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        <journal-title specific-use="original" xml:lang="es">Arte, Individuo y Sociedad</journal-title>
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      <issn-l>1131-5598</issn-l>
      <publisher>
        <publisher-name>Ediciones Complutense</publisher-name>
        <publisher-loc> España </publisher-loc>
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      <article-id pub-id-type="doi">10.5209/aris.100305</article-id>
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          <subject>Artículos</subject>
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      <title-group>
        <article-title>Contrapuntos y aspiraciones en la formación del arte en
          Chile: Instituto y Museo de Arte Moderno (1959-1965)</article-title>
        <trans-title-group xml:lang="en">
          <trans-title>Counterpoints and aspirations in the formation of art in Chile:
            Institute and Museum of Modern Art (1959-1965)</trans-title>
        </trans-title-group>
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          <contrib-id contrib-id-type="orcid">https://orcid.org/0000-0001-8803-0455</contrib-id>
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            <surname>Sáez-Orrego</surname>
            <given-names>Bárbara</given-names>
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          <institution content-type="original">Universidad del Bío-Bío</institution>
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      <author-notes>
        <corresp id="cor1">Bárbara Sáez-Orrego<email>bsaez@ubiobio.cl</email></corresp>
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        <copyright-statement>© 2025 Universidad Complutense de Madrid</copyright-statement>
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          <license-p>Esta obra está bajo una licencia <ext-link ext-link-type="uri"
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              4.0 International</ext-link></license-p>
        </license>
      </permissions>
      <abstract>
        <p>El presente texto examina la trayectoria del Instituto de Arte Moderno (IAM), una destacada
          institución privada en la escena artística chilena durante la segunda mitad del siglo XX. Se enfoca en
          las áreas de influencia del IAM, tales como la organización de la Feria de Artes Plásticas y la gestión del
          Museo de Arte Moderno (MAM). El lapso de estudio comienza con la fundación de la Escuela de Artes en
          la Universidad Católica tras la reestructuración de la enseñanza de la arquitectura (1959) y concluye con
          la realización de la séptima edición de la Feria de Artes Plásticas (1965). Se trata pues de indagar el rol de
          la institución y la convergencia entre las artes plásticas y las expresiones culturales populares dentro del
          ciclo de la modernidad. Desde el punto de vista metodológico, la propuesta adopta un enfoque cualitativo,
          estableciendo una analogía cronológica mediante revisiones historiográficas. Bajo estos parámetros
          serán analizadas las producciones artísticas y gestiones ampliamente divulgadas en las revistas Pro Arte
          y Revista de Arte, convertidas en el portavoz de la generación del cincuenta. Así, esta investigación aborda
          la importancia de la evolución en el panorama cultural, a partir de la comprensión holística de prácticas
          artesanales y contemporáneas en la formación de la institución moderna.</p>
      </abstract>
      <trans-abstract xml:lang="en">
        <p>This text examines the trajectory of the Institute of Modern Art (IAM), a prominent private institution
          in the Chilean art scene during the second half of the 20th century. It focuses on the IAM’s areas of influence,
          such as the organization of the Plastic Arts Fair and the management of the Museum of Modern Art (MAM). The
          period of study begins with the founding of the School of Arts at the Catholic University after the restructuring
          of the teaching of architecture (1959) and concludes with the holding of the seventh edition of the Plastic
          Arts Fair (1965). It is therefore about investigating the role of the institution and the convergence between the
          plastic arts and popular cultural expressions within the cycle of modernity. From a methodological point of
          view, the proposal adopts a qualitative approach, establishing a chronological analogy through historiographic
          reviews. Under these parameters, the artistic productions and efforts widely disseminated in the magazines
          Pro Arte and Revista de Arte, which have become the spokesperson for the generation of the fifties, will be
          analyzed. Thus, this research addresses the importance of evolution in the cultural panorama, based on the
          holistic understanding of artisanal and contemporary practices in the formation of the modern institution.</p>
      </trans-abstract>
      <kwd-group>
        <kwd>Instituto</kwd>
        <kwd>Plástica</kwd>
        <kwd>Latinoamérica</kwd>
        <kwd>Bellas Artes</kwd>
        <kwd>Chile</kwd>
      </kwd-group>
      <kwd-group xml:lang="en">
        <kwd>Institute</kwd>
        <kwd>Plastic</kwd>
        <kwd>Latin America</kwd>
        <kwd>Fine Arts</kwd>
        <kwd>Chile</kwd>
      </kwd-group>
    </article-meta>
  </front>
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<sec id="sec1">
  <title>1. Introducción</title>
  <p>A principios del siglo XX en Chile, la abstracción en las artes
  visuales se presenta de manera moderada y con un impacto inferior al
  que se observa en países como Argentina, México y Uruguay. En el
  ámbito nacional, se advierte el vínculo con la vanguardia (1920-1927)
  a través de la literatura de Vicente Huidobro, Rubén Darío, Juan Emar,
  Sara Malvar, entre otros (Fuentes, 2015). Esta apreciación también es
  considerada por la revista francesa <italic>Les Nouvelles
  Littéraires</italic>, señalando que el arte oficial de Chile es un
  arte de avanzada asociado a los grupos no oficiales y la divulgación
  realizada por Emar y Huidobro en el extranjero (Cortés, 2013). Este
  proceso, definido a través de la política del estado, propició el
  intercambio cultural con Europa:</p>
  <disp-quote>
    <p>De este modo, artistas y profesionales, en todos los ámbitos de
    la vida nacional, fueron al Viejo Con­tinente a seguir estudios y a
    conocer modelos y teorías que fueron luego replicadas en el contexto
    de la vida nacional (…) Propician, además, esta relación los viajes,
    la literatura llegada al país, objetos suntuarios que se importan,
    la réplica de modelos arquitectónicos, paisajísticos y urbanísticos
    (Zamo- rano et al., 2005, p. 184).</p>
  </disp-quote>
  <p>Estos desplazamientos se extrapolaron hacia los grupos
  intelectuales y artísticos atingentes a la primera mitad de siglo; Los
  Diez (1916), Montparnasse (1923), Los Decembristas (1933) y La
  Mandrágora (1938), y de la segunda mitad; Los Cinco (1953), Rectángulo
  (1955), Taller 99 (1956), Signo (1961), Los Diablos (1965), entre
  otros. Implementando una nueva opción para la enseñanza del minuto: el
  arte moderno, que a su vez representa la vanguardia (Zabala,
  2011).</p>
  <p>Inicialmente, la Universidad de Chile concentrará el desarrollo de
  la crítica y teoría del arte a través de su facultad y sus
  publicaciones: <italic>Anales de la Universidad de Chile</italic>
  (AUCH) (1844- actualidad) y la <italic>Revista de Arte</italic>, en
  sus ediciones (1934-1939) y (1955-1962). Los textos de la crítica
  animados por la vanguardia europea, establecieron un argumento
  disciplinar que conectaba el arte y la arquitectura a través de las
  exposiciones. A partir de ello, este artículo pretende esclarecer el
  circuito cultural desarrollado por el Instituto de Arte Moderno (IAM)
  y su organismo de difusión, el Museo de Arte Moderno (MAM) en Chile.
  La institución promovida por representantes de la Universidad de
  Chile, Universidad Católica y privados aspiraban a formar una
  colección propia del arte nacional y americano, además de la creación
  de una Feria de Artes Plásticas en el Parque Forestal.</p>
  <disp-quote>
    <p>La confluencia entre obras representativas de las artes plásticas
    y de las artes populares, se convirtió en el sello de las Ferias de
    Artes Plásticas, puesto que en ellas se reunieron artistas que
    presentaron obras de diversos estilos, de carácter experimental e
    inspiradas en las últimas tendencias internacio­nales (Tapia, 2021,
    p.3).</p>
  </disp-quote>
  <p>El presente artículo analiza las redes de circulación cultural y
  artística en Chile durante la segunda mitad del siglo XX, poniendo
  énfasis en su vínculo con las vanguardias internacionales, el rol de
  las instituciones universitarias, la participación de los grupos
  artísticos y la función de los medios de divulgación especializados.
  En este contexto, se destaca el papel fundamental del Instituto de
  Arte Moderno (IAM) y del Museo de Arte Moderno (MAM) en la
  organización de las Ferias de Artes Plásticas, entendidas como
  plataformas de mediación para la promoción y legitimación del arte
  moderno en el ámbito nacional.</p>
  <p>En el aspecto teórico, destacan las investigaciones fundacionales
  de Ivelic y Galaz (1988) sobre el panorama artístico chileno en un
  contexto de cambios y transformaciones históricas (1956-1987). De
  manera tangencial, Berríos y Cancino (2018) indagan sobre las disputas
  presentes en el campo del arte desde la perspectiva de la educación
  superior (1947-1968). Por otra parte, el material audiovisual permitió
  comprender la realidad plástica chilena expuesta durante la primera
  feria (1959) y la tercera (1961) respectivamente: <italic>Los artistas
  plásticos de Chile</italic> (Di Lauro y Yankovic, 1960) y <italic>La
  feria volandera</italic> (Parot et al., 1961). Ambos filmes destacan
  por su particular sensibilidad al reflejar una función social
  relevante en el período que abarca esta investigación. Bajo estas
  ópticas serán analizadas las producciones y gestiones artísticas
  desarrolladas desde las instituciones universitarias, las exposiciones
  y los medios de divulgación especializada durante la segunda mitad del
  siglo XX. “En Chile ese vínculo, escaso y limitado, ha sido omitido
  por la historiografía; si bien fue exiguo- hay que decirlo- no por
  ello inexistente” (Fuentes, 2015, p. 1).</p>
</sec>
<sec id="sec2">
  <title>2. Gestionar, enseñar y coleccionar: el proceso de formación de la escuela de artes</title>
  <p>En el vibrante panorama cultural de mediados del siglo XX en Chile,
  las gestiones académicas implementadas bajo la decanatura del
  arquitecto Sergio Larraín García-Moreno en la Universidad Católica
  (1953-1967) representan un momento crucial en la evolución de las
  artes plásticas. En 1953, Larraín patrocina la reestructuración del
  plan de estudios de la Escuela de Arquitectura y Bellas Artes,
  reformulando los valores clásicos de la tendencia
  <italic>Beaux-Arts</italic> impartidos desde 1923. Este nuevo plan
  considera dos áreas específicas en la formación en pregrado: historia
  del arte y prácticas y técnicas representativas.</p>
  <disp-quote>
    <p>La renovación de la escuela hizo surgir el deseo de renovar y dar
    mayor importancia a la enseñanza de las Artes Plásticas tan
    directamente vinculadas a la arquitectura. Una Academia de Artes que
    funcio­naba en la ruinosa casa de la calle Lira no concordaba con el
    nuevo espíritu que la animaba la Facultad de Arquitectura (Krebs et
    al., 1994, p. 516).</p>
  </disp-quote>
  <p>A partir de ello, bajo el alero de la Facultad de Arquitectura funda la Escuela de Artes (1959)
        con el respaldo académico Josep Albers (Fig. <xref ref-type="fig" rid="fig1">1A</xref>):
        “Concretamente, adoptaría el modelo de la Bauhaus como referente (…)</p>
  <p>gracias a la relación del decano con Albers, quien vino a dictar un
  curso de Diseño Básico en 1953” (Berríos y Cancino, 2018, p. 147). A
  través de la colaboración con Albers y el apoyo de la Comisión
  Fullbright, se logró extender invitaciones a otros profesores de la
  Universidad de Yale, como Sewell Sillmann, Norman Calberg y Paul
  Harries. De esta manera, la llegada de Albers a Chile guarda
  similitudes con la estadía del arquitecto húngaro Tibor Weiner en la
  Universidad de Chile (1946), así como la labor docente de los
  artífices argentinos Godofredo Iommi y Claudio Girola en la
  Universidad Católica de Valparaíso (1952). De acuerdo con Müller
  (2013), estos procesos asociados a las transformaciones en el ámbito
  de la enseñanza universitaria evidencian una política orientada al
  fortalecimiento y la promoción de las bellas artes en el país.
  Asimismo, relevan el círculo de artistas en Santiago era limitado, y
  que la mayoría sostenía algún tipo de vínculo con la universidad o con
  talleres particulares.</p>
  <p>El aspecto fundamental en la formación de la escuela se dio a través del grupo de artistas
        destacados dentro de la institución local, entre los que sobresalen; el célebre artista
        Mario Carreño y los arquitectos Alberto Piwonka, Pablo Burchard, Nemesio Antúnez, Mario
        Valdivieso y Roberto Matta (Fig. <xref ref-type="fig" rid="fig1">1B</xref>). La inclusión de
        estos representantes activos facilitó la importación de ejemplos europeos, lo que permitió
        inaugurar nuevas metodologías desde la enseñanza. En este caso, el retorno de Antúnez en
        1952 y la llegada a Chile de Mario Carreño en 1958, marcaron un precedente en la definición
        del arte actual. Durante ese año, el grupo Rectángulo<xref ref-type="fn" rid="fn1">1</xref>
        convoca a un foro sobre la pintura de Carreño, el debate abordó la relación entre las
        tendencias del arte abstracto, el arte concreto y la arquitectura moderna:</p>
  <disp-quote>
    <p>Hoy día, tanto los pintores concretos como abstractos, tienen la
    concepción más o menos similar, y por ello están en condiciones de
    integrar la pintura con la arquitectura. En los momentos actuales se
    observa esta tendencia en la que predomina una actitud racionalista,
    científica, mecanizada, en que las comunicaciones acortan las
    distancias, etc. Todos esos factores han contribuido a la mentalidad
    del presente (…) Si vemos la arquitectura actual, vemos que ha
    seguido un proceso muy similar al que ha experimentado la pintura;
    en otras palabras, han surgido nuevos planteamientos, nuevos
    materia­les (Lihn, 1958, p. 21).</p>
  </disp-quote>
  <p>Sobre este fenómeno, Sánchez (2015) sostiene que los intercambios
  continuos entre artistas y arquitectos provenientes de ambos
  continentes durante el siglo XX propiciaron en Latinoamérica una
  reflexión en torno a la noción de la <italic>Síntesis de las
  Artes</italic><xref ref-type="fn" rid="fn2">2</xref>. Este enfoque se
  materializó en primera instancia, en las ciudades universitarias de
  México y Caracas, con los murales de O’Gorman, Siqueiros, Rivera,
  Leger y otros artistas. De manera similar, en Chile, aunque en menor
  escala, se puede observar en el Colegio San Ignacio El Bosque (1958)
  con el mural de Carreño y más adelante, en la UNCTAD III (1971). En
  este contexto, la interrelación de técnicas, formatos y disciplinas
  distintas del arte, la arquitectura y la ciudad buscaba también
  reflejar la colaboración de múltiples pensadores con un objetivo
  común.</p>
  <fig id="fig1">
    <caption><p>Figura 1. Izq. Folleto Pontificia Universidad Católica, iniciación Escuela de Artes en
            1959.Figura 1B. Anuncio de la apertura de la Escuela de Artes UC, 1959.</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image1.jpeg" />
  </fig>
  <p>Fuente: Archivo Fundación Nemesio Antúnez.</p>
</sec>
<sec id="sec3">
  <title>3. Del proyecto fundacional a la exposición libre: Instituto y Museo de Arte Moderno</title>
  <p>Durante la segunda mitad del siglo XX en Chile, surgieron diversos
  espacios expositivos que destacaron por su enfoque en el arte y la
  ciencia. Uno de los más relevantes fue el Museo de Arte Popular
  Americano (MAPA), creado en 1944 por el literato Tomás Lago con el
  objetivo de rescatar y promover el arte popular e indígena del país.
  También destaca el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), inaugurado en
  1947 en el Partenón de Quinta Normal. Su propósito era impulsar la
  obra de los artistas de la época y ofrecer una plataforma de difusión
  tanto nacional como internacional. El primer director del MAC fue el
  artista Marco Bontá, quien luego asumió la dirección del Instituto de
  Extensión de Artes de la Universidad de Chile (IEAP). En 1974, el MAC
  se trasladó al Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA). Ambas
  instituciones surgieron gracias a las actividades de difusión de la
  Universidad de Chile y al Departamento de Extensión Cultural,
  iniciadas en 1930.</p>
  <p>En paralelo, el panorama expositivo chileno también se vinculaba al
  ámbito científico, con la creación temprana de instituciones como el
  Museo Nacional de Historia Natural (1830) y el Museo Histórico
  Nacional (1874). Según el primer diagnóstico museográfico realizado en
  1984, “el 65% de las piezas de la Región Metropolitana correspondían a
  Ciencias Naturales, un 24% a Artes Gráficas, un 4% a arqueología, y el
  resto se distribuía en categorías con porcentajes más bajos”
  (Ministerio de Educación [MINEDUC], 1984, p. 49). En este marco, se
  detecta una deficiencia en la estructura narrativa del arte
  contemporáneo desde una óptica latinoamericana. La práctica artística,
  caracterizada por su complejidad y diversidad conceptual, se inserta
  en una cartografía que permite rastrear diversas acciones, agentes e
  instituciones a través de las cuales transiten las obras, cuyo valor
  estético y/o perceptual requiere de una modalidad específica de
  circulación, organización, archivo y conservación. A partir de ello,
  uno de los primeros artistas en manifestar su deseo de proponer una
  nueva línea museográfica fue Roberto Matta.</p>
  <p>Con motivo de su segundo regreso a Chile y su primera exposición en solitario en la Sala Chile
        del MNBA en 1954, Matta expresó en dos entrevistas su intención de fundar un Instituto de
        Arte Moderno (IAM) y su organismo de difusión, el Museo de Arte Moderno (MAM) (Fig. <xref
          ref-type="fig" rid="fig2">2</xref>); con el propósito de promover, exhibir y fomentar el
        arte en su totalidad, con un enfoque particular en las artes plásticas modernas, autóctonas
        y latinoamericanas, considerando sus dimensiones universales y su relevancia en contextos
        específicos. Este proceso dio lugar a la revalorización del oficio, a través de la defensa
        de la artesanía y las artes decorativas.</p>
  <disp-quote>
    <p>Este centro y museo de arte contemporáneo, con la participación
    de distinguidas personalidades, sugiere iniciar- y esto es lo más
    importante- una primera etapa de desfronterización americana, de
    manera que el origen común del arte de nuestros países, quede en
    descubierto, para su vasta com­prensión y desarrollo (Bello, 1954, p.
    1).</p>
  </disp-quote>
  <p>Según Bettoni (2024), lo anterior se debe a que países como
  Argentina, Brasil y Venezuela, gestionaron préstamos de obras modernas
  en colecciones particulares y museos que complementen las lagunas de
  la exposición, lo que hace pensar que esa práctica no estaba tan
  desarrollada en Chile o Perú. Los archivos no reflejan señales de
  interés hacia las corrientes artísticas que surgían en Sudamérica,
  especialmente aquellas relacionadas con el arte
  constructivo<xref ref-type="fn" rid="fn3">3</xref>.</p>
  <fig id="fig2">
    <caption><p>Figura 2. Recorte de prensa diario Las Últimas Noticias.
    (1954, 30 de abril). Fuente: Archivo Originales FADEU. Facultad de
    Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos. Pontificia Universidad
    Católica de Chile.</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image2.jpeg" />
  </fig>
  <p>Así, la institución pretendía crear en Santiago un museo que albergara colecciones
        contemporáneas de maestros nacionales y latinoamericanos (Fig. <xref ref-type="fig"
          rid="fig3">3A</xref>). El directorio elegido contaba con la participación del filántropo
        Arturo Edwards Ferrari como presidente del IAM; los arquitectos Sergio Larraín
        García-Moreno, Ismael Echeverría, Mario Valdivieso y Manuel Marchant, y los escritores;
        Enrique Bello, director de la revista <italic>Pro Arte</italic> y Luis Oyarzún, decano de la
        Facultad de Artes Plásticas de la Universidad de Chile.</p>
  <p>Además de la colaboración alterna de Matta y Antúnez, quienes
  mantenían una estrecha amistad que repercutió en su producción
  artística, sobre todo cuando Antúnez fue director del Museo de Arte
  Contemporáneo (MAC), 1962-1964 y del Museo Nacional de Bellas Artes
  (MNBA) en dos períodos: 1969-1973 y 1990-1993. Los principios
  establecidos por el MAM constituyeron un antecedente clave para las
  gestiones e iniciativas que Antúnez presentaría al asumir la dirección
  del MAC. Entre sus principales objetivos estuvo la consolidación del
  concepto de museo vivo como una de las grandes metas de la
  institución, además de la creación de la Sociedad de Amigos del
  Museo<xref ref-type="fn" rid="fn4">4</xref>.</p>
  <p>De alguna manera, los gestores chilenos siguiendo el modelo museográfico brasileño (MAM-SP) y
        americano (MoMA), pretendían establecer redes latinoamericanas y cimentar un proyecto
        cultural. En este contexto, se destacan las visitas de Edwards a Brasil en 1954, con el fin
        de conocer la gestión impulsada por Francisco (Ciccillio) Matarazzo, fundador del Museu de
        Arte Moderna de São Paulo (1948) y de la Bienal de Arte asociada (1951). Estas actividades
        fueron difundidas en prensa, especialmente por la revista <italic>Pro Arte</italic>, la que
        se encargó de publicar en 1955 la invitación de Edwards a colaborar en el proyecto del museo
        (Fig. <xref ref-type="fig" rid="fig3">3B</xref>):</p>
  <disp-quote>
    <p>El IAM está formado por un grupo de personas entusiastas que se
    pusieron de acuerdo, a través de Roberto Matta, para propender al
    estímulo y desarrollo del arte en todos sus aspectos, especialmente
    las artes plásticas modernas (…) Aprovecho pues esta oportunidad
    para pedir, no ya a los nonatos mul­timillonarios chilenos, sino a
    todos cuantos desean el perfeccionamiento espiritual de nuestra
    gente que contribuyan a la adquisición de obras de arte para el
    Museo de Arte Moderno, que será tan pro­piedad del IAM como de todos
    nuestros compatriotas (Bello, 1955a, p.1).</p>
  </disp-quote>
  <p>En 1956, la revista <italic>Pro Arte</italic> dedicó su portada al viaje emprendido por cinco
        representantes del IAM en el marco de la III Bienal Internacional de Sao Paulo, con el
        motivo de establecer nexos con los museos brasileños y realizar entrevistas a figuras
        relevantes como Lucio Costa, Oscar Niemeyer y Jean Cassou (Fig. <xref ref-type="fig"
          rid="fig3">3C</xref>).</p>
  <p>En 1957, el Instituto de Extensión de Artes Plásticas (IEAP), en
  colaboración con el IAM, organizó la exposición brasileña <italic>Arte
  moderno en Brasil</italic> en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC).
  Esta muestra presentó el patrimonio artístico de Brasil a través de
  obras de artistas destacados como Brule-Marx, Carvalho, Clark, entre
  otros. El objetivo era consolidar un circuito cultural que diera
  identidad a la pintura latinoamericana.</p>
  <p>De esta manera, Chile se hace partícipe de la Bienal de Arte de Sao
  Paulo en las ediciones de 1959 hasta 1975; en ellas destaca la V
  Bienal (1959), organizada en esa oportunidad por el Instituto de Arte
  Moderno (IAM). En esa versión, el director artístico de la Bienal
  Sergio Milliet comenta que aún se percibe la polémica entre abstractos
  y figurativos, de esa lucha de tendencias surgen las producciones que
  establecen el marco temporal de la modernidad (Bello, 1955b).</p>
  <fig id="fig3">
    <caption><p>Figura 3A. 3B y 3C. Portadas de la revista Pro Arte (1955-1956), las tres ediciones explican la
            fundación, programas y fines del Instituto de Arte Moderno (IAM). Fuente: Memoria
            Chilena.</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image3.jpeg" />
  </fig>
  <p>A partir de ello, los gestores aspiraban a crear un museo abierto
  al debate y la reflexión sobre las artes plásticas, integrando a otras
  disciplinas como el cine, la música y la arquitectura. En la misma
  revista, Edwards expone el lugar tentativo donde se ubicarán las
  dependencias de la institución:</p>
  <disp-quote>
    <p>Debo dejar en claro que el Instituto va a ocupar solamente una
    parte del edificio que se está constru­yendo en la Av. O´ Higgins
    esquina de Arturo Prat (…) La obra del IAM, se ha dicho sin
    jactancia, repre­sentará un avance de veinte años para las artes
    plásticas en nuestro país (Bello, 1955a, p.1).</p>
  </disp-quote>
  <p>Dicha descripción hace referencia a la habilitación de la sala de exposiciones en la placa del
        edificio Plaza de Armas (1953-1959) proyectado por Emilio Duhart, Sergio Larraín
        García-Moreno, Jaime Larraín, Jaime Sanfuentes y asociados (Fig. <xref ref-type="fig"
          rid="fig4">4</xref>). En este caso, la placa-torre funciona como un sistema hibrido.
        Bustos (2020) establece que la cubierta de la placa, entendida como estructura horizontal
        elevada, se relaciona con las escalas intermedias propias de la vida cotidiana, funcionando
        como un punto de interacción con el espacio público de la plaza. Sin embargo, la activación
        de esta cubierta-terraza no fue factible debido a la escasa fluidez espacial y a la
        circulación limitada con los otros niveles. A pesar de estos desafíos, el proyecto reflejó
        una visión transformadora que buscaba enriquecer la relación entre el arte y la sociedad,
        consolidándose como un hito cultural en su tiempo (Fig. <xref ref-type="fig" rid="fig5"
          >5</xref>).</p>
  <fig id="fig4">
    <caption><p>Figura 4. Edificio Plaza de Armas, ca.1960. Fuente: Quintana, A.</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image4.jpeg" />
  </fig>
  <fig id="fig5">
    <caption><p>Figura 5. Fotografía de la placa del edificio, ca. 2000. Fuente: Ferrer, R.</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image5.jpeg" />
  </fig>
</sec>
<sec id="sec4">
  <title>4. Montparnasse chileno: Feria de Artes Plásticas, Parque Forestal</title>
  <p>Ivelic y Galaz (1988) plantean que el artista toma posición frente
  a sí mismo y a su obra, transformándose en el agente de cambios del
  proyecto histórico de los años 60’ e inicios del 70’. Así, la
  actividad del artífice se manifiesta en el espacio urbano y en las
  instituciones universitarias. “En el ámbito de lo público, los
  espacios comunes como plazas, parques y edificios públicos son lugares
  donde convergen y se mezclan diversas identidades y culturas (…),
  pueden considerarse como lugares provocadores, pues impulsan cambios
  en las percepciones” (Tisi, 2023, p. 62). Para este caso, la Feria de
  Artes Plásticas expuesta en el Parque Forestal de Santiago, es un
  ejemplo insigne de este escenario colectivo. Su principal promotor fue
  el abogado German Gassman, que en diciembre de 1959 convoca a diversos
  artistas plásticos y populares para resituar sus obras fuera de los
  salones oficiales, transformando el parque en el catalizador de una
  exposición efímera expandida en sentido este-oeste, fiel reflejo de la
  escena parisina de Montparnasse.</p>
  <p>La feria contó con la participación de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Chile,
        las secciones de pintura, grabado y esculturas de la Escuela de Bellas Artes; además de la
        colaboración de la Asociación Folklórica y cantautores nacionales como Violeta Parra. Según
        el catálogo de su primera edición, la exposición se instaló en la explanada del Parque
        Forestal, entre los puentes Loreto y Purísima. La presentación al aire libre, la
        organización espacial del montaje, a través de paneles autosoportantes (pintura - grabado) y
        plintos (escultura-cerámica) y la posición central de la muestra, permitieron la visita de
        un amplio público (Fig. <xref ref-type="fig" rid="fig6">6</xref>).</p>
  <disp-quote>
    <p>Las ferias libres representan de algún modo la recuperación
    parcial de la antigua soberanía integral del pueblo; y el espacio
    público que constituyen en los sitios urbanos que una o dos veces
    por semana ellas ocupan, revive parcialmente la cultura social y el
    diálogo abierto del antiguo espacio público del ágora (Salazar,
    2003, p.86).</p>
  </disp-quote>
  <fig id="fig6">
    <caption><p>Figura 6. Fotograma documental Los artistas plásticos de
    Chile. Fuente: Di Lauro, J. y Yankovic, N. 1960.</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image6.jpeg" />
  </fig>
  <p>Según el grabador Matías Vial, “la feria ha sido más efectiva que
  los salones y los museos. Es una labor viva que se comunica
  directamente con el pueblo (...) Creo que estas ferias deberían
  repetirse constantemente sin objeciones estéticas” (Cáceres y Reyes,
  2008, p. 13). La primera feria culminó de manera exitosa, siendo
  reconocida como una actividad artística transversal ampliamente
  difundida en la prensa local, lo que motivó a sus gestores a continuar
  la experiencia el año siguiente a través de la figura institucional
  del Museo de Arte Moderno (MAM).</p>
  <p>El acertado panorama de la primera feria atrajo a un mayor número de expositores en su segunda
        edición (1960) (Fig. <xref ref-type="fig" rid="fig7">7</xref>), incluyendo la participación
        del taller de madera de la Escuela de Artes Aplicadas, Taller 99, y el taller de esmalte del
        Instituto Chileno Británico de Cultura. Por ello, la feria se extendió hacia el puente Pío
        Nono, utilizando estructuras metálicas tipo biombo que permitían exhibir obras en ambas
        caras.</p>
  <fig id="fig7">
    <caption><p>Figura 7. Comunicado de prensa sobre la segunda Feria de
    Artes Plásticas, diario El Mercurio (1960, 11 de diciembre). En
    portada se aprecia una fotografía de Nemesio Antúnez junto a Dinora
    Doudchitzky. Fuente: Fundación Nemesio Antúnez.</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image7.jpeg" />
  </fig>
  <p>Estos elementos se dispusieron paralelos al río, liberando el centro de la explanada para la
        distribución de mesas de trabajo. Entre las exposiciones destacadas, la muestra
          <italic>Rostro de Chile</italic><xref ref-type="fn" rid="fn5">5</xref> se estructuró a
        partir de 410 imágenes en gran formato del territorio nacional. Imágenes domésticas,
        institucionales y naturales que ilustraron diversos momentos de la historia de Chile (Fig.
          <xref ref-type="fig" rid="fig8">8</xref>). El resultado fue una aproximación arqueológica
        del país, situando en el ámbito de lo público el deseo no cumplido de la democratización de
        la fotografía; “(…) Lo anterior se reafirma desde la concepción de diseño de montaje y la
        construcción de un relato, una narrativa, cuya base se sustenta en un corpus fotográfico que
        evidencia estrategias de desplazamiento” (Araya et al., 2022, p. 243).</p>
  <fig id="fig8">
    <caption><p>Figura 8. Muestra fotográfica “Rostro de Chile”, segunda
    edición Feria de Artes Plásticas (1960) Parque Forestal, Santiago.
    Fuente: Biblioteca Digital Universidad de Chile.</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image8.jpeg" />
  </fig>
  <p>En 1961, el Parque Forestal fue nuevamente el escenario de la
  tercera edición de la feria, que contó con un gran montaje musical
  frente al edificio de la ex Embajada de Estados Unidos, en el eje
  transversal de calle Merced. La presentación artística estuvo liderada
  por el grupo de la Galería de Carmen Waugh y la artista Roser Bru, por
  ese entonces honrada con el Primer Premio del Salón Oficial de la
  Universidad de Chile y expositora en la muestra <italic>14
  chilenos</italic> en el Museo de Arte Moderno de Rio de Janeiro.</p>
  <p>En aquella ocasión, los cineastas Armando Parot, Fernando Balmaceda
  y Pedro Chaskel realizaron una cobertura de la feria durante diez
  días, dando lugar al documental <italic>La feria volandera</italic>
  (1961). El objetivo era “producir en los espectadores la sensación de
  un espectáculo de gran vida, pero que es efímero” (Pérez, 1962, p.
  18). El filme plasmó la relación entre el público y el mundo
  artístico, destacando la tendencia a instruir a los visitantes en la
  valoración de la obra. Este aspecto coincide con el concepto de Ticio
  Escobar (1986 [2008]) sobre la vanguardia popular, en este caso la
  feria fue un evento cruzado por actores diversos que caracterizaron la
  generación artística y manifestaron su diferencia frente al formato
  hegemónico del museo.</p>
  <p>A pesar de la amplitud de la convocatoria y las diversas actividades desarrolladas, en 1962 el
        MAM se vio en la necesidad de reunir fondos, que no fueron suficientes y llevó a la
        cancelación de la cuarta feria. Sin embargo, aprovechando la convocatoria del Mundial de
        Futbol ese año, se organizó una nueva feria denominada Feria Popular de Arte (el evento se
        enfocaba exclusivamente en la artesanía). En paralelo, German Gassman envió en noviembre de
        ese año, una carta al Ministerio de Economía, en la que detallaba los proyectos a
        desarrollar por el MAM con el fin de obtener prestación fiscal (Fig. <xref ref-type="fig"
          rid="fig9">9</xref>).</p>
  <disp-quote>
    <p>En base a la experiencia obtenida, el Museo de Arte Moderno cree
    llegado el momento de transfor­mar las ferias en un festival anual
    artístico en Santiago, que constituya un acontecimiento importante
    por lo menos para toda Latinoamérica (…) Que impulse al movimiento
    cultural chileno, en forma que comprometa y proporcione ocupación
    material y estimulo espiritual a todos los cuerpos universitarios y
    extrauniversitarios que giran en el ámbito cultural (Gassman,
    1962).</p>
  </disp-quote>
  <fig id="fig9">
    <caption><p>Figura 9. Página 1 y 5 de la correspondencia de German
    Gassman, enunciando los proyectos del Museo de Arte Moderno. Fuente:
    Archivo Museo de Arte Contemporáneo, Facultad de Artes, Universidad
    de Chile.</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image9.jpeg" />
  </fig>
  <p>De alguna manera, Gassman manifestó su interés por continuar con
  este proyecto expositivo, invitando a participar a artistas de
  renombre internacional que impulsen la cultura nacional. Este enfoque
  también se extendía a las regiones. Tal como narra Lihn (1962) “la
  feria ya no es una exclusividad de Santiago ni la iniciativa de una
  sola institución. Se ha descentralizado, se ha extendido a provincias
  en una reacción de cadena, espontáneo” (p. 17).</p>
  <p>Gassman decide conformar un comité por los escritores Sergio Ceppi,
  Humberto Diaz-Casanueva, el economista Flavián Levine, el investigador
  Hernán Edwards y el escultor Lorenzo Berg, este último ya había
  colaborado en la feria de 1961. Lograron, de este modo, exhibir por
  primera vez la artesanía popular de manera independiente. Sobre ello
  Edwards comenta “organizamos unas exposiciones de pintura a orillas
  del río Mapocho (…) La primera muestra especifica de artesanía fue en
  la plaza Gran Bretaña (actual parque Balmaceda) el año 62’; los más
  jóvenes éramos Lorenzo y yo” (Edwards, 1991, p.9). En 1963, se
  reactivó la experiencia en el Parque Forestal, con una exposición de
  trabajos de artesanos de Panimávida y Quinchamalí. Esta última
  localidad había tenido un papel clave en los murales de
  Antúnez<xref ref-type="fn" rid="fn6">6</xref> en la década del 50’, en
  los que la artesanía se presentaba como un arte híbrido y un reflejo
  de la corriente americanista.</p>
  <p>Gaspar Galaz expresa en una entrevista a Federico Galende (2019)
  que este proceso responde a un cambio de paradigma entre los artistas.
  La tendencia al informalismo de principios de los años sesenta pierde
  relevancia, dando paso a una nueva visión centrada en la historia del
  Chile cotidiano. Entre 1965 y 1971, se observa una búsqueda formal que
  integra el objeto, la instalación y la escultura pública, en esta
  última disciplina los artistas; Berg, Carlos Ortúzar, Abraham Freifeld
  y Félix Maruenda comenzaron a integrar elementos de carácter
  geométrico y a emplear materiales industriales en sus obras,
  desafiando las concepciones y métodos tradicionales de ejecución, lo
  que llevó a una reformulación del concepto de monumento conmemorativo.
  Además, sus trabajos se distinguieron por la presencia de movimiento,
  lo lúdico y una cuidadosa selección cromática. Conforme a ello,
  Freifeld presentó la obra <italic>ciclo elástico</italic> en la feria
  de 1964, el artista comenzó a vincular el arte cinético y el
  constructivismo ruso, alterando la escala de las esculturas; “el
  escultor busca el movimiento, el objeto escultórico y sus formas
  comienzan a envolver el espacio (…) Freifeld no elude a lo táctil o
  las texturas de una superficie; sus obras no motivan la mano del
  espectador” (Galaz et al., 1967, p. 98). Esta última descripción
  corresponde a la obra anterior de Freifeld realizada en las fachadas
  de la Unidad Vecinal Providencia (1957-1968).</p>
  <p>La transición del imaginario popular al pop cobró mayor notoriedad
  en la séptima edición de la feria (1965), en específico por la
  exposición de Francisco Brugnoli y Virginia Errázuriz, integrantes del
  grupo Los Diablos:</p>
  <disp-quote>
    <p>Ambos estudiantes de la especialidad de Pintura en la Facultad de
    Bellas Artes de la Universidad de Chile, presentaron sus
    <italic>pegoteados</italic> y <italic>tapices</italic>,
    respectivamente, y, con ellos, generaron la indignación en el
    público y los medios de prensa. Las obras despertaron un total
    desconcierto por la utilización directa de desechos y residuos
    encontrados en la calle (García, 2019, p. 55).</p>
  </disp-quote>
  <p>Así, el pop suscitó un nuevo debate entre objetos, imágenes
  domésticas y la realidad, influenciado principalmente por Duchamp,
  Judd, Schwitters y Warhol. La incorporación del objeto permitió
  ampliar el margen artístico acotado por la pintura, y considerar “la
  valorización de lo tradicional y la producción artesanal como nueva
  tipología de exhibición” (Sáez, 2024, p. 71). En este caso, se
  priorizó la imagen como representación fiel de los objetos,
  descontextualizados de sus circuitos habituales y reubicados en un
  nuevo soporte conceptual, estrechamente vinculados al ámbito
  doméstico, al espacio urbano o a la propaganda de la época.</p>
  <p>En ese mismo año, se llevó a cabo la primera Feria Popular de Arte
  en Concepción, impulsada por Berg y financiada por el alcalde de
  entonces, Guillermo Aste Pérez. Bajo su dirección, Aste propuso
  realizar la feria a un costado del Cerro Caracol, en el Parque
  Ecuador. Allí participaron los muralistas mexicanos Jorge González,
  Salvador Almaraz, Manuel Guillén, Javier Arévalo y los chilenos,
  Albino Echeverría y Eugenio Brito, creadores del mural
  <italic>Presencia de América Latina</italic> de la Casa del Arte de la
  Universidad de Concepción (1965). También fue muy relevante la
  participación de Santos Chávez, Rafael Ampuero y Eduardo Meissner. A
  ellos se suman los antiguos expositores, Luis Manzanito, Guillermo
  Prado, entre otros.</p>
  <p>Un evento clave que provocó un cambio en la evolución de este evento fue el fallecimiento de
        Arturo Edwards en 1965 y Germán Gassman en 1966. A partir de ese año, Lorenzo Berg en su
        calidad de representante del MAM, asumió la conducción de las jornadas culturales, que se
        desarrollaron en distintos puntos de la capital. Según lo narrado por Cáceres y Reyes
        (2008), se realizaron tres jornadas: en Yungay, en la Universidad Técnica (hoy USACH) y en
        la Población Huemul. Entre 1967-1971, participa en la creación de la Galería Artesanal de
        Centros de Madres (CEMA Chile) y la Sala Arturo Edwards en el Instituto Chileno Británico de
        Cultura. Tras el golpe de Estado, en 1974, organizó y diseñó las Ferias de Artesanía
        Tradicional (Fig. <xref ref-type="fig" rid="fig10">10</xref>), un proyecto bajo la dirección
        de la Universidad Católica y realizado en colaboración con el arquitecto Patricio Gross.</p>
  <p>Berg desempeñó una labor significativa en la preservación y
  promoción de la artesanía y la cultura, adoptando el modelo propuesto
  por Gassman. Mantuvo un enfoque de carácter inclusivo, organizando
  eventos amplios y accesibles para todos, tanto para los expositores
  como para el público en general.</p>
  <disp-quote>
    <p>Ciertas personas posibilitan acciones, crean instituciones,
    organizan encuentros, abren surcos (…) Germán Gassman fue un abogado
    que, sin ser artista, resultó un adelantado a su época. Antes de
    1959 se propuso traer a Chile una parte de París que él había
    visitado y disfrutado, las ferias de las pulgas, creando una versión
    inédita en ese tiempo (Cáceres y Reyes, 2019, p. 66).</p>
  </disp-quote>
  <fig id="fig10">
    <caption><p>Figura 10. Lorenzo Berg durante la Feria de Artesanía
    Tradicional ca. 1974. Fuente: Archivo Familia Berg
    Costa.</p></caption>
    <graphic mimetype="image" mime-subtype="jpeg" xlink:href="media/image10.jpeg" />
  </fig>
</sec>
<sec id="sec5">
  <title>5. Conclusiones</title>
  <p>La integración de diversas disciplinas, enfoques curatoriales y
  lenguajes artísticos constituyó un elemento distintivo en la gestión
  del Instituto y Museo de Arte Moderno. Lejos de limitarse a la
  promoción exclusiva de las artes visuales, el IAM impulsó una visión
  interdisciplinaria de la cultura moderna, en la que la convergencia
  del pensamiento y la práctica arquitectónica jugó un papel crucial en
  la configuración de sus principios fundacionales. Ambos organismos
  fueron esenciales para el desarrollo de una institución moderna del
  arte en Chile, al establecer un vínculo sólido entre la producción
  artística, la enseñanza universitaria y la vida social, lo que
  consolidó su posición central en el panorama cultural del país. Esta
  pluralidad favoreció la difusión, la reflexión pública en torno al
  arte y la concepción de un nuevo modelo museográfico, desarrollado más
  adelante con la creación del Instituto de Arte Latinoamericano (IAL),
  1970-1973 y el Museo Internacional de la Resistencia Salvador Allende
  (MIRSA), 1975-1990<xref ref-type="fn" rid="fn7">7</xref>.</p>
  <p>Del mismo modo, la Feria de Artes Plásticas se consolidó como un
  espacio fundamental para la visibilización de obras de artistas
  chilenos, tanto emergentes como consagrados, ante un público amplio y
  heterogéneo. El evento reunió expresiones de diversas disciplinas;
  como la escultura, la pintura y la artesanía, propiciando un
  significativo intercambio cultural. Más allá de su función expositiva,
  la feria se erigió como una manifestación concreta del desplazamiento
  del arte desde los circuitos tradicionales hacia el espacio urbano
  (este giro en los modos de exhibición y recepción artística sentó un
  precedente clave para el desarrollo de prácticas posteriores, como el
  muralismo de la Brigada Ramona Parra (1968) y las intervenciones
  performativas del colectivo CADA (1979), que incluían contenidos
  sociales y métodos políticos en su creación. Además, la feria ofreció
  una oportunidad única para que coleccionistas, críticos y aficionados
  al arte interactuaran directamente con los creadores, favoreciendo el
  intercambio de ideas, perspectivas y acciones curatoriales. Así, su
  función expositiva fue vista como un vehículo para las prácticas
  estético-simbólicas, desempeñando un papel crucial en la consolidación
  de exposiciones de Arte Popular en diversas regiones del país; tales
  como Valparaíso, Concepción y Chiloé. La participación colectiva, el
  uso del espacio público y la descentralización de las actividades,
  evidenciaron la consolidación de un nuevo panorama nacional; tal como
  señala Ivelic y Galaz (1988) las características particulares de
  lenguaje artístico, requieren con urgencia de medios que faciliten su
  difusión, permitiendo que las obras trasciendan los limitados círculos
  sociales que tienen acceso a ellas. En este contexto, la ciudad misma
  debe convertirse en el principal escenario para la expresión y
  circulación de la creación artística.</p>
  <p>Durante la década de los sesenta, se detecta el impulso
  vanguardista de vincular la revolución estética con la revolución
  política. El propósito del artista era llevar su obra a las calles,
  integrarla con las mercancías y presentarla como un objeto singular.
  Por ello, la exposición al aire libre alcanzó su máximo auge,
  consolidándose como un espacio esencial para la difusión del arte
  chileno. A lo largo de este período, desempeñó un rol crucial en la
  promoción de diversas formas de expresión artística en el país. No
  obstante, con el paso del tiempo, su realización dejó de ser
  periódica. Aunque no existe un registro exacto que marque su final
  definitivo, su declive estuvo vinculado a una serie de factores
  históricos, sociales y culturales. El golpe de Estado de 1973 y los
  años de dictadura militar (1973-1990) impactaron profundamente la
  escena artística chilena. En ese marco temporal, numerosas iniciativas
  culturales fueron desmanteladas o disminuidas debido a la censura y la
  falta de apoyo estatal a aquellas manifestaciones artísticas que no se
  alineaban con los intereses del régimen.</p>
  <p>Estas experiencias demostraron la capacidad del arte para
  transformarse en un vehículo de cambio social, ampliando los límites
  del arte tradicional y consolidando un legado artístico de relevancia
  para Chile y América Latina.</p>

</sec>
</body>
<back>
<fn-group>
  <fn id="fn1">
    <label>1</label><p>Fundado por Gustavo Poblete y Ramón Vergara en
    1955. Posteriormente se integran Matilde Pérez, Elsa Bolívar, Ximena
    Cristi, Maruja Pinedo y Uwe Grumann.</p>
  </fn>
  <fn id="fn2">
    <label>2</label><p>En el marco del Coloquio Internacional de
    Royaumont en 1962, el arquitecto Carlos Raúl Villanueva (1900–1975)
    presentó la po­nencia titulada <italic>La síntesis de las artes:
    Europa Meridional y América Latina</italic>, en el que aborda el
    panorama artístico en la cultura moderna y refleja la amplitud de
    diversas expresiones de síntesis plástica en América y Europa,
    ilustradas con ejemplos como el uso del mosaico trencadís en los
    pabellones Güell de Antoni Gaudí, el paisajismo social de Burle-Marx
    y la intención social del muralismo mexicano.</p>
  </fn>
  <fn id="fn3">
    <label>3</label><p>Las primeras exposiciones en Chile fueron en 1952
    y 1953. La primera, realizada por el grupo argentino Arte Concreto
    Invención en Viña del Mar, y la segunda, por el Movimiento de Arte
    Concreto de Milán en la escuela de arquitectura PUCV.</p>
  </fn>
  <fn id="fn4">
    <label>4</label><p>El organismo desempeñó un papel crucial en el
    desarrollo financiero del MAC. Durante los dos años en que Antúnez
    asumió como director de la institución, se realizaron diversas
    actividades y exposiciones, entre ellas, la Exposición Itinerante
    del MAC en las localidades de San Gregorio y Lo Valledor. Esta
    iniciativa tenía como objetivo acercar el arte a la comunidad de
    manera didáctica.</p>
  </fn>
  <fn id="fn5">
    <label>5</label><p>Exposición comisionada por los fotógrafos Antonio
    Quintana, Roberto Montandón y Domingo Ulloa. Se inaugura por primera
    vez el 13 de octubre de 1960 en los patios de la Casa Central de la
    Universidad de Chile, en el marco de los 150 años de Independen­cia
    de Chile. Esta instalación se reproduce en el MAC (2023).</p>
  </fn>
  <fn id="fn6">
    <label>6</label><p>Se han detectado cuatro murales en Santiago; la
    serie <italic>Sol</italic> y <italic>Luna</italic>, en el Hotel
    Grand Palace (Huérfanos 1178), <italic>Terremoto</italic> en el Cine
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