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<journal-id journal-id-type="publisher">ASEM</journal-id>
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<journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Logos. Anales del Seminario de Metafísica</journal-title>
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<issn publication-format="electronic">1988-3242</issn>
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<publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
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<subject>RESEÑAS</subject>
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<article-title>Díaz, C. &amp; Grande Sánchez, P. J., Antropología filosófica. El personalismo comunitario. Madrid: Bookman, 2024, 582 pp.</article-title>
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<surname>Cabañas Hernández</surname>
<given-names>Sandra Luna</given-names>
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<institution content-type="original">Universidad Complutense de Madrid</institution>
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<pub-date pub-type="epub" publication-format="electronic" iso-8601-date="2025-07-14">
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<volume>58</volume>
<issue>1</issue>
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<copyright-statement>Copyright © 2025, Universidad Complutense de Madrid</copyright-statement>
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<abstract>
<p>Esta obra quiere dar a conocer una de las disciplinas más relevantes de la filosofía, la antropología filosófica. La antropología es el estudio del ser humano por sí mismo, que se enfrenta con su propia subjetividad, y es filosófica en tanto que hay una implicación personal del sujeto que reflexiona sobre su ser y sus circunstancias, pero también en la medida que aspira a una comprensión totalizadora de las cuestiones que afectan al ser humano (éticas, psicológicas, biológicas, trascendentes, históricas, etc.) para obtener una idea unitaria de la persona.</p>
</abstract>
<kwd-group>
<kwd>Antropología filosófica</kwd>
<kwd>Personalismo</kwd>
<kwd>Comunidad</kwd>
<kwd>Humanismo</kwd>
<kwd>Existencialismo</kwd>
<kwd>Filosofía dialógica</kwd>
<kwd>Axiología</kwd>
<kwd>Posthumanismo</kwd>
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<p><italic>Antropología Filosófica. El personalismo
comunitario</italic>, de Pedro José Grande Sánchez y Carlos Díaz es un
ensayo-manual de filosofía y antropología personalista publicado en el
año 2024. La antropología es el estudio del ser humano por sí mismo, que
se enfrenta con su propia subjetividad, y es filosófica en tanto que hay
una implicación personal del sujeto que reflexiona sobre su ser y sus
circunstancias, pero también en la medida que aspira a una comprensión
totalizadora de las cuestiones que afectan al ser humano (éticas,
psicológicas, biológicas, trascendentes, históricas, etc.) para obtener
una idea unitaria de la persona. Precisamente, en la idea unitaria se
diferencia de aquellas antropologías regionales (científica, social,
cultural o etnología) que estudian al hombre en alguna de sus
dimensiones concretas. La corriente personalista que presentan los
autores tiene su origen en la tradición judeocristiana, aunque son
diversos sus referentes a lo largo de la historia. El siglo XX es la
cuna del personalismo con referentes como Max Scheler y Emmanuel Mounier
quienes experimentaron en su propia piel la doble cara del progreso
tecnocientífico.</p>
<p>Considero que el libro puede ser dividido en dos grandes bloques
temáticos, exceptuando el primer capítulo, que es una introducción
general. El primer gran bloque (capítulos II - XVI) es un recorrido por
la historia de la filosofía, las diversas corrientes de pensamiento y de
las concepciones del hombre, de cómo éste se ha vivido, sentido,
subjetivado y representado a sí mismo en diversas épocas. El segundo
bloque temático (capítulos XVII- XXIII) trata el personalismo
comunitario en sus diversas ramas, principios de su acción y figuras
representativas. En el último capítulo se expresan las perspectivas e
implicaciones actuales y concretas de una antropología personalista que
se basa en la razón cálida.</p>
<p>En el primer capítulo, “El problema de la Antropología Filosófica y
la condición humana” se aborda el peligro de un exceso de optimismo
antropológico, “una creencia inquebrantable en la bondad y el progreso
humano” con la que los autores son críticos. La modernidad revela que el
progreso científico-técnico y la capacidad del hombre para dominar el
medio son inseparables de su capacidad destructiva, violenta y
deshumanizante. Por ello la misión de la filosofía debe ser reparar el
mundo.</p>
<p>También se trata en este capítulo el sentido de la vida desde la
perspectiva de Viktor Frankl, logoterapeuta y superviviente del
Holocausto. La pregunta sobre el sentido se relaciona con la presencia
de la muerte en nuestras vidas, acontecimiento inesperado que nos lleva
a dirigir la mirada hacia el sentido.</p>
<p>A mi juicio, en la actual sociedad posmoderna, en la que el sentido
de la vida es confundido –y nos es vendido– como la autorrealización de
todas las dimensiones de la persona, entendidas como formas de capital
(estético, afectivo, social), la obra de Frankl resulta muy oportuna. En
<italic>El hombre en busca de sentido</italic>, el autor afirma que
reducir el sentido de la vida en la autorrealización es una forma de
menosprecio hacia</p>
<p>el mundo, pues esta es un simple efecto de haber encontrado el
sentido, no una meta por sí misma. El ser humano necesita una finalidad
externa, una “autotrascendencia de la existencia” para no caer en el
solipsismo o en el nihilismo más absoluto. Esta autotrascendencia
consiste en “dirigirse hacia algo o alguien distinto de sí mismo”. La
persona, “al entregarse a una causa o a una persona amada, se vuelve y
más perfecciona sus capacidades”. Habitar constantemente un sentido que
se reinventa es uno de los principios del personalismo, que rechaza la
idea del equilibrio de la persona y la sustituye por la tensión: el
esfuerzo o la lucha por una meta propia y concreta que otorgue sentido a
la existencia. Incluso en el sufrimiento inevitable –dice Frankl– es
necesario encontrar un sentido, pues “quien tiene un porqué para vivir
puede soportar casi cualquier cómo” (Nietzsche). La logoterapia es
precursora de la filosofía personalista.</p>
<p>El personalismo comunitario no busca el bien en soluciones
inmediatas, sino que propone un cambio de perspectiva, un método de
pensar y vivir que parte de una reducción fenomenológica o un examen de
todas nuestras ideas y acciones. Desde la teoría crítica este libro, con
el fin de proponer una nueva perspectiva antropológica, desvela los
componentes ideológicos y los intereses históricos y pragmáticos de la
antropología, como la justificación del colonialismo e imperialismo en
base a dos modelo humanos: el hombre civilizado y el bárbaro.</p>
<p>Del segundo al cuarto capítulo los autores analizan las diferentes
antropologías, desde los presocráticos, para quienes el hombre era un
ser más perteneciente a la <italic>physis</italic>, pasando por los
sofistas, quienes desplazaron la filosofía a la polis y al hombre, hasta
llegar a la filosofía romana del derecho, a la antropología hebrea,
cristiana, renacentista y barroca.</p>
<p>Ponen de manifiesto la importancia de la idea del amor de Sócrates,
en el <italic>Banquete</italic> de Platón. El personaje de Sócrates es
uno de los personajes más importantes de la historia del personalismo.
La famosa frase de Sócrates “conócete a ti mismo” se pone en práctica
mediante el diálogo o dialéctica, mostrando cómo “la palabra es la
fuente de unión más profunda con los demás”. Sócrates encarna la
interioridad y la profundidad del alma puesta en relación con el mundo y
la alteridad a partir del diálogo.</p>
<p>El otro gran filósofo de la Antigüedad, Aristóteles, a pesar de
concebir al hombre como animal racional, en su obra <italic>Acerca del
Alma</italic> muestra por primera vez una idea unitaria del hombre,
tratando la corporalidad del hombre sin subyugarla al logos- alma.</p>
<p>Por su parte, los romanos también aportaron muchas de las nociones
que debe tener un Antropología Filosófica basada en la razón cálida:
Terencio y su famosa frase “humano soy y nada humano me es ajeno”
(<italic>Homo sum, humano nihil a me alienum puto</italic>) y Cicerón
regalándonos la noción de “persona” como hoy la concebimos, ya no
entendida con su significado original: “máscara”.</p>
<p>La idea de la racionalidad cálida tiene su origen en la religión
judeocristiana, en el diálogo entre Dios y el hombre, el Dios “del
corazón y la fidelidad”. El Dios bíblico es amor y proclama la igualdad
entre las personas. La Antropología Filosófica no tiene necesidad de ser
cristiana, pero algunas de las claves de la religión pueden ser
adoptadas, como las del agustinismo.</p>
<p>Otra clave para la Antropología la encontramos en la concepción del
hombre de Pascal: una caña pensante, en cuya miseria y fragilidad
encuentra este su grandeza. Parecido a la crítica de Kierkegaard al
estadio estético de la vida humana, Pascal critica</p>
<p>el <italic>divertimento</italic>, la cotidianidad que oculta o
distrae de la vida interior de la persona y sus preguntas
trascendentales, como la pregunta por la muerte. Autores como Kant (cuya
ética se trata en el capítulo IX) entienden esta dimensión trascendental
como la santidad a la que tiene que llegar la persona mediante el
“deber” que presupone la autonomía moral y la libertad del sujeto. La
crítica de Max Scheler a Kant está precisamente en su concepción de
autonomía, de un sujeto de sí y para sí sometido a su propia razón sin
influencia de sentimientos, olvidando toda posibilidad de diálogo con la
Alteridad y todo valor moral concreto derivado del amor por el Otro.</p>
<p>Del capítulo quinto al octavo se tratan las “antropologías frías” o
“antipersonalistas”. Descartes, autor que quiere convertir la filosofía
en ciencia rigurosa, cuyo criterio de verdad es lo matematizable,
concede la existencia a la persona sólo en tanto que yo pensante y a
Dios (un Dios impersonal alejado de todo sentimiento de fe) sólo en
tanto que es garantía del mundo. Contra esta antropología impersonal y
objetivante (la persona es res, esto es, cosa) que es definitoria de la
modernidad y el positivismo, debe luchar el personalismo. Otras
anti/antropologías son la del escepticismo de David Hume y la psicología
asociacionista (que reducen las vivencias en sensaciones y percepciones
y la persona a la continuidad de la memoria); aquellas teorías
contractuales y políticas (Hobbes y Spinoza), para quienes el ser humano
por naturaleza es cruel, malvado y tiránico y debe ser controlado por el
Estado.</p>
<p>A partir del capítulo décimo hasta el decimoquinto se tratan los
autores, filosofías y corrientes de la psicología y la ciencia más
influyentes en la modernidad y su relación con la antropología a la que
aspiramos. La dialéctica hegeliana que defiende que la historia es el
perfeccionamiento de la Razón cósmica a través de procesos de tesis y
antítesis, reconoce lo que de divino hay en el hombre, aunque sólo en
tanto que este está al servicio de la Universal Razón: “la historia
universal es el paso del viento del Espíritu a través de individuos y
pueblos que entregan lo mejor de sí mismos y en este empeño se cubren de
gloria”. Hegel diviniza el Estado como la encarnación del Espíritu en el
mundo, como la totalidad de la razón, mientras que el personalismo
defiende el valor irreductible de la persona concreta y el Estado como
un instrumento de esta a su servicio, no como algo superior a ella. Por
otra parte se nos presenta a Kierkegaard, como un “antecedente del
personalismo dialógico” (Martin Buber), para quien presentaba al prójimo
como una reduplicación del propio yo. La existencia para Kierkegaard es
elección. Además Kierkegaard concede mucha importancia a la
responsabilidad para con el Otro y la propia interioridad, hablando del
salto del estadio estético (de la inmediatez, el disfrute, el instinto)
al estado ético: “quien vive de manera ética se tiene a sí mismo como
tarea”. El último estadio de Kierkegaard es el estadio religioso en el
que el contacto y el amor de la persona con Dios deshace la angustia que
caracteriza la existencia.</p>
<p>Se destina un capítulo al análisis de la antropología de Nietzsche:
“en Nietzsche no hay hombres: sólo superhombres o infrahombres. O la
vida dionisiaca (del superhombre) o la ascética de los inferiores”.
Nietzsche critica la compasión y el cristianismo como la moral de los
débiles, de los pobres, de los buenos y altruistas que encuentran el
bienestar en la desventura y el sacrificio de uno mismo, aquellos que no
afirman su voluntad de poder. Para la filosofía personalista la
com/pasión (sufrir juntos) es el reconocimiento del sufrimiento ajeno y
la apertura del yo hacia la verdadera relación interpersonal: “por
prestar atención al sufrimiento del otro, este se transforma en un
tú”.</p>
<p>A partir del decimosexto capítulo se desarrolla en profundidad el
personalismo comunitario. El personalismo fenomenológico insiste en la
importancia de los valores morales concretos frente al nominalismo: “no
hay fenómenos morales, sino tan solo interpretación moral de los
fenómenos”. Esta es la base necesaria para no caer en el relativismo y
en la creación de una ética material que acompañe a la formal kantiana
(esto es, vacía de contenido, sin relación con las circunstancias
externas).</p>
<p>En resumen, el modelo antropológico propuesto por la antropología
interpersonal se basa en la idea del hombre como realidad abierta e
incompleta de Max Scheler y Zubiri, que se pregunta por su propio ser y
esencia finita. Se trata de alcanzar una idea unitaria del hombre y ante
las formas de Antropología Fragmentaria (espíritu - materia, Ich - No
Ich, res cogitans - res extensa, Zoe-Bios), se propone una “antropología
del espíritu encarnado”, unitaria y dialogal. “El hecho fundamental de
la existencia humana no es ni el individuo en cuanto tal ni la
colectividad en cuanto tal… ambas son abstracciones… el hecho
fundamental de la existencia humana es el hombre con el hombre” explica
Martin Buber en <italic>¿Qué es el hombre?</italic></p>
<p>La dimensión del “entre”, de la esfera común entre el <italic>tú Y
yo</italic> que sobrepasa el campo de cada uno, es lo único que puede
fundar relaciones dialógicas y comunitarias. Sin embargo la comunidad es
la “excluida alternativa genuina”, el “tertium non datur” en la
discusión entre individualidad y colectividad. La actualidad de la obra
de Buber es clara: el individuo, como partícula aislada, no tiene forma
de conocerse, pero en la colectividad se disuelve en el todo, en el
hombre masa impersonal. La antropología relacional propone que para
conocerse a uno mismo es necesario conocer a los demás y la Humanidad no
puede ser predicado del hombre individual en sentido abstracto, sino en
cuanto que forma parte de la intrahistoria, la historia humana le
define, se relaciona con otros individuos y crea historia. El hombre no
es “El Hombre” ni tampoco el individuo, sino que es de naturaleza
dialógica, es un ser en cuyo “estar-dos-en-recíproca-presencia” se
realiza en el contacto del tú y el yo.</p>
<p>En el capítulo XIX los autores explican detalladamente la filosofía
personalista de Emmanuel Mounier. Mounier compara el existencialismo con
el personalismo, como Sartre lo comparaba con el humanismo, la base
común de ambas. El autor rechaza el absurdo, pero adopta otros conceptos
existencialistas (elección, libertad, responsabilidad y compromiso). Un
concepto importante para el personalismo es el sentido de la vida, la
“voluntad de significación” del hombre, de “cumplir su sentido
potencial”. Se admite el sufrimiento como fuente de sentido que no debe
ser patologizado como enfermedad, sino como “angustia espiritual”. La
persona para Mounier es una realidad abierta que está en una constante
conversión y adhesión a valores.</p>
<p>“La búsqueda de la igualdad tiene lugar a través de la desigualdad”,
reconocen Mounier y Paul Ricoeur, esto es, a partir de una identidad que
se concibe a partir de la acción, la relación y renovación de la
persona, no de la ipseidad y la inmutabilidad sustancial. El yo es
unívoco porque se compromete en acto continuo consigo mismo. No se trata
de un sujeto acabado que periódicamente sufre crisis de identidad. “El
hombre está hecho para ser superado… superando continuamente lo dado, el
hábito, lo adquirido” (Mounier).</p>
<p>En el siguiente capítulo, los autores sustituyen la primera certeza
cartesiana “pienso, luego existo” por “soy amado, luego existo”,
principio de la acción personalista: “Toda interacción, pues, confirma o
desconfirma la identidad” y “la imagen que el otro nos devuelve es una
definición de nosotros mismos”</p>
<p>En el capítulo de “Figuras del personalismo” se tratan en profundidad
diversos autores y sus aportes a la filosofía personalista. Sus “raíces”
son bíblicas, dialógicas, fenomenológicas-tomistas, hermenéuticas, y sus
autores, entre otros: Mounier, Max Scheler, Martin Buber, Julián Marías,
Xavier Zubiri e Ignacio Ellacuría.</p>
<p>En el último capítulo (XXIII) nos habla del actual problema del
transhumanismo desde una perspectiva personalista. El <italic>Manifiesto
posthumanista</italic> pone de manifiesto que “cada ser humano está
llamado a diseñarse a sí mismo... legitimado por la ciencia”. “Desde
esta perspectiva, no existen límites morales que impidan la conversión
del ser humano en un cyborg” responden los autores. Lo cierto es que lo
humano puede convertirse en posthumano con la integración de la
biotecnología en el cuerpo, lo que lleva a la idea de mejorar el propio
ser. Ante esto los autores no se posicionan en contra de la técnica.
Esta puede tener cabida incluso en la vida espiritual. No se critica la
tecnología en sí misma, sino el hecho de que la civilización del
progreso no haya conseguido humanizarla; al contrario, ha sido puesta al
servicio de un “régimen inhumano”, de la organización del trabajo del
capitalismo y de su orden mecánico en el que tanto el obrero como la
técnica son esclavos e instrumentos de la eficacia y de la
producción.</p>
<p><italic>Antropología Filosófica. El personalismo comunitario</italic>
es una obra muy completa, precisa y actual en sus posicionamientos
críticos. Puede resultar muy útil como manual de Antropología Filosófica
para estudiantes de filosofía de todos los niveles, ya que es una obra
que puede ser leída con la profundidad que la lectora o lector
decida.</p>
<p>Personalmente considero que es muy importante en la actualidad una
reflexión activa sobre la realidad de la persona, opuesta
ontológicamente al “individuo”, su relación con la Alteridad, su
fragilidad y la problemática de su existencia. En la frase “el que
quiere los fines quiere los medios” (Ellacuría) se expresa la necesidad
de que esta reflexión sobre el ser humano a nivel ético y metafísico
vaya acompañado de un compromiso con la realidad y una voluntad de
acción ante el “antimundo” que habitamos, compromiso que se defiende con
la acción personalista de esta obra.</p>
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