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        <journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Anales del Seminario de Historia de la Filosofía</journal-title>
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      <issn publication-format="electronic">1988-2564</issn>
      <issn-l>0211-2337</issn-l>
      <publisher>
        <publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
        <publisher-loc>España</publisher-loc>
      </publisher>
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      <article-id pub-id-type="doi">10.5209/ashf.95909</article-id>
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        <subj-group subj-group-type="heading">
          <subject>ESTUDIOS</subject>
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        <article-title>Hobbes y la sociabilidad natural: consideraciones sobre un tópico historiográfico y antropológico</article-title>
        <trans-title-group xml:lang="en">
          <trans-title>Hobbes and natural sociability: considerations on a historiographical and anthropological topic</trans-title>
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        <contrib contrib-type="author" corresp="yes">
          <contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0002-9321-5937</contrib-id>
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            <surname>Saralegui Benito</surname>
            <given-names>Miguel</given-names>
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          <xref ref-type="corresp" rid="cor1"/>
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      <author-notes>
        <corresp id="cor1">Miguel Saralegui Benito<email>miguel.saralegui@uss.cl</email></corresp>
      </author-notes>
      <pub-date pub-type="epub" publication-format="electronic" iso-8601-date="2025-06-06">
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        <year>2025</year>
      </pub-date>
      <volume>42</volume>
      <issue>2</issue>
      <fpage>353</fpage>
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        <copyright-statement>Copyright © 2025, Universidad Complutense de
          Madrid</copyright-statement>
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      <abstract>
        <p>En este, artículo se analizará un aspecto infravalorado del pensamiento político de Hobbes: el de
          las sociedades naturales. Este tema ha sido tradicionalmente desatendido, puesto que tradicionalmente
          se asume que Hobbes niega la sociabilidad natural. El objetivo de este artículo no es rechazar que Hobbes
          entiende primariamente la sociabilidad política como artificial y contractual. Se analizarán los pasajes de
          sus obras que incluyen sociedades naturales, es decir, formadas sin contrato y sin poder que lo asegure.
          Estas aparecen de dos maneras. En primer lugar, a través de un tipo psicológico básico —el vanidoso—, el
          que se caracteriza por la sociabilidad natural. En segundo lugar, a través de cuatro sociedades naturales que
          aparecen en sus obras: la familia, la coalición contra el naturalmente más fuerte, el grupo militar defensivo
          o expansivo de duración limitada y la sociedad existente tras el colapso de la autoridad civil. La principal
          consecuencia que se desprende del análisis de estos pasajes es que Hobbes reconocía la existencia
          de la sociabilidad natural, solo que la consideraba incapaz de lograr el fin político fundamental: la paz,
          específicamente moderna, cualitativa y total.</p>
      </abstract>
      <trans-abstract xml:lang="en">
        <p>In this article, it will be analyzed an underrated topic in Hobbes’s political thought: the natural
          sociability. This subject has been neglected since Hobbes is traditionally regarded to deny natural sociability.
          I do not intend to reject that Hobbes mainly understands political sociability as artificial and conventional. I
          want to comment the passages in which natural sociability appears in Hobbes’s works. The natural sociability
          appears in two ways. First, through a basic psychological type —the vain— which is characterized for being
          socially natural. Second, through four natural societies included in Hobbes’s works. Family, the natural
          coalition against who is regarded to be the naturally strongest, the military group, defensive or aggressive, of
          short duration and the social situation created after the collapse of civil society. The principal consequence
          of my interpretation is that, although Hobbes was well aware of natural sociability, he considered it as being
          incapable of attaining the peace, qualitative and total, which is specifically desired by Modern politics.</p>
      </trans-abstract>
      <kwd-group>
        <kwd>sociabilidad natural</kwd>
        <kwd>Hobbes</kwd>
        <kwd>Modernidad</kwd>
        <kwd>paz absoluta</kwd>
      </kwd-group>
      <kwd-group xml:lang="en">
        <kwd>natural sociability</kwd>
        <kwd>Hobbes</kwd>
        <kwd>Modernity</kwd>
        <kwd>absolute peace</kwd>
      </kwd-group>
    </article-meta>
  </front>
<body>
<sec id="sec1">
  <title>1. Entender a Hobbes como pensador de la sociabilidad natural</title>
  <p>En sus tres grandes obras políticas, <italic>Elementos de derecho natural</italic>, <italic>De
          cive</italic> y <italic>Leviathan</italic>, Hobbes repite de modo explícito que la vida
        social depende del artificio y del contrato. Para reforzar este vínculo, también de modo
        repetido, apelará a una inicial guerra universal, la famosa guerra de todos contra todos, la
        cual se plantea no entre grupos primitivos y rudimentarios, sino entre individuos. Es una
        guerra de cada uno contra cada uno —«every man against every man»— como dice el capítulo
        XIII del <italic>Leviatán</italic>. De esta manera, parece identificar vida social y vida
        política: antes del contrato, no existirían sociedades muy básicas, sino guerras entre
        individuos. Se trata de la imagen predominante y prototípica que ha imperado en la visión
        que el mundo hispanoparlante ha tenido de Hobbes. El mismo Schmitt, novedoso en otros
        aspectos de su interpretación del filósofo inglés, es en este punto completamente tópico y
        tradicional, pues describe de la antropología de Hobbes de la siguiente manera: «Todos saben
        que cada uno puede matar a los demás, de ahíque cada uno sea enemigo y contrincante del otro
        —el conocido <italic>bellum omnium contra omnes</italic>—»<xref ref-type="fn" rid="fn1"
          >1</xref>. Se trata de una interpretación que intencionalmente se puede considerar
        determinante de la bibliografía en lengua castellana, pues la traducción de Francisco Javier
        Conde de esta monografía apareció en lengua castellana en 1941, solo un año después de que
        el exiliado republicano Manuel Sánchez Sarto publicara en México la primera traducción
        completa del <italic>Leviatán</italic> al castellano.</p>
  <p>Esta imagen del ser humano y de su prehistoria fue criticada continuadamente desde mediados del
        siglo XVII —como hicieron White, Hawke, Sharrock, entre otros contemporáneos de Hobbes
        estudiados por Parkin en <italic>Taming the Leviathan</italic>— como irrelevante y hasta
        lunática dado el carácter evidente de la sociabilidad natural, del mismo hecho que las
        guerras, también en tiempos prehistóricos, la combaten grupos, no individuos<xref
          ref-type="fn" rid="fn2">2</xref>. Esta concepción de la insociabilidad radical sigue
        determinando en nuestros días la imagen general, enciclopédica y manualística de este
        filósofo inglés. La opinión de una buena parte de la bibliografía hobbesiana especializada
        también refrenda esta imagen a través de conceptos como el de «test contractualista»
        propuesto por Gauthier, concepto que, aunque sin ninguna carga negativa, lo sigue
        interpretando como un negador de la sociabilidad natural<xref ref-type="fn" rid="fn3"
          >3</xref>. Esta misma aproximación es la que se encuentra siempre que se considera al
        estado de naturaleza en el pensamiento de Hobbes como una situación hipotética<xref
          ref-type="fn" rid="fn4">4</xref>. Se debe añadir que, positiva o negativamente valorada,
        esta visión del pensador inglés como antisocial ha servido de criterio historiográfico para
        dividir y ordenar la trayectoria del pensamiento político.</p>
  <p>Frente a una postura clásica que entendería las agrupaciones políticas complejas como una
        derivación de la sociabilidad natural, la Modernidad, a partir de Hobbes, habría negado la
        sociabilidad natural y entendido las agrupaciones políticas complejas como completamente
          artificiales<xref ref-type="fn" rid="fn5">5</xref>.</p>
  <p>Junto a esta lectura dominante para enciclopedias, manuales de historia del pensamiento y
        especialistas en la obra de Hobbes, la bibliografía hobbesiana lleva más de un siglo
        insistiendo y estudiando las sociedades naturales presentes en sus obras<xref ref-type="fn"
          rid="fn6">6</xref>. Inevitablemente, la institución natural preferida para estos trabajos
        eruditos ha sido la familia en parte porque aparece mencionada de modo explícito en los
        índices de <italic>Elementos</italic>, <italic>De cive</italic> y <italic>Leviatán</italic>.
        Muchas veces, como en el caso de Andrés Rosler, este interés por las sociedades naturales en
        Hobbes quiere relativizar la importancia de la insociabilidad radical como principio
        fundante de su pensamiento y, de paso, difuminar la distinción historiográfica entre
        pensamiento político clásico y moderno<xref ref-type="fn" rid="fn7">7</xref>.</p>
  <p>El primer objetivo de este artículo es hacer una recapitulación de las sociedades naturales
        presentes en la obra de Hobbes, bastante variadas, aunque la mayoría de ellas determinadas
        por la inestabilidad, la inseguridad y la violencia. No quiero negar la importancia de la
        imagen del <italic>bellum omnes contra omnes</italic>, sino mostrar que esta visión no
        determina exclusivamente los principios socioantropológicos de su pensamiento, ni limita la
        capacidad de Hobbes de percibir que existen sociedades antes de establecer contratos. Se
        trata de un trabajo que ha de ser útil para mostrar que Hobbes pensaba que la situación
        preestatal es algo más que guerra entre individuos. En la obra del filósofo inglés,
        convivirían dos insociabilidades: la sustantiva (los seres humanos no hacen grupos
        prepolíticos) y la adjetiva (los seres humanos hacen grupos prepolíticos defectuosos).
        Incluso si fuera posible —lo que no creo que lo sea—, no quiero proponer una teoría
        integrada de estas dos insociabilidades, ni deshacer la tensión entre ellas. Tampoco quiero
        disolver ni difuminar la diferencia historiográfica entre antiguo y moderno, la cual me
        sigue pareciendo valiosa. Mi objetivo es otro: mostrar cómo Hobbes queda retratado en estos
        pasajes de la sociabilidad natural y mostrar que simplemente el tipo de paz que Hobbes
        quiere es incompatible con los tipos de sociedades naturales que incluye en su corpus. Si la
        tensión entre sociabilidad sustantiva y adjetiva no es definitiva, se debe a que ambas se
        relacionan con la paz de la misma manera: para conseguirla, deben ser negadas y establecer
        un Estado artificial. Por último, precisamente el interés de Hobbes por una paz total,
        cualitativamente diferente y mucho más exigente que la clásica, permite mantener la
        distinción entre Antigüedad y Modernidad política a través de una oposición más refinada y
        doble, la que opone sociabilidad a insociabilidad, pero también la que opone la sociabilidad
        natural a una paz potencialmente perfecta y total.</p>
  <p>Se debe subrayar en este punto el modo como se entenderá la diferencia entre sociabilidad
        natural y sociabilidad artificial en este artículo, la cual está influida por la
        presentación de Hobbes, por mucho que explícitamente el pensador inglés no use esta
        categoría. La sociabilidad natural se caracterizaría por ser sin contrato y, sobre todo, sin
        poder que haga cumplir el contrato. La sociabilidad artificial exigiría el contrato y un
        poder efectivo que lo haga cumplir. Todas aquellas sociedades que se den sin contrato y sin
        poder efectivo son consideradas naturales, aunque adquieran un cierto grado de
        sofisticación, como ocurre con las familias y hasta con las alianzas defensivas en el
        pensamiento de Hobbes. De esta distinción, brota un aspecto valorativo —y las diferentes
        posturas que dividen la historia del pensamiento político— cuando se vinculan ambos tipos de
        sociedades con la paz. Los partidarios de la sociabilidad natural consideran que esta es
        capaz de alcanzar la paz. Se trata, por ejemplo, de la postura de Grocio en <italic>Los
          derechos de la guerra y de la paz</italic>: «entre las cosas que le son peculiares al
        hombre es su deseo de vivir en sociedad, una cierta inclinación a vivir con los de su propia
        especie, no de cualquiera manera, sino pacíficamente»<xref ref-type="fn" rid="fn8">8</xref>.
        De esta manera, las sociedades artificiales se verán como la continuación de este impulso
        natural, incluso cuando se manifiestan en formas muy artificiales de poder. El partidario de
        la sociedad artificial, en cambio, considera que las sociedades naturales son incapaces de
        alcanzar la paz (o de un grado suficientemente amplio y perfecto de ella) sin que se
        establezca un poder con unas características muy específicas, las cuales no pueden ser
        reconducidas al impulso natural de sociabilidad. Se trata exactamente del modo como Durkheim
        entendió este problema <italic>De Cive</italic> en el curso de fines del XIX que le dedicó a
        este texto clásico. Ya el sociólogo francés percibió a fines del siglo XIX que Hobbes era
        capaz de reconocer la existencia de sociedades naturales, solo que estas tenían poco que ver
        con las políticas: «solo que hay una distancia enorme entre esta sociabilidad muy general y
        muy poco sólida y la naturaleza estable y definida de las sociedades políticas»<xref
          ref-type="fn" rid="fn9">9</xref>.</p>
</sec>
<sec id="sec2">
  <title>2. La insociabilidad sustantiva</title>
  <p>Quien intente defender que en la antropología de Hobbes existe una cierta sociabilidad natural
        debe reconocer, antes que nada, que se encuentra ante una tarea filológicamente dudosa. Es
        una idea negada por Hobbes en sus obras de modo explícito y hasta espectacular. Reivindicar
        la importancia y hasta la presencia de la sociabilidad natural en Hobbes implica reconocer
        que se trata de una segunda opción, implícita para el proyecto que conscientemente el
        pensador inglés quiere proponer. Puede ser una mejor opción, pero en ningún caso es la
        opción más visible, a la cual en ningún caso Hobbes auxilia con su portentosa retórica<xref
          ref-type="fn" rid="fn10">10</xref>. A continuación, recordaré las características de este
        primer y tradicional acceso.</p>
  <p>Hobbes rechaza la doctrina de la sociabilidad natural. En las páginas preliminares <italic>De
          cive</italic>, afirma que, antes de él, todos quienes «han escrito algo acerca de los
        Estados» han juzgado que «el hombre es una criatura desde su nacimiento apta para vivir en
        sociedad». Se trata de la famosa doctrina de «zoon politikon», la cual de modo genérico
        habrían creado «los griegos» Es decir, la sociabilidad natural es la doctrina tradicional y
        unánime de la disciplina contra la que Hobbes se rebela. Escribe con una actitud histórica
        parecida a la de Maquiavelo en el capítulo 15 de <italic>El príncipe</italic>. Revoca toda
        la historia del pensamiento político anterior por ser «demasiado superficial», frivolidad
        que depende precisamente de haber aceptado que es la sociabilidad natural de los seres
        humanos la que les llevará a una vida política pacífica y estable<xref ref-type="fn"
          rid="fn11">11</xref>.</p>
  <p>El marco historiográfico de Hobbes es claro, canónica y orgullosamente moderno: un rechazo
        global de la tradición. En este punto, es necesario hacer un breve excurso sobre la
        sociabilidad natural presente en Aristóteles (en las primeras paginas de <italic>La
          política</italic>, precisamente donde aparece la fórmula lingüística «zoon politikon»). Es
        conocido que el Hobbes que Aristóteles critica es sumamente idiosincrásico y que dependía
        fundamentalmente de la imagen del filosofo griego que existía en la Oxford en la que Hobbes
          estudió<xref ref-type="fn" rid="fn12">12</xref>. Sin embargo, para el propósito de este
        artículo, es interesante mostrar brevemente qué entendía Aristóteles por sociabilidad
        natural. Es relevante porque se parece muy poco a la doctrina de la sociabilidad natural
        defendida por aquellos modernos partidarios de ella, como el citado Grocio (que es la que
        por supuesto Hobbes negará). Aristóteles, cuando habla del «zoon politikon», cuando escribe
        que el ser humano es político por naturaleza, propone un concepto muy particular de
        naturaleza determinado por la teleología, no por la universalidad o la espontaneidad,
        cualidades que habitualmente sirven para definir el concepto de naturaleza. Para
        Aristóteles, el hombre es naturalmente político porque puede llegar a serlo y obtener así
        una polis basada en la palabra (<italic>logos</italic>), en la que se dialoga sobre lo
        «justo y lo injusto». La comunidad de la que espontáneamente son capaces los seres humanos
        —en principio, para Aristóteles todos los que no son griegos— solo usa la voz
          (<italic>fone</italic>), la cual no discurre sobre «lo justo y lo justo», sino solo sobre
        «el dolor y el placer».<xref ref-type="fn" rid="fn13">13</xref>. ¿Qué quiere decir esto? Que
        Aristóteles pensaba que la sociabilidad natural no era para todos, sino para unos cuantos.
        Como Hobbes, tiene una idea exclusiva de la vida política: solo algunos son capaces de ella.
        A diferencia de Hobbes, la cualidad específica de la política es diferente: para Hobbes un
        poder efectivo que asegure el contrato y la paz; para Aristóteles, un uso muy restringido y
        elevado de las capacidades lingüísticas.</p>
  <p>Por supuesto, la sociabilidad natural que Hobbes critica no es esta de Aristóteles, sino una
        mucho más genérica: que los seres humanos hagan de modo espontáneo y natural comunidades
        pacíficas. La vida social dependería de una decisión artificial y contractual, porque la
        situación previa al contrato es de asociabilidad violenta. Con una decisión literaria que ha
        atrapado la imaginación de sus lectores desde hace cuatro siglos, compara la falta de
        naturalidad de la política con la guerra de todos contra todos: «el estado de los hombres
        sin sociedad civil, estado que con propiedad podemos llamar estado de naturaleza, no es otra
        cosa de una guerra de todos contra todos»<xref ref-type="fn" rid="fn14">14</xref>. No se
        puede tener ninguna duda sobre la firmeza con la que Hobbes se adhiere a esta imagen-idea.
        La defiende en <italic>Elementos</italic>, en <italic>De cive</italic> de mediados de la
        década de 1640 y la repetirá al pie de la letra en <italic>Leviatán</italic> en 1651:
        «mientras los hombres viven sin ser controlados por un poder común que los mantenga
        atemorizados a todos, están en esa condición llamada guerra, guerra de todos contra
          todos»<xref ref-type="fn" rid="fn15">15</xref>. Esta insistencia resulta especialmente
        importante para conocer la adherencia de Hobbes a este pensamiento y para sospechar de
        cualquier interpretación, como la que propone este artículo, que no la tenga en cuenta como
        una base incontrovertible.</p>
  <p>Esta metáfora parece prohibir cualquier tipo de cooperación social preestatal y precontractual.
        En ningún caso, este tipo guerra universal puede entenderse como escuela de cooperación (y
        por lo tanto de sociabilidad), interpretación de la guerra que, por ejemplo, es habitual en
        la biología evolutiva<xref ref-type="fn" rid="fn16">16</xref>. Esta concepción de la guerra
        convierte al ser humano en una especie no gregaria, cuya vida social estaría más próxima a
        la de los solitarios orangutanes que a los sociables chimpancés<xref ref-type="fn"
          rid="fn17">17</xref>. Esta particular guerra define una antropología caracterizada por una
        insociabilidad sustantiva, una consideración de la naturaleza humana que niega el primer
        significado de sociabilidad recogido por los diccionarios: «que tiende a convivir en
          grupos»<xref ref-type="fn" rid="fn18">18</xref>. Por supuesto, se trata de una imagen poco
        plausible del ser humano, la cual lamentablemente se habría extendido por toda la Modernidad
        política. Por influencia o en coincidencia con esta idea de Hobbes, en la Modernidad
        política se habría impuesto una visión del ser humano como individuo sin vínculos sociales
        espontáneos.</p>
</sec>
<sec id="sec3">
  <title>4. La insociabilidad adjetiva</title>
  <p>Yuxtapuesta a esta primera consideración insociable de la especie humana, el corpus de Hobbes
        incluye una segunda antropología, la cual admite que el ser humano sí realiza espontánea y
        naturalmente sociedades imperfectas. Quiero insistir en la palabra «yuxtapuesta». Se trata
        de una yuxtaposición lógica de ideas: son dos ideas incompatibles de la insociabilidad que
        Hobbes, cuya tensión lógica no se preocupa de moderar. En segundo lugar, se trata de una
        yuxtaposición casi física: estos principios incompatibles no se encuentran desperdigados en
        páginas distantes de su corpus, sino en la proximidad textual de un mismo capítulo.</p>
  <p>Al que le parezca que Hobbes carece de sentido común por negar algo tan obvio como la
        sociabilidad natural deberá reconocer que en la nota a pie de página más importante de
          <italic>De cive</italic> la acepta. En <italic>Taming the Leviathan</italic>, Parkin
        recuerda que, con esta nota a pie bastante larga y minuciosa, Hobbes quiere responder a
        aquellos críticos que le reprochan no haber sido capaz de percibir algo tan obvio como la
        sociabilidad natural<xref ref-type="fn" rid="fn19">19</xref>. Hobbes escribe que el ser
        humano vive naturalmente reunido (utiliza el término <italic>meeting</italic>)<xref
          ref-type="fn" rid="fn20">20</xref>. Parkin considera que esta inclusión es táctica: sirve
        para reformular sus frases más chocantes<xref ref-type="fn" rid="fn21">21</xref>.</p>
  <p>Hay que prestar atención a esta palabra <italic>meeting</italic>, pues sirve exactamente para
        entender la ambivalencia con la que Hobbes piensa la sociabilidad natural. En primer lugar,
        más que táctica, la inclusión es devaluadora. Las posibilidades que encierra la sociabilidad
        natural, el prestigio que tenía «el deseo de vivir con los de su propia especie» en un
        pensador como Grocio, desaparece con esta palabra. A diferencia de lo que ocurre con la
        sociabilidad natural, el término <italic>meeting</italic> no es moralmente modélico. Los
        hombres simplemente se reúnen, sin que necesariamente obtengan nada bueno ni positivo de
        esta reunión. En segundo lugar, la inclusión demuestra que, aunque sea en este sentido
        neutralizante, existe en el pensamiento de Hobbes sociedades preestatales, reconoce que hay
        situaciones originarias, situaciones colectivas anteriores al contrato y al poder efectivo,
        en el que hay algo más que individuos en conflicto. Se trata por lo tanto de una situación
        que está conflicto con su poderosa imagen de la «guerra de cada uno contra cada uno».</p>
  <p>Por último, esta inclusión de las sociedades naturales en su corpus, y la tensión que crea,
        lleva a entender a Hobbes como pensador, a medio camino entre el filósofo y el retórico, lo
        que es coherente con la imagen defendida por Skinner y, mucho antes, por el propio Carl
        Schmitt, lo que muestra que los lectores atentos ya eran capaces de darse cuenta de que la
        consideración exclusivamente lógica no basta para comprender algunos de los aspectos más
        importantes del pensamiento del filósofo inglés<xref ref-type="fn" rid="fn22">22</xref>. El
        problema de Hobbes ya no estaría en sus capacidades empíricas, en su falta de sentido
        perceptivo, en su incapacidad de darse cuenta de que la especie humana se comporta
        espontáneamente de modo gregario. La negación de la sociabilidad natural no implica solo
        extravagancia perceptiva de Hobbes. Abre más bien un problema lógico o retórico, que afecta
        más bien a las decisiones que los pensadores toman a la hora de elaborar y presentar sus
        ideas. Hobbes no quiso unificar sus dos teorías de la sociabilidad por diversos motivos: por
        pereza, por incapacidad lógica, pero también porque reformular su pensamiento a partir de la
        constatación que realiza en esta nota a pie de <italic>De cive</italic>, habría generado una
        teoría política mucho más insignificante y anodina. Con este <italic>meeting</italic>,
        Hobbes incluye en su pensamiento un segundo tipo de insociabilidad, el que niega la segunda
        sociabilidad que los diccionarios incluyen: «Capaz de una convivencia amable. Que gusta de
        la compañía»<xref ref-type="fn" rid="fn23">23</xref>. Además de ser un pensador de la
        insociabilidad radical, Hobbes es también un pensador de la insociabilidad adjetiva. Son dos
        insociabilidades diferentes, en algún sentido incompatible, pues la insociabilidad radical
        de modo puramente lógico excluye a la insociabilidad adjetiva, precisamente la que permite
        el <italic>meeting</italic> prepolítico. Es esta insociabilidad adjetiva, esta natural e
        imperfecta sociabilidad natural que Hobbes incluye en su corpus la que se analizará en las
        siguientes páginas.</p>
</sec>
<sec id="sec4">
  <title>5. La sociabilidad de los tipos psicológicos básicos</title>
  <p>Existen dos grandes núcleos temáticos —los tipos psicológicos básicos y la variedad de
        sociedades naturales— que confirman que en Hobbes la sociabilidad natural tiene una
        presencia importante, incluso si es totalmente incapaz de reconocerlo de modo explícito. El
        primer problema, el de los tipos psicológicos básicos, es quizá más llamativo, porque la
        tensión entre las dos sociabilidades casi desaparece, curiosamente en favor de la
        sociabilidad natural. El tipo psicológico prototípico de Hobbes no corresponde al
        participante de una guerra de todos contra todos. Este tipo ni siquiera es violento. No es
        solitario, sino profunda y desagradablemente social. Su representación se construye sobre la
        imaginación de un cortesano vicioso, no de un guerrero solitario.</p>
  <p>Hobbes lo repite a lo largo de todas sus obras, los seres humanos se dividen en dos grandes
        subgrupos: los «moderados» y los «vanagloriosos». Hobbes define al moderado como aquel «que
        no pretende considerarse más», a los «vanagloriosos» como a quienes «pretenden una
        preferencia y superioridad entre sus semejantes»<xref ref-type="fn" rid="fn24">24</xref>.
        Especialmente en el primer capítulo de <italic>De cive</italic>, Hobbes parece nutrirse de
        la misma inspiración anticortesana de su contemporáneo Gracián, cuyo libro dedicado a
        Fernando el Católico se publicó por las mismas fechas y en la misma editorial de Ámsterdam
        en la que se imprimió la versión latina del <italic>Leviatán</italic><xref ref-type="fn"
          rid="fn25">25</xref>. Los vanidosos son tipos que hacen negocios para sacar ventaja del
        otro, que van a reuniones solo para demostrar que son más inteligentes que los demás, que
        quedan satisfechos solo cuando sus chistes se reconocen como los más divertidos. Si
        fracasan, cuando el que ha mostrado más inteligencia o humor se vuelve a su casa, se dedican
        a vituperarlo, lo que genera reuniones larguísimas, pues «no anda desacertado quien tiene la
        costumbre de marcharse de las reuniones siempre el último»<xref ref-type="fn" rid="fn26"
          >26</xref>. A veces Hobbes parece decir que todos los seres humanos son vanos, otras que
        solo algunos —incluso unos pocos— lo son, mientras que la mayoría se comportan naturalmente
        de manera moderado y pacífica y solo accidentalmente violenta. La violencia de los prudentes
        es la respuesta excepcional a las transgresiones que llevan a cabo los vanagloriosos: «hemos
        de reconocer forzosamente que aquellos que son considerados moderados y no pretenden más que
        la igualdad natural, deberán oponerse a la fuerza de otros que intenten subyugarles»<xref
          ref-type="fn" rid="fn27">27</xref>.</p>
  <p>A diferencia de lo que ocurrirá en el caso de las sociedades naturales, la violencia es
        excepcional en los tipos psicológicos que Hobbes describe. El tipo violento sería
        secundario. Sería una consecuencia derivada de un comportamiento que en principio no lo es,
        como ocurre con el vanaglorioso, más inclinado a la pelea verbal que a la física. Por
        supuesto, el moderado solo utiliza la guerra como derivación de la derivación: para
        contrarrestar la agresión del vanaglorioso.</p>
  <p>El tipo vanaglorioso resulta especialmente importante para confirmar la existencia de
        sociabilidades naturales en Hobbes. Evidentemente el vanidoso solo puede existir como figura
        social, como participante de un grupo. Los vanagloriosos necesitan un escenario social, por
        rudimentario y conflictivo que sea, incluso si no es tan cortesano como el que Hobbes
        describe. Por último, la descripción del tipo psicológico vanidoso respalda definitivamente
        a quienes quieran encontrar sociabilidad natural en Hobbes, pues todos estos impulsos
        vanidosos, necesariamente grupales, son descritos, además, como naturales: «estas son las
        verdaderas delicias de estar en sociedad, a la cual somos llevados por naturaleza»<xref
          ref-type="fn" rid="fn28">28</xref>. Además de dar un respaldo textual para quien quiere
        reivindicar la sociabibilidad natural en su obra —y precisamente con la terminología de la
        sociabilidad natural—, el análisis del vanaglorioso permite mostrar ya el que considero el
        aspecto específico de la postura hobbesiana. El problema no está en que no puede existir una
        sociedad de vanagloriosos, sino en su debilidad óntica, en la discontinuidad de su duración.
        La sociedad vanidosa dura poco: «ninguna asociación que se debe a la vanagloria puede ser
        sólida ni duradera»<xref ref-type="fn" rid="fn29">29</xref>. Este breve pasaje ya apunta lo
        que me parece el punto más importante del problema en Hobbes, incluso cuando no se refiere a
        la sociedad de vanagloriosos. Naturalmente somos sociales, solo que, de modo natural,
        formamos asociaciones cortas, poco funcionales y desagradables.</p>
</sec>
<sec id="sec5">
  <title>5. Las sociedades naturales</title>
  <p>Sin embargo, en el corpus de Hobbes no se puede encontrar un tipo de sociedad, por poco
        duradera que fuera, compuesta explícitamente por vanidosos: solo señalados como límite y
        advertencia, como una especie de tendencia que no desaparece ni siquiera en la más política
        y civil de las sociedades, como si los vanos fueran una continua y latente amenaza a vida
        social. Sin embargo, Hobbes sí incluirá en su teoría una serie de grupos que son naturales,
        que no dependen de un contrato civil, que no generan una fuerza común, un poder que
        atemorice a todos, pero que logran ciertos objetivos grupales y solidarios, también de
        seguridad. Es decir: grupos que no son sociedades civiles y que son precisamente sociedades
        naturales. De hecho, dedicará a la descripción de estas sociedades naturales mucho más
        espacio que el otorgado a la insociabilidad natural. Estas son cuatro: las familias, las
        coaliciones violentas contra el aparentemente más fuerte, los grupos que actúan
        coordinadamente para defenderse y las situaciones sociales en las que ha dejado de tener
        vigencia la correlación entre autoridad, protección y obediencia.</p>
  <p>La familia es la única sociedad natural a la que Hobbes dedica atención monográfica y
        consciente. Es el objeto del capítulo 23 de <italic>Elementos</italic>, el 9 de <italic>De
          cive</italic> y el 20 de <italic>Leviatán</italic>. La reconstrucción de la familia que
        aquí propondré no puede tener en cuenta todas las variaciones que existen entre estas tres
        presentaciones, sino solo insistir en las características comunes como sociedad natural, es
        decir, sociedad que se realiza sin contrato. La perspectiva desde la que Hobbes entiende la
        familia es limitada, en la medida en que la entiende fundamental y casi exclusivamente como
        una institución de mando, como una relación de protección y obediencia. Apenas hay espacio
        para el afecto, ni para ningún tipo de idealización o función fuera de la supervivencia (la
        misma alimentación parecería ser comprendida desde la protección).</p>
  <p>Hobbes quiere deshacer la comprensión espontánea de la familia. En primer lugar, desestima que
        la autoridad familiar provenga de la procreación: «Quienes hasta ahora han tratado de probar
        el poder que un padre tiene sobre sus hijos, no se han apoyado en más argumento que el de la
        generación, como si de suyo fuera evidente que aquello que es generado por mí, me
          pertenece»<xref ref-type="fn" rid="fn30">30</xref>. Hobbes también rechaza que el padre
        sea la autoridad familiar por ser el sexo más fuerte, lo que parece ser la opinión
        preponderante en su época: «el que algunos digan que debido a la preeminencia del sexo, el
        señor es el padre y no la madre, no significa nada»<xref ref-type="fn" rid="fn31">31</xref>.
        Rechaza esta argumentación machista con un argumento propio de la sociología jurídica: «La
        sentencia favorece al padre, pues, por lo común, los Estados han sido erigidos por los
        padres de familia y no por las madres»<xref ref-type="fn" rid="fn32">32</xref>.</p>
  <p>Precisamente, serán las madres las depositarias de la autoridad natural de la familia. Hobbes
        dará varios argumentos: los hombres solo saben que son padres por confesión de la madre,
        insiste en que las mujeres representan una misma amenaza física que los hombres en estado de
        naturaleza. En cualquier caso, el criterio de naturalidad no es sexual ni genético, sino
        pragmático. La madre tiene la autoridad por el hecho de haberse encargado de alimentar al
        niño. Por supuesto, Hobbes desestima la naturalidad del afecto maternal hacia la
        descendencia como causa de que esta lo alimente. Encargarse de la alimentación del hijo
        aparece como un proceso deliberado y en cierta medida condicional. La madre puede
        «prescindir de su dominio [de los hijos] vendiéndolos o dándolos a otros en adopción o
        servidumbre; o pueden entregarlos como rehenes, matarlos por rebeldía o sacrificarlos a la
          paz»<xref ref-type="fn" rid="fn33">33</xref>. Si finalmente la madre no decide alimentar
        al niño y otra persona lo alimenta, quien realice esta tarea será el depositario de la
        autoridad familiar: «el dominio será de quien lo alimente»<xref ref-type="fn" rid="fn34"
          >34</xref>. Las posibilidades familiares se multiplican y, en este sentido, la
        coincidencia sanguínea entre los miembros de una familia se esfuma: siempre se podrá acordar
        que quien alimente al niño, ejerza sobre él el dominio.</p>
  <p>Sin embargo, queda algo fundamentalmente natural en la familia de Hobbes: quien recibe la
        alimentación, está obligado a obedecer como si se tratase de un siervo natural, un vasallo
        que, para obedecer, no ha dado su consentimiento. Solo en el <italic>Leviatán</italic>
        Hobbes sugiere que la servidumbre del hijo es consensuada. La autoridad se tiene por este
        «consentimiento del hijo, ya sea este consentimiento expreso o declarado con otros
        argumentos suficientes»<xref ref-type="fn" rid="fn35">35</xref>. El peso filosófico de esta
        sugerencia resulta escaso. En primer lugar, de modo filológico, se trata de una postura que
        se encuentra exclusivamente en <italic>Leviatán</italic>, pero no en
          <italic>Elementos</italic> y <italic>De cive</italic>, donde la obediencia es natural y
        sin consenso dentro de la familia. La consideración de el <italic>Leviatán</italic> resulta
        dudosa, exigida por la búsqueda estructural de una familia consensual más que porque Hobbes
        se preocupe de determinar —lo que en ningún caso hace— cuándo los gestos de lactantes y de
        infantes puedan considerarse consensos implícitos, consensos futuros. La postura general del
        corpus es que naturalmente, es decir sin contrato, quien es alimentado, tiene la obligación
        de obedecer en el futuro.</p>
  <p>En cualquier caso, y hasta en el más consensual <italic>Leviatán</italic>, la autoridad en un
        sentido descendente, la del padre al hijo, se entiende de modo natural (es decir, sin el
        establecimiento de un contrato entre las partes). La alimentación de un recién nacido no
        tendría sentido si no se generase automáticamente una perpetua obligación de obedecer. Si el
        hijo pudiera convertirse en enemigo, si esta previsión fuera razonable, «resultaría más
        prudente para los hombres dejar perecer a los niños durante su infancia que vivir con el
        peligro de que les dominen cuando sean adultos»<xref ref-type="fn" rid="fn36">36</xref>. De
        esta manera, el padre puede esperar obediencia y el hijo debe dar obediencia sin contrato,
        como consecuencia automática de la labor de protección. Es decir, el progenitor espera la
        obediencia del descendiente de modo natural, sin contrato.</p>
  <p>La segunda sociabilidad natural se conecta directa y necesariamente con el principio
        fundamental de la filosofía política hobessiana y posiblemente del pensamiento político
        moderno: que los seres humanos somos iguales por naturaleza. Hobbes afirma que esta igualdad
        natural se debe a la identidad de fuerza y de prudencia de todos los seres humanos. En este
        sentido reconocerá en todas sus obras «cuán fácil es, incluso para el hombre más débil,
        matar al más fuerte». <xref ref-type="fn" rid="fn37">37</xref> Sin embargo, esta igualdad de
        fuerza, en principio planteada de modo exclusivamente individual, no es propiamente
        individual, pues, en su argumentación, se incluyen individuos adicionales. No solo el débil
        puede matar al naturalmente más fuerte, sino también los conspiradores, de cuyo número solo
        sabemos con precisión que supera la unidad: «en lo que se refiere a la fuerza corporal, el
        más débil tiene fuerza suficiente para matar al más fuerte, ya mediante maquinaciones
        secretas o agrupados con otros (<italic>by confederacy with others</italic>, en la versión
        latina <italic>conjunctione cum aliis</italic>) que se ven en el mismo peligro que él […]
        donde un usurpador no tiene otra cosa que temer que el poder de un solo hombre, es muy
        probable que una sus fuerzas con las de otro y vaya contra el que ha conseguido sembrar,
        cultivar y hacerse una posición ventajosa»<xref ref-type="fn" rid="fn38">38</xref>. Hobbes
        describe este minigrupo como si fuera un individuo, lo que confirma la facilidad con la que
        su argumentación identifica dos realidades muy diferentes: individuos y grupos compuestos de
        muy poco individuos. Curiosamente, esta sociedad natural es muy importante y hasta necesaria
        para Hobbes, pues permite la plausibilidad del principio más importante de su antropología
        política: no existe el poder del individuo más fuerte.</p>
  <p>La violencia de coalición es una figura excepcional en el pensamiento político de Hobbes. Más
        allá de su coherencia, Hobbes la retrata como una situación individual, donde lo grupal es
        solo un momento violento, que parece deshacerse en cuanto el aparentemente más fuerte es
        reducido. A diferencia de lo que ocurre con los chimpancés, la violencia de coalición no
        genera una coalición dominante estable (la cual puede extenderse por varios años en el caso
        de estos primates)<xref ref-type="fn" rid="fn39">39</xref>.</p>
  <p>Sin embargo, ligados al uso de la fuerza, el pensamiento político de Hobbes incluye otros
        grupos más numerosos, y algo más duraderos. La tercera sociabilidad natural es la de los
        grupos bélicos que se deshacen en el momento en que la acción bélica concluye. Estos grupos
        se forman algunas veces con el fin de conquistar, la mayoría de las veces de modo
          defensivo<xref ref-type="fn" rid="fn40">40</xref>. Su creación es «natural», en el sentido
        de que no suscriben un pacto ni instituyen un poder común que atemorice a todos, aunque el
        miedo sí aparece a través de la amenaza externa. Se podría decir que este grupo tiene dos
        sentidos de existencia, el primero de ellos ni siquiera es explicado por Hobbes. Parece que
        la amenaza, más que formarlos como grupo, los lleva a comportarse de modo unitario, pues si
        no se sintieran antes como grupo, si solo se percibieran como individuos aislados, no
        existiría la posibilidad de sentir una amenaza grupal ni de defenderse coordinadamente.</p>
  <p>Hobbes sí describe, sin embargo, el carácter unitario y grupal de su comportamiento. Estas
        sociedades defensivas naturales se manifiestan entre dos extremos de modo gradual. En el
        extremo más patológico, el grupo es incapaz de defenderse adecuadamente, porque ni siquiera
        la amenaza externa determina un comportamiento único defensivo. A veces, de facto, estos
        grupos consiguen defenderse, a pesar de su anomia: «Pues incluso en casos de tumulto, aunque
        unos estén de acuerdo en cometer una fechoría y otros otra, sin embargo, considerados en
        conjunto, están entre ellos en un estado de hostilidad y no de paz; igual que los judíos
        sediciosos cercados en Jerusalén, que podían unirse contra sus enemigos, pero, no obstante,
        seguían luchando entre ellos mismos»<xref ref-type="fn" rid="fn41">41</xref>. A otros
        grupos, previsiblemente, la falta de criterio único les hace fracasar en sus propósitos
        defensivos: «Y así, no solo son fácilmente sometidos por un pequeño grupo que esté bien
        unido, sino que también cuando no hay enemigo común, terminan haciéndose la guerra entre
        ellos mismos por causas de sus respectivos intereses particulares»<xref ref-type="fn"
          rid="fn42">42</xref>. Para los grupos naturales, esta posibilidad de fracaso bélico
        depende de que se enfrenten a grupos más civilizados y perfectos, los cuales
        indefectiblemente los vencerían gracias a su capacidad de guerrear de modo más constante y
        unitario.</p>
  <p>Existe un segundo grupo al que la amenaza externa parece cohesionar de modo más general. A
        estos grupos naturales la amenaza bélica les hace funcionar casi como sociedades civiles,
        con criterios unitarios que parecen decidir sobre cuestiones que van más allá de lo
        defensivo. Estos grupos pueden ser «gobernados y dirigidos por un solo criterio y durante un
        tiempo limitado, como sucede en una batalla o una guerra» y son capaces de obtener «la
        victoria empeñándose en un propósito unánime contra un enemigo exterior»<xref ref-type="fn"
          rid="fn43">43</xref>. Estos grupos tienen una sola limitación. No sería un grupo peor que
        la sociedad civil por el objetivo que aquel persigue —consigue el fin social máximo
        prescrito por Hobbes: la seguridad—, sino porque lo logra de modo escaso. Todas las
        sociabilidades naturales, como herederas de las primitivas violencias de coalición
        extendidas, duran poco tiempo: «perduran tanto como dure la acción»<xref ref-type="fn"
          rid="fn44">44</xref>. Para estas sociedades defensivas bien cohesionadas hacia dentro y
        hacia fuera, la extensión es un poco mayor, pero en ningún caso pueden prolongarse durante
        toda la vida de un individuo: «garantizar la seguridad que los hombres desean obtener
        durante todo el tiempo que duren sus vidas»<xref ref-type="fn" rid="fn45">45</xref>. Aunque
        se trata de una posibilidad que Hobbes no examina, si estas sociedades naturales defensivas
        efectivas se extendieran durante toda la vida de un individuo, las sociedades civiles no
        aportarían ninguna ventaja específica al individuo.</p>
  <p>Existe una última sociedad natural: aquella situación de convivencia precaria que existe cuando
        el soberano y la sociedad civil fracasan. Se trata de una sociabilidad natural por negación:
        cuando la soberanía colapsa o no es adecuada. Hobbes señala modos de existencia colectiva
        que se encuentran a medio camino entre las sociedades civiles y el estado de naturaleza.
        Muchas veces estas formas defectivas de sociabilidad aparecen vinculadas a la palabra
        «disolución», como en el capítulo XXIX del <italic>Leviatán</italic>. Cuando describe las
        exigentes leyes de la soberanía, el mundo político no se describe a través de la oposición
        entre sociedad civil y estado de naturaleza, sino como sociedades imperfectamente civiles
        que van y vuelven, que se acercan y se alejan del estado de naturaleza, y que por lo tanto
        los pone en situación próxima a la sociedad natural, en la medida en que deja de existir un
        temor común.</p>
  <p>Es verdad que, respecto de la extensión universal del estado de naturaleza Hobbes mantiene una
        actitud muy cauta, pues afirma explícitamente que «no se dio de manera generalizada en todo
        el mundo»<xref ref-type="fn" rid="fn46">46</xref>. Sin embargo, habla de manera positiva y
        sin restricción de estas sociedades en situaciones intermedias. Considera que la mayoría de
        las sociedades no han conocido las leyes de la soberanía, de acuerdo a Hobbes solo
        correctamente descritas por él. Por lo tanto, es previsible que, dado este desconocimiento,
        muchas sociedades vivan en estado de naturaleza, lo que las hace sociedades naturales, pues
        no se las puede considerar civiles. Estas sociedades intermedias serían la regla, no la
        excepción, pues «hasta ahora no ha habido ningún Estado en que esos principios hayan sido
          reconocidos»<xref ref-type="fn" rid="fn47">47</xref>, es decir, las comunidades
        históricamente existentes no han ajustado sus criterios a las leyes de soberanía propuestas
        por Hobbes. Esta actitud inflacionaria respecto del estado de naturaleza cambia la
        perspectiva habitual desde la que comprendemos el estado de naturaleza. El problema
        fundamental ya no es si existió alguna vez en el pasado el estado de naturaleza y si es
        obligatorio considerarlo hipotético o solo presente en Norteamérica<xref ref-type="fn"
          rid="fn48">48</xref>. El problema se encuentra en otro lugar, el estado de naturaleza y la
        sociedad natural están siempre a la vuelta de la esquina, no solo cuando se desata la guerra
        civil, sino también cuando no se cumplen estas precisas instrucciones<xref ref-type="fn"
          rid="fn49">49</xref>. El problema que plantea esta sociabilidad natural es un poco
        diferente a las demás: ¿para qué sirve la teoría de Hobbes si al final es tan difícil salir
        de la sociedad natural?</p>
</sec>
<sec id="sec6">
  <title>6. Consecuencias de la sociabilidad natural</title>
  <p>Tal como ha llegado a nosotros, la tensión filológica entre la insociabilidad sustantiva y la
        adjetiva es irresoluble. Filológicamente no se puede defender que, en el fondo, Hobbes es un
        pensador de la sociabilidad imperfecta más que de la insociabilidad radical. Me basta con
        recordar que existen dos tipos de insociabilidades: una adjetiva y otra sustantiva. Es
        suficiente insistir que, para Hobbes, antes de la sociedad civil, no solo hay guerras de
        todos contra todos, sino también sociedades primitivas con diferentes grados de perfección.
        En lo que sigue, quiero, sin embargo, defender que el Hobbes de la insociabilidad adjetiva
        permite entender algunos puntos de su filosofía política fundamentales, los que resultan
        mucho más confusos cuando se lo entiende exclusivamente como pensador de la insociabilidad
        sustantiva.</p>
  <p>En primer lugar, me gustaría sugerir por qué Hobbes no intentó realizar una teoría integradora
        de las dos insociabilidades, en la que inevitablemente habría preponderado la insociabilidad
        adjetiva. Hobbes era consciente de la inconsecuencia de su presentación desde la primera
        nota del capítulo primero de <italic>De cive</italic>, cuando habla de
          <italic>meeting</italic>, su peculiar devaluación terminológica de la sociabilidad
        natural. ¿Por qué no quiso anular esta tensión? En primer lugar, debería haber renunciado a
        esas palabras mágicas del <italic>bellum omnes contra omnes</italic>, la guerra de todos
        contra todos, recordadas por todos sus lectores y por todos los manuales de historia del
        pensamiento. Su misma posición en la historia del pensamiento político no quedaría tan clara
        en su simétrica rebelión contra lo premoderno: ir contra la sociabilidad prepolítica era lo
        mismo que ir contra lo premoderno como periodo de la sociabilidad natural, como periodo que
        había pensado que la sociabilidad política y la paz que ella asegura podía sacarse de la
        sociabilidad natural. Además, es posible que el carácter agregativo y retórico de su
        pensamiento, al menos en este punto, le haya hecho pensar que pulir esta inconsistencia era
        poco importante. Al fin y al cabo, estas dos insociabilidades —con la excepción de la
        sociabilidad natural de la familia— colaboran de modo lógicamente imperfecto con un mismo
        fin político: refuerzan la necesidad una institución fuerte para dar seguridad y paz.</p>
  <p>Uno de los motivos por los que posiblemente Hobbes no anuló esta contradicción y siguió
        insistiendo en el carácter artificial de la sociabilidad humana es la necesidad de que los
        individuos renuncien de modo incondicional y total a su derecho natural. La sociabilidad
        natural parecería contradecir este interés. Al menos, los términos sociabilidad natural le
        debían sonar a Hobbes demasiado poco conflictivos, aristotélicos y antisoberanos. La
        sociabilidad natural parecería ser capaz de crear convivencias estables, de tal manera que
        los individuos podrían renunciar a la sociedad artificial de soberanía absoluta y, al mismo
        tiempo, conseguir la paz deseada. Determinaría una entrada en política similar a la que
        Locke prescribió medio siglo después.</p>
  <p>Sin embargo, me parece que, en este caso, Hobbes no es del todo claro con su principio
        fundamental: las sociedades naturales, sin contrato y sin poder común, no logran una
        sociedad que asegure de modo duradero la paz. Curiosamente, en este caso, Hobbes, contra su
        imagen habitual, parece demasiado optimista. Se contagia inconscientemente de la misma
        tradición edulcorada de la sociabilidad natural contra la que se rebela, sin darse cuenta
        cabalmente de que la sociabilidad natural —sobre todo la descrita por él de modo brillante y
        convincente— es lo suficientemente conflictiva como para exigir una renuncia total al
        derecho natural de los individuos. La sociabilidad natural es muy conflictiva: grupos
        formados por proporciones significativas de vanos y de violentos, potencialmente anómicos y
        anárquicos. La misma familia, como sociedad natural, puede ser mucho más conflictiva y
        pesimista de la imagen que Hobbes da: herederos que se roban y se matan por el patrimonio
        familiar, los mismos hijos que, a pesar de su deber de obediencia —entendido con el lenguaje
        de la naturaleza en Hobbes—, no obedecerán ni respetarán a quienes los han alimentado, salvo
        que exista una sociedad política capaz de asegurarlo. De hecho, la descripción de Hobbes del
        comportamiento del vanidoso, incluso cuando no determina ni a todos ni a la mayoría del
        grupo, parece más pesimista que la de una inicial situación de violencia absoluta, pues
        haría que la paz pudiera romperse en cualquier momento también dentro de la sociedad civil.
        Está tan preocupado de generar una sociedad que provea de una seguridad perfecta desde una
        no sociedad que no se da cuenta de que también para las sociedades que generan una paz
        intermedia e imperfecta —explicación mucho más plausible de la situación previa a la
        sociedad civil— puede ser razonable renunciar a su condición natural y hacerse plena y
        artificialmente políticas. Al insistir tanto en la insociabilidad radical, su argumento no
        expresa con total claridad que la insociabilidad adjetiva —la que forma imperfectas
        sociedades naturales desde la natural sociabilidad humana— necesita del artificio total de
        la soberanía para conseguir la paz absoluta, la cual Hobbes considera único fin política
        primordial.</p>
  <p>El problema no es que la sociabilidad natural sea imperfecta, el problema es el tipo de paz que
        Hobbes —y con él parte de la Modernidad— busca. Este tipo de paz solo la podría dar un
        contrato de renuncia total como condición necesaria a un poder efectivo. Insistir en el
        Hobbes de la sociabilidad natural, por último, permite una reconstrucción más interesante de
        la distinción entre Modernidad y Antigüedad política. Si la única, si la distinción clave y
        específica entre pensadores políticos modernos y antiguos es que estos piensan que los seres
        humanos son sociables por naturaleza y aquellos no, entonces sería muy poco razonable ser
        moderno y aceptar la insociabilidad como base metódica para comprender al ser humano y su
        comportamiento social. El problema no es considerar o no al ser humano como sociable, el
        problema es el tipo de seguridad que busca Hobbes como pensador paradigmático de la
        Modernidad: una seguridad absoluta y perpetua. Esta preciosa y exquisita paz es la que no
        puede dar ninguna sociedad natural, ni siquiera la propuesta por Aristóteles al comienzo de
          <italic>La política</italic>, más preocupada de su refinamiento intelectual que de la
        total eliminación de la violencia. La sociedad natural consigue siempre una seguridad de
        poca calidad, «no procura esa seguridad que buscan quienes se juntan y acuerdan actuar en
        conformidad con las ya mencionadas leyes de naturaleza»<xref ref-type="fn" rid="fn50"
          >50</xref>. A la sociedad natural que siempre buscó y consiguió una cierta seguridad, la
        Modernidad hobbesiana se la exige con un grado reforzadísimo, una cantidad de seguridad tan
        grande que transforma su cualidad, que genera un nuevo tipo de seguridad, lo suficientemente
        diferente como para generar una diferencia específica entre Modernidad y Antigüedad, una
        seguridad continua y transgeneracional, una seguridad que, sin duda, es artificial y
        utópica, que, por mucho que sus bases sean naturales y clásicas, exige un tipo de compromiso
        y de institución política específicamente modernos.</p>
</sec>
</body>
<back>
<fn-group>
  <fn id="fn1">
    <label>1</label><p>Schmitt, Carl, <italic>El Leviathan en la teoría
    del Estado de Thomas</italic> <italic>Hobbes</italic>, Comares,
    Granada, 2004, p. 25.</p>
  </fn>
  <fn id="fn2">
    <label>2</label><p>Cfr. Parkin, Jon, <italic>Taming the
    Leviathan</italic>, Cambridge University Press, Cambridge, 2010, pp.
    136-199.</p>
  </fn>
  <fn id="fn3">
    <label>3</label><p>Gauthier, David, <italic>Egoísmo, moralidad y sociedad liberal</italic>, Paidós, Barcelona, 1998,
          p. 162.</p>
  </fn>
  <fn id="fn4">
    <label>4</label><p>Shatara, Amer, “On the Hypothetical State of Nature of Hobbes and Kant; Same Premises, Different
          Conclusions” en <italic>European Scientific Journal</italic>, 2016, 23, pp. 209-220.</p>
  </fn>
  <fn id="fn5">
    <label>5</label><p>Dotti, Jorge, <italic>Lo cóncavo y lo convexo. Escritos filosófico-políticos</italic>, Selección
          e introducción D. J. Rosanovich, Guillermo Escolar, Madrid, 2021, p. 289: «Por cierto, el
          referente real y concreto que se afirma en el <italic>quiero, luego existo</italic> no es
          solo el individuo de la ficción metafísica moderna, devenido ciudadano, sino referentes
          con una ontología más densa, los grupos particulares y corporativos de todo tipo que
          pueblan el ámbito societal, reclamando […] la anulación de las trabas políticas para
          desplazarse por el mercado de ideas y productos».</p>
  </fn>
  <fn id="fn6">
    <label>6</label><p>Schochet, Gordon, “Hobbes on the Family and the State of Nature”, <italic>Political Science
            Quarterly</italic>, 1967, 82, 427-445. Chapman, Richard, “<italic>Leviathan</italic>
          writ Small: Thomas Hobbes on the Family”, <italic>The American Political Science
            Review</italic>, 2006, 69, pp. 76-90. J. Zicari, “Al final lo primero es la familia. El
          rol de las familias en los modelos políticos de Aristóteles y Hobbes”, <italic>Avatares
            filosóficos</italic>, 2019, 6, pp. 3-21.</p>
  </fn>
  <fn id="fn7">
    <label>7</label><p>Rosler, Andrés, “Hobbes y el naturalismo político aristotélico” en <italic>Deus
          mortalis</italic>, 1, 2002, pp. 27-54, p. 28: «interpretación canónica de la filosofía
          política clásica como un modelo básicamente antitético a la filosofía política
          moderna».</p>
  </fn>
  <fn id="fn8">
    <label>8</label><p>Grocio, Hugo, <italic>The Rights of War and Peace</italic>, Liberty Fund, Indianapolis, 2005, pp.
          79-81.</p>
  </fn>
  <fn id="fn9">
    <label>9</label><p>Durkheim, Émile, <italic>Hobbes entre líneas</italic>, Interzona, Buenos Aires, 2014, p. 40.</p>
  </fn>
  <fn id="fn10">
    <label>10</label><p>Skinner, Quentin, <italic>Reason and Rhetoric in
    the Philosophy of Hobbes</italic>, Cambridge University Press,
    Cambridge, 1996.</p>
  </fn>
  <fn id="fn11">
    <label>11</label><p>Hobbes, Thomas, <italic>De cive</italic>,
    Alianza, Madrid, 2000, p. 55.</p>
  </fn>
  <fn id="fn12">
    <label>12</label><p>Saralegui, Miguel, “La colmena como metáfora política: crítica y fascinación de Hobbes por el
          naturalismo aristotélico” en <italic>Revista de Estudios Políticos</italic>, CLX, 2013,
          pp. 193-222.</p>
  </fn>
  <fn id="fn13">
    <label>13</label><p>Aristóteles, <italic>La política</italic>, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales,
          Madrid, 2006, p. 4.</p>
  </fn>
  <fn id="fn14">
    <label>14</label><p>Hobbes, Thomas, <italic>De cive</italic>, p.
    45</p>
  </fn>
  <fn id="fn15">
    <label>15</label><p>Hobbes, Thomas, <italic>Leviatán</italic>,
    Alianza, Madrid, 2006, p. 180.</p>
  </fn>
  <fn id="fn16">
    <label>16</label><p>Bowles, Samuel, “Did Warfare among Ancestral Hunter-Gatherers affect the evolution of Human
          Social Behaviors?” en <italic>Science</italic>, 324, pp. 1293-1298. A. Gat, <italic>War in
            Human Civilization</italic>, Oxford University Press, Oxford, 2006, pp. 36-55.</p>
  </fn>
  <fn id="fn17">
    <label>17</label><p>Wilson, Edward, <italic>Sociobiology</italic>,
    Harvard University Press, Cambridge, 1975, pp. 526-527.</p>
  </fn>
  <fn id="fn18">
    <label>18</label><p>Seco, Manuel, <italic>Diccionario del español
    actual</italic>, Aguilar, Madrid, 1999.</p>
  </fn>
  <fn id="fn19">
    <label>19</label><p>Parkin, Jon, <italic>Taming the
    Leviathan</italic>, Cambridge University Press, Cambridge, 2010, p.
    56.</p>
  </fn>
  <fn id="fn20">
    <label>20</label><p>Hobbes, Thomas, <italic>De cive</italic>, p. 54
    (nota).</p>
  </fn>
  <fn id="fn21">
    <label>21</label><p>Parkin, Jon, <italic>Taming the
    Leviathan</italic>, Cambridge University Press, Cambridge, 2010, p.
    56: «repackaging some of his more shocking
    <italic>formulae</italic>».</p>
  </fn>
  <fn id="fn22">
    <label>22</label><p>Sinner, Quentin, Reason and Rhetoric in the Philosophy of Hobbes, Cambridge University Press,
          Cambridge, 1996. Schmitt, Carl, <italic>El Leviathan en la teoría del Estado de Thomas
            Hobbes</italic>, Comares, Granada, 2004, p. 9: «concibe al filósofo de Malmesbury como
          un pensador de la acción política, atento a la realidad política misma, cuyos escritos son
          las doctrinas para la acción política antes que sistemas lógicos de conceptos
          generales».</p>
  </fn>
  <fn id="fn23">
    <label>23</label><p>Seco, Manuel, <italic>Diccionario del español
    actual</italic>, Aguilar, Madrid, 1999.</p>
  </fn>
  <fn id="fn24">
    <label>24</label><p>Hobbes, Thomas, <italic>Elementos de derecho
    natural y político</italic>, Alianza, Madrid, 2005, p. 170.</p>
  </fn>
  <fn id="fn25">
    <label>25</label><p>Gracián, Baltasar, <italic>El príncipe</italic>,
    Blaeu, Ámsterdam, 1659.</p>
  </fn>
  <fn id="fn26">
    <label>26</label><p>Hobbes, Thomas, <italic>De cive</italic>, p.
    56.</p>
  </fn>
  <fn id="fn27">
    <label>27</label><p><italic>Ibid.</italic> p. 59</p>
  </fn>
  <fn id="fn28">
    <label>28</label><p><italic>Ibid.</italic> p. 56</p>
  </fn>
  <fn id="fn29">
    <label>29</label><p><italic>Ibid.</italic> p. 57.</p>
  </fn>
  <fn id="fn30">
    <label>30</label><p><italic>Ibid</italic>. p. 163.</p>
  </fn>
  <fn id="fn31">
    <label>31</label><p><italic>Ibid</italic>. p. 164.</p>
  </fn>
  <fn id="fn32">
    <label>32</label><p>Hobbes, Thomas, <italic>Leviatán</italic>, p.
    267.</p>
  </fn>
  <fn id="fn33">
    <label>33</label><p>Hobbes, Thomas, <italic>Elementos</italic>, p.
    246.</p>
  </fn>
  <fn id="fn34">
    <label>34</label><p>Hobbes, Thomas, <italic>Leviatan, op.
    cit.,</italic> p. 268.</p>
  </fn>
  <fn id="fn35">
    <label>35</label><p><italic>Ibid</italic>, p. 267.</p>
  </fn>
  <fn id="fn36">
    <label>36</label><p>Hobbes, Thomas, <italic>Elementos, op.
    cit.,</italic> p. 244.</p>
  </fn>
  <fn id="fn37">
    <label>37</label><p>Hobbes, Thomas, <italic>De cive</italic>, p. 58.
    La frase es casi idéntica en los <italic>Elementos, op.
    cit.</italic>, p. 170.</p>
  </fn>
  <fn id="fn38">
    <label>38</label><p>Hobbes, Thomas, <italic>Leviatán</italic>, pp.
    177-178.</p>
  </fn>
  <fn id="fn39">
    <label>39</label><p>Bray, Joel, “Social relationships among adult male chimpanzees (Pan troglodytes schweinfurthii):
          variation in the strength and quality of social bonds”, <italic>Behavioral Ecology and
            Sociobiology</italic>, 2020, 74, pp. 1-12.</p>
  </fn>
  <fn id="fn40">
    <label>40</label><p>Hobbes, Thomas, <italic>Elementos</italic>, p. 208: «Aun suponiendo que se juntasen un gran
          número de hombres para su defensa mutua, de ellos no se seguirían, sin embargo, efectos, a
          menos que todos se dirigieran en un sentido único e idéntico [...] Este consentimiento (o
          concordia) entre muchos hombres puede ser debido al miedo a una invasión inmediata o a la
          esperanza de una conquista presente, o de botín, y perduran tanto como dure la
          acción».</p>
  </fn>
  <fn id="fn41">
    <label>41</label><p><italic>Ibid</italic>, pp. 216-217.</p>
  </fn>
  <fn id="fn42">
    <label>42</label><p>Hobbes, Thomas, <italic>Leviatán</italic>, p.
    231.</p>
  </fn>
  <fn id="fn43">
    <label>43</label><p><italic>Ibid</italic>, p. 232.</p>
  </fn>
  <fn id="fn44">
    <label>44</label><p>Hobbes, Thomas, <italic>Elementos</italic>, p.
    208.</p>
  </fn>
  <fn id="fn45">
    <label>45</label><p>Hobbes, Thomas, <italic>Leviatán, op.
    cit.</italic>, p. 232.</p>
  </fn>
  <fn id="fn46">
    <label>46</label><p><italic>Ibid</italic>, p. 182.</p>
  </fn>
  <fn id="fn47">
    <label>47</label><p><italic>Ibid</italic>, p. 419.</p>
  </fn>
  <fn id="fn48">
    <label>48</label><p><italic>Ibid</italic>, p. 182: «los pueblos
    salvajes de América».</p>
  </fn>
  <fn id="fn49">
    <label>49</label><p><italic>Ibid</italic>, p. 182: «después de haber
    coexistido bajo el poder de un gobierno pacífico, degeneran en un
    estado de guerra civil.</p>
  </fn>
  <fn id="fn50">
    <label>50</label><p><italic>De cive</italic>, p. 115.</p>
  </fn>
</fn-group>
  <ack>
    <title>Fuentes de financiación:</title>
    <p>Proyecto Fondecyt Nº 1210553 de Anid (Gobierno de Chile).</p>
  </ack>
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