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      <journal-id journal-id-type="publisher-id">ARIS</journal-id>
      <journal-title-group>
        <journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Arte, Individuo y Sociedad</journal-title>
      </journal-title-group>
      <issn publication-format="electronic">1131-5598</issn>
      <issn-l>1131-5598</issn-l>
      <publisher>
        <publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
        <publisher-loc>
          <country>España</country>
        </publisher-loc>
      </publisher>
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      <article-id pub-id-type="doi">10.5209/aris.101453</article-id>
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          <subject>Artículos</subject>
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        <article-title>Arte, activismo y educación: una cadena humana escolar ante la marea negra del Prestige</article-title>
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          <trans-title>Art, activism and education: a school human chain in response to the Prestige oil spill</trans-title>
        </trans-title-group>
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          <contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0002-8926-1762</contrib-id>
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            <surname>Rodríguez-González</surname>
            <given-names>Miguel A.</given-names>
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          <xref ref-type="corresp" rid="cor1"/> 
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          <institution content-type="original">Universidad de Santiago de Compostela</institution>
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      <author-notes>
        <corresp id="cor1">Miguel A. Rodríguez-González<email>miguelanxo.rodriguez@usc.es</email></corresp>
      </author-notes>
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        <day>08</day>
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        <year>2025</year>
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      <volume>37</volume>
      <issue>4</issue>
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        <copyright-statement>Copyright © 2025, Universidad Complutense de
          Madrid</copyright-statement>
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          <license-p>Esta obra está bajo una licencia <ext-link ext-link-type="uri"
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      </permissions>
      <abstract>
        <p>Una cadena humana formada por miles de escolares fue desplegada en las costas gallegas en
          enero de 2003, en el marco de la movilización social relacionada con la marea negra del Prestige. Esta acción
          se enmarca en las actividades de contestación social ante la gestión de la crisis por los vertidos, donde la
          estética se entremezcló a menudo con el activismo social y medioambiental. En este texto asumimos el
          potencial estético del disenso y entendemos la acción como una gran performance colectiva. Partimos de
          un trabajo de documentación con materiales de hemeroteca y artículos científicos, analizamos el contexto
          y los agentes implicados, y posteriormente planteamos un análisis de las implicaciones en los ámbitos de la
          educación ambiental y la pedagogía crítica.</p>
      </abstract>
      <trans-abstract xml:lang="en">
        <p>A human chain formed by thousands of schoolchildren was deployed along the Galician coast in
          January 2003, as part of the social mobilization related to the Prestige oil spill. This action was part of the
          social response to the management of the oil spill crisis, where aesthetics often intertwined with social and
          environmental activism. In this text, we embrace the aesthetic potential of dissent and understand the action
          as a major collective performance. We begin by researching materials from newspaper archives and scientific
          articles, analyze the context and the agents involved, and then propose an analysis of the implications for the
          fields of environmental education and critical pedagogy.</p>
      </trans-abstract>
      <kwd-group kwd-group-type="author-keywords">
        <kwd>Marea negra</kwd>
        <kwd>educación</kwd>
        <kwd>arte</kwd>
        <kwd>Areanegra</kwd>
        <kwd>Prestige</kwd>
      </kwd-group>
      <kwd-group xml:lang="en" kwd-group-type="author-keywords">
        <kwd>Oil spill</kwd>
        <kwd>education</kwd>
        <kwd>art</kwd>
        <kwd>Areanegra</kwd>
        <kwd>Prestige</kwd>
      </kwd-group>
    </article-meta>
  </front>
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<sec id="sec1">
  <title>1. Introducción</title>
  <p>El 13 de noviembre de 2002 el petrolero monocasco Prestige sufrió
  un accidente frente al litoral gallego y en las semanas siguientes se
  produjo un vertido de en torno a 60.000 toneladas de fuel pesado
  -combustible de mala calidad- que se extendió también por el norte de
  Portugal, la costa cantábrica y el oeste de Francia (Pereiro, 2021).
  La demora en la toma de decisiones, las órdenes improvisadas de los
  líderes políticos y la manipulación a la que fueron sometidos los
  medios de comunicación provocaron una reacción popular de dimensiones
  extraordinarias.</p>
  <p>La protesta tuvo una dimensión estética que merece ser estudiada,
  derivada de la mezcla de materiales: referentes artísticos, activismo
  social, estrategias de comunicación de masas y cultura popular. Lo
  producido, a nivel visual, se puede caracterizar como un ejercicio de
  estetización del disenso. El componente lúdico de la protesta se
  potenció con el recurso a prácticas performativas que mostraban la
  “activación artística de la cultura popular”, como ha señalado Germán
  Labrador (cit. en Pérez Pena, 2018). La dimensión política del arte,
  en este caso, no respondió a coordenadas ni programas diseñados por
  organizaciones políticas o sindicales, ni a ámbitos especializados del
  sistema artístico: fue producido por la gente, desde un impulso
  activista, desde la urgencia y la colaboración. Y la comunidad
  educativa se sumó a esta oleada. El 22 de enero de 2003 casi 50.000
  escolares de centros de primaria y secundaria de Galicia se unieron en
  una cadena humana para llamar la atención sobre el desastre ecológico
  que se avecinaba. La protesta fue uno de los actos organizados por el
  colectivo de profesores Areanegra -<italic>arena negra</italic>, en
  castellano-, implicado en las acciones lideradas desde la plataforma
  Nunca Máis.</p>
  <p>En este texto nos centraremos en el activismo del alumnado y
  profesorado de los centros educativos, que dio lugar a la cadena
  humana. Entendemos que la crisis del Prestige desencadenó una
  movilización sin precedentes con capacidad para difuminar las
  fronteras entre los ámbitos especializados del arte, la educación y la
  política. El activismo desplegado propició un entrelazamiento fértil
  de estas esferas, un “experimento trágicamente enriquecedor”, en
  palabras del Pablo Meira (2005, p. 267). La cadena humana, que daría
  lugar a imágenes de una potencia icónica sin precedentes en el ámbito
  ibérico, puede ser vista como un ejemplo de estetización del disenso a
  la vez que un anticipo de las movilizaciones ambientalistas de jóvenes
  a escala global, encabezadas por Greta Thunberg desde 2018. En este
  texto intentamos destacar la confluencia de las dimensiones artística,
  política y de educación ambiental que tuvo esta acción, y plantear
  algunas preguntas: ¿Hasta qué punto ayudó a fortalecer la conciencia
  ambiental de la sociedad gallega, especialmente entre las generaciones
  más jóvenes? ¿Contribuyó a la lucha contra la dependencia de
  combustibles fósiles en nuestro entorno? Finalmente, ¿Qué
  reconocimiento tuvo la acción en los medios educativo y artístico?</p>
</sec>
<sec id="sec2">
  <title>2. Crisis y autoorganización</title>
  <p>Hacia finales del mes de noviembre de 2002 se hizo evidente que la
  gestión política y medioambiental del accidente del petrolero estaba
  siendo desastrosa. Los conflictos entre las autoridades marítimas y
  los armadores del barco y la falta de protocolos de actuación
  derivaron en el rumbo errático del navío, que fue alejado de la costa,
  esparciendo chapapote en alta mar. La respuesta social, ante el riesgo
  de marea negra, reunió a colectivos con intereses y posturas diversas:
  marineros, mariscadores, ecologistas, estudiantes, docentes, gentes
  del ámbito de la cultura, etc. Pronto se establecieron dos vías de
  actuación: la limpieza de la costa a través de grupos autoorganizados
  de voluntarios y la protesta cívica, que llenó el espacio público de
  las ciudades gallegas con grandes manifestaciones y actos
  lúdico-festivos. El actor y activista Miguel de Lira resumía así esta
  oleada de participación colectiva: limpiar las playas en marea baja e
  ir a manifestarse en marea alta (Pérez y Vites, 2018). (Fig. <xref ref-type="fig" rid="fig1">1</xref>)</p>
  <fig id="fig1">
    <caption><p>Figura 1. Marineros sacando el chapapote con las manos en la Ría de Arousa (4 diciembre de 2002).
            Autor: Vítor Mejuto. Fuente: La Voz de Galicia.</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image1.jpeg" />
  </fig>
  <p>La plataforma Nunca Máis, creada el 21 de noviembre de 2002,
  aglutinó a más de doscientas asociaciones y colectivos diversos, con
  ecologistas, mariscadores, cofradías de pescadores, etc., coordinando
  a la sociedad civil en una serie de acciones que iban desde la lucha
  contra los vertidos a la presión política en las calles. Las personas
  vinculadas a la economía del mar (pescadores y mariscadoras)
  reaccionaron de modo contundente cuando las manchas de chapapote
  comenzaron a llegar a la costa y la reacción social se desató, sobre
  todo en más áreas más pobladas del
  país<xref ref-type="fn" rid="fn1">1</xref>.</p>
  <p>El lema “Nunca Máis” ya había sido usado en Galicia en el año 1992,
  coincidiendo con otro accidente marítimo, el del buque <italic>Aegean
  Sea</italic>, en las proximidades de A Coruña. Otro petrolero -79.000
  toneladas de combustible en este caso- accidentado también por culpa
  del mal tiempo, provocó un incendio que duró varios días y evidenció
  los riesgos de la autopista marítima por donde discurrían estos
  peligrosos barcos y la falta de protocolos de seguridad. Diez años
  después, el accidente del Prestige fue vivido de otra manera, mucho
  más intensa: fue percibido como un peligro real que podía afectar a
  toda la costa gallega, destruyendo ecosistemas y afectando a los
  medios de subsistencia de muchas personas; la conciencia y la
  educación ambiental eran mucho mayores al inicio de milenio, como ha
  señalado Pablo Meira (2005); finalmente, la sensación de amenaza se
  vio incrementada por la constatación de que las autoridades estaban
  desarrollando una gestión errática, mintiendo en sus informaciones y
  minimizando el desastre que se avecinaba.</p>
  <p>La cadena humana del 22 de enero de 2003 es una muestra impactante
  pero también representativa de las formas de organización de la
  protesta, que enlaza con las estrategias de contestación social de
  estas semanas. La comunidad educativa gallega asumió principios que
  estaban siendo desarrollados por las personas implicadas en el
  movimiento Nunca Máis: apertura y colaboración desde la
  horizontalidad, ausencia de jerarquías, práctica colaborativa y
  solidaria, conciencia medioambiental como eje, y asunción de la
  importancia de la imagen y las artes como herramientas de producción
  de nuevos imaginarios colectivos con capital simbólico para las
  luchas. Los conciertos expansivos (desarrollados a la misma hora en
  distintas localizaciones), los recitales de poesía, la producción de
  publicaciones y carteles, la escenografía para manifestaciones, y las
  exposiciones de arte y fotografía, fueron elementos a poner en
  paralelo con la cadena humana, integrados en la producción cultural y
  activista de Nunca Máis. (Fig. <xref ref-type="fig" rid="fig2">2</xref>)</p>
  <fig id="fig2">
    <caption><p>Figura 2. Cartel recortable Santos Inocentes (…), Colectivo Chapapote / Plataforma contra a Burla
            Negra. Fuente: Arquivo Vivo Unha Gran Burla Negra.</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image2.jpeg" />
  </fig>
  <p>El colectivo de artistas Plataforma contra a Burla Negra -del mundo
  del teatro, cine, literatura y artes plásticas- fue capaz de producir
  una gran cantidad de objetos y actividades artísticas marcadas por el
  activismo medioambiental y el espíritu festivo, pero también por unos
  “modos de hacer” marcados por la colaboración y la horizontalidad, al
  margen de la fama o el capital simbólico de los
  creadores<xref ref-type="fn" rid="fn2">2</xref>. La combinación de
  humor y performatividad en el espacio público pronto llamó la atención
  de la prensa, surgiendo el concepto
  “<italic>mani-festa-accións</italic>”, que -en palabras de sus
  protagonistas- “no son más que espectáculos de carácter lúdico y
  reivindicativo, ideados y secundados de forma pacífica por miles de
  personas, identificadas y unidas por un mismo sentimiento:
  salvaguardar la dignidad de Galicia” (Nunca Máis, 2003, p.6).</p>
  <p>Diversos autores han señalado que el arte del cambio de milenio se
  caracterizó por el “giro social” (Bishop, 2006), donde la crítica a la
  autoría deriva en propuestas que ponen el foco en la implicación
  comunitaria. La participación de personas ajenas al campo del arte
  amplía el alcance social de las propuestas y enriquece su
  interpretación, suponiendo además una ruptura con el “confinamiento
  cultural” de los espacios institucionales del arte, que siempre
  condicionan la interpretación de las obras. Esta tensión crítica
  contra los paradigmas del arte de vanguardia derivó en un interés
  creciente por el activismo social, que fue leído desde la nueva teoría
  del arte como ámbito de interferencia entre estética y política. La
  performatividad y estetización presente en las movilizaciones
  feministas, ambientalistas o de los colectivos antiglobalización, fue
  puesta sobre la mesa. El caso concreto de este estudio -la cadena
  humana en las costas gallegas- conecta entonces con propuestas de
  fuerte contenido político, como el <italic>siluetazo</italic>
  argentino (1983), donde los cuerpos interfieren y transforman los
  contextos, y el pueblo genera hechos políticos “que se convierten en
  verdaderas obras de arte” (Longoni y Bruzzone, 2008, p. 13); o pocos
  años antes, los campamentos de Reclaim the Streets en las luchas
  contra la construcción de accesos a la autopista M11 en Londres.</p>
  <p>Estas nuevas modalidades de arte público se relacionan con acciones
  vinculadas con el movimiento ecologista y colectivos antiglobalización
  en el cambio de milenio, analizadas por autores como Julia Ramírez
  Blanco, Marcelo Expósito o Gerald
  Rauning<xref ref-type="fn" rid="fn3">3</xref>. El fotógrafo americano
  Allan Sekula, que llegó a Galicia para documentar los trabajos de
  limpieza, fue de los primeros en comparar la reacción social ante el
  desastre del Prestige con las movilizaciones antiglobalización
  desarrolladas en ciudades como
  Seattle<xref ref-type="fn" rid="fn4">4</xref>.</p>
  <p>La primera reunión de profesorado donde se planteó una acción de
  protesta desde el ámbito educativo tuvo lugar al finalizar la gran
  manifestación del 1 de diciembre de 2002 en Santiago de Compostela.
  Pocos días después del hundimiento del petrolero, la manifestación
  proporcionará impactantes imágenes y será vista como una especie de
  performance colectiva, pasando a ser conocida como la “manifestación
  de los paraguas”, con la Plaza del Obradoiro, en Santiago de
  Compostela, abarrotada por una marea humana que se manifestaba bajo la
  lluvia. En una reunión informal en una cafetería de un hotel nació la
  Coordinadora de Ensino Areanegra, formada por profesorado de centros
  de enseñanza primaria y secundaria de Galicia. Tras las primeras
  reuniones, el grupo de profesores se va ampliando y va madurando la
  idea de organizar una cadena humana en la costa. Puri Cabido, Montse
  Mancebo y Carlos Concheiro -entre otros- dan forma a un proyecto de
  acción expandida por la costa, y eligen precisamente la Costa da Morte
  (A Coruña) como área de acción (Domínguez, 2022, pp. 110-111).</p>
  <p>Cuando el colectivo de educadoras Areanegra comienza sus
  actividades, se integra en un espacio okupado de Compostela, la Casa
  Encantada (Cabido, 2023). Ahí encuentra allí un lugar acogedor y
  solidario, y el apoyo de personas pertenecientes a distintos ámbitos.
  El profesorado contó entonces con la ayuda del grupo de jóvenes
  informáticos que trabajaban desde una filosofía hacker y socialmente
  comprometida. Así lo cuenta una de las fundadoras:</p>
  <disp-quote>
    <p>(…) era un lugar de encuentro de estudiantes, artistas, personas
    con inquietudes políticas, personas antisistema, un espacio donde
    incluso existía una emisora libre, Radio Kalimera. Pero, además de
    todo esto, los profesores y profesoras de Areanegra encontraron un
    local que por entonces se podría describir como espacio alternativo
    de co-working, dotado de salas de reuniones, biblioteca, material de
    oficina y ordenadores en red (aparatos reutilizados procedentes de
    despachos privados y públicos que habían sido desechados al
    considerarlos obsoletos, y que las y los manitas de la Casa
    Encantada recogían de la basura y ponían a funcionar como si fueran
    nuevos) (Cabido, 2023, p. 25).</p>
  </disp-quote>
  <p>Los centros sociales okupados se convierten en estos años en
  espacios de resistencia y experimentación: resistencia ante las
  dinámicas del sistema capitalista que rigen el uso del espacio público
  y los precios de la vivienda; experimentación en los ámbitos social y
  cultural, al propiciar iniciativas asamblearias y modalidades de
  trabajo colaborativo y dialogado. Las luchas antiglobalización y
  anticapitalistas del cambio de milenio sin duda le deben mucho a este
  nuevo espacio de transmisión de mensajes y de debate crítico. Podemos
  identificar esta fuerza colectiva con la
  <italic>response-ability</italic> o “cultivo de la capacidad de
  respuesta”, en palabras de Dona Haraway, quien entiende que ser
  conscientes de la importancia del vivir juntos (y desear y morir
  juntos) debe implicar también una responsabilidad para manifestarse y
  responder colectivamente a las amenazas, en este caso al medio
  ambiente (Haraway &amp; Kenney, 2015).</p>
  <p>El profesorado se implicó entonces en la creación de una página web
  que contribuyó a la definición de una estrategia y la diseminación de
  las acciones que se estaban preparando, entre las que pronto
  destacaría la cadena humana como prioritaria. Internet, por entonces,
  se estaba convirtiendo en una herramienta utilizable para usos
  socialmente alternativos que partían de la idea de creatividad
  aficionada y la cultura del <italic>Do it Yourself</italic> (Prada,
  2012). Estos canales para la difusión de información estaban abriendo
  un espacio para la crítica a los discursos hegemónicos en el campo de
  la comunicación de masas (Cabido, 2023, p. 26).</p>
</sec>
<sec id="sec3">
  <title>3. Organizar una cadena</title>
  <p>Todo comenzó con un estallido emocional, explica Pablo Meira (2005, p. 275). La reacción social
        de estas semanas de crisis política y medioambiental tenía mucho que ver con el hartazgo
        ante unas políticas públicas basadas en la imposición de las administraciones y la falta de
        diálogo. El reflejo de estas políticas se hizo evidente en los medios de comunicación, que
        ocultaban una realidad amenazadora e inquietante. En muchas zonas rurales de Galicia, la
        escuela y el profesorado fueron las únicas instancias de respuesta y contestación al relato
        oficial de los hechos (Meira 2005). La reacción de muchos docentes ante el desastre fue
        inmediata: meter el Prestige en las programaciones y un trabajo de información desde las
        aulas, adoptando estrategias de los medios, pero para mostrar “otra” información,
        entrevistando a afectados de las comarcas costeras, por ejemplo. (Fig. <xref ref-type="fig"
          rid="fig3">3</xref>) Se desarrollaron actividades informativas sobre el impacto
        medioambiental, propuestas de expresión plástica y literaria, se trabajó con el alumnado con
        actividades <italic>in situ</italic> (observación y recogida de materiales), Se elaboraron
        materiales didácticos derivados de estas experiencias, como los señalados por Mª Mercedes
        Rodríguez (2003) para el caso de la educación secundaria en Ribeira (A Coruña):
        presentaciones en PowerPoint y actividades interactivas para trabajo en el aula.</p>
  <fig id="fig3">
    <caption><p>Figura 3. Cadena humana de escolares gallegos en la Costa da Morte (22 de enero de 2003). Autor:
            Antón García. Fuente: Archivo fotográfico Xosé Lois Vázquez / Difusora de Letras, Artes
            e Ideas, Ourense.</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image3.jpeg" />
  </fig>
  <p>La cadena humana fue concebida como una actividad de marcado
  carácter educativo. Los objetivos declarados por los organizadores
  conforman una suerte de decálogo que fue compartido previamente a los
  centros de enseñanza a través de una circular:</p>
  <list list-type="order">
    <list-item>
      <p>Conocer <italic>in situ</italic> la gravedad del desastre para
      una mayor concienciación ecológica del alumnado.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>Interpelar a las autoridades educativas para que asuman la
      gravedad del problema.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>Hacer llegar a la sociedad el grito de protesta del alumnado
      gallego como medida para contrarrestar el silencio y la
      manipulación de los medios.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>Educar para la solidaridad mediante un acto simbólico, haciendo
      llegar a las personas afectadas de la Costa da Morte (sobre todo
      al alumnado) un mensaje de apoyo en esos difíciles momentos.</p>
    </list-item>
    <list-item>
      <p>Reflexionar sobre la responsabilidad personal que todos tenemos
      en la defensa del patrimonio eco­lógico, económico y
      social<xref ref-type="fn" rid="fn5">5</xref>.</p>
    </list-item>
  </list>
  <p>Se usaron canales novedosos por entonces, como el correo
  electrónico además del teléfono y de reuniones presenciales, con el
  fin de conseguir la aprobación de la actividad por los consejos
  escolares. Se realizó una medición del terreno, una larga línea de
  costa con tramos sin asfaltar y sin caminos, como paso previo a la
  llegada y distribución del alumnado:</p>
  <disp-quote>
    <p>Hubo que medir el trecho de costa entre Laxe y Muxía, unos 45
    kilómetros que dividimos entre el espacio que ocupaba cada niño o
    niña, alrededor de un metro, para colocar allí las 50.000 personas
    que se habían inscrito, y otorgando a cada centro un trecho
    determinado: 300 metros a este, 100 al otro, intentando además que
    el alumnado que llegaba de más lejos tuviese que caminar menos, para
    ajustar mejor los tiempos. (Declaraciones de Puri Cabido, en Pérez
    Pena, 2023).</p>
  </disp-quote>
  <p>Todo este trabajo se concibe desde la intersección de lo político y
  lo educativo, desde un compromiso firme por la defensa del medio
  ambiente y la confianza en el valor educativo de estas actividades
  entre el alumnado. La organización de la cadena humana fue calificada
  como “descomunal trabajo invisible” por Puri Cabido (2023, p. 40),
  quien recuerda como el fax no paraba de recoger mensajes y finalmente
  tuvieron que cortar las inscripciones que llegaban, al pasar de las
  50.000 personas inscritas, y constatar que la gestión de la actividad
  se podía descontrolar<xref ref-type="fn" rid="fn6">6</xref>.</p>
  <p>La organización era consciente de la dimensión política de la
  actividad, que no se escondía, y esto fue muy criticado por las
  autoridades educativas. La Consellería de Educación de la Xunta de
  Galicia pretendía marcar unas pautas “apolíticas” y neutrales al
  ámbito educativo e intentó por todos los medios impedir la cadena
  humana, acusando a los organizadores de introducir “propaganda” en los
  centros educativos. Se remitió una circular a los centros y presionó a
  las empresas de transporte de escolares para que no participasen en la
  actividad. De hecho, los organizadores tuvieron que recurrir a
  empresas de otras comunidades autónomas y de Portugal para el
  transporte de los escolares. A mediados de marzo del 2003, la
  coincidencia de esta circular y un artículo donde el presidente del
  gobierno autonómico, Manuel Fraga, criticaba a los profesores, enervó
  todavía más los ánimos del colectivo docente gallego. En el artículo,
  Fraga acusaba a estos de radicalizar la sociedad y de “violar las
  conciencias de los alumnos” (Lorenzo, 2003). La coordinadora Areanegra
  contestó exigiendo la dimisión del consejero de Educación y
  defendiendo el carácter educativo y transversal de la actividad,
  asumiendo su dimensión creativa y humanista, pues “los centros de
  enseñanza son Museos Interactivos de la Diversidad, son Centros de
  Arte Contemporáneo, son Institutos de Interpretación Social, son Casas
  de Cultura del País de Nunca Máis” (VV.AA. 2019, p.105). (Fig. <xref ref-type="fig" rid="fig4">4</xref>)</p>
  <fig id="fig4">
    <caption><p>Figura 4. Lona de Burla Negra en la Costa da Morte (22 de enero de 2003). Autor: Roberto Ribao.
            Fuente: Archivo fotográfico Xosé Lois Vázquez / Difusora de Letras, Artes e Ideas,
            Ourense.</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image4.jpeg" />
  </fig>
  <p>La cadena humana se desarrolló a pesar de que el día comenzó con un
  fuerte temporal y lluvia, con más de 45.000 alumnos y 3.000
  profesores. Fueron movilizados 864 autobuses, una cantidad que supuso
  problemas de tráfico en los accesos a la costa, en una comarca que
  carece de grandes vías de comunicación. Hubo atascos en carreteras y
  caminos de la Costa da Morte, y se hizo un llamamiento para que no se
  accediese con vehículos particulares a la zona (Pérez Pena, 2023).
  Alumnado y docentes se repartieron según lo previsto, en los sectores
  indicados por la organización. Diversas fuentes recogen las
  impresiones y los recuerdos de aquellos “niños del Prestige”. Por
  ejemplo, el reportaje de Sonia Vizoso (2022) para <italic>El
  País</italic>:</p>
  <disp-quote>
    <p>De la tragedia del Prestige brotaron vocaciones. Saleta
    Ameixeiras, que tenía 12 años, rompió a llorar cuando al llegar a
    casa del instituto escuchó en la televisión que un barco cargado de
    fuel amenazaba la costa gallega. Hija de ganaderos de la parroquia
    de Salto, en Vimianzo (A Coruña), ya sufría mucho por los incendios
    que asolaban cada verano los montes de la zona, pero de la marea
    negra, asegura, nació su “conciencia ambiental”.</p>
  </disp-quote>
  <p>Fue una potente puesta en escena representando la solidaridad de
  los estudiantes, su preocupación ante la gestión de la catástrofe, y
  su amor por el medio ambiente y el territorio. En algunos puntos, se
  unieron embarcaciones de marineros, acompañando desde el mar y
  artistas de Burla Negra amenizaron el recorrido con malabares y
  espectáculos ambulantes. Un grupo de niñas y niños acabó dibujando con
  sus cuerpos la palabra VIDA en la playa de Traba (Laxe, A Coruña),
  imagen captada por las cámaras y retransmitida por los medios, que dio
  la vuelta al mundo (Fig. <xref ref-type="fig" rid="fig5">5</xref>) y sería usada en la producción de material
  gráfico por Nunca Máis.</p>
  <fig id="fig5">
    <caption><p>Figura 5. A Costa da Morte Nunca Máis Esquencida (16 de
    marzo de 2023). Cartel para manifestación en Cee (A Coruña), con la
    fotografía de Xurxo Lobato del alumnado dibujando la palabra “VIDA”
    en la playa de Traba el día de la cadena humana. Plataforma Nunca
    Máis.</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image5.jpeg" />
  </fig>
</sec>
<sec id="sec4">
  <title>4. Capitalismo extractivista</title>
  <p>Uno de los aspectos más importantes de la reacción social ante el
  desastre del Prestige fue la identificación de la raíz del problema:
  las amenazas y peligros que se cernían sobre el medio ambiente y el
  ámbito laboral de tanta gente derivan de un modelo de extracción y
  producción de combustibles altamente contaminantes, puestos al
  servicio del actual sistema capitalista. Lo local y lo global se
  entrecruzan en estos momentos de crisis, y los peligros de un ámbito
  irradian al otro sin posibilidad de escapatoria. Areanegra compartió
  esta reflexión y se definió desde el principio dentro de los
  movimientos anti-globalización del cambio de milenio, con una clara
  vocación cívico-política (Meira, 2005, 277): comenzó con las
  movilizaciones del Prestige, continuó con la oposición a la guerra de
  Irak. Se trata de dos casos críticos que agitaron la política española
  de estos años, conectados por la importancia estratégica del petróleo,
  la voracidad de los países occidentales y el papel controvertido del
  gobierno de José Mª Aznar. La cantante Uxía Senlle, portavoz de la
  plataforma Nunca Máis, lo expresó de modo contundente: “en el fondo,
  teníamos claro que el problema era el capitalismo salvaje, que iba a
  acabar con nosotros” (Pérez y Vites, 2018).</p>
  <p>El accidente es un ejemplo de los riesgos de una economía global
  basada en los flujos de mercancías peligrosas por mar, de los
  entramados misteriosos del capital transnacional, una muestra de la
  falta de previsión de los gobiernos y de falta de medios ante
  catástrofes de esta magnitud. La estrategia de la naviera de
  “deslocalizar” las distintas dimensiones del negocio del transporte
  dificultó tanto la interlocución en los momentos críticos como la
  posterior asunción de responsabilidades
  civiles<xref ref-type="fn" rid="fn7">7</xref>. Las banderas de
  conveniencia, las sedes en paraísos fiscales y la contratación de
  tripulación de países no occidentales son elementos clave en el
  engranaje. La ingeniería financiera del transporte de combustibles
  fósiles roza lo obsceno: los cargamentos pueden ser comprados y
  vendidos varias veces en el curso de un único viaje, y se pueden crear
  sociedades tan solo para la compra de un barco que, si el barco
  naufraga, desaparecen, con lo cual no se podrá pagar a las víctimas
  (Ramonet y Chao, 2003).</p>
  <p>Ulrick Beck (2011) se ha referido a los peligros inmanentes al
  modelo de comercialización a gran escala de los combustibles fósiles,
  a raíz del desastre producido en 2010 por el hundimiento de la
  plataforma petrolífera Deepwater Horizon en el Golfo de México.
  Plantea que ya no es posible vivir de espaldas a una realidad de
  riesgo permanente de desastre medioambiental y es irreversible la
  apuesta por la transición de modelo hacia una economía basada en la
  energía limpia y renovable. Los riesgos estaban ahí y no los quisimos
  ver, señala Beck:</p>
  <disp-quote>
    <p>Nadie dispone de las técnicas de seguridad para evitar o dar
    respuesta a una catástrofe de semejante magnitud. No son los
    fracasos, sino los triunfos, los que hacen incontrolables los
    riesgos en los que incurrimos. Los ingenieros se han vuelto cada vez
    más osados en la búsqueda de petróleo; han per­forado cada vez a
    mayor profundidad, considerando controlables las consecuencias
    potencialmente mortales de sus éxitos (Beck, 2011, pp. 117-118).</p>
  </disp-quote>
  <p>Las dimensiones del accidente en las costas del Golfo de México
  tienen mucho que ver con “la negligencia y la indiferencia de las
  empresas”, y con el fracaso de los supervisores estatales (Beck, 2011,
  p.138). En el caso de Galicia, la geografía añadía peligros a los
  característicos del tráfico de mercancías peligrosas: la proximidad de
  la costa a la autopista marítima por la que pasan cerca de 40.000
  barcos al año se reveló como un factor clave para entender que este
  desastre no era un caso aislado en nuestra historia. Se trata de una
  costa abrupta y sometida frecuentemente a oleaje y mal tiempo, que
  cuenta con una larga historia de accidentes y naufragios. Galicia se
  reveló como un “lugar sacrificable”, en palabras de la antropóloga
  Guadalupe Jiménez-Esquinas (2020) en el juego de producción y
  distribución de la riqueza del sistema capitalista. Las
  recomendaciones de investigadoras como Mª do Carme García-Negro de que
  en otoño e invierno la normativa prohíba a los barcos transitar cerca
  de la Costa da Morte nunca llegaron a ser atendidas.</p>
  <p>La confrontación con las lógicas del capitalismo trasnacional que
  proponían colectivos como Areanegra planteaba la dialéctica entre
  producción y reproducción, entre el afán productivista de la industria
  o las lógicas consumistas, y los trabajos de cuidado, reparación y
  reproducción de la vida. La relación con la vida natural propiciada
  desde las lógicas del capitalismo se basaba en la separación
  naturaleza / cultura y la consideración de la superioridad de la
  segunda. María Mies y Vandana Shiva expusieron en
  <italic>Ecofeminismo. Teoría, crítica y perspectivas</italic> (libro
  publicado en 1997) la complicidad de las ciencias en este estado de
  cosas, abogando por una actitud responsable en la relación con lo
  natural y por recuperar la capacidad de asombro ante el mundo; en el
  fondo, la clave estaba en reconocer la “continuidad ontológica entre
  naturaleza y cultura” (Gutiérrez, 2013, p.176).</p>
  <p>Pocos años más tarde, esta dialéctica ocuparía el centro de los
  debates sociales y de la teoría crítica. Stefania Barca (2020, p. 26)
  indica que la modernidad capitalista-industrial considera la
  reproducción sólo como “instrumento pasivo” al servicio de la
  producción y expansión del Producto Interior Bruto, y defiende que una
  alternativa ecosocialista debe partir del reconocimiento de la
  relevancia de las “fuerzas de reproducción”. Desde un anclaje teórico
  construido desde la ecofeminismo materialista, entiende Barca que la
  degradación de la naturaleza es una consecuencia de la minusvaloración
  de los trabajos de cuidado, reproducción y restauración.</p>
</sec>
<sec id="sec5">
  <title>5. Arte, educación ambiental y activismo</title>
  <p>Esta conciencia ambiental y el pensamiento crítico y situado están
  en la base de las iniciativas desarrolladas por comunidad educativa
  gallega. Los centros escolares gallegos adaptaron sus programaciones
  “para incluir contenidos específicos sobre el Prestige” (Cabido, 2023,
  p. 35) y desarrollaron unidades didácticas. La actividad fue concebida
  desde el principio como un ejemplo de transversalidad y de educación
  implicada, con charlas y actividades donde la biología, la educación
  artística, la geografía y la historia se entremezclaban. (Fig. <xref ref-type="fig" rid="fig6">6</xref>)</p>
  <fig id="fig6">
    <caption><p>Figura 6. Pintura realizada por alumnado del Instituto Rosalía de Castro, de Santiago de
            Compostela (12 de marzo de 2003). Fotografía de Xavier Cid. Fuente: Archivo fotográfico
            Xosé Lois Vázquez / Difusora de Letras, Artes e Ideas, Ourense.</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image6.jpeg" />
  </fig>
  <p>Debemos entender la organización de la cadena humana a partir de la
  confluencia de dos grandes preocupaciones, presentes en el colectivo
  de profesorado que se implicó: por un lado, estaba la conciencia del
  peligro para el medio ambiente que se cernía tras el accidente; por
  otro, la necesidad de renovar las pautas pedagógicas e incorporar
  temáticas y acontecimientos de alcance extraescolar. La emergencia
  ambiental y social, en definitiva, podía ser usada dentro de los
  principios de renovación pedagógica presentes en un sector dinámico de
  la comunidad de docentes gallegos. El colectivo Areanegra compartía la
  filosofía de renovación pedagógica basada en las experiencias e
  implicación creativa del alumnado, nacida en la España de la Segunda
  República y cercenada por la dictadura de Franco. Puri Cabido (2023,
  pp. 32-33) apunta a los precedentes de la Institución Libre de
  Enseñanza, Francisco Giner de los Ríos, pero también a renovadoras del
  ámbito catalán, como Rosa Sensat, o Marta Mata. La implicación y el
  compromiso del colectivo Areanegra con un tipo de pedagogía
  experiencial y activista llevaron a que recibieran ese mismo año el
  XXIII Premio Marta Mata de Pedagogía, a raíz de las experiencias de
  movilización e implicación comunitaria que habían
  desarrollado.<xref ref-type="fn" rid="fn8">8</xref></p>
  <p>Desde el ámbito de las artes, interesa esta actividad de desborde
  por la potencia icónica y la puesta en escena, pero también por la
  voluntad de “dar forma” a un impulso colectivo que diluye la frontera
  mental entre cultura y naturaleza. La cadena humana puede ser vista
  como una “escultura social”, siguiendo la definición de Joseph Beuys,
  pero también como un festival. Beuys defendió en los años 70 la
  necesidad de ampliar el área de influencia del arte, superando la
  especialización e integrando otros tipos de actividad y otras
  personas: el poder de los colectivos humanos de luchar juntos y
  conseguir objetivos políticos o sociales tendría entonces una
  dimensión estética a considerar, y el deseo transformador podría ser
  visto como creatividad
  expandida.”<xref ref-type="fn" rid="fn9">9</xref></p>
  <p>Es trabajo colaborativo y aprendizaje comunitario. François
  Matarasso (2019) se ha referido a las implicaciones éticas del
  “trabajar con” en el mundo del arte, aludiendo a esta dimensión
  presente en el arte participativo. Las elecciones del artista (las
  organizadoras, en este caso) afectan a otros, implican a las personas
  participantes, que dan su consentimiento y son co-creadoras de la
  obra. Las dimensiones éticas son evidentes y perduran en el tiempo, y
  ese “perdurar” implica también el hecho de que escapan del control de
  los artistas u organizadores (Matarasso, 2019, pp. 111-125). Hay en la
  infancia una mirada que se sorprende y que capta esa cualidad
  estética, la belleza de lo que nos rodea, que se comparte con la
  mirada especializada del ámbito del arte. Bruna Bianchi (2021, p. 45)
  destaca “la capacidad de sentir la belleza y el misterio de la
  naturaleza” como cualidad propia de los niños, y defiende que aquí
  radica el fundamento de la ética ambiental, en estas impresiones
  sensoriales, las emociones y el sentido del misterio en la naturaleza.
  El “sentido de la maravilla” y la capacidad de asombro ante el
  entorno, ya habían sido señalados por Edith Cobb como bases para la
  creatividad y para el crecimiento psicofísico de los individuos
  (Bianchi, 2021, p. 50).</p>
  <p>Esta gran performance colectiva remite también al reconocimiento de
  los niños y las niñas como actores políticos. Bruna Bianchi (2021,
  p.73) nos recuerda la necesidad de repensar esta dimensión de la
  infancia, porque los niños “pueden ser agudos observadores políticos,
  tener una clara percepción de los problemas morales”; al igual que los
  mayores, tienen “una marcada comprensión de la estructura opresiva y
  son vulnerables frente a la insensibilidad y el desequilibrio
  sociales” (Bianchi, 2021, p.73). La movilización implicaba un
  posicionamiento no exento de peligros -represalias-, pero también un
  acto de responsabilidad colectiva que borraba las fronteras entre la
  educación formal y la no formal. Pablo Meira (2005) enmarca las
  acciones de la comunidad educativa gallega en el contexto de los
  debates sobre la educación ambiental, que algunos deseaban
  despolitizar y poner al servicio del discurso del desarrollo
  sostenible<xref ref-type="fn" rid="fn10">10</xref>.</p>
  <p>Hay un potencial revolucionario y de emancipación que se “fabrica”
  desde la escuela, partiendo de la implicación consciente y la
  inmersión en un contexto sometido a una situación de emergencia
  ambiental. La participación colectiva en acciones derivadas de debates
  y luchas sociales remite a las ideas de Paulo Freire sobre la teoría
  dialógica de la acción, que necesita de un compromiso y una adhesión
  basados en el diálogo entre iguales:</p>
  <disp-quote>
    <p>al contrario de lo que ocurre con la conquista (...) en la
    colaboración exigida por la teoría dialógica de la acción…, los
    sujetos que establecen el diálogo examinan la realidad que los
    mediatiza y que, pro- blematizada, los desafía. La respuesta a los
    desafíos de la realidad problematizada es la acción de los sujetos
    críticos sobre ella para transformarla. Problematizar, no obstante,
    no es hacer <italic>slogans</italic>, es ejercer un análisis crítico
    sobre la realidad elevada a problema (Freire, 2018, p. 215).</p>
  </disp-quote>
</sec>
<sec id="sec6">
  <title>6. Conclusiones</title>
  <p>La cadena humana fue un abrazo a la costa, zona de contacto
  sensible entre tierra y mar, un diseño recortado de cerca de cuarenta
  y cinco kilómetros sobre un paisaje sobrecogedor. ¿Ayudó la cadena
  humana a fortalecer la conciencia ambiental de la sociedad gallega?
  Las fuentes consultadas indican que sí. Se convirtió en símbolo eficaz
  de la nueva sensibilidad medioambiental que permeaba a las jóvenes
  generaciones del país. Se estaban construyendo los nuevos imaginarios
  de la lucha ambientalista, que contaba ya con un largo historial de
  referentes en Galicia (Gil Martínez, 2024), especialmente intenso en
  los años setenta. La activación de la conciencia ecológica en Galicia
  entre la infancia y los y las adolescentes en estos meses, puede ser
  vista como un anticipo de lo que vendrá años más tarde con el
  movimiento encabezado por Greta Thunberg contra el calentamiento
  global.</p>
  <p>La cadena humana fue también un acto de reenganche con la
  naturaleza que supone toda una declaración de principios en un mundo
  cada vez más sometido al flujo de información y comunicación. Este
  flujo acaba sometiendo al propio sistema educativo, muy preocupado por
  las competencias, los conocimientos y las habilidades, pero alejado
  -cada vez más- de la energía y sensibilidad del contacto con la
  naturaleza. El biólogo Richard Pyle advertía en los años noventa
  acerca de la “extinción de la experiencia”, donde el contacto con la
  naturaleza se estaba perdiendo, desarrollándose una espiral de
  desafección, indiferencia y apatía con respecto a la destrucción de la
  naturaleza, que acaba siendo nefasta para el para el desarrollo de la
  personalidad (Bianchi, 2021, p. 63).</p>
  <p>Esta gran movilización no tuvo, sin embargo, la capacidad para
  alterar y disminuir la dependencia de combustibles fósiles. Aunque
  algunos gobiernos se mostraron desde los años noventa muy interesados
  en la substitución paulatina de las fuentes de energía (las fósiles
  por las renovables), lo cierto es que el consumo no hace más que
  aumentar, con lo que asistimos simplemente a un equilibro “por arriba”
  en la producción de los diversos tipos de energía. Discursos como el
  del “crecimiento verde” o el “crecimiento sostenible” no hacen sino
  maquillar una demanda que no cesa, con la incorporación de otras
  fuentes de energía que se suman a las sucias (carbón y petróleo).</p>
  <p>Algo se avanzó, pero el peligro persiste. La profesora M.ª do Carme
  García-Negro, que durante años dirigió el Grupo de investigación de
  Economía Pesquera de la USC, afirma que podemos confiar “solo a
  medias” en las medidas tomadas por las autoridades para evitar que se
  repita una catástrofe ambiental semejante: no se está cumpliendo la
  prohibición de circulación de buques monocasco; la elección de puertos
  refugio no obliga a las empresas a llevarlos ahí en caso de accidente;
  y el alejamiento de las rutas de tráfico peligroso de las costas
  gallegas tiene como contrapartida que en los últimos años este se
  incrementó (Ermida, 2022), precisamente por la demanda creciente de
  energía<xref ref-type="fn" rid="fn11">11</xref>.</p>
  <p>¿Fue reconocida la dimensión estética y educativa de la acción? La
  cadena fue una acción artística, ecologista, educativa y política, una
  gran performance que dejó imágenes impactantes. Pero los propios
  organizadores echaron en falta un reconocimiento de las distintas
  dimensiones de la acción (Cabido, 2023). Especialmente en lo tocante a
  la estética habrá que esperar al vigésimo aniversario, con las
  actividades de la Asociación Unha Gran Burla Negra, que ayudaron a la
  visibilización de un archivo relacionado con las iniciativas de la
  comunidad educativa, con trabajos escolares y documentación de la
  cadena humana. Se pudieron ver en exposiciones como <italic>Unha gran
  Burla Negra. Arquivo vivo</italic> (Igrexa da Universidade, Santiago
  de Compostela, 2019), <italic>Máis Nunca Máis</italic> (Palexco, A
  Coruña, 2019), o <italic>Sempre Máis. Arte, ecoloxía e protesta na
  Galiza do Prestige</italic> (Auditorio de Galicia, en Santiago de
  Compostela, y Pazo da Cultura, en Pontevedra, 2023). Podemos
  interpretar la cadena humana desde una perspectiva simbólica,
  atendiendo al carácter colectivo de la acción y a la importancia de la
  imagen. En este sentido, Uxía Senlle insistió en el vigésimo
  aniversario del accidente en que en el momento de la crisis ambiental:
  “fuimos una sociedad que le plantó cara al desastre y la
  incompetencia, con una pasión y una determinación que no olvidaremos
  en la vida” (García, 2022).</p>
  <p>Se produjeron nuevos imaginarios de la lucha ambientalista a partir
  de la cadena humana, con una infancia concienciada, con sus
  chubasqueros y sus plásticos al viento, frente a un mar embravecido.
  Armando Silva nos recuerda que la producción de imaginarios es un acto
  social donde una función estética se hace dominante para producir
  asombro: la estética permea el acontecimiento, pero no es este “un
  acontecimiento de arte”, sino un proceso de interacciones sociales
  (Silva, 2012, p. 9). Es precisamente la fuerza afectiva del imaginario
  enraizado en las prácticas democráticas y en la defensa del medio
  ambiente “la que aporta las significaciones que mueven a las personas
  a actuar” (Mouffe, 2023, pp. 80-81). En este sentido, la eficacia de
  la cadena humana y de la imagen de los estudiantes dibujando con sus
  cuerpos la palabra VIDA en la playa de Traba fue enorme, y dejarán una
  huella persistente en las generaciones jóvenes de la comunidad.</p>
</sec>
</body>
<back>
<fn-group>
  <fn id="fn1">
    <label>1</label><p>Marineros y mariscadores fueron contratados por
    la administración para colaborar en estas tareas, pero en ocasiones
    se anti­ciparon a las gestiones, como cuando el fuel empezó a
    aproximarse a las Rías Baixas, una comarca densamente poblada y muy
    dependiente del cultivo de marisco y pesca de bajura: ante la
    llegada inminente del chapapote, los días 3 y 4 de diciembre
    salie­ron a la mar 1.200 pequeñas embarcaciones con 7.000 marineros a
    bordo que trabajaron frenéticamente consiguiendo mantener el groso
    de la marea negra fuera de las rías.</p>
  </fn>
  <fn id="fn2">
    <label>2</label><p>Buena parte de este material (cartelería,
    pegatinas, chapas, por ejemplo) fue registrado por la editorial
    Difusora en dos publica­ciones editadas por Xavier Paz y Alba Vázquez
    Carpentier: <italic>Nunca Máis. A voz da cidadanía</italic> (Paz y
    Carpentier, 2003, 2007). La página web de la Asociación Cultural
    Unha Gran Burla Negra
    (<ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="http://unhagranburlanegra.gal/arquivo-vivo/"><underline>http:<bold>/</bold>unhagranburlanegra.gal/arquivo-vivo/</underline></ext-link>
    ) recoge una buena muestra de este conjunto.</p>
  </fn>
  <fn id="fn3">
    <label>3</label><p>Ver Ramírez Blanco, Julia: <italic>Utopías
    artísticas de revuelta: Claremont Road, Reclaim the Streets, la
    Ciudad de Sol</italic> (Cátedra, 2014), las colaboraciones de
    Rauning en EIPCP (European Institute for Progressive Cultural
    Policies) en la web
    <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://transversal.at/"><underline>https:<bold>/</bold>transversal.at/</underline></ext-link>
    o los textos y audiovisuales de Marcelo Expósito, en especial
    <italic>La imaginación radical (carnavales de resistencia)</italic>
    (2004), 60 min.</p>
  </fn>
  <fn id="fn4">
    <label>4</label><p>De hecho, en su película <italic>The Lottery of
    the Sea</italic> (2006) Sekula muestra imágenes en vídeo recogidas
    en las manifestaciones de Seattle de 1999, otras de las limpiezas de
    la costa gallega de 2002, y las utiliza en el contexto de un relato
    acerca de las conse­cuencias económicas y sociales de la
    globalización a nivel mundial (Rodríguez González, 2020).</p>
  </fn>
  <fn id="fn5">
    <label>5</label><p>Estos objetivos, así como la comunicación enviada
    al delegado del Gobierno en Galicia, pueden ser consultados en
    <italic>Areanegra na casa encantada</italic> (Cabido, 2023, pp.
    39-40; y pp. 115-118).</p>
  </fn>
  <fn id="fn6">
    <label>6</label><p>Esta realidad “desbordante” de las movilizaciones
    plantea una paradoja muy interesante desde un punto de vista
    estético, pues lo que para las personas implicadas en la
    organización pudo ser un problema, a la larga implicó una riqueza
    evidente desde el punto de vista estético, por la liberación de
    “energía social” (y creatividad) asociada.</p>
  </fn>
  <fn id="fn7">
    <label>7</label><p>La empresa propietaria del barco era Mare
    Shipping Inc., de Liberia; la gestora era la griega Universe
    Maritime; el propietario de la carga, Crown Resources, de Suiza; la
    aseguradora era la británica Steamship Owners Insurance; y la
    sociedad de clasificación, ABS, de Estados Unidos.</p>
  </fn>
  <fn id="fn8">
    <label>8</label><p>El premio fue concedido por la presentación del
    texto “Una educación abierta a la sociedad”, y está organizado por
    la Asociación de Maestros Rosa Sensat, el Departamento de Educación
    de la Generalitat de Catalunya, la Fundación Artur Martorell, la
    Diputa­ción de Barcelona y el Instituto de educación del Ajuntament
    de Barcelona (Cabido, 2023).</p>
  </fn>
  <fn id="fn9">
    <label>9</label><p>Beuys manejó conceptos como “arte social”,
    “escultura social” o “arte antropológico”. Con “arte social” se
    refiere a un modo de cultivar relaciones entre personas con
    finalidades relacionadas con la mejora de la vida colectiva. Este
    trabajo requiere de impli­cación, intensidad y energía, e implica una
    dimensión política evidente (Lamarche-Vadel, 1994).</p>
  </fn>
  <fn id="fn10">
    <label>10</label><p>Un concepto del que poco se puede esperar,
    explica Meira (2005), pues está siendo asumido por organizaciones
    como el Banco Central y el Fondo Monetario Internacional.</p>
  </fn>
  <fn id="fn11">
    <label>11</label><p>Xaquín Rubido, miembro de la Plataforma en
    Defensa da Ría de Arousa, indica que siguen pasando a diario cerca
    de 100 buques por la costa gallega, de los que 35 son de mercancías
    peligrosas (García, 2022). Los datos son del Dispositivo de
    Separación de Tráfico de Fisterra. El tráfico se incrementó
    considerablemente: de 400 millones de toneladas de capacidad de
    carga en 2001, a 950 millones en 2021.</p>
  </fn>
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