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      <journal-id journal-id-type="publisher-id">ASHF</journal-id>
      <journal-title-group>
        <journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Anales del Seminario de Historia de la Filosofía</journal-title>
      </journal-title-group>
      <issn publication-format="electronic">1988-2564</issn>
      <issn-l>0211-2337</issn-l>
      <publisher>
        <publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
        <publisher-loc>España</publisher-loc>
      </publisher>
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    <article-meta>
      <article-id pub-id-type="doi">10.5209/ashf.95188</article-id>
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        <subj-group subj-group-type="heading">
          <subject>ESTUDIOS</subject>
        </subj-group>
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      <title-group>
        <article-title><italic>Quod</italic> revelado. Acontecimiento y diferencia en el Schelling tardío</article-title>
        <trans-title-group xml:lang="en">
          <trans-title><italic>Quod</italic> revealed. Event and Difference in the Late Schelling</trans-title>
        </trans-title-group>
      </title-group>
      <contrib-group>
        <contrib contrib-type="author" corresp="yes">
          <contrib-id contrib-id-type="orcid">https://dx.doi.org/10.5209/ashf.95188</contrib-id>
          <name>
            <surname>Rubín Álvarez</surname>
            <given-names>Abraham</given-names>
          </name>
          <xref ref-type="aff" rid="aff-a"/>
          <xref ref-type="corresp" rid="cor1"/>
        </contrib>
        <aff id="aff-a"><institution content-type="original">Universidade de Vigo</institution>
          <country country="ES">España</country>
        </aff>
      </contrib-group>
      <author-notes>
        <corresp id="cor1">Abraham Rubín Álvarez<email>abraham.rubin@uvigo.gal</email></corresp>
      </author-notes>
      <pub-date pub-type="epub" publication-format="electronic" iso-8601-date="2025-09-30">
        <day>30</day>
        <month>09</month>
        <year>2025</year>
      </pub-date>
      <volume>42</volume>
      <issue>3</issue>
      <fpage>591</fpage>
      <lpage>603</lpage>
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      <permissions>
        <copyright-statement>Copyright © 2025, Universidad Complutense de
          Madrid</copyright-statement>
        <copyright-year>2025</copyright-year>
        <copyright-holder>Universidad Complutense de Madrid</copyright-holder>
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          <license-p>Esta obra está bajo una licencia <ext-link ext-link-type="uri"
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              4.0 International</ext-link></license-p>
        </license>
      </permissions>
      <abstract>
        <p>En el presente artículo se investiga la transformación en la ontología de Schelling hacia
          una filosofía de la existencia que prioriza el acontecimiento y la irreductibilidad de la novedad sobre las
          determinaciones esenciales. Este recorrido se articula a través de varios momentos clave: primero, la
          reinterpretación de la distinción aristotélica entre el Was (esencia) y el Daß (existencia), donde Schelling
          subraya la contingencia radical de lo existente. En segundo lugar, se analiza su crítica a la escolástica y a la
          prioridad de las esencias, mostrando cómo la existencia para Schelling irrumpe como un hecho inanticipable,
          no derivado de ningún plan lógico previo. Finalmente, se examina cómo su noción de libertad y su teoría
          del “fondo oscuro” (Ungrund) abren el diálogo con el pensamiento contemporáneo de Jacques Derrida,
          destacando la importancia del acontecimiento como novedad radical. Este giro hacia una filosofía positiva
          ofrece una visión donde lo divino y lo real se revelan en su libertad y contingencia. A través de este recorrido,
          se subraya la relevancia de Schelling para abordar los desafíos filosóficos actuales en torno a la diferencia y
          la apertura a lo im-posible.</p>
      </abstract>
      <trans-abstract xml:lang="en">
        <p>This article investigates the transformation in Schelling’s ontology towards a philosophy of
          existence that prioritizes the event and the irreducibility of novelty over essential determinations. This
          exploration follows key stages: first, the reinterpretation of the Aristotelian distinction between Was (essence)
          and Daß (existence), where Schelling highlights the radical contingency of existence. Second, it examines his
          critique of scholasticism and the primacy of essences, showing how, for Schelling, existence emerges as an
          unpredictable event, independent of any logical plan. Finally, it explores how Schelling’s notion of freedom and
          his theory of the “dark ground” (Ungrund) engage in dialogue with Jacques Derrida’s contemporary thought,
          emphasizing the importance of the event as radical novelty. This shift towards a positive philosophy offers
          a vision in which the divine and the real reveal themselves through freedom and contingency. Through this
          journey, the article underscores Schelling’s relevance in addressing contemporary philosophical challenges
          related to difference and openness to the impossible.</p>
      </trans-abstract>
      <kwd-group>
        <kwd>Acontecimiento</kwd>
        <kwd>Diferencia</kwd>
        <kwd>Existencia</kwd>
        <kwd>Libertad</kwd>
        <kwd>Schelling</kwd>
      </kwd-group>
      <kwd-group xml:lang="en">
        <kwd>Difference</kwd>
        <kwd>Event</kwd>
        <kwd>Existence</kwd>
        <kwd>Freedom</kwd>
        <kwd>Schelling</kwd>
      </kwd-group>
    </article-meta>
  </front>
<body>
<sec id="sec1">
  <title>1. Introducción</title>
  <p>Toda filosofía nace de un asombro ante lo que hay. Pero las posiciones ante ello son diversas.
        Para nuestros intereses aquí, nombraremos dos. La primera afirma que lo que hay es el
        resultado de un proceso en el que se ha actualizado una posibilidad previa. Algo
          <italic>es</italic> lo que <italic>podía ser</italic> en función de su naturaleza. En
        lenguaje medieval, se defiende que lo que hay es el paso a la <italic>existencia</italic> de
        una <italic>esencia</italic> previa, y es Dios quien decide ese paso. La segunda posición,
        en cambio, sostiene que lo que hay no es el resultado de una posibilidad anterior, de un
        programa, sino algo radicalmente nuevo. Su actualidad, su existencia, es el paso previo a
        partir del cual podemos intentar entender cómo fue posible que sucediese.</p>
  <p>Ambas posiciones son casos en los que se manifiesta la discusión sobre la prioridad
        fundamentadora de lo que hay, si es lo efectivo o lo posible, el acto o la potencia.</p>
  <p>Según el Schelling tardío, las dos respuestas corresponden a dos tipos de filosofía. Por una
        parte, está <italic>la filosofía de la esencia</italic>, o filosofía negativa, que se
        interesa por lo que las cosas son. Trata de dar sentido a toda realidad a partir de una
        serie de principios (lógicos y ontológicos) que posibilitan la deducción racional de lo
        existente, que se manifiesta como necesario. No puede existir de otro modo porque lo que es
        está marcado por sus posibilidades esenciales. Hegel ha sido el máximo exponente de esa
        filosofía, que se mueve por la necesidad.</p>
  <p>Por otra parte, para Schelling, está el proyecto de elaboración de una <italic>filosofía de la
          existencia</italic>, que es una filosofía del “sí” a lo que hay, una filosofía positiva en
        el sentido de que le interesan los hechos más que las esencias, lo positivo más que lo
        negativo, una filosofía de la libertad. Desde este punto de vista, podrían situarse como
        antecedentes de esta postura toda filosofía inclinada hacia las existencias, la actualidad,
        o lo contingente. En este sentido, podría defenderse que aquellas filosofías que confieren
        prioridad a la actualidad o la existencia son antecedentes de la postura de Schelling y, al
        mismo tiempo, se puede ver a este como precursor de algunas filosofías contemporáneas, cuya
        apuesta es trabajar un pensamiento de lo nuevo, de aquello que rompe con lo preestablecido y
        con cualquier programa de desarrollo, aquello inanticipable que lleva el nombre de
          <italic>acontecimiento</italic>. De este modo, la fundamentación de lo que hay parte de la
        consideración de su contingencia, de algo no determinado de antemano por ningún programa
        lógico o conjunto de esencias. En ese sentido, lo que hay es siempre una novedad
        irreductible, o en lenguaje aristotélico, actualidad imprevista.</p>
  <p>Al mismo tiempo, la larga vida y obra del pensador de Leonberg deja de manifiesto varios
        momentos en los que él mismo entraría dentro de su propia consideración de filosofía
        negativa. Tal vez se pueda decir que es a partir de sus tentativas de comprensión de la
        realidad como llega a la conclusión de su imposibilidad <italic>a priori</italic>. No
        obstante, alguno de sus desarrollos puede ser considerado como antecedente así mismo de las
        llamadas <italic>filosofías de la diferencia</italic>, que operan a partir de la asunción de
        un motivo que resiste a toda apropiación ontológica identitaria.</p>
  <p>Nosotros mantendremos la posición —ya defendida parcialmente en otros lugares—<xref
          ref-type="fn" rid="fn1">1</xref> de que una prefiguración de las nociones de
        acontecimiento y diferencia, tal y como se entienden en las llamadas filosofías de la
        diferencia aparece de forma notable en la obra tardía de F. W. J. Schelling. Para
        ejemplificarlo utilizaremos varios de los motivos presentes en la obra de Jacques
        Derrida.</p>
</sec>
<sec id="sec2">
  <title>2. Was y Daß: una perspectiva aristotélica y schellinguiana</title>
  <p>En varios lugares aparece el planteamiento que Schelling establece respecto a la Historia de la
        filosofía, dividiéndola en filosofía negativa y positiva.<xref ref-type="fn" rid="fn2"
          >2</xref> Reserva para la primera la prioridad fundamentadora de la esencia, el
          <italic>quid</italic> (<italic>Was</italic>), el pensamiento conceptual, cuya máxima
        extensión tendría lugar con Hegel (y con varias obras del propio Schelling), mientras que la
        segunda arrancaría a partir de la existencia, el <italic>quod</italic>
        (<italic>Daß</italic>), la intuición de aquello que hay. Para el Schelling tardío, desde el
          <italic>Was</italic> uno no puede concluir el hecho del <italic>Daß</italic> salvo
        hipotéticamente, motivo por el cual en la filosofía positiva la prioridad fundamentadora va
        a ser la de la existencia o, dicho en términos aristotélicos, la actualidad. Schelling
        interpretará a Aristóteles insistiendo en la predominancia de lo individual y lo actual en
        la obra del estagirita,<xref ref-type="fn" rid="fn3">3</xref> y ello se tornará decisivo
        para una prefiguración de la concepción de acontecimiento.</p>
  <sec id="sec2.1">
    <title>2.1. Aristóteles: dos vías hacia el ser</title>
    <sec id="sec2.1.1">
      <title>2.1.1. Ser y existencia</title>
      <p>Sobre la dilucidación sobre lo que hay, Aristóteles había hecho varias distinciones
            fundamentales, dos de las cuales son ente (<italic>tò ón</italic>) y hecho de ser o
            existir (<italic>tó eînai</italic>), entendiendo el ente como todo lo que hay, siendo lo
            que hay, en primer lugar, algo individual y concreto. Aristóteles lo llama <italic>tóde
              ti</italic>. ¿Cómo comprenderlo? Según el estagirita, el camino es doble. Por una
            parte, es preciso saber lo que el ente es, <italic>qué-es</italic> (<italic>tò tí
              esti</italic>), que se refiere a aquello que hace que el ente sea lo que es, en el
            sentido de formar parte de algo más general que lo engloba, el grupo al que pertenece.
            Se suele traducir por <italic>quididad</italic>, al sustantivar el interrogativo latino
              <italic>quid est?</italic> Esta es una de las traducciones clásicas para el concepto
            de <italic>esencia</italic>. Es importante resaltar que para Aristóteles lo previo es el
              <italic>tóde ti</italic>, llegando el <italic>tò tí esti</italic> en un momento
            posterior, para intentar explicar lo que el <italic>tóde ti</italic> es, que, además,
            tiene existir (<italic>tó eînai</italic>).</p>
      <p>Aquí tenemos presentada la ambivalencia aristotélica con respecto a la herencia platónica,
            que lo lleva asimismo a distinguir entre sustancia sensible (<italic>ousía</italic>) y
            sustancia suprasensible (<italic>tò théos</italic>), esto es, entre seres compuestos de
            materia (<italic>hyle</italic>) y forma (<italic>morphé, eîdos</italic>) y el ser
            absoluto constituido solo por Forma pura. Esta distinción está a la base, precisamente,
            de la separación en el saber entre Física y Teología. Una tiene que ver con el cambio,
            mientras que la otra se refiere solo a lo inmutable. Tenemos entonces que la naturaleza,
            objeto de estudio de la Física, se corresponde únicamente con la sustancia susceptible
            de experimentar cambios.</p>
      <p>Pero, dentro de este ámbito, ¿cómo distinguir un <italic>tóde ti</italic> de otro? En
            primer lugar, se constata su existencia mediante la percepción sensorial. A
            continuación, en relación con el <italic>eîdos</italic>, que ambos comparten, su
            diferencia específica es en función de la <italic>hyle</italic>, la materia de la que
            ambos están formados y de la que disfrutan en distintas proporciones y cantidades.</p>
      <p>Ahora bien, otra posibilidad defendible es distinguirlos en función de <italic>lo que para
              ellos era ser</italic>, lo que literalmente se dice en griego <italic>tò tí ên
              eînai</italic>, una de las expresiones usadas por Aristóteles, y que podría asimismo
            delimitar las diferencias entre un <italic>tóde ti</italic> y otro.<xref ref-type="fn"
              rid="fn4">4</xref> El asunto es complejo y ha dado lugar a muchos posicionamientos,
            pero todos comparten en un primer momento la extrañeza de que Aristóteles oscile entre
            dos expresiones, una corta —<italic>tò tí esti</italic>— y otra larga —<italic>tò tí ên
              eînai</italic>—, para hacer referencia al mismo asunto. Especialmente toda vez que en
            la fórmula larga se está usando un imperfecto (<italic>ên</italic>) y no un presente
              (<italic>esti</italic>), lo que puede causar confusión. De hecho, se suele traducir
              <italic>tò tí ên eînai</italic> por <italic>esencia</italic>, propuesta totalmente al
            margen de esta problemática del uso del imperfecto.</p>
      <p>Una de las posturas dominantes postula que esta forma verbal puede ser un “imperfecto
            filosófico”, con el que se haría referencia a discusiones del pasado, o puede señalar la
            predominancia que para Aristóteles tiene la forma sobre lo existente, en línea con el
            supuesto platonismo del estagirita. Otras posturas interpretan filosóficamente el uso
            del imperfecto, entendiendo que Aristóteles se refería a cómo era algo antes de ser
            conocido, o a cómo era en su inicio antes de emprender sus procesos de cambio.<xref
              ref-type="fn" rid="fn5">5</xref> No obstante, si queremos asumir, como propone García
            Marqués, la prioridad de lo individual, y no nos movemos de la traducción literal del
            griego, se podría defender que el uso del imperfecto está justificado por el propio
            Aristóteles, que no se refiere a otra cosa que a <italic>lo que era ser para cada
              uno</italic>. García Marqués se apoya en <italic>Metafísica</italic>,
              <italic>Delta</italic>, 18, 1022a, 25-29, donde Aristóteles afirma:</p>
      <disp-quote>
        <p><italic>En cuanto tal</italic> tiene que decirse en varios sentidos. En efecto, un
                <italic>en cuanto tal</italic> es <italic>lo que era ser</italic> [<italic>tò tí ên
                eînai</italic>] <italic>para cada cosa</italic>; por ejemplo, Calias es <italic>en
                cuanto tal</italic> Calias y <italic>lo que era ser</italic> [<italic>tò tí ên
                eînai</italic>] para Calias. Otro, todo lo que hay en <italic>qué es</italic>
                [<italic>tò tí esti</italic>], por ejemplo, Calias es en cuanto tal
                <italic>animal</italic>, pues en el enunciado está animal, ya que Calias es cierto
                animal.<xref ref-type="fn" rid="fn6">6</xref></p>
      </disp-quote>
      <p>Entonces, la fórmula larga no pregunta por el ser en general sino por el de alguien,
            teniendo en cuenta, digamos, su individualidad, en función de lo que cada uno es en
            cuanto tal. Es decir, prima la novedad, el hecho de no agotarse la individualidad en lo
            que comparte con otros, en aquello esperado, en el programa establecido del que
            supuestamente surge.</p>
      <p>Esta interpretación puede apoyarse asimismo en la del propio Schelling, que en
              <italic>Darstellung der reinrationalen Philosophie</italic> afirma que <italic>tò tí
              ên eînai</italic> es una actualidad individual, y no un concepto universal:</p>
      <disp-quote>
        <p>Puedo responder a la pregunta 'qué es Calias' con el concepto de género, por ejemplo, es
              un ser vivo; pero lo que para él es causa del ser (aquí entonces del vivir) ya no es
              nada universal, no <italic>ousia</italic> en el segundo sino en el primer y supremo
              sentido, πρώτη οὐσία, y cada uno tiene <italic>la suya</italic> y esta no pertenece
                <italic>a ningún otro</italic>, mientras que el universal es común a muchos; la
              causa es <italic>cada</italic> cosa <italic>misma</italic>, en el ser vivo entonces lo
              que llamamos <italic>alma</italic>, que se explica como la <italic>ousia</italic>, la
                <italic>energía</italic> de un cuerpo formado como instrumento, como su τί ἦν εἶναι,
              y esto también es <italic>propio de cada uno</italic> y no común a muchos.<xref
                ref-type="fn" rid="fn7">7</xref></p>
      </disp-quote>
      <p>A continuación, citando el <italic>De Anima</italic>, Schelling afirma que
              <italic>eîdos</italic> también debe ser considerado como una actualidad individual,
            pese a que en la escolástica se tradujo por <italic>forma</italic> para resaltar su
            oposición con <italic>materia</italic>. De este modo, como consecuencia, el término
            asume la idea de aquello más universal, en tanto puede recibirlo todo, alejándose en
            extremo del <italic>tóde ti</italic>. Para Schelling es una falsificación de la
            intención aristotélica, de la que se aprovecha Hegel, cuando, por el contrario, para el
            estagirita el <italic>eîdos</italic> y el <italic>tí ên eînai</italic> son equiparables,
            como actualidades individuales.<xref ref-type="fn" rid="fn8">8</xref></p>
      <p>No obstante, Schelling reconoce que en el alma hay una
      duplicidad que explica que se entienda como un concepto, pues no
      puede existir de manera independiente a una potencialidad que se
      realiza. Es, por tanto, una actualización de algo potencial, y no
      es por tanto actual por sí misma. El alma es el
      <italic>quod</italic> (<italic>Daß</italic>) de un cuerpo, pero un
      <italic>quod</italic> que contiene y concibe también un
      <italic>quid</italic> (<italic>Was</italic>). “Solo en
      <italic>este</italic> sentido está en <italic>eîdos</italic>
      también el concepto”.<xref ref-type="fn" rid="fn9">9</xref> Para
      Schelling, igual que para Aristóteles, solo Dios es acto
      puro.<xref ref-type="fn" rid="fn10">10</xref></p>
      <p>Si seguimos esta prioridad de lo individual, cobra todo sentido la pertinencia de la doble
            fórmula aristotélica, una más tradicional, derivada de la academia platónica donde lo
            que algo es, su <italic>qué-es</italic>, tiene relación con su forma, sus
            características abstractas, género y especie, en virtud de las cuales se define a ese
            algo; y por otra parte, un punto de vista innovador del Liceo, la pregunta por el
            individuo concreto al otro lado de su configuración formal, lejos entonces de quedar la
            cuestión resuelta haciendo referencia exclusivamente a la materia, precisando apelar a
            lo que algo es en sí mismo, su vida, su vivir concreto. Dicho de otra forma, si se
            quiere mantener el <italic>tò tí ên eînai</italic> como <italic>esencia</italic>, esta
            no puede ser entendida como concepto universal sino como una actualidad individual.<xref
              ref-type="fn" rid="fn11">11</xref></p>
      <p>En Aristóteles hay, pues, una indicación de que una de las vías fundamentales para
            cuestionarse sobre lo que hay tiene que hacer referencia a lo que cada ente es en cuanto
            tal, entendidos individualmente. Y esto se puede referir a su propia manera de vivir, su
            actualidad. La fórmula corta se referiría puramente a la definición de algo en virtud de
            las características abstractas que comparte con otros, que permite que se le englobe en
            un grupo o categoría (esencia). La fórmula larga se usaría para cuestionar sobre su
            vivir individual, su existir efectivo. Desde esta posición, podría considerarse la
            postura de Aristóteles como facilitadora de la prioridad fundamentadora de la actualidad
              (<italic>enérgeia)</italic>), lo que será decisivo para la concepción de Schelling de
            existencia, y permitirá su crítica de las filosofías esencialistas, sujetas a un
            programa.</p>
    </sec>
    <sec id="sec2.1.2">
      <title>2.1.2. Ser y esencia</title>
      <p>Aunque en el estagirita también convive otra vía, y de hecho, Schelling habitualmente
            afirma que la obra de Aristóteles forma parte de la filosofía negativa.<xref
              ref-type="fn" rid="fn12">12</xref> Una vez que este distingue entre sustancia sensible
            e inteligible, el estudio de la sustancia sensible lo lleva a investigar aquello de lo
            que esta forma parte, la naturaleza, que se definirá en base al conjunto de seres que
            tienen el movimiento como principio interno de cambio. Excluirá por lo tanto lo que
            luego llamará Forma pura, sin materia y, por lo tanto, sin cambio.</p>
      <p>A continuación, Aristóteles explica lo que es el cambio. Es conocida su definición de
            movimiento (<italic>kínesis</italic>) en términos de acto (<italic>enérgeia)</italic>) y
            potencia (<italic>dýnamis</italic>), es decir, un tránsito entre un ser en potencia y un
            ser en acto. <italic>He toû dynámei óntos entelécheia hêi toioûton</italic> es la
            célebre definición de <italic>kínesis</italic> (<italic>Física</italic>, 201a12).
            Guillermo R. De Echandía afirma que el “en cuanto tal”, en tanto que está en potencia,
            subraya el carácter dinámico del movimiento. Pues no es simple actualidad, sino un estar
            siendo actualizado, una actualidad activa.<xref ref-type="fn" rid="fn13">13</xref></p>
      <p>Se ha afirmado que <italic>entelécheia</italic> y <italic>enérgeia</italic> refieren en
            general al mismo concepto y ambos deben traducirse por
              <italic>actualización</italic>.<xref ref-type="fn" rid="fn14">14</xref> De hecho,
            Aristóteles reformula la definición de movimiento en 201a25, usando
              <italic>enérgeia</italic>, en vez de <italic>entelécheia</italic>. Echandía, siguiendo
            a Ross, traduce <italic>enérgeia</italic> por actividad o actualización, y
              <italic>entelécheia</italic> por actualidad o perfección resultante, dando a entender
            que la <italic>entelécheia</italic> podría referir a un proceso finalizado, algo que no
            necesariamente ocurriría en el caso de la <italic>enérgeia</italic>.<xref ref-type="fn"
              rid="fn15">15</xref></p>
      <p>En todo caso, como nos recuerda Echandía, una potencialidad para Aristóteles sólo puede
            entenderse a partir de la actualidad de la que depende. Y cita
              <italic>Metafísica</italic> IX, 8 para indicar que la actualidad es anterior a la
            potencialidad tanto lógica como ontológicamente. De este modo, el movimiento sería una
            mezcla de lo potencial y lo actual.<xref ref-type="fn" rid="fn16">16</xref></p>
      <p>Según la visión de Schelling, en la <italic>Metafísica</italic> de Aristóteles hay una
            progresión desde la actualidad entendida como “actualización de” algo potencial hacia
            una actualidad que es la que permite que, en un momento posterior, se den los meros
            contenidos de la razón, que intentan dar cuenta de dicha actualidad. Es lo que hay, lo
            individual, lo actual, lo que confiere la existencia a los contenidos de la razón.</p>
      <p>Esta reelaboración de las distinciones aristotélicas por parte de Schelling establece una
            ontología donde la existencia no puede ser deducida de una esencia previa, sino que
            emerge como un hecho contingente e inanticipable. La actualización no es un mero
            tránsito de lo potencial a lo actual, sino el surgimiento de lo radicalmente nuevo, es
            decir, del acontecimiento. Al redefinir el estatuto ontológico de la existencia,
            Schelling prepara el terreno para el pensamiento contemporáneo sobre lo imposible, donde
            el ser no es simplemente la realización de lo posible, sino la irrupción de lo
            inesperado, aquello que Jacques Derrida, como veremos, denominará lo im-posible.</p>
    </sec>
  </sec>
  <sec id="sec2.2">
    <title>2.2. Las esencias. De Avicena a la modernidad</title>
    <p>Sin embargo, si atendemos a la actividad de la potencia, reconociendo que es esta la que
          actualiza todo lo efectivo, llevándolo a la existencia desde su posibilidad, se abre la
          puerta a considerar que tal vez la actividad de la potencia deje una serie de posibles
            <italic>detrás</italic>, sin actualizar. Podría existir una <italic>dýnamis</italic> que
          no llegase nunca a la <italic>entelècheia</italic>, al ser una especie de reserva
          inagotable. Esta fuente potencial sería aquello de donde arrancan las posibilidades de
          llevar a cabo el cambio, es decir, de dar lugar y espacio a lo natural. Por lo tanto, la
          fuente del movimiento, en cuanto tránsito, influiría siempre en un movimiento acabado, a
          lo que da lugar, pero quedaría siempre en sí mismo al otro lado de él. En la forma ya
          realizada en la realidad efectiva se sustraería esa potencia que, siendo pura actividad,
          como tal nunca llega al acto, no llega a ser ninguna forma, a ser presente y, por tanto,
          es imposible de percibir por los sentidos, ya que queda siempre al otro lado de lo que
          ellos pueden captar.</p>
    <p>Esta asunción puede llevar al menos a dos posiciones, a la infinitud del entendimiento divino
          como fuente inagotable de las potencias, o al postulado de un fondo primordial, sin
          medida, imposible de categorizar, que Schelling llamará <italic>resto
            irreductible</italic>.<xref ref-type="fn" rid="fn17">17</xref> En todo caso, en la época
          medieval y en parte de la moderna se desarrollará la primera de las posiciones. Pues al
          aparecer la idea de Dios creador, surgirá con claridad la oposición
          esencia-existencia.</p>
    <p>Según la visión de Heidegger, la discusión no refiere más (ni menos) que a la dilucidación
          sobre la prioridad de la sustancia primera o de la sustancia segunda en Aristóteles, lo
          que en el fondo es lo mismo que decir que la polémica repite el enfrentamiento teórico
          entre la Academia y el Liceo.<xref ref-type="fn" rid="fn18">18</xref> La reverberación que
          acontece al cambiar el contexto aristotélico por el medieval radica en que las esencias
          están ya en Dios, fundamento estable de todo lo que hay, del ser, que es el que decide si
          estas pasan o no a la existencia efectiva.</p>
    <p>Es decir, en la posición de Aristóteles, cuando distingue entre lo que el ente es y el hecho
          de que exista, la existencia del ente se refiere al ente existente mismo, pues el existir
          le pertenece inherentemente. Sin embargo, en el planteamiento medieval, la existencia es
          otorgada por un creador, lo que convierte la posición en totalmente novedosa respecto al
          mundo griego.</p>
    <p>Respecto a ello, pueden plantearse dos opciones. La primera es la que desarrollaremos en este
          apartado, y tiene que ver con la prioridad de las esencias, esto es, con la asunción de
          que la existencia efectiva de un ente no cambia nada respecto a su configuración
          fundamental. Es decir, el ente tiene una esencia aunque no exista, y ella es lo
          fundamental, la existencia no le aporta nada. Es lo que plantea Avicena. Predicar de un
          ente que existe no es indicar nada de él, pues la existencia no es un predicado esencial,
          no pertenece a la esencia, solamente es un predicado existencial. Esto es, para Avicena
          decir de un ente que existe es no decir nada de lo que es, sino simplemente que está
          presente en la realidad efectiva.</p>
    <p>La prueba de Avicena comienza examinando el concepto de ser en dos dimensiones. La primera es
          una distinción entre lo que es necesario y lo que es posible, lo que da como resultado
          tres categorías de cosas: las que son necesariamente existentes por sí mismas; las que son
          posiblemente existentes por una causa; y las que pueden existir según su propia
          naturaleza. Avicena cree que todo lo que existe es necesario, aunque su necesidad puede
          ser originaria o derivada. Pero parece que lo fundamental refiere a lo que se entiende por
          “propia naturaleza”. Para aclararlo, es necesario entrar en el segundo enfoque utilizado
          por Avicena para examinar el ser: la distinción entre existencia y esencia.</p>
    <p>La esencia de un ser humano es la propiedad o conjunto de propiedades que lo hacen
          característicamente humano, como sintetiza Daniel O'Connor de manera tan esquemática como
          divulgativa. Presumiblemente, la característica que nos hace humanos es un ADN común. En
          realidad, existen algunas esencias que se manifiestan en la realidad, mientras que otras
          no. Los gatos pueden extinguirse, lo que significa que su esencia ya no se representa en
          la vida real y no tiene existencia. Avicena distingue la existencia de la esencia en
          términos de sentido común. La esencia asume la descripción de lo que se está investigando
          en las premisas de este tipo de argumentos; los enunciados de existencia actúan como
          certificados de instanciación de los predicados comprendidos en la esencia.<xref
            ref-type="fn" rid="fn19">19</xref></p>
    <p>Esta postura tendrá eco y éxito, y la prioridad de las esencias se desarrollará
          posteriormente con Duns Escoto y, en última instancia, Francisco Suárez, asumiendo que
          aquello que los medievales denominaban <italic>ens reale</italic> no es más que la
          actualización de una idea divina.<xref ref-type="fn" rid="fn20">20</xref> Entendido así,
          la prioridad fundamentadora de lo que hay tiene que ser la esencia, que se sitúa en primer
          lugar en el entendimiento divino. La esencia es vista pues como algo universal, presente
          en Dios, y luego actualizada o individualizada en la realidad luego del acto de creación.
          De este modo, la realidad se basa en el pensamiento, las cosas ya son reales cuando Dios
          las piensa, independientemente de que luego se decida o no a crearlas efectivamente. Todo
          lo pensable es lo que Dios piensa, y no puede ser contradictorio. Por lo tanto, todo lo
          pensable puede ser creado, es una posibilidad que lo acerca a su actualización, que será
          efectiva o no en virtud de la decisión divina. Pero el hecho de existir en la realidad
          efectiva finalmente es algo que ontológicamente no tiene relevancia.</p>
    <p>Por eso Anselmo de Canterbury, apoyándose solo en el entendimiento, considera que la esencia
          divina existe, pues de lo contrario sería una contradicción. En el caso de Dios la
          realidad (pensada) implica necesariamente existencia (efectiva), no así en el caso de los
          entes creados. Pueden ser reales (lógicamente posibles) sin existir.</p>
    <p>Esta vía, a juicio de Schelling, es errónea pues no puede más que afirmar que Dios existe
          necesariamente, <italic>en el caso de que efectivamente exista</italic>.<xref
            ref-type="fn" rid="fn21">21</xref> En Dios nada es pensado, sino, precisamente, la sola
          existencia.</p>
    <p>La crítica de Schelling a la escolástica radica en su rechazo a la prioridad de la esencia
          sobre la existencia. Frente a la idea medieval de que la existencia es simplemente la
          realización de un programa divino preexistente, Schelling desarrollará una filosofía donde
          la existencia irrumpe como un hecho independiente, no derivado de ningún plan lógico
          previo. Esta concepción introduce una novedad radical: el ser como acontecimiento, que no
          responde a las posibilidades previas contenidas en la esencia, sino a una lógica de la
          sorpresa, anticipando así la concepción derridiana del por-venir como lo no
          programable.</p>
  </sec>
  <sec id="sec2.3">
    <title>2.3. La existencia en la escolástica, según Gilson</title>
    <p>Pero hay otra opción a la hora de valorar el hecho de que lo existente sea una actualización
          de lo que previamente existía en la mente de Dios. De hecho, la escolástica aristotélica,
          encarnada fundamentalmente en Tomás de Aquino, planteó una distinción tomada de la
          diferenciación aristotélica entre la <italic>próte</italic> y la <italic>déutera
            ousía</italic>, a saber, la diferencia entre lo real y lo pensado, que Aquino llama
            <italic>ens reale</italic> y <italic>ens rationis</italic>. Es relevante porque implica
          que lo pensado, los contenidos alojados en la mente, sean referidos a conceptos,
          relaciones o incluso a seres fantásticos, no son más que posibles pero no reales, o dicho
          de otro modo, son pero no existen, tienen una esencia pero no una existencia.</p>
    <p>Ahora bien, si hay cosas que son en potencia, entonces es posible que lleguen a ser en acto,
          o puede que no. Su actualización, esto es, su existencia efectiva es contingente, no
          necesaria, depende de una serie de factores.</p>
    <p>De aquí procede la clásica diferenciación tomista entre el ente creado, es decir, lo que
          existe, pero teniendo la existencia como algo recibido y, por lo tanto, contingentemente,
          que Aquino llama <italic>entia ab alio</italic> —entes que reciben la existencia de otro—,
          y el Ente supremo, esto es, Dios como Aquel que posee necesariamente la existencia y que
          puede donarla al resto de entes. Aquino lo llama <italic>ens a se</italic> o <italic>ens
            necessarium</italic>, esto es, el Ente por sí, causa de su Existencia, necesario, al que
          es inherente la existencia. También lo llama <italic>ipsum esse subsistens</italic>, el
          ser que subsiste por sí mismo.<xref ref-type="fn" rid="fn22">22</xref></p>
    <p>Dicho lo cual, para Aquino la existencia es aquello por lo cual el ente existe. La existencia
          es un principio constitutivo del ente, que actualiza la esencia, conformando de ella y con
          ella, el ente existente.<xref ref-type="fn" rid="fn23">23</xref></p>
    <p>Respecto a la fundamentación sobre lo que hay, Aquino sigue la visión naturalista procedente
          de Aristóteles, afirmando que son los sentidos humanos los que captan la existencia, y no
          la razón, que siempre arranca a partir de ellos. De ahí asimismo que considere que para
          demostrar la existencia de Dios hay que partir de evidencias empíricas para así poder ser
          existencialmente concluyente. Una demostración puramente racional de su existencia, como
          en Anselmo de Canterbury, no es posible.</p>
    <p>En todo caso, según el historiador medieval Etienne Gilson, la controversia entre defensores
          de la prioridad de la esencia y defensores de la existencia acabó cuando triunfaron
          históricamente las posturas esencialistas, y una de sus consecuencias, a su juicio, fue
          eclipsar el fundamento existencial de la metafísica tomista. Esto es interesante, pues
          coloca, bajo otras coordenadas, la insistencia de Schelling —Dios como existencia en la
          que nada es pensado— en un rastro reconocible. Su propuesta romperá con la tradición
          medieval, pero hay algunos rasgos reconocibles de sus inquietudes en la interpretación que
          Gilson hace de la metafísica tomista.</p>
    <p>En <italic>El ser y la esencia</italic> Gilson profundiza en la distinción entre esencia y
          existencia desde la perspectiva tomista, articulando una comprensión que privilegia la
          existencia. Gilson reflexiona sobre los desafíos metafísicos que han llevado a la
          confusión entre el ser, la existencia y la esencia a lo largo de la historia de la
          filosofía. Destaca cómo la tradición escolástica, particularmente en el pensamiento de
          Tomás de Aquino, enfatiza la primacía de la existencia sobre la esencia en los seres
          creados. Según Gilson, Aquino sostiene que la existencia no es un mero predicado o
          propiedad que se añade a la esencia de las cosas, sino una realidad que las constituye de
          manera fundamental. Este acto de existir (<italic>esse</italic>) es lo que permite que las
          esencias particulares se actualicen como entidades reales y distintas. Gilson argumenta
          que reconocer la prioridad de la existencia sobre la esencia es fundamental para entender
          adecuadamente la ontología tomista, ya que subraya la dependencia de todo ser creado
          respecto al acto puro de existir que es Dios.<xref ref-type="fn" rid="fn24">24</xref></p>
    <p>En la experiencia del pensamiento concreto, toda afirmación se refiere en última instancia a
          la existencia, y no a la esencia del objeto concebido. Esta idea se sustenta en el
          argumento de que la verdad de un juicio descansa siempre, finalmente, en la existencia o
          no existencia de los objetos o de las relaciones que estos afirman o niegan.</p>
    <p>Gilson subraya que la lógica, como ciencia y arte de las leyes formales del pensamiento, no
          atañe a la existencia porque no toca siquiera a las condiciones reales de la verdad o de
          la falsedad de las proposiciones. Esta distinción pone de manifiesto la limitación de la
          lógica para abordar la complejidad de la realidad, en la que la existencia juega un papel
          fundamental. A través de esta reflexión, el especialista francés se alinea con la visión
          tomista de que el juicio verdadero se refiere no a la esencia del objeto concebido sino a
          su existencia, en donde radica la verdad del juicio.<xref ref-type="fn" rid="fn25"
            >25</xref></p>
    <p>La profundización de Gilson en la distinción entre esencia y existencia se vincula
          estrechamente con su interpretación tomista, resaltando que la existencia trasciende a la
          esencia y que nuestro conocimiento intelectual es naturalmente capaz de captar ese
          elemento trascendente. Esta visión ofrece una perspectiva que va más allá de la simple
          categorización de las cosas para adentrarse en la comprensión de su ser más fundamental,
          subrayando la primacía de la existencia sobre la esencia como el fundamento último de la
          realidad.</p>
    <p>Gilson argumenta que admitir el conocimiento de la existencia es reconocer que nuestro
          conocimiento puede ir más allá del concepto, lo que implica que todo objeto real contiene
          más que su esencia y que nuestro conocimiento de todo objeto real, para ser adecuado, debe
          contener más que el objeto y su definición. Este enfoque crítico hacia una comprensión
          puramente conceptual o esencialista del ser revela la complejidad de la relación entre
          existencia y esencia, situando a la existencia como un acto que escapa al concepto y que,
          por tanto, su conocimiento nos sitúa directamente en contacto con la realidad más
          inmediata y concreta del ser.<xref ref-type="fn" rid="fn26">26</xref></p>
    <p>Schelling, por su parte, comparte la crítica a la argumentación ontológica clásica,<xref
            ref-type="fn" rid="fn27">27</xref> destacando la insuficiencia del razonamiento lógico
          para capturar la realidad plena de la existencia divina. Pero a lo que apunta el de
          Leonberg es a una comprensión más vivencial y existencial de Dios y la creación. Desde
          esta perspectiva, el desafío fundamental es trascender el ámbito conceptual para acceder a
          una realidad que se presenta como libre y no condicionada por las categorías del
          entendimiento humano.</p>
    <p>Schelling dilucida una profundidad en la existencia que engloba no solo la actualización de
          lo potencial sino también la libertad inherente en la existencia misma, especialmente al
          considerar la existencia de Dios y la creación como actos libres.<xref ref-type="fn"
            rid="fn28">28</xref></p>
    <p>De tal modo, como veremos, explora la naturaleza dinámica de la existencia a través del
          concepto de libertad, postulando que la realidad y, en última instancia, la existencia
          misma de Dios, emergen de un acto de libertad divina. Este enfoque presenta una ruptura
          significativa con la tradición medieval, donde la existencia de Dios y la creación son
          vistas más como necesidades ontológicas que como elecciones libres. Para Schelling, la
          existencia no es solo un principio constitutivo del ser, sino también un campo de
          posibilidades infinitas, abierto por y a través de la libertad.<xref ref-type="fn"
            rid="fn29">29</xref></p>
    <p>Así, contraponiendo ambas visiones, mientras que Aquino se enfoca en la demostración empírica
          y la observación de la existencia de Dios a partir de la evidencia sensible, Schelling se
          adentra en la metafísica de la libertad como fundamentos últimos de la existencia. Esta
          perspectiva resalta una evolución en el pensamiento filosófico desde una concepción más
          estática y necesaria de la existencia hacia una comprensión dinámica y libertaria de la
          creación y la realidad divina.</p>
    <p>Si Aquino establece un marco en el que la existencia se entiende como un don contingente
          dentro de una estructura de realidad predefinida y jerárquica, Schelling inaugura una
          visión de la existencia arraigada en la libertad y la auto-determinación, subrayando el
          poder creativo y la naturaleza intrínsecamente libre de la divinidad y, por extensión, de
          la existencia misma. Esta transición marca no solo un cambio en la comprensión de la
          existencia sino también en la percepción de lo divino, de un principio necesario y
          autosuficiente a una entidad cuya existencia y acto creativo son expresiones de libertad
          absoluta.</p>
    <p>Aunque Gilson reconoce en Tomás de Aquino una priorización de la existencia sobre la esencia,
          Schelling va un paso más allá al subrayar la contingencia radical de la existencia. Para
          Schelling, la existencia no es simplemente el acto de actualizar una esencia, sino un
          fenómeno irreductible que surge como un acontecimiento impredecible. De este modo, la
          ontología schellinguiana desborda cualquier intento de conceptualización cerrada, abriendo
          un espacio para lo que Derrida llamará más tarde lo im-posible: aquello que no puede ser
          anticipado dentro de los marcos ontológicos tradicionales.</p>
  </sec>
</sec>
<sec id="sec3">
  <title>3. La recepción de Schelling</title>
  <p>Como vemos, dos vías para hacerse cargo de lo que hay, y que
  efectivamente se tornan relevantes, entre otros momentos, en las
  tentativas de demostración de la existencia de Dios.</p>
  <p>La vía esencialista, como ya dijimos, llega a su apogeo con Hegel, quien asume que existe una
        ley de identidad dialéctica entre lo que se piensa y lo que es, podríamos decir, entre la
        esencia y la existencia. Y el desarrollo de esa dialéctica es de corte lógico y conceptual,
        haciéndose cargo este de toda realidad. La esencia asumiendo toda la existencia, pues esta
        no es sino un desarrollo de aquella, que da lugar a un programa preestablecido de antemano,
        donde no sucede más que lo que puede y está previsto que suceda.</p>
  <p>Para Schelling, sin embargo, “el pensamiento fundamental de Hegel es que la razón se refiere al
        en sí, a la esencia de las cosas; de donde inmediatamente se sigue que la filosofía, en
        cuanto es ‘Ciencia de la Razón’, se ocupa solamente del qué de las cosas, de su
          esencia”.<xref ref-type="fn" rid="fn30">30</xref></p>
  <p>Este tipo de filosofía es la que Schelling llama <italic>filosofía negativa</italic>, puramente
        conceptual, lógica, esencialista, cuando para Schelling entre lo pensado y lo real media un
        abismo del que en ningún caso se puede hacer cargo el pensamiento conceptual.<xref
          ref-type="fn" rid="fn31">31</xref></p>
  <p>La relación entre el ser y lo pensado es vista por Schelling como una relación de unidad, no de
        identidad lógica o dialéctica.<xref ref-type="fn" rid="fn32">32</xref> De ahí que el de
        Leonberg asuma que la suya es una filosofía positiva, que intentará tratar positivamente el
        Absoluto, no negando propiedades para avanzar, sino asumiendo su propia dislocación interna
        como algo vivo que deja parte de sí atrás en su proceso de desarrollo. No actúa
        necesariamente desarrollando los posibles, sino que su despliegue tiene lugar porque,
        libremente, en determinado momento se desdobla, desencadenando con él un despliegue que
        tiene lugar a través de una especie de teogonía.</p>
  <p>La principal motivación que lleva a Schelling a trabajar una filosofía negativa en sus últimos
        años es precisamente el intento de mostrar desde dentro de la propia filosofía negativa o
        “puramente racional” que los meros contenidos o determinaciones son insuficientes porque
        sólo pueden existir si hay algo, individual y actual, que les da existencia.</p>
  <p>Schelling encuentra en Aristóteles los argumentos para este punto de vista y muestra su
        profundo desacuerdo con las interpretaciones de Aristóteles que ignoran el énfasis en lo
        individual y real, de las que parece culpar a la influencia de Hegel:</p>
  <disp-quote>
    <p>Si algo todavía pudiera sorprendernos en estos tiempos, sería escuchar a Platón e incluso a
          Aristóteles nombrados del lado de aquellos que anteponen el pensamiento al ser. […]
          Aristóteles, a quien el mundo debe la intuición de que sólo existe lo individual, que lo
          universal […] es sólo atributo (<italic>katêgorêma monon</italic>), no algo que es para sí
          mismo […]. Aristóteles, cuya única expresión: <italic>hou hê ousia energeia</italic> debe
          despejar todas las dudas, ya que <italic>ousia</italic> ocupa aquí el lugar que
          normalmente Aristóteles da al <italic>ti estin</italic>, la esencia, el qué, y el sentido
          es que en Dios no hay un qué precedente, no hay esencia, ese actus toma el lugar de la
          esencia, que la actualidad [<italic>Wirklichkeit</italic>] precede al concepto, precede al
            pensamiento.<xref ref-type="fn" rid="fn33">33</xref></p>
  </disp-quote>
  <p>Dios es Acto puro, como desde otras coordenadas también hubiesen afirmado Aristóteles y Tomás
        de Aquino. Más exactamente, lo puramente existente, lo necesariamente existente es
          Dios.<xref ref-type="fn" rid="fn34">34</xref> Pese a ello, la visión de Schelling de la
        Escolástica es de una época esencialista, acorde con la interpretación histórica que
        denuncia Gilson.<xref ref-type="fn" rid="fn35">35</xref></p>
  <p>Para Schelling la demostración de la existencia de Dios, al modo de Canterbury, es imposible.
        Pues Dios no es simplemente un concepto que pueda ser demostrado a partir de premisas
        lógicas, sino la totalidad del “hay-algo” (lo existente), que es evidente por sí mismo y no
        requiere demostración externa.<xref ref-type="fn" rid="fn36">36</xref></p>
  <p>Schelling plantea que no se trata de probar la existencia de Dios en los términos
        tradicionales, sino de reconocer que lo existente en su totalidad es Dios. Esta aproximación
        no busca demostrar la existencia de Dios desde fuera del “hay-algo”, sino nombrar la
        totalidad absoluta de lo que existe como Dios. En este sentido, la existencia de Dios no es
        algo que se demuestre, sino que se nombra o se reconoce como la realidad absoluta y
        necesaria que es evidente por sí misma. La noción de Dios, según Schelling, es una
        “nominación” que se hace a la totalidad absoluta de lo existente, al Existente-necesario, al
        puro y simple existente, al <italic>Prius</italic> que llamamos Dios.<xref ref-type="fn"
          rid="fn37">37</xref> De esta forma, y en línea con lo que piensan muchos cristianos, la
        creación divina no es un acto que proviene de una serie de posibilidades lógicas, sino un
        acto verdaderamente libre, un acontecimiento, acto irreductible, novedad absoluta.</p>
  <p>En todo caso, el Dios de Schelling no va a ser un fundamento
  estable del ser, sino aquello que no se va a poder desplegar sin un
  fondo oscuro.</p>
</sec>
<sec id="sec4">
  <title>4. Schelling como precursor de las filosofías de la diferencia</title>
  <p>Pese a poder considerar, con Gilson, que en la escolástica hay un apunte hacia la prioridad de
        la existencia, es innegable que tal época juega sobre seguro al sentir toda realidad
        efectiva garantizada por un Dios omnipotente, omnisciente y dueño de los universales.</p>
  <p>En Schelling, en cambio, se abre una grieta que afectará a su propia concepción divina. Pues
        para Schelling, lo que hay, lo existente es una manifestación divina. Pero si Dios es lo que
        hay eso no quiere decir que no haya algo que siempre queda atrás, que no puede ser también
        sino Dios, otra parte de sí, de la cual se aleja, dejándola en parte como inconsciente, o
        dando lugar a otro modelo de divinidad. Schelling lo llama también “puro
          <italic>quod</italic>” (<italic>reines Daß</italic>) sin un “<italic>quid</italic>”
          (<italic>Was</italic>), así como <italic>Prius</italic>, y por definición es impensable,
        más exactamente, im-pre-pensable.<xref ref-type="fn" rid="fn38">38</xref> No puede pensarse
        porque en el caso de hacerlo el <italic>Prius</italic> ya no sería tal y dejaría lugar a
        otra cosa. Mas tampoco es el Ser como tal, pues este ya implica una determinación, que el
          <italic>Prius</italic> no puede tener. Ahora bien, entonces si el <italic>Prius</italic>
        no puede ser pensado, solamente puede ser captado mediante la revelación o algún tipo de
        intuición, a partir de la manifestación o desocultamiento de lo que hay. Y esto no puede ser
        demostrado, solamente intuido de manera directa, inmediata y radical.<xref ref-type="fn"
          rid="fn39">39</xref></p>
  <p>Tenemos entonces que el hecho de intuir la unidad nos permite acceder a lo incondicionado, al
        Absoluto, de una manera no conceptual, al margen de la conciencia. Pero esto captado no es
        transparente ni una totalidad igual a sí misma, donde todo es quietud. Schelling, por el
        contrario, verá en lo Incondicionado un fondo oscuro, lleno de hendiduras, donde incluso el
        mal puede tener cabida.<xref ref-type="fn" rid="fn40">40</xref> En todo caso, el caos, el
        desorden, aquello al otro lado de la regla y del concepto es lo que asoma en el origen que
        se está intentando pensar:</p>
  <disp-quote>
    <p>Lo carente de regla subyace siempre en el fundamento como si pudiese volver a brotar de
          nuevo, y en ningún lugar parece que el orden y la forma sean lo originario […]. He ahí la
          inasible base de la realidad de las cosas, el resto que nunca se puede reducir, aquello
          qué ni con el mayor esfuerzo se deja disolver en el entendimiento, sino que permanece
          eternamente en el fundamento.<xref ref-type="fn" rid="fn41">41</xref></p>
  </disp-quote>
  <p>En este punto consideramos que el fondo oscuro que va a ser tematizado por Schelling como
        dislocado y desajustado confiere la posibilidad de verlo como antecedente de las filosofías
        de la diferencia, en las que ella, la diferencia, resiste todo intento de apropiación
        conceptual y de desarrollo lógico-metafísico desde una posición identitaria. En todo caso,
        Schelling comienza evitando distinguir esencia y existencia para hacerlo entre
          <italic>existencia</italic> y <italic>fundamento</italic>.</p>
  <p>Si entendemos la posibilidad como la potencia que queda detrás del
  acto que llega a la realidad efectiva el fundamento es aquello a
  partir del cual surge la posibilidad de lo real y que siempre se
  retira en el paso a la efectividad, en una dimensión que no llega a la
  presencia y que siempre queda escondida, un fundamento que no llega a
  la presencia pero que de algún modo asedia desde su posición no-fija
  de fundamento desfondado o
  infundamentado.<xref ref-type="fn" rid="fn42">42</xref></p>
  <p>Dice Schelling: “la filosofía de la naturaleza de nuestro tiempo
  estableció por vez primera en la ciencia la distinción entre el ser en
  tanto que existe y el ser en tanto mero fundamento de la
  existencia”.<xref ref-type="fn" rid="fn43">43</xref></p>
  <p>No obstante, también puede defenderse que el “ser como fundamento de la existencia” y el “ser
        en tanto que existe” no tienen uno respecto al otro ninguna prioridad: pues el Fondo para
        ser tal tiene que serlo de algo, ese algo viene del Fondo. De ese modo ambos términos se
        presuponen recíprocamente. Pueden distinguirse pero no pueden ser independientes. En otras
        palabras, Dios lleva en sí el fundamento de su existencia, pero, al mismo tiempo es el
          <italic>Prius</italic> del fundamento.<xref ref-type="fn" rid="fn44">44</xref></p>
  <p>Afirma Schelling:</p>
  <disp-quote>
    <p>Reconocemos […] que el concepto de devenir es el único apropiado a la naturaleza de las
          cosas. Pero éstas no pueden devenir en Dios considerado de modo absoluto, puesto que son
          distintas de Él <italic>toto genere</italic> o, para decirlo más correctamente, son
          distintas de Él infinitamente. Para estar escindidas de Dios tienen que devenir en un
          fundamento distinto de Él. Pero como no puede existir nada fuera de Dios, esta
          contradicción sólo puede resolverse diciendo que las cosas tienen su fundamento en aquello
          que, en Dios mismo, no es Él mismo, esto es, en aquello que es el fundamento de la
          existencia de Dios.<xref ref-type="fn" rid="fn45">45</xref></p>
  </disp-quote>
  <p>La existencia para Schelling es lo divino, pero Dios es asimismo un devenir que busca ser
        consciente de sí mismo, intentando dejar atrás “el fundamento de su existencia”, algo que no
        consigue al mantenerse siempre unido a él como su fondo. Este fondo oscuro, si bien no es
        propiamente Dios, sí es aquello a partir de lo cual comienza a ser. Para explicar esta
        relación, Schelling utiliza una analogía con la gravedad y con la luz. La fuerza
        gravitatoria plantea siempre una contracción en la que lo existente se retrae. La luz, en
        cambio, se expande. Con todo, una no es sin la otra.<xref ref-type="fn" rid="fn46">46</xref>
        El fundamento es lo que, en su contracción, permite que se manifieste lo existente, es su
        fondo, aquello de lo que la existencia quiere salir, el inconsciente que busca dejar atrás.
        En otro lugar, Schelling dirá que es el querer, una voluntad, el comienzo de todo, por ello
        no puede ser sino un acto libre.<xref ref-type="fn" rid="fn47">47</xref> Esa voluntad se
        desdobla en un movimiento de expansión hacia afuera y otro hacia dentro, de contracción.
        Esta oscilación viva, como de sístole y diástole, impide que se construya un sistema
        racional, del que la razón pueda dar cuenta en un desarrollo lógico. Pues siempre hay un
        fondo que se escapa, inagotable, inasimilable pero que al mismo tiempo es lo que permite que
        haya un proceso de despliegue que nunca termina, porque no puede ser cerrado en un sistema
        conceptual de referencia. Ese fondo es precisamente lo carente de regla,<xref ref-type="fn"
          rid="fn48">48</xref> aquello sin medida, imposible de categorizar. Schelling también lo
        llama <italic>resto irreductible</italic> que no “se deja disolver por el
          entendimiento”.<xref ref-type="fn" rid="fn49">49</xref> Este resto, diferencia
        inasimilable, no es el desecho de un sistema conceptual sino algo que impide que este
        exista, una relación indisoluble entre la Existencia y el Fundamento. Ahora bien, como el
        fondo nunca llega a la superficie, verdaderamente no es. Por ello Schelling, en <italic>Las
          Edades del Mundo</italic>, lo llamará lo “no-ente”.<xref ref-type="fn" rid="fn50"
          >50</xref></p>
  <p>En este punto, y posiblemente ante el riesgo de ser acusado de defender un sistema dualista,
        Schelling asegura que “tiene que haber un ser anterior a todo fundamento y a todo existente,
        esto es, anterior absolutamente a toda dualidad. ¿Cómo podremos llamarlo sino fundamento
        originario (<italic>Urgrund</italic>), o mejor aún, <italic>in-fundamento</italic>
          (<italic>Ungrund</italic>)?”<xref ref-type="fn" rid="fn51">51</xref></p>
  <p>En todo aparecer hay algo que queda atrás gracias al cual lo que es puede surgir. Y si el
        fundamento y la existencia dependen uno del otro, entonces ambos pueden funcionar a partir
        de una oscuridad de la que no se puede dar razón (<italic>Grund</italic>). Y por lo tanto es
        más bien un fundamento irracional o inconsciente (<italic>Un-Grund</italic>), y a su vez el
        fondo primigenio (<italic>Ur-Grund</italic>), el origen no tematizable que siempre queda más
        allá,</p>
  <disp-quote>
    <p>absoluta <italic>indiferencia</italic> de ambos principios, […] separado de toda oposición,
          contra lo que se quiebran todos los opuestos, un ser que no es más que el no-ser de estos,
          y que por lo tanto tampoco tiene otro predicado más que precisamente el de la ausencia de
          predicados, aunque sin ser por ello una nada o un absurdo.<xref ref-type="fn" rid="fn52"
            >52</xref></p>
  </disp-quote>
  <p>Schelling, como vemos, emplea ambos términos como sinónimos, indicando que lo impensable, el
        desfondamiento inconcebible (<italic>Ungrund</italic>) es asimismo el fundamento originario
        que todo contiene (<italic>Urgrund</italic>). En todo caso, algo que no puede pensarse, de
        lo que nada se puede decir.</p>
  <p>Hay por tanto algo que siempre permanece oculto, desde el mismo principio, en el fondo,
        configurando él mismo el fondo, invisible e impresentable, en todo caso latiendo como
        (im)posiblidad que asedia toda presencia y realidad efectiva. Un más-allá-delmundo que puede
        ser tanto supra-mundo como infra-mundo.</p>
</sec>
<sec id="sec5">
  <title>5. Schelling y Derrida, lo imposible y el acontecimiento</title>
  <p>Manteníamos anteriormente, con Schelling, que lo actual es aquello cuya posibilidad sólo se
        revela por su actualidad, pues no era posible antes de ser actual. Se puede decir, entonces,
        que lo actual es lo noposible, lo im-posible.</p>
  <p>Para las filosofías de la esencia lo fundamental es cierta disposición de un “yo puedo”, un
        sujeto que se desarrolla a lo largo de un programa lógico en el que va dando sentido a lo
        que hay, que no es sino un despliegue de la propia subjetividad.</p>
  <p>Para la filosofía positiva de Schelling, en cambio, puede defenderse que antes que desarrollo
        lógico de un sujeto, hay una disposición previa, un “sí” a lo que hay, que puede ser
        entendido como manifestación de lo otro. Esta visión es compartida por, al menos, algunas de
        las llamadas filosofías de la diferencia. Pues, según lo dicho, es lo otro lo que tiene la
        palabra con respecto a nuestra propia constitución. Ese otro puede tomar la figura de fondo
        o fundamento irracional o inconsciente, resto irreductible o, directamente, diferencia. En
        este posicionamiento se desarrolla, entre otros, el pensamiento de Jacques Derrida.</p>
  <p>Desde la perspectiva del argelino, lo que nos interpela es siempre “lo otro”, marcando así
        nuestra apertura hacia lo que está por venir, que se diferencia con mucha precisión de lo
        que llamamos simplemente futuro. El futuro, en la concepción clásica, se basa en la noción
        del ser como presencia y no es más que el despliegue de un programa preestablecido, un
        cálculo. En contraposición, lo por-venir representa un “futuro que no está predeterminado ni
        previsto de modo constativo; se anuncia, promete y convoca de manera performativa”.<xref
          ref-type="fn" rid="fn53">53</xref></p>
  <p>Lo por-venir, a diferencia del futuro, no mantiene lazos de continuidad con el presente, sino
        que emerge desde otra concepción espacio-temporal y desestabiliza la categoría del presente.
        Derrida sostiene que lo por-venir, al ser lo desconocido, inevitablemente sorprende,
        distanciándose de cualquier concepción utópica basada en un horizonte de espera.</p>
  <p>El pensador argelino trabaja a partir del motivo de la <italic>différance</italic>,<xref
          ref-type="fn" rid="fn54">54</xref> clave en su obra, que va a permitir que se libere el
        espacio para que llegue el acontecimiento, que en Derrida es pensado desde fuera de la
        presencia, como una apertura continua para la llegada de lo im-posible, figura que
        caracteriza el acontecimiento. Así, la deconstrucción siempre ha considerado que la lógica
        tradicional y la razón clásica habían realizado el desarrollo de un programa, previsto de
        antemano, y que había dado lugar al desarrollo de la metafísica, basándose en la concepción
        de ser como presencia y la <italic>possibilitas</italic>, es decir, el desarrollo de la
        posibilidad a partir del axioma de la presencia y el presente.</p>
  <p>La <italic>différance</italic> derridiana no se deja apresar por esta concepción y da lugar a
        una dislocación que impide cualquier reconstrucción pura al igual que impide un horizonte de
        espera fijo en el que se desarrollará tarde o temprano lo que ya ha sido previsto. Tanto el
        tiempo como el espacio, como las antinomias, como la misma posibilidad se han visto ya
        puestas en el umbral inestable de la <italic>différance</italic>. Por tanto, no va a
          <italic>suceder</italic> nada que parta del desarrollo del germen de la posibilidad. La
          <italic>différance</italic>, en cambio, es espaciamiento y temporización,<xref
          ref-type="fn" rid="fn55">55</xref> algo muy dinámico e inestable, a partir de la cual se
        disloca la presencia y, con ello, cualquier horizonte preconcebido. Enfatiza Derrida que “no
        hay <italic>différance</italic> sin alteridad, no hay alteridad sin singularidad, no hay
        singularidad sin aquí-ahora”.<xref ref-type="fn" rid="fn56">56</xref></p>
  <p>El por-venir, entonces, no se reduce a la situación presente ni a una presencia plena, sino que
        constituye un intervalo desajustado entre la llegada y nuestra capacidad física y corporal
        de comprender o asimilar, siempre de manera parcial e inadecuada. Derrida describe esto como
        lo que solo puede surgir en un diastema (hiato, fracaso, inadecuación, disyunción,
        desajuste, estar <italic>out of joint</italic>), destacando así la singularidad y la
        inanticipabilidad del por-venir y del acontecimiento.<xref ref-type="fn" rid="fn57"
          >57</xref></p>
  <p>Para Derrida, el por-venir se vincula intrínsecamente con el acontecimiento como aquello
        inanticipable y no predecible, algo ante lo cual solo podemos adoptar una actitud de
        sobrecogimiento. El acontecimiento irrumpe, dislocando tiempo y espacio, y desafiando
        cualquier horizonte de inscripción. Se trata de la alteridad absoluta, lo radicalmente otro,
        que posee una dignidad incalculable, más allá de cualquier cálculo económico o ámbito del
        sentido.</p>
  <p>Esto se asemeja parcialmente a la visión de Schelling, quien considera lo existente como una
        irrupción de lo nuevo que rompe con la continuidad temporal, destacando así la
        imprevisibilidad y la novedad absoluta que no se origina desde la estructura del presente
        existente. Schelling, en su filosofía positiva, argumenta que la realidad y la historia
        deben entenderse desde la libertad y la acción, más que desde un desarrollo lineal y
        predecible.</p>
  <p>En este contexto, el acontecimiento, según Derrida, “consiste en hacer lo imposible”, aludiendo
        a la capacidad de lo por-venir para sorprender y transformar nuestra realidad.<xref
          ref-type="fn" rid="fn58">58</xref> Este enfoque resuena con la visión de Schelling, para
        quien el acontecimiento no solo desafía las expectativas y la continuidad temporal sino que
        también inaugura nuevas posibilidades de ser y comprender el mundo.</p>
  <p>Asimismo, para Derrida la oposición posible-imposible sólo se capta en la constancia de que es
        esto imposible lo que constituye la posibilidad. Es decir, en una concepción en la que la
        apertura a lo otro es lo que nos caracteriza, el inde im-posible va a ser un prefijo de
        introducción, en un planteamiento donde las fronteras son porosas y discontinuas.</p>
  <p>En el caso de Schelling, desde la potencialidad uno no puede hacerse cargo de la actualidad
        imprevista, que siempre es irreductible al concepto y a aquello esperado o prefigurado por
        cualquier concepción esencialista.</p>
  <p>Al abrirnos a lo por-venir y al acontecimiento, según Derrida, adoptamos una postura de
        acogida, una (in)condición de hospitalidad hacia lo que llega sin identificación previa ni
        captura bajo ninguna lógica de presencia. Esta apertura se relaciona con la idea del
        espectro, que señala lo otro, lo inesperado, que no se deja categorizar ni conceptualizar,
        un saber vivir con los restos, un vérnoslas a cada paso con el asedio de los espectros.</p>
  <p>Por ello en Derrida el acontecimiento sólo es posible si procede de lo imposible, de lo que
        escapa del programa, de lo que llega desde la apertura.<xref ref-type="fn" rid="fn59"
          >59</xref> Pues el acontecimiento siempre inflige una herida al tiempo corriente de la
        historia. Cuando lo imposible se hace posible, el acontecimiento tiene lugar (posibilidad de
        lo imposible). Ésta es precisamente la forma paradójica del acontecimiento.<xref
          ref-type="fn" rid="fn60">60</xref> Lo imposible es la única oportunidad para alguna
        novedad.</p>
  <p>Así, lo por-venir se une al acontecimiento en una afirmación de lo otro, manteniendo una
        relación sustentada en una respuesta, en un sí rotundo. Esta afirmación será la que abra el
        espacio y el tiempo, la que permita la llegada de lo por-venir. Y el propio acontecimiento
        será una modalidad de este sí.</p>
  <p>De esta manera, lo porvenir llegado con el acontecimiento será disyunto, desajustado, dislocado
        y desproporcionado, como el espacio y el tiempo que con él lleguen. Como todo lo que surge
        de pensar diferencialmente la diferencia, como resulta de todo lo que se efectúa desde la
          <italic>différance</italic>.</p>
  <p>Para Schelling, lo carente de regla, la disyunción absoluta e imposible es lo que impulsa todo
        lo que hay, que no se reduce en ningún caso a las posibilidades previas en las que se podría
        enmarcar. Al contrario, el sí que da Schelling es a lo que hay, a lo existente, al reconocer
        en él de una manera no conceptual a lo divino. Es un sí rotundo a lo que existe, en cuanto
        es aquello que trae consigo sus propias condiciones de inteligibilidad. Del mismo modo,
        Derrida insiste en que es preferible que cualquier cosa acontezca, por ello insiste en la
        apertura a un sí que acoge todo lo que llega. Si en Derrida el motor detrás de toda
        aproximación conceptual es la <italic>différance</italic>, que excede y disloca toda
        configuración previa, en Schelling es la insistencia de un fondo oscuro que escapa a la
        racionalidad lo que se convierte en aquello que permite que las cosas acontezcan.</p>
  <p>Al considerar la postura de Derrida en el marco del pensamiento de Schelling, podemos apreciar
        cómo ambos filósofos subrayan la importancia de la apertura a lo radicalmente nuevo, lo
        imprevisto y lo inanticipable del acontecimiento, situándolo en el corazón de nuestra
        relación con el tiempo, el espacio, y la alteridad.</p>
  <p>Se asume por tanto que la realidad desborda toda teoría, y que, por tanto, dicho en lenguaje
        schellinguiano, el <italic>Daß</italic> es prioritario.</p>
  <p>La posición de Schelling muestra cómo el ser se presenta como un
  exceso irreparable en relación con el pensamiento, que siempre va
  detrás: “no por el hecho de darse un pensamiento se da un ser, sino
  que porque hay un ser, se da un
  pensamiento”.<xref ref-type="fn" rid="fn61">61</xref></p>
  <p>Del mismo modo, el hecho de que las cosas existan y actúen no es resultado de ninguna
        característica esencial suya sino de entender lo que sucede de otro modo. Tal vez las cosas
        que existen no son sino acontecimientos, en el sentido de que todo ocurre una sola vez y en
        un solo lugar, en una heterogeneidad que da lugar a una existencia siempre contingente y
        provisional, pero, al mismo tiempo, única. Todo es singular, novedad absoluta cada vez,
        irrepetible.</p>
</sec>
<sec id="sec6">
  <title>6. Conclusiones</title>
  <p>A lo largo de este artículo, hemos examinado la transformación en la ontología de Schelling
        desde la filosofía de la esencia hacia una filosofía de la existencia basada en el
        acontecimiento y la contingencia. A partir de la distinción fundamental entre el
          <italic>Was</italic> y el <italic>Daß</italic>, y su reformulación en el contexto de la
        escolástica, Schelling logra superar la lógica esencialista que dominó gran parte del
        pensamiento occidental. Este giro ontológico, lejos de ser un desarrollo lineal, implica una
        ruptura radical con la concepción tradicional de la existencia como mera actualización de
        una posibilidad previa.</p>
  <p>En este sentido, hemos mostrado cómo la obra de Schelling pone de manifiesto la insuficiencia
        del pensamiento esencialista y su incapacidad para explicar la novedad radical. La
        existencia no es, para Schelling, la realización de un plan lógico o de una necesidad
        dialéctica, sino un acontecimiento irreductible que se resiste a cualquier determinación
        previa. Este reconocimiento de lo contingente anticipa y dialoga con el pensamiento
        contemporáneo de la diferencia y lo im-posible, tal como se observa en Derrida.</p>
  <p>La conclusión principal que se desprende de este análisis es que Schelling no solo anticipa el
        concepto contemporáneo de acontecimiento, sino que también ofrece una alternativa robusta al
        paradigma de la razón sistemática y totalizadora que culmina en Hegel. En su lugar,
        Schelling inaugura un pensamiento abierto, en constante devenir, que se aleja de los
        sistemas cerrados para abrazar la contingencia y la libertad. Su noción de un “fondo oscuro”
          (<italic>Ungrund</italic>) y su rechazo a la lógica de la necesidad lo convierten en una
        figura clave para comprender no solo la filosofía contemporánea, sino también los desafíos
        teóricos actuales relacionados con la incertidumbre y lo inesperado.</p>
  <p>Finalmente, la pertinencia de Schelling para el presente radica en su capacidad para pensar la
        realidad como proceso y acontecimiento, lo que permite abrir nuevas líneas de investigación
        en torno a la diferencia, la alteridad y lo inanticipable. Tal como lo hemos mostrado,
        Schelling no es solo un precursor histórico, sino una fuente viva de inspiración para las
        filosofías contemporáneas que se enfrentan al reto de pensar lo nuevo y lo im-posible.</p>
</sec>
</body>
<back>
<fn-group>
  <fn id="fn1">
    <label>1</label><p>Cf., muy especialmente, Marcela García, “Schelling como antecedente de las filosofías del
          acontecimiento,” en <italic>La larga sombra de lo religioso. Secularización y
            resignificaciones</italic>, ed. Lourdes Flamarique y Claudia Carbonell (Madrid:
          Biblioteca Nueva, 2017), 103-118; asimismo, Fernando Pérez-Borbujo, “La herencia de
          Schelling en Heidegger,” en <italic>Schelling-Heidegger. Inicio, abismo y
            libertad</italic>, ed. Fernando Pérez-Borbujo, Jacobo Zavalo Puig y Carlos Girón Lozano
          (Barcelona: Herder, 2022), 33.</p>
  </fn>
  <fn id="fn2">
    <label>2</label><p>Se ha argumentado que la insistencia del Schelling tardío en la elaboración de una filosofía
          positiva está presente, al menos en cuanto fundamentación, desde la escritura de
            <italic>Las edades del mundo</italic> (1811-1815), aunque podría defenderse que lo que
          la permite se remonta ya a las <italic>Investigaciones filosóficas sobre la esencia de la
            libertad humana y los objetos con ella relacionados</italic> (Barcelona: Anthropos,
          1989), a partir de la distinción que allí se realiza entre <italic>existencia</italic> y
            <italic>fundamento</italic>. En todo caso, la mayor parte de las referencias explícitas
          a la separación entre filosofía negativa y positiva aparecen a partir de unas lecciones de
          1827/28 (<italic>System der Weltalter</italic>). Por ello se considera que la filosofía
          positiva de Schelling se refiere al ciclo de conferencias sobre mitología y revelación que
          lo ocupó desde 1831 hasta su muerte en 1854. Nosotros nos centraremos en algunas obras
          especialmente representativas: <italic>Filosofía de la revelación. I.
            Introducción</italic> (Pamplona: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra,
          1998), <italic>Sui principi sommi / Filosofia della rivelazione 1841/42</italic> (Milano:
          Bompiani, 2016), “Otra deducción de los principios de filosofía positiva,”
            <italic>Thémata</italic> 58 (julio 2018): 189-204, y “Schelling’s Late Political
          Philosophy: Lectures 22-24 of the <italic>Presentation of the Purely Rational
            Philosophy</italic>,” <italic>Kabiri</italic> 2 (2020): 93-135. Cf., al respecto de la
          genealogía de Schelling en este sentido, Edward Allen Beach, <italic>The potencies of
            God(s)</italic> (New York: SUNY, 1994), 147-162; Fernando Pérez-Borbujo Álvarez,
            <italic>Schelling, el sistema de la libertad</italic> (Barcelona: Herder, 2004),
          especialmente 333-336; Juan Cruz Cruz, “Estudio preliminar,” en Schelling,
            <italic>Filosofía de la revelación. I. Introducción</italic>, 7-30; Francesco Tomatis,
          “Introduzione. L’ultimo Schelling: filosofía negativa e filosofía positiva,” en Schelling,
            <italic>Sui principi sommi / Filosofia della rivelazione 1841/42</italic>, 29-80;
          Ignacio Falgueras Salinas, “Estudio introductorio,” en Friedrich Wilhelm Joseph Schelling,
            <italic>Lecciones muniquesas para la historia de la filosofía moderna</italic> (Málaga,
          Edinford, 1993), 61-75; otros artículos que profundizan fecundamente en el tema son
          Roberto Augusto, “La evolución intelectual del último Schelling: filosofía negativa y
          filosofía positiva,” <italic>Anuario filosófico</italic> XLII/3 (2009): 577-600; Wagner
          Félix, “Filosofia negativa, filosofía positiva: a crítica de Schelling ao idealismo,”
            <italic>Philia</italic> 2, núm. 1 (junio 2020): 590-613; y el siempre estimulante Félix
          Duque, “Schelling: filosofía de la revelación como dialéctica de la historia,”
            <italic>Contrastes</italic> Suplemento 19 (2014): 27-59.</p>
  </fn>
  <fn id="fn3">
    <label>3</label><p>Sobre la influencia de Aristóteles en el Schelling tardío, cf., muy especialmente, los excelentes
          artículos de Marcela García, “<italic>Energeia</italic> vs. <italic>Entelecheia</italic>:
          Schelling vs. Hegel on Metaphysics Lambda,” <italic>Tópicos</italic> 51 (2016), y “How to
          Think Actuality? Schelling, Aristotle and the Problem of the Pure <italic>Daß</italic>,”
            <italic>Kabiri</italic> 1 (2018): 37-46; asimismo, Alessandro Medri, “The role of
          Aristotle in Schelling’s positive philosophy,” <italic>The review</italic></p>
    <p><italic>of Metaphysics</italic> 67 (junio 2014): 791-810, y Rüdiger Bubner, “Aristotle and
          Schelling on the question of God,” en <italic>The innovations of idealism</italic> (New
          York: Cambridge University Press, 2014), 47-59.</p>
  </fn>
  <fn id="fn4">
    <label>4</label><p>Cf. Alfonso García Marqués, “Tò tí ên eînai, tò
    tí esti, tò ón: su sentido y traducción,” <italic>Convivium</italic>
    29/30 (2016-2017): 49-77.</p>
  </fn>
  <fn id="fn5">
    <label>5</label><p>Aristóteles, <italic>Aristotle’s
    Metaphysics</italic> (Oxford: Clarendon, 1958), 127; cit. en García
    Marqués, “Tò tí ên eînai, tò tí esti, tò ón: su sentido y
    traducción,” 54.</p>
  </fn>
  <fn id="fn6">
    <label>6</label><p>García Marqués, “Tò tí ên eînai, tò tí esti, tò
    ón: su sentido y traducción,” 59.</p>
  </fn>
  <fn id="fn7">
    <label>7</label><p>Friedrich Wilhelm Joseph Schelling, <italic>Darstellung der reinrationalen Philosophie</italic>,
          en <italic>Sämmtliche Werke XIV</italic>, ed. K. F. A. Schelling (Stuttgart: Cotta,
          1856-1861), XI, 406 y ss; cit. en Marcela García, “<italic>Energeia</italic> vs.
            <italic>Entelecheia</italic>: Schelling vs. Hegel on Metaphysics Lambda,” 122.</p>
  </fn>
  <fn id="fn8">
    <label>8</label><p>García, “<italic>Energeia</italic> vs. <italic>Entelecheia</italic>: Schelling vs. Hegel on
          Metaphysics Lambda,” 123.</p>
  </fn>
  <fn id="fn9">
    <label>9</label><p>Idem.</p>
  </fn>
  <fn id="fn10">
    <label>10</label><p>Schelling, <italic>Filosofía de la revelación.
    I. Introducción</italic>, 170-171; <italic>Filosofia della
    rivelazione 1841/42,</italic> 893-904.</p>
  </fn>
  <fn id="fn11">
    <label>11</label><p>Teresa Oñate, siguiendo a W. Marx, traduce <italic>tò tí ên eînai</italic> por “[para el
          compuesto] su propio ser en cuanto tal”. Teresa Oñate, <italic>Para leer la Metafísica de
            Aristóteles en el s. XXI</italic> (Madrid: Dykinson, 2001), 151.</p>
  </fn>
  <fn id="fn12">
    <label>12</label><p>Cf, por ejemplo, Schelling, <italic>Filosofía de la revelación. I. Introducción,</italic> 120;
            <italic>Filosofia della rivelazione 1841/42,</italic> 845 y ss.</p>
  </fn>
  <fn id="fn13">
    <label>13</label><p>Aristóteles, <italic>Física</italic> (Madrid:
    Gredos, 1995), 178.</p>
  </fn>
  <fn id="fn14">
    <label>14</label><p>Aristóteles, <italic>Física,</italic>
    134n16.</p>
  </fn>
  <fn id="fn15">
    <label>15</label><p>Aristóteles, <italic>Física,</italic> 134n16. Marcela García, siguiendo a Anagnostopoulos,
          propone que <italic>entelécheia</italic> se traduzca por <italic>actividad</italic> cuando
          el concepto se contrasta con <italic>kínesis</italic>, reservando
            <italic>actualización</italic> para cuando se contrasta con <italic>dýnamis</italic>.
          García, “<italic>Energeia</italic> vs. <italic>Entelecheia</italic>: Schelling vs. Hegel
          on Metaphysics Lambda,” 118. Teresa Oñate, por su parte, traduce la primera por
            <italic>actualización</italic> y la segunda por <italic>acción</italic>. Oñate,
            <italic>Para leer la Metafísica de Aristóteles en el s. XXI,</italic> 643.</p>
  </fn>
  <fn id="fn16">
    <label>16</label><p>Aristóteles, <italic>Física,</italic> 182 n13
    (201b32).</p>
  </fn>
  <fn id="fn17">
    <label>17</label><p>Sylvaine Gourdain defiende, por el contrario, que el inicio no puede radicar en una potencia pura
          que no se actualiza, sino, en todo caso, en un acto puro que se potencializa. Cf. Sylvaine
          Gourdain, <italic>Sortir du transcendental. Heidegger et sa lecture de Schelling</italic>
          (Bruselas: Ousia, 2018), 35-65. Al respecto, cf. Pérez-Borbujo, “La herencia de Schelling
          en Heidegger”, 38.</p>
  </fn>
  <fn id="fn18">
    <label>18</label><p>Cf. Martin Heidegger, <italic>Kant y el problema de la metafísica</italic> (México DF: FCE,
          2014), 179; <italic>La metafísica del idealismo alemán (Schelling)</italic> (Barcelona,
          Herder: 2022), 29.</p>
  </fn>
  <fn id="fn19">
    <label>19</label><p>Cf. Daniel John O’Connor‚ “Avicenna,” en <italic>Companion Encyclopedia of Asian
            Philosophy</italic>, ed. Brian Carr (London – New York: Routledge, 1997), 808-809;
          asimismo, Étienne Gilson, <italic>El ser y la esencia</italic> (Buenos Aires: Desclée De
          Brouwer, 1965), 111-120.</p>
  </fn>
  <fn id="fn20">
    <label>20</label><p>Duns Escoto le dará prioridad a lo que llama <italic>esse objectivum</italic> —la cosa en tanto
          que conocida o representada—, mientras que Francisco Suárez distinguirá entre concepto
          formal y objetivo de ente. Este último, semejante al <italic>esse objectivum</italic>,
          está a su vez relacionado con lo que llama <italic>esencia real</italic>. Esto influye
          decisivamente en la distinción cartesiana entre “realidad formal” y “realidad objetiva”
          referidas a las ideas, que Descartes emplea en la demostración de la existencia de Dios.
          Cf., respecto a Escoto, André de Muralt, <italic>La apuesta de la filosofía medieval.
            Estudios tomistas, escotistas, ockhamistas y gregorianos</italic> (Barcelona: Marcial
          Pons, 2008), 127-163; respecto a la recepción de la filosofía moderna, ibid, 109-111;
          respecto a Suárez, cf. Gilson, <italic>El ser y la esencia,</italic> 132-144; finalmente,
          respecto a la herencia suareciana de Descartes, Gilson, <italic>El ser y la
            esencia,</italic> 145-149.</p>
  </fn>
  <fn id="fn21">
    <label>21</label><p>Schelling, <italic>Filosofía de la revelación. I. Introducción,</italic> 142, 167168.</p>
  </fn>
  <fn id="fn22">
    <label>22</label><p>Cf., por ejemplo, Tomás de Aquino, <italic>Suma de Teología</italic> (Madrid: BAC, 2001), 124 (I,
          c. 4, a.2).</p>
  </fn>
  <fn id="fn23">
    <label>23</label><p>Cf. Raúl Echauri, “Esencia y existencia en Aristóteles,” <italic>Anuario filosófico</italic> 8,
          núm. 1 (1975): 120-121.</p>
  </fn>
  <fn id="fn24">
    <label>24</label><p>Cf. Gilson, <italic>El ser y la
    esencia,</italic> 70-73.</p>
  </fn>
  <fn id="fn25">
    <label>25</label><p>Gilson, <italic>El ser y la esencia,</italic>
    157-158.</p>
  </fn>
  <fn id="fn26">
    <label>26</label><p>Gilson, <italic>El ser y la esencia,</italic>
    261.</p>
  </fn>
  <fn id="fn27">
    <label>27</label><p>Schelling, <italic>Filosofía de la revelación. I. Introducción,</italic> 142, 167168; asimismo,
            <italic>Filosofia della rivelazione 1841/42,</italic> 873-882.</p>
  </fn>
  <fn id="fn28">
    <label>28</label><p>Schelling, <italic>Filosofía de la revelación. I. Introducción,</italic> 146; asimismo,
            <italic>Filosofia della rivelazione 1841/42,</italic> 749-756.</p>
  </fn>
  <fn id="fn29">
    <label>29</label><p>Cf. Pérez-Borbujo, <italic>Schelling, el sistema
    de la libertad</italic>, 53-61.</p>
  </fn>
  <fn id="fn30">
    <label>30</label><p>Schelling, <italic>Filosofía de la revelación.
    I. Introducción,</italic> 85.</p>
  </fn>
  <fn id="fn31">
    <label>31</label><p>Schelling, <italic>Filosofía de la revelación.
    I. Introducción,</italic> 172-174; asimismo, <italic>Filosofia della
    rivelazione 1841/42,</italic> 883-892.</p>
  </fn>
  <fn id="fn32">
    <label>32</label><p>Cf. Francesco Tomatis, <italic>L’argomento ontologico: l’esistenza di Dio da Anselmo a
            Schelling</italic> (Roma: Città nuova, 1997), 119; asimismo, Óscar del Barco,
            <italic>Exceso y donación. La búsqueda del dios sin dios</italic> (Buenos Aires: Letra
          viva / Biblioteca internacional Martin Heidegger, 2003), 196.</p>
  </fn>
  <fn id="fn33">
    <label>33</label><p>Schelling, <italic>Darstellung der
    reinrationalen Philosophie</italic>, XI, 588; cit. en García,
    “<italic>Energeia</italic> vs.
    <italic><underline>Entelecheia</underline></italic>: Schelling vs.
    Hegel on Metaphysics Lambda,”<italic>,</italic> 117.</p>
  </fn>
  <fn id="fn34">
    <label>34</label><p>Schelling, <italic>Filosofía de la revelación.
    I. Introducción,</italic> 176-177; asimismo, <italic>Filosofia della
    rivelazione 1841/42,</italic> 921-930; cf., al respecto, también,
    del Barco, <italic>Exceso y donación,</italic> 197.</p>
  </fn>
  <fn id="fn35">
    <label>35</label><p>Schelling, <italic>Filosofía de la revelación.
    I. Introducción,</italic> 88-90.</p>
  </fn>
  <fn id="fn36">
    <label>36</label><p>Schelling, <italic>Filosofía de la revelación.
    I. Introducción,</italic> 142, 169.</p>
  </fn>
  <fn id="fn37">
    <label>37</label><p>del Barco, <italic>Exceso y donación,</italic>
    247.</p>
  </fn>
  <fn id="fn38">
    <label>38</label><p>Schelling, “Otra deducción de los principios de filosofía positiva”, 189 y ss.</p>
  </fn>
  <fn id="fn39">
    <label>39</label><p>Schelling, <italic>Filosofía de la revelación.
    I. Introducción,</italic> 142.</p>
  </fn>
  <fn id="fn40">
    <label>40</label><p>Esta es la tesis de Ana Carrasco Conde, cuya inspiración seguimos aquí. Cf., “<italic>Aberratio a
            centro</italic>. El mal en F. W. J. Schelling (1809-1810)” (Tesis doctoral, Universidad
          Autónoma de Madrid, 2009); <italic>La limpidez del mal</italic> (Madrid: Plaza y Valdés,
          2013). Cf. Pérez Borbujo, <italic>Schelling, el sistema de la libertad</italic>,
          43-46.</p>
  </fn>
  <fn id="fn41">
    <label>41</label><p>Schelling, <italic>Investigaciones acerca de la
    libertad humana y los objetos con ella relacionados,</italic>
    168-69.</p>
  </fn>
  <fn id="fn42">
    <label>42</label><p>Artículos que profundizan en este punto, confrontando y acercando a Schelling con Deleuze, son
          Kyla Bruff, “Friedrich Wilhelm Joseph Schelling,” en <italic>Deleuze’s philosophical
            lineage</italic>, ed. Graham Jones y Jon Roffe (Edinburgh: Edinburgh University Press,
          2019), 29-49; Gonzalo Santaya, “La potencia como medio de diferenciación en la inmanencia.
          Deleuze, lector de Schelling, lectores de Spinoza,” <italic>Areté</italic> XXXIII núm. 1
          (2021): 119-146; Amanda Núñez García, “La grieta del sistema: Hölderlin entre Schelling y
          Deleuze,” <italic>Logos. Anales del Seminario de Metafísica</italic> 45 (2012): 145-161; y
          Christopher Groves, “Ecstasy of Reason, Crisis of Reason: Schelling and Absolute
          Difference,” <italic>Pli</italic> 8 (1999): 25-45. Por su parte, centrado en el fundamento
          infundamentado, relacionándolo con Heidegger, además del ya citado Pérez-Borbujo, Zavalo
          Puig y Girón Lozano, <italic>Schelling-Heidegger. Inicio, abismo y libertad</italic>, cf.
          Emilio Carlo Corriero, <italic>The Absolute and the Event. Schelling after
            Heidegger</italic> (London: Bloomsbury, 2020).</p>
  </fn>
  <fn id="fn43">
    <label>43</label><p>Schelling, <italic>Investigaciones acerca de la
    libertad humana y los objetos con ella relacionados,</italic>
    161-163.</p>
  </fn>
  <fn id="fn44">
    <label>44</label><p>Carrasco Conde, “<italic>Aberratio a centro</italic>. El mal en F. W. J. Schelling (1809-1810)”,
          50.</p>
  </fn>
  <fn id="fn45">
    <label>45</label><p>Schelling, <italic>Investigaciones acerca de la
    libertad humana y los objetos con ella relacionados,</italic>
    165-167.</p>
  </fn>
  <fn id="fn46">
    <label>46</label><p>Schelling, <italic>Investigaciones acerca de la
    libertad humana y los objetos con ella relacionados</italic>, 163.
    Cf. Ana Carrasco Conde, “Schelling, Zizek, Baudrillard: la lógica
    del fantasma,” <italic>Anales del Seminario de Historia de la
    Filosofía</italic> 30, núm. 2 (2013): 517-519.</p>
  </fn>
  <fn id="fn47">
    <label>47</label><p>Schelling, <italic>Investigaciones acerca de la
    libertad humana y los objetos con ella relacionados,</italic>
    167.</p>
  </fn>
  <fn id="fn48">
    <label>48</label><p>Idem.</p>
  </fn>
  <fn id="fn49">
    <label>49</label><p>Schelling, <italic>Investigaciones acerca de la
    libertad humana y los objetos con ella relacionados</italic>,
    169.</p>
  </fn>
  <fn id="fn50">
    <label>50</label><p>Cf, por ejemplo, Friedrich Wilhelm Joseph
    Schelling, <italic>Las edades del mundo</italic> (Madrid: Akal,
    2002), 182-183.</p>
  </fn>
  <fn id="fn51">
    <label>51</label><p>Schelling, <italic>Investigaciones acerca de la
    libertad humana y los objetos con ella relacionados,</italic>
    279.</p>
  </fn>
  <fn id="fn52">
    <label>52</label><p>Schelling, <italic>Investigaciones acerca de la
    libertad humana y los objetos con ella relacionados</italic>,
    281.</p>
  </fn>
  <fn id="fn53">
    <label>53</label><p>Jacques Derrida, <italic>Espectros de
    Marx</italic> (Madrid: Trotta, 1995), 119.</p>
  </fn>
  <fn id="fn54">
    <label>54</label><p>Jacques Derrida, “La
    <italic>différance</italic>”, en <italic>Márgenes de la
    filosofía</italic> (Madrid: Cátedra, 1994), 37-62.</p>
  </fn>
  <fn id="fn55">
    <label>55</label><p>Cf. Jacques Derrida, <italic>De la
    Grammatologie</italic> (Paris: Minuit, 1967), 95.</p>
  </fn>
  <fn id="fn56">
    <label>56</label><p>Derrida, <italic>Espectros de Marx</italic>,
    45.</p>
  </fn>
  <fn id="fn57">
    <label>57</label><p>Derrida, <italic>Espectros de Marx</italic>,
    79.</p>
  </fn>
  <fn id="fn58">
    <label>58</label><p>Jacques Derrida, “Une certaine possibilité
    impossible de dire l`événement,” en <italic>Dire l’événement est-ce
    que posible?</italic>, ed. Gad Soussana, Alexis Nouss y Jacques
    Derrida (Paris: L’Harmattan, 2001), 94.</p>
  </fn>
  <fn id="fn59">
    <label>59</label><p>Jacques Derrida, <italic>Papel Máquina</italic>
    (Madrid: Trotta, 2003), 251.</p>
  </fn>
  <fn id="fn60">
    <label>60</label><p>Derrida, <italic>Papel Máquina</italic>,
    270.</p>
  </fn>
  <fn id="fn61">
    <label>61</label><p>Schelling, <italic>Filosofía de la revelación.
    I. Introducción,</italic> 172.</p>
  </fn>
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