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        <journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Anales del Seminario de Historia de la Filosofía</journal-title>
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      <issn publication-format="electronic">1988-2564</issn>
      <issn-l>0211-2337</issn-l>
      <publisher>
        <publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
        <publisher-loc>España</publisher-loc>
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      <article-id pub-id-type="doi">10.5209/ashf.94956</article-id>
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        <subj-group subj-group-type="heading">
          <subject>ESTUDIOS</subject>
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        <article-title>La disimulación como artificio del saber prudencial en la ética-hermenéutica de Baltasar Gracián</article-title>
        <trans-title-group xml:lang="en">
          <trans-title>Dissimulation as an artifice of prudential knowledge in the ethics-hermeneutics of Baltasar Gracián</trans-title>
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        <contrib contrib-type="author" corresp="yes">
          <contrib-id contrib-id-type="orcid">https://dx.doi.org/10.5209/ashf.94956</contrib-id>
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            <surname>Beraldi</surname>
            <given-names>Gastón G.</given-names>
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          <xref ref-type="corresp" rid="cor1"/>
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        <aff id="aff-a"><institution content-type="original">Universidad de Buenos Aires</institution>
          <country country="AR">Argentina</country>
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      <author-notes>
        <corresp id="cor1">Gastón G. Beraldi<email>ggberaldi@uba.ar</email></corresp>
      </author-notes>
      <pub-date pub-type="epub" publication-format="electronic" iso-8601-date="2025-09-30">
        <day>30</day>
        <month>09</month>
        <year>2025</year>
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      <volume>42</volume>
      <issue>3</issue>
      <fpage>499</fpage>
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        <date date-type="received" iso-8601-date="2024-03-08">
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        <date date-type="accepted" iso-8601-date="2025-02-07">
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          <year>2025</year>
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        <copyright-statement>Copyright © 2025, Universidad Complutense de
          Madrid</copyright-statement>
        <copyright-year>2025</copyright-year>
        <copyright-holder>Universidad Complutense de Madrid</copyright-holder>
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          <license-p>Esta obra está bajo una licencia <ext-link ext-link-type="uri"
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              4.0 International</ext-link></license-p>
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      </permissions>
      <abstract>
        <p>El presente estudio considera que el Oráculo Manual y arte de prudencia de Baltasar Gracián
          se inscribe en el marco de una ética hermenéutica. Aquí, el saber prudencial es desarrollado a partir de una
          concepción dinámica de la realidad y de la experiencia hermenéutica como fuente de sus máximas. Dicho
          abordaje se traza desde la articulación de los aforismos 98 y 212 del Oráculo Manual con un fragmento del
          Discurso XXXXVI de Arte de Ingenio. En dicho contexto, se destaca el artificio de la disimulación como parte
          fundamental en la operación de la producción del conocimiento phronético. Desde este punto de vista, la
          disimulación no sólo es un artificio estético, sino también un artificio político y moral que tiene por fin no
          quedar al descubierto y vulnerable a los ataques del poder. Se sostiene que el arte de la prudencia Gracián lo
          comunica tal como debe actuar la persona de sabiduría práctica, de forma que no se conozca su inclinación,
          solapando su intención, despistando, comprometiendo decididamente así, en este proceso, al lector.</p>
      </abstract>
      <trans-abstract xml:lang="en">
        <p>The present study considers that Baltasar Gracián’s Manual Oracle and Art of Prudence falls within
          the framework of a hermeneutic ethics. Here, prudential knowledge is developed from a dynamic conception
          of reality and hermeneutical experience as the source of its maxims. This approach is traced from the
          articulation of aphorisms 98 and 212 of the Oráculo Manual with a fragment of Discourse XXXXVI of Arte de
          Ingenio. In this context, the artifice of dissimulation stands out as a fundamental part of the operation of the
          production of phronetic knowledge. From this point of view, dissimulation is not only an aesthetic artifice, but
          also a political and moral artifice that aims not to remain exposed and vulnerable to the attacks of power. It is
          maintained that Gracián communicates the art of prudence as a person of practical wisdom should act, so
          that his inclination is not known, overlapping his intention, misleading, thus decisively compromising, in this
          process, the reader.</p>
      </trans-abstract>
      <kwd-group>
        <kwd>Disimulación</kwd>
        <kwd>Estética-política</kwd>
        <kwd>Ética-hermenéutica</kwd>
        <kwd>Gracián</kwd>
        <kwd>Prudencia</kwd>
      </kwd-group>
      <kwd-group xml:lang="en">
        <kwd>Dissimulation</kwd>
        <kwd>Aesthetics-politics</kwd>
        <kwd>Ethics-hermeneutics</kwd>
        <kwd>Gracián</kwd>
        <kwd>Prudence</kwd>
      </kwd-group>
    </article-meta>
  </front>
<body>
<p>Hase de ir con arte en comunicar el arte.</p>
<p>Baltasar Gracián, Oráculo Manual y arte de prudencia. Aforismo
212</p>
<p>El más plático saber consiste en dissimular.</p>
<p>Baltasar Gracián, Oráculo Manual y arte de prudencia. Aforismo 98</p>
<sec id="sec1">
  <title>1. Introducción</title>
  <p>En épocas del barroco español (ca. 1600-1680<xref ref-type="fn" rid="fn1">1</xref> nos
        encontramos ante la consumación de una ruptura con las grandes unidades que cohesionan el
        mundo sociocultural. La armonía y unidad renacentista se desvanece, y la pluralidad de vidas
        y perspectivas recientemente afloradas alimentan la desconfianza en aquella visión de un
        mundo ordenado en torno a un centro. Asimismo, lo Absoluto, que podría ofrecer alguna
        referencia para ordenar la propia vida, no ha muerto pero se ha ausentado (<italic>Deus
          absconditus</italic>), abandonando al ser humano a su suerte. La desesperanza y el temor
        por la ausencia de un fundamento que diera sentido al mundo, provoca un sentimiento
        pesimista que se manifiesta tanto en la vida social como en la cultural. Como señala Sáez
        Rueda, es una época de crisis, es decir, de caída de cualquier unidad confiable<xref
          ref-type="fn" rid="fn2">2</xref>.</p>
  <p>En este contexto, Baltasar Gracián fue, como indica Aranguren, un pensador de crisis<xref
          ref-type="fn" rid="fn3">3</xref>: crisis de una época preñada de pesimismo y nihilismo,
        crisis política de una España en decadencia, crisis religiosa por la progresiva
        mundanización a la que se enfrentaba el cristianismo, crisis literaria que rehuía de los
        modelos del clasicismo, crisis artística y arquitectónica que dejaba de lado el carácter
        mimético y armonioso de sus obras, y crisis también de la Compañía de Jesús —la orden
        jesuita a la que pertenecía Gracián, y con la cual tuvo no pocas controversias—. Estas
        crisis, como señala Aranguren, se manifiestan también en su obra.</p>
  <p>Desde esta perspectiva, existe, entre los variados estudios más recientes en torno al barroco,
        un tópico común que sostiene la semejanza de aquella época con la nuestra. Para Bolívar
        Echeverría, por ejemplo, estas dos épocas son estadios de crisis paradigmáticas donde, al
        tiempo que las alternativas de elección para la acción se multiplican, se genera una mayor
        incertidumbre, provocando la ambivalencia anímica propia del “hombre barroco”<xref
          ref-type="fn" rid="fn4">4</xref>. Este es uno de los sentidos en que algunos autores
        identifican nuestra época como neobarroca<xref ref-type="fn" rid="fn5">5</xref>. Si
        aceptamos esta idea, también entonces podríamos aceptar, como lo hace el propio Echeverría,
        la forma de vivir, sobrevivir y combatir dicha crisis a partir de la conformación de un tipo
        de <italic>ethos</italic> propio<xref ref-type="fn" rid="fn6">6</xref>. Tomando en
        consideración las recomendaciones que Gracián traza en el <italic>Oráculo Manual y arte de
          prudencia</italic> (1647)<xref ref-type="fn" rid="fn7">7</xref>, y a partir de la
        similitud con nuestro presente antes señalada, dicha lectura nos muestra un modo de
        comportamiento propio de aquella época que Echeverría asocia al concepto de
          <italic>ethos</italic> barroco: la disimulación. Actitud que el filósofo ecuatoriano
        entiende como una posibilidad de acción para el presente.</p>
  <p>Ahora bien, para Peres Díaz, la descripción del mundo barroco —entendido como una entidad
        plural, perspectivista, de apariencias y maneras, cifrada, y en representación— exige una
        demora o cuidado —en términos heideggerianos— que se articula en tres planos de proyección:
        1) cómo actuar o vivir en el mundo (plano ético); 2) cómo interpretar, descifrar o mirar el
        mundo (plano estético-político); y 3) cómo alimentar la existencia íntima con su verdad
        trascendente (plano religioso-existencial). Estos tres planos se representan,
        respectivamente, en el <italic>Oráculo Manual y arte de prudencia</italic>, <italic>Arte de
          ingenio. Tratado de Agudeza</italic><xref ref-type="fn" rid="fn8">8</xref> (1642,
        corregido y ampliado en 1648 bajo el título <italic>Agudeza y arte de ingenio</italic><xref
          ref-type="fn" rid="fn9">9</xref>, y <italic>El comulgatorio</italic> (1655)<xref
          ref-type="fn" rid="fn10">10</xref>.</p>
  <p>Para este estudio, partimos de los dos primeros planos. La expresión clave de este vínculo la
        podemos encontrar en la articulación de los aforismos 98 y 212 del <italic>OM</italic> con
        un fragmento del Discurso XXXXVI del Apéndice de <italic>AI</italic>. Con ello, el arte de
        la prudencia —que Gracián enseña en el <italic>OM</italic>— debe ser comunicado tal como
        debe actuar la persona de sabiduría práctica, de forma que no se conozca su inclinación,
        solapando su intención, despistando, como el calamar, comprometiendo decididamente así, en
        este proceso, al lector. En este sentido, como bien sostiene Checa, el <italic>OM</italic>
        no se limita sólo a formular una serie de consejos para la vida diaria, sino que hace de
        dicha formulación un acto prudente y, en consecuencia, un acto ejemplar<xref ref-type="fn"
          rid="fn11">11</xref>.</p>
  <p>En la ontología graciana, ser es operar<xref ref-type="fn" rid="fn12">12</xref>. Ser es
        acontecer, es dinamismo, capacidad de acción a partir de los medios que la providencia
        otorgó al ser humano para incrementar y conservar su ser. Lo dicho (el fondo, el contenido)
        queda relacionado intrínsecamente con el modo de decir<xref ref-type="fn" rid="fn13"
          >13</xref>, de tal manera que el modo en que se expresa es tan importante como lo
        expresado. Por ello, para Checa, los juegos del lenguaje y la retórica graciana se estrechan
        con la importantísima dimensión ético-política de la obra del jesuita, donde la prudencia es
        inseparable del empleo adecuado del lenguaje<xref ref-type="fn" rid="fn14">14</xref>.</p>
  <p>Por otra parte, pero vinculado al papel central que cobra el lenguaje en la obra del jesuita
        aragonés, tanto García Casanova<xref ref-type="fn" rid="fn15">15</xref> (2010) como Andreu
        Celma (2013)<xref ref-type="fn" rid="fn16">16</xref>, entienden que la racionalidad ética
        graciana es de índole hermenéutica; una racionalidad práctica, un saber hacer que parte de
        la facticidad, de la experiencia del mundo. Desde esta perspectiva, la ética graciana se
        inscribe en el marco de una ética hermenéutica, donde el saber prudencial es desarrollado a
        partir de su concepción dinámica de la realidad, y la disimulación —como artificio del
        ingenio— opera como un dispositivo fundamental en la producción del conocimiento
          <italic>phronético</italic>. Desde este punto de vista, la disimulación no sólo es un
        artificio estético, un artificio del gusto, sino también un artificio político y moral que
        tiene por fin no quedar al descubierto y vulnerable a los ataques del poder.</p>
</sec>
<sec id="sec2">
  <title>2. Ética-hermenéutica en el OM</title>
  <p>Conill Sancho en su <italic>Ética Hermenéutica</italic><xref ref-type="fn" rid="fn17"
        >17</xref>se extraña de los escasos estudios que vinculan la ética con la hermenéutica,
        señalando que no es habitual encontrar en los trabajos enciclopédicos sobre ética un
        apartado dedicado específicamente a la ética hermenéutica, cuando la mayoría de los
        representantes de la ética y política contemporánea se sitúen en un marco hermenéutico. Fue
        acaso la lectura de Heidegger, quien en <italic>Ontología. Hermenéutica de la
          facticidad</italic> (1923), vinculara ambos conceptos a partir de su lectura del Libro VI
        de la <italic>Ética Nicomáquea</italic>.</p>
  <p>Esta lectura le permitió a filósofo alemán acercarse a la existencia fáctica en su realización
        concreta de la vida, desde la vida fáctica misma, desde la experiencia viva. Frente al punto
        de partida del idealismo, que pone a la conciencia como base, Heidegger parte de la
        facticidad de la existencia. Como señala Conill Sancho, el sentido de este tipo de
        hermenéutica es que en el hecho de la existencia se encuentra un entender y que la
        existencia misma es hermenéutica. En la <italic>Ética Nicomáquea</italic> las
        conceptualizaciones emergen de la experiencia de la vida misma, convirtiendo las
        experiencias radicales de la vida fáctica en conceptos, tal como ocurriría en la obra de
        Gracián. En estos, los modos del “ser-verdad” permiten comprender la facticidad de la vida
        humana, un tipo de saber no objetivo.</p>
  <p>En 1960 se publica <italic>Verdad y Método</italic>. Allí, el discípulo de Heidegger, descubre,
        a través de la <italic>phrónesis</italic> aristotélica, un pensamiento hermenéutico fundado
        en la facticidad de la experiencia y su correspondiente verdad práctica. Su desarrollo va a
        constituir un componente central de la ética hermenéutica gadameriana. Su gran aporte
        consiste en ofrecer un mejor análisis de la experiencia moral, desde el cual se pueda
        esclarecer el sentido de la conciencia moral, de la acción moral e incluso de la realidad
        moral. Para lograr esto, Gadamer parte de la facticidad. Él propone una hermenéutica de la
        facticidad que, aplicada a la vida moral, exige partir siempre de la finitud humana y su
        carácter lingüístico. En este sentido, una ética filosófica, en términos de Gadamer, no
        puede retroceder por detrás de la facticidad como si la existencia humana pudiera evitarse
        por <italic>epojé</italic>. Esta hermenéutica nos recuerda que nuestra vida es,
        estructuralmente, tiempo, y además, que la racionalidad moral necesita tiempo. La
        hermenéutica de la facticidad justamente trata de lo que la vida misma da a entender, que
        nuestra vida es brumosa, conduciendo al reconocimiento de nuestra finitud<xref ref-type="fn"
          rid="fn18">18</xref>. En líneas generales, esta perspectiva heideggeriana y gadameriana de
        la articulación entre ética y hermenéutica es la que luego tomarían tanto García Casanova
        como Andreu Celma para su estudio de la ética graciana.</p>
  <p>En 2013, en el marco del Simposio organizado por la UNED Catalayud: “Baltasar Gracián y su
        época”, José María Andreu Celma pronuncia una conferencia bajo el título “Baltasar Gracián
        precursor de la hermenéutica: las reglas del arte de la prudencia para comprender la verdad
        moral”. Para éste, Gracián, como pensador y escritor ético, es precursor de la hermenéutica
        en un sentido muy semejante al del análisis realizado por Gadamer en <italic>Verdad y
          Método</italic>, en tanto deudor de la ética y del saber prudencial del estagirita. Como
        es sabido, Gadamer entiende que Aristóteles en sus obras éticas realiza un ejercicio
        hermenéutico en tanto trata de aplicar a casos concretos un saber (práctico) que proviene de
        la sabiduría fronética obtenida por la persona prudente a partir de la experiencia de la
        vida en el marco de una tradición, tal como se refleja en los textos trágicos en los
        personajes de Ulises o de Hécuba, entre otros<xref ref-type="fn" rid="fn19">19</xref>. En la
        lectura de Andreu Celma, las reglas de la prudencia son derivadas del conocimiento
        experiencial. El ser humano intenta comprender esas experiencias y, al tomar conocimiento de
        ellas, está en condiciones de saber cómo debe ser su comportamiento. De esta manera, las
        reglas morales son reglas de la vida que, surgidas de ella misma, sugieren cómo actuar.
        Gracián, para Andreu Celma, recoge de Aristóteles esta lección: la de la persona prudente
        como regla viviente. Así, la sugerencia es actuar tal como lo haría la persona de sabiduría
        práctica, la cual se convierte en norma moral. Con esto, la reflexión moral consiste en
        iluminar nuestra actividad moral a través de una interpretación irradiada por los saberes
        morales vigentes en la sociedad. Desde este punto de vista, como señala Andreu Celma, la
        verdad moral no es una verdad metódica. O, si lo es, no lo es al menos según el método de
        las denominadas ciencias duras. En este sentido, la verdad moral sólo es captada con una
        actividad hermenéutica.</p>
  <p>Como sostiene Andreu Celma, las obras del jesuita aragonés tienen por objeto la verdad moral en
        su aspecto más práctico y operativo. En términos de su producción, la comprensión graciana
        de la racionalidad ética, como una racionalidad diferente del conocimiento teórico, se hace
        presente en dos de sus obras fundamentales: <italic>Arte de ingenio. Tratado de la
          agudeza</italic> y el <italic>Oráculo Manual y arte de prudencia</italic>, donde pone de
        manifiesto la forma paradigmática de la verdad moral. Influenciado fuertemente por la
        doctrina aristotélico-tomista del saber fronético, la racionalidad ética graciana es una
        racionalidad práctica, un saber hacer que, como señalaba el propio Aristóteles, no puede
        regirse por los mismos criterios de verdad que el saber teórico, puesto que la acción no
        está sometida al mismo rigor de las matemáticas, ya que “[…] tan absurdo sería aceptar que
        un matemático empleara la persuasión como exigir de un retórico demostraciones”<xref
          ref-type="fn" rid="fn20">20</xref>, lo cual no implica que la actividad moral no sea
        rigurosa sino que, en todo caso, obedece a otro tipo de rigurosidad, la práctica. No
        preocupa aquí qué es el bien, desde el punto de vista del conocimiento teórico, sino cómo
        actuar bien, desde el punto de vista del conocimiento práctico. Cómo actuar bien para el
        individuo, pero más aún para la comunidad. Como entendía Gadamer<xref ref-type="fn"
          rid="fn21">21</xref>, es un saber para sí.</p>
  <p>Unos años antes, García Casanova publica “La racionalidad hermenéutica del barroco graciano”,
        donde sostiene que “[…] la obra de Gracián está transida de racionalidad hermenéutica porque
        su objetivo último de habérselas con el mundo, de salvarse en el mundo, parte de la
        comprensión como estructura universal de nuestro modo de estar en él”<xref ref-type="fn"
          rid="fn22">22</xref>. Para ello, “juicio” e “ingenio” son las dos potencias<xref
          ref-type="fn" rid="fn23">23</xref> políticas de las que dispone la persona madura, “el
        hombre en su punto” —como decía Gracián— para vivir y sobrevivir en el mundo. Estos tienen
        por objeto “dar a entender”. Por eso, la perspectiva barroca de Gracián tiende a abarcar
        todos los lados de la cosa<xref ref-type="fn" rid="fn24">24</xref>. Juicio e ingenio son los
        agentes creadores de sentido en un mundo donde era preciso interpretar los nuevos hechos que
        exigían su comprensión y para los que no había modelos previos. Así, estos tendrían como
        objetivo transmitir la verdad, pero una verdad en constante revisión, cuyo criterio sería el
        desengaño. Para García Casanova, ingenio y buen juicio tienen siempre una causa objetiva,
        que es la que nos enseña el arte de vivir individual y colectivo, siempre situado. De aquí
        que el <italic>OM</italic> pueda entenderse como un sistema de cautelas que tiene por
        objetivo el cuidado del individuo por sí mismo, sustituyendo a la providencia, cada día más
        alejada, de un mundo en crisis y desorientado.</p>
</sec>
<sec id="sec3">
  <title>3. La prudencia en el OM</title>
  <p>En la antropología graciana, el ser humano nace bárbaro y se humaniza mediante la cultura. Para
        Gracián, si bien su creencia religiosa le impedía aceptar aquél nihilismo destructor, la
        hostilidad de esta nueva situación del mundo no podía ser explicada por una filosofía que
        tenía una concepción abstracta y universal del ser humano —como la escolástica—. De aquí
        que, en tanto el ser humano no puede entender el mundo sin ofrecerle un sentido, Gracián
        prefiriera buscar nuevas fórmulas para la comprensión de su mundo y su lugar en él. Como
        señala García Casanova, la política, a diferencia de aquella filosofía, era la dimensión
        donde el ser humano se encontraba en medio de una multitud de relaciones que lo anclaban a
        lo circunstancial y concreto. Este enfoque obliga al jesuita aragonés a buscar desde el
        inicio de su obra otros modelos discursivos y otras herramientas para enfrentarse a su
        visión del ser humano y del mundo. Así, su objetivo debía perseguirlo en campos más
        propicios a la libertad de pensamiento que el de aquella filosofía rigorista, doctrinaria y
        con categorías que no hacían justicia al ser humano concreto<xref ref-type="fn" rid="fn25"
          >25</xref>. De aquí que, como señala Peres Díaz, el barroco sea también “[…] una respuesta
        articulada desde el saber, el arte y el conocimiento ante un clima colectivo, metafísico y
        radical de vacío existencial, […] una actitud ante el mundo-inmundo y, […] una respuesta a
        esa circunstancia”<xref ref-type="fn" rid="fn26">26</xref>; es la articulación de una
        réplica de conjunto a ese mundo desfondado.</p>
  <p>El <italic>Oráculo Manual y arte de prudencia</italic>, constituye, junto con el
          <italic>Criticón</italic> (1651-1653-1657), uno de los textos más importantes de la
        producción graciana. En dicho texto, el jesuita aragonés, a través de un conjunto de
          aforismos<xref ref-type="fn" rid="fn27">27</xref>, nos brinda una serie de consejos para
        vivir el mundo del siglo XVII. Es, asimismo, un texto dedicado a la producción de un
          <italic>ethos</italic> —entendido como modo de comportamiento específico— basado en una
        virtud fundamental: la virtud dianoética de la <italic>prudentia</italic>, y que tiene, en
        consecuencia, como señalan los estudios sobre el tema, un inequívoco punto de partida
          aristotélico-tomista<xref ref-type="fn" rid="fn28">28</xref>.</p>
  <p>La problemática desarrollada en el <italic>OM</italic> se dirime en cómo alcanzar ese arte o
        saber prudencial. En primer lugar, no hay que olvidar el término elegido para el título,
        cuya relevancia no puede pasar desapercibida. Gracián lo titula “Oráculo”. No sólo es un
        manual o, como señala Novella Suárez, un tratado introductorio dirigido a aquellos que
        quieran alcanzar el arte de la prudencia, como arte encaminado al fin supremo de la
        felicidad, sino que, en tanto oráculo, entiendo que es también un lugar de consulta, cuyo
        intermediario es la propia letra del texto graciano.</p>
  <p>Para Novella Suárez, la prudencia es el hilo conductor de gran parte de la obra graciana, desde
        la cual expone su propio proceso de desengaño en el <italic>OM</italic><xref ref-type="fn"
          rid="fn29">29</xref>. Más allá de quienes entienden que la prudencia graciana tiene cierto
        fondo maquiavélico<xref ref-type="fn" rid="fn30">30</xref>, presentándose como un mero
        conjunto de reglas pragmáticas para manipulación de la realidad<xref ref-type="fn"
          rid="fn31">31</xref>, lo cierto es que también, como señala Cerezo Galán, en la acción, no
        todo vale, ya que en Gracián siempre está presente la recta razón como fundamento de la
        acción moral<xref ref-type="fn" rid="fn32">32</xref>. Para Gracián, sólo actuando moralmente
        se puede llegar a “ser persona”, porque si bien ser práctico en la vida significa
          adaptarse<xref ref-type="fn" rid="fn33">33</xref> al tiempo que corre<xref ref-type="fn"
          rid="fn34">34</xref>, esta regla no vale para la bondad, ya que siempre se debe practicar
        la virtud<xref ref-type="fn" rid="fn35">35</xref>. Desde este punto de vista, acierta Cerezo
        Galán en sostener de manera indubitable que la prudencia graciana es una virtud intelectual
        —basada en la aristotélica— que rige la vida moral, y no una mera técnica pragmática.</p>
  <p>Pero si nos atenemos a la raigambre aristotélica del saber prudencial graciano, este no sólo
        puede entenderse como un saber práctico de tipo pragmático, o como un saber práctico-moral,
        sino también como un saber práctico experiencial histórico, en el sentido de la lectura
        gadameriana de la ética aristotélica, y que recoge muy bien Andreu Celma en la conferencia
        antes mencionada, donde se destaca el carácter no metódico de la verdad moral, la cual se
        apoya en la experiencia hermenéutica, es decir, en la experiencia de la pre-comprensión.</p>
  <p>Ahora bien, la virtud graciana, como señala Ayala, a la vez que se encamina a la perfección del
        ser humano, tiene una repercusión social. El fin inmanente que persigue la acción humana es
        perfeccionar las dotes naturales mediante lo artificial hasta alcanzar un límite ideal<xref
          ref-type="fn" rid="fn36">36</xref>. En este sentido, a esta sabiduría práctica encaminada
        a alcanzar la supervivencia en la cotidianeidad del mundo barroco, concurren dos potencias:
        el juicio y el ingenio<xref ref-type="fn" rid="fn37">37</xref>. En Gracián, el juicio y la
        prudencia se presentan como conceptos filosóficos que en buena medida se solapan entre
          sí<xref ref-type="fn" rid="fn38">38</xref>, y ser juicioso aparece en ocasiones casi como
        sinónimo de ser prudente<xref ref-type="fn" rid="fn39">39</xref>. Por otra parte, el
          ingenio<xref ref-type="fn" rid="fn40">40</xref> se extiende más allá del campo
        estético-literario, alcanzando el plano moral, político y religioso<xref ref-type="fn"
          rid="fn41">41</xref>. Para Novella Suárez, sólo la virtud y el ingenio posibilitarán al
        ser humano salir indemne de los peligros que le acechan, y para ello, habrá que tener en
        cuenta no sólo la prudencia sino también la industria, es decir, la destreza y artificio
        para actuar<xref ref-type="fn" rid="fn42">42</xref>. Para Hidalgo Serna, la moral graciana
        es generada por la agudeza de la acción, la cual siempre está presidida por el ingenio<xref
          ref-type="fn" rid="fn43">43</xref>. El ingenio, en tanto fuente inagotable de conceptos,
        es el encargado de potenciar en el ser humano aquello que no le es dado por naturaleza. De
        aquí que Gracián rompa con la estética mimética renacentista para acogerse a la idea de arte
        como <italic>poíesis</italic>, como creación; una idea de arte que perfecciona la
        naturaleza, creando sentido<xref ref-type="fn" rid="fn44">44</xref>. El ingenio hace
        referencia a su potencia creativa que, en la escritura, permite explorar y crear nuevas
        relaciones semánticas. Con ello, el ingenio tiene la capacidad para reconfigurar el mundo a
        través de la renovación semántica. Para Maldonado de Guevara, el ingenio aparece entonces
        como una potencia política al servicio de la vida, encargada de construir artificios que
        permiten subsistir y evitar caer en el engaño<xref ref-type="fn" rid="fn45">45</xref>.</p>
  <p>Como anticipa Gracián en <italic>El Héroe</italic><xref ref-type="fn" rid="fn46">46</xref>, no
        es posible llegar a “ser persona” con el sólo juicio o con el sólo ingenio, sino que son
        necesarias ambas prendas o potencias del entendimiento, ya que sólo cuando se juntan forman
        un “prodigio”: “Es lo mejor de lo visible el hombre, y en él el entendimiento: luego sus
        vitorias, las mayores. […] Adequase esta capital prẽda de otras dos: fondo de juyzio y
        elevacion de ingenio, que formã un prodigio si se juntan”<xref ref-type="fn" rid="fn47"
          >47</xref>.</p>
  <p>Pero los debates acerca de la primacía del juicio sobre el ingenio o de éste sobre aquél<xref
          ref-type="fn" rid="fn48">48</xref> se dirimen, como el propio Gracián señala, ante el
        tribunal del gusto<xref ref-type="fn" rid="fn49">49</xref>: “Es el juyzio trono de la
        prudencia, es el ingenio esfera de la agudeza. Cuia eminencia, y cuia medianía deva
        preferirse, es pleyto ante el tribunal del gusto […]”<xref ref-type="fn" rid="fn50"
          >50</xref>.</p>
</sec>
<sec id="sec4">
  <title>4. La disimulación como categoría estético-política y ético-hermenéutica del saber
        prudencial</title>
  <p>Quiero detenerme ahora en este punto, que es el núcleo de la cuestión. En general, los estudios
        que entienden desde una perspectiva hermenéutica la lectura de las obras del jesuita,
        sostienen que la prudencia graciana se monta en la articulación entre dos potencias básicas:
        ingenio y juicio<xref ref-type="fn" rid="fn51">51</xref>, y en la cual, como señalaba
        recién, la categoría de gusto viene a resolver el dilema sobre la prioridad de una sobre
        otra. En esta lectura no pretendo contradecir dichas tesis sino más bien explicitar, más
        específicamente, que en el gusto<xref ref-type="fn" rid="fn52">52</xref> lo que permite
        articular estas dos potencias es el artificio de la “disimulación”, que es un concepto —y un
        artificio— estético-ético-político. La clave de interpretación la hallamos en dos textos: el
        Discurso XXXXVI del Apéndice de <italic>AI</italic> y los aforismos 98 y 212 del
          <italic>OM.</italic></p>
  <sec id="sec4.1">
    <title>4.1. Disimulación y prudencia</title>
    <p>El concepto de disimulación procede de una larga tradición. En primer lugar, hay que señalar
          las diferencias respecto del otro concepto al que generalmente queda asociada: al de
          simulación. Para Eremiev Toro, en un primer momento <italic>dissimulatio</italic> y
            <italic>simulatio</italic> se vincularon a los términos griegos
            <italic>aladzoneia</italic> (jactancia) y <italic>eironeia</italic> (ironía) los que
          fueron tratados por Aristóteles en su <italic>Ética Nicomáquea.</italic> Posteriormente,
          en el <italic>De oratore</italic> de Cicerón, se aborda la <italic>dissimulatio</italic>
          dentro del campo del humor, como medio de persuasión<xref ref-type="fn" rid="fn53"
            >53</xref>. El primer registro que se tiene sobre el tratamiento de estos conceptos en
          nuestra lengua es el que realiza Covarrubias en 1611 en el <italic>Tesoro de la lengua
            castellana o española.</italic> Allí distingue “disimulación” de “simulación”, señalando
          que el Príncipe puede, en ocasiones, aparentar la posesión de virtudes que no posee
          (disimulación) o bien engañar, faltar a la palabra dada (simulación).</p>
    <p>Uno de los textos del siglo XVII más significativos acerca del tema fue publicado en Nápoles
          en 1641 por Torcuato Accetto bajo el título de <italic>Della dissimulazione
            onesta.</italic> Allí, primeramente, traza la distinción entre simulación y
          disimulación, sosteniendo que, “la disimulación es la acción de no hacer ver las cosas
          como son”. Así, “[…] se simula lo que no es, se disimula lo que es”<xref ref-type="fn"
            rid="fn54">54</xref>. Pero luego, desarrolla precisiones acerca de esta última noción.
          La disimulación es “[…] un velo compuesto por tinieblas honestas […] de lo cual no se
          produce lo falso, sino que da algún descanso a lo verdadero”<xref ref-type="fn" rid="fn55"
            >55</xref>. La disimulación “no es engaño”<xref ref-type="fn" rid="fn56">56</xref>, sino
          que, hasta en muchas ocasiones, “es honesta y útil”<xref ref-type="fn" rid="fn57"
            >57</xref>. Para Accetto, la simulación no goza de la misma estima que la disimulación,
          porque, a diferencia de la esta, aquella implica el no ser, por lo cual, conlleva la
          propia destrucción. Al respecto, Tatián señala que, mientras lo que no es, sólo puede ser
          simulado, la disimulación lo será siempre de algo que es; “[…] no es invención sino
          preservación, nunca exhibición sino sustracción; arte mayor de la inteligencia, que da a
          ver que nada se ve cuando más se ha visto”<xref ref-type="fn" rid="fn58">58</xref>.
          Accetto valida la disimulación y reprueba la simulación. La primera, permite salvar al
          hombre y resguardarlo; la segunda, lo condena<xref ref-type="fn" rid="fn59">59</xref>. En
          el mismo sentido, Cerezo Galán señala que la disimulación juega con la apariencia aunque
          no pretende suplantar la verdad, haciendo pasar una cosa por lo que no es. Es una
          ocultación solapada. “El más inocente disimulo —dice— es el despistar […] El más
          escandaloso, el ardid del juego equívoco con las apariencias para ocultar la propia
          intención e inducir a error”<xref ref-type="fn" rid="fn60">60</xref>. En la misma
          sintonía, para Baudrillard, disimular es fingir no tener lo que se tiene, mientras que
          simular es fingir tener lo que no se tiene<xref ref-type="fn" rid="fn61">61</xref>.</p>
    <p>Este arte del disimulo ha sido explorado también por Maquiavelo y por Castiglione, quienes
          habían analizado, respectivamente, la astucia de los poderosos y la astucia de los
          cortesanos. Para Badillo O’ Farrell, en su análisis de la simulación y la disimulación en
          la razón de Estado, en el marco de la coyuntura de la tensión entre política y moral, y
          entre razón y fe, el autor va a distinguir los diferentes enfoques que, respecto de estas
          nociones, han desarrollado el maquiavalismo, el tacitismo y el boterismo,
          fundamentalmente. En este contexto, entiende la simulación como engaño y la disimulación,
          en cambio, como parangonable a la idea de prudencia<xref ref-type="fn" rid="fn62"
            >62</xref>. Esta conexión entre la disimulación y la prudencia ya estaba presente en el
          propio Accetto, quien las entiende como sinónimos<xref ref-type="fn" rid="fn63">63</xref>.
          Ayala, por su parte, observa que, en el marco de la moral graciana, la disimulación es un
          elemento de la prudencia<xref ref-type="fn" rid="fn64">64</xref>. Desde esta perspectiva
          que estrecha la disimulación a la prudencia, en las <italic>Pasiones frías. Secreto y
            disimulación en el Barroco hispano</italic>, Rodríguez de la Flor sostiene que la
          disimulación es un comportamiento sumamente presente en épocas del barroco, que termina
          por construir el cuadro en que se mueve lo político, que produce, justamente, una astuta
          prudencia civil<xref ref-type="fn" rid="fn65">65</xref>. Este vínculo queda aclarado en la
          propia lectura del <italic>OM</italic>, donde la disimulación se presenta como el saber
          más práctico (<italic>OM</italic>, af. 98):</p>
    <disp-quote>
      <p>Cifrar la voluntad. Son las passiones los portillos del ánimo. El más plático saber
            consiste en dissimular; lleva riesgo de perder el que juega a juego descubierto. Compita
            la detención del recatado con la atención del advertido: a linces de discurso, xibias de
            interioridad. No se le sepa el gusto, porque no se le prevenga, unos para la
            contradicción, otros para la lisonja. (Gracián, <italic>OM</italic>, af. 98).</p>
    </disp-quote>
  </sec>
  <sec id="sec4.2">
    <title>4.2. La disimulación como artificio estético-político</title>
    <p>En el Discurso XXXXVI del Apéndice de <italic>AI</italic>, en el marco del enfrentamiento
          entre la verdad y la mentira, la primera, al verse despreciada y desacreditada por los
          embustes y supercherías de la segunda, consulta a la agudeza sobre la forma de remediar el
          problema. Ante ello, esta responde que no hay trago más amago que una verdad desnuda, y
          que para ello inventaron los médicos del alma el arte el adornarlas y azucararlas. Es allí
          cuando la agudeza recomienda a la verdad el arte del disfraz para asegurar la victoria,
          apareciendo entonces la disimulación como un artificio para combatir la mentira<xref
            ref-type="fn" rid="fn66">66</xref>.</p>
    <disp-quote>
      <p>Abrió los ojos la Verdad, dió en andar con artificio, usa desde entonces las invenciones,
            introdúzese por rodeos, vence con estratagemas, pinta lexos lo que está muy cerca,
            propone en extraño sujeto lo que quiere condenar en el propio, apunta a uno para dar en
            otro, deslumbra las passiones, desmiente los afectos, y por ingenioso circunloquio viene
            siempre a parar en el punto de su intención<xref ref-type="fn" rid="fn67">67</xref>.</p>
    </disp-quote>
    <p>Para Cerezo Galán, la disimulación es uno de los artificios del poder. Una ocultación
          solapada, un arte del ocultamiento. Una forma de disfrazar, de velar. “El disimulo es un
          arte del disfraz o del despiste, que se debe en última instancia, a la doblez inherente al
            <italic>homo dúplex</italic><xref ref-type="fn" rid="fn68">68</xref><italic>,</italic>
          subrayada por la equivocidad del lenguaje o de la conducta en el espacio
            sociopolítico”<xref ref-type="fn" rid="fn69">69</xref>. Según Cerezo Galán, el término
          “artificio” encierra un doble y equívoco significado: creación y ficción. Sin embargo,
          señala que no se trata de una mera ambivalencia sino de una tensión constitutiva en la
          cosa misma, análoga a la tensión entre aparecer y aparentar, ambigüedades inherentes al
          pensamiento barroco, ya que toda creación puede realzar supliendo, o bien rellenar su
          defecto con una falsa apariencia. En Gracián, continúa Cerezo, el artífico —al que en
          ocasiones llama “realce” para acentuar su valor positivo—, puede ser, o bien una prótesis
          (complemento potencial) o bien un postizo (disfraz). Pero al artificio hay que ponerlo en
          relación con el concepto de “crisis”, una crisis que exige aguzar el juicio y el ingenio
          para hallar “artificiosamente” la salida (2015, pp. 53-54).</p>
    <p>Rodríguez de la Flor analiza la figura de lo cambiante, de lo que se oculta, de lo que engaña
          y disimula, de acuerdo con la dialéctica (esencia oculta y contingencia presente) que rige
          la lectura del mundo barroco. Entiende al artificio como una “segunda naturaleza” que va
          creciendo constantemente en detrimento de lo natural (2005, p. 30)<xref ref-type="fn"
            rid="fn70">70</xref>. La disimulación es un afecto del ánimo —que se corresponde con una
          racionalidad fría, no emocional, abierta por la crisis de fines del siglo XVI— elaborada a
          partir de un nuevo saber de la variabilidad, que hace perder la idea de una verdad estable
          que pudiera ser comunicada o compartida (2005, pp. 14-16).</p>
    <p>En tanto que lo que sustenta al mundo es el engaño, y el ser humano es un ente necesitado,
          como las dotes naturales no le bastan para vivir y sobrevivir en ese mundo, el artificio
          opera como un “segundo entorno” que obliga al ser humano a una dinámica poiética. Una
          técnica que se convierte, en cierto modo, en mecánicas de respuesta y en estructuras
          defensivas (Rodríguez de la Flor, 2005, p. 16). Desde esta perspectiva, para Cerezo Galán,
          la obra graciana se sitúa en esa frontera donde la naturaleza no basta, y se alumbra el
          auxilio de una nueva disposición del ingenio (2015, p. 56), sin la cual, no hay belleza,
          ni perfección, y toda persona aparece como tosca sin el artificio (<italic>OM</italic>,
          af. 12). Así, si la naturaleza abandonó al ser humano, este se debe realizar mediante el
          artificio, puesto que, para Gracián, es la cultura el medio por el cual el ser humano
          reduce su barbarismo natural y se hace persona.</p>
    <p>Ya habíamos señalado anteriormente que las dos facultades políticas de las que dispone la
          persona madura para vivir y sobrevivir en el mundo barroco eran el juicio y el ingenio,
          pero que la querella entre estas dos potencias se dirime ante el tribunal del gusto, por
          el cual se conoce la capacidad elevada de una persona (<italic>OM</italic>, af. 65). Por
          ello Gracián aclara que, al “hombre en su punto” —como lo llama él—, “al varón consumado”,
          “sabio en dichos, cuerdo en hechos” (<italic>OM</italic>, af. 6), tres elementos lo
          conducen hacia el “ser persona”, los cuales se encuentran muy claramente resumidos en el
          aforismo 298 del <italic>OM</italic>: “Tres cosas hazen un prodigio […]: Ingenio fecundo,
          juizio profundo y gusto relevantemente jocundo”. Para Cerezo Galán, dicha querella se
          convierte en una cuestión de estilo, de la cual entiende la facultad del gusto (2015, p.
          247). Con el tema del gusto como resolución de la querella, la estética la resuelve sin
          necesidad de optar por ninguno de los dos, “[…] sazonando a ambos con su espíritu
          vivificante” (García Casanova, 2010, p. 219).</p>
    <p>Según Ayala, en Gracián, la voluntad de estilo es inseparable de su reflexión sobre el
          lenguaje y sus posibilidades expresivas, ya que la lengua no sólo es un medio expresivo
          sino un modo de conocer la realidad —tal como más tarde sostendrían varios representantes
          de la hermenéutica filosófica—. Desde esta perspectiva, es necesario señalar que, según
          Peres Díaz, en el período barroco, entre 1610 y 1630, se produce la inclusión de nuevos
          elementos de índole filosófica y artística, dándose en esta etapa una fusión de fondo y
            forma<xref ref-type="fn" rid="fn71">71</xref>. Los estudios que se dedican a la cuestión
          del estilo en Gracián debaten si este da primacía al estilo sobre el contenido, o bien si
          forma y contenido se implican mutuamente<xref ref-type="fn" rid="fn72">72</xref>.</p>
    <p>Respecto de la relación entre fondo y forma, Povedano señala que la obra de Gracián es una
          muestra de la superación de dicha dualidad en servicio a una unidad estilística de ambos.
          A esta cuestión hace referencia el aforismo 14, donde Gracián sostiene que las formas
          condicionan el fondo, y por ello: “[…] todo lo gasta un mal modo, hasta la justicia y
            razón”<xref ref-type="fn" rid="fn73">73</xref>. El fundamento de esta unidad entre forma
          y fondo hay que buscarlo en su concepción de la realidad, como ser y parecer al mismo
          tiempo. En el aforismo 99, Gracián señala que las cosas no pasan por lo que son (por su
          fondo), sino por lo que parecen (por su forma), puesto que la mayoría mira lo aparente (la
          forma), mientras que son los menos los que miran por dentro, los que miran el fondo, lo
          sustancial. Y en este sentido es necesaria una concepción estética del discurso tanto para
          sostener algo con razón como incluso hasta para negarse a hacer algo, para rechazar algo o
          para negar algo. Ello también hay que hacerlo con buen gusto, hacerlo estéticamente,
          porque “no basta tener razón con cara de malicia”<xref ref-type="fn" rid="fn74">74</xref>,
          porque en estas cuestiones “[…] entra el modo: más se estima el no de algunos que el sí de
          otros, porque un no dorado [adornado]<xref ref-type="fn" rid="fn75">75</xref> satisfaze
          más que un sí a secas”<xref ref-type="fn" rid="fn76">76</xref>. De aquí que en términos
          estilísticos, la disimulación cobra un papel fundamental. La disimulación es entonces el
          artificio que permite comunicar el arte de la prudencia<xref ref-type="fn" rid="fn77"
            >77</xref> con sabiduría práctica<xref ref-type="fn" rid="fn78">78</xref>,
          introduciéndolo por rodeos, con estratagemas<xref ref-type="fn" rid="fn79">79</xref>.</p>
    <p>Desde esta perspectiva, se entiende que no es apropiado distinguir en Gracián entre su
          pensamiento y el modo de expresión. No se los puede separar. La forma es parte misma de la
          idea y viceversa. Ambos configuran el estilo<xref ref-type="fn" rid="fn80">80</xref>. Lo
          formal de los pensamientos es parte misma del estilo literario. El estilo, por su parte,
          es a la vez palabras y pensamientos. La clave del estilo graciano es descrita en
            <italic>Agudeza y arte de ingenio,</italic> donde dirá: “Dos cosas hazen perfecto un
          estilo: lo material de las palabras y lo formal de los pensamientos, que de ambas
          eminéncias se adequa su perfección”<xref ref-type="fn" rid="fn81">81</xref>.</p>
    <p>Como es sabido, y más aún en el <italic>OM</italic>, Gracián expresa ese arte y esos medios a
          través de aforismos. Caracterizados por su concisión y brevedad son, como señala Tierno
          Galván, “[…] modos breves y resumidos de expresarse que, buscando el fundamento, delimitan
          y aclaran lo que hay de positivo o de negativo en el pensamiento o en las conductas”<xref
            ref-type="fn" rid="fn82">82</xref>, cuyo contenido tiene una pretensión de validez
          universal, es decir, que son útiles para cualquier tiempo y lugar. Esta brevedad y
          concisión de la escritura graciana crean en el lector la sensación de artificiosidad.
          Retomando lo señalado anteriormente sobre la necesidad de Gracián de acudir a otros
          modelos expresivos que le permitieran una mayor libertad de pensamiento, en el marco de la
          búsqueda y creación de artificios disimulatorios, serán sus juegos del lenguaje los que
          sugieran aquello que otros modos discursivos y géneros literarios más rígidos
          coartaran.</p>
    <p>Para Andreu Celma, el arte de la prudencia es un arte lúdico, y la filosofía moral graciana
          se resuelve desde el modelo lúdico, puesto que el jesuita aragonés entiende que es el más
          adecuado al tipo de reflexión que realiza. Así, los juegos del lenguaje aparecen como el
          pilar fundamental de toda la arquitectura del <italic>OM</italic>, estructurándolo de
          inicio a fin, transmitiendo una dimensión de apertura y dinamizando el psiquismo. Es, como
          bien dice Andreu Celma, manifestación de la inteligencia pero también de la libertad. Es
          una dimensión estructural de la existencia humana sobre la cual se despliegan una
          multiplicidad de afirmaciones y sentencias, que no eluden la contradicción y la
            paradoja<xref ref-type="fn" rid="fn83">83</xref>. Desde este punto de vista, el carácter
          lúdico del <italic>OM</italic> se identifica con el carácter moral de la propia obra y del
          pensamiento graciano. Siendo el juego de palabras el estilo literario característico del
            <italic>OM</italic><xref ref-type="fn" rid="fn84">84</xref>, muestra la estrecha
          relación entre forma y fondo, a la que antes se hizo referencia. Desde esta perspectiva,
          obliga a considerar de modo más concreto no sólo y simplemente su estilo<xref
            ref-type="fn" rid="fn85">85</xref>, sino, como continúa Povedano, su voluntad
          estilística, es decir, lo que él pretende escribiendo de esa manera<xref ref-type="fn"
            rid="fn86">86</xref>, cuyo valor reside en el campo de sugerencias que los aforismos
            abren<xref ref-type="fn" rid="fn87">87</xref>.</p>
    <p>Retomando algunos de los señalamientos hechos por el propio Gracián en el
          <italic>OM</italic>, la disimulación aparece entonces como una práctica prudencial que
          tiende a no revelarse totalmente al otro, a enmascarar , con el fin de acomodarse o
          adaptarse a las situaciones y a las personas. Gracián sugiere que hay que ser inabarcable,
          en el sentido de no mostrarse completamente, de no quedar al desnudo<xref ref-type="fn"
            rid="fn88">88</xref>. Y como las cosas pasan por lo que parecen ser y no por lo que son,
          y como la mayoría de las personas miran lo aparente<xref ref-type="fn" rid="fn89"
            >89</xref>, hay que saber ocultarse y ocultar los defectos<xref ref-type="fn" rid="fn90"
            >90</xref>, e incluso hacer de estos algo positivo<xref ref-type="fn" rid="fn91"
            >91</xref>. De esta manera, una persona prudente debe tener la destreza de tener un
          control sobre sí mismo<xref ref-type="fn" rid="fn92">92</xref>, conocer su verdadera
          disposición, prevenirla e incluso desviarse hacia el otro extremo mediante el disimulo
          para lograr el equilibrio entre la naturaleza y el artificio<xref ref-type="fn" rid="fn93"
            >93</xref>. De aquí que, hay que ocultar la voluntad<xref ref-type="fn" rid="fn94"
            >94</xref>, porque las pasiones son las puertas por donde se entra al alma. Con ello,
          Gracián nos alerta de las consecuencias de quienes juegan a juego descubierto,
          advirtiéndonos que, ante la mirada atenta y escrutadora, ante la mirada de lince de quien
          quiere conocernos, hay que oponer un interior de tinta de jibia o de calamar.</p>
    <p>El lince y la jibia, son los dos grandes emblemas de la cultura barroca, poderes contrarios y
          complementarios: el primero es alegoría de la penetración, la agudeza y el desciframiento;
          la segunda lo es de la disimulación, la ocultación y el encubrimiento. La conjunción del
          lince y la jibia, dice Tatián, será el mayor saber del hombre barroco. Aquí, para penetrar
          en los dominios ajenos, no nos es útil el método, ya que la sensibilidad barroca es una
          sensibilidad de la incertidumbre. No hay claridad y distinción que pudiera ser común a
            todos<xref ref-type="fn" rid="fn95">95</xref>. Tanto Tatián como Eremiev Toro, Bodei y
          Echeverría, quienes siguen la lectura de Accetto en torno a la disimulación —un texto
          consagrado a defenderla como un modo honesto de vivir y de enfrentarse a nuestros
          semejantes, y a demostrar que ésta es justa y honesta<xref ref-type="fn" rid="fn96"
            >96</xref>—, ven en esta una estrategia política y moral de supervivencia. Para Accetto,
          disimular no es engañar sino que se trata de una acción para evitar padecer un daño. Por
          ello sólo se debe recurrir a ella excepcionalmente por un motivo grave<xref ref-type="fn"
            rid="fn97">97</xref>.</p>
    <disp-quote>
      <p>Horrendos monstruos son aquellos poderosos que devoran la sustancia de quienes están bajo
            su sujeción; por consiguiente, quien esté en peligro de tanta desventura no tiene mejor
            medio para remediarlo que abstenerse de la pompa en la prosperidad, y de las lágrimas y
            los suspiros en la miseria<xref ref-type="fn" rid="fn98">98</xref>.</p>
    </disp-quote>
    <p>Para Remo Bodei, el disimulo es una forma de resistencia racional y creativa a la opresión de
          un poder que comenzaba a infiltrarse directamente en las conciencias; también para llenar
          el vacío de hegemonía interior dejado por los cismas teológicos y por las guerras de
          religión que desgarraban a Europa<xref ref-type="fn" rid="fn99">99</xref>. La disimulación
          entonces, permite también salvar al ser humano y resguardarlo<xref ref-type="fn"
            rid="fn100">100</xref>.</p>
    <p>Para Eremiev Toro, el interés de Accetto —e intuyo que esto también podría aplicarse a
          Gracián— no sólo radica en entregar técnicas disimulatorias sino, también, en demostrar
          que esta es justa y honesta. Disimular es, en buena parte, un ejercicio de las virtudes
          cuando su fin es la cautela<xref ref-type="fn" rid="fn101">101</xref>. Así, señala Tatián,
          el arte del disimulo será considerado imprescindible en el ideal barroco del “vivir
          cauto”. Accetto escribía que la persona amante de la paz disimula con un fin honesto,
          tolerando, callando, esperando, y mientras se va adaptando a cuanto le sucede, goza en
          cierto modo de las cosas que no tiene<xref ref-type="fn" rid="fn102">102</xref>.</p>
    <p>Ahora bien, la disimulación, si es honesta, entiende Accetto, no produce lo falso sino que
          “da algún reposo a la verdad”, protege su condición vulnerable y encubre su fragilidad de
          la prepotencia, el fanatismo o la impertinencia<xref ref-type="fn" rid="fn103">103</xref>.
          Por ello, como escribe Gracián en el <italic>OM</italic>: es bueno que el prudente no se
          muestre completamente, que no quede al desnudo su capacidad<xref ref-type="fn" rid="fn104"
            >104</xref>. Para ello hay que cubrir o disimular los defectos y los triunfos<xref
            ref-type="fn" rid="fn105">105</xref>, fingir algún descuido en la inteligencia o en el
          valor (nunca en la prudencia) para evitar la envidia<xref ref-type="fn" rid="fn106"
            >106</xref>, convertir los defectos en motivos de estima<xref ref-type="fn" rid="fn107"
            >107</xref>, lo cual implica, saber adaptarse, que es el gran arte de ganar a todos.
          Así, hay que observar los caracteres y ajustarse al de cada uno. Al serio y al jovial
          seguirles la corriente, transformándose cortésmente<xref ref-type="fn" rid="fn108"
            >108</xref>. La disimulación es un cuidado de sí que aprende a no deliberar en medio de
          la tormenta y a dejar pasar el huracán. Quien ejercita su mente en la disimulación sabe
          permanecer calmo ante lo que irrumpe y dependerá de él.</p>
    <p>Tatián —en su lectura del texto de Accetto— observa en la disimulación accettiana una teoría
          de la belleza con una muy fuerte impronta política<xref ref-type="fn" rid="fn109"
            >109</xref>. “Todo lo bello —escribe Accetto— no es sino una gentil disimulación” (2005,
          p. 113), y si la rosa parece bella es porque disimula ser una cosa tan caduca,
          persuadiendo a los ojos ser púrpura inmortal. Así, sostiene Tatián tomando prestadas las
          palabras de Accetto, toda belleza mortal no será más que “[…] un cadáver disimulado por el
          favor de la edad”<xref ref-type="fn" rid="fn110">110</xref>. En este sentido, la
          disimulación, además de una defensa, es un valor positivo. Al menos así lo afirma Accetto,
          pues la belleza mundana —de carácter perecedero— basa su virtud en disimular su
            caducidad<xref ref-type="fn" rid="fn111">111</xref>. Es desde esta perspectiva que
          Tatián entiende que tal vez entonces, el sentido principal de la disimulación no sea
          estético sino político<xref ref-type="fn" rid="fn112">112</xref>. Por ello Accetto observa
          — como luego lo haría Gracián— que ante un gran peligro no es conveniente para uno ponerse
          al descubierto, para lo cual, un honesto disimulo “[…] deja el corazón, si no sano, al
          menos no tan oprimido”<xref ref-type="fn" rid="fn113">113</xref>, evitando de esta manera
          el hundimiento por la ira —que para Accetto es el mayor enemigo del disimulo—. De aquí
          que, como señala Tatián, “la disimulación honesta sea el poder de los que no tienen poder,
          la herramienta de los justos […]”<xref ref-type="fn" rid="fn114">114</xref>.</p>
    <p>Por otra parte, Bolívar Echeverría (1998 y 2010) se ha referido al artificio de la
          disimulación como una actitud del saber prudencial propia del <italic>ethos</italic>
          barroco de los indígenas de las ciudades latinoamericanas del siglo XVII, una estrategia
          vital y política que consistía en someterse y rebelarse al mismo tiempo, o mejor,
          someterse de manera visible, aunque superficial, y revelarse secretamente. Para
          Echeverría, una obstinada preservación de la identidad oculta, combinada con una adhesión
          meramente superficial al orden agresor, es la estrategia disimulada con que responden los
          indígenas a la invasión de su mundo. Rodríguez de la Flor recuerda que hacia 1570 el inca
          Titu Cussi Yupanqui recomienda seguir esta vía como forma de supervivencia.</p>
    <disp-quote>
      <p>Lo que podéis hazer será dar muestras par de fuera de que consentís a lo que os mandan…si
            por fuerxa o por engaño os an de hazer adorar lo que ellos adoran, quando mas no
            pudieredes, hazeldo delante de ellos y por otra parte no olvidéis nuestras
              xeremonias…<xref ref-type="fn" rid="fn115">115</xref>.</p>
    </disp-quote>
    <p>Una estrategia fundada en una lógica que conformaría el <italic>ethos</italic> del
            <italic>tertium datur</italic> (tercera posibilidad)<xref ref-type="fn" rid="fn116"
            >116</xref>. El fundamento de esta actitud era doble: mantener la vida física y a la vez
          la espiritual, una actitud fundada en la ambivalencia propia de la persona del
            barroco<xref ref-type="fn" rid="fn117">117</xref>, que para Gracián, era el primer paso
          de la sabiduría barroca.</p>
  </sec>
  <sec id="sec4.3">
    <title>4.3. La disimulación como artificio ético-hermenéutico</title>
    <p>Como ya señalamos, Gracián juega apasionadamente con el lenguaje. En esta perspectiva de
          Povedano coincide también Andreu Celma, quien lee a Gracián en clave de la hermenéutica
          gadameriana, para poner de manifiesto que la verdad moral del <italic>OM</italic> es una
          verdad lúdica. Como es sabido, el juego, constituye en <italic>Verdad y Método</italic>,
          una clave imprescindible de la tarea hermenéutica para la comprensión e
            interpretación<xref ref-type="fn" rid="fn118">118</xref>. Es un juego entre lo fijado
          por el texto y lo leído por el lector.</p>
    <p>Desde la perspectiva ética, la prudencia se conecta con el ingenio a través de la propia
          retórica que Gracián le imprime a los aforismos del <italic>OM</italic>. Si nos remontamos
          a los antecedentes de la hermenéutica en la antigüedad, el verbo
            “<italic>hermeneuein</italic>”, tiene dos significados importantes: mientras que
          “expresar en palabras”, “declarar”, “exponer”, designa el proceso de elocución;
          “interpretar”, “traducir”, “explicar”, designa el proceso de interpretación. En ambos
          casos, se trata de una transmisión de significado, pero, como señala Grondin, puede
          producirse en dos direcciones: 1) transcurrir del pensamiento al discurso (elocución); o
          bien 2) ascender del discurso al pensamiento (traducción)<xref ref-type="fn" rid="fn119"
            >119</xref>. En la actualidad hablamos de interpretación sólo para caracterizar a este
          segundo proceso, pero los griegos ya pensaban la elocución como un proceso hermenéutico de
          mediación de significados que designaba la expresión o traducción del pensamiento en
          palabras. Y así se ve claramente en los textos de Platón y Aristóteles, donde la
          hermenéutica es entendida más como producción del discurso —semejante a la retórica— que
          como recepción del discurso. En Gracián, en cambio, producción y recepción corren parejas,
          puesto que la escritura marca intencionadamente a la lectura. El saber decir con primeras
          y segundas intenciones requiere al mismo tiempo de un saber entenderlas<xref ref-type="fn"
            rid="fn120">120</xref>.</p>
    <p>Para Checa, la ausencia de criterios expositivos vertebradores y la naturaleza del propio
          discurso aforístico, ambiguo, entrecortado, de vaivén, e incluso contradictorio del
            <italic>OM</italic>, se ajusta al mundo de la vida cotidiana, un mundo cambiante, para
          el que los aforismos entrenan a sus lectores, obligándolos a intervenir de manera
          decisiva. Así, sostiene Andreu Celma, en la lectura del <italic>OM</italic>: “No hay más
          remedio que rechazar la pasividad del lector ingenuo y tomar la iniciativa interpretativa
          para encontrar el plusvalor de sentido que el buen lector introduce en el texto”<xref
            ref-type="fn" rid="fn121">121</xref>. Los juegos de palabras de Gracián ponen de
          manifiesto la ambigüedad plena del lenguaje y tienen como objetivo mostrar las diversas
          perspectivas, descubrir distintos matices y otras formas de transmisión de ideas y, al
          mismo tiempo, hacer ganar al lector diversos ángulos de visión<xref ref-type="fn"
            rid="fn122">122</xref>.</p>
    <p>Para Checa, esta característica hace que en el <italic>OM</italic>, la confrontación entre el
          lector y el texto tenga un valor propedéutico. Lo que muestra Gracián allí es la
          dificultad que tiene leer adecuadamente el mundo. Y para ello, nos previene de manera
          indirecta. En este sentido, entiende Checa, en tanto en la vida cotidiana las situaciones
          resultan ambiguas, la persona prudente no puede regirse entonces por un código moral
          absolutamente estable y con pretensiones de validez universal<xref ref-type="fn"
            rid="fn123">123</xref>. La estrategia graciana del <italic>OM</italic> no es únicamente
          comunicacional sino que implica también acción y persuasión. Es una tarea pedagógica
          fundamentalmente, influenciada muy probablemente por el <italic>Ars poetica</italic>
          horaciana, tan en boga en esos tiempos: “<italic>Aut prodesse volunt aut delectare poetae,
            aut simul, et iucunda et idona dicere vitae</italic>”<xref ref-type="fn" rid="fn124"
            >124</xref>, de enseñar deleitando. Para Marín Pina, Gracián, en su obsesión educativa,
          propone una serie de reglas, de artificios, de engaños, de astucias y tretas que enseñan a
          parecer, a ocultar, a disimular, a cifrar. Hacerse impenetrable a los demás. Ocultar los
          afectos y las pasiones del corazón se convierten entonces en las primeras máximas de este
          arte de conducta<xref ref-type="fn" rid="fn125">125</xref>.</p>
    <p>Ahora, si hay un lugar donde tenemos que buscar estas claves de lectura para comprender el
          gran aporte de Gracián al <italic>OM</italic>, es en su propia obra. Como anticipamos, en
          el aforismo 212, Gracián sentencia: “Hase de ir con arte en comunicar el arte”<xref
            ref-type="fn" rid="fn126">126</xref>. Recordemos acá que para Gracián la prudencia es
          identificada como un arte, a pesar de reconocerla también como saber práctico, y por eso
          el <italic>OM</italic> lleva como título también “Arte de prudencia”. Respecto de esta
          identidad entre arte y prudencia, Cerezo Galán señala que el término “arte” Gracián lo
          utiliza en un sentido amplio, abarcando tanto el orden de la <italic>poíesis</italic> como
          de la <italic>praxis</italic><xref ref-type="fn" rid="fn127">127</xref>. Por otra parte,
          Checa señala que en ese aforismo 212 Gracián sugiere una de las estrategias verbales
          vigentes en su tratado. De acuerdo a la interpretación de Checa, no alcanza con que el
          moralista recomiende una serie de normas de prudencia, sino que es necesario, además,
          ejercitar la prudencia en el mismo acto de su enunciación. Con este doble ejercicio, el
            <italic>OM</italic> duplica el proceso de actuación práctica. Esto coincide, entiende
          Checa, con lo dicho tanto por Aristóteles como por Cicerón, para quienes la persona
          prudente debe ajustar con el perfecto orador, ya que ambos someten sus actividades a las
          exigencias del <italic>decoro</italic> (o ajuste ético y lingüístico al caso tratado).
          Para Checa: “[…] la retórica y los usos ingeniosos del lenguaje conectan estrechamente con
          la importantísima dimensión éticopolítica de la obra del jesuita, dado que la prudencia es
          indeslindable del empleo certero de la palabra”<xref ref-type="fn" rid="fn128">128</xref>.
          A partir de lo dicho, tenemos que el <italic>OM</italic> no se limita sólo a formular una
          serie de recursos prácticos para la vida cotidiana, sino que hace de la forma expresiva
          misma un acto prudente y, en consecuencia, un acto ejemplar<xref ref-type="fn" rid="fn129"
            >129</xref>. Con ello, Gracián elabora al mismo tiempo una ética de la escritura y un
            <italic>ethos</italic> del escritor.</p>
    <p>En esta ética de la escritura y en la conformación del <italic>ethos</italic> del escritor
          moral, Gracián otorga carácter moral a la brevedad en el discurso. Dice: “Lo bueno, si
          breve, dos vezes bueno”<xref ref-type="fn" rid="fn130">130</xref>, a lo que añade, “[…] es
          verdad común que hombre largo raras vezes entendido, no tanto en lo material de la
          disposición quanto en lo formal del discurso”<xref ref-type="fn" rid="fn131">131</xref>,
          un carácter moral del discurso que es al mismo tiempo un carácter pragmático: “La brevedad
          es lisongera, y más negociante”, porque “[…] lo bien dicho se dize presto”<xref
            ref-type="fn" rid="fn132">132</xref>. Con esto, el aforismo se convierte en el género de
          la filosofía moral. Hay que recalcar entonces la identificación que traza Gracián entre
          brevedad y bien, tanto en sentido moral como pragmático. Gracián enseña aquí que la
          brevedad es un bien para el alma de quienes reciben la máxima de la acción, vinculando así
          el estilo del discurso a la prudencia.</p>
    <p>Para Povedano, el <italic>OM</italic> refleja la meta literaria de Gracián: el laconismo, la
          supresión de aquello que pueda distraer del concepto<xref ref-type="fn" rid="fn133"
            >133</xref>. Como el <italic>OM</italic> es un libro de sentencias de carácter
          filosófico-morales, dicho contenido no sería precisamente atractivo para el lector, ni
          siquiera, dice Povedano, para todo lector culto<xref ref-type="fn" rid="fn134">134</xref>.
          Es posible, como puede notarse en el aforismo 105 del <italic>OM</italic>, que el propio
          Gracián advirtiera que el aforismo seco podría producir cierto cansancio en el lector. De
          aquí que decidiera disimularlo mediante la invención de artificios, adornando —como dice
          Povedano— con figuras literarias de todo tipo y con juegos de palabras que auxilien al
          lector, alivien su cansancio, mantengan su atención y eviten la pérdida de interés en el
            contenido<xref ref-type="fn" rid="fn135">135</xref>.</p>
    <p>Gracián replica en el <italic>OM</italic> la forma en que él lee el mundo. Un mundo confuso,
          impredecible, contradictorio, lleno de matices, de apariencias, estratagemas y disimulos,
          en las que el lector del <italic>OM</italic> y el actor del mundo, se ven constantemente
          compelidos a dar sentido. En esta amalgama entre escritura y mundo, el <italic>OM</italic>
          sorprende continuamente al lector sin dejarse apresar completamente por él, donde la ética
          de la escritura y la conformación de un <italic>ethos</italic> del escritor moral
          confluyen en una ética de la lectura y en la conformación de un <italic>ethos</italic> del
          lector. Desde este punto de vista, Checa entiende que la problemática de la lectura del
            <italic>OM</italic> debe ser comprendida en virtud de las sugerencias que el propio
          texto prescribe respecto de la interpretación de la realidad humana. Un procedimiento que,
          a su juicio, no tiene nada de arbitrario, ya que el propio texto reproduce las tácticas
          contra las que Gracián mismo nos previene, y que él recomienda para leer un mundo, como el
          barroco, colmado de trampas y peligros<xref ref-type="fn" rid="fn136">136</xref>.</p>
  </sec>
</sec>
<sec id="sec5">
  <title>5. A modo de cierre</title>
  <p>Lo expuesto hasta aquí nos permite señalar entonces que la prudencia graciana es, al mismo
        tiempo, un saber práctico y poiético que mediante la creación de artificios disimulatorios
        está encaminado a la constitución del “ser persona”. La persona prudente, el “prodigio”, a
        quien se lo conoce por lo acertado y profundo del juicio, por la fecundidad de su ingenio y
        lo elevado de su gusto<xref ref-type="fn" rid="fn137">137</xref>, alcanza dicho saber por un
        camino donde la retórica se conecta estrechamente con la ética y la política. Ante la
        dificultad que entraña leer adecuadamente el mundo, el propio texto del <italic>OM</italic>
        nos alerta —en su propio estilo— y nos hace poner en práctica nuestra capacidad de
        discernimiento y elección sobre los vaivenes de la vida cotidiana, sobre los encuentros y
        desencuentros, engaños y desengaños; en definitiva, sobre los múltiples sentidos —de lo
        dicho y de lo actuado—. Por ello Gracián utiliza las mismas estrategias retóricas que
        recomienda seguir en la acción. Si alcanzar la virtud prudencial requiere de cierto
        ocultamiento para evitar quedar vulnerable frente a los poderosos, por otra parte, la
        escritura y la lectura del <italic>OM</italic> exigen el mismo camino. Y, puesto que en “el
        hombre perfecto” deben coincidir dichos y hechos<xref ref-type="fn" rid="fn138">138</xref>,
        la multiplicidad de sentidos que emergen en la propia escritura se corresponde con las
        propias recomendaciones para la acción que exigen pensar las cosas desde las dos
          perspectivas<xref ref-type="fn" rid="fn139">139</xref>. Así, el <italic>OM</italic> no se
        limita a dar una serie de consejos para la vida cotidiana, sino que, como señala Checa, hace
        de esa formulación un acto prudente y ejemplar, puesto que, como bien enseña el
          <italic>OM</italic>, también se es prudente si se comunica con prudencia<xref
          ref-type="fn" rid="fn140">140</xref>. Esta ética es un modo de (respon)der, de hacerse
        cargo de la tradición (y de los otros), de hacerse (respon)sable de la palabra y las
        acciones, ejercitando la prudencia de una manera doble, en su prescripción y en sus actos de
        enunciación. En un mundo desangelado, cambiante, que ha perdido su rumbo, orden y centro, en
        definitiva, en un mundo plagado de pesimismo y nihilismo, donde el engaño y la mentira
        corren a la orden del día, el uso prudente de la palabra se conforma en una potencia
        política al servicio de la vida. Así, la lectura del <italic>OM</italic> hay que abordarla
        desde las sugerencias que el propio texto señala respecto de la interpretación de la
        realidad humana. De aquí, la importancia del lenguaje y la esfera del lector en la obra
        graciana, donde la hermenéutica cobra una importancia vital.</p>
</sec>
</body>
<back>
<fn-group>
  <fn id="fn1">
    <label>1</label><p>Maravall distingue tres etapas: los años que comprenden el reinado de Felipe III (1598-1621),
          entendida como la etapa de formación del barroco; los que comprenden el reinado de Felipe
          IV (1621-1665), la etapa de plenitud; y las dos primeras décadas de Carlos II, entendida
          como el período de decadencia del barroco. La mayor intensidad del barroco español se
          sitúa entre 1605 y 1650 (Maravall, José Antonio. <italic>La cultura del barroco.</italic>
          Barcelona: Ariel, 1975). Por su parte, Abellán, sitúa el barroco español entre 1598, año
          del fallecimiento de Felipe II, y el año 1680, luego de la muerte de Calderón de la Barca
          (Abellán, José Luis. <italic>El eramismo español.</italic> Madrid: Gráficas Espejo,
          1976).</p>
  </fn>
  <fn id="fn2">
    <label>2</label><p>Sáez Rueda, Luis
    <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://www.ugr.es/~lsaez/materiales/barroco/presentacion.htm"><underline>https://www.ugr.es/~lsaez/materiales/ba</underline></ext-link>
    <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://www.ugr.es/~lsaez/materiales/barroco/presentacion.htm"><underline>rroco/presentacion.htm</underline></ext-link>.</p>
  </fn>
  <fn id="fn3">
    <label>3</label><p>Aranguren, José Luis. “La moral de Gracián”. En <italic>Obras Completas</italic>, vol.VI, Madrid:
          Trotta, 1997, p. 175.</p>
  </fn>
  <fn id="fn4">
    <label>4</label><p>La expresión “Hombre barroco” remite también al
    título del texto de Villari, Rosario. <italic>El hombre
    barroco</italic>. Madrid: Alianza, 1993 [1991], que es parte de las
    fuentes teóricas echeverrianas.</p>
  </fn>
  <fn id="fn5">
    <label>5</label><p>Ver Echeverría, Bolívar, <italic>La modernidad de lo barroco</italic>. México: Era, 1998; Sáez
          Rueda, Luis, <italic>Op.cit.</italic>; Pérez-Borbujo Álvarez, Fernando. “Neobarroco y
          crisis contemporánea”. <italic>Res Pública. Revista de Historia de las Ideas
            Políticas</italic>, n.º 26, 1, (2023), pp. 115-126, entre otros.</p>
  </fn>
  <fn id="fn6">
    <label>6</label><p>Ver Beraldi, Gastón. “<italic>Tertium Datur</italic> y <italic>Dissimulazione onesta</italic>:
          políticas barrocas”. En <italic>Tópicos</italic>, n.º 71 (2025), pp. 179-213, y
          “Echeverría y Unamuno, barroco y agonismo. Una articulación del <italic>ethos</italic>
          barroco y el <italic>ethos</italic> trágico”. En <italic>Areté. Revista de
            Filosofía</italic>, vol. XXXV, 1 (2023), pp. 28-75.</p>
  </fn>
  <fn id="fn7">
    <label>7</label><p>En adelante <italic>OM</italic>. Las referencias bibliográficas de los textos de Gracián se citan
          con las abreviaturas aquí indicadas. En todos los casos se siguen las ediciones originales
          de los textos. Gracián, B. (1637). <italic>El Héroe</italic>. Huesca: Juan Francisco de
          Larumbe. (<italic>H</italic>).</p>
    <p>Gracián, B. (1642). <italic>Arte de ingenio. Tratado de la agudeza</italic>. Madrid: Juan
          Sánchez. (<italic>AI</italic>).</p>
    <p>Gracián, B. (1647). <italic>Oráculo Manual y arte de la
    prudencia</italic>. Huesca: Juan Nogués (<italic>OM</italic>).</p>
    <p>Gracián, B. (1648). <italic>Agudeza y arte de ingenio</italic>.
    Huesca: Juan Nogués. (<italic>A</italic>).</p>
  </fn>
  <fn id="fn8">
    <label>8</label><p>En adelante <italic>AI.</italic></p>
  </fn>
  <fn id="fn9">
    <label>9</label><p>En adelante <italic>A.</italic></p>
  </fn>
  <fn id="fn10">
    <label>10</label><p>Peres Díaz, Daniel. “Reflexiones sobre el pensamiento español. A propósito del Barroco y de
          Baltasar Gracián”. <italic>Eikasía. Revista de Filosofía</italic>, X Aniversario (2015),
          p. 324.</p>
  </fn>
  <fn id="fn11">
    <label>11</label><p>Checa, Jorge. “<italic>Oráculo Manual</italic>: Gracián y el ejercicio de la lectura”. En
            <italic>Actas del X Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas</italic>,
          coordinado por Antonio Vilanova Andreu. Barcelona: Promociones y Publicaciones
          Universitarias, 1992, p. 850 (publicado anteriormente en <italic>Hispanic Review</italic>,
          n.º 59, Universidad de Pensilvania, 1991, pp. 264-269).</p>
  </fn>
  <fn id="fn12">
    <label>12</label><p><italic>cfr.</italic> Cerezo Galán, Pedro. <italic>El héroe de luto. Ensayos sobre el pensamiento
            de Baltasar Gracián</italic>. Zaragoza: Institución Fernando el Católico, 2015, pp.
          39-45.</p>
  </fn>
  <fn id="fn13">
    <label>13</label><p><italic>OM</italic>, af. 14.</p>
  </fn>
  <fn id="fn14">
    <label>14</label><p>Checa, “<italic>Oráculo Manual</italic>: Gracián
    y el ejercicio de la lectura”, p. 850.</p>
  </fn>
  <fn id="fn15">
    <label>15</label><p>García Casanova, Juan Francisco. “La racionalidad hermenéutica del barroco graciano”. En
            <italic>Razón de Occidente. Textos reunidos para un homenaje al profesor Pedro
            Cerezo</italic> Galán, editado por Patricio Peñalver y José Luis Villacañas. Madrid:
          Biblioteca Nueva, 2010, pp. 199-219.</p>
  </fn>
  <fn id="fn16">
    <label>16</label><p>Andreu Celma, José María. “Baltasar Gracián precursor de la hermenéutica: las reglas del arte de
          la prudencia para comprender la verdad moral”. En Simposio “Baltasar Gracián y su época”.
          Catalayud: UNED, 2013, <ext-link ext-link-type="uri"
            xlink:href="https://www.calatayud.org/noticias/NOVIEMBRE-13/conferenciagracian_simposio2013.htm"
              ><underline>https://www.calatayud.org/</underline></ext-link>
          <ext-link ext-link-type="uri"
            xlink:href="https://www.calatayud.org/noticias/NOVIEMBRE-13/conferenciagracian_simposio2013.htm"
              ><underline>noticias/NOVIEMBRE-13/conferenciagracian_simposio2013.</underline></ext-link>
          <ext-link ext-link-type="uri"
            xlink:href="https://www.calatayud.org/noticias/NOVIEMBRE-13/conferenciagracian_simposio2013.htm"
              ><underline>htm</underline></ext-link> (Consultado 4/8/2023).</p>
  </fn>
  <fn id="fn17">
    <label>17</label><p>Conill Sancho, Jesús <italic>Ética
    hermenéutica</italic>. Madrid: Técnos, 2010 [2006].</p>
  </fn>
  <fn id="fn18">
    <label>18</label><p>Conill Sancho, <italic>Ética
    hermenéutica</italic>, pp. 91-202.</p>
  </fn>
  <fn id="fn19">
    <label>19</label><p><italic>cfr.</italic> Nussbaum, Martha.
    <italic>La fragilidad del bien</italic>. Madrid: Visor, 1995
    [1986].</p>
  </fn>
  <fn id="fn20">
    <label>20</label><p>Aristóteles. <italic>Ética Nicomáquea</italic>.
    Madrid: Gredos, 1985, 1094b 25.</p>
  </fn>
  <fn id="fn21">
    <label>21</label><p><italic>cfr.</italic> Gadamer, Hans-Georg.
    <italic>Verdad y Método</italic>. Salamanca: Sígueme, 1999
    [1960/1965].</p>
  </fn>
  <fn id="fn22">
    <label>22</label><p>García Casanova, “La racionalidad hermenéutica
    del barroco graciano”, p. 205.</p>
  </fn>
  <fn id="fn23">
    <label>23</label><p>Gracián utiliza las expresiones “potencias” o “prendas” para referirse a los instrumentos de los
          que dispone el ser humano maduro, el “hombre en su punto” —dirá en el <italic>Oráculo
            Manual</italic>— para poder sobrevivir y triunfar.</p>
  </fn>
  <fn id="fn24">
    <label>24</label><p>García Casanova, “La racionalidad hermenéutica
    del barroco graciano”, p. 204.</p>
  </fn>
  <fn id="fn25">
    <label>25</label><p>García Casanova, “La racionalidad hermenéutica
    del barroco graciano”, pp. 200-201.</p>
  </fn>
  <fn id="fn26">
    <label>26</label><p>Peres Díaz, “Reflexiones sobre el pensamiento
    español. A propósito del Barroco y de Baltasar Gracián”, p. 319.</p>
  </fn>
  <fn id="fn27">
    <label>27</label><p>En el Siglo de Oro español, los aforismos están destinados a sintetizar el discurso acerca de la
          naturaleza humana. En un mundo cambiante, lleno de incertidumbre, el aforismo replica, de
          alguna manera, ese modo de ser del mundo. Cuartero (2001) nos recuerda que este género
          discursivo proviene de una rica tradición de colecciones de aforismos políticos que los
          estudios críticos vinculan con el tacitismo europeo y español (Cuartero, María Pilar.
          “Oráculo Manual y arte de pru-</p>
    <p>dencia”. En <italic>Baltasar Gracián. Estado de la cuestión y nuevas perspectivas</italic>,
          coordinado por Aurora Egido y María del Carmen Marín. Zaragoza: Institución Fernando el
          Católico, 2001, pp. 90-91). Este modo particular de expresión del Barroco trata, casi
          siempre, sobre temas de carácter moral (Novella Suárez, Jorge. “Baltasar Gracián y el arte
          de saber vivir”. En <italic>El mundo de Baltasar Gracián. Filosofía y literatura en el
            Barroco</italic>, editado por Juan Francisco García Casanova. Granada: Universidad de
          Granada, 2003, p. 200).</p>
  </fn>
  <fn id="fn28">
    <label>28</label><p><italic>cfr.</italic> Novella Suárez, “Baltasar Gracián y el arte de saber vivir”, p. 203 y
          Ayala, Jorge. “La moral ingeniosa de Baltasar Gracián”. <italic>Thémata. Revista de
            Filosofía</italic>, n.º 17 (2006), p. 134.</p>
  </fn>
  <fn id="fn29">
    <label>29</label><p>Novella Suárez, “Baltasar Gracián y el arte de
    saber vivir”, p. 203.</p>
  </fn>
  <fn id="fn30">
    <label>30</label><p>Puede verse: Ayala, Jorge. “Tres incursiones en la filosofía de Gracián”. <italic>Cuaderno
            Gris</italic>, Época III, 1 (1994-1995). Monográfico <italic>Gracián hoy</italic>,
          coordinado por Alfonso Moraleja, pp. 145-158; Aranguren, “La moral de Gracián”, pp.
          375-399 y Novella Suárez, “Baltasar Gracián y el arte de saber vivir”, pp. 189-218.</p>
  </fn>
  <fn id="fn31">
    <label>31</label><p>Aranguren, “La moral de Gracián”, p. 381.</p>
  </fn>
  <fn id="fn32">
    <label>32</label><p>Cerezo Galán, <italic>El héroe de luto</italic>,
    p. 201.</p>
  </fn>
  <fn id="fn33">
    <label>33</label><p><italic>OM</italic>, af. 120.</p>
  </fn>
  <fn id="fn34">
    <label>34</label><p><italic>OM</italic>, af. 288.</p>
  </fn>
  <fn id="fn35">
    <label>35</label><p><italic>OM</italic>, af. 120.</p>
  </fn>
  <fn id="fn36">
    <label>36</label><p>Ayala, Jorge. “Reflejo y reflexión. Baltasar Gracián, un pensador universal”. <italic>Cuadernos
            salamantinos de filosofía</italic>, n.º VI (1979), p. 319.</p>
  </fn>
  <fn id="fn37">
    <label>37</label><p><italic>cfr.</italic> García Casanova, “La racionalidad hermenéutica del barroco graciano”;
          Andreu Celma, ““Baltasar Gracián precursor de la hermenéutica…” y Cerezo Galán, <italic>El
            héroe de luto</italic>.</p>
  </fn>
  <fn id="fn38">
    <label>38</label><p>Grande Yáñez, Miguel. “El juicio graciano: calificación y acierto moral”. <italic>Conceptos.
            Revista de Investigación Graciana</italic>, n.º 1 (2004), pp. 95-96.</p>
  </fn>
  <fn id="fn39">
    <label>39</label><p><italic>cf. OM</italic>, afs. 60 y 239.</p>
  </fn>
  <fn id="fn40">
    <label>40</label><p>En las lecturas críticas de la obra del jesuita aragonés, tanto Menéndez y Pelayo como Croce
          redujeron las posibilidades del ingenio graciano únicamente al campo formal y estético.
          Sin embargo, como precisa Hidalgo Serna —que realiza un análisis del ingenio y del
          concepto a partir de la lógica aristotélica— el ingenio no puede ser relegado a mero
          ornamento al servicio de la enunciación racional, ya que Gracián propone un nuevo modelo
          de pensar, entender y expresar el ser (Hidalgo Serna, Emilio. “Filosofía del ingenio: el
          concepto y el método ingenioso en Baltasar Gracián”. <italic>Revista de
          filosofía</italic>, vol. 18, n.º 1 (1980), p. 75).</p>
  </fn>
  <fn id="fn41">
    <label>41</label><p>Ayala, Jorge. “Un arte para el ingenio: el
    desafío de Gracián”. En <italic>El mundo de Baltasar Gracián.
    Filosofía y literatura en el Barroco</italic>, editado por Juan
    Francisco García Casanova, J.F. Granada: Universidad de Granada,
    2003, p. 249.</p>
  </fn>
  <fn id="fn42">
    <label>42</label><p>Novella Suárez, “Baltasar Gracián y el arte de
    saber vivir”, p. 208.</p>
  </fn>
  <fn id="fn43">
    <label>43</label><p>Hidalgo Serna, Emilio. “De la agudeza del concepto a la agudeza de acción. La moral ingeniosa de
          Gracián”. <italic>Documentos A</italic>. <italic>Genealogía científica de la
            cultura</italic>, n.º 5 (1993), (Ejemplar dedicado a: Baltasar Gracián: el discurso de
          la vida. Una nueva visión y lectura de su obra), p. 169.</p>
  </fn>
  <fn id="fn44">
    <label>44</label><p>García Casanova, “La racionalidad hermenéutica
    del barroco graciano”, p. 209.</p>
  </fn>
  <fn id="fn45">
    <label>45</label><p>Maldonado de Guevara, Francisco. “El Cogito de
    Baltasar Gracián”. <italic>Revista de la Universidad de
    Madrid</italic>, VIII, 27 (1958), p. 288.</p>
  </fn>
  <fn id="fn46">
    <label>46</label><p>En adelante <italic>H.</italic></p>
  </fn>
  <fn id="fn47">
    <label>47</label><p><italic>H</italic>, Primor III, p. 12.</p>
  </fn>
  <fn id="fn48">
    <label>48</label><p><italic>cfr</italic>. Cerezo Galán, 2002, pp.
    11-37 y 2015, pp. 241-245).</p>
  </fn>
  <fn id="fn49">
    <label>49</label><p>Al respecto puede verse Ayala, J.M. (1999). “Gusto y prudencia en Baltasar Gracián”. En José
          Pascual de Quinto (coord.). <italic>Sobre agudeza y conceptos de Baltasar
          Gracián</italic>. Catalayud: UNED, pp. 53-75.</p>
  </fn>
  <fn id="fn50">
    <label>50</label><p><italic>H</italic>, Primor III, p. 13.</p>
  </fn>
  <fn id="fn51">
    <label>51</label><p>Puede verse García Casanova, 2010; Andreu Celma,
    2013 y Cerezo Galán, 2015; entre otros.</p>
  </fn>
  <fn id="fn52">
    <label>52</label><p>Gadamer nos muestra que, para Gracián, el gusto se encuentra muy vinculado a la capacidad de
          elección, al discernimiento, pues quien tiene gusto sabrá elegir correcta y
          conscientemente. De esa forma, en <italic>Verdad y método</italic> el concepto de gusto
          designa un modo de conocer que no es exclusivamente estético: en cuanto abarca el ámbito
          de las costumbres, de la ordenación de la vida y de la valoración de los casos concretos,
          el gusto viene a ser un modo de enjuiciar en el ámbito práctico-moral. En tal sentido, se
          requiere de un tacto especial para atinar con lo correcto y aplicar la ley moral. Es así
          como, señala Jesús Conill, el gusto contribuye al juicio moral. Por otra parte, el
          concepto de gusto vinculado al artificio de la disimulación, aparece en la disputa entre
          la verdad y la mentira en <italic>AI</italic> (<italic>cfr.</italic> Gracián,
            <italic>AI</italic>, Apéndice. Discurso XXXVI, p. 1245).</p>
  </fn>
  <fn id="fn53">
    <label>53</label><p>Eremiev Toro, Boris. “El par simulación
    disimulación y el arte de saber vivir”. <italic>Alpha</italic>, n.º
    28 (2009), p. 171.</p>
  </fn>
  <fn id="fn54">
    <label>54</label><p>Accetto, Torcuato. <italic>La disimulación
    honesta.</italic> Buenos Aires: El cuenco de plata, 2005 [1641], p.
    109.</p>
  </fn>
  <fn id="fn55">
    <label>55</label><p>Accetto, <italic>La disimulación
    honesta,</italic> p. 99.</p>
  </fn>
  <fn id="fn56">
    <label>56</label><p>Accetto, <italic>La disimulación
    honesta,</italic> p. 101.</p>
  </fn>
  <fn id="fn57">
    <label>57</label><p>Accetto, <italic>La disimulación
    honesta,</italic> p. 117.</p>
  </fn>
  <fn id="fn58">
    <label>58</label><p>Tatián, Diego. “Veracidad y disimulación”. <italic>Revista de la Escuela de Filosofía. Cuadernos
            Filosóficos.</italic> Segunda Época, n.º 15 (2019), p. 7.</p>
  </fn>
  <fn id="fn59">
    <label>59</label><p>Eremiev Toro, “El par simulación disimulación y el arte de saber vivir”, pp. 175-177.</p>
  </fn>
  <fn id="fn60">
    <label>60</label><p>Cerezo Galán, <italic>El héroe de luto,</italic>
    p. 83.</p>
  </fn>
  <fn id="fn61">
    <label>61</label><p>Baudrillard, Jean. <italic>Cultura y
    Simulacro.</italic> Barcelona: Kairós, 2007 [1978], p. 12.</p>
  </fn>
  <fn id="fn62">
    <label>62</label><p>Badillo O’ Farrell, Pablo. “Simulación y
    disimulación en la Razón de Estado”. En <italic>Simulación y
    disimulación. Aspectos constitutivos del pensamiento
    europeo</italic>, editado por Pablo Badillo O’ Farrell, José Sevilla
    Fernández y José Villalobos Domínguez. Sevilla: Kronos, 2003, p.
    20.</p>
  </fn>
  <fn id="fn63">
    <label>63</label><p>Accetto, <italic>La disimulación
    honesta,</italic> p. 98.</p>
  </fn>
  <fn id="fn64">
    <label>64</label><p>Ayala, “La moral ingeniosa de Baltasar Gracián”,
    p. 134.</p>
  </fn>
  <fn id="fn65">
    <label>65</label><p>Para Rodríguez de la Flor, el principio que lleva a mantener una estrategia de disimulación
          activa se impone, haciendo de esto, el núcleo organizativo de la naciente civilización
          política. Entra en escena el concepto de “conversación civil”, que no tiene por fin —como
          en el Renacimiento— la verdad en una materia o tema independiente de su factual
          actualidad, sino que lo que ahora entra en juego es el convencimiento, la persuasión del
          otro, su seducción total (Rodríguez de la Flor, Fernando. <italic>Pasiones frías. Secreto
            y disimulación en el Barroco hispano.</italic> Madrid: Marcial Pons-Ediciones de
          Historia, 2005, pp. 19-36.</p>
  </fn>
  <fn id="fn66">
    <label>66</label><p>De allí que no todo disimulo sea válido, como ya señalábamos antes.</p>
  </fn>
  <fn id="fn67">
    <label>67</label><p><italic>AI,</italic> Apéndice, Discurso XXXXVI,
    p. 1245.</p>
  </fn>
  <fn id="fn68">
    <label>68</label><p>Para profundizar el estudio de este concepto, puede consultarse: Cerezo Galán, P. (2003).
            “<italic>Homo dúplex:</italic> el mixto y sus dobles”. En García Casanova, J.F. (ed.).
            <italic>El mundo de Baltasar Gracián. Filosofía y literatura en el Barroco.</italic>
          Granada: Universidad de Granada, pp. 401-442.</p>
  </fn>
  <fn id="fn69">
    <label>69</label><p>Cerezo Galán, <italic>El héroe de luto,</italic>
    p. 83.</p>
  </fn>
  <fn id="fn70">
    <label>70</label><p>Puede verse también García Gibert, Javier. “Artificio: una segunda naturaleza”.
            <italic>Conceptos. Revista de Investigación Graciana</italic>, n.º 1 (2004), pp.
          13-33.</p>
  </fn>
  <fn id="fn71">
    <label>71</label><p>Peres Díaz, “Reflexiones sobre el pensamiento
    español…”, p. 316.</p>
  </fn>
  <fn id="fn72">
    <label>72</label><p>Ver Povedano, 1976; Pelegrín, 1982, 1983 y 1990;
    Checa, 1992; Ayala, 2003; etc.</p>
  </fn>
  <fn id="fn73">
    <label>73</label><p><italic>OM</italic>, af. 14.</p>
  </fn>
  <fn id="fn74">
    <label>74</label><p><italic>OM</italic>, af. 99.</p>
  </fn>
  <fn id="fn75">
    <label>75</label><p>Los corchetes son míos.</p>
  </fn>
  <fn id="fn76">
    <label>76</label><p><italic>OM</italic>, af. 70.</p>
  </fn>
  <fn id="fn77">
    <label>77</label><p><italic>OM</italic>, af. 212.</p>
  </fn>
  <fn id="fn78">
    <label>78</label><p><italic>OM</italic>, af. 98.</p>
  </fn>
  <fn id="fn79">
    <label>79</label><p><italic>AI</italic>, p. 1245.</p>
  </fn>
  <fn id="fn80">
    <label>80</label><p>Povedano, Francisco. “El juego de palabras en el
    <italic>Oráculo Manual</italic> de Gracián”. <italic>Romanische
    Forschungen,</italic> n.º 88 (2/3), (1976), pp. 210-214.</p>
  </fn>
  <fn id="fn81">
    <label>81</label><p><italic>A</italic>, p. 364.</p>
  </fn>
  <fn id="fn82">
    <label>82</label><p>Tierno Galván, Enrique. “Introducción”. En <italic>Aurea Dicta. Dichos y proverbios del mundo
            clásico</italic> (Selección)<italic>,</italic> editado por Eduard Valentí. Barcelona:
          Crítica, 1987, p. 7.</p>
  </fn>
  <fn id="fn83">
    <label>83</label><p>Andreu Celma, José María. “La dialéctica del
    juego en el <italic>Oráculo Manual</italic>”. En <italic>El mundo de
    Baltasar Gracián. Filosofía y literatura en el Barroco,</italic>
    editado por Juan Francisco García Casanova, Granada: Universidad de
    Granada, 2003, p. 98 y 103-104.</p>
  </fn>
  <fn id="fn84">
    <label>84</label><p>Povedano, “El juego de palabras en el
    <italic>Oráculo Manual</italic> de Gracián”, p. 210.</p>
  </fn>
  <fn id="fn85">
    <label>85</label><p>Desde esta perspectiva del estilo literario vinculada al juego de palabras, Povedano realiza el
          estudio de la paranomasia en los aforismos del <italic>OM</italic>, figura de la que
          analiza la intencionalidad por parte de Gracián en su uso, y de la que ofrece una amplia
          ejemplificación. En óptica parecida, Pelegrín, considerando los tropos y figuras retóricas
          como figuras morales, traza un estudio sobre las técnicas gracianas de la sinécdoque, la
          antítesis, la metáfora y la metonimia (1982). Dicho estudio, será continuado
          posteriormente en la introducción a su edición del <italic>OM</italic> (1983), y
          posteriormente en otro de sus trabajos, donde, por otra parte, evalúa la posibilidad de
          fragmentar el aforismo graciano en microaforismos (1990). El trabajo realizado por María
          Pilar Cuartero (2001) muestra otras publicaciones que han estudiado más aisladamente el
          estilo del <italic>OM.</italic> Kremers (1951), en Sobejano (1954), observaba diversas
          características estilísticas de los aforismos gracianos (laconismo, antítesis,
          paralelismo, clímax…). En esta perspectiva de los recursos estilísticos de las formas
          aforísticas del <italic>OM</italic>, que continuaron Hatzfeld (1958) y Batllori y Peralta
          (1969), recientemente se han producido algunos trabajos, como los de Darbord (1982), que
          aborda la paradoja en el <italic>OM.</italic> Asimismo, la estructura sintáctica del
            <italic>OM</italic> ha sido abordada en el análisis realizado por Lope Blanch (1986)
          (Cuartero, María del Pilar. “Oráculo Manual y arte de prudencia”. En <italic>Baltasar
            Gracián. Estado de la cuestión y nuevas perspectivas,</italic> coordinado por Aurora
          Egido y María del Carmen Marín. Zaragoza: Institución Fernando el Católico, 2001, pp.
          94-95).</p>
  </fn>
  <fn id="fn86">
    <label>86</label><p>Povedano, “El juego de palabras en el
    <italic>Oráculo Manual</italic> de Gracián”, p. 214.</p>
  </fn>
  <fn id="fn87">
    <label>87</label><p>Andreu Celma, “La dialéctica del juego en el <italic>Oráculo Manual</italic>”, p. 102.</p>
  </fn>
  <fn id="fn88">
    <label>88</label><p><italic>OM</italic>, af. 94.</p>
  </fn>
  <fn id="fn89">
    <label>89</label><p><italic>OM</italic>, af. 99.</p>
  </fn>
  <fn id="fn90">
    <label>90</label><p><italic>OM</italic>, afs. 9, 126 y 186.</p>
  </fn>
  <fn id="fn91">
    <label>91</label><p><italic>OM</italic>, af. 23.</p>
  </fn>
  <fn id="fn92">
    <label>92</label><p><italic>OM</italic>, af. 8.</p>
  </fn>
  <fn id="fn93">
    <label>93</label><p><italic>OM</italic>, af. 69.</p>
  </fn>
  <fn id="fn94">
    <label>94</label><p><italic>OM</italic>, af. 98.</p>
  </fn>
  <fn id="fn95">
    <label>95</label><p>Tatián, “Veracidad y disimulación”, p. 7.</p>
  </fn>
  <fn id="fn96">
    <label>96</label><p>Eremiev Toro, “El par simulación disimulación y el arte de saber vivir”, p. 170.</p>
  </fn>
  <fn id="fn97">
    <label>97</label><p>Accetto, <italic>La disimulación
    honesta</italic>, p. 101.</p>
  </fn>
  <fn id="fn98">
    <label>98</label><p>Accetto, <italic>La disimulación
    honesta</italic>, p. 143.</p>
  </fn>
  <fn id="fn99">
    <label>99</label><p>Bodei, Remo. <italic>Geometría de las
    pasiones.</italic> México: F.C.E., 1995 [1991], p. 139.</p>
  </fn>
  <fn id="fn100">
    <label>100</label><p>No debe pensarse que la disimulación sea únicamente un artificio del poder para atraer a los
          conquistados a que en tren en el nuevo orden, tal como lo muestra Rodríguez de la Flor
          (2002). Éste señala que para 1570, con el Código de Ovando —que trasmuta la conquista en
          descubrimiento—, se inaugura una nueva etapa en el proceso de colonización. En 1574 Arias
          Montano señalaba que “se ganará diez doblado más por esta vía que por fuerza y miedo”
          (Rodríguez de la Flor, Fernando. <italic>Barroco. Representación e ideología en el mundo
            hispánico (1580-1680).</italic> Madrid: Cátedra, 2002, p. 319). Así, después de la
          conquista por los hechos, toma valor la conquista por las palabras y los instrumentos
          conceptuales. Para 1591, el historiador jesuita Pedro de Ribadeneyra sugiere dejar de lado
          en la política colonial la clásica estrategia de la violencia y adoptar una nueva, la de
          la doblez y el disimulo. Los jesuitas dan al poder las justificaciones necesarias para
          esta auténtica política de la disimulación, ahora adoptada por el discurso del poder. La
          seducción, se presenta como una estrategia procedimental que será una herramienta que
          emplean los jesuitas en la confesionalización general (Rodríguez de la Flor,
            <italic>Pasiones frías</italic>, p. 113). La represión y el castigo adoptan ahora formas
          desviadas. La paciencia y la acomodación son ya recursos legitimados por los politólogos
          (Rodríguez de la Flor, <italic>Pasiones frías</italic>, pp. 177-179). De la conquista por
          las armas y la fuerza se pasa a la conquista espiritual. En este estado de desconfianza y
          disimulación mutua se construye ese <italic>ego</italic> barroco, dominado por las
          pasiones frías, que, como señala Rodríguez de la Flor, altera la construcción de la
          subjetividad pulsional clásica (Rodríguez de la Flor, <italic>Pasiones frías</italic>, p.
          123). De aquí que, “la disimulación puede tornarse […] en virtuosa; la hipocresía y el
          engaño culminan paradojalmente en formas civiles, las cuales revelan hasta qué punto el
          hombre ha sintonizado con la moira; con la locura y el travestismo generalizado que
          señorea el espacio social y a las cuales se adapta.” (Rodríguez de la Flor,
            <italic>Pasiones frías</italic>, p. 18).</p>
  </fn>
  <fn id="fn101">
    <label>101</label><p>Eremiev Toro, “El par simulación disimulación y el arte de saber vivir”, pp. 175-177.</p>
  </fn>
  <fn id="fn102">
    <label>102</label><p>Tatián, “Veracidad y disimulación”, p. 7.</p>
  </fn>
  <fn id="fn103">
    <label>103</label><p>Tatián, “Veracidad y disimulación”, p. 7.</p>
  </fn>
  <fn id="fn104">
    <label>104</label><p><italic>OM</italic>, af. 94</p>
  </fn>
  <fn id="fn105">
    <label>105</label><p><italic>OM</italic>, afs. 9, 126, 186 y
    131.</p>
  </fn>
  <fn id="fn106">
    <label>106</label><p><italic>OM</italic>, af. 83.</p>
  </fn>
  <fn id="fn107">
    <label>107</label><p><italic>OM</italic>, af. 23.</p>
  </fn>
  <fn id="fn108">
    <label>108</label><p><italic>OM</italic>, af. 77</p>
  </fn>
  <fn id="fn109">
    <label>109</label><p>Tatián, “Veracidad y disimulación”, p. 8.</p>
  </fn>
  <fn id="fn110">
    <label>110</label><p>Tatián, “Veracidad y disimulación”, p. 8; Accetto, <italic>La disimulación honesta</italic>, p.
          114.</p>
  </fn>
  <fn id="fn111">
    <label>111</label><p>Eremiev Toro, “El par simulación disimulación y el arte de saber vivir”, p. 178.</p>
  </fn>
  <fn id="fn112">
    <label>112</label><p>Tatián, “Veracidad y disimulación”, p. 8.</p>
  </fn>
  <fn id="fn113">
    <label>113</label><p>Accetto, <italic>La disimulación
    honesta</italic>, p. 144.</p>
  </fn>
  <fn id="fn114">
    <label>114</label><p>Tatián, “Veracidad y disimulación”, p. 9.</p>
  </fn>
  <fn id="fn115">
    <label>115</label><p>Rodríguez de la Flor, <italic>Pasiones
    frías,</italic> p. 176.</p>
  </fn>
  <fn id="fn116">
    <label>116</label><p><italic>cfr.</italic> Beraldi, 2025.</p>
  </fn>
  <fn id="fn117">
    <label>117</label><p>En la epopeya alegórica de <italic>El
    Criticón,</italic> Critilo (reflexión) y Andremio (instinto) ponen
    de relieve esta duplicidad del</p>
    <p>ser humano, que juntos representan, como señala Cerezo Galán, el símbolo del <italic>puer
            senex</italic>, el adolescente maduro o prudente (<italic>cfr.</italic> Cerezo Galán,
            <italic>El héroe de luto</italic>). Para Andreu Celma, la racionalidad moral graciana
          abarca todas las dimensiones vitales; el propio ser humano es Critilo y Andremio al mismo
          tiempo (2013). Esta pluralidad dimensional del ser humano, desarrolladas por el barroco,
          hacen de él, lo que Maravall denomina un “mixto”. Al respecto, Andreu Celma se pregunta
          qué racionalidad es la más adecuada para este ser humano que es mixto. Dicha racionalidad
          será aquella que intente recoger todas las perspectivas del ser humano
            (<italic>cfr.</italic> Andreu Celma, “Baltasar Gracián precursor de la
          hermenéutica…”).</p>
  </fn>
  <fn id="fn118">
    <label>118</label><p><italic>cfr.</italic> Gadamer, H.-G.
    <italic>Verdad y Método.</italic> Salamanca: Sígueme, 1999
    [1960/1965], pp. 143-182.</p>
  </fn>
  <fn id="fn119">
    <label>119</label><p>Grondin, Jean. <italic>¿Qué es la
    hermenéutica?</italic> Barcelona: Herder, 2008 [2006], pp.
    21-22.</p>
  </fn>
  <fn id="fn120">
    <label>120</label><p><italic>cfr. OM</italic>, afs. 13, 45 y
    215.</p>
  </fn>
  <fn id="fn121">
    <label>121</label><p>Andreu Celma, “La dialéctica del juego en el
    <italic>Oráculo Manual</italic>”, p. 100.</p>
  </fn>
  <fn id="fn122">
    <label>122</label><p>Povedano, “El juego de palabras en el
    <italic>Oráculo Manual</italic> de Gracián”, pp. 214-220.</p>
  </fn>
  <fn id="fn123">
    <label>123</label><p>Checa, “<italic>Oráculo Manual</italic>:
    Gracián y el ejercicio de la lectura”, pp. 849-850.</p>
  </fn>
  <fn id="fn124">
    <label>124</label><p>Horacio. <italic>El arte poética.</italic>
    Madrid: Imprenta Real de la Gazeta, 1777, vv.333-335.</p>
  </fn>
  <fn id="fn125">
    <label>125</label><p>Marín Pina, María del Carmen. <italic>El héroe.</italic> En <italic>Baltasar Gracián: Estado de
            la cuestión y nuevas perspectivas</italic>, coordinado por Aurora Egido y María del
          Carmen Marín Pina. Zaragoza: Institución Fernando el Católico, p. 36.</p>
  </fn>
  <fn id="fn126">
    <label>126</label><p><italic>OM</italic>, af. 212.</p>
  </fn>
  <fn id="fn127">
    <label>127</label><p>Cerezo Galán, <italic>El héroe de
    luto</italic>, p. 201.</p>
  </fn>
  <fn id="fn128">
    <label>128</label><p>Checa, “<italic>Oráculo Manual</italic>:
    Gracián y el ejercicio de la lectura”, p. 850.</p>
  </fn>
  <fn id="fn129">
    <label>129</label><p>Checa, “<italic>Oráculo Manual</italic>:
    Gracián y el ejercicio de la lectura”, p. 850.</p>
  </fn>
  <fn id="fn130">
    <label>130</label><p><italic>OM</italic>, af. 105.</p>
  </fn>
  <fn id="fn131">
    <label>131</label><p><italic>OM</italic>, af. 105.</p>
  </fn>
  <fn id="fn132">
    <label>132</label><p><italic>OM</italic>, af. 105.</p>
  </fn>
  <fn id="fn133">
    <label>133</label><p>Povedano, “El juego de palabras en el
    <italic>Oráculo Manual</italic> de Gracián”, p. 212.</p>
  </fn>
  <fn id="fn134">
    <label>134</label><p>Téngase en cuenta aquí los altos niveles de analfabetismo que aún persistían a inicios de la
          modernidad, pese al incremento en los niveles de alfabetización respecto del Medioevo.
          Según los estudios, Francia, por ejemplo, hacia fines del XVII, contaba con un 79 % de
          analfabetos. Y en España, se calcula que entre mediados del XVIII e inicios del XIX
          existía aún un 72 % de población analfabeta (Soubeyroux, Jacques. “Niveles de
          alfabetización en la España del siglo XVIII”. <italic>Revista de Historia Moderna. Anales
            de la Universidad de Alicante</italic>, n.º 5 (1985), p. 161). Hasta 1857 no existe en
          España una ley general que regule la enseñanza. Para el siglo XVI y XVII es muy escasa la
          legislación civil sobre la enseñanza de las primeras letras, y su regulación dependía más
          de la Iglesia o los municipios que de la Corona. La enseñanza de las primeras letras varía
          de acuerdo a diversos factores: clases sociales, estatus económico, género, geografía,
          etc. (Fuente Fernández, Francisco Javier. “Etapas educativas en España en el siglo XVI”.
            <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://literaturayotrosmundos.wordpress"
              ><underline>https://literaturayotrosmundos.wordpress</underline></ext-link>.
          com/2018/04/17/etapas-educativas-en-espana-en-el-sigloxvi-1-hasta-los-diez-anos/Fuente
          Fernández, 2018.</p>
  </fn>
  <fn id="fn135">
    <label>135</label><p>Povedano, “El juego de palabras en el
    <italic>Oráculo Manual</italic> de Gracián”, p. 219.</p>
  </fn>
  <fn id="fn136">
    <label>136</label><p>Checa, “<italic>Oráculo Manual</italic>:
    Gracián y el ejercicio de la lectura”, p. 851.</p>
  </fn>
  <fn id="fn137">
    <label>137</label><p><italic>OM</italic>, af. 298.</p>
  </fn>
  <fn id="fn138">
    <label>138</label><p><italic>OM</italic>, af. 202.</p>
  </fn>
  <fn id="fn139">
    <label>139</label><p><italic>cfr. OM</italic>, afs. 13, 17, 45, 73,
    98, 132, 180, 215, 227.</p>
  </fn>
  <fn id="fn140">
    <label>140</label><p><italic>OM</italic>, af. 212.</p>
  </fn>
  <fn id="fn141">
    <label>141</label><p>Entre corchetes se informa la primera edición
    de los textos referenciados.</p>
  </fn>
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