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<!DOCTYPE article PUBLIC "-//NLM//DTD JATS (Z39.96) Journal Publishing DTD v1.3 20210610//EN" "http://jats.nlm.nih.gov/publishing/1.3/JATS-journalpublishing1-3.dtd">
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      <journal-id journal-id-type="publisher-id">ASHF</journal-id>
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        <journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Anales del Seminario de Historia de la
          Filosofía</journal-title>
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      <issn publication-format="electronic">1988-2564</issn>
      <issn-l>0211-2337</issn-l>
      <publisher>
        <publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
        <publisher-loc> España </publisher-loc>
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      <article-id pub-id-type="doi">10.5209/ashf.91534</article-id>
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        <subj-group subj-group-type="heading">
          <subject>Estudios</subject>
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        <article-title>Leibniz y la aplicación de la matemática a la física</article-title>
        <trans-title-group xml:lang="en">
          <trans-title>Leibniz and the application of mathematics to physics</trans-title>
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        <contrib contrib-type="author" corresp="yes">
          <contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0002-3883-3345</contrib-id>
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            <surname>Raffo Quintana</surname>
            <given-names>Federico</given-names>
          </name>
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          <xref ref-type="corresp" rid="cor1"/>
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        <aff id="aff-a"><institution content-type="original">Universidad Católica Argentina –
            CONICET, Argentina</institution></aff>
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      <author-notes>
        <corresp id="cor1">Federico Raffo Quintana<email>federq@gmail.com</email></corresp>
      </author-notes>
      <pub-date pub-type="epub" publication-format="electronic" iso-8601-date="2025-01-17">
        <day>17</day>
        <month>01</month>
        <year>2025</year>
      </pub-date>
      <volume>42</volume>
      <issue>1</issue>
      <fpage>67</fpage>
      <lpage>75</lpage>
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        <copyright-statement>Copyright © 2025, Universidad Complutense de
          Madrid</copyright-statement>
        <copyright-year>2025</copyright-year>
        <copyright-holder>Universidad Complutense de Madrid</copyright-holder>
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          <license-p>Esta obra está bajo una licencia <ext-link ext-link-type="uri"
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              4.0 International</ext-link></license-p>
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      <abstract>
        <p>En este trabajo analizaremos la concepción de Leibniz acerca de la aplicación de la
          matemática a la física entre los años 1677 y 1690. Reconstruiremos esta concepción
          fundamentalmente a partir de algunos conceptos relacionados, como son los de “atributos” o
          “cualidades acompañantes”. Veremos que, por aplicación de la matemática a la física,
          Leibniz entendió específicamente la posibilidad de dar explicaciones mecánicas que dan
          cuenta de la causa inmediata e inteligible por la cual tienen lugar las cualidades
          confusas, en un sentido que debe ser dilucidado. Estas explicaciones revelan, por lo
          tanto, la estructura a parte rei a partir de la que tienen lugar las sensaciones.</p>
      </abstract>
      <trans-abstract xml:lang="en">
        <p>In this paper I will analyze Leibniz’s conception of the application of mathematics to
          physics between 1677 and 1690. We will primarily reconstruct this conception based on some
          related concepts, such as those of “attributes” or “accompanying qualities”. I will show
          that, by applying mathematics to physics, Leibniz specifically understood the possibility
          of providing mechanical explanations that account for the immediate and intelligible cause
          by which confusing qualities take place, in a sense that must be elucidated. These
          explanations reveal, therefore, the a parte rei structure from which sensations take
          place.</p>
      </trans-abstract>
      <kwd-group>
        <kwd>atributos acompañantes</kwd>
        <kwd>cualidades confusas</kwd>
        <kwd>física</kwd>
        <kwd>Leibniz</kwd>
        <kwd>matemática</kwd>
      </kwd-group>
      <kwd-group xml:lang="en">
        <kwd>Accompanying atributes</kwd>
        <kwd>confused qualities</kwd>
        <kwd>Leibniz</kwd>
        <kwd>Leibniz</kwd>
        <kwd>Mathematics</kwd>
      </kwd-group>
    </article-meta>
  </front>
<body>

<sec id="introducción">
  <title>1. Introducción</title>
  <p>Uno de los rasgos característicos del abordaje científico de la física del siglo XVII es lo que
        usualmente se conoce como la “matematización de la naturaleza”, es decir, en términos más o
        menos generales, el uso de la matemática para la investigación física. Ahora bien, hay
        muchas cosas que pueden interpretarse bajo la idea de la matematización de la naturaleza o
        el uso de la matemática en física, por lo que la mera enunciación de este rasgo
        característico no es suficiente para entender a qué nos estamos refiriendo. Así, por
        ejemplo, podríamos estar aludiendo al empleo de diagramas geométricos para el abordaje de
        problemas físicos y mecánicos,<xref ref-type="fn" rid="fn1">1</xref> o bien al modo
        geométrico de exposición de los resultados obtenidos en una investigación. En el caso
        particular del pensamiento de Leibniz, podemos incluir otras posibilidades, tal como el
        hecho de que las leyes del movimiento deban conservar la forma de ecuación que tiene el
        principio de la mecánica, de equipolencia entre causa plena y efecto íntegro.<xref
          ref-type="fn" rid="fn2">2</xref></p>
  <p>Ahora bien, además de todas estas maneras de concebir el uso en general de la matemática,
        Leibniz se refiere a la <italic>aplicación</italic> de la matemática en el contexto del
        tratamiento de un problema en particular. Como mostraremos en este trabajo, esta referencia
        muy posiblemente no se condiga con lo que el lector actual podría suponer. Entre las pocas
        veces que Leibniz se refirió explícitamente a la aplicación de la matemática a la física en
        el período que va aproximadamente de 1677 a 1690, se destaca el siguiente pasaje del
          <italic>Praefatio ad libellum elementorum physicae</italic> (de aquí en más:
          <italic>Prefacio</italic>), redactado entre la segunda mitad de 1678 y comienzos del año
        siguiente: “[e]n esta consideración de los atributos distintos que acompañan a los confusos
        consiste la aplicación de la matemática a la física (…)”.<xref ref-type="fn" rid="fn3"
          >3</xref> Como vemos, cuando Leibniz se refiere a la aplicación de la matemática a la
        física, no está pensando en la idea general de hacer uso de la matemática en algún sentido,
        sino en algo más específico. La especificidad de esta referencia no siempre ha sido
        observada. Por ejemplo, Elawani se refiere indistintamente a la aplicación de la matemática
        a los fenómenos naturales y al uso de la matemática para el conocimiento del mundo.<xref
          ref-type="fn" rid="fn4">4</xref> El objetivo de este trabajo es precisamente analizar cómo
        entendió y justificó Leibniz la aplicación de la matemática a la física, en el período ya
        mencionado de su producción intelectual. Si bien, como dijimos, las referencias explícitas a
        la aplicación de la matemática son escasas, hay otros conceptos muy relacionados, como el de
        “atributos” o “cualidades acompañantes” (<italic>attributa comitantia</italic>), que han
        recibido una mayor atención por parte de Leibniz, tanto en escritos de filosofía natural
        como en textos sobre enciclopedia y ciencia general. Procuraremos cumplir con el objetivo
        sobre la base de estas referencias indirectas.</p>
  <p>Vale la pena en este contexto hacer la siguiente advertencia: no es el objetivo de este trabajo
        analizar si la matemática es o no <italic>útil</italic> para el conocimiento de la
        naturaleza ni, supuesto que lo fuera, considerar cuáles serían los diversos modos de esta
        utilidad. Esta estrategia es válida y ha sido objeto de diversos estudios. En este sentido,
        merece ser destacado el mencionado trabajo de Elawani, quien analiza, por un lado, el modo
        en que para Leibniz las nociones matemáticas se involucran en el conocimiento humano de los
        objetos naturales,<xref ref-type="fn" rid="fn5">5</xref> así como también, por otro, la
        preferencia por las explicaciones que hacen uso de la matemática en física, esto es, las
        explicaciones mecánicas en general. Por su parte, de acuerdo con Kurt Smith, Leibniz habría
        hecho uso de conceptos matemáticos como metáforas para esclarecer el significado de algunos
        términos metafísicos fundamentales, lo que también tendría un impacto en la física.<xref
          ref-type="fn" rid="fn6">6</xref> Así, por ejemplo, el concepto metafísico de orden se
        esclarece a partir de las nociones matemáticas de regla y ecuación, de acuerdo con lo que
        Leibniz exhibe en el sexto parágrafo del <italic>Discours de métaphysique</italic>.<xref
          ref-type="fn" rid="fn7">7</xref> Nuestro abordaje no está en desacuerdo con ninguno de
        ellos, sino que en un sentido es más específico. Así, distinguimos el análisis de la
          <italic>utilidad</italic> que tiene la matemática en general para el conocimiento humano
        de la naturaleza, de lo que es la cuestión de la manera de concebir la
          <italic>aplicación</italic> de la matemática a la física, con la que Leibniz se refiere
        específicamente a un problema determinado, relativo, como veremos, a la posibilidad de dar
        explicaciones acerca de las cualidades confusas. De alguna manera, el segundo aspecto se
        incluye dentro del primero, como un caso particular. Por ello, el tratamiento que proponemos
        en este trabajo procura examinar qué implicó para Leibniz la aplicación de la matemática a
        la física cuando se refirió directamente a ella y cómo justificó dicha aplicación.</p>
  <p>La razón por la cual circunscribiremos nuestro abordaje al período del pensamiento de Leibniz
        antes señalado es clara. Por un lado, entre 1676 y 1680, Leibniz se dedicó intensamente al
        estudio de la mecánica y de la filosofía natural. Si bien es cierto que el interés de
        Leibniz no es nuevo, pues hay tratados de física datados varios años antes (como, por
        ejemplo, la <italic>Theoria motus abstracti</italic> y la <italic>Hypothesis physica
          nova</italic>, ambos textos de 1670/71), lo cierto es que, en los escritos de estos años,
        formuló algunas de sus propuestas más decisivas, tales como la ley fundamental de
        conservación de la fuerza y de su estimación como el producto de la masa por el cuadrado de
        la velocidad (esto es, <italic>mv<sup>2</sup></italic>) en <italic>De corporum
          concursu</italic>,<xref ref-type="fn" rid="fn8">8</xref> o la concepción de la reducción
        de todas las leyes del movimiento al principio único de la mecánica de equipolencia entre
        causa plena y efecto íntegro (en <italic>De arcanis motus et mechanica ad puram geometriam
          reducenda</italic>).<xref ref-type="fn" rid="fn9">9</xref> Vale la pena añadir en este
        contexto la concepción leibniziana de la relatividad del movimiento o de las hipótesis de
        los sistemas de referencia<xref ref-type="fn" rid="fn10">10</xref> (así, en
          <italic>Principia mechanica</italic>,<xref ref-type="fn" rid="fn11">11</xref>
        <italic>Spatium et motus revera relationes</italic><xref ref-type="fn" rid="fn12">12</xref>
        y <italic>Quod motus sit ens respectivum</italic><xref ref-type="fn" rid="fn13">13</xref>).
        Si bien no lo desarrollaremos aquí, estas cuestiones han jugado papeles clave en la
        filosofía posterior de Leibniz, como, por ejemplo, en el contexto de la correspondencia con
        Clarke. En segundo lugar, vale la pena señalar que antecede al período circunscrito en este
        escrito la etapa parisina de Leibniz, en la que se dedicó intensamente al estudio y
        desarrollo de la matemática (como puede verse en múltiples tomos hasta ahora publicados de A
          VII).<xref ref-type="fn" rid="fn14">14</xref> No es de extrañar entonces que la cuestión
        de la aplicación de la matemática a la física sea recurrentemente abordada en los textos
        físicos del período delimitado. Así, por ejemplo, en <italic>Revocatio qualitatum confusarum
          ad distinctas</italic>,<xref ref-type="fn" rid="fn15">15</xref>
        <italic>De modo perveniendi ad veram corporum analysin et rerum naturalium
          causas</italic>,<xref ref-type="fn" rid="fn16">16</xref>
        <italic>Physica scientia attributorum corporis</italic>,<xref ref-type="fn" rid="fn17"
          >17</xref>
        <italic>Conspectus libelli elementorum physicae</italic><xref ref-type="fn" rid="fn18"
          >18</xref> y el mencionado <italic>Prefacio</italic>.<xref ref-type="fn" rid="fn19"
          >19</xref></p>
</sec>
<sec id="dilucidación-de-la-ciencia-física">
  <title>2. Dilucidación de la ciencia física</title>
  <p>El modo como Leibniz concibe la aplicación de la matemática a la física depende directamente de
        la concepción que tuvo de estas ciencias, en especial, como veremos, de la física.
        Sucintamente, Leibniz concibe a la física como la ciencia de los atributos o cualidades del
          cuerpo.<xref ref-type="fn" rid="fn20">20</xref> La física tiene dos partes, una primera en
        la que se abordan las cualidades y una segunda, acerca de los sujetos de tales cualidades,
        esto es, los cuerpos del mundo, tales como los cuerpos elementales, los astros o los cuerpos
          orgánicos.<xref ref-type="fn" rid="fn21">21</xref> En esta ocasión nos centraremos en la
        primera parte.<xref ref-type="fn" rid="fn22">22</xref> En el cuerpo pueden reconocerse
        distintos tipos de cualidades o atributos, pero solamente uno de estos tipos es propio de la
        física, esto es, el de las cualidades sensibles. Hay ciertamente atributos del cuerpo que
        son reductibles a nociones matemáticas: por ejemplo, ser extenso es un atributo del cuerpo,
        que se reduce a las nociones de magnitud y situación, que se toman de la matemática. Ya
        volveremos sobre este tipo de cualidades. Lo relevante por el momento es, como decíamos,
        que, en su carácter de ciencia empírica, las cualidades propias y distintivas de la física
        son las sensibles. El estudio específico o la ciencia de las cualidades sensibles comporta
        para Leibniz el nombre de “poiografía”.<xref ref-type="fn" rid="fn23">23</xref></p>
  <p>Si bien lo retomaremos con más detalle más adelante, anticipemos que, para Leibniz, las
        cualidades sensibles son de dos tipos. En cierta medida, como veremos, en estas
        consideraciones Leibniz anticipa concepciones que abordará en 1684 en <italic>Meditaciones
          sobre el conocimiento, la verdad y las ideas</italic>.<xref ref-type="fn" rid="fn24"
          >24</xref> Por un lado, están las cualidades sensibles que son “simples” para los
        sentidos, que, por lo tanto, podemos conocer de manera ostensiva, pero de las que no podemos
        dar una explicación o definición, como es el caso de los colores, sonidos, sabores y demás.
        No podemos entender el verde, un sonido agudo, un sabor amargo, como tampoco el calor, sino
        solamente sentirlos. Como dice Leibniz en reiteradas ocasiones, no es posible explicarle a
        un ciego de nacimiento en qué consiste la luz o la rojez.<xref ref-type="fn" rid="fn25"
          >25</xref> Estas cualidades, precisamente por el hecho de no poder ser definidas, son
        “confusas”. Ahora bien, hay un segundo tipo de cualidades sensibles, que no son confusas,
        sino “distintas”, en algún grado. Esto implica, en consecuencia, que son compuestas y pueden
        explicarse, aunque sea descriptivamente, de manera que, de algún modo, son inteligibles. Tal
        es el caso, por ejemplo, de la firmeza, la fluidez, la blandura, la tenacidad y otras cosas
          semejantes.<xref ref-type="fn" rid="fn26">26</xref> Decimos que son distintas “en algún
        grado” y por ello que son inteligibles “de algún modo”, pero no plenamente, porque, para
        explicarlas, debemos recurrir en algún momento a cualidades confusas. Por ejemplo, podemos
        explicar la fusibilidad como la facilidad o disposición que un cuerpo tiene para derretirse
        o fundirse, para lo que en algún momento debemos recurrir a la noción de “calor”, que es
        confusa.</p>
  <p>Este contexto nos permite anticipar algo acerca del modo como
  Leibniz concibió la aplicación de la matemática a la física, a saber:
  ella está relacionada con el esfuerzo por dar explicaciones de algún
  tipo acerca de las cualidades sensibles simples de los cuerpos, que
  por sí solas no son explicables, en la medida en que esto sea posible
  y de acuerdo con ciertas condiciones que señalaremos más adelante.</p>
  <p>Entretanto, esta observación nos permite advertir algo por la vía negativa: la aplicación de la
        matemática a la física no es, por decirlo así, un abordaje de objetos y cuestiones físicas
        que esté incorporado a la matemática. Tengamos en cuenta que, entre los últimos años de la
        década de 1670 y especialmente a lo largo de la década siguiente, Leibniz desarrolló una
        concepción de la matemática “general” o “universal” (la denominación varía según los textos)
        de una manera que no la restringía a la consideración de la cantidad en general (o “acerca
        del orden y la medida no adscrito a una materia especial”, como fue concebida por
          Descartes<xref ref-type="fn" rid="fn27">27</xref>), sino que incorporaba también la
        consideración de la <italic>cualidad</italic>. En otras palabras, fue concebida por Leibniz
        como la ciencia “sobre la Magnitud, es decir, la Cantidad, y la Semejanza, es decir, la
          cualidad”.<xref ref-type="fn" rid="fn28">28</xref> En <italic>De rebus in scientia
          mathematica tractandis</italic>, Leibniz señaló en este sentido: “Ciertamente, en
        matemática, además de la comparación de cantidades, suele tratarse a menudo sobre la
        comparación de cualidades, es decir, sobre la semejanza (…)”.<xref ref-type="fn" rid="fn29"
          >29</xref> La idea de Leibniz es que podemos demostrar recurriendo a la semejanza de
        cualidades, cosas que de hecho podrían también demostrarse, aunque con mayor dificultad,
        recurriendo solamente a cantidades.<xref ref-type="fn" rid="fn30">30</xref> Así, por
        ejemplo, que dos círculos cualesquiera son semejantes entre sí, o bien que son entre sí como
        los cuadrados respectivamente circunscriptos. Ahora bien, si, como dijimos, la física es una
        ciencia sobre cualidades (más concretamente, sobre las cualidades de los cuerpos, en
        especial las sensibles), podría pensarse, como decíamos, que de alguna manera queda
        incorporada en la matemática universal. Sin embargo, como veremos, la aplicación de la
        matemática a la física no se trata de examinar la semejanza entre cualidades, sino, como
        decíamos, de emplear conceptos matemáticos para dar explicaciones relativas en algún
        respecto a las cualidades sensibles. En este sentido, sostenemos, Leibniz entendería la
        “aplicación” en términos más bien epistemológicos, esto es, en función de la posibilidad de
        dar explicaciones de algún género acerca de cualidades sensibles. Por una cuestión de orden,
        analizaremos un poco más adelante cuál es el género de explicaciones al que hacemos aquí
        referencia. En cualquier caso, como veremos, es ante todo una cuestión de explicación y solo
        luego, por concomitancia, de uso en física de técnicas matemáticas.</p>
</sec>
<sec id="presupuestos-metodológicos-y-epistemológicos.-las-explicaciones-mecánico-causales">
  <title>3. Presupuestos metodológicos y epistemológicos. Las explicaciones
        mecánico-causales</title>
  <p>Ahora bien, si nuestra lectura es correcta, la aplicación de la matemática a la física tiene
        algunos presupuestos, que son de naturaleza metodológica y epistemológica. Desde el punto de
        vista metodológico, hay en la investigación de la naturaleza cuatro métodos posibles que se
        configuran de acuerdo con dos pares de oposiciones, a saber: un método puede proveer
        resultados ciertos o conjeturales y puede proceder de manera <italic>a priori</italic> o
          <italic>a posteriori</italic>.<xref ref-type="fn" rid="fn31">31</xref> Así, por
        combinación, los métodos son estos cuatro: el cierto <italic>a priori</italic>, el
        conjetural <italic>a priori</italic>, el cierto <italic>a posteriori</italic> y el
        conjetural <italic>a posteriori</italic>. No nos detendremos en detalle en ellos, lo que nos
        desviaría de nuestro objetivo. Solamente analizaremos brevemente el método “cierto <italic>a
          posteriori</italic>”, que es para Leibniz el método por excelencia de la física y que,
        como veremos, está esencialmente conectado con la cuestión de la aplicación de la
        matemática. Este método consiste en un procedimiento analítico o resolutivo (y por eso es
        “cierto”) a partir de los fenómenos (y por eso es “<italic>a posteriori</italic>”). De esta
        manera, se procede a descomponer un fenómeno en sus atributos, que se consideran individual
        o aisladamente. La resolución no se detiene allí, sino que prosigue luego con el análisis de
        los atributos mismos hasta alcanzar eventualmente atributos simples para el intelecto, es
        decir, los que no sean resolubles en otros. Que el análisis se detenga en los atributos
        simples “para el intelecto” implica, entre otras cosas, que no es el punto de detención
        final el arribo a atributos simples “para los sentidos”.<xref ref-type="fn" rid="fn32"
          >32</xref> Esto muestra, en particular, que el método de Leibniz consiste en una
        resolución intelectual, no empírica, y, por lo tanto, en la resolución que permiten los
        atributos que son distintos, esto es, los que pueden explicarse o definirse. No es que
        Leibniz no admita en física una resolución empírica; más aún, no sólo la admite, sino que
        incluso incentiva su uso.<xref ref-type="fn" rid="fn33">33</xref> No obstante, por la
        naturaleza de esta resolución, mediante ella no llegamos a los requisitos que explican la
        cosa analizada. En suma, metodológicamente, la aplicación de la matemática a la física
        supone un método de resolución intelectual del fenómeno en sus atributos y de ellos en otros
        “más simples”, hasta llegar eventualmente a los que sean realmente simples intelectualmente
        hablando. Como veremos, la aplicación de la matemática a la física se da precisamente cuando
        no todas las nociones involucradas en la resolución sean distintas, es decir, en otras
        palabras, cuando resolutivamente llegamos a atributos confusos, que, como tales, no podemos
        explicar.</p>
  <p>Ahora bien, decir que la aplicación de la matemática a la física permite dar explicaciones es
        decir algo excesivamente general, en el sentido de que resta esclarecer a qué nos referimos
        con “explicación” en este contexto, o bien, más precisamente, qué tipo de explicación está
        aquí implicada. De alguna manera, en el contexto de las investigaciones físicas, “explicar”
        implica para Leibniz dos cosas distintas, por lo que, concomitantemente, podemos distinguir
        dos tipos de explicaciones. Vale la pena señalar que en ambos géneros hay una referencia a
        la matemática, por lo que su distinción no es en absoluto trivial en este contexto. Cuando
        Leibniz se refiere a la aplicación de la matemática a la física, no lo hace en un sentido
        general, sino que se refiere especialmente a uno de estos tipos de explicaciones. Si bien no
        nos detendremos en detalle en esto, en esta cuestión Leibniz de alguna manera anticipa una
        distinción, que es muy contemporánea, entre un modelo de explicación axiomático-deductivo y
        un modelo causal-mecánico. Ya Nancy Cartwright concibió de esta manera la distinción entre
        las explicaciones provistas por las leyes “fenomenológicas” respecto de las que corresponden
        a las leyes “fundamentales”.<xref ref-type="fn" rid="fn34">34</xref> Más recientemente,
        Manuel DeLanda, entre otros, recoge esta clasificación de tipos de explicaciones.<xref
          ref-type="fn" rid="fn35">35</xref></p>
  <p>Por un lado, “explicar” puede ser para Leibniz dar una razón de algo en términos deductivos.
        Así, una ley empírica de nivel inferior puede ser deducida a partir de leyes de orden
        superior (o bien de principios) que no sean fenomenológicas, sino teóricas, y que sean de
        carácter matemático. Este es precisamente el modelo de tratamiento de cuestiones mecánicas
        que Leibniz persigue al menos desde que en 1676 estableció el principio de la mecánica de
        equipolencia entre causa plena y efecto íntegro.<xref ref-type="fn" rid="fn36">36</xref> En
        otras palabras, Leibniz mantiene un modelo deductivo para la mecánica, que se funda en
        principios de carácter racional gracias a los cuales puede darse un tratamiento geométrico
        del movimiento.<xref ref-type="fn" rid="fn37">37</xref> Así, dice Leibniz, “(…) es necesario
        que las leyes del movimiento, que hasta el momento parecen ser diversas, se reduzcan a un
        único principio con cuyo auxilio puedan formarse algunas ecuaciones analíticas”.<xref
          ref-type="fn" rid="fn38">38</xref> En consecuencia, a partir del principio de equipolencia
        o de igualdad de potencia entre causa plena y efecto íntegro se sigue, a modo de ejemplo, la
        ley de conservación de la fuerza como el producto de la masa y el cuadrado de la velocidad
            (<italic>mv<sup>2</sup></italic>), formulada en estos términos en <italic>De corporum
          concursu</italic>, sobre la que se fundan a su vez las leyes fenomenológicas del
        movimiento de orden inferior. Dado que el principio de la mecánica a partir del que se
        deducen las leyes tiene la forma de una ecuación, el modelo deductivo de la mecánica permite
        expresar las leyes del movimiento en términos de un sistema de ecuaciones.<xref
          ref-type="fn" rid="fn39">39</xref> Como la física se asienta sobre la mecánica, el mismo
        procedimiento deductivo continúa hasta las leyes físicas fenomenológicas.</p>
  <p>Ahora bien, por otro lado, “explicar” puede también ser para Leibniz proveer un mecanismo que
        dé cuenta de los fenómenos en términos causales. Este segundo tipo de explicación no procura
        ofrecer una deducción a partir de leyes más generales, sino de dar la causa, en términos
        mecánicos, del fenómeno explicado. Esto permite dar una descripción matemática de los
        fenómenos, cuyo resultado son leyes fenomenológicas descriptivas, como, por ejemplo, la ley
        óptica de la reflexión de la luz. Cuando Leibniz se refiere a la aplicación de la matemática
        a la filosofía natural, se refiere explícitamente a este segundo tipo de explicaciones. En
        este sentido, podemos explicar la <italic>causa inmediata e inteligible</italic> por la cual
        tienen lugar los atributos sensibles que conocemos ostensivamente, pero de los que no
        podemos llevar a cabo una resolución analítica en los conceptos componentes que los
        explican. Dice Leibniz a propósito de la posibilidad de dar una explicación de las
        cualidades sensibles:</p>
  <disp-quote>
    <p>Los atributos compuestos han de resolverse en simples; y aquellos que son simples respecto de
          los sentidos, pero no en razón del intelecto, deben reducirse a su causa inmediata.<xref
            ref-type="fn" rid="fn40">40</xref></p>
  </disp-quote>
  <p>Así, aunque no podamos explicar, por ejemplo, un color, como el verde, podemos explicar la
        causa por la cual algo es percibido por nosotros como verde. Esto nos remite a un segundo
        presupuesto de la aplicación de la matemática a la física, que es de naturaleza
        epistemológica, a saber, que toda explicación física ha de darse en términos mecánicos:</p>
  <disp-quote>
    <p>Ante todo, tomo por cierto que todas las cosas, esto es, las que podrían ser percibidas por
          nosotros, suceden por algunas causas inteligibles, si algún ángel nos las quisiera
          revelar. Y ya que nada es percibido por nosotros con precisión, más que la magnitud,
          figura, movimiento y la percepción misma, de aquí se sigue que todas las cosas deben
          explicarse por medio de estas cuatro y que, puesto que hablamos de aquellas cosas que
          parece que suceden sin percepción, como las reacciones de los líquidos o las
          precipitaciones de las sales, por ello, resta que sean explicadas mediante la magnitud, la
          figura y el movimiento, esto es, mediante el mecanismo [per machinam].<xref ref-type="fn"
            rid="fn41">41</xref></p>
  </disp-quote>
  <p>Como vemos, la explicación “mediante la máquina” remite a conceptos, tales como magnitud,
        figura y movimiento, que son tomados de la matemática: la noción de magnitud se toma del
        álgebra o de la aritmética, la figura y la de situación (que está incluida en la de
        “movimiento”), de la geometría.<xref ref-type="fn" rid="fn42">42</xref> Magnitud, figura y
        movimiento son de hecho atributos del cuerpo, o más concretamente, atributos “comunes a
        muchos sentidos”. No nos detendremos en este momento a analizar de qué manera Leibniz
        argumenta que sean comunes a muchos sentidos (cosa que, por lo demás, explica, en
        simultáneo, por qué son confusos los atributos simples para los sentidos).<xref
          ref-type="fn" rid="fn43">43</xref> Nos interesa en esta ocasión resaltar, en primer lugar,
        que estos atributos en los que se basan las explicaciones mecánicas son distintos, a pesar
        de ser sensibles, en tanto que son sensibles “comunes”. Es más, si tomamos el conjunto de
        atributos distintos, ellos están por encima del resto en lo que respecta a la distinción. En
        otras palabras, si hiciéramos una escala de distinción, ellos se encontrarían por encima de
        otros que incluyen notas confusas en su resolución. Recordemos en este momento que antes
        señalamos que hay atributos sensibles que son distintos, tales como la firmeza, la fluidez,
        la blandura, la tenacidad o la fusibilidad. No obstante, al resolverlos encontramos que no
        todas sus notas son a su vez distintas, sino que de hecho en algún momento arribamos a
        nociones confusas. En este sentido, dice Leibniz, “pueden sin embargo tenerse por distintos
        hasta tanto se resuelvan”.<xref ref-type="fn" rid="fn44">44</xref> Con los atributos comunes
        ocurre algo diferente: en su resolución no nos encontraremos con atributos confusos, sino
        solamente con nociones que proceden del intelecto, es decir, siempre distintas. Por tal
        razón, como dice el pasaje que citamos más arriba, magnitud, figura y movimiento son
        atributos que percibimos con precisión, de manera distinta. Son los atributos “más
        distintos” que percibimos en lo material y que, por tanto, merecen ser considerados con
        anterioridad al resto, lo que implica, como dijimos, que “(…) las cosas que son materiales
        pueden explicarse por la Magnitud, Figura y movimiento”.<xref ref-type="fn" rid="fn45"
          >45</xref></p>
  <p>Ahora bien, en segundo lugar, vale la pena resaltar que esta resolución en atributos distintos,
        o lo que es lo mismo, el hecho de que todos los fenómenos de la naturaleza deban explicarse
        mecánicamente, implica que la física de alguna manera está subordinada a la matemática:</p>
  <disp-quote>
    <p>Pues, aunque los atributos confusos de los cuerpos puedan reducirse a [atributos] distintos,
          debe saberse que los atributos distintos son de dos géneros. En efecto, unos deben tomarse
          de la Ciencia Matemática, pero otros, de la Metafísica. De la ciencia Matemática [se
          toman] sin duda la magnitud, la figura, la situación y sus variaciones, pero de la
          metafísica [se toman] la existencia, la duración, la acción y pasión, la fuerza de actuar
          y fin de la acción o percepción del agente.<xref ref-type="fn" rid="fn46">46</xref></p>
  </disp-quote>
  <p>No nos detendremos en esta ocasión a esclarecer detalladamente la referencia a la metafísica,
        que, sin lugar a duda, cumple un rol fundacional en relación con la física. Nos limitaremos
        a señalar en este sentido, por un lado, que la física está subordinada tanto a la matemática
        como a la metafísica<xref ref-type="fn" rid="fn47">47</xref> y, por otro, que, a pesar de
        ello, la dependencia respecto de la metafísica no es relevante para la cuestión que estamos
        abordando, dado que Leibniz es explícito acerca del hecho de que la atribución de una “forma
        sustancial” al cuerpo de hecho no contribuye <italic>en nada</italic> a la explicación de
        los fenómenos materiales.<xref ref-type="fn" rid="fn48">48</xref> Digámoslo una vez más: no
        implica esto que para Leibniz la metafísica no cumpla un papel fundacional respecto de la
        física. Sin embargo, como dijimos, para Leibniz todos los fenómenos de la naturaleza han de
        explicarse mecánicamente. La dependencia respecto de la metafísica, por lo tanto, apunta a
        esclarecer otro tipo de cuestiones, como la de la unidad real, la fuente de la acción y
        demás, pero no a dar explicaciones acerca de los fenómenos.<xref ref-type="fn" rid="fn49"
          >49</xref> En consecuencia, se dan diferentes tipos de explicaciones de acuerdo con la
        naturaleza de las cuestiones a abordar, motivo por el cual tales explicaciones son entre sí
          compatibles.<xref ref-type="fn" rid="fn50">50</xref> De allí que cobren especial
        importancia los atributos comunes, que, como dijimos, son los únicos que percibimos de
        manera precisa. Así, en suma, podemos decir que la explicación de los fenómenos depende de
        la matemática, en tanto que implica una reducción a atributos que se toman de la
        matemática.</p>
  <p>Como vemos, la subordinación de la física respecto de la matemática está relacionada con el
        hecho de que las explicaciones físicas deban ser mecánicas. En otras palabras, los atributos
        que se toman de la matemática son algunos de los que se emplean para explicar los fenómenos.
        Esto conlleva que la mecánica tiene de alguna manera un rol articulador entre la física y la
        matemática, en el sentido de que las “conecta”.<xref ref-type="fn" rid="fn51">51</xref> En
        el diálogo <italic>Pacidius Philalethi</italic>, Leibniz ya había observado la necesidad de
        una ciencia sobre el movimiento con la que transitar de la geometría a la física.<xref
          ref-type="fn" rid="fn52">52</xref> En este contexto, vale la pena mencionar que, en el
        marco del proyecto enciclopédico que desarrolla en los años delimitados en este trabajo,
        Leibniz en ocasiones establece un orden entre las ciencias que trasluce este rol
        articulador. A modo de ejemplo, en un texto de 1679, titulado <italic>Initia Scientiae
          Generalis. Conspectus Speciminum</italic>, Leibniz se refiere al siguiente orden: primero
        la matemática general, como la ciencia acerca de la determinación de la magnitud, es decir,
        la cantidad, y de la semejanza, es decir, la cualidad. <xref ref-type="fn" rid="fn53"
          >53</xref> Segundo, la geometría, como la ciencia en la que la magnitud y la semejanza se
        aplican a la situación. En tercer lugar, la mecánica, en la cual, además de la magnitud y la
        situación, se considera la fuerza, es decir, la causa del cambio. En cuarto y último lugar,
        Leibniz se refiere a un “ensayo físico”:</p>
  <disp-quote>
    <p>IV. <italic>Un ensayo físico</italic>, en el cual se exhibe primeramente una investigación
          acerca de las cualidades. A través de ellas, comprendiéndolas primero de manera exacta y
          reduciéndolas luego a principios mecánicos, se puede conocer la naturaleza interior de las
          especies, las cuales, ciertamente, se pueden distinguir por sus cualidades. Luego se
          exponen aquellas cosas que pueden afirmarse con certeza acerca de nuestro sistema y de
          aquellas que se perciben en él. Finalmente, se presentan los inicios de una física
          conjetural, es decir, la hipótesis que podemos usar hasta que se encuentre otra mejor o se
          corrija esa misma. <xref ref-type="fn" rid="fn54">54</xref></p>
  </disp-quote>
  <p>Como vemos, el tránsito de la matemática a la física a través de la mecánica es claro. El
        ensayo físico recorre el itinerario que señalamos antes, esto es, primero las cualidades y
        luego, los sujetos o “especies” de cuerpos orgánicos. <xref ref-type="fn" rid="fn55"
          >55</xref> La comprensión “exacta” de las cualidades se da precisamente por su reducción a
        cualidades distintas, como magnitud, figura y movimiento. Con este trasfondo, estamos en
        condiciones de ver con más detalle en qué consiste para Leibniz la aplicación de la
        matemática a la física.</p>
</sec>
<sec id="las-cualidades-acompañantes-y-la-estructura-a-parte-rei">
  <title>4. Las cualidades acompañantes y la estructura <italic>a parte rei</italic></title>
  <p>Como señalamos antes, en la medida en que la física es una ciencia empírica, las cualidades
        propias de esta ciencia son las sensibles, entre las que se encuentran las simples para los
        sentidos, esto es, las confusas. Ahora bien, en la medida en que estas cualidades confusas
        no son explicables, con ellas, en el mejor de los casos, podríamos hacer observaciones y
        enumeraciones, esto es, recopilar datos o información empírica, pero no podríamos hacer
        ciencia. Lo que procura la ciencia es precisamente lo que estas cualidades no permiten, es
        decir, explicar. Para dar cuenta de la causa inmediata e inteligible de las cualidades
        confusas, debemos recurrir a atributos comunes que se toman precisamente de la matemática.
        Dicho en otras palabras, <italic>aplicamos la matemática a la física</italic>:</p>
  <p>Ahora bien, antes que los restantes hay que considerar los atributos distintos, a saber,
        duración, magnitud, movimiento, figura, ángulo y otras circunstancias; en efecto, podemos
        razonar en tanto y en cuanto consideramos atributos distintos. En esta consideración de los
        atributos distintos que acompañan a los confusos consiste la aplicación de la matemática a
        la física, de modo que, una vez que aprendimos que los ángulos de incidencia y reflexión de
        los rayos de luz son iguales y que estos ángulos deben tomarse respecto de la recta
        incidente perpendicularmente en el plano tangente a la superficie, fácilmente hemos
        constituido ya la ciencia catóptrica; del mismo modos, son necesarios pocos experimentos
        sobre la refracción para poner los fundamentos de la dióptrica. <xref ref-type="fn"
          rid="fn56">56</xref></p>
  <p>Notemos que, en buena medida, la aplicación de la matemática a la física permite la
        constitución de las ciencias acerca de las cualidades sensibles, como, por ejemplo, la
        óptica (sobre la luz) o la acústica (sobre el sonido), precisamente porque es esta
        aplicación lo que nos permite dar explicaciones. Esta aplicación de la matemática da cuenta
        de la constitución de las ciencias históricamente concebidas como ciencias “medias” o
        matemáticas “mixtas”. Damos, así, explicaciones mecánicas relativas a las cualidades
        sensibles (sin que esto implique que lo que explicamos sean precisamente los
          <italic>qualia</italic> o datos sensibles), porque se aplican a ellas nociones distintas
        matemáticas. En consecuencia, la aplicación de la matemática a la física no implica
          <italic>ante todo</italic> hacer uso de técnicas y herramientas matemáticas en el estudio
        de la naturaleza. Más bien, como vemos, implica principalmente la posibilidad de dar
        explicaciones mecánico-causales que en cierta manera describen el funcionamiento que da
        lugar a las cualidades sensibles. Así, la posibilidad de usar técnicas matemáticas es más
        una consecuencia de la aplicación de la matemática a la física, que la razón de ello. Por
        poner un ejemplo, la posibilidad de medir los sonidos según el tono o la altura supone que
        pueden darse explicaciones mecánicas relativas al sonido en las que se involucran los
        conceptos que luego nos permitirán precisamente llevar a cabo esta cuantificación. <xref
          ref-type="fn" rid="fn57">57</xref> De una manera semejante, la posibilidad de llevar a
        cabo una colorimetría, lo que implica la aplicación de técnicas de medición a los colores,
        supone la óptica, es decir, que pueden darse explicaciones mecánicas relativas a la luz.
        Dicho de otra manera, la aplicación no es ante todo de las herramientas de la matemática
        para ser usadas en la filosofía natural, sino de los <italic>conceptos matemáticos</italic>
        para ser usados en las explicaciones físicas. No es que lo primero quede relegado, sino que
        es una consecuencia de lo segundo. Lo que a Leibniz le interesa es dar explicaciones de
        cosas que no podríamos explicar de otra manera.</p>
  <p>Como vemos, Leibniz entiende que podemos observar que hay cualidades distintas que acompañan
        siempre a las confusas, en el sentido, por ejemplo, de que, de acuerdo con el autor, a todo
        color “lo acompaña” un rayo de luz refractado a partir del que se origina. <xref
          ref-type="fn" rid="fn58">58</xref> Por lo tanto, damos una explicación apelando a nociones
        tales como la de “rayo” y “refracción”, que, en pocas palabras, recurren respectivamente a
        las nociones de “línea” y “ángulo”, que son nociones matemáticas. Entiéndase bien: no es el
        color en cuanto <italic>dato sensible</italic> lo que estamos explicando. No es el verde o
        el rojo que sentimos lo que se explica, pues eso es precisamente lo que se conoce
        ostensivamente. Lo que podemos explicar, digámoslo una vez más, es la causa inmediata e
        inteligible a partir de la que tiene lugar la sensación. Es por medio de las cualidades
        acompañantes y, por tanto, aplicando la matemática, que podemos dar tal explicación.</p>
  <disp-quote>
    <p>El color, el calor, y otras cosas de este género han de conocerse [<italic>notanda</italic>]
          por medio de cualidades anteriores que Siempre las acompañan. Deben explicarse, por lo
          tanto, por medio de la extensión y el movimiento.<xref ref-type="fn" rid="fn59"
          >59</xref></p>
  </disp-quote>
  <p>Como lo que explicamos es la causa de las cualidades confusas, las cualidades acompañantes las
        acompañan “siempre” y comportando una cierta “anterioridad”. Dicha anterioridad debe
        entenderse en términos causales, precisamente porque lo que explicamos con las cualidades
        acompañantes es la causa de las confusas. De esta manera, la aplicación de la matemática a
        la física configura el camino para explicar lo que debe tener lugar en las cosas, <italic>a
          parte rei</italic>, para que se produzca en nosotros la sensación. En otras palabras,
        permite “(…) hallar, mediante un rodeo, qué hay de real y distinto en las cualidades
          confusas”.<xref ref-type="fn" rid="fn60">60</xref> La anterioridad causal de las
        cualidades acompañantes implica que son anteriores por naturaleza, es decir, constituyen la
        estructura a partir de la cual resultan las cualidades confusas (<italic>necesse est etiam
          qualitates confusas ex tali structura resultare</italic>).<xref ref-type="fn" rid="fn61"
          >61</xref> La aplicación de la matemática a la física, entonces, permite explicar la
        estructura materialmente “real”, es decir, extramental, que subyace a las cualidades
        sensibles que son propias de la física, es decir, la estructura a partir de la que tienen
        lugar los colores, olores, sabores y demás en el sujeto percipiente, a pesar de no poder
        explicar la sensación misma, no por incapacidad nuestra, sino por la naturaleza misma de la
        sensación.</p>
  <p>Ahora bien, ¿cuál sería la utilidad de la aplicación de la matemática a la física?, es decir,
        ¿qué es lo que permitiría el conocimiento de esta estructura? Leibniz parece reconocer tres
        usos que el conocimiento de la estructura o del “tejido del sujeto” permite:</p>
  <disp-quote>
    <p>Finalmente, reduciendo las cualidades confusas a las simples, estableceremos el tejido del
          sujeto [<italic>texturam subjecti constituamus</italic>], una vez tenido el cual en cierta
          medida podríamos no sólo hallar las causas de los fenómenos, sino también predecir
          fenómenos aún inexplorados y aplicar la cosa propuesta a varios usos de la vida.<xref
            ref-type="fn" rid="fn62">62</xref></p>
  </disp-quote>
  <p>La aplicación de la matemática permite, entonces, tres cosas: por un lado, hallar las causas
        mecánicas de los fenómenos, es decir, como vimos, explicarlos; permite también, en segundo
        lugar, predecir fenómenos no explorados, pues, conociendo la causa, podemos inferir el
        efecto; por último, da lugar a aplicaciones útiles para la vida.</p>
</sec>
<sec id="conclusiones">
  <title>5. Conclusiones</title>
  <p>Cuando decimos que la matemática se aplica al estudio de la naturaleza, solemos pensar una
        apelación a los recursos técnicos que tiene la matemática para establecer cuantificaciones
        acerca de fenómenos empíricos. En este trabajo mostramos que la manera en la que Leibniz
        concibe la aplicación de la matemática a la física parece ser ante todo la posibilidad de
        dar explicaciones correspondientes a fenómenos empíricos por medio de conceptos matemáticos.
        Una vez más: no decimos con esto que Leibniz no haya tenido la intención de hacer un uso de
        la matemática en la física que, por ejemplo, permita la cuantificación. Decimos solamente
        que esto es para Leibniz de algún modo secundario, posibilitado por el hecho de que con los
        conceptos matemáticos podemos describir la estructura materialmente “real” a partir de la
        cual resultan las cualidades confusas. Por ejemplo, al margen de que Leibniz haya hecho o
        dicho esto, podríamos cuantificar el grado de dispersión refractiva de la luz, desde el que
        menos se desvía (el rojo) al que más lo hace (el violeta). Ciertamente allí estaríamos
        aplicando la matemática al estudio de la naturaleza en algún sentido. Sin embargo, tal
        aplicación, para Leibniz, habría comenzado antes, una vez que explicamos conceptualmente la
        causa del color a partir del hecho de que, a la sensación de un color, siempre la acompaña
        un rayo refractado. Del mismo modo, podemos usar un termómetro de mercurio para cuantificar
        la temperatura, para lo cual necesitamos primero saber que al calor lo acompaña siempre la
        dilatación de este metal.</p>
  <p>Una consecuencia que se sigue de este examen y que vale la pena poner de relieve es que las
        explicaciones que tienen lugar gracias a la aplicación de la matemática describen algo que
        es “real”, es decir, extramental, aunque sea material. En este trabajo no abordamos las
        concepciones metafísicas de Leibniz relativas, por ejemplo, a lo que constituye la realidad
        en un sentido sustancial. No es eso, en cualquier caso, lo que la matemática nos permite
        explicar, pues todo lo que sea relativo a la unidad sustancial y en general a la sustancia
        no es fenoménico. No por ello, sin embargo, las explicaciones mecánicas provistas implican
        dar cuenta de fenómenos en un sentido subjetivo, es decir, de representaciones en un sujeto.
        Si bien no es un tema que directamente competa a este trabajo, obsérvese que el sentido de
        “fenómeno” que subyace a la intención de explicar mecánicamente los “fenómenos de la
        naturaleza” no es un sentido psíquico o epistémico, sino más bien, en principio, el sentido
        físico más bien clásico que se encuentra, por ejemplo, en la astronomía. La consideración de
        las cualidades acompañantes explica el mecanismo que <italic>causa</italic> la sensación, es
        decir, lo que no puede ser explicado por lo sentidos: “en efecto, los sentidos no nos
        muestran mediante qué mecanismos invisibles se produce ese estado del cuerpo, que efectúa la
        sensación de lo cálido en nosotros”. La sensación, en este ejemplo, de calor, “(…) se
        entenderá suficientemente solo cuando fuera explicado en qué consiste o qué es su causa
        próxima y recíproca”.<xref ref-type="fn" rid="fn63">63</xref> Dicha causa, el mecanismo, es
        de algún modo “real”, es decir, externo y ajeno a la sensación producida en el sujeto. Hay,
        en consecuencia, una concepción realista de Leibniz relativa al mecanismo, sin que esto
        entre en conflicto con el hecho de que el ámbito empírico sea metafísicamente
        fenoménico.</p>
</sec>
<sec id="agradecimientos">
  <title>6. Agradecimientos:</title>
  <p>Trabajo realizado en el marco del proyecto PIBAACONICET 28720210100086CO: “La idealidad de la
        matemática y las explicaciones de la naturaleza en Leibniz (1675-1686)”.</p>
</sec>
</body>
<back>
<fn-group>
  <fn id="fn1">
    <label>1</label><p>Así lo analizó, por ejemplo, Van Dyck, Maarten,
    “Applying Mathematics to Nature,” en The Cambridge History of
    Philosophy of the Scientific Revolution, ed. David Marshall y Dana
    Jalobeanu (Cambridge: Cambridge University Press, 2022), 254-63.</p>
  </fn>
  <fn id="fn2">
    <label>2</label><p>Al respecto, Fichant, Michel, “Les concepts
    fondamentaux de la mécanique selon Leibniz, en 1676” en Leibniz à
    Paris (1672– 1676). Tome. 1: Les sciences, ed. A. Heinekamp y D.
    Mettler (Wiesbaden: Steiner Verlag), 228-232 y Federico Raffo
    Quintana, “Sobre la fundación del principio de equipolencia en el
    período parisino de Leibniz”, <italic>Ápeiron. Estudios de
    filosofía</italic> 16 (2022): 193-196.</p>
  </fn>
  <fn id="fn3">
    <label>3</label><p>G. W. Leibniz, <italic>Sämtliche Schriften und Briefe</italic> (Berlín (antes: Darmstadt;
          Leipzig): Walter de Gruyter Verlag (antes: Otto Reichl Verlag; Akademie-Verlag), 2023 y
          ss.). Serie VI, tomo 4, 2006. [De aquí en más, citado como A, seguido de la serie (en
          números romanos), del volumen (en números arábigos) y del número de página. Por ejemplo: A
          VI 4, 2006]. Salvo que se indique lo contrario, las traducciones son de nuestra
          autoría.</p>
  </fn>
  <fn id="fn4">
    <label>4</label><p>Jeffrey Elawani, “<italic>L’application des mathématiques aux phénomènes naturels chez
            Leibniz</italic>” (tesis de Maestría en Filosofía, Universidad de Montreal, 2020).</p>
  </fn>
  <fn id="fn5">
    <label>5</label><p>Hemos llevado a cabo un abordaje semejante en
    Federico Raffo Quintana, “Matemática y filosofía natural en Leibniz
    (1677-1686)”, <italic>Daimon, Revista internacional de
    filosofía</italic> (en prensa).</p>
  </fn>
  <fn id="fn6">
    <label>6</label><p>Kurt Smith, “<italic>Leibniz on Order, Harmony, and the Notion of Substance. Mathematizing the
            Sciences of Metaphysics and Physics</italic>,” en <italic>The Language of Nature.
            Reassessing the Mathematization of Natural Philosophy in the Seventeenth
            Century</italic>, ed. Geoffrey Gorham, Benjamin Hill, Edward Slowik y C. Kenneth Watters
          (Minesota / Londres: University of Minnesota Press, 2016), 230-32.</p>
  </fn>
  <fn id="fn7">
    <label>7</label><p>Kurt Smith, “<italic>Leibniz on Order, Harmony, and the Notion of Substance. Mathematizing the
            Sciences of Metaphysics and Physics</italic>,” en <italic>The Language of Nature.
            Reassessing the Mathematization of Natural Philosophy in the Seventeenth
            Century</italic>, ed. Geoffrey Gorham, Benjamin Hill, Edward Slowik y C. Kenneth Watters
          (Minesota / Londres: University of Minnesota Press, 2016), 232-38. El pasaje en cuestión
          del <italic>Discours de métaphysique</italic> es el siguiente: “En efecto, supongamos, por
          ejemplo, que alguien dibuje completamente al azar cierto número de puntos sobre el papel,
          como hacen los que practican el ridículo arte de la geomancia. Afirmo que cabe encontrar
          una línea geométrica cuya noción sea constante y uniforme según cierta regla de modo que
          pase por todos los puntos y siga el mismo orden que siguió la mano que los marcó”.
          Utilizamos aquí la traducción que se encuentra en la edición de De Olaso: Leibniz, G. W.
            <italic>Escritos filosóficos</italic>, ed. Ezequiel de Olaso (Buenos Aires: Charcas,
          1982), 285.</p>
  </fn>
  <fn id="fn8">
    <label>8</label><p>A VIII 3, 527-660. Al respecto, remitimos al
    célebre trabajo de François Duchesneau, <italic>La dynamique de
    Leibniz</italic> (Paris: Vrin, 1994) y a Rodolfo Fazio, “Leibniz on
    force, cause and subject of motion: from <italic>De corporum
    concursu</italic> (1678) to the <italic>Brevis demonstratio</italic>
    (1686),” <italic>Manuscrito</italic> 44, no. 1 (2021): 113-120.</p>
  </fn>
  <fn id="fn9">
    <label>9</label><p>A VIII 2, 133-138. Cf. Federico Raffo Quintana, “Sobre la fundación del principio de equipolencia
          en el período parisino de Leibniz”, <italic>Ápeiron. Estudios de filosofía</italic> 16
          (2022).</p>
  </fn>
  <fn id="fn10">
    <label>10</label><p>Al respecto de esta cuestión, remitimos a Laurence Bouquiaux, “Equivalence des hypothèses et
          relativité du mouvement dans la « Dynamica »”, <italic>Studia Leibnitiana</italic> 49/1
          (2017): 54-74 y a Richard T. W. Arthur, <italic>Leibniz on Time, Space, &amp;
            Relativity</italic> (Oxford: Oxford University Press, 2021), 232-324.</p>
  </fn>
  <fn id="fn11">
    <label>11</label><p>A VI 3, 101-111.</p>
  </fn>
  <fn id="fn12">
    <label>12</label><p>A VI 4, 1968-1970.</p>
  </fn>
  <fn id="fn13">
    <label>13</label><p>A VI 4, 1970-1971.</p>
  </fn>
  <fn id="fn14">
    <label>14</label><p>Si bien no lo desarrollaremos en esta ocasión, se destaca en esta cuestión el abordaje tanto
          filosófico como matemático de Leibniz acerca de las cantidades ficticias infinitas e
          infinitamente pequeñas. Al respecto, remitimos a David Rabouin y Richard T. W. Arthur,
          “Leibniz’s syncategorematic infinitesimals II: their existence, their use and their role
          in the justification of the differential calculus,” <italic>Archive for History of Exact
            Sciences</italic> 75 (2020): 405-413, a Oscar Esquisabel y Federico Raffo Quintana,
          “Fiction, possibility and impossibility: Three kinds of mathematical fictions in Leibniz’s
          work”, <italic>Archive for History of Exact Sciences</italic> 75-6 (2021) y a Oscar
          Esquisabel y Federico Raffo Quintana, “La doble perspectiva técnica y filosófica de
          Leibniz acerca de los infinitesimales: un camino hacia la idealidad de lo matemático”,
            <italic>ÉNDOXA– Series filosóficas</italic> 50 (2022).</p>
  </fn>
  <fn id="fn15">
    <label>15</label><p>A VI 4, 1961-1962.</p>
  </fn>
  <fn id="fn16">
    <label>16</label><p>A VI 4, 1971-1975.</p>
  </fn>
  <fn id="fn17">
    <label>17</label><p>A VI 4, 1981-1982.</p>
  </fn>
  <fn id="fn18">
    <label>18</label><p>A VI 4, 1986-1991.</p>
  </fn>
  <fn id="fn19">
    <label>19</label><p>A VI 4, 1992-2010.</p>
  </fn>
  <fn id="fn20">
    <label>20</label><p>A VI 4, 1981. El concepto de “atributo”, así
    como también el de los tipos de atributos, es explorado con cierto
    detalle por Leibniz en el <italic>Praefatio ad libellum elementorum
    physicae</italic>, A VI 4, 2001-2010.</p>
  </fn>
  <fn id="fn21">
    <label>21</label><p>A VI 4, 1986.</p>
  </fn>
  <fn id="fn22">
    <label>22</label><p>Respecto de la segunda, remitimos a Michel Fichant, “Mécanisme et métaphysique : le
          rétablissement des formes substantielles (1679),” en <italic>Science et métaphysique dans
            Descartes et Leibniz</italic>, ed. Michel Fichant (Paris: Presses Universitaires de
          France, 1998), 194-95.</p>
  </fn>
  <fn id="fn23">
    <label>23</label><p>A VI 4, 347; G. W. Leibniz, <italic>Obras filosóficas y científicas</italic> (Granada: Comares,
          2023), Volumen 3, “Ciencia General y enciclopedia” (editores: Oscar M. Esquisabel y Manuel
          Sánchez Rodríguez), 67-69. [Citado como OFC 3, seguido del número de página]</p>
  </fn>
  <fn id="fn24">
    <label>24</label><p>A VI 4, 585-592.</p>
  </fn>
  <fn id="fn25">
    <label>25</label><p>A VI 4, 1981-1982.</p>
  </fn>
  <fn id="fn26">
    <label>26</label><p>A VI 4, 347.</p>
  </fn>
  <fn id="fn27">
    <label>27</label><p>René Descartes, <italic>Reglas para la dirección
    del espíritu</italic> (Madrid: Alianza. Knopf, 1996), 86.</p>
  </fn>
  <fn id="fn28">
    <label>28</label><p>A VI 4, 362.</p>
  </fn>
  <fn id="fn29">
    <label>29</label><p>A VI 4, 280.</p>
  </fn>
  <fn id="fn30">
    <label>30</label><p>al respecto, remitimos a Oscar Esquisabel, “De la cualidad a la cantidad: el proyecto leibniziano
          de la <italic>Mathesis Universalis</italic>,” <italic>Ápeiron. Estudios de
            filosofía</italic> 16 (2022): 272-284.</p>
  </fn>
  <fn id="fn31">
    <label>31</label><p>Leibniz lleva a cabo estas consideraciones epistemológicas en el <italic>Praefatio ad libellum
            elementorum physicae,</italic> A VI 4, 1998-2001. Para un abordaje más minucioso de
          estos métodos, así como también de otros problemas y cuestiones asociadas, remitimos a
          Oscar Esquisabel y Federico Raffo Quintana, “La ciencia natural en Leibniz: sus fines, su
          método y la metafísica”, <italic>Revista latinoamericana de filosofía</italic> 50, no. 2
          (2024): pp. 261-289.</p>
  </fn>
  <fn id="fn32">
    <label>32</label><p>A VI 4, 2002-2003.</p>
  </fn>
  <fn id="fn33">
    <label>33</label><p>Cf. por ejemplo, A VI 4, 1975, 1982,
    2005-2006.</p>
  </fn>
  <fn id="fn34">
    <label>34</label><p>Nancy Cartwright, <italic>How the laws of physics lie</italic> (New York: Oxford University
          Press, 1983). Así, por ejemplo: “Explicar en física implica dos tipos de actividades
          bastante diferentes. En primer lugar, cuando explicamos un fenómeno, enunciamos sus
          causas. Intentamos proporcionar consideraciones detalladas del modo en que el fenómeno es
          exactamente producido. En segundo lugar, encajamos el fenómeno en un marco teórico amplio
          que agrupa, bajo un conjunto de ecuaciones fundamentales, una amplia gama de diferentes
          tipos de fenómenos. Ambos tipos de explicaciones utilizan lo que los filósofos llamaron
          leyes de la naturaleza, pero, como hemos visto en el caso del radiómetro, las leyes para
          los dos tipos de explicaciones no se parecen en absoluto. El relato causal utiliza leyes
          fenomenológicas altamente específicas que cuentan qué ocurre en las situaciones concretas.
          Pero las leyes teóricas, como la ecuación de continuidad y la ecuación de Boltzmann, son
          fórmulas completamente abstractas que no describen circunstancias particulares” (p. 11; la
          traducción es nuestra).</p>
  </fn>
  <fn id="fn35">
    <label>35</label><p>Manuel DeLanda, <italic>Intensive science &amp; virtual philosophy</italic> (Londres / Nueva
          York: Continuum, 2002), 117-156. Por ejemplo: “En pocas palabras, la población de modelos
          que constituyen los componentes teóricos de la mecánica clásica puede dividirse más o
          menos en dos subpoblaciones: un gran número de modelos causales, muy adaptados a
          situaciones experimentales particulares, y unos pocos modelos fundamentales
          correspondientes a las leyes básicas a partir de las que se derivan familias ramificadas
          de otros modelos abstractos” (p. 124; la traducción es nuestra).</p>
  </fn>
  <fn id="fn36">
    <label>36</label><p>A VIII 2, 133-138.</p>
  </fn>
  <fn id="fn37">
    <label>37</label><p>François Duchesneau, <italic>La dynamique de
    Leibniz</italic> (Paris: Vrin, 1994), 102.</p>
  </fn>
  <fn id="fn38">
    <label>38</label><p>A VIII 2, 133.</p>
  </fn>
  <fn id="fn39">
    <label>39</label><p>Federico Raffo Quintana, “Sobre la fundación del
    principio de equipolencia en el período parisino de Leibniz”,
    <italic>Ápeiron. Estudios de filosofía</italic> 16 (2022):
    193-196.</p>
  </fn>
  <fn id="fn40">
    <label>40</label><p>A VI 4, 2002.</p>
  </fn>
  <fn id="fn41">
    <label>41</label><p>A VI 4, 1971-1972; cursivas en el original.</p>
  </fn>
  <fn id="fn42">
    <label>42</label><p>A VI 4, 1981.</p>
  </fn>
  <fn id="fn43">
    <label>43</label><p>A VI 4, 2003-2004.</p>
  </fn>
  <fn id="fn44">
    <label>44</label><p>A VI 4, 2003.</p>
  </fn>
  <fn id="fn45">
    <label>45</label><p>A VI 4, 2007.</p>
  </fn>
  <fn id="fn46">
    <label>46</label><p>A VI 4 2009.</p>
  </fn>
  <fn id="fn47">
    <label>47</label><p>A VI 4, 1982.</p>
  </fn>
  <fn id="fn48">
    <label>48</label><p>A VI 4, 2007.</p>
  </fn>
  <fn id="fn49">
    <label>49</label><p>Cf. Michel Fichant, “Mécanisme et métaphysique : le rétablissement des formes substantielles
          (1679),” en <italic>Science et métaphysique dans Descartes et Leibniz</italic>, ed. Michel
          Fichant (Paris: Presses Universitaires de France, 1998), 203-204 y María Rosa Antognazza,
          “Philosophy and Science in Leibniz,” en <italic>Tercentenary Essays on the Philosophy and
            Science of Leibniz</italic>, ed. Lloyd Strickland, Erik Vynckier y Julia Weckend</p>
  </fn>
  <fn id="fn50">
    <label>50</label><p>(Cham: Palgrave Macmillan, 2017), 21 y
    26-32.</p>
    <p>Cf. Richard T. W. Arthur, <italic>Monads, Composition, and Force.
    Ariadnean Threads Through Leibniz’s Labyrinth</italic> (Oxford:
    Oxford University Press, 2018), 174-75.</p>
  </fn>
  <fn id="fn51">
    <label>51</label><p>A VI 4, 346.</p>
  </fn>
  <fn id="fn52">
    <label>52</label><p>A VI 3, 531.</p>
  </fn>
  <fn id="fn53">
    <label>53</label><p>A VI 4, 362-363; OFC 3, 166-167.</p>
  </fn>
  <fn id="fn54">
    <label>54</label><p>A VI 4, 363. Le agradezco la traducción a Mario
    Narváez.</p>
  </fn>
  <fn id="fn55">
    <label>55</label><p>A VI 4, 348.</p>
  </fn>
  <fn id="fn56">
    <label>56</label><p>A VI 4, 2006.</p>
  </fn>
  <fn id="fn57">
    <label>57</label><p>Cosa que Leibniz hace, por ejemplo, en A VIII 3,
    96-97.</p>
  </fn>
  <fn id="fn58">
    <label>58</label><p>A VI 4, 1961.</p>
  </fn>
  <fn id="fn59">
    <label>59</label><p>A VI 4, 639.</p>
  </fn>
  <fn id="fn60">
    <label>60</label><p>A VI 4, 1962.</p>
  </fn>
  <fn id="fn61">
    <label>61</label><p>A VI 4, 1962.</p>
  </fn>
  <fn id="fn62">
    <label>62</label><p>A VI 4, 1961.</p>
  </fn>
  <fn id="fn63">
    <label>63</label><p>A VI 4, 2002.</p>
  </fn>
</fn-group>
  
  <ref-list>
    
    <ref id="ref1">
      <element-citation publication-type="chapter">
        <person-group person-group-type="author">
          <name>
            <surname>Antognazza</surname>
            <given-names>María Rosa</given-names>
          </name>
        </person-group>
        <year iso-8601-date="2017">2017</year>
        <chapter-title>Philosophy and Science in Leibniz</chapter-title>
        <source>Tercentenary Essays on the Philosophy and Science of Leibniz</source>
        <fpage>19</fpage>
        <lpage>46</lpage>
        <publisher-name>Palgrave Macmillan</publisher-name>
        <publisher-loc>Cham</publisher-loc>
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            <surname>Strickland</surname>
            <given-names>Lloyd</given-names>
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            <given-names>Erik</given-names>
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        <pub-id pub-id-type="doi">10.1007/978-3-319-38830-4_2</pub-id>
      </element-citation>
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      <element-citation publication-type="book">
        <person-group person-group-type="author">
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            <surname>Arthur</surname>
            <given-names>Richard T. W.</given-names>
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        <year iso-8601-date="2018">2018</year>
        <article-title>Monads, Composition, and Force. Ariadnean Threads Through Leibniz’s Labyrinth</article-title>
        <publisher-name>Oxford University Press</publisher-name>
        <publisher-loc>Oxford</publisher-loc>
        <pub-id pub-id-type="doi">10.1093/oso/9780198812869.001.0001</pub-id>
      </element-citation>
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      <element-citation publication-type="book">
        <person-group person-group-type="author">
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            <surname>Arthur</surname>
            <given-names>Richard T. W.</given-names>
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        </person-group>
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