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        <journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Anales del Seminario de Historia de la Filosofía</journal-title>
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      <issn publication-format="electronic">1988-2564</issn>
      <issn-l>0211-2337</issn-l>
      <publisher>
        <publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
        <publisher-loc>España</publisher-loc>
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      <article-id pub-id-type="doi">10.5209/ashf.101412</article-id>
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          <subject>RESEÑAS</subject>
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        <article-title>Zamora Calvo, José María, <italic>Platón. La filosofía y la polis</italic>,
          Barcelona: Shackleton Books, 2024</article-title>
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          <contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0009-0004-2500-729X</contrib-id>
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            <surname>Zapata Pedrosa</surname>
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        <corresp id="cor1">Marc Zapata Pedrosa<email>Marczapata.treball@gmail.com</email></corresp>
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      <pub-date pub-type="epub" publication-format="electronic" iso-8601-date="2025-09-30">
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        <month>09</month>
        <year>2025</year>
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      <volume>42</volume>
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    <title>Zamora Calvo, José María, <italic>Platón. La filosofía y la polis</italic>, Barcelona: Shackleton Books, 2024
    </title>
    <p>José María Zamora Calvo es especialista en filosofía antigua y gran conocedor de la obra de
        Platón. En su libro <italic>Platón. La filosofía y la polis</italic>, ofrece una entrada al
        pensamiento del filósofo ateniense, abordando las cuestiones nucleares de este a lo largo de
        un recorrido textual que atraviesa la obra de Platón, y que revela, ciertamente, una unidad
        temática: la preeminencia del problema político en toda investigación platónica. El libro
        consiste, por lo tanto, en una introducción a Platón desde esta perspectiva.</p>
    <p>En el prefacio, y siguiendo en esto al propio Platón, el autor trata de «comenzar por el
        principio según la naturaleza del asunto» (p. 5). En este caso, el principio más adecuado
        consiste en señalar los rasgos más característicos de la filosofía platónica, así como una
        valoración de ésta en conjunto. El autor aborda problemas como la forma dialogada de las
        obras de Platón, que no es sino una manifestación de su pensamiento, pues este es «un
        diálogo interior y silencioso del alma consigo misma» (p. 5); revisita los diálogos de
        juventud y su influencia socrática, así como la evolución en los intereses de la filosofía
        platónica, que van desde lo estrictamente ético a lo metafísico-epistemológico, y,
        finalmente apunta a algunas relaciones posibles entre los diálogos, tratando de mostrar una
        cierta unidad entre los diversos textos del ateniense. El autor presenta a Platón como un
        filósofo comprometido con su obra y con la verdad en todos sus aspectos, y, por ende, la
        conclusión del prefacio es clara: «Platón es único por muchos motivos. Uno de ellos, quizá
        el más importante, es porque nos permite comprender, mejor que ningún otro autor, en qué
        consiste la filosofía» (p. 12).</p>
    <p>El primer capítulo «Vida y obra de Platón, el filósofo cisne», el autor aborda la relación,
        ya anunciada en el prefacio, entre la biografía de Platón y sus textos filosóficos. El
        capítulo aporta multitud de datos de relevancia acerca las diversas biografías antiguas del
        ateniense, así como un recorrido de la fortuna histórica de sus textos desde el momento de
        su redacción hasta la confección de la edición príncipe en 1513. Seguidamente, el autor
        comenta la <italic>Carta VII</italic> que, a pesar de las reservas –de las que el autor se
        hace cargo– que debe suscitar un texto que actualmente es considerado dudoso en cuanto a su
        autoría, sirve para trazar un perfil psicológico de Platón y su preocupación por ligar la
        vida política, de algún modo, al conocimiento. A lo largo del capítulo, además, el autor
        profundiza en la relación del filósofo con Sócrates, así como su labor como fundador de la
        Academia y un cierto atisbo del funcionamiento de esta, que distinguía entre las lecciones
        introductorias del gimnasio, y las conversaciones con discípulos avanzados en el jardín.</p>
    <p>El título del capítulo, que llama sin duda la atención, remite a dos fuentes textuales en que
        Platón es comparado con un cisne. Se trata de la biografía platónica de Olimpiodoro, que
        expone un sueño que tuvo el filósofo antes de morir, en que se consideraba a sí mismo un
        cisne escapando de sus depredadores, lo cual Simmias interpretó como una alegoría de la
        dificultad a que se enfrentan los intérpretes al tratar de abarcar el pensamiento de Platón,
        que se escabulle al igual que el onírico cisne; además, según recoge Diógenes Laercio,
        también Sócrates tuvo un sueño en que aparecía un cisne, precisamente el día anterior a su
        primer encuentro con Platón, a raíz de lo cual consideró aquel sueño como un presagio. En
        palabras del autor: «Ha habido muchos intentos por atraparlo y múltiples interpretaciones de
        sus escritos, pero nunca habrá una definitiva, pues Platón es ese cisne que siempre logra
        escapar y nunca será capturado» (p. 42).</p>
    <p>En el segundo capítulo, «Filosofía política y educación», el autor reconstruye la postura de
        Platón en lo que se refiere al gobierno de la ciudad. Para llevar a cabo esta tarea, recorre
        los denominados diálogos socráticos –con especial atención al <italic>Eutifrón</italic> y la
          <italic>Apología</italic>, de los que ofrece un comentario pormenorizado– que, en sus
        propias palabras, «permite entender los puntos clave de la filosofía platónica, a través del
        diálogo fundamental con la <italic>República</italic>» (p. 49), también comentada
        ampliamente. Así, se revela cómo las reflexiones sobre la piedad y el valor de los primeros
        diálogos guardan una estrecha relación con la sistematización de la
          <italic>República</italic>, en que los conceptos fundamentales de la primera etapa quedan
        subsumidos por un planteamiento filosófico que los integra y los supera.</p>
    <p>Al desplegar los puntos principales de la teoría política de Platón, el autor presta
        atención, como no puede ser de otro modo, a los adversarios políticos del filósofo. Estos
        son ni más ni menos que los sofistas y los poetas. De esta manera, el autor muestra en qué
        medida las críticas a la sofística por su falta de honestidad intelectual, y las críticas a
        las poetas por su falta de conocimiento, influyen decisivamente en la culminante doctrina
        del filósofo rey, el gobernante definido por su sabiduría, con lo que el autor concluye la
        exposición del pensamiento político del ateniense.</p>
    <p>En el tercer capítulo, «La teoría de las formas», el autor expone los puntos principales de
        la metafísica platónica. Para ello, visita principalmente el <italic>Sofista</italic>, el
          <italic>Político</italic> y el <italic>Parménides</italic>, siempre en íntima relación con
        la <italic>República</italic>. En primer lugar, ofrece una nítida exposición del concepto de
        Dialéctica en los diálogos de Platón, ofreciendo la siguiente definición: «razonamiento
        discursivo a través del cual el pensamiento y el ser se encuentran» (p. 111). Una vez
        expuesto el método a partir del cuál Platón se abre camino hacia la verdad, el autor expone
        las diversas etapas de este camino a través de un comentario al célebre símil de la línea,
        en que se establece la proporción entre la gradación ontológica y epistémica que caracteriza
        a la filosofía platónica. Solo en este punto es posible comprender, y así prosigue el
        desarrollo del autor, la analogía entre el Bien y el Sol, que refiere al modo en que la
        cognición de la absoluta plenitud del ser de la Idea consiste en la condición de posibilidad
        y el fin de todo pensar: «El Bien engendra el ser y la verdad. El sol ilumina porque el Bien
        genera esa luz, y, por ello, cada vez que pienso, lo sepa o no, lo deseo» (p. 137). De este
        modo, se empieza a divisar el concepto platónico de participación, dado que se apunta a que
        todo lo que es y todo lo que es cognoscible, es y es cognoscible en virtud de una cierta
        relación con la Idea, lo cual constituye el núcleo esencial de la metafísica de Platón.</p>
    <p>Una vez establecidas las líneas maestras de la metafísica platónica, el autor trae a colación
        las críticas que Aristóteles ejerció contra ella, principalmente en lo tocante al uso de las
        metáforas y analogías comentadas anteriormente, recordando que «Aristóteles llega a definir
        esta actitud como una forma de discurso en el vacío» (p. 148). Además, el autor recupera
        finalmente la cuestión sobre la sofística, que, al carecer del método dialéctico, no puede
        sino conducir a quienes participen de ella al desconcierto y la incertidumbre, mas nunca a
        la verdad.</p>
    <p>El cuarto capítulo, «Alma y legislación», el autor trata de mostrar la centralidad del alma
        en la filosofía platónica, es decir, la importancia que tiene esta idea en la articulación
        de las doctrinas políticas, metafísicas, éticas y epistemológicas de Platón como un todo
        unitario y no como meros ensayos de teorizaciones independientes. Para profundizar en esta
        cuestión, el autor estudia en este capítulo las <italic>Leyes</italic>, y, finalmente, el
          <italic>Timeo</italic>. En primer lugar, ofrece un recorrido del principio socrático del
        cuidado del alma, que evoluciona a lo largo de la obra de Platón: «el cuidado del alma, al
        insertarse en un contexto cívico, se sacraliza» (p. 189); de este modo, el autor señala la
        religiosidad presente en los últimos diálogos de Platón, que toma como centro de gravedad
        precisamente la idea del alma, que actúa como medio entre la ley divina y la ley de la
        ciudad: «al asimilar la razón a lo divino, Platón rechaza disociar la ley cósmica, la ley
        política y la ley ética» (p. 196). Así, efectivamente, la idea platónica de alma se
        constituye, junto a la polis, como el eje en que convergen todos los planteamientos
        platónicos.</p>
    <p>Además, el autor expone algunas de las propuestas legales que se encuentran en las Leyes, que
        permiten matizar el estereotipo escolar que existe en torno a la figura de Platón. De este
        modo, señala que la diferencia entre las <italic>Leyes</italic> y la
          <italic>República</italic> no reside en su contenido, sino, más bien, en el destinatario
        de ambas obras: «explicamos, por ejemplo, la <italic>República</italic> y no las
          <italic>Leyes</italic> a nuestros estudiantes de primer año del grado de Filosofía, y
        reservamos las <italic>Leyes</italic> para los cursos de máster o de doctorado» (p. 190).
        Esto no se debe, sin embargo, al grado de dificultad de ambas obras, sino a aquello en lo
        que ponen énfasis, pues la <italic>República</italic> está destinada a los jóvenes que deben
        aún domeñar sus pasiones, y las <italic>Leyes</italic> a los ancianos que tratan de hallar
        la paz de espíritu en el ejercicio de las diversas tradiciones de la ciudad. De esta manera,
        el autor salva los textos de filosofía política de Platón de la crítica aristotélica, que no
        comprende la necesidad de la existencia de ambos tratados, si coinciden en su objeto.</p>
    <p>Finalmente, se ofrece un epílogo, en que se sintetiza brevemente lo que se ha intentado
        articular a lo largo de todo el libro:</p>
    <disp-quote>
      <p>«la polis es el principal foco de atención de la filosofía de Platón. Desde todos los
          ámbitos de su investigación, que incluyen la psicología, la epistemología e, incluso, la
          metafísica y la cosmología, el filósofo siempre se plantea como problemática troncal cuál
          es la mejor manera de gobernar una comunidad» (p. 203).</p>
    </disp-quote>
    <p>A modo de complemento de la edición, se aporta una cronología de la composición de los
        diálogos platónicos, que indica la relación de estos con diversos eventos biográficos de
        Sócrates y Platón.</p>
    <p>En conclusión, puede afirmarse que, si bien Platón, el filósofo cisne, escapa siempre de una
        interpretación plenamente certera de su pensamiento, lo cierto es que el intento de José
        María Zamora Calvo es loable por diversas razones. En primer lugar, por la síntesis entre
        pedagogía y erudición que se muestra en este libro: el carácter introductorio de este no
        impide a su autor aportar multitud de referencias a multitud de diálogos, con lo cual el
        lector puede darse por realmente ubicado, introducido, en la obra de Platón. En segundo
        lugar, es loable porque, en una época como la nuestra, en que predomina la tendencia al
        comentario pormenorizado de pasajes independientes de la obra de Platón, el autor opta, en
        cambio, por tomar una perspectiva unitaria, es decir, por tratar de hallar una idea
        transversal que haga de los diálogos de Platón un <italic>Corpus</italic>, y no un cadáver
        en proceso de descomposición. Esta idea que unifica temáticamente la obra de Platón es,
        precisamente, la ciudad, y de ahí el título del libro: <italic>Platón. La filosofía y la polis</italic>.</p>
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