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        <journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Logos. Anales del Seminario de Metafísica</journal-title>
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      <issn publication-format="electronic">1988-3242</issn>
      <issn-l>1988-3242</issn-l>
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        <publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
        <publisher-loc>España</publisher-loc>
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      <article-id pub-id-type="doi">https://doi.org/10.5209/asem.99963</article-id>
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        <article-title>¿El capitalismo ha muerto? La primacía de la información: el vectorialismo. Una lectura con McKenzie Wark</article-title>
        <trans-title-group xml:lang="en">
          <trans-title>Is capitalism dead? The primacy of information: vectorialism. A reading with McKenzie Wark</trans-title>
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        <contrib contrib-type="author" corresp="yes">
          <contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0009-0007-0015-2775</contrib-id>
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            <surname>Campillos Morón</surname>
            <given-names>Luis Ángel</given-names>
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          <institution content-type="original">Universidad de La Rioja</institution>
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        <corresp id="cor1">Autor@s de correspondencia: Luis Ángel Campillos Morón: <email>lacampillosmoron@gmail.com</email></corresp>
      </author-notes>
      <pub-date pub-type="epub" publication-format="electronic" iso-8601-date="2025-07-14">
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        <month>07</month>
        <year>2025</year>
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      <volume>58</volume>
      <issue>1</issue>
      <fpage>23</fpage>
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        <copyright-statement>Copyright © 2025, Universidad Complutense de Madrid</copyright-statement>
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        <copyright-holder>Universidad Complutense de Madrid</copyright-holder>
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          <license-p>Esta obra está bajo una licencia <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/">Creative Commons Attribution 4.0 International</ext-link></license-p>
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      <abstract>
        <p>El presente artículo estudia las reflexiones de McKenzie Wark sobre la muerte del capitalismo y la emergencia de nuevas clases sociales. La apuesta por el marxismo “vulgar” supone el rechazo de los dogmas teóricos académicos que han desarrollado ciertas lecturas ortodoxas de Marx. En lucha contra el capitalismo, tomando los términos de Abensour, analizaremos el irenismo (utópico) y el catastrofismo (distópico) evitando pensar la relación entre máquina y trabajo de un modo metafórico o abstracto. A continuación nos detendremos en la importancia actual de la información, que da lugar a dos nuevas clases sociales (vectorialista y hacker), de acuerdo con Wark. Recuperando a Marx, reflexionaremos sobre la muerte del capitalismo y la posible emergencia de un nuevo sistema, el vectorialismo. Finalmente propondremos algunas vías de liberación, siempre minoritarias, como la deriva o el potlatch en el ámbito del letrismo y situacionismo.</p>
      </abstract>
      <trans-abstract xml:lang="en">
        <p>This article studies McKenzie Wark’s reflections on the death of capitalism and the emergence of new social classes. The commitment to “vulgar” Marxism implies the rejection of the academic theoretical dogmas that have developed certain orthodox readings of Marx. In the struggle against capitalism, taking Abensour’s terms, we will analyze irenism (utopian) and catastrophism (dystopian), avoiding thinking of the relationship between machine and labor in a metaphorical or abstract way. We will then dwell on the current importance of information, which gives rise to two new social classes (vectorialist and hacker), according to Wark. Recovering Marx, we will reflect on the death of capitalism and the possible emergence of a new system, vectorialism. Finally, we will propose some ways of liberation, always minority, such as drift or potlatch in the field of lyricism and situationism.</p>
      </trans-abstract>
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        <kwd>marxismo</kwd>
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        <custom-meta>
          <meta-name>Sumario</meta-name>
          <meta-value>: 1. Introducción. La apuesta por el marxismo vulgar; 2. Irenismo y catastrofismo; 3. La información matérica. Dos nuevas clases sociales; 4. ¿Sigue existiendo el capitalismo?; 5. Resistencias. Rozamientos activos; 6. Conclusiones. Derivas; 7. Referencias bibliográficas.<bold>Sumario</bold></meta-value>
        </custom-meta>
        <custom-meta>
          <meta-name>Cómo citar</meta-name>
          <meta-value>: Campillos Morón, L.A. (2025) “¿El capitalismo ha muerto? La primacía de la información: el vectorialismo. Una lectura con McKenzie Wark”, en Logos. Anales del Seminario de Metafísica 58 (1), 23-35.<bold>Cómo citar</bold></meta-value>
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<sec id="introduccion.-la-apuesta-por-el-marxismo-vulgar">
  <title>1. Introducción. La apuesta por el marxismo vulgar</title>
  <p>El materialismo marxiano en conexión con la teoría de los medios es
  la base filosófica sobre la que vertebra su discurso la pensadora de
  origen australiano McKenzie Wark. Huyendo de cualquier visión
  totalizadora, determinista u ortodoxa, en el capítulo intitulado
  “¡Cuatro hurras por la
  vulgaridad!”,<xref ref-type="fn" rid="fn1">1</xref> aboga por la línea
  de lo que denomina “marxismo vulgar” que construye desarrollos
  “afirmativos, experimentales, colaborativos”.
  <xref ref-type="fn" rid="fn2">2</xref> El marxismo antagonista, objeto
  de sus críticas, es el que cataloga como marxismo “gentil”, aquel que
  “se retiró a las
  superestructuras”<xref ref-type="fn" rid="fn3">3</xref> donde pretende
  hacer prevalecer sus postulados. Este encuentra</p>
  <disp-quote>
    <p>cuatro maneras distintas de insultar al otro por medio de
    llamarlo marxista vulgar. La primera es política: los vulgares
    piensan en términos de un proceso gradual o evolutivo de cambio
    histórico; les falta el gusto por el salto político. La segunda es
    teorética: los vulgares prestan demasiada atención a conocimientos
    especializados como las ciencias; carecen del método soberano. La
    tercera es cultural: los vulgares están demasiado cerca de la
    cultura de las clases subordinadas […] La cuarta es estrictamente
    académica: el vulgar […] carece de formación en una forma de
    conocimiento tradicional y
    soberana.<xref ref-type="fn" rid="fn4">4</xref></p>
  </disp-quote>
  <p>De la cita anterior se desprende el carácter elitista del marxismo
  gentil: 1) alta política; 2) alta teoría; 3) alta clase; 4) alta
  formación. Según se colige de lo expuesto, dada su posición
  ciertamente privilegiada en la academia, el marxismo gentil se empeña
  en reducir el ámbito de reflexión y aplicación de la filosofía
  marxiana postulando ciertas líneas maestras. “Todavía hay una bandada
  resistente de profesores barbudos y devotos de sectas variadas que
  creen mantener viva la llama del marxismo
  ‘ortodoxo’”.<xref ref-type="fn" rid="fn5">5</xref></p>
  <p>Contra esta concepción, Wark enarbola la figura de Marx como un
  poeta rebelde.<xref ref-type="fn" rid="fn6">6</xref> Nos anima a
  situarlo en su contexto histórico preciso, evitando cualquier
  abstracción que merme su potencial subversivo. Desmarcándose de Bauer,
  quien continuó produciendo teoría en el ámbito académico, es bien
  sabido que el joven Marx se dio de bruces con la cruda realidad en su
  trabajo como periodista. Es entonces cuando afirma “es lacayuno
  limitarse a pinchar con alfileres lo que habría que atacar a
  mazazos<xref ref-type="fn" rid="fn7">7</xref>”.
  <xref ref-type="fn" rid="fn8">8</xref> De acuerdo con Wark, aquel Marx
  hoy sería más bien punk, un outsider. En definitiva, la teoría
  marxiana ha de desbordar la academia y bajar a la calle donde
  construir “la playa de la
  libertad”.<xref ref-type="fn" rid="fn9">9</xref></p>
  <p>En lugar de buscar los ecos marxianos en autoridades más o menos
  reconocidas (desde Althusser a Žižek), Wark nos propone producir
  resonancias, por ejemplo,</p>
  <p>con escritores como
  Platónov,<xref ref-type="fn" rid="fn10">10</xref> cineastas como
  Pasolini<xref ref-type="fn" rid="fn11">11</xref> artistas como
  Jorn,<xref ref-type="fn" rid="fn12">12</xref> activistas como Angela
  Davis<xref ref-type="fn" rid="fn13">13</xref> y letristas y
  situacionistas hoy bastante olvidados por la academia. He aquí el
  “marxismo vulgar” o callejero: “el marxismo en la calle que
  abanderaron pensadores como Sartre, Debord o Lefebvre cae en el olvido
  tanto en la obra de Althusser como en la obra de
  Žižek”.<xref ref-type="fn" rid="fn14">14</xref></p>
  <p>En palabras de Deleuze-Guattari, este marxismo vulgar consiste en
  un devenir- minoritario, en tanto “asunto político [que] recurre a
  todo un trabajo de potencia, a una micropolítica activa. Justo lo
  contrario de la macropolítica, e incluso de la Historia, donde más
  bien se trata de saber cómo se va a conquistar o a obtener una
  mayoría”.<xref ref-type="fn" rid="fn15">15</xref></p>
  <p>Los devenires minoritarios, aplicados a las filosofías marxistas,
  rechazan adaptarse a un marco previo que se erige cual canon. Esta
  “teoría no debe ser entendida como un destino final, sino como una
  deriva que nos conduce hacia otros
  parajes”.<xref ref-type="fn" rid="fn16">16</xref> Se evitan las
  mayúsculas mayestáticas mayoritarias que generan jerarquías
  autoritarias. Ya no se trata entonces de la Política, de la Historia,
  de la Clase, etc., sino de políticas, historias, clases… siempre
  plurales, cambiantes, abiertas a la indeterminación, que persisten en
  desplegar sus potenciales críticos para no ser apresadas por algún
  dogma.</p>
</sec>
<sec id="irenismo-y-catastrofismo">
  <title>2. Irenismo y catastrofismo</title>
  <p>En su lectura de Amy
  Wendling,<xref ref-type="fn" rid="fn17">17</xref>
  Wark<xref ref-type="fn" rid="fn18">18</xref> hace hincapié en la
  metáfora de la máquina de vapor “que transformó la visión del
  mundo”<xref ref-type="fn" rid="fn19">19</xref> sobre la que Marx
  piensa la relación entre máquina y trabajo. Frente al símbolo del
  reloj newtoniano, inmutable, determinista, la máquina de vapor no es
  un mecanismo perfecto, requiere de energía, posee fisuras. En el siglo
  XIX, el llamado “móvil perpetuo”, una máquina hipotética que se
  retroalimenta de forma continua sin necesidad de nuevos aportes de
  energía, ya se sabe imposible.</p>
  <p>Los análisis marxianos fragmentarios y
  ambiguos<xref ref-type="fn" rid="fn20">20</xref> sobre las máquinas
  han sido recuperados con
  fuerza<xref ref-type="fn" rid="fn21">21</xref> pero, de acuerdo con
  Wark, hemos de evitar extremismos que nos conduzcan a un cierre
  absoluto. Ni la máquina tiene por qué ser el amo, el agente
  esclavizador por antonomasia, ni tampoco es per se un instrumento que
  liberará al ser humano de un trabajo alienante. En la línea de su
  concepción del</p>
  <p>materialismo como una expedición en lugar de una
  doctrina,<xref ref-type="fn" rid="fn22">22</xref> rechaza tanto el
  irenismo como el catastrofismo, diciéndolo con Abensour.</p>
  <p>En primer lugar, el irenismo constituye “una representación de la
  política como actividad llamada a desplegarse en el espacio llano, sin
  asperezas, sin fisuras o conflictos, orientada hacia una
  intersubjetividad pacífica y carente de
  problemas”.<xref ref-type="fn" rid="fn23">23</xref> En otras palabras,
  una utopía por fin hecha realidad, espacios libertarios y pacíficos en
  que todo resquicio de servidumbre ha sido eliminado definitivamente.
  Desde esta perspectiva, las máquinas realizan los arduos trabajos y el
  ser humano deviene ocioso, libre y feliz.</p>
  <p>En el otro extremo, el catastrofismo es una “actitud que consiste
  en pensar que todas la relaciones sean de dominación, sin excepciones,
  sin la posibilidad de una apertura de un espacio o un tiempo de
  libertad que escaparía a la escisión entre dominadores y
  dominados”.<xref ref-type="fn" rid="fn24">24</xref> En dicha situación
  el pleno desarrollo de las potencialidades vitales deviene
  irrealizable, la esclavitud se presenta como ineluctable. Las máquinas
  generan una maquinaria despótica que convierte el trabajo humano en
  fuente de alienación perpetua.</p>
  <p>El catastrofismo configura la opción pesimista, cuyos mayores
  exponentes son, de acuerdo con Wark, Maurizio
  Lazzarato<xref ref-type="fn" rid="fn25">25</xref> y Franco Bifo
  Berardi.<xref ref-type="fn" rid="fn26">26</xref> El actual mundo
  capitalista maquínico anega todos los espacios de libertad y fagocita
  todo ente (incluso las almas, en el caso de Bifo) para mecanizarlo e
  insertarlo en el mercado. De ahí que la apuesta operaísta apunte hacia
  el rechazo del trabajo bajo la continua amenaza de la
  impotencia.<xref ref-type="fn" rid="fn27">27</xref></p>
  <p>Con la alternativa mucho más confiada y esperanzada del irenismo,
  aparece, entre otros, la figura de Toni Negri que no sólo propone la
  reapropiación de las máquinas<xref ref-type="fn" rid="fn28">28</xref>
  sino que apuesta por la importancia de un espacio
  inmaterial,<xref ref-type="fn" rid="fn29">29</xref> cognitivo, donde
  las redes capitalistas se encuentran con serios problemas para
  ejecutar sus labores de control y cosificación.</p>
  <p>Asimismo, ambas posturas “abusan del concepto de máquina como
  metáfora, lo que impide que lleguemos a comprender cómo funcionan las
  máquinas de verdad.<xref ref-type="fn" rid="fn30">30</xref> Frente a
  las lecturas antedichas, Wark encuentra en Marx “una imagen insólita
  de la simbiosis humano-máquina en el marco del comunismo que se aleja
  de las típicas narrativas de antagonismo y
  alienación”.<xref ref-type="fn" rid="fn31">31</xref> Esta es la vía
  que nos lleva hacia nuestra época actual, intensamente tecnológica,
  mas sin el peso de ninguna reducción de partida a priori, en lucha
  contra el capitalismo que convierte todas las máquinas en</p>
  <p>vampiros.<xref ref-type="fn" rid="fn32">32</xref> Asimismo, para
  poder desarrollar estrategias subversivas, según Wark, hemos de
  deshacernos de concepciones esencialistas y de compartimentos estancos
  entre naturaleza y cultura. En otras palabras: no alejarnos un ápice
  de las filosofías materialistas.</p>
</sec>
<sec id="la-informacion-materica-dos-nuevas-clases-sociales">
  <title>3. La información matérica. Dos nuevas clases sociales</title>
  <p>Con el objetivo de evitar posturas idealistas-esencialistas
  separadas de la realidad práctica y efectiva, Wark desconfía en todo
  momento del calificativo “inmaterial”. Las dos vías expuestas con
  anterioridad suponen un flirteo con lo metafísico. Por un lado, el
  catastrofismo presenta una rígida estructura política de corte
  piramidal, donde la autoridad y la jerarquía permanecerán siempre
  sometiendo a las clases inferiores. De esta forma se separan
  taxativamente dos mundos (al modo platónico), las clases dominantes y
  las subordinadas.</p>
  <p>Por otro lado, el irenismo basa su optimismo en la potencia de los
  “intelectos colectivos”, en todos esos flujos de información que
  podemos compartir hoy en día y que pueden presentar vías de
  liberación. Sin embargo, estos intelectos colectivos esbozados por
  Marx, de acuerdo con Wark, no son suficientes pues “siguen siendo
  pensadores burgueses en la medida en que siguen concentrando gran
  parte de sus esfuerzos en arrastrar la totalidad a su terreno, como si
  este fuese exclusivamente de su
  propiedad”.<xref ref-type="fn" rid="fn33">33</xref> Es decir, se
  enmarcan en el marxismo gentil.</p>
  <p>Resulta crucial entonces desprenderse de concepciones esencialistas
  para continuar pensando el materialismo. De acuerdo con las propuestas
  de Donna Haraway:</p>
  <disp-quote>
    <p>nos relacionamos, conocemos, pensamos, nos hacemos realidad y
    contamos historias a través de y con otras historias, mundos,
    conocimientos, pensamientos y anhelos. Lo mismo que todos los otros
    bichos de la Terra, en toda nuestra arrogante diversidad, nuestros
    entrelazamientos y nuestras especiaciones rompedoras de
    categorías.<xref ref-type="fn" rid="fn34">34</xref></p>
  </disp-quote>
  <p>Este es un claro ejemplo de materialismo vulgar, antiesencialista,
  antiespecista, un modo de pensar y ser no jerárquicos sino en continua
  apertura a lo otro que siempre es igual de diferente. “Somos
  afortunados por contar con Donna Haraway y con todos sus seres
  queridos, pues sus esfuerzos han contribuido a que esta rama del
  pensamiento haya
  resucitado”.<xref ref-type="fn" rid="fn35">35</xref></p>
  <p>Ahora bien, si no existen esencias, es decir, formas estáticas,
  categorías permanentes, nos encontramos ante el problema de la
  información que habla de los modos de ser: “la forma de la
  materialidad es la
  información”.<xref ref-type="fn" rid="fn36">36</xref> Antes de abordar
  el análisis sobre la información, es decir, la configuración o
  conformación de la materia que constituye el mundo, resulta crucial
  insistir en su carácter material: “contrariamente a la creencia
  popular, no hay nada ideal o inmaterial en ella. La información solo
  existe cuando existe un material, un sustrato energético capaz</p>
  <p>de almacenarla, transmitirla y
  procesarla”.<xref ref-type="fn" rid="fn37">37</xref> Este es el mismo
  sentido sobre el que incide Jussi Parikka en su Geología de los
  medios:<xref ref-type="fn" rid="fn38">38</xref> la información es
  material en conformación. Por ello reniega tanto de utopías
  prometeicas como de supuestos idealistas (por ejemplo, la ideología
  californiana<xref ref-type="fn" rid="fn39">39</xref>). La cuestión
  es</p>
  <disp-quote>
    <p>cómo tratar textos energéticos, materiales y ambientales más
    amplios de nuestra cultura tecnológica de maneras que no sucumban al
    romanticismo tecnológico (‘necesitamos menos tecnología porque la
    tecnología es tóxica’) ni al idealismo de Silicon Valley (‘la
    tecnología es información y la información es
    inmaterial’).<xref ref-type="fn" rid="fn40">40</xref></p>
  </disp-quote>
  <p>La información no posee un centro fijo ni de una dirección unívoca
  sino que fluye por diferentes medios (siempre físicos, materiales).
  Atraviesa los conceptos de trabajo, ser humano, ocio o máquina. La
  lucha por la información es clave. De hecho, en la actualidad, de
  acuerdo con Wark, produce dos nuevas clases sociales antagónicas. “La
  clase dominante de nuestro tiempo es la que posee y controla la
  información”,<xref ref-type="fn" rid="fn41">41</xref> he aquí la clase
  llamada “vectorialista”. Este término apela al vector de información,
  que es “la capacidad de transmitir, almacenar y procesar
  información”.<xref ref-type="fn" rid="fn42">42</xref> En otras
  palabras: “el vector no es otra cosa que una plataforma para hacer de
  todas las actividades humanas algo intercambiable y
  reemplazable”.<xref ref-type="fn" rid="fn43">43</xref> La función de
  esta clase es identificar, asimilar: generar una sociedad homogénea
  para que cualquier forma de ser puede ser sustituida por otra
  semejante. En contra lucha la otra clase, subordinada, denominada
  “hacker”, que alude a “quienes producen nueva información a partir de
  información antigua”.<xref ref-type="fn" rid="fn44">44</xref> El
  objetivo es aquí deshacer la monotonía y crear diversidad, formas de
  vida que no puedan ser subsumidas por la lógica mercantil.</p>
  <p>La existencia de estas nuevas clases no excluye las otras. De
  hecho, Wark anima a la generación de relaciones comunitarias entre las
  clases dominadas para combatir su status súbdito: “deberíamos
  reconcebir el objetivo del aspecto normativo en sí, basándonos en las
  experiencias compartidas de agricultores, trabajadores y hackers como
  clases subordinadas”.<xref ref-type="fn" rid="fn45">45</xref> Las
  derivas políticas de las clases subordinadas han de evitar caer bajo
  las redes homogeneizadoras de la clase vectorialista que atribuye
  cierta identidad a cada forma para convertirla en un producto
  disponible. Esta clase dominante hace perpetuar la estructura
  economicista-individualista de la que ya alertara Marx en los
  Manuscritos de París: “la sociedad, como aparece para los economistas,
  es la sociedad civil, en la que cada individuo es un conjunto de
  necesidades y sólo existe para el otro, como el otro sólo existe para
  él, en la medida en que se convierten en medio uno para el
  otro”.<xref ref-type="fn" rid="fn46">46</xref></p>
  <p>Las clases dominadas deben producir diferencias continuamente para
  tratar de</p>
  <p>liberarse de las garras de la categorización identitaria llevada a
  cabo por las clases dominantes. Esta nueva lucha de clases presenta
  dos paradigmas conceptuales antagónicos: devenir diferencial de
  aquellos, identidad estática de estos. Si el primero parte del caos
  como producción diferencial,<xref ref-type="fn" rid="fn47">47</xref>
  el segundo establece ciertas esencias que operan como modelos fijos
  que subsumen lo real bajo su sistema.</p>
</sec>
<sec id="sigue-existiendo-el-capitalismo">
  <title>4. ¿Sigue existiendo el capitalismo?</title>
  <p>Allende la provocación del título de su libro El capitalismo ha
  muerto, Wark afirma que nos encontramos en una época
  “peor”<xref ref-type="fn" rid="fn48">48</xref> que el capitalismo, por
  tanto ya no capitalista. Sin embargo, según lo expuesto con
  anterioridad, continúa usando los conceptos clásicos marxianos de
  modos y relaciones de producción o de lucha de clases, entre otros. El
  protagonismo actual de la tecnología y la información, ¿supone la
  muerte del capitalismo?</p>
  <p>Regresando a Marx, en el tercer volumen de El Capital
  presentaba</p>
  <disp-quote>
    <p>tres hechos fundamentales de la producción capitalista: 1)
    Concentración de los medios de producción en pocas manos, con lo que
    dejan de aparecer como propiedad de los productores directos y se
    convierten, por el contrario, en potencias sociales de la
    producción. Aunque, por el momento, como propiedad privada de los
    capitalistas […]; 2) Organización del trabajo mismo como trabajo
    social: […] el régimen de producción capitalista suprime la
    propiedad privada y el trabajo privado, aunque bajo formas
    antagónicas; 3) Implantación del mercado
    mundial.<xref ref-type="fn" rid="fn49">49</xref></p>
  </disp-quote>
  <p>Sobre el primer punto, la clase vectorialista actual, de acuerdo
  con Wark, concentra los medios de producción (propiedad intelectual,
  redes sociales, grandes compañías logísticas). Por su parte, la clase
  hacker se encuentra sometida a la clase vectorialista, pues solo puede
  producir información haciendo uso de aquellos, que pertenecen a la
  clase dominante. Por ejemplo, un colectivo hacker puede convocar una
  huelga usando una red social mas, en última instancia, los
  propietarios pueden censurar el contenido o bien permitirlo. En
  palabras de Marx: “en cada huelga se puede apreciar la dependencia en
  que los mineros (<italic>evoluci</italic>) se encuentran, en materia
  de viviendas, con respecto a los
  explotadores”.<xref ref-type="fn" rid="fn50">50</xref> Por ende,
  prosigue la jerarquía: propietarios (vectorialistas) y usuarios
  (hackers), análoga a burgueses y proletarios. De momento, el
  capitalismo continúa firme, su forma o estructura se mantiene
  incólume.</p>
  <p>Es evidente que, en lo que respecta al tercer punto de la cita
  supra, “la implantación del mercado mundial” continúa expandiéndose,
  invadiendo hoy en día todos los intersticios del planeta y
  convirtiendo cualquier acción u objeto en producto a la</p>
  <p>venta, incluso, como nos recuerda Achille
  Mbembe,<xref ref-type="fn" rid="fn51">51</xref> la mismísima
  muerte.</p>
  <p>El segundo punto es el que, a nuestro juicio, podría dar lugar a la
  afirmación de Wark de que el capitalismo se ha transformado en algo
  “peor”. La diferencia no sería meramente cuantitativa o accidental
  sino, usando términos aristotélicos, sustancial. Por ello, ya no
  deberíamos calificar a nuestra época actual como capitalista sino que
  el capitalismo pertenecería al pasado. Mediante este segundo punto,
  Marx aludía a las relaciones de producción, es decir, el encuentro
  entre los trabajadores y las dinámicas sociales que se producen al
  respecto. A pesar de que se den en el lugar del trabajo, en la
  fábrica, por ejemplo, dichas relaciones escapan del carácter privado.
  Regresando a la cita: “el régimen de producción capitalista suprime la
  propiedad privada y el trabajo privado, aunque bajo formas
  antagónicas”. Es decir, el antagonismo persiste, las clases dominantes
  continúan siendo propietarias de la fábrica, pero, a pesar de que el
  capitalismo obliga a este carácter
  cooperativo<xref ref-type="fn" rid="fn52">52</xref> del trabajo, las
  relaciones sociales proletarias no pueden ser reducidas a relaciones
  privadas o mancilladas por el carácter alienante del trabajo. Aquí, a
  pesar de la prescripción capitalista del trabajo social, se presenta
  la posibilidad de que los trabajadores se comuniquen y establezcan
  lazos comunitarios, lo cual puede derivar en, por ejemplo, un motín.
  La clave está en cooperar contra el capitalismo y no a su merced, pues
  el trabajo cooperativo capitalista no obedece a la horizontalidad a la
  que alude el prefijo co, sino que es más bien operativo para el
  capitalismo, no para la emancipación de los trabajadores. En otras
  palabras, en la cooperación de tipo capitalista, “el antagonismo
  aparece abolido negativamente, mientras que en el otro caso aparece
  abolido en sentido
  positivo”.<xref ref-type="fn" rid="fn53">53</xref></p>
  <p>A partir de ahí, quizá, evoluciónn, la dictadura del proletariado,
  la destrucción del Estado y el comunismo. El mensaje marxiano es
  diáfano: la posibilidad de liberación existe, pero hay que realizarla.
  Sin embargo, y aquí irrumpe la operatividad casi omnipresente de la
  información, la clase vectorialista extrae valor también de estas
  relaciones sociales allende el ámbito de trabajo, en nuestros tiempos
  de ocio, por ejemplo: “el valor de la información puede ser extraído
  incluso del trabajo
  gratuito”.<xref ref-type="fn" rid="fn54">54</xref></p>
  <p>La cuestión fundamental es bifronte. Por un lado, ¿la preeminencia
  de la información actual transforma el fondo del problema de tal forma
  que mata al sistema capitalista? De hecho, el subtítulo del libro de
  Wark El capitalismo ha muerto reza así: El ascenso de la clase
  vectorialista. De ahí que esta nueva clase se postule como la
  principal causa de semejante transformación. “Tanto en las escalas más
  pequeñas como en las más grandes, gran parte de la producción primaria
  y la fabricación secundaria está controlada por rápidos flujos, vastos
  archivos y algoritmos complejos cuya existencia concreta reside en una
  tercera forma: la
  información”.<xref ref-type="fn" rid="fn55">55</xref></p>
  <p>Las otras dos formas a las que alude la cita anterior son las
  clásicas: 1) extracción y producción de bienes (agricultura,
  ganadería, minería, industria, etc.); 2) distribución y venta de
  mercancías (comercio, logística, etc.). La aparición de esta tercera
  forma (la información) que impregna las otras dos, ¿supone que estas
  también dejen de ser</p>
  <p>lo que eran? En otras palabras, ¿la primacía de la información
  convierte al capitalismo en algo cualitativamente diferente?
  Evidentemente, la información afecta a la forma 1: por ejemplo, el uso
  de satélites para buscar yacimientos de petróleo o drones con acceso a
  informes meteorológicos para regar los cultivos. De igual modo sucede
  con la forma 2: GPS en los camiones, tarjetas bancarias o dispositivos
  móviles para pagar en comercios físicos o virtuales.</p>
  <p>Y por otro lado, el problema, regresando al segundo punto de Marx,
  sobre la liberación de las clases dominadas. ¿Es posible la
  destrucción de este nuevo sistema controlado férreamente (dado que el
  control de la información implica el control de los otros medios de
  producción) por la clase vectorialista? La tesis que se infiere del
  discurso de Wark es la siguiente: la emergencia de la clase
  vectorialista supone una sobre-subordinación de las clases dominadas.
  Véase: el conductor de una furgoneta de reparto ya no sólo ha de
  cuidar del vehículo que no es de su propiedad sino que también será
  vigilado por el sistema GPS que dará cuenta en todo momento de sus
  movimientos y sus horarios. Por ello el sistema actual (¿al que, al
  hilo de lo expuesto por Wark, deberíamos denominar vectorialismo?) es
  “peor” que el capitalismo.</p>
  <p>No obstante, frente al propuesto por Wark, continuaremos aquí
  usando el término capitalismo por dos razones. En primer lugar, para
  incidir en su naturaleza elástica, que ha recibido y sigue recibiendo
  diferentes matices (tardo-, post-…) que hablan de diversas
  modalidades, pero que mantiene un carácter esencial opresivo (aunque
  aparezca como pacífico,<xref ref-type="fn" rid="fn56">56</xref>
  etéreo, sutil, o se venda como el sistema de la libertad). En segundo
  lugar, para evitar postular nuevas definiciones que puedan comportar
  un olvido del concepto capital, que, valga la polisemia, sigue siendo
  capital por su potente carga semántica-simbólica. Juzgamos mucho más
  significativo este que la raíz “vector” que da lugar al vectorialismo,
  pues no ilustra, o por lo menos no lo hace de una manera directa, el
  nuevo paradigma del peso de la información sobre la que incide
  Wark.</p>
</sec>
<sec id="resistencias.-rozamientos-activos">
  <title>5. Resistencias. Rozamientos activos</title>
  <p>La primacía de la información actual quiebra los tiempos clásicos.
  Todos los procesos económicos (productivos de información que
  perpetuará el control) se llevan a cabo a la velocidad de la luz, una
  velocidad casi instantánea. Recordemos las palabras de Marx: “la
  celeridad de circulación del capital-dinero desembolsado por el
  comerciante depende: 1º de la celeridad con que se renueva el proceso
  de producción y con que los distintos procesos de producción se
  enlazan entre sí; 2º de la celeridad del
  consumo”.<xref ref-type="fn" rid="fn57">57</xref> Evidentemente, en la
  actualidad estos dos puntos se imbrican: la celeridad global es
  máxima, luego la circulación se ve favorecida. Por ejemplo, las
  compras on-line reducen los atascos en la cola del supermercado y al
  mismo tiempo envían señales para nuevas extracciones de material
  (demanda de ciertos productos que están a punto de agotarse en las
  estanterías físicas o virtuales) y envíos diligentes y eficientes
  (continua actualización de la logística). Aquí cabe</p>
  <p>preguntarse si el aceleracionismo por el que optan algunas
  políticas presuntamente subversivas, como el Manifiesto por una
  política aceleracionista de Alex Williams y Nick Srnicek, puede ser
  una estrategia eficaz:</p>
  <disp-quote>
    <p>Necesitamos recuperar el argumento tradicionalmente formulado a
    propósito del postcapitalismo: el capitalismo no solo es un sistema
    injusto y perverso, sino también un sistema que frena el progreso.
    Nuestro desarrollo tecnológico está siendo paralizado por el
    capitalismo en la misma medida en la que desencadenado por
    él.<xref ref-type="fn" rid="fn58">58</xref></p>
  </disp-quote>
  <p>El hecho de volver a manidas ideas como “progreso” u optar por
  líneas, diciéndolo con Deleuze-Guattari, “mayoritarias” como la
  “reforma de los medios de comunicación a gran
  escala”<xref ref-type="fn" rid="fn59">59</xref> o el objetivo de
  “desarrollar una hegemonía tecno- social tanto en el ámbito de las
  ideas como en el de las plataformas
  materiales”,<xref ref-type="fn" rid="fn60">60</xref> flirtean con
  discursos prometeicos que quizá provoquen una mueca de sonrisa en las
  lógicas mayoritarias y globales del sistema económico-político
  actual.</p>
  <p>El capitalismo parece ser uno de esos móviles perpetuos, sin
  embargo, sabemos que su existencia es físicamente imposible. Siempre
  existe rozamiento, luego resistencia. Por ende, más que acelerar el
  proceso, apostemos más bien por generar rozamientos activos (pues los
  rozamientos pasivos serían las víctimas del sistema: los bosques del
  Amazonas, los negros pulmones de los mineros que extraen aluminio, los
  que mueren de inanición a lo largo y ancho del planeta y un largo
  etcétera).</p>
  <p>En busca de rozamientos activos, apuntemos a continuación a un
  cimiento fundamental (necesario) del capitalismo: el consumo. Al hilo,
  Wark cita un más que esclarecedor artículo del New York Times (7 de
  marzo de 2009):</p>
  <disp-quote>
    <p>Hemos creado un sistema de crecimiento que depende de que
    construyamos más y más tiendas para vender más y más productos
    fabricados en más y más fábricas en China, alimentadas con más y más
    carbón que causa más y más cambio climático que asegura a China más
    y más dólares para comprar más y más letras del tesoro
    norteamericanas, de manera que América tenga más y más dinero para
    construir más y más tiendas y vender más y más productos que darán
    empleo a más y más
    chinos.<xref ref-type="fn" rid="fn61">61</xref></p>
  </disp-quote>
  <p>Sin consumo, la mayestática rueda capitalista se pincharía. La
  límpida autopista por la que transita el supuesto vehículo automático
  del capitalismo trocaría camino de piedras. Sin embargo, el consumo
  está directamente relacionado con el dinero y este a su vez con el
  trabajo. Así que, pese a las críticas de Wark hacia los operaístas,
  estos también se encuentran apuntando a uno de los pilares básicos del
  sistema.</p>
  <p>Asimismo, el consumo supone un aporte básico al aparato de
  información del sistema, luego la clase vectorialista se encontraría
  bajo amenaza… de inanición. Los intereses fundamentales de las bases
  de datos se centran en los potenciales consumidores: ofrecer productos
  personalizados al gusto del consumidor. El propio acto del consumo, ya
  sea, por ejemplo, el pago de un producto o bien el log-in en una red
  social, genera más información en vistas a nuevos actos de consumo.
  En</p>
  <p>este sentido, consumir no es solamente satisfacer alguna necesidad
  sino también alimentar (de información) a la clase vectorialista.</p>
  <p>Hacer del consumo, pilar fundamental que rige el capitalismo
  actual,<xref ref-type="fn" rid="fn62">62</xref> un rozamiento activo,
  conduce hacia dos grandes vías: su reducción o su transformación. En
  la primera de ellas, por mucho que lo reduzcamos, de nada sirve si el
  consumo se encuentra imbricado en el concepto mercancía, otro eje
  vertebrador del capitalismo, asociado a su vez a la plusvalía y al
  espectáculo<xref ref-type="fn" rid="fn63">63</xref> actual. De hecho,
  resulta harto complicado consumir fuera del sistema, pues parece ser
  que “lo único que tenemos que hacer es comprar los productos
  correctos”.<xref ref-type="fn" rid="fn64">64</xref> Así que, para
  funcionar como rozamiento activo, la transformación del consumir aboga
  por la salida de este marco limitante para derivar en otros nuevos
  modos económicos, como, por ejemplo, reactualizaciones o distorsiones
  de los viejos conocidos caza-recolección o trueque.</p>
</sec>
<sec id="conclusiones.-derivas">
  <title>6. Conclusiones. Derivas</title>
  <p>No parece servir de mucho la opción derrotista de permanecer a la
  espera hasta que la máquina capitalista
  estalle.<xref ref-type="fn" rid="fn65">65</xref> Rechazar cualquier
  propuesta “mayoritaria” o “gentil” (soluciones totales o definitivas
  que implican jerarquías) nos conduce a las vías vulgares al modo de
  Wark.</p>
  <p>Si la clase vectorialista basa su potencia autoritaria en el
  control de los vectores de información, una alternativa para luchar en
  contra de aquella es tratar de distorsionar estos vectores huyendo de
  tópicos teoréticos que carecen de eficacia:</p>
  <disp-quote>
    <p>Otro, diferente, nuevo, siempre las mismas palabras demasiado
    pobres para indicar vectores de felicidad e imaginación capaces de
    sacudir el mundo esclerótico en que la política no es más que
    frustración y paranoia, la sociedad no es más que el triunfo del
    conformismo, en el que el movimiento obrero se hunde en las arenas
    movedizas del corporativismo, el movimiento de las mujeres en la
    introyección de la subordinación, el movimiento de los jóvenes en
    las drogas de todo tipo y en el que, en fin, el límite entre la
    reivindicación de poder y el terrorismo no deja de
    estrecharse.<xref ref-type="fn" rid="fn66">66</xref></p>
  </disp-quote>
  <p>En otras palabras (deleuzo-guattarianas), devenir impredecibles,
  nómadas, para que las redes de información propiedad de la clase
  vectorialista no capten, controlen y predigan nuestros próximos
  movimientos. Wark estudia diversas figuras rebeldes en el marco del
  letrismo y situacionismo sobre la técnica de la deriva: “la
  experiencia demuestra que la deriva es mucho más provechosa que una
  misa: tiene más posibilidades de poner en contacto a las personas con
  todas sus energías para aprovecharlas en beneficio de la
  comunidad”.<xref ref-type="fn" rid="fn67">67</xref></p>
  <p>Similar es la estrategia del potlatch, que da título al boletín de
  la Internacional</p>
  <p>Letrista, una suerte de
  deriva<xref ref-type="fn" rid="fn68">68</xref>
  continua<xref ref-type="fn" rid="fn69">69</xref> que imposibilita la
  acumulación (otro de los cimientos capitalistas) y anima a la
  celebración.<xref ref-type="fn" rid="fn70">70</xref> En el mismo
  sentido Guy Debord (en su película de 1978 intitulada In girum imus
  nocte et consumimur igni) nos convoca: “avanza hasta acercarse al
  misterio destello que ilumina el lugar donde ningún humano se ha
  aventurado jamás”.<xref ref-type="fn" rid="fn71">71</xref> Hemos de
  transformar hasta nuestros deseos, cambiar las direcciones (vectores)
  o intenciones de nuestras acciones hasta que devengan incomprensibles,
  ilegibles por el código algorítmico que rige el capitalismo
  (vectorialista) actual. En otras palabras:
  devenir-inconmensurables.</p>
  <p>Regresando, una vez más, a aquel espacio de encuentro de la pólis,
  como ese “entre” caótico productor de, nada más y nada menos, la
  política,<xref ref-type="fn" rid="fn72">72</xref> una vía de
  liberación apunta hacia la construcción de ágoras: “el ágora es un
  espacio ácrata, de todos y de nadie, centro
  vacío<xref ref-type="fn" rid="fn73">73</xref> del orden político, que
  es, sin embargo, condición de posibilidad suya. Condición y
  límite”.<xref ref-type="fn" rid="fn74">74</xref> Ágora en cuanto
  espacio vacío que se ha de llenar (con las diversas políticas) pero
  siempre para volver a vaciarse, de modo que ninguna política se
  instalará como allí como la autoridad. Porque el ágora también es “el
  lugar de la palabra”,<xref ref-type="fn" rid="fn75">75</xref> es
  decir: lugar de discurso,<xref ref-type="fn" rid="fn76">76</xref> de
  producción política. Y, por último, no olvidemos, para no incurrir en
  nuevos sistemas despóticos: ágoras minoritarias (Deleuze-Guattari),
  dispersas (Trías)<xref ref-type="fn" rid="fn77">77</xref>, conscientes
  de su finitud contextual, provisionalidad y contingencia. Complicada
  tarea hoy, sin duda, la construcción de ágoras: proceso de conversión
  del espacio privado en espacio público para la posterior
  transformación del espacio público en espacio político. Complicada
  tarea, sí, pero no imposible.</p>
</sec>
</body>
<back>
<fn-group>
  <fn id="fn1">
    <label>1</label><p>Wark, M., <italic>El capitalismo ha muerto. El
    ascenso de la clase vectorialista</italic>, Salamanca, Holobionte,
    2021, pp. 183-208.</p>
  </fn>
  <fn id="fn2">
    <label>2</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 204.</p>
  </fn>
  <fn id="fn3">
    <label>3</label><p><italic>Id</italic>.</p>
  </fn>
  <fn id="fn4">
    <label>4</label><p><italic>Ibid</italic>., pp. 188-189.</p>
  </fn>
  <fn id="fn5">
    <label>5</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 153.</p>
  </fn>
  <fn id="fn6">
    <label>6</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 35.</p>
  </fn>
  <fn id="fn7">
    <label>7</label><p>Véase la estrecha relación semántica entre estos
    <italic>mazazos</italic> marxianos y los
    <italic>martillazos</italic> nietzscheanos [recuérdese el subtítulo
    de su libro <italic>El ocaso de los ídolos</italic>: <italic>cómo se
    filosofa a martillazos</italic> (2015)], dos exponentes críticos
    radicales con la sociedad del siglo XIX que siguen surtiendo amplios
    y diversos efectos en nuestra época.</p>
  </fn>
  <fn id="fn8">
    <label>8</label><p>Marx, K., <italic>Manuscritos. Economía y
    filosofía</italic>, Madrid, Alianza, 1979, p. 11.</p>
  </fn>
  <fn id="fn9">
    <label>9</label><p>Wark, M., <italic>La playa bajo la
    calle</italic>, Madrid, Hermida, 2018.</p>
  </fn>
  <fn id="fn10">
    <label>10</label><p>Wark, M., <italic>El capitalismo ha muerto. El
    ascenso de la clase vectorialista</italic>, Salamanca, Holobionte,
    2021, pp. 193-196.</p>
  </fn>
  <fn id="fn11">
    <label>11</label><p><italic>Ibid</italic>., pp. 197-201.</p>
  </fn>
  <fn id="fn12">
    <label>12</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 202.</p>
  </fn>
  <fn id="fn13">
    <label>13</label><p><italic>Ibid</italic>., pp. 194-197.</p>
  </fn>
  <fn id="fn14">
    <label>14</label><p>Wark, M., <italic>Intelectos colectivos.
    Pensadores para el siglo XXI</italic>, Valencia, La Caja Books,
    2023, pp. 164-165.</p>
  </fn>
  <fn id="fn15">
    <label>15</label><p>Deleuze, G. y Guattari, F., <italic>Mil Mesetas.
    Capitalismo y esquizofrenia</italic>, Valencia, Pre-textos, 1997, p.
    292.</p>
  </fn>
  <fn id="fn16">
    <label>16</label><p>Wark, M., <italic>Intelectos colectivos.
    Pensadores para el siglo XXI</italic>, Valencia, La Caja Books,
    2023, p. 178.</p>
  </fn>
  <fn id="fn17">
    <label>17</label><p>Wendling, A., <italic>Karl Marx on Technology
    and Alienation</italic>, Londres, Palgrave MacMillan, 2009.</p>
  </fn>
  <fn id="fn18">
    <label>18</label><p>Wark, M., <italic>Intelectos colectivos.
    Pensadores para el siglo XXI</italic>, Valencia, La Caja Books,
    2023, p. 35.</p>
  </fn>
  <fn id="fn19">
    <label>19</label><p><italic>Ibid.</italic>, p. 41.</p>
  </fn>
  <fn id="fn20">
    <label>20</label><p>Marx, K., <italic>Elementos fundamentales para
    la crítica de la economía política</italic> (Grundrisse).
    <italic>1857-1858</italic>, Siglo XXI, 2001.</p>
  </fn>
  <fn id="fn21">
    <label>21</label><p>Pagura, N.,“La recepción contemporánea del
    ‘Fragmento sobre las máquinas’ de Marx: crítica y lineamientos para
    una reinterpretación”, <italic>Tópicos, Revista De
    Filosofía</italic>, (63), 2022, 155–192.
      <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://doi.org/10.21555/topv63i0.1651">doi.org/10.21555/topv63i0.1651</ext-link>.</p>
  </fn>
  <fn id="fn22">
    <label>22</label><p>Wark, M., “Apuntes sobre Fanged Noumena y Expo
    Shanghái 2010”, <italic>Xenomórfica,</italic> nº1, 2020, pp.
    61-73.</p>
  </fn>
  <fn id="fn23">
    <label>23</label><p>Abensour, M., <italic>Para una filosofía
    práctica. Ensayos</italic>, Barcelona, Anthropos, 2017, p. 71).</p>
  </fn>
  <fn id="fn24">
    <label>24</label><p><italic>Id</italic>.</p>
  </fn>
  <fn id="fn25">
    <label>25</label><p>Lazzarato, M., <italic>Signs and Machines:
    Capitalism and the Production of Subjetivity</italic>, Los Ángeles:
    Semiotext(e), 2014.</p>
  </fn>
  <fn id="fn26">
    <label>26</label><p>Bifo Berardi, F., <italic>The Soul at work: From
    alienation to Autonomy</italic>, Los Ángeles, Semiotext(e), 2009</p>
  </fn>
  <fn id="fn27">
    <label>27</label><p>Bifo Berardi, F., <italic>Futurability. The Age
    of Impotence and the Horizon of Possibility</italic>, Londres,
    Verso, 2017.</p>
  </fn>
  <fn id="fn28">
    <label>28</label><p>Hardt, M. y Negri, T., <italic>Multitude: War
    and Democracy in the Age of Empire</italic>, Nueva York, Penguin,
    2004.</p>
  </fn>
  <fn id="fn29">
    <label>29</label><p>Término que rechazan, por sus connotaciones
    idealistas en connivencia con los intereses económicos globales,
    entre otros: Janne Bennet en su <italic>Materia vibrante: una
    ecología política de las cosas</italic>, Buenos Aires, Caja Negra,
    2022; Yuk Hui en <italic>Recursividad y contingencia</italic>,
    Buenos Aires, Caja Negra Editora, 2022; y Jussi Parikka. En palabras
    de este último: “si bien una y otra vez se le asigna a ‘lo digital’
    las connotaciones inmateriales de la información, está y siempre ha
    estado anclado en la tierra y por lo tanto territorializado”
    (Parikka, J., <italic>Una geología de los medios</italic>, Buenos
    Aires, Caja Negra, 2021, p. 208).</p>
  </fn>
  <fn id="fn30">
    <label>30</label><p>Wark, M., <italic>Intelectos colectivos.
    Pensadores para el siglo XXI</italic>, Valencia, La Caja Books,
    2023, p. 108.</p>
  </fn>
  <fn id="fn31">
    <label>31</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 39.</p>
  </fn>
  <fn id="fn32">
    <label>32</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 41.</p>
  </fn>
  <fn id="fn33">
    <label>33</label><p>Wark, M., <italic>Intelectos colectivos.
    Pensadores para el siglo XXI</italic>, Valencia, La Caja Books,
    2023, p. 25.</p>
  </fn>
  <fn id="fn34">
    <label>34</label><p>Haraway, D., <italic>Seguir con el problema:
    Generar parentesco en el Chthuluceno,</italic> Bilbao, Consonni,
    2019, p. 151.</p>
  </fn>
  <fn id="fn35">
    <label>35</label><p>Wark, M., <italic>Intelectos colectivos.
    Pensadores para el siglo XXI</italic>, Valencia, La Caja Books,
    2023, p. 426.</p>
  </fn>
  <fn id="fn36">
    <label>36</label><p>Wark, M., <italic>El capitalismo ha muerto. El
    ascenso de la clase vectorialista</italic>, Salamanca, Holobionte,
    2021, p. 203.</p>
  </fn>
  <fn id="fn37">
    <label>37</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 14.</p>
  </fn>
  <fn id="fn38">
    <label>38</label><p>z</p>
  </fn>
  <fn id="fn39">
    <label>39</label><p>Concepto que integra la visión optimista de la
    tecnología y el neoliberalismo económico (Barbrook, R. y Cameron,
    A., <italic>The Internet Revolution</italic>, Amsterdam, Institute
    of Network Cultures, 2015).</p>
  </fn>
  <fn id="fn40">
    <label>40</label><p>Parikka, J., <italic>Una geología de los
    medios</italic>, Buenos Aires, Caja Negra, 2021, p. 289.</p>
  </fn>
  <fn id="fn41">
    <label>41</label><p>Wark, M., <italic>El capitalismo ha muerto. El
    ascenso de la clase vectorialista</italic>, Salamanca, Holobionte,
    2021, p. 15.</p>
  </fn>
  <fn id="fn42">
    <label>42</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 24.</p>
  </fn>
  <fn id="fn43">
    <label>43</label><p><italic>Ibid.</italic>, p. 126.</p>
  </fn>
  <fn id="fn44">
    <label>44</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 25.</p>
  </fn>
  <fn id="fn45">
    <label>45</label><p><italic>Ibid</italic>., p. 117.</p>
  </fn>
  <fn id="fn46">
    <label>46</label><p>Marx, K., <italic>Manuscritos. Economía y
    filosofía</italic>, Madrid, Alianza, 1979, p. 169.</p>
  </fn>
  <fn id="fn47">
    <label>47</label><p>Deleuze, G., <italic>Diferencia y
    repetición</italic>, Buenos Aires, Amorrortu, 2017. En palabras de
    Arendt, de ahí emerge la política: “a partir de un caos absoluto de
    las diferencias” (Arendt, H., <italic>¿Qué es la política?</italic>,
    Barcelona, Paidós, 2001, p. 45). Ejemplo de este espacio es el ágora
    de la <italic>pólis</italic>: “el caos griego designa, por lo tanto,
    apertura […] es el <italic>entre</italic>. Pero un
    <italic>entre</italic> que no presupone los términos que lo acotan,
    circunscriben o cercan. Por el contrario, estos lo presuponen a él”
    (Jesús Ezquerra Gómez, Pólis <italic>y caos. Reflexiones sobre el
    principio de la política</italic>, Zaragoza, Prensas de la
    Universidad de Zaragoza, 2021, p<italic>.</italic> 92).</p>
  </fn>
  <fn id="fn48">
    <label>48</label><p>Wark, M., <italic>El capitalismo ha muerto. El
    ascenso de la clase vectorialista</italic>, Salamanca, Holobionte,
    2021, p. 16.</p>
  </fn>
  <fn id="fn49">
    <label>49</label><p>Marx, K., <italic>El Capital. Crítica de la
    Economía Política (vol. III)</italic>, México D.F., Fondo de Cultura
    Económica, 1978, p. 262.</p>
  </fn>
  <fn id="fn50">
    <label>50</label><p>Marx, K., <italic>El Capital. Libro I. Capítulo
    VI (inédito)</italic>, Madrid, Siglo XXI, 1973, p. 164.</p>
  </fn>
  <fn id="fn51">
    <label>51</label><p>Mbembe, A., <italic>Necropolítica</italic>,
    Santa Cruz de Tenerife, Melusina, 2011.</p>
  </fn>
  <fn id="fn52">
    <label>52</label><p>“Pero dentro de estas fábricas aparece abolido
    el antagonismo entre el capital y el trabajo, aunque, por el
    momento, solamente bajo una forma en que los obreros asociados son
    sus propios capitalistas, es decir, emplean los medios de producción
    para valorizar su propio trabajo” (Marx, K., <italic>El
    Capital,</italic> Marx, K., <italic>El Capital. Crítica de la
    Economía Política (vol. III)</italic>, México D.F., Fondo de Cultura
    Económica, 1978, p. 417).</p>
  </fn>
  <fn id="fn53">
    <label>53</label><p><italic>Ibid</italic>, p. 419.</p>
  </fn>
  <fn id="fn54">
    <label>54</label><p>Wark, M., <italic>El capitalismo ha muerto. El
    ascenso de la clase vectorialista</italic>, Salamanca, Holobionte,
    2021, p. 102.</p>
  </fn>
  <fn id="fn55">
    <label>55</label><p><italic>Id</italic>.</p>
  </fn>
  <fn id="fn56">
    <label>56</label><p>La violencia capitalista es “una violencia que,
    paradójicamente […] se expresa como antiviolencia, se exhibe como el
    cúmulo de las bondades de un sistema que solo quiere el bienestar de
    todos” (Baudrillard, J., <italic>La agonía del poder</italic>,
    Madrid, Círculo de Bellas Artes, 2021, p. 28).</p>
  </fn>
  <fn id="fn57">
    <label>57</label><p>Marx, K., <italic>El Capital. Crítica de la
    Economía Política (vol. III)</italic>, México D.F., Fondo de Cultura
    Económica, 1978, p. 273.</p>
  </fn>
  <fn id="fn58">
    <label>58</label><p>En la obra colectiva: Avanessian, A. y Reis, M.
    (comps.), <italic>Aceleracionismo. Estrategias para una transición
    hacia el postcapitalismo</italic>, Buenos Aires, Caja Negra, 2017,
    p. 47.</p>
  </fn>
  <fn id="fn59">
    <label>59</label><p>Ibid., p. 45. (La cursiva es nuestra).</p>
  </fn>
  <fn id="fn60">
    <label>60</label><p>Ibid., p. 42. (La cursiva es nuestra).</p>
  </fn>
  <fn id="fn61">
    <label>61</label><p>Wark, M., <italic>La playa bajo la
    calle</italic>, Madrid, Hermida, 2018, pp. 246-247.</p>
  </fn>
  <fn id="fn62">
    <label>62</label><p>Ferraris, M., <italic>Documanidad</italic>,
    Madrid, Alianza, 2023.</p>
  </fn>
  <fn id="fn63">
    <label>63</label><p>Debord, G., <italic>La sociedad del
    espectáculo</italic>, Valencia, Pre-textos, 2012.</p>
  </fn>
  <fn id="fn64">
    <label>64</label><p>Fisher, M., <italic>Realismo capitalista. ¿No
    hay alternativa?</italic>, Buenos Aires, Caja Negra, 2018.</p>
  </fn>
  <fn id="fn65">
    <label>65</label><p>Wark, M., <italic>Intelectos colectivos.
    Pensadores para el siglo XXI</italic>, Valencia, La Caja Books,
    2023, p. 43.</p>
  </fn>
  <fn id="fn66">
    <label>66</label><p>Negri, T. y Guattari, F., <italic>Las verdades
    nómadas. Por nuevos espacios de libertad</italic>, Donostia,
    Hirugarren Prentxa,</p>
    <p>1996, p. 109.</p>
  </fn>
  <fn id="fn67">
    <label>67</label><p>Wark, M., <italic>La playa bajo la
    calle</italic>, Madrid, Hermida, 2018, p. 61.</p>
  </fn>
  <fn id="fn68">
    <label>68</label><p>Aunque, de nuevo, Wark desconfía de soluciones
    definitivas o finales: “Ante este nuevo paradigma, quizás la
    solución pase por ir más allá de la crítica y la idea de desvío para
    comenzar a generar nuevos circuitos” Wark, M., <italic>Intelectos
    colectivos. Pensadores para el siglo XXI</italic>, Valencia, La Caja
    Books, 2023, p. 200).</p>
  </fn>
  <fn id="fn69">
    <label>69</label><p>Wark, M., <italic>La playa bajo la
    calle</italic>, Madrid, Hermida, 2018, p. 60.</p>
  </fn>
  <fn id="fn70">
    <label>70</label><p>Bey, H., <italic>T.A.Z</italic>., Madrid,
    Enclave, 2014</p>
  </fn>
  <fn id="fn71">
    <label>71</label><p>Wark, M., <italic>La playa bajo la
    calle</italic>, Madrid, Hermida, 2018, p. 43.</p>
  </fn>
  <fn id="fn72">
    <label>72</label><p>Arendt, H., <italic>¿Qué es la
    política?</italic>, Barcelona, Paidós, 2001.</p>
  </fn>
  <fn id="fn73">
    <label>73</label><p>Al hilo, Esposito cita a Simone Weil: “en el
    centro se encontrará el vacío” (Esposito, R., <italic>Comunidad,
    inmunidad y biopolítica</italic>, Barcelona, Herder, 2020, p.
    95)</p>
  </fn>
  <fn id="fn74">
    <label>74</label><p>Ezquerra Gómez, J., Pólis <italic>y caos.
    Reflexiones sobre el principio de la política</italic>, Zaragoza,
    Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2021, p. 32.</p>
  </fn>
  <fn id="fn75">
    <label>75</label><p>Jesús Ezquerra Gómez, Pólis <italic>y caos.
    Reflexiones sobre el principio de la política</italic>, Zaragoza,
    Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2021, p. 33.</p>
  </fn>
  <fn id="fn76">
    <label>76</label><p>Discurso (<italic>lexis</italic>), necesario
    para que exista política: Arendt, H., <italic>¿Qué es la
    política?</italic>, Barcelona, Paidós, 2001.</p>
  </fn>
  <fn id="fn77">
    <label>77</label><p>Trías, E. La dispersión, Barcelona, Taurus.
    1971, p.</p>
  </fn>
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