hacedor (<italic>ṣāniʾ</italic>), que es uno y
        poderoso, que conoce lo secreto (<italic>sirr</italic>) y lo manifiesto
          (<italic>ʿalāniyya</italic>), que es obligación [de los fieles] obedecer Su mandato (…).”
        Pero, advierte Avicena, “[el profeta] no debe instruirles acerca de nada relacionado con el
        conocimiento de Dios, exaltado sea, más allá de que Él es uno, verdadero y único. De ir más
        más lejos obligándoles a creer en su existencia sin un lugar, o que no está sujeto a
        calificativos verbales, que no es exterior ni interior al mundo, ni nada por el estilo. [Si
        tratase de instruirles en este tipo de cosas], haría de su tarea algo demasiado complicado y
        sólo los confundiría. (…) Solamente un pequeño número de ellos entendería la verdad de la
        unicidad y la pureza divinas”<xref ref-type="fn" rid="fn25">25</xref>.</p>
  <p>Hasta aquí hay algunos aspectos coincidentes con Filón: Avicena también asume que las
        Escrituras, en este caso las coránicas, deben interpretarse alegóricamente; que no todo
        mundo está cualificado para ello y que, el que lo hace de la mejor manera es el profeta
        legislador. A lo largo del libro décimo de la <italic>Metafísica,</italic> así como en otros
        escritos, se describe al profeta como alguien dotado con capacidades muy similares a las de
        un filósofo. Le distingue, sin embargo, que, en tratados como <italic>Sobre las pruebas de
          la profecía</italic> (<italic>Fi itḥbāt al-nubuwwāt</italic>), en <italic>Acerca del
          alma</italic> (<italic>al-Shifāʾ: fī al-Nafs</italic>) y en la propia
          <italic>Metafísica</italic>, Avicena vincula la profecía con lo que denomina intuición
          (<italic>ḥads</italic>). Esta “intuición” consiste en la capacidad que poseen algunas
        personas para adquirir el término medio de un silogismo sin ningún esfuerzo. En
          <italic>Acerca del alma</italic> 5.6 explica que mientras que algunas personas necesitan
        mucha instrucción y esfuerzo para entender, otras que son privilegiadas, pueden comprender
        rápida y directamente a través de una poderosa disposición o aptitud natural llamada
          <italic>ḥads</italic><xref ref-type="fn" rid="fn26">26</xref><italic>.</italic> El profeta
        posee un rango superior al del filósofo. Este último, por lo tanto, recurre a un método
        interpretativo que no es la capacidad intuitiva y directa del profeta. Cuál es exactamente
        el método utilizado por Avicena es algo discutido en la literatura académica. No es que
        Avicena haya sido un exégeta del Corán, pero, en su caso, dos cosas llaman la atención: por
        una parte, como bien ha apuntado Janssens, Avicena no tiene inconveniente, a diferencia de
        lo que sucede en el caso de al-Fārābī, en referirse a Dios con terminología coránica (lo
        cual quiere decir, que está asumiendo una forma de interpretar y entender el Corán); por
        otra parte, existen seis pequeños tratados que, al parecer habrían circulado como tratados
        independientes, en los que Avicena comenta pasajes específicos del Corán: 24:35, 41:11-12a,
        87, 112, 113, 114<xref ref-type="fn" rid="fn27">27</xref>.</p>
  <p>A manera de ejemplo, me refiero a uno de estos pasajes, Corán
  24:35, en donde el lenguaje alegórico es más que evidente:</p>
  <disp-quote>
    <p>Allah es la luz de los cielos y la tierra. Su luz es como una hornacina en la que hay una
          lámpara; la lámpara está dentro de un vidrio y el vidrio es como un astro radiante. Se
          enciende gracias a un árbol bendito, un olivo que no es ni oriental ni occidental, cuyo
          aceite casi alumbra sin que lo toque el fuego. Luz sobre luz. Allah guía hacia Su luz a
          quien quiere, Allah llama la atención de los hombres con ejemplos y Allah conoce todas las
          cosas.</p>
  </disp-quote>
  <p>Como afirma Janssens, Avicena interpreta este pasaje en tres lugares distintos. En primer
        lugar, en la edición de al-ʿĀṣī de los seis pequeños tratados sobre pasajes coránicos; en
        segundo lugar, en <italic>Sobre las pruebas de la profecía</italic> y, por último, en uno de
        los puntos del <italic>Ishārāt</italic>. Sólo a manera de ejemplo, quiero referirme a la
        interpretación tal como aparece en <italic>Sobre las pruebas de la profecía</italic> puesto
        que, a diferencia de lo que hace en el <italic>tafsīr</italic> de la edición de alʿĀṣī,
        Avicena sostiene que tras el lenguaje alegórico subyace uno de los asuntos centrales de su
        noética. En dicho tratado afirma que la hornacina simboliza lo que Avicena entiende por
        intelecto material (<italic>ʿaql hayūlānī</italic>, la capacidad del intelecto humano para
        recibir formas inteligibles inmateriales); la lámpara simboliza el intelecto adquirido
          (<italic>ʿaql mustafād</italic>, el intelecto pensando activamente los inteligibles); el
        vidrio es el intelecto disposicional o <italic>in habitu</italic> (<italic>ʿaql bi
          al-malaka</italic>, el intelecto cuando ha conocido los primeros principios); el árbol de
        olivo es la capacidad de pensar (<italic>fikr</italic>), mientras que el aceite simboliza la
        intuición (<italic>ḥads</italic>, que sólo aparece en <italic>Ishārāt</italic>). El fuego
        simboliza, por último, al intelecto activo o agente (<italic>ʿaql al-faʿʿāl</italic>, un
        intelecto separado, también llamado “intelecto universal”, responsable de actualizar el
        intelecto humano para que sea posible la cognición)<xref ref-type="fn" rid="fn28"
        >28</xref>.</p>
  <p>Como sucede en el caso de Filón, Avicena no explica en ninguna parte cómo utilizar el método a
        través del cual puede reconocerse ese traslape entre el sentido alegórico del pasaje y su
        trasfondo filosófico. Podría tratarse de algo intuitivo, del reconocimiento directo de una
        serie de alegorías, que el filósofo es capaz de detectar. Al enfrentarse con esta forma de
        interpretar el Corán, podría parecer que Avicena impone una serie de nociones filosóficas
        sobre el lenguaje coránico. Pero no es así: el pasaje puede preservar su literalidad. En
        otras palabras, el sentido filosófico no sustituye la literalidad del pasaje. En realidad,
        el sentido literal y el sentido oculto o filosófico sostienen lo mismo: el sentido literal
        es para la gente ordinaria, el sentido oculto para aquellos cualificados para entenderlo, es
        decir, los filósofos. En todo caso, el pasaje describe la acción de Dios a través de una luz
        que ilumina todo cuanto existe, incluidos los seres humanos. La metáfora de la luz es muy
        común, como se sabe, no sólo en Avicena sino en el propio sufismo y en las ramas chiitas a
        las que me referí antes. La metáfora es común, también, en el neoplatonismo, una de las
        fuentes filosóficas de Avicena y, también, en la tradición persa. Desvelar la metáfora de la
        luz sería otro ejemplo de exégesis coránica.</p>
</sec>
<sec id="sec4">
  <title>3. Lo literal y lo oculto en Averroes</title>
  <p>En al-Ándalus, Averroes también sostuvo, tal como habría aprendido de los exégetas musulmanes,
        que en el Corán hay un sentido literal y uno oculto. La manera en que Averroes entiende esta
        distinción es la más parecida a la de Filón de Alejandría en cuanto al método, aunque con
        algunas diferencias importantes. Al igual que Avicena, Averroes sostiene que el filósofo es
        el más cualificado para develar el sentido oculto del Corán para descubrir, de este modo,
        que la religión no es sino una versión alegórica de las verdades filosóficas. Si bien otros
        exégetas musulmanes a los que me he referido coinciden en la necesidad de interpretar el
        sentido oculto de las proposiciones religiosas, ninguno de ellos buscaba empatar la verdad
        religiosa con la filosofía aristotélica, sino más bien, desvelar el significado alegórico de
        la palabra divina. La filosofía peripatética no es, en aquellos casos, un referente absoluto
        como sí lo es en el caso de Averroes.</p>
  <p>En uno de sus tratados más conocidos, el <italic>Kitāb faṣl al-maqāl wa taqrīr mā baina
          ash-Sharīʿah wa-l-Ḥikmah min al-ittiṣāl</italic> (<italic>El tratado decisivo que
          determina la conexión entre la ley religiosa y la sabiduría [la filosofía]</italic>),
        Averroes discute, desde el punto de vista de la jurisprudencia islámica, la conveniencia de
        recurrir a la filosofía para comprender las proposiciones religiosas<xref ref-type="fn"
          rid="fn29">29</xref>. Se pregunta si, desde la perspectiva de la ley islámica, la
        reflexión filosófica y la lógica están permitidas, prohibidas, recomendadas o si son
        obligatorias. A la luz de algunos pasajes coránicos concluye que, en efecto, la ley islámica
        insta a la reflexión intelectual y al razonamiento lógico sobre todas las cosas existentes.
        Entre algunos de los pasajes que menciona, se encuentra Corán 59:2 (“Considérenlo, ustedes
        que tienen vista”) que, según Averroes, es un llamado a la obligación de emplear el
        razonamiento intelectual; Corán 7:185 (“¿No han reflexionado sobre los reinos, el cielo, la
        tierra y todas las cosas que Dios ha creado?”) insiste también en que la reflexión sobre
        todas las cosas existentes es obligatoria; Corán 6:75 trata sobre Abraham y cómo él
        reflexionaba sobre los reinos, los cielos y la tierra. Leídos como incitación a reflexionar
        racionalmente sobre las creaturas del mundo, estos pasajes confirman aquello que Averroes
        argumenta a lo largo del tratado, a saber, que existe una conexión
        (<italic>ittiṣāl</italic>) entre la filosofía y la ley religiosa. La filosofía se entiende,
        cuando menos en este tratado, como la “reflexión (<italic>nazar</italic>) sobre los seres
        existentes (<italic>mawŷūdāt</italic>) y su consideración en tanto que son pruebas de su
          artesano”<xref ref-type="fn" rid="fn30">30</xref> y, añade que, “cuanto más completo es el
        conocimiento de su creación más completo es el conocimiento de su artesano”<xref
          ref-type="fn" rid="fn31">31</xref>.</p>
  <p>A partir de esa definición se sugiere que la reflexión filosófica se dirige hacia Dios como
        artesano del universo. Por lo tanto, la filosofía será obligatoria (<italic>wāyib</italic>)
        y recomendada (<italic>mandūb</italic>) por la ley islámica. De hecho, Averroes va todavía
        más lejos al sostener que, en realidad, la religión y la filosofía enseñan la misma verdad y
        que, así las cosas, las proposiciones religiosas concuerdan con la filosofía aristotélica,
        sobre todo, con la filosofía natural y la metafísica. Añade Averroes que, para poder
        reflexionar sobre las cosas existentes y su artesano, se requiere alcanzar el razonamiento
        más perfecto, a saber, la demostración (<italic>burhān</italic>)<xref ref-type="fn"
          rid="fn32">32</xref>. Es posible, según Averroes, comprender las proposiciones religiosas
        recurriendo al razonamiento silogístico, es decir, infiriendo lo desconocido desde lo
        conocido. La lógica filosófica aporta una metodología útil para detectar aquellas
        proposiciones que no están en armonía con la verdad. Sin embargo, Averroes no cree que deba
        haber un conflicto entre la filosofía y la religión porque “la verdad no contradice a la
        verdad; más bien, concuerda con ella y le sirve de testigo” (<italic>fa anna al-ḥaqqa lā
          yudāddu al-ḥaqq, bal yuwāfiqu-hu wa yashhadu la-hu</italic>)<xref ref-type="fn" rid="fn33"
          >33</xref>. El filósofo es quien está cualificado precisamente para reconocer que, si bien
        en su sentido literal las proposiciones religiosas parecen contradecir las verdades
        filosóficas, al ser interpretadas correctamente, dichas contradicciones desaparecen.</p>
  <p>Ahora bien, si bien los tratados filosóficos deben ser estudiados, no son para cualquier
        persona puesto que podrían ser dañinos para quienes carecen de la capacidad suficiente para
        comprenderlos. Averroes entiende que, de acuerdo con la naturaleza de las personas, hay
        diferentes tipos de asentimiento. Algunas personas asienten a través de la demostración,
        pero otras asienten a través de argumentos dialécticos y retóricos. Quienes asienten ante
        argumentos dialécticos y retóricos se conforman con el sentido literal o aparente de la Ley,
        mientras que quienes asienten ante la demostración, son quienes se percatan de que algunas
        proposiciones coránicas tienen un sentido oculto necesitan ser interpretadas:</p>
  <disp-quote>
    <p>La razón por la que en la Ley están contenidos un sentido aparente y uno interno responde a
          las diferencias en la disposición innata de las personas y a sus capacidades innatas para
          el asentimiento. La razón por la que los sentidos aparentemente contradictorios están ahí
          asentados es para dar noticia de “aquellos bien versados en la ciencia” y llevar a la
          interpretación que los reconcilia. Esta idea es señalada en Su afirmación (que Él sea
          exaltado), “Él es quien les ha enviado el Libro; en él, hay versos fijos…” y sigue su
          afirmación, “y aquellos bien versados en la ciencia” [Corán, 3:7]”<xref ref-type="fn"
            rid="fn34">34</xref>.</p>
  </disp-quote>
  <p>Averroes formula aquí una teoría de la interpretación extraída de un pasaje coránico, 3:7:</p>
  <disp-quote>
    <p>Él ha enviado este Libro, en el que hay signos que son inequívocos y son fundamentales para
          el Libro, y otros que son equívocos. Pero aquellos torcidos del corazón siguen lo que de
          él es equívoco, buscando discordia y dando sus propias interpretaciones; pero nadie conoce
          su significado excepto Allah; y aquellos arraigados en el conocimiento afirman: “Creemos
          en él [el Libro] dado que procede de nuestro Señor”. Pero sólo recapacitan los que saben
          reconocer lo esencial.</p>
  </disp-quote>
  <p>Dado que el texto coránico carece de puntuación, Averroes interpreta el pasaje como una
        confirmación de su propia postura: nadie conoce el significado de los signos, excepto Allah
        y los versados en la ciencia, es decir, los filósofos, capaces de reconciliar las
        contradicciones aparentes. Los filósofos conocen el razonamiento demostrativo y, por lo
        tanto, pueden discernir aquellas expresiones cuyo sentido es literal y aquellas que tienen
        un sentido interno. En vista de que los filósofos han demostrado las cuestiones teóricas
        desde la razón, pueden entonces detectar de inmediato aquellas proposiciones religiosas que,
        en su sentido literal, parecen estar en conflicto con la filosofía. Ahora bien, si dichas
        proposiciones se interpretan adecuadamente, es decir, a desde la filosofía, será posible
        eliminar esas supuestas contradicciones. Averroes, acepta, por lo tanto, que en su sentido
        aparente o literal sí podrían suscitarse tensiones entre algunas proposiciones religiosas
        —por ejemplo, la creación del mundo o la inmortalidad del alma— y la filosofía. Dichas
        tenciones desaparecen al interpretar el Corán de manera alegórica. Los filósofos pueden
        discernir entre aquellos versos coránicos inequívocos, categóricos o con un sentido directo
        (unívoco, en términos aristotélicos) y los alegóricos o que tienen múltiples significados
        (equívocos, en términos aristotélicos). Para interpretar esos pasajes de manera correcta,
        los filósofos deben seguir reglas lógicas y gramaticales:</p>
        <disp-quote>
          <p>“Interpretar” consiste en hacer pasar el significado de la palabra del sentido real al sentido
      figurado, sin violar la tradición de la lengua árabe respecto al uso de la metáfora,
      denominando a una cosa por lo que se le asemeja, su causa, su consecuencia, lo que le es
      comparable o por cualquier otra cosa que se enumera en los tipos de discurso figurativo. Si
      el jurista actúa así para muchas prescripciones legales, resulta todavía más apropiado que
      lo haga el que practica la ciencia de la demostración. De hecho, el jurista sólo cuenta con
      un silogismo basado en la opinión, mientras que aquel que es conocedor dispone de un
      silogismo cierto. Y afirmamos categóricamente que siempre que la demostración llegue a una
      contradicción con el sentido literal de la Ley, ese sentido literal admite interpretación,
      según el canon de interpretación de la lengua árabe”<xref ref-type="fn" rid="fn35"
        >35</xref>.</p>
  </disp-quote>
  <p>En este pasaje pueden detectarse características aspectos del método interpretativo que
        Averroes tiene en mente: se trata, primero, de detectar aquellos pasajes que, en sentido
        literal, contradicen las demostraciones filosóficas; cuando ese es el caso, ello indica que
        el pasaje debe interpretarse alegóricamente y, por ello, el exégeta deberá ceñirse al modo
        en que se entiende el uso de metáforas en lengua árabe. Y lo que sucede en el caso de la
        metáfora, tal como se lee en el pasaje, es que algo ha sido nombrado a partir de otra cosa
        semejante. Corresponde al filósofo desvelar el sentido alegórico. En otro tratado, al
        parecer contemporáneo al <italic>Tratado decisivo</italic>, <italic>Libro del desvelamiento
          de los métodos de demostración de los dogmas de la religión</italic>, se encuentra una
        explicación complementaria a la anterior. Ahí mismo, Averroes defiende su método filosófico
        frente a otras formas de interpretar el Corán. Sostiene, por ejemplo, que, al sostener que
        el conocimiento de Dios se experimenta únicamente cuando el alma se desprende de las
        pasiones y se dedica de manera exclusiva a la contemplación, los sufís proponen un método
        inaceptable, puesto que, de ser ese el caso, el método del razonamiento sería vano e inútil
        y, como se dijo antes, el propio Corán invita al razonamiento y la reflexión. Ahora bien,
        los <italic>mutakallimūn</italic> han reflexionado sobre las proposiciones religiosas, pero,
        la prueba de que su interpretación ha sido errada, es que han encontrado contradicciones
        entre la ley religiosa y la filosofía. De ahí que algunos, entre ellos Algazel, se hayan
        dedicado a denigrar a la filosofía. Averroes reprueba también a quienes, en el otro extremo
        de los <italic>mutakallimūn</italic>, han optado por someter la ley religiosa a la
        filosofía, dejando en claro que la filosofía, por ello, no es para cualquier persona, sino
        únicamente para quienes saben hallar la armonía entre ambas.</p>
  <p>A lo largo del <italic>Kashf</italic>, Averroes posiciona, tal como
  hace en el <italic>Faṣl</italic>, la efectividad de la filosofía. Y,
  de nuevo, sostiene que ésta debe permanecer alejada de la gente
  común:</p>
  <disp-quote>
    <p>Tampoco es conveniente exponer esto a la gente común; puesto que el intelecto de la gente
          común no deja de recurrir a la imaginación; al contrario, lo que no pueden representarse
          por la imaginación lo tienen por nada. Puesto que no es posible imaginar lo incorpóreo y
          tampoco pueden asentir a la existencia de aquello que no es imaginable, la Ley ha evitado
          exponerles con claridad esa idea y les describe a Dios, alabado sea, con descripciones que
          están próximas a la facultad de la imaginación, como las descripciones del oído, de la
          vista, del rostro y otras parecidas, dándoles cuenta de que a Dios no le es semejante
          ninguno de los seres imaginables y que no se le parecen. Si su intención hubiese sido dar
          a conocer a la gente común que es incorpóreo, no les habría expuesto nada de esto, sino
          que, al contario, como la luz es el más elevado de los seres imaginables, la estableció
          para ellos como símbolo de Él, ya que la luz es el más conocido de los seres para los
          sentidos y la imaginación. Con esta clase de representaciones pueden comprender las ideas
          de los seres en la vida futura, es decir, que estas ideas imitan para ellos las cosas
          imaginables y sensibles<xref ref-type="fn" rid="fn36">36</xref>.</p>
  </disp-quote>
  <p>En este pasaje reaparece el mismo tema que se mencionó antes con ocasión de la teoría e la
        interpretación de Avicena. El Corán describe a Dios de manera antropomórfica con la
        finalidad de que la religión sea accesible a quienes no pueden comprender la naturaleza
        propia de Dios. Hacia el final del tratado, Averroes sostiene que hay cinco niveles de
        significado en lo que respecta a las proposiciones religiosas. A su vez, estos cinco niveles
        se subdividen en dos, a saber, el indivisible y el divisible. El nivel indivisible consiste
        en aquellos casos en los que el sentido literal coincide e incluso es idéntico al sentido
        figurado. El nivel divisible consiste en aquellos casos en los que el sentido literal es
        diferente del sentido real, es decir, los símbolos o metáforas ocupan el lugar del
        significado real. El nivel divisible se subdivide a su vez en cuatro partes: la primera
        parte consiste en (1) aquellos casos en los que los símbolos dados en la Escritura sólo se
        conocen a través de largos silogismos compuestos aprendidos durante un largo período de
        tiempo y a través de las artes argumentativas que sólo aprenden las naturalezas superiores.
        La segunda parte consiste en lo opuesto, a saber, (2) en aquellos casos en los que es fácil
        reconocer que la Escritura utiliza un símbolo, y se entiende lo que este símbolo representa.
        La tercera parte se refiere a (3) aquellos casos en los que un símbolo es reconocible, pero
        es difícil interpretar a qué se refiere. Por último, la cuarta parte consiste en (4)
        aquellos casos en los que lo que simboliza está claro, pero es difícil reconocer que se
        trata de un símbolo<xref ref-type="fn" rid="fn37">37</xref>. Estos cinco niveles de
        significado constituyen el canon de la interpretación al que probablemente se refiera
        Averroes en al <italic>Faṣl</italic>.</p>
  <p>Averroes sostiene enseguida que, las proposiciones religiosas que corresponden al nivel
        indivisible no deben interpretarse. En lo que respecta a las cuatro clases de proposiciones
        divisibles, en el primer caso los intérpretes han de ser los más versados en la ciencia, es
        decir, los filósofos, y no deben exponer el sentido de esos pasajes ante la gente común. En
        el segundo caso, las proposiciones deben ser interpretadas y explicadas a todos. El tercer
        caso es más complicado puesto que, en ese caso, la gente común no puede entender la
        simbología, y sólo los más versados pueden llegar a hacerlo; ahora bien, si alguien no
        versado reconoce el símbolo, se le debe enseñar que se trata de algo ambiguo reservado para
        los más versados, y podría traducírsele el símbolo en algo más sencillo, con la finalidad de
        hacer desaparecer la ambigüedad. Por último, en el cuarto caso, hay que acercarse con
        cautela a pasajes de ese tipo puesto que en ese caso hay, para los no versados, ambigüedad
        en lo que respecto al reconocimiento del símbolo y, por lo tanto, si se interpreta, se corre
        el riesgo de alejarse del sentido literal. Y concluye Averroes:</p>
  <disp-quote>
    <p>Cuando se ha ejercido la interpretación en esta Ley religiosa a cargo de quienes no
          distinguen estos pasajes ni distinguen el tipo de personas a quienes está permitida la
          interpretación de ellos, entonces se produce confusión con respecto a estos asuntos, y
          surgen entre ellos sectas que se oponen entre sí y que se acusan de infidelidad las unas a
          las otras. Todo esto equivale a la ignorancia del objetivo de la Ley religiosa y una
          transgresión de ella. De cuanto hemos dicho, has podido informarte de la cantidad de
          errores que resultan de la interpretación. Nos gustaría poder alcanzar este objetivo en
          todas las proposiciones de la Ley religiosa, es decir, tratar de cuál de ellas debe ser
          interpretada o cuál no y, si hay que interpretarlas, entre quiénes hay que interpretarles
          —me refiero a toda dificultad que haya en el Corán y en la Tradición— y dar a conocer que
          todas ellas deben reducirse a estas cuatro clases<xref ref-type="fn" rid="fn38"
          >38</xref>.</p>
  </disp-quote>
</sec>
<sec id="sec5">
  <title>4. Observaciones finales</title>
  <p>La distinción entre lo literal y lo oculto es uno de los varios temas en los que existen
        ciertas similitudes entre las tradiciones abrahámicas. Como explicaba desde un principio,
        por el momento no es posible, a mi juicio, detectar una influencia directa de Filón de
        Alejandría en los pensadores del mundo islámico. Si bien es cierto, como han mostrado Parker
        y Treiger, que fragmentos y quizás hasta alguna versión completa de Filón en árabe pudo
        haber circulado entre los cristianos de Oriente Medio, hasta ahora la posibilidad de que esa
        haya sido una fuente directa de transmisión es algo endeble e incierto. No obstante, como he
        mostrado, la distinción entre lo literal y lo oculto, así como la necesidad de plantear un
        método alegórico, aparece en distintas vertientes intelectuales del islam y algunas
        coincidencias son llamativas. Una primera coincidencia sería, en efecto, la detección de
        pasajes alegóricos que requieren ser interpretados. En segundo lugar, la idea de que la
        interpretación de las Escrituras no puede llevarse a cabo por cualquier persona sino
        únicamente por quienes están cualificados para ello, es decir, los profetas y los filósofos.
        En tercer lugar, en todos los casos revisados se establece que el sentido oculto o esotérico
        no sustituye el sentido literal, sino que lo complementa y, en este sentido, ambos son
        verdaderos. En cuarto lugar, en el caso de Filón y los filósofos árabes peripatéticos el
        método alegórico es filosófico y, aunque en ese sentido arroja una interpretación racional
        de las Escrituras, ésta no se opone, sino que está en absoluta armonía con el contenido de
        las proposiciones religiosas.</p>
</sec>
</body>
<back>
<fn-group>
  <fn id="fn1">
    <label>1</label><p>WOLFSON, H.A. <italic>Philo: Foundations of Religious Philosophy in Judaism, Christianity, and
            Islam</italic>. Cambridge: Harvard University Press, 1947, vol.1, pp. 115-163.</p>
  </fn>
  <fn id="fn2">
    <label>2</label><p>Cfr. RUNIA, D. <italic>Philo in Early Christian
    Literature</italic>. <italic>A Survey</italic>. Minneapolis:
    Fortress Press,1993.</p>
  </fn>
  <fn id="fn3">
    <label>3</label><p>RUNIA, D. <italic>Philo in Early Christian
    Literature</italic>, pp. 15-16.</p>
  </fn>
  <fn id="fn4">
    <label>4</label><p>PARKER, E. y TREIGER, A. “Philo’s Odyssey into the Medieval Jewish World: Neglected Evidence from
          Arab Christian Literature”. <italic>Dionysius</italic>, XXX, 2012, pp. 117-146.</p>
  </fn>
  <fn id="fn5">
    <label>5</label><p>Cfr. CORTEST, L. <italic>Philo’s Heirs: Moses Maimonides and Thomas Aquinas.</italic> Brighton:
          Academic Studies Press, 2017.</p>
  </fn>
  <fn id="fn6">
    <label>6</label><p>Cfr. GUTAS, D. <italic>Greek Thought, Arabic Culture: The GraecoArabic Translation Movement in
            Baghdad and Early ʿAbbasid Society
              (2<sup>nd</sup>-4<sup>th</sup>/8<sup>th</sup>-10<sup>th</sup> Centuries)</italic>.
          Londres: Routledge, 1998.</p>
  </fn>
  <fn id="fn7">
    <label>7</label><p>Cfr. AL-NADĪM, <italic>The Fihrist</italic>.
    Trad. Bayard Dodge. New York: Columbia University Press, 1998.</p>
  </fn>
  <fn id="fn8">
    <label>8</label><p>FILÓN, <italic>De congressu</italic>, § 11. Utilizo “Acerca de la unión con los estudios
            preliminares”<italic>.</italic> En: J. P. Martín (Ed.): <italic>Obras Completas, vol.
            III</italic>. Trad. Marcela Coria. Madrid: Trota, 2012, pp. 223-281.</p>
  </fn>
  <fn id="fn9">
    <label>9</label><p>FILÓN, <italic>De congressu</italic>, § 18.</p>
  </fn>
  <fn id="fn10">
    <label>10</label><p>DRUILLE, P. “Los Querubines, la espada flamígera
    y la Causa en Filón de Alejandría”. <italic>Nova Tellus</italic>,
    28/1, 2010, pp. 73-95 [p. 76].</p>
  </fn>
  <fn id="fn11">
    <label>11</label><p>FILÓN, <italic>De Opificio Mundi</italic>, cap. 7, §§ 26-28. Utilizo “La creación del mundo según
            Moisés”<italic>.</italic> En: J. P. Martín (Ed.): <italic>Obras Completas, vol.
            I</italic>. Trad. Francisco Lisi. Madrid: Trota, 2009, pp. 95-158.</p>
  </fn>
  <fn id="fn12">
    <label>12</label><p>FILÓN, <italic>De Opificio Mundi</italic>, cap.
    17, § 53.</p>
  </fn>
  <fn id="fn13">
    <label>13</label><p>FILÓN, <italic>De Opificio Mundi</italic>, cap.
    17, § 54.</p>
  </fn>
  <fn id="fn14">
    <label>14</label><p>FILÓN, <italic>Contempl.</italic> §§ 27-28. Utilizo “La vida contemplativa o de los
            suplicantes”<italic>.</italic> En: J. P. Martín (Ed.): <italic>Obras Completas, vol.
            V</italic>. Trad. José Pablo Martín. Madrid: Trota, 2009, pp. 145-176.</p>
  </fn>
  <fn id="fn15">
    <label>15</label><p>PARKER, E. y TREIGER, A. “Philo’s Odyssey into Medieval Jewish World…”, pp. 133; 143. El artículo
          ofrece primero la traducción al inglés y, haacia el final, compara el texto griego y el
          árabe.</p>
  </fn>
  <fn id="fn16">
    <label>16</label><p>NASR, S.H, <italic>Ideas and Realities of Islam</italic>. Chicago: ABC International Group, Inc.,
          2000, p. 156.</p>
  </fn>
  <fn id="fn17">
    <label>17</label><p>NASR, S.H. <italic>Ideas and Realities of
    Islam</italic>, p. 49.</p>
  </fn>
  <fn id="fn18">
    <label>18</label><p>STEIGERWALD, D. “Ismāʿīlī Taʾwīl”. En A. Rippin (Ed.): <italic>The Blackwell Companion to the
            Qur’ān</italic>. Massachusetts: Blackwell Publishing Ltd., 2006, p. 387.</p>
  </fn>
  <fn id="fn19">
    <label>19</label><p>WALZER, R. “New Studies on al-Kindī”.
    <italic>Oriens</italic>, 10/2, 1957, pp. 203-232.</p>
  </fn>
  <fn id="fn20">
    <label>20</label><p>ADAMSON, P. “al-Kindī and the Muʿtazila: Divine
    Attributes, Creation and Freedom”. <italic>Arabic Sciences and
    Philosophy</italic>, 13, 2003, pp. 45-77.</p>
  </fn>
  <fn id="fn21">
    <label>21</label><p>JANSSENS, J. “al-Kindī: The Founder of Philosophical Exegesis of the Qurʾān”. <italic>Journal of
            Qurʾanic Studies</italic> 9/2, 2007, pp. 1-21.</p>
  </fn>
  <fn id="fn22">
    <label>22</label><p>DRUART, T.-A. “al-Kindī’s Qurʾānic Exegeses”.
    <italic>The Muslim World</italic> 109/4, 2019, pp. 535-545.</p>
  </fn>
  <fn id="fn23">
    <label>23</label><p>Esa superioridad aparece en varios tratados. Por mencionar dos ejemploes, véase AL-FĀRĀBĪ.
            <italic>El libro de las letras</italic>. Trad. José Antonio Paredes Gandía. Madrid:
          Trota, pp. 2004, pp. 89-93; AL-FĀRĀBĪ. <italic>Kitāb al-ḥurūf</italic>. Ed. Muhsin Mahdi.
          Beirut: Dar el-Mashreq, 1969, pp. 147-153; AL-FĀRĀBĪ. <italic>Libro de la
            Religión</italic>. En R. Ramón Guerrero (Ed.): <italic>Obras filosóficas y
            políticas.</italic> Trad. Rafael Ramón Guerrero. Madrid: Trota, 2008, pp. 140-142;
          AL-FĀRĀBĪ. <italic>Kitāb al-milla</italic>. Ed. Muhsin Mahdi. Beirut: Dar el-Mashreq,
          1968, pp. 46-47. Véase también. JANSSENS, J. “al-Fārābī: la religion comme imitation de la
          philosophie”. En M. Delgado, C Méla y F. Möri (Eds.): <italic>OrientOccident: racines
            spirituelles de l’Europe: Enjeux et implications de la translatio studiorum dans le
            judäisme, le christianisme et l’islam de l’Antiquité à la Renaissance: Actes du Colloque
            scientifique international 16-19 november 2009</italic>. París: Cerf, 2014, pp.
          497-512.</p>
  </fn>
  <fn id="fn24">
    <label>24</label><p>AVICENA. <italic>Epistola sulla vita futura</italic>. Texto árabe, traducción, introducción y
          notas de F. Lucchetta. Padua: Editrice Antenore, 1969, pp. 42-63.</p>
  </fn>
  <fn id="fn25">
    <label>25</label><p>AVICENA. <italic>The Metaphysics of the
    Healing</italic>. Texto en árabe y en inglés con introducción y
    notas de M. E. Marmura. Provo: Brigham University Press, 2005, p.
    366.</p>
  </fn>
  <fn id="fn26">
    <label>26</label><p>Cfr. AVICENA. <italic>Avicenna’s De Anima (Arabic Text), Being the Psychological Part of Kitāb
            al-Shifāʾ</italic>. Editado por F. Rahman. Londres: Oxford University Press, 1959, pp.
          248-249. En algunos casos esa intuición puede ser tan poderosa, que no se requiere ningún
          esfuerzo o instrucción y, entonces, el in telecto humano llega a la conjunción con lo que,
          en su ela¬borada teoría noética, Avicena denomina el intelecto activo o agente. Este es el
          caso precisamente del profeta. No viene al caso extenderme aquí en la noética de Avicena,
          un modelo complejo que involucra tanto aspectos psicológicos o cognitivos, como una
          cosmología emancionista muy sofisticada.</p>
  </fn>
  <fn id="fn27">
    <label>27</label><p>JANSSENS, J. “Avicenna and the Qurʾān. A Survey
    of his Qurʾānic Commentaries”. <italic>MIDEO</italic>, 25-26, 2004,
    pp. 177-192 [pp. 178-181].</p>
  </fn>
  <fn id="fn28">
    <label>28</label><p>AVICENA. <italic>Fi itḥbāt al-nubuwwāt</italic>.
    Ed. M. E. Marmura. Beirut: Dar an-Nahar, 1991, pp. 49-50; AVICENA.
    <italic>On the Proofs of Prophecy and the Interpretation of the
    Prophet’s Symbols</italic> <italic>and Metaphors</italic>. Trad. M.
    E. Marmura, en R. Lerner and M. Mahdi (Eds.): <italic>Medieval
    Political Philosophy</italic>. Toronto: Agora, 1963, 112-121 [pp.
    116-117]. Cfr. MARMURA, M. “Avicenna’s Psychological Proof of
    Prophecy”. <italic>Journal of Near Eastern Studies</italic>, 22,
    1963, pp. 49-56; JANSSENS, J. “Avicenna and the Qurʾān”, p. 184.</p>
  </fn>
  <fn id="fn29">
    <label>29</label><p>El <italic>Faṣl al-maqāl</italic> constituye la parte central de la trilogía que abre con el
          escrito titulado <italic>Ḍamīma</italic> (<italic>Epístola dedicatoria</italic>), un breve
          tratado consagrado a la cuestión del conocimiento divino, y que termina con el
            <italic>Kashf ʿan manāhiy al-adilla fī ʿaqā’id al-milla</italic> (<italic>Desvelamiento
            de los métodos de comprobación respecto a las creencias de la comunidad
            religiosa</italic>), un tratado más extenso en el que Averroes refuta los argumentos de
          los teólogos. Para una explicación de la conexión entre estos tres tratados, véase MAHDI,
          M. “Remarks on Averroes <italic>Decisive Treatise</italic>”. En M. E. Marmura (Ed.):
            <italic>Islamic Theology and Philosophy. Studies in Honor of George F. Hourani</italic>.
          Albany: SUNY Press, 1994, pp. 188-202. Utilizo la traducción al español de Rafael Ramón
          Guerrero, en algunos casos ligeramene modificada, que aparece en AVERROES. <italic>Sobre
            filosofía y religión</italic>. Pamplona: Cuadernos del Anuario Filosófico, 1998
            [<italic>Faṣl al-maqāl</italic>, pp. 75-106; <italic>Kashf</italic>, pp.125-133]. El
          texto árabe del <italic>Faṣl al-maqāl</italic> puede leerse en AVERROES. <italic>The
            Decisive Treatise&amp; Epistle Dedicatory</italic>. Trad. C. E. Butterworth. Provo:
          Brigham Young University Press, 2001. Para el <italic>Kashf</italic> consulto AVERROES.
            <italic>Kashf ʿan manāhiy al-adilla fī ʿaqā</italic>ʾ<italic>id al-milla</italic>. Ed.
          Muṣṭafā Ḥānfī. Beirut: Markaz Dirāsāt al-Waḥdah al ʿArabīyah, 1998.</p>
  </fn>
  <fn id="fn30">
    <label>30</label><p>AVERROES, <italic>Faṣl al-maqāl</italic>, p. 76;
    Butterworth (trad.), p. 1.</p>
  </fn>
  <fn id="fn31">
    <label>31</label><p>AVERROES, <italic>Faṣl al-maqāl</italic>, p. 76;
    Butterworth (trad.), p. 1.</p>
  </fn>
  <fn id="fn32">
    <label>32</label><p>“Ya que se ha determinado que la Ley hace obligatorio considerarlas y reflexionar sobre las cosas
          existentes por medio del intelecto, y dado que considerarlas no es algo distinto a inferir
          y obtener lo desconocido de lo conocido; y esto es el razonamiento silogístico o lo que se
          obtiene por medio del razonamiento silogístico, entonces debemos estudiar las cosas
          existentes por medio del razonamiento silogístico. Y es evidente que este tipo de
          reflexión que la Ley exige y requiere es la más completa, y ha de llevarse a cabo a través
          del tipo de razonamiento silogístico más completo, es decir, el que se llama
          ‘demostración’” (AVERROES, <italic>Faṣl al-maqāl</italic>, p. 77; BUTTERWORTH (trad.), p.
          2).</p>
  </fn>
  <fn id="fn33">
    <label>33</label><p>AVERROES, <italic>Faṣl al-maqāl</italic>, p. 83;
    BUTTERWORTH (trad.), p. 9.</p>
  </fn>
  <fn id="fn34">
    <label>34</label><p>AVERROES, <italic>Faṣl al-maqāl</italic>, p. 83;
    BUTTERWORTH (trad.), p. 10.</p>
  </fn>
  <fn id="fn35">
    <label>35</label><p>AVERROES, <italic>Faṣl al-maqāl</italic>, p. 84;
    BUTTERWORTH (trad.), p. 9.</p>
  </fn>
  <fn id="fn36">
    <label>36</label><p>AVERROES, <italic>Kashf</italic>, p. 124; ḤANFĪ,
    M. (Ed.), pp. 157-158.</p>
  </fn>
  <fn id="fn37">
    <label>37</label><p>AVERROES, <italic>Kashf</italic>, pp. 130-133;
    ḤANFĪ, M. (Ed.), pp. 206-208.</p>
  </fn>
  <fn id="fn38">
    <label>38</label><p>AVERROES, <italic>Kashf</italic>, p. 133; ḤANFĪ,
    M. (Ed.), p. 208.</p>
  </fn>
</fn-group>
  <ref-list>
    <ref id="ref1">
  <element-citation publication-type="journal">
    <person-group person-group-type="author">
      <name>
        <surname>Adamson</surname>
        <given-names>Peter</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <year>2003</year>
    <article-title>Al-Kindī and the Muʿtazila: Divine Attributes, Creation and Freedom</article-title>
    <source>Arabic Sciences and Philosophy</source>
    <volume>13</volume>
    <fpage>45</fpage>
    <lpage>77</lpage>
  </element-citation>
</ref>

<ref id="ref2">
  <element-citation publication-type="book">
    <person-group person-group-type="author">
      <name>
        <surname>Al-Fārābī</surname>
      </name>
    </person-group>
    <year>1968</year>
    <source>Kitāb al-milla</source>
    <person-group person-group-type="editor">
      <name>
        <surname>Mahdi</surname>
        <given-names>Muhsin</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <publisher-loc>Beirut</publisher-loc>
    <publisher-name>Dar el-Mashreq</publisher-name>
  </element-citation>
</ref>

<ref id="ref3">
  <element-citation publication-type="book">
    <person-group person-group-type="author">
      <name>
        <surname>Al-Fārābī</surname>
      </name>
    </person-group>
    <year>1969</year>
    <source>Kitāb al-ḥurūf</source>
    <person-group person-group-type="editor">
      <name>
        <surname>Mahdi</surname>
        <given-names>Muhsin</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <publisher-loc>Beirut</publisher-loc>
    <publisher-name>Dar el-Mashreq</publisher-name>
  </element-citation>
</ref>

<ref id="ref4">
  <element-citation publication-type="book">
    <person-group person-group-type="author">
      <name>
        <surname>Al-Fārābī</surname>
      </name>
    </person-group>
    <year>2004</year>
    <source>El libro de las letras</source>
    <person-group person-group-type="translator">
      <name>
        <surname>Paredes Gandía</surname>
        <given-names>José Antonio</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
    <publisher-name>Trota</publisher-name>
  </element-citation>
</ref>

<ref id="ref5">
  <element-citation publication-type="chapter">
    <person-group person-group-type="author">
      <name>
        <surname>Al-Fārābī</surname>
      </name>
    </person-group>
    <year>2008</year>
    <article-title>Libro de la Religión</article-title>
    <person-group person-group-type="editor">
      <name>
        <surname>Ramón Guerrero</surname>
        <given-names>Rafael</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <source>Obras filosóficas y políticas</source>
    <person-group person-group-type="translator">
      <name>
        <surname>Ramón Guerrero</surname>
        <given-names>Rafael</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
    <publisher-name>Trota</publisher-name>
    <fpage>133</fpage>
    <lpage>160</lpage>
  </element-citation>
</ref>

<ref id="ref6">
  <element-citation publication-type="book">
    <person-group person-group-type="author">
      <name>
        <surname>Al-Nadīm</surname>
      </name>
    </person-group>
    <year>1998</year>
    <source>The Fihrist</source>
    <person-group person-group-type="translator">
      <name>
        <surname>Dodge</surname>
        <given-names>Bayard</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <publisher-loc>New York</publisher-loc>
    <publisher-name>Columbia University Press</publisher-name>
  </element-citation>
</ref>

<ref id="ref7">
  <element-citation publication-type="book">
    <person-group person-group-type="author">
      <name>
        <surname>Averroes</surname>
      </name>
    </person-group>
    <year>1998</year>
    <source>Sobre filosofía y religión</source>
    <person-group person-group-type="translator">
      <name>
        <surname>Ramón Guerrero</surname>
        <given-names>Rafael</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <publisher-loc>Pamplona</publisher-loc>
    <publisher-name>Cuadernos del Anuario Filosófico</publisher-name>
  </element-citation>
</ref>

<ref id="ref8">
  <element-citation publication-type="book">
    <person-group person-group-type="author">
      <name>
        <surname>Averroes</surname>
      </name>
    </person-group>
    <year>1998</year>
    <source>Kashf ʿan manāhiy al-adilla fī ʿaqāʾid almilla</source>
    <person-group person-group-type="editor">
      <name>
        <surname>Ḥānfī</surname>
        <given-names>Muṣṭafā</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <publisher-loc>Beirut</publisher-loc>
    <publisher-name>Markaz Dirāsāt al-Waḥdah al ʿArabīyah</publisher-name>
  </element-citation>
</ref>

<ref id="ref9">
  <element-citation publication-type="book">
    <person-group person-group-type="author">
      <name>
        <surname>Averroes</surname>
      </name>
    </person-group>
    <year>2001</year>
    <source>The Decisive Treatise &amp; Epistle Dedicatory</source>
    <person-group person-group-type="translator">
      <name>
        <surname>Butterworth</surname>
        <given-names>Charles E.</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <publisher-loc>Provo</publisher-loc>
    <publisher-name>Brigham Young University Press</publisher-name>
  </element-citation>
</ref>

<ref id="ref10">
  <element-citation publication-type="book">
    <person-group person-group-type="author">
      <name>
        <surname>Avicena</surname>
      </name>
    </person-group>
    <year>1959</year>
    <source>Avicenna's De Anima (Arabic Text), Being the Psychological Part of Kitāb al-Shifāʾ</source>
    <person-group person-group-type="editor">
      <name>
        <surname>Rahman</surname>
        <given-names>Fazlur</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <publisher-loc>Londres</publisher-loc>
    <publisher-name>Oxford University Press</publisher-name>
  </element-citation>
</ref>

<ref id="ref11">
  <element-citation publication-type="chapter">
    <person-group person-group-type="author">
      <name>
        <surname>Avicena</surname>
      </name>
    </person-group>
    <year>1963</year>
    <article-title>On the Proofs of Prophecy and the Interpretation of the Prophet's Symbols and Metaphors</article-title>
    <person-group person-group-type="translator">
      <name>
        <surname>Marmura</surname>
        <given-names>Michael E.</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <person-group person-group-type="editor">
      <name>
        <surname>Lerner</surname>
        <given-names>Ralph</given-names>
      </name>
      <name>
        <surname>Mahdi</surname>
        <given-names>Muhsin</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <source>Medieval Political Philosophy</source>
    <publisher-loc>Toronto</publisher-loc>
    <publisher-name>Agora</publisher-name>
    <fpage>112</fpage>
    <lpage>121</lpage>
  </element-citation>
</ref>

<ref id="ref12">
  <element-citation publication-type="book">
    <person-group person-group-type="author">
      <name>
        <surname>Avicena</surname>
      </name>
    </person-group>
    <year>1969</year>
    <source>Epistola sulla vita futura</source>
    <person-group person-group-type="editor">
      <name>
        <surname>Lucchetta</surname>
        <given-names>Francesca</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <publisher-loc>Padua</publisher-loc>
    <publisher-name>Editrice Antenore</publisher-name>
  </element-citation>
</ref>

<ref id="ref13">
  <element-citation publication-type="book">
    <person-group person-group-type="author">
      <name>
        <surname>Avicena</surname>
      </name>
    </person-group>
    <year>1991</year>
    <source>Fi itḥbāt al-nubuwwāt</source>
    <person-group person-group-type="editor">
      <name>
        <surname>Marmura</surname>
        <given-names>Michael E.</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <publisher-loc>Beirut</publisher-loc>
    <publisher-name>Dar an-Nahar</publisher-name>
  </element-citation>
</ref>

<ref id="ref14">
  <element-citation publication-type="book">
    <person-group person-group-type="author">
      <name>
        <surname>Avicena</surname>
      </name>
    </person-group>
    <year>2005</year>
    <source>The Metaphysics of the Healing</source>
    <person-group person-group-type="editor">
      <name>
        <surname>Marmura</surname>
        <given-names>Michael E.</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <publisher-loc>Provo</publisher-loc>
    <publisher-name>Brigham University Press</publisher-name>
  </element-citation>
</ref>

<ref id="ref15">
  <element-citation publication-type="book">
    <person-group person-group-type="author">
      <name>
        <surname>Cortest</surname>
        <given-names>Luis</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <year>2017</year>
    <source>Philo's Heirs: Moses Maimonides and Thomas Aquinas</source>
    <publisher-loc>Brighton</publisher-loc>
    <publisher-name>Academic Studies Press</publisher-name>
  </element-citation>
</ref>

<ref id="ref16">
  <element-citation publication-type="journal">
    <person-group person-group-type="author">
      <name>
        <surname>Druart</surname>
        <given-names>Thérèse-Anne</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <year>2019</year>
    <article-title>Al-Kindī's Qurʾānic Exegeses</article-title>
    <source>The Muslim World</source>
    <volume>109</volume>
    <issue>4</issue>
    <fpage>535</fpage>
    <lpage>545</lpage>
    <pub-id pub-id-type="doi">10.1111/muwo.12308</pub-id>
  </element-citation>
</ref>

<ref id="ref17">
  <element-citation publication-type="journal">
    <person-group person-group-type="author">
      <name>
        <surname>Druille</surname>
        <given-names>Paola</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <year>2010</year>
    <article-title>Los Querubines, la espada flamígera y la Causa en Filón de Alejandría</article-title>
    <source>Nova Tellvs</source>
    <volume>28</volume>
    <issue>1</issue>
    <fpage>73</fpage>
    <lpage>95</lpage>
  </element-citation>
</ref>

<ref id="ref18">
  <element-citation publication-type="chapter">
    <person-group person-group-type="author">
      <name>
        <surname>Filón</surname>
      </name>
    </person-group>
    <year>2012</year>
    <article-title>Acerca de la unión con los estudios preliminares</article-title>
    <person-group person-group-type="editor">
      <name>
        <surname>Martín</surname>
        <given-names>José Pablo</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <source>Obras Completas, vol. III</source>
    <person-group person-group-type="translator">
      <name>
        <surname>Coria</surname>
        <given-names>Marcela</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
    <publisher-name>Trota</publisher-name>
    <fpage>223</fpage>
    <lpage>281</lpage>
  </element-citation>
</ref>

<ref id="ref19">
  <element-citation publication-type="chapter">
    <person-group person-group-type="author">
      <name>
        <surname>Filón</surname>
      </name>
    </person-group>
    <year>2009</year>
    <article-title>La creación del mundo según Moisés</article-title>
    <person-group person-group-type="editor">
      <name>
        <surname>Martín</surname>
        <given-names>José Pablo</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <source>Obras Completas, vol. I</source>
    <person-group person-group-type="translator">
      <name>
        <surname>Lisi</surname>
        <given-names>Francisco</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
    <publisher-name>Trota</publisher-name>
    <fpage>95</fpage>
    <lpage>158</lpage>
  </element-citation>
</ref>

<ref id="ref20">
  <element-citation publication-type="chapter">
    <person-group person-group-type="author">
      <name>
        <surname>Filón</surname>
      </name>
    </person-group>
    <year>2009</year>
    <article-title>La vida contemplativa o de los suplicantes</article-title>
    <person-group person-group-type="editor">
      <name>
        <surname>Martín</surname>
        <given-names>José Pablo</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <source>Obras Completas, vol. V</source>
    <person-group person-group-type="translator">
      <name>
        <surname>Martín</surname>
        <given-names>José Pablo</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
    <publisher-name>Trota</publisher-name>
    <fpage>145</fpage>
    <lpage>176</lpage>
  </element-citation>
</ref>

<ref id="ref21">
  <element-citation publication-type="book">
    <person-group person-group-type="author">
      <name>
        <surname>Gutas</surname>
        <given-names>Dimitri</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <year>1998</year>
    <source>Greek Thought, Arabic Culture: The Graeco-Arabic Translation Movement in Baghdad and Early ʿAbbasid Society (2<sup>nd</sup>-4<sup>th</sup>/8<sup>th</sup>-10<sup>th</sup> Centuries)</source>
    <publisher-loc>Londres</publisher-loc>
    <publisher-name>Routledge</publisher-name>
  </element-citation>
</ref>

<ref id="ref22">
  <element-citation publication-type="chapter">
    <person-group person-group-type="author">
      <name>
        <surname>Harkavy</surname>
        <given-names>Abraham</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <year>1984</year>
    <article-title>Abū Yūsuf Yaʿqūb al-Qirqisānī on the Jewish Sects</article-title>
    <person-group person-group-type="editor">
      <name>
        <surname>Chiesa</surname>
        <given-names>Bruno</given-names>
      </name>
      <name>
        <surname>Lockwood</surname>
        <given-names>Wilfrid</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <source>Yaʿqūb al-Qirqisānī on Jewish Sects and Christianity: A Translation of Kitāb al-Anwār, Book I, with Two Introductory Essays</source>
    <publisher-loc>Frankfurt am Main</publisher-loc>
    <publisher-name>Peter Lang</publisher-name>
    <fpage>49</fpage>
    <lpage>90</lpage>
  </element-citation>
</ref>

<ref id="ref23">
  <element-citation publication-type="journal">
    <person-group person-group-type="author">
      <name>
        <surname>Janssens</surname>
        <given-names>Jules</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <year>2007</year>
    <article-title>Al-Kindī: The Founder of Philosophical Exegesis of the Qurʾān</article-title>
    <source>Journal of Qurʾanic Studies</source>
    <volume>9</volume>
    <issue>2</issue>
    <fpage>1</fpage>
    <lpage>21</lpage>
    <pub-id pub-id-type="doi">10.3366/E146535910800003X</pub-id>
  </element-citation>
</ref>

<ref id="ref24">
  <element-citation publication-type="chapter">
    <person-group person-group-type="author">
      <name>
        <surname>Janssens</surname>
        <given-names>Jules</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <year>2009</year>
    <article-title>Al-Fārābī: la religion comme imitation de la philosophie</article-title>
    <person-group person-group-type="editor">
      <name>
        <surname>Delgado</surname>
        <given-names>Mariano</given-names>
      </name>
      <name>
        <surname>Méla</surname>
        <given-names>Charles</given-names>
      </name>
      <name>
        <surname>Möri</surname>
        <given-names>Frédéric</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <source>Orient-Occident: racines spirituelles de l'Europe: Enjeux et implications de la translatio studiorum dans le judäisme, le christianisme et l'islam de l'Antiquité à la Renaissance: Actes du Colloque scientifique international 16-19 november 2009</source>
    <publisher-loc>París</publisher-loc>
    <publisher-name>Cerf</publisher-name>
    <fpage>497</fpage>
    <lpage>512</lpage>
  </element-citation>
</ref>

<ref id="ref25">
  <element-citation publication-type="chapter">
    <person-group person-group-type="author">
      <name>
        <surname>Mahdi</surname>
        <given-names>Muhsin</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <year>1994</year>
    <article-title>Remarks on Averroes Decisive Treatise</article-title>
    <person-group person-group-type="editor">
      <name>
        <surname>Marmura</surname>
        <given-names>M. E.</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <source>Islamic Theology and Philosophy. Studies in Honor of George F. Hourani</source>
    <publisher-loc>Albany</publisher-loc>
    <publisher-name>SUNY Press</publisher-name>
    <fpage>188</fpage>
    <lpage>202</lpage>
  </element-citation>
</ref>

<ref id="ref26">
  <element-citation publication-type="journal">
    <person-group person-group-type="author">
      <name>
        <surname>Marmura</surname>
        <given-names>Michael</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <year>1963</year>
    <article-title>Avicenna's Psychological Proof of Prophecy</article-title>
    <source>Journal of Near Eastern Studies</source>
    <volume>22</volume>
    <fpage>49</fpage>
    <lpage>56</lpage>
  </element-citation>
</ref>

<ref id="ref27">
  <element-citation publication-type="book">
    <person-group person-group-type="translator">
      <name>
        <surname>Melara Navio</surname>
        <given-names>Abdel Ghani</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <year>2006</year>
    <source>El noble Corán</source>
    <publisher-loc>Granada</publisher-loc>
    <publisher-name>Madrasa</publisher-name>
  </element-citation>
</ref>

<ref id="ref28">
  <element-citation publication-type="book">
    <person-group person-group-type="author">
      <name>
        <surname>Nasr</surname>
        <given-names>Seyyed Hossein</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <year>2000</year>
    <source>Ideas and Realities of Islam</source>
    <publisher-loc>Chicago</publisher-loc>
    <publisher-name>ABC International Group, Inc.</publisher-name>
  </element-citation>
</ref>

<ref id="ref29">
  <element-citation publication-type="journal">
    <person-group person-group-type="author">
      <name>
        <surname>Parker</surname>
        <given-names>Emily</given-names>
      </name>
      <name>
        <surname>Treiger</surname>
        <given-names>Alexander</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <year>2012</year>
    <article-title>Philo's Odyssey into the Medieval Jewish World: Neglected Evidence from Arab Christian Literature</article-title>
    <source>Dionysius</source>
    <volume>XXX</volume>
    <fpage>117</fpage>
    <lpage>146</lpage>
  </element-citation>
</ref>

<ref id="ref30">
  <element-citation publication-type="book">
    <person-group person-group-type="author">
      <name>
        <surname>Runia</surname>
        <given-names>David</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <year>1993</year>
    <source>Philo in Early Christian Literature. A Survey</source>
    <publisher-loc>Minneapolis</publisher-loc>
    <publisher-name>Fortress Press</publisher-name>
  </element-citation>
</ref>

<ref id="ref31">
  <element-citation publication-type="chapter">
    <person-group person-group-type="author">
      <name>
        <surname>Steigerwald</surname>
        <given-names>Diana</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <year>2006</year>
    <article-title>Ismāʿīlī Taʾwīl</article-title>
    <person-group person-group-type="editor">
      <name>
        <surname>Rippin</surname>
        <given-names>Andrew</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <source>The Blackwell Companion to the Qurʾān</source>
    <publisher-loc>Massachusetts</publisher-loc>
    <publisher-name>Blackwell Publishing Ltd.</publisher-name>
    <fpage>386</fpage>
    <lpage>400</lpage>
    <pub-id pub-id-type="doi">10.1002/9781118964873.ch31</pub-id>
  </element-citation>
</ref>

<ref id="ref32">
  <element-citation publication-type="journal">
    <person-group person-group-type="author">
      <name>
        <surname>Walzer</surname>
        <given-names>Richard</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <year>1957</year>
    <article-title>New Studies on al-Kindī</article-title>
    <source>Oriens</source>
    <volume>10</volume>
    <issue>2</issue>
    <fpage>203</fpage>
    <lpage>232</lpage>
  </element-citation>
</ref>

<ref id="ref33">
  <element-citation publication-type="book">
    <person-group person-group-type="author">
      <name>
        <surname>Wolfson</surname>
        <given-names>Harry A.</given-names>
      </name>
    </person-group>
    <year>1947</year>
    <source>Philo: Foundations of Religious Philosophy in Judaism, Christianity, and Islam</source>
    <publisher-loc>Cambridge</publisher-loc>
    <publisher-name>Harvard University Press</publisher-name>
  </element-citation>
</ref>
  </ref-list>
</back>
</article>
