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        <journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Arte, Individuo y Sociedad</journal-title>
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      <issn-l>1131-5598</issn-l>
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        <publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
        <publisher-loc> España </publisher-loc>
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      <article-id pub-id-type="doi">10.5209/aris.101590</article-id>
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        <article-title>Encuentros en la Trama:
          Chantal Maillard y Chiharu Shiota en Diálogo</article-title>
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        <corresp id="cor1">David Escalona<email>dominesca@ugr.es</email></corresp>
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      <pub-date date-type="pub" publication-format="electronic" iso-8601-date="2025-07-03">
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        <year>2025</year>
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      <volume>37</volume>
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<sec id="sec0">
  <title>Introducción</title>
  <p>En ocasiones, se producen encuentros que van más allá de lo
  personal o lo anecdótico. A veces, se abren ámbitos de confluencia en
  los que se suspenden los tictacs del reloj. Entonces, algo parece
  ocurrir sin ocurrir, parece suceder fuera del tiempo lineal
  acostumbrado, rebasando nuestro entendimiento, porque opera en otro
  nivel de conciencia o realidad. Sin embargo, paradójicamente, ese algo
  produce un efecto de resonancia en nosotros, pudiendo efectuar un
  cambio significativo: erizándonos la piel, ampliando nuestra mirada o,
  simplemente, ensanchando nuestro corazón.</p>
  <p>Sin duda, son realidades complejas que, no siendo inteligibles, se
  pueden llegar a intuir. Más que de ideas, objetos, conceptos o hechos
  concretos, se trata de signos, ecos o vibraciones que abren una brecha
  en lo aprendido y excede nuestro yo o “mí”, esa identidad creada por
  el cúmulo de hábitos o repeticiones por los cuales nos reconocen y nos
  reconocemos entre unos y otros. Y es en este complejo y paradójico
  no-lugar, donde las obras de Chantal Maillard y Chiharu Shiota
  resuenan entre sí, tejiendo un espacio compartido que nos invita a
  habitar el “entre”.</p>
  <p>Chantal Maillard y Chiharu Shiota, dos autoras de prestigio
  internacional que, si bien han desarrollado su obra en contextos
  diferentes y no llegaron a conocerse personalmente, presentan una
  conexión conceptual y temática sorprendente. Desde sus respectivas
  disciplinas —la escritura y las artes visuales—, la española de origen
  belga Maillard y la japonesa, con residencia en Berlín, Shiota cruzan
  las fronteras culturales para matizar una poética que oscila entre lo
  particular y lo universal. Asimismo, ambas coinciden en haber
  experimentado el exilio de su lengua y su cultura de origen, una
  vivencia que ha dejado trazos en su producción artística. Maillard,
  bajo la influencia del pensamiento oriental, desarrolla una escritura
  que sobrepasa los límites del lenguaje discursivo y difumina la
  frontera entre el pensamiento y la poesía, como demuestra su poemario
  <italic>Hilos</italic>. Shiota, formada en Europa, elabora una obra
  que gira en torno al hilo como elemento protagonista en sus
  instalaciones artísticas, invitando al espectador a reflexionar sobre
  la complejidad de nuestra realidad como multiplicidad. Ambas autoras
  comparten una concepción de la existencia como una red de resonancias
  en movimiento, donde cuerpo, memoria, identidad y espacio se
  entretejen.</p>
</sec>
<sec id="sec1">
  <title>1. Entrevista con Chantal Maillard, por David Escalona</title>
  <p>David Escalona: ¿Cómo y cuándo conociste la obra de Chiharu Shiota?
  ¿Qué fue lo que más te impactó de su trabajo?</p>
  <p>Chantal Maillard: La primera vez que me encontré con la obra de
  Chiharu fue en una exposición que realizó en Barcelona, en Casa Asia,
  en 2014. La organizaba Menene Gras, entonces directora de Cultura y
  Exposiciones de esta entidad. Sus hilos, entonces de lana negra, se
  expandían por el espacio haciendo túneles y penetraban en pasillos y
  habitaciones envolviendo maletas apiladas y un vestido de novia
  suspendido. Quedé fascinada. Y no sólo por la manera, tan suya, tan
  sumamente personal y minuciosa de trabajar, sino también porque
  comprendí al instante que esos hilos eran también los míos. Menene
  Gras se dio cuenta de ello y le dedicó unas páginas a la conexión
  entre el trabajo de Shiota y mis <italic>Hilos</italic> en un extenso
  y hermoso artículo de la retrospectiva que se editó para la
  ocasión.</p>
  <p>D.E: El hilo es un elemento característico tanto en tu obra como en
  la de Shiota, tanto metafóricamente como visualmente. ¿Qué conexiones
  ves entre tu trabajo y el suyo?</p>
  <p>Ch.M: Sí, en efecto. Como te decía antes, David, –y tú lo sabes muy
  bien–, en su trabajo como en el mío, los hilos no son un simple
  metáfora. Son algo absolutamente real, aplicable al orden de las cosas
  concretas (las maletas que acarreamos, las sillas en las que nos
  sentamos, las camas de hospital en las que sufrimos</p>
  <p>o morimos...) como al del proceso mental. Lo primero es lo que ella
  percibe: esas conexiones vibrátiles que nos unen a todos los seres y
  que permanecen incluso cuando dejamos de estar. Vibra todo lo que
  llamamos materia. Desde los objetos cotidianos a los cuerpos que
  decimos “vivos”. Todo vive. Todo vibra. Y todo se relaciona en el
  espacio. Esto es lo que ella “ve”. Cualquiera que esté atento podría
  percibirlo. Lo segundo, el proceso mental, es lo que yo “veo”. Y
  cualquier que estuviese atento podría percibirlo igualmente.</p>
  <p>D.E: ¿De qué manera crees que tanto tu obra como la de Chiharu
  Shiota desafían las nociones tradicionales del arte occidental y
  japonés?</p>
  <p>Ch.M: Si algo hay, en las artes, independiente de las tradiciones
  es el modo en que el artista atiende a la realidad. Lo real fuera y lo
  real dentro (de cada uno). Fuera y dentro es un binomio que nos sirve
  con respecto a la percepción ordinaria, pero que no tiene mucho
  sentido cuando se atiende al tejido relacional: el entre, el
  entre-dos, el entre-muchos. En el entre es donde se forma y se
  transforma el universo. En el entre es donde todos y todo
  estamos-siendo más de lo que nos creemos ser.</p>
  <p>D.E: Es interesante que ambas desarrolléis vuestra producción
  artística lejos de vuestro país de origen. En tu obra a veces hablas
  de cierta desterritorialización, y muchas personas te perciben como
  extranjera, siendo una de las escritoras, en mi opinión, más
  interesantes de habla castellana (nada más y nada menos que Premio
  Nacional de Poesía y Premio Nacional de la Crítica) ¿Siempre te has
  sentido como una extranjera o desterritorializada en la cultura
  española?</p>
  <p>Ch. M: De alguna manera sí. Sobre todo cuando en la prensa se me
  describe como “belga afincada en Málaga”, como si fuese una turista
  que vino a tomar el sol en la costa y se quedó a vivir. Cuando tengo
  oportunidad, a quien me define de ese modo le pregunto en qué año
  nació y le hago el cálculo: soy más española que tú, le digo, ya que
  llevo aquí desde 1963... Y es que una tiene una edad, claro. La
  desterritorialización la sufrí cuando me trajeron a España, pues es
  cierto que mi primera formación (la que quizás nos deja la mayor
  impronta) hasta cumplir los 13 años, tuvo lugar en Bélgica. Pero
  cuando me llamaron de mi ciudad natal (Bruselas) en calidad de “poeta
  española” y me vi allí leyendo en castellano y traducida por otros a
  mi lengua materna, comprendí que se había firmado mi desahucio. Sin
  emabrgo, tampoco me sentía incluida en mi tierra de adopción. Es duro
  decirlo: España es una tierra acogedora pero en ella un extranjero
  nunca deja de serlo. Así llega un momento en el que sientes que no
  eres de ninguna parte. Y eso es bueno, pues, al fin y al cabo, la
  “patria” es un título de propiedad bañado en sangre.</p>
  <p>D.E: ¿Cómo crees que influyen los estereotipos culturales en
  nuestra percepción del arte de otros países?</p>
  <p>Ch.M: El estereotipo es algo que evita tener que pensar. Se repiten
  fórmulas que se dan por buenas. Esa es la mejor manera de no tener ni
  idea de cómo piensa y se actúa en otros lugares. El orientalismo es un
  manojo de estereotipos. La cultura japonesa tiene que ver con la
  china, por supuesto, pero para saber qué tiene en común China con
  India, por ejemplo, hay que bucear un poco más a fondo en las líneas
  de influencia. Las influencias crean estilos. Así, cuando el
  “orientalismo” penetró en Europa a finales del XIX, modificó
  sustancialmente el arte de Occidente, y vice-versa. Pero no hay duda
  de que, en un mundo mercantil globalizado los estereotipos venden más
  que el conocimiento.</p>
  <p>D.E: ¿Cómo podemos apreciar mejor el arte de una cultura diferente
  sin caer en estereotipos simplistas? Por ejemplo, a Shiota se le
  etiqueta a menudo como una artista japonesa genuina, relacionando su
  obra con ideas budistas, zen o sintoístas, aunque ella misma critica
  esta etiqueta y recalca la influencia de su formación en Occidente y
  de artistas como Marina Abramović o Louise Bourgeois. Ella vive en
  Berlín desde hace muchos años, aunque fue invitada a desarrollar una
  gran instalación representando a Japón en la Bienal de Venecia ya hace
  unos años.</p>
  <p>Ch.M: Shiota tiene la suerte de vivir en el “entre” que te decía
  antes. De la misma manera, aunque a la inversa que, por ejemplo,
  Fabienne Verdier, quien se fue a China deseando aprender de algún
  maestro taoísta. Lamentablemente, maestros quedaban muy pocos, y a los
  que quedaban se les había amputado las manos durante la revolución. No
  obstante, terminó encontrando a uno. Le pidió enseñanza y se la negó.
  Así que cada día le dejaba un dibujo en su puerta, hasta que
  finalmente le dijo: se quieres que te enseñe, tendrás que quedarte
  aquí 10 años. Y se quedó. No es una fusión lo que deriva del bagaje de
  estas artistas. La fusión es la mejor manera de perder lo genuino de
  cada lugar. No, no es fusión, es aprendizaje. Y en cuestión de arte,
  el aprendizaje es la atención. Una atención que permite aprehender lo
  real más allá, o más acá, de la percepción ordinaria.</p>
  <p>D.E: Tu poemario “Hilos”, cuyo origen es “Husos”, que es en
  realidad un cuaderno de duelo, parece tener una conexión con las
  marañas o redes de hilos de Shiota. Ella también explora temas como el
  cuerpo herido, el dolor y la pérdida, tejiendo como una araña, una
  metáfora que usas en tus poemas para hablar de la “araña-mente”. ¿Qué
  opinas sobre esta conexión?</p>
  <p>Ch.M: Sí, esa es otra conexión interesante, la de hacer aparecer el
  dolor de la pérdida, en la carne y en la psique, si es que en algo se
  diferencian estos lugares, ya que perder a otro es perder algo tan
  propio como la caja-huesos, como le suelo llamar. Shiota es una
  mujer-araña, sin duda, tejiendo en el entre para hacerlo presente.
  Porque el entre son presencias. Como aquellas que dejan los cuerpos
  idos en las sillas (Fig. <xref ref-type="fig" rid="fig1">1</xref>).</p>
  <fig id="fig1">
    <caption><p>Figura 1. Shiota, Sifón, Cada quien un universo Exposición en la Fundación Tápies, Barcelona .
            2024. (cortesía de Chantal Maillard)</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image1.jpeg" />
  </fig>
  <p>O como aquella que dejó su huella en el vacío-cuerpo suspendido.
  (Fig. <xref ref-type="fig" rid="fig2">2</xref>)</p>
  <fig id="fig2">
    <caption><p>Figura 2. Idem. (cortesía de Chantal Maillard)</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image2.jpeg" />
  </fig>
  <p>D.E: En tu obra, la noción de la memoria y el olvido juega un papel
  crucial, al igual que en la de Shiota. ¿No te parece?</p>
  <p>Ch.M: Memoria y olvido son los dos extremos de un proceso de
  reconocimiento: la primera es la huella con sus imágenes. El segundo
  es la huella sin sus imágenes. En lo segundo siempre hay cicatriz.
  Lidiar con lo primero forma parte del proceso artístico. Lo segundo es
  lo que aparece al terminar la obra. Creo que este proceso está
  presente en ambas.</p>
  <p>D.E: Shiota menciona que sus instalaciones buscan crear ‘ambientes
  poéticos’. ¿Crees que hay una poética similar en la forma en que
  estructuras tus textos y los temas que eliges? Si recuerdo bien, en tu
  ensayo “La baba del caracol” escribes que un poema y una obra de arte
  pueden llegar a ser lo mismo.</p>
  <p>Ch.M: La diferencia entre las distintas artes está en los
  materiales del que se valen. En lo que no se diferencian es en el modo
  de situarse y en la captación o aprehensión de la realidad a la que
  atiende. Dicho brevemente, se trata de apartar todo lo que la
  percepción tiene de consensuado. Atravesar esas capas con las que lo
  real usualmente se nos presenta o, dicho en otras palabras, desbrozar
  el campo. Para ver mejor. Para oír mejor. Para sentir mejor. O de otro
  modo. Y el trazo, cuando acierta, responde a ello. En esto no se
  diferencia el gesto (escritural) del poeta del gesto del artista. La
  escritura es traza: presenta una trayectoria. Cuando acierta.</p>
  <p>D.E: ¿Cómo ves el papel de la performance en el arte contemporáneo,
  y en qué medida crees que tu poesía podría considerarse performativa,
  al igual que las obras de Shiota?</p>
  <p>Ch.M: Performar es añadirle al gesto –o a la traza– el movimiento.
  Introducirlo en el espacio o, mejor, devolverle el espacio. Para que
  una trayectoria pueda recibirse en su totalidad, hay que situarla en
  el espacio. Una trayectoria no se puede detener. Toda detención la
  de-fine: la dota de unos límites, de un contorno. Las trayectorias son
  móviles, inestables, se mueven, se transforman, a veces son
  convulsivas, a veces, apacibles, pero nunca se fijan. La fijeza le
  pertenece al lenguaje racional, nos sirve para hablar de lo que sucede
  en términos “objetivos”: términos (o sea, límites) que hacen del
  suceder objetos y hechos. Así que si queremos presentar lo que
  percibimos, hemos de ser capaces de reproducir, de alguna forma, su
  movimiento. La performance, de nuevo: si acierta, puede
  resaltarlo.</p>
  <p>D.E: En una entrevista, a colación de su exposición “Cada uno, un
  universo” en la en la Fundació Antoni Tàpies de Barcelona, que has
  visitado, dice: “Después del cáncer volví a dibujar” ¿Has notado algún
  cambio en su obra tras Su recuperación?</p>
  <p>CH.M: Es curioso que me preguntes esto. Porque después del cáncer
  fue también cuando me puse a dibujar. Lo hice porque, durante los
  meses de quimioterapia, era la única manera de expresarme. Más libre
  el gesto mudo que aquel de la escritura, más inmediato. También Henri
  Michaux se puso a pintar después de una experiencia traumática. El
  lastre de la palabra es grande y no acierta casi nunca a expresar lo
  “indecible”. Lo indecible es aquello que no tiene límites. No he
  seguido a Shiota lo suficiente como para responder con detalle a tu
  pregunta, pero te puedo asegurar que el cambio es inevitable. La
  experiencia de la muerte próxima y del dolor le imprime al gesto de la
  conciencia una amplitud de la que carecemos cuando damos la vida por
  descontado.</p>
  <p>D.E: Han pasado ya algunos meses. Necesitaba tiempo para
  reflexionar sobre las resonancias entre tu obra y la de Shiota... y,
  tras leer <italic>Decir los márgenes</italic>, ese hermoso libro que
  has escrito en diálogo con Muriel Chazalón, he llegado a una extraña
  conclusión. Su lectura me ha brindado claves importantes.</p>
  <p>También intenté visualizar aquel charquito de agua del que hablas
  en <italic>Bélgica</italic>, ese destello fugaz que te devolvió a un
  estado de inocencia, un acontecimiento que, a su vez, se enlaza con
  otros destellos- acontecimientos. Y esto me recordó las tramas de las
  instalaciones de Shiota, quien, como una araña errática y precisa,
  teje.</p>
  <p>Curiosamente, en su proyecto<italic>T he Key in the Hand</italic>
  para la Bienal de Venecia, emplea barcas desvencijadas que me remiten
  a las cajas usadas de pescado de las que habla, aquellas que conectan
  con su infancia, con su padre. Como si en el agua de los canales
  venecianos resonara el eco de su niñez en Osaka, el agua de otro mar,
  otro océano, otro charco.</p>
  <p>Mi mente sigue tejiendo, sin cesar. Y ya no sé si lo que escribo me
  pertenece. Pero me gusta la idea, la posibilidad de creer que, como en
  la historia japonesa del hilo rojo, ambas estáis conectadas. Y no
  importa que os conozcáis: no se trata de eso. No se trata de
  comprender, como en aquella carta que me escribiste hace ya 24 años.
  Se trata, simplemente, de estar dispuesto.</p>
  <p>La poética del hilo que entretejéis tú y Chiharu Shiota no sólo me
  parece un ejercicio estético, sino también ético. Nos invita a
  reconocernos en nuestra fragilidad y transitoriedad, pero también en
  nuestra capacidad para una escucha transversal, resonar con la materia
  y los seres, y habitar ese controvertido no- lugar común donde lo
  individual se disuelve en algo más universal que el concepto, un
  estado propicio para la compasión, como apuntas. Creo que vuestras
  obras intentan revelar un entramado complejo que, como hilos
  invisibles, teje y sostiene nuestra existencia incluso ante la pérdida
  y la incertidumbre.</p>
  <p>Aunque Menene Gras señaló hace años que Chiharu Shiota desconocía
  tu obra en el texto que escribió en la exposición que le dedicó a la
  artista en Casa de Asia, hoy sabemos que Shiota ha leído los poemas de
  <italic>Hilos</italic> que le envié el año pasado y ha reconocido una
  profunda afinidad entre su trabajo y tu escritura.</p>
  <p>CH.M: De lo que no cabe duda, David, es que nuestra conciencia de
  superficie no alcanza a ver /saber lo que se entreteje en otros
  niveles de actividad. Es para mí asombrosamente inequívoco el hecho de
  que todo lo que está existiendo-sucediendo está relacionado. El
  universo es un inmenso tejido que se tiende y se distiende al ritmo de
  un pulso común. Y a veces, cuando actuamos sin-mente puede suceder que
  nos introduzcamos en parajes donde la conciencia de superficie no
  alcanza y nos pongamos a danzar allí con los hilos del universo entre
  los dedos.</p>
</sec>
<sec id="sec2">
  <title>2. Entrevista con Chiharu Shiota, por David Escalona</title>
  <p>David Escalona: A veces, me gustaría ser un gato negro y pasar
  desapercibido entre las cosas cotidianas (sillas, mesas, camas,
  escritorios...). Me gustaría olvidar lo que soy, todas esas ideas y
  conceptos aprendidos, toda la repetición de gestos que tejen el “mí” y
  por los que la gente me reconoce. Miras una silla, por ejemplo, y de
  repente, por un instante, deja de serlo y se convierte en parte de esa
  red dinámica que sostiene todo. Cuando miro tus instalaciones, pienso
  que lo importante no es el objeto alrededor del cual envuelves tus
  hilos, sino los hilos, la red, lo que está “entre” los objetos
  conocidos. ¿Estás tratando de representar esa compleja red de
  relaciones que va más allá de nuestro yo? ¿Cuándo fue la primera vez
  que sentiste la necesidad de hacerlo?</p>
  <p>CHiharu Shiota: Me gustaría añadir algo más allá de la red
  compleja. Esto me recuerda también a un texto de Yusuke Nakahara, un
  crítico de arte (ex Presidente / Profesor Emérito de la Universidad
  Seika de Kioto). Escribió sobre mí que “las obras de Chiharu Shiota
  tienen una estructura que está rodeada por algo que susurra y tiene un
  hueco en su interior”.</p>
  <p>La primera vez que estuve tejiendo este espacio fue después de
  mudarme a Alemania. Me había mudado nueve veces en tres años. Estaba
  inquieta y quería finalmente tener mi propio espacio. Estaba sentada
  en mi cama, tomé un poco de hilo y comencé a tejer alrededor de mi
  propio cuerpo, creando mi propio espacio. Esto fue cuando todavía era
  estudiante en la UdK de Berlín. Este momento inspiró más tarde la
  instalación “Respirando desde la Tierra” en 2000 en el Stadtforum de
  Múnich.</p>
  <p>D.E: Imagina que soy un gato con grandes ojos redondos jugando con
  tus hilos... un gato que no entiende de arte ni tampoco de palabras.
  De repente, un hilo se tensa y me erizo: “Miau”. ¿Qué harías?</p>
  <p>Ch.Sh: También tengo un gato. Mi vida ha estado acompañada de gatos
  desde mi nacimiento. Creo que no tuve un gato en mi vida por tal vez
  uno o dos años. Así que, conozco este momento del que hablas. Cuando
  trabajaba en casa, mi gato se metía en la red, fuera de mi alcance.
  Pero no podía hacer nada, solo esperaba hasta que el gato decidiera
  salir. Los gatos son muy inteligentes. Me preguntaba qué estaba
  haciendo o si necesitaba ayuda.</p>
  <p>D.E: A veces sentimos el dolor de otras personas y pensamos que es
  nuestro dolor. Es como si el cuerpo fuera el escenario de lo que está
  ocurriendo en el mundo. Cuando miro tu obra siento cómo las heridas de
  las personas están conectadas con las heridas de otras. Creo que eres
  consciente de esto, ¿o me equivoco? A veces pienso que eres como un
  sismógrafo que capta ondas de intensidad desde otros lugares. Hay una
  cita de Gilles Deleuze, que fue lo que me hizo hacer la tesis: “Solo
  la persona libre puede entender todas las violencias en una
  violencia”. Estaba hablando de cuando tu dolor se conecta
  repentinamente con el dolor de los demás y se diluye en esa red o
  rizoma del cual somos parte. ¿Qué opinas?</p>
  <p>CH.Sh: No creo que sea solo el dolor. Creo que es muy difícil
  comunicarnos entre nosotros. Nunca entendemos verdaderamente lo que el
  otro está pensando o sintiendo. No importa cuál sea la relación. Si es
  tu vecino, amigo, pareja, amante, padres, profesor o primo. No
  conocemos verdaderamente el dolor del otro. No podemos leer su mente.
  Solo podemos suponer.</p>
  <p>Tengo que pensar en mi amiga, no es traductora profesional, pero
  estaba trabajando en un texto, traduciendo todo el día del japonés al
  inglés. Al día siguiente se sintió muy extraña. Estaba sentada en el
  almuerzo y estaba viendo a una mujer tocando su cabello y tuvo la
  sensación de que estaba tocando su propio cabello. Como si pudiera
  sentir lo que la mujer estaba sintiendo. Cuando se despertó a la
  mañana siguiente, no podía ver, sus ojos estaban cruzados y fue al
  médico. Le dijeron que su cerebro estaba funcionando de una manera
  inusual. No recuerdo el diagnóstico, pero no era normal.</p>
  <p>Me pareció especialmente interesante que antes de su diagnóstico,
  tuviera esta sensación.</p>
  <p>D.E: Muchos críticos tienden a caer en estereotipos culturales y te
  ponen como un ejemplo de artista genuinamente japonesa, cuando te has
  formado en Occidente y has vivido en Berlín durante muchos años. ¿Qué
  te ha aportado Occidente? ¿No te sientes a veces desarraigada? ¿No
  sientes que no perteneces a ningún lugar en particular y eres parte
  del mundo? ¿Crees que los estereotipos culturales pueden cegarnos?</p>
  <p>Ch.Sh: No me siento como una artista japonesa y, sí, es cierto, a
  la gente le gusta señalar mi herencia japonesa. Aunque he vivido en
  Alemania más tiempo que en Japón, nadie ha dicho que soy una artista
  alemana. Cuando estaba creando el pabellón de Japón en la Bienal de
  Venecia, ya llevaba viviendo en Berlín. Pero sentía como si estuviera
  llevando a Japón sobre mis hombros.</p>
  <p>Solo quiero ser Chiharu Shiota – artista.</p>
  <p>Tengo la sensación de que tengo dos países de origen. No pertenezco
  solo a uno. Siento que no pertenezco a ningún lugar en particular.</p>
  <p>A la gente le gusta categorizar porque así es más fácil de
  entender. Pero estoy de acuerdo, esto nos ciega. Nos hace dejar de
  mirar o de dudar y hace que la vida sea más fácil de entender.</p>
  <p>D.E: Creo que la memoria es muy compleja y un fenómeno muy extraño.
  El pasado nunca pasa... El pasado permanece abierto y se está
  reconfigurando continuamente desde nuestro presente, según nuestras
  necesidades y expectativas. ¿Qué abren las cientos de llaves de
  personas desconocidas en la Bienal de Venecia? A veces es como si
  quisieras representar algo que surge de las cosas, del medio de las
  cosas. Como un tiempo intempestivo, no lineal, que deviene pasado y al
  futuro al mismo tiempo.</p>
  <p>Ch.Sh: La llave abre la memoria de miles de personas, es una
  acumulación de existencia. No puedes ver a la persona, pero sientes su
  presencia. Creo que puedes sentir esto especialmente cuando las
  personas cercanas a ti fallecen. Su presencia se vuelve mucho más
  fuerte en las cosas que las rodeaban, como la silla en la que se
  sentaban o la taza de la que bebían.</p>
  <p>Sin memoria no puedo explicarme a mí misma o quién soy. Pero
  encuentro muy interesante que haya una filosofía india que dice que
  solo los humanos pueden crear memoria, ellos crean pasado, presente y
  futuro. No es natural porque los animales no crean este aspecto del
  tiempo y la memoria. Es solo una construcción humana.</p>
  <p>D.E: ¿Conoces a Chantal Maillard, sabes que hay una poeta en España
  que escribe poemas que me recuerdan a tus instalaciones? Recuerdo
  cuando Chantal dio un taller de escritura bajo una araña gigante de
  Louise Bourgeois en el Museo Picasso... ella estaba feliz bajo esa
  araña. También fue feliz dentro de una de tus instalaciones en la
  Fundación Tàpies en Barcelona. Pero ella es como un gato silencioso y
  tímido, prefiere estar al margen y contemplar la red del universo que
  se extiende. Pero hay un hilo invisible que os mantiene conectadas.
  Espero que los dos extremos del hilo se crucen algún día.</p>
  <p>Ch.Sh: Gracias por presentarme a Chantal. Estoy muy feliz de que
  haya disfrutado y conectado con mi arte. Creo que podemos encontrar un
  lenguaje similar en el arte, aunque hayamos nacido en diferentes
  países y hayamos sido enseñados en diferentes idiomas. Todos estamos
  conectados.</p>
  <p>D.E: Cuando era niño, tuve un accidente jugando con una máquina. Mi
  infancia la pasé en hospitales. Sobreviví, pero mi mano quedó
  gravemente dañada. Después de cada cirugía, tenía una mano diferente,
  así</p>
  <p>que tenía que aprender constantemente a sostener un lápiz para
  dibujar o escribir. ¿Cuál es la forma correcta de escribir o dibujar?
  Me preguntaba. La normalidad me parecía la cosa mas rara del mundo.
  Posteriormente quería ser psiquiatra, ya que quería entender la mente
  creativa de los artistas... qué ingenuo era. Después de una clase de
  disección, conocí a Chantal Maillard, una poeta y filósofa que me
  impresionó, me hizo temblar. Uno de sus libros llamado “Conjuros” cayó
  accidentalmente en mis manos. Posteriormente, descubrí que la
  psiquiatría no era para mí, no podía verme medicando a pacientes con
  fármacos... Quería ser artista. Así que dejé todo y decidí estudiar
  artes. Chantal, en ese año (2004-2005), estaba escribiendo su libro
  “Hilos”, un libro que escribió después de que su hijo muriera. Cuando
  terminé mi tesis doctoral, ella me regaló un catálogo de tu obra y me
  quedé sin palabras: Más hilos... Te envío el primer poema de
  “Hilos”.</p>
  <p>¿Qué opinas del poema?</p>
  <p>Ch. Sh: Muchas gracias por enviarme este poema. Cuando comencé a
  leer su poema, me recordó a trabajar con el hilo. Tiene la misma
  sensación cuando estoy dibujando en el aire. Creo este arte visual,
  pero cuando empiezo a leer el poema, puedo visualizar la sensación en
  mi cabeza también. Ella crea arte en mi cabeza. Entonces, somos lo
  mismo, su arte y el mío son similares pero diferentes.</p>
  <p>Y gracias por compartir tu historia. Me recuerda a la historia de
  vida de Antoni Tàpies. Después de su enfermedad, no tuvo otra opción
  que convertirse en artista. Yo siempre quise ser artista, no puedo
  imaginarme siendo otra cosa. Creo que a veces los artistas nacen y a
  veces se crean.</p>
  <p>D.E: Muchas gracias por tomarte el tiempo de leer estas palabras.
  Te deseo lo mejor. (Miau)</p>
</sec>
</body>
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</back>
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