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      <journal-id journal-id-type="publisher-id">ASHF</journal-id>
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        <journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Anales del Seminario de Historia de la Filosofía</journal-title>
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      <issn publication-format="electronic">1988-2564</issn>
      <issn-l>0211-2337</issn-l>
      <publisher>
        <publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
        <publisher-loc>España</publisher-loc>
      </publisher>
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    <article-meta>
      <article-id pub-id-type="doi">10.5209/ashf.89163</article-id>
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        <subj-group subj-group-type="heading">
          <subject>ESTUDIOS</subject>
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      <title-group>
        <article-title>La “palabra congelada”. Tres testimonios epistolares
          en torno a Walter Benjamin</article-title>
        <trans-title-group xml:lang="en">
          <trans-title>The “frozen word”. Three epistolary testimonies about
            Walter Benjamin</trans-title>
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        <contrib contrib-type="author" corresp="yes">
          <contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0002-6684-1123</contrib-id>
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            <surname>Escuela Cruz</surname>
            <given-names>Chaxiraxi</given-names>
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          <xref ref-type="corresp" rid="cor1"/>
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        <aff id="aff-a"><institution content-type="original">Universidad de La Laguna</institution>
          <country country="ES">España</country>
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      <author-notes>
        <corresp id="cor1">Chaxiraxi Escuela Cruz<email>cescuela@ull.edu.es</email></corresp>
      </author-notes>
      <pub-date pub-type="epub" publication-format="electronic" iso-8601-date="2025-09-30">
        <day>30</day>
        <month>09</month>
        <year>2025</year>
      </pub-date>
      <volume>42</volume>
      <issue>3</issue>
      <fpage>633</fpage>
      <lpage>647</lpage>
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        <date date-type="received" iso-8601-date="2023-06-10">
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          <month>06</month>
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        <date date-type="accepted" iso-8601-date="2025-01-10">
          <day>10</day>
          <month>01</month>
          <year>2025</year>
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        <copyright-statement>Copyright © 2025, Universidad Complutense de
          Madrid</copyright-statement>
        <copyright-year>2025</copyright-year>
        <copyright-holder>Universidad Complutense de Madrid</copyright-holder>
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          <license-p>Esta obra está bajo una licencia <ext-link ext-link-type="uri"
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              4.0 International</ext-link></license-p>
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      </permissions>
      <abstract>
        <p>El trabajo presenta una aproximación a tres momentos en forma de cartas que permiten
          comprender ciertos aspectos clave en el desarrollo del proyecto filosófico de Walter Benjamin, así como
          un reflejo de su itinerario personal e intelectual. A través de su correspondencia con Gershom Scholem,
          Theodor W. Adorno y Gretel Karplus es posible articular algunos desafíos teóricos y prácticos a los que
          se enfrentó Benjamin durante su vida académica, como la supuesta transición hacia el materialismo, los
          avatares en torno al proyecto de escritura de su investigación sobre Baudelaire y los Pasajes, o la conexión
          con sus tesis sobre la historia.</p>
      </abstract>
      <trans-abstract xml:lang="en">
        <p>The paper examines an approach to three moments in the form of letters to understand certain
          central aspects in the development of Walter Benjamin’s philosophical project. In his correspondence with
          Gershom Scholem, Theodor W. Adorno and Gretel Karplus, some challenges Benjamin faced are explained,
          such as the supposed transition towards materialism of his thesis or the difficulties in his research on Baudelaire.</p>
      </trans-abstract>
      <kwd-group>
        <kwd>Adorno</kwd>
        <kwd>Baudelaire</kwd>
        <kwd>correspondencia</kwd>
        <kwd>exilio</kwd>
        <kwd>Scholem</kwd>
      </kwd-group>
      <kwd-group xml:lang="en">
        <kwd>Adorno</kwd>
        <kwd>Baudelaire</kwd>
        <kwd>correspondence</kwd>
        <kwd>exile</kwd>
        <kwd>Scholem</kwd>
      </kwd-group>
    </article-meta>
  </front>
<body>
<sec id="sec1">
  <title>1. Introducción</title>
  <p>Hoy se subestima la correspondencia por tener una relación totalmente equívoca con los
        conceptos de obra y de autor, si bien lo cierto es que pertenece al ámbito del “testimonio”.
        Los “testimonios” son parte de la historia de la supervivencia de un individuo y es posible
        estudiar, a partir de la correspondencia, cómo se incorpora la supervivencia a la vida con
        su propia historia<xref ref-type="fn" rid="fn1">1</xref></p>
  <p>El género epistolar ocupó un lugar preferente entre los que cultivó Walter Benjamin durante su
        vida. Lector, escritor, coleccionista y estudioso de cartas, Benjamin dejó tras de sí una
        interesante correspondencia que nos permite comprender aspectos centrales de su itinerario
        personal y de su labor intelectual. Los “bordes y las zonas sombreadas”<xref ref-type="fn"
          rid="fn2">2</xref> de su biografía se dejan ver en la comunicación por carta con amigos y
        conocidos, que relata con precisión las circunstancias personales en las que se encontraba,
        marcadas por el aislamiento gradual, la ausencia de esperanza, la penuria económica y
        finalmente el exilio. Al tiempo, el intercambio epistolar hace posible estudiar la
        trayectoria intelectual del autor, sus planes y proyectos filosóficos, pues muestran la
        manera en la que se anticipan algunos de sus textos, la gestación y el proceso de creación
        de otros en medio de dificultades asombrosas.</p>
  <p>En 1966 se publica la primera selección de cartas de Benjamin, gracias al esfuerzo común de
        Gershom Scholem y Theodor W. Adorno. Empeñados en cuidar el legado intelectual de su amigo,
        recopilan cerca de 600 cartas, entre las cuales seleccionan la mitad para su publicación en
        dos partes. El propósito de la selección, que Habermas reseña como “el gran momento en la
        historia intelectual germano-judía&quot;<xref ref-type="fn" rid="fn3">3</xref>, no era
        resaltar aspectos anecdóticos de la vida del filósofo, sino más bien establecer una conexión
        entre su biografía y el potencial filosófico de su obra. Esta primera colección se
        complementará posteriormente con un total de 1400 cartas y postales recopiladas en seis
        volúmenes. Se trata de un extenso epistolario que abarca, como señala Mattenklott, “casi
        todo el registro de la epistolografía, desde una cita de dos líneas hasta una carta de diez
        páginas de correspondencia académica. Incluye cartas gubernamentales y comerciales, así como
        cartas de amor y algunas familiares”<xref ref-type="fn" rid="fn4">4</xref>. Gracias al
        registro que Benjamin dejó escrito se sabe que se han perdido muchas de sus cartas
        dirigidas, por ejemplo, a su familia, así como a Bloch, a André Bretón o a Asja Lacis. El
        caso extremo lo constituyen las cartas que le dirigieron a él y que en su mayoría sufrieron
        el mismo fatal destino que muchos de los manuscritos que guardaba en el apartamento de
        Berlín. En su prefacio a la colección de 1966, Scholem resumía las dificultades que
        acompañaron al proceso de recopilación de algunas misivas. La mayor parte de las cartas de
        Benjamin fueron confiscadas por la Gestapo cuando embargaron el estudio en 1940 y luego
        terminarían por salvarse gracias a un sabotaje llevado a cabo por un redactor del periódico
        alemán <italic>Pariser Tageszeitung</italic> en cuyo archivo permanecían custodiadas. Los
        documentos que fueron salvados de la destrucción acabarían siendo enviados a Rusia como
        parte del archivo del periódico y no regresarán a la RDA hasta quince años más tarde. En
        esta recopilación es posible leer a un Benjamin escritor epistolar con “talento anticuario y
        desinhibido” que dirige sus misivas a un elenco de intelectuales representativos de la
        primera mitad del siglo pasado como Hugo von Hofmannsthal, Franz Rosenzweig, Bertolt Brecht,
        Hannah Arendt, Ernst Bloch, Carl Schmitt, Rainer Maria Rilke, Siegfried Kracauer o Franz
        Hessel. “Su actitud como escritor de cartas tiende a la del alegorista”, comenta Adorno.
        “Las cartas eran para él imágenes histórico-naturales de lo que sobrevive a la destrucción
        del pasado. Las suyas deben su fuerza como objetos al hecho de no parecerse en absoluto a
        manifestaciones de algo vivo”<xref ref-type="fn" rid="fn5">5</xref>.</p>
  <p>Su correspondencia sirve también para corregir cierta imagen del filósofo que ha servido de
        letanía en las diversas interpretaciones sobre su biografía. Lejos de presentarse como un
        pensador melancólico y aislado, las cartas permiten reconocer su intensa conexión con
        importantes personalidades del mundo intelectual, académico y literario. Al respecto apunta
        Adorno: &quot;la carta le sentaba bien porque alentaba la inmediatez mediada y objetivada de
        antemano. Escribir cartas crea la ficción de lo vivo en medio de la palabra congelada. En la
        carta uno se puede negar la separación y, al mismo tiempo, seguir estando distante,
          separado”<xref ref-type="fn" rid="fn6">6</xref>.</p>
  <p>El trabajo más importante que emprende como coleccionista de cartas es la antología
          <italic>Personajes alemanes</italic><xref ref-type="fn" rid="fn7">7</xref>. A principios
        de los años treinta dedicó una serie de reflexiones en el <italic>Frankfurter
          Zeitung</italic> a una veintena de cartas de personajes históricos de los siglos XVIII y
        XIX. En 1936 logra su publicación en la editorial suiza Vita Nova bajo el pseudónimo “Detlef
        Holz&quot; y en medio de favorables críticas, hasta su captura por la censura nazi un año
        más tarde y su inclusión en la lista de libros prohibidos. Benjamin no parece prestar
        atención a las distinciones entre remitentes. Entre la veintena de cartas se recopilan
        algunas misivas famosas como la de Goethe al físico Thomas Seebeck sobre la teoría de los
        colores, la del profesor de teología Johann Overbeck instando a su amigo Nietzsche a
        convertirse en profesor de instituto, o la de Friedrich Schlegel a Schleiermacher con la que
        se populariza su conocida ruptura personal con la lapidaria frase final “No me contestes”.
        Pero también otras más modestas y anecdóticas, como la escrita por el hermano de Kant tras
        una discusión que los mantuvo en silencio muchos años, o la de Samuel Collenbush, también
        dirigida al filósofo prusiano, en la que el teólogo le reprochaba el carácter pagano de sus
        escritos sobre moral. Como había hecho en el trabajo junto a Haas, Benjamin utilizaba los
        testimonios epistolares como documentación para estudiar tipos sociales, que no
        individuales, característicos del devenir histórico de la cultura burguesa alemana del siglo
        XIX. Por eso, más allá de la articulación concreta de cada misiva, su intención obedecía, en
        palabras de Adorno al deseo de “descubrir una tradición alemana soterrada de la que no puede
        apropiarse el nacionalsocialismo que, indiferente a las diferencias específicas en las que
        tiene su vida el espíritu lo confiscó todo, incluso lo completamente heterogéneo”<xref
          ref-type="fn" rid="fn8">8</xref>.</p>
  <p>También las cartas de Benjamin testimonian la historia de su itinerario vital y teórico, pues
        se trata de un “centro de cristalización de su existencia intelectual”<xref ref-type="fn"
          rid="fn9">9</xref> y un espacio de autorreflexión constante sobre muchas de las cuestiones
        teóricas a las que se dedicaba. En este artículo, se han seleccionado tres momentos
        epistolares que se caracterizan por su profundidad personal y reflexiva. Cada uno de ellos
        permite adentrarnos en la vida de Benjamin durante distintos períodos de su trayectoria,
        desde sus años de formación hasta la década de los treinta, cuando comenzó a sufrir los
        estragos de la penuria económica, la ausencia de oportunidades y el exilio. A través de
        estas cartas, no solo es posible comprender los avatares de formación de algunos de sus
        trabajos más importantes, sino también adentrarnos en el principio de su deriva personal,
        que marca su biografía de manera implacable.</p>
</sec>
<sec id="sec2">
  <title>2. Gershom Scholem y el “giro hacia el pensamiento político”</title>
  <p>La correspondencia con Scholem fue la más extensa que Benjamin mantuvo desde que se conocieron
        por primera vez en 1915 con motivo de la reunión berlinesa de la Asociación de Estudiantes
        Libres. En el “horizonte onírico de la correspondencia”<xref ref-type="fn" rid="fn10"
          >10</xref>, ambos construyeron un profundo vínculo personal e intelectual y encontraron un
        espacio de libertad que parecía cubrir el hueco de la falta de encuentros personales,
        reducidos a dos ocasiones en París en 1927 y 1938. La historia de su correspondencia refleja
        y preserva la historia de una amistad que duraría varias décadas, según Adorno, “la más
        íntima amistad de la vida de Benjamin”<xref ref-type="fn" rid="fn11">11</xref>. En el
        intercambio epistolar se intercalan reflexiones sobre el progreso de sus respectivos
        trabajos e intereses intelectuales, no siempre similares. Comparten diversos aspectos de su
        vida personal y familiar, las reseñas de sus lecturas o también su pasión común por la obra
        de Kafka, que Benjamin considera “una elipse cuyos focos, muy alejados entre sí, están
        determinados por la experiencia mística (que es, sobre todo, la experiencia de la tradición)
        y por la experiencia del hombre moderno en la gran ciudad”<xref ref-type="fn" rid="fn12"
          >12</xref>. Incluso dedican espacio en sus cartas a comentarios mordaces dirigidos a
        algunos intelectuales reconocidos, como aquella en la que Benjamin critica abiertamente a
        Stefan Zweig por su deficiente dominio del francés y asegura guardar la traducción que el
        escritor había hecho de un texto de Baudelaire en “el armario de las ponzoñas y los
          venenos”<xref ref-type="fn" rid="fn13">13</xref>. Benjamin también encontró en su
        intercambio epistolar con Scholem a un fiel interlocutor en los momentos de mayor oscuridad
        por su destino:</p>
        <disp-quote>
          <p>En estos tiempos que ocupan mi fantasía a lo largo del día con los problemas más indignos,
      experimento de noche, con más y más frecuencia, cómo ésta se emancipa en mis sueños, que
      casi siempre son de contenido político. Me agradaría mucho tener alguna vez la oportunidad
      de contártelos. Constituyen un atlas ilustrado de la historia secreta del
      nacionalsocialismo<xref ref-type="fn" rid="fn14">14</xref>.</p>
      </disp-quote>
  <p>Es conocido que las cartas que intercambian a partir de los años treinta contienen motivos
        destacables para comprender la gestación de algunos de sus trabajos más importantes, como su
        investigación sobre la mencionada obra de Kafka. Menos populares son, sin embargo, las
        cartas que se cruzaron en los primeros años de la década de los veinte, durante la estancia
        de Benjamin en el sur de Italia. Entonces las islas cercanas al Golfo de Nápoles fueron el
        principal destino elegido por parte de la intelectualidad europea, que buscaba una vía de
        escape de la depresión económica y social de la Alemania de la posguerra. Benjamin pasa a
        formar parte de este “proletariado intelectual itinerante”<xref ref-type="fn" rid="fn15"
          >15</xref> cuando en abril de 1924 se traslada a Capri, unos días antes de que Alemania
        comenzara a restringir los viajes al extranjero sin hacer un depósito monetario que su
        precaria situación financiera hubiera impedido.</p>
  <p>Aunque Benjamin había visitado Italia en ocasiones anteriores, esta estancia contará con
        algunas peculiaridades que quedaron reflejadas en una abundante correspondencia
        intercambiada a lo largo de varios meses. Fascinado por lo que experimenta, describe a
        Nápoles como “la ciudad más brillante del mundo, con excepción de París”<xref ref-type="fn"
          rid="fn16">16</xref>, lo que le motiva a redactar numerosas cartas detallando sus
        impresiones sobre los lugares que visitaba. Estas misivas se convierten en una crónica de su
        proceso de aprendizaje y de experiencia en el sur italiano, convencido de que como le cuenta
        al editor Richard Weissbach, “la isla de Capri es tan peligrosa que, una vez llegas, no
        puedes arrancarte de ella y su poder de seducción aumenta con la proximidad de Nápoles”<xref
          ref-type="fn" rid="fn17">17</xref>. En ellas relata sus descubrimientos y excursiones por
        Ravello, Salerno o Pompeya, así como diversas anécdotas, como su asistencia a un congreso
        internacional de Filosofía que celebraba la Universidad de Nápoles con motivo de su 500
        aniversario. Preso de un estado de indignación poco frecuente en sus epístolas, narra a su
        amigo Scholem la irritación que le embargaba al contemplar las aulas del congreso vacías
        mientras las calles se desbordaban de multitudes: “ya estaba convencido de que los filósofos
        son los más superfluos lacayos de la burguesía internacional. Lo que no había visto antes
        era que exhibieran su inferioridad por todas partes con tan solemne miserabilidad”<xref
          ref-type="fn" rid="fn18">18</xref>.</p>
  <p>Las cartas también reflejaban los avances —no siempre satisfactorios— de sus compromisos
        académicos. Al mes de su llegada, se publica la primera parte del ensayo sobre <italic>Las
          afinidades electivas</italic> de Goethe en la <italic>Neue Deutsche Beiträge</italic>,
        revista del escritor Hugo von Hofmannsthal. “Con toda probabilidad, trataré de extender mi
        estancia aquí más del tiempo que inicialmente pensé”, comentaba a Scholem, “me estoy
        preparando para empezar aquí mi trabajo”<xref ref-type="fn" rid="fn19">19</xref>. Al
        trasladarse a Italia no solo ansiaba encontrar un respiro en medio de unas dificultades
        económicas que comenzaban a ser acuciantes, sino que también buscaba de un lugar tranquilo
        que le permitiera adelantar la redacción de su trabajo sobre el barroco con el que planeaba
        habilitarse como profesor en la Universidad de Frankfurt.</p>
  <disp-quote>
    <p>Durante estos meses, que no han sido fáciles, he completado la introducción epistemológica de
          mi libro, el primer capítulo “El rey en el <italic>Trauerspiel</italic>” y casi todo el
          segundo también “<italic>Trauerspiel</italic> y tragedia”. Aún debo escribir el tercero,
          “Teoría de la alegoría” y una conclusión. En consecuencia, el proyecto no estará terminado
          en la fecha de vencimiento original. No obstante, espero entregarlo en navidad, cuando la
          situación académico-diplomática podría haber cambiado un poco y no comprometa su
            éxito<xref ref-type="fn" rid="fn20">20</xref>.</p>
  </disp-quote>
  <p>Las jornadas de trabajo no le impedían entrar en contacto con la ciudad y sus habitantes.
        También disfrutar de encuentros con personalidades destacadas de la vida cultural y
        académica de la época, como Kracauer, Sohn-Rethel o Bloch, así como con artistas como los
        futuristas Enrico Prampolini y Filippo Tommaso Marinetti. “Vi Salerno el mismo día. Pompeya
        por segunda vez y Nápoles quizás por vigésima vez”, explica a Scholem. “He acumulado una
        enorme cantidad de notas con comentarios sobre la ciudad que estoy considerando
          desarrollar”<xref ref-type="fn" rid="fn21">21</xref>. Estas observaciones se convertirán
        en la base de varios trabajos, como un curioso artículo sobre el almuerzo caprese, una
        reseña de un libro de viajes sobre Nápoles o una conferencia de radio sobre la ciudad en los
        primeros años de la década de los treinta.</p>
  <p>El principal trabajo que recogerá las impresiones del autor será <italic>Nápoles</italic>,
        ensayo que escribe con la colaboración de la directora de teatro letona Asja Lacis y que se
        publica en <italic>Frankfurter Zeitung</italic> el 19 de agosto de 1925. A Scholem le
        explica que el texto presenta un análisis sobre el paisaje urbano y “el temperamento de la
        vida napolitana”<xref ref-type="fn" rid="fn22">22</xref>, utilizando como hilo conductor el
        concepto de “porosidad”. La porosidad característica de la piedra predominante en la
        arquitectura local se convierte en imagen de la permeabilidad propia de las formas de vida
        sociales y antropológicas napolitanas, en “la ley inderogable de esta vida, dispuesta a ser
        promulgada una y otra vez”<xref ref-type="fn" rid="fn23">23</xref>. Poroso es el tejido
        social de la ciudad, así como las costumbres de sus habitantes, donde se entrelazan ámbitos
        aparentemente antagónicos. Lo privado y lo público, lo profano y lo sagrado, el interior y
        el exterior:</p>
  <disp-quote>
    <p>Porosa como esta piedra es la arquitectura. La construcción y la acción se imbrican en los
          patios, en las arcadas, en las escaleras. Todo preserva un margen que le permite
          convertirse en escenario de nuevas constelaciones imprevistas. Se evita lo definitivo, lo
          acuñado. Ninguna situación parece, en su estado actual, pensada para siempre, ninguna
          forma mantiene su así y de ninguna otra manera<xref ref-type="fn" rid="fn24"
          >24</xref>.</p>
  </disp-quote>
  <p>En una carta a Scholem de marzo de 1924 explica que su “pasión por la emblemática barroca”<xref
          ref-type="fn" rid="fn25">25</xref> le ha llevado a planear un largo compendio de emblemas
        al que pretendía dedicarse tras la finalización de sus compromisos académicos. Todo parece
        indicar que se trata de las <italic>Denkbilder</italic>, una antología de textos en la que
        incluirá el ensayo sobre Nápoles. Como pequeñas narraciones sobre temas diferentes, las
          <italic>Denkbilder</italic> o “imágenes de pensamiento” se presentan como pequeñas
        construcciones alegóricas en la que se entremezclan elementos propios del pensamiento
        conceptual y figurativo. Por eso, la importancia del texto sobre Nápoles no solo se
        encuentra en que se trata de la primera vez que convierte la ciudad en un objeto de
        reflexión filosófica, sino también en presentar uno de los anclajes programáticos de la obra
        benjaminiana al mostrar el esfuerzo del filósofo por conducir la alegoría más allá de los
        límites del mundo barroco.</p>
  <p>Benjamin cuenta a Max Rychner su esfuerzo por “orientar la dirección del pensamiento hacia
        aquellos objetos en los que, en cada caso, aparece la verdad de manera más comprimida”<xref
          ref-type="fn" rid="fn26">26</xref>. El deseo de rescatar un enfoque de la alegoría
        distinto al mero recurso artístico o literario, pasa por entender en el lenguaje alegórico
        la posibilidad de un modo de experiencia que ahonde en los «signos de la transitoriedad» y
        que, en última instancia, afecte a la manera de comprender el propio método filosófico. “Los
        emblemas barrocos se dejan comprender como productos que se encuentran a medio fabricar, que
        de ser las etapas propias de un proceso productivo se han ido a convertir en monumentos del
        proceso de una destrucción”<xref ref-type="fn" rid="fn27">27</xref>. Las imágenes alegóricas
        ponen de manifiesto una forma distinta de comprender la historia, basada en las ideas de
        “creación” y “caducidad”. Por eso, el tema de la alegoría atravesará su itinerario
        filosófico más allá de los contornos académicos del estudio sobre el barroco. También en el
        ensayo sobre Nápoles, donde la alegoría se entiende como forma de escritura basada en la
        construcción de imágenes concretas y la atención a lo insignificante. Así pues, el deseado
        rescate de la alegoría barroca frente a la antigua equiparación con el símbolo permite
        comprender la base teórica de esta nueva forma de hermenéutica materialista que se verá en
        los retratos de ciudades. En este sentido, Asja Lacis insiste en la intención manifestada
        por Benjamin durante la redacción del trabajo sobre Nápoles de poner en relación la
        dramática barroca con problemas de la literatura contemporánea con objeto de demostrar que
        “la alegoría es un medio de un alto valor artístico, es más, que es una forma especial de la
        experiencia estética”<xref ref-type="fn" rid="fn28">28</xref> y de comprensión de la verdad.
        Por eso, el ensayo sobre la ciudad italiana evidencia los primeros pasos de la constitución
        de un programa de filosofía abierto a la reflexión sobre los fenómenos profanos,
        aparentemente superficiales. Como apunta Caygill, “la transición temporal es experimentada
        en términos de transitividad, mientras que la transición espacial lo hace como
          porosidad”<xref ref-type="fn" rid="fn29">29</xref>. Si bien resulta frecuente acudir a
          <italic>Calle de dirección única</italic> como prueba de esta forma de hermenéutica, lo
        cierto es que en su <italic>Denkbild</italic> sobre Nápoles es posible encontrar las
        primeras huellas del método del análisis micrológico característico del materialismo
        benjaminiano en la búsqueda de la extrema concreción histórica que con posterioridad se verá
        en los trabajos sobre los Pasajes. Por eso, si sus esfuerzos se centraron en la atención a
        los pasajes parisinos para poner en juego distintas categorías interpretativas de la
        modernidad, los escritos de los años veinte sobre ciudades como Nápoles pueden ser
        entendidos como un ejercicio de preparación de este proyecto.</p>
  <p>Scholem expresa sus reservas en sus misivas ante lo que considera un controvertido e
        injustificado desplazamiento en la orientación política de Benjamin. No sólo por las
        sospechas que le provocaba la reciente relación con Lacis sino, sobre todo, porque temía una
        posible influencia del “comunismo revolucionario” de la directora. Unos años después
        reconoce la perplejidad que le causaron “estas primeras revelaciones sobre la praxis
        política del comunismo que se le aparecían ahora bajo una luz diferente a la de antes”<xref
          ref-type="fn" rid="fn30">30</xref>.</p>
  <p>La investigación bibliográfica sobre Benjamin se ve inmersa un intenso debate al intentar
        reconstruir su interés en temas políticos<xref ref-type="fn" rid="fn31">31</xref>. Algunos
        textos cruciales para comprender este interés se consideran perdidos, mientras que otros
        parecen estar incompletos o esbozados de manera provisional. Esta situación dificulta
        cualquier perspectiva de abordar una visión definitiva de lo que podría considerarse su
        contribución a la crítica política. Con frecuencia se hace una distinción entre un Benjamin
        joven interesado en cuestiones metafísicas y otro más maduro influenciado por preocupaciones
        políticas tras el encuentro con Lacis en su viaje italiano<xref ref-type="fn" rid="fn32"
          >32</xref>. Para presentar esta imagen, es habitual la referencia a la carta de Benjamin a
        Scholem fechada el 7 de julio de 1924:</p>
  <disp-quote>
    <p>Lo que ha ocurrido no es quizás lo mejor para mi trabajo, que ha quedado peligrosamente
          interrumpido. Tampoco lo mejor en términos de los ritmos de una vida burguesa,
          indispensables para todo proyecto. Pero sí es lo mejor absolutamente en términos de una
          liberación vital y de una comprensión intensa de la actualidad del comunismo radical. He
          conocido a una revolucionaria rusa de Riga, una de las mujeres más increíbles que me haya
          encontrado nunca<xref ref-type="fn" rid="fn33">33</xref>.</p>
  </disp-quote>
  <p>Sin embargo, esta distinción se vuelve problemática cuando consideramos la constante presencia
        de lo político en sus intereses intelectuales desde sus primeros años. En medio de este
        debate, la temprana correspondencia emerge como un campo de interés para trazar algunos
        aspectos cruciales de su comprensión de la política, que él mismo definió como &quot;el
        cumplimiento de una humanidad sin mejoras&quot;<xref ref-type="fn" rid="fn34">34</xref>. Un
        ejemplo se halla en la carta de 1918 dirigida a su amigo Ludwig Strauss, donde menciona
        haberse ocupado por primera vez &quot;del problema de la política para el
          intelectual&quot;<xref ref-type="fn" rid="fn35">35</xref>, una cuestión que esperaba
        desarrollar en el ensayo &quot;Geist und Politik&quot;. Aunque el texto se ha extraviado,
        las alusiones al tema en la carta a Strauss evidencian los intereses tempranos de Benjamin:
        “En algún lugar lo espiritual debe arrojar de sí mismo al espíritu (como la bandera debajo
        de los enemigos). De lo contrario pierde la relación, lo simbólico de la idea. De lo
        contrario, cree que es su idea. El fetiche se desarrolla a partir de Dios. La política es el
        lugar de este acto voluntario”<xref ref-type="fn" rid="fn36">36</xref>. Idéntico destino ha
        tenido la reseña que Benjamin habría escrito sobre <italic>El espíritu de la utopía</italic>
        de Ernst Bloch, obra en la que aseguraba encontrar elementos “diametralmente opuestos” a su
        forma de entender la filosofía<xref ref-type="fn" rid="fn37">37</xref>, pero a la que
        posteriormente valorará por su esfuerzo en “profundizar con toda su intensidad en el
        significado político de la teocracia”<xref ref-type="fn" rid="fn38">38</xref>. También la
        lectura de <italic>Historia y conciencia de clase</italic> será importante en estos años. En
        Capri recibe un ejemplar del libro a manos de su amigo Bloch. Su entusiasmo ante la lectura
        de las tesis del libro se evidencia en la conversación epistolar con Scholem, al que asegura
        haberle sorprendido por encontrar coincidencias en las consideraciones políticas de Lukács y
        sus propias proposiciones epistemológicas:</p>
  <disp-quote>
    <p>Quiero estudiar cuanto antes el libro de Lukács y me equivocaría si los fundamentos de mi
          nihilismo no se manifestaran en la confrontación opuesta a los conceptos y pretensiones
          hegelianas de la dialéctica contra el comunismo. Pero esto no impide el hecho de que desde
          mi estancia aquí, la práctica política del comunismo (no como un problema teórico sino
          como una actitud vinculante inicialmente) me ha parecido diferente como nunca antes<xref
            ref-type="fn" rid="fn39">39</xref>.</p>
  </disp-quote>
  <p>Al examinar la correspondencia de los años veinte, no solo se encuentran menciones a las
        preocupaciones de juventud que influyeron en sus escritos, sino también pasajes
        significativos en los que Benjamin expresa su deseo de realizar una investigación más
        completa y articulada sobre política. El 29 de diciembre de 1920, comparte con Scholem la
        estructura planificada del trabajo, que constaba de tres partes principales. En primer
        lugar, dos estudios independientes: &quot;El verdadero político&quot;, del cual afirma haber
        concluido en 1920 pero que actualmente está perdido<xref ref-type="fn" rid="fn40">40</xref>,
        y &quot;La verdadera política&quot;. Este último se dividía en dos secciones, &quot;La
        descomposición de la violencia&quot; (cuya forma final aparece en &quot;Para una crítica a
        la violencia&quot;, publicada en <italic>Archiv für Sozialwissenschaft und
          Sozialpolitik</italic> en 1921) y &quot;Teología sin propósito final&quot;<xref
          ref-type="fn" rid="fn41">41</xref>. Como conclusión, Benjamin tenía previsto elaborar una
        crítica de la novela de Paul Scheerbart &quot;Lesabéndio&quot; titulada &quot;Zweite
        Lesabéndio-Kritik&quot;. Aunque la reseña no se escribió, se conservan algunos breves
        apuntes preparatorios titulados &quot;Geld und Wetter&quot;<xref ref-type="fn" rid="fn42"
          >42</xref>. La investigación nunca se completó según el plan original, y en una carta de
        1925 dirigida a Salomon-Delatour, Benjamin la menciona como &quot;el arsenal de mis trabajos
          políticos&quot;<xref ref-type="fn" rid="fn43">43</xref>.</p>
  <p>A pesar de que el proyecto quedara incompleto, su interés temprano por abordar un estudio sobre
        política permite comprender mejor lo que Benjamin describe en sus cartas a Scholem como un
        &quot;giro hacia lo político&quot; experimentado en su estadía italiana<xref ref-type="fn"
          rid="fn44">44</xref>. Desde Palestina, Scholem expresaba su malestar ante las
        &quot;simpatías bolcheviques&quot; que detectaba en las cartas de su amigo. Durante los años
        de contacto epistolar, Scholem intentó involucrar a Benjamin en el estudio de la tradición
        filosófica y teológica hebrea, al tiempo que mostraba una completa falta de entusiasmo
        cuando se evidenciaban sus inclinaciones políticas. Frente a las acusaciones de abrazar sin
        reservas el &quot;credo comunista&quot;, Benjamin se defendía asegurando que su simpatía por
        el comunismo no puede entenderse como una cuestión de &quot;credo&quot; ciego, sino como la
        expresión de ciertas experiencias vitales y teóricas:</p>
  <disp-quote>
    <p>Las señales comunistas —que espero pronto puedan llegarte de una forma más clara de lo que lo
          hicieron desde Capri— fueron los primeros signos de un cambio que despertó en mí la
          voluntad de no enmascarar los momentos políticos de mi pensamiento como hacía antes, sino
          de ponerlos en marcha experimentalmente y de manera extrema (…) Mientras no consiga
          acercarme a textos de un significado y magnitud totalmente diferente desde una posición
          apropiada para mí, es decir, como comentador, generaré una política desde mí mismo<xref
            ref-type="fn" rid="fn45">45</xref>.</p>
  </disp-quote>
  <p>Si bien su compromiso político con el comunismo pudo haber sido relevante para su biografía, no
        es tan determinante para el desarrollo de su proyecto filosófico y mucho menos constituye un
        gesto de ruptura con lo anterior. Como se ha señalado anteriormente, este “giro” hacia lo
        político no implica una ruptura definitiva con la orientación metafísica que había
        caracterizado su obra hasta ese momento. Más bien, representa un cambio en el equilibrio de
        influencias y lecturas que permite revitalizar problemas que ya habían sido trazados de
        manera marginal: Como sostiene Steiner, Benjamin no parece haber recurrido a la política
        &quot;como un nuevo tema que explorar teóricamente, sino que encontró el lugar sistemático
        de lo político en su pensamiento ya trazado&quot;<xref ref-type="fn" rid="fn46">46</xref>.
        Diez años más tarde, ya en París, Benjamin reflexionará sobre a este “proceso de total
        conmoción” que afectó a su forma de acercarse a la filosofía. En una misiva a Werner Kraft
        lo describe como “una masa de pensamientos e imágenes del pasado lejano de mi pensamiento
        directamente metafísico, incluso teológico, que tuve que atravesar para nutrir mi condición
        presente con todas sus fuerzas”<xref ref-type="fn" rid="fn47">47</xref>. Como se ha
        mencionado, no se trata tanto de una ruptura como de la presentación renovada de preguntas y
        enfoques que se abrían al materialismo histórico, lo que haría que su filosofía se
        desarrollara en &quot;una suerte de yuxtaposición o una interna imbricación de ambas formas
        de pensar, la teológica-metafísica y la materialista&quot;<xref ref-type="fn" rid="fn48"
          >48</xref>. Así parece aclarar su posición en la carta a Scholem del 29 de mayo de 1926.
        Allí comenta que la posibilidad de rebasar la esfera de lo teórico en favor de una acción
        práctica directa solo es posible en dos únicos sentidos: el religioso y el político. De esta
        manera, su compromiso con la causa comunista debía ser juzgado desde idénticos principios a
        los que acompañaban la adhesión de su amigo al judaísmo, reforzando así la idea de mantener
        siempre lo político dentro del ámbito de lo profano.</p>
  <disp-quote>
    <p>No admitiría una diferencia entre estos dos tipos de observaciones, aunque tampoco hay una
          superposición entre ellas. Me refiero a una identidad que, paradójicamente, se manifiesta
          en la transformación de una en la otra (en ambas direcciones); y la consideración esencial
          es que cada instancia de acción procede sin piedad y, en su propia autocomprensión, de
          manera radical (…) Si un día llegase a participar en el Partido Comunista (que dependerá
          de una ofensiva azarosa) mi propia convicción sería actuar radicalmente en los aspectos
          más importante, no consecuentemente<xref ref-type="fn" rid="fn49">49</xref> .</p>
  </disp-quote>
  <p>Tras la estancia en el sur de Italia, Benjamin se enfrenta al fracaso de su último intento por
        entrar en la academia, algo que será determinante para su futuro. En una carta con fecha de
        abril de 1931, describía su situación en Berlín como la de un “náufrago que se expone a un
        riesgo aún mayor al trepar por lo alto de un mástil que se está derrumbando. Pero desde allí
        tiene una oportunidad de dar la señal para su rescate”<xref ref-type="fn" rid="fn50"
          >50</xref>. Tres años más tarde, el 30 de enero de 1933, Hitler se convierte en canciller.
        Su correspondencia a partir de entonces refleja de manera clara el “aire irrespirable” de
        Europa, cuando comienza a ser testigo de las primeras persecuciones sistemáticas de los
        opositores políticos:</p>
  <disp-quote>
    <p>la idea de la situación la da menos el terror individual como la coyuntura cultural general.
          Sobre lo primero, es difícil saber algo con absoluta seguridad. Son indudables los
          múltiples casos en que, durante la noche, han sacado a personas de la cama y las han
          maltratado o asesinado. Quizás lo más importante, aunque más difícil de dilucidar, sea el
          destino de los prisioneros. Sobre estos corren los más siniestros rumores, de los que solo
          puede decirse que algunos de ellos han resultado ser falsos<xref ref-type="fn" rid="fn51"
            >51</xref>.</p>
  </disp-quote>
  <p>Benjamin abandona Berlín definitivamente el 17 de marzo de 1933, si bien comenta su amigo que
        la razón apremiante no era tanto las amenazas de represión física, como la intensificación
        del boicot al comenzaba a someterse su trabajo, “la simultaneidad casi matemática con la
        que, desde todos los lugares, me devolvieron manuscritos, se rompieron tratos ya cerrados y
        se dejaron demandas sin respuestas. El terror frente a toda actividad o forma de expresión
        distinta a las oficiales ha llegado a un grado apenas superable”<xref ref-type="fn"
          rid="fn52">52</xref>.</p>
</sec>
<sec id="sec3">
  <title>3. Theodor W. Adorno y la investigación sobre Baudelaire</title>
  <sec id="sec3.1">
    <title>3.1. El Exposé de 1935: París, capital del siglo XIX</title>
    <p>“La época entre las dos guerras se separa, para mí, naturalmente en un antes y después de
            1933”<xref ref-type="fn" rid="fn53">53</xref>. Tras huir de Alemania, Benjamin se
          instala algunos meses en Ibiza y finalmente en París. En sus cartas no oculta las
          dificultades de su adaptación a una situación en la que el aislamiento se unía a la
          preocupación por un destino abocado a una existencia prolongada en el exilio francés. En
          ellas describe la urgencia con la que trataba de salir de la desesperada situación en la
          que se encontraba en París, dependiente de algunos escasos trabajos por encargo que le
          conseguían sus amigos, así como de una ayuda mensual del Instituto de Investigación Social
          desde 1934. Como apunta Wizisla, se trata de auténticos “testimonios de
            supervivencia”<xref ref-type="fn" rid="fn54">54</xref> en los que relata las múltiples
          experiencias humillantes a las que se enfrenta en soledad:</p>
    <disp-quote>
      <p>Entretanto la situación se vuelve cada vez más difícil. Hasta ahora me ha alcanzado para lo
            más necesario, ahora ya no. En los últimos catorce días y tras haber pagado una vez más
            la habitación, se ha dado una serie de desilusiones (...) Ya no tengo fuerzas para hacer
            preguntas. Hace días que estoy en cama —simplemente para no necesitar nada y no ver a
            nadie— y trabajo tan bien o mal como me sea posible. Necesito 1000 francos para arreglar
            lo urgente y pasar el mes de marzo<xref ref-type="fn" rid="fn55">55</xref>.</p>
    </disp-quote>
    <p>La colaboración con el Instituto de Investigación Social se convirtió en el pilar fundamental
          para el mantenimiento de su existencia en París. “Nada es más urgente para mí que vincular
          mi trabajo al del Instituto tan estrecha y productivamente como sea posible”<xref
            ref-type="fn" rid="fn56">56</xref>, aseguraba a Horkheimer. Si bien son muchos los
          trabajos resultados de una colaboración no siempre fluida, cobrarán especial importancia
          los complejos trabajos que rodearon el proyecto de los Pasajes al que se refería como el
            “<italic>tertius gaudens</italic> entre mí y el destino”<xref ref-type="fn" rid="fn57"
            >57</xref>. Abundan los testimonios epistolares que dan cuenta de la compleja
          preparación del manuscrito de los <italic>Pasajes</italic><xref ref-type="fn" rid="fn58"
            >58</xref> sobre el que empezó a trabajar en 1928, pero que permanece interrumpido hasta
          1934. Motivado por una actitud de cautela ante el peligro que podía representar una
          apropiación ajena de sus ideas, Benjamin procuraba mantener bajo control los comentarios
          sobre el desarrollo de sus ensayos, como confiesa en una carta a Alfred Cohn: “a mis
          colegas literarios, incluso a los amigos, no les comento nada detallado de este trabajo.
          Está en una fase en la que se encuentra especialmente expuesto a todo tipo de
          desfiguraciones imaginables, sin excluir en absoluto el robo”<xref ref-type="fn"
            rid="fn59">59</xref>.</p>
    <p>Según Tiedemann, Benjamin había creído detectar una apropiación indebida de sus ideas en
            <italic>Jeroglíficos del siglo XIX</italic> de Bloch y el proyectado ensayo de Kracauer
          sobre la obra de Offenbach<xref ref-type="fn" rid="fn60">60</xref>. También en el libro de
          Dolf Sternberger, <italic>Panorama. Ansichten des 19. Jahrhunderts</italic> veía un
          “exitoso plagio” no solo de sus tesis, sino también de Adorno y Bloch:</p>
    <disp-quote>
      <p>El indescriptiblemente pobre aparato conceptual de Sternberger nos fue robado a Bloch, a
            usted y a mí. El uso del término <italic>alegoría</italic>, que se encuentra en una de
            cada tres pomas, es particularmente indecente. Dos lamentables digresiones sobre las
            emociones me demuestran que también metió mano al trabajo sobre las <italic>Afiniades
              electivas</italic><xref ref-type="fn" rid="fn61">61</xref>.</p>
    </disp-quote>
    <p>Sin embargo, aunque se esforzó por restringir el grupo de personas con los que entraba en
          contacto, había una excepción: Theodor W. Adorno, que se había convertido en uno de los
          pocos interlocutores con los que aún podía contar en medio del aislamiento intelectual y
          las dificultades materiales en las que se encontraba en París. “En el aislamiento en que
          me encuentro, menos en lo referente a mi vida que en lo referido a mi trabajo, las visitas
          epistolares de Wiesengrund son para mí doblemente preciosas”<xref ref-type="fn" rid="fn62"
            >62</xref>, confesaba a Horkheimer. En el enérgico intercambio epistolar que mantuvieron
          durante la década de 1930 también se refleja el proceso de formación de muchos de los
          trabajos que Benjamin elabora durante el período de exilio en París: el estudio sobre
          Kafka, el ensayo sobre <italic>La obra de arte en la época de su reproductibilidad
            técnica</italic> y, sobre todo, los trabajos que luego pasarían a formar parte del
          inconcluso <italic>Libro de los Pasajes</italic> y en los que jugaría un papel fundamental
          la relación intelectual con Adorno. “Los pasajes han vuelto a cobrar vida y fue usted el
          que avivó la débil chispa”<xref ref-type="fn" rid="fn63">63</xref>, le confesaba.</p>
    <p>En la recopilación de 1966 apenas se hicieron públicas catorce cartas intercambiadas entre
          Adorno y Benjamin, un número que se incrementa con la publicación de una serie de
          extractos de misivas por parte de Tiedemann cuatro años más tarde. En 1994 se publicaron
          finalmente un total de 121 cartas que abarcaban el periodo comprendido entre 1928 y 1940.
          Los comentarios críticos de Adorno a los textos de Benjamin fueron unos de los lugares
          comunes a partir de los cuales se construyó cierta imagen popularizada durante las décadas
          posteriores que insistía en una supuesta enemistad de ambos. Tras la publicación de la
          primera selección de cartas, la revista berlinesa <italic>Alternative</italic> publicó un
          número monográfico sobre Benjamin en el que cuestionaba el papel de Adorno como editor de
          su obra completa y se le acusaba de haber omitido documentos que mostraban las inquietudes
          marxistas del primero. En medio de la polémica, a la que se sumaría también las
          publicaciones de <italic>Merkur</italic> y <italic>Frankfurter Rundschau</italic> e
          incluso Hannah Arendt, se encontraba la imputación de una interpretación parcial de las
          tesis de Benjamin resultado de la animadversión que parecía sentir el “antiguo adversario
          y actual editor e intérprete”:</p>
    <disp-quote>
      <p>En la edición en dos tomos, el nombre de Brecht sólo aparece una vez; el método
            materialista es reinterpretado por Adorno en el prólogo de 1966 en una vaga categoría
            pictórica, se acepta el carácter no vinculante de una interpretación aforística de la
            obra, el tema histórico-político tardío se reinterpreta sin resolver en uno teológico
            temprano, etc. La obra aparece en una reinterpretación en la que el controvertido
            corresponsal sobreviviente afirma su opinión<xref ref-type="fn" rid="fn64"
            >64</xref>.</p>
    </disp-quote>
    <p>Más allá de estas interpretaciones polémicas que han servido para poner el foco de atención
          sobre una supuesta relación asimétrica de poder<xref ref-type="fn" rid="fn65">65</xref>,
          lo cierto es que las cartas que documentan el diálogo entre ambos se presentan como
          auténticos ensayos filosóficos. Son una muestra singular de un intercambio de ideas sobre
          aspectos cruciales de sus respectivos proyectos filosóficos y con detallados
          planteamientos teóricos dominado por densas correcciones, sugerencias de lecturas,
          programas de trabajo y, en ocasiones, divergencias críticas que reflejan la “solidaridad
          intelectual y crítica”<xref ref-type="fn" rid="fn66">66</xref> que ambos experimentaron en
          medio del aislamiento, tal como Benjamin comentaría tras el único encuentro en París en
          octubre de 1936: “la confirmación que hallamos el uno en el otro siguió a una separación
          que por momentos no puso en duda nuestra amistad, pero sí parece hacerlo con la sintonía
          recíproca de nuestro pensamiento”<xref ref-type="fn" rid="fn67">67</xref>. Desde que
          Adorno conociera los primeros fragmentos de los <italic>Pasajes</italic> en 1929, que
          consideraba “el centro de la filosofía”<xref ref-type="fn" rid="fn68">68</xref> de
          Benjamin, son muchas las misivas en las que se insertan comentarios al respecto. Sin
          embargo, será la lectura de dos cartas —de 1935 y 1938, respectivamente— la que permita no
          solo un acercamiento a uno de los intercambios de ideas más interesantes que habrían de
          vertebrar el inconcluso trabajo sobre los <italic>Pasajes</italic>, sino también el
          análisis pormenorizado de algunas de las especificidades teóricas de cada autor.</p>
    <p>El 31 de mayo de 1935 Benjamin envía a Adorno la primera versión del <italic>exposé</italic>
          del proyecto que había titulado <italic>París, capital del siglo XIX</italic><xref
            ref-type="fn" rid="fn69">69</xref>. El envío se acompañaba de la expresa indicación de
          que los papeles no podían ser compartidos con nadie más y que debían ser devueltos a su
          autor lo antes posible. Se trataba de un estudio introductorio de los
            <italic>Pasajes</italic> con el que confiaba acercarse cada vez más a los núcleos
          teóricos centrales de su proyecto.</p>
    <p>Organizado en seis capítulos, el ensayo pretendía resumir algunas de las líneas maestras de
          su proyecto filosófico abarcando diferentes temas como la teoría del
            <italic>flâneur</italic>, la interpretación de Baudelaire, el análisis del fetichismo de
          la mercancía o el estudio de las imágenes dialécticas. Como le escribe a su amigo, “creo
          haber llegado <italic>à la longue</italic>, en la discusión marxista con este, a un
          posicionamiento sólido, aunque más no sea porque la pregunta decisiva de la imagen
          histórica es tratada aquí por primera vez en toda su amplitud”<xref ref-type="fn"
            rid="fn70">70</xref>.</p>
    <p>Uno de los hilos conductores del trabajo será la consideración de la mercancía y su carácter
          fetichista como la realización de la perspectiva alegórica de Baudelaire. Como es
          conocido, Benjamin no parece haberse acercado a la lectura del primer volumen de
            <italic>El Capital</italic> hasta 1935, tal como le expresa a Adorno el 10 de junio de
          ese año. Sin embargo, su interés por los debates suscitados en el seno de las lecturas no
          ortodoxas del marxismo será determinante en sus estudios sobre Baudelaire y su posterior
          libro de los <italic>Pasajes</italic><xref ref-type="fn" rid="fn71">71</xref>. El 20 de
          mayo de 1935, Benjamin aseguraba a Scholem que el centro de su trabajo se encontraba en el
          problema del fetichismo de la mercancía, idea sobre la que insiste unos años después esta
          vez en una carta dirigida a su amiga Gretel Karplus<xref ref-type="fn" rid="fn72"
            >72</xref>:</p>
    <disp-quote>
      <p>De vez en cuando me dejo llevar por la tentación de comparar la estructura interna del
            libro con el del Barroco, de cuya apariencia externa se alejaría bastante. Mientras que
            allí estaba el concepto de tragedia, aquí el del carácter fetichista de la mercancía. Si
            el libro sobre el Barroco movilizara su propia teoría del conocimiento, lo haría en
            igual medida para los Pasajes, aunque no puedo prever si encontrarán una presentación
            independiente ni hasta qué punto tendría éxito. Finalmente ha desaparecido el título
            “Pasajes parisinos” y ahora el proyecto se llama “París, capital del siglo XIX”. Con
            ello se sugiere otra analogía: así como el <italic>Trauerspiel</italic> tiene lugar en
            Alemania en el siglo XVII, este lo hará en Francia en el siglo XIX<xref ref-type="fn"
              rid="fn73">73</xref>.</p>
    </disp-quote>
    <p>Benjamin centra su atención en la manera peculiar en la que la mercancía conformaba todas las
          manifestaciones culturales del paisaje urbano parisino, de ahí que su interés por
            <italic>El Capital</italic> obedeciera al esfuerzo por aclarar el significado de los
          espejismos, las fantasmagorías y los jeroglíficos de la sociedad burguesa. La lectura del
          capítulo sobre “El carácter fetichista de la mercancía y su secreto” centró inmediatamente
          su atención. Marx logró mostrar “cuán ambiguo parece el mundo económico del capitalismo,
          una ambigüedad que aumenta enormemente con la intensificación de la economía capitalista,
          muy visible, por ejemplo, en las máquinas que intensifican la explotación en lugar de
          aliviar la suerte humana”<xref ref-type="fn" rid="fn74">74</xref>. Como en un sueño, la
          cultura en el capitalismo moderno se presenta acompañado de ese carácter onírico, como un
          mundo de imágenes de la fantasía colectiva:</p>
    <disp-quote>
      <p>A la forma del nuevo modo de producción, que al principio aún está dominada por la del
            antiguo (Marx), le corresponden en la conciencia colectiva imágenes en las que lo nuevo
            se entrelaza con lo antiguo. Se trata de imágenes de deseo, y en ellas el colectivo
            busca tanto superar como transformar la incompletud del producto social y las carencias
            del orden social de producción. Junto a ello destaca en estas imágenes de deseo el firme
            esfuerzo de separarse de lo anticuado —lo que en realidad quiere decir: del pasado más
            reciente (…) En el sueño en el que, en imágenes, surge ante cada época la siguiente,
            esta última aparece ligada a elementos de la protohistoria, esto es, de una sociedad sin
              clases<xref ref-type="fn" rid="fn75">75</xref>.</p>
    </disp-quote>
    <p>Para Benjamin, cada nueva formación histórica crea su imaginario social y colectivo, de
          manera que, como en un sueño, pueda renovarse el deseo de un mundo mejor. Estas imágenes
          oníricas de materializan en las manifestaciones culturales del capitalismo moderno. Por
          eso, el “secreto” de la forma-mercancía por su carácter fetichista acaba por mostrarse
          como inherente a la propia sociedad tal como esta se representa a sí misma. “La imagen que
          así produce de sí misma y que gusta presentar con el título de cultura se corresponde con
          el concepto de fantasmagoría”<xref ref-type="fn" rid="fn76">76</xref>.Su esplendor solo es
          la imagen transfigurada y, por tanto, ficticia de la realidad.</p>
    <p>El entusiasmo de Adorno tras la recepción del <italic>exposé</italic> no hace esperar, de ahí
          que se comprometa con su amigo a mediar para la publicación del texto: “Mis reparos con
          respecto al Instituto se desvanecieron por completo. Creo que el Instituto podría, o,
          mejor dicho, debería aceptar el trabajo en su totalidad”<xref ref-type="fn" rid="fn77"
            >77</xref>. Muestra su admiración por el análisis de la categoría de
            <italic>nouveauté</italic>, pero también expresa sus reservas ante lo que considera la
          necesidad de “una concreción desde el punto de vista social”<xref ref-type="fn" rid="fn78"
            >78</xref> en algunos aspectos del trabajo. Por ejemplo, en el análisis de la categoría
          de mercancía sobre la que “habrá que preguntarse por su función económica”<xref
            ref-type="fn" rid="fn79">79</xref> y no solo tecnológica; o en la idea de “conciencia
          colectiva”. No será hasta unos meses más tarde que Adorno desarrolle con más claridad
          estas objeciones al <italic>exposé</italic> en la conocida como “Carta de Hornberg”. La
          carta que escribió durante los primeros días de agosto cuenta como uno de los trabajos más
          productivos que influirían en el desarrollo posterior de la obra benjaminiana. Adorno
          había tenido la oportunidad de leer unos ensayos sueltos conocidos como <italic>Frühe
            Entwürfe</italic> que Benjamin había escrito en 1929 y que se presentaban como el primer
          borrador del proyecto de los <italic>Pasajes</italic><xref ref-type="fn" rid="fn80"
            >80</xref>. Valoraba el trabajo no sólo por contener el núcleo programático de la
          filosofía benjaminiana, sino también</p>
    <disp-quote>
      <p>la última palabra que hoy puede ser pronunciada filosóficamente; la considero una
              <italic>chef d'oeuvre</italic> sin par y tan decisiva en todo sentido (...) que
            cualquier disminución en la pretensión interna de este trabajo y, por lo tanto,
            cualquier renuncia a sus categorías genuinas me parece una catástrofe y sencillamente
              incorregible<xref ref-type="fn" rid="fn81">81</xref>.</p>
    </disp-quote>
    <p>La lectura del nuevo manuscrito le permitía comparar las tesis presentadas en ese “glorioso
          proyecto inicial”<xref ref-type="fn" rid="fn82">82</xref> con el desarrollo posterior de
          la obra. Comienza valorando “el estupendo pasaje sobre el habitar como un dejar huellas,
          los enunciados decisivos sobre el coleccionista y sobre la liberación de las cosas de la
          maldición de ser útiles, y también la concepción dialéctica de Haussmann”<xref
            ref-type="fn" rid="fn83">83</xref>, una valoración que recordará años después en su
            <italic>Caracterización sobre Walter Benjamin</italic>:</p>
    <disp-quote>
      <p>El memorándum de 1935 relaciona figuras clave de la época con categorías del mundo de las
            imágenes. Benjamin quería hablar de Fourier y Daguerre, de Granville y Luis Felipe, de
            Baudelaire y Haussmann, pero trata temas como la moda y la novedad, las exposiciones y
            la construcción de hierro colado, el coleccionista, el <italic>flâneur</italic> y la
              prostitución<xref ref-type="fn" rid="fn84">84</xref>.</p>
    </disp-quote>
    <p>Pero Adorno también desgrana en la extensa carta sus principales objeciones al ensayo,
          objeciones que tenían que ver con el protagonismo de una interpretación a su juicio
          desafortunada de elementos que formaba parte de un núcleo de problemas filosóficos comunes
          que se resumían en los temas “la <italic>protohistoria del siglo XIX</italic>, la
            <italic>imagen dialéctica</italic> y la <italic>configuración del mito y la
            modernidad</italic>”<xref ref-type="fn" rid="fn85">85</xref>. Si bien Adorno coincide
          con Benjamin en evaluar la importancia del análisis del fetichismo de la mercancía<xref
            ref-type="fn" rid="fn86">86</xref>, la principal acusación consiste en haber insistido
          demasiado en su dimensión onírica y haber desplazado así la intención materialista inicial
          por una psicológica. Entender la imagen dialéctica como el contenido de un “inconsciente
          colectivo” supone cometer un error similar al llevado a cabo por el psicoanálisis de Carl
          Gustav Jung en sus nociones sobre “consciencia colectiva” y “arquetipo”:</p>
    <disp-quote>
      <p>se amenaza no solo la fuerza originaria del concepto que fue una fuerza teológica y que
            introduce una simplificación —afectando así no sólo el matiz subjetivo, sino el
            contenido de verdad mismo—, sino que además contrariamente se pierde justo ese
            movimiento social en aras del cual usted presenta el sacrificio de la teología<xref
              ref-type="fn" rid="fn87">87</xref>.</p>
    </disp-quote>
    <p>Las significativas diferencias entre sus respectivas interpretaciones de las imágenes
          dialécticas serán decisivas para comprender el tratamiento dispar que ambos ofrecerán
          sobre el fetichismo de la mercancía. Como se ha señalado, Benjamin insiste en que la
          fantasmagoría, lejos de entenderse como un fenómeno objetivo de la realidad social,
          constituye una articulación subjetiva que solo se da dentro de la consciencia burguesa.
          Por el contrario, Adorno le recrimina haber sucumbido a un uso psicologizado de la imagen
          dialéctica que acaba por condenarla a perder el aguijón crítico materialista y rendirse
          bajo “el hechizo de la psicología burguesa”<xref ref-type="fn" rid="fn88">88</xref>. Al
          presentar la imagen dialéctica en la conciencia como sueño se ha perdido cualquier
          posibilidad de una interpretación materialista, con lo que corre el riesgo de “enredarse
          en los encantamientos del siglo XIX”. Para Adorno, trasladar a la conciencia la imagen
          dialéctica y entenderla como una “ensoñación” trivializa el concepto y, en definitiva, le
          hace perder la fuerza objetiva que pudiera tener desde una perspectiva materialista. Es un
          error entender el carácter fetichista de la mercancía como un mero hecho de consciencia,
          pues se trata de un productor mismo de conciencia. Olvidarlo podría distraer la atención
          sobre la verdadera objetividad y su correlato filosófico, la subjetividad alienada: “queda
          a nuestro cargo polarizar y disolver dialécticamente esta conciencia en los extremos de
          sociedad e individuo, en lugar de galvanizarla como un correlato figurativo del carácter
          de mercancía”<xref ref-type="fn" rid="fn89">89</xref>. Las imágenes dialécticas no pueden
          ser entendidas como productos de la sociedad de mercancías, sino como “constelaciones
          objetivas” en las que la situación social encuentra una representación de sí misma:
          “Considerado desde el <italic>intérieur</italic>, el individuo burgués ha de volverse
          transparente como función social y su unidad armoniosa se ha de revelar como apariencia.
          Aunque no como apariencia frente a una conciencia colectiva hipostasiada, sino frente al
          proceso real mismo de la sociedad”<xref ref-type="fn" rid="fn90">90</xref>.</p>
    <p>El 16 de agosto de 1935 Benjamin le haría llegar a su amigo el
    agradecimiento por las correcciones remitidas sobre su trabajo:</p>
    <disp-quote>
      <p>Cada una reflexiones expuestas —o prácticamente todas— da directo al centro productivo,
            casi no hay una que yerre. No importa en qué forma continúen surtiendo efecto en mí y lo
            poco que yo sepa sobre este efecto posterior. Hay dos cuestiones al respecto que sí se
            me presentan como certezas: primero, que no puede ser sino un efecto provechoso;
            segundo, que confirmará y reforzará nuestra amistad.<xref ref-type="fn" rid="fn91"
              >91</xref></p>
    </disp-quote>
    <p>Su carta aún no contiene ninguna argumentación detallada que sirva como respuesta a las
          objeciones de Adorno, pues asegura reservarlas para una correspondencia posterior que
          nunca llega a realizarse. Sin embargo, adelanta su intención de continuar trabajando sobre
          un concepto de “imagen dialéctica” que corrija las aporías y los errores que se habían
          detectado en la referencia al ámbito de lo onírico, como le había acusado Adorno, pues
          “contiene las instancias, el punto de irrupción del despertar, incluso produce de estos
          puntos su figura a partir de los puntos luminosos como un signo de zodiaco”<xref
            ref-type="fn" rid="fn92">92</xref>.</p>
  </sec>
  <sec id="sec3.2">
    <title>3.2. El París del segundo imperio en Baudelaire. El “modelo en miniatura” de los Pasajes
          (1938)</title>
    <p>En una curiosa misiva dirigida al director de la Biblioteca Nacional de París para lograr la
          renovación de su tarjeta de usuario, Benjamin explicaba las razones que le habían llevado
          a incrementar sus sesiones de trabajo en el centro:</p>
    <disp-quote>
      <p>Hace ocho años que comencé en la misma Biblioteca Nacional los
        estudios para una obra que trata del espíritu del siglo XIX. Se
        <italic>llamará París, capital del siglo XIX</italic> y está
        destinada a convertirse en la pareja de mi estudio sobre el siglo
        XVII, que apareció en Alemania con el título <italic>El origen del
          drama barroco alemán</italic>. Mientras que el antiguo ensayo se
        relacionaba con la literatura, el nuevo libro se asienta por una
        parte en las manifestaciones industriales o comerciales, y por otra,
        en la política y en las costumbres
        parisinas<xref ref-type="fn" rid="fn93">93</xref>.</p>
    </disp-quote>
    <p>Los meses pasaban y Benjamin avanzaba incrementando las páginas de su proyectado trabajo
          sobre los pasajes. En septiembre de 1935, Horkheimer había reaccionado positivamente ante
          el exposé de París: “su trabajo promete ser excelente. El método de captar la época en los
          pequeños síntomas superficiales parece mostrar esta vez toda su fuera. Supone un gran
          avance más allá de las anteriores explicaciones materialistas de los fenómenos
            estéticos”<xref ref-type="fn" rid="fn94">94</xref></p>
    <p>No será hasta 1937 cuando vuelva a intentar la publicación de su investigación en la revista
          del Instituto, tras la aparición de la traducción francesa de <italic>La obra de arte en
            la época de su reproductibilidad técnica</italic>. Había aceptado la sugerencia de la
          dirección del Instituto de revisar el manuscrito de 1935 y dedicarse a escribir primero el
          capítulo de Baudelaire. “Digamos que los motivos esenciales del libro”, explica a Adorno,
          “se enlazan de tal modo unos con otros que los temas por sí solos no constituyen una
            disyuntiva”<xref ref-type="fn" rid="fn95">95</xref>. En una larga carta dirigida a
          Horkheimer el 16 de abril de 1938 expone el que considera un esbozo preliminar de la
          estructura de la nueva versión del trabajo que entendía como un “modelo en miniatura”<xref
            ref-type="fn" rid="fn96">96</xref> de los <italic>Pasajes</italic> y que se organizaba
          en tres partes: Idea e imagen, Antigüedad y modernidad, y, por último, Lo nuevo y siempre
          igual. Para entonces ya estaba convencido de que el desarrollo de su investigación sobre
          Baudelaire inicialmente como parte del proyecto de los pasajes, podría convertirse en un
            libro<xref ref-type="fn" rid="fn97">97</xref>.</p>
    <p>El interés universitario de Benjamin por Baudelaire le había llevado a traducir al alemán los
            <italic>Tableaux parisiens</italic> en 1923 y publicarlo junto a su ensayo sobre
            <italic>La tarea del traductor</italic> como prefacio, con escaso reconocimiento para
          disgusto del autor. Ahora Benjamin se propone abordar como punto de partida la teoría de
          la alegoría en los poemas de <italic>Las flores del mal</italic>. La recuperación de la
          expresión alegórica que lleva a cabo Baudelaire le permite estudiar la posición adoptada
          ante la fantasmagoría del esplendor y la prosperidad moderna y hacer así transparente “la
          paradoja fundamental de su teoría del arte: la contradicción entre la teoría de las
          correspondencias naturales y el rechazo de la naturaleza”<xref ref-type="fn" rid="fn98"
            >98</xref>. En la segunda parte, se propone mostrar la transposición entre lo antiguo y
          lo moderno, a partir de la presentación del <italic>flâneur</italic> como figura
          arquetípica.</p>
    <disp-quote>
      <p>La masa se sitúa ante el <italic>flaneur</italic> como un velo:
      es el más reciente estupefaciente del que se ha quedado en
      soledad. —También borra toda huella del individuo: es el más
      reciente asilo del proscrito.— Finalmente, la masa es el más
      reciente e impenetrable laberinto de la ciudad. A través de ella
      se imprimen en la imagen de la ciudad los rasgos
      <italic>ctónicos</italic> desconocidos hasta
      entonces<xref ref-type="fn" rid="fn99">99</xref>.</p>
    </disp-quote>
    <p>Dedica la última parte al análisis de la mercancía como realización de la representación
          baudelairiana de la alegoría. En la representación alegórica, lo nuevo irrumpe en la
          “experiencia de lo siempre igual como aureola de la mercancía”<xref ref-type="fn"
            rid="fn100">100</xref>. Benjamin plantea articular la primera parte del trabajo
          centrándose con exclusividad en la figura de Baudelaire, mientras que en la segunda
          buscará “conexiones reales y virtuales” con otros autores como Poe, Victor Hugo o Meryon,
          y en la tercera, finalmente, con Nietzsche y Blanqui. Si pudiera usar una imagen para
          expresar lo que planeo”, concluye su carta, “sería mostrar a Baudelaire tal como está
          inmerso en el siglo XIX. La impresión que dejó allí debe emerger tan claramente intacta
          como la de una piedra que un día es movida del lugar en el que ha descansado durante
            décadas”<xref ref-type="fn" rid="fn101">101</xref>. La nueva dimensión ambiciosa del
          trabajo pronto reveló la necesidad de pensar la estructura. Por eso, a principios de
          agosto solicita a Horkheimer la posibilidad de publicar la obra en secciones separadas,
          habida cuenta de las limitaciones que presentaba el esquema que había presentado meses
          antes. La estructura del estudio seguía incluyendo tres partes, pero ahora Benjamin quería
          insistir en las ideas de la segunda parte a partir de los objetivos que ya había planteado
          en la carta de abril: por un lado, la concepción de la modernidad en relación con la
          antigüedad en Baudelaire y, por otro, el estudio de “la primera aparición de la masa
          metropolitana en la literatura reciente“<xref ref-type="fn" rid="fn102">102</xref> a
          partir de la constelación de autores Edgar Allan Poe, Victor Hugo y Baudelaire. Como
          escribe varios días después a Adorno, la primera y la tercera parte serían el “armazón”
          del trabajo:</p>
    <disp-quote>
      <p>la primera, la presentación de la alegoría en Baudelaire como problema; la tercera, su
            disolución total. Porque fue eso lo que hizo que me retrase tanto (...) el hecho de que
            bajo todo concepto quería ver la totalidad en toda su extensión y en todas sus partes
            claramente delante de mí antes de ponerme a redactar un renglón. Por las muchas
            anotaciones que surgieron en los primeros dos meses de mi estancia aquí he logrado
            alcanzar esa meta<xref ref-type="fn" rid="fn103">103</xref>.</p>
    </disp-quote>
    <p>Tras el verano y siguiendo las sugerencias de Pollock sobre la forma de orientar su estudio,
          Benjamin envía a la revista del Institut el borrador del nuevo manuscrito titulado
            <italic>El París del segundo imperio en Baudelaire</italic>. En la minuciosa carta que
          acompaña al envío del que considera “la segunda parte del libro sobre Baudelaire” explica
          las razones de un nuevo cambio en el enfoque de su trabajo que lo alejaba de la obra de
          los <italic>Pasajes</italic>:</p>
    <disp-quote>
      <p>Como usted sabe, el Baudelaire fue pensado inicialmente como un capítulo de los
              <italic>Pasajes</italic>, en concreto, como el último. Pero no podía pensarlo antes de
            que estuvieran escritos los capítulos precedentes, ni tampoco hubiera sido comprensible
            sin aquellos. Luego me entretuve mucho tiempo con la idea de que podría escribirse, si
            no como un capítulo de los <italic>Pasajes</italic>, al menos como un extenso ensayo
            siguiendo las formas de los que se publican en la revista. Solo durante el verano me di
            cuenta de que un ensayo de Baudelaire de tamaño más modesto, que no negara su
            responsabilidad en la redacción de los pasajes, solo podría surgir como parte de un
              libro<xref ref-type="fn" rid="fn104">104</xref>.</p>
    </disp-quote>
    <p>Los tres ensayos que componen esta nueva obra —“Die Boheme”, “Der Flâneur” y “Die Moderne”—
          siguen conservando cierta independencia entre sus temas, pero son expuestos en su
          totalidad como la segunda parte del libro proyectado: <italic>Charles Baudelaire: un poeta
            lírico en la era del alto capitalismo.</italic> Si bien con títulos distintos, Benjamin
          repetía el esquema apuntado en la carta de abril: la primera parte “Baudelaire como
          alegorista” presentaba la tesis del libro y la tercera “La mercancía como objeto poético”,
          la síntesis. Por tanto, esta nueva parte cumplía la función de ser la antítesis en esta
          tríada dialéctica, centrada ahora en la “interpretación sociocrítica del poeta”<xref
            ref-type="fn" rid="fn105">105</xref>.</p>
    <p>Una vez más, encontrará en Adorno a un interlocutor experto para la corrección de su trabajo.
          En una larga carta escrita el 10 de noviembre, Adorno aseguraba a su amigo haber esperado
          “con enorme suspenso” la llegada del manuscrito, pero también confirmaba encontrar algunos
          nudos problemáticos que se interpusieron entre “la apasionada expectativa”<xref
            ref-type="fn" rid="fn106">106</xref> y el texto recibido. Pese a la larga aclaración de
          motivos a Horkheimer, lo cierto es que tanto la metodología usada en la investigación,
          como el nuevo enfoque serán duramente cuestionados por el Instituto de Investigación
          Social. El núcleo de la posición crítica de Adorno ante el trabajo consiste en denunciar
          la ausencia de una auténtica mediación dialéctica en las tesis que plantea el ensayo.
          Creía que el carácter no-mediado del enfoque materialista del texto impide al autor
          abordar el modelo dialéctico de sus tesis y lo sitúa en una peligrosa “encrucijada entre
          la magia y el positivismo”<xref ref-type="fn" rid="fn107">107</xref>. En los abundantes
          acontecimientos culturales, políticos, históricos y sociales que Benjamin reúne en los
          largos pasajes de su obra “domina la tendencia a referir de manera inmediata los
          contenidos pragmáticos de Baudelaire a rasgos emparentados de la historia social de su
          tiempo y, en lo posible, a los de índole económica”<xref ref-type="fn" rid="fn108"
            >108</xref>. Adorno señala en su carta muchos momentos en los que se evidencia esta
          situación, como el tratamiento de la figura del “trapero”, de la idea de “experiencia” o
          el uso metafórico de la categoría de fetichismo de la mercancía. Cuando Benjamin, por
          ejemplo, interpreta el poema de Baudelaire <italic>Le vin des chiffonniers</italic>
          incluido en <italic>Las flores del mal</italic> poniéndolo en relación inmediata con la
          abolición de los impuestos al vino en 1830, Adorno cree que se aleja del auténtico
          proceder materialista para recluirse en la mera “exposición maravillada de la nuda
          facticidad” que reproduce el interés de la historiografía positiva por la exposición
          “plana” y simple de los hechos. Falta teoría, parece concluir: “la mediación que echo en
          falta y que encuentro encubierta por la conjura de índole materialista-historiográfica, no
          es otra cosa que la teoría que su obra deja de lado. El dejar de lado la teoría afecta a
          la empiria”<xref ref-type="fn" rid="fn109">109</xref>. Por eso, le reprocha no haber
          logrado hacer justicia a la necesaria mediación a través del proceso social general en el
          análisis de estos fenómenos y, en su lugar, haberle atribuido “casi un poder de
          iluminación”. Las “categorías genuinas” del proyecto de los <italic>Pasajes</italic>
          parecen haberse diluido. Pese a la dureza de la reseña<xref ref-type="fn" rid="fn110"
            >110</xref>, lo cierto es que Adorno continuaba con las mismas indicaciones relativas a
          la lectura marxista que le había hecho al primer <italic>exposé</italic> de 1935, cuando
          recomendaba a Benjamin abstenerse de “toda comunicación externa con la teoría social” y
          centrarse en abordar en las tesis “más extremas”<xref ref-type="fn" rid="fn111">111</xref>
          del texto todo lo referido al contenido teológico, tomando distancia con la lectura de
          Brecht a la que Adorno imputaba una “aplicación tosca y defectuosa de los principios
          metodológicos del materialismo”<xref ref-type="fn" rid="fn112">112</xref>. Adorno habría
          expresado su deseo de que su amigo recuperara las preocupaciones originales del trabajo
          “sin considerar las objeciones del ateísmo brechtiano, que quizás como teología inversa
          podría salvarse, ¡pero de ningún modo adoptar!”<xref ref-type="fn" rid="fn113">113</xref>.
          Aseguraba entonces que en lo relativo a la teoría marxista “más ayudamos cuanto menos nos
          la apropiamos sometiéndonos externamente a ella”<xref ref-type="fn" rid="fn114"
          >114</xref>. Esta recomendación ahora adquiere un nuevo tono: “su solidaridad con el
          Instituto (...) le empujó a rendirle tributos al marxismo, que no le hacen bien ni a él ni
          a usted”<xref ref-type="fn" rid="fn115">115</xref>.</p>
    <p>El Instituto sugiere publicar el segundo capítulo y parte del tercero. Sin embargo, Adorno le
          aconseja no aceptar la publicación del manuscrito en la versión actual sino trabajar en
          una nueva redacción: “Yo mismo estoy en contra. Y, por cierto, no por cuestiones
          vinculadas a la redacción editorial, sino por usted mismo y por el Baudelaire. Este ensayo
          no lo representa a usted como justamente debería hacerlo”<xref ref-type="fn" rid="fn116"
            >116</xref>. En consecuencia, Benjamin vuelve a trabajar en un nuevo texto:
            <italic>Sobre algunos motivos en Baudelaire</italic>, que no será publicado hasta enero
          de 1940 en la revista del Instituto. En respuesta a Adorno, consideraba que la revisión de
          esta segunda sección ayudaría a la concreción de sus ideas:</p>
    <disp-quote>
      <p>Creo que sentaría un mal precedente para el “Baudelaire” si este texto —que ha surgido de
            un esfuerzo que no me resulta fácil comparar con algún esfuerzo anterior— no encontrara
            acceso a la revista del Instituto en ninguna de sus partes (...) El foco de esta
            publicación podría ser la teoría del <italic>flâneur</italic>, que considero una parte
            integrante del “Baudelaire”. No me refiero de ninguna manera a un texto inalterado. Su
            centro lo debería conformar de manera más claramente resaltada que ahora la crítica al
            concepto de masa tal como lo hace patente la gran ciudad moderna<xref ref-type="fn"
              rid="fn117">117</xref>.</p>
    </disp-quote>
    <p>En 1939 Horkheimer vuelve a interesarse por una nueva versión del texto, en esta ocasión en
          francés, en la que Benjamin trabajaría sin descanso bajo la promesa de recibir
          financiación de un mecenas contactado por el Instituto, el banquero Frank Altschuld.
          Lamentablemente, en una carta fechada el 23 de mayo de 1939, Horkheimer le confirma
          apesadumbrado que, pese a sus esfuerzos, la financiación no llegaría<xref ref-type="fn"
            rid="fn118">118</xref>. Sin embargo, Benjamin mantendría viva la esperanza de que su
          ensayo inicial de 1938 viera la luz de forma independiente o se convirtiera en un libro.
          Así lo comenta a su amigo en una de las últimas misivas que intercambiaron en 1940:</p>
    <disp-quote>
      <p>(Baudelaire) es el tema que más obstinadamente sigue presentándose ante mis ojos como el
            más urgente, y mi tarea prioritaria es hacerle justicia total a sus exigencias. No puedo
            ocultarte que aún no he podido ocuparme de él con la intensidad que hubiera deseado. Una
            de las principales razones para esto fue el trabajo de las Tesis, algunos fragmentos de
            los cuales te enviaré en los próximos días<xref ref-type="fn" rid="fn119"
            >119</xref>.</p>
    </disp-quote>
  </sec>
</sec>
<sec id="sec4">
  <title>4. Gretel Karplus y “las notas originadas en la conversación bajo los castaños”</title>
  <p>Apenas unos días antes de concluir la redacción de <italic>El París del segundo imperio en
          Baudelaire</italic> tiene lugar la firma de los Acuerdos de Múnich entre Alemania, Italia,
        Francia y el Reino Unido. Como le explica Adorno, la redacción de la segunda parte de su
        trabajo parecía convertirse en una triunfante “carrera contra la guerra”. “Pese al miedo
        sofocante, sentí una sensación de triunfo el día que puse a salvo (¡aunque solo sea una
        frágil salvación la de un manuscrito!) del fin del mundo al <italic>flâneur</italic>,
        planeado hace casi quince años”<xref ref-type="fn" rid="fn120">120</xref>. La intensidad que
        caracteriza la correspondencia epistolar durante estos años refleja el creciente desamparo
        de Benjamin en París y la amenaza de la persecución y la guerra total que poco a poco se van
        convirtiendo en realidad:</p>
  <disp-quote>
    <p>Ayer dejé preparados los cientos de libros que se encuentran aquí
    para su traslado a París. Pero ahora tengo la sensación más clara de
    que el destino tendrá que cambiar para ellos y para mí en una
    estación de transbordo. No sé cuánto tiempo más el aire en Europa
    seguirá siendo respirable <italic>materialiter</italic>,
    <italic>spiritualiter</italic>, por los acontecimientos de las
    últimas semanas, ya ha dejado de serlo. No es poco lo que me afecta
    esta comprobación, pero es probable que ya no la pueda
    eludir<xref ref-type="fn" rid="fn121">121</xref>.</p>
  </disp-quote>
  <p>Tras el recrudecimiento de la violencia con la invasión de Polonia de 1939, Benjamin es
        detenido durante algunos meses en otoño y deportado, como otros refugiados alemanes, al
        campo de Nevers. De nuevo en París, describía la dureza de sus circunstancias:</p>
  <disp-quote>
    <p>Al fin puedo dar señales de vida. Desconozco lo que nos falta por pasar y si lo que viene
          borrará mis recuerdos de las últimas semanas. Por ahora, sin embargo, me alegro de que
          haya terminado. Puede imaginar lo extremadamente doloroso que fue presenciar, si no la de
          uno mismo, la decadencia moral a la que han sido sometidos los seres queridos y camaradas.
          Si en parte fui capaz de escapar de esta perturbación fue gracias a usted. Con esto me
          refiero no solo a su constante preocupación por mi estado, sino también por mi
            trabajo<xref ref-type="fn" rid="fn122">122</xref>.</p>
  </disp-quote>
  <p>Mientras la situación en Europa se agrava, la relación epistolar con sus amigos más cercanos se
        convierte en un valioso espacio de supervivencia, habida cuenta de que el recelo a los
        contactos en persona era comprensible. Sin embargo, será su intercambio epistolar con otra
        gran amiga, Gretel Karplus, la que permita reconocer la experiencia más personal de los
        últimos años en Europa donde las amenazas, en principio difusas, se materializaban poco a
        poco en la experiencia del horror concreto. Las cartas a su amiga, en las que ambos usaban
        los seudónimos de Detlef y Felicitas, y a las que con frecuencia acompañaban “los papelitos
        rosas”, nombre con el que se referían a los giros postales de dinero, son testigos de
        innumerables muestras de desilusión, de angustia e incertidumbre ante lo que estaba por
        llegar. Sin embargo, sorprende encontrar en ellas también referencias a proyectos
        filosóficos en los que Benjamin parecía cultivar ciertas esperanzas. Este es el caso de la
        carta que le escribió en mayo de 1940, aún desde París, en las que se encuentran algunas de
        las menciones más interesantes a la que será la obra que mayor reconocimiento cultivaría
        tras su muerte: las reflexiones incluidas en las tesis <italic>Sobre el concepto de
          historia.</italic></p>
  <p>En una carta dirigida a Horkheimer en enero de 1939 explicaba que se había dedicado al estudio
        de la obra de Turgot para rastrear la historia del concepto de progreso en busca de
        contenido que le permita abordar aspectos epistemológicos centrales de su nunca abandonado
        proyecto sobre Baudelaire:</p>
  <disp-quote>
    <p>Quiero retomar el lado epistemológico del esquema general de Baudelaire cuyo informe de
          revisión envié a Teddie Wiesengrund en la última carta. Con ello cobra importancia la
          cuestión del concepto de historia y el papel que en ella juega el progreso. La ruptura de
          la noción de continuo cultural postulada en el ensayo sobre Fuchs debe tener consecuencias
          epistemológicas, entre las cuales me parece que una de las más importantes es la
          determinación de los límites impuestos al uso del concepto de progreso en la historia.
          Para mi sorpresa, encontré las líneas de pensamiento de Lotze que sustentan mis
            pensamientos<xref ref-type="fn" rid="fn123">123</xref>.</p>
  </disp-quote>
  <p>Si bien la primera mención a la relación del trabajo con las aclaraciones metodológicas del
        Baudelaire la encontramos en esta misiva, lo cierto es que en la emotiva carta que envía a
        su amiga a Nueva York acompañada de la copia mecanografiada del texto confiesa que “esas
        notas originadas en una conversación bajo los castaños”<xref ref-type="fn" rid="fn124"
          >124</xref> son pensamientos aún sin forma definitiva y, por supuesto, no preparados para
        ser publicados. El interés de esta sencilla carta a Gretel se centra en que permite
        reconocer su interés de hacer visible la relación de estas consideraciones sobre la historia
        con el trabajo sobre Baudelaire.</p>
  <p>Por eso, las tesis no son el resultado de un análisis apresurado e incompleto, sino de una
        reelaboración continua de temas filosóficos constante a lo largo de su vida. “La guerra y la
        constelación consecuente me dieron motivo para registrar algunos pensamientos de los puedo
        decir que durante casi veinte años estuve manteniendo dentro preservados y disimulados hasta
        de mí mismo”<xref ref-type="fn" rid="fn125">125</xref>, relata a su amiga.</p>
  <p>Ya en una carta anterior a Adorno, Benjamin insistía en el carácter provisional del texto: “las
        reflexiones, en la medida en que se adecuan al carácter del experimento, no sólo sirven
        metodológicamente para preparar una serie de Baudelaire”<xref ref-type="fn" rid="fn126"
          >126</xref>. Ahora explica a Gretel que la cuestión de la memoria y el tiempo será central
        en estas reflexiones: “Me hacen sospechar que el problema del recuerdo (y del olvido) que
        aparece, en otro plano, en estas reflexiones me tendrá ocupado todavía por mucho
          tiempo”<xref ref-type="fn" rid="fn127">127</xref>. Esta conexión parece encontrarla
        principalmente en la tesis 17:</p>
  <disp-quote>
    <p>El historicismo culmina justamente en la historia universal. De ella se separa
          metodológicamente la historiografía materialista quizás más claramente que de ninguna
          otra. La historia universal no posee armazón teórico. Su procedimiento es puramente
          aditivo: suministra una masa de hechos para llenar con ello un tiempo homogéneo y vacío.
          Por el contrario, la historiografía materialista se basa en un principio constructivo<xref
            ref-type="fn" rid="fn128">128</xref>.</p>
  </disp-quote>
  <p>La carta concluye de manera emocionante, habida cuenta de lo que depararían a Benjamin los
        próximos meses: “debemos procurar poner lo mejor de nosotros en las cartas, ya que nada
        indica que el momento de nuestro reencuentro esté cerca”<xref ref-type="fn" rid="fn129"
          >129</xref>. Ese reencuentro nunca tendría lugar. En agosto de 1940 abandona
        definitivamente París con la intención de dejar Europa. El <italic>Institut</italic> le
        había conseguido un visado para viajar de Lisboa a EE.UU y en Marsella se había provisto de
        visas de tránsito para España y Portugal. Pero no podía salir legalmente de Francia, pues
        las autoridades de Vichy bloqueaban la salida a los refugiados. Por eso, comienza una huida
        ilegal a través de la montaña por la conocida “Ruta Lister” en honor al oficial republicano
        Enrique Lister, hasta llegar a la localidad de Portbou el 25 de septiembre tras caminar
        durante catorce horas a través de los Pirineos. Pero en el puesto fronterizo español, son
        detenidos. Desde pocos días antes, estaba vigente un decreto que prohibía la entrada en
        España a la gente sin nacionalidad. Para Benjamin, eso suponía el internamiento en un campo
        de concentración, al tener que regresar forzosamente a Francia. Esa noche tomó una dosis de
        morfina y se quitó la vida. El último escrito de Benjamin es precisamente una carta. Se la
        da a la fotógrafa Henny Gurland con quien el día anterior había llegado a Portbou, pero
        dirigida a su amigo Adorno:</p>
  <disp-quote>
    <p>En una situación sin salida no tengo más opción que ponerle fin. Será en un pequeño pueblo de
          los Pirineos en el que nadie me conoce donde mi vida se acabará. Le ruego le transmita a
          mi amigo Adorno que lo tengo en mis pensamientos y le explique la situación en la que me
          encuentro. Ya no me queda tiempo suficiente para escribir todas las cartas que me hubiera
          gustado escribir<xref ref-type="fn" rid="fn130">130</xref>.</p>
  </disp-quote>
</sec>
</body>
<back>
<fn-group>
  <fn id="fn1">
    <label>1</label><p>Benjamin, W. <italic>Gesammelte Briefe,</italic> II, Suhrkamp, 1998, pp. 4748. En adelante se
          utilizará la edición de cartas completas publicada por Suhrkamp en seis volúmenes y que
          abarca la</p>
  </fn>
  <fn id="fn2">
    <label>2</label><p>Garber, K. <italic>Walter Benjamin als
    Briefschreiber und Kritiker</italic>. Wilhelm Fink, 2005, p. 8.</p>
  </fn>
  <fn id="fn3">
    <label>3</label><p>Habermas, J. Vom Funken der Wahrheit. <italic>Die
    Zeit</italic>. (9 de abril de 2015).</p>
  </fn>
  <fn id="fn4">
    <label>4</label><p>Mattenklott, G. “Briefe und Briefwechseln”, en:
    Lindner, B. (ed.) <italic>Benjamin-Handbuch.
    Leben-Werk-Wirkung</italic>, J.B. Metzler, 2011, p. 680.</p>
  </fn>
  <fn id="fn5">
    <label>5</label><p>Adorno, Th. W. “Vorrede der Herausgeber/II”, en: Benjamin, W. <italic>Briefe</italic>, vol. 1,
          Suhrkamp, 1993, p. 17 (Adorno, Th. W. “El Benjamin epistolar”, <italic>Notas sobre
            literatura</italic>. Akal, 2003 p. 566).</p>
  </fn>
  <fn id="fn6">
    <label>6</label><p>Ibid. p. 565.</p>
  </fn>
  <fn id="fn7">
    <label>7</label><p>Para un estudio sobre la historia de la publicación de estas cartas, Cfr. Villwock, P. “Walter
          Benjamins Feuilleton-Reihe in der Frankfurter Zeitung, Briefe (1931/32)”.
            <italic>Zeitschrift für Germanistik</italic>, 22/3, 2012, pp. 599-613.</p>
  </fn>
  <fn id="fn8">
    <label>8</label><p>Adorno, Th. W. „Nachwort“, en: Benjamin, W. <italic>Deutsche Menschen. Eine Folge von
            Briefen</italic>. Suhrkamp, 1972, pp. 90-91.</p>
  </fn>
  <fn id="fn9">
    <label>9</label><p>Kaulen, H. „Walter Benjamin: Briefschreiber,
    Sammler und Theoretiker des Briefs“, en: Matthews-Schlinzig, M. I.
    (ed.) <italic>Handbuch Brief. Von der Frühen Neuzeit bis zur
    Gegenwart</italic>, De Gruyter, 2020, p. 1417.</p>
  </fn>
  <fn id="fn10">
    <label>10</label><p>Kahn, R. “Expériences de pensée. La
    correspondance de Walter Benjamin”, en: Lavelle, P. (ed.)
    <italic>Cahier Walter Benjamin</italic>, L’Herne, 2013, p. 22.</p>
  </fn>
  <fn id="fn11">
    <label>11</label><p>Adorno, Th. W. “Vorrede der Herausgeber/II,
    op.cit. p. 19. (“El Benjamin epistolar”, p. 568).</p>
  </fn>
  <fn id="fn12">
    <label>12</label><p>Carta a Scholem, 12-6-1938. GB, VI, p. 110.
    (Benjamin, W y Scholem, G. <italic>Correspondencia
    1933-1940</italic>. Trotta, 2011, p. 225).</p>
  </fn>
  <fn id="fn13">
    <label>13</label><p>Carta a Scholem, 13-6-1924. GB, II, p. 465</p>
  </fn>
  <fn id="fn14">
    <label>14</label><p>Carta a Scholem, 3-3-1934. GB, IV, p. 359. (Benjamin y Scholem, <italic>Correspondencia
            1933-1940</italic>, op. cit., p. 106)</p>
  </fn>
  <fn id="fn15">
    <label>15</label><p>Benjamin, W<italic>. Gesammelte Schriften</italic>, III, Suhrkamp, 1980, p. 133. La obra completa
          de Benjamin será citada en adelante con la abreviatura GS, seguida del número de tomo y la
          página correspondiente. Se incluirá la mención a la traducción en español, en aquellos
          casos en los que se disponga.</p>
  </fn>
  <fn id="fn16">
    <label>16</label><p>Carta a Richard Weissbach, 14-5-1924. GB, II,
    pp. 451-452.</p>
  </fn>
  <fn id="fn17">
    <label>17</label><p>Ibid., p. 451</p>
  </fn>
  <fn id="fn18">
    <label>18</label><p>Carta a Scholem, 10-5-1924. GB, II, p. 448.</p>
  </fn>
  <fn id="fn19">
    <label>19</label><p>Ibid., p. 449.</p>
  </fn>
  <fn id="fn20">
    <label>20</label><p>Carta a Scholem, 16-9-1924. GB, II, pp.
    481-482.</p>
  </fn>
  <fn id="fn21">
    <label>21</label><p>Ibid., p. 486.</p>
  </fn>
  <fn id="fn22">
    <label>22</label><p>Carta a Scholem, 22-10/5-11-1924. GB, II, p.
    501.</p>
  </fn>
  <fn id="fn23">
    <label>23</label><p>Benjamin, W. „Neapel”, GS, IV, p. 311.</p>
  </fn>
  <fn id="fn24">
    <label>24</label><p>Ibid., p. 309.</p>
  </fn>
  <fn id="fn25">
    <label>25</label><p>Carta a Scholem, 5-3-1924. GB, II, p. 433.</p>
  </fn>
  <fn id="fn26">
    <label>26</label><p>Carta a Max Rychner, 7-3-1931. GB, IV, p.
    19.</p>
  </fn>
  <fn id="fn27">
    <label>27</label><p>Benjamin, W. <italic>Das Passagen-Werk</italic>, Suhrkamp, 1983, pp. 462</p>
    <p>463. (Benjamin, W. <italic>Libro de los Pasajes</italic>. Akal,
    2017, p. 372).</p>
  </fn>
  <fn id="fn28">
    <label>28</label><p>Lacis, A. <italic>Revolutionär im Beruf. Berichte über Proletar, Theater, über Meyerhold, Brecht,
            Benjamin und Piscator</italic>. Rogner &amp; Bernhard, 1976, p. 48.</p>
  </fn>
  <fn id="fn29">
    <label>29</label><p>Caygill, H. <italic>Walter Benjamin. The colour of experience</italic>. Routledge, 1998, p.
          121.</p>
  </fn>
  <fn id="fn30">
    <label>30</label><p>Scholem, G. <italic>Walter Benjamin, Historia de una amistad.</italic> Debolsillo, 1997, p.
          192.</p>
  </fn>
  <fn id="fn31">
    <label>31</label><p>Recientemente se ha publicado el estudio de Kevin Drews que procura una reconstrucción del debate
          contemporáneo sobre el tema. Cfr. Drews, K. <italic>Inmitten der Extreme. Ästhetik und
            Politik bei Walter Benjamin und Salomo Friedländer</italic>, Fink, 2022. También
          Blätter, C. <italic>Walter Benjamin. Politische Denken</italic>, 2016.</p>
  </fn>
  <fn id="fn32">
    <label>32</label><p>Por ejemplo, cfr. Eiland, H. y Jennings, M.W.
    <italic>Walter Benjamin. A Critical Life</italic>, The Belknap Press
    of Harvard University Press, 2014.</p>
  </fn>
  <fn id="fn33">
    <label>33</label><p>Carta a Scholem, 7-7-1924. GB, II, p. 473.</p>
  </fn>
  <fn id="fn34">
    <label>34</label><p>GS, VI, p. 99.</p>
  </fn>
  <fn id="fn35">
    <label>35</label><p>Carta a Ludwig Strauss, 7-9-1913. GB, I, p.
    81.</p>
  </fn>
  <fn id="fn36">
    <label>36</label><p>Ibid.</p>
  </fn>
  <fn id="fn37">
    <label>37</label><p>Carta a Ernst Schoen, 2-2-1920. GB, II, p.
    73.</p>
  </fn>
  <fn id="fn38">
    <label>38</label><p>GS, II.1, p. 203.</p>
  </fn>
  <fn id="fn39">
    <label>39</label><p>Carta a Werner Kraft, 25-5-1935. GB, V, p. 89. En 1929 Benjamin incluye <italic>Geschichte und
            Klassenbewußtsein</italic> de Lukács</p>
    <p>en una lista de obras reseñadas bajo el título <italic>Libros que se mantienen
          vivos</italic>, junto a <italic>Der Stern der Erlösung</italic> (1921), de Franz
          Rosenzweig; <italic>Die Spätrömische Kunstindustrie</italic> (1901), de Alois Riegl y
            <italic>Einsenbauten</italic> (1907), de Alfred Gotthold Meyer (GS III, pp. 169-171). En
          la reseña de la que considera la “obra filosófica más acabada de la literatura marxista”
          valora “la seguridad con la cual ha captado la situación crítica de la lucha de clases en
          la situación crítica de la filosofía y la condición absoluta, incluso la ejecución y la
          última palabra del conocimiento teórico en la revolución concreta por venir” (GS III, p.
          171).</p>
  </fn>
  <fn id="fn40">
    <label>40</label><p>Carta a Scholem, 29-12-1920. GB, II, p. 119.</p>
  </fn>
  <fn id="fn41">
    <label>41</label><p>Carta a Scholem, 1-12-1920. GB, II, p. 109.</p>
  </fn>
  <fn id="fn42">
    <label>42</label><p>GS, 4.2, p. 941.</p>
  </fn>
  <fn id="fn43">
    <label>43</label><p>Carta a Gottfried Salomon-Delatour, 24-1-1925.
    GB, III, p. 9.</p>
  </fn>
  <fn id="fn44">
    <label>44</label><p>Carta a Scholem, GB, III, p. 60.</p>
  </fn>
  <fn id="fn45">
    <label>45</label><p>Carta a Scholem, 22-12-1924. GB, II, p. 511.</p>
  </fn>
  <fn id="fn46">
    <label>46</label><p>Steiner, U. Walter Benjamins Wendung zum
    politischen Denken, en: Blättler, C. y Vollmer, C. (eds.)
    <italic>Walter Benjamins politisches Denken</italic>, 2016, p.
    64</p>
  </fn>
  <fn id="fn47">
    <label>47</label><p>Carta a Scholem, 10-5-1932. GB, V, p. 89.</p>
  </fn>
  <fn id="fn48">
    <label>48</label><p>Scholem, <italic>Walter Benjamin, Historia de
    una amistad</italic>, op. cit., p. 194.</p>
  </fn>
  <fn id="fn49">
    <label>49</label><p>Carta a Scholem, 29-5-1926. GB, III, p. 158. En 1916, Benjamin recibe una invitación por parte de
          Martin Buber para colaborar en la revista Der Jude. Benjamin rechaza esta propuesta</p>
    <p>en una extensa misiva conocida como la “Carta a Buber) en la que
    centra el tema en la reflexión sobre la pertinencia de la
    convivencia de la filosofía con los escritos políticos.</p>
  </fn>
  <fn id="fn50">
    <label>50</label><p>Carta a Scholem, 17-4-1931. GB, IV, p. 26.</p>
  </fn>
  <fn id="fn51">
    <label>51</label><p>Carta a Scholem, 20-3-1933. GB, IV, p. 169. (Benjamin y Scholem. <italic>Correspondencia
            1933-1940</italic>, op. cit. p. 41).</p>
  </fn>
  <fn id="fn52">
    <label>52</label><p>Ibid. Como explica Brodersen, los artículos de Benjamin continuaron publicándose en Alemania
          hasta mediados de los años treinta. El último, fechado en junio de 1935, fue la reseña de
          una monografía de Schiller escrita por Hermann Schneiders. Cfr. Brodersen, M.
            <italic>Spinne im eigenen Netz. Walter Benjamin, Leben und Werk</italic>, Elster, 1990,
          p. 227.</p>
  </fn>
  <fn id="fn53">
    <label>53</label><p>Benjamin, W. “Lebensläufe”, GS, VI, p. 227.</p>
  </fn>
  <fn id="fn54">
    <label>54</label><p>Wizisla, E. “Por el bien de mi correspondencia completa. La posteridad en las cartas de Walter
          Benjamin”, <italic>Revista Herramienta</italic>, 2010, p. 43.</p>
  </fn>
  <fn id="fn55">
    <label>55</label><p>Carta a Gretel Karplus, segunda mitad de febrero de 1934. GB, IV, pp. 355-356. (Adorno, G. y
          Benjamin, W. <italic>Correspondencia 1930-1940</italic>. Eterna Cadencia, 2011, p.
          142).</p>
  </fn>
  <fn id="fn56">
    <label>56</label><p>Carta a Max Horkheimer, 8-4-1935. GB, V, p.
    73.</p>
  </fn>
  <fn id="fn57">
    <label>57</label><p>Carta a Scholem, 3-3-1934. GB, IV, p. 358. (Benjamin y Scholem. <italic>Correspondencia
            1933-1940</italic>, op. cit., p. 105).</p>
  </fn>
  <fn id="fn58">
    <label>58</label><p>Según Tiedemann, el texto al que se refiere como manuscrito es el que ha sido publicado con el
          título “Apuntes y materiales” en la versión definitiva el <italic>Libro de los
            Pasaje</italic>s. Se trata de un conjunto de citas, comentarios y reflexiones ordenados
          en treinta y siete carpetas, cuyo “primer texto legible de sus reflexiones y citas en
          alemán” se debe a Gretel Karplus. Cfr. Tiedemann, R. “Editorischer Bericht”, en: Benjamin,
          W. <italic>Das Passagen Wer</italic>k, op. cit., p. 1072. (Tiedemann, R. “Informe del
          editor”, en: Benjamin, W. <italic>Libro de los Pasajes</italic>, Akal, 2017, p. 886).</p>
  </fn>
  <fn id="fn59">
    <label>59</label><p>Carta a Alfred Cohn, 18-7-1935. GB, V, p.
    129.</p>
  </fn>
  <fn id="fn60">
    <label>60</label><p>Tiedemann, op.cit., p. 1082.</p>
  </fn>
  <fn id="fn61">
    <label>61</label><p>Carta a Adorno y Gretel Karplus, 16-4-1938. GB, VI, pp. 6061. Para un estudio sobre la
          controversia que rodeó a la obra de Sternberger, cfr. Dodd, W. J. Dolf Sternberger's
          Panorama: Approaches to a Work of (Inner) Exile in the National Socialist Period.
            <italic>The Modern Language Review</italic>, 108/1, 2013, pp. 180-201</p>
  </fn>
  <fn id="fn62">
    <label>62</label><p>GB, V, p. 489.</p>
  </fn>
  <fn id="fn63">
    <label>63</label><p>Adorno, Th. W. y Benjamin, W. <italic>Briefwechsel 1928-1940</italic>, Suhrkamp, 1994, p. 43.
          (Adorno, Th. W. y Benjamin, W. <italic>Correspondencia 1928-1940</italic>. Eterna
          Cadencia, 2021, p. 46). En adelante se utilizará la edición que recoge el intercambio
          epistolar entre Adorno y Benjamin editada por Suhrkamp que abarca la correspondencia entre
          1928 y 1940. Para ello, se utilizará la abreviatura ABB seguido del número de página. Se
          acompañará de la mención a la traducción en español.</p>
  </fn>
  <fn id="fn64">
    <label>64</label><p><italic>Alternative</italic> 56/57, 185.</p>
  </fn>
  <fn id="fn65">
    <label>65</label><p>Un estudio pormenorizado sobre la polémica se encuentra en: Fries, U. “Ende der Legende.
          Hintergründe zu Walter Benjamins Tod“, <italic>The Germanic Review: Literature, Culture,
            Theory</italic>, 96/4, 2021, pp. 409-441.</p>
  </fn>
  <fn id="fn66">
    <label>66</label><p>Lonitz, H. „Nachbemerkungen des Herausgebers“,
    en: ABB, p. 449.</p>
  </fn>
  <fn id="fn67">
    <label>67</label><p>ABB, p. 203. (Adorno y Benjamin.
    <italic>Correspondencia</italic>, op.cit., p. 205).</p>
  </fn>
  <fn id="fn68">
    <label>68</label><p>Ibid., p. 112. (Ibid., p. 116).</p>
  </fn>
  <fn id="fn69">
    <label>69</label><p>La versión del exposé que envió a Adorno se encuentra publicada en GS, V (2), pp.1237-1249.</p>
  </fn>
  <fn id="fn70">
    <label>70</label><p>ABB, p. 119. (Adorno y Benjamin,
    <italic>Correspondencia,</italic> op.cit. p. 122).</p>
  </fn>
  <fn id="fn71">
    <label>71</label><p>Un acercamiento pormenorizado a algunos de los momentos de la recepción de los textos de Marx en
          la trayectoria intelectual de Benjamin se encuentra en: Goller, P. Walter Benjamins
          Marx-Engels-Studium. <italic>Mitteilungen der Alfred Klahr Gesellschaft</italic>, 1, 2013,
          12-22</p>
  </fn>
  <fn id="fn72">
    <label>72</label><p>Carta a Gretel Karplus, 20-3-1939. GS, V.2, p.
    1172.</p>
  </fn>
  <fn id="fn73">
    <label>73</label><p>Carta a Scholem, 20-5-1935. GB, V, pp.
    83-84.</p>
  </fn>
  <fn id="fn74">
    <label>74</label><p>Benjamin, W. <italic>Das Passagen-Werk</italic>,
    op. cit., p. 499 (<italic>Libro de los Pasajes</italic>, op. cit.,
    p. 400).</p>
  </fn>
  <fn id="fn75">
    <label>75</label><p>Ibid., pp. 46-47 (Ibid., pp. 38-39).</p>
  </fn>
  <fn id="fn76">
    <label>76</label><p>Ibid., p. 822. (Ibid., p. 680).</p>
  </fn>
  <fn id="fn77">
    <label>77</label><p>ABB, p. 122. (Adorno y Benjamin,
    <italic>Correspondencia,</italic> op.cit., p. 125).</p>
  </fn>
  <fn id="fn78">
    <label>78</label><p>Ibid., p. 123. (Ibid.).</p>
  </fn>
  <fn id="fn79">
    <label>79</label><p>Ibid., p. 124. (Ibid., p. 126).</p>
  </fn>
  <fn id="fn80">
    <label>80</label><p>Los textos se encuentran publicados en Benjamin,
    W. Pariser Passagen II, <italic>Das Passagen Werk</italic>.
    Suhrkamp, pp. 1044-1059. (Benjamin, W. <italic>Libro de los
    Pasajes</italic>, op. cit., pp. 865-876).</p>
  </fn>
  <fn id="fn81">
    <label>81</label><p>ABB, p. 112. (Adorno y Benjamin,
    <italic>Correspondencia</italic>, op. cit., p. 116).</p>
  </fn>
  <fn id="fn82">
    <label>82</label><p>Ibid., p. 140. (Ibid., p. 142).</p>
  </fn>
  <fn id="fn83">
    <label>83</label><p>Ibid., p. 138 (Ibid., p. 140).</p>
  </fn>
  <fn id="fn84">
    <label>84</label><p>Adorno, Th. W. „Charakteristik Walter
    Benjamins“, <italic>Kulturkritik und Gesellschaft I</italic>.
    Suhrkamp, 2003, p. 249.</p>
  </fn>
  <fn id="fn85">
    <label>85</label><p>ABB, p. 138. (Adorno y Benjamin,
    <italic>Correspondencia</italic>, op. cit., p. 140).</p>
  </fn>
  <fn id="fn86">
    <label>86</label><p>Para un estudio de los momentos de coincidencia y discrepancia sobre el tratamiento de la imagen
          dialéctica, véase: Reijen, W. Die Adorno-Benjamin-Kontroverse, <italic>Zeitschrift für
            philosophische Forschung</italic>, 60/1, 2006, pp. 99-120.</p>
  </fn>
  <fn id="fn87">
    <label>87</label><p>ABB, p. 139. (Adorno y Benjamin.
    <italic>Correspondencia</italic>, op. cit., p. 141).</p>
  </fn>
  <fn id="fn88">
    <label>88</label><p>Ibid., p. 141. (Ibid., p. 143).</p>
  </fn>
  <fn id="fn89">
    <label>89</label><p>Ibid., p. 142. (Ibid., p. 144).</p>
  </fn>
  <fn id="fn90">
    <label>90</label><p>Ibid., p. 149. (Ibid., p. 152).</p>
  </fn>
  <fn id="fn91">
    <label>91</label><p>Ibid., pp. 154-155. (Ibid., pp. 156-157).</p>
  </fn>
  <fn id="fn92">
    <label>92</label><p>Ibid., p. 157. (Ibid., p. 159).</p>
  </fn>
  <fn id="fn93">
    <label>93</label><p>Carta al director general de la Biblioteca
    Nacional de París, 8-7-1935. GB, V, p. 123.</p>
  </fn>
  <fn id="fn94">
    <label>94</label><p>GS, 15, p. 379</p>
  </fn>
  <fn id="fn95">
    <label>95</label><p>ABB, p. 233. (Adorno y Benjamin,
    <italic>Correspondencia</italic>, op. cit., p. 235).</p>
  </fn>
  <fn id="fn96">
    <label>96</label><p>Carta a Max Horkheimer, 16-4-1938. GB, VI, p.
    64.</p>
  </fn>
  <fn id="fn97">
    <label>97</label><p>Cfr. Espagne, M. y Werner, M. Vom Passagen-Projekt zum Baudelaire. Neue Handschriften zum
          Spätwerk Walter Benjamins, <italic>Deutsche Vierteljahrsschrift für Literaturwissenschaft
            und Geistesgeschichte</italic>, 58/4, 1984, 593-657.</p>
  </fn>
  <fn id="fn98">
    <label>98</label><p>Carta a Max Horkheimer, 16-4-1938. GB, VI, p.
    65.</p>
  </fn>
  <fn id="fn99">
    <label>99</label><p>Ibid., p. 66.</p>
  </fn>
  <fn id="fn100">
    <label>100</label><p>Ibid.</p>
  </fn>
  <fn id="fn101">
    <label>101</label><p>Ibid., p. 67.</p>
  </fn>
  <fn id="fn102">
    <label>102</label><p>Ibid., p. 67.</p>
  </fn>
  <fn id="fn103">
    <label>103</label><p>ABB, pp. 354-355. (Adorno y Benjamin.
    <italic>Correspondencia</italic>, op. cit., p. 353).</p>
  </fn>
  <fn id="fn104">
    <label>104</label><p>Carta a Max Horkheimer, 28-9-1938. GB, VI, p. 162. Según Montanelli, “el principio
          dialéctico-constructivo —que responde también al método del montaje— es inmanente al
          material mismo, que no está quieto sino vivo, y el objeto de la investigación deriva de su
          movimiento mismo según su perspectiva histórica” (Montanelli, M. Baudelaire Laboratory.
          Brief History of a Project by Walter Benjamin. <italic>Aisthesis</italic>, 13(2), p.
          21).</p>
  </fn>
  <fn id="fn105">
    <label>105</label><p>Carta a Max Horkheimer, 28-9-1938. GB, VI, p.
    163.</p>
  </fn>
  <fn id="fn106">
    <label>106</label><p>ABB, p. 364. (Adorno y Benjamin.
    <italic>Correspondencia</italic>, op. cit., p. 362).</p>
  </fn>
  <fn id="fn107">
    <label>107</label><p>Ibid., p. 368. (Ibid., p. 367).</p>
  </fn>
  <fn id="fn108">
    <label>108</label><p>Ibid., pp. 366-367. (Ibid., p. 365).</p>
  </fn>
  <fn id="fn109">
    <label>109</label><p>Ibid., p. 368. (Ibid., p. 366).</p>
  </fn>
  <fn id="fn110">
    <label>110</label><p>En respuesta a las acusaciones sobre la dureza excesiva con la que había reseñado la obra de
          Benjamin, Adorno asegura que “como es cosa natural entre amigos que proceden de la misma
          esfera espiritual y se preocupan por las mismas cuestiones, hacíamos críticas a nuestros
          respectivos trabajos sin que tales críticas enturbiasen lo más mínimo nuestras relaciones
          personales” (Adorno, Th. W. “Interimsbescheid”, <italic>Vermischte Schriften</italic> I.,
          Suhrkamp, 2003, p. 184).</p>
  </fn>
  <fn id="fn111">
    <label>111</label><p>ABB, p. 74. (Adorno y Benjamin,
    <italic>Correspondencia</italic>, op. cit., p. 78).</p>
  </fn>
  <fn id="fn112">
    <label>112</label><p>Wizisla, E. <italic>Benjamin y Brecht. Historia de una amistad</italic>, Paidós, 2007, p. 34.</p>
  </fn>
  <fn id="fn113">
    <label>113</label><p>ABB, p. 74. (Adorno y Benjamin,
    <italic>Correspondencia</italic>, op. cit., p. 78).</p>
  </fn>
  <fn id="fn114">
    <label>114</label><p>Ibid.</p>
  </fn>
  <fn id="fn115">
    <label>115</label><p>Ibid., p. 369. (Ibid., p. 369).</p>
  </fn>
  <fn id="fn116">
    <label>116</label><p>Ibid., p. 371. (Ibid., p. 369).</p>
  </fn>
  <fn id="fn117">
    <label>117</label><p>Ibid., p. 382. (Ibid., p. 380).</p>
  </fn>
  <fn id="fn118">
    <label>118</label><p specific-use="wrapper">
      <disp-quote>
        <p>Sobre esto, Monnoyer explica que el banquero había confiado la revisión del texto a una
              tercera persona no nombrada en la carta, “un psicoanalista, ex ministros de Cultos del
              go bierno de Kerenski y de un esnobismo insoportable” (Monnoyer, J-M., “Noticia”, en:
              Benjamin, W. <italic>Escritos franceses</italic>. Amorrortu, 2012, p. 331)</p>
      </disp-quote>
    </p>
  </fn>
  <fn id="fn119">
    <label>119</label><p>ABB, p. 426. (Adorno y Benjamin.
    <italic>Correspondencia</italic>, op. cit., p. 422).</p>
  </fn>
  <fn id="fn120">
    <label>120</label><p>Ibid., p. 361. (Ibid., p. 359).</p>
  </fn>
  <fn id="fn121">
    <label>121</label><p>Ibid., p. 359. (Ibid., p. 358).</p>
  </fn>
  <fn id="fn122">
    <label>122</label><p>Carta a Max Horkheimer, 30-11-1939. GB, VI, p.
    359.</p>
  </fn>
  <fn id="fn123">
    <label>123</label><p>Carta a Max Horkheimer, 24-1-1939. GB, VI, p.
    198.</p>
  </fn>
  <fn id="fn124">
    <label>124</label><p>Carta a Gretel Adorno, abril/mayo 1940. GB, VI,
    p. 435. (Adorno, G. y Benjamin, W. <italic>Correspondencia
    1930-1940</italic>, op.cit., p. 446).</p>
  </fn>
  <fn id="fn125">
    <label>125</label><p>Ibid., p. 435. (Ibid., p. 446). Como es conocido, Adorno publica las tesis en 1942 en un número
          especial de la <italic>Zeitschrift für Sozialforschung.</italic></p>
  </fn>
  <fn id="fn126">
    <label>126</label><p>Ibid., p. 436. (Ibid., pp. 446-447).</p>
  </fn>
  <fn id="fn127">
    <label>127</label><p>Ibid.</p>
  </fn>
  <fn id="fn128">
    <label>128</label><p>Benjamin. W. Über den Begriff der Geschichte. <italic>Gesammelte Schriften</italic>, I, Suhrkamp,
          1980, p. 702. (Benjamin, W. <italic>Tesis sobre el concepto de historia y otros ensayos
            sobre historia y política</italic>. Alianza, 2021, p. 79).</p>
  </fn>
  <fn id="fn129">
    <label>129</label><p>GB, VI, p. 436. (Adorno, G. y Benjamin, W.
    <italic>Correspondencia 1930-1940</italic>, op.cit., p. 447).</p>
  </fn>
  <fn id="fn130">
    <label>130</label><p>GB, VI, p. 483.</p>
  </fn>
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