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      <journal-id journal-id-type="publisher-id">ASHF</journal-id>
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        <journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Anales del Seminario de Historia de la Filosofía</journal-title>
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      <issn publication-format="electronic">1988-2564</issn>
      <issn-l>0211-2337</issn-l>
      <publisher>
        <publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
        <publisher-loc>España</publisher-loc>
      </publisher>
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      <article-id pub-id-type="doi">10.5209/ashf.93926</article-id>
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        <subj-group subj-group-type="heading">
          <subject>ESTUDIOS</subject>
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      <title-group>
        <article-title>Particularidad desencadenada y particularidad constreñida: Max Stirner y Carl
          Schmitt frente a la sociedad civil y al Estado en Hegel<xref ref-type="fn" rid="fn1"
            >1</xref></article-title>
        <trans-title-group xml:lang="en">
          <trans-title>Unleashed particularity and constrained particularity: Max Stirner and Carl Schmitt on civil society and the State in Hegel</trans-title>
        </trans-title-group>
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        <contrib contrib-type="author" corresp="yes">
          <contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0001-7193-5960</contrib-id>
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            <surname>Jiménez García</surname>
            <given-names>Héctor</given-names>
          </name>
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          <xref ref-type="corresp" rid="cor1"/>
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        <aff id="aff-a"><institution content-type="original">Universitat de Barcelona</institution>
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      <author-notes>
        <corresp id="cor1">Héctor Jiménez García<email>hector.jimgarci@gmail.com</email></corresp>
      </author-notes>
      <pub-date pub-type="epub" publication-format="electronic" iso-8601-date="2025-09-30">
        <day>30</day>
        <month>09</month>
        <year>2025</year>
      </pub-date>
      <volume>42</volume>
      <issue>3</issue>
      <fpage>617</fpage>
      <lpage>631</lpage>
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        <date date-type="received" iso-8601-date="2024-01-22">
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        <date date-type="accepted" iso-8601-date="2025-05-29">
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          <month>05</month>
          <year>2025</year>
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        <copyright-statement>Copyright © 2025, Universidad Complutense de
          Madrid</copyright-statement>
        <copyright-year>2025</copyright-year>
        <copyright-holder>Universidad Complutense de Madrid</copyright-holder>
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          <license-p>Esta obra está bajo una licencia <ext-link ext-link-type="uri"
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      <abstract>
        <p>En la Filosofía del derecho de Hegel la compleja tensión teórica entre particularidad y
          universalidad es clave para comprender las nociones de sociedad civil y Estado. En el presente escrito, trato
          de trasladar la importancia de esta dupla tensional en Hegel a la comprensión entrecruzada de Stirner y
          Schmitt, para sugerir un vínculo entre ellos que se aleje de las ya exploradas aristas teológico-políticas y se
          asiente comparativamente en una matriz hegeliana. Así, se argumentará que Stirner propugna un egoísmo
          ligado a la comprensión unilateral de la particularidad civil, mientras que Schmitt, desde una visión unilateral
          de la universalidad hegeliana, defiende un Estado hostil ante la particularidad. A la postre, de esta disensión
          indirecta frente a Hegel aflorará una posibilidad de positivización de la interacción stirneriano-schmitteana
          desde una noción compartida de individualidad preintelectual y decisoria.</p>
      </abstract>
      <trans-abstract xml:lang="en">
        <p>In Hegel’s Philosophy of Right, the complex theoretical tension between particularity and universality
          is key to understanding the notions of civil society and the State. This paper aims to transfer the significance of
          this tensional duality in Hegel to the intertwined understanding of Stirner and Schmitt, to suggest a negative
          connection between them that moves away from the already explored theological-political angles and rests
          comparatively on a Hegelian framework. Thus, it will be argued that Stirner advocates egoism linked to a
          unilateral understanding of civil particularity, while Schmitt, from a unilateral view of Hegelian universality,
          defends a state that is hostile to particularity. Ultimately, from this indirect dissent on Hegelian grounds will
          emerge a possibility of positivisation of the Stirner-Schmitt interaction from a shared notion of pre-intellectual
          and decisional individuality.</p>
      </trans-abstract>
      <kwd-group>
        <kwd>Hegel</kwd>
        <kwd>Stirner</kwd>
        <kwd>Schmitt</kwd>
        <kwd>particularidad</kwd>
        <kwd>decisionismo</kwd>
        <kwd>propiedad</kwd>
        <kwd>sociedad civil</kwd>
      </kwd-group>
      <kwd-group xml:lang="en">
        <kwd>Hegel</kwd>
        <kwd>Stirner</kwd>
        <kwd>Schmitt</kwd>
        <kwd>particularity</kwd>
        <kwd>decisionism</kwd>
        <kwd>property</kwd>
        <kwd>civil society</kwd>
      </kwd-group>
    </article-meta>
  </front>
<body>
<sec id="sec1">
  <title>1. Introducción: encuentro en la celda y encuentro en Hegel</title>
  <p>En abril de 1947, en una Alemania de posguerra, Carl Schmitt se encontraba en la prisión de
        Nürnberg aguardando un proceso penal que nunca llegaría. En estas circunstancias, el jurista
        escribió <italic>Sabiduría de la celda</italic>, unas notas en las que se destaca con
        intrigante familiaridad un ominoso nombre propio: Max Stirner. De él, Schmitt dice que “es
        antipático, gamberro, presumido, fanfarrón, maleducado; un estudiante depravado, un grosero,
        un solipsista; evidentemente, un caso grave de psicópata”, pero también reconoce que “por el
        momento, Max es el único que me visita en mi celda”<xref ref-type="fn" rid="fn2">2</xref>.
        Las referencias explícitas a Stirner, anecdóticas o no tanto, se presentan también dispersas
        en otras anotaciones y textos menores, donde se le describe con una mezcla de secreto elogio
        y profundo rechazo, mas generalmente como un pensador “verdaderamente refrescante”<xref
          ref-type="fn" rid="fn3">3</xref>.</p>
  <p>Desentrañar esta relación entre Schmitt y Stirner para llevarla más allá de la curiosidad
        biográfica ha constituido el objetivo teórico de varios comentaristas, los cuales han
        enfatizado generalmente la dimensión teológico-política de su pensamiento<xref ref-type="fn"
          rid="fn4">4</xref>. Más allá de este enfoque, en el presente ensayo trataré de aportar
        otra visión acerca de la relación entre ambos, que se base en explorar su posicionamiento
        diferencial frente a la compleja teorización hegeliana de la sociedad civil y su relación
        con el Estado, incidiendo principalmente en la noción de particularidad que la vertebra.
        Mediante una comparación indirecta, argumentaré que Stirner y Schmitt toman unilateral y
        parcialmente elementos del tratamiento hegeliano para la construcción de algunos puntos
        nucleares de sus propuestas políticas, fundamentando al mismo tiempo su disyunción y su
        coincidencia entre sí y respecto a Hegel. Cabe aclarar que la elección de Hegel como vértice
        del triángulo no es arbitraria, puesto que Stirner fue alumno suyo en Berlín y se le ha
        llegado a considerar polémicamente como uno de los últimos representantes del
          hegelianismo<xref ref-type="fn" rid="fn5">5</xref>; mientras que en Schmitt, a través de
        sus escasas pero relevantes referencias a Hegel, se ha vislumbrado una fuerte y a la vez
        velada conexión temática con la filosofía política del de Stuttgart<xref ref-type="fn"
          rid="fn6">6</xref>.</p>
  <p>Para llevar a cabo este estudio, en primer lugar se introducirán algunas nociones fundamentales
        de la teorización hegeliana de la sociedad civil en su inserción dialéctica. A partir de
        ellas, en segundo lugar se presentará a Stirner y su normativización unilateral de la
        particularidad egoísta. En tercer lugar, se introducirá a Schmitt y su exégesis parcial
        incidente en la anulación antiparticularista. En cuarto lugar, se recogerán ambas
        dimensiones en el examen concreto de la distinción entre <italic>bourgeois</italic> y
          <italic>citoyen</italic>. En quinto lugar, se extraerá del análisis un matiz de
        confluencia positiva entre Stirner y Schmitt derivado de su divergencia sobre el fundamento
        hegeliano.</p>
</sec>
<sec id="sec2">
  <title>2. Hegel: particularidad y universalidad, sociedad civil y Estado<xref ref-type="fn"
          rid="fn7">7</xref></title>
  <p>En los <italic>Fundamentos de la Filosofía del Derecho</italic> (<italic>Grundilinien der
          Philosophie des Rechts</italic>), Hegel inserta la sociedad civil en “el desarrollo de la
        idea de la voluntad libre en sí y para sí”<xref ref-type="fn" rid="fn8">8</xref>, la cual
        (tras pasar a través del derecho abstracto y la moralidad) encuentra en la eticidad su
        tercer momento de despliegue como “libertad que se ha convertido en mundo existente y en
        naturaleza de la autoconciencia”<xref ref-type="fn" rid="fn9">9</xref>, es decir, en cuanto
        “voluntad que se refleja en sí y en el mundo exterior”<xref ref-type="fn" rid="fn10"
          >10</xref>. A su vez, la culminación de la sustancia ética en su dimensión
        institucionalizada se dará sólo en el desarrollo tripartito o “el movimiento a través de la
        forma de sus momentos”<xref ref-type="fn" rid="fn11">11</xref>. De este modo, se transita de
        la naturalidad de la familia como “sustancialidad inmediata del espíritu”<xref ref-type="fn"
          rid="fn12">12</xref>; hacia la negación reflexionante de la misma en la sociedad civil
        como “el sistema de la eticidad perdida en sus dos extremos”, esto es, entre la
        “particularidad” (<italic>Besonderheit</italic>) autointeresada y la “universalidad”
          (<italic>Allgemeinheit</italic>) que subyace en ella<xref ref-type="fn" rid="fn13"
          >13</xref>; y finalmente hacia la negación de la negación en “la realidad de la idea ética
        como Estado”<xref ref-type="fn" rid="fn14">14</xref>, adquiriendo consistencia “la
        autoconciencia particular elevada a su universalidad”<xref ref-type="fn" rid="fn15"
          >15</xref> en una superación integradora (<italic>Aufhebung</italic>) de la sociedad civil
        como culmen del movimiento lógico-político<xref ref-type="fn" rid="fn16">16</xref>.</p>
  <p>Sin embargo, este tránsito hacia la realidad efectiva de la eticidad en el Estado no debe
        comprenderse como un progreso direccional que descarta los momentos anteriores, sino como
        una interacción mediada entre los tres términos que lo componen a modo de “sistema
          solar”<xref ref-type="fn" rid="fn17">17</xref> que aúna persona, sociedad civil y Estado,
        de forma que “a cada uno de ellos le atribuye un ‘momento’ del concepto total: la persona es
        la singularidad, la sociedad civil como lugar donde se desarrolla la economía es la
        particularidad y el estado es la universalidad”<xref ref-type="fn" rid="fn18">18</xref>.
        Hegel llama a esto “un sistema de tres silogismos”<xref ref-type="fn" rid="fn19">19</xref>,
        en cuya interacción mediada “cada uno de los tres términos desempeñará sucesivamente el
        papel de extremo mayor, término medio y extremo menor”<xref ref-type="fn" rid="fn20"
          >20</xref>. Así, este trinomio conforma una unidad de sentido, dado que “mediante esta
        triplicidad de silogismos con los mismos términos, es como verdaderamente se comprende un
        todo con su organización”<xref ref-type="fn" rid="fn21">21</xref>.</p>
  <p>Una vez referido sumariamente el trasfondo dialéctico en que opera la sociedad civil, hemos de
        incidir en sus determinaciones concretas y en su relación clave con el Estado, puesto que es
        en esta interacción donde se halla “la parte verdaderamente troncal”<xref ref-type="fn"
          rid="fn22">22</xref> de las tesis políticas hegelianas. Para comenzar, es clave constatar
        que Hegel se desmarca tanto de la tradición política clásica como (en buena medida) moderna
        al advertir la emancipación de la sociedad civil apolítica respecto al Estado político,
        superando la igualación entre <italic>civitas</italic> y <italic>societas civilis</italic>
        “para que ambos sólo entonces entablen su verdadera relación”<xref ref-type="fn" rid="fn23"
          >23</xref>.</p>
  <p>La sociedad civil se caracteriza primeramente como una “unión de miembros en cuanto individuos
          independientes”<xref ref-type="fn" rid="fn24">24</xref> en la cual “los individuos son
        personas privadas que tienen como finalidad su propio interés”<xref ref-type="fn" rid="fn25"
          >25</xref>. Ahora bien, en tanto que el individuo con su “finalidad particular” se
        encuentra con “otra particularidad semejante”, los autointereses terminan entrelazados por
        la necesidad, “de suerte que cada una se hace valer y se satisface por medio de la otra y a
        la vez sólo en cuanto pura y simplemente mediada por la forma de la universalidad”<xref
          ref-type="fn" rid="fn26">26</xref>. Es así como en “un sistema de dependencia multilateral
        […] la subsistencia y el bienestar del individuo y su existencia jurídica se entrelaza con
        la subsistencia, el bienestar y el derecho de todos”, dando lugar al “Estado exterior,
        Estado de necesidad y de entendimiento”<xref ref-type="fn" rid="fn27">27</xref>. Desde el
        punto de vista de la necesidad que se consagra en la economía como aparición racional del
          “entendimiento”<xref ref-type="fn" rid="fn28">28</xref>, las pulsiones propias del
        “egoísmo subjetivo” resultan orgánicamente en una “satisfacción de las necesidades de todos
        los demás”<xref ref-type="fn" rid="fn29">29</xref>. He aquí los “dos impulsos básicos”<xref
          ref-type="fn" rid="fn30">30</xref> de la particularidad autointeresada y de la universal
        satisfacción mutua de estos intereses.</p>
  <p>Sin embargo, Hegel identifica problemáticamente en esta doble tendencia una “escisión”
          (<italic>Entzweiung</italic>)<xref ref-type="fn" rid="fn31">31</xref> civil donde se
        manifiestan la afirmación particularista y autointeresada que “se destruye en sus goces a sí
        misma y a su concepto sustancial”; y el “poder de la universalidad” que subyace en “la
        satisfacción contingente de la necesidad”<xref ref-type="fn" rid="fn32">32</xref>. La
        particularidad se presenta aquí como elemento disgregador y la universalidad como factor
        integrador. De esta forma, los dos principios tangentes “tiran en direcciones contrarias”
        generando una “tendencia al desgarramiento en la sociedad civil”<xref ref-type="fn"
          rid="fn33">33</xref>. Para el alemán, esta dupla tensional potencialmente incendiaria se
        resuelve mediante la “necesidad de que lo particular se eleve a la forma de la universalidad
        y busque y tenga en esta forma su consistencia”<xref ref-type="fn" rid="fn34">34</xref>.
        Para ello, más allá del sistema de necesidades como arista economicista central de la
        sociedad civil, se requerirá la presencia de la “administración de justicia”<xref
          ref-type="fn" rid="fn35">35</xref> que introduce la “realidad objetiva del derecho”<xref
          ref-type="fn" rid="fn36">36</xref> en su protección sustantiva de la personalidad y de la
        propiedad; de la “policía”<xref ref-type="fn" rid="fn37">37</xref> como “el poder asegurador
        de lo universal”<xref ref-type="fn" rid="fn38">38</xref> mediante una función arbitradora,
        inspectora, asistencial y potencialmente punitiva; y de la “corporación” que, como una
        suerte de “gremio” manifiesta “el fin egoísta […] como universal”<xref ref-type="fn"
          rid="fn39">39</xref>, actuando como “el brazo civil que introduce intereses en sí mismos
        particulares, pero generalizados, en la política”<xref ref-type="fn" rid="fn40"
        >40</xref>.</p>
  <p>Es en la conjunción de estas tres instancias prefiguradoras que cohabitan con el sistema de
        necesidades como “la esfera de la sociedad civil se convierte así en Estado”<xref
          ref-type="fn" rid="fn41">41</xref>, dotando de realidad efectiva y positiva a la
        imbricación entre particularidad y universalidad que en la situación civil apenas se
        mostraba negativamente<xref ref-type="fn" rid="fn42">42</xref>. Así, en el Estado se
        consagra “la autoconciencia particular elevada a su universalidad”<xref ref-type="fn"
          rid="fn43">43</xref> en una “unidad compenetradora de la universalidad y la
        individualidad”, que se traduce en una “libertad concreta”, la cual “consiste en que la
        individualidad personal y sus intereses particulares […] se convierten por sí mismos en el
        interés de lo universal”<xref ref-type="fn" rid="fn44">44</xref>. Lejos de eliminar la
        instancia reflexiva de la particularidad civil, el Estado la integra en una construcción del
        universal que se expresa a través de ella con el anhelo de que “la cosa pública llegue a ser
        su propia cosa particular”<xref ref-type="fn" rid="fn45">45</xref>, es decir, “la más
        elevada universalidad concreta”<xref ref-type="fn" rid="fn46">46</xref>.</p>
  <p>En el tránsito hegeliano que hemos presentado brevemente, se han mostrado las dinámicas de
        relación entre particularidad y universalidad, entre individuo y colectivo y entre sociedad
        civil y Estado. La pregunta fundamental acerca del estatus dividido de la sociedad civil y
        acerca de cómo se trata la problemática interacción entre el fin propio y la referencia
        universal a través del advenimiento del Estado y de sus instancias prefiguradoras
        constituirá el punto de vista en el que se querrá situar interpretativamente a Stirner y a
        Schmitt.</p>
</sec>
<sec id="sec3">
  <title>3. Max Stirner: particularidad desencadenada en la unión de egoístas</title>
  <p>En <italic>El único y su propiedad</italic> (<italic>Der Einzige und sein Eigentum</italic>),
        Max Stirner despliega un sistema filosófico profundamente ateo, antihumanista y
        antiidealista. Parte del concepto de Dios concebido como “el espíritu” que designa “lo
        inaccesible, lo trascendental”<xref ref-type="fn" rid="fn47">47</xref> y escapa al plano
        inmanente de la subjetividad humana, instalándose así en “un mundo fantasmal”<xref
          ref-type="fn" rid="fn48">48</xref> poblado de espectros (<italic>Spuks</italic>)
        inaprehensibles “siempre sobre o fuera de mi”<xref ref-type="fn" rid="fn49">49</xref>. Sin
        embargo, no es sólo la idea de Dios la que se erige como un espíritu supraindividual, sino
        también (y crucialmente) la idea de Hombre, en tanto que “el Hombre sigue siendo respecto al
        individuo un más allá sublime”<xref ref-type="fn" rid="fn50">50</xref> y, por ello, “el
        Hombre se ha hecho Dios”<xref ref-type="fn" rid="fn51">51</xref>. En polémica directa con
          Feuerbach<xref ref-type="fn" rid="fn52">52</xref>, Stirner niega esta doble determinación
        del ser supremo, postulando vehementemente la pura individualidad sin mezcla como el sujeto
        caudal de su pensamiento: “[…] Yo soy único ¡No me interesa nada que esté por encima de
          mí!”<xref ref-type="fn" rid="fn53">53</xref>, puesto que “si dejo de servir a ninguna
        idea, a ningún ser superior, resulta que ya no sirvo tampoco a ningún hombre, sino a
          mí”<xref ref-type="fn" rid="fn54">54</xref>, de manera que “seré el enemigo de todo poder
          superior”<xref ref-type="fn" rid="fn55">55</xref>. Se configura así un “Yo
          todopoderoso”<xref ref-type="fn" rid="fn56">56</xref>, que no sólo es “la negación de todo
        lo ajeno”, sino también “la nada creadora, la nada de la cual yo mismo lo creo todo”<xref
          ref-type="fn" rid="fn57">57</xref> sin depender de ninguna instancia externa.</p>
  <p>Solamente en este planteamiento inicial, ya puede comprenderse por qué Stirner considera
        explícitamente que “Hegel condena lo propio, lo mío” a través del “pensar absoluto”<xref
          ref-type="fn" rid="fn58">58</xref> que se aleja en su mirada holística del pensar
        particular del Yo. Mientras que desde el plano de la <italic>Ciencia de la lógica</italic>
        Hegel considera que la perspectiva del absoluto se manifiesta sin reserva alguna y el ser
          (<italic>Sein</italic>) es aparecer (<italic>Erscheinen</italic>)<xref ref-type="fn"
          rid="fn59">59</xref>, para Stirner esto es sólo un enmascaramiento del Yo en patrones
        generales de pensamiento que se elevan hacia un espíritu hueco; la aparición del absoluto no
        debe significar más que el Yo inmanente. Pero además, y aún en el plano ontológico, se ha
        llegado a interpretar que el Yo stirneriano en tanto que “nada creadora”<xref ref-type="fn"
          rid="fn60">60</xref> constituye una perversión de la tríada dialéctica hegeliana formada
        por ser, nada y devenir. Si Hegel postula que ser y nada se igualan en el devenir como
        asunción unitaria de ambos momentos lógicos, que por sí mismos no son más que
        indeterminación vacua<xref ref-type="fn" rid="fn61">61</xref>, Stirner parece fundar
        diferencialmente su Yo creador en una nada sustantiva y determinada de la cual surge
          todo<xref ref-type="fn" rid="fn62">62</xref>, dando forma a un desviado “nihilismo
          creativo”<xref ref-type="fn" rid="fn63">63</xref>.</p>
  <p>Teniendo estas cuestiones propedéuticas en mente, que han buscado destacar la reverencia
        stirneriana a un Yo mayestático, lo que verdaderamente nos interesará es cómo este Yo se
        articula en el plano propiamente político a la luz de las interpretaciones hegelianas.
        Comencemos por considerar que Stirner, pese a su egoísmo teórico, concibe que “el estado
        originario del hombre no es el aislamiento o la soledad, sino la sociedad”<xref
          ref-type="fn" rid="fn64">64</xref>, entendiéndose esta inicialmente no en términos de
        sociedad civil, sino como la inserción inmediata en la “familia”<xref ref-type="fn"
          rid="fn65">65</xref> por medio del “vínculo más estrecho” que se establece con la “madre”,
        la cual “nos ata a ella con miles de lazos”<xref ref-type="fn" rid="fn66">66</xref>. Igual
        que Hegel, aunque en un sentido más biográfico que dialéctico, Stirner concibe que este
        momento inicial de inmediatez natural ha de ser negado en un advenimiento de la
        particularidad individual. Sin embargo, para el de Bayreuth esta negación ha de entenderse
        como una instancia más de “la disolución de la sociedad”<xref ref-type="fn" rid="fn67"
          >67</xref> en términos generales. Esto es, una dimensión más en que negar la sociedad
        entendida como “relación carcelaria” entre individuos que son juntados por un poder ajeno a
        la potencia decisoria del Yo: “la sociedad no surge a través de ti y de mí, sino mediante un
          tercero”<xref ref-type="fn" rid="fn68">68</xref>. Esta tercera instancia cohesora, no es
        sino una “idea fija”<xref ref-type="fn" rid="fn69">69</xref> ante la cual el Yo ha de
        anularse.</p>
  <p>De forma decisiva, Stirner ve en “la idea fija del Estado”<xref ref-type="fn" rid="fn70"
          >70</xref> una manifestación clave de este concepto de sociedad que media entre los yoes,
        concibiéndolo como “una sociedad de hombres”, de forma que “el núcleo del Estado es
        precisamente el Hombre”<xref ref-type="fn" rid="fn71">71</xref>; transformándolo en una
        fantasmagoría supraindividual contra la cual el Yo ha de revelarse al igual que lo hizo
        contra la familia, pues el Estado de derecho “es la familia ampliada”<xref ref-type="fn"
          rid="fn72">72</xref> sobre la base del humanismo antiindividualista<xref ref-type="fn"
          rid="fn73">73</xref>. Así, a diferencia de Hegel, Stirner extiende su negación de la
        inmediatez familiar a una negación simultánea y decidida del Estado, pues “todo yo es desde
        su nacimiento un delincuente contra el pueblo y el Estado”<xref ref-type="fn" rid="fn74"
          >74</xref>. En este cercenamiento, el de Bayreuth rompe radicalmente con la comprensión
        dialéctica de familia, sociedad civil y Estado como elementos de un todo.</p>
  <p>Stirner, de este modo, concibe que la “relación real”<xref ref-type="fn" rid="fn75">75</xref>
        entre yoes sólo puede darse en la afirmación de un “verdadero trato entre tú y tu”<xref
          ref-type="fn" rid="fn76">76</xref> que escape a fantasmagorías mediadoras. Esto supone un
        “trato egoísta, puramente personal”<xref ref-type="fn" rid="fn77">77</xref> fundado en el
        autointerés y en la utilidad: “Entre nosotros sólo tenemos una relación, la utilidad: no nos
        debemos nada mutuamente”<xref ref-type="fn" rid="fn78">78</xref>. Este modelo conforma lo
        que Stirner entiende como “la unión de egoístas”<xref ref-type="fn" rid="fn79">79</xref> o
          “asociación”<xref ref-type="fn" rid="fn80">80</xref>, es decir, “la vinculación de los
        hombres a partir del reconocimiento de su mutua necesidad para la satisfacción de sus
        intereses personales”<xref ref-type="fn" rid="fn81">81</xref>. En este sentido, y más allá
        de la negación del Estado y de toda referencia a una universalidad cohesora por parte de
        Stirner, podría parecer que la asociación stirneriana guarda una cierta relación con la
        sociedad civil hegeliana, en tanto que sistema de necesidades fundado en el autointerés
        particularista. Esta impresión se acrecienta si observamos que Stirner reconoce (recogiendo
        superficialmente la distinción hegeliana) que, tras la caída del absolutismo moderno y con
        el advenimiento del Estado de derecho humanista en el cual “somos sólo hombres”, “separamos
        con exactitud al Estado de la sociedad civil, en la que el egoísmo actúa a su aire”<xref
          ref-type="fn" rid="fn82">82</xref>.</p>
  <p>De esta forma, podría interpretarse que Stirner se instala en una negación particularista de la
        inmediatez familiar y del Estado para alumbrar una unión de egoístas que funcione como
        reflejo unilateralizado de la sociedad civil hegeliana instalada en un particularismo
        rampante y desligado de su inserción dialéctica como momento del concepto total. No
        obstante, esta interpretación es aún problemática, no sólo porque el propio Stirner la
        desmienta parcial y sucintamente en sus escritos menores<xref ref-type="fn" rid="fn83"
          >83</xref>, sino también y fundamentalmente porque el despliegue de la particularidad
        hegeliana, más allá de apuntar inconscientemente a la universalidad que habrá de
        materializarse en el Estado, sólo tiene lugar por medio de un cierto rebajamiento
        restrictivo de la potencia de tal particularidad mediante estructuras (administración de
        justicia, policía y corporación) enfocadas a “delimitar su fuerza substancial”<xref
          ref-type="fn" rid="fn84">84</xref> en el propio plano de la sociedad civil.</p>
  <p>Examinemos esto a través del concepto de propiedad (<italic>Eigentum</italic>), central tanto
        en Stirner como en Hegel. De entrada, Stirner concibe que en la asociación “el egoísta se
        comportará como propietario”<xref ref-type="fn" rid="fn85">85</xref>, de modo que “Yo soy el
        propietario y sólo me entiendo con otros a través de mi propiedad”<xref ref-type="fn"
          rid="fn86">86</xref>, lo cual parece guardar relación con la concepción hegeliana de la
        propiedad como exteriorización de la voluntad libre<xref ref-type="fn" rid="fn87">87</xref>,
        desarrollada en el derecho abstracto, según la cual “la persona, distinguiéndose de sí
        misma, se relaciona con otra persona, y en verdad solamente como propietarias tienen ambas
        existencia recíproca”<xref ref-type="fn" rid="fn88">88</xref>. De este modo, tanto en
        Stirner como en Hegel la propiedad se erige como un nexo entre la persona y la cosa, que
        ulteriormente actúa como nexo relacional entre sujetos<xref ref-type="fn" rid="fn89"
          >89</xref>. Sin embargo, cabe observar tres distinciones que separan decisivamente a
        Stirner de Hegel tras esta coincidencia superficial:</p>
  <list list-type="alpha-lower">
    <list-item>
      <label>a)</label>
      <p>En primer lugar es crucial señalar que “Hegel limita la teoría de la propiedad a la
            relación de personas a través de cosas establecida en el Derecho privado”<xref
              ref-type="fn" rid="fn90">90</xref>; esto es, a pesar de que no deba perderse de vista
            que originariamente la noción de propiedad “se deduce desde la naturaleza individual del
            sujeto aislado y su relación con el objeto”<xref ref-type="fn" rid="fn91">91</xref>, la
            propiedad se examina en Hegel desde una envoltura inescapablemente jurídica e
            intersubjetiva, basada sólidamente en “las formalidades que la hacen susceptible de
            demostración y jurídicamente válida”<xref ref-type="fn" rid="fn92">92</xref>. En
            consecuencia, se distinguen explícitamente dos dimensiones: la posesión ajurídica es
            meramente “que yo tenga algo bajo mi poder exterior”; mientras que la propiedad como
            genuina exteriorización de la libre voluntad supone que “me encuentro objetivamente en
            posesión y sólo de este modo soy también voluntad real, constituye lo verdadero y lo
            jurídico en ello”<xref ref-type="fn" rid="fn93">93</xref>. Stirner, por el contrario,
            niega toda instancia jurídica externa, pues “propietario y creador de mi derecho, no
            reconozco ninguna otra fuente del derecho que yo mismo”, de manera que para él la
            propiedad no se fundamenta en nada más que “el derecho de mi propia omnipotencia”<xref
              ref-type="fn" rid="fn94">94</xref>, pues “mi poder me da propiedad”<xref ref-type="fn"
              rid="fn95">95</xref>. Así, para Stirner, a través del rechazo a la ley como poder
              superior<xref ref-type="fn" rid="fn96">96</xref>, no hay distinción entre posesión y
              propiedad<xref ref-type="fn" rid="fn97">97</xref>, ya que todo aquello que puede ser
            tomado forzosamente por el Yo es suyo por derecho de adquisición<xref ref-type="fn"
              rid="fn98">98</xref>.</p>
      <p>Esta discrepancia acerca del estatuto jurídico de la propiedad expresado en la ley adquiere
            aún mayor importancia al considerar que, en la traslación hegeliana del ámbito del
            derecho abstracto a la sociedad civil, el derecho de propiedad se objetiva y pasa de su
            “forma abstracta” a “realidad vigente, en cuanto protección de la propiedad mediante la
            administración de justicia”<xref ref-type="fn" rid="fn99">99</xref> insertada en la
            sociedad civil. Así, la propiedad se blinda para el ejercicio de una libertad en
            apariencia negativa y comercial que, como momento necesario pero insuficiente<xref
              ref-type="fn" rid="fn100">100</xref>, tiende a una “libertad concreta”<xref
              ref-type="fn" rid="fn101">101</xref> materializable en el Estado como cierta
            integración. Dejando de lado la instancia estatal, ya repudiada por Stirner, es por esta
            protección jurídica interna por lo que el de Bayreuth, a pesar de detectar en la
            sociedad civil un conato de egoísmo particularista, también concibe que en ella se
            asegura un concepto negativo de libertad como “independencia de la voluntad de otra
              persona”<xref ref-type="fn" rid="fn102">102</xref> a cambio del sometimiento a “un
            soberano impersonal”<xref ref-type="fn" rid="fn103">103</xref> representado en los
            títulos legales ante los cuales el buen burgués se pliega como falso egoísta, pues “sólo
            en eso, en el título jurídico, se apoya la burguesía”<xref ref-type="fn" rid="fn104"
              >104</xref>. Para Stirner la verdadera libertad sólo se obtiene arrebatándosela a
            cualquier instancia superior que detente su atribución (negativa o positiva), para
            arrogársela a uno mismo<xref ref-type="fn" rid="fn105">105</xref>.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <label>b)</label>
      <p>En segundo lugar, atiéndase a que, en la dimensión abstracta del derecho hegeliano desde la
            que la propiedad adquiere fundamento, la persona en sentido jurídico se concibe como
            indiferente a toda característica e “interés particular”, de forma que “la
            particularidad […] aún no está contenida en la personalidad abstracta como tal”<xref
              ref-type="fn" rid="fn106">106</xref>. Esta perspectiva choca frontalmente con la
            irreductible determinación stirneriana del sujeto: “no quiero dejarme arrebatar la
            particularidad […] me atengo celoso a mi propia particularidad”<xref ref-type="fn"
              rid="fn107">107</xref>, ya sea en sentido práctico o teórico. Adicionalmente, Hegel
            aserta que la universalización objetiva del derecho en su protección jurídico-civil sólo
            podrá tener lugar (mediante la “educación”) cuando “yo sea tomado como persona
            universal, en la que todos son idénticos […] el hombre vale porque es hombre”<xref
              ref-type="fn" rid="fn108">108</xref>. Ante Stirner, y a pesar de que este momento
            jurídico no resume en absoluto el complejo tratamiento de la subjetividad en Hegel<xref
              ref-type="fn" rid="fn109">109</xref>, esta sería la más lúgubre manifestación de la
            igualación humanista de los yoes consistente en “identificar completamente el Yo y el
              Hombre”<xref ref-type="fn" rid="fn110">110</xref>.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <label>c)</label>
      <p>En tercer lugar, y en relación con lo dicho, en la noción jurídica de la propiedad en Hegel
            subyace un cierto reconocimiento de la alteridad propietaria mediante el contrato<xref
              ref-type="fn" rid="fn111">111</xref>, sobre el que en la sociedad civil podrán
            edificarse las relaciones recíprocas entre individuos particulares. Esto es, en el
            autointerés no se niega la personalidad (ni jurídica ni existencial) del otro
            propietario con el que se entabla relación. Por contra, es preciso matizar que para
            Stirner no hay tanto una relación entre propietarios como una relación de
              <italic>cada</italic> Yo con la alteridad potencialmente apropiable, en la cual “Yo no
            quiero reconocer o respetar nada en ti, ni al propietario, ni al pordiosero, ni siquiera
            al humano, sino consumirte”, de modo que no se reconoce al otro como propietario, sino
            que más bien se lo objetualiza llevando la exteriorización inherente a la propiedad a un
            extremo reificante: “Sólo eres aquello que eres para mí, en concreto mi objeto y, por
            ser mi objeto, eres mi propiedad”<xref ref-type="fn" rid="fn112">112</xref>.</p>
    </list-item>
  </list>
  <p>De este modo, se ha visto concretamente a través del examen de la propiedad en ambos autores
        que las relaciones civiles autointeresadas que Hegel sitúa en el centro del sistema de
        necesidades ejercen violencia contra las tesis de Stirner en tres sentidos complementarios:
        en la protección jurídica del derecho de propiedad bajo el signo de la ley (a), en la
        neutralización del Yo en el Hombre en el ámbito jurídico (b) y en el reconocimiento de la
        alteridad como propietaria y no como mero objeto de consumo (c). Estos tres aspectos (y
        sobre todo el primero) suponen que en Hegel exista una unión codependiente entre sociedad
        civil y protección fáctica de la propiedad (y consecuentemente de la personalidad) como
        derecho, en tanto que “la sociedad necesita el derecho de propiedad como columna para su
          estabilidad”<xref ref-type="fn" rid="fn113">113</xref>. Es decir, en la sociedad civil
        hegeliana no sólo prevalece una particularidad que, si bien preconiza inconscientemente la
        universalidad mediante la conjunción de necesidades, se afirma de forma irrestricta; sino
        que el despliegue de esta particularidad autointeresada queda garantizado al tiempo que
        limitado por las estructuras de protección jurídica. Este es el rasgo fundamental que impide
        interpretar la asociación stirneriana basada en una adquisición y aprovechamiento alegal de
        propiedad y de la alteridad mediante el único criterio de la fuerza como una aprehensión
        exegética de la sociedad civil separada del Estado y de la familia.</p>
  <p>Una vez matizado esto, lo que puede proponerse es que Stirner radicaliza la particularidad
        constitutiva del individuo insertado en la sociedad civil hegeliana no sólo a través de la
        supresión del momento dialéctico del Estado, hacia cuya universalidad la sociedad civil
        tiende orgánicamente en su dependencia multilateral; sino que lo hace también negando las
        estructuras no estatales que previenen el desgarramiento de la sociedad civil tensionada por
        su <italic>Entzweiung</italic> constitutiva, siendo la protección jurídica de la propiedad
        mediante la administración de justicia una pieza clave. Ello responde al convencimiento de
        que “mientras exista aún una institución que el individuo no pueda disolver, seguirá
        quedando lejos la particularidad y la posibilidad de pertenecerme a mí mismo”<xref
          ref-type="fn" rid="fn114">114</xref>. Así, agitando el estandarte de una particularidad
        genuina, lo que Stirner parece proponer mediante su unión de egoístas es, bajo la lente
        hegeliana, una afirmación desbocada del egoísmo independizado ya de su potencial
        constructivo-universal y transformado en puro egoísmo destructivo: “yo lo destruyo
          todo”<xref ref-type="fn" rid="fn115">115</xref>. En una palabra, Stirner dinamita la
        sociedad civil desde la hiperbolización particularista del potencial atomizante de la
        escisión que Hegel detecta en ella.</p>
</sec>
<sec id="sec4">
  <title>4. Carl Schmitt: particularidad constreñida en el Estado total</title>
  <p>Tras haber emprendido un primer abordaje aislado a la relación stirneriano-hegeliana, conviene
        ahora transitar al segundo elemento de exégesis comparativa. Carl Schmitt, acérrimo
        estatista y antiliberal, comparte con Max Stirner su condición de pensador polémico, aunque
        con signos muy distintos que se dejarán ver en las comprensiones entrecruzadas con el
        pensamiento hegeliano.</p>
  <p>Encarando directamente la discusión que nos atañe, en <italic>El concepto de lo
          político</italic> Schmitt le reconoce a Hegel el mérito de haber distinguido el estatus
        diferencial de Estado y sociedad civil, de modo que destaca “la influencia del sistema de la
        filosofía del Estado hegeliana” en “la idea de que el Estado es cualitativamente distinto de
        la sociedad y algo superior a ella” en cuanto “universal”<xref ref-type="fn" rid="fn116"
          >116</xref>. En este sentido, Schmitt da muestras de que su interpretación del de
        Stuttgart presupone que no sólo hay una distinción interrelacionada entre sociedad civil y
        Estado, sino que además aserta que Hegel “construía el Estado como algo que está muy por
        encima del ‘reino animal’ de una sociedad ‘egoísta’, como reino de la moralidad y de la
        razón objetiva”<xref ref-type="fn" rid="fn117">117</xref>. Se insinúa una subordinación de
        la sociedad civil frente al Estado que, aunque existe en Hegel<xref ref-type="fn"
          rid="fn118">118</xref>, Schmitt parece exagerar a través de la caracterización
        exclusivamente negativa del egoísmo civil<xref ref-type="fn" rid="fn119">119</xref>.</p>
  <p>Esta exégesis tendenciosa es crucial a la hora de comprender que, para Schmitt, la distinción
        entre Estado y sociedad tiene ulteriormente consecuencias funestas para el primero. Si Hegel
        concibe que mediante la separación entre “la vida civil y la política” surge una
        universalización de la particularidad en el despliegue autónomo del autointerés que tiende a
        la realización en el Estado de “la más elevada universalidad concreta”<xref ref-type="fn"
          rid="fn120">120</xref>; Schmitt aserta que el egoísmo privado que rige en el libre
        desarrollo de lo civil conduce a un “pluralismo de asociaciones”<xref ref-type="fn"
          rid="fn121">121</xref> que acaba relegando al Estado a ser contemplado como una más de
        estas agrupaciones sociales, de modo que al “Estado caído en descrédito”<xref ref-type="fn"
          rid="fn122">122</xref> se le niega “ser un vínculo social de otro tipo y más elevado que
        cualquiera de las muchas otras asociaciones en las que viven los hombres”<xref ref-type="fn"
          rid="fn123">123</xref>. De esta suerte, la entidad estatal es esterilizada en su
        desenvolvimiento paralelo a una esfera social pluralista y se la concibe “en el más rancio
        estilo liberal, como una mera servidora de una sociedad determinada en lo esencial por la
          economía”<xref ref-type="fn" rid="fn124">124</xref>; dándose así para Schmitt “una
        inversión de la subordinación, claramente afirmada por Hegel, de la sociedad al Estado”<xref
          ref-type="fn" rid="fn125">125</xref>. Mas no solamente es el Estado el que se ve menguado
        en estas circunstancias, sino también la “libertad y autonomía del individuo singular”, el
        cual se halla desamparado y a merced de la voluble configuración de los “grupos
          singulares”<xref ref-type="fn" rid="fn126">126</xref>. Desde una perspectiva eminentemente
        hobbesiana, Schmitt considera que tales agrupaciones se caracterizan por “una
          <italic>potestas</italic> indirecta, que exige obediencia sin ser capaz de proteger”<xref
          ref-type="fn" rid="fn127">127</xref>.</p>
  <p>De esta manera, a partir de la lectura de Schmitt puede interpretarse que la propia distinción
        civil-estatal que propone Hegel juega tanto en contra de la pervivencia de la “unidad
        estatal” que perece ante “el pluralismo social”<xref ref-type="fn" rid="fn128">128</xref>,
        como también de la libertad del individuo. Esto puede verse como una radicalización de la
        “conflictividad inevitable” que Hegel detecta (sin conferirle exclusividad) en la dimensión
        desgarradora de la “sociedad civil cegada por el interés particular”<xref ref-type="fn"
          rid="fn129">129</xref>. Schmitt, tomando la tendencia disruptiva de la particularidad en
        la sociedad civil en un sentido opuesto a Stirner, parece realizar así una enmienda
        diacrónica a Hegel, el cual “no previó lo que resultaría del nuevo orden social y político
        cuya emergencia constató”<xref ref-type="fn" rid="fn130">130</xref>.</p>
  <p>En cualquier caso, reparemos en que de este análisis de Schmitt se extrae también que la
        separación entre lo civil y lo estatal se “desdibuja”<xref ref-type="fn" rid="fn131"
          >131</xref>, aunque sea en sentido contrario a la preeminenecia del Estado. Lo que el
        jurista propone es aceptar que en el siglo XX “Estado y sociedad se interpenetran
        recíprocamente” para profundizar normativamente en una politización desneutralizante de los
        ámbitos civiles —“religión, cultura, educación, economía”— tal que “todo es al menos
        potencialmente político”<xref ref-type="fn" rid="fn132">132</xref>. Se postula, pues, un
        “Estado total basado en la identidad de Estado y sociedad”<xref ref-type="fn" rid="fn133"
          >133</xref> que está llamado a revertir la sumisión de la instancia estatal. El propio
        Schmitt explicita que el Estado total se diferencia del Estado “universal”<xref
          ref-type="fn" rid="fn134">134</xref> hegeliano precisamente por esta tendencia a la
        politización de lo civil. Mas es preciso ahondar en qué significa concretamente esta
        politización schmitteana para ser capaces de captar el verdadero sentido de esta disensión,
        en cuya médula emergerá un rastro de similitud con Hegel.</p>
  <p>Para Schmitt, lo político se define a partir de la presencia de la dicotomía amigo-enemigo, la
        cual incluye las “categorías específicamente políticas”<xref ref-type="fn" rid="fn135"
          >135</xref> que marcan “el grado máximo de intensidad de una unión o separación” capaz de
        agrupar efectivamente a los hombres ante la amenaza de “la negación del propio modo de
          existencia”<xref ref-type="fn" rid="fn136">136</xref>. A pesar de que lo político así
        entendido no se circunscriba a lo estatal<xref ref-type="fn" rid="fn137">137</xref>, el
        Estado total ha de erigirse como “unidad esencialmente política” llamada a “determinar por
        propia decisión quién es el enemigo y combatirlo”<xref ref-type="fn" rid="fn138">138</xref>,
        lo cual no sólo se expresa hacia el exterior en las relaciones interestatales, sino que
        crucialmente se extiende a la determinación de un “enemigo interior”<xref ref-type="fn"
          rid="fn139">139</xref>. De este modo, “semejante Estado no tolera en su interior ningún
        tipo de fuerzas enemigas, contenedoras o desintegradoras del Estado”<xref ref-type="fn"
          rid="fn140">140</xref>. Sin referirse expresamente a Hegel en esta aproximación concreta,
        creo que Schmitt está expresando mediante el Estado total una potente enmienda contra los
        impulsos destructivos que el autointerés inocula en la sociedad civil pluralista y que
        amenazan con destruir al Estado.</p>
  <p>Asimismo, la distinción amigo-enemigo que el Estado detenta no se presenta solamente en forma
        de iniciación del conflicto, sino también de control absoluto sobre los conflictos
        existentes, de modo que el propio Schmitt postula que la unidad estatal “puede evitar que
        dentro de ella todas las demás agrupaciones sociales se disocien hasta la enemistad
          extrema”<xref ref-type="fn" rid="fn141">141</xref>, erigiéndose ante la sociedad civil no
        tanto como unidad supresora, sino como el garante asistencial de su existencia
          subordinada<xref ref-type="fn" rid="fn142">142</xref>. Leído así, el Estado total sería
        frente al pluralismo social un control permanente del potencial conflictivo y disociativo de
        la <italic>Entzweiung</italic> inherente a la sociedad civil en Hegel; el mismo potencial
        que Stirner pretende hiperbolizar. Esta es una nueva muestra de que Schmitt incide en la
        problemática del elemento disociativo, disolvente y atomizante de la sociedad civil
        hegeliana, dejando extensamente de lado su poso de concertación universal.</p>
  <p>Ahora bien, la exaltación schmitteana del Estado total no es sólo la mera postulación de un
        dique de contención que resguarde al Estado de los asaltos de la sociedad pluralista y que a
        la vez proteja a esta última de su escisión endógena al modo de un Estado de bienestar
        contemporáneo, sino que presupone (de acuerdo con su carácter político unitario) la
        apelación a una cierta constitución interna homogénea. Recuérdese que Schmitt, en su
        concepción politizada de la “democracia” absolutamente ligada con el Estado total, considera
        que esta requiere tanto de “homogeneidad” en sentido material y sustantivo<xref
          ref-type="fn" rid="fn143">143</xref> como de “en caso de necesidad, la eliminación o
        erradicación de la heterogeneidad”<xref ref-type="fn" rid="fn144">144</xref>. Desde luego,
        este rasgo colisiona frontalmente con el Estado hegeliano (que no es un Estado compacto y
        homogéneo) como asunción no eliminatoria de las diferencias<xref ref-type="fn" rid="fn145"
          >145</xref>.</p>
  <p>Adicionalmente, para Schmitt el Estado total es “un Estado especialmente fuerte”<xref
          ref-type="fn" rid="fn146">146</xref> que es capaz de ofrecer protección al individuo que
        se someta a su autoridad decisoria, consagrándose así lo que para el de Plettenberg es la
        verdadera libertad personal en el seno de un Estado denso, la cual había sido ensombrecida
        por el pluralismo social: “para el individuo empírico no hay, conforme a la experiencia,
        ningún otro espacio de juego para su libertad que aquél que un Estado fuerte pueda
          garantizarle”<xref ref-type="fn" rid="fn147">147</xref>. Esta libertad personal
        garantizada por el Estado no debe confundirse con una interpretación hegeliana de la
        “libertad concreta”<xref ref-type="fn" rid="fn148">148</xref> como conjunción universal no
        estrangulatoria de la particularidad bajo el marco estatal. Para Schmitt, contrariamente, la
        libertad se enfoca desde una densidad Estatal marcadamente antiparticularista, de forma que
        dicha libertad está mucho más ligada al reverso de la protección y la seguridad bajo un
        Estado fuerte con poco aprecio a la diversidad que al anverso de lo que haga el individuo
        bajo esta protección. De hecho, una clara muestra de la dudosa consideración de Schmitt por
        la libertad del individuo particular se encuentra en su tesis de 1914 titulada <italic>El
          valor del Estado y el significado del individuo</italic><xref ref-type="fn" rid="fn149"
          >149</xref><italic>,</italic> donde defiende que “hablar de una libertad del individuo en
        la que el Estado tenga su límite, es incomprensible”<xref ref-type="fn" rid="fn150"
          >150</xref>, puesto que, <italic>de facto</italic>, “el individuo se funde en el
          Estado”<xref ref-type="fn" rid="fn151">151</xref>. Esta nueva dimensión de la libertad en
        un Estado total sin fisuras entre sus componentes, no solamente se distancia de Hegel, sino
        que está en las antípodas de Stirner, quien bajo el estandarte contrario a la anulación del
        Yo en lo estatal postula que “el Estado y yo, somos enemigos”<xref ref-type="fn" rid="fn152"
          >152</xref>, derivando una celosa distinción entre la verdadera libertad del Yo y la que
        le concede el Estado que quiere someterlo: “No busquéis la libertad, que os priva de
        vosotros mismos por vuestra causa, en la ‘negación de sí mismo’, sino buscaos a vosotros
        mismos, sed egoístas”<xref ref-type="fn" rid="fn153">153</xref>.</p>
  <p>Así pues, y retornando a la piedra angular del andamiaje schmitteano, a partir de estas
        comprensiones se extrae que el Estado total encuentra su fundamento en el crucial poder
        decisorio sobre aquello político, que se afirma sobre la pluralidad destructiva de la
        sociedad civil y que posibilita una libertad personal en su seno. Así como en Stirner se
        interpretó que en torno al concepto de propiedad (central en la unión de egoístas) se
        construía un eje de correspondencia y de distanciamiento con Hegel, en el caso de Schmitt
        parece suceder algo similar con el concepto de decisionismo. Este aspecto, al tiempo que lo
        distancia de Hegel en su solapamiento indistinto del Estado con la sociedad y en su
        represión del desarrollo autónomo de la particularidad, constituye un nada despreciable nexo
        con el de Stuttgart.</p>
  <p>Reparemos primeramente en que Schmitt considera que la decisión garante de la unidad política
        recae en manos de un soberano, definido precisamente como “última instancia decisoria”<xref
          ref-type="fn" rid="fn154">154</xref> en la famosa formulación que inaugura su
          <italic>Teología política</italic>: “Soberano es quien decide sobre el estado de
        excepción”; es decir, quien en el momento “límite”<xref ref-type="fn" rid="fn155">155</xref>
        se sobrepone decisivamente a la formalidad positiva de la ley. En Hegel, esta instancia
        decisoria se presenta, primeramente de forma rebajada y apolítica, asociada a la figura del
        juez en la administración de justicia como aquel cuya “decisión”, dentro de “un mínimo y un
        máximo” legales, “establece esta última determinación que la realidad exige”<xref
          ref-type="fn" rid="fn156">156</xref>. Asimismo, y ya de un modo eminentemente político en
        el Estado monárquico, Hegel afirma que el rey (englobando también la ley y el poder
        consultivo) ostenta “el momento de la última decisión” como un “absoluto autodeterminar” que
        “constituye el principio distintivo del poder del príncipe”<xref ref-type="fn" rid="fn157"
          >157</xref>. Es más, Hegel propone que la soberanía existe como “autodeterminación
        abstracta de la voluntad en la que reside lo último de la decisión”<xref ref-type="fn"
          rid="fn158">158</xref>, la cual se presenta en tanto que una individualidad garantista
        expresada en “la persona del monarca”<xref ref-type="fn" rid="fn159">159</xref>. De esta
        manera, Hegel coincide parcialmente con Schmitt en la definición decisionista de la
        soberanía, condensada en un momento de ineludible individuación en la persona del soberano o
        del monarca. Pero además, así como Schmitt sostiene que el soberano decisionista es, en una
        lectura de influencia hobbesiana, un “símbolo de la unidad política”<xref ref-type="fn"
          rid="fn160">160</xref>, Hegel considera que la figura del monarca, por ser “unidad
        indivisa, la última mismidad de la voluntad no sujeta a fundamento”, supone que “en esta
        unidad reside la unidad real el Estado”<xref ref-type="fn" rid="fn161">161</xref>. De esta
        suerte, la correspondencia entre Schmitt y Hegel parece ampliarse al valor representativo de
        la unidad del Estado por parte de la soberanía individualizada.</p>
  <p>No obstante, la comprensión solapada del decisionismo soberano se trunca<xref ref-type="fn"
          rid="fn162">162</xref> en las lógicas diversas en que este se integra y en la valoración
        del riesgo al que la unidad estatal está sometida en su interacción con la sociedad civil
        pluralista. Para Hegel, como ya hemos visto, la autonomía de la sociedad civil, aunque en
        ocasiones conflictiva, no supone una amenaza orgánica para la existencia del Estado como
        posterior momento dialéctico de reconciliación y por ello “no busca remedio en el estatismo
          totalitario”<xref ref-type="fn" rid="fn163">163</xref>. A su vez, esto no interfiere en la
        inserción del momento decisorio como atribución garantista del monarca, el cual expresa una
        voluntad que es lo suficientemente fundamental como para ser impermeable a los vaivenes de
        la pluralidad de opiniones, pero sin por ello entrañar una elevación incondicionada sobre
        toda universalidad categorial. Schmitt, contrariamente, no verá la forma de reconciliar la
        preservación de la unidad estatal densa y el momento decisionista que la define con la
        existencia autónoma de una esfera social pluralista que, guiada por impulsos egoístas,
        tiende progresivamente a despiezar al Estado. En él, la voluntad soberana decisoria no se
        topa con una universalidad categorial definida sobre la que no pueda erguirse vigorosamente.
        Así pues, tanto Hegel como Schmitt confieren importancia vital a la existencia de un poder
        estatal garantista, lo que en la vívida formulación de Hobbes se presenta como “un poder que
        los atemorice a todos”<xref ref-type="fn" rid="fn164">164</xref>. Sin embargo, divergen
        sobre este mismo suelo hobbesiano en una decidida ratificación de las precauciones
        antipluralistas y antiparticularistas bajo el irrestricto cetro decisionista del soberano
        (Schmitt); frente a un rechazo de la supresión de la pluralidad y de la particularidad para
        preservar el Estado, el cual se expresa como instancia garantista y reconciliadora que
        incluye en sí a una individualidad soberana decisoria (Hegel).</p>
  <p>Es, por tanto, en el analizado tratamiento diferencial de la particularidad propia de la
        sociedad civil donde emergen las eventuales disyunciones en cuanto a la concepción del
        Estado en Hegel y en Schmitt. En una palabra, el Estado total de Schmitt es una hiperbólica
        contención reactiva frente a la detección en la sociedad civil hegeliana del potencial
        disruptivo y destructivo de la <italic>Entzweiung</italic> en su dimensión de egoísmo
        particularista.</p>
</sec>
<sec id="sec5">
  <title>5. Bourgeois y citoyen, ¿bourgeois o citoyen?</title>
  <p>Más allá de las singularidades del tratamiento individualizado de cada autor, hasta ahora se ha
        mostrado en los análisis precedentes como Stirner y Schmitt se posicionan en
        parcializaciones opuestas de la sociedad civil hegeliana y de su relación con el Estado. De
        un lado Stirner, afirmando que el egoísmo particularista incipiente de la sociedad burguesa
        se halla irremediablemente sometido a la instancia superior de la ley y del Estado, propone
        una radicalización de esta particularidad insuficiente que adquiere materialidad en la unión
        de egoístas. Del otro lado Schmitt, señalando al pluralismo social y su raíz de egoísmo
        particularista como el elemento potencialmente destructor del Estado que le da cobijo,
        propone una reacción anulatoria del despliegue pernicioso de la particularidad que adquiere
        materialidad en el Estado total.</p>
  <p>Este desenvolvimiento antisimétrico toma una nueva dimensión en el análisis de dos categorías
        referentes al estatus binomial del individuo en la sociedad civil hegeliana que se han
        dejado de lado hasta ahora, pero que especifican concretamente la dualidad entre
        particularidad y universalidad: las de <italic>bourgeois</italic> y
        <italic>citoyen</italic>. Hegel aserta que en el sistema de necesidades el sujeto “es la
        representación concreta que se llama hombre” solamente en tanto que se le concibe como
          “<italic>bourgeois</italic>” opuesto al “ciudadano”<xref ref-type="fn" rid="fn165"
          >165</xref>. Sin embargo, esta diferenciación no implica una separación empírica entre
        individuos, sino una doble tendencia dentro del mismo en tanto que “el
          <italic>bourgeois</italic> está inmediatamente junto al <italic>citoyen</italic>”<xref
          ref-type="fn" rid="fn166">166</xref>. El primero se manifiesta como expresión subjetiva de
        la sociedad civil en la dimensión del entendimiento y de la particularidad reflexiva,
        mientras que el segundo se alza como expresión del orden político en la representación del
        concepto racional en su universalidad<xref ref-type="fn" rid="fn167">167</xref>. Esta
        yuxtaposición se ilustra claramente en unas líneas del joven Hegel en su <italic>Filosofía
          del espíritu</italic>:</p>
  <disp-quote>
    <p>El mismo individuo singular cuida de sí y de su familia, trabaja, firma contratos, etc. E
          igualmente trabaja también para el universal, lo tiene por meta: según el primer aspecto
          se llama burgués; según el segundo aspecto, ciudadano<xref ref-type="fn" rid="fn168"
            >168</xref>.</p>
  </disp-quote>
  <p>A partir de tal distinción, la cuestión clave parece radicar en determinar cómo debe
        comprenderse esta dualidad endógena. Una respuesta relevante e influyente en el panorama
        reciente la ofrece el ritteriano Odo Marquard, quien propone un rebajamiento del potencial
        tensional entre ambas categorías para alumbrar una “civilidad” sedimentada en el “mundo
        civil-burgués”, apuntalando la dependencia de la dimensión político-ciudadana respecto de la
        dimensión civil-burguesa: “Descuido intencionadamente la diferencia entre
          <italic>bourgeois</italic> y <italic>citoyen</italic>; porque el
          <italic>bourgeois</italic>, el ciudadano propietario con sueldo, con trabajo económico,
        consigue los medios de subsistencia sin los cuales el <italic>citoyen</italic> políticamente
        adulto no podría vivir autodeterminándose”<xref ref-type="fn" rid="fn169">169</xref>.
        Anticipadamente, tanto Schmitt como Stirner se posicionan polémicamente ante esta disolución
        de la diferencia.</p>
  <p>El primero, lejos de limar asperezas en la distinción, radicaliza la antítesis entre
          <italic>bourgeois</italic> y <italic>citoyen</italic>, interpretando que Hegel aporta “la
        primera definición polémico-política del burgués como el hombre que no desea abandonar la
        esfera de lo privado”<xref ref-type="fn" rid="fn170">170</xref> y extrayendo de ello, en
        estricta correspondencia con el análisis que hemos apuntado, una actitud netamente
        beligerante contra el impulso egoísta burgués. Para Schmitt, consecuentemente, la dimensión
        del ciudadano, en tanto que “pertenece a la esfera política” determinada decisionistamente
        por el Estado total homogéneo es la única que merece tener presencia: “El ciudadano en la
        Democracia es <italic>citoyen</italic>, no particular o burgués”<xref ref-type="fn"
          rid="fn171">171</xref>. Así, el jurista lleva la distinción detectada por Hegel a un
        límite opositivo marcadamente antimarquardiano<xref ref-type="fn" rid="fn172">172</xref> y,
        muy a su pesar, antihegeliano<xref ref-type="fn" rid="fn173">173</xref>.</p>
  <p>El segundo, acepta descriptivamente la interpenetración no diferenciada entre burgués y
        ciudadano, mas no en vistas a una normativización constructiva de la misma como ensaya
        Marquard, sino para criticar el equivalente sometimiento de ambas categorías
        individualizadas frente al Estado humanista: “los siervos del Estado […] se llaman buenos
        ciudadanos y buenos burgueses”, en tanto que “quien sirve a este espíritu del Estado, sea
        cual sea su justo oficio, es un buen ciudadano”<xref ref-type="fn" rid="fn174">174</xref>.
        Stirner detecta con rechazo antihegeliano como el autointerés comercial definitorio de la
        dimensión burguesa, en observancia de lo tratado anteriormente, se supedita a la ley y al
        Estado como instancias protectoras, pues “temería perderlo todo en el caso de que sucumbiese
        el poder del Estado”<xref ref-type="fn" rid="fn175">175</xref>. Consecuentemente, y muy al
        contrario de Schmitt, la propuesta de Stirner pasa por desembarazar de la tutela estatal los
        impulsos egoístas del burgués, negando cualquier referencia a la categoría del ciudadano e
        incluso a la construcción de una civilidad de estilo marquardiano sobre el propio sustrato
        de lo burgués.</p>
  <p>Así pues, a través de este análisis se amplía la relación tensionada de ambos autores frente a
        Hegel en dos desviaciones antisimétricas de la interpretación marquardiana: el ciudadano
        encorsetado de Schmitt y el burgués desencadenado de Stirner.</p>
</sec>
<sec id="sec6">
  <title>6. De vuelta a la celda y de vuelta a Hegel: positivización de la interacción</title>
  <p>Llegados a este punto, se ha desarrollado indirectamente la relación stirneriano-schmitteana
        como una suerte de coincidencia negativa que se perfila en imágenes antisimétricas frente a
        la concepción hegeliana de la sociedad civil y el Estado, tanto en referencia a la
        valoración crítico-propositiva del papel de la particularidad como en la instancia más
        concreta de las categorías de burgués y ciudadano. Sin embargo, para cerrar este estudio
        será preciso volver la mirada hacia estos desarrollos y extraer de ellos un potencial de
        análisis que vincule a Schmitt y a Stirner más allá del enfrentamiento negativo sobre suelo
        hegeliano. Este, en primer lugar, habrá de centrarse en el rol de una cierta individualidad
        que se ha expresado en el tratamiento de ambos autores.</p>
  <p>Efectivamente, en los desarrollos de Stirner frente al espejo hegeliano, se ha podido comprobar
        claramente cómo el Yo irrestricto emerge frente al sujeto hegeliano que reúne en sí un
        autointerés tendiente a la universalidad. El Yo se afirma como ente concreto, inmanente y
        todopoderoso que no se ve limitado en su adquisición de propiedad por ninguna instancia
        supraindividual. De hecho, es esta individualidad en sentido ultra particularista la que,
        como se ha visto, le une superficialmente y le acaba separando profundamente de Hegel en las
        determinaciones concretas del concepto de propiedad, sobre el cual se construye su unión de
        egoístas. En Schmitt, si se logra mirar más allá de la negación homogeneizante de la
        particularidad en la crítica al pluralismo social, también emerge una cierta individualidad
        como valor clave: la individualidad contenida en el soberano como instancia decisionista
        sobre la que se asienta el Estado total. La expresión de esta individualidad decisoria es,
        asimismo, la que parece unirle superficialmente pero le acaba separando significativamente
        de Hegel en la inserción global del decisionismo respecto a la valoración de la interacción
        entre sociedad civil y Estado, difiriendo de la relación distinguida pero de correlación
        orgánica entre ambas que postula Hegel. Así, es sobre una cierta instancia de individuación
        que da forma tanto a la unión de egoístas como al Estado total donde se produce la
        coincidencia teórica entre Stirner y Schmitt. A pesar de esto, la coincidencia positiva que
        aquí se afirma parece ser aún de cuño demasiado estrecho y estrictamente formal; es decir,
        meramente referente a la función estructural que esta desempeña en las construcciones de
        ambos autores y en sus respectivas comparaciones con Hegel.</p>
  <p>Para ir más allá de la mera formalidad y hallar una mínima coincidencia material, hemos de
        retornar con nuevas herramientas al punto de partida: la cárcel de Nürnberg. Si en
          <italic>Sabiduría de la celda</italic> la figura de Stirner aparece con un estatus de
        valoración ambigua en una “mezcla de ingenuidad y astucia”<xref ref-type="fn" rid="fn176"
          >176</xref>, gran parte de ello se debe al doble juicio que Schmitt hace de la
        individualidad en él. A parte de considerarlo un mero “solipsista”<xref ref-type="fn"
          rid="fn177">177</xref>, Schmitt ve en Stirner un contorno de la primacía del Yo que le
        interpelará directamente: “Max sabe una cosa muy importante. Sabe que el yo no es un objeto
        de pensamiento”<xref ref-type="fn" rid="fn178">178</xref>. Esto supone, como algunos
        comentaristas han detectado en el estudio de este texto, que Schmitt capta cómo Stirner ha
        desvelado “el status existencial y pre-intelectual de la subjetividad decisoria”<xref
          ref-type="fn" rid="fn179">179</xref>, de modo que encuentra en él “la mismidad más
        personal que distingue al ser humano como voluntad decisoria”<xref ref-type="fn" rid="fn180"
          >180</xref>. En el interior de la individualidad excéntrica de Stirner, faceta hacia la
        cual Schmitt ha mostrado su expreso desprecio, se halla incrustada a la vez el alma del
        decisionismo schmitteano como instancia de individuación no sujeta al arbitrio externo y que
        (se) determina absolutamente en calidad de subjetividad creadora. De esta forma, la
        individualidad decisoria del soberano y el “Yo todopoderoso”<xref ref-type="fn" rid="fn181"
          >181</xref>, que son una piedra angular para ambos artífices teóricos y que han jugado un
        rol clave en sendos análisis de coincidencia y desplazamiento respecto a Hegel, comparten
        precisamente esta dimensión de individualidad incondicionada que remite al “gesto vital con
        el que se realiza esta especificidad de las acciones humanas: la decisión”<xref
          ref-type="fn" rid="fn182">182</xref>. He aquí el tránsito de una primera positivización
        formal hacia una segunda positivización modestamente material de la relación entre Stirner y
        Schmitt que se deja ver sobre suelo hegeliano.</p>
  <p>Ahora bien, es preciso explicitar que estas instancias de positivización
        stirneriano-schmitteana presuponen y se asientan sobre una positivización basal que se ha
        venido mostrando de forma implícita a lo largo de este escrito, oculta a plena vista en el
        enfoque metodológico del mismo. En cierto modo, el hecho de haber podido reflejar
        comparativamente en Hegel las teorizaciones unilaterales de Stirner y de Schmitt no responde
        principalmente a la precedencia cronológica del de Stuttgart, sino sobre todo a la expresión
        conjunta que estas hallan en él. El núcleo escindido de la particularidad —la cual se afirma
        en un autointerés devorador y al mismo tiempo remite a una expresión integradora y
        universalizante— que Hegel detecta en la sociedad civil y resuelve en su relación
        reconciliadora con el Estado, condensa la duplicidad tensional que aflorará separadamente en
        Stirner y Schmitt en forma de particularidad desencadenada en la unión de egoístas y de
        particularidad constreñida en el Estado total. De esta manera, en la temporalidad propia de
        las categorías, Hegel se yergue como asunción preconizada de las postulaciones que le siguen
        en la temporalidad histórica, recogiendo en sí de forma unitaria tanto la particularidad en
        su potencial momento de desgarro (Stirner) como la particularidad en su potencial momento de
        contención (Schmitt). Esta dimensión abarcadora ha podido detectarse también en los
        subsecuentes desarrollos concretos de la individualidad propietaria y de la individualidad
        decisionista en tanto que, como se ha visto, estas son aprehendidas respectivamente por
        Stirner y Schmitt en una profundización unidireccional, pero ambas constituyen instancias ya
        pensadas e integradas universalmente por Hegel.</p>
  <p>Así pues, y en el sentido acotado por la perspectiva adoptada, puede argumentarse que Hegel
        supone la expresión de la verdad entendida como presentación elaborada conjuntamente de lo
        presupuesto unilateralmente en estas dos posiciones; al modo hegeliano de “un ‘irse al
        fundamento’ de los términos enfrentados, así como un surgir de la unidad en esa
          contraposición”<xref ref-type="fn" rid="fn183">183</xref>. Desde el celebérrimo
        planteamiento de que “lo verdadero es el todo” como “esencia que se completa mediante su
          desarrollo”<xref ref-type="fn" rid="fn184">184</xref>, Stirner y Schmitt pueden
        interpretarse extemporáneamente en tanto que momentos parciales pero positivamente
        imbricados de este despliegue del todo, y que como tales muestran una cierta verdad que ha
        de ser extraída en su aparente disensión bidireccional frente a Hegel, dándose que “el
        espíritu sólo conquista su verdad cuando es capaz de encontrarse a sí mismo en el absoluto
          desgarramiento”<xref ref-type="fn" rid="fn185">185</xref>. Sólo desde la aceptación
        implícita de esta comprensión incluyente de ambos desplazamientos en una transgresión de la
        mera coincidencia negativa es como los postulados hegelianos aquí desplegados pueden actuar
        eficazmente como eje de antisimetría que posibilita la analizada coincidencia
        stirnerianoschmitteana en su negatividad.</p>
  <p>Con todo, esta posibilidad no debe confundirse con una afirmación simplista y fanática de que
        la integridad de los desarrollos de Stirner y Schmitt estaban ya <italic>ad
          litteram</italic> en Hegel, lo cual sería profundamente incoherente con los análisis
        expuestos. Más bien debe entenderse como una explicitación honesta de lo ya aceptado en el
        andamiaje de este estudio: que el núcleo de tales desarrollos emana de dos momentos de
        parcialización que en Hegel se expresan conjuntamente en calidad de binomio.</p>
  <p>En esta unión metodológico-categorial de las concepciones de Stirner y Schmitt como momentos de
        una asunción anticipada en Hegel, se delinea plausiblemente una tercera vía de
        positivización de la interacción.</p>
</sec>
<sec id="sec7">
  <title>7. Conclusiones</title>
  <p>Una vez desplegado el cuerpo de la investigación, conviene
  condensar a modo de clausura sintética las tesis nucleares que
  estructuran este estudio:</p>
  <p>En primer lugar, que en Stirner hay no sólo un desplazamiento ontológico antihegeliano, sino
        también y consecuentemente una unilateralización hiperbólica de la particularidad en su
        dimensión disociativa (<italic>Entzweiung</italic> destructiva afirmada propositivamente)
        que, librada del Estado y de la ley insertada hegelianamente en la sociedad civil,
        posibilita el surgimiento de la unión de egoístas cuyo fundamento es el Yo propietario. Esta
        propiedad, además, constituye un plano de coincidencia epidérmica pero de divergencia
        dérmica con Hegel.</p>
  <p>En segundo lugar, que en Schmitt se puede interpretar un intento de unilateralización
        restrictiva de la particularidad en su dimensión disociativa (<italic>Entzweiung</italic>
        destructiva aplacada propositivamente), que se traduce en la emergencia del Estado total,
        homogeneizante y unitario como instancia represiva de la particularidad constitutiva de una
        esfera social pluralista. El decisionismo del soberano, que es el fundamento de tal Estado,
        supone un plano de coincidencia epidérmica pero de divergencia dérmica con Hegel.</p>
  <p>En tercer lugar, que este análisis general se aplica a la dupla categorial de
          <italic>bourgeois</italic> y <italic>citoyen</italic> a través del doble y matizado
        ensalzamiento antimarquardiano de un burgués desencadenado (Stirner) y de un ciudadano
        encorsetado (Schmitt).</p>
  <p>En cuarto y último lugar, que las anteriores instancias de comparación negativa e indirecta
        entre Schmitt y Stirner frente a Hegel adquieren un carácter mínimo de positivización
        formal, material y metodológico-categorial. Las dos primeras, en una cierta noción de
        individualidad preintelectual y decisoria presente tanto en el Yo propietario stirneriano
        como en el soberano decisionista schmitteano y que en ambos casos se ha desplegado en
        interrelación con Hegel. La tercera, en la conjunción stirnerianoschmitteana como momentos
        parciales imbricados positivamente por la referencia extemporánea al todo-verdad hegeliano
        que los asume.</p>
  <p>A modo de <italic>excursus</italic> conclusivo, permítaseme precisar que no se ha pretendido
        dar cuenta exhaustivamente de la relación entre Stirner y Schmitt, ni de la de cada uno de
        ellos con Hegel —lo cual requeriría un trabajo de mucha mayor envergadura—, sino más bien
        proponer una comparación indirecta frente al espejo hegeliano de la sociedad civil y del
        Estado que, con fortuna, haya logrado al menos iluminar y no ensombrecer el triángulo
        teórico aquí desplegado, sin perjuicio de los estudios futuros que puedan apoyarse en este
        planteamiento prospectivo. Y es que, en ocasiones, el choque de paradigmas incómodos y
        recíprocamente tensionados es la única vía para hacer aflorar comprensiones esclarecedoras
        de los mismos y del nexo que los traba.</p>
</sec>
</body>
<back>
<fn-group>
  <fn id="fn1">
    <label>1</label><p>Este trabajo está financiado por el programa FPU
    del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (FPU22/03185)
    y se enmarca en el proyecto de investigación “Pensamiento
    Contemporáneo Posfundacional-II: Análisis teórico-crítico de la
    ontología de la institución y sus fundamentos contingentes”
    (PID2023-146898NB-I00).</p>
  </fn>
  <fn id="fn2">
    <label>2</label><p>Schmitt, C. “Sabiduría de la celda”, en <italic>Ex captivitate salus. Experiencias de la época
            1945-1947</italic>. Madrid: Trotta, 2010, p. 73.</p>
  </fn>
  <fn id="fn3">
    <label>3</label><p>Schmitt, C. “Berlín, 1907”, en <italic>Res
    publica</italic>. <italic>Revista de Historia de las Ideas
    Políticas</italic>, 19(1), 2016, p. 342.</p>
  </fn>
  <fn id="fn4">
    <label>4</label><p>En concreto, me refiero a la tesis de que las categorías propias del Estado moderno liberal están
          cargadas de significación teológica, lo cual revelan tanto Stirner como Schmitt ofreciendo
          valoraciones considerablemente distintas al respecto, pero coincidiendo en que una
          secularización aparente no ha logrado desterrar la teología del terreno de la política
          (D’Angelo, V. “Ni dieux ni maitre. Anarquismo y teología política”, en <italic>Res
            Publica. Revista de Historia de las Ideas Políticas</italic>, 22(1), 2019, pp. 134;
          Laska, B. A. “Katechon contro Eigner? La reazione di Carl Schmitt nei confronti di Max
          Stirner”, <italic>en De Cive. Rivista di Pensiero Político</italic>, 1, 1996, pp. 43-54;
          Newman, S. “Stirner’s Radical Atheism and the Critique of Political Theology”, en
            <italic>Telos. Critical Theory of the Contemporary</italic>, 175, 2016, pp. 3-4, 6,
          11).</p>
  </fn>
  <fn id="fn5">
    <label>5</label><p>Stepelevich, L. S. “Max Stirner as Hegelian”, en
    <italic>Journal of the History of Ideas</italic>, 46(4), 1985, pp.
    598, 602.</p>
  </fn>
  <fn id="fn6">
    <label>6</label><p>Kervégan, J. F. <italic>Hegel, Carl Schmitt. Lo político: entre especulación y
            positividad</italic>. Madrid: Escolar y Mayo, 2007, p. 25.</p>
  </fn>
  <fn id="fn7">
    <label>7</label><p>La sucinta exposición descriptiva de la filosofía política hegeliana que se plantea en este
          apartado puede encontrarse desarrollada de forma monográfica, ampliada y crítica en otro
          lugar: Jiménez García, H. “La propiedad en Hegel: una lectura conflictiva de la
            <italic>Filosofía del derecho</italic>”, en <italic>Claridades. Revista De
            Filosofía,</italic> 2024 (en línea).</p>
  </fn>
  <fn id="fn8">
    <label>8</label><p>Hegel, G. W. F. <italic>Fundamentos de la Filosofía del Derecho</italic>. Madrid:
          Libertarias/Prodhufi, 1993, § 33.</p>
  </fn>
  <fn id="fn9">
    <label>9</label><p><italic>Ibid</italic>., § 142.</p>
  </fn>
  <fn id="fn10">
    <label>10</label><p><italic>Ibid</italic>., § 33.</p>
  </fn>
  <fn id="fn11">
    <label>11</label><p><italic>Ibid</italic>., § 157.</p>
  </fn>
  <fn id="fn12">
    <label>12</label><p><italic>Ibid</italic>., § 158.</p>
  </fn>
  <fn id="fn13">
    <label>13</label><p><italic>Ibid</italic>., § 184.</p>
  </fn>
  <fn id="fn14">
    <label>14</label><p><italic>Ibid</italic>., § 257.</p>
  </fn>
  <fn id="fn15">
    <label>15</label><p><italic>Ibid</italic>., § 258.</p>
  </fn>
  <fn id="fn16">
    <label>16</label><p>Las concepciones de la <italic>Ciencia de la lógica</italic> juegan un papel destacado en la
          comprensión de los <italic>Fundamentos de la Filosofía del Derecho</italic> en general
          (Valls Plana, R. “Sociedad civil y estado en la filosofía del derecho de Hegel (I)”, en
            <italic>Tópicos. Revista de Filosofía de Santa Fe</italic>, 5, 1998, pp. 12-16) y de
          esta formulación en particular, la cual se asienta conceptualmente en la negación de la
          negación como asunción de inmediatez y negación: “La referencia negativa de ambos
          subsistentes de suyo, el uno referido al otro, constituye su determinidad cualitativa, en
          donde, por tanto, esa primera inmediatez es puesta solamente como determinidad y, por
          ende, asumida; en cuanto que este asumir no es solamente asumir de la inmediatez, sino de
          la misma como negación, es entonces negación de la negación” (Hegel, G. W. F.
            <italic>Ciencia de la lógica I. La lógica objetiva</italic>. Madrid: Abada, 2011, p.
          425).</p>
  </fn>
  <fn id="fn17">
    <label>17</label><p>Hegel, G. W. F. <italic>Enciclopedia de las
    ciencias filosóficas en compendio</italic>. Madrid: Alianza, 2005, §
    198, obs.</p>
  </fn>
  <fn id="fn18">
    <label>18</label><p>Valls Plana, R. “Sociedad civil y estado en la filosofía del derecho de Hegel (I)”, p. 23.</p>
  </fn>
  <fn id="fn19">
    <label>19</label><p>Hegel, G. W. F. <italic>Enciclopedia de las
    ciencias filosóficas en compendio</italic>, § 198, obs.</p>
  </fn>
  <fn id="fn20">
    <label>20</label><p>Leonard, A. “La estructura del sistema hegeliano”, en <italic>Universitas philosophica</italic>,
          14, 1990, p. 149.</p>
  </fn>
  <fn id="fn21">
    <label>21</label><p>Hegel, G. W. F. <italic>Enciclopedia de las
    ciencias filosóficas en compendio</italic>, § 198, obs.</p>
  </fn>
  <fn id="fn22">
    <label>22</label><p>Valls Plana, R. “Sociedad civil y estado en la filosofía del derecho de Hegel (I)”, p. 19.</p>
  </fn>
  <fn id="fn23">
    <label>23</label><p>Riedel, M. “El concepto de la “sociedad civil” en Hegel y el problema de su origen histórico”, en
            <italic>Estudios sobre la Filosofía del Derecho de Hegel</italic>. Madrid: Centro de
          Estudios Constitucionales, 1989, p. 200.</p>
  </fn>
  <fn id="fn24">
    <label>24</label><p>Hegel, G. W. F. <italic>Fundamentos de la
    Filosofía del Derecho</italic>, § 157.</p>
  </fn>
  <fn id="fn25">
    <label>25</label><p><italic>Ibid</italic>., § 187.</p>
  </fn>
  <fn id="fn26">
    <label>26</label><p><italic>Ibid</italic>., § 182.</p>
  </fn>
  <fn id="fn27">
    <label>27</label><p><italic>Ibid</italic>., § 183.</p>
  </fn>
  <fn id="fn28">
    <label>28</label><p><italic>Ibid</italic>., § 189.</p>
  </fn>
  <fn id="fn29">
    <label>29</label><p><italic>Ibid</italic>., § 199.</p>
  </fn>
  <fn id="fn30">
    <label>30</label><p>Cuartango, R. “La libertad civil y el individuo
    moderno”, en <italic>Claves de razón práctica</italic>, 235, 2014,
    p. 111.</p>
  </fn>
  <fn id="fn31">
    <label>31</label><p>Hegel, G. W. F. <italic>Fundamentos de la
    Filosofía del Derecho</italic>, § 184.</p>
  </fn>
  <fn id="fn32">
    <label>32</label><p><italic>Ibid</italic>., § 185.</p>
  </fn>
  <fn id="fn33">
    <label>33</label><p>Valls Plana, R. “Sociedad civil y estado en la filosofía del derecho de Hegel (II)”, en
            <italic>Tópicos. Revista de Filosofía de Santa Fe</italic>, 6, 1999, p. 126.</p>
  </fn>
  <fn id="fn34">
    <label>34</label><p>Hegel, G. W. F. <italic>Fundamentos de la
    Filosofía del Derecho</italic>, § 186.</p>
  </fn>
  <fn id="fn35">
    <label>35</label><p><italic>Ibid</italic>., §§ 188, 208-209.</p>
  </fn>
  <fn id="fn36">
    <label>36</label><p><italic>Ibid</italic>., § 210.</p>
  </fn>
  <fn id="fn37">
    <label>37</label><p>Varios estudiosos han incidido en que el término <italic>Polizei</italic> utilizado en este
          sentido se refiere, más allá de las tareas propiamente policiales, a la “administración
          del Estado” (Riedel, M. “El concepto de la “sociedad civil” en Hegel y el problema de su
          origen histórico”, pp. 217-218), “administración pública” o “poder gubernativo” (Valls
          Plana, R. “Sociedad civil y estado en la filosofía del derecho de Hegel (II)”, p.
          129).</p>
  </fn>
  <fn id="fn38">
    <label>38</label><p>Hegel, G. W. F. <italic>Fundamentos de la
    Filosofía del Derecho</italic>, § 231.</p>
  </fn>
  <fn id="fn39">
    <label>39</label><p><italic>Ibid</italic>., § 251.</p>
  </fn>
  <fn id="fn40">
    <label>40</label><p>Valls Plana, R. “Sociedad civil y estado en la filosofía del derecho de Hegel (II)”, p. 130.</p>
  </fn>
  <fn id="fn41">
    <label>41</label><p>Hegel, G. W. F. <italic>Fundamentos de la
    Filosofía del Derecho</italic>, § 256.</p>
  </fn>
  <fn id="fn42">
    <label>42</label><p>Thomas Paine, quien coincide anticipada y aproximadamente con Hegel en la distinción entre
          sociedad y Estado y en la definición de la sociedad a partir de la satisfacción mutua de
          necesidades, diverge con él precisamente en la contemplación positiva del Estado, pues
          sentencia que “la sociedad [<italic>society</italic>] se produce por nuestras necesidades
          y el Estado [<italic>government</italic>] por nuestros vicios” (Paine, T. <italic>Common
            sense</italic>. Peterborough: Broadview editions, 2004, p. 47). Carl Schmitt será
          especialmente crítico con esta formulación del polifacético Paine, por considerarla (a mi
          juicio, desproporcionadamente) un ejemplo de liberalismo antiestatista (Schmitt, C. “El
          concepto de lo político”, en <italic>El concepto de lo político. Texto de 1932 con un
            prólogo y tres corolarios</italic>. Madrid: Alianza, 1998, p. 89).</p>
  </fn>
  <fn id="fn43">
    <label>43</label><p>Hegel, G. W. F. <italic>Fundamentos de la
    Filosofía del Derecho</italic>, § 258.</p>
  </fn>
  <fn id="fn44">
    <label>44</label><p><italic>Ibid</italic>., § 260.</p>
  </fn>
  <fn id="fn45">
    <label>45</label><p><italic>Ibid</italic>., § 261, obs.</p>
  </fn>
  <fn id="fn46">
    <label>46</label><p><italic>Ibid</italic>., § 303. La misma idea se
    expresa en § 260.</p>
  </fn>
  <fn id="fn47">
    <label>47</label><p>Stirner, M. <italic>El único y su
    propiedad</italic>. Madrid: Valdemar, 2004, p. 63.</p>
  </fn>
  <fn id="fn48">
    <label>48</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 67.</p>
  </fn>
  <fn id="fn49">
    <label>49</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 279.</p>
  </fn>
  <fn id="fn50">
    <label>50</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 191.</p>
  </fn>
  <fn id="fn51">
    <label>51</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 93.</p>
  </fn>
  <fn id="fn52">
    <label>52</label><p>Conviene mencionar que las posiciones de Feuerbach, especialmente en <italic>La esencia del
            cristianismo</italic>, ejercen una indudable influencia en las críticas de Stirner,
          quien conoce bien el texto y ataca frontalmente el humanismo feuerbachiano como una mera
          sustitución espiritual que, al tiempo que desplaza a Dios, entroniza la esencia genérica
          del hombre. Para un desarrollo más extenso de esta polémica véase: Jiménez García, H. “La
          crítica al concepto de Dios y sus consecuencias políticas en el pensamiento anarquista
          post feuerbachiano y post hegeliano: Mijaíl Bakunin y Max Stirner”, en <italic>Revista
            Internacional de Pensamiento Político</italic>, 16, 2021, pp. 501-504.</p>
  </fn>
  <fn id="fn53">
    <label>53</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 36.</p>
  </fn>
  <fn id="fn54">
    <label>54</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 438.</p>
  </fn>
  <fn id="fn55">
    <label>55</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 233.</p>
  </fn>
  <fn id="fn56">
    <label>56</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 212.</p>
  </fn>
  <fn id="fn57">
    <label>57</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 35.</p>
  </fn>
  <fn id="fn58">
    <label>58</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 414.</p>
  </fn>
  <fn id="fn59">
    <label>59</label><p>Turró, S. “Hegel i l’ordre del món”, en <italic>Tres mirades sobre Hegel</italic>. Sabadell:
          Enoanda, 2021, pp. 46-47.</p>
  </fn>
  <fn id="fn60">
    <label>60</label><p>Stirner, M. <italic>El único y su
    propiedad</italic>, p. 35.</p>
  </fn>
  <fn id="fn61">
    <label>61</label><p>Hegel, G. W. F. <italic>Ciencia de la lógica I. La lógica objetiva</italic>. Madrid: Abada, 2011,
          pp. 225-226.</p>
  </fn>
  <fn id="fn62">
    <label>62</label><p>De Ridder, W. “Max Stirner, Hegel and the Young
    Hegelians: A reassessment”, en <italic>History of European
    Ideas</italic>, 34(3), 2008, pp. 293-294.</p>
  </fn>
  <fn id="fn63">
    <label>63</label><p>Newman, S. “Stirner and the Politics of the
    Ego”, en <italic>From Bakunin to Lacan: Anti-authoritarianism and
    the dislocation of power</italic>. Lanham: Lexington Books, 2001, p.
    70.</p>
  </fn>
  <fn id="fn64">
    <label>64</label><p>Stirner, M. <italic>El único y su
    propiedad</italic>, p. 374.</p>
  </fn>
  <fn id="fn65">
    <label>65</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 273.</p>
  </fn>
  <fn id="fn66">
    <label>66</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 374.</p>
  </fn>
  <fn id="fn67">
    <label>67</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 375.</p>
  </fn>
  <fn id="fn68">
    <label>68</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 272.</p>
  </fn>
  <fn id="fn69">
    <label>69</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 76.</p>
  </fn>
  <fn id="fn70">
    <label>70</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 77.</p>
  </fn>
  <fn id="fn71">
    <label>71</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 228.</p>
  </fn>
  <fn id="fn72">
    <label>72</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 277.</p>
  </fn>
  <fn id="fn73">
    <label>73</label><p>La crítica de Stirner al núcleo humanista del Estado encuentra de nuevo un correlato polémico en
          Feuerbach, quien en un breve texto de 1843 había afirmado: “El ser humano es el uno y el
          todo del Estado. El Estado es la totalidad realizada, desarrollada y explicitada de la
          esencia humana” (Feuerbach, L. “Vorläufige Thesen zur Reform der Philosophie”, en
            <italic>Gesammelte Werke</italic> 9. Berlin: Akademie-Verlag, 1970, p. 262; traducción
          propia).</p>
  </fn>
  <fn id="fn74">
    <label>74</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 251. Resulta revelador constatar que, incluso en el seno de la
          negación stirneriana del Estado, subsiste un matiz de plausible influencia hegeliana.
          Considero que esto se muestra cuando en el desarrollo de la crítica al Estado Stirner
          aserta que “el derecho griego, en el que se basaban los Estados griegos, tuvo que ser
          tergiversado y socavado por los egoístas en el interior de estos Estados, y los Estados
          sucumbieron para que los individuos fueran libres” (<italic>Ibid</italic>., p. 269). El
          núcleo de esta idea se encuentra ya en la <italic>Rechtsphilosophie</italic>, donde se
          describe que para los “Estados antiguos” que la alumbraron, “la evolución autónoma de la
          particularidad” fue “el fundamento último de su decadencia”, puesto que no pudieron
          asimilar jurídicamente su potencia reflexiva y “sucumbieron a esta reflexión en cuanto
          empezaba a expresarse” (Hegel, G. W. F. <italic>Fundamentos de la Filosofía del
            Derecho</italic>, § 185, obs.). Por supuesto, la diferencia radica en que para Hegel la
          particularidad puede ser acogida en el Estado como <italic>Aufhebung</italic> de la
          sociedad civil, ya desligado de las limitaciones de la <italic>polis</italic> como
          comunidad densa y unitaria; mientras que para Stirner la <italic>polis</italic> es, como
          cualquier otro Estado, un opresor del Yo que no sólo no acoge sino que asfixia el
          despliegue de la particularidad mediante un entrelazamiento forzoso: “Todos los estados
          […] han sucumbido por la salida del individuo, pues el individuo es enemigo
          irreconciliable de toda generalidad, de todo vínculo, esto es, de toda atadura” (Stirner,
          M. <italic>El único y su propiedad</italic>, p. 269).</p>
  </fn>
  <fn id="fn75">
    <label>75</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 271.</p>
  </fn>
  <fn id="fn76">
    <label>76</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 272.</p>
  </fn>
  <fn id="fn77">
    <label>77</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 272.</p>
  </fn>
  <fn id="fn78">
    <label>78</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 364.</p>
  </fn>
  <fn id="fn79">
    <label>79</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 228.</p>
  </fn>
  <fn id="fn80">
    <label>80</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 375.</p>
  </fn>
  <fn id="fn81">
    <label>81</label><p>Aldao, M. “Revisión”, en Stirner, M., <italic>El
    único y su propiedad</italic>. Buenos Aires: Libros de Anarres,
    2008, nota al pie p. 191.</p>
  </fn>
  <fn id="fn82">
    <label>82</label><p>Stirner, M. <italic>El único y su
    propiedad</italic>, p. 139.</p>
  </fn>
  <fn id="fn83">
    <label>83</label><p>Me refiero concretamente a la interpretación que el socialista Moses Hess hace en su crítica de
            <italic>El único y su propiedad</italic>, aseverando que “el ideal de Stirner es la
          sociedad burguesa que absorbe en sí al Estado” (Hess en Stirner, M. “Los recensores de
          Stirner”, en <italic>Escritos menores</italic>. Logroño: Pepitas de calabaza, 2013, pp.
          161-162). Ante esto, Stirner responde en un curioso texto en que se refiere a sí mismo en
          tercera persona titulado <italic>Los recensores de Stirner</italic>, que si bien “Hegel ha
          demostrado que el egoísmo tiene su hogar en la sociedad burguesa”, no es menos cierto que
          “la vida comercial” que la caracteriza es insuficientemente particularista y apta tanto
          para “santos” como para “egoístas”, de suerte que “Stirner no tiene el menor apego a la
          sociedad burguesa, y en modo alguno piensa ensancharla hasta que devore al Estado y a la
          familia” (Stirner, M. “Los recensores de Stirner”, p. 162).</p>
  </fn>
  <fn id="fn84">
    <label>84</label><p>Riedel, M. “El concepto de la “sociedad civil”
    en Hegel y el problema de su origen histórico”, p. 222.</p>
  </fn>
  <fn id="fn85">
    <label>85</label><p>Stirner, M. <italic>El único y su
    propiedad</italic>, p. 320.</p>
  </fn>
  <fn id="fn86">
    <label>86</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 319.</p>
  </fn>
  <fn id="fn87">
    <label>87</label><p>Hegel, G. W. F. <italic>Fundamentos de la
    Filosofía del Derecho</italic>, §§ 41-42, 64.</p>
  </fn>
  <fn id="fn88">
    <label>88</label><p><italic>Ibid</italic>., § 40.</p>
  </fn>
  <fn id="fn89">
    <label>89</label><p>Stepelevich, L. S. “Max Stirner as Hegelian”, p.
    611.</p>
  </fn>
  <fn id="fn90">
    <label>90</label><p>Ritter, J. “Persona y propiedad. Un comentario de los párrafos 34-81 de los ‘Principios de
          Filosofía del Derecho’ de Hegel”, en <italic>Estudios sobre la Filosofía del Derecho de
            Hegel</italic>. Madrid: Centro de Estudios Constitucionales, 1989, p. 122.</p>
  </fn>
  <fn id="fn91">
    <label>91</label><p>Marcuse, H. “La filosofía política (1816-1821)”, en <italic>Razón y revolución. Hegel y el
            surgimiento de la teoría social</italic>. Barcelona: Altaya, 1994, p. 191.</p>
  </fn>
  <fn id="fn92">
    <label>92</label><p>Hegel, G. W. F. <italic>Fundamentos de la
    Filosofía del Derecho</italic>, § 217.</p>
  </fn>
  <fn id="fn93">
    <label>93</label><p><italic>Ibid</italic>., § 45.</p>
  </fn>
  <fn id="fn94">
    <label>94</label><p>Stirner, M. <italic>El único y su
    propiedad</italic>, p. 257.</p>
  </fn>
  <fn id="fn95">
    <label>95</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 235. En esta imbricación stirneriana entre el derecho autogenerado y
          el poder o la fuerza del individuo como único garante del mismo, puede interpretarse una
          referencia sottovoce a Spinoza, quien concebía que “cada uno goza de <italic>Tratado
            polí</italic>tanto derecho como poder posee” (Spinoza, B. <italic>tico</italic>. Madrid:
          Alianza, 1986, p. 89). Adicionalmente, y más allá de su relación con el derecho, la
          afirmación del Yo a través de su poder en Stirner parece preanunciar una de las facetas de
          la concepción nietzscheana de la voluntad como <italic>Wille zur Macht</italic>: “Algo
          vivo quiere, antes que nada, dar libre curso a su fuerza — la vida misma es voluntad de
          poder” (Nietzsche, F. <italic>Más allá del bien y del mal. Preludio de una filosofía del
            futuro.</italic> Madrid: Alianza, 2005, p. 37). Obsérvese que este poder como fuerza
          desatada está explícitamente presente en la unión de egoístas: “la asociación sólo es un
          instrumento o la espada mediante la cual intensificas y aumentas tu fuerza natural”
          (Stirner, M. <italic>El único y su propiedad</italic>, p. 383). <italic/></p>
  </fn>
  <fn id="fn96">
    <label>96</label><p><italic>Ibid.</italic>, p. 76.</p>
  </fn>
  <fn id="fn97">
    <label>97</label><p specific-use="wrapper">
      <disp-quote>
        <p>El siguiente pasaje condensa enérgicamente esta idea: “¿Qué
        es, pues, mi propiedad? ¡Nada más que lo que está en mi poder!
        ¿A qué propiedad estoy autorizado? A toda la que yo me autorizo.
        Yo me otorgo el derecho a la propiedad al tomar posesión de mi
        propiedad” (<italic>Ibid</italic>., p. 317).</p>
      </disp-quote>
    </p>
  </fn>
  <fn id="fn98">
    <label>98</label><p specific-use="wrapper">
      <disp-quote>
        <p>Respecto al modo de adquisición de propiedad, resulta revelador comprobar que Hegel
              destaca el papel del “trabajo” como “la mediación de preparar y de adquirir para las
              necesidades particularizadas medios adecuados igualmente particularizados” (Hegel, G.
              W. F. <italic>Fundamentos de la Filosofía del Derecho</italic>, § 196) que, a la vez,
              “completa la dependencia y la relación recíproca de los hombres”
                (<italic>Ibid</italic>., § 198) en su tendencia a la universalidad. Se observa así
              un matiz lockeano en esta ligazón entre trabajo y adquisición de propiedad; para el
              hombre “el trabajo de su cuerpo y la labor producida por sus manos” fundamentan la
              obtención de toda “propiedad suya” (Locke, J. <italic>Segundo tratado sobre el
                gobierno civil</italic>. Madrid: Alianza, 1990, p. 57). Sin embargo, este sistema de
              trabajo, como destaca posteriormente Marx pero como también admite Hegel, no solamente
              produce riqueza y satisfacción mutua, sino también indudable miseria (Valls Plana, R.
              “Sociedad civil y estado en la filosofía del derecho de Hegel (II)”, p. 127). Stirner,
              posibilitado por su teoría de la irrestricta adquisición de propiedad, considera
              (contra Hegel y contra Locke) que el trabajo ya no media entre la necesidad y la
              propiedad, sino que la propiedad se toma sin más, absoluta y unilateralmente, sin
              ninguna instancia ni restricción jurídico-poiética de por medio. De hecho, es esta
              apropiación la que Stirner contempla como una solución a la miseria producida por el
              sistema de necesidades civil, de modo que anima (en un sentido inequívocamente
              anticomunitarista) a “la plebe desposeída” a hacerse con todo aquello que requieran:
              “El egoísmo emprende otro camino […] ¡agarra y toma todo lo que necesites! […] la
              plebe cesa de ser plebe sólo cuando el individuo agarra” (Stirner, M. <italic>El único
                y su propiedad</italic>, pp. 318-319).</p>
      </disp-quote>
    </p>
  </fn>
  <fn id="fn99">
    <label>99</label><p specific-use="wrapper">
      <disp-quote>
        <p>Hegel, G. W. F. <italic>Fundamentos de la Filosofía del
        Derecho</italic>, § 208.</p>
      </disp-quote>
    </p>
  </fn>
  <fn id="fn100">
    <label>100</label><p specific-use="wrapper">
      <disp-quote>
        <p>Cuartango, R. “La libertad civil y el individuo moderno”, pp.
        112, 117.</p>
      </disp-quote>
    </p>
  </fn>
  <fn id="fn101">
    <label>101</label><p specific-use="wrapper">
      <disp-quote>
        <p>Hegel, G. W. F. <italic>Fundamentos de la Filosofía del
        Derecho</italic>, § 260.</p>
      </disp-quote>
    </p>
  </fn>
  <fn id="fn102">
    <label>102</label><p>Stirner, M. <italic>El único y su
    propiedad</italic>, p. 150.</p>
  </fn>
  <fn id="fn103">
    <label>103</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 151.</p>
  </fn>
  <fn id="fn104">
    <label>104</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 157.</p>
  </fn>
  <fn id="fn105">
    <label>105</label><p><italic>Ibid</italic>., pp. 351, 380.</p>
  </fn>
  <fn id="fn106">
    <label>106</label><p>Hegel, G. W. F. <italic>Fundamentos de la
    Filosofía del Derecho</italic>, § 37.</p>
  </fn>
  <fn id="fn107">
    <label>107</label><p>Stirner, M. <italic>El único y su
    propiedad</italic>, p. 375.</p>
  </fn>
  <fn id="fn108">
    <label>108</label><p>Hegel, G. W. F. <italic>Fundamentos de la
    Filosofía del Derecho</italic>, § 209, obs.</p>
  </fn>
  <fn id="fn109">
    <label>109</label><p>Véase Ritter, J. “Subjetividad y sociedad industrial. Sobre la teoría hegeliana de la
          subjetividad”, en <italic>Subjetividad. Seis Ensayos</italic>. Barcelona: Alfa, 1986, pp.
          9-30.</p>
  </fn>
  <fn id="fn110">
    <label>110</label><p>Stirner, M. <italic>El único y su
    propiedad</italic>, p. 224.</p>
  </fn>
  <fn id="fn111">
    <label>111</label><p>Hegel, G. W. F. <italic>Fundamentos de la
    Filosofía del Derecho</italic>, § 71, obs.</p>
  </fn>
  <fn id="fn112">
    <label>112</label><p>Stirner, M. <italic>El único y su
    propiedad</italic>, p. 185.</p>
  </fn>
  <fn id="fn113">
    <label>113</label><p>Valls Plana, R. “Sociedad civil y estado en la filosofía del derecho de Hegel (II)”, p. 119.</p>
  </fn>
  <fn id="fn114">
    <label>114</label><p>Stirner, M. <italic>El único y su
    propiedad</italic>, p. 270.</p>
  </fn>
  <fn id="fn115">
    <label>115</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 231.</p>
  </fn>
  <fn id="fn116">
    <label>116</label><p>Schmitt, C. “El concepto de lo político”, en <italic>El concepto de lo político. Texto de 1932
            con un prólogo y tres corolarios</italic>. Madrid: Alianza, 1998, p. 54.</p>
  </fn>
  <fn id="fn117">
    <label>117</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 104. En <italic>El Nomos de la Tierra</italic>, Schmitt vuelve a
          expresar esta idea, esta vez explicitando su conexión marxiana: “En la filosofía del
          Estado de Hegel, el Estado es caracterizado como un imperio de la moral y de la razón
          objetiva que se alza sobre la sociedad burguesa, no-estatal, la cual aparece en Hegel y
          Marx como el reino animal de un egoísmo desconsiderado y, en este sentido, libre”
          (Schmitt, C. <italic>El Nomos de la Tierra en el Derecho de Gentes del “Jus publicum
            europaeum”</italic>. Buenos Aires: Struhart &amp; Cía, 2005, p. 84).</p>
  </fn>
  <fn id="fn118">
    <label>118</label><p>Valls Plana, R. “Sociedad civil y estado en la filosofía del derecho de Hegel (I)”, p. 8.</p>
  </fn>
  <fn id="fn119">
    <label>119</label><p>Kervégan, J. F. <italic>Hegel, Carl Schmitt. Lo político: entre especulación y
            positividad</italic>, pp. 186, 191.</p>
  </fn>
  <fn id="fn120">
    <label>120</label><p>Hegel, G. W. F. <italic>Fundamentos de la
    Filosofía del Derecho</italic>, § 303.</p>
  </fn>
  <fn id="fn121">
    <label>121</label><p>Schmitt, C. “El concepto de lo político”, p.
    74.</p>
  </fn>
  <fn id="fn122">
    <label>122</label><p>Schmitt, C. “Ética de Estado y Estado
    pluralista”, en <italic>Logos: Anales del Seminario de
    Metafísica</italic>, 44, 2011, p. 21.</p>
  </fn>
  <fn id="fn123">
    <label>123</label><p><italic>Ibid</italic>., pp. 22-23.</p>
  </fn>
  <fn id="fn124">
    <label>124</label><p>Schmitt, C. “El concepto de lo político”, p.
    73.</p>
  </fn>
  <fn id="fn125">
    <label>125</label><p>Kervégan, J. F. <italic>Hegel, Carl Schmitt. Lo político: entre especulación y
            positividad</italic>, p. 186.</p>
  </fn>
  <fn id="fn126">
    <label>126</label><p>Schmitt, C. “Ética de Estado y Estado
    pluralista”, p. 27.</p>
  </fn>
  <fn id="fn127">
    <label>127</label><p>Schmitt, C. <italic>El Leviathan en la Teoría
    del Estado de Tomas Hobbes</italic>. Granada: Comares, 2004, p.
    75.</p>
  </fn>
  <fn id="fn128">
    <label>128</label><p>Schmitt, C. “Ética de Estado y Estado pluralista”, p. 27. Reformulando esto, Schmitt sugiere que
          Hegel no acierta a ver que la distinción entre ambos ámbitos supondrá a la larga una
          imposición formal de los impulsos atomizadores de la sociedad civil en el plano de un
          Estado que no parece representar una negación de la negación, sino más bien una sumisión a
          esta negación que entraña una eventual fusión con ella. Creo que esta exégesis schmitteana
          puede relacionarse parcial y matizadamente con la interpretación de los momentos lógicos
          de la sociedad y el Estado en Hegel que (con inspiración marxiana) propone Martínez
          Marzoa, la cual supone que el Estado hegeliano no es verdadera negación de la negación,
          sino una institucionalización del carácter particular y negativo de la sociedad civil, de
          modo que “se mantiene estrictamente en el Estado lo negativo de la sociedad civil con el
          mismo carácter negativo que tiene en la propia sociedad civil”. En este sentido, y
          salvando las distancias, Schmitt parece compartir en el terreno del desarrollo histórico
          el anclaje del Estado en la negatividad civil que Martínez Marzoa propone en el plano
          lógico-político, dándose que “la sociedad civil, tiene aquí en cierta manera el papel de
          la negación que transcrece” (Martínez Marzoa, F. <italic>El concepto de lo civil</italic>.
          Santiago de Chile: Ediciones metales pesados, 2008, pp. 64, 111).</p>
  </fn>
  <fn id="fn129">
    <label>129</label><p>Valls Plana, R. “Sociedad civil y estado en la filosofía del derecho de Hegel (I)”, p. 21.</p>
  </fn>
  <fn id="fn130">
    <label>130</label><p>Kervégan, J. F. <italic>Hegel, Carl Schmitt. Lo político: entre especulación y
            positividad</italic>, p. 187.</p>
  </fn>
  <fn id="fn131">
    <label>131</label><p>Schmitt, C. “El concepto de lo político”, p.
    54.</p>
  </fn>
  <fn id="fn132">
    <label>132</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 53.</p>
  </fn>
  <fn id="fn133">
    <label>133</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 53.</p>
  </fn>
  <fn id="fn134">
    <label>134</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 54.</p>
  </fn>
  <fn id="fn135">
    <label>135</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 56.</p>
  </fn>
  <fn id="fn136">
    <label>136</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 57.</p>
  </fn>
  <fn id="fn137">
    <label>137</label><p>Schmitt, C. “El concepto de lo político”, p.
    53.</p>
  </fn>
  <fn id="fn138">
    <label>138</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 74.</p>
  </fn>
  <fn id="fn139">
    <label>139</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 75.</p>
  </fn>
  <fn id="fn140">
    <label>140</label><p>Schmitt en Ramas San Miguel, C. “El Estado total en Carl Schmitt: desbordamiento de lo político y
          decisión totalitaria: una reconstrucción teórico-doctrinal”, en <italic>Res
            publica</italic>. <italic>Revista de Historia de las Ideas Políticas</italic>, 22(1),
          2019, p. 146.</p>
  </fn>
  <fn id="fn141">
    <label>141</label><p>Schmitt, C. “Ética de Estado y Estado
    pluralista”, p. 29.</p>
  </fn>
  <fn id="fn142">
    <label>142</label><p>Kervégan, J. F. <italic>Hegel, Carl Schmitt. Lo político: entre especulación y
            positividad</italic>, p. 187.</p>
  </fn>
  <fn id="fn143">
    <label>143</label><p>Efectivamente, este carácter homogéneo debe concebirse como una “homogeneidad sustancial”
          (Schmitt, C. <italic>Sobre el parlamentarismo</italic>. Madrid: Tecnos, 1990, p. 15)
          basada en una igualdad de carácter literal, excluyente y, en cierto modo, preconvencional.
          Así, esta homogeneidad no es producto artificial de una igualación legal, sino que, en
          sentido inverso, “tal derecho igualitario posee un sentido allí donde existe la
          homogeneidad” (<italic>Ibid</italic>., pp. 14-15). De aquí se extrae que la noción
          universal de humanidad no puede constituir el fundamento igualatorio bajo el que opere un
          Estado democrático; “no existe en absoluto esta democracia de todos los seres humanos”
            (<italic>Ibid</italic>., p. 15). Es en esta comprensión donde Schmitt coincide
          inesperadamente con Stirner al censurar la existencia de un Estado bajo el signo de la
          “igualación” (Stirner, M. <italic>El único y su propiedad</italic>, p. 184) en lo humano,
          aunque el de Bayreuth la niegue por asfixiar la individualidad, y el de Plettenberg por
          ser un designador inoperante a la hora de fundir homogéneamente las individualidades.</p>
  </fn>
  <fn id="fn144">
    <label>144</label><p>Schmitt, C. <italic>Sobre el
    parlamentarismo</italic>. Madrid: Tecnos, 1990, p. 12.</p>
  </fn>
  <fn id="fn145">
    <label>145</label><p>Cuartango, R. “Lógica de la idea y comprensión especulativa del Estado”, en <italic>Pensamiento.
            Revista de investigación e información filosófica</italic>, 72(272), 2016, p. 626. En
          este aspecto, y más allá de Hegel, la homogeneización schmitteana también es contraria a
          la noción arendtiana de la política como la reunión de lo(s) diverso(s), el “estar juntos
          y los unos con los otros de los diversos” (Arendt, H. <italic>¿Qué es la
            política?</italic> Barcelona: Paidós, 1997, p. 45); e incluso a la tesis aristotélica
          fundacional de que “la ciudad es por su naturaleza una cierta pluralidad” (Aristóteles.
            <italic>Política</italic>. Madrid: Gredos, 1988, II, 1261a; p. 89).</p>
  </fn>
  <fn id="fn146">
    <label>146</label><p>Schmitt en Ramas San Miguel, C. “El Estado
    total en Carl Schmitt: desbordamiento de lo político y decisión
    totalitaria: una reconstrucción teórico-doctrinal”, p. 146.</p>
  </fn>
  <fn id="fn147">
    <label>147</label><p>Schmitt, C. “Ética de Estado y Estado
    pluralista”, p. 27.</p>
  </fn>
  <fn id="fn148">
    <label>148</label><p>Hegel, G. W. F. <italic>Fundamentos de la
    Filosofía del Derecho</italic>, § 260.</p>
  </fn>
  <fn id="fn149">
    <label>149</label><p>Esta obra ha sido considerada como el texto teórico de Schmitt donde más se aprecia la batalla
          política indirecta contra Stirner en cuanto a la confrontación entre individuo y Estado, a
          pesar de que no lo cita en ninguna ocasión (Laska, B. A. “Katechon contro Eigner? La
          reazione di Carl Schmitt nei confronti di Max Stirner”, p. 45). Siguiendo la estela de
          algunos puntos que ya han aparecido en este apartado, en <italic>El valor del Estado y el
            significado del individuo</italic> se puede interpretar como frente a la afirmación
          stirneriana de una individualidad necesariamente transgresora de la ley, Schmitt postula
          aquí que “todo el valor que puedan tener los individuos descansa en su entrega al ritmo
          supraindividual de una legalidad” (Schmitt, C. <italic>El valor del Estado y el
            significado del individuo</italic>. Madrid: Centro de Estudios Políticos y
          Constitucionales, 2014, p. 65). Ante la denuncia stirneriana acerca de que el Estado “me
          educa para ser un ‘instrumento útil’, un ‘miembro útil de la sociedad’” (Stirner, M.
            <italic>El único y su propiedad</italic>, p. 279), Schmitt aserta vehementemente que “lo
          imponente del Estado siempre estará en que impone su organización de las fuerzas fácticas
          a toda subjetividad y utiliza en su totalidad a todo individuo como instrumento, también
          al más poderoso déspota, ya que está por encima de él” (Schmitt, C. <italic>El valor del
            Estado y el significado del individuo</italic>, p. 59). En definitiva, ante la querella
          de Stirner de que “el Estado siempre tiene como única finalidad limitar al individuo,
          domarlo, subordinarlo, hacerle súbdito de cualquier generalidad” (Stirner, M. <italic>El
            único y su propiedad</italic>, p. 282), Schmitt la transforma en propuesta positiva
          consistente en que “mediante el reconocimiento de esa dignidad suprapersonal del Estado,
          desparece […] el concreto individuo singular” (Schmitt, C. <italic>El valor del Estado y
            el significado del individuo</italic>, p. 60).</p>
  </fn>
  <fn id="fn150">
    <label>150</label><p>Schmitt, C. <italic>El valor del Estado y el
    significado del individuo</italic>. Madrid: Centro de Estudios
    Políticos y Constitucionales, 2014, p. 69.</p>
  </fn>
  <fn id="fn151">
    <label>151</label><p>Schmitt, C. <italic>Ibid.,</italic> p. 67.</p>
  </fn>
  <fn id="fn152">
    <label>152</label><p>Stirner, M. <italic>El único y su
    propiedad</italic>, p. 228.</p>
  </fn>
  <fn id="fn153">
    <label>153</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 212.</p>
  </fn>
  <fn id="fn154">
    <label>154</label><p>Schmitt, C. “Teología política. Cuatro capítulos sobre la doctrina de la soberanía”, en
            <italic>Teología política</italic>. Madrid: Trotta, 2009, p. 45.</p>
  </fn>
  <fn id="fn155">
    <label>155</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 13.</p>
  </fn>
  <fn id="fn156">
    <label>156</label><p>Hegel, G. W. F. <italic>Fundamentos de la
    Filosofía del Derecho</italic>, § 214, obs.</p>
  </fn>
  <fn id="fn157">
    <label>157</label><p><italic>Ibid</italic>., § 275.</p>
  </fn>
  <fn id="fn158">
    <label>158</label><p><italic>Ibid</italic>., § 279.</p>
  </fn>
  <fn id="fn159">
    <label>159</label><p><italic>Ibid</italic>., § 279, obs.</p>
  </fn>
  <fn id="fn160">
    <label>160</label><p>Schmitt, C. <italic>El Leviathan en la Teoría
    del Estado de Tomas Hobbes</italic>, p. 2.</p>
  </fn>
  <fn id="fn161">
    <label>161</label><p>Hegel, G. W. F. <italic>Fundamentos de la
    Filosofía del Derecho</italic>, § 281.</p>
  </fn>
  <fn id="fn162">
    <label>162</label><p>En rigor, y tomándolo en un sentido global distinto a la aproximación particular que se ha
          pretendido mostrar, es preciso hacer notar que el decisionismo schmitteano presenta
            <italic>ab ovo</italic> una oposición explícita con la dialéctica hegeliana (Kervégan,
          J. F. <italic>Hegel, Carl Schmitt. Lo político: entre especulación y positividad</italic>,
          pp. 321-322), en tanto que el de Plettenberg aserta que “la secuencia hegeliana
          dialéctica” ejemplificada en “comunidad natural, sociedad burguesa y Estado” carece del
          “incisivo vigor polémico de la antítesis bipolar” (Schmitt, C. “El concep-</p>
    <p>to de lo político”, pp. 101-102) entre amigo y enemigo requerido
    en el momento decisorio que condensa el soberano.</p>
  </fn>
  <fn id="fn163">
    <label>163</label><p>Valls Plana, R. “Sociedad civil y estado en la filosofía del derecho de Hegel (II)”, p. 126. Aun
          así, Ritter señala que esto no ha impedido a Karl Popper, entre otros, tildar a Hegel de
          “enemigo de la sociedad abierta” y supuesto defensor del “sistema autoritario prusiano”
          (Popper en Ritter, J. “Subjetividad y sociedad industrial. Sobre la teoría hegeliana de la
          subjetividad”, pp. 10-11). Esta caracterización es indudablemente más acorde a la enmienda
          de revigorización estatista que Schmitt propone alejándose de Hegel, que al propio
          Hegel.</p>
  </fn>
  <fn id="fn164">
    <label>164</label><p>Hobbes, T. <italic>Leviatán. O la materia, forma y poder de una república eclesiástica y
            civil</italic>. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 1987, p. 102.</p>
  </fn>
  <fn id="fn165">
    <label>165</label><p>Hegel, G. W. F. <italic>Fundamentos de la
    Filosofía del Derecho</italic>, § 190, obs.</p>
  </fn>
  <fn id="fn166">
    <label>166</label><p>Riedel, M. “El concepto de la “sociedad civil”
    en Hegel y el problema de su origen histórico”, p. 208.</p>
  </fn>
  <fn id="fn167">
    <label>167</label><p>Valls Plana, R. “Sociedad civil y estado en la filosofía del derecho de Hegel (I)”, p. 18.</p>
  </fn>
  <fn id="fn168">
    <label>168</label><p>Hegel en Kervégan, J. F. <italic>Hegel, Carl
    Schmitt. Lo político: entre especulación y positividad</italic>, p.
    182.</p>
  </fn>
  <fn id="fn169">
    <label>169</label><p>Marquard, O. <italic>Filosofía de la
    compensación</italic>. <italic>Estudios sobre antropología
    filosófica</italic>. Barcelona: Paidós, 2001, p. 101.</p>
  </fn>
  <fn id="fn170">
    <label>170</label><p>Schmitt, C. “El concepto de lo político”, p. 91. En un sentido algo más neutro, Schmitt postula
          en <italic>Teoría de la Constitución</italic> que “la primera y más importante
          manifestación sobre el <italic>Bourgeois</italic> como concepto contrapuesto al de
          ciudadano, <italic>Staatsbürger</italic>, que existe en la esfera de lo político, se
          encuentra en el joven Hegel” (Schmitt, C. <italic>Teoría de la Constitución</italic>.
          Madrid: Alianza, 1996, p. 247).</p>
  </fn>
  <fn id="fn171">
    <label>171</label><p>Schmitt, C. <italic>Teoría de la
    Constitución</italic>. Madrid: Alianza, 1996, p. 247.</p>
  </fn>
  <fn id="fn172">
    <label>172</label><p>El propio Marquard, consciente de esta oposición, menta a Schmitt como uno de los representantes
          de “aquellas filosofías que comprendían y reprendían lo civil-burgués […] como incapacidad
          para el estado de excepción y para la decisión” (Marquard, O. <italic>Filosofía de la
            compensación</italic>. <italic>Estudios sobre antropología filosófica</italic>, p.
          95).</p>
  </fn>
  <fn id="fn173">
    <label>173</label><p>A este respecto, Kervégan destaca que Schmitt, a partir de una lectura demasiado antitética del
          binomio ciudadanoburgués de <italic>El sistema de la eticidad</italic> y otros escritos,
          descuida completamente que en Hegel hay también y con solución de continuidad respecto a
          sus textos de juventud, una “reconciliación del burgués y el ciudadano” que resulta en
          “una valoración de la individualidad hasta en sus determinaciones egoístas” (Kervégan, J.
          F. <italic>Hegel, Carl Schmitt. Lo político: entre especulación y positividad</italic>, p.
          183), como ya se ha visto.</p>
  </fn>
  <fn id="fn174">
    <label>174</label><p>Stirner, M. <italic>El único y su
    propiedad</italic>, pp. 145-146.</p>
  </fn>
  <fn id="fn175">
    <label>175</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 157.</p>
  </fn>
  <fn id="fn176">
    <label>176</label><p>Schmitt, C. “Sabiduría de la celda”, p. 77.</p>
  </fn>
  <fn id="fn177">
    <label>177</label><p><italic>Ibid</italic>., pp. 73, 77.</p>
  </fn>
  <fn id="fn178">
    <label>178</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 73.</p>
  </fn>
  <fn id="fn179">
    <label>179</label><p>Dotti, J. E. “El visitante de la noche. En torno a la presencia de Max Stirner en el pensamiento
          de Carl Schmitt”, en <italic>Carl Schmitt: su época y pensamiento.</italic> Buenos Aires:
          Eudeba, 2002, p. 16.</p>
  </fn>
  <fn id="fn180">
    <label>180</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 25.</p>
  </fn>
  <fn id="fn181">
    <label>181</label><p>Stirner, M. <italic>El único y su
    propiedad</italic>, p. 212.</p>
  </fn>
  <fn id="fn182">
    <label>182</label><p>Dotti, J. E. “El visitante de la noche. En torno a la presencia de Max Stirner en el pensamiento
          de Carl Schmitt”, p. 22. Más allá de <italic>Sabiduría de la celda</italic>, en la obra
          del propio Stirner hallamos un pasaje concreto que refuerza esta conexión decisionista. Al
          examinar la ligazón entre libertad verdadera y poder, en un desarrollo de la ya explorada
          negación de la idea de derecho otorgado, Stirner afirma que “mi libertad será perfecta
          cuando sea mi poder” (Stirner, M. <italic>El único y su propiedad</italic>, p. 215). Tras
          esto, expone que en el curso de la historia, los gobernantes y los “hombres fuertes”
            (<italic>Ibid</italic>., p. 214) se han regido por este principio: “Ved quien tiene el
          poder, él está por encima de la ley” (<italic>Ibid</italic>., p. 215). He aquí una
          referencia que parece anticipar (aunque sea de soslayo) la tesis schmitteana del genuino
          poder soberano como individualizada decisión supralegal (Newman, S. “Stirner’s Radical
          Atheism and the Critique of Political Theology”, pp. 6-7).</p>
  </fn>
  <fn id="fn183">
    <label>183</label><p>Cuartango, R. “Lógica de la idea y comprensión
    especulativa del Estado”, p. 627.</p>
  </fn>
  <fn id="fn184">
    <label>184</label><p>Hegel, G. W. F. <italic>Fenomenología del espíritu</italic>. México D. F.: Fondo de cultura
          económica, 1966, p. 16.</p>
  </fn>
  <fn id="fn185">
    <label>185</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 24. Adorno detecta certeramente el aspecto hegeliano que se trata de
          señalar respecto a Stirner y Schmitt como partes que en su momento de distancia antitética
          remiten al todo: “Hegel reconoció la preeminencia del todo con respecto a sus partes,
          finitas, insuficientes y contradictorias, cuando se las confronta con él; pero […] no
          independizó las partes frente al todo, como elementos suyos; sabía […] que el todo se
          realiza a través de las partes, únicamente a través de la desgarradura, de la
          distanciación, de la reflexión. Su todo es, en definitiva, solamente el dechado y
          quintaesencia de los momentos parciales, que en cada instante remiten fuera de sí mismos y
          brotan, disociándose unos de otros” (Adorno, T. W. <italic>Tres estudios sobre
            Hegel</italic>. Madrid: Taurus, 1974, pp. 18-19).</p>
  </fn>
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