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      <journal-id journal-id-type="publisher-id">ARIS</journal-id>
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        <journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Arte, Individuo y Sociedad</journal-title>
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      <issn-l>1131-5598</issn-l>
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        <publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
        <publisher-loc>
          <country>España</country>
        </publisher-loc>
      </publisher>
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      <article-id pub-id-type="doi">10.5209/aris.101094</article-id>
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          <subject>Artículos</subject>
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        <article-title>Ester Chacón-Ávila: dar vida al textil. Una aproximación a sus obras textiles como esculturas vivientes<xref ref-type="fn" rid="fn1">1</xref></article-title>
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          <trans-title>Ester Chacón-Ávila: Bringing Textiles to Life.
            An approach to her textile works as living sculptures</trans-title>
        </trans-title-group>
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        <contrib contrib-type="author" corresp="yes">
          <contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0001-9123-6948</contrib-id>
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            <surname>Cross</surname>
            <given-names>Amalia</given-names>
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          <institution content-type="original">Pontificia Universidad Católica de Valparaíso</institution>
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      <author-notes>
        <corresp id="cor1">Amalia Cross<email>amalia.cross@pucv.cl</email></corresp>
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      <pub-date date-type="pub" publication-format="electronic" iso-8601-date="2025-10-08">
        <day>08</day>
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        <year>2025</year>
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        <copyright-statement>Copyright © 2025, Universidad Complutense de
          Madrid</copyright-statement>
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          <license-p>Esta obra está bajo una licencia <ext-link ext-link-type="uri"
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              4.0 International</ext-link></license-p>
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      <abstract>
        <p>El objetivo de este artículo es reflexionar, desde la historia del arte, sobre la obra textil de la artista
          chilena Ester Chacón-Ávila (n. 1936) a través de una investigación de sus obras en colecciones y archivos
          de Barcelona, París y Santiago de Chile. En particular, se propone una aproximación centrada en la creación
          de sus esculturas vivientes como acciones de arte que se inscriben en un contexto histórico marcado por
          la dictatura cívico-militar en Chile y el exilio en Francia durante la década de 1980. Para ello abordaremos su
          técnica de trabajo con nudos, a partir de una hibridación de prácticas, disciplinas y saberes, en colaboración
          con otros artistas por medio del cuerpo y el movimiento. Esto nos dará luces de su lugar en la historia del arte
          y del vínculo con una tradición latinoamericana que entiende el textil como una entidad viva.1
          A partir de estos aspectos, se propone una primera lectura sobre el trabajo de una artista que no ha
          sido debidamente considerada y que resulta un referente clave para el arte textil de carácter experimental
          y performático. Finalmente, este artículo espera contribuir al estudio del arte textil realizado por mujeres
          y de las distintas formas de relación del arte con las manifestaciones políticas, desde el exilio, durante la
          dictadura en Chile.</p>
      </abstract>
      <trans-abstract xml:lang="en">
        <p>The objective of this article is to reflect, from an art historical perspective, on the textile work of
          Chilean artist Ester Chacón-Ávila (b. 1936) through an investigation of her works in collections and archives
          in Barcelona, Paris, and Santiago de Chile. It proposes an approach focused on the creation of her living
          sculptures as art actions inscribed in a historical context marked by the civil-military dictatorship in Chile
          and exile in France during the 1980s. To this end, we will address her knot-working technique, drawing on a
          hybridization of practices, disciplines, and knowledge, in collaboration with other artists through the medium
          of body and movement. This will shed light on her place in art history and her connection to a Latin American
          tradition that understands textiles as a living entity.
          Based on these aspects, we propose a first reading of the work of an under-regarded artist who is a key
          reference for experimental and performative textile art. Finally, this article hopes to contribute to the study
          of textile art by women and the different ways in which art relates to political protests, from exile during the
          dictatorship in Chile.</p>
      </trans-abstract>
      <kwd-group kwd-group-type="author-keywords">
        <kwd>arte textil</kwd>
        <kwd>arte chileno</kwd>
        <kwd>arte colaborativo</kwd>
        <kwd>acciones de solidaridad</kwd>
      </kwd-group>
      <kwd-group xml:lang="en" kwd-group-type="author-keywords">
        <kwd>Textile art</kwd>
        <kwd>Chilean art</kwd>
        <kwd>Collaborative art</kwd>
        <kwd>Solidarity actions</kwd>
      </kwd-group>
    </article-meta>
  </front>
<body>
<sec id="sec1">
  <title>1. Introducción</title>
  <p>Este artículo se propone abordar la obra de la artista textil Ester
  Chacón-Ávila con el propósito de comprender cómo sus creaciones
  textiles se transforman en esculturas vivientes en contextos de fuerte
  significación política. Se trata de definir lo que subyace en una
  serie de acciones de arte corporal y performático realizadas desde la
  década de 1980, especialmente en Francia, durante la dictadura
  cívico-militar en Chile. Ester Chacón-Ávila incorpora, en sus obras,
  el movimiento y la colaboración como formas y elementos esenciales de
  su lenguaje textil por medio de la participación de otros cuerpos y en
  diálogo con otras prácticas y disciplinas. Un movimiento que es
  simultáneo a la necesidad de manifestar un compromiso político en su
  arte en un contexto histórico marcado por el dolor y el exilio
  generado por las dictaduras sudamericanas y por la expansión de las
  posibilidades del arte textil de la mano de artistas mujeres.
  Finalmente, veremos cómo esta noción dinámica de lo textil vincula su
  producción con ciertas concepciones ancestrales e indígenas que
  entienden el tejido como acto de animación, como creación de seres
  vivos. Así, sus obras textiles –acciones, esculturas e instalaciones,
  pequeñas, monumentales y habitables– son resultado de una noción
  experimental y colaborativa de trabajo que involucra activamente el
  cuerpo y el espacio en contexto a través del movimiento, el juego y la
  danza.</p>
  <p>El objetivo de este artículo es reflexionar sobre la obra de Ester
  Chacón-Ávila y descubrir, en su proceso de creación artística, un
  lenguaje expresivo de carácter espacial y el uso de nudos como método
  estructural. En particular, nos centraremos en la inscripción de sus
  “criaturas” textiles que se transforman en esculturas vivientes –como
  un arte que pasa a la acción– por ser un aspecto que ha pasado
  desapercibido en la historia del arte y que aporta nuevas
  posibilidades al estudio del arte textil. Para ello se llevó a cabo
  una metodología de investigación que incluyó un levantamiento de
  fuentes sobre su obra, la realización de entrevistas, la documentación
  sobre sus acciones y un estudio historiográfico de carácter crítico.
  Lo anterior nos permitió reconstruir los acontecimientos, conocer su
  trayectoria como artista, evaluar su impacto tanto en el arte como en
  la sociedad y proponer un análisis interpretativo sobre sus obras.</p>
</sec>
<sec id="sec2">
  <title>2. De la arquitectura al textil</title>
  <p>Ester Chacón-Ávila (Santiago, 1936) es una artista chilena, hija de
  padres peruanos, que estudió arquitectura en la Universidad de Chile,
  donde fue una de las tres estudiantes mujeres de su generación. En
  1967, por motivos personales, se fue a Nueva York y después en 1971 a
  París. En esa ciudad, dos años después y a partir de los efectos que
  tuvo en ella el Golpe de Estado en Chile, comenzó a dedicarse al arte
  con 37 años, mientras criaba a sus hijos y trabajaba en el campo del
  diseño textil. Fue su maternidad la razón que determinó la elección
  del material de sus obras. En sus palabras:</p>
  <disp-quote>
    <p>Puesto que debía contentarme con vivir en un estrecho
    departamento con mis pequeños hijos, no podía pensar en utilizar
    ninguno de los materiales tradicionales del quehacer plástico:
    madera, fierro, vidrio, etc. Además, por una actitud de rechazo de
    las actividades tradicionales femeninas no sabía te­jer ni coser,
    sino apenas hacer nudos, y como cordeles y fibras aparecían como los
    materiales menos agresivos comencé a trabajar con ellos, sin
    preocuparme si estaban o no a la altura de los materiales nobles del
    arte. (Chacón-Ávila, 1991, s/n)</p>
  </disp-quote>
  <p>La aproximación de la artista al arte textil fue de manera
  autodidacta. Sus primeras esculturas –y las más recientes también–
  están hechas con nudos usando cordeles de rafia, cáñamo, lana, sisal,
  fibras de algodón y materiales sintéticos. Las formas emergen sin un
  dibujo previo como si se tratara de un lenguaje impredecible, por
  medio del cual se va armando un relato a través de las figuras que
  surgen de sus manos. Con esta dinámica los pensamientos y las
  emociones se van anudando entre sí recordándonos la capacidad
  mnemotécnica que encierra el gesto de anudar y contar historias con
  hilos. Esto les otorga a sus piezas textiles una mayor plasticidad: la
  capacidad de cambiar de forma constantemente, transformándose en el
  proceso y adaptándose a la incertidumbre.</p>
  <p>Respecto a la técnica que utiliza, la artista ha señalado que “Lo
  que hago no es macramé. Se parece, pero lo mío no tiene orden”. Esto
  se traduce en que en sus obras no hay un orden preestablecido, no hay
  derecho ni revés de la trama y sus figuras pueden ser vistas por todas
  sus caras. No son completamente simétricas ni estáticas, en ellas se
  rompe el equilibrio en pos de la vitalidad y la aventura de una
  morfología más próxima a la idea de disimetría que acuñó, por esos
  mismos años, el escritor francés Roger Callois para explicar “el
  desarrollo de las formas de vida” en la creación de un nuevo orden
  (Callois, 2022, p. 36).</p>
  <p>Sin embargo, en la base de su obra existen resabios de la formación
  que recibió como arquitecta. Esto se puede ver en la forma de pensar
  sus creaciones en relación con el cuerpo y el acto de habitar el
  espacio tridimensional. Así como también se pone de manifiesto en la
  manera en que construye sus esculturas textiles –llamadas, en algunos
  casos, arquitecturas textiles o estructuras anudadas– considerando el
  grosor, la materialidad, la tensión del material y el color de los
  hilos y cordeles. Esto último, da cuenta de la influencia que tuvo
  Roberto Dávila Carson, arquitecto chileno que fue parte del movimiento
  moderno, quien fuera su profesor en los cursos de Composición y
  Taller. Pero, también, de su interés por observar y aprender del arte
  de otras culturas donde lo textil está en el origen de las
  manifestaciones humanas como el inicio de la arquitectura que da
  abrigo y cobijo sin más elementos que cuerdas, fibras y telas.</p>
  <p>El interés por “el arte de anudar”, la necesidad de encontrar
  nuevas referencias y aumentar las posibilidades creativas con el
  material, la llevaron a estudiar las piezas de la colección de museos
  etnográficos y antropológicos, principalmente del Musée de l’Homme de
  París. De ese acervo seleccionó una serie de “objetos fabricados con
  redes textiles anudadas, procedentes de distintas civilizaciones del
  mundo y de distintas épocas” que exhibió –junto con sus propias obras
  y las de las mujeres que eran miembros de su taller– en la exposición
  <italic>De nœud aux nouages...</italic> que se celebró a principios de
  1985 en la Biblioteca Forney de París.</p>
  <p>La publicación que acompañó esta exposición da cuenta del estudio
  de máscaras polinésicas, entramados orientales, antiquísimas redes de
  pesca, quipus incas, entre otras piezas museales, pero también de la
  necesidad de experimentación para pasar del macramé utilitario o
  artesanal (propio de una economía doméstica visible en la elaboración
  de chales, porta-macetas y otros objetos cotidianos) a obras de arte
  contemporáneo. A modo de manifiesto, allí se señala que:</p>
  <disp-quote>
    <p>Aquí no practicamos el macramé de forma tradicional. Para
    nosotras, el taller es un lugar especial para la creatividad. No
    sólo aprendemos a dominar y utilizar perfectamente la técnica
    clásica, sino que la desarrollamos aún más, cambiando las reglas e
    inventando nuevas posibilidades...</p>
    <p>Damos forma a estas fibras, las esculpimos. Nuestros dedos y
    nuestras cabezas crean volúmenes, espacios, estructuras... Es la
    pura alegría de crear... en tres dimensiones. (Chacón-Ávila, 1985,
    p. 66)</p>
  </disp-quote>
  <p>Estos principios que vinculan el textil, la arquitectura y un interés antropológico ya estaban
        en sus primeros trabajos donde sorprende la escala monumental que permite habitar la obra.
          <italic>Tabernacle</italic> (1975) tiene una altura de 2,5 metros y la estructura cuelga
        como un telar que se transforma, a partir de nudos y entramados, en un espacio dispuesto
        para el rito con dos puertas abiertas y una alfombra en el piso que lo hacen semejante a una
        especie de altar [Figura <xref ref-type="fig" rid="fig1">1</xref>]. En efecto, con la
        palabra Tabernáculo se hace alusión a un espacio sagrado o altar, pero también es una
        referencia bíblica de las antiguas tiendas portátiles donde habitaban los hebreos en su
        peregrinación por el desierto.</p>
  <fig id="fig1">
    <caption><p>Figura 1. Fotografía de Ester Chacón junto a su obra Tabernacle en el Grand Palais, París, 1975.
            Cortesía de la artista</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image1.jpeg" />
  </fig>
</sec>
<sec id="sec3">
  <title>3. Contexto artístico y arte textil hecho por mujeres</title>
  <p><italic>Tabernacle</italic> se exhibió en 1975 en el Grand Palais
  de París en el marco del Salón de Independientes en el año
  internacional de la mujer declarado por la ONU. En ese contexto la
  obra de Chacón-Ávila ha sido leída por la historiadora del arte
  francesa Caroline Dubail en su estudio sobre las exposiciones de
  mujeres que allí tuvieron lugar. Sobre esta obra escribió: “En ese
  momento, el público no estaba acostumbrado a apreciar el arte textil
  más allá de la tapicería plana en una pared;
  <italic>Tabernacle</italic> cuestionaba el soporte tradicional.” Y
  cuestionaba también los estereotipos respecto a lo que puede hacer una
  artista mujer, ya que las personas creyeron que esta obra había sido
  hecha por un hombre. Una obra, continúa Dubail, que “se creó en un
  momento en el que precisamente el cuerpo de las mujeres era objeto de
  apropiación política, religiosa y familiar” en oposición a la lucha
  por mayor igualdad que se dio durante la segunda ola del feminismo.
  Esto en el campo del arte significó, en palabras de la artista, que:
  “Nuestro trabajo en ese momento era una protesta contra los
  estereotipos sobre las mujeres y la feminidad”. (Dubail, 2022, p.
  34).</p>
  <p>Las obras de Ester Chacón-Ávila, al ser creaciones textiles
  esculpidas con hilo en tres dimensiones y con la capacidad de ser
  autosustentables, portables o colgantes, marcan una diferencia con el
  arte textil de la época más propenso, por cierto, al tejido
  bidimensional y al tapiz plano. Y, sin embargo, su obra se inscribe en
  un momento de la historia del arte marcado por el auge que –a partir
  de la década del sesenta y de la mano del feminismo– tuvo el arte de
  mujeres y en particular, las manifestaciones textiles. Precisamente,
  porque esta forma de arte ha estado históricamente asociada al
  universo femenino, a las labores manuales y las artes menores, según
  las categorías normativas y patriarcales (Parker, 1984).</p>
  <p>Al respecto, la historiadora del arte Julia Bryan-Wilson, en su
  libro <italic>Fray: Art and Textile Politics</italic> plantea cómo, a
  partir de la década del setenta, el arte textil ha sido
  progresivamente capaz de subvertir la división entre alta y baja
  cultura, y superar la diferencia entre arte y artesanía, además de
  cambiar la concepción política que tenemos sobre estas prácticas
  artísticas, ya que instalan en el centro la pregunta por “los
  procesos, la materialidad, el género y la raza” (Bryan-Wilson, 2017,
  p. 5). La pertinencia de este libro estriba en que la autora rescata
  en su estudio la existencia de una tradición del arte textil de
  carácter político en Chile. En esta línea, menciona las arpilleras
  creadas por colectivos de mujeres asociadas a grupos de derechos
  humanos y el trabajo de Cecilia Vicuña. En ambos casos se trata de
  manifestaciones que denunciaron los crímenes de la dictadura en el
  mundo a través de iniciativas de solidaridad y exposiciones. Una
  tradición de formas textiles con contenido social que se remonta a la
  década del sesenta con el trabajo de Violeta Parra y Las bordadoras de
  Isla Negra. Y que se proyecta, sin duda, en la obra de Ester
  Chacón-Ávila.</p>
  <p>Sobre el impacto de sus primeras exposiciones, la artista ha
  dicho:</p>
  <disp-quote>
    <p>Mi obra interesa y sorprende, lo que supera mis expectativas; en
    1975, Christiane de Casteras, direc­tora del ‘Salon des Femmes’, me
    invita a participar en la muestra que se celebra en el Musée de la
    Ville de París. Ese mismo año, me seleccionan para participar en el
    ‘Festival International d’Art d’Anjou”, donde conozco a figuras
    destacadas del arte textil como Magdalena Abakanowicz, Jadona Buić,
    Jo- sep Grau-Garriga, Sheila Hicks, Mario Prassinos o Michel
    Tourlière... Exponer junto a estas personali­dades de la cultura me
    halaga, conocer su trabajo me estimula. (Chacón-Ávila, 2022, p.
    166)</p>
  </disp-quote>
  <p>A modo de similitud podríamos mencionar que comparte con Hicks su
  interés por conocer y explorar las técnicas de pueblos indígenas y
  precolombinos, mientras que con Abakanowicz la emparenta la creación
  de un concepto específico para referir a sus obras:
  <italic>abakans</italic> en el caso de la polaca, <italic>esculturas
  vivientes</italic> en el caso de la chilena. Pero, a diferencia de sus
  contemporáneos, las obras de Chacón-Ávila tienen una escala menor, son
  menos abstractas y más humanas. Con sus formas híbridas representan
  múltiples rostros y extremidades en cuerpos disformes que comportan la
  posibilidad de ser habitados como una segunda piel y puestos en
  acción.</p>
  <p>El concepto de esculturas vivientes o <italic>sculptures
  vivantes</italic> en francés, aparece para denominar sus obras
  textiles en un momento de expansión del término y de las posibilidades
  de la escultura. En esta línea, y a modo de antecedentes, hay que
  mencionar las “soft sculptures” de Claes Oldenburg y Louise Bourgeois,
  la “social sculpture” de Joseph Beuys y las performance de Gilbert
  &amp; George en las que los artistas se convierten temporalmente en
  una “living sculpture”. La ampliación de posibilidades que surgió a
  partir de la escultura, se vincula además con la lectura crítica que
  hizo, en 1979, Rosalind Krauss en su conocido texto “La escultura en
  el campo expandido”. Allí la autora señala que: “En los últimos diez
  años una serie de cosas bastante sorprendentes han recibido el nombre
  de esculturas (...)” (Krauss, 2008, p. 59) Lo cierto es que, para la
  década del ochenta, el concepto de escultura había perdido su sentido
  tradicional y se podía utilizar de manera amplia para hacer referencia
  a una serie de prácticas disímiles que piensan el cuerpo en el
  espacio.</p>
  <p>En este panorama, la obra de Ester Chacón-Ávila sobresale por su
  técnica poco tradicional, por sus colores llamativos y por traer al
  presente algo de la ancestralidad de los textiles de los pueblos
  indígenas americanos en un momento de auge del arte latinoamericano en
  las metrópolis. Pero su vínculo no es sólo formal, sino que es un
  vínculo más profundo e inconsciente respecto del origen de la práctica
  creativa del textil. En este sentido, su obra comparte con el mundo
  andino la capacidad de transformación y la ritualidad del acto de
  tejer y que dan pie a la “performatividad” que la artista le otorga a
  sus criaturas textiles como esculturas vivientes.</p>
  <p>Sus obras cambian, pasan de un estado o fase a otra, de ser obras
  textiles inmóviles a esculturas vivientes. Esta transformación ocurre
  por medio de una serie de acciones que involucran otros cuerpos,
  colaboraciones y movimientos. Un aspecto que, dentro de su obra, no es
  un hecho aislado ni azaroso, sino que es parte central de su
  propuesta. Y que se relaciona con las indagaciones e inquietudes que
  marcaron el arte de su época por borrar los límites entre las
  disciplinas y llevar el arte a la acción y a la vida.</p>
  <p>En Nueva York, a fines de los sesenta, nos cuenta la artista:</p>
  <disp-quote>
    <p>Las artes y las letras se impregnan de vanguardia y underground.
    (...) El teatro ocupa la calle, que es donde encontramos a Bread and
    Puppets o al Living Theatre, con el que colaboró Merce Cunningham.
    Constantemente ocurren acciones de arte y happenings. (Chacón-Ávila,
    2022, p. 49)</p>
  </disp-quote>
  <p>Al mismo tiempo, en París, se empieza a hablar de “L’art vivant”,
  un arte vivo para referirse a las manifestaciones artísticas en las
  que predomina una dimensión corporal y participativa. La compañía
  <italic>Bread and Puppets</italic> había sido creada en 1963 por Peter
  y Elka Schumann como una forma colectiva y política de hacer arte en
  la calle de manera económica y utilizando recursos del teatro, las
  marionetas, la escultura y la música. Una mezcla de circo popular con
  acciones dadaístas. En esa misma línea contracultural, Living Theatre
  había abandonado el teatro y sus convenciones por la experimentación,
  el espacio público y la capacidad de involucrar activamente a los
  espectadores.</p>
  <p>Esas influencias que resuenan en la memoria de la artista, nos
  permiten dimensionar su interés por ciertas manifestaciones artísticas
  que marcaron el desarrollo del arte en la década del sesenta. Un
  momento marcado por el ingreso a las artes visuales (escultura o
  pintura) de la música, el teatro y la danza bajo la forma de los
  <italic>Happenings</italic> (acontecimientos) de John Cage o Allan
  Kaprow. Y, al revés, por la fértil colaboración de artistas visuales
  en obras de danza en espacios no tradicionales como los
  <italic>Events</italic> (eventos) de Merce Cunningham.</p>
  <p>En sintonía, las acciones de Ester Chacón-Ávila no son sólo
  esculturas ni espectáculos de danza. Son acontecimientos irrepetibles
  realizados de manera colaborativa en una hibridación de prácticas
  –pasando de la escultura a las artes vivas– por medio del textil.</p>
  <fig id="fig2">
    <caption><p>Figura 2. Ester Chacón-Ávila, Máscara (1979). Nudos de algodón, lana, seda y sisal. 70 x 50 x 40
            cm. Colección de la artista</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image2.jpeg" />
  </fig>
  <fig id="fig3">
    <caption><p>Figura 3. Fotografía de Ester Chacón. Esculturas vivientes paseando por París, 1980. Cortesía de
            la artista</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image3.jpeg" />
  </fig>
</sec>
<sec id="sec4">
  <title>4. Arte corporal, compromiso social y agitación cultural</title>
  <p>A partir del estudio de las obras y del registro fotográfico y
  fílmico que la artista conserva en su archivo personal, ha sido
  posible documentar algunas de las acciones de arte que realizó en un
  arco temporal de diez años: desde 1980 a 1989. En su mayoría estas
  acciones fueron realizadas en el marco de la exposición de sus obras y
  podían tener lugar dentro del espacio de exhibición o fuera de él, en
  el espacio público.</p>
  <p>En 1980 la primera acción registrada ocurrió en el jardín de su
  casa-taller y en los jardines de la ciudad de París; en 1983 en una
  exposición de los Talleres de expresión cultural en el Ayuntamiento de
  París (Marie de Paris), como parte de su exposición <italic>Ester
  Chacón, tapisserie</italic> en la galería ADAC y, en el mismo año, en
  la plaza del Centre Pompidou como parte de la muestra colectiva
  <italic>Chili, lorsque l’espoir s’exprime</italic>; en 1985 en la
  exposición <italic>De nœud aux nouages...</italic> en las salas de
  exhibición de la Biblioteca Forney que se desbordó hasta la ribera del
  río Sena y, finalmente, en 1989 en la muestra <italic>Estructuras
  anudadas</italic> que tuvo lugar en el Instituto Chileno Francés de
  Cultura en Santiago de Chile. En este sentido, la obra de Chacón-Ávila
  rompe con la convención de exhibir las obras, exclusivamente sobre
  plintos o colgadas en un muro, como objetos inertes e inmóviles, para
  dar lugar a un acontecimiento, una acción capaz de reanimar las obras
  y dotarlas de vida al momento en que son habitadas por un cuerpo en
  movimiento.</p>
  <p>En estas acciones es recurrente encontrar un conjunto estable de
  obras (máscaras, personajes y volúmenes habitables) que la artista
  todavía conserva en su colección y que fueron estudiadas materialmente
  en compañía de su autora. Nos referimos a: <italic>Máscara</italic>
  (c. 1979), <italic>Tótem</italic> (c.1979), <italic>Mamita</italic>
  (1978-80) y <italic>Siempre verde</italic> (1980-81). Mientras que
  <italic>Mariposa</italic> (1981-82) se encuentra en una colección
  privada en Chile y <italic>On est Cinq</italic> (1981) en la colección
  del Centre National des Arts Plastiques de Francia.</p>
  <p>De estas acciones catastradas, hasta la fecha, queremos destacar
  dos aspectos esenciales. El primer aspecto está determinado por la
  incorporación de otros sujetos a la obra por medio de una invitación
  lúdica a ser parte de la acción. Una acción que inicialmente surgió de
  manera espontánea y que, poco a poco, se fue configurando como parte
  de las posibilidades propias de las obras. Lo anterior queda de
  manifiesto en el perfil de los participantes: desde acciones
  protagonizadas por sus hijos a la colaboración con bailarines
  profesionales, desde la total improvisación en los movimientos a la
  creación de una coreografía específica a partir de métodos
  experimentales de manifestación corporal.</p>
  <fig id="fig4">
    <caption><p>Figura 4. Fotografías de Ester Chacón. Esculturas vivientes con Mauricio Celedón y amigos, París,
            1983. Cortesía de la artista</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image4.jpeg" />
  </fig>
  <fig id="fig5">
    <caption><p>Figura 5. Fotografías de Ester Chacón. Esculturas vivientes con Mauricio Celedón y amigos, París,
            1983. Cortesía de la artista</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image5.jpeg" />
  </fig>
  <p>La primera acción se trató de una deriva desde el jardín de su casa hasta el centro de París,
        posiblemente concebida como una forma lúdica de trasladar sus obras con la ayuda de sus
        hijos. En las fotografías de registro vemos a cuatro niños-obras caminando por los jardines
        que rodean el Louvre, pasando por el Arco de Triunfo del Carrusel, y posando ante la cámara
        con la torre Eiffel de fondo [Figura <xref ref-type="fig" rid="fig2">2</xref>-<xref
          ref-type="fig" rid="fig3">3</xref>]. A partir de la segunda acción de 1981, los encargados
        de dar vida a las obras serán (casi siempre) artistas, bailarines y actores, quienes aportan
        mayor riqueza, expresión y complejidad a los movimientos. Por ejemplo, en la acción que tuvo
        lugar en 1983, uno de ellos es Mauricio Celedón, artista chileno pionero en el desarrollo
        del teatro gestual, quien en ese momento estaba estudiando mimodrama en París con Marcel
        Marceaux y Anne Sicot [Figs. 4-5]. Mientras que, para la acción de 1989, la artista contó
        con la colaboración de Gaby Concha, importante figura de la danza experimental en Chile que
        conoció en Nueva York, mientras ella estudiaba en la escuela de Martha Graham y Merce
        Cunningham. En esa ocasión, las intérpretes de la coreografía creada por Concha fueron las
        bailarinas: Luz Marmentini, Sylvia Montedónico y Verónica Santibáñez.</p>
  <p>El segundo aspecto tiene relación con la participación activa de
  Ester Chacón-Ávila en exposiciones de artistas chilenas en el exilio y
  en actividades culturales que se enmarcan en manifestaciones de
  solidaridad como lo fue <italic>Chilenas. Drinnen und Draußen</italic>
  (1983) en Berlín occidental, <italic>Chili Femmes</italic> (1983) en
  París y <italic>Chilenas. Artiste cilene tra Censura ed
  Esilio</italic> (1985) en Roma (Flores, 2024). Sobre su compromiso
  político, la artista señaló que “compagino mi carrera de artista con
  la realización de una labor de acción social y animación cultural”
  (Chacón-Ávila, 2022, p. 168), principalmente a través de talleres y
  experiencias pedagógicas con mujeres, ex prisioneras políticas,
  menores de edad, en centros culturales, de acogida u hospitales
  psiquiátricos.</p>
  <p>En septiembre de 1983 en el Centro Pompidou de París, se llevó a
  cabo la exposición <italic>Chili, lorsque l’espoir s’exprime</italic>.
  Se trató de un hito importante dentro de las manifestaciones
  político-culturales de los artistas chilenos en el exilio, ya que se
  conmemoraban 10 años desde la muerte de Salvador Allende y del inicio
  de la dictadura militar en Chile. Una muestra organizada por la
  Asociación de Acción Solidaria con el auspicio del Ministerio de la
  Cultura de Francia (Lebeau-Fernández, 2025). Durante todo el mes de
  septiembre se exhibieron, en el Centro Pompidou, una selección de
  obras donadas del Museo de la Solidaridad que, después de 1973, pasó a
  denominarse Museo Internacional de la Resistencia Salvador Allende
  hasta el retorno de la democracia en 1990 (Macchiavello, 2022). En
  paralelo, se organizó un programa público que incluyó muestras de
  teatro, proyección de películas, lecturas de poesía, foros y
  conciertos de música. Mientras que el domingo 11 de septiembre, fecha
  fatídica en la memoria de los chilenos, se llevó a cabo una pintura
  colectiva a cargo de una brigada muralista y, como se lee en el
  programa, una “animation avec les masques originaux d’Ester Chacon”
  (CNAC-GP, 1983, s/n).</p>
  <p>El contexto en el que se inscribe esta acción es profundamente
  significativo, entre otras cosas, porque Chacón-Ávila había comenzado
  su trabajo como artista textil (10 años antes) a partir del impacto
  que tuvo en ella el golpe de estado. Quizá como una manera de procesar
  el horror y el dolor de ella y de los demás. Junto a su hermano,
  llegaron muchos otros amigos y conocidos exiliados que formaron
  agrupaciones y colectivos como una forma de sobrevivir y resistir
  juntos en el exilio. Una de esas organizaciones fue la Asociación de
  Mujeres Chilenas Exiliadas en Francia, organización en la que
  participó también Blanca Velasco a quien vemos en el registro
  fotográfico de la acción, junto a otras mujeres que eran parte del
  grupo [Figura 6-7]. Grupo en el cual Ester participó activamente en la
  creación de talleres, reuniones y redes de apoyo.</p>
  <p>En una conversación, Blanca Velasco se refiere a su participación
  en esta acción de arte en el Pompidou como una necesidad terapéutica
  de conectar el cuerpo, la memoria, el dolor y el trauma que portaban
  sobre sí en ese momento. Y estableció una relación con el “Teatro del
  oprimido” de Augusto Boal, artista- dramaturgo y pedagogo de Brasil
  que también se encontraba en el exilio. El vínculo para ella estaba
  dado por el poder que tenían las obras de Ester Chacón-Ávila para
  remover y expresar las emociones por medio de un trabajo corporal con
  ellas o a través de ellas. Boal, pensando en una dimensión terapéutica
  del arte corporal, escribió que: “El acto de transformar es
  transformador” (Boal, 2004, p. 22) apelando a los efectos físicos y
  psicológicos de las dictaduras en los exiliados. En este punto, sus
  obras dan cobijo, asilo, refugio, contención y esperanza, al menos por
  un tiempo.</p>
  <p>El contexto histórico-político también resultó determinante para la
  lectura de la primera acción que Chacón-Ávila realizó en Chile, cuando
  regresó pocos meses después del plebiscito de 1988 que dio inicio a la
  recuperación de la democracia. Esta acción tuvo lugar el 3 de mayo de
  1989 en el Instituto Chileno Francés de Cultura en Santiago de Chile.
  En la inauguración de la muestra irrumpieron tres esculturas vivientes
  que se movían por la sala de exposición con música indígena a partir
  de la coreografía que elaboró Gaby Concha. Sobre esta acción, se
  consignó en la prensa las palabras de presentación dadas en la
  ceremonia de apertura por Nemesio Antúnez, artista chileno que era
  cercano a la artista:</p>
  <disp-quote>
    <p>Sus formas recubren cuerpos que bailan en cámara lenta, como los
    dioses. Colorista de corazón anu­da color inca, anuda el fuego, la
    ternura materna, baile ritual, las madres de mayo caminan alrede­dor
    del obelisco, dolor pesado; las Sílfides ligeras bailarinas del
    bosque; tres personas en un cuerpo, creación, creación poética,
    invención técnica, arte libre de toda amarra, los nudos unidos
    cantan la libertad. Ester Chacón ha vuelto, su persona y su obra
    enriquecerá el arte chileno, como deslumbró al francés con su
    contenido humano, profundo, sensual, místico, americano. Vuelve una
    gran artista a anudar en Chile. (Antúnez, 1989, p. 14)</p>
  </disp-quote>
  <p>En el discurso de Antúnez se habla del regreso de la artista a su
  país y de la función que puede tener su arte en ese contexto. Quizá
  como metáfora de la capacidad de su obra de volver a unir los cuerpos,
  conectar a las personas, como una forma de restituir el tejido social
  que se había roto y transformar el dolor del quiebre a través de un
  ritual para sanar y restituir la red que nos une como sociedad.</p>
  <fig id="fig6">
    <caption><p>Figura 6. Ester Chacón-Ávila, On est Cinq (1982-1983). Nudos de fibras naturales y sintéticas.
            220 x 190 x 15 cm. Colección Centre National des Arts Plastiques, Francia.</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image6.jpeg" />
  </fig>
  <fig id="fig7">
    <caption><p>Figura 7. Fotografía de Ester Chacón. Registro de la performance en el Centro Pompidou, París,
            1983. Cortesía de la artista</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image7.jpeg" />
  </fig>
</sec>
<sec id="sec5">
  <title>5. El textil como entidad viva</title>
  <p>Las <italic>sculptures vivantes</italic> o esculturas vivientes de
  Ester Chacón-Ávila, son procesos de transformación en dos momentos:
  mientras son creadas y cuando son habitadas por un cuerpo. Allí
  adquieren vida y cambian de estado como si se tratara de una
  metamorfosis. Sobre la metamorfosis de las mariposas escribió Georges
  Didi-Huberman y utilizó esta figura para entender la aparición de la
  imagen con sus movimientos y contorsiones. Para ello, el historiador
  del arte francés se refiere a un bailarín chilkat vestido con su manto
  ritual tejido como mariposa y a la obra de la artista estadounidense
  Loïe Fuller (1862-1928) y “su danza como un puro ejercicio de
  metamorfosis” (Didi-Huberman, 2007, p. 20). Son ejemplos visuales para
  dimensionar los efectos de la naturaleza de la imagen como la
  aparición de un deseo siempre en movimiento y en transformación.</p>
  <p>En el caso de Ester Chacón-Ávila, la relación con la figura de la
  mariposa surge de sus propias esculturas vivientes que se titulan
  <italic>papillon</italic> [Figs. 8-9-10]. Y en el registro audiovisual
  es posible ver suceder el momento en que una mujer habita la obra y es
  transformada por ella, se mueve y gira en círculos experimentando un
  proceso de transfiguración donde algo inerte adquiere vida.</p>
  <p>¿Pero de qué se trata esa capacidad viva de lo textil? Nos parece
  que, en esa capacidad de transformación vital que se percibe en la
  obra de Ester Chacón-Ávila resuena una idea de la antropóloga
  anglo-boliviana Denise Arnold que nos puede dar luces para una mayor
  comprensión. Denise Arnold en un texto titulado “Convertirse en
  persona: la terminología Aymara de un cuerpo textil”, explica que,
  según las nociones ontológicas andinas, durante la creación de un
  textil se introduce un espíritu mediante la actividad de tejer o
  anudar. La acción que hace una artista-tejedora es entonces
  “revivificar algo inerte” (una madeja de hilo, por ejemplo, que
  proviene a su vez de un ser vivo) para volverlo
  cuerpo-persona-espíritu: una entidad, es decir, un sujeto y no sólo un
  objeto que es traído al mundo (Arnold, 2007, p. 13).</p>
  <p>Esta idea también se encuentra en el trabajo de la antropóloga
  chilena Verónica Cereceda, quien ha propuesto para el análisis de los
  textiles andinos una directa relación entre la creación de las piezas
  textiles y su correspondencia con las formas de un cuerpo humano y
  animal. Las tejedoras se refieren a las talegas (o bolsas tejidas con
  bandas de colores) como cuerpos con corazón y boca. Ante la pregunta:
  “¿Por qué el tejido, en su estructura más íntima, ha sido concebido
  como un ser viviente?”, la autora responde que “los significados de
  las formas se relacionan con la concepción corporal del tejido” porque
  los tejidos son concebidos a semejanza de lo vivo (Cereceda, 2010, p.
  189).</p>
  <p>En las lecturas que se han hecho sobre el trabajo de Ester
  Chacón-Ávila aparece, de manera recurrente y en la escritura de
  diferentes historiadores del arte, el “carácter americano” de sus
  obras. Un conjunto de lecturas que conecta su obra con la antigua
  tradición textil de las primeras manifestaciones artísticas de las
  culturas indígenas de América del sur (Se mencionan, específicamente,
  por su ascendencia peruana, los textiles de Paracas y las muñecas
  Chancay). En palabras de Teresa Gisbert esto se percibe en sus obras
  como</p>
  <disp-quote>
    <p>Sueños pasados, de un pasado que es de otros hombres, que fue
    vivido en el desierto y cerca del mar; los ojos de ese pasado nos
    miran a través de los hilos, esos hilos que empezaron a tejerse en
    los Andes hace varios siglos y que ahora nos llegan transformados...
    (Gisbert, 2003, s/n).</p>
  </disp-quote>
  <p>Por su parte, Leopoldo Castedo señala que su obra “...hunde por
  cierto sus raíces en la excelsa herencia del tejido americano”, pero
  se advierte que la artista “… resucita o reinterpreta los valores de
  su herencia con el lenguaje plástico del siglo XX [...] como procesos
  de metamorfosis.” (Castedo, 1993, s/n) Al respecto Milan Ivelic
  escribió que: “El imaginario que anuda puede orientarnos a iconos
  ancestrales, a un cierto espíritu mágico, mítico o lúdico, pero no
  hay, a mi juicio, nostalgias precolombinas o intentos de recuperar un
  pasado con actitud tradicionalista.” (Ivelic, 2002, s/n) Por el
  contrario, podemos afirmar que esa relación no es formal ni
  iconográfica, sino que existe por el hecho de compartir una visión
  dinámica del textil.</p>
  <p>En relación con lo anterior, hay que destacar que las esculturas de
  Ester Chacón-Ávila están llenas de presencias: figuras y rostros casi
  siempre femeninos que apelan a una idea de fertilidad y maternidad,
  una fuerza con la capacidad de engendrar formas. Aquí el tejido se
  reafirma como entidad viva y una vez que la piel entra en contacto con
  el material textil, con su textura y tactilidad, transforma el cuerpo
  en otro ser, porque ponerse la piel de otro nos permite sentir y
  pensar como ese otro. Ese afecto empático y conmovedor es lo que
  vuelve a sus formas, formas políticas.</p>
  <fig id="fig8">
    <caption><p>Figura 8. Ester Chacón-Ávila, Mariposa (1981-1982). Nudos de fibras naturales y sintéticas. 180 x
            150 x 30 cm. Colección particular.</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image8.jpeg" />
  </fig>
  <fig id="fig9">
    <caption><p>Figura 9. Fotografía de Ester Chacón-Ávila. Blanca Velasco en acción, Centro Pompidou, París,
            1983. Cortesía de la artista.</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image9.jpeg" />
  </fig>
  <fig id="fig10">
    <caption><p>Figura 10. Fotografía de Ester Chacón-Ávila. Registro de la performance en la Biblioteca Forney,
            París, 1985. Cortesía de la artista.</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image10.jpeg" />
  </fig>
</sec>
<sec id="sec6">
  <title>6. Consideraciones finales</title>
  <p>Como las mariposas, las obras de Ester Chacón-Ávila se transforman:
  de objetos a cuerpos en movimiento. Un proceso de metamorfosis, como
  señaló Castedo, que se produce por la acción que realizan los cuerpos
  que habitan temporalmente sus obras textiles. Acciones que son
  efímeras y pasajeras y que, como tal, sobreviven en su condición de
  archivo en registros fotográficos y material audiovisual. Pero también
  esta capacidad permanece en ellas en un estado de latencia, es decir,
  a la espera de que otros cuerpos despierten su potencialidad, reanimen
  los espíritus y vuelvan a activar su transformación por medio del
  movimiento.</p>
  <p>En este sentido, la obra de Ester Chacón-Ávila le otorga al arte
  textil nuevas posibilidades a través de los cruces que genera con la
  música, la danza, el teatro y la performance. Y es en este cruce de
  disciplinas, prácticas y saberes que la experiencia de esos otros
  cuerpos se vuelve un asunto político: colaborativo, participativo,
  creativo y transformador. Los cuerpos en movimiento habitan las obras
  y son habitados por ella, para experimentar la transformación y
  mostrar a otros la potencia del cambio. Una obra que resuena,
  especialmente, en contextos donde se hace necesario establecer
  diálogos, entrar en contacto y tejer redes de afecto.</p>
  <p>Por todo lo anterior, creemos que no sólo su obra es parte de una
  potente historia del arte protagonizada por mujeres que desarrollaron
  su trabajo a partir de la década del setenta y desde el arte textil,
  sino que debe ser valorada por el aporte que constituye su forma de
  trabajo de carácter experimental y colaborativo. Una obra que es el
  resultado de lo que sucede una vez que dejamos que aparezcan las
  formas.</p>
</sec>
</body>
<back>
<fn-group>
  <fn id="fn1">
    <label>1</label><p>Esta investigación comenzó en noviembre de 2023
    en el Archivo del Centro Pompidou durante una estadía para curadores
    en la Cité Internationale des Arts en París financiada por el
    Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de Chile. Y
    terminó, un año después, en Barcelona durante una residencia en el
    marco del Programa de Apoyo a la Investigación del Centro de
    Estudios y documentación del Museu d’Art Contemporani de Barcelona
    (MACBA) en noviembre de 2024. Además, durante esta residencia, fue
    posible trabajar con los archivos, documentos, obras, material
    fotográfico y audiovisual que pertenecen a la artista, quien reside
    en esa ciudad desde inicios del 2000. Un levantamiento de material
    que fue complementado con un exhaustivo trabajo en archivos,
    bibliotecas y colecciones privadas en Santiago de Chile.</p>
  </fn>
</fn-group>
  <ref-list>
      <ref id="ref1">
        <element-citation publication-type="newspaper">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>Antúnez</surname><given-names>N</given-names></name>
          </person-group>
          <date-in-citation><day>5</day><month>05</month><year>1989</year></date-in-citation>
          <article-title>Artesanía en nudos en el chileno francés</article-title>
          <source>El Diario</source>
        </element-citation>
      </ref>
      
      <ref id="ref2">
        <element-citation publication-type="archival">
          <source>Archives du Centre national d'art et de culture Georges Pompidou (CNAC-GP)</source>
          <comment>Carton 92005/029</comment>
          <source>Coordination des Manifestations. Chili, lorsque l'espoir s'exprime</source>
          <date-in-citation><month>09</month><year>1983</year></date-in-citation>
        </element-citation>
      </ref>
      
      <ref id="ref3">
        <element-citation publication-type="journal">
          <person-group person-group-type="author">
            <name><surname>Arnold</surname><given-names>D</given-names></name>
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          <year>2007</year>
          <article-title>Convertirse en persona. El tejido: la terminología Aymara de un cuerpo textil</article-title>
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          <fpage>9</fpage><lpage>29</lpage>
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      </ref>
      
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          <publisher-name>Alba</publisher-name>
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      </ref>
      
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          <article-title>Cordeles mágicos y raíces de Ester Chacón</article-title>
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        </element-citation>
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