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        <journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Logos. Anales del Seminario de Metafísica</journal-title>
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      <issn-l>1988-3242</issn-l>
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        <publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
        <publisher-loc>España</publisher-loc>
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        <article-title>De rationali e vita excessu: Plotino y los estoicos sobre el suicidio</article-title>
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          <trans-title>De rationali e vita excessu: Plotinus and the stoics on suicide</trans-title>
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        <corresp id="cor1">Autor@s de correspondencia: Salvador Mas: <email>smas@fsof.uned.es</email></corresp>
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      <pub-date pub-type="epub" publication-format="electronic" iso-8601-date="2025-07-14">
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        <year>2025</year>
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      <volume>58</volume>
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      <abstract>
        <p>En el trasfondo del presente artículo se encuentra la exigencia platónica de huir de este mundo, pues los males están necesariamente ligados a la naturaleza mortal y a este mundo de aquí. ¿En qué medida puede considerarse este planteamiento como una invitación al suicidio, esto es, a separar el alma del cuerpo? Por una parte, investigo el planteamiento estoico, de acuerdo con el cual el suicidio está permitido, incluso puede ser una acción debida, en determinadas ocasiones. ¿Qué ocasiones? Dada la autarquía del sabio, dado que es capaz de soportar con entereza las situaciones más adversas, y pues la virtud es suficiente para la felicidad, nunca será razonable quitarse la vida porque la virtud nunca abandonará al sabio. O lo que es lo mismo: la teoría estoica del suicidio equivale a confesar que la vida feliz no puede darse al margen de (algunos) bienes corporales y externos. Dado que Plotino coincide con los estoicos en afirmar la autarquía del sabio, tiene también que rechazar su teoría del suicidio. En la segunda parte del artículo investigo si esto supone rechazarlo total y absolutamente. Analizo argumentos a favor y en contra, prestando especial atención a aquel que se detiene en la situación del sabio que con plena conciencia comienza a advertir que está perdiendo la conciencia.</p>
      </abstract>
      <trans-abstract xml:lang="en">
        <p>In the background of this article is the Platonic demand to flee from this world, since evil is necessarily related to mortal things and this world of ours. To what degree can this perspective be considered an invitation to commit suicide, that is, an invitation to separate the soul from the body? In the first part of this article I research the Stoic perspective, according to which suicide is considered permissible and under certain circumstance can even be the required course of action. Given that the wise man is self-sufficient and capable of enduring great adversity with fortitude, and given that virtue suffices for happiness, since virtue never abandons the wise, taking one’s life will never be reasonable. Or what amounts to the same thing: the stoic theory on suicide is the equivalent of admitting that a happy life cannot exist without (some) corporeal and external goods. Given that Plotinus agrees with the Stoics that the wise are self-sufficient, he too has to reject their theory of suicide. In the second part of this article. In the second part of this article, I research whether Plotinus rejects the Stoics’s theory of suicide totally and absolutely or not. I analyze arguments for and against, paying special attention to the one that focuses on the situation of the wise man, who fully consciously, begins to realize that he is losing consciousness.</p>
      </trans-abstract>
      <kwd-group>
        <kwd>suicidio</kwd>
        <kwd>muerte</kwd>
        <kwd>eúlogos exagôgê</kwd>
        <kwd>Plotino</kwd>
        <kwd>estoicos</kwd>
        <kwd>Axioco</kwd>
      </kwd-group>
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        <kwd>suicide</kwd>
        <kwd>death</kwd>
        <kwd>eúlogos exagôgê</kwd>
        <kwd>Plotinus</kwd>
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        <custom-meta>
          <meta-name>Sumario</meta-name>
          <meta-value>: 1. “Huir de acá”; 2. Eúlogos exagôgê: los estoicos; 3. Cleombroto y Axioco; 4. Plotino: argumentos a favor y en contra del suicidio; 5. Una situación particularmente compleja; 6. Referencias bibliográficas.<bold>Sumario</bold></meta-value>
        </custom-meta>
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          <meta-name>Cómo citar</meta-name>
          <meta-value>: Mas, S. (2025) “De rationali e vita excessu: Plotino y los estoicos sobre el suicidio”, en Logos. Anales del Seminario de Metafísica 58 (1), 73-90.<bold>Cómo citar</bold></meta-value>
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<sec id="huir-de-aca">
  <title><bold>1.</bold> “Huir de acá”</title>
  <p>En la Antigüedad hay una amplia tradición de elogios de la muerte.
  Recuérdese, por ejemplo, que Hesíodo no querría haber nacido entre los
  hombres de la quinta generación, “sino haber muerto antes o haber
  nacido después” (Trabajo y días 174175). El motivo también aparece en
  Baquílides 5, 160-162: “Para los mortales no haber nacido es lo mejor,
  y no haber visto la luz del
  sol”;<xref ref-type="fn" rid="fn1">1</xref> o en Teognis 425-428: lo
  mejor habría sido no haber nacido, pero dado que lo hemos hecho lo
  segundo mejor es traspasar lo antes posible las puertas del Hades.
  Sófocles se hace eco de estos versos en Edipo en Colono 1224-1227 y
  Cicerón recuerda a Alcidamente “que escribió un elogio de la muerte
  basado en la enumeración de los males humanos” (Tusc. I, 116).</p>
  <p>Asimismo en Tusculanas se refiere al cirenaico Hegesias, de acuerdo
  con el cual el sabio no se caracteriza por buscar el bien, sino por
  evitar el mal y la miseria. Hegesias, dice Cicerón, sostenía que la
  muerte nos separa de los males, no de los bienes y lo hacía “con tal
  abundancia de argumentos que, según se cuenta, el rey Ptolomeo le
  prohibió hablar de ello en las escuelas, pues muchos, oídas sus ideas,
  se daban muerte” (I, 83). Poco más adelante, en I, 84, señala que
  escribió un libro titulado Apokarterón (“El que se muere de hambre”),
  “porque cierto personaje que se estaba dejando morir de inanición es
  reanimado por los amigos, a quienes les contesta enumerándoles las
  desventajas de la vida
  humana”.<xref ref-type="fn" rid="fn2">2</xref>También podría
  ejemplificarse con la tragedia, donde tantos héroes y heroínas quieren
  la muerte por un sentimiento de vergüenza, en un sentido amplio: la
  sensación que tienen de ser considerados inadecuados ante los ojos de
  los demás y, por tanto, la vulneración del honor, no en la intimidad
  de la conciencia, sino
  públicamente.<xref ref-type="fn" rid="fn3">3</xref></p>
  <p>Estos y parecidos elogios de la muerte no son necesariamente una
  invitación al suicidio, pero sí plantean el problema de saber hasta
  qué punto es conveniente vivir, sobre todo para aquellos que no, o no
  solo, tienen en cuenta los males del cuerpo que, a fin de cuentas, son
  “indiferentes” para lo estoicos y que de acuerdo con Plotino no
  afectan al “verdadero yo”, sino al compuesto.</p>
  <p>Dado que Plotino considera que el verdadero fin del hombre es
  regresar al Padre,</p>
  <p>como Odiseo,<xref ref-type="fn" rid="fn4">4</xref> debe precisar la
  expresión “hay que huir de acá”, como hace, por ejemplo, en II, 3 [52]
  9, 19-24. La entrada del alma en un cuerpo supone enredarse con el mal
  y la necesidad natural y, en consecuencia, la obligación de liberarse.
  Plotino remite a Teeteto 176 a, donde Sócrates argumenta que los males
  no pueden desaparecer, pues es necesario que haya algo contrario al
  bien. Entre los dioses, continua, no hay males, pero estos “están
  necesariamente ligados a la naturaleza mortal y a este mundo de aquí”.
  La conclusión se impone: “es menester huir de él hacia allá con la
  mayor celeridad”. Ahora bien, la huida no pide la muerte (natural o
  voluntaria), pues consiste en algo que pide estar en vida: “hacerse
  uno tan semejante a la divinidad como sea posible, semejanza que se
  alcanza por medio de la inteligencia con la justicia y la piedad”.</p>
  <p>En el comentario de Plotino no hay ninguna referencia, al menos
  explícita, a la segunda parte de la argumentación de Sócrates, pues
  aquel (que ahora está investigando “el verdadero yo”) se limita a
  decir que huir es “separarse de los aditamentos y dejar de ser el
  compuesto animado en el que domina más bien la naturaleza del cuerpo
  que ha recibido un rastro del alma”. Dejar de ser tal compuesto
  implica, evidentemente, morir; de donde se sigue que la muerte no es
  un mal.<xref ref-type="fn" rid="fn5">5</xref> La separación del alma
  respecto del cuerpo no quiere decir que aquella se traslade
  espacialmente a otro lugar como precavidamente (“se dice”) parece
  sugerir Sócrates en Apología 40 c 8-9: la muerte es “un cambio de
  morada para el alma de este lugar de aquí a otro lugar”. El alma,
  explica Plotino en IV, 3 [27], 20, 10-15, no está en el cuerpo como en
  un lugar, tampoco “como en un vaso”. De aquí que la separación, ya lo
  indicaba más arriba, implique más bien un cambio de orientación que
  acontece gracias a la virtud.</p>
  <p>El alma se separa del cuerpo cuando ninguna de las partes de
  aquella está ligada con este “porque el cuerpo ya no puede tenerla
  ligada consigo pues no existe el vínculo armónico en cuya posesión
  poseía al alma”, se lee en tratado sobre el suicidio (6-7). La
  armoniosa relación de los distintos componentes del cuerpo permite que
  el alma permanezca atada al cuerpo. La muerte natural, no la buscada,
  disuelve esta armonía y entonces y solo entonces el alma se desata del
  cuerpo. De donde se sigue, al menos en principio, que el suicidio no
  es legítimo, pues es un malogrado intento de separar al alma con
  violencia: el suicida fracasa en liberar al alma de las cadenas del
  cuerpo, ya que se limita a “a pasar de un sueño a otro, como quien
  pasa de un lecho a otro” (III, 6 [26], 6, 72-74). Plotino parece
  sugerir que el suicida solo consigue separar local y espacialmente el
  alma del cuerpo, y la exhortación a separarse, insisto, no significa
  “separarse localmente”, sino desapegarse “absteniéndose de
  fantasmagorías y enajenándose del cuerpo” (V, 1 [10], 10, 24-27). Más
  adelante habrá que ver que las cosas son más complicadas de lo que
  sugiere esta primera aproximación. De momento vayamos al Fedón, pues a
  este diálogo acuden quienes</p>
  <p>defienden que Plotino condena radical y absolutamente el suicidio,
  pasando por alto, como entre otros recuerda
  Harder,<xref ref-type="fn" rid="fn6">6</xref> que la posición de
  Platón es compleja y matizada.</p>
  <p>En Fedón 114 d-115 a se lee que el hombre, tras haber adornado su
  alma con adornos propios de ella (la prudencia, el valor, la libertad
  y la verdad) “aguarda el viaje al Hades, como dispuesto a marchar en
  cuanto el destino lo llame”. Tal es la conclusión de un largo diálogo
  que había comenzado en 61 c, donde Sócrates afirma que aunque el
  filósofo desea morir, no es lícito hacerse violencia a uno mismo. En
  61 e Simmias (pues había estudiado con Filolao) expone el punto de
  vista pitagórico, a saber, prohibición absoluta del suicido. A
  continuación (62 b-c), Sócrates matiza esta posición: dado que los
  dioses cuidan de nosotros, y puesto que somos posesión suya, no es
  lícito suicidarse “hasta que el dios nos envíe una ocasión
  forzosa”.<xref ref-type="fn" rid="fn7">7</xref> O sea: la prohibición
  no es absoluta o, más bien, solo lo es hasta el momento en el que los
  dioses den alguna señal, como la que recibió el mismo Sócrates. En
  esta circunstancia y solo en ella el suicidio no es una opción, pues
  es necesario.<xref ref-type="fn" rid="fn8">8</xref> El problema,
  obviamente, será determinar cuál es esa señal y cómo
  interpretarla.</p>
  <p>La posición de Platón es compleja y matizada. Ya lo había dicho en
  Fedón 62 c: la afirmación de que los hombres estamos en una prisión y
  de que, sin embargo, “no debe uno liberarse a sí mismo, ni escapar de
  esta es un aserto solemne y difícil de comprender”. Plotino, como
  habrá que ver, coincide.</p>
  <p>“La vida del malo es renqueante”, se lee en Timeo 44 c 2-3: “Pero
  cuando uno se descuida y lleva una forma de vida coja, como un no
  iniciado e insensato, retorna al Hades”. La palabra “vida” se dice de
  muchas maneras y por lo que ahora importa</p>
  <p>de dos: hay una vida superior, en la que el alma se identifica, o
  se manifiesta, con la Inteligencia; y una vida, solo corpórea, que lo
  es en un sentido meramente biológico. Esta vida, en realidad, es una
  forma de muerte y en ella no se encuentra la felicidad: “La felicidad
  se origina en una especie distinta de vida”, dice Plotino en I, 4
  [46], 3, 17 y en I, 6 [1], 5, 34-36 recuerda que el alma encarnada
  está “amalgamada con el mal en abundancia” y no goza “de una vida y de
  una percepción límpidas”. Los cojos del alma, por decirlo con Platón,
  aunque biológicamente vivos, están en realidad muertos: “retornan al
  Hades”. ¿Por qué, entonces, no abandonar libre y voluntariamente esta
  vida meramente biológica e ir a esa otra donde se encuentra la
  verdadera felicidad?</p>
</sec>
<sec id="eulogos-exagoge-los-estoicos">
  <title><bold>2.</bold> Eúlogos exagôgê: los estoicos</title>
  <p>Puede que exagôgê (“salida”, “fin”, “acabamiento”…) sea un
  eufemismo introducido por Antístenes para designar la muerte libre y
  voluntariamente elegida; y puede que los estoicos acuñaran el sintagma
  eúlogos exagôgê para racionalizar o sistematizar el punto de vista
  cínico sobre el suicidio.<xref ref-type="fn" rid="fn9">9</xref> Y
  Plotino titula a su tratado sobre el suicidio (I, 9 [16]) Perí eulógou
  exagôgês: “Sobre la salida por buenas razones”.</p>
  <p>Los estoicos exigían que debe actuarse de acuerdo con la virtud,
  esto es, en consonancia con el Lógos universal que todo lo rige: solo
  esto es bueno y actuar en contra de la virtud es malo. Todo lo demás
  es indiferente, si bien hay indiferentes preferibles. Por ejemplo, la
  salud y la riqueza (y en general todos los bienes primarios conforme a
  la naturaleza), aunque en sentido estricto no tienen valor moral, son
  preferibles: el sabio las prefiere a la enfermedad y la pobreza.
  Correspondientemente, debe distinguirse entre acciones debidas y
  acciones solo adecuadas. Y pues solo la virtud es el patrón de medida
  moral absoluto, deberá concluirse que el mero hecho biológico de vivir
  o morir es, decía, algo indiferente. En este contexto general deben
  situarse las tesis estoicas sobre la eúlogos exagôgê. Y aquí nos
  encontramos con el problema de siempre: la escasez de fuentes, que por
  lo demás suelen ser tardías.<xref ref-type="fn" rid="fn10">10</xref>
  En todo caso, cabe, en general, aventurar lo siguiente.</p>
  <p>El suicidio es una posibilidad abierta para todos los
  humanos.<xref ref-type="fn" rid="fn11">11</xref> El problema está en
  saber sí el suicida, con su acto, actúa o no en consonancia con ese
  Lógos divino que desea que actuemos de acuerdo con la razón, que
  realicemos elecciones racionales, y en determinadas circunstancias la
  razón exige despedirse de la vida voluntariamente: en determinadas
  circunstancias el suicidio es la más racional elección que cabe
  realizar y, en consecuencia, es una acción debida. Los estoicos, por
  así decirlo, internalizan la “necesidad divina” de Sócrates y la
  convierten en un dictado de la razón humana: la razón nos dice que en
  determinadas situaciones ya no cabe vivir</p>
  <p>felizmente (es decir, de acuerdo con la
  naturaleza).<xref ref-type="fn" rid="fn12">12</xref> En tales
  circunstancias, para quien sea racional, el suicidio es una acción
  total y perfectamente debida (téleion kathêkon). Nótese que en sentido
  estricto no está en juego el acto mismo del suicidio (a fin de
  cuentas, algo moralmente indiferente), sino la intención moral con la
  que se lleva a cabo. Y dado que solo el sabio es capaz de escuchar y
  obedecer los dictados del Lógos únicamente su suicidio será una
  eúlogos exagôgê. El del resto de los mortales será, en el mejor de los
  casos, una acción solo adecuada. Como señala Hirzel, la influencia
  cínica distancia a los estoicos de Platón: lo que para este era, en
  todo caso, algo permitido bajo condiciones de estricta necesidad, se
  convierte en estos en un deber que atestigua la absoluta libertad del
  sabio.<xref ref-type="fn" rid="fn13">13</xref></p>
  <p>¿Qué circunstancias hacen que el suicidio sea una eúlogos exagôgê?
  De acuerdo con los estoicos, informa Diógenes Laercio, el sabio podrá
  suicidarse, según razón, por la patria y por los amigos, también si
  padece dolores muy agudos, mutilaciones o enfermedades incurables
  (VII, 130 = SVF III, 757). Según el testimonio de
  Elías<xref ref-type="fn" rid="fn14">14</xref> (Prol. 6, 14, 15-15, 22
  = SVF III, 768), los estoicos comparaban la vida con un banquete en el
  que se deleita el alma y los motivos que autorizan interrumpirlo
  permiten también privarse “razonablemente” (y, por tanto, también de
  manera justificada o, al menos, disculpable) de la vida. Los motivos o
  circunstancias son cinco:</p>
  <list list-type="order">
    <list-item>
      <p>Por una gran necesidad que sobreviene de pronto, es decir,
      explica Elías, porque así lo exige un dios. Por ejemplo: el demón
      de Sócrates ordenándole que siga en la cárcel y beba la
      cicuta.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>Porque alguien irrumpe en plena fiesta con intenciones
      obscenas: porque uno, obligado por un tirano, se ve obligado a
      realizar actos malvados.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>Porque los alimentos servidos están en malas condiciones o son
      malsanos: por padecer una grave enfermedad que no admite curación.
      Tal incurable enfermedad impide que el alma haga un uso
      instrumental del cuerpo.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>Por escasez de alimentos: por la pobreza.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>Porque los comensales están embriagados: por locura, porque se
      advierte que se pierde la razón y el entendimiento. La locura, en
      efecto, es una especie de embriaguez debida a causas
      naturales.</p>
    </list-item>
  </list>
  <p>Todo lo anterior es muy ambiguo ¿Por qué y para qué habría de
  quitarse la vida un individuo capaz de resistir los crueles tormentos
  de toro de Falaris?<xref ref-type="fn" rid="fn15">15</xref> Si, como
  dice Séneca, vivire milatare est (Ep. 96, 5), cabrá suponer que el
  sabio será capaz de superar todos los reveses de la fortuna, incluidos
  los cinco apuntados en el texto de Elías o los que él mismo señala a
  lo largo de la carta 70, dedicada a “las causas</p>
  <p>que pueden justificar el suicidio”, o en la 77, sobre la “entereza
  necesaria para el
  suicidio”.<xref ref-type="fn" rid="fn16">16</xref></p>
  <p>Alejandro de Afrodisia ya vio la dificultad y, en consecuencia,
  consideró inconsistentes las tesis estoicas sobre el suicidio (De An.
  168, 1-8 y 11-12 = SVF III,
  764).<xref ref-type="fn" rid="fn17">17</xref> Si, como dicen los
  estoicos, la virtud es suficiente para la felicidad nunca será
  razonable quitarse la vida, porque la virtud nunca abandonará al
  sabio. Concluye que la teoría estoica del suicidio equivale a confesar
  que la vida feliz no puede darse al margen de (algunos) bienes
  corporales y externos.<xref ref-type="fn" rid="fn18">18</xref> En
  conclusión: hay algo equivocado o bien en la justificación estoica de
  algunos suicidios o bien en su teoría de la felicidad: hay que admitir
  que para la felicidad son necesarios algunos bienes externos y, en
  consecuencia, por decirlo con San Agustín, que piensa en Catón, los
  estoicos deben “humillar su orgullosa cerviz” y reconocer que el sabio
  no es completamente autárquico, pues estos bienes dependen en gran
  medida de la fortuna.<xref ref-type="fn" rid="fn19">19</xref></p>
</sec>
<sec id="cleombroto-y-axioco">
  <title><bold>3.</bold> Cleombroto y Axioco</title>
  <p>Dado que Plotino coincide con los estoicos en afirmar la autarquía
  del sabio, solo queda rechazar la teoría estoica del suicidio, es
  decir, los cinco motivos más arriba citados. ¿Quiere esto decir que
  prohíbe total y absolutamente el suicidio?</p>
  <p>Elías, que menciona un (supuesto) tratado de Plotino sobre esta
  cuestión, responde afirmativamente: en su monobiblon acerca de la
  “salida razonable”, Plotino rechaza los cinco motivos estoicos.
  Plotino, continua Elías, sostiene que el dios no cesa nunca de dejar
  de sernos providencial y añade que somos nosotros los que nos hacemos
  inadecuados y pensamos que el dios está lejos de nosotros cuando en
  realidad está presente por igual para todos. Continúa su argumentación
  con una comparación con</p>
  <p>el sol y los murciélagos: aquel dispensa su luz por igual sobre
  todos, pero estos, incapaces de recibirla, se alejan de ella y no son
  iluminados, creyendo que el sol es oscuridad y no la fuente de la luz.
  Del mismo modo, los filósofos deben imitar al dios y al sol, no
  desatendiendo su cuerpo por cuidar de su alma, sino custodiándolo de
  una manera adecuada, hasta que este se vuelva inútil y se separe del
  alma. Por tal motivo, así concluye el texto de Elías, es absurdo y
  erróneo “salir” antes de tiempo, o sea, antes de que se disuelva
  naturalmente la ligazón entre el cuerpo y el alma (Proleg. 6, 15,
  23-16, 2).<xref ref-type="fn" rid="fn20">20</xref></p>
  <p>Este argumento en contra del suicidio se lee en el contexto general
  de una discusión sobre la definición platónica de la filosofía como
  “entrenamiento para la muerte”. Más en concreto, pocas líneas antes
  del informe contra el suicidio, Elías se refiere a Cleombroto, el
  cual, leyendo el Fedón, se dio muerte porque pensó que Platón incitaba
  al suicidio. Con toda probabilidad se trata de una referencia a unos
  versos de Calímaco (23 Pfeiffer = AP VII,
  471).<xref ref-type="fn" rid="fn21">21</xref> El epigrama, también
  recordado por Cicerón (Tusc. I, 84), consta de dos dísticos: en el
  primero se nos informa de que Cleombroto de Ambracia se arrojó,
  diciendo “Sol, adiós”, desde un alto muro hasta dar directamente en el
  Hades; en el segundo, de sus motivos: no se suicidó porque hubiera
  visto o vivido algo espantoso, sino porque había leído a Platón. Una
  situación similar se plantea en el
  Axioco.<xref ref-type="fn" rid="fn22">22</xref></p>
  <p>Axíoco, padre de Clinias y tío de Alcibíades, está gravemente
  enfermo y teme la llegada de la muerte. En esta tesitura, Clinias
  recurre a Sócrates, que acude gustoso junto al enfermo que por suerte
  ha recuperado algunas fuerzas y, por tanto, puede dialogar. Las
  primeras palabras de Axioco son para lamentar su triste destino.
  Sócrates, por su parte, intenta convencerlo de que la muerte no es de
  temer, sino algo deseable. En primer lugar, argumenta que la muerte
  supone abandonar todos los males que en este mundo acechan a los
  hombres: al que muere, una vez muerto, no puede sucederle nada, por la
  sencilla razón de que el muerto ya no existe: “el cuerpo que</p>
  <p>resta, hecho de tierra y sin razón, ya no es el hombre”, y poco más
  adelante: “como si murieras para vivir de nuevo y no para transitar
  hacia una completa insensibilidad, la misma que antes del nacimiento”
  (365 d), dice Sócrates con tonalidades epicúreas y concluye “que
  abandonar la existencia es cambiar un mal por un bien”. Pregunta
  entonces Axíoco: “Entonces, Sócrates, si piensas que la vida es un
  mal, ¿por qué permaneces en ella? Especialmente tú, que eres un
  pensador (phronistês) y que sobrepasas en inteligencia a la mayoría de
  nosotros” (366 b).</p>
  <p>En la segunda parte del diálogo, Sócrates argumenta que el alma es
  inmortal y que, tras la muerte, a los hombres justos y piadosos les
  aguarda una existencia mejor. Axíoco queda convencido (“Tan lejos
  estoy de sentir miedo ante la muerte que incluso ya ardo en deseo de
  ella”): “ya menosprecio la vida, puesto que voy a partir a una mejor
  residencia” (372 a). Axíoco no es consciente de que ha solucionado un
  problema (ha obtenido consuelo) al precio de plantear otro; podría, en
  efecto, decir: “Si, me has convencido y, además, he leído el Fedón
  donde se dice que los filósofos de verdad se esfuerzan en “la
  liberación y la separación del alma del cuerpo” (67 d), ¿por qué,
  entonces, no acelerar la partida ‘hacia una mejor residencia’”? O
  bien, y regresando a Plotino: “he quedado convencido, hay que regresar
  al Padre, ¿por qué, entonces, escribes un tratado repleto de buenas
  razones en contra del suicidio?”</p>
  <p>El problema, pues, se complica: por una parte, el ya señalado de la
  legitimidad del suicidio; por otra, los posibles o supuestos efectos
  legitimadores que a este respecto pueda tener la filosofía, tanto la
  estoica como la plotiniana.</p>
</sec>
<sec id="plotino-argumentos-a-favor-y-en-contra-del-suicidio">
  <title><bold>4.</bold> Plotino: argumentos a favor y en contra del
  suicidio</title>
  <p>El tratado plotiniano sobre el suicidio (I, 9 [16]) comienza con
  las siguientes palabras: “No liberarás el alma con violencia, pues no
  escapará: saldrá llevándose algo corporal, solo así podrá salir”. En
  estas palabras puede haber una referencia a los Oráculos Caldeos
  (frgs. 158 y 166 des Places).<xref ref-type="fn" rid="fn23">23</xref>
  En todo caso, la tonalidad órfico-pitagórica parece obvia. Continua
  Plotino: “‘salir’ es trasladarse a otro lugar. Debes aguardar a que el
  cuerpo se separe totalmente del alma y, entonces, ella ya no necesita
  cambiar de lugar, sino que está totalmente fuera.” (1-4) O sea, hay
  que aguardar a la muerte natural: “el alma no sale, sino que aguarda a
  que sea el cuerpo el que se marche, con lo que ella queda fuera
  automáticamente”, explica Jesús
  Igal.<xref ref-type="fn" rid="fn24">24</xref> Como dice Platón en
  Fedón 62 a, aun en los casos en los que sería mejor estar muerto que
  vivo (los cinco señalados por Elías, por ejemplo) es impío darse la
  muerte a uno mismo: hay que “aguardar a otro benefactor”; algo más
  adelante, en e 2, se lee la expresión “escapar irreflexivamente”.
  Regresemos a Plotino: “¿Y qué pasaría si alguien contribuyera a
  liberarse a sí mismo del cuerpo?”, pregunta un objetor o un discípulo
  en I, 9 [16], 8.<xref ref-type="fn" rid="fn25">25</xref></p>
  <p>Para un materialista, por ejemplo para un epicúreo, la muerte es
  privación de sensación y nada puede sucederle a quien, por estar
  muerto, ya nada siente. Si, como es el caso en Plotino, se considera
  que hay vida y alma después de la muerte, esta será un bien, por la
  sencilla razón de que el alma realiza mejor sus funciones sin el
  estorbo del cuerpo. Todo o mucho depende de la vida llevada mientras
  se está en la vida biológica, pues no es lo mismo la muerte para los
  virtuosos que para los malvados. Pero dejemos esta cuestión a un lado
  pues nos lleva a la interpretación alegórica del Hades y limitémonos a
  señalar que el problema de fondo que subyace al planteamiento
  plotiniano: ¿Es la encarnación un mal intrínseco? ¿Tienen razón los
  gnósticos?<xref ref-type="fn" rid="fn26">26</xref> Puede pensarse, en
  efecto, que el hombre encarnado no está en el exilio, sino en una
  misión, la de no vivir la vida del compuesto (es decir, vivir una vida
  en un sentido meramente biológico), sino vivir en esta vida
  transcendiéndola, o sea, de acuerdo con la virtud, porque de esta
  forma ya no se vive la vida del compuesto, “sino que está ya
  separándose de él”. ¿Por qué entonces, insisto, no acelerar, mediante
  el suicidio, la separación? Dado que el cosmos, dice Plotino en contra
  de los gnósticos, es “una especie de mansión hermosa y variada que no
  se desconectó de su Hacedor” (IV, 3 [27], 9, 29-30), hay que quedarse:
  “nuestro deber es quedarnos mientras tengamos cuerpo, en casas
  edificadas por un Alma hermana y buena dotada de una gran potencia
  para crear sin esfuerzo” (II, 9 [33], 18, 14-17). Aunque como ya
  sabemos la muerte sea un bien y la vida meramente biológica un mal, no
  es eúlogon quitarse la vida porque quien lo hace “actúa hechizado” se
  lee en IV, 4 [28], 44, 23 en el contexto de una investigación sobre
  influencia de la magia en el hombre: la magia actúa en las partes más
  bajas del alma del hombre de acción, pero no en el hombre
  contemplativo.</p>
  <p>El suicida, dice Plotino en I, 9 [16], 9-10, emplea la violencia y
  se aleja de cuerpo, pero no libera el alma; además, se trata de un
  acto pasional, llevado a cabo “con angustia o inquietud o ira; y no
  debe actuarse así”. Es decir, el suicida abandona el cuerpo llevándose
  consigo una disposición pasional (y, en consecuencia, irracional) que
  hace que el alma siga vinculada de algún modo con el cuerpo, lo cual,
  obvio es decirlo, tiene importantes consecuencias en las futuras
  reencarnaciones,<xref ref-type="fn" rid="fn27">27</xref> pues como se
  explica en IV, 3 [27], 12, 35-13, 5,</p>
  <disp-quote>
    <p>…cada alma desciende en cada caso al tipo de cuerpo que le está
    preparado por la similitud de su disposición; desciende, en efecto,
    a aquello que se le asemeja: unas, a un hombre, otras, a diferentes
    tipos animales. Así pues, la ineluctabilidad de la justicia que
    radica en la naturaleza obliga a cada alma particular a ir, por
    orden, a aquel cuerpo que viene a ser una imagen del modelo
    correspondiente a la elección y disposición originaria.</p>
  </disp-quote>
  <p>El suicida, al y por estar dominado por las pasiones, tiene, decía,
  una mala disposición moral y, en consecuencia, elige mal: elige, en
  efecto, quitarse la vida. Cabe suponer, pues, que se reencarnará en
  alguna bestia particularmente repugnante, tal vez en un animal
  salvaje, pues quienes viven solo por la sensación, “si sus sensaciones
  iban acompañadas de iracundia”, renacen de esta manera (cfr. III, 4,
  [15], 2, 16-39).</p>
  <p>Epicteto, no obstante defender el suicidio en algunas
  circunstancias, advierte contra esos jóvenes que saben de su
  parentesco con los dioses e igualmente que el cuerpo es carga y
  atadura. Estos jóvenes, acaso tras haber leído a Platón, dirían:
  “Epícteto, ya no soportamos estar atados a este mísero cuerpo y
  alimentarlo y darle de beber y andar a vueltas con él por unas cosas y
  otras. ¿Verdad que somos parientes de la divinidad y que procedemos de
  ella? Déjanos que vayamos al sitio del que vinimos y que nos veamos
  libres de una vez de estas ligaduras que nos atan y nos abruman”.
  Responde Epícteto: “Hombres, esperad a la divinidad. Cuando ella os de
  la señal (sêmaínô) u os libere de este servicio, entonces id hacia
  ella en libertad;<xref ref-type="fn" rid="fn28">28</xref> pero, de
  momento, soportad vivir en este lugar al que os
  destinó”.<xref ref-type="fn" rid="fn29">29</xref> Y concluye:
  “¡Quedaos, no os vayáis sin razón!” (Disertaciones I, 9, 11-17). De
  donde se sigue que puede haber alguna razón para “irse”. Estamos en un
  contexto próximo al del Plotino.</p>
  <p>En I, 4 [46] 7 Plotino investiga si cabe la felicidad en medio de
  enormes desgracias. Responde lo que ya sabemos: que, en realidad,
  tales infortunios no afectan al verdadero yo. De todos modos, en 33-34
  hay una referencia a Iliada IX, 43 que parece justificar el suicidio:
  “bien a la mano tienes un camino de salida, si no hay posibilidad de
  ser feliz”. En el siguiente capítulo de este mismo tratado (6-13) un
  discípulo pregunta a Plotino como sigue: “¿Y si deja de estar
  consciente o el dolor se prolonga agudizándose hasta hacerse violento
  sin ser no obstante mortal?” Plotino responde que el sabio (spoudaios)
  deliberará qué hacer (tì chrê poiein bouleúsetai), pues aún en medio
  de los dolores no se pierde la capacidad de tomar decisiones (tò
  autedsoúsion). En todo caso, las experiencias dolorosas, tanto propias
  como ajenas, “en ningún caso las ve el sabio con los mismos ojos que
  los demás y en ningún caso le llegan hasta dentro” (I, 4 [46], 8,
  10-11). Y viceversa: el sabio experimenta “placeres” que no pueden
  serle arrebatados ni aun sometido a las más crueles torturas (pues el
  “verdadero yo” no puede ser
  torturado).<xref ref-type="fn" rid="fn30">30</xref></p>
  <p>A favor del suicidio también podría citarse I, 4 [46], 16, 17-21,
  donde se investiga la felicidad del sabio: el sabio es feliz, en la
  medida en que se pueda serlo en este mundo y en la medida en que se
  está acoplado con un cuerpo, que no le ha sido “dado en vano” (ou
  mátên) (I, 4 [46], 16, 27). El sabio da al hombre terrenal lo que este
  necesita: no desprecia su cuerpo, lo cuida instrumentalmente (y se
  sirve de él), como un músico hace con su lira, es decir, lo
  “instrumentaliza” para convertirlo en una herramienta de su progreso
  moral. El sabio, pues, “concede al yo terrenal lo que este necesita y
  él puede darle; pero él mismo es diferente, nada puede impedirle
  abandonar este cuerpo terrenal y lo abandonará cuando llegue la hora
  señalada por la naturaleza, pero él mismo es dueño de decidir”.
  ¿Decidir qué y cuándo? Plotino parece sugerir que no es lícito el
  suicidio, al menos en tanto que el cuerpo pueda satisfacer tal función
  instrumental. ¿Qué hacer cuando el cuerpo, por ejemplo por estar
  gravemente deteriorado, ya no puede satisfacerla?</p>
  <p>Estos dos textos ponen en relación el suicidio con la infelicidad:
  el primero con la infelicidad del hombre común que se ve agobiado por
  múltiples desgracias; el segundo con la del sabio que siente que ya no
  puede utilizar su cuerpo como herramienta de progreso moral. El
  tratado I, 4 [46], “Sobre la felicidad”, fue escrito durante los
  primeros tiempos de la estancia de Porfirio en Sicilia (Vita 6, 1-5),
  es decir, poco después de su deseo de suicidarse (Vita 11, 12-17).
  Dado que las cosas de acá abajo son insignificantes en comparación con
  de las de Allá arriba, dice Plotino, debe creerse que “la muerte es
  preferible a la vida con el cuerpo” (I, 4 [46], 7, 31-32). Algo más
  adelante puede leerse la comparación del cuerpo con una lira:</p>
  <disp-quote>
    <p>Por él velará y con él se avendrá, mientras pueda, como el músico
    con su lira mientras pueda servirse de ella. Pero si no, la cambiará
    por otra o prescindirá de los servicios de la lira y se abstendrá de
    tañer la lira, ocupándose de otra cosa sin la lira, que yacerá
    olvidada cerca de él, mientras él canta sin instrumentos. Mas no por
    eso le dieron en balde, ya desde el principio, ese instrumento, pues
    ya se ha servido de él muchas veces. (I, 4 [46], 16, 24-27)</p>
  </disp-quote>
  <p>W. R. Inge considera que este texto puede interpretarse como una
  justificación del suicidio en algunas circunstancias; una posición,
  pues, próxima a la de los
  estoicos.<xref ref-type="fn" rid="fn31">31</xref> J. M. Rist entiende
  que esta conclusión es errónea. Plotino se limita a decir que nada le
  impide al alma abandonar el cuerpo y que ella tiene la autoridad para
  decidir si hacerlo o no. Es decir, el alma puede decidir a favor y en
  contra del suicidio. El problema es entonces, continúa Rist, qué
  decisión tomará el alma buena y esta siempre se decidirá en contra del
  suicidio.<xref ref-type="fn" rid="fn32">32</xref> ¿Qué quiere decir
  “prescindir de la lira” y “cantar sin instrumentos”? Si la lira se
  vuelve permanente y seriamente disfuncional, el sabio prescinde de
  ella y canta sin instrumentos.<xref ref-type="fn" rid="fn33">33</xref>
  El problema, de nuevo, no está solucionado: ¿en qué casos o
  situaciones la lira se torna permanente y seriamente disfuncional?
  <xref ref-type="fn" rid="fn34">34</xref> ¿En los cinco señalados por
  Elías? Armstrong</p>
  <p>considera que, en general, Plotino rechaza el suicidio, si bien lo
  admite “en casos de desesperada
  necesidad”<xref ref-type="fn" rid="fn35">35</xref> ¿Qué caso, o casos,
  en concreto? Armstrong entiende que una enfermedad extremadamente
  dolorosa, la locura y, probablemente, el ser obligado a realizar
  acciones inmorales, es decir, tres de los motivos aducidos por
  Elías.</p>
</sec>
<sec id="una-situacion-particularmente-compleja">
  <title><bold>5.</bold> Una situación particularmente compleja</title>
  <p>Regresemos a I, 9 [16], a ese pasaje en el que habla un adversario
  o, tal vez mejor, un oyente o discípulo que ha comprendido y aceptado
  la tesis de que huir no es morir biológicamente. A lo largo de todo el
  tratado, Plotino se esfuerza, al menos, en desaconsejar el suicidio, y
  con buenas razones, pero ¿qué sucede, pregunta el mentado discípulo,
  si el sabio “advirtiera que comienza a declinar”? Ahora no están en
  juego graves y dolorosísimas enfermedades físicas, tampoco
  adversidades materiales; así lo sugiere la palabra que emplea Plotino,
  lêréô, que significa, en efecto, como bien traduce Jesús Igal,
  “declinar”, pero que también puede verterse de una manera, digamos,
  más gráfica: “desbarrar”, “decir tonterías”, incluso “chochear”.
  Nótese: no se trata ahora de que el sabio sufra un repentino ataque de
  locura (o sea víctima de “melancolía”, como según Eunapio de Sardes le
  pasó a Porfirio), cosa impensable en su caso, sino de que con plena
  conciencia comienza a darse cuenta de que está perdiendo la
  conciencia. Por decirlo modificando ligeramente el quinto motivo de
  Elías: todavía no está embriagado, pero sabe que si continúa en el
  banquete acabará borracho perdido. Estamos ante una especie de sorites
  existencial: en cualquier continuo de decrecimiento o acrecentamiento
  (en nuestro caso de acrecentamiento del proceso de pérdida de las
  facultades mentales) no cabe señalar de manera inequívoca el punto en
  el que el más se convierte en menos o el menos en más. El sabio se
  percata de que, de momento, puede adelantar en virtud; pero también de
  que no solo llegará un momento en el que ya no pueda, sino (lo que es
  más grave y decisivo), de que llegará uno en el que no se dará cuenta
  de si podrá o no podrá adelantar en
  virtud.<xref ref-type="fn" rid="fn36">36</xref></p>
  <p>En el caso del deseo de Porfirio de suicidarse (Vita 11), Plotino
  pudo fácilmente disuadirlo porque su discípulo no se encontraba en la
  grave situación descrita en las líneas anteriores, pues su deseo fue
  fruto de un momento de
  depresión.<xref ref-type="fn" rid="fn37">37</xref> En el caso de
  graves dolencias físicas, de máxima pobreza o de las desgracias de
  Príamo,</p>
  <p>Plotino, como ya sabemos, puede argumentar que no se ve afectado el
  “verdadero yo”, pero en el del sabio que comienza a perder la cabeza
  está en juego el “verdadero yo” o, al menos, algo que se le parece
  mucho. Recuérdese I, 4 [46], 8, 6-13: incluso en medio de atroces y
  prolongados dolores, el sabio no pierde la capacidad de tomar
  decisiones; en el caso que ahora nos ocupa sí la pierde o, con mayor
  exactitud, advierte que llegará un momento en el que la perderá.
  Recuérdese igualmente I, 4 [46], 16, 24-27: en la situación que ahora
  interesa el sabio advierte (insisto: con plena, pero provisional,
  conciencia) que la lira habrá de volverse permanente y seriamente
  disfuncional. El tratado sobre el suicidio finaliza con las siguientes
  palabras: “no hay que quitarse la vida en tanto que quepa progresar”.
  En el caso que ahora importa el sabio advierte que llegará un momento
  en el que, lejos de poder progresar o de tener esperanza de poder
  hacerlo, incluso podría llegar a convertirse en un ser más próximo al
  reino vegetal que al humano. Tal situación, además, la del sabio que
  advierte que pierde progresivamente la lucidez, puede ser fácilmente
  interpretada como una “señal”.</p>
  <p>Responde Plotino: no es fácil que esto le suceda al sabio
  (spoudaios). Ahora bien, de que no sea fácil no se sigue que sea
  imposible, como sostenían los estoicos (cfr., por ejemplo, SVF I, 216
  y III, 570).<xref ref-type="fn" rid="fn38">38</xref> Si le sucediera,
  el suicido, entonces, “es una de esas cosas ineluctables por las que
  uno debe decidirse bajo ciertas circunstancias y no sin
  más”.<xref ref-type="fn" rid="fn39">39</xref> Y luego añade: “Y tal
  vez la ingesta de veneno para hacer salir al alma fuera del cuerpo no
  sea provechosa para el alma”. No sé cómo interpretar esta frase ¿Cómo
  una recomendación a no suicidarse de esta manera? Es un método
  inseguro: una dosis elevada puede causar enormes sufrimientos y una
  pequeña no produce el efecto
  deseado.<xref ref-type="fn" rid="fn40">40</xref> En todo caso,
  recuérdese que Sócrates se suicidó ingiriendo cicuta, detalle este que
  Plotino no podía desconocer. Y continúa: “Además, si el tiempo dado a
  cada uno está fijado por el destino (heimarménos chrónos), no hay
  ventaja alguna en adelantarlo con el suicidio, a no ser, decía, en
  caso de necesidad”. ¿Supone esto (en contra de lo dicho por Elias) un
  caso en el que el suicidio está justificado?</p>
  <p>Jesús Igal titula al tratado I, 9 [16] “Sobre el suicidio”. En
  griego, como ya recordaba, dice: Perí eulógou exagôgês; literalmente:
  “Sobre la salida por buenas razones”. En Vita 24, 34 Porfirio da este
  otro título: Peri tês ek tou biou eulogou exagôgês: “Sobre el salir de
  la vida por buenas razones”. Ambos títulos sugieren, o pueden sugerir,
  que Plotino no está hablando en general contra el suicidio, sino
  contra las razones, supuestamente buenas, que los estoicos daban a
  favor de él en algunas situaciones. Recuérdese que ni en griego ni en
  latín existe la palabra “suicidio”. Los griegos solían decir hekousios
  thanatos y los latinos mors
  voluntaria.<xref ref-type="fn" rid="fn41">41</xref> Ambas</p>
  <p>expresiones (u otras similares) sugieren lo mismo: una muerte que
  no acontece por factores externos (naturales o violentos), sino
  querida por uno mismo, deseada libre y voluntariamente.</p>
  <p>Quien esté grave e incurablemente enfermo físicamente (o viva en la
  máxima pobreza, o sufra las desgracias de Príamo, o tema verse
  obligado a realizar acciones
  innobles)<xref ref-type="fn" rid="fn42">42</xref> puede decidir libre
  y voluntariamente si quiere o no quitarse la vida. Y si decide que sí,
  Plotino diría, como ya sabemos, que estamos ante un acto pasional que,
  además, no separa el alma del cuerpo y que tiene graves consecuencias:
  el suicida no escapa de los castigos del Hades. El caso del sabio que
  se percata de que va perdiendo la cabeza es diferente, pues en tal
  circunstancia, como dice los textos más arriba citados, el suicidio
  puede ser “necesario” y si es necesario, no es voluntario, pues
  “objeto de la voluntad es más bien el que ni siquiera tengamos
  necesidad de tal evitación” (I, 4 [46], 6, 19-24). Es decir,
  difícilmente puede hablarse de suicidio razonable porque en esta
  situación no hay alternativa digna de ser elegida.</p>
  <p>*</p>
  <p>K.McGroarty sugiere que la enfermedad final de Plotino fue decisiva
  en su cambio de posición: de la prohibición absoluta a la admisión de
  alguna excepción.<xref ref-type="fn" rid="fn43">43</xref> Porfirio nos
  informa de que Plotino, ya gravemente enfermo, se negó a tomar
  medicamentos, lo cual no significa necesariamente una invitación al
  suicidio pasivo. Euree Song aventura que si hubiera sido más joven
  nada habría tenido en contra del uso de fármacos (siempre que hubieran
  sido de origen animal).<xref ref-type="fn" rid="fn44">44</xref> La
  descripción de la muerte de Plotino (en el 269/270, a la edad de 66
  años) que ofrece Porfirio (Vita 2, 1-23) sugiere la de un hombre, ya
  anciano y gravemente enfermo, que se niega a utilizar medios que
  prolonguen inútilmente una vida ya
  consumada.<xref ref-type="fn" rid="fn45">45</xref> Porfirio es
  contenido: se refiere a una peste, a unas anginas y a una progresiva
  agudización de la enfermedad: “con la irritación de la garganta perdió
  la claridad y sonoridad de su voz, nublósele la vista y llagáronsele
  las manos y los pies”. La descripción de Mateo Fírmico (Mathesis I, 7,
  20-21, 24, 8-23)<xref ref-type="fn" rid="fn46">46</xref> es mucho más
  teatral: “una infección maligna que, acechando bajo su piel, se
  extendió por todo su cuerpo” … “debilitado por la sangre envenenada,
  enrojecía y se marchitaba”…”día a día la enfermedad progresaba y
  consumía poco a poco sus órganos internos” … “hoy veías una parte de
  su cuerpo en buenas condiciones y mañana deformada por la enconada
  enfermedad” …·Su cuerpo se desintegraba, perdía su forma”. Los
  estudiosos de Plotino suelen dar</p>
  <p>poca credibilidad a esta descripción. Pero su teatralidad, la
  delectación en los detalles morbosos, está en función de lo que Mateo
  Fírmico dice a continuación: “Dentro de este cuerpo moribundo, solo
  quedaba una cosa en vida: el intelecto”. Plotino podía pensar, en
  efecto, que su grave enfermedad no afectaba a su “verdadero yo”, al
  igual que al verdaderamente sabio (que no es el estoico) no le afectan
  las desgracias de Príamo o el suplicio del toro de Falaris.</p>
  <p>Plotino no perdió la cabeza. Murió de una grave enfermedad
  contagiosa: lepra o tuberculosis:
  <xref ref-type="fn" rid="fn47">47</xref> “sus amigos evitaban su
  encuentro porque tenía la costumbre de saludar a todos con un beso”
  (Vita 2, 10-24). Tal vez abrigara un sentimiento de soledad o
  abandono.<xref ref-type="fn" rid="fn48">48</xref> En todo caso, vio el
  problema, pero tuvo la gran suerte de no tener que decidirse. Plotino,
  decía, nunca perdió la capacidad de contemplar, pero concibió la
  posibilidad. De aquí su ambigüedad sobre el
  suicidio.<xref ref-type="fn" rid="fn49">49</xref></p>
</sec>
</body>
<back>
<fn-group>
  <fn id="fn1">
    <label>1</label><p>Recuérdese, sin embargo, que el poeta continua
    como sigue: “Pero, ya que en nada aprovecha lamentarse por ello, es
    preciso hablar de lo que realmente ha de cumplirse”.</p>
  </fn>
  <fn id="fn2">
    <label>2</label><p>Cfr. también Plutarco, <italic>Sobre el amor a la
    prole</italic> 497 d: “Hegesias con su dialéctica persuadió a muchos
    oyentes a dejarse morir de hambre”.</p>
  </fn>
  <fn id="fn3">
    <label>3</label><p>En Sófocles el motivo es obsesivo. Ajax,
    Antígona, Euridice, Hemón, Deyanira y Yocasta se suicidan, lo
    intentan Electra y Filoctetes; Electra y Edipo quieren suicidarse,
    si bien el coro los disuade. Rudolf Hirzel aventura que el mismo
    Sófocles tenía tendencias suicidas y entiende que es uno de los
    motivos preferidos de Eurípides (<italic>Der Selbstmord = Archiv für
    Religionswissenschaft</italic> 11, Leipzig, 1908, reimp. Darmstadt:
    Wissenschaftliche Buchgesellschaft, 1966, pp. 19-20 [94-95] y 21-22
    [95-96]). Sobre el suicidio en la tragedia, cfr., por ejemplo, con
    abundante bibliografía, Garrison, E. P., <italic>Groaning Tears.
    Ethical and Dramatic Aspects of Suicide in Greek Tragedy</italic>,
    Leiden, Brill, 1995. En concreto en Sófocles, con especial atención
    al <italic>Ajax</italic>, Seidensticker, B. “Die Wahl des Todes bei
    Sophokles”, en J. de Romilly (ed.), <italic>Sophocle</italic>.
    Entretiens sur l’Antiquité Classique, 29. Vandoeuvres/Géneve, 1983,
    pp. 105-144. Sobre el suicidio en las tragedias de Séneca,
    Palmierie, N., <italic>L’eroe al bivio. Modelli di ‘mors voluntaria’
    in Seneca tragico</italic>, Pisa, ETS, 1999.</p>
  </fn>
  <fn id="fn4">
    <label>4</label><p>En general, a lo largo de las
    <italic>Enéadas</italic>, el retorno de Odiseo a su patria simboliza
    el regreso del alma a su verdadero hogar, la región inteligible,
    tras haber superado las tentaciones del tormentoso mundo de las
    sensaciones.</p>
  </fn>
  <fn id="fn5">
    <label>5</label><p>A una conclusión muy similar se llega en I, 7
    [54], 3: “Del Bien primario y de los otros bienes”, donde Plotino
    investiga la fundamentación metafísica de la ética y, en contra de
    Aristóteles, argumenta que la ética debe tomar pie en la Idea,
    absolutamente transcendente, de Bien. El Bien, en efecto, es
    anterior al motor inmóvil del Estagirita. Todo ser participa del
    Uno-Bien, en tanto que todo ser es gracias a la unidad. De parecido
    modo, toda vida depende de la vida del Alma, que a su vez depende de
    la vida de la Inteligencia, que su vez deriva de la vida del Uno,
    que está más allá de la vida, en tanto que principio de toda Vida.
    Tal metafísica de la vida conduce a Plotino a reflexionar, en el
    capítulo 3, sobre la muerte, que no puede ser un mal, sino en todo
    caso, en tanto que separación del cuerpo, un bien.</p>
  </fn>
  <fn id="fn6">
    <label>6</label><p>Harder, R., <italic>Plotins Schriften. Band Ib.
    Anmerkungen zu den Schriften 1-21</italic>, Hamburg, Felix Meiner,
    1956, p. 546.</p>
  </fn>
  <fn id="fn7">
    <label>7</label><p>Sobre estos pasajes del <italic>Fedón</italic>
    (61 e-69 e), cfr. Warren, J, “Socratic Suicide”, en <italic>The
    Journal of Hellenics Studies</italic> 121, 2001, pp. 91-106.</p>
  </fn>
  <fn id="fn8">
    <label>8</label><p>En las <italic>Leyes</italic> la cuestión se
    plantea de diferente manera pues otro es el problema que ahora
    interesa. En 861 e-865 c el Ateniense distingue entre “daños” e
    “injusticias”: quien daña a otro, aunque lo haga involuntariamente,
    comete una injusticia. Este principio general ofrece el fundamento
    para elaborar un código penal. A partir de 865 a se legisla sobre
    los homicidios, que merecen diferentes penas según sean o bien
    violentos e involuntarios o producidos por un arrebato o bien
    “voluntarios y totalmente injustos” realizados con premeditación
    “bajo el dominio de los placeres, las concupiscencias y las
    envidias” (869 e), que, como es obvio, merecen los más severos
    castigos: la pena de muerte. En 873 c y ss. se entra en el suicidio.
    El problema, en estos textos, no es moral, sino legal: ¿qué pena
    debe sufrir el que “mata al ser que entre todos le es más íntimo y
    que se reputa cómo el más querido? Hablo del que se mata a sí mismo,
    privándose de cumplir una parte de su destino”. A continuación, el
    Ateniense precisa para qué casos está legislando, a saber, 1) para
    quien se mata a sí mismo sin que se lo ordene con justicia la
    ciudad, 2) sin sufrir “alguna desgracia sobremanera dolorosa e
    ineluctable”, 3) sin haber “incurrido en una ignominia para la que
    no haya remedio ni paciencias posibles”. O sea, el Ateniense no
    legisla para estos tres casos, sino para aquellos que se dan muerte
    “por flojedad y cobardía impropias de varón”. El castigo por este
    afeminado suicidio lo pagan los familiares y allegados: “Por otra
    parte, a los que mueren así, hay que darles, desde luego, sepultura
    independiente, separada de la de cualquier otro, y además
    enterrarlos en los confines de los doce lotes, en término inculto y
    sin nombre. Y dejarlos en la oscuridad, no señalando con columnas ni
    con inscripciones sus sepulcros”. Nótese: Platón no dice, ni deja de
    decir, que los suicidios “viriles” sean moralmente legítimos, pero
    sí que sus familiares y allegados no deben sufrir la vergüenza y la
    ignominia de un enterramiento extramuros en tumbas anónimas.</p>
    <p>La posición de Aristóteles también es compleja. En general, de
    acuerdo con el Estagirita, nadie puede ser injusto consigo mismo,
    sino solo contra la <italic>pólis</italic> (<italic>Et.
    Nic.</italic> V, 11). De acuerdo con este principio, en principio,
    considera el suicidio una injusticia contra la ciudad: “la ley no
    autoriza a suicidarse y lo que no autoriza lo prohíbe” (<italic>Et.
    Nic.</italic> 1138 a 6-14); y como un acto de cobardía: “Pero el
    buscar la muerte por huir de la pobreza o de las penas de amor o de
    algo doloroso no es propio del valiente sino más bien del cobarde;
    porque es blandura rehuir lo que es penoso, y no sufre la muerte por
    ser noble, sino por rehuir un mal” (<italic>Et. Nic.</italic> 1116 a
    12-15). El texto es ambiguo, pues cabe suicidarse por motivos
    distintos de los que se menciona en él: el magnánimo afronta grandes
    peligros y no teme arriesgar su vida “porque piensa que no es digna
    de vivirse de cualquier manera” (<italic>Et. Nic.</italic> 1124 b
    5).</p>
  </fn>
  <fn id="fn9">
    <label>9</label><p>Así lo sugiere Hirzel, <italic>Der
    Selbstmord</italic>, 1908, pp. 68-70 [280-282].</p>
  </fn>
  <fn id="fn10">
    <label>10</label><p>Los textos más relevantes están recogidos en SVF
    III, § 11: “De rationali e vita excessu”. Cfr., por ejemplo, Benz,
    E., <italic>Das Todesproblem in der stoischen Philosophie,</italic>
    Stuttgart, Kohlhammer, 1929, pp. 67-85. Rist, J. M., <italic>Stoic
    Philosophy</italic>, Cambridge, Cambridge University Press, 1969,
    pp. 233-255. Pohlenz, M. <italic>La Stoa. Historia de un movimiento
    espiritual</italic>, Madrid, Taurus, pp. 196-197.</p>
  </fn>
  <fn id="fn11">
    <label>11</label><p>Mario Boeri advierte con razón que la teoría
    estoica del suicidio “tiene un carácter normativo abstracto pues de
    ningún modo impide que un sujeto X, cuya condición sea la de un
    ‘vil’, se suicide. Solo prescribe la ilegitimidad del acto como tal
    desde un punto de vista racional”. (“Sobre el suicidio en la
    Filosofía Estoica”, en <italic>ΗΥΡΝΟΣ</italic> 8, 2002, pp.
    29-30).</p>
  </fn>
  <fn id="fn12">
    <label>12</label><p>Cfr. Griffin, M. T., “Philosophy, Cato, and
    Roman Suicide I”, en <italic>Greece &amp; Rome</italic>, 33, 1986,
    pp. 64-77.</p>
  </fn>
  <fn id="fn13">
    <label>13</label><p>Hirzel, <italic>Der Selbsmord</italic>, 1908 p.
    70 [282].</p>
  </fn>
  <fn id="fn14">
    <label>14</label><p>Sobre Elías, cfr., con abundante bibliografía,
    Helmig, Ch., “Elias und David”, en Ch. Riedweg, Ch. Horn, D. Wyrwa
    (eds.), <italic>Die Philosophie der Antike 5/3. Philosophie der
    Kaiserzeit und der Spätantike</italic>, Basel: Schwabe, pp.
    2084-2096.</p>
  </fn>
  <fn id="fn15">
    <label>15</label><p>Los estoicos consideraban que el sabio conserva
    su felicidad incluso sometido a la tortura del “Toro de Falaris”
    (SVF III, 586) y el sabio epicúreo incluso dirá “¡cuán suave es!”
    (Cicerón, <italic>Tusculanas</italic> II, 17 = 601 Us.) En el plano
    de la inmanencia, donde se sitúan los filósofos materialistas, es
    absurdo sostener la felicidad de quien está en el toro de Fálaris.
    Estos filósofos pensaban que el sujeto que siente placer (y es, por
    tanto, feliz) es idéntico con el que siente dolor. Para Plotino, por
    el contrario, se trata de dos sujetos o de dos partes de un mismo
    sujeto: la parte del sabio que sufre no es la misma que la que
    contempla: sufre el compuesto, contempla el verdadero yo, esto es,
    la parte superior del alma.</p>
  </fn>
  <fn id="fn16">
    <label>16</label><p>Como señala D. Elsässer si el sabio se
    caracteriza por su <italic>patientia</italic> ¿por qué no la tiene
    para soportar las circunstancias adversas que le llevan al suicidio?
    (“<italic>Omnia ferenta sunt?</italic> Seneca und das Problem des
    Selbstmordes”, en <italic>Schola Anatolica. Freundesgabe für Hermann
    Steinthal</italic>, Tübingen: Osiander, 1989, pp. 110117).</p>
  </fn>
  <fn id="fn17">
    <label>17</label><p>Cfr. Kalligas, P., <italic>The Enneads of
    Plotinus. A Commentary.</italic> Vol. I. Princeton/Oxford, Princeton
    University Press, 2014, p. 243.</p>
  </fn>
  <fn id="fn18">
    <label>18</label><p>Plutarco también plantea la objeción
    (<italic>Stoic. repug.</italic> 1042 d = SVF III, 759; 1042 a = SVF
    760: <italic>Com. Not.</italic> 1063 d = SVF III, 759.1).</p>
  </fn>
  <fn id="fn19">
    <label>19</label><p>En <italic>De libero arbitrio</italic> II, 5-8,
    Agustín argumenta que se equivoca quien cree poder elegir el no ser
    con el suicidio, pues elige una forma de ser que de todos modos
    sucederá algún día y elige la paz que evidentemente es tan solo una
    forma de ser. Hanna Arendt ha señalado el problema con precisión:
    “Agustín entiende que este sometimiento voluntario presupone una
    severa limitación de la misma capacidad volitiva. Aunque desde este
    punto de vista todo <italic>velle</italic> está acompañado por un
    <italic>nolle</italic>, la libertad de la voluntad queda limitada
    porque ningún ser creado puede querer en contra de la creación, pues
    esto sería –también en el caso del suicidio– una voluntad dirigida
    no solo contra una contra-voluntad, sino en contra de la misma
    existencia del sujeto que quiere o que anula su querer” (“Willing”,
    pp. 90-91) Es decir, de acuerdo con San Agustín la voluntad no puede
    decir “preferiría no ser” o “preferiría la nada como tal”, pues no
    cabe confiar en alguien que dice “preferiría no existir a ser feliz,
    dado que quien esto dice, y mientras lo dice, está vivo”. Vivir
    implica querer seguir viviendo; de aquí que la mayoría de la gente
    prefiera ser infeliz a no ser. Pero el problema, añade Arendt, no
    está aquí, sino en quien dice: “si antes de existir me preguntaran
    ¿hubiera preferido no existir antes que ser infeliz?” (cfr.
    <italic>De libero arbitrio</italic> III, 6-8 y III, 5, con los
    comentarios de “Willing”, pp. 93-94). San Agustín, en definitiva,
    argumenta en contra de los estoicos la imposibilidad de una voluntad
    negativa absoluta, porque tal voluntad no puede no-querer su propia
    existencia: incluso el suicida tiene que querer vivir para
    suicidarse, porque si no viviera no podría quitarse la vida.
    (Arendt, H., <italic>The Life of the Mind. Willing</italic>, San
    Diego/New York/London, Harcourt, 1978)</p>
  </fn>
  <fn id="fn20">
    <label>20</label><p>El texto de Elías puede leerse tanto en la
    <italic>editio maior</italic> como en la <italic>minor</italic> de
    las <italic>Plotini Opera</italic> editadas por Henry y Schwyzer, si
    bien los editores advierten de que en modo alguno es un texto del
    mismo Plotino (cfr. Henry, P. y Schwyzer, H.-R., <italic>Plotini
    Opera III. Editio minor, Addenda ad textum</italic>, Oxford, Oxford
    University Press, 1982, p. 307). Traducción al inglés con el texto
    griego en Armstrong, <italic>Plotinus. Enneads</italic>, Cambridge
    (Mass.), Loeb Classical Library 440, 1969, vol. I, p. 325 y en Lloyd
    P. Gerson (ed.), <italic>Plotinus. The Enneads</italic>, Cambridge:
    Cambridge University Press, 2018, p. 126: “Fragmente:
    <italic>Plotinus on Voluntary Death</italic>, by Elias” (sin el
    texto griego). Cfr. I. G. Westerink, “Elias and Plotin”, en
    <italic>Byzantinische Zeitschrift</italic> 57, 1964, pp. 26-32. En
    la misma dirección apunta el informe del Pseudo-Elías: Plotino
    habría rechazado el suicidio argumentando a partir de la asimilación
    a dios y al sol. Cfr. Mueller-Jordan, P., <italic>Une initiation à
    la Philosophie de l’Antiquité tardive. Les leçons du
    Pseudo-Elias</italic>: Fribourg, Academic Press Fribourg, 2007, con
    traducción del texto del Pseudo-Elías al francés (pp. 29-30).</p>
  </fn>
  <fn id="fn21">
    <label>21</label><p>Cfr. Williams, G. “Cleombrotos of Ambracia:
    Interpretations of a Suicide from Callimachus to Agathias”, en
    <italic>The Classical Quarterly</italic> 45/1, 1995, pp. 154-169.
    Garulli, V., “Cleombroto di Ambracia e il ‘lector in Fabula’ in
    Callimaco (Call. ‘Epigr’ 23 Pf.)”, en <italic>Lexis</italic> 25,
    2007, pp. 325-326. Erler, M., “Zur literarisch-philosophischen
    Einordnung des Dialogs”, en <italic>Ps.-Platon. Über den
    Tod.</italic> Eingeleitet, übersetzt und mit interpretierenden
    Essays vorsehen von Irmgard Männlein-Robert, Oliver Schelske,
    Michael Erler, Achim Lohmar, Heinz-Günther Nesselrath und Uta
    Popletz, Tübingen: Mohr Siebeck, 2012, pp. 99-115, en esp. 3.1:
    “Kallimachos: <italic>Epigramm</italic> 23”.</p>
  </fn>
  <fn id="fn22">
    <label>22</label><p>El <italic>Axíoco</italic> es un diálogo
    apócrifo escrito, probablemente, por un Académico del siglo I. a.
    C.; desde el punto de vista literario, es una
    <italic>consolatio.</italic> Sobre estas cuestiones, cfr. Pilar
    Gómez Cardó, “Introducción” al <italic>Axíoco,</italic> en
    <italic>Platón. Diálogos VII. Dudosos, apócrifos, cartas</italic>,
    Madrid: Gredos, 1992. También: Männlein-Robert, I., “Einführung in
    die Schrift”, en <italic>Ps.-Plato. Über den Tod.</italic>
    Eingeleitet, übersetzt und mit interpretierenden Essays vorsehen von
    Irmgard Männlein-Robert, Oliver Schelske, Michael Erler, Achim
    Lohmar, Heinz-Günther Nesselrath und Uta Popletz, Tübingen: Mohr
    Siebeck, 2012, pp. 3-41.</p>
  </fn>
  <fn id="fn23">
    <label>23</label><p>Cfr., en general, Dillon, J., “Plotinus and the
    Chaldean Oracles”, en S. Gersch y C. Kannengieser (eds.),
    <italic>Platonism in Late Antiquity</italic>. Vol. 8. Notre Dame,
    University of Notre Dame Press, 1992, pp. 131-140, que entiende que
    las referencias a los <italic>Oráculos Caldeos</italic> no son tan
    excepcionales como habitualmente se supone.</p>
  </fn>
  <fn id="fn24">
    <label>24</label><p>Igal, J., <italic>Plotino. Enéadas
    I-II</italic>, Madrid: Gredos, 1982, p. 335, nota 2.</p>
  </fn>
  <fn id="fn25">
    <label>25</label><p>La pregunta, repito, remite directamente a
    <italic>Fedón</italic> 62 b 5 (de acuerdo con los misterios “los
    humanos estamos en una especie de prisión y no debe uno liberarse a
    sí mismo ni escapar de esta”) y 61 d 4 (“¿Cómo dices eso, Sócrates,
    de que no es lícito hacerse violencia a sí mismo?”).</p>
  </fn>
  <fn id="fn26">
    <label>26</label><p>Cfr. Kalligas <italic>Commentary</italic> I,
    2014, p. 223.</p>
  </fn>
  <fn id="fn27">
    <label>27</label><p>Como señala Jesús Igal (<italic>Plotino. Enéadas
    I-II</italic>, 1982, p. 333), la perspectiva escatológica, ajena a
    los estoicos, es fundamental en el tratado plotiniano sobre el
    suicidio.</p>
  </fn>
  <fn id="fn28">
    <label>28</label><p>En I, 29, 29 se explicita la referencia a
    Sócrates: “si como a Sócrates la divinidad ordena la retirada, hay
    que obedecer al que la ordena como a un general”. Cfr. también III,
    26, 29. Cfr. Rist, M., <italic>Stoic Philosophy</italic>, Cambridge,
    Cambridge University Press, 1969, pp. 250-252 y Grisé, Y. <italic>Le
    suicide dans la Rome Antique</italic>, Paris, Les Belles Lettres,
    1982, pp. 218-221.</p>
  </fn>
  <fn id="fn29">
    <label>29</label><p>Cuando Zenón salió de su escuela y se rompió un
    dedo exclamó: “Ya voy. ¿Por qué me apremias” (DL VII, 28 = SVF I,
    176). Tal vez interpretara la fractura como una señal. Y acaso
    Cleantes interpretara del mismo la hinchazón de la encía (DL 176 =
    SVF 474). Cicerón señala que tanto Sócrates como Catón abandonaron
    la vida cuando la divinidad alegó “un motivo justificado”: entonces,
    “el hombre sabio dejará gozoso estas tinieblas por aquella luz,
    aunque sin romper las cadenas de su cárcel (pues las leyes lo
    prohíben), sino que saldrá cuando haya sido llamado y liberado por
    la divinidad, como si se tratara de un magistrado o alguna autoridad
    legítima” (<italic>Tusc.</italic> I, 74). Cfr. Ronconi, A., “Exitus
    illustrium virorum”, en <italic>Studi Italiani di Filologia
    Classica</italic> 17, 1940, pp. 3-7.</p>
  </fn>
  <fn id="fn30">
    <label>30</label><p>Recuérdese el “toro de Falaris” (SVF III, 586;
    661 Us.), que, de acuerdo con Plotino, pone de manifiesto la
    profunda incoherencia de estoicos y epicúreos: desde sus premisas, y
    aunque digan lo contrario, tal extrema, cruel y brutal tortura,
    sería inasumible. Solo el sabio, su alma incorpórea y transcendente,
    puede superar esos atroces dolores y ser feliz, pues su felicidad no
    depende de ningún modo de lo material y corpóreo. Se entiende, pues,
    que tal sabio, que ya ha dejado atrás todo lo que de algún modo
    tiene que ver con el cuerpo, desprecie las cosas que los no-sabios
    consideran que constituyen o ayudan a la felicidad, como, por
    ejemplo, la belleza de los cuerpos, la riqueza o el poder, pero
    también sus contrarios, que supuestamente conducen a la infelicidad
    y, que en esta medida, pueden llevar a desear la muerte. El sabio,
    que dirige su atención en exclusiva al Bien, es feliz porque es
    total y absolutamente autárquico, porque no desea nada más allá de
    lo que ya tiene: inmune a los golpes de la fortuna, ya ha entrado en
    contacto con lo inteligible, ya es lo que verdaderamente es, ya ha
    retornado a lo más íntimo y más verdadero de su propia alma (cfr.
    IV, 7 [2], 10, 32-37; VI, 5 [23], 7, 1-8) y, en consecuencia, es
    perfectamente virtuoso, es decir, perfectamente feliz.</p>
  </fn>
  <fn id="fn31">
    <label>31</label><p>Inge, W. R., <italic>The Philosophy of
    Plotinus</italic>, London, Longmans Green and Co. 1918, p. 173.</p>
  </fn>
  <fn id="fn32">
    <label>32</label><p>Rist, J. M., <italic>Plotinus…</italic>1967, p.
    175</p>
  </fn>
  <fn id="fn33">
    <label>33</label><p>Cfr. Dillon, “Singing Without an Instrument:
    Plotinus on Suicide”, en <italic>Illinois Classical Studies</italic>
    19, 1994, pp. 231-238, en esp. pp. 227-238.</p>
  </fn>
  <fn id="fn34">
    <label>34</label><p>De acuerdo con Kalligas
    (<italic>Commentary</italic> 1, 2014, p. 54, en estos pasajes no
    está en juego la muerte biológica, sino la filosofía entendida como
    <italic>meletê thanatou</italic>. Como ya ha sido indicado más
    arriba, “huir” no consiste en marcharse de la tierra, es decir, en
    morir físicamente, “sino, aún estando en la tierra, en ser justo y
    piadoso con</p>
    <p>ayuda de la sabiduría, de suerte que la frase quiere decir que
    hay que huir del vicio”. Por tanto, el malvado que se suicida no
    huye; el sabio, aun estando en la tierra, huye.</p>
  </fn>
  <fn id="fn35">
    <label>35</label><p><italic>Plotinus. Enneads</italic>, vol. I,
    p.321.</p>
  </fn>
  <fn id="fn36">
    <label>36</label><p>La situación también fue advertida por Séneca:
    “Pero, si el cuerpo es incapaz de sus funciones, ¿por qué no
    provocar la salida de un alma agotada? Y quizás haya que hacerlo un
    poco antes de tener necesidad (<italic>paulo ante quam
    debet</italic>), no sea que no pueda uno realizarlo cuando debiera
    morir”. Y poco más abajo: “No abandonaré la vejez en el caso de que
    me conserve integro para mí mismo, pero integro en aquella parte más
    noble; por el contrario, si comienza a perturbar mi inteligencia
    (<italic>at si coeperit concutere mentem</italic>), a desquiciarla
    en sus funciones, saltaré fuera de un edificio descompuesto y
    ruinoso” (<italic>Ep.</italic> 58, 34-35).</p>
  </fn>
  <fn id="fn37">
    <label>37</label><p>A partir de <italic>Vita</italic> 19, 12-13
    podemos conjeturar que el mal de Porfirio tenía un aspecto
    psicosomático. Longino escribe a Porfirio y le pide que abandone
    Sicilia y vaya con él a Fenicia: “…y que antepongas nuestra antigua
    familiaridad y el clima, que es benignísimo para esa debilidad
    corporal (<italic>sômatos asthéneian</italic>) de que me hablas”. La
    falta de energía corporal, junto con “el disgusto o la tristeza” (I,
    9 [16], 11), sugiere un cuadro depresivo, que no es un motivo
    legítimo para el suicidio y que, por lo demás, tiene fácil cura:
    cambiar de aires, como Plotino aconsejó a Porfirio y como este hizo:
    dejó Roma y marchó a Sicilia.</p>
  </fn>
  <fn id="fn38">
    <label>38</label><p>En el “no es fácil” (o, “quizá”, que así traduce
    él), Harder ve una nota de distanciamiento, o incluso de ligera
    ironía, frente a la estricta separación estoica entre sabios y
    necios (cfr. <italic>Plotin Schriften.</italic> Band Ib. Anmerkungen
    zu den Schriften 1-21, p. 548). Como bien sabía Séneca el sabio no
    es invulnerable: los <italic>incommoda</italic> le afectan (cfr.
    <italic>Ep.</italic> 9, 13-17).</p>
  </fn>
  <fn id="fn39">
    <label>39</label><p>Aunque en determinadas circunstancias el
    suicidio pudiera ser admisible, no es preferible en sentido
    absoluto; cfr. SVF III, 757-768.</p>
  </fn>
  <fn id="fn40">
    <label>40</label><p>En la Antigüedad, la forma más noble de
    suicidarse es mediante la espada, cortándose las venas o dejándose
    morir de hambre, y la más innoble el ahogamiento, tal vez porque se
    pensaba que el alma no puede salir del cuerpo por la boca. En
    general sobre las formas de suicidio, cfr. Van Hoof, <italic>From
    Autothanasia to suicide</italic>, pp. 40-78; sobre el suicidio por
    envenenamiento, pp. 42-60.</p>
  </fn>
  <fn id="fn41">
    <label>41</label><p>Sobre el vocabulario griego y latino para
    designar lo que hoy llamamos “suicidio”, cfr. Andreas van Hooff,
    <italic>From Autothanasia to suicide: Self-Killing in Classical
    Antiquity</italic>, London/New York: Routledge, 1999, apéndice C,
    pp. 243-243. Hinojo Andrés escribe: “Para un conocedor de la lengua
    del Lacio <italic>suicidium</italic> solo podría aludir o</p>
    <p>sugerir ‘la matanza del cerdo’, el ‘matarife’: de
    <italic>sus-suis</italic> cerdo, más el sufijo
    -<italic>cidium</italic>, derivados del verbo <italic>caedo</italic>
    que significa ‘matar’, ‘dar muerte’ (“Las designaciones de la muerte
    voluntaria en Roma”, en <italic>Hápax</italic> 3, pp. 6061)</p>
  </fn>
  <fn id="fn42">
    <label>42</label><p>O por las razones señaladas por Tácito en
    <italic>Anales</italic> VI, 29: “Tales muertes buscadas eran efecto
    del miedo al verdugo, pues si a los condenados se es confiscaban los
    bienes y se les negaba la sepultura, los que tomaban tal decisión
    sobre sí mismos sabían que sus cuerpos serían sepultados `y que se
    respetarían sus testamentos como premio por haberse adelantado”.</p>
  </fn>
  <fn id="fn43">
    <label>43</label><p>McGroarty, K., <italic>Plotinus on Eudamonia. A
    Commentary on Ennead 1</italic> 4, Oxford: Oxford University Press,
    1992, pp. 105 y 197.</p>
  </fn>
  <fn id="fn44">
    <label>44</label><p>Song, E., “Ashamed of Being in the Body?
    Plotinus versus Porphyry”, en F. Karfik y E. Song (eds.),
    <italic>Plato Revived. Essays on Ancient Platonism in Honour of
    Dominic J. O’Meara</italic>, Boston/Berlin: De Gruyter, 2013, p.
    115.</p>
  </fn>
  <fn id="fn45">
    <label>45</label><p>Cfr. Platón, <italic>República</italic> 407 d:
    Asclepio “pensaba que no debía dispensar sus cuidados a quien no
    podía llevar una vida regular, porque ese hombre no es provechoso ni
    para sí mismo ni para la ciudad”.</p>
  </fn>
  <fn id="fn46">
    <label>46</label><p>Puede leerse, en traducción al inglés, en
    Kalligas, <italic>Commentary</italic>. Vol I. “Appendix A”.</p>
  </fn>
  <fn id="fn47">
    <label>47</label><p>Sobre la enfermedad de Plotino y las causas de
    su muerte, cfr. Grmek, que sugiere tuberculosis, diabetes o una
    gangrena (“Les maladies et la mort de Plotin”, en Brisson, L., J.-L.
    Cherlonneix, M.-P. Goulet-Cazé, R. Goulet, M. D. Grmek, J.-M.
    Flamand, S. Matton, D. O’Brien, H. Pépin, H. D. Saffrey, A.-Ph
    Segonds, M. Tardieu, P. Thillet, <italic>Porphyre. La vie de
    Plotin.</italic> Vol. II: <italic>Études d’introduction, texte grec
    et traduction française, notes complémentaires,
    bibliographie</italic>, Paris: Vrin, 1992, pp. 335-353). Aunque
    Grmek, lo rechace, que la causa de la muerte de Plotino fuera la
    <italic>elephantiasis graecorum</italic> (“lepra verdadera”) tiene
    algo de justicia poética.</p>
  </fn>
  <fn id="fn48">
    <label>48</label><p>Porfirio dice que los últimos tratados,
    cronológicamente, de Plotino son los peores y que en ellos ya se
    percibe el declive. Esto es muy discutible. Sí que se advierte, por
    así decirlo, un tono más existencial, como si la proximidad de la
    muerte hiciera que le interesaran problemas que antes había
    descuidado.</p>
  </fn>
  <fn id="fn49">
    <label>49</label><p>Ambigüedad que desaparece en autores que, al
    menos en cierta medida, se consideran herederos de Plotino y que
    condenan sin ambigüedades el suicidio. Pienso sobre todo en Macrobio
    y San Agustín. Cfr. Van der Horst, P. W., “A Pagan Platonist and a
    Christian Platonist on Suicide”, en <italic>Vigiliae
    Christianae</italic> 25, 1971, pp. 282-288. En general, estamos en
    una época que, frente a los excesos de republicanos y
    cínico-estoicos, es mucho más restrictiva respecto del suicidio.
    Cfr. Hirzel, <italic>Der Selbsmord</italic>, 1908, pp. 119-132
    [463-476]: “Reaktion gegen die Selbstmordmanie” y “Die
    Christen”.</p>
  </fn>
</fn-group>
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