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        <journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Logos. Anales del Seminario de Metafísica</journal-title>
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      <issn publication-format="electronic">1988-3242</issn>
      <issn-l>1988-3242</issn-l>
      <publisher>
        <publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
        <publisher-loc>España</publisher-loc>
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      <article-id pub-id-type="doi">https://doi.org/10.5209/asem.102028</article-id>
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          <subject>ARTÍCULOS</subject>
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        <article-title>Huella difractiva y fantología cuántica: Fundamentos filosóficos para una crítica posthumana de la IA desde Derrida y Barad</article-title>
        <trans-title-group xml:lang="en">
          <trans-title>Diffractive trace and Quantum hauntology: Philosophical foundations for a posthuman critique of AI from Derrida and Barad</trans-title>
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        <contrib contrib-type="author" corresp="yes">
          <contrib-id contrib-id-type="orcid">https://doi.org/10.5209/asem.102028</contrib-id>
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            <surname>Rubín Álvarez</surname>
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          <institution content-type="original">Universidad de Vigo</institution>
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        <corresp id="cor1">Autor@s de correspondencia: Abraham Rubín Álvarez: <email>abraham.rubin@uvigo.gal</email></corresp>
      </author-notes>
      <pub-date pub-type="epub" publication-format="electronic" iso-8601-date="2025-07-14">
        <day>14</day>
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        <year>2025</year>
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      <volume>58</volume>
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      <fpage>91</fpage>
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        <copyright-year>2025</copyright-year>
        <copyright-holder>Universidad Complutense de Madrid</copyright-holder>
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          <license-p>Esta obra está bajo una licencia <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/">Creative Commons Attribution 4.0 International</ext-link></license-p>
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      <abstract>
        <p>Este artículo desarrolla una reflexión filosófica a partir del entrecruzamiento entre la différance de Jacques Derrida y la intraacción de Karen Barad, con el objetivo de construir un marco onto-epistémico relacional y no representacional. A través de una lectura difractiva, se exploran conceptos como huella, espectralidad, agencia, materialidad y performatividad, proponiendo una reconfiguración crítica de las nociones de identidad, sentido y presencia. El texto no busca establecer una síntesis entre los autores, sino trazar un espacio de resonancias desde el cual repensar fenómenos contemporáneos. En la parte final, estos aspectos se ponen en relación con ciertas lógicas de funcionamiento de la inteligencia artificial, que se analizan como fenómenos espectrales y generativos en los que se difuminan los límites entre dato, sujeto y algoritmo. Lejos de ofrecer un diagnóstico cerrado, el artículo propone una orientación posthumana para futuras críticas de la IA, fundada en una ontología de la huella y la relacionalidad.</p>
      </abstract>
      <trans-abstract xml:lang="en">
        <p>This article develops a philosophical reflection through the intersection of Jacques Derrida’s concept of différance and Karen Barad’s notion of intraaction, with the aim of constructing a relational, non-representational onto-epistemological framework. Through a diffractive reading, it explores key notions such as trace, spectrality, agency, materiality, and performativity, proposing a critical reconfiguration of concepts like identity, meaning, and presence. Rather than establishing a synthesis between Derrida and Barad, the text outlines a field of resonances from which to rethink contemporary phenomena. In its final section, these issues are brought into dialogue with certain logics underlying artificial intelligence, which are analyzed as spectral and generative phenomena where the boundaries between data, subject, and algorithm become blurred. The article does not offer a definitive diagnosis but suggests a posthuman orientation for future critiques of AI, grounded in an ontology of the trace and relationality.</p>
      </trans-abstract>
      <kwd-group>
        <kwd>inteligencia artificial</kwd>
        <kwd>ontología</kwd>
        <kwd>posthumanismo</kwd>
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        <kwd>artificial intelligence</kwd>
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        <kwd>trace</kwd>
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      </kwd-group>
      <custom-meta-group>
        <custom-meta>
          <meta-name>Sumario</meta-name>
          <meta-value>: 1. Introducción; 2. Différance y fantología en Jacques Derrida; 3. Difracción e intra-acción en Karen Barad; 3.1. La difracción como metodología filosófica y epistemológica; 3.2. Intra-acción y el realismo agencial: una ontología relacional; 4. Encuentros y desencuentros: Derrida y Barad en yuxtaposición; 4.1. El problema de la identidad: De la différance a la intraacción; 4.2. Tiempo y causalidad: Diferimiento e indeterminación; 4.3. La materialidad del significado y el significado de la materia; 4.4. ¿Puede haber una fantología cuántica?; 5. La huella difractiva: hacia una ontología cuántica; 6. Implicaciones éticas y políticas para la inteligencia artificial; 6.1. Responsabilidad intra- activa y justicia espectral; 6.2. Huellas intra-activas y datos digitales; 6.2.1. Del archivo digital a la IA como materialización espectral; 6.2.2. Ética y política de la huella digital intra-activa; 7. Conclusiones; 8. Referencias bibliográficas.<bold>Sumario</bold></meta-value>
        </custom-meta>
        <custom-meta>
          <meta-name>Cómo citar</meta-name>
          <meta-value>: Rubín Álvarez, A. (2025) “Huella difractiva y fantología cuántica: Fundamentos filosóficos para una crítica posthumana de la IA desde Derrida y Barad”, en Logos. Anales del Seminario de Metafísica 58 (1), 91-109.<bold>Cómo citar</bold></meta-value>
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    </article-meta>
  </front>
<body>
<sec id="introduccion">
  <title>1. Introducción</title>
  <p>En un contexto marcado por la expansión de los sistemas de
  inteligencia artificial, surgen preguntas urgentes no solo sobre sus
  aplicaciones técnicas o éticas, sino sobre las categorías ontológicas
  y epistemológicas que permiten su comprensión. Este artículo no se
  limita a describir los efectos de la IA ni a evaluar sus implicaciones
  sociales desde modelos previos. Su propósito es más modesto pero
  necesario: esbozar algunos fundamentos filosóficos que podrían abrir
  el camino hacia una crítica posthumana de la inteligencia artificial
  contemporánea, alejándose de las concepciones representacionalistas,
  esencialistas o instrumentalistas que todavía dominan tanto el
  discurso técnico como muchas aproximaciones filosóficas.</p>
  <p>Para ello, el texto propone una yuxtaposición reflexiva entre las
  propuestas de Jacques Derrida y Karen Barad. No se trata de forzar una
  síntesis ni de aplicar un marco a otro, sino de situarlos en vecindad
  para observar las reverberaciones que surgen de su entrecruzamiento.
  En este gesto, conceptos como huella, différance, intra-acción o
  materialización espectral se tornan herramientas críticas para
  interrogar las nociones de identidad, agencia, causalidad y presencia
  desde un enfoque relacional y descentrado.</p>
  <p>El texto no pretende agotar las posibilidades de este cruce, sino
  abrir un espacio de problematización, donde lo digital y lo artificial
  puedan pensarse más allá de los dualismos clásicos entre sujeto y
  objeto, entre humano y máquina, entre dato y sentido. Solo tras el
  trazado de este marco será posible volver la mirada hacia la
  inteligencia artificial, en sus dimensiones técnicas, semióticas y
  ético-políticas. Así, en las secciones finales, se propone una lectura
  de la IA como fenómeno intra- activo y fantológico, donde los datos,
  los algoritmos y los sujetos coemergen en configuraciones
  provisionales de significado.</p>
  <p>Lejos de ofrecer un diagnóstico cerrado, este artículo se plantea
  como una exploración preliminar que busca contribuir a una ontología
  crítica de la inteligencia artificial desde una filosofía de la
  diferencia y la relacionalidad. Su apuesta es que solo atendiendo a lo
  que la IA hace con el sentido, con la presencia y con la huella,
  podremos elaborar formas más complejas de pensar nuestra cohabitación
  con lo artificial.</p>
</sec>
<sec id="differance-y-fantologia-en-jacques-derrida">
  <title>2. Différance y fantología en Jacques Derrida</title>
  <p>En el año 2010, Karen Barad publicó en Derrida Today el artículo
  Quantum Entanglements and Hauntological Relations of Inheritance,
  donde reflexiona sobre el concepto de discontinuidad tanto en el campo
  de la filosofía, como en los de ciencia y política, utilizando la
  mecánica cuántica como marco conceptual desde el cual poder pensar el
  problema de la indeterminación. A su juicio, dicho marco encaja con
  una de las más célebres estrategias derridianas, conocida con el
  nombre de hantologie, y que para nuestros propósitos aquí llamaremos
  fantología. El objetivo de Barad, desde luego, no es solo describir
  los principios físicos de la mecánica cuántica, sino explorar todas
  sus implicaciones, al menos en los campos ontológicos, epistemológicos
  y éticos. En esa medida, se mantiene a distancia de los modelos
  narrativos lineales, acercándose a planteamientos que reivindican la
  discontinuidad y la
  fragmentación<xref ref-type="fn" rid="fn1">1</xref>.</p>
  <p>En este sentido, Barad propone una escritura difractiva, es decir,
  una estrategia que interrumpe la continuidad del tiempo y el espacio,
  para con ello resaltar la indeterminación de la realidad. Esta
  estrategia puede vincularse con el motivo de la différance derridiana,
  en donde significado y presencia nunca están completamente fijados, y
  que es a nuestro juicio el punto de arranque de lo que luego se
  manifestará claramente como una querencia por los espectros, que
  acompañará a Derrida durante toda su trayectoria.</p>
  <p>Así, en la obra de Derrida la différance señala algo, una marca,
  que permanece al mismo tiempo que se borra, como todo fantasma. El
  pensador argelino distingue entre dos diferencias y, para
  distinguirlas coloca en ellas una diferencia gráfica: différence y
  différance. Esta diferencia (la a en lugar de la e) se escribe o se
  lee, pero no se oye. Es una marca muda, permanece silenciosa, secreta
  y discreta como una tumba [tombe], pero una tumba que cae [tombe], que
  provoca retumbes [tombées], repercusiones [retombées],
  recaídas<xref ref-type="fn" rid="fn2">2</xref>.</p>
  <p>Dice Derrida al respecto, que</p>
  <disp-quote>
    <p>el modo de inscripción de una marca tal en el texto metafísico es
    tan impensable que es necesario describirlo como un borrarse de la
    marca misma. La marca se produce en él como su propio borrarse. Y
    pertenece a la marca el borrarse a sí misma, hurtarse a sí misma, lo
    que podría mantenerla en presencia. La marca no es ni perceptible ni
    imperceptible<xref ref-type="fn" rid="fn3">3</xref>.</p>
  </disp-quote>
  <p>Y así la marca de este borrarse (de la marca) es lo que pertenece a
  la presencia y a la metafísica, es decir, todas sus determinaciones,
  todos sus nombres, pues será aquello que intenta apresar (bajo la
  presencia) lo que a esta excede.</p>
  <p>Los efectos producidos por la différance son relacionados por Barad
  con la noción de discontinuidad cuántica, una idea que pone en
  cuestión la oposición entre continuidad y discontinuidad. A juicio de
  Barad, la mecánica cuántica muestra que los sistemas pueden estar en
  superposiciones de estados y que la causalidad no sigue</p>
  <p>un orden lineal, clásico, según el cual se puede delimitar
  fácilmente el antes y el
  después<xref ref-type="fn" rid="fn4">4</xref>.</p>
  <p>Esta discontinuidad cuántica, entonces, se relaciona con la
  fantología de Derrida, pues en Espectros de Marx, por ejemplo, los
  espectros representan la imposibilidad de una presencia plena, algo
  que de todos modos ya era un resultado debido al funcionamiento de la
  différance. Al igual que el electrón en superposición, los espectros
  habitan una zona de indeterminación. Barad extiende, por tanto, esta
  idea para argumentar que la discontinuidad cuántica es una forma de
  espectralidad, es decir, su concepción de materia no es la de una
  entidad cerrada, sino, en todo caso, la de una red de relaciones
  entrelazadas.</p>
  <p>En todo caso, Derrida comienza a utilizar la figura del espectro
  [revenant] para poner de relevancia la mención a aquello que viene,
  vuelve, reaparece, porque un espectro siempre se refiere y
  (com)promete a lo otro. Pues no se sabe lo que es. Es algo que,
  precisamente, no se sabe, y no se sabe porque ese «no-objeto, ese
  presente no presente, ese ser-ahí de un ausente o de un desaparecido
  no depende ya del saber»<xref ref-type="fn" rid="fn5">5</xref>. De
  acuerdo con esto, si nos dejamos constituir por el espectro, por lo
  otro, lo que estaremos realizando, más que una ontología al uso
  –propia de la historia de la metafísica– será una
  fantología<xref ref-type="fn" rid="fn6">6</xref>, un saber vivir con
  los restos, un vérnoslas a cada paso con el asedio de los espectros,
  que viven asimismo en un tiempo fuera de la presencia, pues ni “son”
  ni dejan de ser, insisten a través del tiempo y tienen repercusiones
  también en el presente, aunque no se reduzcan a este, a los que apelan
  desde su imposibilidad.</p>
  <p>Por eso la différance va unida a la lógica de lo iterable, de lo
  repetible, y por eso el papel de los espectros es fundamental pues su
  único papel, su única constitución es la de repetirse, la de
  (re)aparecer siempre de modo nuevo, en otro contexto, siendo
  inimaginable cuándo y cómo lo harán, sabiendo que siempre lo hacen,
  que no llegan a la presencia pero asedian desde su borrarse, desde su
  repetición diferencial, siendo copias de copias que siguen huellas que
  no remiten a una presencia plena.</p>
  <p>En este sentido, Derrida apuesta por una repetición que genera
  alteridad: «La iteración altera, algo nuevo tiene
  lugar»<xref ref-type="fn" rid="fn7">7</xref>, pues la iterabilidad
  general, la estructura de iteración, la iterabilidad como tal
  (repetición/alteridad) comanda una lógica que vincula la repetición a
  la alteridad. Iterabilidad viene de iter, itara, en sánscrito, otro y
  Derrida une en este vocablo lo repetible, iterable, con la alteridad.
  De este modo, la iterabilidad, entendida como repetición diferencial y
  generadora de alteridad, implica necesariamente que ningún fenómeno se
  repite idénticamente, sino siempre en una inscripción distinta,
  creando así efectos de diferencia.</p>
  <p>Esta lógica iterativa va a ser apreciada y reproducida
  diferencialmente también en la propuesta de Karen Barad, quien
  introduce el concepto de difracción para pensar cómo cada repetición o
  encuentro no es una mera copia, sino una producción activa de
  diferencias materiales y significativas, donde se producen patrones
  diferenciales únicos.</p>
</sec>
<sec id="difraccion-e-intra-accion-en-karen-barad">
  <title>3. Difracción e intra-acción en Karen Barad</title>
  <sec id="la-difraccion-como-metodologia-filosofica-y-epistemologica">
    <title>3.1. La difracción como metodología filosófica y
    epistemológica</title>
    <p>El concepto de difracción, en física, describe la interferencia
    entre ondas. Barad lo utiliza como método filosófico para leer los
    textos no como reflejos o analogías, sino como formas que se
    transforman al interactuar. Aquí la autora conecta con su noción de
    intra-acción, una forma de pensar las relaciones sin entidades
    preexistentes. Es decir, las cosas no existen antes de relacionarse,
    sino que emergen a partir de la relación. La intra-acción sustituye
    la idea clásica de interacción, donde dos entidades ya definidas
    entran en contacto.</p>
    <p>Según Barad,</p>
    <disp-quote>
      <p>la noción de intraacción es un elemento clave de mi marco de
      referencia del realismo agencial. El neologismo “intraacción”
      significa la constitución mutua de agencias entrelazadas. Es
      decir, a diferencia de la “interacción” habitual, que asume que
      existen agencias individuales separadas que preceden a su
      interacción, la noción de intraacción reconoce que las agencias
      distintas no preceden a su intraacción, sino que surgen a través
      de ella. Es importante señalar que las agencias “distintas” solo
      lo son en un sentido relacional, no absoluto; es decir, las
      agencias solo son distintas en relación con su entrelazamiento
      mutuo; no existen como elementos
      individuales<xref ref-type="fn" rid="fn8">8</xref></p>
    </disp-quote>
    <p>Derrida, por su parte, como vimos, introduce la différance como
    un motivo que rompe con la metafísica tradicional del significado.
    La différance plantea la imposibilidad de fijar un significado
    último, ya que todo significado siempre se pospone y se constituye a
    través de su diferencia con otros significados. En este sentido, el
    significado no preexiste a la red de relaciones en la que se
    inserta.</p>
    <p>Así como en Barad las entidades no preexisten a su intraacción,
    en Derrida los significados no preexisten a la différance. En ambos
    casos, tanto entidades como significados emergen a partir de
    relaciones que nunca están cerradas ni completamente fijadas.</p>
    <p>Asumiendo el concepto de intraacción como una innovación
    ontológica, a nivel epistemológico Barad desarrolla la idea de la
    difracción, pensándola como una alternativa crítica al modelo
    clásico de reflexión, argumentando que este último se basa en una
    visión representacionalista del conocimiento, mientras que la
    difracción ofrece un enfoque diferencial, dinámico y relacional.</p>
    <p>A continuación, presentamos los que se podrían considerar
    principios fundamentales de ambas metodologías y sus implicaciones
    en términos de epistemología, ontología y ética, y que Barad
    condensa en una tabla terminológica donde los modelos se
    contraponen<xref ref-type="fn" rid="fn9">9</xref>.</p>
    <p>El método reflexivo se basa en la analogía con el espejo, y en
    tal medida, se asume que el conocimiento es una imagen reflejada de
    la realidad, y que el papel de la epistemología es encontrar
    representaciones lo más fieles posible a los objetos que
    estudia.</p>
    <p>Este enfoque se inscribe dentro de lo que se puede llamar
    representacionalismo,</p>
    <p>posición que considera que todo pensamiento y teoría no hace más
    que reflejar una realidad externa e independiente. En esa línea, el
    conocimiento se concibe como una réplica de la realidad, donde el
    objetivo es encontrar representaciones precisas y auténticas.
    Asimismo se da por supuesta una correspondencia entre lenguaje y
    mundo, en la que las palabras funcionan como espejos de las cosas.
    Por tanto, lo que subyace al planteamiento es una distinción
    preexistente entre sujeto y objeto, donde el observador está
    separado de lo observado y se rige por dualismos rígidos, como
    naturaleza/cultura, objeto/sujeto o epistemología/ontología. Desde
    esta perspectiva, la objetividad se entiende como la eliminación de
    distorsiones en la representación de los objetos. Es decir, un
    conocimiento es más “objetivo” cuanto más se asemeje a su referente
    sin interferencias.</p>
    <p>Según Barad, el modelo reflexivo adolece, al menos, de un
    problema fundamental, a saber, supone una separación absoluta entre
    sujeto y objeto, y como consecuencia de ello, el modelo no cuestiona
    cómo las prácticas de observación y medición afectan el mundo que
    pretenden representar. En suma, la reflexión opera sobre la base de
    una relación de distancia entre el observador y lo observado, lo que
    impide reconocer la participación del sujeto en la configuración del
    mundo que estudia. Para Barad, en cambio, el objetivo «es romper con
    la dependencia generalizada de una metáfora óptica existente –a
    saber, la reflexión–, diseñada para buscar homologías y analogías
    entre entidades separadas. En cambio, la difracción, como argumento,
    no se ocupa de las homologías, sino de entrelazamientos materiales
    específicos»<xref ref-type="fn" rid="fn10">10</xref>.</p>
    <p>Frente al modelo reflexivo, Barad propone la difracción como una
    forma alternativa de abordar el conocimiento, inspirada en la física
    cuántica y el posthumanismo. Mientras que la reflexión se basa en la
    repetición de lo mismo, la difracción introduce la idea de
    diferencias que emergen en cada relación. En sus propias palabras,
    «como sugiere Donna Haraway, la difracción puede servir como un
    contrapunto útil para la reflexión: ambos son fenómenos ópticos,
    pero mientras que la metáfora de la reflexión refleja los temas del
    reflejo y la semejanza, la difracción se caracteriza por patrones de
    diferencia»<xref ref-type="fn" rid="fn11">11</xref>.</p>
    <p>Por tanto, el método difractivo asume, en primer lugar, que no
    hay entidades preexistentes, sino fenómenos intra-activos. Es decir,
    la difracción reconoce que sujetos y objetos no existen de manera
    independiente antes de la observación, sino que emergen en la
    relación. En lugar de una ontología de entidades fijas, se trata de
    una ontología relacional basada en entrelazamientos, enredos
    materiales y discursivos. Pues «en un sentido profundo podemos
    entender los patrones de difracción (como patrones de diferencia que
    marcan la diferencia) como los constituyentes fundamentales que
    conforman el mundo»<xref ref-type="fn" rid="fn12">12</xref>.</p>
    <p>Asimismo, desde este enfoque, el conocimiento no es un reflejo,
    sino un fenómeno performativo. Es decir, saber no es simplemente
    representar, sino participar en la materialización del mundo. La
    objetividad no se basa en la distancia del observador, sino en la
    responsabilidad que se ejerce en toda práctica de conocimiento, que
    son aquellas que, en última instancia, configuran la realidad. Este
    es el motivo por el que a la propuesta de Barad se la denomina
    también materialismo
    performativo<xref ref-type="fn" rid="fn13">13</xref>.</p>
    <p>En tal medida, la ética, la epistemología y la ontología están
    entrelazadas, y no deben ser consideradas de modo aislado, pues la
    producción del conocimiento no es solo una cuestión epistemológica,
    sino también ontológica –afecta lo que es– y ética –implica
    responsabilidad por lo que se materializa–. Es decir, no podemos
    separar el conocimiento de sus efectos en el mundo.</p>
    <p>Igualmente, lo que se llama diferencia no es algo exterior, sino
    algo constitutivo. En física cuántica, la difracción ocurre cuando
    una onda se encuentra con un obstáculo y genera patrones de
    interferencia. Barad usa esta metáfora para decir que la diferencia
    no es simplemente una comparación entre entidades preexistentes
    –como en el reflejo–, sino algo que emerge dentro de los fenómenos
    entrelazados. Para Barad,</p>
    <disp-quote>
      <p>si bien es cierto que los aparatos de difracción miden los
      efectos de la diferencia, aún más profundamente resaltan, exhiben
      y hacen evidente la estructura entrelazada de la ontología
      cambiante y contingente del mundo, incluida la ontología del
      conocimiento. De hecho, la difracción no solo saca a la luz la
      realidad de los entrelazamientos, sino que es en sí misma un
      fenómeno entrelazado<xref ref-type="fn" rid="fn14">14</xref>.</p>
    </disp-quote>
    <p>Por último, el método difractivo, en lugar de binarios, propone
    patrones de interferencia, pues la difracción no trabaja con
    dualismos fijos (naturaleza/cultura, sujeto/objeto), sino con un
    análisis de cómo esas diferencias se configuran y se transforman en
    contextos específicos.</p>
    <p>Como se puede deducir de lo anterior, la metodología difractiva
    de Barad tiene implicaciones a varios niveles. Por ejemplo, al
    asumir una concepción material del conocimiento, es necesario
    considerar cómo este afecta la configuración material del mundo. Y
    es por ello que se impone una responsabilidad, pues dado que el
    conocimiento no es un simple reflejo, sino que participa en la
    producción de la realidad, debemos asumir responsabilidad por sus
    efectos. Como consecuencia de ello, se plantea una confrontación
    respecto a las dicotomías tradicionales, donde la distinción entre
    sujeto y objeto, naturaleza y cultura, teoría y práctica, se
    disuelve en un análisis que afirma su entrelazamiento mutuo.</p>
    <p>La perspectiva difractiva planteada por Barad, con todas sus
    implicaciones no se puede desligar de su concepción ontológica más
    profunda, que ya hemos mencionado anteriormente, a saber, el
    realismo agencial y la noción de intraacción. En este sentido, si la
    difracción enfatiza que el conocimiento participa activamente en la
    configuración material del mundo, la intraacción concreta esta idea,
    mostrando que no solo el conocimiento, sino todas las entidades
    mismas emergen y se determinan a través de relaciones
    específicas.</p>
  </sec>
  <sec id="intra-accion-y-el-realismo-agencial-una-ontologia-relacional">
    <title>3.2. Intra-acción y el realismo agencial: una ontología
    relacional</title>
    <p>Para Barad,</p>
    <disp-quote>
      <p>los fenómenos son relaciones ontológicamente primitivas:
      relaciones sin relata preexistentes. La noción de intraacción
      [...] representa un profundo cambio conceptual. Es a través de
      intraacciones agenciales específicas que los límites y las
      propiedades de</p>
      <p>los componentes de los fenómenos se determinan y que los
      conceptos particulares (es decir, las articulaciones materiales
      particulares del mundo) adquieren significado. Las intraacciones
      incluyen la disposición material más amplia (es decir, el conjunto
      de prácticas materiales) que efectúa un corte agencial entre
      “sujeto” y “objeto” [...]. En otras palabras, los relata no
      preexisten a las relaciones; más bien, los relata dentro de los
      fenómenos emergen a través de intraacciones
      específicas<xref ref-type="fn" rid="fn15">15</xref></p>
    </disp-quote>
    <p>Cambiar nuestra comprensión acerca de lo que consideramos real
    puede ayudarnos a salir de un pensamiento metafísico basado en la
    esencia y en la presencia, y efectuado mediante un conocimiento
    representacional. Siguiendo el pensamiento de Barad, todas nuestras
    prácticas discursivas no se refieren a propiedades de objetos
    abstractos o a seres independientes de la observación, sino que
    ellas mismas reconfiguran activamente el mundo, formando parte de su
    devenir. Es por ello y en esta medida que considera que el ser
    humano intraactúa como parte de la naturaleza, en ningún caso como
    algo alejado de ella. No somos
    independientes<xref ref-type="fn" rid="fn16">16</xref>.</p>
    <p>Para Barad, la “humanidad” o “no-humanidad” de la agencia no se
    define al investigar fenómenos, pues siempre se realizan cortes
    agenciales que estabilizan momentáneamente cualidades específicas de
    los componentes agenciales. Y «los cortes agenciales no marcan una
    separación absoluta, sino un corte conjunto/ separado: la
    “mantención” [holding together] de lo dispar en sí
    mismo»<xref ref-type="fn" rid="fn17">17</xref>.</p>
    <p>Esta visión es fundamental para realizar una lectura conjunta de
    Barad y Derrida, en la que se puedan pensar la différance y la
    intraacción al mismo tiempo para ver qué efectos y secuelas se
    producen como resultado de su yuxtaposición.</p>
  </sec>
</sec>
<sec id="encuentros-y-desencuentros-derrida-y-barad-en-yuxtaposicion">
  <title>4. Encuentros y desencuentros: Derrida y Barad en
  yuxtaposición</title>
  <p>Emerge, en todo caso, como decíamos, una posible relación fecunda
  entre el concepto de intraacción y el motivo de la différance,
  abriendo la oportunidad de que pueden compartir espacio, aunque este
  sea difractivo y diferencial, o precisamente por ello. Ambas figuras
  cuestionan la metafísica de la presencia y proponen modos de entender
  la realidad que escapan a la fijación de identidades, temporalidades y
  causalidades lineales. A continuación, podemos explorar cómo la
  intraacción de Barad resuena con la différance derridiana, sus
  diferencias clave y algunas posibles implicaciones filosóficas.</p>
  <sec id="el-problema-de-la-identidad-de-la-differance-a-la-intraaccion">
    <title>4.1. El problema de la identidad: De la différance a la
    intraacción</title>
    <p>Como vimos, Derrida muestra que la identidad de cualquier
    palabra, concepto o ser nunca es plena, sino que depende de una red
    de diferencias. No hay una presencia absoluta, sino un juego de
    remisiones, donde cada palabra significa por su diferencia con otras
    y nunca por una esencia fija.</p>
    <p>Barad extiende esta idea a la física y la ontología, ya que el
    concepto de intraacción implica que los objetos no tienen una
    identidad intrínseca separada del fenómeno en</p>
    <p>el que participan. Un electrón, por ejemplo, no es partícula u
    onda de manera fija. Por el contrario, su identidad emerge en su
    intraacción con un aparato de medición. Así como en Derrida el
    significado se desplaza y no se cierra, en Barad la identidad de la
    materia es relacional y depende del contexto experimental:</p>
    <disp-quote>
      <p>Dado que no existen entidades individualmente determinadas, las
      mediciones no implican una interacción entre entidades separadas;
      más bien, las entidades determinadas emergen de su intraacción.
      Introduzco el término “intraacción” en reconocimiento de su
      inseparabilidad ontológica, en contraste con la “interacción”
      habitual, que se basa en una metafísica del individualismo (en
      particular, la existencia previa de entidades separadamente
      determinadas). Un fenómeno es una intraacción específica de un
      “objeto” y las “agencias de medición”; el objeto y las agencias de
      medición emergen de la intraacción que los produce, en lugar de
      precederla. Por lo tanto, es crucial que entendamos los fenómenos
      no como objetos en sí mismos, ni como objetos percibidos (en el
      sentido kantiano o fenomenológico), sino como intraacciones
      específicas<xref ref-type="fn" rid="fn18">18</xref>.</p>
    </disp-quote>
    <p>Si aplicamos la différance a la física cuántica a través de la
    intra-acción, podríamos decir que la materia no es estable ni se
    presenta completamente, sino que es diferida y relacional. No hay
    una sustancia preexistente, sino una identidad que se forma en el
    entrelazamiento con otros fenómenos. Pues «la agencia es una
    cuestión de intraacción; es una puesta en acto, no algo que alguien
    o algo posee. La agencia no puede designarse como un atributo de
    sujetos u objetos (ya que no preexisten como tales). La agencia
    consiste en realizar cambios iterativos en prácticas particulares
    mediante la dinámica de la
    intraactividad»<xref ref-type="fn" rid="fn19">19</xref>.</p>
    <p>Esta concepción relacional y performativa de la identidad y la
    agencia tiene importantes implicaciones no solo para el modo en el
    que entendemos lo que existe, sino también en lo que refiere al
    tiempo y la causalidad. Si las entidades son emergencias diferidas
    que surgen en redes intraactivas, entonces también debemos
    reconsiderar nuestra comprensión tradicional del tiempo y la
    causalidad como estructuras lineales. Es precisamente aquí donde la
    différance derridiana, como movimiento simultáneo de diferir y
    diferenciar, vuelve a cobrar relevancia al permitirnos repensar el
    tiempo y la causalidad desde la perspectiva de la indeterminación y
    el diferimiento.</p>
  </sec>
  <sec id="tiempo-y-causalidad-diferimiento-e-indeterminacion">
    <title>4.2. Tiempo y causalidad: Diferimiento e
    indeterminación</title>
    <p>La différance en Derrida es un doble movimiento: diferir
    (posponer) y diferenciar (ser diferente). Esto introduce una
    temporalidad dislocada: el significado nunca está completamente
    presente porque siempre está desplazado en una red de diferencias
    donde el espaciamiento y la temporización son cruciales.</p>
    <p>Sobre ambas cuestiones Derrida afirma:</p>
    <disp-quote>
      <p>El espaciamiento no designa nada, nada que sea, ninguna
      presencia a distancia; es el índice de un afuera irreductible, y
      al mismo tiempo de un movimiento, de un desplazamiento que indica
      una alteridad irreductible [...] Este movimiento es inseparable de
      la temporización- temporalización (cf. “La différance”) y de la
      différance, de los conflictos de fuerzas que</p>
      <p>están allí en marcha. Marca lo que separa de sí, interrumpe
      toda identidad consigo, todo recogimiento puntual sobre sí mismo,
      toda homogeneidad consigo, toda interioridad en sí [...]
      Espaciamiento significa también la imposibilidad de reducir la
      cadena a uno de sus eslabones o de privilegiar en ella en absoluto
      uno –u otro–<xref ref-type="fn" rid="fn20">20</xref>.</p>
    </disp-quote>
    <p>Así vemos cómo a lo que da lugar el espaciamiento no es otra
    forma de presencia, sino una relación con un afuera, con otro, con
    una alteridad irreductible, inclusive si se refiere al interior de
    uno mismo. En el movimiento del espaciamiento se potencia la
    divisibilidad de la marca, lo que da lugar a la grieta que relaciona
    cualquier identidad consigo misma, impidiendo desde el principio que
    exista ninguna homogeneidad, ninguna reunión tranquilizadora.</p>
    <p>Derrida no habla de lugares ni de nombres propios, ya que todo
    nombre, todo sujeto y toda identidad están continuamente divididos,
    en escisión y en continua divisibilidad por el espaciamiento. De
    acuerdo con esto la différance no podrá ser considerada como un
    nombre, ya que se disloca sin cesar en una cadena de sustituciones
    que difieren. «El uno no es más que el otro diferido, el uno
    diferente del otro. El uno es el otro en différance, el uno es la
    différance del otro»<xref ref-type="fn" rid="fn21">21</xref>, con lo
    que se insiste en la relación con la alteridad, con aquello que
    viene desde un afuera y con lo que tengo ya siempre cierta relación
    introducida por el movimiento de la différance.</p>
    <p>Barad introduce una idea similar al analizar la indeterminación
    cuántica. En la física clásica, se presupone que la causalidad sigue
    un orden lineal, donde un evento anterior determina uno posterior.
    En la mecánica cuántica, sin embargo, el pasado y el futuro pueden
    estar entrelazados, enredados, y afectar el presente de manera no
    lineal. Para Barad, el tiempo no es un flujo uniforme, sino que se
    pliega sobre sí mismo en configuraciones complejas. En este sentido,
    explora los experimentos de borrado cuántico, donde la información
    sobre el pasado de una partícula puede ser “borrada” después de que
    el evento haya ocurrido, cambiando su manifestación en el presente.
    Si seguimos las implicaciones de este fenómeno, no se puede
    considerar el pasado como algo fijo, sino asumir que el pasado y el
    futuro están intraactivamente
    entrelazados<xref ref-type="fn" rid="fn22">22</xref>, lo que
    refuerza la idea derridiana de que el tiempo está “fuera de quicio”
    (out of joint)<xref ref-type="fn" rid="fn23">23</xref>.</p>
    <p>Podríamos decir que, en Derrida, el significado nunca es
    completamente presente porque está diferido en el tiempo, es decir,
    el pasado no puede estar cerrado y, por tanto, la “historia” debe
    ser entendida como un proceso de continua reinscripción. En Barad la
    materia nunca tiene una identidad fija porque está entrelazada con
    configuraciones espacio-temporales no lineales, lo que la lleva a
    afirmar que la materia misma es espectral, siempre susceptible de
    ser reconfigurada<xref ref-type="fn" rid="fn24">24</xref>.</p>
  </sec>
  <sec id="la-materialidad-del-significado-y-el-significado-de-la-materia">
    <title>4.3. La materialidad del significado y el significado de la
    materia</title>
    <p>Derrida ha sido criticado por centrarse en el lenguaje sin
    abordar la materialidad<xref ref-type="fn" rid="fn25">25</xref>, lo
    que tiene en cuenta Barad cuando sostiene que su noción de
    intraacción amplía la</p>
    <p>différance al incorporar la
    materialidad<xref ref-type="fn" rid="fn26">26</xref>. Para Barad, no
    solo el lenguaje se desplaza y diferencia, sino que la materia misma
    es un proceso de diferenciación
    continua<xref ref-type="fn" rid="fn27">27</xref>.</p>
    <p>Por ello se puede decir que Barad piensa la différance en
    términos ontológicos, donde «la materia no se refiere a una
    sustancia fija; más bien, la materia es sustancia en su devenir
    intraactivo: no una cosa, sino un hacer, una solidificación de la
    agencia»<xref ref-type="fn" rid="fn28">28</xref>. Aquí Barad se
    manifiesta como una pensadora posthumanista, afirmando que su
    trabajo evita las implicaciones antirrealistas, mientras ofrece «una
    objetividad rehabilitada: una objetividad que se basa, curiosamente,
    en principios de incertidumbre, paradoja y rareza
    cuántica»<xref ref-type="fn" rid="fn29">29</xref>.</p>
    <p>Para poder sostener ontológicamente su posicionamiento, examina
    la filosofía de la física de Bohr y su noción de complementariedad,
    que sostiene que las propiedades de las partículas dependen del
    contexto experimental. Bohr sostiene que los conceptos físicos no
    pueden entenderse fuera de los aparatos de medición que los
    determinan<xref ref-type="fn" rid="fn30">30</xref>. Para Barad, en
    todo caso,</p>
    <p>los fenómenos no solo marcan la inseparabilidad epistemológica de
    “observador” y “observado”; más bien, los fenómenos son la
    inseparabilidad ontológica de las “agencias” intraactuantes. Es
    decir, los fenómenos son enredos ontológicos. Cabe destacar que, en
    mi explicación, los fenómenos no son meros artificios de
    laboratorio. Los fenómenos son la base de una nueva ontología. Los
    fenómenos son lo que se observa en los laboratorios, pero son más
    que eso: son las unidades básicas de la
    existencia<xref ref-type="fn" rid="fn31">31</xref></p>
    <p>Aquí Barad resalta la conexión con Derrida, pues, al igual que en
    la deconstrucción el significado de un texto nunca es fijo sino que
    depende de su relación con otros textos, en la física cuántica la
    identidad de una partícula no es fija, sino que emerge de su
    intraacción con el aparato de medición. La materialidad y el
    significado están entrelazados, enredados, en lo que Barad llama
    spacetime-mattering<xref ref-type="fn" rid="fn32">32</xref>, algo
    así como una materiación espacio-temporal, donde la materia en su
    dinamismo [mattering] es lo que realmente importa
    [matters]<xref ref-type="fn" rid="fn33">33</xref>.</p>
    <p>Otra consecuencia de este enfoque es que el significado y la
    inteligibilidad no son algo propio y exclusivo de lo humano, como
    resalta habitualmente toda crítica posthumanista a los
    planteamientos dualistas y dicotómicos. Para Barad, muy en sintonía
    con el planteamiento,</p>
    <disp-quote>
      <p>el significado no es una propiedad de palabras individuales o
      grupos de palabras, sino una representación continua del mundo en
      su danza diferencial de inteligibilidad e ininteligibilidad. En su
      intraactividad causal, una parte del mundo se delimita y se
      apropia de forma determinada en su inteligibilidad emergente para
      otra parte del mundo, mientras que las cuestiones, posibilidades e
      imposibilidades vitales se reconfiguran. [...] La inteligibilidad
      es una actuación ontológica del mundo en su articulación continua.
      No es una característica dependiente del ser humano, sino un rasgo
      del mundo en su devenir diferencial. El mundo se articula de
      manera diferente<xref ref-type="fn" rid="fn34">34</xref>.</p>
    </disp-quote>
    <p>Esta ampliación baradiana de la inteligibilidad más allá de lo
    humano tiene implicaciones profundas, pues permite pensar que la
    materialidad misma funciona según una lógica espectral y diferencial
    que no se reduce a la tradicional dicotomía presencia/ausencia.
    Precisamente aquí se revela otra resonancia entre Barad y Derrida,
    pues si la inteligibilidad y la materia se conciben en términos de
    emergencia relacional, abierta y diferencial, también pueden
    entenderse desde la lógica espectral de la fantología derridiana.
    Esta conexión nos lleva a plantearnos una pregunta clave.</p>
  </sec>
  <sec id="puede-haber-una-fantologia-cuantica">
    <title>4.4. ¿Puede haber una fantología cuántica?</title>
    <p>El motivo derridiano de la fantología propone asumir que vivir es
    tratar con los espectros, entidades que no son reductibles a la
    dicotomía entre presencia y ausencia. Desde la perspectiva
    baradiana, especialmente mediante la noción de discontinuidad
    cuántica, los fenómenos físicos también habitan una zona espectral,
    donde la realidad material nunca está completamente determinada,
    sino que permanece abierta, indeterminada y en superposiciones
    intraactivas. ¿Podría entonces pensarse una fantología cuántica, una
    cuasi-ontología que conciba la materia misma en términos espectrales
    y diferidos?</p>
    <p>La fantología cuántica implicaría pensar la realidad tecnológica,
    como la inteligencia artificial, desde su constitución espectral, es
    decir, interpretar los algoritmos y las redes neuronales, en cuanto
    método de IA, como algo que nunca está totalmente presente ni son
    realmente estables, sino que operan en todo caso como si fuesen
    fenómenos-espectro, cuya agencia, efectos y responsabilidades
    permanecen siempre diferidas y desplazadas en redes, que Barad
    denominaría intraactivas. Esta perspectiva permitiría, por tanto,
    desarrollar una crítica profunda de la lógica tradicional de control
    y dominio tecnológico por parte de la agencia humana, reconociendo
    que nuestra relación con la IA está siempre mediada por formas de
    presencia espectral que exigen nuevas maneras de pensar la realidad,
    junto a nuevos desarrollos éticos de responsabilidad
    tecnológica.</p>
    <p>Ahora bien, para comprender plenamente cómo podría articularse
    una fantología cuántica en relación con la inteligencia artificial,
    resulta indispensable profundizar en otro concepto clave en Derrida,
    a saber, la huella. Este motivo, profundamente ligado a la
    différance y a la espectralidad, puede aportar una base filosófica
    que nos ayude a pensar cómo la realidad material y tecnológica se
    inscribe y reinscribe continuamente de forma diferencial y
    espectral. Al conectar la huella derridiana con la perspectiva
    cuántica de Barad, podremos plantear de manera más precisa una
    ontología relacional que no solo cuestione profundamente las
    concepciones tradicionales del significado y la identidad, sino que
    además permita desarrollar una crítica más afinada y radical de las
    tecnologías digitales y algorítmicas contemporáneas.</p>
  </sec>
</sec>
<sec id="la-huella-difractiva-hacia-una-ontologia-cuantica">
  <title>5. La huella difractiva: hacia una ontología cuántica</title>
  <p>La noción de huella en Derrida es una de las figuras fundamentales
  de su obra, estrechamente ligada a la différance. La huella implica
  que ningún significado o entidad se presenta de manera plena, sino que
  está estructuralmente diferida y depende de la inscripción de
  ausencias y presencias en una red de
  relaciones<xref ref-type="fn" rid="fn35">35</xref>. Como vimos, la
  intraacción de Barad permite una manera de pensar las relaciones sin
  entidades preexistentes, donde los fenómenos emergen en el acto mismo
  en el que se da la intraacción. Si vinculamos ambas nociones,
  podríamos reformular la idea de huella desde una perspectiva
  posthumana y cuántica, en la que la huella no solo se inscribe en el
  lenguaje y el pensamiento, sino en la materia misma.</p>
  <p>Pues en la visión metafísica tradicional, la identidad de un ser o
  de un concepto se piensa como algo que puede presentarse de manera
  plena, autosuficiente y fija. Derrida, en cambio, al introducir la
  noción de huella, muestra que toda identidad depende de su relación
  con algo que la precede y la excede.</p>
  <p>De aquí que la huella sea un motivo fecundo para el tratamiento del
  fantasma, pues la huella siempre es huella (de lo) que no puede nunca
  presentarse. Siempre difiriendo, la marca no está nunca como tal en
  presentación de sí. Se borra al presentarse, como la a de différance
  al escribirse. No es, por tanto, una presencia, sino un simulacro de
  una presencia que se disloca, se desplaza, se repite, no tiene
  propiamente lugar, el borrarse pertenece a su propia estructura. La
  huella impide que haya presencia, pero tampoco es un concepto, es más
  bien «lo que no se deja resumir en la simplicidad de un presente [...]
  si la huella remite a un pasado absoluto, nos obliga a pensar un
  pasado que no se puede comprender ya en la forma de la presencia
  modificada, como un
  presente-pasado»<xref ref-type="fn" rid="fn36">36</xref>.</p>
  <p>La huella es una inscripción diferencial, pues no hay significado
  estable sin la diferencia con otros significados; es un rastro de
  ausencia, ya que en ella la presencia nunca es total, porque está
  estructurada por lo que ya no está o aún no ha llegado. Por último, es
  diferimiento, la identidad nunca está plenamente constituida, sino que
  se pospone en un juego infinito de remisiones. En este sentido, la
  huella es una forma de espectralidad, ya que está ahí, pero no está
  plenamente presente. Señala algo que ya pasó, pero que sigue actuando,
  dejando efectos y secuelas. En palabras de Derrida,</p>
  <disp-quote>
    <p>La huella es en efecto el origen absoluto del sentido en general.
    Lo que equivale, de nuevo, a que no hay un origen absoluto del
    sentido en general. La huella es la différance que abre el aparecer
    de la significación. Articulando lo vivo sobre lo no-vivo en
    general, origen de toda repetición, origen de la idealidad, ella no
    es más ideal que real, más inteligible que sensible, ni una
    significación transparente ni una energía opaca y ningún concepto de
    la metafísica puede
    describirla<xref ref-type="fn" rid="fn37">37</xref>.</p>
  </disp-quote>
  <p>En sintonía con lo anterior, la teoría de Barad no asume la
  existencia de objetos o identidades predefinidas antes de su relación
  con otros. Eso es lo que nos dice su noción de intraacción. Desde esta
  perspectiva, pues, no hay entidades fijas que dejen huellas, sino que
  la identidad misma es un proceso de diferenciación material.</p>
  <p>Además, como ya hemos visto, la relación precede a la entidad, de
  la misma manera que en Derrida el significado no está presente en sí
  mismo, sino que depende de su inscripción en una red de huellas. Por
  ello, si asumimos el reto de intentar construir una ontología
  cuántica, esta afirmaría que el mundo material es un proceso de
  inscripción difractiva, donde los fenómenos no se reflejan sino que se
  transforman mutuamente.</p>
  <p>Aplicando este enfoque a la huella de la que se ocupa Derrida,
  podríamos decir que la huella no es solamente un motivo relevante en
  el cuestionamiento de la metafísica de la presencia sino un fenómeno
  físico-material en el que la realidad misma –no solo los significados
  de los conceptos– se inscribe y reinscribe continuamente. Si
  combinamos ambas ideas, podemos pensar una reformulación de huella en
  términos de intraacción. En lugar de ser un rastro de algo que estuvo
  pero ya no está, la huella se convierte en un fenómeno dinámico donde
  la presencia y la ausencia están intraactivamente entrelazadas. Un
  buen ejemplo de esto, utilizado en numerosas ocasiones por Barad, es
  el entrelazamiento cuántico<xref ref-type="fn" rid="fn38">38</xref>.
  Según este, dos partículas pueden estar correlacionadas sin importar
  la distancia que las separe, de manera que lo que ocurre en una afecta
  a la otra instantáneamente. Desde la perspectiva de la huella, esto
  significa que la inscripción no es algo fijo en un solo punto del
  espacio- tiempo, sino un proceso de diferenciación distribuida.</p>
  <p>De esta manera, la huella sería una difracción material donde cada
  fenómeno deja rastros que no son simplemente representaciones de un
  pasado, sino reconfiguraciones activas de lo que puede llegar a ser.
  En lugar de una diferencia entre presencia y ausencia, habría un
  entrelazamiento o enredo material donde lo que fue y lo que será
  coexisten en formas no lineales. Es decir, el pasado no está dado de
  antemano, sino que se reinscribe en cada intraacción, de la misma
  manera que en la mecánica cuántica el pasado puede ser modificado por
  una medición en el presente<xref ref-type="fn" rid="fn39">39</xref>.
  Desde esta perspectiva, hay una huella difractiva que se entrelaza y
  enreda en el presente y el futuro, lo que abre nuevos planteamientos
  para ayudar a pensar la memoria, la identidad y la justicia no como
  entidades fijas, sino como procesos entrelazados en el tiempo y la
  materia.</p>
  <p><bold>6. Implicaciones éticas y políticas para la inteligencia
  artificial</bold></p>
  <sec id="responsabilidad-intra-activa-y-justicia-espectral">
    <title>6.1. Responsabilidad intra-activa y justicia
    espectral</title>
    <p>Si la huella no es un simple rastro pasivo de lo que ha sido,
    sino un fenómeno intraactivo que reconfigura el presente y el
    futuro, esto tiene profundas implicaciones para la ética y la
    política. Asimismo, si la intraacción y la différance comparten una
    lógica de indeterminación, esto tiene consecuencias éticas y
    políticas.</p>
    <p>Cuando Derrida trata el tema de la justicia, afirma que esta solo
    acontece, no se somete a cálculo, es de un orden radicalmente otro a
    la esfera de la legalidad en la que nos movemos. En Espectros de
    Marx, la caracteriza como out of joint, desquiciamiento,
    dislocación, corte, separación, ruptura, adikía,
    desarticulación,</p>
    <p>desajuste, heterogeneidad, disyunción, disimetría infinita,
    Unfug, discordia, aus den Fugen, anacronía y “justa
    apertura”<xref ref-type="fn" rid="fn40">40</xref>.</p>
    <p>Por su parte, Barad propone una responsabilidad [response-able]
    entrelazada, enredada, donde los sujetos no pueden actuar como
    entidades autónomas, sino que están siempre involucrados en redes de
    relaciones. Por ello su concepción ética no puede basarse en
    individuos fijos, sino en una red dinámica de afectaciones
    mutuas.</p>
    <disp-quote>
      <p>Todos los cuerpos, incluyendo, entre otros, los cuerpos
      humanos, llegan a la materia a través de la intraactividad
      iterativa del mundo: su performatividad. [...] La naturaleza misma
      de la materialidad es… Enredo. La materia misma siempre está
      abierta, o más bien entrelazada, con el «Otro». Las «partes» de
      los fenómenos que emergen intraactivamente están coconstituidas
      [...]. Esto es tan cierto para los electrones como para las
      ofiuras, y para el ser humano [...] Nosotros (pero no solo
      “nosotros, los humanos”) somos siempre responsables ante los demás
      con quienes nos entrelazamos, no por intención consciente, sino a
      través de los diversos entrelazamientos ontológicos que conlleva
      la materialidad. Lo que está al otro lado del corte agencial no
      está separado de nosotros [...]. Por lo tanto, la ética no trata
      de la respuesta correcta a un otro radicalmente exteriorizado,
      sino de la responsabilidad y la rendición de cuentas por las
      dinámicas relacionales del devenir de las que formamos
      parte<xref ref-type="fn" rid="fn41">41</xref>.</p>
    </disp-quote>
    <p>Desde esta posición, Barad argumenta que es exigible una nueva
    concepción de la justicia, pues no se trata solo de corregir errores
    del pasado, sino de reconocer la apertura ontológica del futuro. La
    ciencia y la política deben responder no solo ante lo que está
    presente, sino ante lo que ha sido excluido o reprimido. Es decir,
    existe una responsabilidad hacia lo que no está presente. Para
    Derrida, la justicia implica responder a los espectros del
    pasado<xref ref-type="fn" rid="fn42">42</xref>. Para Barad, la ética
    científica debe reconocer la indeterminación del mundo y su apertura
    a lo que aún no ha llegado a ser, pues la ética consiste en ser
    responsables [response-able] de la forma en que creamos el mundo y
    considerar los efectos que nuestros procesos de creación de
    conocimiento tienen en el
    mundo<xref ref-type="fn" rid="fn43">43</xref>.</p>
    <p>Esta concepción de justicia y responsabilidad tiene implicaciones
    particularmente relevantes en el ámbito tecnológico contemporáneo.
    Si asumimos que la historia y la memoria no son fijas, sino
    fenómenos abiertos que se reinscriben continuamente en cada
    intraacción, entonces resulta imprescindible reconsiderar
    críticamente cómo operan estas reinscripciones en los sistemas
    digitales actuales. Especialmente en el contexto de la inteligencia
    artificial y los datos digitales, necesitamos analizar cómo estos
    procesos técnicos materializan y afectan directamente nuestra
    relación ética y política con el pasado, el presente y el futuro,
    tarea que intentaremos hacer a continuación.</p>
  </sec>
  <sec id="huellas-intra-activas-y-datos-digitales">
    <title>6.2. Huellas intra-activas y datos digitales</title>
    <p>La noción de huella difractiva planteada a partir de Derrida y
    Barad ofrece una perspectiva que puede ayudar a pensar la IA y los
    datos digitales diferencialmente.</p>
    <p>En la visión tradicional, el concepto de huella digital ha sido
    tratado en términos de archivos, almacenamiento y rastros de
    información dejados por los usuarios. Sin embargo, si aplicamos la
    noción de intraacción, podríamos pensar los datos digitales no solo
    como registros pasivos, sino como fenómenos entrelazados que se
    reconfiguran activamente a partir de las interacciones de los
    usuarios con los Modelos Lingüísticos.</p>
    <p>Este análisis sugiere una nueva ontología digital basada en la
    intraacción y la différance, donde la inteligencia artificial y los
    datos no son meros depósitos de información, sino sistemas dinámicos
    en constante reinscripción.</p>
    <sec id="del-archivo-digital-a-la-ia-como-materializacion-espectral">
      <title>6.2.1. Del archivo digital a la IA como materialización
      espectral</title>
      <p>Tal y como mencionamos anteriormente, la teoría clásica del
      archivo, tanto en filosofía como en informática, tiende a concebir
      los datos digitales como registros estáticos de eventos pasados.
      Derrida, en Mal de archivo, ya problematizaba esta noción al
      mostrar que el archivo nunca es neutral, pues no solo conserva,
      sino que también excluye, selecciona y reinscribe el pasado. De
      hecho, para Derrida,</p>
      <disp-quote>
        <p>el archivo [...] no solamente es el lugar de almacenamiento y
        conservación de un contenido archivable pasado que existiría de
        todos modos sin él, tal y como aún se cree que fue o que habrá
        sido. No, la estructura técnica del archivo archivante determina
        asimismo la estructura del contenido archivable en su surgir
        mismo y en su relación con el porvenir. La archivación produce,
        tanto como registra, el
        acontecimiento<xref ref-type="fn" rid="fn44">44</xref>.</p>
      </disp-quote>
      <p>Si a esta concepción le añadimos los matices que se sugieren
      desde la noción de intraacción, el archivo digital ya no sería un
      conglomerado que selecciona una serie de registros, y los almacena
      como fijos, sino un fenómeno difractivo en el que los datos se
      reconfiguran con cada acceso. En este sentido, los datos no
      preexisten a su uso, pues no hay una huella digital estable
      esperando ser recuperada, sino que cada acceso a los datos es una
      nueva configuración de la información, en tanto los Modelos
      Lingüísticos se modifican a sí mismos en función de los datos que
      reciben<xref ref-type="fn" rid="fn45">45</xref>. Del mismo modo,
      en línea con lo anterior, podría considerarse que el pasado
      digital es reescribible, ya que si el pasado no está fijado, como
      sucede en los experimentos de borrado cuántico, en el mundo
      digital los datos podrían ser modificados retrospectivamente, en
      función de nuevos reentrenamientos de los modelos. Esto
      convertiría también a la identidad digital en algo intraactivo,
      pues en ningún caso seríamos sujetos con una identidad predefinida
      en el espacio digital, preexistente a él, sino que nuestra
      presencia online emerge cada vez como algo diferido y desplazado
      en cada intraacción con la IA.</p>
      <p>Vimos cómo Derrida sostiene que el significado nunca está
      presente en sí mismo, sino que se diferencia y se pospone en una
      red de relaciones. En la IA, podemos observar un fenómeno similar
      en el funcionamiento de los modelos de lenguaje y aprendizaje
      profundo. Pues un modelo de IA no “almacena” significados fijos,
      sino que opera calculando probabilidades de significado en función
      del contexto<xref ref-type="fn" rid="fn46">46</xref>.</p>
      <p>Cada vez que una IA responde a una consulta, el significado no
      está presente de antemano, sino que es generado en el mismo acto
      en el que hay intraacción. Por ello, la información digital no es
      simplemente recuperada, sino reconfigurada en tiempo real por los
      algoritmos de recomendación, búsqueda y generación de
      contenido.</p>
      <p>En este sentido, autores como Privato y
      Magnusson<xref ref-type="fn" rid="fn47">47</xref> proponen un
      marco fantológico amplio para analizar la IA creativa, afirmando
      que tiene un potencial fantológico inherente. Identifican
      distintos “fantasmas” alrededor de la IA: algunos metafóricos, por
      ejemplo, la incógnita de quién crea realmente cuando un modelo
      genera contenido, otros ligados al trabajo humano oculto tras los
      sistemas –los ghost workers– y otros emergentes como leyendas
      virales en la web. Este texto introduce el concepto de método
      fantológico, entendiendo la investigación de IA como un proceso de
      “hacer sentido” de sus disyunciones espectrales. Este enfoque
      puede respaldar la idea de que la IA debe analizarse no solo en
      términos técnicos, sino también como fenómeno espectral, pues
      siempre arrastra ausencias, por ejemplo datos perdidos, trabajo
      invisibilizado o decisiones pasadas, que, de nuevo, recuerdan a la
      différance derridiana, la diferencia y alteridad que habita en
      todo presente.</p>
      <p>Desde esta perspectiva, por tanto, podríamos hablar de una
      différance digital, en la que la identidad y el significado en los
      sistemas de IA no están fijados, sino que emergen como efectos de
      un juego de diferencias algorítmicas.</p>
      <p>Por otra parte, en este contexto, la intraacción de Barad puede
      ayudarnos a entender que los sistemas de IA no operan simplemente
      como herramientas neutrales, sino que son intraactivos con los
      datos y los agentes que los utilizan. En este sentido, los
      algoritmos de IA no procesan simplemente datos preexistentes, sino
      que co-crean la realidad digital en cada relación. Por ello, las
      decisiones tomadas por la IA no son independientes del entorno
      social o técnico, sino que emergen de un entramado de relaciones
      que incluyen sesgos históricos, infraestructuras materiales y
      condiciones políticas<xref ref-type="fn" rid="fn48">48</xref>.
      Asimismo, es importante resaltar que la IA no solo “aprende” del
      pasado, sino que reinscribe el futuro al definir patrones que
      afectan las relaciones futuras. Por ejemplo, un algoritmo de
      reconocimiento facial no solo identifica rostros basándose en
      datos preexistentes, sino que modifica la forma en que ciertos
      cuerpos son registrados, aumentando o disminuyendo su visibilidad
      en función de cómo los datos son utilizados en cada
      interacción.</p>
      <p>Aquí la IA se comporta como una materialización espectral, pues
      no es una entidad con una presencia fija, sino un sistema enredado
      que produce efectos en cada intraacción con los datos y los
      usuarios. En este sentido, en línea con Nieubuurt, la IA no es un
      mero instrumento (“listo-para-usar”, que diría Heidegger) sino un
      co-agente que cohabita con nosotros. Y dicha asunción podría
      permitir ecologías emergentes más integradas. Al mismo tiempo,
      concebir las tecnologías avanzadas como cohabitantes transforma el
      paradigma hacia ontologías
      relacionales<xref ref-type="fn" rid="fn49">49</xref>.</p>
    </sec>
    <sec id="etica-y-politica-de-la-huella-digital-intra-activa">
      <title>6.2.2. Ética y política de la huella digital
      intra-activa</title>
      <p>Si la huella digital no es simplemente un registro pasivo del
      pasado, sino una intraacción que reconfigura el presente y el
      futuro, esto tiene profundas implicaciones</p>
      <p>éticas y políticas. En primer lugar, dado que las decisiones de
      la IA no son meramente reactivas sino generativas, la
      responsabilidad no puede limitarse a quienes programan los
      sistemas. Necesitamos un marco de responsabilidad difractiva,
      donde se reconozca que cada relación con la IA es una
      co-producción que afecta futuros desarrollos tecnológicos y
      sociales.</p>
      <p>En segundo lugar, si el pasado digital no está fijado y puede
      ser reescrito por nuevos algoritmos, ¿cómo garantizar que los
      sistemas de IA no reproduzcan injusticias históricas? Desde la
      fantología derridiana, podríamos pensar en una justicia digital
      espectral, que no solo corrija sesgos en los datos, sino que
      reconozca la apertura del pasado a nuevas reinscripciones. Por
      ejemplo, los sistemas de IA en procesos judiciales pueden ser
      modificados para mitigar sesgos raciales, pero esto no es
      simplemente un ajuste técnico, sino algo que implica reconocer que
      el pasado es algo que sigue activo en el presente y que puede ser
      reconfigurado.</p>
      <p>Por último, si la identidad digital no es fija, sino un efecto
      de intraacciones constantes, ¿qué significa ser un agente en la
      era de la IA? Desde Barad, podríamos pensar la identidad como una
      huella intraactiva, asumiendo que no somos simplemente usuarios de
      la tecnología, sino que nuestra subjetividad se co-produce con los
      algoritmos y las plataformas. Del mismo modo, asumiríamos que la
      memoria digital no es un archivo externo, sino un proceso de
      reinscripción que afecta a quiénes somos y a cómo nos relacionamos
      con el mundo. En este sentido, por ejemplo, la personalización
      extrema en redes sociales no solo nos muestra simplemente
      contenido afín, sino que modela nuestra identidad al reforzar
      ciertos patrones de pensamiento y comportamiento.</p>
      <p>Por tanto, si aplicamos la intraacción y la différance al mundo
      digital, podemos reformular nuestra comprensión de la IA y los
      datos no como entidades fijas, sino como fenómenos enredados en
      constante reinscripción. En este sentido, la huella digital no
      sería simplemente un registro del pasado, sino una huella
      intraactiva que reconfigura presente y futuro. Del mismo modo, la
      IA no sería un archivo de significados preexistentes, sino una
      différance algorítmica que produce sentido a partir de cada
      relación. Asimismo, la ética y la justicia digital deben reconocer
      la responsabilidad distribuida en la co-producción de los datos y
      sus efectos en la sociedad. Por último, en línea con todo lo
      anterior, podríamos hablar de una posthumanidad digital, donde la
      inteligencia y la identidad no son exclusivamente humanas, sino el
      resultado de relaciones intraactivas entre cuerpos, datos y
      algoritmos.</p>
    </sec>
  </sec>
</sec>
<sec id="conclusiones">
  <title>7. Conclusiones</title>
  <p>Las páginas precedentes no han buscado realizar un análisis técnico
  de la inteligencia artificial, ni elaborar una crítica inmediata de
  sus efectos sociales. En cambio, se ha intentado delinear un horizonte
  conceptual distinto, desde el cual pensar lo artificial, lo digital y
  lo inteligente sin recurrir a categorías heredadas del pensamiento
  moderno.</p>
  <p>Para ello, la yuxtaposición entre Derrida y Barad ha permitido
  esbozar una fantología cuántica –hecha de huellas, de espectros y de
  relaciones– que subvierte las nociones de presencia, origen y sujeto
  que aún sustentan muchas aproximaciones a la tecnología. La IA ha sido
  entendida aquí no como herramienta, sino como fenómeno intraactivo,
  como entrelazamiento espectral, como différance algorítmica.</p>
  <p>Sin embargo, este intento no pretende ofrecer una nueva teoría,
  sino abrir un espacio para pensar la IA desde una ontología crítica y
  relacional. Si la huella digital es difractiva, si los algoritmos
  participan en la inscripción del sentido, entonces es urgente repensar
  la agencia, la responsabilidad y la subjetividad en clave
  posthumana.</p>
  <p>Este texto no agota esas posibilidades. Solo espera haber trazado
  algunas coordenadas desde las cuales pensar una inteligencia
  artificial que, en lugar de repetir modelos humanos de decisión y
  sentido, nos confronte con la diferencia y la alteridad que la habitan
  desde su primera aparición.</p>
</sec>
</body>
<back>
<fn-group>
  <fn id="fn1">
    <label>1</label><p>Barad, K., “Quantum Entanglements and
    Hauntological Relations of Inheritance”, <italic>Derrida
    Today</italic>, 3 (2), 2010, p. 243. Todas las traducciones son
    responsabilidad del autor.</p>
  </fn>
  <fn id="fn2">
    <label>2</label><p>Derrida, J., <italic>Márgenes de la
    filosofía</italic>, Madrid, Cátedra, 1994, p. 43.</p>
  </fn>
  <fn id="fn3">
    <label>3</label><p><italic>Ibíd.</italic>, p. 100.</p>
  </fn>
  <fn id="fn4">
    <label>4</label><p>Barad, K., “Quantum Entanglements and
    Hauntological Relations of Inheritance”, <italic>op. cit.,</italic>
    pp. 248-249.</p>
  </fn>
  <fn id="fn5">
    <label>5</label><p>Derrida, J., <italic>Espectros de Marx</italic>,
    Madrid, Trotta, 1995, p. 20.</p>
  </fn>
  <fn id="fn6">
    <label>6</label><p><italic>Ibíd.,</italic> p. 24.</p>
  </fn>
  <fn id="fn7">
    <label>7</label><p>Derrida, J., <italic>Limited Inc.</italic>,
    París, Galilée, 1990, p. 82.</p>
  </fn>
  <fn id="fn8">
    <label>8</label><p>Barad, K., <italic>Meeting the Universe
    Halfway</italic>, Durham, Duke University Press, 2007, p. 33.</p>
  </fn>
  <fn id="fn9">
    <label>9</label><p><italic>Ibíd.,</italic> pp. 89-90.</p>
  </fn>
  <fn id="fn10">
    <label>10</label><p><italic>Ibíd.,</italic> p. 88.</p>
  </fn>
  <fn id="fn11">
    <label>11</label><p><italic>Ibíd.,</italic> p. 71.</p>
  </fn>
  <fn id="fn12">
    <label>12</label><p><italic>Ibíd.,</italic> p. 72.</p>
  </fn>
  <fn id="fn13">
    <label>13</label><p>Gamble, C.N.; Hanan, J.S.; Nail, T., “What is
    New Materialism?”, <italic>Angelaki</italic>, 24 (6), 2019, pp.
    111–134.</p>
  </fn>
  <fn id="fn14">
    <label>14</label><p>Barad, K., <italic>Meeting the Universe
    Halfway</italic>, <italic>op. cit.,</italic> p. 73.</p>
  </fn>
  <fn id="fn15">
    <label>15</label><p><italic>Ibíd.,</italic> pp. 139-140.</p>
  </fn>
  <fn id="fn16">
    <label>16</label><p><italic>Ibíd.,</italic> p. 207.</p>
  </fn>
  <fn id="fn17">
    <label>17</label><p>Barad, K., “Nature’s Queer Performativity”,
    <italic>Kvinder, Køn og Forskning</italic>, 1–2, 2012, p. 46.</p>
  </fn>
  <fn id="fn18">
    <label>18</label><p>Barad, K., <italic>Meeting the Universe
    Halfway</italic>, <italic>op. cit.,</italic> p. 128.</p>
  </fn>
  <fn id="fn19">
    <label>19</label><p><italic>Ibíd.,</italic> p. 214.</p>
  </fn>
  <fn id="fn20">
    <label>20</label><p>Derrida, J., <italic>Positions</italic>, París,
    Minuit, 1972, pp. 107-109.</p>
  </fn>
  <fn id="fn21">
    <label>21</label><p>Derrida, J., <italic>Márgenes de la filosofía,
    op. cit.,</italic> p. 54.</p>
  </fn>
  <fn id="fn22">
    <label>22</label><p>Barad, K., <italic>Meeting the Universe
    Halfway</italic>, <italic>op. cit.,</italic> pp. 310-317.</p>
  </fn>
  <fn id="fn23">
    <label>23</label><p>Derrida, J., <italic>Espectros de Marx, op.
    cit.,</italic> pp. 44-45.</p>
  </fn>
  <fn id="fn24">
    <label>24</label><p>Barad, K., “Quantum Entanglements and
    Hauntological Relations of Inheritance”, <italic>op. cit.,</italic>
    p. 268n11.</p>
  </fn>
  <fn id="fn25">
    <label>25</label><p>Sprinker, M. (ed.), <italic>Demarcaciones
    espectrales. En torno a Espectros de Marx, de Jacques
    Derrida</italic>, Madrid, Akal, 2002</p>
  </fn>
  <fn id="fn26">
    <label>26</label><p>Barad, K., “Quantum Entanglements and
    Hauntological Relations of Inheritance”, <italic>op. cit.,</italic>
    p. 265.</p>
  </fn>
  <fn id="fn27">
    <label>27</label><p>Tang, K.S.; Cooper, G., “The Role of Materiality
    in an Era of Generative Artificial Intelligence”, <italic>Science
    &amp; Education</italic>, 34, 2025, pp. 731–746.</p>
  </fn>
  <fn id="fn28">
    <label>28</label><p>Barad, K., “Posthumanist performativity: Toward
    an understanding of how matter comes to matter”,
    <italic>Signs</italic>, 28 (3), 2003, p. 822.</p>
  </fn>
  <fn id="fn29">
    <label>29</label><p>Hollin, G.; Forsyth, I.; Giraud, G.; Potts, T.,
    “(Dis)entangling Barad: materialisms and ethics”, <italic>Social
    Studies of Science</italic>, 47 (6), 2017, p. 923.</p>
  </fn>
  <fn id="fn30">
    <label>30</label><p>Barad, K., <italic>Meeting the Universe Halfway,
    op. cit.,</italic> pp. 153-154.</p>
  </fn>
  <fn id="fn31">
    <label>31</label><p><italic>Ibíd.,</italic> p. 333.</p>
  </fn>
  <fn id="fn32">
    <label>32</label><p><italic>Ibíd.,</italic> pp. 179ss.</p>
  </fn>
  <fn id="fn33">
    <label>33</label><p>Barad, K., <italic>Cuestión de materia</italic>,
    Barcelona, Holobionte, 2023, p. 12n1.</p>
  </fn>
  <fn id="fn34">
    <label>34</label><p><italic>Ibíd.,</italic> p. 149.</p>
  </fn>
  <fn id="fn35">
    <label>35</label><p>Derrida, J., <italic>De la
    grammatologie</italic>, París, Minuit, 1967, pp. 95-97.</p>
  </fn>
  <fn id="fn36">
    <label>36</label><p><italic>Ibíd.,</italic> p. 97.</p>
  </fn>
  <fn id="fn37">
    <label>37</label><p><italic>Ibíd.,</italic> p. 95.</p>
  </fn>
  <fn id="fn38">
    <label>38</label><p>Barad, K., <italic>Meeting the Universe Halfway,
    op. cit.,</italic> pp. 270ss.</p>
  </fn>
  <fn id="fn39">
    <label>39</label><p>Fischetti, N.B., “Feminismo neomaterialista:
    metodología difractiva en Karen Barad”, <italic>Estudios
    Posthumanos</italic>,</p>
    <p>21 (8), 2023, pp. 43–67.</p>
  </fn>
  <fn id="fn40">
    <label>40</label><p>Derrida, J., <italic>Espectros de Marx, op.
    cit.,</italic> p. 79.</p>
  </fn>
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