<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<!DOCTYPE article PUBLIC "-//NLM//DTD JATS (Z39.96) Journal Publishing DTD v1.3 20210610//EN" "http://jats.nlm.nih.gov/publishing/1.3/JATS-journalpublishing1-3.dtd">
<article xmlns:ali="http://www.niso.org/schemas/ali/1.0/" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance" article-type="research-article" dtd-version="1.3" xml:lang="es">
  <front>
    <journal-meta>
      <journal-id journal-id-type="publisher-id">ASHF</journal-id>
      <journal-title-group>
        <journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Anales del Seminario de Historia de la
          Filosofía</journal-title>
      </journal-title-group>
      <issn publication-format="electronic">1988-2564</issn>
      <issn-l>0211-2337</issn-l>
      <publisher>
        <publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
        <publisher-loc> España </publisher-loc>
      </publisher>
    </journal-meta>
    <article-meta>
      <article-id pub-id-type="doi">10.5209/ashf.92073</article-id>
      <article-categories>
        <subj-group subj-group-type="heading">
          <subject>Estudios</subject>
        </subj-group>
      </article-categories>
      <title-group>
        <article-title>Metafísica, Dinámica y Éter en la Filosofía Teórica de Kant</article-title>
        <trans-title-group xml:lang="en">
          <trans-title>Metaphysics, Dynamics and Ether in Kant’s Theoretical Philosophy</trans-title>
        </trans-title-group>
      </title-group>
      <contrib-group>
        <contrib contrib-type="author" corresp="yes">
          <contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0003-3342-9316</contrib-id>
          <name>
            <surname>Guzmán Grez</surname>
            <given-names>Nicolás</given-names>
          </name>
          <xref ref-type="aff" rid="aff-a"/>
          <xref ref-type="corresp" rid="cor1"/>
        </contrib>
        <aff id="aff-a"><institution content-type="original">Universidad Católica de Temuco (Chile)</institution></aff>
      </contrib-group>
      <author-notes>
        <corresp id="cor1">Nicolás Guzmán Grez<email>guzmangrez@gmail.com</email></corresp>
      </author-notes>
      <pub-date pub-type="epub" publication-format="electronic" iso-8601-date="2025-01-17">
        <day>17</day>
        <month>01</month>
        <year>2025</year>
      </pub-date>
      <volume>42</volume>
      <issue>1</issue>
      <fpage>107</fpage>
      <lpage>117</lpage>
      <page-range>107-117</page-range>
      <permissions>
        <copyright-statement>Copyright © 2025, Universidad Complutense de
          Madrid</copyright-statement>
        <copyright-year>2025</copyright-year>
        <copyright-holder>Universidad Complutense de Madrid</copyright-holder>
        <license license-type="open-access"
          xlink:href="https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/">
          <ali:license_ref>https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/</ali:license_ref>
          <license-p>Esta obra está bajo una licencia <ext-link ext-link-type="uri"
              xlink:href="https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/">Creative Commons Attribution
              4.0 International</ext-link></license-p>
        </license>
      </permissions>
      <abstract>
        <p>Conforme a una tesis de R. Torretti, el presente artículo intenta mostrar cómo la reflexión filosófica contribuye a detectar y desechar conceptos innecesarios en la ciencia. Para ello, se ha escogido exponer el caso de la filosofía teórica de Kant. Esta exposición exige una descripción tanto de los problemas que suscitan la hipótesis del éter, como de las consideraciones que motivan su reemplazo por un postulado trascendental. Con el fin de evitar las posibles consecuencias atomistas del formalismo trascendental, esta sustitución busca reformar el concepto de experiencia, instalando una creciente dinmización en la comprensión kantiana de la materia. Finalmente, podrá comprobarse que, para Kant, ha sido una reflexión filosófica sobre la experiencia lo que puso término a sus especulaciones acerca de un éter físico.</p>
      </abstract>
      <trans-abstract xml:lang="en">
        <p>In accordance with a thesis by R. Torretti, the present article attempts to show how philosophical reflection contributes to detect and discard unnecessary concepts in science. For this purpose, the case of Kant’s theoretical philosophy has been chosen. This exposition requires a description both of the problems raised by the ether hypothesis and of the considerations that motivate its replacement by a transcendental postulate. In order to avoid the possible atomistic consequences of transcendental formalism, this substitution seeks to reform the concept of experience, installing a growing dynamization in Kant’s understanding of matter. Finally, it will be seen that, for Kant, it was a philosophical reflection on experience that put an end to his speculations about a physical ether.</p>
      </trans-abstract>
      <kwd-group>
        <kwd>Atomismo</kwd>
        <kwd>Dinámica</kwd>
        <kwd>Éter</kwd>
        <kwd>Fuerza</kwd>
        <kwd>Metafísica</kwd>
        <kwd>sustancia</kwd>
      </kwd-group>
      <kwd-group xml:lang="en">
        <kwd>Atomism</kwd>
        <kwd>Dynamics</kwd>
        <kwd>Ether</kwd>
        <kwd>Forcé</kwd>
        <kwd>Metaphysics</kwd>
        <kwd>substance</kwd>
      </kwd-group>
    </article-meta>
  </front>
<body>

<sec id="fuentes-de-financiación">
  <title>Fuentes de Financiación</title>
  <p>CIIC, Universidad Católica de Temuco (Facultad de Ciencias
  Religiosas y Filosofía), Chile.</p>
</sec>
<sec id="agradecimientos">
  <title>Agradecimientos</title>
  <p>Deseo agradecer las correcciones de los pares ciegos de esta
  revista, las cuales me permitieron enmendar detalles importantes para
  la presentación del artículo.<italic>a la memoria del profesor Roberto
  Torretti</italic></p>
</sec>
<sec id="introducción">
  <title>1. Introducción</title>
  <p>En su artículo <italic>Getting rid of the Ether</italic><xref ref-type="fn" rid="fn1">1</xref>,
        R. Torretti sugiere una tesis según la cual la filosofía de la ciencia proporciona
        desarrollos epistemológicos necesarios para la actividad científica. De aquí surge la tarea
        de averiguar si, por ejemplo, en la historia de la física, justamente la ausencia de una
        filosofía entorpeció sus avances. En concreto, la reflexión filosófica posee la capacidad
        para detectar conceptos innecesarios, de tal modo que la ciencia pueda desecharlos con mayor
        facilidad. Uno de los ejemplos conceptuales más conocidos es el de un <italic>éter
          lumínico</italic>, el cual no fue desestimado sino hasta la física de Einstein. Pero,
        precisamente las lecturas filosóficas de Einstein motivaron su renuncia al concepto en
        cuestión. Esta situación lleva a Torretti a preguntarse si los filósofos no habrían podido
        deshacerse del éter más rápidamente de lo que lo hizo la física. En gran medida, el caso de
        Kant confirma las sospechas de Torretti. Hasta los trabajos tempranos de Einstein, las
        vacilaciones de la ciencia natural en torno al éter se ven de cierta forma reflejadas en la
        evolución filosófica del propio Kant. Para confirmar esta hipótesis, se hace necesario
        describir el curso de sus especulaciones, y mostrar específicamente qué problemas al
        interior de su filosofía demandan un postulado del éter. Aunque Kant, en los últimos legajos
        de su obra tardía, abandona toda especulación sobre la existencia efectiva del éter,
        mantiene sin embargo cierta cautela ante un descarte definitivo, pues esta decisión también
        debe apoyarse en la investigación experimental del físico.</p>
  <p>Las reflexiones que siguen no pretenden contrastar la filosofía natural de Kant con las
        investigaciones de su tiempo en torno al éter. Tampoco se intentará ofrecer un análisis
        general de la filosofía de la materia en la obra de Kant.<xref ref-type="fn" rid="fn2"
          >2</xref> En su lugar, se buscará reconstruir un único argumento. Se trata de la
        justificación del éter: en primera instancia, frente al problema de la atracción; y, en
        segunda instancia, como solución a la discontinuidad de una experiencia modelada por la
        física newtoniana. El avance en el argumento se verá acompañado por dos giros estructurales:
        1. Una inversión de perspectiva, según la cual la sustancia pierde su primacía ontológica
        sobre la fuerza. 2. Una inflexión metodológica que exige sustituir la hipótesis del éter por
        un postulado trascendental. Para Kant, el argumento alcanza una consistencia aceptable
        únicamente en su etapa final. Y es precisamente éste el punto en donde concluyen sus
        especulaciones acerca de un éter físico.</p>
  <p>Para delimitar esta situación será necesario atender a tres obras, cada una de las cuales
        enfrenta el problema a partir de sus diferentes enfoques epistemológicos. 1. La
          <italic>Monadologia Physica</italic> aborda el concepto de <italic>espacio vacío</italic>
        en función de la metafísica racionalista, dotando a las mónadas la capacidad de llenar el
        espacio. Tenemos en esto el origen de cierta dinámica, la cual funda la existencia de un
        éter elástico capaz de ejercer la atracción a distancia. No obstante, este esquema aún
        conserva el atomismo implicado en la noción de <italic>mónada física</italic>. 2. En los
          <italic>Principios Metafísicos de la Ciencia Natural</italic><xref ref-type="fn" rid="fn3"
          >3</xref>, la <italic>Dinámica</italic> retoma el problema sometiéndolo a los cánones de
        la filosofía trascendental. Este contexto exige una cuantificación de las fuerzas dinámicas
        mediante las magnitudes intensivas. Pero, a pesar de su dinamicismo, esta obra aún tiene
        como centro de sus preocupaciones una fundamentación de la física newtoniana, lo cual impide
        objetar la idea de un espacio vacío. Para remediar esta situación, Kant aún acepta la
        posibilidad de <italic>pensar</italic> un éter. 3. El <italic>Opus postumum</italic> reúne
        las dificultades anteriores para encausarlas en una refutación del atomismo. El resultado
        final del argumento desemboca en un nuevo concepto de <italic>experiencia</italic>, el cual
        se construye sobre la base del éter. Sin embargo, el éter ya no cumple la función de una
        hipótesis, sino que adopta el rol de un postulado trascendental. Por tanto, ha sido un
        repliegue hacia la idea filosófica de <italic>experiencia</italic> lo que, a partir de 1799,
        permitió a Kant el abandono definitivo de la hipótesis física acerca del éter.</p>
</sec>
<sec id="metafísica-de-la-materia-en-la-monadologia-physica-de-1756">
  <title>2. Metafísica de la materia en la <italic>Monadologia Physica</italic> de 1756</title>
  <p>La finalidad principal de la <italic>Monadologia Physica</italic> consiste en articular una
        síntesis entre metafísica y geometría (<italic>metaphysica cum geometria iuncta</italic>).
        Para Kant, esta cuestión despliega un argumento unitario, el cual se extiende hasta su
          <italic>Opus postumum</italic>.<xref ref-type="fn" rid="fn4">4</xref> A diferencia de
        Newton, que se limita a una <italic>descripción</italic> del movimiento de los cuerpos, Kant
        dirige sus consideraciones hacia la <italic>aplicación</italic> de una metafísica unida a la
        geometría. Esta aplicación resulta no obstante problemática, debido a que existe un
        conflicto irreconciliable entre geometría y metafísica. Por un lado, la metafísica rechaza
        tanto la idea de un espacio infinitamente divisible como la existencia del vacío. Por otro
        lado, la geometría demuestra que el espacio es divisible hasta el infinito, y afirma la
        necesidad de un espacio vacío. Para poder resolver estas antinomias, la metafísica debe
        admitir un espacio infinitamente divisible, y la geometría debe abandonar la tesis de un
        espacio vacío. Kant se esforzará por conciliar ambas posiciones indagando en la naturaleza
        interna de los cuerpos materiales. Esta investigación exige entonces una teoría de la
        materia, cuyo hilo conductor es la siguiente cuestión:</p>
  <disp-quote>
    <p>[…] los cuerpos constan de partes. Cuáles son éstas, de qué modo se combinan, si los cuerpos
          llenan el espacio por la sola copresencia de sus partes primitivas, o por el mutuo choque
          de las fuerzas, son cosas que por cierto interesa mucho explicar con claridad.<xref
            ref-type="fn" rid="fn5">5</xref></p>
  </disp-quote>
  <p>Ante todo, se trata de averiguar si las partes originarias de un cuerpo se unifican mediante
        mera coexistencia, o bien mediante un conflicto recíproco de fuerzas.</p>
  <p>En la primera sección de la <italic>Monadologia Physica</italic>, se expone el concepto de
          <italic>mónada física</italic> en cuanto unidad indivisible. En relación a los cuerpos
        materiales, estos se componen de mónadas,<xref ref-type="fn" rid="fn6">6</xref> por lo que
        podemos descomponer un cuerpo material, más no una mónada. El espacio, por su lado, “es
        divisible al infinito y en consecuencia no consta de partes primitivas”<xref ref-type="fn"
          rid="fn7">7</xref>. Por ende, a diferencia de los cuerpos, el espacio ni se compone de
        mónadas ni constituye una entidad sustancial. Pero las mónadas integrantes de un cuerpo
        llenan un espacio infinitamente divisible, sin que la divisibilidad del espacio afecte a las
        mónadas. Ahora bien, el espacio constituye sólo una magnitud <italic>en general</italic>, la
        cual vale únicamente para las relaciones externas y no para el interior de las mónadas. Esta
        diferencia permite distinguir entre la <italic>apariencia espacial de los cuerpos que ocupan
          espacio</italic>, y la <italic>realidad metafísica de las mónadas que llenan
          espacio</italic>. Sólo la <italic>ocupación</italic> del espacio se ve afectada por la
        infinita divisibilidad, más no el <italic>llenado</italic>. Cuando asumimos esto, “la
        divisibilidad del espacio no se opone a la simplicidad de la mónada”<xref ref-type="fn"
          rid="fn8">8</xref>. Por tanto, esta distinción sirve para oponerse a toda concepción
        puramente geométrica de la realidad,<xref ref-type="fn" rid="fn9">9</xref> disolviendo así
        la contradicción entre intuición geométrica y existencia física. En la mónada física habría
        algo esencialmente diferente a meras relaciones espaciales: una realidad dinámica. El
        espacio, entonces, no afecta más que a las relaciones entre cuerpos materiales, más no a su
        existencia. Kant recoge en esto el esquema general de la ontología de Leibniz, según el cual
        la apariencia geométricoespacial del objeto se contrapone a la realidad metafísica de la
          mónada.<xref ref-type="fn" rid="fn10">10</xref> Aunque Kant le atribuye la especial
        propiedad de llenar el espacio, la mónada debe sin embargo trascender todo tipo de relación
        espacial. Es así como surgen dos regiones heterogéneas (apariencia y realidad), cuya forma
        de interacción aún se explica en base al modelo deficiente de la metafísica dogmática.</p>
  <p>Esta paradojal síntesis entre atomismo y dinamicismo se expresa para Kant del siguiente modo:
        La <italic>mónada física</italic> determina el espacio al llenarlo, no mediante una
        multiplicidad de elementos sustanciales, sino articulando una esfera de fuerza activa de
        repulsión (<italic>sphæra activitatis</italic>). Esta esfera impide la penetración por parte
        de otras mónadas. Ahora bien, la fuerza interna de repulsión conlleva un contrapunto externo
        en la fuerza de impenetrabilidad: “la fuerza con que un elemento simple de un cuerpo ocupa
        su espacio es la misma que de otro modo se llama impenetrabilidad”<xref ref-type="fn"
          rid="fn11">11</xref>. Se trata entonces de la fuerza que en un cuerpo material aparta lo
        que toca al espacio ocupado por dicho cuerpo. De este modo, la impenetrabilidad no es más
        que el aspecto espacial de la fuerza de repulsión originada en las mónadas: mientras la
        primera admite un límite discreto, la segunda se ve sustraída a las propiedades
        cuantitativas de la geometría.</p>
  <p>En la segunda sección, Kant explica las propiedades generales de las mónadas físicas con el fin
        de comprender el comportamiento interno de los cuerpos materiales. La Proposición IX afirma
        que “el contacto [entre cuerpos] es la aplicación recíproca de las fuerzas de
        impenetrabilidad de varios elementos”<xref ref-type="fn" rid="fn12">12</xref>. Según esta
        premisa, el contacto entre los cuerpos debe definirse de forma dinámica, ya que los cuerpos
        son recíprocamente activos. Pero, para que los cuerpos no se dispersen y adquieran cierta
        configuración espacial, también debemos disponer de una fuerza interna de atracción
          (<italic>insita attractionis</italic>). Es así como el equilibrio de la acción recíproca
        de ambas fuerzas define el contorno de los cuerpos (<italic>corporum compages</italic>). De
        este modo, la fuerza de atracción permite contener en un cuerpo la repulsión que se origina
        en el llenado del espacio.</p>
  <p>Al término de esta sección, Kant añade una nueva fuerza en vistas a exponer las diferencias de
        masa y densidad. En este sentido, la elasticidad de las mónadas que componen los cuerpos
        presenta diferencias en el valor de la fuerza de inercia: “puede haber en los elementos de
        diversa especie una fuerza de inercia mayor o menor que la de cualquier elemento dado”<xref
          ref-type="fn" rid="fn13">13</xref>. Estas diferencias, explican por qué cuerpos de igual
        volumen pueden poseer sin embargo diferente masa y densidad. Las diferencias no se
        comprenden por una relación extensional entre átomos, sino por la constitución dinámica de
        las mónadas. Esta situación implica que, al estar la materia dotada de cierta elasticidad,
        se puede prescindir de la hipótesis de espacios vacíos para explicar la densidad de los
        cuerpos. Newton, Keill y otros, sostenían que para concebir el movimiento libre debemos
        presuponer un espacio vacío. De otro modo, el movimiento de los cuerpos será gradualmente
        disminuido hasta desaparecer.<xref ref-type="fn" rid="fn14">14</xref> Para que esta
        situación no afecte su hipótesis, Kant necesita postular la existencia de un medio elástico
        y continuo; es decir, un <italic>medium</italic> capaz de llenar sutilmente el espacio entre
          cuerpos,<xref ref-type="fn" rid="fn15">15</xref> de suerte que el movimiento y la
        atracción a distancia no se vean obstruidos:</p>
  <disp-quote>
    <p>Los elementos del cuerpo, aún si están aislados, gozan de una perfecta fuerza elástica,
          distinta en lo que son distintos, y constituyen un medio de suyo elástico, sin un vacío
            interpuesto.<xref ref-type="fn" rid="fn16">16</xref></p>
  </disp-quote>
  <p>De esta forma, las mónadas proporcionan una fuerza elástica que permite suprimir el espacio
        vacío entre los cuerpos. Esta conclusión demostraría que las mónadas constan de fuerzas
        dinámicas capaces de constituir medios elásticos. Kant añade que entre esos
          <italic>medios</italic> podemos contar <italic>ante todo</italic> el éter: “este es el
        origen de los cuerpos o medios de suyo elásticos, entre los cuales cabe nombrar ante todo el
        éter o materia ígnea”<xref ref-type="fn" rid="fn17">17</xref>. Si esto es así, el éter puede
        surgir como <italic>medium</italic> de atracción a distancia.</p>
  <p>En resumen, la <italic>distinción entre el llenado y la ocupación del espacio</italic> exime a
        las mónadas físicas de la infinita divisibilidad geométrica. Tampoco las fuerzas que emanan
        desde las mónadas podrán ser sometidas a la estructura mecánica de interacción entre
        cuerpos, por lo que constituyen de esta forma la fuente metafísica de toda elasticidad. Es
        gracias a esta propiedad que pueden surgir medios elásticos como el éter, capaces de
        transmitir el movimiento a distancia. Posteriormente, Kant abandona aquella distinción al
        aplicar las magnitudes intensivas a la dinámica. Con esto, la filosofía trascendental
        también renuncia a la definición de <italic>sustancia</italic> como cualidad carente de
        determinaciones externas. Por estos motivos, la estructura indivisible de la mónada quedará
        suprimida, abriendo paso a una inminente ruptura con el atomismo.</p>
</sec>
<sec id="los-principios-metafísicos-de-la-dinámica-en-los-madn-de-1786">
  <title>3. Los principios metafísicos de la dinámica en los MAdN de 1786</title>
  <p>Los <italic>Principios Metafísicos de la Dinámica</italic> retoman el argumento central de la
          <italic>Monadologia Physica</italic>.<xref ref-type="fn" rid="fn18">18</xref> Sin embargo,
        el enfoque de la filosofía trascendental obliga a Kant a enmendar sustancialmente los puntos
        de vista pre-críticos, y a suprimir el concepto de <italic>mónada física</italic>. A partir
        de la fase trascendental de la filosofía de Kant, la <italic>Dinámica</italic> debe
        ajustarse al criterio de continuidad de las <italic>Anticipaciones de la
          Percepción</italic><xref ref-type="fn" rid="fn19">19</xref>, –particularmente a las
          <italic>magnitudes intensivas</italic>–, pues es bajo este criterio como el objeto se nos
        presenta en la afección.</p>
  <p>Según se establece en el prefacio de los <italic>MAdN</italic>, la primera determinación
        empírica de la materia es el movimiento.<xref ref-type="fn" rid="fn20">20</xref> Por esta
        razón, la <italic>Dinámica</italic> define la noción de <italic>materia</italic> como “lo
        movible, en cuanto llena un espacio”<xref ref-type="fn" rid="fn21">21</xref>. Ahora bien,
        dado que el <italic>llenado</italic> de un espacio implica ante todo una fuerza de
        repulsión, tal <italic>llenado</italic> constituye un atributo propiamente físico, y por lo
        tanto un concepto más completo que el de un mero <italic>ocupar</italic> un espacio. Por una
        parte, para que la fuerza de repulsión no se expanda hacia el infinito, debe ser contenida
        gradualmente por una fuerza de atracción en cierto límite. Por otra parte, la gradualidad en
        el llenado del espacio dota a la materia de una constitución continua, la cual suprime los
        espacios vacíos. De esto, Kant infiere que la impenetrabilidad de la materia no puede ser
        definida como <italic>absoluta</italic> sino como <italic>relativa</italic>. La materia,
        entonces, no admite átomos absolutamente impenetrables ni espacios vacíos, sino un
          <italic>continuum</italic> de llenado que varía según la elasticidad de cada cuerpo. Sólo
        una impenetrabilidad relativa puede coincidir con la estructura gradual del contacto entre
        la sensación y la materia.</p>
  <p>Las consideraciones anteriores mueven a Kant hacia una suerte de refutación de su propia
          <italic>Monadologia Physica</italic>. <xref ref-type="fn" rid="fn22">22</xref> Según los
        cánones de la filosofía trascendental, la premisa mayor de esta refutación es la siguiente:
        “la materia es divisible hasta el infinito” <xref ref-type="fn" rid="fn23">23</xref>. Si
        bien no podemos <italic>constatar</italic> empíricamente la infinita divisibilidad de la
        materia, <xref ref-type="fn" rid="fn24">24</xref> este rasgo en el espacio exige
          <italic>pensar</italic> una materia divisible hasta el infinito. A esto se añade que, dado
        que el llenado de un espacio es siempre gradual, nos es imposible suponer puntos
          <italic>reales</italic> indivisibles. Y es por esto que debemos pensar las mónadas como
        entidades puramente <italic>ideales</italic>. El error de la <italic>Monadologia
          Physica</italic>, consiste entonces en haber aplicado el concepto de <italic>unidad
          indivisible</italic> al mundo fenoménico de la materia. Nada más lejos de ese error que la
          <italic>Monadologie</italic> de Leibniz. <xref ref-type="fn" rid="fn25">25</xref></p>
  <p>Esta refutación, sin embargo, no consigue articular una explicación suficiente de la atracción
        a distancia. De acuerdo al Teorema 7, la atracción esencial se define como “una acción
        inmediata de la misma [materia] sobre otras materias a través del espacio vacío” <xref
          ref-type="fn" rid="fn26">26</xref>. La atracción esencial representa la fuerza de
        gravedad. Kant ya ha mencionado que, según Newton, Keill y otros, esta fuerza exige de un
        espacio vacío que permita concebir el libre tránsito de los cuerpos. Pero como el movimiento
        mecánico de éstos se produce por contacto, no se entiende entonces cómo la fuerza puede
        ejercer una acción a distancia: “La objeción más común contra la inmediata acción a
        distancia es: que una materia no puede actuar inmediatamente allí donde no está” <xref
          ref-type="fn" rid="fn27">27</xref>. Kant aborda esta objeción distinguiendo dos tipos de
        contacto. 1. Contacto matemático: se funda en un límite discreto entre dos espacios. 2.
        Contacto físico: surge de la acción recíproca de las fuerzas motrices (atracción y
        repulsión), cuya síntesis establece un llenado gradual del espacio. A esta distinción Kant
        añade lo siguiente: “El <italic>contacto matemático</italic> sirve de base para el contacto
        físico, pero no lo constituye por sí sólo”<xref ref-type="fn" rid="fn28">28</xref>. El
          <italic>contacto físico</italic> implica una complejidad mayor que el contacto matemático,
        pues su complexión es la de un <italic>continuum</italic> dinámico. Para explicar la acción
        a distancia, entonces, no debemos confundir el contacto discreto-matemático con el
        continuo-dinámico. Según la posición mecanicista, no hay distancia en el contacto inmediato.
        Pero el dinamicismo de Kant afirma que <italic>hay distancia en todo contacto</italic>:</p>
  <disp-quote>
    <p>[…] se puede decir que toda cosa en el espacio actúa sobre otra
    sólo en un lugar, en el cual no está la cosa que actúa. Pues si la
    cosa actuara en el mismo lugar donde ella se encuentra, la cosa
    sobre la que actúa, en absoluto estaría <italic>fuera de</italic>
    ella; pues este <italic>fuera de</italic> significa la presencia en
    un lugar donde la otra cosa no se
    encuentra.<xref ref-type="fn" rid="fn29">29</xref></p>
  </disp-quote>
  <p>Cuando tratamos acerca del contacto entre cuerpos a nivel dinámico, nunca podemos definir un
        lugar espacial en términos discretos. Las fuerzas que permiten el contacto no admiten la
        representación de un espacio <italic>qua partes extra partes</italic>. Tales determinaciones
        geométricas, entonces, no deben emplearse para explicar el comportamiento dinámico de las
        fuerzas.</p>
  <p>Ahora bien, para comprender la estructura del contacto entre cuerpos, debemos atender a la
        atracción ínsita. Dicha comprensión requiere una clasificación de la atracción en dos tipos.
        1. La <italic>atracción verdadera</italic> constituye una fuerza ejercida inmediatamente
        entre dos cuerpos, es decir, sin mediación de una fuerza de repulsión. Es de éste modo como
        la <italic>gravedad entre los cuerpos</italic> se ve posibilitada. 2. La <italic>atracción
          aparente</italic>, en cambio, consiste en una fuerza de superficie que permite la
          <italic>cohesión determinada de cada cuerpo</italic>. Kant agrega que no podemos explicar
        todo tipo de aproximación mediante la mera atracción aparente, pues tal explicación “gira en
        torno a un círculo”<xref ref-type="fn" rid="fn30">30</xref>. En la
        <italic>Dinámica</italic>, este círculo se debe a que no se ha zanjado con suficiente
        nitidez el límite entre la dinámica y la mecánica.<xref ref-type="fn" rid="fn31">31</xref>
        Por este motivo, podría incluso decirse que las dificultades que afectan a la teoría
        newtoniana de la gravitación tienen su causa en esta ambigüedad.</p>
  <p>Bajo el imperativo metodológico <italic>hypotheses non fingo</italic>, Newton reduce las dos
        fuerzas fundamentales a una única fuerza de atracción. Paradójicamente, esta reducción
        adopta la forma de una hipótesis sobre el éter. Es sabido que Newton renuncia abiertamente a
        explicar el origen de la gravedad,<xref ref-type="fn" rid="fn32">32</xref> pero en privado
        admite que la acción a distancia, sin un medio originario que transmita el movimiento, es un
          absurdo.<xref ref-type="fn" rid="fn33">33</xref> Por esta razón, Newton introduce la
        hipótesis del éter. Esta hipótesis supone que un fluido (éter) llena el espacio y
          <italic>transmite</italic> tanto la fuerza como el movimiento. Mucho más tarde, en la
        física de Maxwell, por ejemplo, el éter constituye la verdadera fuente de energía,<xref
          ref-type="fn" rid="fn34">34</xref> la cual precede a la existencia de los objetos. Los
        cuerpos materiales que fraccionan la energía no son más que una circunstancia para que
        aquella fuerza se manifieste a nuestros sentidos. De este modo, la función del éter no es
        únicamente la de <italic>transmisión</italic> de movimiento, sino la de establecer un
        receptáculo de <italic>impartición</italic> dinámica de energía. Aunque se mueva en esta
        dirección, es evidente que la hipótesis del éter carece de estas precisiones en Newton. Para
        él, se trata únicamente de explicar la fuerza de gravedad (atracción a distancia) como
        efecto de una condensación continua del éter.<xref ref-type="fn" rid="fn35">35</xref> Pero,
        lo que comienza con esta hipótesis vacilante, llegó a fundar más tarde una física de
          <italic>campo</italic> que reemplazó a la física de la <italic>sustancia</italic>.</p>
  <p>Prolongando las imprecisiones de Newton, Kant parece figurarse el éter como un conjunto de
        partículas destinadas a transmitir movimiento en una sucesión de contactos. Y es así como se
        obtiene una nueva perspectiva del mismo círculo de argumentación: o bien el éter es idéntico
        al espacio vacío, o bien constituye un amasijo de partículas materiales. Refiriéndose a
        Newton, Kant describe este círculo así:</p>
  <disp-quote>
    <p>Newton dice (<italic>Cor</italic>. 2 <italic>prop</italic>. 6. <italic>Lib</italic>. III,
            <italic>Princip. Phil. N.</italic>), ‘si el éter, o cualquier otro cuerpo, careciera por
          completo de gravedad […], de esta forma podría transformarse gradualmente en una materia
          como las que gravitan [<italic>sic</italic>!] sobre la tierra, y esta última puede perder
          inversamente, mediante cambio gradual de su forma, toda su gravedad, lo cual es contrario
          a la experiencia, etc.’ De esta forma, él [Newton] no excluyó entonces el éter (y mucho
          menos otras materias) de la ley de la atracción.<xref ref-type="fn" rid="fn36"
          >36</xref></p>
  </disp-quote>
  <p>Por un lado, el éter es fuente de toda fuerza, pero al ser sustancia empírica, también debe
        someterse a dicha fuerza. En Kant, la raíz de esta paradoja se encuentra en una
          <italic>primacía ontológica de la sustancia sobre la fuerza</italic>, la cual se arrastra
        desde las <italic>Analogías de la Experiencia</italic><xref ref-type="fn" rid="fn37"
          >37</xref>. En los <italic>MAdN</italic>, se afirma la acción a distancia sobre la
        ambivalencia del concepto de <italic>éter</italic>. Podría decirse que mientras este
        concepto oscila entre la física de la sustancia y la física de campo;<xref ref-type="fn"
          rid="fn38">38</xref> la acción en el vacío aún garantiza la coherencia de la física
        newtoniana. Pero si aceptamos el sustancialismo con todas sus consecuencias, la
        impenetrabilidad matemática nos lleva al vacío, mientras que el concepto matemático de
          <italic>atracción</italic> conduce al problema del contacto inmediato. Ambas interrogantes
        resultan de la confusión entre física y geometría, es decir, entre dinámica y mecánica. Para
        superar estos obstáculos es preciso revertir nuestro punto de partida, y establecer que la
        impenetrabilidad matemática (el átomo), base de todo sustancialismo estricto, es
        esencialmente una <italic>qualitas occulta</italic>.<xref ref-type="fn" rid="fn39">39</xref>
        Frente a su propia <italic>Monadologia Physica</italic>, Kant sostiene ahora que lo
        realmente oscuro es lo que escapa a toda medida (la mónada-átomo), y es aquí donde se
        requiere una <italic>inversión de la primacía ontológica de la sustancia</italic>.</p>
  <p>Si como dijimos, la primacía de la sustancia sobre la fuerza se impone en las <italic>Analogías
          de la Experiencia</italic>, entonces este círculo tenía que anticiparse en la teoría
        trascendental de la sustancia. En efecto, Kant señala allí que el concepto de
          <italic>causalidad</italic> nos lleva al de <italic>acción</italic>, éste al de
          <italic>fuerza</italic> y finalmente al de <italic>sustancia</italic>.<xref ref-type="fn"
          rid="fn40">40</xref> Esto significa que los conceptos de <italic>fuerza</italic> y
          <italic>acción</italic> son derivados de la noción empírica de <italic>sustancia</italic>:
        para que haya fuerza, debe darse primero una sustancia. No obstante, si intentamos
        comprender qué quiere decir específicamente <italic>sustancia</italic>, caemos en un círculo
        vicioso (<italic>fehlerhaften Zirkel</italic>) al definirla condicionada por una
          <italic>fuerza</italic>, pues dicha fuerza implica a su vez otra sustancia más pequeña (p.
        ej. moléculas), y así al infinito. Sin duda, una explicación acabada de estos conceptos
        excede el ámbito de competencia de la <italic>KrV</italic>, pues ésta obra no incluye una
        filosofía de la naturaleza.<xref ref-type="fn" rid="fn41">41</xref> Pero aun concediendo
        estas pertinentes restricciones metodológicas, podemos ver que ni las respuestas de la
          <italic>KrV</italic>, ni las explicaciones de los <italic>MAdN</italic>, arrojan luz sobre
        el asunto principal. Varios años después de estos trabajos, el propio Kant confiesa no tener
        plena claridad al respecto.<xref ref-type="fn" rid="fn42">42</xref> Lo que sí es evidente,
        en cambio, es que el origen de estas dificultades lo encontramos nuevamente en el
          <italic>predominio ontológico de la sustancia sobre la fuerza</italic>. Esto explica que
        tanto los <italic>MAdN</italic> como la <italic>KrV</italic> consideran únicamente la
        realidad del <italic>fenómeno</italic> (<italic>realitas phaneomenon</italic>); es decir, la
        intensidad de una sustancia empírica. Ciertamente, dicho predominio desfavorece una
        justificación metafísica de la dinámica, por lo que sólo la totalidad de un espacio lleno
        podría orientar una solución satisfactoria. Esa totalidad, sin embargo, debe renunciar a la
        condición empírica de un <italic>phaenomenon</italic>. En consecuencia, también el
        desarrollo de la filosofía trascendental reclama una <italic>inversión del predominio de la
          sustancia</italic>. Y es en vistas de esta situación que más tarde surgen las reflexiones
        puramente metafísicas acerca de un espacio lleno.</p>
  <p>Si retomamos nuestro examen de la <italic>Dinámica</italic>, se puede ver que Kant abandona la
        atracción en el vacío a partir del Teorema 8: “porque, el espacio en el que debe extenderse
        la fuerza para actuar a distancia, es un espacio físico que debe pensarse lleno”<xref
          ref-type="fn" rid="fn43">43</xref>. Cuando la impenetrabilidad absoluta (átomo) no es más
        que una quimera del espíritu, es más bien el espacio vacío, y no la atracción a distancia,
        lo que supone el gran problema para la fundamentación de la experiencia. No debemos olvidar
        que Kant, precisamente a fin de reafirmar su <italic>Dinámica</italic>, ya ha sostenido que
          <italic>hay distancia en todo contacto</italic>. En este sentido, no es la mecánica
        newtoniana el blanco principal de sus objeciones, sino la idea misma de un espacio vacío.
        Este falso principio, impregnado en la propia doctrina trascendental, se origina en el
        intento de establecer la <italic>filosofía</italic> natural sobre la base de
          <italic>principios matemáticos</italic> (Newton). Pero sólo una mecánica puede admitir tal
        configuración provisional, más no la experiencia en toda su plenitud material. Por esta
        razón, Kant dirige ahora su atención hacia el problema del espacio vacío, dejando intacto el
        concepto de <italic>atracción a distancia</italic>. Tras un detallado examen del papel de la
        dinámica en la química, Kant se aproxima a una confrontación con las concepciones generales
        del atomismo, y parece advertir el alcance propiamente filosófico del problema. Quizá por
        estas razones, la <italic>Observación general a la Dinámica</italic> concluye lo
        siguiente:</p>
  <disp-quote>
    <p>De este modo no sería imposible concebir una materia (tal como uno se imagina el éter) que
          llenase su espacio sin dejar ningún vacío, y, sin embargo, con una incomparable menor
          cantidad, bajo el mismo volumen que todos los cuerpos que podemos someter a nuestros
          experimentos. En el éter, la fuerza repulsiva debe pensarse como infinitamente mayor a la
          fuerza atractiva, en comparación a todas las demás materias conocidas. Y esto es también
          el único motivo por el cual meramente suponemos que tal éter <italic>puede ser
            pensado</italic> como contraparte de una hipótesis (la de los espacios vacíos), la cual
          se basa únicamente en la pretensión de que tal cosa <italic>no puede ser pensada</italic>
          sin espacios vacíos.<xref ref-type="fn" rid="fn44">44</xref></p>
  </disp-quote>
  <p>Como se ve, el final de la <italic>Dinámica</italic> aún admite la posibilidad de
          <italic>pensar</italic> en un éter que sea capaz de refutar el presupuesto de un espacio
          vacío.<xref ref-type="fn" rid="fn45">45</xref> Pero, si este presupuesto es admisible como
        representación exclusiva de la mecánica, entonces la función del éter se vuelve allí
        completamente inútil. Por esta razón, el éter debería concebirse únicamente como concepto
          límite<xref ref-type="fn" rid="fn46">46</xref> frente a las posibles consecuencias
        atomistas de una mecánica.</p>
</sec>
<sec id="el-postulado-del-éter-en-el-opus-postumum-y-el-giro-metodológico-de-1799">
  <title>4. El postulado del éter en el <italic>Opus postumum</italic> y el giro metodológico de
        1799</title>
  <p>En su discusión sobre la permanencia de la sustancia según Kant, R. Torretti afirma que lo
        permanente de los fenómenos no consiste en una estructura espacial invariable, sino en la
        intensidad constante del llenado <italic>total</italic> del espacio.<xref ref-type="fn"
          rid="fn47">47</xref> De aquí se sigue la fundamentación categorial de la primera ley de la
        mecánica newtoniana: “En todos los cambios de la naturaleza corpórea, la cantidad de materia
        permanece la misma <italic>en el todo</italic>, sin aumento ni disminución”<xref
          ref-type="fn" rid="fn48">48</xref>. Más tarde, la física del siglo XIX complementó esta
        ley mediante el principio de conservación de la energía. Según Torretti, a partir de este
        momento la física se vio enfrentada a dos regiones diferentes (sustancia y energía), cuya
        conexión era inexplicable. Únicamente la física del siglo XX pudo resolver el dilema, al
        definir la masa como función de la velocidad, y establecer finalmente una ecuación entre
        masa y energía (Einstein). De esto infiere Torretti que, en la ordenación de la experiencia,
        la energía podría desempeñar la función metodológica del concepto de
          <italic>sustancia</italic>. Por supuesto, se alude con ello a una posible transición desde
        el sustancialismo al dinamicismo. Es cierto que, en la época de Kant, se hacía imposible la
        construcción del concepto de <italic>energía</italic> en la intuición, pues las matemáticas
        aún no disponían de los adelantos necesarios para ello. Pero las concepciones de Kant
        parecen moverse en esa dirección. Y es justamente este recorrido lo que hemos pretendido
        iluminar en nuestro examen de los pasajes de Kant.</p>
  <p>Además de lo anterior, Torretti recuerda que la conservación de la sustancia proporciona un
        principio regulativo.<xref ref-type="fn" rid="fn49">49</xref> Pero, como el resto de las
          <italic>Analogías de la Experiencia</italic>, este principio también conlleva una función
        constitutiva, tal como señala el propio Kant en el apéndice a la <italic>Dialéctica
          Trascendental</italic>.<xref ref-type="fn" rid="fn50">50</xref> Lo que a primera vista
        parece contradictorio (función <italic>constitutivo-regulativa</italic>), no es más que un
        doble alcance de los principios en relación a la materia. Por un lado, la categoría de
          <italic>sustancia</italic> constituye nuestra experiencia de un cuerpo material. Por otro
        lado, la intuición de la materia que llena un espacio delimitado, debe ser regulada mediante
        la idea de un espacio ilimitado, pero pensado como espacio lleno. En el capítulo dedicado al
          <italic>Esquematismo Trascendental</italic>, Kant nos otorga una clave decisiva para
        captar este espacio lleno: se afirma allí que lo que en los objetos empíricos corresponde a
        la sensación, es una materia trascendental (<italic>transzendentale Materie</italic>).<xref
          ref-type="fn" rid="fn51">51</xref> Y es así como se descubre también un doble empleo de la
        noción de <italic>materia</italic>: uno empírico y uno trascendental.<xref ref-type="fn"
          rid="fn52">52</xref> Como veremos en lo que sigue, para comprender el correcto significado
        del concepto de <italic>éter</italic> en los escritos tardíos de Kant, debemos orientarnos
        según éste enfoque de interpretación, ignorando las teorías en torno a un fluido empírico. A
        partir del giro metodológico de 1799, Kant se aleja de tales especulaciones, y avanza en
        dirección de un postulado trascendental. De modo similar a las <italic>Analogías de la
          Experiencia</italic>, este postulado adquiere una función constitutivo-regulativa.<xref
          ref-type="fn" rid="fn53">53</xref> Pero su carácter totalizante resalta su valor
        regulativo, que es lo que oportunamente advertía Torretti. Por razones de espacio, nos
        limitaremos a esbozar el proceso mediante el cual Kant infiere estas conclusiones, relegando
        la hipótesis de un éter empírico a las tareas de la física experimental.</p>
  <p>Los argumentos acerca del postulado del éter se encuentran principalmente en los fragmentos
          <italic>Übergang</italic> 1-14<xref ref-type="fn" rid="fn54">54</xref> del <italic>Opus
          postumum</italic> de Kant. Estos pasajes contienen la así llamada <italic>Deducción del
          Éter</italic> (<italic>Ätherdeduktion</italic>). El hilo conductor de esta deducción lo
        constituye una refutación del atomismo. Pero, en lo esencial, se trata más bien de una
        superación del formalismo trascendental del propio Kant. Esta superación debe reemplazar el
        punto de arranque de la mecánica newtoniana, según la cual la <italic>filosofía</italic>
        natural se hace posible a partir de <italic>principios matemáticos</italic>. Para conseguir
        este objetivo, Kant intentará distinguir con nitidez dos regiones complementarias: “Hay pues
        tan pocos principios matemáticos de la ciencia natural como filosóficos de la matemática
        [mecánica]. Ambos se encuentran en territorios separados”<xref ref-type="fn" rid="fn55"
          >55</xref>. Si la fundamentación matemática de la filosofía natural tiene como resultado
        una mecánica universal, y, por tanto, una experiencia en el espacio vacío (atomismo); parece
        necesario complementar esta situación en base a un concepto propiamente filosófico de
          <italic>experiencia</italic>. Y es en éste contexto donde surge la exigencia de un éter
        que llena el espacio en su totalidad.</p>
  <p>Los motivos básicos para la necesidad de un éter de estas características son conocidos: 1. El
        concepto de <italic>átomo</italic> en cuanto cuerpo indivisible, no se ajusta a la
        representación de un espacio infinitamente divisible. 2. La idea de un espacio vacío es
        contradictoria con el concepto de <italic>experiencia</italic>, ya que nunca se puede
        percibir una no-existencia (espacio vacío).<xref ref-type="fn" rid="fn56">56</xref> Pero ya
        sabemos que las obras anteriores de Kant pretenden fundamentar ante todo el enfoque
        mecanicista de la física newtoniana. Esto significa que, en la filosofía trascendental, el
        concepto de <italic>experiencia</italic> no se construye en función de un todo de intensidad
        material. A partir de ahora, dicho concepto extrae no obstante todos los predicados
        contenidos en las nociones de <italic>afección</italic> y <italic>espacio lleno</italic>. En
        general, podría decirse que las <italic>Anticipaciones de la Percepción</italic> perfilan su
        estructura de continuidad hacia la materia trascendental que llena el espacio.<xref
          ref-type="fn" rid="fn57">57</xref> Por ende, no se trata ya de abordar la materia como
        agregado de cuerpos, sino en cuanto sistema de fuerzas que subyacen a tales cuerpos. Esta
          <italic>inversión de perspectiva</italic> trae consigo un tránsito desde el
          <italic>spatium cogitabile</italic> hacia el <italic>spatium perceptibile</italic>. Kant
        comienza este avance a partir del siguiente pasaje:</p>
  <disp-quote>
    <p>Nos representamos tanto el espacio como cualquier Objeto de la sensibilidad de dos modos:
          PRIMERO como algo <italic>pensable</italic> (<italic>spatium cogitabile</italic>), en
          cuanto que se halla simplemente en nuestra fuerza de representación como magnitud de lo
          múltiple mutuamente externo: una mera forma del objeto de la intuición pura.
            <italic>Segundo</italic>, como algo <italic>perceptible</italic> (<italic>spatium
            perceptibile</italic>): algo que existe fuera de nuestra representación, que nosotros
          percibimos y podemos elevar a experiencia.<xref ref-type="fn" rid="fn58">58</xref></p>
  </disp-quote>
  <p>No debe pensarse aquí que el <italic>spatium cogitabile</italic> constituye algo así como el
        espacio puramente relacional de Leibniz. Kant lo entiende más bien como el espacio vacío
        capaz de entregar un soporte cuantitativo a las determinaciones geométricas. Este espacio
        pensable, entonces, coincide con la forma pura de la intuición en la
          <italic>KrV</italic>.<xref ref-type="fn" rid="fn59">59</xref> El <italic>spatium
          perceptibile</italic>, en cambio, <italic>realiza</italic> el espacio vacío, justamente al
        introducir la categoría de <italic>realidad</italic>. Pero, ya que la forma pura del espacio
        posee una estructura totalizante, la realidad no debe entenderse esta vez como la categoría
        responsable del llenado en un objeto particular (<italic>realitas phaenomenon</italic>),
        sino más bien como la <italic>idea</italic> de fuerzas que repletan el espacio
          <italic>total</italic> (<italic>omnitudo realitatis</italic>).<xref ref-type="fn"
          rid="fn60">60</xref> Ahora bien, Kant identifica esta realidad material con la idea del
        éter: “[…] Existe una materia difusa como un <italic>continuum</italic> por el entero
        espacio cósmico, que ocupa activamente todos los cuerpos penetrándolos uniformemente […] y
        que cabe denominar éter, calórico, etc.”<xref ref-type="fn" rid="fn61">61</xref> Y algunas
        páginas más adelante, se añade que “el calórico [o éter] es el espacio perceptible”<xref
          ref-type="fn" rid="fn62">62</xref>. De este modo, se puede advertir la asimilación del
        espacio perceptible al éter. Pero, más allá de estos evidentes vínculos de significación,
        Kant nunca se aparta del concepto filosófico de <italic>experiencia</italic>. La diferencia
        específica con la <italic>KrV</italic>, sin embargo, consiste en que allí se trata de la
        posibilidad de una experiencia <italic>formal</italic>. El <italic>Opus postumum</italic>,
        en cambio, pretende fundamentar la posibilidad de una experiencia <italic>material</italic>.
        Si comparamos el núcleo central de ambos escritos, por ejemplo, podría afirmarse que
        mientras la <italic>Deducción Trascendental</italic> arranca desde una afección abstracta
        (es decir, desde una cosa en sí indeterminada) hacia el engranaje interno del sujeto
        trascendental; la <italic>Ätherdeduktion</italic> se despliega en dirección contraria, esto
        es, desde la afección sensible hacia el fundamento último de la exterioridad. Por tanto, lo
        que en la <italic>KrV</italic> se mantenía aún bajo la incógnita del objeto trascendental =
          <italic>X</italic>, adquiere esta vez la forma de una deducción del éter.<xref
          ref-type="fn" rid="fn63">63</xref></p>
  <p>Lo anterior nos permite vislumbrar el estatuto ontológico del éter. Ya en
          <italic>Übergang</italic> 2 Kant afirma lo siguiente: “La cuestión es, ahora, si habrá que
        admitir tal materia no solamente como <italic>estofa hipotética</italic> para explicar
        ciertos fenómenos, sino también como una estofa cósmica real <italic>dada</italic> a priori
        por la razón con valor de Principio de posibilidad de la experiencia del sistema de las
        fuerzas motrices”<xref ref-type="fn" rid="fn64">64</xref>. Esta convicción acerca de la
        condición ontológica del éter, adelanta su procedencia racional: se trata de un objeto
          (<italic>Objekt</italic>) real, pero dado a la razón en favor de la percepción <italic>en
          general</italic>; y no de un objeto (<italic>Gegenstand</italic>) empírico dado en la
        percepción <italic>directa</italic>. En palabras de Kant: “Fácilmente se ve que una
        existencia de una tal estofa no puede probarse empíricamente como si se tratara de un objeto
        de la experiencia <italic>derivado</italic> de esta, sino que deberá ser postulado como
        objeto de experiencia <italic>posible</italic>”<xref ref-type="fn" rid="fn65">65</xref>. Si
        admitimos la función totalizante del éter, no podremos encontrar su origen conceptual ni en
        los sentidos ni el entendimiento, sino únicamente en la razón. En relación a la estructura
          <italic>ideal</italic> del éter, Kant vuelve a localizar su origen en la facultad
        racional: “De una tal estofa primordial uniforme, que permea todos los espacios,
        justificable sólo por la razón […] cabe postular su facticidad con anterioridad a la
        experiencia, o sea, a priori y en favor de la experiencia posible”<xref ref-type="fn"
          rid="fn66">66</xref>. En esta dirección, el contexto filosófico de la
          <italic>Ätherdeduktion</italic> exige depurar cualquier signo empírico en los postulados.
        Es así como comienza a disiparse la caracterización hipotética del éter. Prueba de la
        importancia que Kant le adjudicó a este problema es que, las últimas páginas de los
        fragmentos <italic>Übergang</italic> 2, llevan el siguiente título:</p>
  <disp-quote>
    <p>De una materia omnipenetrante que ocupa activamente el entero
    espacio cósmico como estofa dada a priori, no hipotéticamente, para
    el sistema del mundo<xref ref-type="fn" rid="fn67">67</xref></p>
  </disp-quote>
  <p>Casi al inicio de aquella sección pueden encontrarse observaciones útiles para distinguir un
        postulado de una hipótesis física. Kant sostiene allí, que esta “estofa primordial forma
        parte de la Transición de los pr[incipios] metaf[ísicos] de la [ciencia natural] a la
        física; [y] no es fingida hipotéticamente para explicar los fenómenos, sino que se trata de
        una estofa demostrable categóricamente a priori”<xref ref-type="fn" rid="fn68">68</xref>. De
        acuerdo a esto, las entidades hipotéticas poseen una condición <italic>fingida</italic>
        (Newton), o bien inventada (<italic>erdichtet</italic>), la cual sirve para explicar
        fenómenos empíricamente determinados. Si tomamos al éter como hipótesis, su función no
        consiste en una justificación de las apariencias en general, sino que se limita a
        proporcionar cierta dirección específica a la experimentación de la materia. A diferencia de
        un postulado trascendental, las hipótesis brindan instrumentos de interrogación de la
        naturaleza y no una fundamentación de la misma. A partir de los fragmentos
          <italic>Übergang</italic> 9-11, Kant demuestra gran preocupación por esta diferencia:</p>
  <disp-quote>
    <p>[E]n la Transición de los pr. metaf. de la c. n. a la física hay un problema inevitable […]:
          si ella [<italic>estofa</italic> omnidifusa], en cuanto mera <italic>estofa
            hipotética</italic>, sea admitida por los físicos solamente para explicar ciertos
          fenómenos, o si deba ser establecida <italic>categóricamente</italic> como postulado. Esta
          cuestión es de la mayor importancia para la ciencia natural en cuanto sistema<xref
            ref-type="fn" rid="fn69">69</xref>.</p>
  </disp-quote>
  <p>Se abre con esto el siguiente dilema: la estofa omnidifusa (éter) debe admitirse; o bien como
        hipótesis, o bien como postulado. Hasta este momento, Kant no ha desechado la función
        hipotética del éter, sino que la ha conferido al dominio de un <italic>Sistema Elemental de
          las Fuerzas Motrices</italic>.<xref ref-type="fn" rid="fn70">70</xref> Esto quiere decir
        que, después de todo, el éter podría ser tomado como una hipótesis. Pero, en tal caso, se
        trataría de una construcción inventada a partir de la matriz intelectiva de la experiencia;
        por lo que deberá limitarse a la condición parcial de un <italic>objeto posible</italic>. Si
        esto es así, toda función hipotética tiene que renunciar a la pretensión de llenar un
        espacio total, pues sólo así es posible una retroalimentación progresiva en la contrastación
        empírica. Es por este motivo que las hipótesis pueden adoptar un punto de vista directo
        respecto a la percepción. Las representaciones heurísticas de la metafísica, en cambio, son
        del todo incontrastables en la experiencia. Esto se debe a que, a diferencia de una física
        descriptiva, la filosofía trascendental no se vale de la experimentación empírica para
        modelar sus principios, sino que los establece de acuerdo a experimentos de la razón.<xref
          ref-type="fn" rid="fn71">71</xref> Tan pronto aceptamos estas diferencias, debemos someter
        la existencia del éter a un doble punto de vista. En esta dirección, se afirma en
          <italic>Übergang</italic> 7:</p>
  <disp-quote>
    <p>[U]na estofa cósmica omnipenetrante […] considerada DIRECTAMENTE, no es más que una
            <italic>estofa hipotética</italic> (como aquélla a la que se da el nombre de calórico)
          […]: Pero INDIRECTAMENTE tiene valor de Principio formal de posibilidad del todo de la
          experiencia en general<xref ref-type="fn" rid="fn72">72</xref>.</p>
  </disp-quote>
  <p>Frente a los comentaristas que, en base a la imposibilidad de demostrar la existencia del éter,
        sentencian el fracaso de la <italic>Ätherdeduktion</italic>;<xref ref-type="fn" rid="fn73"
          >73</xref> podemos ver que se trata allí de la existencia indirecta de un objeto
          (<italic>Objekt</italic>) para la fundamentación de la experiencia material. Esto
        significa que, desde ahora, el status del éter no coincide con el de una mera
          <italic>hipótesis</italic> inventada, sino con el de una <italic>hipóstasis</italic>
        autorizada: “hay que fundar esta proposición a priori sobre conceptos, <italic>sin
          hipótesis</italic>. No sólo la legitimidad, sino incluso la necesidad de postular dicha
        estofa omnidifusa tiene su fundamento en el concepto de ésta como espacio pensado
          <italic>hipostáticamente</italic>”<xref ref-type="fn" rid="fn74">74</xref>. Cuando
        desconocemos estos importantes matices, podemos incurrir en lo que A. N. Whitehead denomina
          <italic>fallacy of misplaced concretness</italic>;<xref ref-type="fn" rid="fn75">75</xref>
        es decir, en una suerte de reificación de principios dispuestos para la configuración
        general de la experiencia. Con el fin de evitar semejantes equívocos, entonces, Kant invoca
        una hipostatización <italic>legítima</italic> del espacio. Sólo así es posible dar sentido a
        la demostración aparentemente escandalosa acerca de la existencia del éter: se trata del
        postulado trascendental de la <italic>existencia en general</italic>, y no de una hipótesis
        física. En otras palabras, debemos comprender la <italic>existencia</italic>, no como
        presencia posible o actual de un objeto en particular, sino como el correlato necesario a la
          <italic>no-existencia</italic> del espacio vacío (<italic>KrV</italic>). Este correlato,
        esta existencia en general, no es otra cosa que el espacio lleno en su totalidad
          (<italic>omnitudo realitatis</italic>). Por tanto, la <italic>Ätherdeduktion</italic>
        introduce la existencia indirecta del éter en la idea de una experiencia
          <italic>material</italic>, de tal modo que la noción de una experiencia meramente
          <italic>formal</italic> se vea reducida al absurdo.</p>
  <p>Las explicaciones anteriores nos aproximan al final de la <italic>Ätherdeduktion</italic>, y
        anticipan el tipo de existencia que allí se demuestra. Como dijimos, se hace necesario
        integrar la afección material como componente decisivo para el concepto de
          <italic>experiencia</italic>. Con ello deberá desplegarse toda la proyección dinámica del
        espacio que, por razones metodológicas, había sido ignorada tanto en la <italic>KrV</italic>
        como en los <italic>MAdN</italic>. La demostración asume entonces la forma de una
          <italic>refutación de la posibilidad de la experiencia en el vacío</italic>. El binomio
          <italic>percepción-materia</italic> suministra el elemento clave precisamente porque
        involucra la existencia indirecta del éter. Según creemos, la versión argumentativa más
        compacta de la <italic>Ätherdeduktion</italic> se encuentra en los fragmentos
          <italic>Übergang</italic> 2.<xref ref-type="fn" rid="fn76">76</xref> Debe advertirse, sin
        embargo, que la premisa del espacio lleno sólo se ve allí implícita en el concepto de
          <italic>fuerzas motrices</italic>. Teniendo esto en cuenta, podemos esquematizar el
        argumento así: 1. Dado que no podemos <italic>percibir</italic> la
          <italic>no-existencia</italic>, la experiencia del espacio vacío es impensable: “No hay
        experiencia del espacio vacío ni inferencia que nos lleve a su objeto”. 2. “Para ser
        informado de la existencia de una materia necesito que ésta ejerza influencia sobre mis
        sentidos”: Sólo mediante la percepción (afección material), cuya causa la encontramos en el
        llenado gradual del espacio mediante las <italic>fuerzas motrices</italic>, podemos
        constatar la existencia de la materia. 3. “La proposición ‘hay cuerpos físicos’ presupone
        esta otra: ‘hay materia cuyas fuerzas motrices y movimiento preceden en el tiempo a la
        producción de un cuerpo’”: La sustancia fenoménica presupone un sustrato de <italic>fuerzas
          motrices</italic> que llenan el espacio en su totalidad (<italic>primacía ontológica de la
          fuerza sobre la sustancia</italic>). 4. “Debe existir pues una materia [trascendental] que
        constituya para sí un todo cósmico autosubsistente y que al moverse internamente a sí misma
        mueva a todo lo demás, sirviendo de base a toda otra materia móvil, y formando para sí misma
        un todo cósmico a partir de una estofa que se limita a designar la existencia de una
        materia”. 5. De acuerdo a esto, se puede concluir que, “las [intuiciones]<xref ref-type="fn"
          rid="fn77">77</xref> en el espacio y el tiempo son solamente formas, y sin algo que las
        hiciera de algún modo cognoscibles para los sentidos, no ofrecerían ningún Objeto
          [<italic>Objekt</italic>] real que hiciera posible una existencia en general […]. Por
        consiguiente, esta estofa, fundamento a priori de toda experiencia posible en general, no
        puede ser considerada como meramente <italic>hipotética</italic>, sino como estofa cósmica
        motriz dada originariamente”.</p>
  <p>A partir de los fragmentos <italic>Übergang</italic> 1-14 (1799), no es posible encontrar
        pasaje alguno del <italic>Opus postumum</italic> que refiera a una hipótesis fingida acerca
        de un éter físico. El curso argumentativo de Kant nos muestra una suerte de apropiación del
        éter desde el sujeto trascendental, apropiación mediante la cual se fundamenta la
        experiencia tanto en su complexión intensiva como en su estructura sistemática. Podría
        pensarse que este renovado dinamicismo establece las condiciones de posibilidad para una
        física de campo. Efectivamente, Kant ha desarrollado un concepto de
          <italic>experiencia</italic> en el cual la fuerza precede como fundamento a cualquier
        constitución sustancial. Sin embargo, la conexión con una física de campo podría resultar
        aventurada, por lo que una cuestión como ésta sólo podrán resolverla autoridades competentes
        en la materia.</p>
</sec>
<sec id="conclusión">
  <title>5. Conclusión</title>
  <p>Con lo anterior creemos haber aclarado el contexto en el cual Kant descubre y desarrolla la
        dimensión filosófica de la dinámica. La interpretación ofrecida tuvo que dar cuenta de la
        situación descrita al comienzo, según la cual el problema del espacio vacío exige la
        transición hacia una <italic>primacía ontológica de la fuerza</italic>. Esta transición
        evoluciona a través de un argumento unitario, el cual recorre las tres etapas más
        importantes del pensamiento teórico de Kant.</p>
  <p>La primera fase del argumento sitúa el concepto ontológico de <italic>fuerza</italic> en el
        horizonte de un racionalismo pre-crítico, articulando una síntesis defectuosa entre
        apariencia geométrica de los cuerpos y realidad metafísica de la fuerza. El éter, cuya
        elasticidad se funda en dicha fuerza, surge como una forma de hipótesis híbrida para
        explicar el contacto de objetos a distancia. En una segunda fase, Kant procura superar esta
        discontinuidad introduciendo el criterio de las <italic>Anticipaciones de la
          Percepción</italic>: las magnitudes intensivas. Con esto se ha conseguido inmanentizar las
        fuerzas que llenan el espacio. Sin embargo, se produce ahora una nueva interferencia, dado
        que, al retomar de cierto modo los razonamientos de la <italic>Monadologia Physica</italic>,
        Kant intenta resolver los problemas de la mecánica newtoniana sobre el trasfondo conceptual
        de una dinámica. A esto se agrega la dificultad de haber reproducido el círculo entre
        sustancia y fuerza que se arrastraba, al menos, desde la <italic>KrV</italic>. Pero a partir
        de esta discusión, Kant se dirige hacia una confrontación con el atomismo. Esta nueva
        perspectiva conlleva el desplazamiento de la noción de <italic>éter</italic> hacia un
        terreno de consideración puramente filosófica. Es así como, en la etapa final del argumento,
        Kant advierte que los principios matemáticos no pueden fundamentar una filosofía natural en
        toda su integridad material, pues dicha pretensión acarrea las consecuencias atomistas que
        se derivan de la mecánica. Por estas razones, Kant abandona la hipótesis física del éter. En
        su lugar, ha propuesto una hipóstasis autorizada para la nueva configuración del concepto de
          <italic>experiencia</italic>. Desde luego, el espacio vacío no tiene aquí lugar alguno más
        allá de un <italic>quantum</italic> general de la sensibilidad. Es de esta forma como el
        éter adquiere la condición de un postulado funcional tanto al contenido como a la unidad de
        la experiencia. Es la estructura totalizante del éter, la de un <italic>Ideal
          Trascendental</italic>, lo que finalmente pone término a toda la especulación kantiana
        sobre un éter físico. Si esto es así, el argumento aquí presentado puede ofrecer un ejemplo
        concreto, de cómo la reflexión filosófica permite deshacerse de conceptos espurios.</p>
</sec>
</body>
<back>
<fn-group>
  <fn id="fn1">
    <label>1</label><p>Cf. R. Torretti, Getting rid of the Ether., p.
    353 s.</p>
  </fn>
  <fn id="fn2">
    <label>2</label><p>Quien desee acceder a un análisis detallado,
    tanto de las interacciones de Kant con la ciencia de su época, como
    de su teoría de la materia, podrá consultar con gran provecho la
    completa exposición de E. Adickes, en su clásico <italic>Kant als
    Naturforscher</italic> (dos tomos).</p>
  </fn>
  <fn id="fn3">
    <label>3</label><p>De aquí en adelante empleamos la abreviación estándar de la obra en lengua alemana:
            <italic>MAdN</italic>. Lo mismo se hará respecto a la <italic>Crítica de la Razón
            Pura</italic>, cuya abreviación estándar es la de <italic>KrV</italic>. El resto de las
          obras de Kant se citará según la <italic>Akademieausgabe</italic> (Ak.), indicando título,
          volumen y página.</p>
  </fn>
  <fn id="fn4">
    <label>4</label><p>En la investigación sobre la filosofía teórica de Kant, el vínculo argumentativo entre la
            <italic>Monadologia Physica</italic> y el <italic>Opus postumum</italic> se ha hecho
          evidente desde hace ya varias décadas. N. Hinske señala, por ejemplo, que “[en el Opus
          postumum] Kant vuelve una vez más, aunque de forma modificada, sobre ciertas interrogantes
          de la Monadología Física”. N. Hinske, Zu den Übersetzungen., p. 564/III. Cf. F. Kaulbach,
          Leibbewußtsein und Welterfahrung., p. 468, J. Vuillemin, <italic>Physique et Métaphysique
            Kantiennes</italic>, p. 121, W. Ritzel, Die Stellung des Opus postumum., p. 116, B.
          Tuschling, <italic>Metaphysische und transzendentale Dynamik</italic>., p. 118, M.
          Friedman, <italic>Kant and the Exact Sciences</italic>, p. 235, y E. Förster,
            <italic>Kant’s Final Synthesis</italic>, p. 63 s.</p>
  </fn>
  <fn id="fn5">
    <label>5</label><p>I. Kant, <italic>La Monadología Física</italic>, p. 175. Empleamos aquí la traducción de R.
          Torretti indicada en la bibliografía. El resto de las traducciones pertenece a nuestra
          autoría, a menos que se indique en nota a pie de página.</p>
  </fn>
  <fn id="fn6">
    <label>6</label><p>Cf. I. Kant, <italic>Ibid.</italic>, p. 176.</p>
  </fn>
  <fn id="fn7">
    <label>7</label><p>I. Kant, <italic>Ibid.</italic>, p. 177.</p>
  </fn>
  <fn id="fn8">
    <label>8</label><p>I. Kant, <italic>Ibid</italic>., p. 180.</p>
  </fn>
  <fn id="fn9">
    <label>9</label><p>Esta concepción representa la posición cartesiana por excelencia. En una de sus formulaciones más
          elocuentes al respecto, Descartes afirma que “mi física no es otra cosa que geometría”.
          Cf. R. Descartes, Carta al P. Mersenne, en <italic>Œuvres de Descartes</italic>, A.T., II,
          p. 268.</p>
  </fn>
  <fn id="fn10">
    <label>10</label><p>Esta es una de las razones que explican por qué Leibniz define a las mónadas como “los verdaderos
          átomos de la naturaleza”, añadiendo que “las mónadas no tienen ventanas, por las cuales
          alguna cosa pueda entrar o salir [de ellas]”. G. W. Leibniz, <italic>Monadologie</italic>,
          3 y 7, pp. 438 y 440.</p>
  </fn>
  <fn id="fn11">
    <label>11</label><p>I. Kant, <italic>La Monadología Física</italic>,
    p. 183.</p>
  </fn>
  <fn id="fn12">
    <label>12</label><p>I. Kant, <italic>Ibid</italic>., p. 184.</p>
  </fn>
  <fn id="fn13">
    <label>13</label><p>I. Kant, <italic>Ibid</italic>., p. 187.</p>
  </fn>
  <fn id="fn14">
    <label>14</label><p>Cf. I. Newton, <italic>Opticks</italic>, III,
    Query 28, p. 342 s.</p>
  </fn>
  <fn id="fn15">
    <label>15</label><p>Un año antes de la publicación de la <italic>Monadologia Physica</italic>, en su escrito sobre la
            <italic>Historia Natural.</italic>, Kant presupone la existencia de una <italic>materia
            débil</italic> (<italic>unvermögende Materie</italic>) que pueda llenar el espacio y que
          al mismo tiempo no impida el movimiento de los cuerpos. Cf. I. Kant, <italic>Allgemeine
            Naturgeschichte</italic>., Ak. I, p. 262, nota 1.</p>
  </fn>
  <fn id="fn16">
    <label>16</label><p>I. Kant, <italic>La Monadología Física</italic>,
    p. 190.</p>
  </fn>
  <fn id="fn17">
    <label>17</label><p>I. Kant, <italic>Ibid</italic>., p. 190.</p>
  </fn>
  <fn id="fn18">
    <label>18</label><p>Cf. J. Vuillemin, <italic>Physique et
    Métaphysique Kantiennes</italic>, p. 134.</p>
  </fn>
  <fn id="fn19">
    <label>19</label><p>Cf. I. Kant, <italic>KrV</italic>, A 166 ss.</p>
  </fn>
  <fn id="fn20">
    <label>20</label><p>Cf. I. Kant, <italic>MAdN</italic>, Ak. IV, p.
    476.</p>
  </fn>
  <fn id="fn21">
    <label>21</label><p>I. Kant, <italic>Ibid</italic>., Ak. IV, p.
    496.</p>
  </fn>
  <fn id="fn22">
    <label>22</label><p>Al respecto, véase K. Pollok, <italic>Kants Metaphysische Anfangsgründe</italic>., p. 268, quien
          sostiene que “Kant también somete a fallo su propia <italic>Monadologia
          Physica</italic>“.</p>
  </fn>
  <fn id="fn23">
    <label>23</label><p>I. Kant, MAdN, Ak. IV, p. 503.</p>
  </fn>
  <fn id="fn24">
    <label>24</label><p>Cf. I. Kant, Ibid., Ak. IV. p. 507: “pues no es
    la cosa, sino sólo la representación de la misma, lo que puede
    continuar su división hasta el infinito, y en el objeto (que es en
    sí mismo desconocido), [tal división] tampoco puede completarse, y
    por consiguiente nunca puede darse como completamente acabada.”</p>
  </fn>
  <fn id="fn25">
    <label>25</label><p>Cf. G. W. Leibniz, Monadologie, 3, p. 438, en
    donde se afirma que las mónadas carecen de extensión, y otros
    atributos propios de los fenómenos naturales. Una explicación más
    detallada sobre el status puramente inteligible de las mónadas, se
    encuentra en G. W. Leibniz, Nouveaux Essais., III, 3, p. 282. El
    propio Kant admite que estos malentendidos provienen de su
    interpretación equivocada de la Monadologie: “La razón de este error
    se basa en una falsa interpretación de la Monadología, la cual por
    ningún motivo pertenece a la explicación de los fenómenos de la
    naturaleza, sino que es un concepto platónico del mundo llevado a
    cabo por Leibniz”. I. Kant, MAdN, Ak. IV, p. 507.</p>
  </fn>
  <fn id="fn26">
    <label>26</label><p>I. Kant, Ibid., Ak. IV, p. 512.</p>
  </fn>
  <fn id="fn27">
    <label>27</label><p>I. Kant, Ibid., Ak. IV, p. 513.</p>
  </fn>
  <fn id="fn28">
    <label>28</label><p>I. Kant, <italic>Ibid</italic>., Ak. IV, p.
    512.</p>
  </fn>
  <fn id="fn29">
    <label>29</label><p>I. Kant, <italic>Ibid</italic>., Ak. IV, p.
    513.</p>
  </fn>
  <fn id="fn30">
    <label>30</label><p>I. Kant, <italic>Ibid</italic>., Ak. IV, p.
    514.</p>
  </fn>
  <fn id="fn31">
    <label>31</label><p>Cf. K. Pollok, <italic>Kants Metaphysische
    Anfangsgründe</italic>., p. 309.</p>
  </fn>
  <fn id="fn32">
    <label>32</label><p>Cf. I. Newton, <italic>Principia
    Mathematica</italic>., III, Schol. Gen., p. 530, y
    <italic>Opticks</italic>, III, Query 31, p. 359.</p>
  </fn>
  <fn id="fn33">
    <label>33</label><p>Véase la carta de Newton a Bentley citada por L.
    Bloch, en <italic>La Philosophie de Newton</italic>, p. 631.</p>
  </fn>
  <fn id="fn34">
    <label>34</label><p>Cf. J. C. Maxwell, Ether, p. 571.</p>
  </fn>
  <fn id="fn35">
    <label>35</label><p>Cf. L. Bloch, <italic>La Philosophie de
    Newton</italic>, p. 633.</p>
  </fn>
  <fn id="fn36">
    <label>36</label><p>I. Kant, <italic>MAdN</italic>, Ak. IV, p.
    515.</p>
  </fn>
  <fn id="fn37">
    <label>37</label><p>Cf. I. Kant, <italic>KrV</italic>, A 176 ss.</p>
  </fn>
  <fn id="fn38">
    <label>38</label><p>Cf. M. Friedman, <italic>Kant and the Exact
    Sciences</italic>, p. 360.</p>
  </fn>
  <fn id="fn39">
    <label>39</label><p>Cf. I. Kant, <italic>MAdN</italic>, Ak. IV, p.
    502.</p>
  </fn>
  <fn id="fn40">
    <label>40</label><p>Cf. I. Kant, <italic>KrV</italic>, A 204.</p>
  </fn>
  <fn id="fn41">
    <label>41</label><p>Es el mismo Kant quien nos advierte sobre los límites de la <italic>KrV</italic> respecto de
          estas nociones: “Como no quiero complicar mi proyecto crítico, el cual únicamente se
          refiere a las fuentes del conocimiento sintético <italic>a priori</italic> […], dejo para
          un futuro sistema de la razón pura la exposición detallada de [los conceptos de
            <italic>acción</italic> y <italic>fuerza</italic>].” I. Kant, <italic>KrV</italic>, A
          204.</p>
  </fn>
  <fn id="fn42">
    <label>42</label><p>Podemos reproducir aquí un importante fragmento de una carta de Kant dirigida a su discípulo J.
          S. Beck, con fecha 16 de octubre de 1792: “En cuanto a su perspicacia sobre la importancia
          de la cuestión física: en lo que concierne a la diferencia de densidad de la materia, en
          la que hay que poder pensar si se suprimen todos los intersticios vacíos como razones de
          la misma, me alegra mucho; pues muy pocos parecen comprender bien incluso la misma
          pregunta. Probablemente, yo pondría el modo de resolver este problema en esto: que la
          atracción (la general, newtoniana) es originariamente la misma en toda la materia y que
          sólo la repulsión de la materia distinta sería diferente, y constituiría así la diferencia
          específica en la densidad de la misma. Pero esto conduce en cierta medida a un círculo del
          que no puedo escapar [<italic>auf einen Cirkel aus dem ich nicht herauskommen
          kan</italic>] y sobre el que todavía debo intentar comprenderlo mejor”. I. Kant,
            <italic>Briefwechsel</italic>, Ak. XI, p. 376 s.</p>
  </fn>
  <fn id="fn43">
    <label>43</label><p>I. Kant, <italic>MAdN</italic>, Ak. IV, p.
    520.</p>
  </fn>
  <fn id="fn44">
    <label>44</label><p>I. Kant, <italic>Ibid</italic>., Ak. IV, p.
    534.</p>
  </fn>
  <fn id="fn45">
    <label>45</label><p>Al final de los <italic>MAdN</italic>, en la <italic>Observación General de la
            Fenomenología</italic>, Kant se acerca con mayor decisión a una reflexión puramente
          filosófica sobre el éter, precisamente al considerar el carácter meramente ideal del
          espacio absoluto. Cf. I. Kant, <italic>MAdN</italic>, Ak. IV, p. 558 ss.</p>
  </fn>
  <fn id="fn46">
    <label>46</label><p>Cf. J. Vuillemin, <italic>Physique et
    Métaphysique Kantiennes</italic>, p. 192.</p>
  </fn>
  <fn id="fn47">
    <label>47</label><p>Cf. R. Torretti, <italic>Manuel Kant</italic>,
    p. 447 ss.</p>
  </fn>
  <fn id="fn48">
    <label>48</label><p>I. Kant, <italic>MAdN</italic>, Ak. IV, p. 541
    (citado por R. Torretti, <italic>Ibid</italic>., p. 451).</p>
  </fn>
  <fn id="fn49">
    <label>49</label><p>Cf. I. Kant, <italic>KrV</italic>, A 179 (citado
    por R. Torretti, <italic>Ibid</italic>., p. 451).</p>
  </fn>
  <fn id="fn50">
    <label>50</label><p>Cf. I. Kant, <italic>KrV</italic>, A 664.</p>
  </fn>
  <fn id="fn51">
    <label>51</label><p>Cf. I. Kant, <italic>KrV</italic>, A 140.</p>
  </fn>
  <fn id="fn52">
    <label>52</label><p>Cf. I. Kant, <italic>KrV</italic>, A 266.</p>
  </fn>
  <fn id="fn53">
    <label>53</label><p>Sobre la función constitutivo-regulativa del
    postulado del éter, puede consultarse nuestro estudio <italic>Kants
    Theorie der Selbstsetzung</italic>, p. 336 ss.</p>
  </fn>
  <fn id="fn54">
    <label>54</label><p>Cf. I. Kant, <italic>Opus postumum</italic>, p. 208 ss. Empleamos aquí la óptima traducción y
          edición castellana de F. Duque, apuntada en la bibliografía. Según el traductor de la
          obra, la redacción de estos fragmentos corresponde a los meses de mayo y junio de 1799.
          Cf. notas de F. Duque, en I. Kant, <italic>Opus postumum</italic>, p. 207.</p>
  </fn>
  <fn id="fn55">
    <label>55</label><p>I. Kant, <italic>Ibid</italic>., p. 209.</p>
  </fn>
  <fn id="fn56">
    <label>56</label><p>Por la terminología aquí empleada, se puede inferir que Kant tiene en mente el argumento atomista
          tal y como ha sido esgrimido desde sus orígenes. Así, por ejemplo, Kant señala que “la
          diferencia de la materia […] no puede ser explicada <italic>atomísticamente</italic> (con
          Epicuro)”. I. Kant, <italic>Opus postumum</italic>, p. 218. Pocas líneas más abajo, se
          dice que “no es posible percibir la no existencia”. Y en la página siguiente se añade que
          “[e]s imposible pasar de lo lleno, <italic>a través de lo vacío</italic>, a lo lleno como
          experiencia. Pues ello implicaría una percepción del no ser como Objeto presente a los
          sentidos”. I. Kant, <italic>Ibid</italic>., p. 219. Es sabido que Demócrito consideraba al
          espacio vacío en el que se mueven los átomos como un “no-ser” (μὴ ὄν), es decir, como una
            <italic>no-existencia</italic>. Cf. Aristóteles, <italic>Metaphysica</italic>, I, 985 b.
          En definitiva, es la convivencia entre el ser de los átomos y el no-ser del espacio vacío,
          lo que la hipótesis atomista no puede explicar. Véase también, I. Kant,
            <italic>KrV</italic>, A 39 s.</p>
  </fn>
  <fn id="fn57">
    <label>57</label><p>El estrecho vínculo funcional entre la materia
    trascendental y el éter, ha sido sugerido tanto por V. Mathieu (cf.
    <italic>Kants Opus postumum</italic>, pp. 54 y 118) como por F.
    Duque (en I. Kant, <italic>Opus postumum</italic>, p. 207). Para un
    examen más detallado de los nexos entre ambos conceptos, véase
    nuestro estudio <italic>Kants Theorie der
    Selbstsetzung</italic>.</p>
  </fn>
  <fn id="fn58">
    <label>58</label><p>I. Kant, <italic>Opus postumum</italic>, p.
    227.</p>
  </fn>
  <fn id="fn59">
    <label>59</label><p>Kant define el espacio, en cuanto forma pura de la intuición, como “magnitud infinita
            <italic>dada</italic>” (I. Kant, <italic>KrV</italic>, A 25). Se trata evidentemente de
          una multiplicidad dada <italic>a priori</italic> a la sensibilidad pura, y no <italic>a
            posteriori</italic> a la experiencia perceptiva. Kant no varía su opinión al respecto en
          el <italic>Opus postumum</italic>. En efecto, se describe allí el espacio pensable, no
          como mero concepto, sino como intuición pura (<italic>intuitus</italic>), la cual
          proporciona un <italic>quantum</italic> infinito dado: “El espacio es un
            <italic>quantum</italic> que debe ser representado como parte siempre de un
            <italic>quantum</italic> aún mayor; por tanto, como infinito dado”. I. Kant,
            <italic>Opus postumum</italic>, p. 499.</p>
  </fn>
  <fn id="fn60">
    <label>60</label><p>Cf. I. Kant, <italic>KrV</italic>, A 576.</p>
  </fn>
  <fn id="fn61">
    <label>61</label><p>I. Kant, <italic>Opus postumum</italic>, p.
    218.</p>
  </fn>
  <fn id="fn62">
    <label>62</label><p>I. Kant, <italic>Ibid</italic>., p. 223.</p>
  </fn>
  <fn id="fn63">
    <label>63</label><p>En este sentido, se ha señalado con toda razón que en el <italic>Opus postumum</italic>, con la
          materia en cuanto sistema de fuerzas motrices, “se asoma la solución final del problema de
          la cosa-en-sí”. Cf. W. Ritzel, Die Stellung des Opus postumum., p. 120.</p>
  </fn>
  <fn id="fn64">
    <label>64</label><p>I. Kant, <italic>Opus postumum</italic>, p.
    216.</p>
  </fn>
  <fn id="fn65">
    <label>65</label><p>I. Kant, <italic>Ibid</italic>., p. 243.</p>
  </fn>
  <fn id="fn66">
    <label>66</label><p>I. Kant, <italic>Ibid</italic>., p. 219.</p>
  </fn>
  <fn id="fn67">
    <label>67</label><p>I. Kant, <italic>Ibid</italic>., p. 221.</p>
  </fn>
  <fn id="fn68">
    <label>68</label><p>I. Kant, <italic>Ibid</italic>., p. 222.</p>
  </fn>
  <fn id="fn69">
    <label>69</label><p>I. Kant, <italic>Ibid</italic>., p. 241.</p>
  </fn>
  <fn id="fn70">
    <label>70</label><p>Cf. I. Kant, <italic>Ibid</italic>., p. 186
    ss.</p>
  </fn>
  <fn id="fn71">
    <label>71</label><p>A este respecto puede verse I. Kant,
    <italic>KrV</italic>, B XXI n., en donde se describe la reflexión
    trascendental como un <italic>experimento de la razón pura</italic>,
    mediante analogía con lo que, según Kant, los químicos denominan
    <italic>ensayo de reducción</italic>.</p>
  </fn>
  <fn id="fn72">
    <label>72</label><p>I. Kant, <italic>Opus postumum</italic>, p.
    231.</p>
  </fn>
  <fn id="fn73">
    <label>73</label><p>Cf. E. Adickes, <italic>Kants Opus
    postumum</italic>., p. 376 ss., H. Hoppe, <italic>Kants Theorie der
    Physik</italic>, p. 108, B. Tuschling, <italic>Metaphysische und
    transzendentale Dynamik</italic>., p. 175, y M. Friedman,
    <italic>Kant and the Exact Sciences</italic>, p. 328.</p>
  </fn>
  <fn id="fn74">
    <label>74</label><p>I. Kant, <italic>Opus postumum</italic>, p. 220
    s.</p>
  </fn>
  <fn id="fn75">
    <label>75</label><p>Cf. A. N. Whitehead, <italic>Process and
    Reality</italic>, p. 11.</p>
  </fn>
  <fn id="fn76">
    <label>76</label><p>Cf. I. Kant, <italic>Opus postumum</italic>, p.
    216 ss.</p>
  </fn>
  <fn id="fn77">
    <label>77</label><p>Lapsus dactilográfico en la traducción de F. Duque, que dice “instituciones” donde debería decir
          “intuiciones” (<italic>Anschauungen</italic>), en I. Kant, <italic>Ibid</italic>., p.
          217.</p>
  </fn>
</fn-group>
  
  <ref-list>
    <ref id="ref1">
      <element-citation publication-type="book">
        <person-group person-group-type="author">
          <name>
            <surname>Adickes</surname>
            <given-names>Erich</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <source>Kants Opus postumum dargestellt und beurteilt</source>
        <publisher-loc>Berlin</publisher-loc>
        <publisher-name>Verlag von Reuther &amp; Reichard</publisher-name>
        <year>1920</year>
      </element-citation>
    </ref>
    
    <ref id="ref2">
      <element-citation publication-type="book">
        <person-group person-group-type="author">
          <name>
            <surname>Adickes</surname>
            <given-names>Erich</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <source>Kant als Naturforscher</source>
        <volume>2</volume>
        <publisher-loc>Berlin</publisher-loc>
        <publisher-name>Verlag Walter de Gruyter &amp; Co</publisher-name>
        <year>1924</year>
      </element-citation>
    </ref>
    
    <ref id="ref3">
      <element-citation publication-type="book">
        <person-group person-group-type="author">
          <name>
            <surname>Aristóteles</surname>
          </name>
        </person-group>
        <source>Metaphysica</source>
        <person-group person-group-type="editor">
          <name>
            <surname>Jaeger</surname>
            <given-names>W.</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <publisher-loc>Oxford</publisher-loc>
        <publisher-name>University Press</publisher-name>
        <year>1960</year>
      </element-citation>
    </ref>
    
    <ref id="ref4">
      <element-citation publication-type="book">
        <person-group person-group-type="author">
          <name>
            <surname>Bloch</surname>
            <given-names>Léon</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <source>La Philosophie de Newton</source>
        <publisher-loc>Paris</publisher-loc>
        <publisher-name>Felix Alcan</publisher-name>
        <year>1908</year>
      </element-citation>
    </ref>
    
    <ref id="ref5">
      <element-citation publication-type="book">
        <person-group person-group-type="author">
          <name>
            <surname>Descartes</surname>
            <given-names>René</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <source>Œuvres de Descartes</source>
        <volume>2</volume>
        <person-group person-group-type="editor">
          <name>
            <surname>Adam</surname>
            <given-names>Ch.</given-names>
          </name>
          <name>
            <surname>Tannery</surname>
            <given-names>P.</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <publisher-loc>Paris</publisher-loc>
        <publisher-name>Libraire Philosophique J. Vrin</publisher-name>
        <year>1969</year>
      </element-citation>
    </ref>
    
    <ref id="ref6">
      <element-citation publication-type="book">
        <person-group person-group-type="author">
          <name>
            <surname>Förster</surname>
            <given-names>Eckart</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <source>Kant’s Final Synthesis. An Essay on the Opus postumum</source>
        <publisher-loc>Cambridge</publisher-loc>
        <publisher-name>Cambridge University Press</publisher-name>
        <year>2000</year>
      </element-citation>
    </ref>
    
    <ref id="ref7">
      <element-citation publication-type="book">
        <person-group person-group-type="author">
          <name>
            <surname>Friedman</surname>
            <given-names>Michael</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <source>Kant and the Exact Sciences</source>
        <publisher-loc>Cambridge, Mass.</publisher-loc>
        <publisher-name>Harvard University Press</publisher-name>
        <year>1992</year>
      </element-citation>
    </ref>
    
    <ref id="ref8">
      <element-citation publication-type="book">
        <person-group person-group-type="author">
          <name>
            <surname>Guzmán Grez</surname>
            <given-names>Nicolás</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <source>Kants Theorie der Selbstsetzung. Versuch über die Epigenesis des transzendentalen Subjekts als Form und Materie der Erkenntnis</source>
        <publisher-loc>Würzburg</publisher-loc>
        <publisher-name>Königshausen &amp; Neumann</publisher-name>
        <year>2021</year>
      </element-citation>
    </ref>
    
    <ref id="ref9">
      <element-citation publication-type="chapter">
        <person-group person-group-type="author">
          <name>
            <surname>Hinske</surname>
            <given-names>Norbert</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <chapter-title>Zu den Übersetzungen. B. Monadologia Physica</chapter-title>
        <source>Werke</source>
        <person-group person-group-type="editor">
          <name>
            <surname>Weischedel</surname>
            <given-names>W.</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <publisher-loc>Darmstadt</publisher-loc>
        <publisher-name>Wissenschaftliche Buchgesellschaft</publisher-name>
        <year>1983</year>
        <volume>1</volume>
        <comment>erster Teil</comment>
      </element-citation>
    </ref>
    
    <ref id="ref10">
      <element-citation publication-type="book">
        <person-group person-group-type="author">
          <name>
            <surname>Hoppe</surname>
            <given-names>Hansgeorg</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <source>Kants Theorie der Physik. Eine Untersuchung über das Opus postumum von Kant</source>
        <publisher-loc>Frankfurt am Main</publisher-loc>
        <publisher-name>Vittorio Klostermann</publisher-name>
        <year>1969</year>
      </element-citation>
    </ref>
    
    <ref id="ref11">
      <element-citation publication-type="chapter">
        <person-group person-group-type="author">
          <name>
            <surname>Kant</surname>
            <given-names>Immanuel</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <chapter-title>Allgemeine Naturgeschichte und Theorie des Himmels oder Versuch von der Verfassung und dem mechanischen Ursprunge des ganzen Weltgebäudes, nach Newtonischen Grundsätzen abgehandelt</chapter-title>
        <source>Kants Gesammelte Schriften (Akademieausgabe)</source>
        <volume>1</volume>
        <publisher-loc>Berlin</publisher-loc>
        <publisher-name>Walter de Gruyter</publisher-name>
        <year iso-8601-date="1900">1900 – 1968</year>
      </element-citation>
    </ref>
    
    <ref id="ref12">
      <element-citation publication-type="chapter">
        <person-group person-group-type="author">
          <name>
            <surname>Kant</surname>
            <given-names>Immanuel</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <chapter-title>Metaphysicae cum geometria iunctae usus in philosophia naturali, cuius specimen I. continet monadologiam physicam</chapter-title>
        <source>Kants Gesammelte Schriften (Akademieausgabe)</source>
        <volume>1</volume>
        <publisher-loc>Berlin</publisher-loc>
        <publisher-name>Walter de Gruyter</publisher-name>
        <year iso-8601-date="1900">1900 – 1968</year>
      </element-citation>
    </ref>
    
    <ref id="ref13">
      <element-citation publication-type="chapter">
        <person-group person-group-type="author">
          <name>
            <surname>Kant</surname>
            <given-names>Immanuel</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <chapter-title>Metaphysiche Anfangsgründe der Naturwissenschaft</chapter-title>
        <source>Kants Gesammelte Schriften (Akademieausgabe)</source>
        <volume>4</volume>
        <publisher-loc>Berlin</publisher-loc>
        <publisher-name>Walter de Gruyter</publisher-name>
        <year iso-8601-date="1900">1900 – 1968</year>
      </element-citation>
    </ref>
    
    <ref id="ref14">
      <element-citation publication-type="chapter">
        <person-group person-group-type="author">
          <name>
            <surname>Kant</surname>
            <given-names>Immanuel</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <chapter-title>Briefwechsel</chapter-title>
        <source>Kants Gesammelte Schriften (Akademieausgabe)</source>
        <volume>11</volume>
        <publisher-loc>Berlin</publisher-loc>
        <publisher-name>Walter de Gruyter</publisher-name>
        <year iso-8601-date="1900">1900 – 1968</year>
      </element-citation>
    </ref>
    
    <ref id="ref15">
      <element-citation publication-type="journal">
        <person-group person-group-type="author">
          <name>
            <surname>Kant</surname>
            <given-names>Immanuel</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <article-title>La Monadología Física</article-title>
        <person-group person-group-type="translator">
          <name>
            <surname>Torretti</surname>
            <given-names>R.</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <source>Diálogos</source>
        <volume>32</volume>
        <year>1978</year>
      </element-citation>
    </ref>
    
    <ref id="ref16">
      <element-citation publication-type="book">
        <person-group person-group-type="author">
          <name>
            <surname>Kant</surname>
            <given-names>Immanuel</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <source>Transición de los Principios Metafísicos de la Ciencia Natural a la Física (Opus postumum)</source>
        <person-group person-group-type="editor">
          <name>
            <surname>Duque</surname>
            <given-names>F.</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <person-group person-group-type="translator">
          <name>
            <surname>Duque</surname>
            <given-names>F.</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
        <publisher-name>Editorial Anthropos</publisher-name>
        <year>1991</year>
      </element-citation>
    </ref>
    
    <ref id="ref17">
      <element-citation publication-type="book">
        <person-group person-group-type="author">
          <name>
            <surname>Kant</surname>
            <given-names>Immanuel</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <source>Kritik der reinen Vernunft</source>
        <publisher-loc>Hamburg</publisher-loc>
        <publisher-name>Felix Meiner Verlag</publisher-name>
        <year>1998</year>
      </element-citation>
    </ref>
    
    <ref id="ref18">
      <element-citation publication-type="journal">
        <person-group person-group-type="author">
          <name>
            <surname>Kaulbach</surname>
            <given-names>Friedrich</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <article-title>Leibbewusstsein und Welterfahrung beim frühen und späten Kant</article-title>
        <source>Kant Studien</source>
        <volume>54</volume>
        <year>1953</year>
      </element-citation>
    </ref>
    
    <ref id="ref19">
      <element-citation publication-type="chapter">
        <person-group person-group-type="author">
          <name>
            <surname>Leibniz</surname>
            <given-names>Gottfried Wilhelm</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <chapter-title>Nouveaux Essais sur l’Entendement Humaine</chapter-title>
        <source>Philosophische Schriften</source>
        <person-group person-group-type="editor">
          <name>
            <surname>von Engelhardt</surname>
            <given-names>W.</given-names>
          </name>
          <name>
            <surname>Holz</surname>
            <given-names>H. H.</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <volume>3</volume>
        <issue>2</issue>
        <publisher-loc>Darmstadt</publisher-loc>
        <publisher-name>Wissenschaftliche Buchgesellschaft</publisher-name>
        <year>1965</year>
      </element-citation>
    </ref>
    
    <ref id="ref20">
      <element-citation publication-type="chapter">
        <person-group person-group-type="author">
          <name>
            <surname>Leibniz</surname>
            <given-names>Gottfried Wilhelm</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <chapter-title>Monadologie</chapter-title>
        <source>Philosophische Schriften</source>
        <person-group person-group-type="editor">
          <name>
            <surname>Holz</surname>
            <given-names>H. H.</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <volume>1</volume>
        <publisher-loc>Darmstadt</publisher-loc>
        <publisher-name>Wissenschaftliche Buchgesellschaft</publisher-name>
        <year>1965</year>
      </element-citation>
    </ref>
    
    <ref id="ref21">
      <element-citation publication-type="book">
        <person-group person-group-type="author">
          <name>
            <surname>Mathieu</surname>
            <given-names>Vittorio</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <source>Kants Opus postumum</source>
        <publisher-loc>Frankfurt am Main</publisher-loc>
        <publisher-name>Vittorio Klostermann</publisher-name>
        <year>1989</year>
      </element-citation>
    </ref>
    
    <ref id="ref22">
      <element-citation publication-type="chapter">
        <person-group person-group-type="author">
          <name>
            <surname>Maxwell</surname>
            <given-names>James Clerk</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <chapter-title>Ether</chapter-title>
        <source>Encyclopædia Britannica</source>
        <comment>Ninth Edition</comment>
        <volume>8</volume>
        <publisher-loc>Edinburgh</publisher-loc>
        <publisher-name>Adam and Charles Black</publisher-name>
        <year>1878</year>
      </element-citation>
    </ref>
    
    <ref id="ref23">
      <element-citation publication-type="book">
        <person-group person-group-type="author">
          <name>
            <surname>Newton</surname>
            <given-names>Isaac</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <source>Philosophiae Naturalis Principia Mathematica</source>
        <comment>Editio Tertia</comment>
        <publisher-loc>Londoni</publisher-loc>
        <publisher-name>Apud Guil. &amp; Joh. Innys, Regiae Societatis typographos</publisher-name>
        <year>1726</year>
      </element-citation>
    </ref>
    
    <ref id="ref24">
      <element-citation publication-type="book">
        <person-group person-group-type="author">
          <name>
            <surname>Newton</surname>
            <given-names>Isaac</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <source>Opticks, or A Treatise of the Reflections, Refractions, Inflections &amp; Colours of Light</source>
        <person-group person-group-type="editor">
          <name>
            <surname>Cohen</surname>
            <given-names>B.</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <publisher-loc>New York</publisher-loc>
        <publisher-name>Dover Publications, Inc.</publisher-name>
        <year>1979</year>
      </element-citation>
    </ref>
    
    <ref id="ref25">
      <element-citation publication-type="book">
        <person-group person-group-type="author">
          <name>
            <surname>Pollok</surname>
            <given-names>Konstantin</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <source>Kants »Metaphysische Anfangsgründe der Naturwissenschaft«. Ein kritischer Kommentar</source>
        <publisher-loc>Hamburg</publisher-loc>
        <publisher-name>Felix Meiner Verlag</publisher-name>
        <year>2001</year>
      </element-citation>
    </ref>
    
    <ref id="ref26">
      <element-citation publication-type="journal">
        <person-group person-group-type="author">
          <name>
            <surname>Ritzel</surname>
            <given-names>Wolfgang</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <article-title>Die Stellung des Opus postumum in Kants Gesamtwerk</article-title>
        <source>Kant Studien</source>
        <volume>61</volume>
        <year>1970</year>
      </element-citation>
    </ref>
    
    <ref id="ref27">
      <element-citation publication-type="book">
        <person-group person-group-type="author">
          <name>
            <surname>Torretti</surname>
            <given-names>Roberto</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <source>Manuel Kant. Estudio sobre los Fundamentos de la Filosofía Crítica</source>
        <publisher-loc>Santiago de Chile</publisher-loc>
        <publisher-name>Ediciones de la Universidad de Chile</publisher-name>
        <year>1967</year>
      </element-citation>
    </ref>
    
    <ref id="ref28">
      <element-citation publication-type="journal">
        <person-group person-group-type="author">
          <name>
            <surname>Torretti</surname>
            <given-names>Roberto</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <article-title>Getting rid of the Ether. Could Physics have achieved it sooner, with better assistance from Philosophy?</article-title>
        <source>Theoria</source>
        <volume>22</volume>
        <issue>60</issue>
        <year>2007</year>
      </element-citation>
    </ref>
    
    <ref id="ref29">
      <element-citation publication-type="book">
        <person-group person-group-type="author">
          <name>
            <surname>Tuschling</surname>
            <given-names>Burkhard</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <source>Metaphysische und transzendentale Dynamik in Kants opus postumum</source>
        <publisher-loc>Berlin</publisher-loc>
        <publisher-name>Walter de Gruyter</publisher-name>
        <year>1971</year>
      </element-citation>
    </ref>
    
    <ref id="ref30">
      <element-citation publication-type="book">
        <person-group person-group-type="author">
          <name>
            <surname>Vuillemin</surname>
            <given-names>Jules</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <source>Physique et Métaphysique Kantiennes</source>
        <publisher-loc>Paris</publisher-loc>
        <publisher-name>Presses Universitaires de France</publisher-name>
        <year>1955</year>
      </element-citation>
    </ref>
    
    <ref id="ref31">
      <element-citation publication-type="book">
        <person-group person-group-type="author">
          <name>
            <surname>Whitehead</surname>
            <given-names>Alfred North</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <source>Process and Reality. An Essay in Cosmology</source>
        <publisher-loc>New York</publisher-loc>
        <publisher-name>Harper &amp; Row, Publishers</publisher-name>
        <year>1957</year>
      </element-citation>
    </ref>
    
  </ref-list>
</back>
</article>
