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<!DOCTYPE article PUBLIC "-//NLM//DTD JATS (Z39.96) Journal Publishing DTD v1.3 20210610//EN" "http://jats.nlm.nih.gov/publishing/1.3/JATS-journalpublishing1-3.dtd">
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      <journal-id journal-id-type="publisher-id">ASHF</journal-id>
      <journal-title-group>
        <journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Anales del Seminario de Historia de la Filosofía</journal-title>
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      <issn publication-format="electronic">1988-2564</issn>
      <issn-l>0211-2337</issn-l>
      <publisher>
        <publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
        <publisher-loc>España</publisher-loc>
      </publisher>
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      <article-id pub-id-type="doi">10.5209/ashf.92964</article-id>
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        <subj-group subj-group-type="heading">
          <subject>ESTUDIOS</subject>
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        <article-title>Anne Conway: imaginación y razón en la filosofía natural</article-title>
        <trans-title-group xml:lang="en">
          <trans-title>Anne Conway: imagination and reason in the natural philosophy</trans-title>
        </trans-title-group>
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        <contrib contrib-type="author" corresp="yes">
          <contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0002-6169-6932</contrib-id>
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            <surname>Platas Benítez</surname>
            <given-names>Viridiana</given-names>
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          <xref ref-type="corresp" rid="cor1"/>
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        <aff id="aff-a"><institution content-type="original">Instituto de Filosofía— Universidad Veracruzana</institution>
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      <author-notes>
        <corresp id="cor1">Viridiana Platas Benítez<email>vplatasbenitez@yahoo.com.mx</email></corresp>
      </author-notes>
      <pub-date pub-type="epub" publication-format="electronic" iso-8601-date="2025-06-06">
        <day>06</day>
        <month>06</month>
        <year>2025</year>
      </pub-date>
      <volume>42</volume>
      <issue>2</issue>
      <fpage>363</fpage>
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        <copyright-statement>Copyright © 2025, Universidad Complutense de
          Madrid</copyright-statement>
        <copyright-year>2025</copyright-year>
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          <license-p>Esta obra está bajo una licencia <ext-link ext-link-type="uri"
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              4.0 International</ext-link></license-p>
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      <abstract>
        <p>El tema de este artículo es el uso poético de la imaginación en la ciencia en el contexto
          de la filosofía moderna temprana. Recientemente, estudios como los de Toledo (2022) y Chico (2018)
          han señalado el papel de la imaginación para la formulación de hipótesis científicas, así como sus
          antecedentes en la historia de la filosofía. Por ello, para ratificar este punto es importante sostener
          que en “Principios de la más antigua y moderna filosofía” (1690) de Anne Conway encontramos una
          convergencia entre filosofía natural, teología e imaginación donde se hace el uso poético antes referido,
          comprendido como la potencia de crear imágenes a través del pensamiento racional que favorezcan,
          amplíen o postulen las tesis sobre el mundo natural. Para efectos del análisis, el artículo se divide en
          dos apartados: primero se establece el sentido metodológico del uso poético de la imaginación en
          Conway y su relación con los principios metafísicos de la filosofía natural. Posteriormente se analizan
          dos problemas teológico-cosmológicos ilustrados a través de dos imágenes: la rueda de centro inmóvil
          y la escalera infinita.</p>
      </abstract>
      <trans-abstract xml:lang="en">
        <p>The main topic of this paper is the poetical use of the imagination in science in the context
          of Early Modern Philosophy. Recently studies such as Toledo (2022) and Chico (2018) have pointed out
          the role of the imagination in the formulation of scientific hypotheses, as well as the forerunners in the
          history of philosophy. Therefore, to endorse this posture, it is important to stand that in “Principles of
          the Most Ancient and Modern Philosophy” (1690) of Anne Conway converges natural philosophy and
          theology in the poetic use of imagination, that is the potency to create images through rational thought
          that enlarge, favor, or state the thesis about the natural world. In order to establish our analysis, the paper
          is divided into two parts: the first explains the methodological sense of the poetical use of imagination
          for Conway and its relationship with the metaphysical principles of natural philosophy. Afterward, two
          theological-cosmological problems that are illustrated by two images are analyzed: the wheel with a
          statical center and the infinite stair.</p>
      </trans-abstract>
      <kwd-group>
        <kwd>filosofía natural</kwd>
        <kwd>imágenes</kwd>
        <kwd>razón</kwd>
        <kwd>uso poético de la imaginación</kwd>
        <kwd>vitalismo</kwd>
      </kwd-group>
      <kwd-group xml:lang="en">
        <kwd>natural philosophy</kwd>
        <kwd>images</kwd>
        <kwd>reason</kwd>
        <kwd>poetical use of imagination</kwd>
        <kwd>vitalism</kwd>
      </kwd-group>
    </article-meta>
  </front>
<body>
<sec id="sec1">
  <title>Introducción</title>
  <p>La imagen es uno de los elementos centrales de discusión de la modernidad filosófica, pues el
        desarrollo de la óptica planteó una serie de problemáticas desde el ámbito de la física y de
        la epistemología. Así, se desplegaron, por ejemplo, las teorías cartesianas en torno a las
        constitución física de la luz (composición, comportamiento, efectos) y la fisiología humana
        en relación con la receptividad de imágenes (anatomía y transmisión de imágenes del nervio
        óptico al cerebro), y un significativo número de tesis sobre la ordenación de imágenes,
        abstracción de las mismas en conceptos y su relación con los afectos.</p>
  <p>Además de lo anterior, la exploración y recuperación de imágenes, a través de instrumentos de
        observación como el microscopio, se tornó en parte importante de la investigación en la
        filosofìa natural; de esa manera, cotos inmanentes del mundo natural era captados
        visualmente por vez primera para asombro de los investigadores.</p>
  <p>De esa manera, el uso de imágenes condujo a una reflexión paralela de la exploración de la
        facultad que le alberga y opera, es decir la imaginación. La imaginación toma entonces dos
        derroteros interesantes en la filosofía moderna: la de facultad de representación de
        imágenes y facultad de composición de las mismas.</p>
  <p>En este segundo aspecto, es posible apreciar el carácter volitivo de la facultad, pues la
        representación puede ser involutaria,<xref ref-type="fn" rid="fn1">1</xref> mientras que la
        composición, no sólo implica la yuxtaposición de partes de una imagen, como en los seres
        mitológicos, también implica la posibilidad de ensayar escenarios nuevos y hasta la
        construcción y reconstrucción de un mundo. Como explica T. Chico:</p>
  <disp-quote>
    <p>Lo literario se convierte en proyecto epistemológico a través de su relación con la filosofía
          natural. El desarrollo de conceptos y procesos científicos proporciona recíprocamente una
          estructura oculta para las afirmaciones epistemológicas de la estética del siglo XVIII.
          Los textos poéticos que explotan al máximo el potencial figurativo del modo científico lo
          hacen para proponer la superioridad epistemológica del saber literario. Esta es la
          imaginación experimental. <xref ref-type="fn" rid="fn2">2</xref></p>
  </disp-quote>
  <p>En esta línea, el trabajo de L. Toledo ilustra a través de la idea de la “época de la fábula
        del mundo”, el uso de la imaginación tanto en la poesía cosmológica como en la formulación
        de hipótesis en la filosofía natural. En ese tránsito se pasa del carácter de la poética
        sacra de la iluminación de los misterios del mundo hacia la imaginación regulada por la
        racionalidad, que busca ilustrar con un relato verosímil las operaciones del mundo
          natural.<xref ref-type="fn" rid="fn3">3</xref></p>
  <p>Así, y en continuidad con Chico y Toledo considero que en la modernidad filosófica existe una
        centralidad de la imaginación que se expresa en lo que se denomina aquí como el uso poético
        de dicha facultad en la ciencia, a saber, la potencia de crear, a través del pensamiento
        racional, imágenes que favorezcan, amplíen o postulen las tesis sobre el mundo natural.
        Existen dos modelos del mencionado uso poético: a) a través del recurso de imágenes que
        sirven para ilustrar una tesis sobre los fenómenos naturales y b) mediante el empleo de la
        narrativa literaria.<xref ref-type="fn" rid="fn4">4</xref></p>
  <p>El primer caso se ejemplifica con la descripción del mundo nuevo del “Tratado de la luz” (1629)
        de R. Descartes, donde en aras de explicar el plenismo corpuscularista y la ejecución de las
        leyes naturales, el filósofo de la Turena exhorta a los lectores a permitirle “[…] a su
        pensamiento, por algún tiempo, el salir de este mundo para llegar a ver otro completamente
        nuevo, que haré nacer en su presencia en los “espacios imaginarios.”<xref ref-type="fn"
          rid="fn5">5</xref> Por su parte, como ha señalado A. Velázquez<xref ref-type="fn"
          rid="fn6">6</xref>, el uso de la analogía cartesiana tiene una impronta importante para
        dotar de imágenes sensibles a la explicación de fenómenos físicos como la trasmisión del
        movimiento o el comportamiento de la luz, además de “contribuir al descubrimiento de algunos
        efectos sensibles, que comprueban la idoneidad de las causas que buscan explicarlos.”<xref
          ref-type="fn" rid="fn7">7</xref></p>
  <p>Por su parte, para L. Toledo, la fundamentación epistemológica, física y metafísica de la
        fabulación del mundo cartesiana asegura una continuidad entre la teoría y la imaginación por
        lo que “es una probabilidad, mas no verdad, ni certeza metafísica, pues la imaginación
        filosófica configura un modelo coherente e inteligible a la medida de sus propias fuerzas;
        es una fábula en la que la óptima integración entre los principios epistémicos, físicos y
        metafísicos se sostiene solo en el plano del mundo ideal.”<xref ref-type="fn" rid="fn8"
          >8</xref></p>
  <p>Como se mencionó antes, en el uso poético de la imaginación se reúnen la epistemología, la
        física y metafísica, lo que establece un puente con la teología. Este vínculo puede ser
        rastreado en Platón y en el platonismo. La imagen sensible, es decir, aquella proveniente
        del sentido de la vista, y que constituye un objeto epistémico más degradado, se contrasta
        con el uso de las imágenes intelectuales o representaciones mentales de la sensación, las
        cuales sirven como insumo de la posibilidad de intuición de la verdad; pero todavía se puede
        ir más allá: es a través de la imaginación que se puede dar cuenta de las cuestiones
        trascendentes, como la cosmología y la teología. Así, “la imagen constituye la presencia del
        misterio divino transcendente en y para la mente humana a través de la imaginación. Una vez
        aceptado esto, es necesario distinguir entre lo imaginativo y lo quimérico. En este sentido
        especial del platonismo, son <italic>imágenes</italic> por las que vivimos, pero no
        exactamente metáforas.”<xref ref-type="fn" rid="fn9">9</xref></p>
  <p>Por ello, la relación entre imaginación y teología ha sido ampliamente estudiada por
        Funkelstein, quien explica que este nexo es de suma importancia en el desarrollo de la
        ciencia moderna, pues en ésta se dió una secularización de los atributos divinos en el
        estudio del mundo natural, la política y la historia.<xref ref-type="fn" rid="fn10"
          >10</xref></p>
  <p>De este modo, el presente trabajo parte de la consideración de que la conjunción entre
        filosofía natural, teología e imaginación se encuentra en <italic>Principios de la más
          antigua y moderna filosofía</italic> (1690) de Anne Conway,<xref ref-type="fn" rid="fn11"
          >11</xref> lo cual ofrece una apreciación sobre la centralidad de la imaginación en los
        albores de la ciencia en la modernidad temprana. La intención de dicha obra póstuma es
        establecer fundamentos racionales que integren a la antigua filosofía platónica y cabalista
        con la filosofía natural del siglo XVII. El resultado es un sistema de monismo vitalista que
        intenta zanjar problemas acuciantes, tales como el interaccionismo sustancial, la relación
        entre Dios y sus criaturas, la relación y comunidad de los seres vivos, el origen del tiempo
        y del movimiento y una cosmología de la responsabilidad moral. Y es precisamente en estos
        tópicos donde considero que Conway hace uso de una poética de la imaginación, toda vez que
        su exposición argumentativa se acompaña de la composición de imágenes que intentan dar
        cuenta de la complejidad metafísica y epistemológica de lo expuesto.</p>
  <p>Es importante mencionar que la epistemología conwayniana se encuentra presente en su obra,
        aunque de manera fragmentaria. Así, la definición de las facultades epistemológicas como la
        razón, la imaginación y la sensibilidad se pueden colegir a través de las argumentaciones
        concernientes al monismo vitalista.</p>
  <p>Así, podemos entender a la imaginación como la facultad que poseen las criaturas para recibir,
        ordenar y crear imágenes. Esta definición funciona en tanto se entienda que para la filósofa
        los contenidos de las operaciones epistemológicas son criaturas emanadas por otras criaturas
        para su recepción. Esto último, puede ser denominado como una fisiología de la imaginación,
        que fue explorada en un trabajo anterior.<xref ref-type="fn" rid="fn12">12</xref></p>
  <p>Por ello, este artículo está orientado a realizar un ejercicio de continuidad entre el
        planteamiento ontoepistemológico de la imaginación y la exploración de lo que se considera
        como un uso metodológico para el desarrollo de las tesis de la filosofía natural. En este
        uso metodológico es donde interviene la razón, la cual puede ser definida como aquella
        facultad intelectiva que permite abstraer, enjuiciar y explicar el mundo natural a través de
        ideas verdaderas, es decir, aquellos contenidos mentales que coinciden con la realidad
        última, por ejemplo, los atributos divinos, el carácter de los seres creados, etc.</p>
  <p>Así, es menester aclarar que se defenderá la idea de que Anne Conway no sólo recurre al uso de
        imágenes con la finalidad de exponer de manera más clara y accesible sus ideas para un
        posible lector, sino que hay una intención metodológica, basada en la idea moderna de que es
        mediante el uso de la razón que se puede explicar la constitución y operación del mundo
        natural. La razón tiene una relación interesante con la imaginación, pues no sólo ésta le
        dota de datos sensoriales, también la imaginación sirve como potencia creadora de imágenes
        que apoyan a la exposición de las teorías.</p>
  <p>Para efectos del análisis, el artículo se divide en dos apartados: el primer caso se establece
        el sentido metodológico del uso poético de la imaginación y su función con los principios
        metafísicos de la filosofía natural. En el segundo caso se analizan dos problemas
        teológico-cosmológicos ilustrados a través de dos imágenes: la rueda de centro inmóvil y la
        escalera infinita. La primera sirve de soporte explicativo a la tesis del plenismo dinámico
        de los seres creados y su relación con los atributos divinos; la segunda explica la
        dimensión física, metafísica y moral de la trasmutación de la sustancia creada.</p>
</sec>
<sec id="sec2">
  <title>1. Anne Conway y los usos de la imaginación</title>
  <p>Es interesante advertir que al interior de las propuestas teológicas, epistemológicas y de
        filosofía natural de Conway se encuentra tanto una concepción de los procesos fisiológicos
        que están a la base de la imaginación, así como una aplicación de ésta en la explicación
        filosófica.</p>
  <p>La fisiología de la imaginación en Conway forma parte de los argumentos que debaten contra el
        dualismo sustancial y el mecanicismo. Como se mencionó antes, la metafísica de la Vizcondesa
        se sustenta en un monismo de la sustancia creada, donde la distinción entre el alma y el
        cuerpo es gradual y no sustancial; en el sistema de Conway, sólo se reconoce un sustancia
        creada, con los atributos de la vida y de la percepción. Por vida, puede entenderse como
        capacidad autosuficiente para ejecutar operaciones, entre las cuales se comprende la
        percepción sensible.</p>
  <p>Para Conway, la naturaleza es un pleno de seres vivos, los cuales, están compuestas a su vez,
        de una infinidad de criaturas; cabe señalar que la tesis de las critauras dentro de otras es
        esgrimida para comprender la composición intra-extra partes del mundo. Las criaturas están
        constituidas por un espíritu central, que funge como principio de individuación y base de la
        identidad personal, así como de una diversidad de criaturas que configuran tanto al espíritu
        central como al cuerpo.</p>
  <p>De este modo, la percepción sensible se realiza a través de la emanación de espíritus o
        criaturas de un emisior a un percipiente; estas criaturas fecundan el cerebro del receptor,
        cuyo producto son las imágenes. Para Conway, las imágenes son literalmente pequeños cuerpos
        que habitan dentro de nosotros, pues como explica Lascano: “Producimos espíritus sutiles en
        nuestro propio cuerpo, los cuales son percibidos como colores, sonidos, olores, etc. y
        recibidos por otros seres creados. Cuando recibimos este tipo de imágenes de otros, se
        almacenan en nuestro cuerpo.” <xref ref-type="fn" rid="fn13">13</xref></p>
  <p>Dado este carácter ontológico de las imágenes, es de suma importancia recordar que el uso que
        hacemos de ellas en la imaginación es determinante para la prefiguración de nuestros propios
        cuerpos, pues según Conway, una disposición anímica al mal se refleja en el engrosamiento
        del cuerpo, mientras que la disposicion al bien, lo conduce a su restauración original que
        es la sutilidad. Como explica la filósofa, “Y en verdad, todo cuerpo es espíritu y nada más,
        y sólo difiere del espíritu en que es más tenebroso: cuanto más grosero se hace, tanto más
        se aleja de su grado de espíritu, de manera que aquí hay sólo distinción modal y gradual, no
        esencial o sustancial.”<xref ref-type="fn" rid="fn14">14</xref></p>
  <p>Así, tomando en consideración a la fisiología de la imaginación como una explicación de la
        génesis de las imágenes sensoriales, cabe preguntarse sobre la generación de imágenes en su
        uso metodológico. Recordemos que las imágenes, al tener un componente físico, son en algún
        sentido <italic>vestigios</italic> del ser, y que la aparente arbitrareidad de los usos de
        la imaginación encuentra una regulación en tanto que las imágenes creadas para ilustrar una
        hipótesis, en algún sentido reflejan al universo. De esa forma, el uso de experimentos
        mentales y de ejemplos mediante imágenes se restringe racionalmente al ámbito de las
        posibilidades conceptuales del Creador y de los seres creados.</p>
  <p>Al respecto, este supuesto metodológico puede comprenderse si te toma en consideración lo
        sostenido por H. More en <italic>Immortality of the soul</italic> (1668); si bien es cierto
        que hay una oposición de principios metafísicos entre More y Conway, pues Lady Conway es una
        crítica implacable del extensionismo de More, también existe una estrecha relación
        intelectual en tanto que ambos comparten la base conceptual de la propia pneumatología de
        More, (p.e. Conway sostiene que el cuerpo es <italic>discerpible;</italic> o la visión
        vitalista en general) y que nos permitiría sostener la posibilidad de los autores compartan
        ciertos supuestos epistemológicos.</p>
  <p>Así, para More, existe una gradación de validez epistémica de los contenidos de las distintas
        facultades del alma. En ese sentido, el grado más bajo lo tiene la sensopercepción que
        recibe y representa imágenes externas, le sigue la imaginación que compone estas
        representaciones; después se ubica la voluntad o capacidad de autodeterminación, y el grado
        más alto lo tiene la razón que intuye las nociones comunes y las ideas verdaderas.</p>
  <p>La imaginación además de relacionarse con la sensopercepción, pues recibe de allí sus insumos,
        es considerada por More como “la más libre”, sin embargo, es menester evitar sus
        representaciones mediante la voluntad y la razón para “corregir y silenciar sus
          fantasías.”<xref ref-type="fn" rid="fn15">15</xref> Aclara el teólogo, “Hablo
        especialmente de esa imaginación la cual es más libre, tal como la que usamos en las
        invenciones románticas o como las que acompañan a las más rigurosas meditaciones o
        disquisiciones en Filosofía o en cualquier otro entretenimiento intelectual.”<xref
          ref-type="fn" rid="fn16">16</xref></p>
  <p>Como se puede apreciar, también para More la imaginación tiene dos usos, la de la creación
          poética<xref ref-type="fn" rid="fn17">17</xref> y la de auxiliar de los desarrollos
        conceptuales de la filosofía, esta última es regulada por la razón, sus nociones comunes y
        sus principios.</p>
  <p>De esta manera, es posible entender el uso metodológico de la imaginación para Conway. La
        sensopercepción es el vehículo de acercamiento del mundo natural, pero ésta se filtra a
        través de las verdades racionales que explican sus procesos; la imaginación sirve de
        auxiliar para ilustrar este conocimiento. Un ejemplo de ello, es cuando la filósofa, al
        explicar los procesos emanativos de comunicación entre las criaturas, aclara que es el
        principio de la infinita indivisibilidad de los seres creados la explicación más adecuada,
        pues “este es el fundamento de toda simpatía y antipatía que se da en las criaturas; quien
        lo comprenda bien, podrá penetrar fácilmente en las más secretas y escondidas causas de
        muchas cosas, que los hombres ignorantes llaman cualidades ocultas.”<xref ref-type="fn"
          rid="fn18">18</xref></p>
  <p>En ese sentido, la filosofía del Conway descansa en el vértice en el que se se encuentran la
        teología y la filosofía natural. El monismo vitalista demanda el fundamento teológico para
        jerarquizar los tipos de seres y entender las operaciones de los seres creados. Sin embargo,
        el primer problema que aqueja a su planteamiento es el de cómo los seres finitos y corpóreos
        pueden dar cuenta de un ser infinito, eterno e incorpóreo. Como se puede apreciar, aquí la
        restricción fisiológica de la percepción sensible debe zanjarse a través de los principios
        racionales de la teología.</p>
  <p>Emulando las recomendaciones de su maestro, concibe como una regla de la razón el principio de
        economía de Ockham, “no deben multiplicarse los entes sin necesidad”, de la cual asegura que
        “que, bien entendida, es absolutamente verdadera y cierta.”<xref ref-type="fn" rid="fn19"
          >19</xref> De esto se puede colegir la restricción metodológica: dada una jerarquía
        ontológica, y aún cuando la imaginación incite a la mente a formular más grados del ser, las
        reglas de la razón deben frenar esta tendencia, toda vez, que el uso poético de la
        imaginación es un auxiliar de la filosofía.</p>
  <p>Una vez entendido la regulación racional de la imaginación, podemos ver en la obra de Conway
        varios ejemplos que acompañan a la argumentación metafísica. Un ejemplo de ello se encuentra
        en la explicación sobre la creación incesante de seres, en la cual la filósofa advierte del
        uso de la imaginación para dar cuenta de los atributos divinos, que en este caso son la
        omnipotencia y la omnipresencia.</p>
  <p>Para ello, ubica este atributo en el marco de los argumentos sobre los espacios imaginarios.
        Estas argumentaciones, sostenidos por Aristóteles originalmente para negar la posibilidad
        del vacío extra-cósmico, son retomados en la Edad Media por diversos autores, entre los que
        destaca Thomas Bradwardine (1290-1394) quien estableció la posibilidad de entender el
        espacio imaginario como un espacio actual en el que la omnipresencia y omnipotencia divina
        se manifiestan.<xref ref-type="fn" rid="fn20">20</xref></p>
  <p>Si se considera esta postura, así como sus ecos en el extensionismo de More, es fácil colegir
        la crítica que hace Conway al respecto. La filósofa parte de la idea de que hay quienes
        emplean la imaginación sin considerar los principios del Ser trascendente y de los seres
        creados, por lo cual, la imaginación incurre en errores de contradicción conceptual, por
        ejemplo, considerar que lo imaginado de forma arbitraria tiene realidad fáctica:</p>
        <disp-quote>
          <p>Dicen ellos que no encierran a Dios en este universo finito, sino que se lo imaginan también
            existiendo fuera de éste lo mismo que dentro de él, en espacios infinitos imaginarios. A
            esto se responde que, si estos espacios imaginarios son meramente imaginarios, no dejan de
            ser elucubraciones vanas de su cerebro; y, si son entes reales, ¿qué otra cosa pueden ser
            sino criaturas de Dios? Por otra parte, o actúa Dios en estos espacios o no: si no actúa, es
            que Dios no está en ellos, porque dondequiera que él está actúa; justamente su naturaleza
            consiste en obrar, como la naturaleza del fuego consiste en arder y la del sol en dar luz.
            Así pues, Dios obra perpetuamente, y su acción consiste en crear o dar esencia a las
            criaturas de acuerdo con la Idea o Sabiduría eterna que está en él.<xref ref-type="fn"
              rid="fn21">21</xref></p>
        </disp-quote>
  <p>La exposición de Conway está dirigida también a resolver el problema de la ubicación de Dios en
        los espacios extra-cósmicos, lo cual se reduce al absurdo si se consideran las
        carácterísticas del espacio y los atributos divinos. Por su parte, si bien la idea de
        espacio no se explicita en el tratado, es posible entender que ésta sigue la identificación
        cartesiana entre espacio y extensión. En la carta del 5 de mayo de 1651 de More a Conway, el
        teólogo le objeta seguir a Descartes en la negación del vacío infinito y en la
        identificación extensión-espacio, “pero su señoría por cortesía parece tomar partido por los
        extraños y se inclina hacia su opinión de que no hay un espacio vacío o cualquier distancia
        sino por la interposición del cuerpo o materia.”<xref ref-type="fn" rid="fn22">22</xref></p>
  <p>Tomando en consideración este antecedente, la posición sostenida en los
          <italic>Principios</italic> de Conway es separar los atributos de la materia, a saber,
        composición, divisibilidad, figura y mutación de los del Espíritu Divino, en aras de
        mantener la jerarquía ontológica, y por ello ratificar que: “En Dios no hay tiempo, ni
        cambio, ni composición, ni división de partes: porque él es total y absolutamente uno en sí
        mismo y en posesión de sí mismo, sin ninguna multiplicidad o mezcla: no tiene en sí la más
        mínima tiniebla ni corporeidad, y por tanto ni forma o imagen o figura de ninguna
          clase.”<xref ref-type="fn" rid="fn23">23</xref></p>
  <p>Así, imaginar un espacio divino fuera del espacio creado es una contradicción de principios
        ontológicos y teológicos: las criaturas son extensas, y por ende constan de figura y
        composición que son condiciones <italic>sine qua non</italic> de las operaciones
        epistemológicas; así, tener dimensiones espaciales es una característica de los seres
        creados y es imposible que lo compartan con su Creador, quien es un Espíritu Divino
        necesariamente inextenso.</p>
  <p>Como se pudo apreciar, el uso del argumento de los espacios imaginarios sirve para ilustrar la
        previsión metodológica del uso de la imaginación. Con todo, para continuar estableciendo la
        bases metafísicas de la filosofía natural, Conway no duda en su <italic>Principia</italic>
        en seguir haciendo uso de esta poética racional de imágenes. A continuación explicaré dos de
        ellas: el gran círculo y la escalera infinita. Ambas son utilizadas para abordar el tema de
        la transmisión del movimiento, una desde el fundamento teológico y la otra desde el
        fundamento fisiológico-cosmológico.</p>
</sec>
<sec id="sec3">
  <title>2. Dos ejemplos del uso poético de la imaginación</title>
  <p>Uno de los nodos de la filosofía de Conway es la diálectica unidad-composición que está a la
        base de su tesis sobre el pleno infinito de seres; para ello, la imagen del círculo, se
        emplea en dos ocasiones: una para establecer desde el atributo de la omnipotencia, el
        carácter compuesto del mundo creado, a saber, la discreción de seres vivos que constituyen
        la unidad de la creación. Así, la filósofa indica:</p>
  <disp-quote>
    <p>Supongamos, por ejemplo, que toda la universalidad de las criaturas sea un círculo, cuyo
          semidiámetro contenga tantos diámetros terrestres cuantos son los granos de polvo o arena
          que hay en todo el globo de la tierra, y lo llenamos de átomos tan exiguos, que 100.000 de
          ellos se contengan en un grano de amapola, ¿quién podrá negar que el Poder infinito de
          Dios sería capaz de hacer todavía mayor este número e incrementarlo siempre en infinita
          multiplicación? Más fácil es a este Poder infinito multiplicar las esencias reales de las
          criaturas, que a un perito aritmético formar un número crecientemente mayor pero nunca tan
          grande que no pueda aumentarse indefinidamente por adición o multiplicación.<xref
            ref-type="fn" rid="fn24">24</xref></p>
  </disp-quote>
  <p>En este ejemplo, se aprecia la diálectica entre el infinito potencial y el infinito fáctico,
        donde existe una oposición entre una matemática del intelecto, la encargada del cálculo y la
        matemática divina, encargada de la creación. Con la imagen del semidiámetro segmentado en
        una cantidad indefinida se ilustra cómo el cómputo mental claramente tiene límites que, si
        bien se esfuerza el superar, sólo alcanza a determinar la indefinición del mismo cálculo,
        mientras que Dios, de facto ejecuta el poder infinito.</p>
  <p>Continuando con estas oposiciones, encontramos el problema de la dialéctica tiempo y eternidad,
        que implica el problema de la estaticidad y el movimiento. Para Conway es necesario abordar
        esta temática para demarcarse de las tradiciones emanatistas del platonismo, evitar a toda
        costa el panteísmo (que en la época era catalogado como una forma de ateísmo), y superar el
        uso de entidades intermedias como los principios hilárquicos de H. More y de R.
        Cudworth.</p>
  <p>Por ello, el paso de la eternidad a lo temporal debe darse desde la misma base metafísica, la
        cual se jeraquiza con el criterio de movimiento a través de un Dios trascendente y eterno,
        un <italic>Logos</italic> o Cristo engrendrado cuyo movimiento sólo tiende hacia el bien y
        las criaturas tienden al bien o al mal.</p>
  <p>Esto conduce a la siguiente pregunta: ¿cómo en el ámbito de la realidad, pueden coexistir la
        eternidad (inmovilidad) y el tiempo (sucesivos movimientos y operaciones de las criaturas)?
        Para ello, Conway vuelve a apostar por la poética racional de las imágenes, advirtiendo:
        “Pero en cuanto que resplandece o se termina en las criaturas, este acto está sometido al
        tiempo y a la sucesión de partes; cosa que, aunque nuestra imaginación e inteligencia
        comprenda con dificultad, un razonamiento sólido y verdadero puede suficientemente
        demostrar. Tal vez pueda ayudar un poco a nuestra comprensión el siguiente humilde y
        sencillo ejemplo.”<xref ref-type="fn" rid="fn25">25</xref> Es así que vuelve a tomar la
        figura del círculo, pero ya no de modo geométrico, sino en una representación dinámica con
        la imagen de una rueda cuyo eje es inamovible:</p>
  <disp-quote>
    <p>Veamos un gran círculo o rueda que gira en torno a su centro: según opinan algunos, tal
          centro reposa siempre en el mismo lugar. Así es como el sol, movido por un Ángel o
          Espíritu que existe en su centro, gira en torno a sí mismo por espacio de tantos días;
          ahora bien, aunque el centro mueve toda la rueda produciendo en ella un gran movimiento
          incesante, él mismo permanece siempre quieto y no se mueve de ninguna manera. Pues bien,
          cuánto más ocurrirá esto en Dios, que es primer motor en todas sus criaturas y en relación
          a todos los movimientos verdaderos y ordinarios de éstas; él mismo, en cambio, no es
          movido por ellas, sino que nosotros atribuimos analógicamente a su Voluntad lo que en las
          criaturas son propiamente movimientos u operaciones. Porque, si hemos de hablar con rigor,
          no hay en él movimiento, pues todo movimiento es sucesivo y no puede darse en Dios, según
          se ha demostrado más atrás.<xref ref-type="fn" rid="fn26">26</xref></p>
  </disp-quote>
  <p>A través de esta cita se aprecia cómo estaticidad y movimiento se integran en el eje y en la
        rueda. La imagen de la comunión entre lo estático que posibilita el movimiento ayuda a
        entender <italic>prima facie</italic> la relación entre Dios y sus criaturas, y en especial,
        el modo en que se concilia la Voluntad Divina y la voluntad individual. La Voluntad de Dios
        es absoluta, plena y perfecta, y en ese sentido inamovible, por lo cual, no interviene más
        que como fundamento del movimiento de la voluntad de las criaturas y de su libertad
        individual.</p>
  <p>Esta característica es crucial, pues ayuda a integrar tres líneas argumentales: la
        teológica-cosmológica, la idea de que el mundo está en un constante proceso de purgación del
        mal y perfeccionamiento que le permita acercarse a Dios, la de filosofía natural que explica
        las trasmutaciones entre especies, y la moral, la vía del ejercicio de la libertad para
        seguir asegurando la propia libertad.<xref ref-type="fn" rid="fn27">27</xref> Para
        profundizar en estas líneas, analicemos la siguiente imagen: la escalera infinita.</p>
  <p>Cabe aclarar que esta imagen se sigue de otra, la de un caballo al que acompañamos en su
        proceso físico y moral de transformación.<xref ref-type="fn" rid="fn28">28</xref> Como se
        mencionó antes, Conway sostiene que cada individuo se compone de un espíritu central y de
        una pluralidad de seres; el espíritu central conserva la identidad de los seres a través de
        sus transformaciones; sin embargo el ejemplo del caballo plantea la idea de la limitación de
        transformaciones en el cambio entre especies, es decir, “Entonces mi pregunta es si la
        especie equina tiene una perfección tan infinita, que el caballo siempre podrá crecer y
        mejorar hacia el infinito sin que por ello deje de permanecer siendo caballo.”<xref
          ref-type="fn" rid="fn29">29</xref></p>
  <p>El tema de la infinita potencia de las transformaciones de las criaturas se aborda utilizando
        el siguiente recurso:</p>
  <disp-quote>
    <p>Imaginemos, para ello, una escala infinitamente larga que tiene un número infinito de
          peldaños; éstos no distarán entre sí infinitamente, pues, si así fuera, no podría haber en
          ella ascenso ni descenso. Los peldaños significan en este ejemplo las diversas especies de
          cosas, que no pueden distar infinitamente entre sí las más próximas.<xref ref-type="fn"
            rid="fn30">30</xref></p>
  </disp-quote>
  <p>La escalera infinita tiene una implicación importante: el mundo creado se representa con esta
        imagen poseyendo una magnitud infinita y un movimiento perpetuo a nivel físico y moral. La
        idea de las transformaciones del mundo natural es un argumento decisivo para la discusión
        contra el mecanicismo; así las transformaciones de estados actuales de los cuerpos no se
        pueden reducir ni a la inercia, al choque o al aumento o disminución de partes, que en todo
        caso, serían causas externas, por el contrario, la causa es intrínseca y sustancial a los
        seres creados: el movimiento.</p>
  <p>Por su parte, la noción de movimiento se enlaza con la tesis de la simpatía universal, la cual
        supone una homogeneidad de cualidades en las criaturas, entre las que destacan la
        perfectibilidad o capacidad de perfeccionarse mediante la acción individual, cuya capacidad
        es infinita en potencia, por lo que los atributos morales como la nobleza, la bondad y la
        lealtad son compartidos por todos los seres vivos, y en este caso, por humanos y animales.
        El cambio entre especies creadas es posible, al menos, en modo cualitativo, es decir, en
        tanto se hable de cualidades morales y hasta epistémicas.<xref ref-type="fn" rid="fn31"
          >31</xref></p>
  <p>Es menester recordar que, en el caso de las criaturas, el espíritu no es una propiedad de un
        tipo de seres específicos, sino un grado de la sustancia, cuya preeminencia estriba en que
        es manifestación física de una recompensa cosmológica.<xref ref-type="fn" rid="fn32"
          >32</xref> Además, los seres espirituales no son buenos y altos en sí, sino porque se lo
        han ganado en infinitas-finitas transformaciones, es decir, se han ganado el privilegio de
        gozar de un estado físico que se asemeja al atributo divino del Espíritu. Sobre la jerarquía
        de los seres creados, indica N. Strok que:</p>
  <disp-quote>
    <p>De esta manera, notamos que hay una jerarquía de seres, de acuerdo con el platonismo, y que
          el posible retorno a un estado originario se dará de la mano de la naturaleza humana,
          aunque podemos decir que todas las restantes creaturas son infinitamente perfectibles en
          tanto también ascienden por esa escalera. El problema es que también indefectiblemente
          todas las creaturas han de pasar por la naturaleza humana, que es incluso superior a la
          angélica, ya que las contiene a todas. Es decir, el cristianismo promete la posibilidad de
          alcanzar un estado mejor, que se constatará ontológicamente.”<xref ref-type="fn"
            rid="fn33">33</xref></p>
  </disp-quote>
  <p>Al respecto, difiero ligeramente de la interpretación de N. Strok en el peso antropológico de
        la superioridad moral. Si bien Strok colige de manera adecuada este rasgo, pues Conway misma
        advierte que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, y que “[…] al estar el cuerpo del
        hombre hecho de la tierra, que, como se ha probado, contenía en sí variedad de espíritus y
        otorgaba espíritus a todos los animales, debió de dar sin duda al hombre los mejores y más
        excelentes espíritus para que los poseyera.”<xref ref-type="fn" rid="fn34">34</xref> A
        continuación esta idea se matiza al afirmar que el hombre “[…] permitió que los espíritus
        terrenos existentes en él alcanzaran dominio sobre él, haciéndose a sí mismo semejante a
          ellos.”<xref ref-type="fn" rid="fn35">35</xref> Esto último es coherente con la tesis de
        la simpatía universal y la posibilidad del cambio entre especies en un sentido moral.</p>
  <p>En efecto, si bien los seres humanos expresan la racionalidad a través del pensamiento,
        considero que la tesis simpatética de Conway no centraliza a la razón, sino a la nobleza
        moral. Si bien la nobleza y la razón se engarzan a través de la voluntad, ésta última no es
        una facultad exclusiva de los seres humanos. La ontología de los seres creados expresa los
        atributos divinos y Conway es enfática al referir la naturaleza homogénea de la creación:
        todo está vivo, es noble y bueno. Esto último es central, pues la simpatía universal es la
        base de la trasmutación metafísica, por ende, representa la ruptura de la jerarquía entre el
        alma y el cuerpo que le permite establecer un debate con los dualismos ontológicos.</p>
  <p>Finalmente, considero que la dicotomía entre la libertad del alma y los estímulos físicos de un
        mundo de leyes determinadas se supera al integrar a la trasmutación en el panorama de la
        explicación de la filosofía natural, la cual se trata de un fenómeno cuya causa es interna,
        es decir, remite al movimiento de la voluntad, y al movimiento de los cuerpos
        reorganizándose en razón de un elemento que le esencialmente intrínseco: la vida.</p>
</sec>
<sec id="sec4">
  <title>Conclusiones</title>
  <p>El monismo vitalista de Lady Conway debe estudiarse como un sistema donde el fundamento
        metafísico sirve de eje de la filosofía natural. Por ello, prescindir de éste conlleva a una
        interpretación incompleta de las intenciones explicativas de la filósofa. En ese sentido, el
        hecho de que el mencionado fundamento metafísico tenga un origen místico como el platonismo
        y la cábala cristiana hace aún más especial el posicionamiento intelecual de la
        filósofa.</p>
  <p>Anne Conway es una racionalista, que siguiendo la interesante posición de sus colegas
        cantabrigenses, exige el peso de la argumentación, la posibilidad de la discusión y de la
        experimentación, pero en balance con verdades eternas y divinas. En ese sentido, la
        integración de la teología con la filosofía natural, ambas de carácter racional, pero con
        objetivos de investigación de gran complejidad, requieren el uso de la imaginación para la
        creación de imágenes que coadyuven en el ejercicio explicativo.</p>
  <p>Así cabe preguntarnos, ¿vale la pena seguir manteniendo la distinción ‘racional’ — ‘irracional’
        en la concepción del pensamiento imaginativo? Como se argumentó antes, en la modernidad
        filosófica existe una centralidad de esta facultad, expresado en lo que se denominó aquí
        como uso poético de la imaginación, comprendido como la potencia de crear, a través del
        pensamiento racional, imágenes que favorezcan, amplíen o postulen las tesis sobre el mundo
        natural. Este uso pretende hacer perceptible mediante imágenes aquellos principios
        metafísicos que fundamentan el orden de la naturaleza y que constituyen un garante de los
        alcances de su conocimiento.</p>
</sec>
</body>
<back>
<fn-group>
  <fn id="fn1">
    <label>1</label><p>La distinción cartesiana entre ideas innatas e ideas adventicias sirve para ilustrar cómo éstas
          últimas refieren a un tipo de contenido proveniente de los estímulos externos sobre el
          cuerpo sin que exista una disposición voluntaria de la mente, pues “…experimento que no
          dependen de mi voluntad, y por lo tanto, tampoco de mí mismo;” René Descartes,
            <italic>Meditaciones acerca de filosofía primera. Seguidas de las objeciones y
            respuestas</italic>. Traducción de Jorge Aurelio Díaz, Bogotá: Universidad Nacional de
          Colombia, 2009, p. 105.</p>
    <p>En el caso de Hobbes, la sensopercepción se entiende como el
    resultado del movimiento de los objetos externos sobre los órganos
    externos de lo sentidos hacia los órganos internos. La imaginación
    se explica entonces como fantasmas o productos de la sensación que
    ha disminuido su fuerza en razón de su desaparación o alejamiento
    físico. Como se puede apreciar, la voluntad es un acto posterior de
    la mente, que juzga o delibera sobre lo percibido, “Por lo tanto, el
    apetito y la aversión, si no se da una deliberación previa, se
    llaman simplemente apetito y aversión. Pero si ha precedido una
    deliberación, entonces el último acto de la misma se llama, si se
    trata de un apetito, querer o volición; y si de una aversión, no
    querer;” Thomas Hobbes, <italic>Tratado sobre el cuerpo</italic>.
    Introd., trad. y notas de Joaquín Rodríguez Feo, Madrid: Trotta,
    2000, p. 309.</p>
  </fn>
  <fn id="fn2">
    <label>2</label><p>Tita Chico, <italic>The Experimental Imagination:
    Literary Knowledge and Science in the British
    Enlightenment</italic>, Stanford California: Stanford University
    Press, 2018, p. 134. La traducción es mía.</p>
  </fn>
  <fn id="fn3">
    <label>3</label><p>Leonel Toledo Marín, “En la época de la fábula del mundo: de la poesía cosmológica de Du Bartas a
          la imaginación filosófica de Descartes”, <italic>Revista Colombiana de Filosofía de la
            Ciencia</italic> 22.45 (2022), pp. 67-112. <ext-link ext-link-type="uri"
            xlink:href="https://doi.org/10.18270/rcfc.v22i45.4199"
              ><underline>https://doi.org/10.18270/rcfc.</underline></ext-link>
          <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://doi.org/10.18270/rcfc.v22i45.4199"
              ><underline>v22i45.4199</underline></ext-link></p>
  </fn>
  <fn id="fn4">
    <label>4</label><p>Este segundo es acorde a lo propuesto por Chico, con todo, en este trabajo, se explora el primer
          modelo. No obstante es menester mencionar que un caso destacable del segundo modelo es
            <italic>El mundo resplandeciente</italic> de 1668 de Margaret Cavendish. La novela de la
          filósofa británica es quizás uno de los ejercicios más interesantes de la reunión entre la
          filosofía y la literatura, en tanto que Cavendish advierte de las potencialidades que
          tiene este tipo de narración para estimular la creatividad en la formulación de tesis en
          la filosofía natural.</p>
  </fn>
  <fn id="fn5">
    <label>5</label><p>René Descartes, <italic>El mundo o tratado de la
    luz,</italic> Trad., introd. y notas de Laura Benítez, México: UNAM,
    1986, p. 77.</p>
  </fn>
  <fn id="fn6">
    <label>6</label><p>Soledad Alejandra Velázquez Zaragoza, “La analogía en la ciencia cartesiana”, <italic>Revista de
            filosofía DIÁNOIA</italic>, 44(44), (1998), pp. 83—94. <ext-link ext-link-type="uri"
            xlink:href="https://doi.org/10.22201/iifs.18704913e.1998.44.653"
              ><underline>https://doi.org/10.22201/</underline></ext-link>
          <ext-link ext-link-type="uri"
            xlink:href="https://doi.org/10.22201/iifs.18704913e.1998.44.653"
              ><underline>iifs.18704913e.1998.44.653</underline></ext-link></p>
  </fn>
  <fn id="fn7">
    <label>7</label><p>Velázquez Zaragoza, “La analogía en la ciencia
    cartesiana”, p. 89.</p>
  </fn>
  <fn id="fn8">
    <label>8</label><p>Toledo, “En la época de la fábula del mundo: de
    la poesía cosmológica de Du Bartas a la imaginación filosófica de
    Descartes”, p. 96.</p>
  </fn>
  <fn id="fn9">
    <label>9</label><p>Douglas Hedley, <italic>The Iconic
    Imagination</italic>, London: Bloomsbury Academic, 2016, p.15. La
    traducción es mía. Para este tema, también consultar: John Cocking,
    <italic>Imagination: A Study in the History of Ideas</italic>,
    London, NY: Routledge, 1991.</p>
  </fn>
  <fn id="fn10">
    <label>10</label><p>Amos Funkelstein, <italic>Theology and the
    scientific imagination</italic>. <italic>To the Middle Ages to
    Seventeenth Century,</italic> USA: Princeton University Press, 1986,
    p. 9.</p>
  </fn>
  <fn id="fn11">
    <label>11</label><p>Para la investigación de este trabajo se consultó la traducción del latín al inglés de Allison
          Coudert y Taylor Corse. Para la citación se utilizó la traducción de Bernardino Orio de
          Miguel, <italic>La filosofía de Lady Anne Conway. Una pro-Leibniz. Principia Philosophie
            et Antiquisimae et Recentissimae</italic>, España: Universidad Politécnica de Valencia,
          2004. En adelante se refiere a esta traducción como <italic>Principios.</italic></p>
  </fn>
  <fn id="fn12">
    <label>12</label><p>Viridiana Platas Benítez, “Percepción sensible e imaginación en la filosofía de Anne Conway”,
            <italic>Anales del Seminario de Historia de la Filosofía</italic>, 36 (3), (2019), pp.
          821-834</p>
  </fn>
  <fn id="fn13">
    <label>13</label><p>Marcy P. Lascano, “Anne Conway: Bodies in the Spiritual World”, <italic>Philosophy
            Compass</italic> 8/4 (2013), p. 331 10.1111/ phc3.12025. La traducción es mía.</p>
  </fn>
  <fn id="fn14">
    <label>14</label><p>Anne Conway, <italic>Principios</italic>, VI,
    11, p. 173.</p>
  </fn>
  <fn id="fn15">
    <label>15</label><p>Henry More, <italic>Immortality of the soul,</italic> Edited by A. Jacob, Dordrecht: Martinus
          Nijhoff Publishers, 1987, L. II, Cap. X, 5, p. 136. La traducción es mía.</p>
  </fn>
  <fn id="fn16">
    <label>16</label><p>More, <italic>Immortality</italic>, L. II, Cap
    XI, 3, p. 141.</p>
  </fn>
  <fn id="fn17">
    <label>17</label><p>Las primeras obras de More fueron poemas filosóficos, destacándose <italic>Psychodia
            Platonica</italic> de 1642 y <italic>Democritus Platonissans</italic> de
            1646<italic>.</italic></p>
  </fn>
  <fn id="fn18">
    <label>18</label><p>Conway, <italic>Principios</italic>, III, 10, p.
    137.</p>
  </fn>
  <fn id="fn19">
    <label>19</label><p>Conway, <italic>Principios</italic>, VI, 4, p.
    158.</p>
  </fn>
  <fn id="fn20">
    <label>20</label><p>El estudio clásico de Edward Grant, <italic>Much Ado about Nothing. Theories of Space and Vacuum
            from the Middle Ages to the Scientific Revolution</italic>. Cambridge: Cambridge
          University, 1981, dedica varios apartados a las discusiones en torno a los espacios
          imaginarios en la cosmología medieval, distinguiendo entre los “argumentos del vacío
          extra-cósmico, dependientes y llenos de Dios”, y “argumentos del vacío extra-cósmico,
          creado e independiente.”</p>
  </fn>
  <fn id="fn21">
    <label>21</label><p>Conway, <italic>Principios</italic>, III, 7, p.
    133.</p>
  </fn>
  <fn id="fn22">
    <label>22</label><p>Marjorie Hope Nicholson, <italic>The Conway Letters. The Correspondence of Anne Viscountess
            Conway, Henry More, and their Friends. 1642-1684,</italic> Revised edition with an
          Introduction and New Material, edited by Sarah Hutton, Oxford: Clarendon Press, p. 486:
          “But your Ladyship in courtesy seems to take the strangers part and leans toward his
          opinion that there cannot be an empty space or any distance but by the interposition of
          body or matter”. La traducción es mía.</p>
  </fn>
  <fn id="fn23">
    <label>23</label><p>Revisar la correspodencia Descartes— More y la
    correspondencia More— Conway sobre los “Principios de la Filosofía”.
    Uno de los temas centrales es la naturaleza del espacio, donde
    Descartes defiende la identificación extensión— espacio, mientras
    que More esgrime la tesis de la extensión como atributo del espíritu
    y por ende, una visión externalista e infinitista del espacio. Esta
    idea no es compartida por Conway, pues para ella, el extensionismo
    de More no resuelve el problema del interaccionismo en los dualismos
    sustanciales, multiplica entidades mediante el uso de “Principios
    hilárquicos” o “Naturalezas plásticas”, y desplaza el fundamento
    vital de la naturaleza.</p>
  </fn>
  <fn id="fn24">
    <label>24</label><p>Conway, <italic>Principios</italic>, III, 4, p.
    131.</p>
  </fn>
  <fn id="fn25">
    <label>25</label><p>Conway, <italic>Principios</italic>, III, 8, p.
    134.</p>
  </fn>
  <fn id="fn26">
    <label>26</label><p>Conway, <italic>Ibidem</italic>.</p>
    <p>El ángel que rota al Sol en su eje es un alusión a las jeraquías
    celestes que se derivan de la tradición cabalística. Ver Emmanuel
    Taub, “Los ángeles y el poder celestial: el racionalismo de
    Maimónides versus el misticismo y la duplicidad del trono”.
    <italic>Universitas Philosophica</italic>, 35(70), (2018), pp.
    103-129. ISSN 0120-5323, ISSN en línea 2346-2426
    doi:10.11144/Javeriana.uph35-70.apcm</p>
  </fn>
  <fn id="fn27">
    <label>27</label><p>Conway, <italic>Principios,</italic> VI<italic>,</italic> 6, p. 162: “Ahora bien, el poder, la
          bondad y sabiduría divina hizo buena a toda criatura, de manera que en su mutabilidad
          pueda acercarse indefinidamente hacia el bien en continuos avances; se manifiesta así
          progresivamente la gloria de estos atributos, pues la naturaleza de toda criatura consiste
          en estar en continua mutación u operación, que la conduce certeramente hacia un bien
          superior como premio o fruto de su trabajo, a menos que la criatura</p>
    <p>impida dicho bien por voluntaria transgresión o abuso de la
    voluntad de indiferencia que Dios le otorgó al crearla.”</p>
  </fn>
  <fn id="fn28">
    <label>28</label><p>Con respecto al análisis del ejemplo del caballo y su lugar en la tesis de la trasmutación de las
          criaturas, Natalia Strok en su artículo de 2021 “Justicia divina y jerarquía: la
          naturaleza humana en Anne Conway” señala el papel que juega la expiación mediante el dolor
          en la teodicea de la filósofa. Por su parte, es muy interesante el análisis que hace Sarah
          Hutton en “Goodness in Anne Conway’s Metaphysics” de 2018, sobre el énfasis metafísico,
          más que moral del bien y de la Bondad Divina en la cosmología de la filósofa inglesa.</p>
  </fn>
  <fn id="fn29">
    <label>29</label><p>Conway, <italic>Principios,</italic> III, 8, p. 134: “Entonces la pregunta es, de nuevo, si las
          especies de las criaturas sobresalen tan infinitamente unas sobre otras, que, por mucho
          que se perfeccione un individuo de una especie y se acerque indefinidamente a otra
          especie, jamás sin embargo llega hasta ella. Así, por ejemplo, el caballo se acerca en
          muchos aspectos a la naturaleza y especie humana, y mucho más que otras muchas criaturas;
          pero, ¿dista la naturaleza del hombre de la naturaleza del caballo en modos infinitos, o
          sólo finitos? Si esta distancia es finita, el caballo será por fin alguna vez convertible
          en hombre (me refiero a su espíritu, pues respecto del cuerpo la cosa es clara); si
          distaran infinitamente, habría que atribuir a cualquier hombre, por despreciable y humilde
          que fuera su inteligencia, alguna cualidad infinita en acto; pero ésta sólo compete a Dios
          y a Cristo, y a ninguna otra criatura. Pues la más elevada cualidad de la criatura es un
          infinito sólo en potencia, no en acto, es decir, siempre puede hacerse indefinidamente más
          perfecta y excelente sin llegar jamás al infinito: por más que progrese cualquier ente
          finito, siempre será finito, aunque su progreso carezca de límites. Si, por ejemplo,
          pudiéramos alcanzar alguna vez el más pequeño instante de eternidad o su equivalente parte
          de duración infinita, nunca sería ésta infinita, sino finita.”</p>
  </fn>
  <fn id="fn30">
    <label>30</label><p>Conway, <italic>Principios</italic>, VI, 6, p.
    163.</p>
  </fn>
  <fn id="fn31">
    <label>31</label><p>Consultar el estudio de Natalia Strok “El caballo será por fin alguna vez convertible en hombre”:
          consideraciones en torno al caballo y su transmutación en Anne Conway”. <italic>Siglo
            Dieciocho</italic>, 3, (2022) 59-80, donde se plantea de manera clara el problema de la
          transformación, se explica la no sustancialidad entre criaturas y se aborda una visión
          distinta al antropocentrismo desde la articulación entre la filosofía natural y la
          filosofía moral.</p>
  </fn>
  <fn id="fn32">
    <label>32</label><p>Sobre la discusión entre la interpretación que hizo P. Lopston sobre la
            <italic>haecceidad</italic> de las criaturas, ver Emily Thomas “Anne Conway on the
          Identity of Creatures over Time.” Estoy de acuerdo con Thomas en cuanto a que la identidad
          de la criatura radica en una homogeneidad de la sustancia creada y que el peso del
          principio de individuación descansa en el espíritu central. Sobre el tema se puede
          consultar Natalia Strok, “El caballo será por fin alguna vez convertible en hombre”:
          consideraciones en torno al caballo y su transmutación en Anne Conway”; también, sobre la
          individuación y los procesos epistemológicos, Anonimizado, “Percepción sensible e
          imaginación en la filosofía de Anne Conway” y Marcy Lascano, <italic>Op. Cit</italic>.</p>
  </fn>
  <fn id="fn33">
    <label>33</label><p>Natalia Strok, “Justicia divina y jerarquía: la naturaleza humana en Anne Conway”, en
            <italic>Logos. Anales del Seminario de Metafísica</italic>, 54 (1), (2021), p. 204.</p>
  </fn>
  <fn id="fn34">
    <label>34</label><p>Conway, <italic>Principios</italic>, VI, 6, p.
    165.</p>
  </fn>
  <fn id="fn35">
    <label>35</label><p><italic>Ibidem</italic>.</p>
  </fn>
</fn-group>
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