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      <journal-id journal-id-type="publisher-id">ASHF</journal-id>
      <journal-title-group>
        <journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Anales del Seminario de Historia de la Filosofía</journal-title>
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      <issn publication-format="electronic">1988-2564</issn>
      <issn-l>0211-2337</issn-l>
      <publisher>
        <publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
        <publisher-loc>España</publisher-loc>
      </publisher>
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    <article-meta>
      <article-id pub-id-type="doi">10.5209/ashf.91244</article-id>
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        <subj-group subj-group-type="heading">
          <subject>ESTUDIOS</subject>
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        <article-title><bold>¿Qué tipo de historia es la historia del ser? Un examen crítico</bold><xref ref-type="fn" rid="fn1">1</xref></article-title>
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          <trans-title>What Kind of History is the History of Being? A Critical Examination</trans-title>
        </trans-title-group>
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        <contrib contrib-type="author" corresp="yes">
          <contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0002-4334-1839</contrib-id>
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            <surname>Gómez Algarra</surname>
            <given-names>César</given-names>
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        <aff id="aff-a"><institution content-type="original">Universidad Complutense de Madrid</institution>
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      <author-notes>
        <corresp id="cor1">César Gómez Algarra<email>cesgom03@ucm.es</email></corresp>
      </author-notes>
      <pub-date pub-type="epub" publication-format="electronic" iso-8601-date="2025-06-06">
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        <month>06</month>
        <year>2025</year>
      </pub-date>
      <volume>42</volume>
      <issue>2</issue>
      <fpage>415</fpage>
      <lpage>424</lpage>
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        <copyright-statement>Copyright © 2025, Universidad Complutense de
          Madrid</copyright-statement>
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      <abstract>
        <p>El proyecto de una historia del ser, que Heidegger comienza a elaborar a partir de los años treinta,
          debe enfrentarse a múltiples críticas para dar cuenta de su coherencia. En particular, se acusa al filósofo de
          haber reunido la historia de la metafísica en un único y exclusivo hilo conductor (la pregunta por el ser). Sin
          embargo, las últimas publicaciones póstumas nos ayudan a reconsiderar esta interpretación y nos permiten
          combatir y matizar sus críticas habituales. En esta contribución, tomando como punto de partida numerosos
          comentarios y notas dispersos en sus escritos privados, intentaremos dilucidar qué tipo de historia representa
          la historia del ser. Defenderemos que alberga nuevas posibilidades, recursos metodológicos y conceptuales
          que merecen una atención detenida. En este sentido, algunos pasajes permiten destacar que la historia
          del ser sería la continuación de la destrucción fenomenológica, ya anunciada en Ser y tiempo. Finalmente,
          como señala el filósofo, tal vez la historia del ser sería capaz de fundar una interrogación diferente de la
          historiografía (Historie), aportando nuevas perspectivas a problemas clásicos.</p>
      </abstract>
      <trans-abstract xml:lang="en">
        <p>The project of a history of being, which Heidegger begins to elaborate from the 1930s onwards,
          must face multiple criticisms in order to account for its coherence. In particular, the philosopher is accused
          of having brought together the history of metaphysics unto one single and exclusive guiding thread (the
          question of being). The lasts posthumous publications help us reconsider this interpretation and allows
          us to face its usual criticisms. In this contribution, taking as the starting point numerous comments and
          notes scattered in his private writings, we will try to elucidate what kind of history the history of being
          represents. We will argue that it contains new possibilities, methodological and conceptual resources that
          deserve close attention. In this respect, some passages underline that the history of being would be the
          continuation of the phenomenological destruction already announced in Being and Time. Finally, as the
          philosopher points out, perhaps the history of being would be capable of founding a different interrogation
          of historiography or historical science (Historie), giving new perspectives to classical problems.</p>
      </trans-abstract>
      <kwd-group>
        <kwd>fenomenología</kwd>
        <kwd>Heidegger</kwd>
        <kwd>historia de la filosofía</kwd>
        <kwd>metafísica</kwd>
        <kwd>hermenéutica</kwd>
      </kwd-group>
      <kwd-group xml:lang="en">
        <kwd>phenomenology</kwd>
        <kwd>Heidegger</kwd>
        <kwd>history of philosophy</kwd>
        <kwd>metaphysics</kwd>
        <kwd>hermeneutics</kwd>
      </kwd-group>
    </article-meta>
  </front>
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<sec id="sec1">
  <title>1. Introducción</title>
  <p>En su carta a Hannah Arendt del 27 de junio de 1950, Heidegger se lamenta de todos aquellos que
        no comprenden que «la historia del ser desde la <italic>alétheia</italic> hasta el eterno
        retorno de lo mismo no es una historia de decadencia, en la que la filosofía habría podido
        perderse siguiendo los caminos de los cuales Heidegger la salva. La historia del ser no es
        una historia en el sentido de lo que ocurre en una relación de efectos»<xref ref-type="fn"
          rid="fn2">2</xref>. Más de medio siglo después, debemos reconocer que esta interpretación
        sigue vigente, y no es extraño encontrar la tesis de una historia del ser como
          <italic>renovación</italic> del comienzo originario del pensar frente a su naufragio
        moderno. Sin duda, el uso constante de la palabra decadencia [<italic>Untergang</italic>]
        —pese a que esté sacada de Hölderlin y de Nietzsche— o las frases que evocan el «derrumbe»
          [<italic>Entsturz</italic>] de la <italic>alétheia</italic>, invitarían a ser leídos
          así<xref ref-type="fn" rid="fn3">3</xref>. Si el filósofo de Messkirch no quería contar
        una historia de decadencia desde los orígenes griegos, no nos queda más remedio que admitir
        que sus propias expresiones y sus propios conceptos fomentan esta relectura de la historia
        de la metafísica<xref ref-type="fn" rid="fn4">4</xref>. Sin embargo, hoy en día, la
        publicación de los escritos privados de los años ’30 y ’40, desde las <italic>Contribuciones
          a la filosofía</italic> en 1989 hasta los <italic>Cuadernos negros</italic> más
        recientemente, nos permite reconsiderar los límites de esta interpretación, sin repetir,
        simplemente, que Heidegger <italic>no quería decir o no quería escribir eso</italic><xref
          ref-type="fn" rid="fn5">5</xref>.</p>
  <p>Pero, antes que nada, ¿qué es la historia del ser? Cabe exponerla, primero, como una
        descripción que rastrea y reúne los diferentes sentidos históricos del ser: es decir, la
        manera en la que la determinación de la presencia efectiva del ente (su
          <italic>Wirklichkeit</italic>) ha sido privilegiada progresivamente —trazando un largo
        camino que va desde Platón hasta Nietzsche, recorriendo así desde la <italic>idea</italic> y
        la <italic>energeia</italic> griegas hasta las determinaciones modernas de la voluntad
          subjetiva<xref ref-type="fn" rid="fn6">6</xref>. Esta interpretación, como es bien sabido,
        ha producido una inmensa literatura, que podemos dividir entre las lecturas que siguen
        fielmente las tesis heideggerianas, y otras perspectivas más críticas, que cuestionan la
        pertinencia o la legitimidad de reducir la historia de la metafísica a este único hilo —
        especialmente por la manera en la que se concentra, de manera exclusiva, en la cuestión
          ontológica<xref ref-type="fn" rid="fn7">7</xref>.</p>
  <p>Por otro lado, para Heidegger esta reunión o retoma histórica está orientada hacia un objetivo
        preciso, no pretende ser una mera <italic>recolección</italic> del pasado. Lo que procura la
        historia del ser es abrir el pensar a un sentido nuevo, diferente de todos los que han
        tenido lugar hasta el momento. Es lo que el propio Heidegger identifica como el esenciar del
        ser, <italic>Wesen des Seyns</italic>: el sentido histórico que el ser y el ente «reciben»
        en una época concreta y determinada. Parecería entonces que el filósofo nos cuenta un relato
        en el que, desde la <italic>idea</italic> platónica hasta la voluntad de poder del
        superhombre, el sentido del ser se ha convertido en presencia y en nada más que presencia
        efectiva: en la realidad activa y dinámica que produce multitud de efectos sin cesar. Fuera
        de ésta, el ser es lo más abstracto, lo inasible por definición. El ser sería, retomando
        aquí las palabras de Nietzsche que Heidegger cita a menudo, «un humo que se evapora» o, peor
        aún, «un desierto que crece». El objetivo último de esta retoma histórica por parte de
        Heidegger consiste, entonces, en intentar escapar a la devastación que supone el
          nihilismo<xref ref-type="fn" rid="fn8">8</xref>.</p>
  <p>Entre estos dos caminos, uno que da por bueno la historia del ser y se apoya en su legitimidad
        para recorrer una especie de «historia oculta de los acontecimientos del pensar», y otro que
        ve en el proyecto heideggeriano la <italic>hybris</italic> propia de un pensador que, al
        «sobrevaluar […] el papel de la metafísica en la historia», acaba perdiendo todo contacto
        con la realidad, nos gustaría arriesgar aquí una tercera vía, más modesta<xref ref-type="fn"
          rid="fn9">9</xref>. Más precisamente, queremos exponer cómo, a partir de un análisis
        detallado del corpus «privado» heideggeriano, podemos hallar otra interpretación viable de
        la historia del ser. Sin embargo, no se trata tampoco de obviar el tono grandilocuente,
        profético a veces, que Heidegger adopta a menudo —pero que parece rechazar en la carta a su
        antigua alumna. Esta posibilidad textual sigue siendo efectiva; sería absurdo negarlo sin
        más. Pero, en cierto sentido, es justamente este tono lo que muchos lectores e intérpretes
        de la historia del ser critican, entre los que cabe destacar, como ejemplo paradigmático, a
        Paul Ricœur. En <italic>La metáfora viva</italic> [1975], el hermeneuta francés rechaza la
        «construcción <italic>a posteriori</italic>» de una unidad de la metafísica y se lamenta de
        que Heidegger no reconozca ningún mérito a sus predecesores; pero admite, pese a todo, que
        en los textos del viraje no solo existe una «lógica de la ruptura» y de superación, e
        identifica también en ellos una «lógica de continuidad» con el pensar especulativo<xref
          ref-type="fn" rid="fn10">10</xref>. Aunque Ricœur no tuvo acceso al corpus que vamos a
        analizar, nos parece que su crítica se aplica al conjunto del proyecto de una historia del
        ser, y que esta tensión entre ruptura y continuidad merece ser abordada —aunque sea por
        otros caminos.</p>
  <p>Precisamente, años antes de que la historia del ser se reformule como historia de los envíos
        del ser (<italic>Geschicke des Seyns</italic>) —envíos que encontramos tematizados, más en
        detalle, a partir de los textos contemporáneos y posteriores a la Segunda Guerra Mundial—,
        en cuanto escatología del ser y desaparición de éste en el <italic>Ereignis</italic>, otros
        pasajes de los escritos privados de Heidegger, a veces oscuros o breves, dibujan los
        contornos de una historia del ser mucho menos ambiciosa<xref ref-type="fn" rid="fn11"
          >11</xref>. Una historia que quizás deberíamos llamar, más simplemente, una (¿otra?)
          <italic>historia de la filosofía</italic>. El propio Heidegger nos brinda esta
        posibilidad, cuando escribe en las «<italic>Anmerkungen VI</italic>» [1948/49] que una
        lectura historiográfica o científico-histórica de la historia del ser también es posible,
        incluso que sería susceptible de aportar «muchas cosas nuevas» —sin embargo, él mismo la
        rechaza inmediatamente después, al ser una perspectiva histórica incapaz de alcanzar el
          <italic>Ereignis</italic>, que seguiría la vía científica y «objetivadora» de la
        representación fundada, en última instancia, en las tendencias epistemológicas y
        subjetivistas de la Modernidad<xref ref-type="fn" rid="fn12">12</xref>.</p>
  <p>Pese a todo, quizás el interés de la historia del ser va más allá del problema del
          <italic>Ereignis</italic>, entendido aquí en cuanto evento que (se) apropia del sentido
        del ser y apropia al ser humano con él. Es justamente esta hipótesis la que nos gustaría
        explorar en este trabajo. Se tratará de <italic>investigar la posibilidad de una lectura más
          historiográfica, o más científica</italic> (historische)<italic>, de la historia del
          ser.</italic> Una lectura que, siguiendo las características que encontramos en los
        escritos de los años ’30 y ’40, continúe tratando con las determinaciones históricas del
        sentido del ser, pero sin impedir su uso como método hermenéutico —en un sentido muy amplio
        del término.</p>
  <p>Para abordar la posibilidad de esta interpretación «<italic>deflacionista</italic>» de la
        historia del ser, analizaremos primero por qué este proyecto no constituye tanto una
        modificación radical —un <italic>viraje</italic>— en el pensar heideggeriano, sino la
        continuación, con otros medios, de la tarea de una destrucción de la historia de la
        ontología anunciada en <italic>Ser y tiempo</italic> [1927] (<bold>2</bold>). Esta revisión
        «metodológica» nos permitirá extraer los principales aspectos de una historia del ser como
        historia de la filosofía: en particular, a partir de la noción de comienzo
          [<italic>Anfang</italic>] y de su relación polémica con la historiografía
          [<italic>Historie</italic>] (<bold>3</bold>). Concluiremos con una crítica —inspirándonos,
        en cierto sentido, en el espíritu de Ricœur— respecto a las ventajas y a los límites de esta
        historia del ser más «<italic>modesta</italic>» (<bold>4</bold>).</p>
</sec>
<sec id="sec2">
  <title>2. Destrucción e historia</title>
  <p>Para justificar la interpretación de la historia del ser como una suerte de propedéutica
        histórico-filosófica, vale la pena retomar aquí los vínculos que Heidegger establece entre
        este tipo de historia y el problema metodológico de la destrucción que expone en los años
        ’20, especialmente en su <italic>opus magnum</italic>. A ese respecto, podemos citar y
        seguir como hilo conductor lo que el propio autor escribe en las «<italic>Anmerkungen
          II</italic>» [1942]: «¿quién presiente algo de la “positividad” en el concepto
        aparentemente “negativo” [de la destrucción]?; ¿quién ve, la historia del ser?»<xref
          ref-type="fn" rid="fn13">13</xref>. Comencemos entonces con un breve salto hacia atrás,
        para recordar que, en 1927, en el § 6 de <italic>Ser y tiempo</italic>, el filósofo invoca,
        «para hacer transparente en su propia historia la pregunta por el ser», la necesidad de:</p>
  <disp-quote>
    <p>alcanzar una fluidez de la tradición endurecida, y deshacerse de los encubrimientos
          producidos por ella. Esta tarea es lo que comprendemos como la destrucción, hecha al hilo
          de la pregunta por el ser, del contenido tradicional de la ontología antigua, en busca de
          las experiencias originarias en las que se alcanzaron las primeras determinaciones del
          ser, que serían en adelante las decisivas<xref ref-type="fn" rid="fn14">14</xref>.</p>
  </disp-quote>
  <p>La importancia de estas líneas para la filosofía del siglo XX es bien conocida. En cualquier
        caso, lo que nos interesa aquí es recuperar y hacer explícito el sentido de una continuidad
        mínima entre la destrucción y la historia del ser —sobre todo, respecto a sus objetivos y a
        su supuesta <italic>positividad</italic>. De entrada, esta cuestión puede resultar
        problemática, dado que la mayoría de los escritos privados de los años ’30 y ’40 (e incluso
        más allá) exhiben cierto rechazo del término <italic>destrucción</italic>, acusado de ser un
        concepto que se presta a error, un <italic>Fehlgriff</italic>, que da la impresión, o bien
        de una negación que hace <italic>tabula rasa</italic> de la tradición, o bien de un proceso
        de «purificación» de los fenómenos que no se detiene hasta acceder al en-sí desnudo de las
          cosas<xref ref-type="fn" rid="fn15">15</xref>.</p>
  <p>No cabe duda de que esta autoexégesis heideggeriana merece ser relativizada y discutida: antes
        que nada, porque él mismo, ya en el propio § 6, se defendía contra estas posibles
        interpretaciones simplistas. Su carácter discutible, de hecho, va mucho más allá de la
        manera en la que Heidegger se defiende de antemano contra las tendencias reduccionistas que
        rebajarían la destrucción a ser un mero proceder nihilista de <italic>eliminación</italic>
        del pasado —cuando ya destacaba, además, el impulso hacia la actualidad que la problemática
        ontológica recibía de ésta<xref ref-type="fn" rid="fn16">16</xref>. Si consideramos que la
        destrucción es un concepto mucho más antiguo, y que se remonta hasta los cursos de juventud
        de Friburgo, no deja de resultar sorprendente cómo el filósofo, al echar la mirada hacia
        atrás, sitúa sus inquietudes metodológicas en el marco de una continuidad que ya no plantea
        dificultad o problema alguno. Por supuesto, no queremos defender aquí que la destrucción
        fenomenológica, tal y como la encontramos en sus primeros cursos sobre la vida fáctica, la
        que se anuncia de manera temática al principio de <italic>Ser y tiempo</italic>, y la que se
        relaciona con la historia del ser a partir de los años ’30, sean exactamente una y la misma
          cosa<xref ref-type="fn" rid="fn17">17</xref>. No obstante, nuestro objetivo tampoco es
        valorar o sopesar en detalle los problemáticos entresijos de una continuidad que se
        remontaría hasta las primeras clases de Heidegger, sino analizar (en un primer momento) la
        relación que la historia del ser tiene respecto a una aproximación metodológica al problema
        filosófico de la historia<xref ref-type="fn" rid="fn18">18</xref>. La continuidad que
        presume Heidegger —ya sea justa o no— nos puede servir para acceder a la cuestión dado que,
        al fin y al cabo, es esta relectura (y sobre todo la recepción de la obra de 1927) la que le
        conduce a reconsiderar el alcance mismo de su proyecto. Siguiendo la indicación dada por el
        propio filósofo, intentemos comprender ahora por qué no hay en la historia del ser ni un
        retorno ni la eliminación del pasado metafísico, y cuál es la dimensión
          <italic>positiva</italic> que abre como «heredera» de la destrucción.</p>
  <p>En primer lugar, si la destrucción se prosigue en la historia del ser como una tarea
        esencialmente positiva, es porque en ningún caso se busca recuperar lo que Heidegger
        identifica como un «ensí originario»; es decir, no se trata de rescatar y de salvaguardar la
        pureza de una experiencia intocada del ser. Si retomamos aquí las palabras de Derrida en
          <italic>De la gramatología</italic> [1967], podríamos afirmar que, para Heidegger, al
        igual que para el francés, «ya no hay un origen simple»<xref ref-type="fn" rid="fn19"
          >19</xref>. Pero, entonces, ¿a qué se debe el uso reiterado de conceptos como «comienzo» y
        «origen» en el conjunto de estos textos privados? ¿Acaso no se trata, a partir de los
        escritos del <italic>Ereignis</italic>, de un retorno a la experiencia griega, presocrática,
        del ser?</p>
  <p>No exactamente. Aunque topemos a menudo con esta interpretación, el riesgo aquí sería
        enfrentarse a algo que, a fin de cuentas, bien podría no ser más que un hombre de paja. Cabe
        recordar que, en los años ’60, en «El final de la filosofía y la tarea del pensamiento»
        [1964], Heidegger insistirá en que no se trata exactamente de pensar la
          <italic>alétheia</italic> tal y como lo hicieron los griegos, dado que, en realidad, éstos
        no tuvieron acceso a lo que debe ser pensado de manera originaria<xref ref-type="fn"
          rid="fn20">20</xref>. El retorno mítico al comienzo del pensar presocrático merece ser, si
        no rechazado, por lo menos matizado en algunos de sus aspectos principales. A ese respecto,
        ¿qué leemos en los escritos del <italic>Ereignis</italic> de los años ’30 y ’40?</p>
  <p>Debemos admitir que el texto heideggeriano puede resultar contradictorio y que merece ser
        criticado en distintos puntos. Su interpretación se apoya especialmente en una
        sobrevaloración de los fragmentos presocráticos que, precisamente a causa de su carácter
        fragmentario, poseen el beneficio hermenéutico de no haber sido afectados por el
        conocimiento historiográfico que trata con la vida y con la psicología de los autores<xref
          ref-type="fn" rid="fn21">21</xref>. Hoy en día, cualquier proyecto riguroso de
        distanciación hermenéutica está más que capacitado para desacreditar esta primacía de lo
          «fragmentario»<xref ref-type="fn" rid="fn22">22</xref>. Cabría preguntarse no obstante si
        para Heidegger este camino presocrático es el único transitable. El interés de un retorno a
        la experiencia «originaria» de la <italic>physis</italic> en Heráclito (entre muchos otros
        ejemplos, que podrían darse en Parménides o en Anaximandro) nunca se convierte en un viaje
        al pasado por mor de ser pasado, sino que trata de responder a un problema esencial:
        aprehender el surgimiento de un nuevo sentido del ser, allí donde la presencia y el
        ser-presente no tienen la primacía frente a todos los sentidos posibles<xref ref-type="fn"
          rid="fn23">23</xref>. Según esta perspectiva, la historia del ser no es meramente
          <italic>cronológica</italic>, y no pretende recorrer una a una las diferentes «etapas» de
        la metafísica, sino meditar el sentido desplegado en cada <italic>instancia</italic>
        histórica precisa. Estos sentidos se solapan, se confunden, y es por eso por lo que
        encontramos las curiosas afinidades que los pensadores comparten a lo largo de los siglos
        —afinidades que nunca son meras repeticiones idénticas<xref ref-type="fn" rid="fn24"
          >24</xref>. Por ejemplo, Heidegger destaca que la dimensión dinámica del ser atañe tanto a
        Aristóteles como a Leibniz, engarzando la <italic>energeia</italic> con la <italic>vis
          activa</italic>. O incluso, quizá de manera más provocativa, que Descartes y Nietzsche se
        encuentran muy cerca el uno del otro (aunque sea frente a frente), en la misma obsesión por
        la búsqueda voluntarista de la verdad.</p>
  <p>No obstante, rechazar la dimensión diacrónicacronológica de la historia del ser en beneficio de
        un enfoque sincrónico solo es posible porque esa dimensión siempre está presupuesta. Aquí
        podemos anticipar, además, una primera crítica <italic>historiográfica</italic> al proyecto
        de Heidegger. A saber: que sería absurdo negar el hecho de que autores como Leibniz o
        Nietzsche <italic>suceden</italic> a Aristóteles o a Descartes, <italic>y que por eso han
          podido leerlos</italic>. Es más, han podido leerlos porque esos textos se han preservado y
        se han conservado según una legitimidad y una autoridad que difícilmente escapa a una cierta
        perspectiva que tiene «algo» de científico-histórica: ¿acaso no es así como se identifica la
        autoría de un texto?<xref ref-type="fn" rid="fn25">25</xref>.</p>
  <p>Finalmente, y para concluir por el momento con la cuestión de diacronía-sincronía, es
        importante subrayar que la meditación histórica heideggeriana nunca es tan sólo una
        destrucción ni una «reconstrucción», en la medida en que debe apuntar también a algo
        «nuevo», algo que está siempre porvenir<xref ref-type="fn" rid="fn26">26</xref>. En ese
        sentido, como podemos leer en un conjunto de notas de trabajo (el volumen 73.2 de la
          <italic>Gesamtausgabe</italic>), si el proyecto de la historia del ser constituye una
        retoma o una continuación del sentido positivo de la destrucción, lo hace en la medida en
        que procura liberar [<italic>Freilegen</italic>] las determinaciones históricas del ser,
        para pensar este último según una pluralidad de sentidos constitutivos: ya no a partir de la
        presencia [<italic>Anwesen</italic>; <italic>Anwesenheit</italic>], sino según la
        diferencia, cada vez singular e inagotable, entre el ser y el ente<xref ref-type="fn"
          rid="fn27">27</xref>.</p>
  <p>Es precisamente esta diferencia la que debemos aprehender con la noción de
          <italic>historia</italic>, así como con la noción de <italic>origen</italic> y de
          <italic>comienzo</italic>. Pero no se trata de recomenzar, de nuevo, la tradición
        filosófica occidental. En estos escritos, el comienzo no evoca un punto de partida, un
        inicio (lo que el filósofo identifica en estos textos como <italic>Beginn</italic>), sino la
        inauguración, siempre activa, de nuevas posibilidades de sentido. Tal y como Heidegger
        escribe en las <italic>Contribuciones a la filosofía</italic>: «el comienzo, concebido según
        la manera de lo que comienza, es el propio ser [<italic>Seyn</italic>]»<xref ref-type="fn"
          rid="fn28">28</xref>.</p>
  <p>Sin embargo, si esta vuelta (este viraje) hacia el ser como diferencia (la diferencia entre el
        ser y el ente, pero también la diferencia en el seno del esenciar mismo del Ser) debe
        comprenderse como un <italic>comienzo</italic>, ¿qué sentido tiene entonces la distinción
        —fundamental en los textos de los años ’30 y ’40— entre un primer y otro comienzo, entre un
          <italic>erste und andere Anfang</italic>? ¿Qué determinaciones históricas precisas —o, más
        bien, qué relación con la ciencia histórica como historiografía-<italic>Historie</italic>—
        podrían señalar estos comienzos?</p>
</sec>
<sec id="sec3">
  <title>3. Los dos comienzos y la ciencia histórica</title>
  <p>A primera vista, la idea del primer y del otro comienzo podría aportarnos una prueba fehaciente
        de la <italic>hybris</italic> heideggeriana, yjustificar las críticas de la historia del ser
        como un proyecto totalizador que intenta «rectificar» —o, peor aún, «salvarnos» de— la
        decadencia de la filosofía occidental<xref ref-type="fn" rid="fn29">29</xref>. Nos
        hallaríamos entonces frente a un primer comienzo, a saber, la historia de la metafísica
        hasta nuestros días, desde Platón hasta Nietzsche, y frente al <italic>otro
          comienzo</italic>: el proyecto que Heidegger elabora en estos textos. Pero, de nuevo, si
        seguimos esta interpretación nos arriesgamos, ya de entrada, a perder de vista el interés y
        los problemas propios de una historia del ser. No negamos que esta historia se presente a
        menudo como una tarea desmedida, pero nos gustaría insistir en que también puede (y quizás,
        merece) ser interpretada como un proyecto de historia de la filosofía, en el sentido más
        propio —o, quizás, hermenéutico— del término.</p>
  <p>Hemos mencionado antes que el comienzo corresponde al ser, en su esenciar y en su diferencia
        propios; constituye la posibilidad de otorgar un sentido histórico al conjunto de lo que es
        —fenómeno que ya ha ocurrido anteriormente y que Heidegger intenta volver a pensar. Pero,
        sobre todo, de lo que se trata con esta idea es de no hacer del primer y del otro comienzo
        una sucesión de acontecimientos: como la transición que pasaría del número 1 al número
          2<xref ref-type="fn" rid="fn30">30</xref>. Si leemos detenidamente el texto heideggeriano,
        entendemos mejor que no siempre existe una distancia absolutamente radical entre el primer y
        el otro comienzo, y el filósofo alemán llegará a afirmar que los dos comienzos son una y la
        misma cosa, pero considerada de otra manera. Entonces, ¿qué es lo que debemos comprender,
        más exactamente, por esta <italic>identidad</italic> de los comienzos?</p>
  <p>Al principio de <italic>Das Ereignis</italic> [1941/42], Heidegger destaca que en ningún caso
        se trata de comparar o de calcular los comienzos, sino de concebirlos como dos maneras
        distintas de responder a la pregunta por el ser. El primer comienzo reúne la tendencia a
        preguntar a partir de la presencia, interrogando el carácter del ser presente, real y
        efectivo de las cosas. La «decadencia» de este comienzo corresponde entonces al hecho de que
        el sentido del ser se reduzca, única y exclusivamente, a la extensión de su presencia,
        dejando de lado otros sentidos posibles respecto al ente en general. Son precisamente estos
        sentidos posibles, diferentes, a los que quiere apuntar Heidegger con la idea de otro
        comienzo. Pero esto no implica que no haya una relación entre ambos comienzos del
        pensar.</p>
  <p>Contra la interpretación más obvia y frecuente, que considera a Heidegger un pensador
        hiperbólico que quiere recomenzar la filosofía desde cero (algo que, en cierto modo, toda la
        filosofía moderna lleva intentando desde Descartes), se puede objetar que según él no existe
        el otro comienzo <italic>sin</italic> un primer comienzo. El otro comienzo no es una
        sucesión mensurable respecto al primero ni una inversión de éste, sino que atañe también a
        aquello que se manifiesta en ambos comienzos: los diferentes sentidos del ser. Según
        Heidegger, ni tan siquiera podría hablarse de un primer comienzo de la filosofía sin ese
          <italic>otro</italic> que permite aprehenderlo según una nueva perspectiva. Al respecto,
        leemos en <italic>Das Ereignis</italic>: «el primer comienzo y el acontecimiento que
        comienza él mismo solo llegan a la experiencia en el otro comienzo»<xref ref-type="fn"
          rid="fn31">31</xref>. De igual modo, el filósofo insiste, unas pocas páginas más adelante,
        en que «el primer comienzo es rememorado en [el] pre-pensar [<italic>Vor-denken</italic>] en
        dirección del otro comienzo»; debemos comprender aquí que no hay un simple rechazo de la
        filosofía que ha tenido lugar hasta nuestros días, sino una integración de ésta bajo una
        nueva óptica<xref ref-type="fn" rid="fn32">32</xref>. Lo que Heidegger propone en los
        escritos de los años ’30 y ’40 es, antes que nada, una forma singular de leer la historia de
        la filosofía.</p>
  <p>Este vínculo íntimo entre los dos comienzos desemboca en una identidad «formal» de ambos, en la
        medida en que «el otro comienzo no es un segundo comienzo al lado del primero, sino más bien
        el mismo, pero en la esencia que comienza de su carácter de comienzo
          [<italic>Anfängnis</italic>]»<xref ref-type="fn" rid="fn33">33</xref>. Dicho de otro modo,
        se trata siempre del mismo <italic>comienzo</italic>, pensado a partir del ser y de las
        nuevas posibilidades que éste contiene. El vínculo indefectible entre el primer y el otro
        comienzo permite no sólo (re)considerar el sentido de una identidad mínima entre ambos, sino
        también el de una identidad «mínima» de la historia de la metafísica, al mismo tiempo que se
        puede cuestionar la idea de una naturaleza tan radicalmente «unitaria» y «totalizadora» de
        la historia del ser en Heidegger —tal y como lo denunciaba Ricœur. En efecto, la manera en
        la que avanzan los escritos de la historia del ser revela que ésta puede adoptar múltiples
        figuras, y estas constituyen tantas vías de acceso diferentes para pensar el sentido del ser
        (pasado y por venir). Como leemos en <italic>Das Ereignis</italic>, lo que debemos tener en
        cuenta es que</p>
  <disp-quote>
    <p>La multiplicidad de sentidos quiere decir [que] el esenciar del ser puede ser pensado según
          un aspecto, de tal manera que los otros [sentidos] sean co-pensados
            [<italic>mit-denkt</italic>], sin que a través de esta multiplicidad se vea afectada la
          singularidad del ser<xref ref-type="fn" rid="fn34">34</xref>.</p>
  </disp-quote>
  <p>De ahí la ambigüedad que nos gustaría subrayar: si, por una parte, Heidegger califica ambos
        comienzos de inconmensurables y separados de manera absoluta, al mismo tiempo, al indicar
        que reconducen a lo Mismo (<italic>das Selbe</italic>), al único problema que nos atañe (el
        sentido del ser y su diferencia con el ente), aunque sea por senderos diferentes, está
        abriendo la puerta a una consideración comparativa (y reflexiva) —consideración que él mismo
        descarta por norma general. Si el primer y el otro comienzo constituyen los dos lados de un
        mismo fenómeno, es porque ambos reúnen —según la óptica metafísica o según la óptica de la
        historia del ser— el conjunto de las determinaciones históricas del ser y del ente.</p>
  <p>Una vez admitida esta relación íntima entre los dos comienzos, podemos avanzar un paso más y
        defender la legitimidad de la historia del ser como otra historia de la filosofía. Así
        siguiendo una lectura más <italic>historiográfica</italic> de esta historia, nuestro
        cometido será precisamente el de rastrear, en las diferentes obras, doctrinas y autores, de
        qué manera los textos clásicos de la filosofía occidental interrogan primero (pero no
        siempre) al ser a partir del ente. Al mismo tiempo, se tratará de mostrar, cada vez, de qué
        manera la diferencia entre ser y ente siempre está operativa, incluso de manera indirecta o
        implícita, en las grandes obras de la tradición.</p>
  <p>De esta manera, quizás estemos privilegiando una metodología más cercana al primer comienzo y,
        por ello, a la historiografía moderna y a sus procedimientos científico-históricos —los
        cuales Heidegger desacredita a menudo, en el contexto de estos escritos privados y más allá.
        En cualquier caso, tal privilegio metodológico debe ser lo que lleva al filósofo a negar, en
        el fragmento de las «<italic>Anmerkungen VI</italic>» que hemos citado más arriba, la
        capacidad de alcanzar el <italic>Ereignis</italic> como el evento apropiador del sentido del
          ser<xref ref-type="fn" rid="fn35">35</xref>. Dicho de otro modo, podría ser que, si
        procuramos representarnos el objeto histórico de la filosofía a partir del ser y de su
        diferencia, entonces ya estamos abordándolo según una determinación
          <italic>objetivante</italic> que suprime el fenómeno mismo.</p>
  <p>Pese a todo, creemos que este problema solo es tal si permanecemos en el mismo nivel del
        proyecto heideggeriano y si lo hacemos de una manera radical; a saber, dentro de un proyecto
        que no concibe la identidad mutua entre ambos comienzos más que para defender el salto hacia
        el otro comienzo de manera exclusiva —y excluyente. Si intentamos pensar conjuntamente el
        primer y el otro comienzo, como dos maneras complementarias de pensar la historia de la
        filosofía (es decir, según la historia del ser y según una perspectiva historiográfica); si
        los concebimos como dos caminos que no discurren paralelos, sino que se entrecruzan y se
        reúnen en distintos puntos, entonces la conjunción de ambas perspectivas podría abrirnos un
        nuevo horizonte de comprensión.</p>
  <p>Esta hipótesis no resuelve todas las dificultades; al contrario, nos obliga a enfrentarnos a
        algunas nuevas.</p>
</sec>
<sec id="sec4">
  <title>4. Conclusión: Prolegómenos para una historiografía del ser</title>
  <p>Si leemos la historia del ser como un método abierto que prosigue los avances de la
        destrucción, pero radicalizándolos de forma positiva y más decididamente histórica, ¿qué
        hemos logrado? Primero, conservamos un hilo director susceptible de renovar las
        interrogaciones ontológicas, a saber, la diferencia entre el ser y el ente, que se
        manifiesta a partir de este conjunto de textos —o, más bien, del conjunto de
        determinaciones— que estructuran la historia de la metafísica. Pero, contra Heidegger, ya no
        debemos considerar necesariamente que la diferencia ontológica y el sentido del ser sean el
        único interés propio de la filosofía occidental, o peor aún, el interés exclusivo de nuestro
        propio trabajo como historiadores de la filosofía. Una aproximación más «historiográfica» de
        la historia del ser, que se beneficie de los recursos hermenéuticos de naturaleza
        «explicativa», «objetivante» o «reflexiva», podría reforzar la posibilidad de abordar
        nuevamente las diferentes preguntas que encontramos en el <italic>archivo de la
          metafísica</italic> —por retomar aquí una expresión, de corte foucaultiano, que avanza
        S.-J. Arrien en un artículo reciente<xref ref-type="fn" rid="fn36">36</xref>. A su manera,
        nos parece que esto es lo que ya han llevado a cabo varios historiadores de la filosofía
        franceses, desde J.-F. Courtine hasta O. Boulnois, de manera más o menos explícita. Como
        J.-L. Marion recuerda en su último libro, la historia del ser bien podría funcionar como un
        paradigma útil para comprender la historia de la metafísica, pero no por ello resulta
        incompatible con otros paradigmas<xref ref-type="fn" rid="fn37">37</xref>.</p>
  <p>Sin embargo, esta interpretación —aunque hemos procurado matizarla para hacer de la historia
        del ser un proyecto más modesto— tampoco escapa a distintos problemas que queremos abordar
        ahora, aunque sea brevemente, en nuestra conclusión. No entraremos en detalle en las
        relaciones complejas que podrían elaborarse entre la historia del ser, la intriga y la
        factibilidad de la historia, y que podrían desarrollarse a partir de <italic>Tiempo y
          narración</italic> [1983-85], de Ricœur. No obstante, tal y como nos han enseñado algunas
        polémicas recientes, incluso si admitimos la idea de una «mitología» del ser, ésta debe ser
        tomada con muchísima precaución: es decir, más del lado de Christian Sommer, que ve en la
        mitología de la historia del ser un diálogo profundo con los poemas de Hölderlin, que del de
        Peter Trawny, cuyos análisis acaban exagerando muchos de los aspectos problemáticos que
        hemos abordado en este trabajo<xref ref-type="fn" rid="fn38">38</xref>. Con esto queremos
        destacar que, para Heidegger, el ser <italic>nunca puede ser protagonista de ninguna
          historia</italic>, porque tal estatuto haría de él una instancia capaz de decidir,
        unilateralmente, del sentido de las cosas. Este camino, al final, no puede sino conducirnos
        a hipostasiar el ser, acarreando contrasentidos flagrantes respecto al pensar del
          <italic>Ereignis</italic>. El ser es historia, según unos parámetros bien distintos, pero
        no por ello exentos de problemas. Por eso, para concluir, juzgamos más pertinente
        concentrarnos en los criterios epistemológicos de validez de una historia del ser como
        historiografía del ser. Planteémoslo sin ambages: si la historia del ser no es una historia
        de acontecimientos y de relaciones de causa-efecto, y aunque sea según un intento de
        repensar la diferencia ontológica en distintos hitos de nuestra historia filosófica, ¿cómo
        escapar al riesgo de hundirnos en una ficción histórica?</p>
  <p>Sabemos que Heidegger no acepta el procedimiento epistemológico moderno, que reposa en la
        adecuación y en la certeza como vías fundamentales para garantizar el desarrollo y la
        interpretación filosófico-hermenéutica (o, a lo sumo, la de las ciencias humanas). En ese
        sentido, y dado que él mismo no sigue la hipótesis de una <italic>historiografía de la
          historia del ser</italic>, sino que se limita a evocarla, el filósofo alemán parece
        considerar que no tiene por qué aportar pruebas que apoyen la viabilidad de esa
        historiografía posible<xref ref-type="fn" rid="fn39">39</xref>. En <italic>Das
          Ereignis</italic>, Heidegger menciona incluso la ambigüedad según la cual esta perspectiva
        pueda ser considerada tanto como «una mejora de la investigación histórico-crítica», tanto
        como una «construcción arbitraria»<xref ref-type="fn" rid="fn40">40</xref>. La pregunta
        sería entonces: ¿qué decide que una historiografía del ser caiga en una o en otra
        posibilidad?</p>
  <p>Unos años más tarde, en las «<italic>Anmerkungen IV</italic>» [1947/48], el propio Heidegger,
        profundamente inmerso en un proceso de cuestionamiento de sus propios avances, reconoce que
        el conflicto entre <italic>historia</italic> e <italic>historiografía</italic> está
        condenado a hundirse, puesto que, si nos centramos únicamente en la historia (del ser) en
        detrimento de la segunda, <italic>ambas acabarían por desaparecer</italic>:</p>
  <disp-quote>
    <p>En un instante de claridad, reconocí súbitamente que, con la asunción
            [<italic>Verwindung</italic>] del ser, la filosofía y la historiografía
            [<italic>Historie</italic>] también quedaban abandonadas en un pensar. Pero un cierto
          esfuerzo era aún necesario para experimentar la manera en la que, de esta forma, la
          historia [<italic>Geschichte</italic>] también había fracasado<xref ref-type="fn"
            rid="fn41">41</xref>.</p>
  </disp-quote>
  <p>Este esbozo de autocrítica nos parece revelador, porque se intuyen aquí dificultades que
        merecerían ser atendidas en profundidad para considerar la posibilidad real de una
        historiografía del ser. Así, poco después, en las «<italic>Anmerkungen V</italic>» [1948],
        Heidegger concede que «sin historia, no hay historiografía; sin historiografía, no hay
        historia [<italic>Keine Geschichte ohne Historie; keine Historie ohne
          Geschichte</italic>]»<xref ref-type="fn" rid="fn42">42</xref>. Desgraciadamente, nada se
        sigue de todo esto, y nuestro autor no desarrolla más esta intuición respecto a una
        vinculación profunda entre historia e historiografía<xref ref-type="fn" rid="fn43"
        >43</xref>. Más bien, al contrario, prefiere abandonar ambos términos y repensar el ser
        según otras nociones, que estarían aún más alejadas de la filosofía moderna: primero la de
        envío, <italic>Geschick</italic>, que será progresivamente matizada más adelante a favor de
        una bien conocida: el <italic>Es gibt</italic> que se analiza en la conferencia «Tiempo y
        ser», de 1962<xref ref-type="fn" rid="fn44">44</xref>.</p>
  <p>Una interpretación histórico-hermenéutica, por deflacionista que sea, no puede dejar de lado
        este problema y tratarlo como secundario. La historiografía del ser y sus determinaciones
        necesitan delimitar su ámbito legítimo de validez, así como el alcance de los conocimientos
        a los que aspiran<xref ref-type="fn" rid="fn45">45</xref>. O, incluso, si no puede pretender
        cumplir con ese papel epistemológico, por lo menos debe justificar su vigencia de otra
        manera. La pregunta no es nueva: Paul Ricœur la estableció con mucha claridad (aunque se
        limitara a la dimensión existencial-hermenéutica de <italic>Ser y tiempo</italic>) al
        interrogarse sobre cómo remontar al fundamento ontológico para luego «bajar» hacia las
        ciencias particulares, en el marco de una reflexión sobre hermenéutica e ideología<xref
          ref-type="fn" rid="fn46">46</xref>. Karl-Otto Apel ya había destacado el dilema que opone
        las condiciones de posibilidad de la constitución del sentido histórico y las de la
        justificación de la validez, concluyendo por la negativa en el caso de Heidegger —por lo
        menos, en el caso de la historia del ser<xref ref-type="fn" rid="fn47">47</xref>. Más cerca
        de nosotros, la obra de Dominique Pradelle profundiza en este problema e intenta responder a
        la dificultad que acarrea pensar la historia del ser fuera de toda relación de efectos. Sin
        embargo, su respuesta, y más allá de que se pueda juzgar convincente o no, se concentra
        sobre todo en la historia de la ciencia y en la comprensión del ser que una época precisa es
        capaz de elaborar de manera científica, y, a partir de ahí, en la sucesión de épocas del ser
        como paradigmas científicos, estableciendo así un diálogo con la tríada
          Koyré-Foucault-Kuhn<xref ref-type="fn" rid="fn48">48</xref>. En ese sentido, encontramos
        un fondo historiográfico potencialmente fecundo a partir de la historia del ser, aunque
        tampoco sea exactamente el que puede conducirnos a una revisión más propiamente
        «filosófico-histórica» de los autores de nuestra tradición.</p>
  <p>Por nuestra parte, creemos que aquí se abre un inmenso terreno historiográfico, uno que merece
        ser explorado con detenimiento, paciencia y rigor. Si nos aventuramos en él, debería
        conducirnos a encontrar <italic>determinaciones positivas</italic> respecto a las cuestiones
        que, si permanecemos con los dos pies hundidos en el diagnóstico heideggeriano, seguirían
        siendo demasiado abstractas. Finalmente, se tratará entonces de concretizar el proyecto de
        la historia del ser en cuanto <italic>historia de la filosofía</italic>, y de demostrar
        argumentativamente lo que hay de cierto en la siguiente reflexión de Heidegger, que
        encontramos en las «<italic>Anmerkungen V</italic>»:</p>
  <disp-quote>
    <p>Si, [a partir] de mis interpretaciones de la historia del pensar (a lo largo de más de 30
          años de docencia) no se quisiera aprender nada más que el respeto
            [<italic>Achtung</italic>] por aquello que acontece [<italic>geschehen</italic>] en la
          historia del pensar, eso sería suficiente<xref ref-type="fn" rid="fn49">49</xref>.</p>
  </disp-quote>
  <p>La pregunta final, entonces, gira en torno a cómo comprender esa
  última palabra cuando la aplicamos a la historia de la filosofía:
  <italic>acontecer</italic>.</p>
</sec>
</body>
<back>
<fn-group>
  <fn id="fn1">
    <label>1</label><p>Este trabajo es parte de la ayuda <italic>Juan de
    la Cierva</italic>, financiada por MCIN/AEI/10.13039/50100011033 y
    por la Unión Europea «NextGenerationEU»/PRTR. Este contrato se
    financia con cargo a fondos del Mecanismo de Recuperación y
    Resiliencia de la Unión Europea-NextGenerationEU establecido por el
    Reglamento (UE) 2020/2094, del Consejo de 14 de diciembre de 2020,
    por el que se establece un instrumento de Recuperación de la Unión
    Europea para apoyar la recuperación tras la crisis de la COVID-19.
    Es la reelaboración de una conferencia presentada en el coloquio
    internacional <italic>La historicidad de los conceptos</italic>, que
    tuvo lugar el 25 y 26 de mayo de 2023, en la Universitat de
    València. Una versión en inglés fue presentada en el 8to congreso de
    la <italic>Central and East European Society for
    Phenomenology</italic>, con el título <italic>Phenomenology and
    History</italic>, en la Universidad de Novi Sad (Serbia), durante
    los días 6-8 de septiembre de 2023. Agradecemos a Anna Yampolskaya y
    a Aengus Daly por sus comentarios.</p>
  </fn>
  <fn id="fn2">
    <label>2</label><p>Arendt, H. y Heidegger, M. <italic>Correspondencia 1925-1975</italic>, Barcelona, Herder, 2000,
          p. 107. Salvo <italic>Ser y tiempo</italic> (Tubinga, Max Niemeyer Verlag, 1979; de ahora
          en adelante <italic>SuZ</italic>), citamos la obra de Heidegger según la edición de la
            <italic>Gesamtausgabe</italic> (GA), en curso de publicación en Fráncfort del Meno,
          Vittorio Klostermann, desde 1975. Como es habitual en los comentarios sobre Heidegger,
          citamos cada volumen según el número y la paginación original. Menos en el caso de
            <italic>Ser y tiempo</italic>, en el que usamos la traducción de J. E. Rivera, las
          traducciones son nuestras, aunque nos hemos apoyado en las traducciones disponibles al
          castellano.</p>
  </fn>
  <fn id="fn3">
    <label>3</label><p>GA 65, p. 332. Como señala J. Sallis, Nietzsche menciona en el «Prólogo» del
            <italic>Zaratustra</italic> (§ 10) la «decadencia» del ser humano como aquello que puede
          ser amado en él. Por otro lado, el concepto tiene en Hölderlin una importancia
          fundamental, especialmente en el texto «El devenir en el perecer» [<italic>Werden im
            Vergehen</italic>, 1799-1800], sobre el que Heidegger apoya gran parte de su
          interpretación del poeta. Cf. Hölderlin, <italic>Sämmtliche Werke</italic> 2, Fráncfort
          del Meno, DKV, 1992-1994; tr. esp., «El devenir en el perecer», <italic>Ensayos</italic>,
          Madrid, Hiperión, pp. 97-103; Sallis, J. «Grounders of the Abyss», in C. E. Scott, S. M.
          Schoenbohm, D. Vallega-Neu y A. Vallega (eds.)<italic>, Companion to Heidegger’s</italic>
          Contributions to Philosophy, Bloomington-Indianapolis, Indianapolis University Press, p.
          190.</p>
  </fn>
  <fn id="fn4">
    <label>4</label><p>Podríamos condensar esto en la descripción (voluntariamente paródica) que ofrece I. Hacking en su
          artículo sobre modos del historicismo. La historia del ser se resumiría entonces en
          «deshacer, un montón de historicismo, la idea de progreso es insostenible gracias a la
          reflexión historicista, pero si pudiéramos recomenzarlo todo, después de un deshacer
          reflexivo total, eso podría ser algo» (Hacking, I. «Two Kinds of “New Historicism” for
          Philosophers», in <italic>Historical Ontology</italic>, Cambridge-Londres, Harvard
          University Press, 2002, p. 59).</p>
  </fn>
  <fn id="fn5">
    <label>5</label><p>Nos referimos a los volúmenes 65, 66 (<italic>Besinnung</italic>, 1997), 67 (<italic>Metaphysik
            und Nihilismus</italic>, 1999), 69 (<italic>Die Geschichte des Seyns</italic>, 1998), 70
            (<italic>Über den Anfang</italic>, 2005), 71 (<italic>Das Ereignis</italic>, 2009) y 73
            (<italic>Zum Ereignis-Denken</italic>, 2013). A estos volúmenes se añaden los
            <italic>Schwarze Hefte</italic> (GA 94 hasta GA 102, 2014-2022) y otros textos
          adyacentes, como el volumen de notas de lectura publicado en GA 82 (<italic>Zu eigenen
            Veröffentlichungen</italic>, 2018)</p>
  </fn>
  <fn id="fn6">
    <label>6</label><p>Cf. «Proyectos para la historia del ser como
    metafísica», GA 6.2, pp. 417-438.</p>
  </fn>
  <fn id="fn7">
    <label>7</label><p>La lista de detractores de la historia del ser es considerable, y tendremos la ocasión de citar a
          algunos de ellos a lo largo de este trabajo. Mencionemos, ya de entrada, a Adorno, que
          considera esta historia una hipóstasis del ser condenada a recaer en una mitología
          totalitaria (<italic>Negative Dialektik</italic>, in <italic>Gesammelte Schriften</italic>
          6, Berlín, Suhrkamp,1999, p. 97 <italic>sq</italic>.). Se consultarán también algunas
          referencias de Blumenberg, fragmentadas a lo largo de toda su obra. El metaforólogo ve en
          la historia del ser un proyecto eminentemente antimoderno, donde la capacidad de
          autoafirmación del ser humano es mermada desde sus bases más profundas. Cf.
            <italic>Trabajo sobre el mito</italic>, Barcelona, Paidós, p. 314; <italic>Teoría del
            mundo de la vida</italic>, México, Fondo de Cultura Económica, 2013, p. 52: «Esta
          precisión para aislar una filosofía separada de todas las ciencias, dependiente tan sólo
          de su propio <italic>pathos</italic> de la fundamentación en la comprensión del ser,
          obstaculiza inevitablemente la ejecución de la pregunta por la relación entre mundo de la
          vida y ciencia». Por otro lado, y a una distancia crítica más moderada, la escuela
          francesa de historiadores de la filosofía, en particular, ha producido numerosas
          contribuciones que destacan los límites de la interpretación
            <italic>ontoteológica</italic> de Heidegger, intentando demostrar cómo grandes figuras
          de la metafísica (Agustín, Tomás de Aquino, Descartes, Pascal…) no encajan en el modelo en
          el que Heidegger quiere insertarlos. Remitimos a algunas de las obras principales al
          respecto: Marion, J.-L. <italic>Sur le prisme métaphysique de Descartes</italic>, París,
          Presses Universitaires de France, 1986; Courtine, J.-F. <italic>Inventio analogiae.
            Métaphysique et ontothéologie</italic>, París, Vrin, 2005; Boulnois, O.
            <italic>Métaphysiques rebelles</italic>, París, Presses Universitaires de France, 2013.
          Encontramos un resumen de esta cuestión en Marion, J.-L. <italic>La métaphysique et
            après</italic>, París, Grasset, 2022.</p>
  </fn>
  <fn id="fn8">
    <label>8</label><p>Al respecto, además de los famosos cursos sobre Nietzsche (GA 6.1 y 6.2), se consultará la
          sección 72 de las <italic>Contribuciones a la filosofía</italic> (GA 65, pp. 138-141).
          Véase también Slama, P. «Une figure psycho-théologique dans la pensée de Heidegger», in
          Arrien, S.-J. y Sommer, C. (eds.), <italic>Heidegger aujourd’hui. Actualité de sa pensée
            de l’événement</italic>, París, Hermann, 2021, pp. 379-419.</p>
  </fn>
  <fn id="fn9">
    <label>9</label><p>Cf. Haase, U. «Approaching Heidegger’s History of Being Through the <italic>Black
            Notebooks</italic>», <italic>Journal of the British Society for Phenomenology</italic>,
          51, 2, 2019, p. 107 <italic>sq</italic>; Monod, J.-C., <italic>La querelle de la
            sécularisation</italic>, París, Vrin, 2002, p. 14; tr. esp., <italic>La querella de la
            secularización</italic>, Buenos Aires, Amorrortu, 2015, p. 22. Además de los autores
          citados y por citar, nuestro trabajo, pese a partir de otra perspectiva, se inspira
          también en intuiciones como las que encontramos en Barash, J. A. <italic>Martin Heidegger
            and the Problem of Historical Meaning</italic>, Dordrecht, Martinus Nijhoff, 1988;
          Galzacorta Muñoz, I. «¿Morbus hermeneuticus? Heidegger y la historia de la filosofía»,
            <italic>Revista de Filosofía</italic>, 36, 2, 2011, pp. 133-156 y en Vallega-Neu, D.
            <italic>Heidegger’s Poietic Writings</italic>, Bloomington, Indiana University Press,
          2018.</p>
  </fn>
  <fn id="fn10">
    <label>10</label><p>Ricœur, P. <italic>La métaphore vive</italic>,
    París, Seuil, 1975, pp. 395-397; tr. esp., <italic>La metáfora
    viva</italic>, Madrid, Trotta/Cristiandad, 2001, pp. 411-413. Véase,
    en particular, p. 396; tr. esp., 414: «Pero, como tal, [este pensar]
    no tiene el privilegio de oponerse a todos los demás, relegados en
    el cierre de “la” metafísica. Su inadmisible pretensión es la de
    poner fin a la historia del ser, como si “el ser desapareciese en el
    <italic>Ereignis</italic>”».</p>
  </fn>
  <fn id="fn11">
    <label>11</label><p>Aunque el término <italic>Geschick</italic> ya aparece en algunos de los escritos privados, su
          uso es muy parco y no se aborda en profundidad. Es a partir de mediados de los años ’40,
          como en <italic>Das Ereignis</italic> y en las «<italic>Anmerkungen</italic>», incluidas
          en el cuarto volumen de los <italic>Cuadernos negros</italic>, cuando su uso alcanza el
          carácter de concepto fundamental.</p>
  </fn>
  <fn id="fn12">
    <label>12</label><p>GA 98, p. 280. Como leemos en <italic>Die
    Geschichte des Seyns</italic> [1938-1940], se trata de retirar la
    <italic>objetivación</italic> de la historia de la metafísica para
    que ésta no sea una «historiografía de la filosofía
    [<italic>Historie der Philosophie</italic>]» (GA 69, p. 143).</p>
  </fn>
  <fn id="fn13">
    <label>13</label><p>GA 97, p. 141. Véase también GA 73.2, p. 1462. El filósofo escribe: «Destrucción fenomenológica —
          historia del ser».</p>
  </fn>
  <fn id="fn14">
    <label>14</label><p><italic>SuZ</italic>, § 6, p. 22 <italic>sq</italic>. Cf. «Zeit und Sein», GA 14, p. 13. Véase
          también el seminario de Zähringen de 1973, donde Heidegger deplora cierta «ingenuidad» en
          la formulación de la <italic>Destruktion</italic> en 1927 (GA 15, p. 395).</p>
  </fn>
  <fn id="fn15">
    <label>15</label><p>GA 82, p. 390.</p>
  </fn>
  <fn id="fn16">
    <label>16</label><p><italic>Ibíd.</italic> Cf. <italic>SuZ</italic>,
    § 6, p. 23.</p>
  </fn>
  <fn id="fn17">
    <label>17</label><p>La continuidad «mínima» que procuramos delimitar constituye una elección metodológica voluntaria,
          y somos conscien tes de que podría ser invertida, privilegiando al contrario las
          diferencias fundamentales (e innegables) que se hallan entre una hermenéutica de la vida
          fáctica, una analítica existencial que toma al <italic>Dasein</italic> como punto de
          partida cuasi trascendental con vistas a elaborar una ontología fundamental, y el proyecto
          histórico del ser —donde la facticidad parece descartada y donde el
            <italic>Dasein</italic> ya no tiene el mismo estatuto como condición de posibilidad.
          Para una perspectiva crítica sobre la transición, que va desde la destrucción en el joven
          Heidegger hasta las tendencias hermenéutico-poiéticas de los escritos en los años ’30 y
          ’40, remitimos a Arrien, S.-J. «El pensar del evento y la transformación de la
          hermenéutica en Heidegger. De la destrucción fenomenológica a la destrucción poiética»,
            <italic>Studia Heideggeriana</italic>, XII, 2023, pp. 9-21.</p>
  </fn>
  <fn id="fn18">
    <label>18</label><p>Para una interpretación de tipo «continuista» entre la destrucción y la historia del ser, pero
          que se centra en los cursos de juventud y en los textos posteriores a la Segunda Guerra
          Mundial, llegando a conclusiones semejantes a las nuestras, véase McNeill, W. «From
            <italic>Destruktion</italic> to the History of Being», <italic>Gatherings: The Heidegger
            Circle Annual</italic>, 2, 2012, pp. 24-40.</p>
  </fn>
  <fn id="fn19">
    <label>19</label><p>Derrida, J. <italic>De la
    grammatologie</italic>, París, Minuit, 1972, p. 52; tr. esp.,
    <italic>De la gramatología</italic>, México, Siglo XXI, 1986, p.
    48.</p>
  </fn>
  <fn id="fn20">
    <label>20</label><p>GA 14, pp. 87-88.</p>
  </fn>
  <fn id="fn21">
    <label>21</label><p>Cf. GA 94, p. 390. Al respecto, véase también GA 71, pp. 6162.</p>
  </fn>
  <fn id="fn22">
    <label>22</label><p>Por varias razones, entre las que destacamos el rechazo implícito por parte de Heidegger de lo
          que él mismo habría ayudado a fundar: un método hermenéutico que esté a la altura y que
          rinda justicia a la conciencia histórica y al fenómeno del
            <italic>ser-afectado-por-el-pasado</italic>. Por otro lado, cabe destacar cómo Heidegger
          niega que los métodos explicativos de las ciencias humanas sean capaces de ayudarnos a
            <italic>comprender mejor</italic> un texto filosófico antiguo, lo que es, cuanto menos,
          problemático. Cf. Ricœur, P. <italic>Temps et récit 3</italic>, París, Points, 1991, p.
          405; tr. esp., <italic>Tiempo y narración III</italic>, Buenos Aires, Siglo XXI, 2009, p.
          965: «Sin embargo, ¿cómo cumplirá la hermenéutica con esta tarea, si no usara la
          objetividad historiográfica como una criba respecto a las tradiciones muertas, o respecto
          a lo que tomamos como desviaciones de las tradiciones en las cuales nos reconocemos a
          nosotros mismos?». Y, en la página siguiente: «Entonces, ¿cómo se dejará interpelar el
          intérprete por las “cosas mismas” si no usa, al menos de un modo negativo, la filtración
          operada por la distancia temporal?».</p>
  </fn>
  <fn id="fn23">
    <label>23</label><p>Cf. GA 69, p. 88.</p>
  </fn>
  <fn id="fn24">
    <label>24</label><p>Véase, p. e., <italic>Meditación</italic>
    [1938/39], donde Heidegger destaca que la diferencia entre ser y
    ente falta en cada época de la metafísica, pero lo hace cada vez de
    una manera distinta y singular (GA 66, pp. 374-375).</p>
  </fn>
  <fn id="fn25">
    <label>25</label><p>Si se nos permite el argumento biográfico-anecdótico, cabe subrayar que el propio Heidegger ha
          mostrado, a lo largo de su carrera, cierto reconocimiento (parcial) de esta tendencia,
          aunque sea criticando las ediciones de otros filósofos: la de los presocráticos, en
          particular, pero también la de la <italic>Voluntad de poder</italic> de Nietzsche, que
          ataca al comienzo de su curso (GA 6.1, pp. 5-9).</p>
  </fn>
  <fn id="fn26">
    <label>26</label><p>GA 73.2, p. 1482. La apertura del <italic>Ereignis</italic> como evento indeterminado
          temporalmente, que inaugura un nuevo sentido del ser imposible de prever, acerca el
          proyecto de la historia del ser al pensamiento de Derrida —probablemente más de lo que el
          filósofo francés estaría dispuesto a asumir. Recordemos que en «Envío», Derrida intenta
          desmontar la historia del ser por la insuficiencia de su lógica del cierre; más
          precisamente, por cómo la representación se inserta en ella («Envío», in <italic>Psychè.
            Invenciones del otro</italic>, Adrogué, La Cebra, 2016, pp. 115-152). Cf. <italic>Dire
            l’événement, est-ce possible ?</italic>, París, L’Harmattan, 2001.</p>
  </fn>
  <fn id="fn27">
    <label>27</label><p>GA 73.2, p. 1330. Otra nota breve apunta a que tal habría sido el límite de la destrucción en
            <italic>Ser y tiempo</italic>, donde leemos que esta última más bien constituiría un
          «proceder científicohistórico» [<italic>historischer Vorgang</italic>] para la
          «liberación» [<italic>Freilegung</italic>] del comienzo de la pregunta por el ser (GA
          73.2, p. 1462).</p>
  </fn>
  <fn id="fn28">
    <label>28</label><p>GA 65, p. 58: «Der Anfang —anfänglich begriffen— ist das Seyn selbst». Cf. P. Ricœur, <italic>La
            métaphore vive</italic>, <italic>op. cit.</italic>, p. 396; tr. esp., <italic>op.
            cit.</italic>, p. 413: «¿Qué [filósofo] no se ha esforzado por distinguir el “comienzo
          del pensar” de todo inicio cronológico?». Cf. Marion, J.-L. <italic>La métaphysique et
            après</italic>, <italic>op. cit.</italic>, p. 217: «Si el <italic>Anfang</italic> no se
          sitúa cronológicamente, es porque da su sitio a la historicidad de la historia, sin dejar
          de retomarla por un solo instante; para alcanzar la filosofía en su historia, no se trata
          más que de ir a buscar lo que la retoma en cada época, acceder a su retoma constante».</p>
  </fn>
  <fn id="fn29">
    <label>29</label><p>Se vuelve posible aquí otra «<italic>crítica de los críticos»</italic> de la historia del ser, a
          saber, contra todos aquellos que la acusan de seguir un hilo único y que todo lo engloba.
          Como ya hemos subrayado, Ricœur considera hiperbólica la manera en la que Heidegger lee la
          tradición metafísica, reduciéndola a una historia total y exclusiva. En ese sentido, nos
          parece que el hermeneuta francés considera el proyecto de la historia del ser —que cita
          muy poco, en beneficio de los análisis de la historicidad en <italic>Ser y
          tiempo</italic>— como una especie de historia filosófica invertida, donde Heidegger se
          arrogaría el título de «último filósofo de la historia» (Cf. <italic>Temps et récit
            3</italic>, <italic>op. cit</italic>., II, 6; <italic>Histoire et vérité</italic>,
          París, Points, 2001, (1<sup>era</sup> ed., 1955), p. 54; tr. esp., <italic>Historia y
            verdad</italic>, Madrid, Encuentro, 1990, p. 43). Pero, en realidad, esta historia ni
          tan siquiera pretendería alcanzar el triunfo de la razón y del saber absoluto, recayendo
          en una espera escatológica del ser. Los escritos privados también exponen una crítica de
          toda aproximación escatológica del ser (como eminentemente metafísica en cuanto espera de
          un «estado de cosas» por llegar), y no se excluye que esta lectura sea una interpretación
          posible —entre muchas otras. La historia del ser no puede ser una historia de mediaciones
          totales. Al contrario, rechaza toda idea de mediación —lo que acarrea otras dificultades.
            Cf<italic>.</italic> GA 66, p. 245 y GA 70, pp. 192-193. El problema de la «escatología
          del ser», que podemos identificar a partir de finales de los años ’40, no debe ser
          interpretado en los términos metafísicos aquí denunciados, sino que concierne otra
          tentativa de releer la lógica del cierre propia de la metafísica. Contamos con abordar
          esta cuestión en un próximo texto, que constituiría la segunda parte de este trabajo.</p>
  </fn>
  <fn id="fn30">
    <label>30</label><p>GA 70, p. 12. Al respecto, véase Barbarič, D. «Der untergehende Anfang», in <italic>Zum anderen
            Anfang</italic>, Friburgo, Karl Alber, 2016, pp. 82-96.</p>
  </fn>
  <fn id="fn31">
    <label>31</label><p>GA 71, p. 27. Cf. GA 69, p. 143.</p>
  </fn>
  <fn id="fn32">
    <label>32</label><p>GA 71, p. 30.</p>
  </fn>
  <fn id="fn33">
    <label>33</label><p>GA 71, p. 302.</p>
  </fn>
  <fn id="fn34">
    <label>34</label><p>GA 71, pp. 315-316.</p>
  </fn>
  <fn id="fn35">
    <label>35</label><p>GA 98, p. 280.</p>
  </fn>
  <fn id="fn36">
    <label>36</label><p>Cf. Arrien, S.-J. «El pensar del evento…»,
    <italic>op. cit</italic>., p. 19.</p>
  </fn>
  <fn id="fn37">
    <label>37</label><p>Marion, J.-L. <italic>La métaphysique et après</italic>, <italic>op. cit.</italic>, p. 64.
          Incluso desde perspectivas de raigambre más analítica, como las del último libro de C.
          Panaccio, es posible juzgar la historia del ser como un método genealógico susceptible de
          completarse con diferentes métodos y aproximaciones. Cf. <italic>Récit et reconstruction.
            Les fondements de la méthode en histoire de la philosophie</italic>, París, Vrin, 2019,
          p. 146 <italic>sq</italic>.</p>
  </fn>
  <fn id="fn38">
    <label>38</label><p>Cf. Sommer, C. <italic>Mythologie de
    l’événement. Heidegger avec Hölderlin</italic>, París, Presses
    Universitaires de France, 2017; Trawny, P. <italic>Heidegger y el
    mito de la conspiración mundial de los judíos</italic>, Barcelona,
    Herder, 2014.</p>
  </fn>
  <fn id="fn39">
    <label>39</label><p>GA 69, p. 98: «¿Se puede probar esto y qué debería ser aquí una prueba? [<italic>Kann das
            bewiesen werden und was sollte hier ein Beweis?</italic>]» Cf. <italic>ibíd</italic>.,
          p. 135. Véase también <italic>ibíd</italic>., p. 102, donde Heidegger da a entender que, a
          medida que la historia como <italic>Geschichte</italic> se despliega, la verdad se acerca
          más al ente, hasta convertirse en objeto de la investigación científica. Lo que no quita,
          como precisa unas páginas más adelante, que la <italic>Geschichte</italic> como apertura
          sea el ámbito a partir del cual los «estudios historiográficos» son posibles
            (<italic>ibíd</italic>., p. 163).</p>
  </fn>
  <fn id="fn40">
    <label>40</label><p>GA 71, p. 258-259. Sobre la
    <italic>ambigüedad</italic> de la relación entre
    <italic>Historie</italic> y <italic>Geschichte</italic>, véase
    también GA 65, p. 153.</p>
  </fn>
  <fn id="fn41">
    <label>41</label><p>GA 97, pp. 222-223. Para un análisis crítico de
    este pasaje, remitimos al lector a Farin, I y Malpas, J. «On
    Overestimating Philosophy: Lessons from Heidegger’s Black
    Notebooks», <italic>Journal of Aesthetics und
    Phenomenology</italic>, 4, 2, 2017, p. 191 <italic>sq</italic>.
    Siguiendo a Françoise Dastur, que traduce
    <italic>Verwindung</italic> por <italic>assomption</italic>, lo
    traducimos por <italic>asunción</italic>, para captar el sentido de
    una superación que interioriza lo superado. Cf. Dastur, F.
    <italic>Heidegger et la question anthropologique</italic>, Lovaina,
    Peeters, 2000, p. 84.</p>
  </fn>
  <fn id="fn42">
    <label>42</label><p>GA 97, p. 491. A algo parecido apunta W. McNeill, cuando afirma, basándose principalmente en la
            <italic>Carta sobre el humanismo</italic> [1947], que «the later thought of the history
          of Being as destinal cannot itself be thought without historiological presentation of the
          history of philosophy» e incluso que «the concealments of Being [the manifold ways in
          which Being has destined itself positively] constitute the history of philosophy».
          (McNeill, W. «From <italic>Destruktion</italic> to…», <italic>op. cit</italic>., pp.
          3536). Pero Heidegger no es explícito a este respecto, puesto que de lo que se trata es de
          determinar con qué tipo de <italic>historia de la filosofía</italic> estamos
          trabajando.</p>
  </fn>
  <fn id="fn43">
    <label>43</label><p>Unas páginas más adelante, podemos leer como Heidegger vuelve a su posición más tradicional,
          parafraseando a Hegel: «La experiencia histórica solo enseña que la ciencia histórica no
          enseña nada [<italic>Die geschichtliche Erfahrung lehrt nur dieses, daβ man durch Historie
            nichts lernt</italic>]» (GA 97, p. 353).</p>
  </fn>
  <fn id="fn44">
    <label>44</label><p>Sobre los límites del <italic>Geschick</italic>, véase GA 97, p. 379. La crítica a la noción de
          envío revela ciertas reticencias por parte de Heidegger, que no llevará hasta el final: el
          envío sigue operativo en la mayoría de los textos de los años ’50 y ’60.</p>
  </fn>
  <fn id="fn45">
    <label>45</label><p>Por decirlo con las palabras (irónicas) de J.-L.
    Marion en la entrevista que le acordó a D. Janicaud: «seamos un poco
    popperianos en historia de la metafísica» (<italic>Heidegger en
    France. Entretiens</italic>, París, Albin Michel, 2001, p. 217).</p>
  </fn>
  <fn id="fn46">
    <label>46</label><p>Ricœur, P. <italic>Du texte à l’action. Essais d’herméneutique II</italic>, París, Seuil, 1998,
          pp. 400-402; tr. esp., <italic>Del texto a la acción. Ensayos de hermenéutica II</italic>,
          México, Fondo de Cultura Económica, 2002, pp. 334-336.</p>
  </fn>
  <fn id="fn47">
    <label>47</label><p>Apel, K.-O. «Sinnkonstitution und Geltungsrechtfertigung. Heidegger und das Problem der
          Transzendentalphilosophie», in <italic>Martin Heidegger: Innen— und
            Auβenansichten</italic>, Fráncfort del Meno, Suhrkamp, 1989, pp. 131-175.</p>
  </fn>
  <fn id="fn48">
    <label>48</label><p>Pradelle, D. <italic>Généalogie de la raison. Essai sur l’historicité du sujet transcendantal de
            Kant à Heidegger</italic>, París, Presses Universitaires de France, p. 391
            <italic>sq</italic>. Al respecto, véase también Barash, J. A., <italic>Martin Heidegger
            and the Problem of Historical Meaning</italic>, <italic>op. cit</italic>., p. 280
            <italic>sq</italic>.</p>
  </fn>
  <fn id="fn49">
    <label>49</label><p>GA 97, p. 454.</p>
  </fn>
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