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      <journal-id journal-id-type="publisher">ARIS</journal-id>
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        <journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Arte, Individuo y Sociedad</journal-title>
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      <issn publication-format="electronic">1131-5598</issn>
      <issn-l>1131-5598</issn-l>
      <publisher>
        <publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
        <publisher-loc> España </publisher-loc>
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      <article-id pub-id-type="doi">10.5209/aris.99495</article-id>
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          <subject>Artículos</subject>
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        <article-title>Estereotipos de identidad. La imagen femenina en las
          ilustraciones de los cuentos tradicionales infantiles: el
          poder del cabello como vehículo de simbologías</article-title>
        <trans-title-group xml:lang="en">
          <trans-title>Identity stereotypes. The female image in the illustrations of
            traditional children’s tales: the power of hair as a vehicle of symbolism</trans-title>
        </trans-title-group>
      </title-group>
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        <contrib contrib-type="author" corresp="yes">
          <contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0009-0000-6347-3639</contrib-id>
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            <surname>Bouzas-Loureiro</surname>
            <given-names>Nuria</given-names>
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          <institution content-type="original">Universidad de Vigo</institution>
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      <author-notes>
        <corresp id="cor1">Nuria Bouzas-Loureiro<email>ssantana@ull.edu.es</email></corresp>
      </author-notes>     
      <pub-date date-type="pub" publication-format="electronic" iso-8601-date="2025-07-03">
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      <volume>37</volume>
      <issue>3</issue>
      <fpage>501</fpage>
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        <date date-type="accepted" iso-8601-date="2025-04-02">
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        <copyright-statement>© 2025 Universidad Complutense de Madrid</copyright-statement>
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          <license-p>Esta obra está bajo una licencia <ext-link ext-link-type="uri"
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              4.0 International</ext-link></license-p>
        </license>
      </permissions>
      <abstract>
        <p>Este artículo, que deriva de una investigación sobre el uso del pelo como elemento especulativo
          en el arte contemporáneo, se centra en el simbolismo del cabello en las ilustraciones que acompañan a
          los cuentos tradicionales. A través del estudio de las primeras ilustraciones, originadas en un momento de
          la historia en el cual las diferencias de género eran abismales, se ha podido constatar cómo la continua
          repetición de los mismos rasgos ha contribuido a la consolidación de una determinada tipología de
          personaje, atendiendo, entre otras características, a la coloración y al tipo de cabello. Esto ha provocado
          la creación de roles y estereotipos de identidad presentes hoy en día en nuestra sociedad. El artículo se
          centra principalmente en la simbología que adquiere el pelo en los siguientes relatos: Caperucita Roja,
          Rapunzel, La bella Durmiente, Cenicienta y Blancanieves. El análisis de dichas obras constata la presencia
          de códigos visuales que han permanecido casi inalterables en el tiempo: la asociación del cabello dorado
          con la belleza, el color oscuro con la mujer malvada o con la “bruja”, la coloración blanca como sinónimo de
          vejez, las tonalidades rojizas con lo demoníaco o el cabello suelto con la libertad, entre otras simbologías
          más recurrentes.</p>
      </abstract>
      <trans-abstract xml:lang="en">
        <p>This article, which stems from a research study on the use of hair as a speculative element in
          contemporary art, focuses on the symbolism of hair in illustrations accompanying traditional tales. Through
          the study of early illustrations, originating at a time in history when gender differences were vast, it has been
          observed how the continuous repetition of the same features has contributed to the consolidation of a certain
          type of character, paying attention, among other traits, to hair color and type. This has led to the creation of
          roles and identity stereotypes that are still present in our society today. The article mainly focuses on the
          symbolism of hair in the following stories: Little Red Riding Hood, Rapunzel, Sleeping Beauty, Cinderella, and
          Snow White. The analysis of these works confirms the presence of visual codes that have remained almost
          unchanged over time: the association of golden hair with beauty, dark hair with the evil woman or “witch,”
          white hair as a symbol of old age, reddish hues with the demonic, or loose hair with freedom, among other
          recurring symbolisms.</p>
      </trans-abstract>
      <kwd-group>
        <kwd>estereotipos femeninos</kwd>
        <kwd>ilustración</kwd>
        <kwd>cabello</kwd>
        <kwd>simbología</kwd>
        <kwd>cuentos tradicionales</kwd>
      </kwd-group>
      <kwd-group xml:lang="en">
        <kwd>female stereotypes</kwd>
        <kwd>illustration</kwd>
        <kwd>hair</kwd>
        <kwd>symbology</kwd>
        <kwd>traditional tales</kwd>
      </kwd-group>
    </article-meta>
  </front>
<body>
<sec id="sec1">
  <title>1. Introducción</title>
  <p>El presente artículo deriva de la tesis doctoral <italic>El pelo
  como elemento de especulación artística en la creación
  contemporánea</italic> (2021). Se centra en la capacidad de este
  elemento, el pelo, como vehículo para ejemplificar y/o reforzar
  diversos estereotipos o roles presentes en los denominados cuentos
  tradicionales infantiles. Teniendo en cuenta los estudios realizados
  sobre la morfología del cuento (Propp y Mélétinsky, 2006) y los
  relatos (Barthes, 1993), en los cuales se expone que, generalmente, el
  cuento o relato suele atribuir las mismas acciones/funciones a
  personajes diferentes, estableciendo así paralelismos entre los
  diversos personajes de los cuentos de tradición oral, se ha llevado a
  cabo la selección de varios cuentos tradicionales como ejemplo de
  análisis sobre la simbología asociada a la coloración y uso del
  cabello presente en los personajes femeninos de dichos cuentos.</p>
  <p>Los conocidos hoy como cuentos tradicionales infantiles eran
  antiguamente cuentos de tradición oral destinados a otro tipo de
  público: generalmente adolescentes y/o adultos. Sin embargo, tal y
  como indica Petra Márquez Gento (2017),</p>
  <disp-quote>
    <p>A partir del siglo XVII, cuando Charles Perrault, los hermanos
    Jacob y Wilhem Grimm y Andersen re­compilaron los cuentos de la
    tradición oral empezó a perfilarse la literatura propiamente
    infantil. Antes de este acontecimiento, todos los libros destinados
    a la infancia tenían un carácter didáctico y de moralización,
    mediante los cuales se transmitían ideas elaboradas a imagen y
    semejanza de las per­sonas adultas y las clases dominantes. Sin
    embargo, después del siglo XVIII, esta literatura didáctica y
    moralizadora perdió su influencia. (p. 2)</p>
  </disp-quote>
  <p>Muchos de estos cuentos han dejado una impronta en la sociedad tal
  que, a día de hoy, siguen siendo objeto de adaptaciones en todo el
  mundo. Considerando que parten de la tradición oral, y su finalidad
  era aleccionar o advertir a la población sobre el peligro de ciertos
  actos, y encaminar a los/as más jóvenes en su acceso a la madurez
  (Propp y Mélétinsky, 2006), no es difícil encontrar en este tipo de
  cuentos una gran carga ideológica en cuanto a los estereotipos de
  género, principalmente encaminados a instruir, reprender y/o educar a
  las mujeres.</p>
  <p>Si bien el texto escrito es relevante en la construcción de los
  personajes encontramos que, en muchos casos, la imagen tiene una
  trascendencia superior, perviviendo en el imaginario de la sociedad
  por un mayor tiempo.</p>
  <p>A pesar de las múltiples adaptaciones en las que se revisan y
  actualizan acciones, indumentarias, el aspecto físico e incluso la
  propia trama, el tipo del peinado y su coloración asociados a una
  tipología de personaje siguen manteniéndose. De forma que la continua
  repetición de estas imágenes acaba reforzando una y otra vez el mismo
  estereotipo femenino. Con relación a este punto -representaciones
  femeninas- coincidimos con la historiadora Patricia Mayayo (2007) al
  afirmar que:</p>
  <disp-quote>
    <p>Tanto las imágenes de mujeres fieles o devotas como las de arpías
    malvadas o licenciosas son cons­trucciones ideológicas destinadas a
    regular los límites socialmente aceptables de la feminidad. No por
    ser aparentemente laudatoria una imagen deja de funcionar como
    instrumento de control social. (p. 173)</p>
  </disp-quote>
  <p>El estudio del pelo suele pasar desapercibido en algunos análisis
  sobre la personificación de los personajes. Sin embargo, se ha
  demostrado en diversas investigaciones (Bouzas Loureiro, 2021b;
  Bornay, 2010; Galé Moyano, 2016; Goicoetxea, 2008; López Portillo
  Isunza, 2001; Ofek, 2009; Velasco Maíllo, 2006, entre otros) su
  importancia en la creación de la imagen, la identidad y el género
  siendo, además, un elemento simbólico atemporal, múltiple y en
  constante cambio y redefinición que se adapta al entorno, al igual que
  sucede con el cuerpo humano al que pertenece. Como afirma la
  historiadora Lucía Orsanic (2015), “el pelo ha sido, desde antaño, un
  elemento simbólico significativo que ha cobrado tintes diversos de
  acuerdo con las coordenadas espaciales, temporales, sociales,
  históricas, religiosas, estéticas, entre otros factores” (p. 219). Y,
  como nos recuerda Goicoetxea: “el pelo constituye un distintivo
  semiótico de primera magnitud, contribuye a la elaboración de la
  imagen que tenemos de una persona” (p. 307).</p>
  <p>Aunque es cierto que posee múltiples significaciones, dada su
  capacidad adaptativa, muchas de ellas se han mantenido con el
  transcurrir del tiempo, precisamente, debido al uso continuado de
  diversas coloraciones y/o peinados asociados a un determinado tipo de
  carácter o estereotipo reforzados, principalmente mediante la
  imagen.</p>
  <p>En los cuentos tradicionales clásicos suele recurrirse a la
  caracterización de los personajes atendiendo a su sexo mediante la
  repetición de roles. Esta continua reiteración acaba desencadenando en
  la creación de estereotipos (Colomer, 2010; Márquez Gento, 2017;
  Salmerón Vílchez, 2004). Con relación a este punto, coincidimos con
  Petra Márquez (2017) al afirmar que “a través del estereotipo de
  género se deforma y se falsea a la persona que forma parte de un grupo
  en función de su condición sexual, se le desnaturaliza y se les
  despoja de su identidad” (p. 475) y, en el caso de las mujeres, estos
  estereotipos se fundamentan principalmente en valores
  patriarcales.</p>
  <p>La historiadora Griselda Pollock, especializada en perspectiva de
  género, afirmaba con certeza en <italic>Visión y diferencia.
  Feminismo, feminidad e historias del arte</italic> (2013) que “la
  cultura es el nivel social en el que se producen imágenes del mundo y
  definiciones de la realidad que pueden movilizarse ideológicamente
  para legitimar el orden existente de las relaciones de dominación y
  subordinación entre clases, razas y sexos” (pp. 54-55). Por ello, las
  ilustraciones que acompañan a los cuentos -como parte de esta
  producción cultural- independientemente del público al que vayan
  dirigidos, son de vital importancia de cara a una educación en
  igualdad.</p>
  <p>Tanto el libro como el álbum ilustrado nos permiten profundizar en
  la personificación de los personajes, no solo mediante la palabra
  escrita, sino también a través de la apariencia que se le otorga a
  los/as protagonistas según se identifiquen con un tipo de carácter u
  otro. El análisis de dichas imágenes nos</p>
  <p>permite confirmar y detectar la influencia de este tipo de
  estereotipos en el imaginario y la concepción de género. Cuestiones de
  gran relevancia, sobre todo teniendo presente la impronta que producen
  en edades tempranas y/o preadolescentes, que son los principales
  destinatarios de estos cuentos en la actualidad. Y es que, cabe
  recalcar, que a través de la literatura infantil los niños y niñas “no
  solo potencian capacidades como la atención, la memoria, la
  concentración o el desarrollo de la imaginación, sino que van formando
  su conciencia moral, cognitiva y afectiva” (Rodríguez Olay, L.,
  García-Sampedro Fernández-Canteli, M., y Miranda Morais, M., 2021,
  p.3).</p>
  <p>Nuestro objetivo es mostrar la simbología que adquiere el cabello
  en las imágenes que acompañan a los denominados cuentos tradicionales
  infantiles clásicos, con la finalidad de verificar cómo este
  constituye un elemento de primer orden en la personificación, creación
  y refuerzo de los estereotipos femeninos, así como de diversas
  simbologías asociadas a conceptos abstractos como lo son la libertad
  y/o el encarcelamiento. Partiendo de la base de que, en este tipo de
  cuentos, se establecen paralelismos entre los personajes de diferentes
  relatos -al adoptar estos las mismas o similares funciones en la
  historia que se narra (princesa, héroe, villano, etc.)- hemos
  realizado una selección de los más representativos y estructurado el
  presente trabajo atendiendo al uso simbólico que adopta el
  cabello:</p>
  <list list-type="bullet">
    <list-item>
      <p>En <italic>2. ¿Menos lobos?</italic> nos adentramos en el
      simbolismo que adquiere el cabello dorado mediante el análisis del
      uso de esta coloración en la figura de Caperucita Roja.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p><italic>3. A propósito de Rapunzel</italic> aborda la
      significación del cabello atado o recogido en contraposición al
      cabello suelto. Además, el tratamiento que adquiere el cabello de
      Rapunzel es uno de los más singu­lares, dado que este adopta una
      posición activa en el devenir del relato.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p><italic>4. Brujas, sapos y culebras</italic> explora las tres
      coloraciones asociadas generalmente con personajes en los que se
      quiere remarcar su carácter malvado o peligroso. Por ello, dado
      que se tratan diferentes coloraciones según la naturaleza de los
      personajes, se alude a varios cuentos tradicionales como ejemplo
      del uso simbólico del color.</p>
    </list-item>
  </list>
</sec>
<sec id="sec2">
  <title>2. ¿Menos lobos?</title>
  <p><italic>Caperucita Roja,</italic> un relato de transmisión oral
  recogido por primera vez por Charles Perrault en 1697 como <italic>Le
  Petit Chaperon rouge,</italic> es uno de los cuentos tradicionales que
  más traducciones y adaptaciones ha tenido a lo largo de la historia.
  Si bien en sus orígenes fue recogido como parte de una colección
  titulada <italic>Histories ou contes du temps passé</italic> o
  <italic>Contes de ma mère l´Oye</italic> (1697), destinada a
  aleccionar moralmente a la sociedad de su tiempo, las adaptaciones
  posteriores han suavizado tanto el mensaje como el desenvolvimiento de
  la trama.</p>
  <p>En el relato original se nos presenta principalmente, la
  contraposición entre los dos estereotipos de género tradicionales:
  masculino/femenino. Por un lado, la figura femenina protagonista de
  una niña ingenua, distraída, sin picardía, pasiva, etc. y, por otro,
  la figura masculina del lobo, presentado como fuerte, astuto y con una
  inteligencia superior a la de las mujeres de esta narración.</p>
  <p>Huelga decir que las versiones posteriores, ante la fatalidad del
  desenlace del cuento original, en la cual el lobo “se come” no solo a
  la abuela, sino también a Caperucita -recordemos que estaba destinado
  a advertir a las niñas adolescentes del peligro de sucumbir a las
  necesidades/deseos sexuales, con el objeto de que estas se mantuviesen
  vírgenes hasta el matrimonio- optan por un final totalmente diferente:
  presentan a Caperucita como una niña despierta y astuta que logra
  salvar a su abuela contra el maléfico lobo.</p>
  <p>El alcance y extensión de este cuento a lo largo de todo el mundo
  es tal que, en el 2015, la exposición <italic>Caperucitas al rojo
  vivo</italic> (Museo ABC, 2015), reunía alrededor de 1001 versiones
  ilustradas de este cuento.</p>
  <p>Lejos de toda controversia en cuanto a las diversas adaptaciones y
  versiones, que responden nada más y nada menos que a las necesidades
  de la sociedad actual en la que se adapte/destine dicha historia,
  resulta sumamente interesante el hecho de que la representación de
  Caperucita no haya cambiado prácticamente a lo largo de todos estos
  años.</p>
  <p>En cuanto a su aspecto, ni en la versión original de Perrault
  (1697), ni en las adaptaciones posteriores, como la de los hermanos
  Grimm (1857), se especifica en ningún momento el color del cabello,
  tan solo se indica que esta era “la más linda que se haya visto jamás”
  (Perrault, 1697, p. 47). Sin embargo, a lo largo de todo este tiempo
  -328 años desde su aparición por escrito- la representación de esta
  figura apenas varía: se la retrata casi siempre con cabellos dorados.
  Esta identificación de Caperucita con el cabello rubio está ligada a
  la asociación del pelo dorado -al menos en las sociedades
  occidentales- como un atributo de belleza indiscutible, con la
  delicadeza, la pureza e inocencia, así como con personalidades de
  carácter amable.</p>
  <p>La construcción del estereotipo de niña pasiva, amable e ingenua se
  establece mediante la continua identificación de este personaje con
  atributos indispensables como lo es el cabello de tonalidades doradas.
  Este rasgo de su aspecto se ha mantenido en prácticamente la mayor
  parte de las versiones ilustradas que se han hecho -y se siguen
  haciendo- de este cuento, como por ejemplo: <italic>Little Red Riding
  Hood</italic> (Crane, 1875); <italic>Caperucita Roja</italic>
  (Mistral, 2014); <italic>Caperucita Roja</italic> (Deneux, 2015);
  <italic>Caperucita de colores</italic> (Cano, 2016);
  <italic>Caperucita Roja</italic> (Ortega, 2018); <italic>La verdadera
  historia de Caperucita Roja</italic> (Noriega, 2020), entre otras.
  Aunque, como ya indicamos, en las adaptaciones que manejamos en la
  actualidad, la historia, así como el carácter de la protagonista,
  difieren del cuento original.</p>
  <p>Sin embargo, el poder que ejercen sobre nosotros las imágenes
  repetidas a lo largo del tiempo ha provocado que a día de hoy siga
  representándose a esta figura con los mismos rasgos con los que se nos
  mostraba en las primeras ilustraciones. No es un atributo aleatorio,
  ni mucho menos, sino que responde a la simbología asociada al cabello
  áureo femenino a lo largo de la historia y, sobre todo, a la ideología
  de género imperante en el momento en el cual fue creada o, más bien,
  representada en imágenes.</p>
  <p>Recordemos que ya en la Antigua Grecia la preferencia por el
  cabello rubio llevó a muchísimas mujeres a recurrir a métodos para
  aclararlo, dada la continua identificación de este color con lo bello
  (Goicoetxea, 2008; Galeano Pérez, 2014). No hay más que hacer un
  repaso a las imágenes pictóricas de la historia del arte en las que se
  representa a la mujer para comprobar que, en efecto, es el color más
  venerado y asociado a la belleza femenina.</p>
  <p>Ejemplo de ello son las obras <italic>Nacimiento de Venus</italic>
  (c. 1485), realizado por Sandro Botticelli, <italic>Venus
  Anadiomena</italic> (1525) de Tiziano o <italic>An Allegory of Death
  and Beauty</italic> (1509), de Hans Baldung Grien, en las que se
  refuerza esta idea asociando esta coloración a las Venus/Diosas, como
  máxima representación del ideal de belleza femenino y, en el caso de
  <italic>An Allegory of Death and Beauty,</italic> la identificación
  del cabello dorado con la belleza y fugacidad de la juventud como
  contrapunto con la muerte.</p>
  <p>Otros ejemplos los encontramos en las representaciones de figuras
  mitológicas como las sirenas, como en <italic>The Fisherman and the
  Syren</italic> (1856) de Frederic Leighton, <italic>The Sea
  Maidens</italic> (1885) de Evelyn de Morgan o en <italic>A
  Mermaid</italic> (1900) del artista William Whaterhouse. En este
  último, además de la cabellera larga dorada como símbolo de la belleza
  que caracteriza a las sirenas, se recurre al acto de peinarse
  -asociado en muchas sociedades con la seducción (Bouzas Loureiro,
  2021a)- con el objeto de cautivar al hombre. En cuanto a este punto,
  la imaginería de las sirenas y la asociación de su largo cabello como
  atributo de belleza no solo se ha representado en multitud de imágenes
  pictóricas, sino que en el ámbito publicitario también se ha recurrido
  al simbolismo del cabello áureo de esta figura femenina como reclamo
  para vender productos capilares. Cabe mencionar las primeras campañas
  publicitarias de una de las compañías pioneras en artículos para el
  cabello, <italic>Ayer´s Hair Vigor</italic> (siglo XIX), en cuyas
  imágenes establecieron un paralelismo entre el uso de sus productos y
  la obtención de una cabellera dorada, a semejanza de esta figura
  mitológica.</p>
  <p>Esta asociación no solo surge en las imágenes, sino también en el
  ámbito escrito. La historiadora Patricia Aristazábal, en <italic>Eros
  y la cabellera femenina</italic> (2007), indicaba que</p>
  <disp-quote>
    <p>La metáfora del cabello áureo como idealización de la belleza de
    la mujer es una de las más usadas en la poesía del Siglo de Oro
    español, pero también en la pintura, donde era claro que los
    cabellos de las mujeres debían de ser rubios para afirmar su
    dignidad. (p. 124)</p>
  </disp-quote>
  <p>Esta idea aparece de forma continuada a lo largo de los diferentes períodos históricos. Sobre
        todo, en las numerosas representaciones originadas durante la época victoriana (Gitter,
        1984), época en la que aparecen las primeras ilustraciones sobre Caperucita Roja (Fig. <xref
          ref-type="fig" rid="fig1">1</xref> y Fig. <xref ref-type="fig" rid="fig2">2</xref>).</p>
  <fig id="fig1">
    <caption><p>Figura 1. Walter Crane. Caperucita Roja, 1875. Fuente:
    Internet Archive. https:
    /archive.org/details/LittleRedRiding00Cran/page/7/
    mode/2up</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image1.jpeg" />
  </fig>
  <fig id="fig2">
    <caption><p>Figura 2. Arthur Rackham. Caperucita Roja, 1902. Fuente:
    Cincinnati Digital Library. https:
    /digital.cincinnatilibrary.org/digital/
    collection/p16998coll21/id/25475</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image2.jpeg" />
  </fig>
  <p>Los cambios sociales que se produjeron tras la Revolución
  Industrial, principalmente el acceso de la mujer al mundo laboral,
  provocaron cierto malestar en una gran parte de la sociedad
  victoriana, particularmente en el género masculino. Como indica la
  historiadora Galia Ofek (2009):</p>
  <disp-quote>
    <p>El cuerpo politizado se mantuvo y perseveró por el control del
    cuerpo y el comportamiento de la mujer. Bajo la fuerza reguladora y
    organizadora de los códigos del cabello y las reglas de etiqueta que
    repe­tida y habitualmente imponían a las mujeres, surgieron una serie
    de asignaciones de roles de género cuya aceptación aseguró la
    estabilidad de la estructura social. (p. 7)</p>
  </disp-quote>
  <p>A partir de este momento comienza a generarse/reforzarse un
  contraste entre dos tipos de identidades femeninas:</p>
  <disp-quote>
    <p>Por un lado, el refuerzo de la identidad femenina adorada y
    alabada por el género masculino: la mu­jer modesta, recatada y
    recluida en el entorno familiar, asociada a unos estándares de
    belleza entre los que se incluyen la piel clara, pálida o incluso
    enfermiza y el cabello largo y dorado. Por otro lado, una reacción
    de desconfianza, miedo e inseguridad hacia la mujer trabajadora por
    parte del género masculino, que veía como una amenaza la
    independencia que estaban adquiriendo las mujeres tanto a nivel
    social como económico, y la capacidad de estas para desempeñar sus
    mismas funciones. (Bouzas Loureiro<italic>,</italic> 2021a, p.
    171)</p>
  </disp-quote>
  <p>Surgen así dos tipos de imágenes estereotipadas sobre la mujer: el
  ideal de mujer caracterizada, entre otros aspectos, por poseer el
  cabello dorado; y la mujer fatal, representada generalmente con el
  cabello suelto y de tonalidades rojizas/cobrizas. La continua
  aparición de esta dualidad en cuanto a la imagen femenina, presente
  tanto en imágenes del ámbito artístico como literario, ha provocado
  que, todavía a día de hoy, siga recurriéndose a este tipo de
  coloraciones del cabello para caracterizar a un determinado tipo de
  figura femenina.</p>
  <p>Sobre el poder de las imágenes y el arte en general, Griselda
  Pollock ya indicaba en sus estudios que “no sólo debemos comprender
  que el arte es una parte de la producción social, sino también que en
  sí mismo es productivo, es decir, produce de manera activa
  significados. El arte es constitutivo de ideología, no su mera
  ilustración.” (2013, p. 75). Por lo tanto, las imágenes ilustradas que
  acompañan a estos cuentos son determinantes a la hora de construir,
  reproducir o redefinir los estereotipos de género. Y, en el caso de
  <italic>Caperucita Roja</italic>, son muy pocas las versiones que
  optan por romper con los códigos visuales que tradicionalmente se
  asocian a los personajes de este cuento.</p>
  <p>Ejemplo de ello son <italic>Caperucita Roja</italic> (2009), adaptada por el escritor Pepe
        Maestro e ilustrada por Miguel Tanco o <italic>Caperucita Roja (Primer Sueño)</italic>
        (2020) del ilustrador Gabriel Pacheco. En la primera de ellas, además del cabello, el cual
        es de tonalidades castañas, se introducen variantes tanto en la vestimenta como en la
        coloración de la piel, mostrando de esta manera una mayor diversidad en cuanto a la imagen
        de Caperucita (Fig. <xref ref-type="fig" rid="fig3">3</xref>). En <italic>Caperucita Roja
          (Primer Sueño)</italic>, un álbum ilustrado sin palabras en el que el autor combina el
        cuento clásico de Perrault con versos del poema <italic>Primero Sueño</italic> de la
        escritora mexicana Sor Juana Inés de la Cruz, nos muestra una caperucita cuyo cabello
        adquiere una tonalidad azul cobalto. Una tonalidad muy característica en sus ilustraciones
        que, en este caso, le confieren cierto misticismo tanto al personaje como a los ambientes
        que recrea.</p>
  <fig id="fig3">
    <caption><p>Figura 3. Miguel Tanco. Caperucita Roja (detalle), 2009.
    Fuente: Maestro, 2009, s.p.</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image3.jpeg" />
  </fig>
  <p>Es curioso que a pesar de todos los cambios que se producen en el
  texto: introducciones de otros personajes, cambios en el final,
  modificación del carácter de los/as protagonistas, adaptación del
  entorno, etc., siga, sin embargo -con la salvedad de algunos casos
  aislados como los comentados- sin modificarse el tan acusado aspecto:
  una niña rubia de tez pálida, siguiendo el estereotipo de belleza e
  ideal femenino que surge durante la época victoriana.</p>
</sec>
<sec id="sec3">
  <title>3. A propósito de Rapunzel</title>
  <p>Al igual que <italic>Caperucita Roja</italic>, <italic>Rapunzel</italic> proviene de la
        tradición oral y, según el lugar de procedencia, existen diversas variantes:
          <italic>Persinette, Rapunzel, Rapónchigo, Verdezuela</italic>, etc. La historia que se
        relata es siempre la misma: una muchacha acaba encerrada en una torre carente de puertas a
        raíz del enfado de una bruja, después de que los padres robaran de su huerta algún alimento
        (varía en función del lugar de procedencia del cuento) para satisfacer los antojos de la
        madre embarazada. Solamente se puede acceder al interior de la torre escalando la larga
        melena trenzada y dorada de la joven (Fig. <xref ref-type="fig" rid="fig4">4</xref>):</p>
  <disp-quote>
    <p>Cuando la hechicera deseaba entrar, se paraba debajo de la
    ventana y gritaba: “¡Rapunzel, Rapunzel, deja caer tu cabello!”.
    Entonces Rapunzel deshacía sus trenzas de seda, las enrollaba
    alrededor de un gancho en el marco de la ventana y las dejaba caer
    hasta el suelo. La hechicera las agarraba con fuerza y se subía por
    ellas. (Zelinsky, 1997, párr. 13)</p>
  </disp-quote>
  <p>Hoy en día la versión más extendida y adaptada es la recopilada por
  los hermanos Grimm en 1812 como parte de su colección <italic>Fairy
  Tales</italic>, aunque existen relatos publicados con anterioridad
  como, por ejemplo, <italic>Petrosinella,</italic> variante recogida
  por el escritor italiano Giambattista Basile y publicada póstumamente
  en 1634 como parte de la colección <italic>Lo Contu de li
  Cunti</italic> (Basile, 1976); o <italic>Persinette,</italic>
  publicada en <italic>Les Contes Des Contes</italic> de la escritora
  francesa Charlotte Rose de La Force en 1697. Esta última es, además,
  “más larga que las otras versiones de la historia (casi cuatro veces
  más larga que la versión de Grimm que siguió) e incluye muchas
  aportaciones significantes a la trama” (Getty, 1997, p. 40).</p>
  <p>Mientras que en el personaje de Caperucita el color del cabello se
  incorpora en la representación gráfica, como respuesta a la
  caracterización del estereotipo de mujer bella tan arraigado durante
  la época victoriana, en este caso ya se indica en el texto que la
  joven posee una larga y dorada cabellera. Con todo, la referencia a
  este color sigue exactamente la misma tónica: la asociación del
  cabello dorado como símbolo y sinónimo de belleza y pureza.</p>
  <p>Más allá de la coloración, el pelo en Rapunzel adquiere un tratamiento singular. Sin duda
        alguna, uno de los más característicos en cuanto a la representación gráfica del cabello se
        refiere: el pelo trenzado se convierte en “vehículo”, ya que es su cabello el que permite
        acceder al interior de la torre y tener contacto con la protagonista (Fig. <xref
          ref-type="fig" rid="fig4">4</xref>). El pelo adopta un papel activo: ya no solo aparece
        como rasgo identificativo de este personaje, sino que es un elemento decisivo en el
        transcurso de las acciones que se originan en la narración (Fig. <xref ref-type="fig"
          rid="fig5">5</xref>).</p>
  <fig id="fig4">
    <caption><p>Figura 4. Arthur Rackham. Rapunzel, 1909. Fuente:
    Cincinnati Digital Library.
    https:/digital.cincinnatilibrary.org/iiif/2/p16998coll21:25768/full/730,/0/default.jpg?page=155</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image4.jpeg" />
  </fig>
  <fig id="fig5">
    <caption><p>Figura 5. Paul O. Zelinsky. Rapunzel, 1997. Fuente:
    Zelinsky, 1997, s.p.</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image5.jpeg" />
  </fig>
  <p>Siguiendo la línea de las investigaciones realizadas sobre este
  tipo de peinado a lo largo de la historia, tanto por la historiadora
  Erica Bornay en <italic>La cabellera femenina</italic> (2010), así
  como otros estudios como <italic>Atlas Ilustrado. El peinado. Historia
  y presente</italic> (2014) de Andrés Galeano Pérez o <italic>El pelo
  en la cultura y la antropología</italic> (2008), escrito por Ángel
  Goicoetxea; generalmente, el cabello trenzado suele asociarse a la
  falta de la libertad, al recatamiento y/o en algunas épocas antiguas
  con un determinado estado civil, normalmente con mujeres casadas.
  Aunque, en la actualidad, también es habitual su asociación con la
  infancia al ser este un peinado muy recurrente en esta etapa. Dada la
  amplitud de significaciones que puede llegar a tener este tipo de
  recogido del cabello, es necesario como en cualquier otro análisis de
  la imagen, tener en cuenta el contexto sociocultural en el cual se
  desarrolla.</p>
  <p>En el caso que nos ocupa, el cabello trenzado hace referencia al
  encarcelamiento de la protagonista. Su pelo aparece atado, ceñido,
  desprovisto de cualquier simbología asociada a la desinhibición y a la
  libertad</p>
  <p>de la que sí goza el cabello suelto y revuelto. A pesar de ello, es
  su larga cabellera trenzada la que le permite cierta “libertad” en el
  sentido de que le posibilita el contacto con otras personas: su
  carcelera y su amante.</p>
  <p>Y precisamente por ello, por ser el pelo el “culpable” y el vehículo que permite el
        acercamiento del joven a la muchacha, es también el que sufre las consecuencias, pues la
        bruja decide cortárselo (Fig. <xref ref-type="fig" rid="fig6">6</xref>) para impedir que el
        joven se reúna con ella:</p>
  <disp-quote>
    <p>Al cortarle las trenzas pierde su libertad, su fortaleza y el
    vínculo con su amante. Esta última anotación, la vinculación del
    cabello con las relaciones románticas y/o sexuales refuerza la
    creencia y el poder del cabello como símbolo erótico y,
    concretamente, nos recuerda la tendencia tan arraigada en algunas
    religiones a ocultar, cortar o incluso rapar el pelo –en el caso de
    los monjes budistas todavía a día de hoy se rapan el pelo al
    representar los deseos humanos–, ya que se creía que el cabello era
    un ele­mento incitador de la lujuria. (Bouzas Loureiro, 2021a, p.
    144)</p>
  </disp-quote>
  <fig id="fig6">
    <caption><p>Figura 6. Paul O. Zelinsky. Rapunzel, 1997. Fuente:
    Zelinsky, 1997, s.p.</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image6.jpeg" />
  </fig>
  <p>La alusión a la pérdida de la fortaleza al cortar el pelo aparece
  en muchas historias y mitos, como, por ejemplo, en el pasaje bíblico
  de Sansón y Dalila, cuando Sansón revela su secreto a esta última: “No
  ha pasado navaja por mi cabeza, pues soy nazareno consagrado a Dios
  desde el seno de mi madre. Si fuere rapado desaparecería de mí mi
  fuerza y quedaría debilitado y vendría a ser como un hombre
  cualquiera” (Frazer, 1969, p. 280). Y es precisamente cuando cortan su
  larga melena, cuando consiguen apresarlo.</p>
  <p>En cuanto al uso del corte de pelo como castigo o humillación ha
  sido una acción muy recurrente a lo largo de la historia. Recordemos,
  por ejemplo, el caso de los conflictos bélicos: en la Segunda Guerra
  Mundial se realizaba el rapado sistemático de todos los prisioneros y,
  durante el franquismo, a las mujeres que no compartían los ideales
  políticos “se les rapaba el pelo, se les daba de beber aceite de
  ricino y eran “paseadas” por las calles céntricas del pueblo o la
  ciudad” (Art al Quadrat, 2018, párr. 1).</p>
  <p>El pelo de Rapunzel cambia:</p>
  <disp-quote>
    <p>Pasa de largo a corto, de la libertad al cautiverio. Estas
    vinculaciones están estrechamente relaciona­das en el imaginario y la
    historia de la cultura occidental, debido a que son concepciones que
    se han venido vehiculizando a través de diferentes mitos, creencias,
    escritos, pinturas, etc. (Bouzas Loureiro y Cendán Caaveiro, 2023,
    p. 128)</p>
  </disp-quote>
  <p>Como vemos, el cabello en esta narración adquiere una gran
  significación. Se transforma de la misma manera que lo hacen las
  propias acciones, reforzando el sentido de las mismas y transmitiendo
  de manera visual ciertos conceptos abstractos como lo son la libertad,
  la fortaleza, la identidad, el encarcelamiento, etc.</p>
</sec>
<sec id="sec4">
  <title>4. Brujas, sapos y culebras</title>
  <p>Tres son las coloraciones a las que se recurre de forma frecuente
  en los cuentos tradicionales para presentar a personajes femeninos
  “malvados”: negro, blanco y rojo. Estas figuras femeninas que hacen
  referencia a madrastras, hermanastras, hechiceras o brujas, tanto las
  que aparecen en los cuentos tradicionales como en otros campos del
  arte, generalmente se representan, o bien con coloraciones del cabello
  oscuras -negros o marrones- como “encarnación de la maldad femenina”
  (Millet, 1995, p. 174) o blanquecinas, como símbolo de vejez.</p>
  <p>También es característico el uso del cabello rojizo -aunque en
  menor medida en las ilustraciones de estos cuentos tradicionales- dado
  que se ha identificado desde la antigüedad esta coloración con lo
  demoníaco, la lujuria, la desconfianza, etc. Como indica Ángel
  Goicoetxea en <italic>El pelo en la cultura y la
  antropología</italic>, en</p>
  <p>algunas sociedades antiguas, las personas que poseían cabellos
  rojizos, una tonalidad poco frecuente, “eran escogidos por su
  semejanza, respecto al color, con el objeto de sacrificio” (p. 38). Y,
  como ya indicamos con anterioridad, también esta es la coloración
  seleccionada para crear y potenciar el estereotipo de mujer fatal
  presente en las imágenes producidas durante la época victoriana y,
  sobre todo, a través del movimiento del prerrafaelismo. Esta
  peligrosidad femenina reforzada mediante la coloración rojiza del
  cabello se advierte en obras como <italic>Bocca Baciata</italic>
  (1859) de Dante Gabriel Rossetti, <italic>The Bridesmaid</italic>
  (1851) de John Everett Millais o <italic>Love and Pain</italic> (1895)
  del artista Edvard Munch, entre otras.</p>
  <p>Con relación a los cuentos tradicionales, encontramos varios casos
  en los que se recurre a la simbología asociada tanto al cabello áureo
  como al cabello oscuro para caracterizar a los personajes femeninos en
  cuanto a los siguientes opuestos: la mujer/niña bondadosa, bella,
  princesa, etc. que sufre algún tipo de situación problemática, contra
  la figura femenina malvada, la bruja, como símbolo de peligro. En este
  último caso el cabello oscuro se ha llevado la peor parte, pues en
  prácticamente todas las narraciones tradicionales y mitos -a excepción
  de algún caso y/o época histórica- esta coloración aparece como
  característica que define el estereotipo de mujer malvada. Como indica
  la historiadora Marina Susana Cendán Caaveiro (2019) poseer una
  cabellera larga y oscura “representaba un elemento que condenaba a
  ciertas mujeres a ser consideradas “brujas”, entendiendo este concepto
  en un sentido mucho más amplio de maldad, perversidad e incluso
  monstruosidad” (p. 142).</p>
  <p>En <italic>La Bella Durmiente,</italic> cuyas versiones más extendidas son <italic>La Belle au
          bois dormant</italic> recogido en <italic>Histories ou contes du temps passé</italic>
          (1697<italic>)</italic> de Charles Perrault o <italic>Little Briar Rose</italic> (1812) de
        los hermanos Grimm, podemos observar el uso del color del pelo como refuerzo de estas dos
        tipologías de mujeres. En las primeras ilustraciones que acompañaban a este relato, la
        princesa luce unos hermosos cabellos dorados. Esta coloración también es la escogida en la
        representación de doce de las hadas y, justamente, el hada “malvada” que lanza la maldición
        a la princesa como vengativa por no ser invitada a la celebración de su nacimiento, posee
        cabellos oscuros. Es el caso de muchas de las primeras ilustraciones de este cuento como,
        por ejemplo, las realizadas por el artista Otto Kubel (Fig. <xref ref-type="fig" rid="fig7"
          >7</xref>).</p>
  <fig id="fig7">
    <caption><p>Figura 7. Otto Kubel. La Bella Durmiente, 1920. Fuente:
    https:/www.childstories.org/images/Dornroeschen_12.jpg</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image7.jpeg" />
  </fig>
  <p>Este mismo esquema, el contraste entre la bella princesa de
  cabellos dorados y la bruja malvada de cabellos oscuros, es también el
  que sigue la versión de <italic>La bella durmiente</italic> (1959) de
  Disney -puede que la más conocida en la actualidad- pero en este caso,
  se le añaden a este personaje dos cuernos y se opta por eliminar por
  completo el cabello, cubriéndolo con una especie de gorro ajustado.
  Aunque sí se mantiene la coloración oscura, negra, en la
  representación de esta parte de la cabeza.</p>
  <p>La identificación de este personaje, Maléfica, con el cabello
  oscuro como símbolo del estereotipo de mujer peligrosa, al que tanto
  se ha recurrido a lo largo de la historia en las imágenes en las que
  se representan a personajes femeninos identificados como villanas,
  brujas, hechiceras etc. sigue presente en el imaginario colectivo
  hasta el punto de que, incluso en las versiones adaptadas al cine que
  se distancian por completo de la historia original y el estereotipo
  tan acusado de hada malvada, como el caso de <italic>Maléfica</italic>
  (2014) de Disney, se sigue manteniendo exactamente el mismo código
  visual con relación a su cabello: es de coloraciones oscuras.</p>
  <p>Es curioso cómo se nos muestra este tipo de versiones que rompen
  con los estereotipos presentes en los cuentos tradicionales en cuanto
  a la narrativa y, sin embargo, los códigos visuales que acompañan a
  las diferentes tipologías de personajes siguen siendo los mismos.
  Códigos visuales que, además, son los que persisten en el imaginario
  visual por un mayor tiempo. Maléfica sigue mostrándose con el mismo
  aspecto: morena de cabellos oscuros, a pesar de la gran variedad tonal
  que hoy en día existe para la coloración del cabello.</p>
  <p>Con relación a estas versiones audiovisuales, resulta interesante
  la apreciación que realiza Rebeca López Villar en ¿<italic>Quién no es
  una bruja? Lo brujesco en las representaciones audiovisuales del siglo
  XXI</italic> (2022) la cual incide en que, en
  <italic>Maléfica</italic> (2014) “se aprecia un enfoque innovador que
  consigue emplazar a la bruja como protagonista, mientras que el
  verdadero villano, el desencadenante del resentimiento del hada, es el
  hombre que le corta las alas: el rey Stefan” (p. 125). Y sin embargo
  en su continuación <italic>Maléfica: Maestra del mal</italic> (2019)
  “se desmonta todo rasgo brujesco positivo presentado en la primera
  parte” (p. 125) y se la muestra de nuevo como bruja malvada.</p>
  <p>Además, en estas adaptaciones no solo se refuerza la identificación
  del color del pelo oscuro con este personaje -que ya ha pasado a
  formar parte de nuestro imaginario cultural colectivo- sino que se
  recurre también a la simbología del cabello suelto como símbolo de
  libertad, mostrándolo de esta forma hasta el momento en el que le
  cortan las alas a Maléfica; y a continuación, se presenta el personaje
  con el cabello atado y recogido, de manera que solo se aprecian sus
  cuernos y el “gorro” ajustado que cubre todo su largo cabello.</p>
  <p>La continua identificación de los personajes malvados con la coloración del cabello oscuro está
        presente también en <italic>Cenicienta</italic> (Fig. <xref ref-type="fig" rid="fig8"
          >8</xref>). Al igual que los anteriores cuentos tradicionales, esta historia ha sido
        recogida por numerosos escritores, tanto por los hermanos Grimm como por Perrault y,
        posteriormente, ha sido versionada por Disney en 1950 en una película animada, quizás la más
        extendida en todo el mundo (Fig. <xref ref-type="fig" rid="fig9">9</xref>).</p>
  <fig id="fig8">
    <caption><p>Figura 8. Charles Folkard. Cenicienta, 1911. Fuente: Pook
    Press.
    https:/www.pookpress.co.uk/wp-content/uploads/2017/09/Cinderella_Charles-Folkard.png</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image8.jpeg" />
  </fig>
  <fig id="fig9">
    <caption><p>Figura 9. Disney. La Cenicienta, 1950. Fuente: https:
    /i.pinimg.com/originals/14/23/5b/14235bc842379796ee00b9bd2be72720.jpg</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image9.jpeg" />
  </fig>
  <p>La dulce Cenicienta posee, como era de esperar, una larga melena
  rubia, mientras que sus hermanastras lucen el cabello oscuro.
  Generalmente se las representa con el pelo negro o marrón, aunque en
  algunas versiones más actuales se recurren al cabello rojizo -en menor
  medida-, coloración muy asociada a la encarnación de la peligrosidad
  femenina.</p>
  <p>Por otro lado, resulta habitual en este tipo de cuentos recurrir al
  pelo de color blanco o gris para caracterizar a la figura de “bruja”.
  Pero, en estos casos, más que utilizar esta coloración del cabello
  para reforzar la imagen perversa y oscura de la bruja como
  contraposición a la bella joven de cabellos dorados, es frecuente
  indicar que es la propia mujer quien decide adoptar el aspecto de
  anciana, pues ésta le permite acercarse sin llamar la atención. Esto
  ocurre, por ejemplo, en la historia de <italic>Blancanieves</italic>
  (1912).</p>
  <p><italic>Blancanieves</italic> es uno de los pocos cuentos
  tradicionales, por no decir la excepción, en la que la bella
  protagonista no es rubia, sino morena. Es posible que esto se deba a
  que la propia joven es fruto de la magia:</p>
  <p>Una vez en medio del invierno, cuando los copos de nieve caían como
  plumas, estaba sentada una reina cosiendo junto a una ventana que
  tenía un marco de negra caoba. Y mientras estaba cosiendo y miraba la
  nieve, se pinchó con la aguja en el dedo y cayeron tres gotas de
  sangre en la nieve. Como el rojo estaba tan hermoso en la nieve, pensó
  para sí:</p>
  <p>“¡Ojalá tuviera yo una hija tan blanca como la nieve, tan roja coma
  la sangre y tan negra como la madera del marco!”</p>
  <p>Poco después tuvo una hijita tan blanca como la nieve, tan roja
  como la sangre y de cabellos tan ne­gros como la caoba, y por eso se la
  llamó Blancanieves. (Grimm, 2019, p. 84)</p>
  <p>Tras varios intentos infructuosos, la madrastra de Blancanieves, en su lucha continua por ser
        la más bella del reino, recurre al disfraz de vieja para acercarse a la joven y hechizarla:
        le ofrece una manzana roja envenenada (Fig. <xref ref-type="fig" rid="fig10">10</xref>).</p>
  <fig id="fig10">
    <caption><p>Figura 10. Iban Barrenetxea. Blancanieves, Nórdica, 2014.
    Fuente: Grimm, J. y W., 2014, s.p.</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image10.jpeg" />
  </fig>
  <p>Curiosamente, el objeto que provoca la desdicha es una manzana, una
  alusión directa a Eva, la mujer de Adán según la tradición cristiana.
  Eva, encarnación de la peligrosidad femenina, indujo a Adán a pecar
  dándole una manzana del árbol “del conocimiento del bien y del mal”,
  acto que les provocó la expulsión del paraíso.</p>
  <p>El cabello blanquecino se utiliza en esta historia por su
  simbología asociada a la confianza que transmiten las personas de
  avanzada edad. Un rasgo que refuerzan otros cuentos tradicionales al
  presentar a las “brujas” como ancianas, aspecto que les posibilita un
  primer acercamiento a sus “víctimas” sin que estos sospechen de sus
  intenciones, como ocurre en Hansel y Gretel.</p>
  <p>Este cuento, al igual que los anteriores, procede de la tradición
  oral y también ha sufrido múltiples adaptaciones a lo largo del
  tiempo. En las primeras ilustraciones que acompañan a esta narración,
  se nos muestra a ambos niños también con los cabellos dorados.
  Mientras que para caracterizar el personaje de su madrastra se recurre
  al cabello oscuro y, en el caso de la bruja, se la presenta como una
  anciana.</p>
</sec>
<sec id="sec5">
  <title>5. Conclusiones</title>
  <p>La mayoría de las ilustraciones realizadas en los álbumes, libros
  ilustrados o novelas gráficas actuales que versionan estas historias
  toman como referencia las imágenes que se publicaron con las primeras
  ediciones de los cuentos. Imágenes como las que hemos expuesto aquí,
  las cuales, en su mayoría, fueron creadas en una época en la que la
  diferencia de género y los roles que debían adoptar tanto hombres como
  mujeres estaban muy definidos.</p>
  <p>Estos roles se han ido asociando a determinados gestos,
  profesiones, vestimentas y, principalmente, a la coloración del
  cabello, dada la simbología del mismo para representar conceptos
  muchas veces abstractos. Las vinculaciones entre el pelo y tales
  conceptos, que ya estaban presentes en la cultura popular -como el
  cabello suelto y la libertad, el pelo recogido y el encarcelamiento,
  el cabello rubio con la belleza, el cabello oscuro con lo brujesco, lo
  malvado y el cabello rojizo con lo demoníaco- se han potenciado
  mediante la continua representación gráfica para ejemplificar
  visualmente diferentes tipologías de personajes.</p>
  <p>A través de lo expuesto en el apartado <italic>2. ¿Menos
  lobos?</italic> se constata que el uso del cabello áureo como símbolo
  visual preferente en la personificación de personajes femeninos en los
  que se busca realzar su belleza y pureza, está presente no solo en
  diversas imágenes procedentes de manifestaciones artísticas, como la
  pintura o la literatura, sino también en las ilustraciones que
  acompañan a los cuentos tradicionales infantiles. Esta asociación
  entre cabello rubio y belleza sigue vigente en muchas de las
  adaptaciones y versiones que se han realizado a lo largo de la
  historia.</p>
  <p>El origen de esta estética vinculada al personaje de Caperucita
  Roja surge de las primeras ilustraciones creadas para acompañar al
  cuento, las cuales datan de la época victoriana. Este aspecto es
  determinante, ya que, como comentamos, se produjeron cambios
  sociológicos a raíz de la Revolución Industrial que afectaron, entre
  otros aspectos, a los roles y estereotipos que se suponían debían
  seguir perpetuando las mujeres. Durante esta época, la creciente
  industria de la belleza, especialmente en lo que respecta a productos
  destinados al cuidado del cabello, da testimonio de la importancia que
  el pelo adquirió tanto en la vida privada como social, sirviendo como
  muestra de un determinado estatus social y civil, como ya había
  ocurrido en otras épocas históricas, como en las sociedades romanas o
  griegas.</p>
  <p>Así, se fue fraguando un ideal de belleza que consistía en mantener
  la tez clara (pues la piel de la mujer trabajadora se oscurecía al
  estar expuesta al sol) y el cabello largo, preferentemente dorado. La
  dualidad originada durante esta época con relación a la mujer pasiva y
  tradicional, que no participaba de la vida económica -esfera que
  pertenecía al hombre- frente a la mujer trabajadora, se fue reforzando
  mediante las imágenes generadas en ese momento. Estas imágenes
  sirvieron para consolidar dos visiones sobre la mujer: mostrarla como
  una amenaza (cabellos rojizos u oscuros) o mitificarla (cabellos
  dorados).</p>
  <p>Comentábamos que varios autores, en sus análisis sobre la
  morfología y estructura del cuento, advertían la presencia de
  determinados arquetipos que se repiten una y otra vez en estos relatos
  que provienen de la tradición oral. En cuanto al personaje de princesa
  o protagonista de la historia -a excepción del caso de Blancanieves-
  en las primeras versiones ilustradas de estos cuentos clásicos se
  recurre a las tonalidades doradas del cabello, casi siempre largo,
  como un código visual que define y refuerza la idea de que es ese
  personaje el que encarna el ideal a seguir, frente al/la antagonista
  (madrastras, brujas, hechiceras), cuyo refuerzo de maldad y
  peligrosidad se acentúa con una coloración del cabello oscura, como
  contrapunto al cabello claro.</p>
  <p>En <italic>3. A propósito de Rapunzel</italic> se aborda la
  manifestación del cabello suelto como alegato de libertad, un concepto
  muy arraigado en la sociedad y que ha sido incluso uno de los símbolos
  más representativos del movimiento <italic>hippie</italic>, un grupo
  contracultural y pacifista que relacionó el acto de dejarse crecer el
  cabello con ser libre. En el documental <italic>Bed Peace</italic>
  (1969), filmado por Nic Knowland, John Lennon afirmaba lo siguiente:
  “This is an alternative to violence… is to stay in bed and grow your
  hair” [Esta es una alternativa a la violencia… quedarse en cama y
  dejarse crecer el pelo] (Ono Y. y Lennon, J., 1969). Por el contrario,
  cortarse el cabello, o llevarlo recogido se ha asociado a situaciones
  de reclutamiento. Estos códigos visuales se advierten en otros casos
  comentados, como en la película <italic>Maléfica</italic> (2014).</p>
  <p>El uso del pelo en Rapunzel va más allá de una característica
  física que define el carácter y la función de la protagonista en la
  historia, así como encarnación del ideal de belleza, sino que este se
  convierte en un actor activo. El cabello se “transforma” en vehículo,
  en el vínculo que une dos personajes. Obras de arte contemporáneo como
  <italic>Relation in Time</italic> (1977) de Marina Abramovic y Ulay o
  <italic>Traffic</italic> (2002) de Mona Hatoum, se sirven precisamente
  del uso del pelo como elemento de unión para abordar diversas
  cuestiones. En la primera, que consiste en una
  <italic>performance</italic>, los artistas permanecen unidos por sus
  cabellos durante diecisiete horas y, precisamente, mediante los
  cambios que se originan en el propio pelo (tensión, distensión)
  plantean un paralelismo del mismo con la resistencia física y mental
  que producen las relaciones interpersonales. En el segundo caso,
  Hatoum establece una correspondencia del pelo con el cuerpo ausente,
  utilizándolo en su obra como material para unir dos maletas, logrando
  de esta forma introducir ideas asociadas a vivencias personales y
  relaciones humanas.</p>
  <p>En <italic>4. Brujas, sapos y culebras</italic> se ha propuesto una
  revisión de varios cuentos en los que se refuerza el contraste entre
  los protagonistas y antagonistas de las historias, sirviéndose de
  determinados códigos visuales. En concreto, el uso del color negro,
  blanco y rojo en los personajes femeninos que reflejan un carácter
  malvado. Como ya se adelantó en otros apartados, se expone cómo la
  coloración rojiza es una de las más empleadas para representar la
  peligrosidad de la sexualidad femenina, mientras que las cabelleras
  largas y oscuras son habitualmente empleadas en multitud de mitos,
  cuentos o relatos para caracterizar a hechiceras, madrastas o brujas.
  En cuanto al uso de la coloración blanca, se ha constatado cómo, en
  este tipo de cuentos tradicionales, las mujeres que representan el
  arquetipo de antagonista -las que encarnan la maldad en la historia-
  adoptan el aspecto de anciana y, por tanto, la coloración del cabello
  blanquecino, como engaño, dada las asociaciones positivas que
  normalmente tiene este color del cabello al ser propio de la
  vejez.</p>
  <p>Estos usos del color en el cabello en las diversas figuras
  femeninas que aparecen en los cuentos tradicionales infantiles
  provocan que, desde edades tempranas, se adquieran de manera
  inconsciente asociaciones entre el color, longitud o aspecto del
  cabello con la tipología de un determinado personaje en tanto al
  género, ocupación, profesión e ideales a seguir.</p>
  <p>Si bien es cierto que en la historia del arte se ha rastreado la
  presencia y refuerzo de ciertas simbologías asociadas al cabello en
  investigaciones previas, muchas de estas representaciones están
  destinadas a un público adulto, más formado en cuanto al concepto de
  estereotipo y lo que este supone en la creación de la identidad y el
  género. Sin embargo, en el caso de las ilustraciones de estos cuentos,
  el público al que van dirigidos todavía no ha desarrollado las
  habilidades necesarias para desentrañar las imágenes que consume, por
  lo que estas pasan a formar parte de manera instantánea del imaginario
  con el que crecerán y se formarán como adultos.</p>
  <p>Los cuentos contienen pautas de comportamiento -mostrados a través
  de los diversos personajes- que los niños y niñas interiorizan. De ahí
  la relevancia de estudiar estos relatos, no solo a nivel narrativo,
  sino también a nivel visual. Concretamente, aprenden las etiquetas de
  cada uno de los roles que se presentan en los relatos: la vestimenta,
  la profesión, el carácter, las características físicas, etc. y los
  interiorizan, repitiéndolas y desarrollando su identidad a partir de
  estos.</p>
  <p>A pesar de las múltiples versiones que se han realizado de estos
  cuentos tradicionales, hoy enfocados a un público infantil, son pocos
  los ilustradores y/o escritores que optan por romper con los códigos
  visuales asociados a las simbologías mencionadas. Es necesario pues,
  prestar especial atención al mantenimiento de estos estereotipos, ya
  que estas imágenes van a configurar el pensamiento y carácter de las
  generaciones futuras.</p>
  <p>La revisión de las ilustraciones presentes en los cuentos
  tradicionales -así como también en las nuevas narrativas- es
  imprescindible en la sociedad actual, dada la gran presencia de las
  imágenes en nuestra vida cotidiana. Estas imágenes han ido perfilando
  y reforzando determinados estereotipos a lo largo del tiempo, que hoy
  en día son percibidos de forma instantánea como algo común, casi
  natural, en nuestra vida diaria.</p>
  <p>Cada vez más, desde edades tempranas, los niños consumen una
  cantidad ingente de imágenes -principalmente a través de dispositivos
  móviles- que parten de una realidad creada a partir de la continua
  repetición de estos roles y estereotipos.</p>
  <p>Además, es necesario adoptar una visión crítica ante la información
  visual que llega a nosotros, ya que las imágenes que se muestran a
  través de los medios de comunicación -que, desde su origen,
  constituyen un poderoso sistema de información- se sirven precisamente
  de estas imágenes estereotipadas, que ya forman parte de nuestro
  imaginario colectivo, para reforzar ideales de belleza, de conducta,
  estereotipos, encasillar a los diversos géneros, etc., como un método
  para que la sociedad interiorice ciertos mensajes o ideas como parte
  de su cotidianidad.</p>
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