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<!DOCTYPE article PUBLIC "-//NLM//DTD JATS (Z39.96) Journal Publishing DTD v1.3 20210610//EN" "http://jats.nlm.nih.gov/publishing/1.3/JATS-journalpublishing1-3.dtd">
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      <journal-id journal-id-type="publisher-id">ARIS</journal-id>
      <journal-title-group>
        <journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Arte, Individuo y Sociedad</journal-title>
      </journal-title-group>
      <issn publication-format="electronic">1131-5598</issn>
      <issn-l>1131-5598</issn-l>
      <publisher>
        <publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
        <publisher-loc> España </publisher-loc>
      </publisher>
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      <article-id pub-id-type="doi">10.5209/aris.95076</article-id>
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          <subject>Artículos</subject>
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      <title-group>
        <article-title>Territorialidades identitarias en la pintura de Graça Morais<xref
            ref-type="fn" rid="fn1">1</xref>
        </article-title>
        <trans-title-group xml:lang="en">
          <trans-title>Identity territorialities in Graça Morais’ painting</trans-title>
        </trans-title-group>
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        <contrib contrib-type="author" corresp="yes">
          <contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0001-8459-2442</contrib-id>
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            <surname>Baião</surname>
            <given-names>Joana</given-names>
          </name>
          <xref ref-type="aff" rid="aff-a"/>
          <xref ref-type="corresp" rid="cor1"/> 
        </contrib>
        <aff id="aff-a">
          <institution content-type="original">Instituto Politécnico de Bragança</institution>
          <country country="PT">Portugal</country>
        </aff>
      </contrib-group>
      <author-notes>
        <corresp id="cor1">Joana Baião<email>jbaiao@ipb.pt</email></corresp>
      </author-notes>
      <pub-date date-type="pub" publication-format="electronic" iso-8601-date="2025-01-09">
        <day>09</day>
        <month>01</month>
        <year>2025</year>
      </pub-date>
      <volume>37</volume>
      <issue>1</issue>
      <fpage>119</fpage>
      <lpage>¡130</lpage>
      <page-range>1-7</page-range>
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        <copyright-statement>Copyright © 2025, Universidad Complutense de Madrid 2024 Universidad
          Complutense de Madrid</copyright-statement>
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          <license-p>Esta obra está bajo una licencia <ext-link ext-link-type="uri"
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              4.0 International</ext-link></license-p>
        </license>
      </permissions>
      <abstract>
        <p>El universo pictórico de la pintora portuguesa Graça Morais (n. 1948) se construye a
          partir de una mirada meditativa sobre el ser humano y su condición en el mundo. En este
          proceso, la territorialidad constituye un elemento de identificación y de identidad
          fundamental, ya sea una territorialidad física, relacionada con la conexión de la pintora
          con los lugares que habita o visita, ya sea una territorialidad intangible, vinculada a
          los recuerdos e historias que alimentan su imaginación. En este artículo se evocan tres
          fases de la producción de Graça Morais, correspondientes a investigaciones en diferentes
          espacios geográficos (Vieiro, Cabo Verde, Sines) y que se aproximan metodológicamente a
          los procesos de observación y recolección antropológica, que la artista adapta
          creativamente para cuestionar todo lo que la rodea. Veremos cómo su obra se desarrolla en
          una continua expansión territorial e identitaria, que parte de su pueblo natal en
          Trás-os-Montes y se complementa con sus experiencias de movimiento y descubrimiento del
          mundo.</p>
      </abstract>
      <trans-abstract xml:lang="en">
        <p>The pictorial universe of the Portuguese painter Graça Morais (b. 1948) is built from a
          meditative gaze upon the human being and its condition in the world. In this process,
          territoriality is a fundamental element —whether it is a physical (geographic)
          territoriality, related to the painter’s connection to the places she lives in and visits
          or where she settles, or an intangible territoriality, linked to the memories and stories
          that feed her imaginary. This paper focuses on three phases of Graça Morais’ oeuvre,
          corresponding to her researches in different geographic places (Vieiro [northeast of
          Portugal], Cape Verde, Sines [southwest coast of Portugal]). One can see, on one hand, how
          Morais’ work approaches to anthropologic research, in a methodology that the artist adapts
          to question everything around her; on the other hand, how her work evolves into a
          continuous territorial and identitary expansion, which departs from Morais’ home village
          in Trás-os-Montes, and is reinforced by her experiences traveling and discovering the
          world.</p>
      </trans-abstract>
      <kwd-group kwd-group-type="author-keywords">
        <kwd>identidad</kwd>
        <kwd>territorio</kwd>
        <kwd>Pintura</kwd>
        <kwd>Graça Morais</kwd>
      </kwd-group>
      <kwd-group xml:lang="en" kwd-group-type="author-keywords">
        <kwd>Identity</kwd>
        <kwd>territory</kwd>
        <kwd>painting</kwd>
        <kwd>Graça Morais</kwd>
      </kwd-group>
    </article-meta>
  </front>
<body>
<sec id="territorio-e-identidad-en-la-obra-de-graça-morais">
  <title>Territorio e identidad en la obra de Graça Morais</title>
  <p>En una de sus últimas exposiciones con obras inéditas,
  <italic>Inquietações</italic>
  [Inquietudes]<xref ref-type="fn" rid="fn2">2</xref>, la pintora
  portuguesa Graça Morais presentó un conjunto de pinturas y dibujos
  originales realizados en los años 2020 y 2021, en los que exorciza sus
  ansiedades y ensaya una catarsis personal y espiritual basada en la
  evocación de algu­nos de los más grandes dramas contemporáneos —la
  pandemia y sus consecuencias; los conflictos territo­riales étnicos,
  raciales y políticos; el movimiento de refugiados y migrantes—,
  construyendo una respuesta</p>
  <p>visual a la «angustia por los que huyen del exterminio, de las
  guerras, del hambre y de las enormes injusticias sociales» (Morais,
  2021, p. 27). En estas obras, las escenas y sus protagonistas se
  inspiran en imágenes di­fundidas en los medios y en colecciones
  fotográficas realizadas por la propia pintora, entrecruzándose con la
  investigación de las icónicas pinturas al fresco que Miguel Ángel creó
  en las paredes de la Capilla Sixtina, en el Vaticano (muy
  significativamente inspiradas en el libro del Génesis, narración que
  describe el naci­miento del Ser Humano y, con él, de la Humanidad, con
  todas sus cualidades y defectos).</p>
  <p>En esta exposición, el visitante también se sorprendía con la
  sala-instalación (<xref ref-type="fig" rid="figura1">Fig. 1</xref>), forrada de hojas de periódico, en la que la
  pintora revelaba la importancia de la prensa como fuente privilegiada
  de su obra, com­binando esta referencia con recuerdos concretos de su
  infancia: las cocinas de las casas de Trás-os-Montes que, ennegrecidas
  por el fuego de chimenea, se pintaban y cubrían con hojas de periódico
  con ocasión de la gran limpieza anual, en Semana Santa.</p>
  <fig id="figura1">
    <caption><p>Figura . Sala-instalación en la exposición Graça Morais.
    Inquietações. Bragança: Centro de Arte Contemporáneo Graça Morais,
    julio de 2021.</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image1.jpeg" />
    <attrib>Fotografía de Manuel Teles © Cortesía CACGM – Municipio de
      Bragança.</attrib>
  </fig>
  <p>Este conjunto de obras revelaba dos características de la práctica
  artística de Graça Morais: la construc­ción de un
  <italic>corpus</italic> de imágenes a partir de una mirada meditativa
  sobre el ser humano y su condición en el mundo; y su capacidad para
  unir lo local y lo global, en un proceso estructurado a partir de
  indagaciones in­ternas y observaciones externas que, simultáneamente,
  envuelve —y, sobre todo, cuestiona— al observador. En este contexto,
  la noción de territorialidad constituye un elemento básico, ya sea una
  territorialidad geo­gráfica y física que se relaciona con la conexión
  de la pintora con los lugares que habita o visita; ya sea una
  territorialidad intangible, relacionada con referencias externas
  escritas y visuales (libros, periódicos, fotogra­fías) o, más
  importante, con las memorias e historias personales (reales o
  ficticias), que alimentan su imaginación.</p>
  <p>El uso de los términos ‘territorio’ o ‘territorialidad’ como categoría de análisis en la
        investigación artística (y, en consecuencia, en la Historia del Arte) toma como base la idea
        de que el territorio es el espacio estable en el que tienen lugar las prácticas culturales
        en las cuales se crean mecanismos identitarios de represen­tación basados en la memoria
        colectiva, las singularidades culturales y los paisajes. En este sentido, además de
        relacionarse con un espacio geográfico en el que un individuo o grupo desarrolla su
        existencia (espacio social de vida), la noción de territorialidad aquí evocada conecta en
        cierta manera con la definición deleuziana del territorio como un ‘espacio de apropiación’
        en el que ocurren construcciones, deconstrucciones, re­construcciones (Deleuze y Guatari,
        1980).</p>
  <p>De hecho, desde el inicio Graça Morais asumió como matriz axial de
  su obra su territorio específico de origen —Vieiro, un pequeño pueblo
  de Trás-os-Montes, en la región nordeste de Portugal—, interpretándolo
  (es decir, construyéndolo, deconstruyéndolo y reconstruyéndolo, en un
  proceso de apropiación personal) a partir de una metodología de
  investigación informal basada en la observación directa o resultante
  de la evo­cación más subjetiva de recuerdos y vínculos emocionales. Sin
  embargo, aunque su «territorio propio de afirmación» (Almeida, 1998,
  p. 17) se configure a partir de la presentificación de sus referentes
  matriciales, el universo pictórico de Graça Morais no se limita a
  ellos: su obra se desarrolla en una continua expansión te­rritorial e
  identitaria que, a partir del microcosmos de su pueblo natal —con sus
  paisajes salvajes, su gente, sus tradiciones—, se complementa visual y
  referencialmente con todas sus experiencias de movimiento, circulación
  y descubrimiento del mundo.</p>
  <p>En este artículo se evocan tres fases de la producción de Graça Morais, correspondientes a
        investigacio­nes en diferentes espacios geográficos (Vieiro, Cabo Verde, Sines) y que se
        aproximan metodológicamente a los procesos de observación y recolección antropológica, que
        la artista adapta creativamente para cues­tionar todo lo que la rodea. De la relación que la
        pintora estableció con cada uno de estos tres territorios tan diferentes veremos, por un
        lado, cómo su obra se desarrolla en una continua expansión territorial e identitaria, que
        parte de su pueblo natal en Trás-os-Montes y se complementa con sus experiencias de
        movimiento y descubrimiento del mundo; por otro lado, partiremos de esta análisis para
        referenciar sumariamente algu­nas cuestiones actuales en el contexto de la historiografía
        del arte contemporáneo en Portugal: lo sentido de territorialidad e identidad, las
        relaciones entre centro y periferia y entre y entre lo local y lo global, la revisión de
        narrativas vinculadas al proceso cultural de construcción de la idea de «portugalidad», y la
        producción artística de artistas mujeres en Portugal.</p>
</sec>
<sec id="en-su-casa-vieiro-1981-1982">
  <title>En su casa: Vieiro, 1981-1982</title>
  <p>A principios de 1981, Graça Morais decidió instalarse en Vieiro,
  para un retiro artístico que duraría alrededor de dos años. Este
  retorno se produce después de diferentes momentos de ausencia —la fase
  de formación en la Escuela Superior de Bellas-Artes en Oporto
  (1966-1971), un período de trabajo docente en Guimarães (1972-1976),
  una estancia en París (1977-1979) y, finalmente, su establecimiento en
  Lisboa (desde 1979)— que no sólo contribuyeron a la ampliación de sus
  referentes visuales y culturales y a la creación de importantes redes
  de contacto en las primeras etapas de su carrera (con otros artistas,
  con galeristas, con críticos de arte, poetas y escritores), sino que
  también fueron cruciales para sensibilizar a la pintora sobre la
  importan­cia de arraigar sus referencias en un territorio matricial
  específico.</p>
  <p>Es importante destacar aquí que, sobre el período que pasó en la
  capital francesa, la pintora recordaría más tarde que «En París yo
  comía cultura francesa, pero vivía aquí [en Trás-os-Montes]» (Graça
  Morais en Pacheco, 1980, p. 38). Las obras entonces concebidas revelan
  esta multiplicidad referencial —«Mi pintura cuenta la verdad que viví
  y la realidad en la que vivo.» (Morais, 1978, s.p.)—, presentando
  temas y soluciones estilísticas que ya integran las premisas de la
  investigación desarrollada posteriormente por la artista: la caza, los
  frutos, los rostros y figuras (aún anónimos) de hombres y mujeres, en
  una figuración basada «en mis raíces, en mi conexión con la tierra, en
  mi identidad cultural» (Graça Morais en Gonçalves, 1980, p. 6). En
  otras palabras: fue a través de la distancia y de la memoria que
  Vieiro se hizo más presente, y fue a partir de esta presencia (y
  presentificación) que se formó la identidad artística de Graça
  Morais.</p>
  <p>El retorno a Vieiro fue apoyado por una Subvención de Investigación
  Artística financiada por la Fundación Calouste Gulbenkian y
  constituyó, en ese momento, un acto único dentro del panorama
  artístico contempo­ráneo en Portugal: al intentar llevar sus raíces y
  su territorio natal para su arte, Graça Morais tomó la dirección
  contraria a la mayoría de sus contemporáneos en el arte, que
  recurrieron al apoyo de esa organización prin­cipalmente para poder
  expandir sus investigaciones fuera del país. La pintora optó por un
  consciente regre­so a casa, fundamental para la estabilidad de su
  identidad y fundamento de toda su obra.</p>
  <p>Las pinturas y dibujos realizados en esta fase de producción asumen
  plenamente la reivindicación de su origen, de lo que es el primer
  territorio referencial de la artista: el pueblo, el mundo rural, el
  paisaje montañoso agres­te y lleno de contrastes, marcado por las
  estaciones y los ciclos rurales, y donde se llevan a cabo prácticas y
  ritua­les ancestrales que reflejan una estrecha convivencia —no siempre
  pacífica— entre el Hombre y la Naturaleza.</p>
  <p>El cuadro <italic>Páscoa, Vieiro</italic>, de 1982 (<xref ref-type="fig" rid="figura2">Fig.
          2</xref>), reúne algunos de estos elementos. Sin gente y sin paisaje, intuimos sin embargo
        en esta obra profundas huellas de una identidad territorial. La composición se estructura en
        torno a la imagen de un cordero sacrificial, en parte todavía con vestigios del animal que
        era, en parte representado ya en un cadáver semidespellejado y desfigurado, en el que la
        sangre es el único remanente de una existencia perdida, goteando sobre los elementos
        vegetalistas llenos vida. El contraste entre la vida y la muerte es reforzado por la
        dicotomía visual de la propia composición: la zona superior es oscura y densa, marcada por
        grandes manchas de color rojo sangre que inmediatamente atraen la mirada del espectador; la
        zona inferior es luminosa, destacando la linealidad del diseño que define los contornos de
        ramas, hojas, flores y frutos, puntuados por pequeñas notas de color. Las plantas
        representadas son fruto de la observación y recolección de la flora de Vieiro, en época de
          <italic>Páscoa</italic> (Semana Santa), es decir, son elementos específicos de ese
        territorio, en ese período del año. Además, estos elementos hacen referencia a una tradición
        pascual de ese pueblo: las ramas que preparan los niños y luego ofrecen a sus padrinos, a
        cambio de <italic>folar</italic> (un tipo de roscón que se elabora en Portugal en esa época
        del año). El diseño de las plantas, aparentemente sutil, acaba invadiendo la parte superior
        del cuadro, superponiéndose a la violencia del cuerpo mutilado del cordero: la frágil
        belleza de la vida se superpo­ner a la inevitabilidad de la muerte, en una interpretación
        muy personal de Graça Morais de la Pascua y de la resurrección de Cristo, cuya celebración
        es muy importante en la cultura católica de su tierra natal.</p>
  <fig id="figura2">
        <caption>
          <p>Figura . Graça Morais, Páscoa, Vieiro, 1982. Pastel sobre papel, 175 x 147 cm.</p>
        </caption>
        <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image2.jpeg"/>
        <attrib>© Graça Morais, cortesía de la Artista</attrib>
      </fig>
  <p>Las diversas capas de lectura formal y simbólica que se encuentran
  en esta obra revelan, por parte de la artista, una observación muy
  rigurosa de los elementos físicos (y metafísicos) que la rodean,
  resultado a su vez de un trabajo de investigación y reflexión de campo
  que, como sugiere la historiadora del arte Laura Castro, acerca a
  Graça Morais al concepto de «artista antropólogo»:</p>
  <disp-quote>
    <p>Graça Morais favorece el contacto directo con los lugares y
    comunidades que le interesan. Cuando, en 1981, decidió regresar a su
    pueblo natal, Vieiro, y explorar las huellas de la cultura rural de
    Trás-os-Montes, se trataba de vivir y estar dentro de una sociedad.
    Hoy hablaríamos de residencias artísticas para explicar la opción
    escogida, el equivalente al trabajo de campo de un antropólogo.
    (Castro, 2011, p. 72)</p>
  </disp-quote>
  <p>Esta aproximación (o contaminación) metodológica con los procesos
  de observación y recolección an­tropológica puede encuadrarse en el
  «giro etnográfico» (<italic>the etnographic turn</italic>) que Hal
  Foster (1996) ve en el arte a partir de la segunda mitad del siglo XX.
  No obstante, Graça Morais no se posiciona como una observa­dora
  distanciada y no se limita a registrar datos visuales. Por el
  contrario, la pintora nunca renuncia a su condición de artista
  (creadora), ni a la relación personal y afectiva que tiene con aquel
  territorio particular, añadiendo nuevas dimensiones estéticas,
  interpretativas e inventivas al acto de observación. En este senti­do,
  se puede afirmar que Graça Morais trabaja con una ‘mirada
  antropológica’ más cercana al significado que le da Hans Belting, ya
  que sus imágenes surgen como resultado de una simbolización a la vez
  personal (por vía de investigaciones y cuestionamientos individuales)
  y colectiva (en la medida en que siempre hacen referencia e intentan
  dialogar con los contextos que la rodean):</p>
  <p>Una imagen es más que un producto de la percepción. Se manifiesta
  como resultado de una simboliza­ción personal o colectiva. Todo lo que
  pasa por la mirada o frente al ojo interior puede entenderse así como
  una imagen, o transformarse en una imagen. Debido a esto, si se
  considera seriamente el concepto de ima­gen, únicamente puede tratarse
  de un concepto antropológico. Vivimos con imágenes y entendemos el
  mundo en imágenes. Esta relación viva con la imagen se extiende de
  igual forma a la producción física de imágenes que desarrollamos en el
  espacio social, que, podríamos decir, se vincula con las imágenes
  men­tales como una pregunta con una respuesta. (Belting, 2010, p.
  14)</p>
  <p>Fue en la observación y en el registro de la gente de su tierra
  natal —en particular, de las mujeres— que la «mirada antropológica» de
  Graça Morais encontró su mejor expresión, siendo importantes tanto las
  marcas de sus circunstancias personales (su crecimiento fue marcado
  por una fuerte presencia femenina, en las fi­guras de su madre, con la
  que siempre estuvo muy unida, y de sus seis tías, hermanas de su
  madre), como el encuadramiento social y demográfico específico del
  territorio en el que creció —un pueblo rural marcado por el
  aislamiento y por las marcas de fuertes descensos demográficos a lo
  largo de los años 1960 debido al contexto de la guerra colonial y, a
  partir de los años 1980, debido a los éxodos migratorios internos y
  exter­nos, mayoritariamente masculinos— fueron principalmente los
  hombres quien partió (v. Baião, 2021). Este anclaje artístico y
  observacional al universo femenino rural, con un fuerte componente
  autobiográfico, daría un carácter programático (o incluso político) a
  su obra: por un lado, porque referencia críticamente la reali­dad,
  constituyendo un medio de compromiso y de deliberada denuncia de
  situaciones dramáticas que le son más o menos cercanas —la propia
  artista no duda en declarar que «rechaza el papel de espectadora» ante
  las injusticias y los dramas que la rodean (Graça Morais en Letria,
  2018, p. 131); por otro lado, porque es potenciadora de un reenfoque
  de las relaciones entre centro y periferia, ya que lugares y personas
  normal­mente relegados al olvido asumen ahora el papel de
  protagonistas, en una perspectiva desde «adentro», sin riesgo de
  fascinación con lo excéntrico y sin cualquier
  folclorismo<xref ref-type="fn" rid="fn3">3</xref>.</p>
  <p>Al mismo tiempo, su metodología de trabajo de campo y su conexión
  con la realidad integran a Graça Morais en el grupo de artistas
  portuguesas que, con especial expresión a partir de los años 1970,
  contribuyeron a «una afirmación de la mujer como seres creativos, con
  fuertes convicciones, lenguaje propio y gran irreveren­cia expresiva y
  estética, abordando muchas veces temas vinculados al cuerpo (en todos
  sus aspectos, sin ningún tipo de vínculos o restricciones) y
  cuestiones relacionadas con el hogar y la familia» (Rodrigues, 2017,
  pp. 297). Aquí, será pertinente cotejar la obra de Graça Morais con la
  de artistas como Paula Rego (1935-2022) o Túlia Saldanha (1930-1988).
  La pintura de Paula Rego, con quien la Graça Morais mantuvo amistad,
  se carac­teriza por un enfoque figurativo instintivamente ligado a su
  historia familiar y a una aguda percepción de diver­sos aspectos de la
  sociedad y sus arquetipos; en su obra, las alusiones a la realidad se
  cruzan con un sinfín de referencias literarias y visuales, para
  transformarse en un «mundo de fantasía y encantamiento, colocando
  [Paula Rego] en sus pinturas lo que no es capaz de decir» (Alfaro,
  2023, p. 55). Nacida en Trás-os-Montes como Graça Morais, Túlia
  Saldanha es autora de un trabajo de fuerte dimensión conceptualista y
  experimental, en lo que también prevalece una memoria identitaria de
  su territorio de origen, en una multiplicidad de evocaciones de
  recuerdos personales y vivencias sociales transmontanos (Lamoni,
  2021).</p>
  <p>Pintadas durante el retiro en Vieiro, <italic>Maria</italic> (1982) y <italic>Delmina</italic>
        (1982) (<xref ref-type="fig" rid="figura3">Figs. 3</xref> y <xref ref-type="fig"
          rid="figura4">4</xref>) ejemplifican el vínculo funda­mental de la artista con su tierra y
        su gente, y al mismo tiempo la expansión de sus referencias geográficas y culturales. El
        motivo son dos mujeres de su pueblo, personajes reales que, en efecto, se convirtieron en
        una presencia constante en su obra, y pueden considerarse una especie de <italic>alter
          ego</italic> de la pintora. Las dos figu­ras están representadas con un enfoque
        inesperadamente realista —sus rostros son verdaderos retratos—, aunque sus cuerpos son
        posteriormente transfigurados mediante la metamorfosis y la integración y super­posición de
        otros elementos. El tratamiento que aquí se da al cuerpo femenino es relevante: en el campo,
        él es principalmente un instrumento de trabajo, rara vez es una fuente de placer. Y si el
        hombre puede explorar su libido en actos como el sacrificio de animales o la caza, la mujer
        silencia sus deseos (Moraes, 1984, s.p.).</p>
  <fig id="figura3">
    <caption><p>Figura 3. Delmina, 1982. Óleo y carbón sobre
    lienzo, 145 x 206 cm. </p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image3.jpeg" />
    <attrib>© Graça Morais, cortesía de la Artista</attrib>
  </fig>
  <fig id="figura4">
    <caption><p>Figura 4. Maria, 1982. Óleo y carbón sobre lienzo,
        146 x 212 cm.</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image4.jpeg" />
    <attrib>© Graça Morais, cortesía de la Artista</attrib>
  </fig>
  <p>Dice Graça Morais (en Fiadeiro, 1983, p. 15) que «La violencia que
  padecen las mujeres es muy grande. Primero porque trabajan mucho,
  segundo porque son víctimas resignadas y sumisas». Debido a la
  represión que encuentra en las historias de las mujeres de su pueblo,
  sus representaciones femeninas toman insisten­temente la forma de
  animales, oponiéndose a la figura masculina, que es el cazador, el
  depredador de estos animales-mujeres. En estas dos pinturas se
  referencia la violencia latente y la alusión a una «sexualidad
  brutalista» (Pernes, 2005, p. 14) a través de elementos como picos de
  pájaros, garras de animales, cascos de bovino. Y, siempre, la
  presencia de la sangre, que es vida y muerte.</p>
  <p>Además de un contexto local (Trás-os-Montes), estas obras remiten
  al territorio metafórico de la Historia del Arte, anunciando otra
  característica clave en el arte de Graça Morais: la conciencia de la
  genealogía de su pintura en manifestaciones artísticas de otras
  épocas, otras geografías, otros autores, en un diálogo per­manente con
  la historia de la pintura —y, con ella, con la historia del mundo:
  «Cuando tenemos un encuentro con la gran pintura, todo es tan fuerte
  que a partir de entonces, las elecciones y las identificaciones son
  im­prescindibles» (Graça Morais en Carita, 2017, s.p.).</p>
  <p>En estas pinturas son identificables dos citas estéticas de
  cronologías muy lejanas, pero unidas en una referencia primitiva o
  ancestral: las representaciones animalísticas del arte rupestre
  europeo, evocadas en el dibujo lineal de los animales en los que las
  mujeres se metamorfosean, como misteriosas y poderosas formas
  chamánicas; y el cuadro de Picasso, Guernica, que Graça Morais vio por
  primera vez en vivo en Madrid en 1981, y del que se extraen fragmentos
  directos, como las manos y los pies que pueblan ambas composiciones.
  Al establecer relaciones entre el universo rural y femenino que le es
  tan propio, con imáge­nes relacionadas con el origen de las comunidades
  humanas, o con la tragedia y el sacrificio violento que se asocian a
  Guernica, la pintora destaca su interés por el enfoque fuertemente
  simbólico del drama humano, siempre presente en su pintura. Será
  precisamente la dimensión humana la que la pintora explorará en la
  serie de obras que creará unos años después en otro territorio
  geográfico, Cabo Verde.</p>
</sec>
<sec id="las-islas-de-sodade-cabo-verde-1988-1989">
  <title>Las islas de
  <italic>sodade</italic><xref ref-type="fn" rid="fn4">4</xref>: Cabo
  Verde, 1988-1989</title>
  <p>A pesar de estar muy unida a sus raíces, Graça Morais busca nuevos
  estímulos en el mundo exterior, concre­tamente a través de viajes al
  extranjero. Así, en 1988 respondió positivamente al desafío de
  realizar una resi­dencia artística en Cabo Verde. Sólo interrumpido por
  visitas esporádicas a Portugal, el trabajo se desarrolló durante
  varios meses en contacto continuo con las comunidades de las
  diferentes islas visitadas (aunque con estancias más largas en
  Mindelo, en la isla de San Vicente, donde instaló un improvisado
  estudio).</p>
  <p>La obra desarrollada en el archipiélago caboverdiano es resultado
  de una ‘peregrinación visual’ de la ar­tista, proceso que refleja el
  equilibrio entre la distancia y el desplazamiento de alguien ajeno a
  esa realidad territorial, y la necesidad de acercarse a los lugares y
  a las personas, con quienes existen inevitables afinida­des y
  reconocimiento. Este proceso se da de forma espontánea, a medida que
  pasan los días. Por un lado, Graça Morais se revela atenta a historias
  y mitos locales transmitidos principalmente a través de la oralidad y
  la música, como el cuento del buey
  Blimundo<xref ref-type="fn" rid="fn5">5</xref>, una de las narrativas
  tradicionales más conocidas de Cabo Verde, referenciada directamente
  en dos pinturas. Por otro lado, la pintora capta, en registros
  fotográficos casi diarios, aspectos de las vivencias cotidianas de las
  poblaciones de las islas: el mercado de la ciudad de Praia, con sus
  vendedores y gente en un bullicio inesperadamente sereno; las
  alfareras de Santa Catarina, en el interior de la isla de Santiago;
  los niños y sus juegos infantiles en la isla de São Vicente; los
  animales que pueblan los paisajes inhóspitos y montañosos de la isla
  de Fogo… Para Graça Morais, los registros foto­gráficos son una parte
  fundamental de su proceso creativo, ya que ofrecen margen para la
  invención narra­tiva y compositiva y permiten que cada pintura se
  desarrolle por caminos inesperados:</p>
  <disp-quote>
    <p>Hoy los periódicos son para mí una fuente de inspiración, cosa
    que no ocurría desde hacía 30 años. En aquella época mi
    documentación era directa o hecha con mi cámara. Cuando estoy
    fotografiando ya estoy encuadrando y pintando, pero luego llego al
    lienzo y él siempre me sorprende. (Graça Morais en Carita, 2017,
    s.p.).</p>
  </disp-quote>
  <p>En las obras producidas en Cabo Verde vuelve a aparecer el uso del
  metamorfismo, la fusión entre perso­nas y animales, a la que se asocian
  instrumentos de trabajo y otros objetos (juguetes de hojalata, un
  embudo, vasijas de barro), así como elementos escritos (palabras
  sueltas o frases cortas que mezclan portugués y criollo), en juegos de
  superposición y repetición que refuerzan una estrategia visual para
  referenciar y comu­nicarse con los habitantes de un archipiélago que
  sobrevive al capricho de los hombres y de la naturaleza (Costa, 2014,
  p. 64).</p>
  <p><italic>Sin título</italic> (serie Cabo Verde), de 1988 (<xref ref-type="fig" rid="figura5"
          >Fig. 5</xref>), reúne algunas de estas características. La composición se estructura en
        torno a los dos elementos que aparecen, sin conexión aparente, en primer plano: la impasible
        sibila — asumo aquí la definición de la propia artista, para quien «las Sibilas son
        Mujeres-Animales que representan un bestiario lleno de misterio» (Morais, 2021, p. 27) —,
        cuya mirada desafía misteriosamente al observa­dor; y un extraño dispositivo de tubos
        metálicos cuya configuración se asemeja el cráneo de un animal con cuernos. Aquí destaca la
        palabra VITÓRIA, transferida de una plancha de hierro encontrada por la pintora en la playa
        de Calhau, en San Vicente. A pesar de la aparente serenidad del paisaje despoblado y
        monocromático en el que se proyectan los varios elementos, la escena presenta cierta
        tensión, propuesta visualmente por la luminosidad que destaca en la paleta oscurecida de
        tonos terrosos y plomizos y, sobre todo, por el desplaza­miento del centro compositivo a la
        izquierda, en el sentido de la mujer-bestia que se enfrenta al observador.</p>
  <fig id="figura5">
    <caption><p>Figura 5. Graça Morais, Sin título (serie Cabo Verde),
    1988. Acrílico y carbón sobre lienzo, 130 x 195 cm.</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image4.jpeg" />
    <attrib>© Graça Morais, cortesía de la Artista</attrib>
  </fig>
  <p>En el conjunto de pinturas y dibujos producidos en Cabo Verde, es posible comprobar que la
        relación de la pintora con el territorio caboverdiano se establece no sólo a través de
        interacciones con las personas y una implicación inmersiva con el lugar, sino también a
        través de la evocación de experiencias y memorias previas y personales. Por ejemplo, en
        algunas obras aparecen figuras exóticas —los felinos, la gran serpiente— que no tienen nada
        que ver con el contexto de estas islas, y que, como reconocería más tarde Graça Morais,
        están vinculadas a recuerdos lejanos de su infancia en Mozambique, donde vivió entre 1956 y
        1958.</p>
  <p>En otras, se establecen relaciones con Trás-os-Montes: a través de
  los tonos siena, negro, magenta y ocre de los paisajes áridos de las
  islas, que hacen referencia a los colores de las montañas y campos de
  su tierra natal; a través de un bestiario común, como son las cabras,
  tan presentes en las islas como en su pueblo, aso­ciadas a calendarios
  y rituales que estructuran la cultura de las comunidades rurales; o
  incluso a través de las personas que habitan sus composiciones, en
  particular las «mujeres sin historia» (Pernes, 2005, p. 20) que Graça
  Morais encontró en ese archipiélago —madres, trabajadoras, guardianas
  de saberes ancestrales, «al igual que sus hermanas de Trás-os-Montes»
  (<italic>ídem</italic>). Como señala Cristina de Azevedo Tavares
  (2006, p. 38):</p>
  <disp-quote>
    <p>[…] Era natural que Cabo Verde se le hubiese presentado a la pintora como una extensión de
          Trás-os-Montes […], por la dureza del clima, la tierra áspera, los rasgos comunes de la
          gente, permanencia de un flujo migratorio y, con él, la afirmación de la
            <italic>sodade</italic>.</p>
  </disp-quote>
  <p>Esta referencia territorial, matricial e identitaria con Trásos-Montes justificará el hecho muy
        significativo de que, al capturar una experiencia insular, atlántica, en ninguna de las
        obras haya una referencia directa al mar: todo es telúrico, todo es tierra.</p>
  <p>Si, por un lado, la ausencia del océano en las obras realizadas en
  Cabo Verde puede interpretarse como una transposición del
  <italic>locus</italic> original de la pintora para la experiencia
  insular, por otro, no deja de adquirir un simbolismo particular, más
  aún teniendo en cuenta el encuadramiento diplomático y cultural de
  esta resi­dencia artística. De hecho, Graça Morais inició este proyecto
  tras una invitación oficial de José Fernandes Fafe, escritor y
  diplomático portugués, entonces embajador de Portugal en Cabo Verde.
  Según la pintora, el objetivo establecido era, a través de su
  investigación y su obra, fomentar los vínculos entre ambas naciones y
  «ayudar a comprender un poco de ese país» (Morais, 2018), que en 1988
  cumplió poco más de una década como nación independiente de Portugal
  (su independencia fue declarada el 5 de julio de
  1975).<xref ref-type="fn" rid="fn6">6</xref></p>
  <p>Durante la estancia en Cabo Verde, en lugar de centrar sus investigaciones y sus narrativas
        pictóricas en una visión historicista y necesariamente eurocentrista del vínculo entre
        Portugal y este país —con los desequi­librios y tensiones propias de las relaciones entre
        colonizador y colonizado, basada en el binomio «yo» y «otro»—, Graça Morais adoptó la misma
        actitud de implicación que siempre asumió en su trabajo de campo en Vieiro, interesándose
        por las personas, por la comunidad, por su vida cotidiana <italic>aquí</italic> y
          <italic>ahora</italic>, alejándose así de una discursividad o imaginario de la
        (pos)colonialidad. La pintora prestó toda su atención a la tierra y a su gente, con los que
        fácilmente estableció un vínculo real, y la ausencia del mar puede ser interpretada como un
        con­trapunto à la dimensión ideológica que el océano tiene en la narrativa de la historia
        portuguesa y, en particular, en la construcción del nacionalismo portugués y de una idea de
        «portugalidad» (v. Barreneche, 2024).</p>
  <p>Encarnando, en Cabo Verde, o contacto con realidades similares a las que siempre conoció en su
        Trás-os-Montes natal, Graça Morais se pregunta (Morais, 1989, s.p.): «¿Tiene el artista un
        origen? ¿Nací en Trás-os-Montes o en Cabo Verde?»</p>
</sec>
<sec id="los-hombres-y-el-mar-sines-2005">
  <title>Los hombres y el mar: Sines, 2005</title>
  <p>Interrogaciones similares surgirán más de una década después, cuando Graça Morais realice una
        residencia artística en Sines (costa litoral occidental en el sur de Portugal), para
        producir obras para la exposición inau­gural del Centro de las Artes de esa ciudad. Ahora,
        la pintora explora nuevos referentes, como el mar o la figura masculina, hasta entonces poco
        representada en sus obras. La propia artista recuerda: «Buscaba mujeres —yo pinto mujeres—,
        pero cuando fui a la lonja de pescado me di cuenta de que la fuerza del mar, de las
        per­sonas ligadas al mar, estaba en los hombres» (Morais <italic>apud</italic> Costa, 2014,
        p. 89). La pintora recurre así al océano y a un universo masculino, apropiándose de escenas
        auténticas que observa y registra atentamente.</p>
  <p>Como ya había hecho en Cabo Verde, Graça Morais estructuró su
  trabajo a partir de la observación direc­ta de la comunidad pesquera,
  capturando las rutinas cotidianas en registros gráficos o fotografías
  espontá­neas, coleccionando objetos, escuchando historias de
  pescadores, interesándose por tradiciones y mitos locales. Al mismo
  tiempo, emprendió una investigación basada en la literatura sobre el
  lugar y su historia, sobre el mar, tomando luego como referencia
  fundamental la poesía de Sophia de Melo Breyner Andresen.</p>
  <p>Este proceso de inmersión en las vivencias de la comunidad, marcado
  por el ritmo de salida y regreso de los pescadores, por los
  movimientos en la lonja a lo largo del día, por las luchas anárquicas
  de las gaviotas por el pescado, dio como resultado obras en las que
  surgen hombres de inusuales ojos azules, gaviotas que son ángeles
  terribles o que personifican actitudes y gestos humanos, hombres y
  mujeres-pez transmutados entre la tierra y el mar. Es decir, a pesar
  de los nuevos referentes, no hay, para Graça Morais, ningún cambio en
  su planteamiento conceptual —ahora, asume el mar como un escenario
  diferente para abordar los mis­mos dramas humanos que aborda en otras
  series—, ni en su planteamiento pictórico, plasmado en el uso de la
  transfiguración de la realidad, común a su anterior (y posterior)
  producción. Como observa António Mega Ferreira (2005, p. 78), autor
  del texto presentado en el catálogo de la exposición resultante de
  esta residen­cia artística, la pintora «retoma formas que ya fueron
  sistemáticamente suyas, ahora convocadas casi como recreaciones de una
  memoria de sus propios recuerdos como artista».</p>
  <p>El cuadro <italic>Historia Trágico-Marítima</italic>, de 2005 (<xref ref-type="fig" rid="figura6">Fig.
      6</xref>), constituye una síntesis de las investigaciones reali­zadas en este
  nuevo territorio geográfico y vivencial. La composición está marcada
  por el azul de un mar lleno de barcas y hombres (destacando, a la
  izquierda, el rostro bronceado de un pescador de ojos claros, con
  caracoles en las orejas), donde habitan misteriosas criaturas
  metamorfoseadas (las sirenas configura­das en mujer-pájaro y
  mujer-raya) y otros personajes de una trama fantástica inspirada en
  historias reales y en uno de los acontecimientos más destacados de
  Sines: las procesiones de Nuestra Señora de las Salas, que tienen
  lugar anualmente los días 14 y 15 de agosto. El título —una deliberada
  cita de una obra histórica y literaria del siglo XVIII en la que se
  recopilan noticias de los hundimientos de barcos portugueses ocurridos
  entre 1552 y 1602<xref ref-type="fn" rid="fn7">7</xref>— y la escala
  monumental refuerzan el carácter dramático y un tanto operístico de
  esta pintura, sobre que el artista declararía más tarde:</p>
  <disp-quote>
    <p>Allí están nuestros Descubrimientos, Vasco da Gama, pero también
    las historias de los pescadores. Casi todos han experimentado algún
    drama en su vida. Hubo uno que me dijo: «Perdí a dos hermanos en el
    mar». Hay una serie de figuras en este panel que son estas figuras
    que murieron, que desapare­cieron. (Morais, 2005, p. 4-5)</p>
  </disp-quote>
  <fig id="figura6">
    <caption><p>Figura 6. Graça Morais, História Trágico-Marítima.
    Acrílico, carbón y pastel sobre lienzo, 546 x 203 cm.</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image5.jpeg" />
    <attrib>© Graça Morais, cortesía de la Artista</attrib>
  </fig>
  <fig id="figura7">
    <caption><p>Figura 7. Exposición Olhos Azuis do Mar (Bragança,
    Centro de Arte Contemporáneo Graça Morais, 2019). A la izquierda,
    Joana ouvindo o mar…, 2005 (acrílico, carbón y pastel sobre lienzo,
    200 x 100 cm); a la derecha, A Vela, 2005 (acrílico, carbón y pastel
    sobre vela de barco, 455 x 275 cm), con un retrato de un pescador y
    un autorretrato de Graça Morais.</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image6.jpeg" />
    <attrib>Foto Manuel Teles © Cortesía CACGM – Municipio de Bragança</attrib>
  </fig>
  <p>Si en la residencia artística de Cabo Verde el mar estuvo
  prácticamente ausente, en Sines la presencia del océano fue crucial.
  Sin embargo, aunque la evocación del pasado marítimo portugués fuera
  casi inevita­ble durante esta fase de producción —Sines es la ciudad
  natal del navegante Vasco da Gama (ca. 1469-1524), descubridor de la
  ruta marítima a la India—, Graça Morais no se embarca en una
  apologética narrativa de los Descubrimientos, incluso cuando los evoca
  a través de sus temas o de su iconografía. Por el contrario, la
  pintora opta por evocar historias pasadas y presentes centradas en el
  drama y las aspiraciones humanas — los naufragios, las incertidumbres
  e inconstancias del mar en los largos o cortos viajes, el trabajo
  rutinario de los pescadores, las tradiciones religiosas y populares
  ligadas al mar—, combinándolas con referencias a aspectos específicos
  de la situación contemporánea de ese territorio: el activo puerto de
  Sines, la presencia de industrias petroquímicas y de la refinería, con
  las consecuencias paisajísticas, ecológicas, económicas y sociales que
  traen a ese pueblo. Una vez más, y a través de una cuidadosa
  observación e investigación, Graça Morais parte del lugar para abordar
  temas universales reconocibles, hablándonos así «de la lucha, la lucha
  por la supervivencia y por la identidad, contra la banalidad de la
  vida cotidiana y la angustia del olvido» (Ferreira, 2005, p. 97).</p>
  <p>Otra característica resultante de esta experiencia de acercamiento a un territorio costero fue
        la explora­ción de una nueva dimensión en su pintura, relacionada con «el gran espacio, a
        veces sin límites, a veces sin línea de horizonte, entre el cielo y el mar», sugestivo de un
        «lado infinito que nunca encontré en la montaña, pero que encontré aquí» (Morais, 2005, p.
        5). Aunque aparentemente alejadas del contexto de Trás-os-Montes, muchas de las obras
        producidas en Sines siguen haciendo referencia a la territorialidad matricial de la pintora,
        denunciada en el uso de una paleta de tonos tierra que predomina en varias pinturas y
        dibujos, o a través de la integración de elementos extraños al contexto marítimo, como los
        cuernos de carnero que aparecen asociados a algunas figuras —entre ellas las personificadas
        por su hija Joana o por la propia pinto­ra, en un autorretrato (<xref ref-type="fig"
          rid="figura7">Fig. 7</xref>)—, lo que refuerza así la importancia de sus orígenes en la
        forma en la que esta­blece relación con todo lo que la rodea, afirmando su plena conciencia
        identitaria.</p>
</sec>
<sec id="consideraciones-finales">
  <title>Consideraciones finales</title>
  <p>Las obras producidas en diferentes localizaciones y cronologías —
  evocamos aquí investigaciones plásticas realizadas en Vieiro
  (1981-82), en Cabo Verde (1988-89) y en Sines (2005) — constituyen
  claros testimonios de cómo la identidad pictórica de Graça Morais se
  establece temática, formal y conceptualmente a partir de un territorio
  matricial único e inconfundible, desarrollándose luego a través de
  relaciones con otros lugares (espacios), tiempos (momentos personales
  o históricos) y referentes (culturales, simbólicos). De esta mane­ra,
  su obra asume, desde el inicio, la reivindicación de su origen como
  referente, presentando marcas de una identidad basadas en recuerdos y
  observaciones personales de vivencias en su territorio matriz que,
  como hemos visto, son transponibles a temas relacionados con otras
  geografías o realidades socioculturales. Esta transponibilidad surge
  como consecuencia de una inmersión experiencial en estos lugares, en
  contacto di­recto con las personas, sus hábitos y sus contextos (como
  mencionamos, en un sentido cercano a la defini­ción de «artista como
  etnógrafo»), y se materializa en obras en las que, más que describir
  aspectos físicos de los nuevos entornos (aunque también lo hace), la
  artista intenta captar ‘el espíritu del lugar’. Este proceso de
  descubrimiento de una realidad externa y reflexión simultánea interna
  e identitaria es lento, muy individual e introspectivo —e incluso
  doloroso:</p>
  <disp-quote>
    <p>La búsqueda de mis raíces, de mi verdad, me convierte cada vez más en un ser aislado. De esta
          situa­ción surge un arte producido en el dolor, en un cierto sufrimiento que nace no
          porque yo sea masoquista, sino porque proceso un cierto rigor y ascetismo en mi trabajo.
          (Morais, 1989, s.p.)</p>
  </disp-quote>
  <p>Como hemos visto, las distintas fases de producción analizadas enuncian problematizaciones más
        am­plias en el campo de la historiografía y los estudios de arte que, si bien no se
        desarrollan extensamente en este texto, se enumeran para futuras investigaciones: en primer
        lugar, llamamos la atención sobre la forma como la obra de Graça Morais acaba dando una
        inusitada centralidad a la dimensión periférica de Trás-os-Montes, a través de la
        construcción de una narrativa pictórica que, si bien basada en la observación y des­cripción
        de la realidad local (paisajes, personas, acciones), no se rinde a una visión folclorista
        que pueda asociarse a ese territorio —incluso cuando aborda directamente temas más populares
        vinculados a las tra­diciones locales, como los «caretos» de lo Carnaval transmontano, las
        procesiones y las romerías—, evitando perpetuar una caracterización estereotipada de las
        tierras, las personas, los usos y costumbres del noreste de Portugal. Este proceso de
        recentralización acaba repitiéndose en sus experiencias de desplazamiento, observación y
        registro de otros contextos, en un doble posicionamiento: por un lado, el centro pasa a ser
        la nueva realidad con la que la pintora entra en contacto y en la que se sumerge; por otro
        lado, hay siempre un anclaje a una memoria matricial, que da singularidad a sus obras — esto
        es lo que podemos observar en las pinturas y dibujos realizados en Sines y en Cabo
        Verde.</p>
  <p>En segundo lugar, y en estrecha relación con el punto anterior,
  vemos cómo Graça Morais parte de lo local para referenciar lo global y
  lo universal, en un proceso marcado por una necesaria relación de
  equilibrio y que no es neutral — como refiere lo periodista y
  sociólogo Alexandre Manuel (2008, p. 6), «[j]amás se puede ha­cer
  referencia a lo global excluyendo lo local, lo que, en la práctica,
  significa que lo global ya no debe enten­derse como oposición a lo
  local, ya que lo que habitualmente se clasifica como local está
  contenido en la idea de global.» De ahí el carácter un tanto político
  (programático) de la producción de la pintora, que nos permite
  relacionarla con los fenómenos de la interculturalidad, en el sentido
  de «asumir el desafío epistemo­lógico de reconocer la existencia de
  otras visiones del mundo y aceptar la validez de otros saberes y
  otras</p>
  <p>formas de construir conocimiento» (Marín, 2009, p. 8). En otras
  palabras, Graça Morais no es una artista local (regional o incluso
  nacional), y será pertinente enmarcar y analizar su producción a la
  luz de un marco inter­nacional más amplio, no sólo en los campos de la
  historiografía y la crítica de arte, sino también en sus rela­ciones
  con otros dominios del conocimiento, como la antropología o la
  sociología. Un caso paradigmático de esta universalidad e inscripción
  transdisciplinar fue la elección del cuadro <italic>Maria</italic>
  (1982) (Fig. 3) para formar parte de <italic>Préhistomania</italic>
  (Musée de l’Homme, París, 17 de noviembre de 2023 al 20 de mayo de
  2024), expo­sición que pretendió ser un testigo de la expresión
  artística de la humanidad en la prehistoria y su repercu­sión hasta
  nuestros días. Los tres curadores, especialistas en los dominios de la
  museología, antropología, literatura e historia del arte —Richard
  Kuba, Jean-Louis Georget y Egídia Souto— eligieron la pintura de Graça
  Morais (única artista viva representada en la muestra) porque es «una
  obra fundamental […] que da una res­puesta contundente al tema,
  inscribiendo este patrimonio [prehistórico] en la creación artística
  actual.»<xref ref-type="fn" rid="fn8">8</xref></p>
  <p>Finalmente, también se hace referencia a la posibilidad de releer
  la obra de Graça Morais a la luz de en­foques feministas de la historia
  del arte portugués, en los términos propuestos por Filipa Lowndes
  Vicente (2012, p. 216), para quienes «[t]ener en cuenta que las
  artistas son “mujeres” significa tener en cuenta el contexto social,
  cultural y político que determinó la trayectoria de una artista, de
  manera más o menos mar­cada, en diferentes períodos históricos». Cabe
  señalar que esta revisión del arte portugués «en lo femeni­no», con sus
  necesarias (y complexas) problematizaciones, está experimentando
  evoluciones recientes, con expresión en el contexto expositivo y
  curatorial<xref ref-type="fn" rid="fn9">9</xref>, así como en el
  ámbito académico y editorial (Hargreaves, 2022; Leandro, 2020; Leandro
  e Silva, 2016; Oliveira, 2015).</p>
  <p>En los últimos años, Graça Morais ha iniciado líneas de
  investigación que sintetizan estas experiencias previas y en las que,
  en cierto modo, se produce una especie de desmaterialización (pero no
  anulación) de su identidad territorial. Las obras presentadas en la
  exposición mencionada al inicio del texto son un claro ejemplo: densas
  y deliberadamente inquietantes, ellas son el resultado de una
  reflexión sobre la condición humana y el miedo que nos invade ante lo
  incomprensible.</p>
  <p>En estas pinturas y dibujos destaca la mirada intensa e interpoladora de los personajes, que,
        por momen­tos, siguen apareciendo en forma de metamorfosis, entrecruzándose con el bestiario
        referencial en la obra de la pintora. En algunas composiciones aparecen paisajes rurales,
        habitados, relacionados con el contexto transmontano —tal vez en una afirmación de que, en
        sus inquietudes, la pintora encuentra una cierta paz en los recuerdos del ritmo constante de
        su pueblo, en la memoria del paisaje físico y humano de Trás-os-Montes. En otros cuadros, la
        mayoría, no hay escenario ni cualquier referencia territorial: los personajes sin género ni
        rostro definido que habitan sus cuadros pueden ser cualquiera de nosotros y los espacios en
        los que se mueven pueden ser cualquier parte del mundo. En estos casos, la territorialidad
        de Graça Morais se expande significativamente más allá de los espacios de sus experiencias
        personales, en una sublimación que llama al espectador a integrar sus propias experiencias.
        La pintora nos recuerda así que independiente­mente de sus (nuestras) raíces, el mundo es su
        (nuestra) casa, un territorio universal y compartido, invitando al observador a un ejercicio
        introspectivo y personal frente a la «dimensión de misterio y sagrado» (Graça Morais en
        Letria, 2018, p. 137) que forma parte de cada una de sus obras, de su arte de pensar el
        mundo.</p>
</sec>
</body>
<back>
<fn-group>
  <fn id="fn1">
    <label>1</label><p>Este artículo es original e inédito, basado en
    una comunicación proferida por la autora en el coloquio «Graça
    Morais et l’art de penser le monde» (Paris, 2021), y fue escrito en
    contexto de su trabajo de investigación en el ámbito del proyecto
    Laboratorio de Artes de Montaña – Graça Morais, Centro de
    Investigação em Educação Básica, Instituto Politécnico de Bragança,
    financiado por la Fundação para a Ciência e a Tecnologia (FCT),
    Portugal.</p>
  </fn>
  <fn id="fn2">
    <label>2</label><p><italic>Inquietações.</italic> Bragança
    (Portugal): Centro de Arte Contemporáneo Graça Morais, 30 de julio
    de 2021 – 29 de enero de 2023. Sobre la exposición, con informes de
    la artista y comisarios, ver
    <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://www.youtube.com/watch?v=MIb5NhgsaHw">https://www.youtube.com/watch?v=MIb5NhgsaHw</ext-link>
    (consultado por última vez el 22-05-2024).</p>
  </fn>
  <fn id="fn3">
    <label>3</label><p>Asumo una cierta connotación negativa del término
    «folclorismo», asociada a su institucionalización y paradojas, y a
    la fiabilidad de los mecanismos formales de regulación de la
    práctica folclórica, que promueve determinados comportamientos,
    apagando u ocultando otros (cf. Castelo-Branco y Branco, 2003).</p>
  </fn>
  <fn id="fn4">
    <label>4</label><p><italic>Sodade</italic> es la expresión criolla
    (cabo-verdiana) de la palabra portuguesa «saudade», utilizada para
    describir un sentimiento pro­fundo de nostalgia y melancolía.</p>
  </fn>
  <fn id="fn5">
    <label>5</label><p>Cuento de tradición oral, recopilado en la isla
    de Santo Antão y publicado por primera vez en 1982 por Leão Lopes.
    La narración habla de Blimundo, un buey que estaba al servicio
    (esclavo) del rey, y que un día logra escapar. Sin embargo, se le
    anima a regre­sar mediante un engaño (la promesa de casarse con una
    vaca de la playa), y finalmente es asesinado (cf. Lima, 2021).</p>
  </fn>
  <fn id="fn6">
    <label>6</label><p>No disponemos de datos que permitan valorar en qué medida se cumplió este objetivo diplomático y
          cultural. Además de la ex­posición celebrada en 1989 en el Centro Cultural de la Embajada
          de Portugal en Cabo Verde (Cidade da Praia), el conjunto de las obras creadas en este
          archipiélago sólo fue expuesto en Portugal en 1998 (Museo Alberto Sampaio, Guimarães) y en
          2018 (Cen­tro de Arte Contemporáneo Graça Morais, Bragança). Quizás fue en esta última
          exposición que la obra de Graça Morais se acer­có a su objetivo original, al involucrar, a
          través de visitas guiadas y otras actividades, a la comunidad de estudiantes caboverdianos
          que frecuenta lo Instituto Politécnico de Bragança (IPB). Los informes de los estudiantes
          son muy elocuentes: «Estoy muy feliz de tener a alguien representando a mi país. Extraño
          mi país y me alegra mucho que haya alguien que valore mi tierra»; «¿Quién hubiera pensado
          que yo estaría en Bragança y que esta ciudad albergaría una exposición de mi país? Hay
          muchos estu­diantes caboverdianos estudiando en el IPB y esta es una forma de demostrar la
          cultura de nuestro país.» (Radio Brigantia (online), «Visita guiada à exposição
            <italic>Cabo Verde, o espírito de um lugar</italic> pela pintora Graça Morais aos alunos
          do IPB», <ext-link ext-link-type="uri"
            xlink:href="https://www.brigantia.pt/noticia/visita-guiada-exposicao-cabo-verde-o-espirito-de-um-lugar-pela-pintora-graca-morais-aos"
            >https://www.</ext-link>
          <ext-link ext-link-type="uri"
            xlink:href="https://www.brigantia.pt/noticia/visita-guiada-exposicao-cabo-verde-o-espirito-de-um-lugar-pela-pintora-graca-morais-aos"
            >brigantia.pt/noticia/visita-guiada-exposicao-cabo-verde-o-espirito-de-um-lugar-pela-pintora-graca-morais-aos</ext-link>).</p>
  </fn>
  <fn id="fn7">
    <label>7</label><p><italic>História Trágico-Marítima</italic>,
    recopilada por Bernardo Gomes de Brito y publicada en 2 volúmenes en
    1735 y 1736.</p>
  </fn>
  <fn id="fn8">
    <label>8</label><p>Cf.
    <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://gulbenkian.pt/paris/prehistomania-musee-de-l-homme/">https://gulbenkian.pt/paris/prehistomania-musee-de-l-homme/</ext-link>.</p>
  </fn>
  <fn id="fn9">
    <label>9</label><p>Destaco algunas exposiciones recientes, todas con
    catálogos que incluyen importantes ensayos sobre este tema, y en las
    que Graça Morais estuvo representada: <italic>A metade do
    céu</italic> / <italic>Half the sky</italic> (comisariada por el
    artista Pedro Cabrita Reis. Lisboa: Funda­ción Arpad Szenes – Vieira
    da Silva, 21 de marzo al 23 de junio de 2019); <italic>Tudo o que
    quero: artistas portuguesas de 1900 a 2020</italic> (comisariada por
    Helena de Freitas y Bruno Marchand. Lisboa: Fundación Calouste
    Gulbenkian, 2 de junio al 23 de agosto de 2021 y Tours: Centre de
    Création Contemporaine Olivier Debré, 25 de marzo al 4 de septiembre
    de 2022; y <italic>O poder com que saltamos juntas. Mulheres
    artistas em Espanha e Portugal, entre a ditadura e a
    democracia</italic> (comisariada por Giulia Lamoni y Patri­cia
    Mayayo. Valencia: IVAM – Instituto Valenciano de Arte Moderno, 30 de
    mayo al 29 de septiembre de 2024 y Lisboa: Centro de Arte Moderno de
    la Fundación Calouste Gulbenkian, 11 de abril al 15 de septiembre de
    2025).</p>
  </fn>
</fn-group>
</back>
</article>
