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      <journal-id journal-id-type="publisher-id">ASHF</journal-id>
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        <journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Anales del Seminario de Historia de la Filosofía</journal-title>
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      <issn publication-format="electronic">1988-2564</issn>
      <issn-l>0211-2337</issn-l>
      <publisher>
        <publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
        <publisher-loc>España</publisher-loc>
      </publisher>
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      <article-id pub-id-type="doi">10.5209/ashf.91244</article-id>
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        <subj-group subj-group-type="heading">
          <subject>ESTUDIOS</subject>
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        <article-title>Entre la fugacidad y la eternidad del presente. El problema del tiempo desde la filosofía de Joaquín Xirau</article-title>
        <trans-title-group xml:lang="en">
          <trans-title>Between the transience and the eternity of the present. The question of time from Joaquín Xirau`s philosophy</trans-title>
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        <contrib contrib-type="author" corresp="yes">
          <contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0003-4942-6427</contrib-id>
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            <surname>Pérez Baquero</surname>
            <given-names>Rafael</given-names>
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          <xref ref-type="corresp" rid="cor1"/>
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        <aff id="aff-a"><institution content-type="original">Universidad de Murcia</institution>
          <country country="ES">España</country>
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      <author-notes>
        <corresp id="cor1">Rafael Pérez Baquero<email>Rafaelperbaq@gmail.com</email></corresp>
      </author-notes>
      <pub-date pub-type="epub" publication-format="electronic" iso-8601-date="2025-06-06">
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        <month>06</month>
        <year>2025</year>
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      <volume>42</volume>
      <issue>2</issue>
      <fpage>437</fpage>
      <lpage>444</lpage>
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        <copyright-statement>Copyright © 2025, Universidad Complutense de
          Madrid</copyright-statement>
        <copyright-year>2025</copyright-year>
        <copyright-holder>Universidad Complutense de Madrid</copyright-holder>
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          <license-p>Esta obra está bajo una licencia <ext-link ext-link-type="uri"
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      <abstract>
        <p>El propósito fundamental del presente artículo es el de ofrecer una reconstrucción de las tesis en
          torno a la constitución del tiempo que se derivan de la filosofía del intelectual catalán Joaquín Xirau. El hilo
          conductor de la interpretación de sus ideas será el de ofrecer luz respecto a cómo, desde su metafísica basada
          en el ordo amoris, se abordarían las aporías del tiempo, tal y como fueron diagnosticadas por Paul Ricoeur.
          Con el fin de contextualizar la propuesta de Joaquín Xirau bajo ese marco conceptual, profundizaremos en
          las claves de su crítica a la ontología positivista por situar las bases de una neutralización de la experiencia
          de la temporalidad. Desde ahí será posible reflejar en qué medida la vinculación del instante presente a la
          eternidad que deriva del acto creador de Dios apunta a la resolución de las aporías del tiempo.</p>
      </abstract>
      <trans-abstract xml:lang="en">
        <p>This paper aims at offering a reconstruction of the theses on time derived from the philosophy of
          the Catalan intellectual Joaquín Xirau. The common thread of such interpretation revolves around sheding
          ligh into how to address the aporias of time, as diagnosed by Paul Ricoeur, by means of Joaquin Xirau`s
          metaphysic based on the ordo amoris. With a view of framing Joaquin Xirau`s insights into this conceptual
          framework it will be delved further into his critique of positivist ontology for neutralizing the experience of
          temporality. By so doing, it will be possible to delve further into the extent to which the linking of the present
          to the eternity which derived from God`s creative act, according to Joaquin Xirau`s metaphysics, points to the
          resolution of the aporias of time.</p>
      </trans-abstract>
      <kwd-group>
        <kwd>Tiempo</kwd>
        <kwd>presente</kwd>
        <kwd>Joaquín Xirau</kwd>
        <kwd>ordo amoris</kwd>
        <kwd>eternidad</kwd>
      </kwd-group>
      <kwd-group xml:lang="en">
        <kwd>Time</kwd>
        <kwd>Present</kwd>
        <kwd>Joaquín Xirau</kwd>
        <kwd>Ordo Amoris</kwd>
        <kwd>Eternity</kwd>
      </kwd-group>
    </article-meta>
  </front>
<body>
<sec id="sec1">
  <title>1. Introducción. Entre el tiempo del mundo y el tiempo del alma</title>
  <p>El principal propósito del presente artículo es el de llevar a cabo una recuperación e
        interpretación de la conceptualización en torno al problema del tiempo que se destila de la
        compleja obra filosófica del pensador catalán Joaquín Xirau. Si bien es cierto que de la
        filosofía de Joaquín Xirau se ha destacado fundamentalmente su ontología a partir del amor y
        su antropología, de aquellas se deriva una particular concepción sobre el tiempo que merece
        la pena explorar. Pese a que su fallecimiento — ocurrido en 1946, el mismo año en que se
        publicaba su texto “Volumen del tiempo”<xref ref-type="fn" rid="fn1">1</xref> —
        imposibilitaría un desarrollo más amplio de su lectura en torno a esta cuestión<xref
          ref-type="fn" rid="fn2">2</xref>, aspiramos a recuperar las tesis tanto de aquel ensayo
        como de algunas de sus obras más reconocidas — como <italic>Amor y mundo</italic><xref
          ref-type="fn" rid="fn3">3</xref> o <italic>Lo fugaz y lo eterno</italic><xref
          ref-type="fn" rid="fn4">4</xref> — para ofrecer una reconstrucción sistemática de la
        misma. Dicha interpretación operaría a través de una integración de sus perspectivas en el
        interior de las tensiones diagnosticadas por las lecturas contemporáneas en torno al
        problema filosófico del tiempo. Tomaremos, para ello, como hilo conductor de nuestra
        aproximación tanto la clasificación de las formas a través de las cuales diferentes
        corrientes filosóficas han aspirado a desentrañar la raíz de este problema, como las aporías
        en las que aquellas parecen haber encallado. Precisamente por ello es necesario situar como
        punto de partida las reflexiones que elabora el fenomenólogo francés Paul Ricoeur en su
        clásico <italic>Tiempo y narración</italic>, obra destinada a “refigurar la experiencia
        temporal víctima de las aporías de la especulación filosófica”<xref ref-type="fn" rid="fn5"
          >5</xref>. Aquellas nacen de la tensión existente entre la familiaridad y la opacidad
        conceptual a través de la cual se nos presenta la propia experiencia del tiempo. Tal y como
        expresa la famosa máxima agustiniana “¿Qué es, pues el tiempo? ¿Quién podrá explicar esto
        fácil y brevemente? ¿Quién podrá comprenderlo con el pensamiento para luego hablar de él? Y
        sin embargo, ¿qué cosa más familiar y conocida mentamos en nuestras conversaciones que el
          tiempo?”<xref ref-type="fn" rid="fn6">6</xref>. Esta dificultad es la que motiva y
        habilita la discusión que Ricoeur localiza a lo largo de la historia de la filosofía entre
        dos tradiciones de pensamiento que han tendido a priorizar una particular dimensión del
        tiempo para, a través de ella, ofrecer una definición unívoca del mismo. Aquellas son, la
        noción de “tiempo objetivo o cosmológico” y el “tiempo subjetivo o fenomenológico”. Se trata
        de dos modelos que, desde la perspectiva de Ricoeur, “se ocultan y se implican entre
          sí”<xref ref-type="fn" rid="fn7">7</xref>. El primero de ellos tendría su máxima
        representación en el libro IV de la <italic>Física</italic><xref ref-type="fn" rid="fn8"
          >8</xref> de Aristóteles, en el que se sostiene la dependencia del tiempo respecto al
        cambio y el movimiento de las cosas físicas, así como su autonomía respecto a los patrones
        subjetivos a través de los cuales se mide. El segundo sería ejemplificado por el libro XI de
        las <italic>Confesiones</italic> de San Agustín que aspira a reducir la consistencia y la
        extensión del tiempo a la distensión del espíritu. Desde esta perspectiva, el sustrato
        último de la temporalidad radicaría en la memoria del pasado, la atención al presente y las
        expectativas del futuro, todas ellas dependientes de operaciones subjetivas. Como sostiene
        Agustín de Hipona: “¿Quién hay, en efecto, que niegue que los futuros aún no son? Y, sin
        embargo, existe en el alma la expectación de los futuros. ¿Y quién hay que niegue que los
        pretéritos ya no existen? Y, sin embargo, todavía existe en el alma la memoria de los
          pretéritos”<xref ref-type="fn" rid="fn9">9</xref>. Estas reflexiones del Obispo de Hipona
        nos trasladan a uno de los problemas fundamentes vinculados a la experiencia del tiempo: el
        relativo a su consistencia ontológica. Al fin y al cabo, tanto el pretérito como el futuro
        se caracterizan por ser en el modo de no-ser, en tanto que ya han sido o todavía no son. La
        temporalidad, en este sentido, tiende a girar en torno al “ahora”, al que puede atribuírsele
        efectividad. No obstante, la hora presente, “compuesta de partículas fugitivas”<xref
          ref-type="fn" rid="fn10">10</xref>, también se define por su carácter efímero, al
        transitar inmediatamente de un estrato temporal a otro, del no-ser del pasado al del futuro.
        El instante presente, en palabras de Reinhart Koselleck, “puede indicar aquel punto de
        intersección en el que el futuro se convierte en pasado”<xref ref-type="fn" rid="fn11"
          >11</xref>. Es precisamente esta condición la que habilita, desde la lectura de Ricoeur,
        la recuperación de la reflexión filosófica elaborada por Martin Heidegger. Su obra
          <italic>Ser y tiempo</italic> ofrece una interpretación de la temporalidad en la que la
        crítica dirigida a tomar como referencia el presente en la lectura sobre el tiempo se
        traduce en el énfasis en torno a la prioridad del futuro en el interior de la articulación
        del mismo.</p>
  <p>Toda esta lectura, brevemente expuesta, nos ofrece diferentes teselas de una rica y heterogénea
        reflexión filosófica sobre el tiempo que se ve codificada por las aporías y opacidades que
        son inherentes a este concepto y que remiten a su peculiar y huidiza condición ontológica.
        En este sentido, a lo largo del presente artículo, evidenciaremos en qué medida el
        pensamiento filosófico de Joaquín Xirau ofrece una perspectiva original en torno a estos
        problemas que, además, puede contextualizarse en relación a las tradiciones y desafíos
        teóricos anteriormente desarrollados. Al fin y al cabo, el problema filosófico relativo a la
        consistencia y definición del tiempo constituye, desde la perspectiva del pensador catalán,
        una inquietud inherente al ser humano. Es esta una reflexión que conecta, a su vez, con las
        premisas de su metafísica y su antropología. Tal y como lo manifiesta en las primeras líneas
        de “Volumen del tiempo”:</p>
  <disp-quote>
    <p>Desde que el hombre es hombre el paso del tiempo ha sido para él una obsesión y una
          preocupación. Lo mejor de su lírica y sus más altos momentos de poesía encuentran su
          fragancia en ello; es esto lo que da sustancia a la banalidad de los lugares comunes de la
          vida religiosa del hombre y del ansia que lo condujo a la contemplación mística se
          alimentaron de esta obsesión; el pensamiento filosófico nació y se sostuvo, en gran
          medida, en virtud del conflicto entre las aspiraciones y la naturaleza transitoria de su
          condición terrena… toda la filosofía ha tenido siempre en el centro de sus enseñanzas el
          problema del tiempo y su relación con el ser<xref ref-type="fn" rid="fn12">12</xref>.</p>
  </disp-quote>
  <p>Este texto no explicita únicamente la centralidad de la consideración en torno al tiempo en el
        interior de la filosofía de Xirau, también evidencia la tensión desde la que oscilará su
        lectura en torno a las aporías que rodean a este concepto: el conflicto entre la condición
        transitoria del hombre en el mundo y su voluntad de trascenderla a través de un anhelo
        religioso de eternidad. Es precisamente esta dialéctica entre tiempo caduco y eternidad la
        que fijará las coordinadas de su aproximación a este problema filosófico. Será, tal y como
        desarrollaremos, la basculación entre la fugacidad y la permanencia del presente la que
        servirá de hilo conductor para trazar las bases de la propuesta que proporciona Joaquín
        Xirau en torno a este problema. Con el fin de profundizar en la misma, la estructura de este
        texto se organiza de la siguiente manera. Para situar las bases de su filosofía — desde la
        que se fundamentarán sus ulteriores reflexiones sobre la temporalidad — explicitaremos las
        premisas de su metafísica en torno al amor, así como las formas en que aquellas se han visto
        erosionadas por la cosmovisión mecanicista y positivista del mundo. Entroncando con el
        problema filosófico que nos atañe, evidenciaremos de qué manera, desde la perspectiva de
        Xirau, esta concepción mecanicista de la realidad conduce a una disolución de la propia
        experiencia de la temporalidad. Como alternativa a la misma, reconstruiremos de qué forma la
        particular metafísica del amor de Xirau proyecta una recuperación del sustrato último del
        tiempo que aspira a salvar el presente de su inevitable caducidad. Todo ello nos permitirá
        trazar las líneas maestras de las aportaciones que se derivan del pensamiento de Joaquín
        Xirau respecto al problema filosófico del tiempo.</p>
</sec>
<sec id="sec2">
  <title>2. Hacia una metafísica basada en el ordo amoris</title>
  <p>En primera instancia, la metafísica basada en el denominado <italic>ordo amoris</italic> que
        desarrolla Joaquín Xirau se corresponde con una “filosofía de los valores de tradición
          platónico-aristotélica”<xref ref-type="fn" rid="fn13">13</xref> y constituye, en palabras
        de Armando Savignano, una “versión del raciovitalismo abierto a instancias personalistas y
          religiosas”<xref ref-type="fn" rid="fn14">14</xref>. Tal y como sostiene Joaquín Xirau:
        “Dios crea el mundo de la sobreabundancia de su ser”<xref ref-type="fn" rid="fn15"
        >15</xref>. Ello da lugar a una cosmovisión del universo que tiene su máxima expresión en la
        filosofía cristiana, según la cual “el amor es razón de la realidad y forma parte de su
        constitución ontológica”<xref ref-type="fn" rid="fn16">16</xref>. Así, el amor y el acto
        creador resultan paralelos, de tal forma que a través del acto amoroso el ser humano
        contribuye al propio proceso de creación. Ello nos permite bosquejar la clave de una visión
        del mundo atravesada por el potencial ontológico del amor, de carácter marcadamente
        humanista al depender del acto amoroso del hombre. Como plantea William Klubak: “esta
        condición inacabada añade una dimensión dinámica a la actividad humana; hace al hombre un
          co-creador”<xref ref-type="fn" rid="fn17">17</xref>. Ello dota de una relevancia
        fundamental al actividad del ser humano y a su anhelo de trascendencia que Joaquín Xirau
        situará en el corazón de su antropología. Como sostiene en “Culminación de una crisis”, “la
        conciencia humana, en su limitación, lleva implícita la presencia plenaria de la
          eternidad”<xref ref-type="fn" rid="fn18">18</xref>. Dicha aspiración a lo permanente y a
        lo imperecedero que deriva del hecho de formar parte y contribuir a un <italic>ordo
          amoris</italic> eterno constituye uno de los enclaves conceptuales desde los que proyectar
        sus tesis en relación al problema que nos atañe. Al fin y al cabo, desde la perspectiva de
        Joaquín Xirau, el cristianismo no sólo introdujo la infinitud en el mundo, sino también el
        concepto de tiempo. “Dios creó el mundo en el tiempo y en el tiempo se encarnó para
          salvarnos”<xref ref-type="fn" rid="fn19">19</xref>. Así, en tanto creado por Dios, desde
        un tiempo infinito, toda subjetividad aspira a realizarse plenamente, lo que exige, a su
        vez, “a penetrar en el tiempo”<xref ref-type="fn" rid="fn20">20</xref>.</p>
  <p>La constitución del mundo bajo el <italic>ordo amoris</italic> que Joaquín Xirau describe en su
        obra implica la plasticidad y el carácter dinámico de la realidad. Aquella se convierte en
        el campo a través del cual el hombre aspira a satisfacer su anhelo de trascendencia y
        eternidad. De acuerdo con esta lectura, el mundo que se opone al hombre no radica en una
        opacidad ya dada. Al contrario, como sostiene Joaquín Xirau en <italic>Lo fugaz y lo
          eterno</italic>, “la realidad profunda es siempre subjetiva”<xref ref-type="fn" rid="fn21"
          >21</xref> porque se configura en función de la aspiración de la creatura a participar en
        la perfección divina. Tal y como recoge Pérez Mora “la realidad se convierte en un sistema
        de referencias en el que la conciencia constituye la coordenada principal y central”<xref
          ref-type="fn" rid="fn22">22</xref>. La estructura del mundo se configura, por lo tanto,
        como un escenario flexible a través del cual el hombre proyecta su deseo de trascendencia a
        través del tiempo. Así lo recoge el propio Xirau en <italic>Amor y mundo</italic>: “el
        universo que nos es dado en la experiencia presente no es una realidad inmóvil sino una
        existencia plástica que transcurre en el tiempo y se ordena y estructura en perspectivas y
        dimensiones múltiples”<xref ref-type="fn" rid="fn23">23</xref>. Ello se traduce, a su vez,
        en el desdibujamiento de la frontera entre el Ser y el Valor, al tener este último una
        apoyatura en la estructura misma de la realidad. Dada la particular fenomenología amorosa de
        la conciencia<xref ref-type="fn" rid="fn24">24</xref> y ontología de raigambre religiosa que
        propone Joaquín Xirau, las cosas del mundo no solamente son, sino que también valen, son en
        sí mismas objeto de una estimación subjetiva que se funda en la estructura misma de la
        realidad y que se configura en una “jerarquía objetiva [que] es fruto de la actividad
          amorosa”<xref ref-type="fn" rid="fn25">25</xref>. Consecuentemente, la relación entre el
        Ser y el Valor resulta tan íntima que llega a tornarse en indiscernible. Los objetos de la
        realidad valen lo que son y son aquello que valen. Su propia consistencia ontológica
        transpira su estimación por parte del ser humano al que la filosofía cristiana que Joaquín
        Xirau recoge sitúa en el centro de la creación. Así, de la misma forma en que el mundo
        constituye un organismo plástico articulado como el campo de la proyección trascendental del
        hombre, la realidad misma no es ajena al valor con el que el hombre dota a aquello que lo
        circunda. Como sostiene nuevamente Joaquín Xirau en <italic>Lo fugaz y lo eterno</italic>:
        “la medida del valor se halla en la plenitud del ser”<xref ref-type="fn" rid="fn26"
          >26</xref>.</p>
  <p>Toda esta lectura filosófica en torno a la estructura misma de la realidad y al papel del ser
        humano en la historia adquiere sentido en relación al diagnóstico de la crisis cultural,
        axiológica, vital, social, intelectual y política que Joaquín Xirau localiza en la primera
        mitad del siglo XX europeo. Desde su punto de vista, aquella se traducirá en fenómenos tan
        variados y heterogéneos como el ascenso del irracionalismo, los conflictos bélicos que
        asolaron el continente, etc. Esta crisis será interpretada por el filósofo catalán como el
        producto último de la fractura de aquel vínculo férreo entre Ser y Valor que ha derivado de
        la cosmovisión positivista del mundo, de la que el relativismo, el subjetivismo o el
        nihilismo contemporáneo no son sino consecuencias o manifestaciones.</p>
  <p>Tal y como manifiesta Joaquín Xirau en “Culminación de una crisis”, “la crisis social y
        política que atraviesa el mundo tiene su trasfondo metafísico apenas advertido”<xref
          ref-type="fn" rid="fn27">27</xref>. Desde la propia lectura de las cosmovisiones
        filosóficas que traza Joaquín Xirau en <italic>Amor y mundo</italic>, el tránsito entre la
        ontología del amor que capta la filosofía cristiana y la representación de la realidad
        propia de la modernidad constituye la base de esta crisis. Al fin y al cabo, la razón
        físico-matemática propia del pensamiento moderno deriva en una concepción geométrica del
        mundo que no deja espacio alguno ni para el valor ni para la acción creadora del amor. En la
        filosofía racionalista, el mundo ya no es el producto de la actividad amorosa de Dios. Al
        contrario, se reduce a un conjunto de entidades mensurables, cualitativamente semejantes
        entre sí. Todo ello no es sino el resultado de la imposición de una ontología que vuelve la
        realidad transparente a una forma de racionalidad mecánica. Tal y como defiende Joaquín
        Xirau en “La plenitud orgánica”, “la concepción mecánica del universo es una interpretación
        del mundo y de la vida”<xref ref-type="fn" rid="fn28">28</xref> que no constituye sino una
        “exigencia de la razón”<xref ref-type="fn" rid="fn29">29</xref>. La validez universal del
        principio de no contradicción y el principio de equivalencia que se funda en las ecuaciones
        con las que la racionalidad geométrica aspira a desentrañar el misterio mismo de la realidad
        reducen toda la heterogeneidad y plasticidad del universo creado a la condición de “entidad”
        mensurable y matematizable. El reduccionismo que deriva de esta “ontología a priori de la
        realidad material”<xref ref-type="fn" rid="fn30">30</xref> desactiva muchos de los
        presupuestos subyacentes a lectura del universo a través del <italic>ordo amoris</italic>.
        En primera instancia, el acto amoroso que da origen a la creación y que permea la estructura
        del mundo resulta opaco a dicha cosmovisión y es neutralizado desde aquella. Como plantea en
          <italic>Amor y mundo</italic> “el amor ha de ser explicado mediante los métodos de la
        ciencia natural”<xref ref-type="fn" rid="fn31">31</xref>. El universo deja de ser obra de la
        voluntad divina para convertirse en objeto de cálculo en el que “el amor se disuelve en
        explicaciones mecanicistas o fisiológicas”<xref ref-type="fn" rid="fn32">32</xref>. Ello
        elimina, también, cualquier escala o jerarquía de valores cuyo trasfondo no puede seguir
        permeando a la estructura de la realidad, sino más bien a las preferencias irracionales del
        sujeto. La realidad se torna, por lo tanto, en “indiferente a todo valor, humano o
          divino”<xref ref-type="fn" rid="fn33">33</xref>. Consecuentemente, la imposición de esta
        racionalidad científica que adquiere su máxima radicalidad en el positivismo, opera una
        reducción y disolución al ámbito de lo meramente fisiológico y subjetividad. De ahí que,
        desde la perspectiva de Joaquín Xirau, el positivismo constituya la base del vitalismo y el
        pragmatismo que “sólo son válidos en función de la utilidad”<xref ref-type="fn" rid="fn34"
          >34</xref>. De la misma manera, esta concepción positivista de la realidad también conduce
        a neutralizar la vocación trascendental del ser humano. Como mantiene en “Tres actitudes:
        poderío, magia e intelecto”, “los agentes personales se reducen a simples “cosas” y el mundo
        entero tiende a convertirse en una cosa”<xref ref-type="fn" rid="fn35">35</xref>. Esta
        cosificación de lo humano bloquea, necesariamente, su trascendencia en la historia y su
        propio anhelo de participación en la perfección divina. Si el <italic>ordo amoris</italic>
        que la filosofía cristiana de Joaquín Xirau detecta en el universo lo describe como “el
        escenario de una aventura trascendental”<xref ref-type="fn" rid="fn36">36</xref>, la
        cuantificación del mundo que deriva de la ontología positivista no deja espacio para la
        misma.</p>
  <p>De la misma manera, la concepción cientificista del universo no sólo disuelve bajo un marco
        cuantitativista la aspiración trascendental del hombre, sino también la propia consistencia
        ontológica del tiempo en el que aquella debía desplegarse. Entroncando con las aporías y
        tensiones conceptuales anteriormente desarrollas, en el próximo apartado elaboraremos las
        claves de esta disolución de la temporalidad diagnosticada por Joaquín Xirau.</p>
</sec>
<sec id="sec3">
  <title>3. La disolución del tiempo</title>
  <p>Declinar las consecuencias del marco ontológico positivista anteriormente esbozado en relación
        al problema del tiempo no resulta extraño a la perspectiva de Joaquín Xirau. Desde su punto
        de vista, el esclarecimiento de las cuestiones relativas al ser y a la estructura ontológica
        del mundo refiere directamente al problema del tiempo, de la misma manera en que las
        disquisiciones en torno a la temporalidad dependen íntegramente de los presupuestos
        ontológicos desde los que las interpretan. Prueba de ello es que, a través de la cosmovisión
        cosificadora positivista que resulta incompatible con el <italic>ordo amoris,</italic> —
        como plantea en los primeros compases de “Volumen del tiempo” — “no sólo se destruye al ser,
        sino que de igual manera el tiempo y la existencia son aniquilados”<xref ref-type="fn"
          rid="fn37">37</xref>. En el fondo, este vínculo entre la comprensión del ser y la del
        tiempo se sostiene sobre la consideración de que bajo la cuantificación positivista de la
        realidad destaca una metafísica sustancialista, de acuerdo con la cual la estructura
        ontológica del mundo descansa sobre entidades permanentes e inmóviles. Es decir, sobre la
        asunción según la cual “las cosas del mundo tienen un aspecto pasajero y una sustancia
          permanente”<xref ref-type="fn" rid="fn38">38</xref>. La ciencia positiva, en su
        matematización de la realidad, degenera en un “acosmismo” de acuerdo con el cual aquello que
        de la realidad es cognoscible resiste incólume al paso del tiempo, convirtiendo a esta
        variable en irrelevante. Así lo sintetiza en “Volumen del tiempo”:</p>
  <disp-quote>
    <p>Los números y ecuaciones numéricas son virtualidades puras. Su independencia con respecto al
          tiempo y el hecho de que nunca son dadas como «presencia» las coloca más allá de la
          realidad. Son atemporales, no eternas […] Estas consideraciones explican la facilidad con
          que las ciencias físico-matemáticas dan lugar a una especie de acosmismo<xref
            ref-type="fn" rid="fn39">39</xref>.</p>
  </disp-quote>
  <p>Todo ello conduce a Joaquín Xirau a destacar en qué medida las diferentes lecturas que se
        enmarcan bajo las teorías positivistas, relativistas, subjetivistas, etc., que somete a
        crítica, conducen a una disolución de la temporalidad, o lo que es lo mismo, a “introducir
        la «nada» como presencia positiva y activa”<xref ref-type="fn" rid="fn40">40</xref>. En este
        sentido, Joaquín Xirau desarrollará las formas en que se materializa dicha nihilización del
        tiempo que entroncará con las aporías del mismo que hemos recogido al inicio de este texto.
        Desde su punto de vista, las diferentes interpretaciones del tiempo que son objeto de su
        crítica aspiran a fundamentar la efectividad del mismo en un estrato temporal específico:
        presente, pasado o futuro. Ahora bien, a lo largo de dicha justificación, en cada uno de
        ellos, en palabras de Sánchez Carazo, “el tiempo es tratado de tal forma que acaba siendo
        disuelto en el ser”<xref ref-type="fn" rid="fn41">41</xref>.</p>
  <p>La primera de estas lecturas parte de la ya mencionada asunción según la cual, al carecer el
        pretérito y el pasado de sustrato ontológico, sólo el instante presente tiene efectividad.
        Como sostiene nuevamente en “Volumen del tiempo”: “La primera respuesta, la más natural y
        evidente, es aquella que lo refiere todo al presente. El presente es tiempo absoluto. No es
        posible concebir ni el pasado ni el futuro sin referirse a él. […] El ser es aquello que
        «es», no lo que «era» o lo que «será»”<xref ref-type="fn" rid="fn42">42</xref>. Ahora bien,
        ello no obsta para negar la inherente caducidad del propio instante presente. “El presente
        no puede mantenerse a sí mismo dentro de los límites del ser. Lo tengo ahora, aquí frente a
        mí. Pero en ese preciso instante se desvanece, se esfuma… del presente se desliza hacia el
        pasado y el pasado ya no «es»”<xref ref-type="fn" rid="fn43">43</xref>. Precisamente debido
        a ello, toda fundamentación del tiempo en el presente conduce a la negación del mismo,
        siempre que no haya asidero que garantice la permanencia del instante. Joaquín Xirau
        mantiene que esta comprensión es la que subyace al tiempo matemático del físico que lo
        descompone como el resultado de la adición de diferentes “ahoras”. En este sentido, tal y
        como Joaquín Xirau ha explicitado, a esta crítica al positivismo subyace la influencia de la
        teoría del filósofo Henri Bergson — a cuya exégesis se ha dedicado el filósofo catalán<xref
          ref-type="fn" rid="fn44">44</xref> —, tal y como permea en sus trabajos <italic>Ensayo
          sobre los datos inmediatos de la conciencia</italic><xref ref-type="fn" rid="fn45"
          >45</xref> o <italic>Materia y memoria</italic><xref ref-type="fn" rid="fn46"
          >46</xref><italic>.</italic> Así, Joaquín Xirau retoma de Bergson la lectura según la cual
        la pre-comprensión del tiempo como suma de instantes cuantificables que capta la razón
        físico matemático no da cuenta de sus rasgos específicos, es decir, de la «duración pura»
        bergsoniana. Al contrario, aquella no es sino la prefiguración del mismo que la superpone a
        las categorías con las que representamos el espacio cuantificable. Así lo plantea el
        pensador francés en su <italic>Ensayo sobre los datos inmediatos de la conciencia</italic>:
        “observemos que, cuando hablamos del tiempo, pensamos casi siempre en un medio homogéneo en
        que nuestros estados de conciencia se alinean, se yuxtaponen como en el espacio”<xref
          ref-type="fn" rid="fn47">47</xref>.</p>
  <p>Siguiendo la crítica desarrollada por Joaquín Xirau, podemos apreciar en qué medida esta
        tentativa de encontrar un asidero permanente que no caduque con el tránsito temporal es el
        que ha conducido, también desde la propia razón físico-matemática, a localizar el eje de la
        temporalidad en el pasado. Al fin y al cabo, sólo el pretérito permanece como algo cerrado e
        inmutable, constituyendo la base de un conocimiento científico y universal sobre la
        realidad. Así lo plantea el pensador catalán: “Estrictamente hablando, nada «es» o existe en
        el presente; de ahí la posibilidad de predecir el futuro con certeza. Al hacerlo,
        sencillamente asumimos que en el futuro no habrá nada nuevo”<xref ref-type="fn" rid="fn48"
          >48</xref>. Ello no sólo conduce al afianzamiento de una lectura determinista de la
        realidad, sino que niega también lo propio del tiempo que es el transitar de un estrato
        temporal a otro diferente. A través de la focalización en el pretérito “el tiempo queda
          esclerotizado”<xref ref-type="fn" rid="fn49">49</xref>.</p>
  <p>Frente a ambas lecturas que Joaquín Xirau asocia a la razón físico-matemática positivista, el
        pensador catalán detecta también una tercera tendencia que interpreta la realidad del tiempo
        humano desde la referencia al futuro. Esta lectura es ejemplificada por el existencialismo
        heideggeriano desde su crítica a la metafísica de la presencia. Desde esta óptica, la
        realidad del hombre y su propia temporalidad se definen desde su condición de proyección
        hacia el porvenir, como un mero proyecto. En primera instancia, dicha condición podría
        superponerse con la antropología de Joaquín Xirau desde la cual “el hombre es un ser
          transitivo”<xref ref-type="fn" rid="fn50">50</xref>, lo que supone “proyección del pasado
        al futuro”<xref ref-type="fn" rid="fn51">51</xref>. Ahora bien, aquel transcurrir del hombre
        viene marcado, en el pensamiento del catalán, por un horizonte de esperanza que en el caso
        del existencialismo heideggeriano queda opacado y cerrado por la inevitabilidad de la
        muerte. Así lo recogía la famosa máxima heideggeriana de <italic>Ser y Tiempo</italic>: “La
        muerte es la posibilidad <italic>más propia</italic> del Dasein. El estar vuelto hacia esta
        posibilidad le abre al Dasein su <italic>más propio</italic> poder-ser, en el que su ser
        está puesto radicalmente en juego”<xref ref-type="fn" rid="fn52">52</xref>. En los
        siguientes términos recoge y sintetiza Joaquín Xirau la sombra que aquella posibilidad erige
        en torno a la temporalidad. “La nada y su presencia se mezclan con la experiencia que las
        revela; el cuidado, la preocupación, la angustia; en la superficie […] preocupación ante la
        incertidumbre de un futuro sin luz; en un nivel más profundo […] la terrible angustia que
        sabe cómo vivir en presencia de la muerte”<xref ref-type="fn" rid="fn53">53</xref>.
        Consecuentemente, la tentativa de anclar la consistencia del tiempo en el futuro lo
        retrotrae nuevamente a una «nada» en la que se encarna la muerte que nos aguarda.</p>
  <p>Tal y como podemos concluir, tanto la ontología que conlleva la razón físico-matemática
        positivista como la alternativa que propone el existencialismo heideggeriano, conllevan una
        re-definición del tiempo que conduce al agotamiento y disolución de dicha experiencia. Ya
        sea por el carácter efímero de un presente que no permanece, por un pretérito inmóvil que
        sólo permanece o por la proyección de un futuro que sólo puede conducir al aniquilamiento de
        la muerte, la transitoriedad que subyace a la temporalidad queda siempre bloqueada.</p>
  <disp-quote>
    <p>El presente puro, puede decirse, hace que el tiempo se detenga. El pasado puro, por su parte,
          mata todo lo que toca. Dado que aún es «nada» el futuro tiene un efecto igualmente
          desastroso, y tiende una vez más a disolver el «tiempo» en la nada. Y en la nada no
          existen bases para la realidad, el tiempo o la existencia<xref ref-type="fn" rid="fn54"
            >54</xref>.</p>
  </disp-quote>
  <p>Dada la conexión íntima entre metafísica y temporalidad que a esta argumentación subyace, la
        recuperación del tiempo exige de una relectura de la ontología. Así, en el siguiente
        apartado reconstruiremos de qué manera la metafísica del amor de Joaquín Xirau sienta las
        bases de una re-articulación del tiempo que aspira a superar las opacidades anteriormente
        diagnosticadas.</p>
</sec>
<sec id="sec4">
  <title>4. La recuperación de la eternidad y el volumen del tiempo</title>
  <p>Pese a hecho de que el prematuro fallecimiento de Joaquín Xirau impidiera una mayor proyección
        de su interpretación sistemática en torno al tiempo, es posible leer el desarrollo de
        algunos aspectos de su metafísica desde la tentativa de superación de la disolución de la
        temporalidad anteriormente diagnosticada. En este sentido, reconstruiremos su propuesta
        desde su rechazo a una comprensión del tiempo, en general, y del presente, en particular,
        que lo prefigura como un recorrido lineal a través del cual todo futuro — que no es — va
        dejando atrás un pasado — que tampoco es. La sucesión del tiempo quedaría, en este marco,
        codificada por el carácter efímero del presente que terminaría contagiándose a la totalidad
        de los estratos temporales. El problema de dicha lectura radicaría en la conceptualización
        de la misma como una línea con un recorrido cuyo avance sólo va legando las trazas del
        pretérito. Por el contrario, desde la óptica de Joaquín Xirau, el tiempo no debe ser
        prefigurado desde un plano<xref ref-type="fn" rid="fn55">55</xref>, pues de aquel deriva una
        representación lineal del mismo que se ve atrapada en las dificultades anteriormente
        mencionadas. Como sostiene en “Volumen del tiempo”: “la realidad no es un ferrocarril
        cruzando llanuras”<xref ref-type="fn" rid="fn56">56</xref>. El tránsito lineal no constituye
        el marco para pensar el tiempo, sino para disolverlo. Frente a ello, el pensador catalán
        reivindica una ontología desde la que ni la realidad es cuantificable como objeto para el
        cálculo ni el tiempo es reductible al tránsito entre pasado, presente y futuro. Será esta
        una metafísica — prefigurada en relación al <italic>ordo amoris</italic> — a través de la
        cual la temporalidad no es representada desde el prisma de un plano, sino desde el volumen,
        que implica vínculos mucho más heterogéneos entre los estratos temporales. De acuerdo con
        esta metáfora, sostiene Sánchez Caroza, el tiempo no sigue un tránsito lineal, “el tiempo es
        una sucesión multidimensional”<xref ref-type="fn" rid="fn57">57</xref> a través de la cual
        los diferentes estratos temporales se vinculan de forma heterodoxa entre sí. Partiendo de
        dicha condición, el objetivo en el que Joaquín Xirau aspira a profundizar era el de
        “penetrar en muchas direcciones del tiempo”<xref ref-type="fn" rid="fn58">58</xref>.</p>
  <p>La lectura de <italic>Amor y mundo</italic> y <italic>Lo fugaz y lo eterno</italic> nos permite
        apreciar en qué medida la intervención de la eternidad en la historia posibilitada por el
          <italic>ordo amoris</italic> ofrece luz para superar, desde la perspectiva de Joaquín
        Xirau, las aporías del tiempo anteriormente desarrolladas. De acuerdo con su ontología, tras
        la realidad del universo no se encuentra un espacio geométrico matematizable, sino un
        impulso que imprime el acto divino a través del cual se materializa su perfección y amor en
        la realidad. Precisamente por ello, el ser humano aspira a participar en la perfección del
          <italic>ordo amoris</italic>. Ello afecta directamente al problema que tratamos. De la
        misma manera en que bajo la estructura del <italic>ordo amoris</italic> todo lo imperfecto
        aspira a instanciar la perfección, “las cosas del mundo adquieren su realidad y su valor
        porque aspiran eternamente a ser”<xref ref-type="fn" rid="fn59">59</xref>. Así, todo lo
        creado, pese a estar inmerso inicialmente en el torrente transitorio del tiempo que lo
        condena a ser efímero, participa de la eternidad. “En contraste con el devenir, encontramos
        la realidad de una presencia eterna”<xref ref-type="fn" rid="fn60">60</xref>. La proyección
        del acto amoroso del que participa Dios salva al presente de su propia caducidad al
        convertirlo en un momento de la eternidad a través del impulso que subyace a la realidad del
        tiempo y del mundo. Como recoge Albero Alabort: “el amor es tránsito constante del momento a
        la eternidad, eterna proyección de la eternidad en el instante”<xref ref-type="fn"
          rid="fn61">61</xref>. Desde esta perspectiva, la temporalidad participar de la eternidad
        del mundo y, gracias a ello, se salva de su disolución en la nada. Ello afecta profundamente
        al proyecto vital del hombre que se realiza en el entorno voluminoso del tiempo. Al fin y al
        cabo, la ontología basada en el <italic>ordo amoris</italic> que proyecta Joaquín Xirau
        constituye el escenario plástico y heterogéneo en el que el hombre aspira a realizarse, por
        lo que la remisión del instante presente a la eternidad prefigura totalidad de la
        temporalidad de forma antinómica a su caracterización aporética. En primera instancia, la
        ontología de Joaquín Xirau permite declinar el presente en su condición de tránsito hacia el
        futuro. “El acto de creación se proyecta hacia delante, hacia el futuro”<xref ref-type="fn"
          rid="fn62">62</xref>. Ahora bien, esta proyección en el porvenir no conduce a la
        disolución de la temporalidad en la nada que Joaquín Xirau había diagnosticado en el
        existencialismo de Heidegger. Al fin y al cabo, la reverberación de la eternidad en el
        presente articula un anhelo de trascendencia que no se ve clausurado por la muerte, al
        depender del acto amoroso de Dios que subyace a la realidad del mundo. La orientación hacia
        el porvenir que estructura el tiempo no se ve, por lo tanto, opacada por la muerte, sino
        revitalizada por la esperanza<xref ref-type="fn" rid="fn63">63</xref>. Tal y como plantea
        Joaquín Xirau en <italic>Amor y mundo</italic>: “el hombre es un ser transitivo. Pero el
        tránsito supone proyección del pasado al futuro y aspiración infinita, esperanza”<xref
          ref-type="fn" rid="fn64">64</xref>. A través de su condición de creatura de Dios, el
        tiempo que subyace a la historia del hombre es prefigurado como formando parte de la
        “constitución de un orden ideal, intemporal y eterno”<xref ref-type="fn" rid="fn65"
          >65</xref>. La historia del ser humano bascula a lo largo de una compleja dialéctica entre
        tiempo y eternidad, a través de la cual el primero termina superponiéndose al segundo. La
        multidimensionalidad del tiempo que se evidencia, desde la perspectiva de Joaquín Xirau, en
        la percepción inmediata del mundo, se traduce en la referencia del presente a un futuro que
        no tiene límite alguno. En el interior del universo creado bajo el <italic>ordo
          amoris</italic> la subjetividad del hombre participa, en tanto creatura, de la perfección,
        infinitud y eternidad, lo que apunta a la resolución de las aporías del tiempo anteriormente
        diagnosticadas.</p>
  <p>Tal y como podemos concluir mediante el análisis de las tesis de Joaquín Xirau, su ontología y
        teología del amor proporcionan herramientas para desentrañar los problemas filosóficos
        diagnosticados en torno al tiempo. Ya que ofrece una respuesta a la principal dificultad que
        tras ellos se bosquejaba: la caducidad del presente al que hace remitir la serie temporal.
        La derivación del tiempo desde el acto creador de Dios imprime una referencia a la eternidad
        mediante la presencia de un horizonte de futuro indefinido que redefine la propia
        consistencia del tiempo. La temporalidad pliega, por lo tanto, el instante presente hacia un
        horizonte temporal diferente. Es precisamente la noción de «horizonte» la que capta la
        especificidad de la temporalidad tal y como la concibe Joaquín Xirau frente a su
        prefiguración desde una línea o un plano. Así lo plantea en «Volumen del tiempo»:</p>
  <disp-quote>
    <p>Todas estas dimensiones pueden ser descritas como dimensiones «horizontales», en cuanto se
          funden en horizontes infinitos, latentes — aunque no en el sentido geométrico; aquí
          también la noción de horizonte es previa a la de línea o la de plano horizontal. Nuestra
          experiencia inmediata presente surge y vive, mengua o se expande, latiendo siempre con el
          pulso de estos horizontes<xref ref-type="fn" rid="fn66">66</xref>.</p>
  </disp-quote>
</sec>
<sec id="sec5">
  <title>5. Conclusiones</title>
  <p>Es imposible negar que la prematura y trágica muerte de Joaquín Xirau impidió un desarrollo
        mucho más concreto y específico de sus argumentos en torno a la consistencia ontológica del
        tiempo, en relación con su metafísica basada en el <italic>ordo amoris</italic>. Pese a
        ello, tal y como hemos explicitado a lo largo de estas páginas, es posible encontrar en su
        obra filosófica los suficientes indicios y herramientas como para ofrecer una tentativa de
        resolución de las aporías filosóficas asociadas a la experiencia del a temporalidad. Con
        independencia de la discusión en torno a las premisas ontológicas de su aproximación, ella
        nos ofrece tres aportaciones especialmente relevantes a la hora de ofrecer luz en torno a
        estos problemas tal y como han sido abordados por nuestra tradición filosófica.</p>
  <p>En primer lugar, la lectura que se articula desde el pensamiento de Joaquín Xirau enfatiza de
        forma particularmente tenaz los vínculos entre nuestra precomprensión del ser y la
        definición del tiempo. Al fin y al cabo, la conexión directa entre la cuantificación de la
        realidad por parte del positivismo y la disolución del tiempo y el presente en el no-ser,
        así como aquella que se traza entre la recuperación del mismo en una permanencia eterna y la
        metafísica del <italic>ordo amoris</italic> que propone Joaquín Xirau, evidencian de qué
        manera ambas cuestiones están íntimamente entrelazadas.</p>
  <p>En segundo lugar, una vez vinculada la constitución de la temporalidad con el trasfondo
        metafísico que a aquella subyace, la concepción del mundo que proyecta Joaquín Xirau ofrece
        una particular perspectiva que transita entre el “tiempo cosmológico” y el “tiempo
        psicológico” al que aludía Paul Ricoeur. Al fin y al cabo, la consistencia de la
        temporalidad no deja de depender de la estructura ya dada de la realidad. Ahora bien, al
        articularse bajo el <italic>ordo amoris</italic>, aquella se configura como el entorno
        plástico y heterogéneo en el que el hombre aspira a desarrollar sus anhelos trascendentales.
        La consistencia ontológica misma del tiempo parece bascular, por lo tanto, entre una
        realidad objetiva y subjetiva cuyas hibridaciones tienen su máxima expresión en la identidad
        entre Ser y Valor anteriormente bosquejadas desde <italic>Amor y mundo</italic>.</p>
  <p>En última instancia, la remisión de la reflexión sobre el tiempo a un entramado teológico y al
        anhelo de trascendencia que aquel permite constituye un asidero metafísico fundamentalmente
        contra el agotamiento del presente en el que se diluía la totalidad de la temporalidad. Al
        fin y al cabo, todo lo creado, incluido el propio tiempo, termina siendo interpretado desde
        el horizonte de futuro que ofrece la intervención de la eternidad divina. El no-ser en el
        que parece quedar aniquilada la temporalidad se refigura desde un entramado ontológico
        permanente que define la consistencia del tiempo, lo que hace reverberar bajo su tránsito la
        presencia de una eternidad que permitiría, desde la perspectiva de Joaquín Xirau, salvarlo
        de sus propias aporías.</p>
</sec>
</body>
<back>
<fn-group>
  <fn id="fn1">
    <label>1</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas I.
    Escritos fundamentales</italic> (Barcelona, Anthropos, 1998),
    359-377.</p>
  </fn>
  <fn id="fn2">
    <label>2</label><p>De la siguiente forma concluye su ensayo “El volumen del tiempo”: “Por medio del amor y del
          espíritu reúno al mundo, con todas sus dimensiones y horizontes. Sólo en la dimensión
          ilimitada de la vida interior pueden estas estructuras encontrar significado. Esto último,
          sin embargo, requiere de un estudio más detallado y profundo. Sólo podemos reservarlo para
          una ocasión futura”. Joaquín Xirau. <italic>Obras completas I</italic>, 377. Como sabemos,
          dicha ocasión nunca llegó a darse.</p>
  </fn>
  <fn id="fn3">
    <label>3</label><p>Joaquín Xirau. <italic>Obras completas
    I</italic>, 133-261.</p>
  </fn>
  <fn id="fn4">
    <label>4</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    I</italic>, 263-309.</p>
  </fn>
  <fn id="fn5">
    <label>5</label><p>Paul Ricoeur, <italic>Tiempo y narración I.
    Configuración del tiempo en</italic></p>
    <p><italic>el relato histórico</italic> (Buenos Aires: Editorial
    Docencia, 2018), 37.</p>
  </fn>
  <fn id="fn6">
    <label>6</label><p>San Agustín, <italic>Confesiones</italic>
    (Madrid: Gredos, 2015), 293.</p>
  </fn>
  <fn id="fn7">
    <label>7</label><p>Paul Ricoeur, <italic>Tiempo y narración III.
    Experiencia del tiempo en la narración</italic> (Buenos Aires:
    Editorial Docencia, 2019), 41.</p>
  </fn>
  <fn id="fn8">
    <label>8</label><p>Aristóteles, <italic>Física</italic>, (Madrid:
    Gredos, 2015).</p>
  </fn>
  <fn id="fn9">
    <label>9</label><p>San Agustín, <italic>Confesiones</italic>,
    306.</p>
  </fn>
  <fn id="fn10">
    <label>10</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    I</italic>, 295.</p>
  </fn>
  <fn id="fn11">
    <label>11</label><p>Reinhart Koselleck, <italic>Los estratos del
    tiempo: estudios sobre la historia</italic> (Barcelona: Paidos,
    2000), 136.</p>
  </fn>
  <fn id="fn12">
    <label>12</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    I</italic>, 359.</p>
  </fn>
  <fn id="fn13">
    <label>13</label><p>José Luis Abellán, “Joaquín Xirau: la
    antropología del amor,” <italic>Diálogos: artes, letras, ciencias
    humanas</italic>, 1, (5, 1965): 32.</p>
  </fn>
  <fn id="fn14">
    <label>14</label><p>Armando Savignano, <italic>Panorama de la
    filosofía española del siglo XX</italic> (Granada: Comares, 2008),
    84.</p>
  </fn>
  <fn id="fn15">
    <label>15</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    I,</italic> 197.</p>
  </fn>
  <fn id="fn16">
    <label>16</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    I,</italic> 94.</p>
  </fn>
  <fn id="fn17">
    <label>17</label><p>William Klubak, “Joaquim Xirau: The Philosopher
    of Love,” <italic>Catalan Review</italic>, 3 (1989), 114.</p>
  </fn>
  <fn id="fn18">
    <label>18</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    I,</italic> 273.</p>
  </fn>
  <fn id="fn19">
    <label>19</label><p>José Luis Abellán, “Joaquín Xirau”, 33.</p>
  </fn>
  <fn id="fn20">
    <label>20</label><p>Gonzalo Albero Alabort, <italic>Persona, amor y sentido. Desde el pensamiento de Joaquín
            Xirau</italic> (Valencia: Facultad de Teología San Vicente Ferrer, 2011), 80.</p>
  </fn>
  <fn id="fn21">
    <label>21</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    I</italic>, 303.</p>
  </fn>
  <fn id="fn22">
    <label>22</label><p>Mario Agustín Pérez Moya, “Aproximación crítica a la fenomenología de la conciencia amorosa de
          Joaquín Xirau. El amor como centro de la vitalidad humana,” <italic>Endoxa: Series
            filosóficas</italic>, 50 (2022): 127.</p>
  </fn>
  <fn id="fn23">
    <label>23</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    I</italic>, 205.</p>
  </fn>
  <fn id="fn24">
    <label>24</label><p>Antolín Sánchez Cuervo, “Del exilio al arraigo. El organicismo iberoamericano de Joaquín Xirau”,
          en Antolín Sánchez Cuervo; Fernando Hermida de Blas (coords.), <italic>Pensamiento
            exiliado español</italic> (Madrid: Biblioteca Nueva, 2010), 108.</p>
  </fn>
  <fn id="fn25">
    <label>25</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    I</italic>, 223.</p>
  </fn>
  <fn id="fn26">
    <label>26</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    I</italic>, 267.</p>
  </fn>
  <fn id="fn27">
    <label>27</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas III.
    Escritos sobre historia de la filosofía. Vol 2. Artículos y
    ensayos</italic>, (Barcelona: Anthropos, 2000), 240.</p>
  </fn>
  <fn id="fn28">
    <label>28</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    III</italic>, 57.</p>
  </fn>
  <fn id="fn29">
    <label>29</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    III</italic>, 57.</p>
  </fn>
  <fn id="fn30">
    <label>30</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    III,</italic> 58.</p>
  </fn>
  <fn id="fn31">
    <label>31</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    I</italic>, 171.</p>
  </fn>
  <fn id="fn32">
    <label>32</label><p>José Luis Abellán, <italic>El exilio filosófico en América. Los transterrados de 1939,</italic>
          (México: FCE, 1998), 51.</p>
  </fn>
  <fn id="fn33">
    <label>33</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    I</italic>, 334.</p>
  </fn>
  <fn id="fn34">
    <label>34</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    I</italic>, 293.</p>
  </fn>
  <fn id="fn35">
    <label>35</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    III</italic>, 347.</p>
  </fn>
  <fn id="fn36">
    <label>36</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    I</italic>, 273.</p>
  </fn>
  <fn id="fn37">
    <label>37</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    I</italic>, 395.</p>
  </fn>
  <fn id="fn38">
    <label>38</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    I,</italic> 121.</p>
  </fn>
  <fn id="fn39">
    <label>39</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    I</italic>, 364.</p>
  </fn>
  <fn id="fn40">
    <label>40</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas I,
    361.</italic></p>
  </fn>
  <fn id="fn41">
    <label>41</label><p>Sánchez Carazo, “Joaquín Xirau: una filosofía de ultimidades,” 462.</p>
  </fn>
  <fn id="fn42">
    <label>42</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    I</italic>, 362.</p>
  </fn>
  <fn id="fn43">
    <label>43</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    I</italic>, 362.</p>
  </fn>
  <fn id="fn44">
    <label>44</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Vida, pensamiento y obra
    de Bergson</italic>, (México: Editorial Leyenda, 1944).</p>
  </fn>
  <fn id="fn45">
    <label>45</label><p>Henri Bergson, <italic>Ensayo sobre los datos inmediatos de la conciencia,</italic> (Salamanca:
          Sígueme, 2020).</p>
  </fn>
  <fn id="fn46">
    <label>46</label><p>Henri Bergson, <italic>Materia y
    memoria</italic>, (Salamanca: Sígueme, 2021).</p>
  </fn>
  <fn id="fn47">
    <label>47</label><p>Henri Bergson, <italic>Ensayo sobre los datos inmediatos de la conciencia</italic>, 66.</p>
  </fn>
  <fn id="fn48">
    <label>48</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    I</italic>, 365.</p>
  </fn>
  <fn id="fn49">
    <label>49</label><p>Sánchez Carazo, “Joaquín Xirau: filosofía de
    ultimidades,” 465.</p>
  </fn>
  <fn id="fn50">
    <label>50</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    I</italic>, 243.</p>
  </fn>
  <fn id="fn51">
    <label>51</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    I</italic>, 243.</p>
  </fn>
  <fn id="fn52">
    <label>52</label><p>Martin Heidegger, <italic>Ser y tiempo</italic>,
    (Madrid: Trotta editorial, 2016), 279.</p>
  </fn>
  <fn id="fn53">
    <label>53</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    I</italic>, 367.</p>
  </fn>
  <fn id="fn54">
    <label>54</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    I,</italic> 368.</p>
  </fn>
  <fn id="fn55">
    <label>55</label><p>Sánchez Carazo, <italic>Xirau</italic>, (Madrid:
    Ediciones del Orto, 1997), 35.</p>
  </fn>
  <fn id="fn56">
    <label>56</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    I</italic>, 369.</p>
  </fn>
  <fn id="fn57">
    <label>57</label><p>Sánchez Carazo, <italic>Xirau</italic>, 34.</p>
  </fn>
  <fn id="fn58">
    <label>58</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    I</italic>, 376.</p>
  </fn>
  <fn id="fn59">
    <label>59</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    I</italic>, 141.</p>
  </fn>
  <fn id="fn60">
    <label>60</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    I,</italic> 362.</p>
  </fn>
  <fn id="fn61">
    <label>61</label><p>Gonzalo Albero Alabort, <italic>Persona, amor y
    sentido</italic>, 42.</p>
  </fn>
  <fn id="fn62">
    <label>62</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    I</italic>, 366.</p>
  </fn>
  <fn id="fn63">
    <label>63</label><p>Marcos Suances, <italic>Historia de la filosofía española contemporánea</italic> (Sevilla:
          Síntesis, 2006), 145.</p>
  </fn>
  <fn id="fn64">
    <label>64</label><p>Joaquín Xirau<italic>, Obras completas
    I,</italic> 243.</p>
  </fn>
  <fn id="fn65">
    <label>65</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    I</italic>, 273.</p>
  </fn>
  <fn id="fn66">
    <label>66</label><p>Joaquín Xirau, <italic>Obras completas
    I</italic>, 376.</p>
  </fn>
</fn-group>
  <ack>
    <title>Fuentes de financiación</title>
    <p>El autor forma parte del proyecto de investigación Conceptos emancipadores en el Mediterráneo
        — Memorias, traducción y tránsito en su diacronía (CONEMED). Proyectos Generación de
        conocimiento 2022. Agencia Estatal de investigación. PID2022-142438NA-I00 Facultad de
        Filosofía y Letras. Universidad Autónoma de Madrid. IPs: Laura Galián Hernández y Rafael
        Pérez Baquero.</p>
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          <year>1965</year>
          <article-title>Joaquín Xirau: la antropología del amor</article-title>
          <source>Diálogos: artes, letras, ciencias humanas</source>
          <volume>1</volume>
          <issue>5</issue>
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            <name><surname>Abellán</surname><given-names>José Luis</given-names></name>
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          <year>1998</year>
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          <year>2011</year>
          <source>Persona, amor y sentido. Desde el pensamiento de Joaquín Xirau</source>
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          <publisher-name>Facultad de Teología San Vicente Ferrer</publisher-name>
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          <source>Física</source>
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          <year>2021</year>
          <source>Materia y memoria</source>
          <publisher-loc>Salamanca</publisher-loc>
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          <article-title>Amor y mundo de Joaquín Xirau</article-title>
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          <article-title>Joaquim Xirau: The philosopher of Love</article-title>
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          <article-title>Aproximación crítica a la fenomenología de la conciencia amorosa de Joaquín Xirau. El amor como centro de la vitalidad humana</article-title>
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